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1972

Acción y contemplación

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1972
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Mística y compromiso, carentes de contemplación. A propósito del socialismo en la Iglesia

MISTICA Y COMPROMISO, CARENTES
DE CONTEMPLACION
A PROPOS!TO DEL SOCIALISMO EN LA IGLESIA
POR
V. l.AMSDORFF-GALAGANE,
l. El comproll1;iso socialista.
En principio,. el problema fundamental sobre el que versa esta
ponencia, «mística y compromiso», que in.e ha correspondido des­
arrollar aquí,
es el siguiente: ¿hasta qué punto el ser cristiano im­
plica, exige o tolera una participación política activa en la vida de
la comunidad?
Adelanto en seguida que
mi respuesta a esa pregunta es afir­
mativa. No creo que haya .nada, en la condición de cristiano, e in­
duso
en la condición de eclesiástico, que impida tomar parte activa en,
la vida política de la comunidad a que se pertenece. En presencia de
una injusticia, nada hay de reprobable en que se reaccione contra
ella, y sí lo hay en no hacerlo. En presencia de la desamortización de
Mendizábal, encuentro muy lógico que el clero. animara a sus feli­
greses en apoyo del ejército de D. Carlos, que pretendía acabar con
todos los desamortizadores, confiscadores y nacionalizadores. Y en­
cuentro muy lógico que la Iglesia bendijera ciertas empresas gue­
rreras, desde las Cruzadas hasta nuestra Guerra de Liberación. En
mi opinión personal -que someto de antemano a cualqui_er matiza~
ción o corrección que pudiera hacer la Iglesia~-, un cristiano, por
pío que sea, en determinados casos tiene derecho a enfadarse.
Tacnpoco quiero predicar ningún milenarismo. Cristo bien dijo
que Su Reino no era de este mundo. Pero hay al menos un derecho
al que el cristiano, precisamente en su calidad de cristiano, no ·puede
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V. LAMSDORFF-GALAGANE
renunciar: el derecho de libre propagación de su fe. Además, el cris­
tiano está sometido, como todo el mundo, a
la ley natural. La Gracia
no altera
la naturaleza, ni tampoco las obligaciones que establece la
ley natural. Como la sociedad política
es una institución natural,
nada
hay de condenable, sino todo lo contrario, en que, los cristianos
colaboren en su funcionamiento~ · su inejora o ·su defensa. Y si esto
requiere que tomen opciones políticas concretas, han_ de tomarlas.
Pero no quiero hablarles de eso.
Hoy quiero hablarles
de una determinada opción política: de la
opción por el socialismo de tipo marxista. O sea, de una opción_ por
algo, que no sólo tiene que ver muy poco con la ley natural, sino que
incluso niega su existencia. Hay cristianos que han elegido esta vía.
Por ejemplo, en abril último se han reunido en Chile unos «Cristia­
nos -por el socia!lismo», que elaboraron unas conclusiones de tipo
«viva Che», :con los ·naturales panegíricos a los regímenes cubano y
chileno (1). Entre estos cristianos hay sacerdotes (2) e incluso obis­
pos (3).
Que se trate de una opción ilícita, no necesita mayor demostra­
ción. El socialismo marxista ha sido condenado por todos los pa­
pas
(4). Ha resultadá ser económicamente ineUciente. Ha conseguido
que ·.en Cuba' · esté · raciotiado absolutamente todo, incluso el azúcar y
el tabaco;· qu~ ·Rusia iinporte trigo;· f menos mal-que el mar aún
(l) ~ue_d~ ·lee;se, p .. ej., en l~· revista «COM» de 19-5-1972, páginas
6 y siguientes. _ _ .
(2}
Como el conocidO. ~a-Poeta Ernesto Cardenal, dedicado, en Nica­
ragua, a
1a propáganda castrista (Cfr. entrevisi-a publicada."eó. «El Gervo», 1972
(222-2-23) 14 y _sigs.), Y no sólo-los hay en Nicaragua; _me temo _que-cada
un.o de_ mis lectores conozca, personalmente, a alguno.
(3) Como el Arzobispo de Recife, Mgr._ Helder Camara, o más carac­
terizadamen!e
aun, el Obispo de· Cuernavaca, Mgr. Méndez Arcea (Cfr. su
intervención en el citado
·encuentro de «cristianos por el socialismo», en
«COM»,
dt., · págs. 8-9).
(4) Pablo VI, alocución a los trabajadores de 22-5-1966; OctogeJima
adveniens,
26, 32--34, _ etc.-, así como -en -.numerosos otros documentos; -· Juan
XXIII, Mater et M.agiJtra1 109, etc., y también en muchos documentos más;
para no remontamqs a la _D~vfni Redm,pto,·is, Quadragesimo Anno o Quod
ápostolici muneris.
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no es socialista, que si no, faltaría el agua (5). Tiene una marcada
tendencia a la dictadura, a
los paredones y a los campos de concen­
tración. Por fin,
es .responsable de la mayor persecución religiosa que
registra la historia desde Diocleciano.
Y, sin embargo, existen cristianos que han escogido el socialis­
mo, que le hacen la propaganda con todos los medios a su alcance
y que dedican lo mejor de sí mismos a Su triunfo. Ante esto, creo
que la mera condena no basta. Estimo que sería bueno tratar de des­
cubrir las razones de nna actitud tan paradójica, tratar de entender
las motivaciones que llevan a estos cristianos -cuya buena fe hay que
suponer-por unos caminos tan tortuosos. Máxime, porque su nú­
mero parece ir en aumento.
Lo he intentado hacer, y voy a tratar de compartir con Vds. mis
reflexiones. Me ha servido de «material de experiencia» una revista
moderadamente «progresista», una· entre muchas, llamada· «Hechos y
Dichos», editada en Zaragoza por los PP. Jesuitas. Hay revistas. más
«avanzadas» aún, pero ésta tiene la ventaja de plantear los problemas
a
fondo. Creo que es un buen ejemplo. De todas formas, cual­
quiera puede repetir el experimento con otras, y· no creo que los
resultados difieran mucho. Al fin y al cabo, todas estas revistas se
parecen.
Pues bien, espigando
cosas que dice la revista por aquí y por
allá, vamos a tratar de meternos en.la sicología de sus _red.actores, de
sus responsables. El problema de los lectores es relativamente más
sencillo: u obedecen a motivaciones aná'logas, o simplemente se' creen
a pies juntillas todo
lo que _les cuenta ~u revista. O ambas cosas a
la vez.
2. Amigos y enemigt?s.
¿Cuál es, en general, el «ambiente» de la revista? Unas cuantas
princeladas bastan para definirlo.
(5) Ahora que lo pienso, es una broma sólo. hasta cierto _punto. El
único mar enteramente socialista, hasta la fecha, es el mar Caspio. Pues bien,
el nivel de
sus aguas ha descendido, desde 1917, en casi la mitad, y sigue
descendiendo a ritmo
alarmante.
