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1972

Acción y contemplación

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1972
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La economía de la acción pura (El precio del bienestar)

LA ECONOMIA DE LA ACCION PURA
(El precio del Bienestar)
POR
]OSÉ MARÍA ÚJIBALLO FERNÁNDEZ
Tres co.ras hay que Juhlevan a la Tierra y una
cuarta
no puede .ruf,ir:
Siervo que llegue
a Rey,· necio· ljue se ve· harto de pan.
Aborrecid"' que llegue a encontrar marido y esclava que herede a su señora,
(Proverbios XXX, 21, 23)
SUMARIO: I. De Megaloeconomía.-II. La üusión del bien­
estar.-III. El efecto Boomerang de una imprudencia.­
IV. Prev"isores y Futurólogos.-V. Evocación Epimetei,ca.
l. DE MEGALOECONOMÍA.
Po;que todo lo que hay en el mundo, concupis­cencia de la carne, concupircenria de los oios y orgullo de la 11ida, no viene del Padre, sino que procede del mundo.
(!, epístola de S. JuAN, II, 16)
ROpke· afirmó que, en Economía, lo ·mismo· que en FilosOfía, la
historia es un elemento· esencial, observación que ha de aceptarse
como cierta, aun cuando la economía, mucho más reciente, sólo inició sus l;,albucoos en tiempos · de Aristóteles, al surgir los prolegómenos
de algo parecido
a una: economía de mercado, en Atenas.
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JOSE MARIA CARBALW FERNANDEZ
La economía discurrió, en el tiempo, a través de sucesivas MO­
DAS, que, bajo la presión de. instancias circunstanciales, pretendie­
ron ofrecer a los hombres politicos una especie
de mágicas recetas
qce les permitían, al parecer, enfrentarse con sus tareas y satisfacer
su menesterosa necesidad de éxitos prontos e inmediatos, cualesquiera
que pudieran ser las consecuencias a largo término.
Sólo desde ha.ce poco tiempo se desarrollan esfuerzos, por eco­
nomistas, historiadores y etnólogos, encaminados a integrar en una
doctrina unificada aquello que", en la perspectiva Aristotélica, se pre­
sentó desarticulado de los restantes aspectos de la Naturaleza.
En
los años treinta, el énfasis fundamental de los problemas eco­
nómicos recayó sobre el pleno empleo, como natural consecuencia
del peligro que, para el mundo hoy llamado Occidental, representaba
el seiSmo soviético.
El profesor Olariaga imputó el nacimiento de la cuestión social
al surgir de la manufactura, pero
a.caso esta idea deje de contemplar,
en toda su amplitud, la transfoimación del otoño medieval, que, sin
duda,
fue la causa, pero no la consecuencia de la mutación económiCa.
Si no hubieran surgido nuevos valores sociales y morales, iniciados
en Italia en el siglo XIII y extendidos por Alemania en el siglo XV y
por Holanda y Francia en el xvn, la transformación ele las costumbres
( desde las sexuales a las económicas) no hubiera alcanzado la influen­
cia que tuvo en la Historia.
Fue el hombre llamado más tarde Fáustico quien superó las ba­
rreras sociales conocidas y pasó del Mundo de Dios, sentido como
una vivencia, con
acierto o sin é,l, al Mundo del César, saltando la
honda fosa que separa la esfera de la Sociedad de la esfera del Estado.
Y
el hombre empezó a darle al César no sólo lo que es del César,
sino también aquello que, hasta entonces, se creía ser de Dios.
Ante este
«Hombre Fáustico», orientado casi exclusivamente hacia
la codicia y el poder, protagonista de una cuestión social agudizada
por el impacto marxista, se imponía, en cualquier caso, mitigar y sua­
vizar unas tensiones
que hubieran podido desbocarse, en el caso de un
grave desempleo.
Fue Keynes quien ayudó al alumbramiento de un nuevo capita­
lismo, y quien ofreció a los políticos unos métodos macroeconómicos
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LA ECONOMIA DE LA ACCION PURA
y una serie de instrumentos orientados a superar el desempleo, aun
a costa de las mismas clases asalariadas, mediante el recurso a la in­
flación, a través de inversiones e intervenciones públicas.
El método de Keynes era, en síntesis, como con razón advirtió
Olariaga, análogo al propugnado por John Law para el Mississipi, en
1729, que terminó, entonces, en la más absoluta de las catástrofes,
No obstante, y a pesar de ello, durante los años que antecedieron
a la segunda guerra mundial, el Keynesianismo constituyó una es­
pecie de Dogma que informó la gmeralidad de las pollticas de los
países hoy llarn•dos desarrollados.
Los específicos ptoblemas derivados de esta segunda conflagra­
ción cargaron
el acento en el desarrollo, por la necesidad de enfren­
tarse con
los de los países pobtes y recien descolonizados, a los que,
por compromisos
políticos, se debía conceder la independencia y
para los cuales se creía no existir otro recurso que el de _elevar su
standard de vida, si se deseaba evitar la fácil expansión del evangelio
Mancista.
El Keynesianismo provocó fa estatificación y estimuló, en los po­
líticos,
el hábito de la intervención económica, por razones muy dife­
rentes de las técnicas. Pero la intervención colectiva e integrista sig­
nificó la primacía de la producción, uno de los rasgos caracter!sticos
de la actual sociedad
de consumo, según destacó Galbraith.
