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1968

Los mitos actuales

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1968
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El reino mesiánico

EL REINO MESIANICO
POR
FRANCISCO CANALS V IDAL,
La temática de Teología de la Historia anunciada con este
título-va a ser desarrollada en una conversación con ustedes;
no en forma de
~nferencia ni de lección magistral. Na die podr.ía
ser maestro; mucho menos yo, .en -la interpretación de la palabra
de Dios sobre el sentido de. la historia. Será una confidencia
íntima entre amigos, con
los que se tiene la seguridad de poder
hablar sin el riesgo a-ser mal interpretado. Trataré así de dar a
eonocer, o de
recordar a los que ya lo eonocen, el pensamiento
teológico en torno a la, historia que-profesó y enseñó el P. Ramón
Orlandis,
S. l., fundador de Schola Cordis Iesu, inspirador de
la revista Criistian.dad; el que fue maestro de muchos de nosotros
y también de algunos amigos inolvidables que ya nos dejaron.
No pretendemos abarcar, naturalmente, el sistema completo
del P. Orlandis, sino de señalar algunas líneas orientadoras y
sugerencias nucleares. Esta confidencia merece ser dicha y oída
eon
humildad cristiana, espíritu de fe y deseo de confirmar nuestra
esperanza en Jesucristo Rey.
* * *
El tema secular de la polémica entre "los judíos", hijos del
pueblo escogido que había recibido la promesa del Mesías y que
no recibieron su advenimiento; y los cristianos, los que creemos
que Jesús de Nazaret, hijo de María Virgen, es el Mesías pro­
metido a Israel,
el Hijo de Dios Salvador del mundo, ha sido el
del cumplimiento de las profecías mesiánicas: Para el judío cre­
yente en la
Ley y en los Profetas, y que en nombre de ellos niega
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FRANCISCO CANALS VIDAL
que Jesús sea el Rey Mesías, el argumento de su incredulidad
fue siempre
el de que por Jesús de N azaret no han venido a
Israel
y las naciones los bienes profetizados como signo y fruto
del advenimiento.
Leemos en
el prof~t~ Miqueas:
"Acontecerá en los últimos. tiempos que el monte de la casa
de Yahveh será
constih.tido por cabeza de todos los montes; más
alto que todo collado, los pueblos
correrán a él; muchas naciones
vendrán
y dirán: venid, subamos al monte de Yahveh, a la casa
del
~OS de Jaoob·; nos enseñará ·sus caminos, andaremos por sus
sendas, porque la
Ley saldrá de Sión, la palabra de Y ahveh
saldrá
de Jerusalén; y juzgará entre muchos pueblos, y" corre­
girá a las naciones fuertes hasta muy lejos, y convertirán las
gentes sus espadas
én azadOnes; sus lanzas en hoces. Ninguna
nación alzará la espada contra otra; ya no se ensayarán para la
guerra; cada uno se sentará debajo de su vid y debajo de su
higuera
y no habrá quien amedrente porque la boca de Yahveh
de los
ejércitos así lo han dicho. Bien que todos los pueblos
anduvieren cada uno en el nombre· de sus diOses, llosotros an­
daremos en
el nombre de Yahveh; nuestro ·Dios para siempre y
eternamente.''
