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Historia y utopía

HISTORIA Y U'l10PIA
POR
]ORGB USCA.TBSCU.
Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.
Durante !Jelleraciones, las ideologías políticas y culturales han
""'1tado lo que una tradición idealista había vmido en llamar el
sentido de la historia. Poseer el sentido de la historia, marchar en el
sentido de la historia, manejar históricamente la dialéctica de los
medios
y los fines, operant>e en términos de modernidad, en el sen­
tido de la historia, era como Ul1 signo de acrualidad, de presencia,
de vigencia de una ideología dominan.te.
Todo !o que permanecía fuera de esta dimensión, perten. los dominios
de la Utopía. Ni siquiera las agudas disquisiciones
sobre
detettminaclas semejanzas, entre Ideología y Utopía, no sólo
no anulaban esta persp ludio especulativo
de una situación que inelro producir. Una situación en que lo que se había llamado el sentido
de
la historia sufriría = proceso de esclerosis dentro del cual gran­
des sis1lemaS, COllStrUCCiones arilficiares y esquemas de arácter gi­
gantesco destrui.ían Ul1 vivo sentimiento dcl devenilr, del movi­
miento;
de la· dinámica hist&ica. Esta nueva situación tiene detrás
Ul1 prooeso y una experiencia intel más important.es etapas en su conocida obra "De Hegel a Nietzs­
che", pero que va más lejos en el sentido de que se prolonga más
cerca de nuestra propia· realidad. Fue, en efecto, la exaltación de la
historia y del sentido histórico lo que Nietzsdhe denunció. Mien­
tras para su contemporáneo, Marx, la historia se convertía en Ideo­
logía, · para Nietzsdie la historia se cambiaba en cultura. m sentido
de la historia. llevoJba ·inexomblernente del idealismo a1 ptagme.cis-
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mo y el autor de "'.l.a.rathusora" podía exclamar: "Aquí ya no hay
P"imavera".
Paro la destrucción de la hisroria que Nietzsehe propugnaba era
una
falsa destrucción. Al sentido idea:Iista de la historia que accedía
al mismo tiempo a una especie de sentido triunfalista de la cultu­
ra,
Nietzsche pretendía sustituir el triunfo de la voluntad liberta­
dora
y mensajera, de la alegría, triunfo del derecho de los señores
de la tidrra de crear valores, la superioridad de las fuerzas activas
y vitales. En realidad, su propia doctrina pretendía colocarse en el
sen•ido de la historia y participaba del destino de la explosión con­
junta
de las energías históricas y culrurales de nuestro siglo. Lo que
bahían sido siempre manifestaOi.one.s especificas de la historia vi­
vida,
Estado, Sociedad., Cultura, h:JJbían alcanzado mientlras tanto
proporciones gigantescas, hasta
el punto que la Historia parece abo­
cada inexorablemente a
la Utopía.
La imaginación utópica había sido siempre un rerut$> pecuHar
de la mente dcl hombre. Durante siglos y milenios el hombre ha­
bfa buscado
en la Utopía una forma de evasión o la expresión de
un deseo de crear formas ideales de convivencia humana. Las Uto­
pías clásicas, Platón, Morus, Campanella,
Bacon, Fourier, W ells, res­
ponden a
esta caracterlstica del pensamiento utópico como expre­
sión
de la imagioodón creadora. Pero el hombre ha llegado a una
situación que ,Je era absolutamente desconocida. Al momento en que
la Historia. misma, con . todas sus tnanifestaciones reales, se trasvasa
en las dimensiones de la Uropfa. Las coo.secuencias de este proceso
inédito
son de vasro a:lau,re. Su p,imera manifestación en el pre­
sente siglo la ilustra la posibilidad de que una construcción social
y revolucionaria puramente
utópica, tomo fue el romuniamo de
l.enin, se convirtiera en gigaoresca operación en el plano de. la rea­
lidad
sab,:,e una supe,ficie del planeta que va ahora ck&le el Vlstula
hasta el Mar Amarillo.