La forma de desarrollarse lo económico permitió la apoteosis de
curanderos, expertós en recetas técnkas, a través de fórmulas pre­
fabricadas y del recurso a la Macro-economía, que, como dijo Ola­
riaga,
sólo podían contribuir a embotar la penetración analítica.
Es curioso que Marx haya predicho ya, en 1847, que: «La gran
industria, forzada por
los mismos isstrumentos de que dispone a pro­
ducir a una
escala cada vez mayor, no podrá esperar ya a la demanda:
la producción precederá al consumo, y la oferta a la demanda».
Se trata de la economía al revés, a la que Marce! de Corte dedicó
un encantador y conocido estudio.
Pero, desde la última guerra, el expediente Keynesiano se mos­
tró ineficaz. y, en contra de lo por él preconizado, el mundo· conoce
hoy fenómenos, como la Stagflation», imposibles de justificar desde
sus teorías. Es más, Phillips, economista -australiano, al que puede
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JOSE MARIA CARBALLO FERNANDEZ
considerarse en cierta medida como Antikeynes, mantiene que es im­
posible la existencia del pleno empleo sin inflación, mientras el ge­
nial profesor británico habla sostenido que ésta no surgía mientras
no se hubiese alcanzado aquél.
Serfa factible, en consecuencia, si el
grado de inflación no fuera suficiente, que
con ella coexista el
desempleo.
El peligro del contagio marxista, en
el mundo de la década de
los cincuenta, no se temió por el desempleo, que se suponía domina­
ble sin inconvenientes, sino por la competencia en el nivel de vida,
sobre la que Occidente montó su propaganda, y desde la cual arrojó
un guante que iba a recoger Rusia, en tiempos de Khruschef.
En consecuencia, se colocó el énfasis fundamental en el desarrollo,
especie de conjuro mágico
con el cual se podía alejar el espectro de
la revolución, usando los más sutiles métodos de propaganda para
extender la «libido fruendi» entre las masas.
Y el desarrollo económico se convirtió en el mayor· de los Mitos
contemporáneos, identificando el Bienestar con
el nivel de vida, me­
dido por la Renta «pro capite». Teóricos como Kuznets, Kaldor, Clark,
Scitowsky, Rostow, Leontieff, Tinbergen; etc., crearon los funda­
mentos teóricos e instrumentales para la busca de un equilibrio diná­
mico, sin duda más cercano a Ricardo y a Marx que a Marshall o a
Keynes.
El Mundo se lanzó, en definitiva, a ese proceso de permanente
desequilibrio que, según
Myttlal, constituye el desarrollo y el cre­
cimiento.
Rostow expuso en un conocido libro llamado «Manifiesto no
Comunista», especie de biblia de
los economistas del desarrollo, su
teoría del proceso en cinco etapas : Sociedad tradicional : pre-despegue;
Take-off o despegue:
Camino a la madurez; Consumo de masas.
Es innegable que los hechos del pasado no coufirman las ideas
de Rostow y parece evidente, en cualquier caso, que una concepción
tan simple
y esquemática de las etapas histórico-económicas, con una
situación
final permanente, no es compatible- con un sentido respon­
sable de la Historia.
El dogma del crecimiento, sin embargo, penetró en los estamen­
tos políticos, por ofrecer a los gobernantes un sencillo recurso para
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LA ECONOMIA DE LA ACCION PURA
obtener fáciles aunque aparentes victorias. Incluso en nuestro país,
·alguna de las personalidades más destacadas afirmó, en un análisis
sobre la política
y el desarrollo: «La política basada en los intereses
reales de la Sociedad ha sustituido
a la que se debatía en las viejas
divisiones ideológicas. De
las palabras vacías y retóricas de otras
épocas, ha venido a ponerse en las realidades concretas y positivas :
nivel de vida ; producciones básicas; pleno empleo ; seguridad social ;
salarios;
balanza de pagos ... ».
Y el Estado va quedando convertido, en esta concepción, en una
especie de superagencia de la vida económica, concepción sin duda
opuesta a la expresada en Mater et Magistra:
«El dominio del Estado no debe actuar más que dentro de límites
evidentemente exigidos por razones de bien común y en ninguna for­
ma tiene como único objetivo redudr, o peor aún suprimir, la pro­
piedad privada.»
El desarrollo, como elemento central de la política, fue ganando
a los dos sistemas axiológicos antagónicos del Mundo contemporáneo
( el integrista de los países colectivistas y el tecnocrático del mundo
de Occidente) provocándose: la apoteosis de las tecnoestructuras, como
centros decisionales ; la expansión de las expresas multinacionales ; la
interposición de los Managers entre la Sociedad y las empresas.
El estímulo
al crecimiento continúa ejerciendo sobre los gobier­
nos una especie de atractivo irresistible, con la consecuencia de ir
aproximando a través de la doctrina del Plan organizaciones que
parecían antitéticas.
El mismo personaje español antes aludido afirmó: «El Plan de
Desarollo representa un esfuerzo de autodisciplina, a escala nacional:
disciplina del Estado, que es salvaguardia par todas las iniciativas
del empresario privado; disciplina del capital, que es garantía para
el mundo del trabajo, que no puede seguir con el papel de pariente
pobre
en el diálogo ... ».
Cierto es que desde los años 60 se han ido exponiendo críticas
y sometiendo a contraste las teorías del desarrollo, resaltando las
graves consecuencias de las denominadas deseconomías externas.
