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1969

Poder y libertad

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1969
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POR
AN»ús SAI.GADo y Ru:r:z TAPIADOR
En el Congreso de L'Office International des Oeuvres de For­
mation Civique et d' Action Culturelle selon le Droit Naturel et
Chrétien, celebrado en Lausanne en
1%5, el profesor de la Uni­
versidad de Lieja, Marce! de Corte, en su ponencia, constataba:
''El término información no es .siempre sinónimo de noticia
o actualidad
... La información propende a cubrir toda la exten­
sión de cualquier rama del saber y aun de todo conocimiento cien­
tífico ... Así, la información, de acuerdo con el sentido moderno
de la ciencia, está
en camino de convertirse en el conocimiento de
lo nuevo,
y p:>r otra parte, a causa del empleo incorrecto del tér­
mino, en el conocimiento de lo real, la verdad, el conocimiento
exacto." (Verbo, núm. 41, págs. 9 y sigs.)
El origen de este concepto sobre la información es el afán de
poder, de poder absoluto del hombre sobre
el hombre: dominar
su alma (cf. Donoso Cortés ''Discurso sobre la dictadura", Verbo,
núm. 8, págs. 31 y sigs.). En el editorial del primer servicio (5 de
julio de
1%9) de la Agencia Informativa de Colaboraciones CIO
( c./ Orfila, 3,. Madrid), se pueden leer estas palabras, que nos
sirven para comprender mejor la constatación de Marcel de Cor­
te, anteriormente citada:
"La opinión pública reviste hoy una importancia extraordina­
ria
y tiene el derecho y el deber de informarse de fuentes real­
mente fidedignas.
No siempre ocurre así, porque la subversión
está actuando en todo
el mundo y trata de infiltrarse en todos los
terrenos de la información. Como
ha descrito Jesús Iribarren,
"La averiguación de las más profundas apetencias instintivas de
individuos
y masas: la determinación hic et nunc de las ideas
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o cosas que se les querrían imponer de modo que quedaran al
mismo tiempo satisfechas aquellas apetencias; la creación de ne­
cesidades nuevas; el montaje de una conciencia de culpabilidad,
con miras a una persuasión coercitiva que sería liberadora; la
sustitución
de realidades por sus símbolos, suministrando éstos en
lugar de aquéllas; la invasión de la personalidad profunda en­
tregando el mensaje informativo por vías inconscientes o subcons­
cientes, son otros tantos Capítulos de cualquier moderno manual.
De la conjunción de psicología social y psicoa.'1álisis han salido
igual los slogans publicitarios que los procesos de lavado de
ce­
rebro; y en ese mundo tiene que desenvolverse, quiéralo o no, el
periodista de hoy."
Las técnicas de conquista de la mente humana han avanzado
vertiginosamente y el lavado de cerebro se viene realizando a es­
cala universal sin necesidad de torturas ni de drogas. Las ideas,
convenientemente. alineadas y dosificadas científicamente, pueden
realizar ,µ,a labor más fructífera que los procedimientos de tor­
tura física o psíquica:
el hombre puede ir envenenando su mente
poco a poco, hasta llegar a idolatrar a sus mismos asesinos espi­
rituales.''
Este comportamiento descansa en el concepto dialéctico de la
relación entre poder y libertad.
En este ambiente en el que la in­
formación deformante proyecta adueñarse
del hombre entero, in­
troduciéndose en
su vida más íntima, con los medios audiovisua­
les de comunicación;
-en este ambiente, tenemos. que desarrollar
nuestra actividad de propagadores de la doctrina católica. La
Iglesia, por expresa voluntad de Cristo, tiene ¡xi,r misión furnia­
mental la salvación eterna de l-0s hombres, para lo cual recibió el
mandato de predicar el Evangelio a toda criatura para que cre­
yendo
y obrando conforme a esa fe se salve (cf. Me. 16, 15-6 y
Mt. 28,19). Iglesia somos todos los cristianos en comunión con
ella y, por tanto, a todos nos obliga el mandato de Cristo en la
medida
en que nos ha dado sus talentos ( cf. Mt. 25, 14-30), es
decir su gracia: tenemos que negociar (cf. Le. 19,13), guardando
la proporción jerárquica con que Dios ha repartido los carismas
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dentro de su Iglesia, porque cada grado jerárquico es intrínseca­
mente insustituible por los otros.