No queda fuera de este ronoexro, oi mucho menos, el destino de
la cultura eo cuanto expresión del sentido 'hist6rico. Tres aspectos
serían suficientes
para füistrarnos, como experiencia que nos es ra­
dicalinen referimos a la interpretoción de los hechos de la cultura y la crea-
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tividad que ros brindan los progresos en el campo ele la lingüística,
el _¡,,iroanálisis y el $0ciologi=o oientífioo. Si a todo ello agrega­
tros
las perspectivas que en makil:ia cleJ destiuo cultural y existen­
cial del hombre ros ofrecen los dominios· eiro,sbi1i!Jttes de la biolo­
gía, la cibernética, quizá logremos ofrecer una perspectiva Jo
más completa de la si=ión en esta oompleja, fascinante y en más
de
un sentido angustiosa materia. Vertida la propia pulsación . del
devenir en las dimensiones de la Utopía, la propia condición del
ser del
hombre= ser histórioo acaso responda a aquella exigen­
cia formulada par HeLclegger, . cuando deseaba perum la historia no
desde el punto de vista de 'lo aoontecido siuo a partir de su pro­
cedencia esencial; a saber, a partir del destino del ser.
• • •
Una cuestión preliminar se plantea. ¿Cuál es el carácter mismo
de la historicidad del hombte, en un momento en que, según todos
los
corolarios lógicos, la Historia se manifiesta en término de Uto­
pía?
Los progresos tecnológiws, la mmersión del hombre y su con­
texto social en la filosofía de la cibernética, hace que se enfrenten,
en un terreno de enruen.tro entre Historia y Utopía, elementos sis­
temáticos de la vida y la organización socia!!, estáticos por su propia
oontenura, con elementos profundamente oonflictivos, dinámioos por
su propia esencia. Sólo un encuentro, absolutamente inédito en la
evolución de
las formas sociales humanas, entre Utopía e Historia,
pueden
ofrooer esta situación, inédita y paru!ójica al mismo tiem­
po. Una profunda
ambigüedad nace ele ara situación. Para conci1iar
estas posiciones contradicrorias, la nneva sociología opta por oonver­
tir a la tecnología la nueva idea de la historicidad (1). La propia
definición
de la tecnología, elemento integrador de la Utopía con­
temporánea, iutenta responder a esta situación evidentemente atnbi­
gna. "¿Qué es la sociología?, se pregunta Touraine. O bien ella apa­
rece romo un mundo autónomo; un conjunta de costreñimientos a
(1) Cfr. Ala.in Touraine, Polir la Soriologie, Ed. Senil, París 1974, pá­
ginas -93 y sigs.
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los cuales la sociedad, considerada como sujeto, se adápta, resiste o
sucumbe, o bien es ella misma la expresión de una voluntad conquis­
tadora, y en este caso el uso y el desarrollo mismo de la tecnología
no son sino el resultado de un conjunto muy complejo de elementos
que concurren en la formación de esta voluntad y por tanto de una
política.
De otra forma, alternativamente el progreso tecnológiro
es presentado ya como una fuerza, un principio, ronstitutivo de la
realidad social, y en este caso no se comprende la diversidad de for­
mas
de organización ,socia:! que rorresponden a un estado dado de
la tecnología,
ya como un instrumento cada vez más efi= al ser­
vicio de intenciones sociales, y entonces deja de tener un papel en
el análisis
social por cuanto no haoe sino revelar medios y no pue­
de determinar la decisión y ron ello 'la organización social".
La tecnología, insertada en un nuevo tipo de historicidad, acentóa
el
carácter sistemátiro y las construcciones utópicas de la organiza­
ción socia,!. Pero esta situación, que busca por todos ios medios la
perfección, la planificación de la vida, la participación, no sólo no
anula o disminuye la conflictividad, sino que descubre nuevas for­
mas de
conflictividad social, de violencia, de búsqueda incesante
de nuevas
formas de valores. Historicidad y nihilismo coinciden en
una especie ere "orden anárquico" que tiene pretensiones de alcan­
ce planetatio y que ofrece las motivaciones de un falso dinamismo
histótico, cuyo impulso preponderante
es precisamente la conflicti­
vidad. Pái:a defirur esta nueva forma de historicidad, la socioiogfa
última afitma que 1o que define todo tipo de sociedad no es suma­
nera de fundonat, sino su capacidad de transformarse. Pero esta
capacidad de ttansforriiarse ¿es de veras el carácter definidor de la
nueva
sociedad tecnO!ógica? ¿No es su tendencia integradora de
gmndes sistemas ó sistemas de sistemas, una tendencia de catácter
eleata,.
una aspitación • hacia la perfección estática, un deseo funcio­
nal de eliminar lós eleiirenros oonflictivós en pequeña o gtande es­
cala? ¿No responde a un carácter profundamente hlstótiro, su deseo
de
coherencia interior, la cdlrnioación de los resultados de las citen­
ci35 humanas en una visión combinatoria, que tiene su per_fecta de­
finición en los · resultados .últimos · de la sociología estructuralista?