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V. LAMSDOR.FF,GAL4GANE
Podemos encontrar condenas expresas al «capitalismo» ( 6). Pero
nunca al
<: tesis del anatemizado «capitalismo», definiéndolo como «control de
los medios de producción mediante consejos · de trabajadores»,
.some­
tidos, sin embargo, a una planificación central (7).
Se nos dice que la «derecha» ya no se puede permitir hablar en
nombre del cristianismo (
8), cosa que a la revista le parece muy bien.
Se nos informa de que la democrada representativa «ya no sa­
tisface»;
se requiere liha: «democracia de participación» ( qu.é estriba
en que
el pueblo participe en las decisiones y en las responsabilidades.
La imprecisión ¿será buscada de propósito?)
(9).
Se deja caer que la Banca, en cuanto es privada, «no trabaja para
el bien común de la sociedad»
(10). Trabaja por codicia. En cam­
bio, el Estado sí trabaja para el bien común
(por definición) (11).
Por aquí resulta que Bernardette Devlin merece el nombre de
católica, no por
ir a misa y tal~ sino por < ninguna pretensión para el mismo criStianismo» ; o sea,
por < afanes socialistas en favor del pueblo» (12).
Por · allá se habla de los alemanes política. Está muy ·bien·. LOs españoles tampoco quieren rojos en su
(6) Por ejemplo,. «Hechos y,Díchos», 1969 (396), pág. 410.
(7) Ibid., pág. 411. No nos engañemos demasiado con los «consejos
de trabajadores».
O bien se les piensa transmitir la plena propiedad de las
empresas
en que trabajan, con todas las facultades de gestión y administra­
ción, en· cuyo caso sólo se habrán sustituido las sociedades privadas de ac­
ciqnistas por sociedades privadas de obreros. Con . posibilidad, además, de
vuelta al sistema anterior: si los obreros son realmente propietarios
de la
empresa, y, por ejemplo, les va mal el negocio, tendrán derecho a venderla,
¿o no?
O bien
se piensa en conferir la propiedad de las empresas al Estado, y
planificarles producción, precios, costos, compradores, proveedores, etc., en
cuyo caso el papel
.de los consejos de trabajadores quedará reducido, en la
práctica, a discutir si en la cantina pondrá~ garbanzos o lentejas. Todo hace
suponer que «Hechos
y Dichos» propugna, en realidad, la segunda posibilidad.
(8) 1972 (426), págs. 32-33.
(9) 1971 (421), pág. 4.
(10) 1969 (399), pág. 751.
(11) Ib;d., págs. 752-3.
(12) 1969 (400), pág. 848.
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vida política. Pero esto, está muy mal: «los de la otra zona eran
hombres cargados
de razones y de buena voluntad» (13).
Hay abundancia de noticias de los países del Este. La. valoración
de conjunto, en general, es más favorabÍe a Yugoslavia que a la
URSS. Pero
se reprocha a la Iglesia que allí se :ha conservado su «in­
adaptación», ·en substancia, porque los fieles' viven una vida de ora­
ción y sacrificio por la fe, y se desentienden del mundo que les rodea
(léase,
del socialismo) (14). Cito textualmente: < nagloria de que delante de su pueblo fiel fue mártir e intachable. El
septilcro del Cardenal Stepinac, en la catedral de Zagreb, continua­
meÍlte visitado, es un testimonio de la reacci6n-admirativá del pué­
blo. Pero nO nos engañeinos. ¿A quién sirvió de luminoso ejeinplo
esa actitud? A un pueblo fiel al que 11osotros mismos formamos con
el complejo de que el comunismo es totalmente nefasto, pero no a
la gran masa que ve en el socialismo una fuerza efectiva de libera.:.
ción» (15).
Y, consecuentemente con esto. e_ntre las noticias religiosas, se des­
tacan todas aquellas que puedan indicar posibilidad, perspectivas, fu­
turo o presente de una pacífica colaboración entre lá Iglesia y el
Estado en los países del Este (16). Inversamente, se destaca todo lo
que indique conflicto entre Iglesia y Estado
en
los países occidenta­
les (España inclusive) (17).
( 13) !bid., p!g. 828.
(14) 1968 (382), p!gs. 58 y sigs.
(15) Ibid.,
pág. 67. En la realidad~ es justo al revés: la «gran masa»
ve en el socialismo más una fuerza de opresión que de otra cosa, y de ahí
su respeto
al Cardenal que no quiso transigir ton él.
(16) P. ej., 1969 (394), págs. 274 y sigs.; 1969 (395), pág. 373;
1969 (402), pág. 1101; 1971 (422), pág. 371; 1972 (427), págs. 21 y sigs.;
incluso al· describir situaciones conflictivas, se h.~.ce un es pedal hincapié en
la fidelidad de los creyentes al régimen en sí (1969 (401), pág. 983), cuan­
(17) P. ej., 1969 (394), pág. 246; 1969 (395), págs. 349 y sigs. (pro­
testando
por la subida de sueldos' á !Os curas en España); 374_-,; 376; 1969
(396), p!gs. 472, 475, 477, 479; 19119 (399), p!gs. 762 y sigs., 784; 1969
(401), págs. 979 y ~igs.; 1969 (402), p!gs. 1080 y sigs.; 1972 (427), pá­
ginas 13 y sigs., etc.
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V. LAMSDORFF-GALAGANE
De China roja se dice, por ejemplo, que su politica de arma­
mentos y de bajo consumo viene· impuesta por el cerco exterior al que
está sometida (18). ¡Pobrecitos! Ellos no quieren, pero les obligan ...
Muy de tarde
en· tarde, se publica también algún articulo anti­
soviético, aunque cuidando mucho de no
hacerlo antisocialista (19)­
y aun en éstos, se pueden encontrar pequeñas falsedades. Se cuenta,
por ejeruplo, que Bukovski estuvo recluido· por participar en una
manifestaci6n bajo el slogan «respetad la Constitución»
(20). Apa­
rece así, ante los· ojos del lector; como un· joven idealista, quizá un
poquito ingenuo, que creía que con sólo respetar «nuestra>> constitu­
ción socialista,
·se arreglarían todos los problemas. Pero en realidad,
el slogan de BukoVski eta «respetad vuestra propia Constitución>>.
Como se ve, d matiz es completamente distinto. Si, ya sé, sólo es un
detalle, que en sí no tiene importancia. Pero .... son demasiados de­
talles.
Porque en el mismo número se constata también que los em·i­
grantes soviéticos que· llegan a Israel son furibundamente antisocia­
listas. «Quizá · algúno de nuestros lectores se pregunte cómo es po­
sible.» Pues bien, «la respueSta sólo puede encontrarse como una
rCacéión a las características de hertnetismo qU:e las comunidadés ju­
días presentan
allí dondequiera que existen. Y en Rusia se da este
caso» (21
). Lo que no dice la revista~ es que a los rusos que consi­
guen salir, les ocurre exactamente igu•I. Pero de decirlo, seguro que
lo explicaría por «particularidades del
aJma eslava».