Y también lo
es que: < mejor entre el Este y el Oeste, las partes ahondan en la experiencia
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JOSE MARJA CARBALLO FERNANDEZ
de su propia fracaso y todo observador imparcial advierte el de la
ECONOMIA CONTEMPORANEA», como advirtió Perroux.
Son
ya muchos los que ºFinan que la tendencia a la opulencia y
al despilfarro, provocada por la presión al desarrollo, está llevando al
Mundo a una época de crisis
y de transición, en la que se dan carac­
terísticas an:Hogas a las que Dobb consideró como fundamentales cul­
pables del hundimiento del Mundo feudal.
Como entonces, se
provocan desmedidas necesidades en los consu­
mido.res, se crea un clima de cuJ.to a la magnificencia, se hacen augu­
rios sobre el fin del Mundo, surgen herejías
y humanismos contesta­
tarios
y prevalecen las disciplinas llamadas mágicas. Y también se
está produciendo, como en aquel tiempo, en todos los países, la pro­
liferación de
«Megalópolis» que acogen a los fugitivos de la vida
campesína, para convertirlos en masas desarraigadas, en los suburbios
ciudadanos.
Se ha afirmado que se trata de un fenómeno de transición al so­
cialismo, en la misma forma que, en. la decadencia feudal, actuó el
tránsito a la_ economía capit.rlista de mercado. Pero acaso el problema
sea más profundo y, como advirtió Nietzsche, «los frutos del hom­
bre están maduros, pero no
lo está el hombre para sus frutos>>, defi­
ciencia del hombre
contemporáneo que sería necesario superar, en
las
~iferentes zonas ideológicas del mundo, más allá de la ingenua
divisoria que informó
la poJí.tica internacional, al decir de Galbraith,
desde
la segunda guerra Mundial, arrastrada por lo que denominó
< Acaso sea más
necesaria que nunca una búsqueda ávida del mun­
do
del espíritu. «Vosotros buscad

su reino
y todo eso se os dará por
añadidura» (San Lucas XII,
31).
II. . LA ILUSIÓN DEL BIENESTAR.
Para mucha gente, el haber adquirido riqueza
no
es acabar de pe'nar1 sino solamente un cambio
de pe11as.
(SENECA, Epistolario)
El Colectivismo buscó la salida a los problemas de la Economía
a través de un cambio de estructuras. Pero parece,
_hoy, que procede
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LA ECONOl!IIA DE LA ACC/ON PURA
otorgar la razón a Olariaga, cuando afirma· que «la jaculatoria de un
cambio de estructuras constituye un tópico con caracteres de vaciedad».
Algo análogo puede afirmarse, sin duda, del intento de encubrir
el problema
social a través de ese híbrido socio-económico de la
máscara de la cogestión, que, hasta ahora, según advirtió A. Jugl~,
sólo actuó al nivel de la caricatura.
El
poeta Briusov saludó al comunismo Leninista con estas estrofas :
Quizás caerá, sin
dejat huella
todo lo conocido
Pero, a vosotros, que vais a asesinarme,
os saludo con el Himno de Bienvenida.
Esta exaltación ante
el hecho revolucionario fue rápidamente apa­
gada por el hielo de los hechos de
fo Historia.
El desarrollo ejerce hoy una
gr,u, presión ante el Tercer Mundo,
que recibe, a través de
mu.chas tensiones, unas ideas que implican la
destrucción de sus concepciones tradicionales y unos métodos y es­
calas de valores humanos que eliminan todas sus esperanzas y que,
al mismo tiempo que alargan la existencia, aumentan el dolor y el
sufrimieoto moral de aquellos cuya vida salvan.
Es importantísimo que el Mundo Occidental sea consciente de la
forma en que el Tercer Mundo necesita resolver sus problemas inme­
diatos,
y de que la manera única _para ellos de concebir el mensaje
divino, según una advertencia
de Gan-dhi, es la del «pan que alimen­
te su cuerpo», al mismo tiempo que
la doctrina que ilumine su alma.
En
GAUDIUM ET SPES se lee: «Dad de comer al que muere de
hambre,
ya que, si no le diste. le mataste».
¿Podrá
continuar una. distribución de la Renta Mundial que atri­
buye a
la mínima parte que representa la población Occidental una
parte extraordinariamente elevada?
¿No convendría mitigar la desme­
dida codicia de gran
parte de los agentes económicos occidentales?
Sería necesario alimentar
y estimular al Tercer Mundo desde sus
propias perspectivas, lo cual exigiría renuncias que
es muy dudoso
que estén dispuestos a conceder.
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/OSE MARIA CARBAL.LO FERNANDEZ
El Planeta debe ser una unidad, pero, ¿quien siente, de verdad,
esta realidad, como una vivencia inmediata?
Hoy, la división capitalismo-comunismo no es ya lo que actúa
como elemento dinámico de la Historia. ·Galbraith tiene razón, al
advertir que Norteamérica cayó en fa trampa de una política errónea,
ante el Tercer Mundo, trampa en la que acaso también haya caído la
totalidad del Mundo de Occidente.
Capitalismo y Comunismo solo son conceptos operantes entre
los países industrializados, no en el Tercer Mundo, el cual, sin em­
bargo, reune en sí los dos tercios de 1a Humanidad.
La Industria moderna, además de la estimulación de las medianías
y de equipos sin reliev~, significa la apoteosis del estercolero, re­
presentado por detritus indestructibles, y en estos años de la década
de los setenta parece que
se está descubriendo, con estupor, que el
desarrollo no solo nos ha empobrecido y degradado, sino que provoca,
al lado de los productos que
nos ofrece, la. destrucción de muchos
bienes inmateriales y
el envilecimiento de las coodiciones de la vida.