Modelo, estructuta, lenguaje, nivel, discurso, todo tiende a· alcanzar
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como primer objetivo un tipo de coherencia social sistemática, que
rechaza
de plano toda comprensión de la historia y consideta su­
petada la idea de la hisroricidad del hombre, integrado en la vasta
fórmula
utópica de la combinación universal. Se llega así a una
forma de
nihilismo que recuerda el nihilismo de los sofistas, !os
"ideólogos" enemigos de Sócrates, a los cuales Platón intenta opo,
nedes
una forma de Utopfa de la Ciudad petfecta, cuya ontología
es radicalmente distiota de la Utopía estructu.talistica de hoy, pat•
tícipe precisamente del leoguaje ideológico del nihilismo que ali·
menta sus
· fórmulas con los recuerdos del arte combinatorio de la
cibernética. De esta forma, Trasimarco se encuentra con Zaramus­
tra, sin que en el camino que media entre elloo enconttemOS por
nioguna parre la presencia de Sócrates. En este camino se encuen­
tra acaso
solamente la sombra de Hobbes, con su Leviat!han, su gran
máquina, su "magnum artificium.".
• • •
Lo que sí recuerda en forma patente la preseocia de los sofistas
en este encuentro entre Utopía e Historia, es un aspecto que fue
patente entonces en su actitud y que sigue adqultiendo formas ex­
tremadas hoy. Se trata de la autonomía del lenguaje que se traduce
en una
especie de meta:lenguaje que justifica el predominio del sis­
tema como regla de vida histórica. Una sociedad de esttuctu.ta pla­
netaria aparece como resultado de una serie de sistemas, ordenados
según una
"esttuctu.ta lineal", destinados a alcanzar la coherencia de
una
realidad globalizada. "La tesis dogmática del sistema unimrio,
=ela una voluntad de sistematización más que un conocimiento.
Se trata de una voluntad que se disimule bajo el lenguaje del rigor"
(2). Nos
hallamos en pleno met:tleoguaje de la técnica y la ciber­
nética, que en realidad no es otra cosa sioo· el mismo nuevo meta'
lenguaje de la filosofía.· Su justificación no es en absoluto metafí­
sica, sino sociológica, resultado del desarrollo último con agotaniien-
(2) Hen!'i LéfébVre, L'ldéolr>Kie Straclliraliste, Ed. Anthropos, París, 1971,
página 98.
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to de las propias posibilidade, de 'las "Ciencias humanas". A través
de esta nueva fórmula de metalenguaje, la Utopía no es un paradig­
ma de evasión de la Historia, sino que pretende ser la Historia misma.
Es
interpretación del mundo. mediante su propia transformación a
la manera revolucionaria
de Marx; es raciona1izaci6n y neutralidad
axiológica ,obre las huellas del pensamiento Sociológico de Max
Weber; es totalización en el espíritu de las reintegraciones intelec­
tuales post-marxistas. Pero todo .excluye una filo,ofía de ,la Historia,
con
todas sus posibilidades, conduciéndola el sistema racional y ra­
cionaliunte, en el espíritu ambiguo de la "Dialectik der Aufkla­
rung", dialéctica de la razón, ampliamente explicitada en la última
fase de, totalizaciones post-marxistas por Adorno y Horkheimer. Se
trata de una "alta" racionalización o racionaliución "desde Jo alto",
que se inspira en una idwlogfa positivista común inspirada en una
conciencia
tecnocrática, definida pot una. sociología de la ambigüe­
dad como ideología de "reemplaro". Todo responde a un modelo de
desarrollo sociocuitura[ de la humanidad, qwe sustituye a un viejo
modelo
revolucionario de adaptación activa, un modelo sistemático
de adaptación pasiva (3). Se trata de. un modelo que según el len­
guaje
Sociológico en USo representa el fina:I de la "prehistoria". Pero
dentro
de estas fuerzas de la "prehistoria" estáu latentes fuerzas
sociales, que han servido oo sollamente para perfilar las formas ar­
quetípicas de.
los modelos activos de . transformación, sino también
las dimensiones sistemáticas de los modelos pasivos. de adaptación.