Y en Isaías:
"Saldrá una vara 4e1 tronco ·de Jesé, un vást.a"go retóñará de
su
raíz y soóre El ·reposará el espíritu de Yahveh, espíritu de
Sabiduría y
de írite1igencia;· esp"írifu de _ Consejo ·de :fortaleza, es­
píritu de conocimiento y de
temor de ·Yláhvéh, y hará· entender di:­
li_gente en el temor de Y ahveh, no juzgará según la vista de sus
ojos, ni
argüirá por lo que oyeren sus oídos, sino que juzgará
con justicia a
los, po~res y argüirá con equidad para los mansos
sobre
1a _tierra, -y ~rirá·, la tieri-a espíritu de· sus .labios matará al impío y· será-la justiCia cinto de
sus lomos
y la fidelidad ceñidor de sus .riñone·s; morará él lobo
con el corderÓ y el
tigT~, con el ~brit~ se _acostárá, el becerro y
el
le<>I?-y Ja bestia Qomé_~tica dormirán junto~ -y -un niño lós podrá
pastorear; la vaca y la osa pacer~n1 sus crías se echarán juntas,
y
el león comerá paja como el buey y el niño de teta se entre-
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tendrá sobre la cueva del aspid, y el recién destetado extenderá
su mano sobre la caverna del basilisco; no harán mal ni ·daña­
rán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del
conocimiento de Y ahveh como el mar cubierto por las aguas;· y
acontecerá que la raíz dé Jesé será ptJ.esta ·corno enseña sobre
las naciones y buscada pÓr todas las gentes; acontecerá que Jahveh
tornará a tomar otra vez
su mano para reunir las reliquias de
su pueblo de Asur, de Egipto, de Partía, de Etiopía y de Persia,
de Caldea, de
J amat y de las Islas; juntará los desterrados de
Israel
y los reunirá los esparcidos de J udá · de los cuatro cantones
de la tierra."
· A los judíos es prometida la reunión del Israel disperso, la
liberación de
Israel y del mundo entero, de las guerras, de la
opresión, de· Ia tiranía, la justicia para loS pobres y los mansos;
todo el mundo, como está el mar lleno de agua, lleno de conO'­
cimiento de Yahveh; todas las naciones buscando en Jerusalén
la Ley salvadora de Dios,· la paz mesiánica, los bienes mesiánicos;
las naciones viendo en Israel brillar la bendición de J ahwe, todos
los ídolos de las gentes, hundidos, derribados por la manifesta­
cióir del··rey ·Mesías. Estó es ·lo· que los profetas anunciaban.
También anunciaban un siervo sufriente; rechazado por su pue­
blo, también anunciaban que el pueblo rechazaría y seria· repro­
bado, dejaría de ser pueblo; también anunciaban que el pueblo
que Dios· buscaba quedaría rechazado y que las naciones que no
le
btiscabati ·serían ahora el pueblo de Dios. Pero también anun­
ciaban eSto que· a·cabamos de leer.· ¿ Es níuy extraño que el
pueblo de Israel considera·se que el advenimiento del Mesías
tenía que ser la bendición para Israel? tEs muy exti-afi.o ·qu_e
pudiese preguntár a los cristianos-si acaso ·Jesús de N:3.zaret ha­
bía hecho desaparecer lás ·guerras elltre ]as naciories o había ·he­
cho desaparecer toda tirariía y 'Opr·esión en 'el lnundo?
* * *
Este · es el tema de los judíos con los cristianos. En el si­
glo n San Justino el Filósofo nos lo refiere en su diálogo. 'El
judío Trifón le arguye a Justinó que los ·cristianos han abando-
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nado a Dios para adorar a un hombre, a Jesús; que han aban­
donado la Ley de Yahveh. J ustino comienza por vindicarse de la
acusación de que los cris'tianos no adoran al Dios de Abraham,
de Isaac y de J acob, y dice : "Reconocemos que no ha y otro Dios
que
el que creó el universo, el Dios de Abraham, de Isaac y de
Jacob, nos consideramos linaje israelitico, hijos de Judá, de
-J acob, de Isaac y de ,Abraham, a quien Dios cuando le llamó
-dice el cristiano al jUdío--le prometió que sería padre de mu-
chas naciones. Nosotros somos este linaje de Abraham."
Por Trifón, el judío, le replica:
"Pero vamos a ver, dime, ¿ reconocéis vosotros que Jerusa­
lén será réstaurada, que· vuestro · pueblo se congregará ; esperáis
triunfar juntamente con los Patriarcas y Profetas, los que fue­
ron de nuestro linaje, lps que se juntaron con nosotros antes de
que viniese vuestro Cristo?" Y le dice: "¿ nO será que para apa­
rentar
que nos superáis en las controYersias os refugiáis en la
acep-tación de todo esto?". Estamos ante el problema central. El
judío le dice al
cristian~: ¿ esperáis vosotros lo que los Profetas
anunciaron, o no lo esperáis?