Estos hechos hablan ya sido advertidos hace tiempo por Pigou,
y otros eminentes tratadistas de
la Economía del Bienestar, aun cuan­
do solamente adquieran ahora la plenitud de su significado.
En 1857 había
ya escrito Stuart Mil!, en sus Príncipes d'Economie
Politique:
«Si el crecimiento ilimitado de las riquezas y la población sobre
la Tierra debieran obliterar una gran parte de sus atractivos, me
atrevería a formular el voto de que se_ mantuviera un estado estacio­
nario, antes de vemos obligados a _él por necesidad.»
Al parecer, Galbraith fue el primero
en formular unas diatribos
explícitas, en The Affluent Society, contra el desarrollo a toda costa.
A la pregunta de si es o no deseable el desarrollo a ultranza, tanto
Galbraith como Mishan contestaron en sentido negativo. Incluso
Kuznetz, uno de los principales creadores de la Contabilidad nacio­
nail, considerado como el Padre de la idea de la Renta Nacional, puso
de manifiesto
la necesidad de revisión y perfeccionamiento de este
concepto.
Antes de cualquier pronunciamiento sobre la cuestión del des­
arrollo, sería prudente controlar los BIENES NEGATIVOS.
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LA ECONOMIA DE LA ACCION PURA
];>ara obviar los defectos de la pretendida medida del bienestar,
a través de
la simple cifra de la Renta, Stoikov propnso snstituir
la RENTA PRO CAPITE por la esperanza matemática de los valores
descontados de las Rentas futuras. No es necesario advertir que este
concepto, que aparentemente mejora el cómputo del bienestar, implica
la estimación de unos factores de probabilidad a lo largo del tiempo
por venir que constituyen una evidente aporía y convierten el mé­
todo propuesto en simple y temeraria _conjetura.
Closets, en un artículo publicado en «&ience et Avenin>, en oc­
tubre de 1972, pretendió superar los actuales indicadores económicos,
propugnando añadir indicadores sociales y ecológicos,
cuyo cifrado
sin duda planteará delicados
y complejos problemas. Y puso de re­
lieve, en cuanto a las decisiones, que deberían implicar preocupa­
ciones sociales y ecológicas, hoy ·marginadas por la casi exclusiva per­
secución de la Rentabilidad, y exigir la corrección de una estrecha
concepción de los «flujos» de tránsito, para tomar en cuenta los es­
tados del patrimonio.
Nuestro bienestar, en resumen, depende de unas variantes que
difieren del nivel de vida, el cual puede mantenerse de momento
agotando
los stocks, implicando la toma en consideración de las con­
diciones de la vida y del contorno. Es decir, exigen definir:
Bienestar = función del ( nivel de vida + condiciones de vida +
condiciones del contorno).
Malthus,
en su Ensayo sobre la Teoría de la Población, cre!a que
en todo caso la ciencia encontraría soluciones. Pero hoy, a siglo
y medio de distancia de Malthus y a rnás de un siglo de los Prin­
cipios de Shtart Mili, tanto ecólogos como genetistas, economistas y
geólogos afirman que la Humanidad parece dirigirse a un catastrófico
final y que no hay otra alternativa que renunciar a la economía del
crecimiento.
El tipo de desarrollo de Occidente, se afirma, nos depaupera dra­
máticamente. lo qlie se gana en bienestar aparente se pierde en
la rápida degradación del contorno, como si se tratase de· una espe­
cie de maldición de las riquezas del hombre actual, signo de una
desconsiderada expoliación que despilfarra las posibilidades del
Planeta.
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JOSE MARIA CARBALLO FERNANDEZ
Es necesario integrar de nuevo la actividad económica en un marco
más general, como
algo no independiente, que exige superar los
estrechos puntos de vista de los especialistas, que conducen al mundo
a una catástrofe.
En el libro de los proverbios se lee:
«Porque el reposo de los ignorantes los matará
y la prosperidad
de los necios
los echará a perder.»
(Proverbios, Cap. I, vers. 32)
Jll. EL "EFECTO BOOl\olERANG" DE UNA IMPRUDENCIA.
Yo lo proclamo, y ojalá mi Patria crea en mi
predicc,i6n. Roma
sucumbirá a ,·ausa de todas las
riquezas que son hoy su orgullo,
(PROPERCIO, en ELEGIARUM)
Keynes había expresado, en una frase cargada de despiadada iro­
nía, su despreocupación por
el largo término: LONG RUN WE ARE
ALL DEAO. Con esto inclinaba í1. los agentes económicos a una vi­
sión limitada en el tiempo y en el horizonte de interés, sin plantear
otros problemas que los del inmediato resultado de sus decisiones.
Y nada era
más fáál, ni más tent•dor, que prescindir de lo que
hoy se denominan costes externos y costes sociales, que limitar los
cálculos a la optimización de los propios beneficios y actuar desde
la peregrina hipótesis de una
Tierra inagotable, don gratuito y eterno
del Bondadoso Dios, soporte de una capacidad de producción pe­
renne e indestructible.
Por el contrario, a consecuencia
de los fenómenos inherentes a
la expansión económica y al desarrollo del consumo, parece ir perfi­
lándose la idea de que la Naturaleza es, en su conjunto, un bien raro
y escaso, y de que es posible perderlo, a través de un proceso de
degr•dación y agotamiento.