Jürgen Habermas antepone a su análisis de la teoría de los sis­
temas que determina el encuentro definitivo entre Utopía e Histo­
ria, las propias ideas
de Marx sobre el papel revolucionario de la
burguesía en la fase operativa de los modelos activos de transfor­
mación
Sociocultural. "La burguesía, proclama Marx ,en una parte
difuminada por la conciencia posterior de un proce,o revolucionario
profundo,
oo puede existir sin revolucionar constantemente los ins­
trumentos
de producción a saber, todos los nexos sociales. En el cur,
So de su dominio de clase apenas secular, la burguesía ha oreado
(3) fürg,,n Habennas, Technik 11nd Wissensch Verlag, Frankfurt am Main, 1968.
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fuerzas productivas más numerosas y más colosales de !o que habían
hooho !as generaciones pasadas todas juntas. La sujeción de las
fuerzas
de la naturaleza, el maquinrsmo, la aplicación de la quími­
ca a la industria y la agriotltura, la navegación a vapor, !os f,erroca­
rriles, los telégralfos eléctricos, el cultivo de continentes enreros"
(Manifiesto comunista). Pero rodas estas posibilidades enormes de
la fase paleotécnica, la neotécnica !as proyecta primero en un mo­
delo institucional ··de adaptación activa, modelo sistemático que se:.
gún Marx hace que loo logros ingentes de la burguesía no. tengan
tiem¡x, para esclerosarse. Una nueva conciencia tecnocrática crea
un lengua je predispuesto a ofrecer un sistema de actividad racional
cuya "humanización" la
burocracia la impide, cualquiera que sea el
modelo ideológico que
se adopte. Un vasto océano ele sistematiza­
ciones axiológicamente nenrrales sobre
el cual se proyecta el fan­
tasma utópico-cibernético de "una autoestabllización de las socieda­
des, de alguna manera anó!logo a:! instinto" (Habermas).
• • •
La Utopía tecnocrática que excluye de plano toda filosofía de
la Historia se reclama ante todo de un discurso científico y amplia­
mente sistemático (4).
La conciencia tecnocrática busca un impulso
ideológico a la
vez que una integración sistemática. Pero gradual­
mente la propia ideología
cede su terreno al sistema. Las implicacio­
nes sociales
y políticas se van esfumando, a medida que al "horno
faber",
protagonista de la civilización tecnológica, le sustituye el
"horno fabricatus", elemento constitutivo del sistema que define
íntegra la civilización cibernética.
Se sigue hablando de fa "fuerza
·
ideológica" de una .. conciencia tecnocrática", como intenta suge­
rirlo Habermas. De una lógica histórica interna del desarrollo téc­
nico, como sustenta Arnold Gehlen (5), en base a la cual, según
un tipo nuevo de actividad
raciona!! se opera una rransferencia del
organismo humano al plano de las máquinas, de acuerdo con una
( 4) Cfr. H. Schelsky, Der Mensch in der technischen ZivilisatioTJ, 1961.
(5) Cfr. Arno'ld Gehlen, Ober Ku/turelle KrtJtallisationen (cit. Habennas).
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JOI{GE USCATESCU
supuesta intencionalidad tecnocrática. Lo cierto es que dificultades
insuperables se oponen a la
unión "racional" entre una Utopía tec­
nocrática
y una llruruida Idrología recnocrática. Posible esta unión
en los dominios de la Política
y la Sociedad, en la integn,ción ciber­
nética
del universo social, económico, humano, la Utopía devora
toda conciencia ideológica, así como conswne todo sentido de la
historicidad. Esta Utopía
sistemática se nutre de modelos, una no­
ción de utilidad metodológica, que sirve para "disimular la ten­
dencia
hacia la ontología del sistema'" (6). Tendencia típica del pen­
samiento estructura1ista, que oscila entre una acepción "inteligible
y cientffica" y una acepción "rea,l" del concepto de modelo, osci­
lación catacrerística de las ciencias llamadas humanas. Se llega así
a una negación
de la comprensión de la dinámica histórica y a la
voluntad
de conocimiento se 91.lStituy,, una voluntad de sistemati­
zación, que apela continuamente al rigor, -ai lenguaje, a la "escri~
tura". Se abren así toda una serie de rombas: del humanismo, de
la filosofía, de las ciencias del hombre. Ante estas tumbas abiertas
se elevan los monumentos a la coherencia, a la totalidad, a1 siste­
ma. Los nuevos enterradores son los nuevos sofistas. Virtuosos del
metalenguaje, dominadores del sistema y la voluntad de sistema.