¿ Esperan los cristianos lo que anunciaron los Profetas? ¿ Es­
peran la restauración ·dt Israel y la reunión de las naciones con
él? ¿ Esperan la paz mesiánica? El judío sospecha que para el
cristiano son ésas· ·vanas e ilusürias esperanzas del pueblo judío,
que veía en el Mesías a quien había de restituir el reino a Israel.
Cuando los creyentes en Cristo confiesan que también ellos es­
peran la conversión de Israel y el cumplimiento de los bienes
mesiánicos por la consumación del Reino, sospecha el judío que
habla asi para no verse obligado a reconocer que vanamente
cree en Jesucristo.
En el lenguaje del apologista cristiano se
patentizaría sólo la argucia hipócrita que
disimula la no acepta­
ción del mensaje de los Profetas de Israel.
San
J ustino replica airadamente: "No soy tan miserable que
diga una cosa sintiendo otra. Y o y otros muchos cristianos así
pensamos, de modo que tenemos como absolutamente cierto que
así será. Así pues, yo y los cristianos que en todo sienten recta­
mente sabemos y creemos esto: Creemos en la resurrección de
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la carne, en la restauración de Jerusalén, la que profetizaron
Ezequiel e Isaías y todos los demás Profetas. Pero he reconoci­
do también --añade--que por sil parte muchos, incluso del lina­
je de los· cristianos, nO reconocen lo que afirma la sentencia pura
y piadosa." "En cuanto a los que se llaman a sí mismo cristianos,
pero que son impíos y ateos herejes, te he ya mostrado que en
todo ·sienten impíamente.''
Las últimas palabras de San Justino aluden a quienes niegan,
con la restauración de Israel y el reino mesiánico, también la
resurrección de la carne, la realidad de Cristo encamado - Cristo histórico diríamos hoy-y blasfeman del .Pios de Abra­
ham, de Isaac y de J acob. Son los gnósticos, que se , oponían
antitéticamente a los cristianos judaizantes, ebionitas y milena­
ristas: los que, aun aceptando la fe en Cristo, deformaban la es­
peranza del segundo advenimiento, reduciendo a Cristo a ser
rey de un reino mundano y visible, _unívoco con las potestades
terrenas,
Para lps gnósticos carecía . de sen.tido la EnaL:rnación_, pues
todo lo que hay sobre la tierra y en el mundo visible es eonsti­
tutivamente malo, efecto de un principio infer.ior y "caído", es
decir, del ·Dios de Israel. Cristo no venía sino a liberarnos de la
naturaleza y de la ley. Los milenaristas esperaban un Cristo y
un reino mesiánico, cuyo sentido acertaríamos probablemente . ~
expresar refiriéndonos a la empresa religioso-política de los pri­
meros califas islámicos.
* * *
En el Adversus H ereses de San Ireneo, el mayor de los Pa­
dres antignósticos, leemos: "No sería ya Jesucristo quien tiene
carne y sangre por la que -nos redime si no recapitulase en sí todo
lo que creó antes Dios en Adán. Vanos son, pues, los de Valentín
que así dogmatizan y excluyen
la salvación de la carne y des­
precian la creación de Dios. Y vanos son también Íos ebionitas,
que no aceptan la unión de Dios y el hombre, sino que perse­
veran en la vieja levadura. Reprueban éstos la conmixtión del vino
celeste
y quieren ser sólo agua secular (Conmixtionem1 vini coe-
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wstis reproban/ et sola,m aquxm, S{])ecu/arem; volunt esse). No
aceptan que Dfos venga a unirse con ellos y perseveran en el
Adán que cayó y fué arrojado del paraíso."
En estas palabras de un Padre del siglo II tenemos una de­
finición rigurosamente actual de la reducción· del reino mesiáni­
co en el horizonte de un huma·nismo judío, de una comprensión
ebionita, esto es, de defensa y revancha de· los pobres, en fuerza
de la cual se desdeña la _gtacia y el orden sobrenatural.
* * *
Rafael Gambra nos ha -hablado con rigor y profundidad de
la dialéctica hegeliana.
