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1973

Revolución, Conservadurismo y tradición

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1973
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En torno a la palabra «Revolución»

ACLARACIÓN PREVIA:
EN TORNO DE LA PALABRA "REVOLUCION"
Quien lea rápidamente las ponencias que publicamos en este nú­
mero de
VERBO, Revolución-Conservadurismo-Tradición, del egregio
y mundialmente famoso profesor Michele Federico Sciacca, y La
Revolución, del artista y brillante t:xpositor José María Gil Moreno
de Mora,
tal vez llegue a pensar que ambos exponen conceptos dis­
cordantes
y contradictorios acerca de lo que la palabra revolución sig­
nifica.
Nada más lejos de la realidad. Ninguna contradicción existe entre
los conceptos expuestos en ambas co.tµunicaciones.
Pero, para entenderlo, conviene hacer preViamente: algunas acla­
raciones puramente terminológicas.
1. Con su fino bisturí el profesor Sdacca va diseccionando:
a) Hay un significado etimológico de revolución, "de recons­
titución de la condición «origi,,,,,aria», de perenne redescubrimiento
de· las «raíces», del sentido «inicial» y siempre actual de la verdad",
que, aplicada al cambio de situaciones históricas y de sus estructuras,
consistiría
en "agarrarse a la raíz en cualquier situación hist6rica, no
el simple tratar de «descua¡arlo todo»".
b)
Una significación gramatical, aplicada a un orden político
dado, que indica "un trastorno que lleva consigo una mutaci6n vio­
lenta
y casi siemp,re cruenta del gobierno y de las condiciones so­
cia/,es, con la finalidrd de establecer un ~rden _nuevo, también furidico,
que sustituya
el legalmente constituido ... ".
Desde este punto de vista el concepto de revolución no es ni bue­
no ni malo, sino neutro.
Su bondad o maldad resulta de sil conexión
con algo extrínseco a ella. Dependerá, según
~recisa el profesor Sciac­
ca, de
la correspondencia con el derecho natural tanto del orden po-
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lítico-social-jurídico constituido, co.í:no del que la revolución pretende
establecer.
Mientras
en el dualismo conservatismo-conservadurismo, la pri­
mera palabra sirve para expresar un concepto neutro del acto de
conservar y la segunda un concepto de éste peyorativamente califi­
cado, sea por el egoismo o la ceguera de quien se agarra a la conser­
vación, falta en cambio un dualismo iguálménte .. expresivo. referido
a revolución.
e) En fin, un concepto de la revolución puesto en parangón
con el de la tradición. Frente a ésta, tanto la revolución como el con­
servadurismo son conceptos negativos, dañinos.
La tradición conserva renovando y renueva conservando, porque
como dice Sciacca: "no hay progreso ve-rdadero o constructivo sin
tradición y no hay tradición viva y operante sin progreso; más: la
tradición, como tal, es por esencia progreso, movimiento, renovación".
En cambio, "Tanto parra el conservadurismo como para la revo­
lución,
la discriminación· o del pMvenir o "del pasado viene dada por
el presente. Para el conservadurismo, el presente, que debe conser­
varse tal cual, discrimina el porven'H", presagiO de calamidades; para
la revolución el presente discrimina el pasado detestable y está cc,r­
gado de todas las mejores renovaciones; de ellas es juzgado capaz y
de ellas es el origen. Los dos acaban por negar el pasado o el por­
veniY, y con ello también el presente 'Y además la historia".
Este último concepto de revolución es un concepto histórico, por­
que también podemos deducirlo de cuanto nos
es mostrado en la his­
toria de los movimientos revolucionarios,
y así observado, como vemos
resulta totalmente en oposición con el concepto etimológico
al prin­
cipio indicado.
