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1973

Revolución, Conservadurismo y tradición

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1973
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La subversión y los colegios profesionales

LA SUBVERSION Y LOS COLEGIOS PROFESIONALES
POR
GERMÁN :AI.V.ARBZ~ DE ~OTOMAYOR,
Arquitecto del Colegio de Madrid.
En el transcurso del último decenio ha podido observarse, en el
desenvolvimiento de la actividad de los Colegios profesionales, la
aparición de tensiones y conflictos internos que, especialmente en
los tres o cuatro últimos años, han trascendido al conocimiento pú­
blico a través de los órganos de información. Pero las incidencias de
las que se va teniendo noticia se refieren casi siempre no tanto a
cuestiones de orden eminentemente profesional como a planteamien­
tos de raíz y de intencionalidad política, con los qne grupos impor­
tantes de profesionales colegiados persiguen un enfrentamiento --ca­
da vez más manifiesto y agresivo-con las estrucnu:as y los prin­
cipios supuestamente mantenidos por el vigente ordenamiento guber­
namental e, incluso, estatal.
El juicio que más comúnmente oímos formular a cuantos se mues­
tran inquietos por estas tensiones conflictivas de los Colegios, es
el de que la subvetsión ha entrado en la vida de éstos y trata de
apoderarse de sus órganos de mando, aprovechando con inteligente
estrategia la dispetsión o la confusión ideológica de -quizás-la
mayoría de
los profesionales colegiados.
Desde nuestro punto de vista ·es evidente la acción corrosiva de
una minoría, bien preparada, en la que patticipan hombres con una
ideología muy definida y con notable disciplina respecto del apatato
y
de los cuadros de mando que la promueven. Pata tales minorías la
subversión es el instrumento, el arma, con los que se pretende la
conquista del podet y del Estado pata, una vez logrado este objetivo,
ponet fin
-incluso brutalmente--a roda subvetsión y establecer un
"orden'" en el que desapatezca roda esperanza de libertad y de posi­
bilidad de
discrepancia. Es decir, la negación -y hasta la maldición~
de las banderas que hoy enarbola esta minoría subversiva con el eviden­
te propósito de embaucar a los más y enrolarlos en una acción con­
junta ·para unos fines muy distantes de los que a estos últimos se ofrecen.
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Existe, en efecto, un peligro grave para el futuro iwnediato no
sólo de los Colegios Profesionales sino de la Sociedad de la cual estos
Colegios son órganos o miembros naturales
-y no los menos im­
portantes-que constitutivamente necesita para ser, realmente, So­
ciedad y no una masa gregaria de súbditos -solo identificables por
un número en su Documento Nacional-férreamente conformada
:por un aparato estatal dirigido, totalitariamente, por minorías de ex­
pertos
en la conquista del poder y cuya política sólo habría de diri­
girse, ya, a conservar. su potestad, manteniendo
por todos los medios
el gregarismo y la· masificación. Para que jamás pudieran existir, por
sí mismos, pueblo ni sociedad, entes que para nosotros son, precisa -
mente, antes y más que el Estado_
Pero, para simarnos eficazmente ante tal peligro de subversión
será necesario que
intentemos,' en primer lugar, examinar lo más
brevemente que nos sea posible la situación actual de los Colegios
· Prófesionales, no como algo que es o que está ahí y en sí misma tal
como ahora
la vemos, sino como algo que "viene siendo". Es decir,
como punto de una trayectoria,
de un proceso.
La mala conformación actual de los Colegios Profesionales así
como
la de casi rnalquier otro órgano privativo y comunitario de
la Sociedad,
es lo que .les convierte en presas fáciles para una acción
bien programada e i.nsttumentada de las minorías subversivas. Pero
esta defectuosa conformación
acnial de las entidades que deberían
ser naturales y espontáneas --como en su origen lo fueron munici­
pios, gremios, cofradías,
_ estamentos, juntas, etc.-, procede de un
mal más profundo y -cuyo origen puede situarse en el momento en
que ttas la creación del Estado Moderno
se hacen manifiestas las
primeras gtaves grietas del humanismo
rooacentista. La sociedad me­
dieval, con sus rígidos estamentos
y su rudimentaria base económica,
esencialmente agraria, se transforma en
una sociedad mucho más
compleja
y rica. El Estado Moderno nace, como filosofía y como
realidad,
por ser necesario a la nueva sociedad, pero, insensiblemente,
ésta va ttansfiriendo al poder estatal cada vez más funciones
de las
que anteriormente se cumplían.
por sus órganos naturales y prima­
rios.
Se inicia así el progresivo decaimiento de los gremios y la mer-
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SUBVERSION Y COLEGIOS PR.OPESIONALIJS
ma de las autonomías de corporaciones de todo .orden y de las pro­
pias comunidades locales.