Hegel llegó a considerar la dialéctica como
el método absoluto a partir de una · reflexión sobre la historia
de la filosofía griega.
La historia de los errores religiosos mues­
tra también movimientos de oposición y de superación sintética
de contrarios, cuya correcta interpretación no podría condúcir
a un determinismo racionalista ni al reconocimiento del carác­
ter absoluto del devenir dialéctico-; antes al contrario, pondría de
manifiesto la ·inestabilidad.
,e inconsistenéia del error.
En cuanto mal en el orden intelectual, todo err~r pro~ene
de un c~rrarse_ soberbio del hombre sobre sí mismo. Siempre se
"recortará" así la rea1ida_d; y la parcialidad de las afirmaciones
ilTipulsará. el 11?-0vi'miento dé coU:tradicción y· de 511:peración de
los opuestos.
Pero la síntesis de los momentos opuestos no podrá
alcanzar la integridad y coherencia de la verdad y de la unidad
ontológicas. Desde los primeros siglos hallamos
un enfrentamiento anti­
tético en los
errores y herejías que defoniiatl"la vida criStrtina:
1a ·antítesis entre· "el· error jÍidío, el ebionismo negador de la di­
vinidad de Cristo,
y la gnosi's antinomista, hostil ·al otden creado,
despreciadora
de lo 'humano en odio al Creador.
El reflex_ionar ·sobre··esta dialéctica' del erroi-, escisiótl satá­
nica del misteriO, ·que· .contrapone aspectos parciales para dar
fueza y apariencia de verdad cristiana a 1a herejía, puede ayu­
dam.oS
hOy a. comprende!" tiuesfra Situación. Mtichos autores
hari
·mÜstrado en ef marxismo la r·educción, ya explícitamente
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EL REINO MESIANICO
antiteística, del ebfoóismo 'judaico, que ya San IreneO caracte­
rizaba como desprecio de lo divino· y opción
de exclusivismo
secular.
* * *
La Escritura presenta insistentemente al pueblo elegido por
Dios pobre y oprimido, y a los gentiles opresores como podero­
sos y ricos; se promete Ja liberación de · los-oprimidos frente a
las naciones y a los poderosos soberbios.
El marxismo, heredero, secularizado hasta el antiteísmo, del
concepto ebionita de la esperanza mesiánica, ha convertido en
resentimiento contra Dios la esperanza incumplida de la justi­
cia sobre la tierra.
El proletariado ocupa el puesto de Israel; la burguesía el de
la gentilidad;
El Capital suplanta a la Biblia; Carlos Marx es
.el Mesías; el Partido sm;tituye a la Iglesia; el segundo adveni­
miento y el reino consumado sobre la tietta eS" sustituido-por la
revolución ; el hundimiento de la burguesía equivale-al castigo
de las-naciones idólatras·; en lugar del milenio -tenemos la so­
ciedad sin -clases.
Estos paralelismos, establecidos
por Russell y otros auto­
res, revelan la vigencia en
nuestFO tiempo, después· de la apos­
tasía de las naciones
cristianas, de un humanismo · antiteístico
cuyo origen
no es "gentil'', sino "judíon; humanismo que· con­
siste en la
radicalización del orgullo judío por el que Israel fue
reprobado: el error de creer que la elección del pueblo pobre de
Israel
se fundaba en· su propia justicia:
No merecemos ante Diús por nuestro .-talento; ni tampoco
por falta de H; por nuestra riqueza o prestigio, ni porque carez­
camos de prestigio y de riquéza. Y si Dios· se complace en elegir
las
cosas que "no son"· para confundir a las que "son", al igno­
rante y
al pobre con mayor benevolencia que· al rico y al pres­
tigioso y poderoso
en el mundo; lo hace para patentizar ante los
hombres que es
El quien salva por su gracia. Y exige··que quien
es salvado tenga fe en la salvación de Dios y reconozca que no
tenia ante El títulos para serlo. Para que no se gloríe el sabio
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en su sabiduría ni el rico en su riqueza; ni el pobre y el igno­
rante en la justicia de sus obras.