2. José María Gil Moreno de Mora, si bien parte de analizar
los significados
gramaticales de la palabra revolución conforme al
Diccionario, entre los que destaca el de
"Cambio violento de las
instituciones políticas de una nación", pasa en seguida a buscar su
significado
histórico, para observar que-ninguna de las revoluciones
conocidas
se ha_ limitado al cambio de las instituciones políticas,
"pues todas han afectado tanto a lo religioso, lo económico y lo cul-
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tural1 como a "la familia, a/, municipio y la región1 de modo que en
la práctica hemos de conceder a la revoluci6n un cie-rto sentido de
guerra total, contra las instituciones":
Ello le induce a examinar la distinción entre instituciones buenas
e instituciones pervertidas, señalando como pauta
para determinadas
el orden natural, la ley natural. Y, con este criterio, distingue:
-revolución: "cam-bio violento de las instituciones de la ley
natural".
-restauración: "el cambio de ·las instituciones- pervertidas, vol­
viéndolas a sanear".
"Por ello -prosigue-distinguimos las revoluciones _con mi­
núsculas, con las que ,e ha plagado el lenguaje moderno, de las Revo­
luoi,ones con mayúscula, que son las· que pro_pugnan el cambio violen­
to de las instituciones del Orden natural y cristiano. Revolución qu(!
históricamente comenzó en las primeras subversiones del humaniimo
antropocéntrico del renacimiento, se desarrolló en los conventículos
seC1'etos y protestantes, y tomó carta de ciudadanía, después de la
Enciclopedia, en el estallido d~ la Revolu_ci6n francesa, cuyos abun­
dantes
y diversos hijos, como el liberalismo, el anat"quismo, el comu­
nismo
y los variados marxismos, las democracias socialistas, la socie­
dad de consumo, los nihilismos
peri6dicamente ,esurgentes, etc., ja­
más se libran de enfrentarse contra la Ley natu,al1-jamás dejan de
albergar en lo 1ecóndito la idea de corregi1' la obra de un Creador
que Je equivocaba".
3. EN RESUMEN, nos hallamos ante dos conceptos· complefilen­
tarios. A saber:
En la maravillosa exposici6n del Profesor Sciacca tenemos expli­
cado
el concepto de ·revolución, Como ·nombre sustantivo común.
Arranca de su sentido etimológico, examina su significado gramati­
cal para enfocarlo en sri aplicación en la política, referido a las ins­
tituciones políticas sociales
y jurídicas de un orden político concreto,
y terminá observando su concept0 histórico que se ha ido formando
a
través-de -las revoluciones, para contraponer dialécticamente con-
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servadurismo y revolución, que concluyen engendrándose recíproca­
mente de un modo sucesivo, como negación que ambos son de la
tradición que conserva renovando y renueva consMvando y es a la
vez conservación y progreso de acuerdo con las exigencias del dere­
cho natural.
Y Gil Moreno de Morá hace una clara explicación del concepto
de la Revolución, como nombre sustantivo propio, que designa la
moderna pretensión de subvertir el orden natural y divino y no tan
solo
de derribar un gobierno y de sustituir las instiru.ciones políticas
de un determinado país. Se trata de una revolución que, por ser total
y radical, puede ser denominada justamente la Revolución, diferen­
ciada
de las múltiples revoluciones políticas que han proliferado en
estos últimos siglos.
Este concepto específico de la Revolución es el que principal­
mente ha sido contemplado en la mayor parte de las comunicaciones
de nuestra
XII Reunión, y es el mismo concepto que solemos expre­
sar en las contraportadas de VERBO, tanto si reproducimos, como
ahora, el texto de San Pío X,
en N otre cha,rge apostholique1 como
cuando ttanscribimos
el texto de Albert de Mun, que tantas veces
hemos repetido.
4. Notemos que este concepto más específico de la Revolución
lo hallamos explícito, desde el siglo XVIII para acá, en escritores re­
volucionarios
y contrarrevolucionarios, en católicos tradicionales de
casi todos los países,
en dentistas y tecnócratas, en los tradicionalistas
españoles ... Aquí nos limitaremos a traer algunas muestras. Así:
F. Ellas de Tejada, F. Puy y R. Gambra, en "¿Qué es el carlis-
mo?" (núm. 32, pág. 55), contraponen como irreductibles entre sí:
-
la civiUzación antropocéntrica de la revoluci6n, y
-la civilización teocéntrica de la tradición.