El juicio de conjunto sobre el socialismo parece ser el siguiente:
«en general, el socialismo no ha soluciónado todos los
problemas,.
pero ha emprendido el camino para solucionar los de abajo, los que
afectan
al pueblo» (22). Dicho a propósito de Yugoslavia. Luego,
sí, se admite que sus obreros tienen que emigrar a países «capitalis­
tas», o que sus creyentes siguen con dificultades bastante serias. Pero
33~
(18) 1971 (422), pág. 14.
(19) P. ej., 1972 (428), págs. 12 y sigs.
(20) !bid., pág. 13.
(21) !bid.,
pág. 22.
(22) 1968 (382), pág. 65.
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se tiene buen ruidado en explicar cómo y por qué de eso no tiene
culpa el socialismo.
El socialismo
es una cosa muy buena, y no sólo se anima a los
lectores a establecerlo, sino que
se les llega a poner en el dilema de
que quien no está a favor del socialismo, está contra él: «los cristia­
nos tienen que darse claramente cuenta de que no .les quedan -más
que dos alternativas: o se está con. el proceso revolu.donario, .con una
opción decidida por la línea de avance de la revolución por _ambigua
que sea, o se está ineluctablemente contra dicho proceso, aunqµe sean
muy humanas y santas las intenciones» (23).
En generaA, la revista da la persistente impresión de que los países
del
Este son
sus amigos, para cuyos errores. o defectos valen todas
las excusas, y de que
los regímenes occidentales son sus enemigos, a
los que
se ataca hagan lo que hagan.
3. Ju~ticia e injusticia.
Pues bien, ¿cuál es la razón de todo esto? ¿Por qué los respon­
sables de «Hechos
y Dichos» condenan al . «capitalismo»? O • sensu
contrario, ¿qµé les atrae del socialismo que no se tenga ya en Oc­
cidente?
Desde luego, hay una razón declarada, que incluso se · repite
prácticamente en cada número, hasta llegar a la machac~nería. Y es que
nuestra sociedad «capitalista>> es esencialmente injusta. A veces se
desarrolla la idea con referencia ( expresa o tácita) al análisis de
Marx:
se explota a los obreros, se les detrae la plus-valía, los capita­
listas se enriquecen sin trabajar, parasitismo, etc., etc. No hay que
hacer demasiado caso a est_e lenguaje: es sólo un_a manera de _hablar.
En su sentido literal, la economía de Marx, al igual que la dialéctica
de Hegel u otras cosas parecidas, es una. preciosa construcción ~e la
mente, peró tiene el inconveniente de que no es verdad. En la vida
real,
las cosas no transcurren por tesis-antítesis-síntesis; o mejor dicho,
(23) 1972 (426), pág. 34 (a pr~pósito de Latinoamérica); -la misma
tesis
en general -aunque con lenguaje· más esotérico-en 1972 (429), pá­
gina 32.
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V. LAMSDORFF-GALAGANB
transcurren algunas)· por. casualidad. Del miSmo modo, un_ émpresa­
rio occidental no vive
de sus obreros, sino de sus compradores . .-Ellos
son los que le dan el dinero, los ingresos de ~u empresa. Luego estos
in_gresos se dividen ·entre·reinvérsión, trabajadores y empresario. Ha­
brá explotación de los trabajadores cuando la parte que les corres­
ponda sea desproporcionadamente baja; esto se da en algunos casos,
y en otros no. Es que realmente, ¿cómo puede ser verdad una teoría
según la
cual resnlfa que al obrero americano se le «explota», y al
soviético no?
Es que si lo es, a mí, por favor, ¡que·me explotep.!
Lo mismo pasa cuando se declara ( con suma frecuencia)_ que
los países «desarrollados»_
explotan a los «subdesarrollados» : ocurre
en unos casos, en ·otros no.
En tesis general, tampoco es verdad. Hay
subdesarrollo
'en las colectividades que sólo intentan proveer a su
propia subsistencia,
y al tener poco o nada que vender, se quedan
fuera del circuito económico mundial, o incluso nacional. O bien
en casos de exagerado monocultivo, que hunde el .mercado por ex­
ceso de oferta. El problema de los países pobres estriba, simple­
mente, en
que no han imitado, -a su debido tiempo, a los países
ricos, que
al fin y al cabo, se han desarrollado a sí mismos partiendo
de un estado muy parecido, sin ayuda de nadie ni economías plani­
ficadas.
Es que otra vez, una teoría según la cual resulte que Suiza
pueda tener alguna responsabilidad en
el subdesarrollo de Tanzania,
tampoco puede ser verdad. El mal del Tercer Mundo no está en que
se-le explote, sino precisamente en que lo «explota» nadie.
Pero ah! viene la paradoja. Sé -por muchas experiencias pare­
cidas-----que explicarles esto a los articulistas de «Hechos y Dichos»
no surtiría
ningün efecto. Me podrían .incluso conceder que tengo ra­
zón
, .. y seguir con lo suyo. Además, lo saben ya muy bien sin ne­
cesidad de que nadie venga a explicárselo. Lo que ocurre,
es que
no _afecta a su razonamiento. Cualquier ataque, pogamos, a la eco­
_nomía de Marx, los deja indiferentes, por razonado que sea. Y es
que, en el fondo., les trae completamente sin cuidado saber si las mer­
cancías tienen o no un valor en sí, o si este valor es o ~o es el pro­
ducto de las horas de trabajo por el coeficiente de utilidad marginal.
Lo que les ocurre, es que han adoptado el lenguaje,. la terminología
de
·Marx, para expresar con ellos una idea ética, a la cual no afecta,
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lógicamente, ningún razonamiento técnico. Lo de la < y todo esto, es, simplemente, una manera de expresarse:- Igual hubier.a
podido ser otra: Porque lo
que intentan darnos «Hechos y Dichos» (24)
no es una descripción de lo que ocurre en Occidente, sino una va.
Joración de ello.
Por esto d~cía que a este leoguaje marxista no hay que hacerle
demasiado caso.
Es totalmente accidental. La idea que lo preside es
indepéndieote de él,
y es perfectamente expresable ~ nuestro leo­
guaje de cada día. Es más,· en «Hechos y Dichos» viene expresada,
una y otra vez, en todas las terminologías posibles, y bajo todos los
ángulos imaginables.
Esta idea
es la ·siguiente: en nuestra sociedad, los ~ienes están
desigualmente repartidos. Unos t~enen mucho, y otros poco. Y esto
es injuJto.
;Este juicio, precisamente éste y no otro, Constituye el telón de
fondo
de la mitad, o más, de todo lo que se esc_ribe en «Hechos y
Dichos». Por esto miSmo, vamos a exariiinarlo más. de cerca.
En principio, para admitirlo nosotros, tendríamos que_ hacer una
serie de distinciones y _matizaciones. Pero de momento, no lo haga­
mos. Démoslo por bueno: de acuerdo, hay pobres y úcos, y esto es
injusto. Entoncés vemos que ahí
no terminan los. problemas, sino que
precisamente acaban de empezar.