La debilitación del "armamento,. social y popular se acentúa a
partir de la Revolución Francesa promovida por el movimiento
fi­
losófico del Racionalismo cuya traducción o consecuencia política
vino a ser el llamado "liberalismo".
Con. esta ideología se acelera el
hundimiento del viejo mundo cristiano que arrastra en su caída mu­
chos valores y principios ~sencialmente de orden moral-que en
gran medida ofrecían vigencia para estos tiempos que vivimos y que
al desaparecer o degradarse no han sido reemplazados por otros ca­
paces de mantener la cohesión y la convivencia entre los pueblos que
constituyeron la cristiandad.
Con la época contemporánea hicieron su aparición:
El naciona/.ismo, que_ supone, por exorbitación de ciertos valores
políticos "racionales", egoismo_ e insolidaridad constitutiva de los
pueblos, y también, por reacción y por desmedida exaltación de otros
valores
naturales o particulares, insolidaridad dentro de cada nación
entre las regiones.
El liberaUsmo, que si bien en lo económico y en lo cultural pro­
dujo un espectacular desarrollo de la ciencia, de
la técnica y de los
bienes de uso y consumo -merced principalmente a la libertad de
iniciativa y al tan eficaz como peligroso instrumento del _capitalis­
mo--, acarreó graves males en otros órdenes como, por ejemplo, la
desvinculación e impersonalización de los bienes y de las relaciones
económicas
y sociales, la exaltación de la moral del beneficio y del
rendimiento por encima de la moral del
esfuerzo, de la dedicación
al trabajo con amor (caridad) y de la responsabilidad, convirtiendo,
incluso, la propiedad privada en una atribución personal sin otro valor
que el estrict~ente económico -en tanto podía ttansfor.marse en di­
nero-desvinculada de toda función comunitaria, con lo que dicha pro­
piedad se debilita y se ofrece como blanco de cualquier demagogia, etc.
El socialismo, como reacción ética contra el abandono de los más
-los peor dotados-que quedaban a campo raso y a merced del
libre juego de
los intereses y de la insolaridad, juego que fue convir­
tiendo en proletariado a sectores cada vez mayores del pueblo, a los que
se ofrece el paraíso de un mundo sin clases tras del "Reparto Social".
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. :Por último, el marxismo o socialismo "científico" y su versión o
secuela de más concreta y extensa presencia actual, en el campo de
las realizaciones políticas, como es el comunismo, cualquiera que
sea su ámbito geográfico y su "ortodoxia", bajo cuyo imperio hemos
visto cqnstruir más de un Estado teocrático sin Dios, con fortísima
vocación. impe::tull y con estilo político tan autoritario como "reac­
cionario" al servicio de la continuidad e indestructibilidad del nú­
cleo de mando.
Tras de 1a evolución histórica -que en rápido esquema -tan co­
nocido y repetido-acabamos de exponer, la sociedad contemporánea,
· incluso en el mundo que aún podemos llamar libre, o no comunista,
ha sufrido profundas transformaciones, algunas de signo positivo si
su valoración -en determinados países-se hace en función de los
incrementos-de las rentas "per cápita", pero, en otro sentido, el mo­
vimiento de transformación, muy radical y con grandes reservas di­
námicas para inmediatos y más profundos cambios, ha producido, a
nuestro juicio, una real situación de debilidad y de indefensión del
hombre, de
la persona. En efecro, basta en el "mundo libre" los es­
tados y las estructuras políticas que conducen a estas sociedades con­
temporáneas se han tecnificado extremadamente haciéndose cada vez
más intervencionistas y omnipresentes en el vivir de sus pueblos. La
planificación de todas las actividades, el rigor administrativo y el
burocratismo, siempre en aumento, unidos al deslumbramiento que
producen
las grandes y espectaculares realizaciones, sólo asequibles a
las intensas concentraciones de poder político y económico, han ido
restando espontaneidad, medios y ocasiones a los hombres y a los
grupos. Los equipos de dirección política, para agrupar sus clientelas
de apoyo, basan su propaganda en la cuantía y calidad de
los bienes
que "ellos" han de traer a sus súbditos. Se ofrece, frecuentemente con
impudicia
y poca sensatez, todo lo que es posible desear: justicia,
igualdad de oportunidades, alto nivel de vida, seguridad social ple­
na. Todo, sin apenas más esfuerzo que el de conseguir una determina­
da calificación laboral o académica para la participación, muy
sose­
gada, del bien. común y, naturalmente, tras de haber inculcado entre
los súbditos un ciega confianza en la infalible y tecnificada gestión
del equipo en el poder, y
la convenúencia de aceptar la invitación de
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SUBVERSION Y COLeGIOS PROFESIONALES
éste para que cada uno haga enttega de su autonomía y de su ca­
pacidad pata, por sí mismos, individualmente o en grupos, valerse y
ampa,rar a lo_s suyos.