La esencia del fariseísmo eonsiste en esta gloria en las obras
propias. Los fariseos se gloriaban en las promesas de Dios a
Israel como si les fuesen debidas en virtud de su observancia de
la Ley, y así despreciabari a las
naciones. El extremo fariseísmo
contagió al
cristiari.iSmo judaizante; se comprende así el sentido
del ebionismo, Nosotros, los judíos, los pobres, somos los jus­
tos ante Dios. Y este ebionismo es el C}ue per"severa en el mar­
xismo.
Y este mismo ebionismo originó paradójica y dialécticamente
el capitalismo; porque
si el pobre y el oprimido se siente ele­
gido por sus propios méritos y se enorgullece en su elección, se
instala en la más profunda de las soberbias ; la que sintieron
los_ grandes dirigentes· del jansettismb o del calvinismo puritano;
la exaltada estrechez· de los dirigentes del islamismo. Y en la
expansión musulmana realizan los árabes ·Io que los judíos creían
leer en sus profetas; y -los "santos'' de Cronwell aniquilan y
oprimen a los irlandeses;
y los descendientés de los "peregrino~.,
emigrados al Nuevo Mundo se enriquecen con el exterminio de.
los indios y la compra de los hijos de Cam. En todo esto per­
severa también el fariseísmo Judaico en Occidente a través de la
orgullosa lectura calvinista de la Biblia.
Es este un modo de entender la bendición divina como en­
riquecedora del pobre : es la revancha de los elegidos, que toman
los despojos de sus opresores y se sitúari por encima de ellos,
para ser ahora los elegido$ los tiranos y tener los gentiles a su
servicio. Esto
es propiamente el milenarismo.
Los Padres que se enfrentan a él aducen textos en que se
interpretan las bienaventuranzas como si
prometiesen a· los san­
tos resucitados en el reino
milenario· el ciento por uno en rique~
zas y placeres en premio de la renuncia y de la pobreza. Y esto,
que no-ocurrirá en la resurrecció:t'l, lo hemos visto realizado en
la fundación del . capitalismo occidental.
* * *
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La vana deformación ebionita de la esperanza del Reino en
un humanismo
secular ha continuado su obra a lo largo de los
siglos. E igualmente la antítesis, la gnosis hostil
a la naturaleza
y que reviste el odio a Dios de desprecio de los bienes terrenos.
Gnosis y milenio se sintetizan,. por otra parte,. reiteradamente
-en la hiiltoria y, con influencia patente y universal, se_ entrañan
en los errores de nuestro tiempo,
La expresión más "moderna" de la gnosis, en el sentido-en
que ahora nos interesa considerar, lo hallamos en la· obra de
Marción. Cristo representa la antítesis del Antiguo Testamento.
Su enseñanza revela que la obra del Dios de Israel, el mundo
creado,
es mala; que todo lo que hay en la naturaleza es con­
trario a la libertad ·que Cristo nos trae, la que nos emancipa y
opone a la Ley y a la naturaleza creada por el Dios de Israel.
Y si hoy hallamos en el cristianismo social
secularizado, con­
tinuador del ebionismo, también el concepto de un cristianismo
sin Dios, y el rechazo de la idea del poder divino, para ponde­
rar la debilidad y humillación de Cristo, vemos sobrevivir aquí
la idea marcionita:
el Padre de Cristo no es Señor del mundo,
no es omnipotente y dominador, sino que
el Dios supremo y
bueno del que Cristo es Hijo, y que se opone al Dios de Israel,
es sólo bondadoso y liberador.
Otros aspectos de las corrientes gnósticas los podemos ha­
llar explicados en San Ireneo: "Después de que
el Anticristo
haya devastado todas las cosas de este mundo, sentándose en el
Templo de
. Jerusalén -según los Santos Padres el reino del
Anticristo sería · recibido como el esperado reino mesiánico por
los judíos nuevamente reunidos en Jerusalén en el que de nuevo
reconstruirían el Templo-vendrá el Señor en la gloria del Pa­
dre y restituirá a Abraham la promesa de la herencia.