Jean Ousset, en PMa que El reine (II parte, cap. I, pág. 85), nos
enuncia: La Revolución: "Así e1crita, con el artículo determinado y
R mayúscula, la palabra no debiera resultar equívoca. Más que el
hecho de der-rocar un régimen ( como ocuirió en Francia de 1789 a
1793), hay que entender que significa una corriente subversiva or-
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denada f!, un cambio completo en nuestras concepcione.r del hombre
y de la sociedad".
El periódico La Revolution Fran,aise, del 15 de enero de 1789,
afirmaba:
"El mundo modemo se halla situado en una altemativa:
o el triunfo de la revolución o un retorno sencillo y puro al Cris­
tianismo".
El 26 de noviembre de 1937, el eotonces Secretario Geoeral del
Partido Comunista de Francia, Maurice Thorez, en la Mutualité de
París, proclamó: "Somos los comunistas", por ello [por ser "discí­
pulos de Marx y Engels, de Lenin y Stalin"], "los auténticos herede­
ros y los continuadores del pensamiento revoluciona,rio de los materia­
listas franceses del siglo XVIII, de los grandes enciclopedistas, a su
vez hijos espirituales de este otro filósofo francés Descartes, a quien
recientemente hemos conmemorado".
Esta Revolución -filosófica, jurídica, política y social contra cuan­
to sea expresión del orden natural y cristiano, en aras a una cons­
trucción de
un mundo nuevo, racionalizado ideológica y tecnocráti­
camente,
antropocéntrico-si bien se gesta en la subversión, luego se
continúa desde el poder. Bonaparte ya lo prodarríó, en la noche del
asesinato del duque de Enghien: "la Revolución soy yo". A veces se
realiza de manera tempestuosa, pero en muchas otras ocasiones avanza
callada y sigilosamente: Jean Hourticq, Consejero de Estado francés,
en
·· Administration et vie locales· (Curso 1965-1966, en I. E. P.)
habló de la
"revolution silencieuse" (cfr. VERBO 65-66, pág. 480, en
el ardculo de Louis Doujarques, "El néo-dirigismo tecnocrático"),
guiada desde la Administración, ya sea a través de la elaboración
de proyectos legislativos, o bien
de reformas administrativas o fis­
cales, planificaciones o difusión de ideas no inducidas
de la realidad
sino engendradas abstractamente en la imaginación por la voluntad
de poder de quienes pretenden fabricar
un mundo nuevo de acuerdo
con sus sueños, prescindiendo del orde:n natural y de la experiencia
de lo real transmitida por la tradición viva y enriquecida por las
nuevas experiencias y conocimientos reales.
' 5. ¿Cuál es el origen de este nombre propio La Revoluci6n?
Es sin duda, una extensión de su referencia a la gran Revolución,
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es decir, a la Revolución francesa, que por muchos años fue La Re­
voluci6n por antonomasia, y a la que se ha seguido considerando
como madre de casi todas las revoluciones, mayores o menores, que
después han tenido lugar.
La exrensi6n operada en el concepto com­
prende tanto lo mentalidad que hizo posible la ideología revoluciona,.
ria, que estalló en la Revolución francesa con la pretensión de cambiar
el mundo
-"Estáis llamados a empezar de nuevo la historia", gritó
Barére a los miembros de los Estados generales; "La Revoluci6n no
es solamente para· Francia; somos -responsables de ella ante la huma­
ni4ad", afirm6
Thuriot en la Asamblea Legislativa el 17 de agosto
de
1972-, como asimismo el posterior desarrollo de sus ideas, bien
sea en
la línea del liberalismo Y del anarquismo como -en la de los
socialismos, utópicos o marxistas.
Este movimiento ideológico fue aludido el 1 de noviembre de
1885
por León XIII, en su encíclica lmmortale Dei, al referirse a los
principios "escogitados en la gran revolución del siglo pasado y pro­
puestos como base y fundamento de un derecho nuevo, desconocido
hasta entonces
y contrario en muchas de sus tesis no solamente al
derecho cristiano, sino, incluso, también al derecho-natural".
J.·B. V. de G.
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