Realistas y nominalistas, por una vez, acaso definitivamente unidos
en una voluntad de descarnar
1a historia de su contenido, procla­
mando la ontología del Sistema como tal.
Estamos 1lejos, de esta forma, del esquema interrelacional entre
Ideología
y Utopía que formulara Mannheim, y de los elementos
integradores de
esta· relación en una ontología de la Utopía. La
evolución de la ,ea!idad social moderna parecía destinada a refor­
zar la vigencia de Ideología y Utopía, configuradas en una espe­
cie de unidad epistemológica"(7). En plena vigencia de las "mito­
logías artificiales", hay quien
perfila una supervivencia de las Ideo­
logías, como forma de manifestación y comportamiento en e[ ám­
bito de la Utopía cibernética. "La paradoja de la situación actual,
( 6) Cfr. Henri Lefebvre, VerJ le Cybernanthrope1 Ed. Denoel, París, 1967-
71, págs. 106 y sigs.
(7) ar. George Uscatescu, Utop/a y plenitud histórica, Ed. Guadarrama,
Madrid, 1963, págs. 137 y sigs.
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se nos dice, es que la crisis de '.las viejas ideologías implica una "de­
sideologización" aparente. La "desideologización" significa solamen­
te la disolución de las refetencias ideológicas: religiones, códigos
morales, humanismo. Pero
esta crisis permite la introducción de
nuevos mitos y nuevas ideologías, entre otras los y las del consumo,
bajo capa
de "no-ideología" (de rigor, de ciencia, de realidad posi­
tiva y observable, etc.). Lo que no impide los resurgimientos de vie­
jas ideologías, que no aparecen ya como reptesentaciones, sino como
nostalgias o como utopías abstractas (religiones, morales, estéticas)
(8). Se quiete salvat la Ideología, entendiendo la Utopía como es­
trategia dialéctica de Jo imposible.
• • •
Desde otto sector, la intetptetación se reclama del cará= ut6-
pico
de las Ideologías. Así son entendidas las Ideologías modetnas,
desde Rousseau hasta
Matcuse, el mito del buen salvaje, la mujet en
la Utopía de Comte, el proletatio de Marx, el joven de Marcuse, de
los profetas
de Betkeley, de las comunas hippies o chinas, y del mito
del
"paradise now". Entre el triunfo del vitalismo y sus doctrinas de
hetencia nietzscheana y la Utopía tecnoctática que nos lleva al "des­
potismo ilustrado" de la Técnica, se establecen nuevas conexiones
(9).
Por un lado la Ideología lleva a la Utopía cibetnética y al Sis­
tema;
por otro lado 1a propia Utopía tecnoctática desemboca en la
gnosis creadora de una nueva conciencia planetaria dé catácter eli­
tista. Elementos vitales informan las
Utopías contemporáneas, dOS:.
de Samuel Butler, Haklane, Stapledon, Shaw y hasta la Utopía bio­
lógica
de Aldous Hwdey. La Utopía biológica es la puerta que se
abte a la Utopía tecnoctática y cibernética. Ella se proyecta en la
realidad, en un ritmo que devora la Histeria y hace que la Utopía
sea ella
misma Historia, cuya aceleración anula el propio ritmo, En
una o dos generaciones se realizan experiencias conaeta-s que mi-
(8) Cfr. H. Lefebvre, Vers le ... , cit., pág. 96.
(9) Cfr. Raymond Ruyer, Les nuisances idéologii¡ues, Ed. Calmaon Lévy,
París, 1972, págs. 140 y sigs.
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JORGE USCA'I'ESCU
llones de a~ han ignorado. La. Utopía adopta la estrategia dialéc­
tica
de. lo imposible . y con ello anula la dimensión temporal de la
Historia, al mismo tiempo que intenta alejat al .hombre de su di­
mensión trascendente. El despotismo ilustrado de la Técnica ha he­
cho suya
la ··pasión teórica" de la perlección, .denunciada por A.
Huxley como la peor de las tiranías.