Veamos el primero. Esta condena al «capitalismo», por «injusto»,
se hace
hoy. O sea, en una época que ha demostrado que es posible
llegar a
un estado de abundancia para todos. Y es más, ha demos­
trado que
es posible llegar a ello precisamente en régimen «capitalis­
ta>>. Ya existen hoy, ahora mismo, ejemplos de sociedades, como los
Estados Unidos,
Canadá, Suecia o Australia, cuyos miembros
tienen acceso a
manto puedan necesitar, o que pueden y piensan lle­
gar a este punto en un próximo futuro. Sociedades en que todos
disfrutan de ocios, de comodidades, de posibilidades sin número en
(24) Igual que en ·su· día hizo el própio Marx. Cfr. el agudo análisis
de Louis Salleron,
¿Qué es la explotación?;· en < págs. 515 y sigs., o mi propio El concepto de justicia en el marxismo sovié­
tico actual, Porto, Santiago de Compostela, 1969, págs. 51 y sigs,
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fl, LAMSDORl'!':GALAGANJJ
todos los órdenes, en una palabra, sociedades en que es rico todo el
que quiera serlo.
Claro que
.estas sociedades siguen siendo «injustas». Aun dentro
de la
riqueza, caben más y menos. l'ero precisamente ahora es cuan­
do esto empieza a
no tener importancia. En el fondo, las diferencias
en la marca
del coche o en los metros cnadrados de la casita de
campo son, . tal vez, sensibles, pero son algo completamente distinto
de la cl_ásica «injusticia>>, en la que uno m,oría de hambre mientras
otro se sentaba al banquete. Las diferencias patrimoniales van siendo,
cada
vez más, diferencias de detalle. Estos detalles pueden tener su
importancia subjetiva, pero no justifican en absoluto que para elimi
0
narlos, se modifique de golpe todo el orden social, sin saber lo que
va a salir después.
Y entonces nos preguntamos :
si hay cristianos y sacerdotes desde
hace casi
dos mil años, durante los cuales hubo en todo momento
ricos y pobres, ¿por qué les
ha ido a dar tan fuerte por la «justicia»
precisamente ahora que el problema
empieza a dejarse de plantear?
Bueno, me adelanto a la contestación.
En España,. que es donde
se escribe «Hechos y Dichos», aún no
se ba llegado a esto, y el pro­
blema todavía se plantea: hay gente que vive muy bien, y gente,
gente obrera en general, que vive bast-ante peor. Pero veamos enton­
ces, ¿cuál sería la solución justa a esto?
¿Sería la de que los obreros vivan biell, .y los actuales ricos ,vivan
mal? No lo creo. Seria, como vulgarmente se dice, «desvestir a un
santo para vestir a otro». Cambiarían las personas, pero la injusticia
en sí subsistiría.
Entonces, la única. solución que veo es la de que . vivan bien
todos. Parece lo lógico. Pero en cambio, no parece ser lo que quiere
«Hechos y Dichos». Según ellos, la opulencia produce «un hombre
esclavo de la tecuologla», «aburguesado», demasiado «comodón», y
se llega a decir que el ocio que deja la subida del nivel de vida
es
< sociedades de la abundancia de que hablaba hace un momento reci­
ben el nomb!e de «socied_ad de consumo», y se nos dice ú.na y otra
vez que son nefandas y vitandas.
(25) 1972 (432), pág. 41.
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MISTICA Y COMPROMISO, CAR.ENTES DE CdNTÉMPLACION
Luego, la solud6n no es ésta. Pero entonces, ¿qué quieren· para
los que viven mal? En principio, debiera ser «que mejoren». Y rual­
quier mejora en el nivel de vida obrero debiera acogerse con alegría.
Pero no
es así. Aquí mismo, en España, existen Universidades Labo­
rales, Escuelas Profesionales, etc., que forman .técnicos de entre los
obreros, y éstos pasan a ganar bien. Pues a < ~e muy mal. Resulta, según ellos, que lo que ha~en estas escue.las es
< la
«burgoesía>>, L.;. pagan bien, ¡,ero ellos 'deberían. «renuncíar a su
comodidad P?r el bien C(!inún», deberlan ser «/íderes pbr~ros que
níetidos, encarnados, ·cOinprómetidos· con· la ·masa ob'reia, pú.jen pOí-'
dignificarla». Se lleg_a a decir que mejor sería que ~o les pagar'!"
tanto: ~si esos miles ·de. jóvenes ql.le se hall prmlll;>cionad~ sólo eco:
tiómicamente __ hubiesen· seguido en la masa obff'ra, serian~ ·a.1 méiros;
fermento de exigencia>> (26). Más,d3!'0, el agua: cn~to peor, _tanto
mejor.
Claro que al fin y al cabo, podría tratarse tan sólo de una espe­
cie de
maxim.aµsmo un poco exaltado: ¡que niej'or~i/ todOs, o ·nin~­
guno ! Pero ta~poco es esto. Aquí, en Es'paña, los -obieros ya no
viven reaJmen~ tan mal. Aún no puede decirse ·C{~e ~i~ (),
pero cáda vez mejor, .y hay buenas perspectivas de que ~igan me:
jora¡ido. Pue¡ esto no Je gusta a «H<;<;hos y Dichos». Viene a decir
que_ es una ~uerté que _los o~i-eros ·.-todavía ViVan mal, porque «nuestro
paí; sigoe estando en· 10 que Marx hubier¡ llrun~dd. 'las condiciones
objetivas de la revolución'». Y que no se desperdicie la ocasión, por­
que dentro de diez o quince años «nos
habrá invadido el neocapita­
lismo», y el obrero español se habrá integrado al· .«establishment»
como sns colegas extranjeros (2 7).
'(26) 1968 (382), págs. 12 y Sigs. ¿Qué sé entiende, además, por «dig-­
nificai»
a los pbreros? ¿Enseñarles Maestría Industrial? No creo; para eso
están
e·stas mismas denostadas Escuelas Profesionales. Tiene que tratarse,
por lo visto, de acción «cívica y política», con
ef fin de terminar con el orden
social actual,
-arinque pague «salarios justos y equitativos>>. Otra confirmaci6n
de
· 10 mismo: importa, ante todo, el socialismo. Sin él, los obreros, por bien
que vivan y por contentos que estén con su suerte, no
están «dignificados».
(27) 1969 (398), págs. 627-630.
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V, LAMSLJ()RFF-GALAGANB
Si se habrá· «integrado», será porque viva bien. Pero esto hay
que evitarlo. Luego hay que evitar que el obrero viva bien. Estamos
en lo :mismo, cuanto peor, tanto -m.ejo:r;
4. El régimen "justo".
Oaro que podría tratarse de una simple táctica: evitar todo
aumento de nivel de vida ahora, para . que no estorb~ a la revolución'
socialista;
en cambio a la larga, si· se persigue este aumento, sólo que
por medio de socialismo. Pero si fuera as!, ¿para qué hacer una re­
volución, con la cual se lograrla algo que se está logrando
ya sin
eJ.la? Adem~, _ si el socialismo lograra un --nivel de vida comparabl_e
al actual de Occidente,· ¿no estarlamos ante la misma sociedad «de
conswnci>>, «burguesa» y «co~odona>>" que-ahora se éondena?