¿ A qué viene todo esto en un coloquio sobre información?
Sencillamente a poner los puntos sobre las íes para que no cai­
gamos en la tentación de inmiscuirnos en el terreno propio del
sacerdocio, con el sofístico argumento de que hay que salvar a la
Iglesia. No, no tenemos que salvar a la Iglesia porque la Iglesia
no puede fallar (Mt. 28,ZO). Por el contrario, es la Iglesia la que
nos tiene que salvar a nosotros
(Le. 16,16) y nosotros tenemos
que hacer todo
lo posible para que nuestros hermanos no deserten
de la Iglesia y los que no están dentro de ella se acojan bajo su
sacramento salvador.
La información revistió siempre una importancia capital, pero
hoy, debido
al enorme desarrollo de los medios de comunicación
de ma~-~.L !~ft;ne mucho más. El Concilio Ecuménico Vaticano II
es la aplicación de la perenne doctrina ratólic.a al caso concreto
de nuestras circunstancias, por lo que no podía desentenderse de
los múltiples problemas que la información presenta para un ca­
tólico. Estudiemos a fondo los documentos conciliares y, en nues­
tro caso, el que expresamente· se refiere al tema: Decreto I nter
mirifica sobre los medios de comunicación social.
* • *
La Ciudad Católica consiste en proporcionar una formación
cívico-doctrinal católica, poniendo en marcha una acción doctrinal
con miras a formar
a los hombres de la ciudad terrestre en la ver­
dadera doctrina, para que hagan de esta ciudad humana una ciu­
dad católica. Habría que explicar
más esto, pero creo que, a los
que estarnos aquí, esta brevísima y deslucida caricatura de lo que
es la Ciudad Católica nos bastará para mostramos el camino a
seguir dentro de la Iglesia, según los métodos de la Ciudad
Católica.
Las divisiones dentro de la Iglesia están causando mucho
daño a las almas. Mientras se traiciona a la Iglesia desde dentro,
los fieles nos dividirnos en discusiones sobre cosas accidentales y
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no somos capaces de ver que, muchas veces, nuestros métodos de
acción no son excluyentes, sino complementarios.
La Ciudad Católica tieue mucho que hacer en todas partes, a
todas horas y en cualesquiera circunstancias ( cf. "La acción" de
J. Ousset, IV parte). La información, para nosotros, es sinónimo
de difusión de la doctrina católica y, hoy, Cristo nos pide un re­
doblado esfuerzo: Primero, intensificando el trabajo de estudio
formativo personal y
en grnpo y, después, negociando con lo re­
cibido. Este negociar, este difundir por toda la sociedad la
doc­
trina de la Iglesia, no es misión de la "Ciudad Católica" como
tal -y aquí radica algo de lo especifico del método de la "Cuidad
Católica"-, sino de sus amigos. Por ello, no podemos encerramos
en nuestra célula sólo ·para reconfortarnos al calor de lo que allí
aprendemos y asimilamos. Allí tenemos que nutrirnos bien para
luego salir a Ja intemperie de la vida sociat----P-.r.epªJ:~!Jl--ºnos con
el estudio en nuestras reuniones, pero luego hay que negociar con
esos dones inestimables que
Dios nos da. En la familia, en el
trabajo (cualquiera que sea), en nuestra convivencia social, en
conferencias, en revistas, en periódicos, con estilo ágil y conciso,
vayamos metiendo las chispas que irán derritiendo los témpanos
del error.