Ningún sector de actividad humana· se salva del influjo de esta
perlección teórica;· menos que ninguno, el sector político. Ahí domi­
nan los planificadores, ios protagonistas de la prospectiva y de la
tecnoestructura, Su espíritu participa tanto de la esencia de la Utopía
tecnocrática
corno de los impulsos de la Utopía vitalista. Pero todo
ello integrando una vez más e1 carácter sistemático de la nueva Uro-­
pía, rebelde ante cualquier peropoctiva dinámica de una filosofía
de la Historia. Así, Política, Cultura, Cibernética, acaban incrustra­
das, ya que no integradas, en un mismo sistema. Todo ello, de acuer­
do-con la "interpr~ión cibernética", que par,:ce tener "la ventaja
de volver a colocar
al hombre en la "física", en el sentido general
de ciencia de la "pl)ysis", de la naturaleza, sin ningún postulado teo­
lógico, metafísico o dentista" (10). Su aproxi=!ción a la política no
es una aproximación a la Historia. Su actitud intelectual se balla tan
distante de la historia "abismal", mrno la historia de los histot'iádu­
re, o de la "historia del ser" que Heidegger opone a la historia de
los historiadores y de la filosofía de 'la historia. La Historia queda
as/, de acuerdo· con el · pensamiento estructuralista relegada a la ar­
queología del
:;aber; el :mismo discurso histórico es rechazado como
''filosófico" o· "metafísico", con_ una trayectoria que termina en He­
gel y su "Aufhebung" de la metafísica. La conciencia histórica se
disuelve en una conciencia tecnológica que en términos est:ruauralis­
tas se traduce en una ausencia de fa conciencia como tai, en el falaz
discurso entre el Mismo y el Otro. Se realiza una especie de caída
en el tiempo en un ser que se quiere vacío de la conciencia del tiem­
po. Se consigue así
una especie de eternidad negativa o mala eremi­
dad, que la Utopía ha querido arrancar de la Historia, cortando las
(10) Cfr. Raymoncl Ruyer,' E/oge Je la Sóciété Je consommation1 Ed. CaI­
mann Lévy, París, 1969, pág. 45.
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raíces de su ser. La absoluta identidad con el tiempo no ha hecho
sino falsificar su natural~a, -su sentido, su: ser.
• • •
Pero 1a situación, por razones nanuales, no puede acabar eti este
callej6n sin salida
de la autosatisfacci6n ut6pica, en una plenitud de
los tiempos de carácter científico y técnico. La Historia intenta siem­
pre :recuperar ,sus prerrogativas. Como siempre,. o romo tantas veces,
el camino es torcido en este proceso recuperador de una conciencia
hist6rica. Una auténtica "List
de V ernuft", a la manera hegeliana,
opera
en ello. Pero algo más que esto se hace patente. Tres aspectOS
se nns hacen maoifiestos en esta recuperaci6n hist6rica. Los ttes, pero
sobre rodo
los dos primeros, no participan de una conciencia plena
de lo hist6rico, como motivación primera de sus pasos. Uno fo en­
cierra
la filosofía de Heidegger, en su fase última, al proclamar la
existencia auténtica del hombre, en la edad de la técnica y la ci­
. bernética. Otto nos proviene de las tendencias de un fenómeno al­
tamente significativo
que lleva por nombre la Nueva Gnosis ameri­
cana. Otto, finalmente, procede de las sugerencias que nos puede
proporcionar
la suerre de la Pdlítica consutuada entte la Utopía, 1a
Ideología y la Tecnoesttuctura de los planificadores enamorados de
la prospectiva.
En 1962, el 31 de enero, Heidegger pronunciaba una conferen­
cia
en la Universidad de Friburgo, roncretamente en su Smdi1lllll
generale dirigido por Eugen Fink. El título de la conferencia era
"Tiempo
y Ser" y tenía lugar treinta y cinco aiios después de la pu­
blicaci6n del famoso libro
de Heidegger, "Ser y Tiempo". La rone­
xi6n del tema desarrollado aquí, y en ottos escritos menores del fi­
lósofo,
ron el tema de la Historia y ,]a historicidad del hombre, posee
una sugestividad indiscutible.