"Pero algunos de los que creen pensar rectamente alteran el
orden de la resurrección de los justos e ignoran el proceso ha­
cia la incorrupción por tenei"· sentimientos heréticos: pues los
herejes,
despreciando lo que Dios ha creado y no aceptando la
salvación de su -carne, afirman que con la muerte se sobrepasan
los cielos y el Demiurgo para ir hacia la Madre o hacia aquel
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Padre __ fingido por el_los. Pues no es_ de extrañar que los que
repr:ueban la resurrección universal ignoren también _el orden de
la resurrección."
"Hay algunos cuya opinión es desviada por el lenguaje de
los herejes y vienen. a ser ignorantes de la dispensación divina
y del
misterio. de la resurrección de los justos y del .Reino."
- Antitética a la vanidad ebionita, la "herejía",
la "gnosis"
impugnada por San Ireneo 1;10 reconoce en .este mt.tndo nada que
salvar. Podríamos decir .que se trata de un '~cristianismo. de tras.:.
cendencia'.' ._ NO hay esperanza del reino mesiánico y no la hay
tampoco de .la resurrección de los justos. La mnerte es un re­
torno
a la Madre -la suprema divinidad femenina, la Gran
Madre de
los cultos asiáticos que pervive hoy en lo femenino
unitivo de
Teilhard de Chardin-o hacia "aquel Padre que fin­
gen" : que. no es sino _el principio, el indeterminado abismo de
que todo se origina.
Si
el milenarismo representa_ la deformación de la esperanza
m~siánica, la visión secularizada del segundo advenimiento,_ el
pasaje de San Ireneo -,-paralelo al que antes hemos dtado del
diálogo con
el.judío _Trifón_de San Justino-,-.muestra Ja negas
ción de. la esperanza del reino. como: una ¡ninimización ·O recorte
de
la fe cristiana, efecto de la influencia _de las gnosis _eneinigas
del Diqs de lsrael, hostile~ aJa Ley y a los Profetas, y despre­
ciadores de los dones
y. de_ la creación_ de Dios._
Milenarismo .ebionita_ y gnosis negadgra del .Reino de Cristo
y
_ de la plenitud .del Israel restaurado son errores antitéticos
que
des;:onocen la dispensadón,.del._~eino _de Cristo..
* ·-*
En.-la "mqdernidad an.ti~ristiana'~ Jma síntesis gnóstico-,ebio­
nita pone en, rJ;19Vimiento _el_ dinamismo del error y deforma, de
raíz la n_iágjca:id~,tdel Progreso:·· E6 esta una idea.'.'antictistia11:a"
en el sen,tido .más_ profundo. y propio de la palabra; la concre­
ción
~n el dinamismo histórico d,e aquel misterio de iniquidad del
que San Pablo dice: que ya actúe! y_ que prepara la, manifestación
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EL REINO MESUNICO
del hombre del peq,do, que se enfrenta a todo lo que se llama
Dios o .recibe culto.
El carác;ter an~icristiano ele esta idea del progreso radica pre­
cisamente en _ que escinde y desorienta conceptos e ideal~s pre­
sentes en la historia como herencia de ~~rael y de la revelación
bíblica. Nos habla de redención, pero
no es la redención del
hombre por la gracia divina; es una redención según elementos
del mundo y que obra diríamos mágicamente: por el proceso
irreversible de la Historia,
por las exigencias del nivel de nuestro
tiempo, .somos redimidos del pasado·, constitutivamente malo. Esqt
redención progresista pre_senta los _ caracteres de inmanencia se­
cular. e . intramundana del ebionismo, _ pero a la vez revela aquel
dualismo de las gnosis. Por esto, más que un proceso _lineal de
maduración
en el tiempo, se concibe el Progreso como tUI_a s~ri~
de choques dialécticos redentores: a fines del _siglo xvnr lc1 _bur­
guesía redimía de la nobleza ; . más tarde el proletariado redime
de
la burguesía; en nuestro tiempo la juventud redime de los
"padres. p9dridos".