Las noticias de la prensa diaria llaman con frecuencia la aten­
ción de sus lectores sobre fenómenos como el de los pesticidas ( con­
vertidos al parecer en una especie d, «elixires de la muerte»), de la
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LA ECONO}\!IA DE LA ACCION PURA
polución del ambiente, de la paulatina degradación ecológica, de
la pérdida contínua de territorios productivos, etc ....
Muchas voces se habían ya alzado (Commore, Rachel Catson,
Ehrlich, ... ) , antes de las recientes alarmas dirigidas en una cono­
cida carta por
Sicco Mansholt, reclamando del hombre contemporáneo
que reconsidere su comportamiento, a fin de evitar que se convierta
en rerulidad la amenaza de una «Tierra que muere>.
La presión demográfica, la expansión del consumo y una formula­
ción que desprecia en las decisiones económicas los costes sociales,
externos
y enmascarados, fuerza a producir más allá del óptimo so­
portable y, al agotar los limitados recursos, podría conducir, según
una opinión generalizada, al colapso de
la Historia.
Cierto
es que el problema no es nuevo y que hace ya muchos si­
glos se formularon advertencias proféticas que amenazaban al hombre
con plagas, pestes y catástrofes, desde los tiempos bíblicos, y repetidas
por recientes manifiestos,
como el SINDROME DE APOCALIPSIS,
al que se adhirieron centenares de cien.tíficos, o el informe Meadow.
En 1970, se hizo ya una declaración sobre el medio ambiente,
en Europa, después de la Conferenci" de Estrasburgo. Y en el mismo
año se creó por Nixon una Comisión para analizar «El crecimiento
de la población y el porveoir Americano», comisión dirigida por
J. D. Rockefeller, en cuyo reciente informe se lee: «Si este país pa­
dece una crisis del espíritu, una deteriorización del contorno, los an­
tagonismos raciales, la gran miseria de las ciudades, la _situación in­
temacional, entonces la población forma parte de esta crisis ... ».
El informe Rockefeller relaciona «los periodos de rápido creci­
miento ( en Norteamérica)
con períodos de rápida expansión econó­
mica>> y a lo largo de sus trescientas páginas mantiene la preocupa·
ción fundamental de cantidad de americanos».
En 1971, el día 11 de mayo, 2.200 hombres de ciencia de 23
países hicieron llegar al entonces Secretario de la ONU un mensaje
dirigido a los 3.500 millones de habitantes de la Tierra, conocido
hoy con
la denominación de MENSAJE DE MENTON, en virtud
de una reunión que se
celebró bajo el lema «DAI DÓNG», literal­
mente «Mundo del gran conjunto».
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/OSE MARJA CARJ3AUO PERNANDEZ
U Thant declaró al recibir el mensaje: «Creo qne la Humanidad
ha comprendido por fin que en la tierra y en tomo a ella existe
un delicado equilibrio entre
los fenómenos físicos y biológicos, que
no debemos romper irreflexJvamente en nuestra carrera desenfrenada
por el camino del des!"rollo tecnológico ... ».
En el curso del año 1972, el Informe Meadow, establecido por
un conjunto de especialistas del MIT, a solicitud del llamado Club
de
Roma, creado en 1968 por Peccei, replanteó de nuevo el problema
de la limitación del desarrollo para salvar una Humanidad
cuyo con­
torno ecológico
se deteriora y degrada, tema qne también reunió a
los represntantes de 132 países, en una conferencia internacional, con­
vocada por la ONU en Estocolmo.
Cada vez parece -imponerse con más fuerza la idea de la necesaria
detención de la. apoteosis de incentivos al consumo, que hace nau­
fragar al espíritu bajo uo aluvión de estímulos al disfrute, despre­
ocupado e irresponsable, de
la vida.
El propio
Kuznets ña introducido hoy importantes correcciones
en
sus artículos publicados, entre los años 1956 y 1967, en ECONO­
MIC DEVELOPMENT AND CULTIJRAL CHANGE.
Parece ser que, bajo los efectos de unos desperdicios indestruc­
tibles y crecientes, de la polución
y de la destrucción de sus HABI­
TA TS naturales, están en trance de desaparición 220
especies de ma­
míferos, 350 especies de aves y unas 20.000 especies vegetales.
Se calcula también que en un plazo de cincuenta afias estarán
virtualmente agotadas
las principales reservas metalíferas, destruidas
por una
utilización codiciosa e imprudente, en plena apoteosis de
lo que
los represenlwltes de la economía de la cantidad se empefian
en calificar de bienestar, simplemente por haber elegido el despilfarro
de un consumo irrefrenado e irrefrenable.
Claro que la Sociedad Humana, si no se restauran las columnas
morales de'1 hombre actual, podría pasar por riesgos aún más graves :
¿Qué sucederá, por ejemplo, cuando, hacia 1980, dispongan de insta­
laciones de energía nuclear
y, por lo tanto, de plutonio para las
Bombas Atómicas inás de 36 países, ante la innegable realidad de
una epidemia de terrorismo que unos califican de delincuencia y
otros de heroicidad?