Don Pablo León Murciego -antiguo profesor mío de litera­
turas clásicas-, dice en su magnífica obra "La lectura" :
"Se priensa, se siente y sigue la acción; es un hecho inconcuso
que
al mal pensamiento sigue el mal deseo; al extravío de las
ideas, el desorden de las pasiones, y al torbellino del error la tem­
pestad que conmueve y derrumba
el edificio social. Por eso ha
afirmado Bacon que las ideas gobiernan al mundo, y
La Harpe
que los escándalos filosóficos han preparado y producido los es­
cándalos revolucionarios,
y Balmes que las ideas decideu tarde
o temprano de los destinos del mundo. Consecuencias necesarias
e inevitables todas, porque los hechos, como lo demuestran pal­
mariamente la Filosofía de la Historia y la Historia de Filosofía,
no son otra cosa que la encarnación y cristalización de las ideas."
"Siembra una idea -continúa diciendo mi antiguo profesor
de
literatura-y recogerás un sentimiento. Siembra una idea y un
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sentimiento: la cosecha será una acción. SiembTa una buena ac­
ción, y adquirirás una costumbre. Siembra una-buena costumbre
y adquirirás salud, carácter, hombría de bien. Siembra esas cosas
y consecharás personalidad, influenciá, mérfi:os abundantes ante .
Dios y ante los hombres."
¿ Cómo podemos realizar esto?
Nosotros no podernos aspirar a organizar gTandes medios de
comunicación de masas, ya que ni podemos, ni creo que sea lo
que necesitamos en estos momentos, porque -entrar en la palestra
en que se mueve la "contestación" sería dialectizar la Religión
--;;osa que nos está vedada por principio-y supondría caer en
la trampa de combatir al enemigo en un terreno en el que, por
ser específicamente suyo, lleva todas las
de ganar.
Los· momentos actuales de confusión nos exigen acciones de
información y de difusión muy concretas, ca-paces de religar a las
personas comprometiéndolas en un ideal vivo, io cual no puede
hacerse con las grandes planificaciones que requieren hoy día los
,grandes medios de comunicación de masas.
Por otra parte, tenemos que huir de un peligro que nos acecha:
el de pararnos en el plano intelectual de la verdad, porque si
no la proyectamos eficazmente con una adecuada difusión, se
producirá ( en algunas partes ya se ha producido) el cansancio,
aburrimiento y, por último, el desánimo de muchos de los me­
jores.
El enemigo se ha apoderado de bastantes de los medios de
comunicación de la Iglesia, precisamente porque no siempre se
ha tenido en cuenta, en el apostolado, la doctrina católica de los
cuerpos intermedios, No basta con disponer
de nna cabeza infa­
lible (el Papa), y de unos
corazones infinitamente abrasadores
(el de Cristo y su Madre), pues el cuerpo -la Iglesia, cuerpo
místico de Cristo--no es sólo cabeza, ni sólo corazón, ni sólo
ambas cosas
a la vez. Todos los demás miembros tienen que estar
entrenados en
la realización de lo que ordena la cabeza, y los dis­
tintos órganos preparados
para recibir la irrigación lanzada desde
el corazón.
El Concilio Vaticano II -repito-ha sido consciente de esto
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y en sus documentos encontraremos mucha luz para nuestra ac­
ción doctrinal.
Pero, en concret':,), ¿ qué puede hacer un amigo de la "Ciudad
Católica" ?
Existen una serie de grupos y publicaciones que, con algunas
deficiencias -muy comprensibles---, se mantienen fieles al Ma­
gisterio y están realizando una labor buena.
Lo primero que hay
que hacer es conocerlas. Y puesto que la doctrina de la Iglesia
tiene muchas aplicaciones prácticas, se necesita actuar esa doc­
trina en todos los terrenos a la vez.
La misión de los amigos de
la Ciudad Católica consistirá en colaborar con esos grupos y pu­
blicaciones. Tenemos en nuestras manos la mejor revista intelec­
tual católica que se publica en España -VJ\Rllo-y una serie de
obras maravillosas que figuran en el catálogo de la editorial
SPEIRO. Pues bien, hay que estudiar cada número de esa re­
vista y cada una de las obras mencionadas, asimilarlas, para lnego
difundir esas ideas por todos los medios -pocos o muchos, pe­
queños o grandes, a nivel alto, medio y de mayoría-. ES éste un
trabajo imprescindible y tan urgente, que es inaplazable.