Oímos frecuentemente .afirmaciones universales de, es:te tipo:
Los jóvenes de hoy son. justos, pu.ros, exig~tes y_ quieren un
mundo mejor, .. porque las generacioti_es :anteriores lo_ habían cons­
truido -injusto_ y opresor. En consecuen~a, ya no tenemos qu~
considerar el. bien_.y el mal-.e-n su verdadera línea:. el bÍen .como
integridad y
el .mal mmo privación y desorden. El, bi.en como
algo.a agradecer últimamente a la l¡ondad y. poder de. Dios, y. el
mal..y eJ pecado como consi_stentes en la,cerrazón. de la sober:~ia.
El bien es para .el progresismo algo arrojado .aL mar .de la exisc
tencia por la generación, y. que va a causar el mundo nuevo,
fecundo
y creador, al nivel de 'nuestro tiempo.
Dualisrrio-,maniqueo,-y también' ebionismo; 'ya, que: en todas
las polaridades, y por satánico modo,-. también lo que -"no es"
confunde a lo que "es". -Por s.a-tánico -modo: porque lo-que--''no
es" tiene el privilegio de. la soberbia y del desprecio hacia-lo· que;
precisamente por ser, es ya anquilosado, superado y destinado
a· la destrÚcción: Estam-os -ante-·redenciones inmanentts, mag1cas,
maniqueas, Se ha escindido la divinidad misma' en el dios del
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poder y de la justicia, legislador y señor, y el dios de la libertad
y de la renovación. Se ha escindido la espiritualidad; se ha frag­
mentado la fe; se lanza
una parte de misterio contra el otro, y se
obtiene así la tensión en
la que está la .vida y el proceso del
movnniento dialéctico redentor.
* * *
Las esperanzas de la Iglesia en la plenitud del Reino de
Cristo son hoy, como en los primeros siglos cristianos, acusadas
de milenarismo judaizante: quienes así sienten parecen exigir un
cristianismo puro de contaminaciones "políticas", desarraigado de
la historia, del que estuviese ausente el deseo y la esperanza de
una integración del orden temporal bajo el signo de la fe y de
la gracia.
Pero esta misma negación del Reino de Ctisto en la his­
toria, que desde los primeros siglos hallamos en las herejías
gnósticas, se sintetiza también en· nuestros días con el concepto
humanista e inmanente de la redención. A la vez que parece
exigirse un cristianismo HJiberado. de toda alianza", "despoliti­
zado", es decir, librado de la sobreviven.da del orden cristiano,
se reduce la redención a la lucha social, y la tarea apostólica al
compromiso temporal, que viene a ser la destrucción liberadora
frente
a· la tradición y al pasado. Este cristianismo es simple­
mente revolucionario, lucha de clases, marxismo antiteístioo. El
príncipe de las tinieblas sigue obrando el misterio de iniquidad,
sugiriendo en la mentalidad. contemporánea las mismas defor­
maciones que se expr~aron en Marción y en los ebionitas.
* * *
Dice Santo Tomás que la fe católica se presenta cual una
vía media entre errores opuestos. El movimiento dialéctico del
error sintetiza, como hemos v~sto, tales oposiciones en el con­
fuso agregado de una concepción en la que se desintegra el sen­
tido cristiano de la historia.
Si no seguimos ni el error judío del humanismo ebionita, pre­
sente en nuestro tiempo en las diversas corrientes del Evange-
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EL REINO MESIANICO
lio social, ni el error herético, que desprecia el orden natural y
no acepta la espeanza de su integración en el Reino de Cristo,
deberemos profesar la esperanza que la Iglesia vino a institu­
cionalizar litúrgicamente en
la fiesta de Cristo Rey.
No es erróneo milenarismo vivir,:,en eSxOsdiempos de miste­
rio de iniquidad, en _el consuelo y la espe:ra.nza. a que nos invita
el Evangelio: alzar los ojos y levantar la cabeza porque se acer­
ca nuestra redención.
De esta esperan.za vivimos los cristianos;. a ella nos invita
la Escritura, que nos alienta a esperar· y-nos, invita a suplicar
con ardiente plegaria la humillación de los poderes anticristianos.
No porque así vengamos a tener nosotros la aportunidad de
llegar a ser poderosos al modo como
io son los enemigos de
Cristo: sería esto envidiar la prosperidad de los malos y tener
celos
de quienes obran la iniquidad.