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LA ECONOMIA DE LA ACCION PURA
Comentando la conferencia de Estocolmo, de junio de este año
(1972), «The Guardian», escribió· «La confereucia de Estocolmo
demuestra que
el · tribalismo de la Humanidad puede ser, por lo
menos, tan peligroso para el ambiente como la ambición que conduce
a la explotación rapaz de los recursos, o la ignorancia que empon­
zoña ·los océanos y la atmósfera>>,
Es lamentable que, al mismo tiempo que en Estocolmo se ha­
blaba
de la necesidad de revisar los comportamientos humanos y
frenar el frenesí
del desarrollo y del consumo, 400 hombres de nego­
cios, reunidos en el auditorium de la Escuela Superior de Saint Gal!,
dieran al problema la respuesta tajante de su indiferencia ante los
resultados de la explotación económica, sintetizando su postura en
un «ZERO GROWTH NO, ... THANKS».
La toma de conciencia del problema, y las medidas que esta toma
de conciencia podrían provocar, exigirían cambios de la Sociedad
contemporánea cuyo alcance es difícil determinar. Philippe Saint
Marc, en un libro reciente sobre la «socialización de la Naturaleza»,
advirtió; «Desde 1926 se celebran conferencias internacionales contra
la polución de los mares, que no ha cesado de agravarse. Porque,
frente a
un incremento extremadamente rápido de los elementos no­
civos, el único medio de detener
el proceso consiste en una autoridad
internacional que disponga de un poder supranacional de reglamenta­
ción, de control
y de sanción» ... «Durante los años 1970-1980 la
protección del contorno corre el riesgo de convertirse en algo aná­
logo a lo que fue la ayuda al subdesarrollo en el decenio 1960-70;
UNA APOTEOSIS DE PALABRAS».
La Supervivencia podría exigir la metamorfosis profunda del
es­
píritu humano, la superación de sus apetitos y el progreso de su
sentid.o de la convivencia y de la simbiosis con su contorno.
«Porque
-dices, Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo
necesidad,
y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un in­
digente, un ciego y un desnudo», se lee en el Apocalipsis (Cap. III,
17).
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/OSE MARIA CARBALLO FERNANDEZ
IV. PREVISORES y FUTURÓLOGOS.
Cont-ra lo que suele creerse, ha sido normal,
en la historia_, que el porvenir sea profetizado.
(Ortega y Gasset, «La Rebelión de las Masas)
Frente a la costumbre de los Gobernantes primitivos de usar la
seguridad
y la información que parecía deducirse del sentido premo­
nitorio de los intérpretes de sueños y descifradores de augurios, se
alzan hoy al servicio de las más graves decisiones equipos de pro­
fesionales de la prognosis, dotados de
los más exquisitos métodos
científicos: extrapolación, modelos, escenarios., Método Delphi, etc.
La simple técnica de proyectar el presente hacia el futuro, a la
que
se calificó de «método del Dinosaurio», dista sin duda de satis­
facer a:l moderno futurólogo, para quien el porvenir no es un simple
presente que
se prolonga, sino que trata, en un proceso inverso, de
avizorar el porvenir desde 'el porvenir mismo, a sabiendas de que para
contemplar las· perspectivas futuras no basta apoyarse en la simple
experiencia, que
es como el farol de popa de una nave, útil solamente
para alumbrar la estela que
va dejando sobre las olas.
Era lógico, sin duda, que se usaran para el pronóstico -de las vi-­
siones apocalípticas los métodos m.b refinados y se recu!riera a esa
especie de esquernatización de la naturaleza y el contorno que es un
modelo dinámico, estructurado en diversos bucles de
. feedback, a
partir de una convención apoyada en esa lógica de los «conceptos bien
definidos» que
es la matemática.
Claro que, como dijo Euripides, «no es lo esperado lo que gene­
ralmente sucede, sino lo tjue no se _espera», observación que reduce,
máxime en el campo de la Economía, el valor de las conclusiones
establecidas mediante modelos proyectados al futuro.
Pues bien, para responder a advertencias del tipo
de las contenidas
en la carta dirigida por
Sicco Mansholt al Presidente de la comisión
de las Comunidades Europeas,
en fo que tras denunciar los riesgos
que corría eI mundo contemporáneo demandaba un tanto de creci­
miento cero, el Club de Roma, reunido en 1970, encargó a un grupo
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LA ECONOMIA DE LA ACCION PUM
de estudiosos del MIT un informe, para el cual se puso a punto
por el Profesor
Jay Forrester un modelo de aoálisis del futuro que
desarrolló después un equipo
dirigido por Meadow, bajo los aus­
picios finaocieroo de las casas Fiat, Olivetti y Volkswagen.
El informe Meadow, que salió a
la luz en este mismo año (1972),
utilizó
el método consistente en el análisis de los circuitos de Feedback
(positivo o negativo) que ligan diversas variables consideradas como
fundamentales, subdivididos después en multitud de subcircuitos.
Las variables principales se redujeron a cinco:
l. Población.
2. Alimentos «pro capite».
3. Reservas de recursos naturales no renovables.
4. Output industrial.
5. Polución.
Las prognosis deducidas del modelo del Club de Roma MIT son,
en esquema, las siguientes :
l. El aumento de población y progreso industrial resultarán de­
tenidos, a corto plazo, a causa del agotamiento de las ma­
terias primas, el hambre y la polución. -
2. Para evitar la desaparición fatal del género humano sería
imprescindible un severo control de la natalidad y una drás­
tica limitación dol consumo de productos industriales.
3. Si
se lograse la constancia de la población, y una economía
estacionaria, se podría mantener
la esperanza en una existen­
cia prolongadas de la especie, en condiciones razonablemente
satisfactorias.