Esto nos lleva a una conclusión mucho más grave: es que no
interesa el aumento del nivel de vida en sí. Lo que buscan los Padres
Jesuitas de «Hechos y Dichos» es otra ,osa.
Nos lo confirma lo que-cuentan de los países socialistas que tanta
simpatía les inspiran. Tanto en Yugoslavia como en
~usia, se reco­
noce que la gente· es pobre (28). Pero los articulistas se cuidan mu­
cho -de ~dir, a renglón .seguido, que no se Ven contrastes ni dife­
rencias_ de clase (29), o que allí tienen todo lo necesario para vivir,
aunque sin. ningún lujo (30).-De lo cual se deduce que para «He,
(28) 1968 (382), págs. 49, 64.
( 29)
Ibid., págs. 50, 64. Aunque a veces se contradigan, como cuando
constatan que hay más criadas en
la URSS que-en España .(pág. 51), lo cual
es precisamente un signo de gran diferenciación social.
(30) Ibid., pág.
49. En la realidad, no son ciertas ni una cosa ni otra.
En ·cualquier país socialista hay gente que vive con todo el lujo asequible
a un occidental,
y. gente que carece absolutamente de todo. En honor de los
observadores de «Hechos
y Dichos», hemos de reconocer que ni a unos, ni
a otros, se
los· enseña a lo_s visitantes extranjeros. Pero esto no quita que las
diferencias de
«clase»,' allí, sean más marcadas -y más odiosas-que en
Occidente,
pu.es se trata de la diferencia, no entre unos que tienen mucho
y otros que tienen más, sino entre unos que tienen mucho
y otros que no
tienen nada.
342
Fundaci\363n Speiro

MISTICA Y COMPROMISO, CARENTES DE CONTEMPI,,ACION
chas y Dichos», un régimen puede ser bueno y deseable aunque sus
súbditos sean pobres. A condición de que sea-socialista, claro, porque
¡ay si digo algo parecido de los ·obreros españoles!
Entonces, ¿cómo lo quieren, ese régimen socialista? Por una par­
te hablan mucho de «liberación>>. En España, esto puede tener un·
sentido político muy determinado. Pero por otra parte, ya vimos que
la democracia «clásica>> tampoco -les satisface. Es más,. uno-de sus
más conspicuos articulistas reconoce _expressis verbis que su opción
es por la «justicia», aun a costa de la libertad. Ahí va su argumento:
«la libertad
es algo así como el trofeo que es preciso conquistar entre
todos, .mientras que la .justicia es antes aún el instrumento previo sin
el cual los hombres no pueden lanzarse a su conquista». Admite que
su postura lleva el riesgo de ser una convocatoria larvada a la dicta­
dura, y que esto mismo llevó, en «algunos» países socialistas, a ·con­
secuencias muy desagradables. Pero añade: «reconozco toda la mag­
nitud de esta 'pega' pragmática,
¡,ero su ¡,eso no me aparta ní un
ápice de una
opción que hago con el deseo de que prenda en otros
muchos» (31). Traducción: socialismo ante todo, aunque sea
con
un dictador.
Luego, lo-único que queda, en su ideario declarado, es la famosa
«justicia» . .Quieren el socialismo -dicen-portj_Ue es más justo. Su
ideal es el siguiente:
~ Que el único título de posesión sea el trabajo.
-Nivelación a la hora de poseer cada. cual los frutos de su
trabajo.
-Coléctivización de los bienes.
Lo más curioso es que encontramos este programa en un artícu~
lo que se titula «Nuevas ¡,istas de la pobreza evangélica» (32). Ya
se ve que de < (31) 1969 (393), pág. 138. Articulo firmado por J. M. de Llanos.
(32) 1971 (421), págs. 33 y sigs. Más explícitamente: «la so.lución es­
taría en considerar todo servicio social digno de una paga idéntica ... dejando
la diferencia de la retribución
al grado de entrega del dicho profesional a
su trabajo» (1972 (428), pág. 39).
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v. LAMSDORFF-GALÁGANE .
todos tengan igual. Y que esfo justifica cualquier sacrificio : , si para
lograrlo, hay que suprimir todas
las libertades, mueran las libertades.
Si se necesita un dictador, viva el Führer: g¡' tendremos merios bie­
nes, sobran los bienes. Si se han de cortar· cabezas, rueden las ca.
bezas.
Esto se desprende de lo que «Hechos y Dichos» dicen. Pero yo,
no me lo puedo creer. l'.\ío consigo ver qué atractivo puede ejercer
sobre Wlós sacerdotes, animádOs de· las mejó'res · intenciones, un ré­
gimen políticamente dictatorial, económicamente ineficiente y espar­
tano en
cuanto a comodidades (33). Total, por amor a una justicia
eri abstracto, que ·un régimen así haría rápidamente odiosa. Y que,
por otra parte, no hace ninguna falta a nadie. Entre un régimen que
me da mucho, aunque a otros más aún, y otto ·que me da poco~ pero
a todos por igual, yo prefiero el primero. Y como yo, la inmensa ma­
yoría de Já gente.
En las páginas de «Hechos y Dichos» se ha planteado expresa­
mente este mismo problema, incluso
en términos muy claros: ·«¿Qué
prefiere dicho pueblo, dichas masas, dichas familias a la hora de
sus apuros? ¿Un servicio a punto y bien llevado a cabo, aunque sea
en su calidad de privado negocio de algón explotador? ¿Qué prefiere:
esto o· el servicio público, el naéionalizado o socializado que Se des­
arrolla Sin negocio de nadie, pero chapucera y arrastradamente?» (34).
El articulista no contesta claramente a la pregunta. Pero a lo largo
de su trabajo, va contraponiendó
el «mundo injusto», que · propor­
ciona ventajás y comodidades,
al «mundo justo» por el qüe lucha
él; y en el mismo número, encontramos cr6nicas (entusiastas) sobre
la izquierda francesa (35), sobre una reuni6n de socialistas «cris­
tianos» en El Escorial
(36), una entrevista con un socialista chile-
. (33) No es que directamente ·-quieran un régimen_ así, estoy de acuerdo;
lo preferirían distinto.
Pero se trata de lo que los t>enalistas llaman «dolo
eventual»:
como se desprende de sus propias palabras, admiten, y aceptan,
que de lo que hacen, puedan seguirse tales consecuencias. Para el caso, es lo
mismo.
(34) 1972 (432), pág, 4. Firmado por el mismo J. M. de Llanos.
(35) !bid,, págs, 16-17.
(36) págs.
19 y sigs.
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MJSTICA Y COMPROAIISO, CARENTES DE CONTEMPLACION
no (37), una especie de pastoral de los obispos fraoceses a los cris­
tíaoos socialistas
(38) y un artículo que condena la_. sociedad actual
por demasiado «comodona»
y la· compara con el Bajo Imperio Ro­
maoo
(39).