Lo cierto es que, actualmente, las gentes, ya sea-por la vana ilu~
sión que en sus mentes se ha filttado. ya sea por desespetanza en el
esfuerzo heroico
de resistir, se v:an abandonando al gran Leviatán
de. nuesttos días. Los hombr.es y los grupos pietden todo estúm¡lo de
cohesión
,¡ de vinculación _en grupos menores o cuerpos intermedios
y la Sociedad se va convirtiendo en una masa sin estructura orgánica
solamente aglutinada
por el imperativo estatal.
Y si este proceso, que parece impulsado universalme_nte por una
fuerza inexorable, no ha llegado, aún, hasta sus últimas consecuencias
en muy caracterizados países del mundo occidental, se debe sin duda,
a que
en éstos, los pueblos y sus clases dirigentes responden por el
momento a principios y valores "antiguos" muy arraigados en la
concie~ia colectiva pero desgraciadamente tergiversados o pudibun·
datnente silenciados por las minorías cultas a las que habitualmente
se confiere la formulación de la filosofía política "vigente" que jus­
tifica
los enttatnados del "establishernent". En efecto, en tales países
se
ma.:,tienen, de hecho, dispositivos jurídicos e instirucionales que
gatantizan en cierto modo la libertad del hombre por el ejercicio de
una amplia serie de "libertades" y de "autonomías jurisdiccionales"
con
las que se logran lúnites pata la potestad estatal (el poder pú­
blico, la corona, etc.) pese a que el conjunto
de los valores defendidos
y el sistema político imperante, se denominan conjuntamente, con
una sola palabra -bien equívoca, por cierro--que se ha convertido,
realmente, en una bandera: democracia. Es decir, la misma bandera
con la que,
de acuerdo con ottas filosofías políticas, se lucha por la
destrucción
de los valores "antiguos" y bien vigentes que el mundo
libre pretende mantener.
Ante tamaña confusión ideológica, ante tanta cobardía intelec­
tual del "mundo libre", no es fácil ser optimista respecto de las
siguientes etapas del proceso que afecta a la sociedad contemporánea.
Proceso que, como hemos tratado
de decir, está impulsado no sola­
mente por las fuerzas de la _subversión, sino también -salvo escasas
excepciones-por los políticos y los pensadores occidentales. Más
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GBRMAN ALVARBZ DE SOTOMAYOR
aún, es un proceso en el que todos hemos puesto la mano en nuestra
ansia
de participar, como sea, del "desarrollo".
Ahora bien, si no se oyen las voces de prudencia que aconsejan
frenar la insensata carrera empreridida, abrazados a los valores -an­
tiguos y nuevos--que necesitamos reconocer y proclamar y se sigue
el actual proceso de desintegración · de las sociedades humanas, será
muy difícil negar que todas las ventajas para el aprovechamiento de
los acontecimientos que habrán de seguir están en manos de quienes
más sistemáticamente emplean la lucha subversiva pata alcanzar el
poder e instaurar, con carácter prácticamente universal, la hegemo­
nía más tiránica, quizás, que
se haya conocido nunca.
Pero si tal llega a ocurrir, ¿será porque las fuerzas de la Revolu­
ción son
las únicas que se encuentran, como se dice, encaminadas a
los fines hacia donde sopla el viento de la Historia?
Esta suposición, que siempre que la oímos nos hace sonreír, pa­
raliza, en cambio, a multitud de personas. Pero hemos de aclarar que
nuestra sonrisa no obedece, como todos sabemos, a
un sentimiento
de superioridad en
nada ni frente a nadie. Obedece tan sólo a nuestra
firme creencia de que no hay tal "viento de la Historia", puesto que
una cosa
es el designio de Dios respecto del hombre, que ·está fuera
de la Historia,
y otra cosa es la Historia misma que es y será siempre
el mero relato
-más o menos afortunado o verídico-de cuanto el
hombre fue haciendo o dejado de hacer
-incluidos los disparates
más
gratuitos-a lo largo de los siglos. De ahí que nosotros pense­
mos que el hecho
-de admitir como viable un triunfo -siempre oca­
sional-de una determinada fuerza subversiva, no nos conduce a
reverenciar a dicha fuerza
ni a su ideología. Antes, al contrario, pen­
samos que el que acontezca
un triunfo de algo que es un disparate
es técnicamente posible si concurren una serie de circunstancias, pero
nunca dejará de ser
un disparate. Y si por· la Historia sabemos que
ninguna realización humana,
por gloriosa que haya llegado a ser, ha
podido resistir incólume durante siglos, sin que la alcance, al fin, la
ruina, bien seguros estamos de que
el triunfo de un disparate o de
algo intrínsecamente indeseable,
aparte de ser virtualmente evitable,
será siempre
-y pronto--perecedero. Este es el único viento de la
Historia que sopla sin descanso.