4.
A los tantos achlales, una explosión demográfica insostenible
elevaría la población mundial hasta los siete mil millones de
habitaotes, hacia el año 2.000.
5. La producción de las tierras -cultivables, insuficientes, no
podría alimentar a la población existente, dentro ya de 30
años ( como máximo), a salvo que la presión. demográfica se
atenúe
y se salven tierras de las que hoy se pierden o se des-
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]OSE MARIA CAR.BALLO FERNANDEZ
truyen. En cuanto a las fuentes energéticas y las materias
primas, también serían insuficientes en treinta años.
6. La· polución constituye un grave deterioro del contorno eco­
lógico, y ya ha desaparecido prácticamente el óxigeno en
laS costas del Báltico, mientras el mercurio arrojado en los
mares pone en grave peligro a las especies biológicas,
y las
lluvias de compuestos de plomo, provocadas
por la circula­
ción automóvil en los
EE. UU. sobre los hielos de Groen­
landia
se han duplicado.
7. La especie humana, si quedase sometida a estas graves y tui·
nosas penurias, habría de retroceder a los tiempos más pri­
mitivos.
Las recetas arriba indicadas, propuestas como conclusiones
por el
Club de Roma-MIT, son tan lejanas de nuestra actitud mental y mo­
ral en el presente, que
es inútil hablar de ellas sin una auténtica re­
volución mental y moral del hombre contemporáneo, cosa mucho más
grave
y arriesga-da que las amenazas de colisi6h entre las concepcio­
nes marxista y occidental del Mundo.
Conviene recordar que
la modelística padece extraordinarias li ·
mitaciones, que reducen en forma muy notable su rigor y exactitud.
Esquematizados los errores implícitos en la modelística, pueden
expresarse de la siguiente forma:
a) Idealiza y resume esqueléticamente la realidad.
b) No tiene suficientemente en cuenta los errores de observa­
ción, en la determinación de los parámetros.
e) No logra superar las limitaciones derivadas de la utilización
de expresiones aproximadas o del desprecio de términos en
los desarrollos analíticos.
d) Padece los errores cometidos al usar métodos aproxim,dos
para determinar el valor numérico de las incógnitas ( muy
numerosas siempre)
de los sistemas.
Oskar Morgenstern, en
un artículo publicado en la revista fran­
cesa «La Recherche», daba el siguiente .ejemplo de la imprecisión que
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LA ECONOMJA DE LA ACCION PURA
provoca en el valor de las incógnitas una mínima oscilación de valor
en los parámetros.
Sea el
sistema
X-Y= 1
X-1,00001 Y= O
cuyas soluciones son X = 100.001, Y = 100.000
Si en vez de él se toma el sistema,
X-Y= 1
X-0,99999 Y= o
f
aparentemente muy próximo,
los
vrulores de las incógnitas son X = -99.999, Y = -100.000.
Un error mínimo, que no supera una unid.ad del último orden, en
el coeficiente de la variable Y, es suficiente para provocar una os­
cilación de 200.000 en el valor de la incógnita X. ¿Hace falta decir
algo más?
Con los modelos pasa lo mismú que con las instituciones, de las
que afirmó Mazzini que son como ciertas plantas, que envenenan o
curan según quien las administra.
¿Pero, qué valor otorgar a estas apocalípticas predicciones? ¿Po­
drían crearse mecanismos suficientes para gárantizar la superación
de los riesgos expuestos, en caso necesa:rio?
El cuarto caballo de
la visión yoánica, que parece seguir al pre­
dominio prometeico, simbolizado por
el caballo negro, anuncia plagas
y mortandades: «Y miré, y he aquí un caballo amarillo: y el que
estaba sentado sobre él tenía por nombre Muerte, y el infierno le
seguía, y le fue da matar con espada, con hambre, con peste
y con las bestias de la Tie­
rra
( Apocalipsis VI, 8).
¿No sería acaso prudente ahondar en el problema y analizar, -hasta
sus últimas consecuencias, las posibilidades de supervivencia del
mosico de pueblos que hoy, desligados, arrastran por el planeta sus
respectivos
y a veces contrapuestos dramas vitales?
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/OSE MARIA CAREALLO FERNANDEZ
V. EVOCACIÓN EPIMETEICA.
Las flores están llenas de miel, pero sólo las
abeias saben extraer s11 dulzura.
(Goethe, en «Herman y Dorotea»)
En el principio de los tiempos, según el relato del capítulo ter­
cero del Génesis, vibró la voz tentadora de N ahasch, prometiendo
al
Hombre Ser como nn Dios si comía del fruto del árbol de la ciencia.
Y
esta tentación desvió al hombre de la advertencia de Y ahvé, que
le ordenaba: < mente morirás».
De nuevo, hoy, una voz interna parece gritar al hombre: Seréis
como Dioses, empujándolo a una carr~ra sin descanso, en la vía de
un desarrollo sin límites, ahito, pero permanentemente insatisfecho.
Y los sombtíos augurios apocalípticos no bastan para detener sus
ansias de dominio ní para hacerle reconsiderar su poshlra ante el
rico espectácnlo de la Naturaleza, que canta las glorias de la Vida.
Las alternativas ofrecidas, como hemos visto, por las especulacio­
nes de futurólogos y expertos en
el oficio del pronóstico, parecen
reducirse a elegir el desarrollo incontrolado que podría conducir a
un inevitable cataclismo, o renunciar a él, procurando un estado
es­
tacionario del Mundo.