Está claro que la opción de la revista está hecha. Se lucha por el
socialismo, aunque sea cabalmente lo contrario --de lo qu_e la gente, la
gente normal,
desea o necesita (40). Pues bien, repito; me niego a
creer que sea por un amor abstracto a la justicia. Al fin y al cabo,
la justicia
es para la gente, y no a la inversa. Que digan lo que quie­
rao, pero lo
justo es precisamen•e ocuparse dé la gente real, de sa'
tísfacer sus necesidades efectivas. Si «Hechos y Dichos» no lo hace,
:tio será por «justicia>). Alguna otra razón ha de haber.
Además, fijémónos en: otra cosa. Al-«capitalismo» se le condena
a la vez por injusto, o sea, por dar demasiado a unos y demasiado
poco a otros, y por opulento. o sea, por dar demasiado a todos. Lnego,
si se condena algo por· la razón · de que A, y simultánearilerite, por la
razón
de que no-A, es que la condena es previa e independiente de A.
5. La fuerza.
Por tanto, hay, tiene que haber, . una razón, aparte- ·de la justicia,
que motive en nuestros jesuitas-socialistas la ·condena de la socie4ad
occidental. E irivetsamente, 'tiene que--haber algo, aparte de la justicia,
que les atraiga en el socialismo.
Pero si querernos encontrar este «algo», hay que leerlo entre lí­
neas, porque expresamente no nos lo p-resentan. Y a mi me parece
distinguir!() eri frases · como la siguiente : «parece evidente que la his-
(37) págs. 33 y sigs.
(38) Págs. 43 y sigs.
(39) Págs. 40-41.
-(40) Y bajo esta luz, el que J.~( de ,Llanos exponga e~tas dificultades
puede resultar una forma muy sutil de
propagandá.: puede dejar en el lector
la
impresión de que si .ª pesar de-todas ellas, Se puede seguir siendo socia­
lista,
es señal de que los socialistas las tienen en cuenta e indqso están en­
contrandó fórmulas para superarlas. Miéntras que en la realidad, ¡ de eso
nada!
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V. LAMSDORFF-GALAGANE
toria elegirá a la ideología revolucionaria para introducir en los países
latinoamericanos el impulso hacia el desarrollo económico
y la inde­
pendencia
política>> (41). Son relativamente frecuentes. Pero tam­
poco en este caso se las ha de tomar en sentido literal. La «historia>>
ni impone, ni determina, ni elige, ni se decide. por wi régimen en
detrimento de otro. No es una fuerza telúrica, sino el relato de los
hechos pasados. Y, como tal, carece de todo poder directo.
También aquí, es una manera de hablar. Si no, ¿qué significarían
pasajes -literales--como éste: Pero no sólo
es historia el pasado. La marcha de la historia presente,
su progreso en la humanización real del mundo,
·es lo que debe guiar­
nos» ( 42)? Tomado al pie de la letra, es un sin'sentido: la historia
no es sólo el pasado ... Luego, si uno-es historiador" ltendrá que re­
latar el pasado, el presente y el futuro?
Sin embargo, con toda esa fraseología, se quiere decir algo. Algo
distinto de lo que expresan las
palabras, desde luego, pero algo. Y
es lo siguiente: que en_ un conflicto, o un:a confrontación entre nues­
tro régimen occidental, y el socialismo, a la larga ganará éste. ¿Por
qué?
No porque la historia lleve a ello, ni porque represente el fu.
turo, ni nada de todo eso, evidentemente. Sino porque cuando pelean
dos, gana el más "fuerte. Predicen la victoria del socialismo, porque
a· diferencia de _las democracias occidentales, tiene fuerza. Y o mucho
me equivoco, o es precisamente esto lo que les atrae de él: la fuerza.
Creo que todo el viraje de· 1os edesiásticos hacia el socialismo es,
en última instancia, la búsqueda de la fuerza.
Entonces ¿sólo se trata, ·como dirían los franceses, de volar en
auxilio del vencedor?
Por mi parte, no creo que sea eso. O al menos,
no exclusivamente. Y es más; Opino que esta búsqueda de la fuerza
no es siquiera un ansia de fuerza física, sino que tiene un sentido
más profundo y más ético. Se persigue, más bien, la fuerza moral,
la fortaleza en sentido aristotélico. Y esto es una virtcd. Todo indivi­
duo,
y también toda colectividad o todo Estado, en que falte, será
malo, imperfecto. Es una virtud importante: es la que lleva a la
(41) 1971 (421), pág. 24.
(42) 1968 (382), pág. 67. Dicho, naturalmente, a propósito de colabo­
rar con los comunistas.
346
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MISTICA Y COMPROMISO, CARJ!NTES DE CONTEMPLACION
conquista, a las grandes empresas, a la difusión de los propios idea­
les. Más aún:
sin ella es imposible cualquier poder, o incluso cual­
quier influencia sobre los demás : al débil, simplemente, no se le
hace caso.
y desde luego, si hay una virtud que no cabe esperar de nuestra
buena
burguesía liberal, es esa .. Lo más que ha conseguido construir,
hasta la fecha, es una sociedad opulenta, sí, pero sin ideales, sin mor­
diente, satisfecha de sí misma y de su opulencia, y totalmente indife­
rente hacia los demás (
43). Una sociedad en la que todo «ya está>>,
en que no queda nada hermoso por hacer, donde hay elecciones cada
tres años entre social-demócratas
y demócratas sociales, donde la
lucha obrera se
reduce a coseguir un aumento del 7,5 por 100, cuan­
do los patronos sólo ofrecen el
6,8, donde todo el mundo sólo piensa
en aumentar sus ingresos personales. Una sociedad cuya única am­
bición es disfrutar tranquilamente de sí misma, cuyo único valor es
la paz,· a la que se sacrifica abs-oluta.mente todo, y que se estremece
de
miedo aote cualquier amenaza a: su prosperidad y a su tranquili­
dad. Fuér>a moral, desde luego, a:hl que no se busque. La fortaleza
es cosa de-señores, no de libe!'ales.
En otro tiempo, también la tuvo 1a Iglesia. Pero·, triste es recO­
nocerlo, de un siglo y medio. a esta parte la ha ido perdiendo en gran
~edida. Las causas fueron muchas : la sinuosa política vaticana, las
reconciliaciones con
los. liberales d~amortizadores, la flexibilidad
~t~ los_ g9h1ern_os laicizantes, f:l contemporizar con las injusticias, el
malminori.smo .
.. ~a _ como sea, con razón o sin ella, 1a Iglesia h_a
dado a mucha gente una impresión de poca firmeza en la defensa de
sus
princip!os, que es lo mismo que decir de poca confianza en s.í
misma y en lo que predica. Su voz ha ido degeneraodo, gradualmen··
te, hasta el nivel de una
p~édica .moralizadora a la que pocos hacen
caso.