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SUBVERSION Y COLEGIOS PROFESIONALES
Una vez llegados a este punto y tras de haber proyectado ante
vosotros, como en precipitada cinta cinematográfica formada con tro­
zos, la imagen en movimiento que he alcanzado_ a componer respecto
del proceso de evolución de la sociedad occidental, hasta llegar al
momento actual,
es hora ya de referirnos al tema central de esta ex­
posición -los Colegios Profesionales y la subversión-, empalman­
do con la idea que en la iniciación de la misma quedó expresada y
que comprendía las siguientes afirmaciones:
I.ª Que la vida de los Colegios Profesionales ha entrado desde
no hace mucho -¿seis años?, ¿ocho años?-en una aguda fase con­
flictiva.
2.!l Que las tensiones conflictivas manifiestan un carácter emi­
nentemente político.
3.ª Qne es a todas luces evidente la manipulación de grupos
minoritarios de profesionales
especialmente preparados y dirigidos
para lograr el control de
los Colegios y lanzar a éstos a una bien
cordinada acción subversiva para
la conquista del poder político.
No estimo necesario probar tales afirmaciones, pues en los mo­
mentos actuales son compartidas por la inmensa mayoría de los pro­
fesionales "no comprometidos" con
la subversión e incluso, por la
totalidad de los que han podido observar de cerca la vida de los
.Colegios y sus mecanismos. Y, naturalmente, quienes rechazan tales
afirmaciones suelen ser-por razones tácticas-los "comprometidos".
Pero para entender bien "lo que pasa" en los Colegios y poder
calcular sin grandes errores lo que lógicamente "ha
de pasar aún",
conviene decir algo acerca de
Jo que los Colegios, de hecho y por
derecho, significan y
acerca de cómo y por qué están dejando de ser
lo que deberían haber sido.
En nuestro país, los Colegios Profesionales tienen orígenes cons­
titutivos muy varios. Algunos de ellos como los que agrupan juris­
tas o letrados -Notarios, Abogados, etc.-nacen antes de los al­
bores del Renacimiento o poco después, coincidiendo con la consoli­
dación del
Estado Moderno encarnado en las dinastías de la Monar­
quía tradicional. Tienen, por tanto, una alta y noble ejecutoria en el
ejercicio de sus funciones. Otros Colegios que agrupan a p.rofesiona-
1es de saberes técnicos, no jurídicos, son, como es naroral, de más
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moderna creación. Pero tanto unos como otros, · ton mayor o menor
tradición, significan mucho pan, la salud y vigor de la sociedad. El
mero hecho de agruparse en los respectivos Colegios los hombres
más competentes en el hacer colectivo y que intervienen, muy cua­
lificadamente, en todas las actividades económicas, industriales, cul­
rurales o sociales del país, permite atribuir a dichos Colegios fun­
ciones de la máxin;ia importancia, tanto de información como de
ordenamiento de aquellas actividades, aparte de las de una constante
puesta a punto de la formación cultural y técnica de
los propios fa­
cultativos, de las categorías y cualificaciones laborales, del condicio­
namiento del ejercicio profesional, etc. El cumplimiento de tales
funciones descargaría a los poderes públicos de una ingente labor
y atemperaría las improvisaciones y las injustificadas urgencias de
las decisiones políticas de los gobiernos al mejor servicio de las ne­
cesidades reales de la Sociedad, por. ser éstas mejor conocidas por los
profesionales que tan directa y permanentemente la sirven. Y donde
las funciones de los Colegios adquirirían su máxima eficacia seda. en
su asistencia a los miembros
de las comisiones legislativas de las
Cortes o cámara de representantes, en estrecha colaboración con los
Sindicatos.
Desgraciadamente, hemos tenido que emplear en
el párrafo pre­
cedente los verbos -en condicional, pues las acciones que desigrutn
podrían tener lugar, en efecto, pero apenas si lo han tenido y actual­
mente desde luego que no
lo tienen.
La vida de los Colegios, ya precaria por la limitación de sns fun­
ciones y por
la coyuntura histórica que precedió al Alzamiento Na­
cional, transcurrió aún desmayada durante años con acusado absen­
tismo de los propios profesionales colegiados, más especialmente
acusad._o en las grandes ciudades, entre los más calificados y con más
intenso ejercicio profesional.