¿ Pregrmtáis todavía, qué se puede hacer?
Cono= las publicaciones que contienen sana doctrina, buscar
suscripciones a las mismas, así como tocla la ayuda material que
sea posible; reclutar colaboradores que escriban en estilo llano y
con brevedad
para el gran público, etc. En nna palabra, consoli­
demos estos pequeños medios de que disponemos porque -repi­
to----no se trata de salvar a la Iglesia, sino de ayudar a los cató­
licos a protegerse
del ciclón que quiere arrancarnos de la Iglesia.
Sólo difundiendo
la doctrina entre todos los que estén a nuestro
alcance, capilarmente y con ¡J["Ocedirnientos muy sencillos y va­
riados, podremos salvar del temporal a muchos: si en el desierto
nos sorprendiera un aguacero, sería insensato ponerse a planear
la construcción de refugios; lo único· factible y más sencillo, sería
sacar el máximo partido a los impermeables de que dispusiéramos.
Queridos amigos, os he dicho que conozcáis las publicaciones
que expongan la auténtica doctrina católica; procurad que cada
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amigo vuestro se suscriba a la publicacióu que más se adapte a
sus necesidades, que compre el libro que más a propósito creáis
para él en un momento dado. No esperéis a que loo directores de
las publicaciones os pidau que consigáis suscriptores; conseguid­
los
motu proprio, que no se trata de encuadrarse en un grupo,
sino de difundir la Buena Nueva
por todos los medios a nuestro
alcance.
No esperéis a que la Iglesia nos diga que trabajemos en
este sentido, porque la Iglesia nos lo ordenó desde que entramos
en ella
por el Bautismo y el Concilio Vaticauo II nos ha urgido
para que cumplamos este mandato de Jesús. Nuestra misión es
ésta y no la de inmiscuimos en los problemas que la Jerarquía
nos tiene que dar resueltos porque nadie más que ella puede re­
solverlos. Arreglemos nuestros asuntos de seglares católicos, que
en su solución no puede suplimos la J erarqufa: son muchas las
cosas que podemos hacer sin que necesitemos especial mandato
de la Iglesia. En ponemos a realizarlos consiste la mayoría de
edad del seglar dentro de la Iglesia.
Permitidme, para terminar, un ejemplo práctico de lo que es
necesario hacer eon los magníficos estudios que nos proporciona
VERBO y los libros editados por SPEIRO, para trasmitir lo que
en ellos aprendemos :
En los números 71-72 y 77 de VERBO aparecieron dos estu­
dios sobre
la producción agrícola en función del tipo de propiedad
(privada o colectiva) de los medios de_ producción y de consumo.
Allí
se daban datos muy significativos sobre la producción en los
medios privados
y colectivos de los países comunistas, y de las
grandes sociedades y raucheros en Norteamérica. Sólo con extraer
de esos estudios unas breves notas estadísticas, sin meterse en
más consideraciones, habremos expuesto a
la consideración de los
demás lo justo de la doctrina católica sobre los derechos y debe­
res de
la propiedad privada : cómo ésta es legítima y no está al
servicio
del egoísmo, sino al del propietario y al de la comunidad
al mismo tiempo.
Yo, por mi parte, estoy a vuestra disposición en CIO, S-. A.,
que además de editorial es Agencia Informativa de Colaboracio­
nes, y creo qne las otras publicaciones también están esperando
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vuestra colaboración. Siempre podrás hacer algo, tengas la edad
que tengas y aunque estés abrumado por
el trabajo. Siempre po­
drás rezar, siempre podrás decir a Cristo y a la Virgen: ayuda
a mis amigos a quienes yo no puedo ayudar en el trabajo que rea­
lizan
para mayor gloria tuya.
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