( 43) Eso, en-el mejor de los casos. Sobre lo que ha sido capaz de
hacet la
burguesía. liberal en España, me remito al excelente estudio de Ma.­
m1el Fernández d~ ~s~alante, El final del mot'a/ismo ( en el· vol. T eoria poli­
tica tt"adicionalista,
I, Escelic~, Mitdrid, 1972, 1?6,gs. ·s9 y _sigs.), cuya_ lec­
tura me permito recomendar muy vivamente.
347
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Ve LAMSflDR:PF,GALAGANlL,, '"
Por esto, no· les: reprochilnos a nuestros eclesiásticos socialistas que
busquen a!lSiosarildnte la · fuerza. Es que la necesitan, y la necesi_t/,ifl
porque la necesita la Iglesia: '
Tampoco
les reprochamos que la busquen en el pueblo, porque
el pueblo tiene mucha en reserva. Pero
al quererla buscar en el pue­
blo, estos buenos clérigos se encuentran que allí mismo, y mucho
antes que
.ellos-,· la· han ido a buscar fos socialistas. Entonces, no en­
cuentran mejor solución que enganchars~ a -su carro.
-Y se equivocan.
6. Fuerza_ y socialismo,
Se equivocan · porque engancharse con los socialistas, mieótras no
tenga niiiguna consecuencia práctica, aún tiene un pase. Pero ¿y
si ganan?
Pregunto esto porque, por paradójico que parezca, los socialistas
nunca han conseguido crear un régirrien realmente fuerte, ni se es­
pera que lo consigari: En efecto, la fortaleza puede venir de dos fac­
tores : la confianza en d poder de Dios, ó lác cónfianza en la propia
fuerza física. Lo primero, a la larga;· sólo está al alcance-de los mís­
ticos, _que contemplan a-Dios y tienen una experiencia propia e in­
mediata de
Su omnipotencia. Po~ desgrada, nuestros curas socialistas
no son místicos. Buscan, por tanto,.
la fuerza en su segunda fofflla.
En sí, esto no es malo. Los hace herederos de nuestro Santo Oficio
o
de. :los curas .de combate de las guerras. civiles. Lo qu_e late en su
actitud, en el fondo,,.es la nostalgia de nuestra Cristiandad-del Siglo
de Oro. Repito, en sí .no
es malo. L9 malo es habets.e equivoc~do de
dirección.
Para tener ,fortaleza terrena, hacen Jalt¡ -dos cosas: disponer de
fuerza física y estar dispuosto a emplearla. Para h~egundo, hace falta
tener una idea que imponer. Es imposible tener confianza en
__ uno
mismo sin
el sentimiento de tener razón.
Pues bien, el socialismo puede ser
capaz, en determinadas cir­
c'un,s~ncia5, de movilizar· la enérgía pop~_lar al servicio de su causa.
Llegado al poder, puede conservar el impulso inicial durante unos
años. Pero
eL régimen que s-e instala resulta tan tiránico, corrQmpido,
hipócrita, ineficiente y chapucero, que a la l«rga o a la corta, pierde
348
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MISTICA Y COMPROMISO, CARENTES DE CONTEMPf,,!.ClON
toda autoridad y toda confianza. Llegados a este punto, de los dos
ingredientes ·necesarios a la' fortaleza, se pierde uno : la idea. Queda
cada
vez menos gente dispuesta a luchar, de buen grado, pór el ré­
gimen,
y metlos aún, a imponerlo a otros. Entohces · la burocracia do­
minante
,pone su Confianzá en lo único que: queda, la prira fuerza fí:.
sica, empleada al único fin de la propia conservación. Y lo inás pa­
radójico
-deLcaso, es que no 'diSponé· ni de' eso.
Dispone, eso sí, de
un efectivo sistema policíaco, -capaz de pre'
venir cualquier peligro de orden intem(?. Pero en el exterior, el país
resulta totalmente incapaz de -resistir
una confrontación con un sistew
ma de economía libre, sea confrontación bélica, sea pacífica. El mejor
ejemplo
es el de la URSS, el país más exténso y más rico del planeta,
ya· una potencia mundial antes de la revolución, y donde el socialis­
mo lleva instalado el tiempo suficiente para
-haber demostrado · todo
lo que
es capaz de hacer. Tiéne, desde luego, todo el aspecto de uria
gran potencia. Pero la reálidad
es muy distinta. Su régimen ria resulta
competitivo.
Empecemos pOr exá.minar el casó de u.ria coñfrontadón ·bélica. De
momento,· en tiempo de paz, parece que sus fuerzas resultan equili -
bradas con las de los Estados Unidos, con un ligero desnivel a favor
de
éstos.' La diferencia está' en que pira conséguirlo, la URSS dedica,
directa o indirectamente, a la defensa· como el 90 pbr 100 de su po­
tencial industrial, mientras los EE. UU. sólo le dedican un 10-12 por
100, y el resto del mundo libre, menos aun ( 44). Esto quiere decir
que en caso
de conflicto, si no se resuelve desde la primera batalla
( cosa poco probable entre contendientes equilibrados),
los EE. UU.
y sus· aliados reconvertirán para fines bélicos toda su industria, y los
wviéticos, que no tendrán nad·a que reconvertir, se encontrarán· lite­
ralmente
~epultados bajo el -material -en~igo: continuarán producien­
do,
más o menos, lo que ahora, mientras que el enemigo pasará a
producir_ diez veces
. más. Les ocurrirá exactámente lo mism?· que a
Alemania
y al Japón durante la Segunda Guerra Mundial: empezaron
la guerra
pertrech~dos COI?, el ~aterial más moderno y abundante de
(44) Cifras del académico A. Fíedoseiev~, recientemente pasado a Oc­
cidente.
Ck su serie Sot.riallism y dictat~ra. P,ichina y sllédstvie (El soda-.
~smo _y-la_ dictadura. -Causa y efecto), en «Possev» (Frankfurt/M.), 1971
(12) y 1972 (1 a 10); loe. át., 1972 (10), pág. 31.
M9
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V. LAMSDORFF-GALAGANE
la época, y la acabaron con_,_material anticuado y escaso. El adversario,
con muchas más reservas,
había. progresado más y más rápido.
Y si la confrontación -como esperamos-permanece pacífica,
es aún más desfavorable al socialiSmo. Ya no se trata sólo de su in­
ferioridad, sino incluso de
cj_ue necesita del Occidente «capitalista»
para sobrevivir.
No me refiero sólo a las importaciones de comida,
aunque
ya sin ellas se acabaría · el socialismo por inanición. Pero aún
hay mucho más. En primer Jugar, en régimen socialista, el Estado
fija sueldos
y precios. Jugando con ambas magnitudes, puede fijar
en cada momento el
.va:lor real de su móneda y el volumen de nu­
merario en manos
de la población. Pero precisamente por esto, tiene
que compensar, en oferta
·de mercancías, cada -rublo que pone en· cit­
ailación, so pena de entregar ·-cheques · contra sí mismo, al crear de-­
manda inatendible de bienes. Y esto hace que en manos del propio
Gobierno, su propio dinero no tenga ningún valor, no sea ninguná
riqueza
.. Lo mismo ocurre con el oro,_ que pasa a comportarse como
cuaquier otra mercancía, y que
si retiene agún valor, es--exclusiva­
mente por la demanda del mundo exterior. Con lo cual se llega a
una
curiosa paradoja: la única rii.tueza real asfquible a un Estado so­
cialista son las divisas
«capitali~». y el or9;porqué funciona· -coma
una de ellas. De ahí la insaciable sed de divisás que caracteriza inva­
riablemente a todo régimen socialista.