La larga paz que se disfrutó en España a partir del final de
nuestra guerra civil y
la notable prosperidad que consecuentemente
llegó a alcanzar con -su esfuerzo el pueblo español, tuvieron como
contrapartida la escasa participación de éste en los quehaceres de la
cosa pública, entregada casi en exclusiva y muy gustosa y confiada­
mente a
los miembros de la estructura gubernamental, olvidando o
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SUBVERSION Y COLEGIOS PROFESIONALES
aplazando toda exigencia en cuanto a la formación de agrupaciones
coherentes para una serie de muy diversas actividades y en cuanto
al sano funcionamiento, con savia popular y realismo, de entidades
básicas. tradicionalmente preexistentes, como los municipios, los sin­
dicatos, etc. En una palabra, que al cabo de esta larga etapa, por el
peyorativo juicio popular de lo que significa la plabra "política"
y
por la confianza que la inmensa mayoría de las gentes laboriosas, de
buena fe e ilusionadas, han puesto en "la situación", se ha perdido
un. tiempo precioso para emprender la tatea -cada vez más dramá­
ticamente necesaria-de reconstruir la estructura orgánica de nues­
tra anémica sociedad, como camino único para impedirnos desem­
bocar en la radicalización de las luchas políticas y en la presunta y
temible caída en un totalitarismo estatal, que retrasaría indefinida­
menre la apertura de un lugar para España en el ámbito de la civili­
zación que, en su día, se proclame con derecho, heredera del viejo
mundo cristiano, y de lo más noble de las antiguas culturas que nos
han precedido.
Durante los últimos años, los Colegios Profesionales han desper­
tado de su marasmo y comienzan a mostrar una actividad cada vez
más tumultuosa.
El establecimiento en la vida profesional de sucesivas promociones
de facultativos jóvenes sin experiencia
ni vinculación alguna respecto
de "lo que ocurrió" hace más de treinta años, unido a la enervación
general por tantos problemas profesionales sin resolver -ni apenas
plantear o
confesar-han conducido a que se llenen de un malsano
contenido político los odres vacíos que muchos, si no todos, de dichos
Colegios venían siendo. Es malsano este nuevo contenido porque los
Colegios no son ni deberán ser nunca palestra política en un sentido
lato. Pero a falta de otros instrumentos sociales específicamente cons­
truídos para los análisis
y los condicionamientos de las decisiones pu­
ramente políticas, los Colegios vinieron a servir, en efecto, de vehículo
para la promoción de ideas generales y para la expresión de actitu­
des críticas -incluso las más radicales-que en ningún otro lugar
pueden tener expresión
y someterse a controversia. Ante la intensa
politización, bien conducida por minorías agresivas frente al Régi­
men, .éste busca los medios de defenderse y va logrando -cida vez
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con mayor dificultad-movilizar a cuantos le son fieles o que se
supone deberían serlo, para bloquear a los grupos politizados de signo
adverso.
Es decir, que frente al mal de la politización, se nos sirve
más politizaclón. Y, precisamente, en los Colegios que, así, de este
modo, nunca podrán cumplir sus verdaderos fines sociales que por
referirse a problemas concretos y parciales, pero muy reales, deben
servir de base a la_ política, pero sin constituir, tales · fines, por sí
mismos, la política.
Un simple espectador de cualquier algarach! -una junta general,
por ejemplo-, en cualquier Colegio, saca la impresión de que cuan­
to ha dado lugar a la misma es que una buena parte de los Colegia­
dos lo que pretenden
es la defensa y la continuación del Régimen o
_ -a menor escala-de "la situación", en tanto que otra parte, nada
despreciable, persigue dar "el alto"" a uno u otra.
Pero los problemas reales y concretos siguen en pie con
el menos­
precio general. Y, muy presumiblemente, si alguna junta de gobierno
pretende plantear y resolver en los momentos actuales uno solo,
si­
quiera, de tales problemas, la inmensa mayoría de los Colegiados co­
menzarían, quizás, a sentir aburrimiento y a al,andonar los locales
del Colegio.
En honor a la verdad hay que decir que en alguna ocasión una
determinada jerarquía del equipo de gobierno de la Nación solicita
un juicio, dictamen o informe de un Colegio Profesional relativo a
un problema típicamente encuadrado en la competencia del mismo,
como, por ejemplo, cuando
se solicitó por uoa Dirección General dic­
tamen de los Colegios de Arquitectos relativo a las atribuciones y
responsabilidades en su ejercicio profesional de
los facultativos ti­
tulad.os, con distintos· grá.dos, que como tales intervienen en la cons­
trucción, para, en consecuencia, dictar o promover las disposiciones
legales que condujeran a ordenar convenientemente
tal actividad in­
dustrial y económica. Es forzoso declarar que, ni en tal caso concreto
ni en otros muchos, los Colegios apenas si fueron capaces de mal
cumplir lo que de ellos se solicitaba, al cabo de agotar los plazos y
sucesivas prórrogas que, muy pacientemente, la jerarquía guberna­
mental habla concedido. Pero, eso sí, el cumplimiento de una tarea
semejatite, encomendada a un Colegio determinado sirve siempre de
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SUBVERSION Y COLF.GIOS PROFESIONALES
pretexta para ruidosos enfrentamientos de grupos ideológicos contra­
rios con protestas, comisiones que dimiten, nuevas designaciones, más
dimisiones, elecciones de cargos directivos, etc. Pero, lo que es más
sorprendente, sin que se declare por nadie, ni siquiera se admita, que
se trata de una lucha ideológica y sin que se mencione pata nada ni
por nadie en
el transcurso de las discusiones cuáles son, cómo se
denominan usualmente las ideologías en colisión.