"La altivez de los ojos del hombre será abatida; la sober­
bia
de los hombres será humillada, y sólo Yahveh será ensalzado
aquel día." Si al leer esto en la Escritura esperamos que hu­
millara a "nuestros" enemigos y que nosotros "los fieles" triun­
faremos, seríamos puritanos o fariseos. Porque:
"el día de Y ahveh
de los ejércitos vendrá sobre todo lo soberbio y altivo y sobre
todo
lo ensalzado y . sobre todos los cedros del Líbano altos y
sublimes; sobre los alcornoques de Basan; sobre todos los mon­
tes altos y sobre todos los collados levantados; sobre torre alta
y sobre todo muro fuerte; sobre todas las naves de Tarsis y
sobre toda las pinturas preciosas".
"La altivez del hombre será abatida y la soberbia de los hom­
bres será humillada, y sólo Yahveh será ensalzado aquel día."
"Aquel día arrojará el hombre sus ídofos de plata y sus ído­
los de oro, que se hicieron
para que fueran adorados, y se en­
trarán en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las
peñas, por la presencia temible de Yahveh y por el resplandor
de su majestad, cuando se levantare para herir a la tierra. De­
jaos estar del hombre, cuyo hálito está en su nariz, pues ¿por
qué tiene que ser él estimado?
Oremos con el salmista : ''Te alabaré Y ahveh con todo mi
corazón; cantaré tus maravillas; me-alegraré y regocijaré en Ti;
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·FRANCISCO CANÁLS VIDAL
cantaré tu· nombre altísimo porque mis enemigos· han sido echa"
dos para atrás. Caerán y perecerán ante Ti porque has hecho
juicio de mi causa, Te has sentado en tu silla y has juzgado
justicia.
Has reprendido a las ·naciones y has destruido al per­
verso. Raíste el nombre de ellos par.a siempre jamás. ¡ Oh ene­
migo!,. acabados son para siempre· los asolamientos y las ciudades
que elevaste; -su memoria pereció con ellas; mas Yahveh permane­
cerá para siempre. Ha dispuesto su trono para juicio, y juz­
gará al mundo con justicia y al los ·pueblos con rectitud. Y será
Yahveh refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia,
y en Ti cbnfiarárt ·cuantos· conocen tu Nombre, por· cuanto no
desamparaste a los que te buscaron. Cantad a Yahveh que ha­
bita en Sión.
Dad a conocer a los pueblos sus obras: porque,
demandando su sangre, no
se olvidó del clamor de los pobres."
"Hundiéronse las
rraciones en la fosa que hicieron; en la
red que escondieron fue tomado su pie. Y ahveh fue conocido por
el juicio· que hizo: el perverso fue enlazado .en la obra de sus
propias manos.
Serán los malos trasladados al infierno, y todas
las gentes que se olvidaron de Dios: porque no será para siem­
pre olvidado
el pobre, ni la esperanza de los pobres perecerá para
siempre. Levántate, ¡ oh Yahveh !, no sea que prevalezca el hom­
bre. Sean ante Ti juzgadas las naciones. Pon, ¡oh Yahveh!, temor
en ellas: eonoZCan las naciones que no son más que hombres."
Para -terminar esta· confidencia alentémonos a la plegaria con
la que roguemos a Dios que· no tarde ya, qtte no calle por más
tiempo.
En las profecías se nos habla del silencio de Dios, y estamos
en este· misterioso momento. Pero leemos en Isaías:
"Callé por largo tiempo fui como sordo y me contnve. Como
la que da a luz ahora grito y suspiro y respiro jadeante.H
"Desvastaré montañas y collados y secaré la lozanía de las
plantas. En erial convertiré los ríos y dejaré en seco los es­
tanques."
"Haré marchar los ciegos por un -camino ignoto y" les haré
pisar senderos ignorados. Ante su faz haré de las tinieblas Íuz,
de lo escarpado llano ; lodo cuanto Y o digo así
ló cumpliré y no
les dejaré." Que así sea.·¡ Ven, Señor Jesúsl
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