En segnndo lugar, el «capitalismo» resulta'indispensable pará su­
ministrar las metas a conseguir por la economía socialista. Hay' en
Rusi.a un «slogan» que camp~a indestructiqleiñente en todo lo que
va de régimen :
«alcanzar a _América>>. Claro·; ~o se la alc~za -nunca,
no sólo porque ~a cielanté, Sino porque, adediás, iádicá por dónde
hay
qt1e ir. Me explico. Todo~, absolutamente iodos, los inventos que
se han hecho de 1917 a esta parte
para facilitarnos la vida, desde la
televisión hasta el colchón de muelles, proceden de Occidente. Ignal
que todos los adelantos
técnicrn¡ que no Se3!1 meras variaciones de algo
conocido. Y no puede ser de otra forma. La lavadora, por ejemplo,
no puede haberse inventado
en la URSS, simplemente porque nadie
tiene
interés en ello: ni el itiventor, al que no solamente no pagan
por
un invento, sino~ que además· t_iene que pelear con los· organismos
competentes para conseguir que se fabrique;. ni los encargados del
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MISTICA Y COMPROMISO, CARENTES DE CONTEMPLACION
Plan, que lo componen mucho mejor sin quebraderos de cabeza
suple~entarios ; ni los funcionarios de la red co~ercial, que cobran
lo mismo, vendan lo que vendan; ni el propio Estado, que, como
todo Estado, sólo tiene i_nterés en atender a su propia conservación.
Luego sólo se empiezan a fabricar lavadoras (por lo demás, muy
malas) cuando 1a gente se entera de que las hay en Occidente. Y
así con todo. Por tanto, mientras el socialismo coexiste con Occiden­
te, resulta que _depende de él por entero. Y si imaginamos al socialis­
mo solo en escena, no es que obstaculizaría todo progreso ( eso ya lo
hace ahora), sino que
.lo . suprimiría de raiz. Y a la larga, eso no
resulta viable.
7. Camhio de frente.
El socialismo, por tanto, no es, no puede ser, un régimen fuerte.
Empieza siéndolo, es cierto, pero rápidamente se transforma en algo
débil; y, por tanto, cobarde y tirw3co. La diferencia entre China o
Cuba
y la URSS es solamente una diferencia de años. Por tanto, es
un régimen sin futuro. No puede ser fuente de fortaleza, ni para sí,
ni menos aún, para la Iglesia. Precisamente
si la Iglesia, en el Este,
conserva, incluso entre flo creyentes, mucho prestigio y respeto, lo
debe al hecho de haberse negado siempre a comprometerse con el
comunismo. Los movililientos tipo < unánime desprecio. Por poco que el socialismo se extienda a nuestras
latitudes, lo mismo les espera a sus homólogos de por aquí. Entre­
tanto, esperemos que no logren arrastrar consigo a la Jerarquía:
si
después de haberse comprometido con la burguesía liberal, encima se
fº?1Ptot1:1:ete con la burocracia socialista, sería lo que faltaba para
-·que l_a Iglesia, en lo sucesivo, no pueda ya ni abrir la boca.
-' -~·:'_:;Pero cabe una última· posibilidad: que esto sea un riesgo calcu-
)iilj,f que toman nuestros curas socialistas, por suponer que la única
·.n:añ~r~~ de acercarse al pueblo sea a través del socialismo. Es otro
e~ro~. Ef~ivamente, los socialistas, en un momento dado, fueron el
íínico partido político que se fundió con el pueblo, vivió sus proble­
mas y escuchó sus necesidades, usurpando el lugar de los movimien­
tos legitimistas y tradicionalistas, confiados en que bastaba con tener
razón. Pero aún así, su ideología, hecha de desprecio a la ley y de
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V: LAMSDORFF-GALAGANE
hostilidad a las tradiciones, prende en el pueblo con mucha dificultad,
Y en la medida en que ha prendido, se debe exclusivamente al ejemplo
de nuestra buena burguesía liberal, que ha demostrado que se puede
desamortizar (
O-sea, robar desde el poder) sin· que pase naéla. Se
hacen fácilmerite so~ialistaS ,los· intelectuales, mejor .dicho, los s-emi­
intelectuales. Pero el pueblo-llano tiene un sano instinto que le ad0
viei'te de que ·esó-·«no puede' ser».
· · Además, hay otras· formas, más efectivas; de tocar la fibra íntima
del pueblo. Ante
todo, se le puede hablar, simplemente, del amor de
Dios, Sí, e.sto sé les da bien a: los místicos. A los demás, nos sale un
poco tipo «sermón». Pero hay más medios. Por de prontó, está el
hacerse eco de los problemas de los de abajo, y procurar resolverlos
sobre la marcha, sin alardear necesariamente de un ideario político.
Y si resulta indispensable tenerlo, pues que se hable al pueblo de su
unidad católica, de su lucha por la fe, de lo. que ha sido y lo que es,
de" sus reyes,_ de sus libertades y-fueros, existidos o por existir. Eso,.
~ España, se entiende en seguida._ Bajo estos mismos lemas, poste­
riormente puestos en pr~ctica ·o no, el pueblo -precisamente el pue­
blo--ganó, en 1936, una guerra empezada en las peores condiciones.
En general,
.ya que me dirijo aquí a católicos y me refiero a
sacerdotes, hay que procurar que la Iglesia

tenga una fuerza
propia,
no prestada, como un apéndice, de cualquier bando político. Si,
con todo, hay que acudir a ellos, escójase a uno que respete a la
Igles~. -0, en último caso, al menos a uno que-proponga cosas sen­
satas. Y, sobre todo, .. hay __ que ser conseCt,lentes en la elección de fines
y. medios, Si_ de , verdad se· es partidario de la igualdad, no se pro­
ponga regalar .todos los medios <)e producción a un jefe de Estado
presente o futuro;
la desigualdad aún se haría mayor. Si de verdad
se es contrario a la «sociedad . de consumo» y a-la superabundancia
~~ .bien~_ .:er~ícpies~ el eremitismo, no el socialismo. El. socialismo;.
en teoría, se ha inventado para multipli no
Jo hace. en, la. p,áctica, es porque no .puede, no porque deje de
esforzarse en· ello y sólo en .ello); Si de verdad se es amigo de .la
gente humilde,. procúrese mejorar efectivamente sus condiciones de
vida. Lo cqntrario no es sólo -Contradecirse; también puede ser ·engañar.
Y si para todo esto hay que cambiar de frente, ¡ adelante ·amigos !
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