El tema que más recientemente ha puesto en tensión de lucha
a determinados Colegios Profesionales ha sido la discusión en . las
Cortes del Proyecto de
Ley que regulará sus funciones, así como las
rela<;iones de los mismos con el Poder ejecutivo.
Existía el temor o la suspicacia de que en la
Ley que al fin se
promulgase, la autonomía y la personalidad de los Colegios quedase
anulada o muy disminuida al quedar constituidos como "entidades
de derecho público", dependientes de
los Ministerios de los ramos
más afines con la naturaleza de cada Colegio. A
causa de ello la
agitación promovida fue extraordinaria, lo que no es de extrañar pues
está en el ánimo de todos que este concepto de la "dependencia" gu­
bernativa sería de Jo más dañino y torpe que se pudiera pretender.
Al fin, en la Ley que definitivamente fue promulgada se reconoce
a los Colegios su autonomía e independencia, si bien con ciertas cau­
telas como el sometimiento de los Colegios al Control de los Con­
sejos Superiores, la exigencia del juramento -¿de adhesión?, ¿de
acatamiento?-a los candidatos en las elecciones de cargos ditecti­
vos,
etc., con las que el Estado parece querer reservarse la capacidad
de decit la
última palabra. Bien. Pero aunque tales cautelas son itre­
levantes y, además, poco eficaces, los Colegios se mantienen en agi­
tación, mientras los agitadores se rasgan las vestiduras y claman por
la libertad y la independencia de las corporaciones frente al movi­
mienro absorbente

del poder público
que, muy aitados, denuncian.
Pero todo esto constituye, tan sólo, un anecdotario de incidencias
más o menos irritantes o simplemente pintorescas, que en todo caso
sirven -y por ello se mencionan-de ilustraciones bastante signifi­
cativas de la realidad que hoy muestran los Colegios Profesionales,
rto muy distinta de la que ofrece la sociedad española en su conjunto.
La actitud del Estado o, mejor, la de los equipos de gobierno, con
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respecto a los Colegios, es más bien dubitativa. De una parte, se trata
de eliminar --o escamotear- los problemas, siquiera sea momen­
táneamente, pero sin acometerlos a fondo, empleando · el tiempo y los
medios que se precisen.
Se trata, también, de buscar las máximas fa­
cilidades para la acción de gobierno aun a costa de provocar la in­
hibición o la parálisis en las zonas más vivas y activas de la sociedad
como de hecho son las que incluyen a los profesionales de muy va­
riadas competencias. Concretamente, en cuanto se refiere a los Co­
legios, muchos hombres de gobierno no sienten la menor inquietud
si· la vida de aquéllos se mttestra lánguida y a punto de extinción,
pero se muestran especialmente sensibles y afectados en cuanto los
Colegios, precisamente por su postración, son utilizados por los agi­
tadores pata producir dolor de cabeza y cansancio al Poder Público y
poder
profundizar la penetración ideológica. El peligro está en que
la provocación, perfectamente premeditada por
los agitadores, pro­
duzca el apetecido resultado de que
el Poder, sin pensárselo mucho,
suelte unos ruan tos manotazos inelegantes y, desde luego, ineficaces,
de los que tenga que arrepentirse.
Este peligro es real porque, en sú mayor parte, los hombres de
gobierno no parecen dispuestos a aclarar la confusión reinante al no.
aceptar que existe una irivasión de demagogia y un avance impresio­
nante, especialmente en la juventud, de las ideas revolucionarias
-in­
cluidas las más polvorientas y envejecidas-que servirán, al menos,
pata
lograr el desarme moral y psicológico· de las nuevas generaciones
políticamente inexpertas. Muchos hombres de gobierno,
como de­
cimos, pretenden combatir la demagogia y 1a· subversión, silehciando
con varios recursos
-a veces pueriles--el fragor de la" lucha y acep·­
tando que s.ea el enemigo -no tanto del gobierno como de toda
sociedad libre y
sana-quien elija el campo de batalla. Los Colegios
Profesionales son, hoy, uno de estos campos, a los que se nos propo­
ne acudir sin la
máS elemental preparación, y, además, sin armamen­
to. Y si alguien de los llamados :dispone de algunci -de carácter
ideológico, naturalmente-es invitado a que lo oculte, para que
nadie, ni siquiera de entre
"los de enfrente", se escandalice. Y no so­
lamente se admite que sean los agitadores quienes elijan el campo de
juego, sino qué tambi_én son ellos quienes, prácticamente, imponen
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SUBVERSION Y COLEGIOS PROFESIONALES
las reglas del mismo y el cuadro de significados de cada movimiento
sobre el tablero. Así resulta que votar en contra o reservar el voto
ante una declaración
éorporativa en la que se solicita, por ejemplo,
la condonación de pena de muerte impuesta por los Tribunales a un
terrorista por sus crímenes, significa votar o abstenerse en favor del
gobierno, o lo que es lo misnio,
tstar de acuerdo con cualquier "vio­
lencia estructural".