Para lograr este estado estacionario, se impone, según
ellos, adop­
tar resoluciones de autolimitación, no sólo en los consumos sino tam­
bién en
los nacimientos, en evidente colisión no sólo con ideas que
informaron la moral del hombre de Occidente, a través de
su His­
toria, sino también con su horizonte de ultimidades escatol6gicas, man­
tenidas por las declaraciones solemnes de la Iglesia en Encíclicas como
HUMANAE VITAE.
En opinión de
Frani;ois Hetnian, Consejero de la OCDE, lo esen­
cial para
la civilización consiste en seables.
Pero, ¿cómo superar la deseabilidad que provoca la omnipresente
propaganda de nn bienestar apoyado únicamente en
la prosperidad
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LA ECONOMIA DE LA ACCION PURA
cuantificable, aun cuando ello implique el· despilfarro de recursos
naturalmente acotados?
Si el hombre deteriora la Naturaleza, la agota y la emponzoña, es
a causa de que estas agresiones le producen un beneficio individual
y de que prescinde de las consecuencias que sus efectos ·puedan ocasio­
nar en sus prójimos. El hombre se desvinculó del -mundo y, vuelto
de espaldas a
todo hálito de amor, institucionalizó el odio como sis­
tema y la violación detl contorno como método.
Es incuestionable que el interés general debería sustituir al in­
terés personal del HOMO ECONOMICUS, exaltado hasta el pa­
roxismo en el triunfalismo contemporáneo. La persecución a ultranza
del éxito egocentrista, en un momento en que la tecnología parece
aumentar
·casi ail infinito las capacidades de acción del hombre, es
una invitación a
la destrucción y acaso sólo pueda llevar a un sui­
cidio colectivo.
La esencia del espíritu evangélico, el dulce mensaje
programático del Sermón de la Montaña, se desenvolvió en una con­
cepción epimeteica del Mundo~ en una exhortación al hombre para
que triunfe el Mundo de Dios sobre el Mundo del César, en vez
de intentar crucificar en el Mundo del César al Mundo de Dios.
Acaso sea posible superar las dificultades planteadas, que divi­
den las opiniones en pro y en contra del crecimiento, mediante una
ademada y radical reorientación del desarrollo que permita evitar
una tajante renuncia
al mismo. Esta fue la opinión expuesta por el
profesor de Ginebra Peter Tshopp en una de sus conferencias.
En un reciente artículo de «Mondo Economico», se sintetizaban
las opiniones que propugnan el crecimiento, y suponen fácil la su­
peración de los problemas ecológicos, en la siguiente forma: «En pre­
sencia de desarrollo económico, los costes de una política de recupe­
ración pueden ser afrontados, sin necesidad de sacrificio alguno, pa­
ra los niveles actuales de vida. En base de las estimaciones actuales
de los costes,
y· de las tendencias de desarrollo corriente, se deberían
tener simplementé en cuenta una ligera reducción en el crecimiento
del bienestar material ( es decir, del que prescinde del todo de los
beneficios obtenibles en términos de un ambiente más limpio y aco­
gedor). En ausencia de desarrollo económico, el coste a pagar sería
evidentemente más elevado, y los niveles materiales de vida debe-
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/OSE MARIA CARBALLO FERNANDEZ
rían necesariamente perderse, aun sin tener en cuenta el hecho de
que, en este último caso, la lucha contra el emponzoñamiento sería
más dura e incierta a causa de que
fa temología existente ( que resul­
taría cristalizada por la detención del desarrollo) tiene una elevada
propensión
al emponzoñamiento».
Análoga
es la actitud al parecer adoptada por el Japón, que in­
tenta hacer
la experiencia de la adaptación del crecimiento a la di­
mensión del hombre, mediante una política desarrollo-antipolución,
cuyos resultados, sin
duda, podrían presentar un fascinante interés.
Kogoro Uemura, destacado miembro de la clase patronal, se expresó
recientemente en la siguiente forma : «Debemos rechazar todo pro­
grama de gestión que persiga únicamente el beneficio, minimizando
los problemas planteados por la polución» .
. Esto, naturalmente, implicará, en último extremo, un dirigismo
estatal
y tiene, además) el ·peligro dt-que cada país trate de salvarse
me las consecuencias de su actuar despreocupado, ante un contorno ...
ajeno.
Es derto, y la advertencia evangélica lo afirma, que todo reino
en sí dividido será desolado
y toda ciudad o casa en sí dividida no
subsistirá (San Mateo, XII, 25). Pero, ¿cómo lograr una integración
planetaria suficiente para que el Mundo supere
la pluralidad inco­
' nexa del presente, en una comunidad de pan y de verbo, es decir,
de palabra, como pedía Perroux?
Si el hombre contemporáneo ha de continuar su deambular por
la Historia, tendrá que superar, sin remedio, los problemas que hemos
expuesto,
y los demás que sin duda tiene plant~dos, sin tratar de
buscar
la sálida de arregostarse en cambios de sistemas o estructuras,
ya que la armonía y la fuerza ha de buscarla sólo dentro de sí mismo.
«No viene el Reino de Dios ostensiblemente.
Ni podrá decirse: Helo
aquí o allá, porque el Reino de
Dios está dentro de vosotros» (San
Lucas,
XVII, 20-21 ).
Es difícil, dijo Toynbee, transformar un mundo podrido en una
Tierra incorrupta
... , pero hay que intentarlo.
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