Si
existe, como es manifiesto, una gran tensión política soterrada
y un alarmante avance de las ideologías políticas, totalmente advet·
sas al esfuerzo heroico del pueblo español iniciado un 18 de julio que
a muchos parece ya remoto, resulta muy extraño que no se hable de
ello,
y más extraño, aún, que no se prepare a la gente, a· 1a sociedad,
para hacer frente a la grave crisis política y social que, · según todos
los indicios, nos amenaza. Y somos ya legión los que pensamos que
con las estructuras. de gobierno del país o, incluso, sin ellas, es mucho
y urgente lo que hay que hacer, y ha de ser más apremiante nuestra
tarea si los hombres de gobierno -entre los que hay algunos, aún,
con los que coincidimos en puntos esenciales-piensan que la misión
del podet ejecutivo debe limitarse, hoy, a procutar el orden público
y
a que
se cumplan las Leyes, eludiendo toda intervención -y hasta
obstruyéndola- en la debida formación ideológica y política del
pueblo.
De ser esto así, debería, a nuestro juicio, ser claramente mani­
festado para que la sociedad, movilizando sus propias fuerzas y re­
cutsos y al margen de todo estímulo gubernamental, se aprestase a la
formación de sus propios cuadros de acción política y social.
Por consiguiente, podemos afirmar que con ordenamiento jurí­
dico de la tan manoseada "participación", o sin él, ha llegado el
momento de intervenir individualmente o en las agrupaciones que '
con distintos matices hayan de formarse, en el campo abierto de la
lucha ideológica y civil. Campo éste más amplio y a más alto nivel
que
el que constituye el ámbito de actividad de los Colegios Profe.
sionales. Decimos, de actividad normal, sana y privativa, que se en­
laza naturalmente y por fluencia con la actividad política supetior
pero por cauces netamente diferenciados.
La necesidad de movilización genetal para· acudir al campo de
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GERMAN ALV AREZ DE SOTOMAYOR
lucha política es ya urgente, puesto que en él y muy en breve tendrán
lugar las confrontaciones entre las diversas orientaciones políticas y
en él se despejará, antes o después, la incógnita de si las previsiones
institucionales adoptadas en nuestro país sirven o no para salvar,
con continuidad esencial, la evolución y el desatrollo político de Es­
paña descartando toda ruptura violenta que sería swnamente grave
e indeseable.
Pero, entendámonos; la lucha no ha de plantearse como una de­
fensa a ultranza de todas y de cada una de las piezas del entramado
político que hoy tenemos ante nuestros ojos. En primer
lugat, porque
tal "solución" política, según sus propios responsables, se encuentra
en evolución y, por cuanto venimos viendo, se admite la discusión
respecro de sus ulteriores transformaciones. En segundo lugar porque,
en definitiva, entendemos que desde soluciones de entramado político
muy diversas pueden asumirse principios
y valores capá.ces de re­
construir la sociedad o, por
el contrario, puede ser ésta definitiva­
mente aniquilada más o menos conscientemente.
La lucha debe plántearse, ante todo, contra la subversión, ya que
el objetivo que ésta persigue no se limita solamente a un cambio de
estructura política, sino que pretende un cambio profundo del
hom­
bre y de la sociedad que equivale a su inmersión en una larga noche
de indignidad y de esclavitud a través del "pataiso artificial" de la
utopía socialista.
Solamente la victoria contra la subversión, en el terreno de las
ideas y de las realizaciones, puede salvat a nuestra. sociedad, pero pata
que tal Victoria se produzca es preciso tener fe y confianza en que
los principios
y valores que defendemos son, precisamente, los que
la sociedad y los hombres ---.ean o no conscientes de ello-necesitan
pata vivir con libertad
y dignidad. Es preciso, tatnbién, llegat a co­
nocer a fondo las proposiciones y los objetivos inmediatos de la sub­
versión -encu}liertos siempre bajo apariencias de realidades y ver­
dades patciales que es preciso analizar pata señalat los errores y des­
enmascarat los fines destructores que la subversión persigue. Afor­
tunadamente, los errores de fondo y los tácticos que cometen los pro­
motores
de la lucha subversiva son abundantes y, para quienes ·tienen
experiencia, bien visibles.
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SUBVERSION Y COLEGIOS PROFESIONALES
La victoria sobre la subversión no es, por tanto, muy difícil si se
parte de la firme decisión de servir los verdaderos intereses de nues­
tro pueblo y no otros y si se da una condición: la de que los hombres
que nos gobiernen, a mayor o menor nivel, sepan realmente de qué
se trata. Es decir, que sepan quién es el enemigo, que tengan fe en
los prin~ipios que hay que defender y que tengan el valor de procla­
marlo y de combatir por ellos. Y si esos hombres no cumplen ral
condición, pero tienen honor y sentido de la responsabilidad, deberán
manifestarlo. Aun así la lucha y
la victoria todavía serían posibles
si supiéramos, al comenzar aquélla, en tal caso que carecíamos de
Jefes. Así ocurrió, por ejemplo, en julio de 1936, en los primeros días
del Alzamiento Nacional. No había Jefe, pero pronto se encontro uno.
Nos ~tamos refiriendo a la urgencia de una movilización ge­
neral para la lucha contra la subversión, una lucha psicológica y po­
lítica en Jo cultural y en Jo social, seguramente incruenta -así Jo
desamas-en el campo abierto donde legítima y normalmente debe
ser planteada. Pero ¿existe, ahora, este campo? Entendemos que no.
Al menos no se nos muestra dónde hemos de encontrarlo. Y si esto
es así, queda aclarado el porqué la subversión fomenta el clima de
confusión
---€n el que se desarrolla y se completa-y por qué y
cómo se filtra en las mentes y en las conciencias, subrepticiamente,
a través de los medios
de información, de muy dispares tendencias,
incluidos los que dependen administrativa y económicamente de de­
terminados órganos o servicios del Movimiento. El que no -exista,
claramente definido, un campo de participación política, explica el
que la subversión, amparada por la confusión, convierta cuanto_ le
viene a
la mano en baluarte de lucha y de penetración. Así es como
los agentes subversivos, muy inteligentemente, han descubierto y
utilizado a los Colegios Profesionales, pero eludiendo con gran ha­
bilidad, inclu_so con los estatutos en-la mano, la confrontación ideo­
lógica y la previa definición de principios y de objetivos extra-cole­
giales que realmente sirven
los conductores de tal acción subversiva,
puesto que
si aceptasen ral clarificación no contarían con la adhesión
de la gran masa que incautamente les sigue.
¿Cuál podría ser, entonces, el modo de acción y de lucha contra
la subversión en los Colegios Profesionales, sin perjuicio de otras
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GER.MAN ALV AREZ DE SOTOMAYOR
acciones, absolutamente necesarias y urgentes, al nivel superior de
confrontación política?
A nuestro juicio, lo más importante es no olvidar nunca, en toda
acción dentro del ámbito de los Colegios, que la inmensa mayoría
de cuantos siguen y corean a los promotores de la acción subversiva
ignoran los verdaderos móviles de quienes las conducen y que se
encuentran¡ aún, muy lejos de una completa y profunda _politización
o mentalización ideológica de signo revolucionario antisocial.
Es con estos grupos de gentes no bien formadas con quienes hay
que contar, mostrándoles
en todo momento y ocasión cuáles son las
raíces ideológicas
y las consecuencias de las proposiciones o de las
negaciones de los agentes conductores, para llegar, paulatinamente,
al desenmascaramiento de dichos agentes o voceros hasta situarlos
-inequívocamente
en el grupo ideológico al que de hecho pertenecen.
Poder llegar,
por tanto, a dar los verdaderos nombres de las ideolo­
gías que tratan de introducirse de contrabando, puesto que esto es,
con razón, lo que tales guías
temen más.
Al mismo tiempo, ha de tomarse la iniciativa de plantear con
verdad
y claridad los temas y los problemas concretos cuyo plantea­
miento
y resolución entran de lleno en la misión de cada Colegio.
Y esto
ha de hacerse, tanto si se cuenta como si no se cuenta con el
beneplácito de la Administración. Y en el planteamiento
de tales
problemas como
en las propuestas de acuerdos o de soluciones, sería
necesario hacerlo siempre sobre
claros razonamientos que tengan
como base el cimiento doctrinal con
el cual puede construirse una
sociedad sana
y libre que sepa, a sú vez, edificar o mantener un Es­
taclo fuerte pero jamás totalitarÍb, al servicio de aquélla y, en defi­
nitiva, del hombre.
Para
esta lucha, al nivel de los Colegios o al nivel superior de la
confrontación o participación política, es preciso, inevitablemente
y
como condici6n previa a toda acción, una sólida formación, fe firme
e, incluso, valor y decisión.
Preparémonos,
por tanto, sin pérdida de tiempo a alcanzar este
"armamento" moral e

- intelectual, porque
--estamos bien seguios­
:bie-n, pronto fo vamos a necésítar algunos millares de hombres en
Espafia;
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