Desde una postura que pudiéramos lla­
mar
de negación radical de la historia, el filósofo que proclama el fin
de la metafísica re'ai.iza una hazaña que la Utopía de hoy ha recha­
zado para siempre. La
reivindicación del hombre en su dignidad me­
tafísica,
que es acaso su única dignidad hist6rica aún posible y con-
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JORGE USCATESCU
cebible. Ni Ser ni Tiempo son una rosa. Sin embargo, en cuanto
"presencia", existe una determinación del despliegue del Set. Una de­
terminación irecíproca une el Tiempo al Ser, pero a través de esta
determinación, por su propia índole coottadictoria, la filosofía reali­
za su gran vagabundeo dialéctico con la ilusión de llevar a un acuer­
do de unidad las enunciaciones contradictorias sobte el Set y el Tiem­
po (11). Así se sitúa la tatea del pensamiento, desde la obra origi­
naria de la "helenidad", hasta la meditación sobre la Técnica que se
configura "históricamente'' y también ella como despliegue y zación del Ser. Así desde los tiempos de Parménides cuando dice:
•o,, T á p • t v ·a, : '_'Es de verdad Ser"; hasta la propia medi­
tación heideggeriana sobre la historicidad del Dasein. En este lapso
de tiempo inmenso y corto a la vez, se sitúa el Ser de Platón como
"Idea", el
de Aristóteles como "Energeia", el de Kant como "posi­
tio", el de Hegel como concepto absoluto, el de Nietzsche wmo vo­
luntad
de Poder, el de Heidegger como "Ereignis", una especie de
renovada "Parusia", p~esencia y apertura pata Set y Tiempo hist&
ricamente manifiestos. Por su despliegue temporal el Ser vuelve a
ser entendido
como Historia, en ün instante en que fa Historia está
sumergida en la Utopía. En el sel!tido de este despliegue Heidegger,
el filósofo que denunció la Historia como degradaci6n de la msten­
cia auténtica, el pensador óltimo de la metafísica que rechilza el cos­
mopolitismo de Goethe y hace suya la poética del "retomo a la Pa­
tria"
de Holdedin, proclama la pertenencia al destino de Occiden­
te. Algo que no· quiete ser dialéctica Este-Oeste, que no quiere ser
tampoco solamente Europa, sino algo que se sitúa "en el pleno de
la historia del mundo, a partir de su proximidad al origen" (12).
Heidegger medita
en horas angustiosas sobre la "ausencia de pa­
tria".
Una Patria históricamente pensada, resultado del abandono del
set, signo patente del olvido
del ser. Hubo un tiempo que es acaso
el tiempo originario que el filósofo anhela, en que Tha:les de Mileto
anunciaba satisfecho: "Todo está lleno de dioses". Un tiempo en
· (ll) Cfr. Martín Heidegger, Zeil 1md Sein, Max Niemeyer Verlag, Tii-
bingen,
1969. ·
(12) <;,fr. Martln ~~degger_, ·(J.ber. (len _Humanismus, Vitlorio Iqo_s~er­
maiin, FÍ'atÍtdiirt am Méf~ i94~.
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HISXORJA Y UTOPIA
que Heráclito, detractor de la masa, se sentaba al lado del horno, no
para hacer el pan sioo para calentarse las manos. Para espetar a la
multitud curiosamente
estupefacta: "También aquí están presentes
los dioses". Ahora, en el instante del ae¡,úsculo, nihilistas y sofistas
exclaman a su vez: "Todo está vacío de dios". Es en esta hora en
que Heidegger busca la proximidad del Ser y nos dice: "Es en
esta proximidad del
set donde acaso debe decidirse si el dios o los
dioses niegan su
presencia como la niegan, y si la noche permanece,
y si el día de lo sagrado se abre y cómo, si en esta aurora de 1o sa­
grado una aparición de dios y de los dioses puede aún comenzar y
cómo. Pero lo sagrado, único espacio esencia:l de la divinidad que a
su vez concede la sola dimensión para dioses y dios, no surge de la
luz del
parecer sino cuando en forma prealable y en una larga pre­
paración, el Ser se ha esclarecido y ha sido experimentado en la ver­
dad.
Es así solamente, a partir del Ser, que empieza la superación de
la ausencia de patria en lo cual se pierden no solamente los hombres,
sino la esencia misma del hombre".
El futuro poético de la historia
misma es la recuperación de
una Patria, que también histórica y on­
tológicamente es encuentro profundo con la realidad originaria. Una
realidad originaria que en cuanto Ser y en cuanto despliegue del Ser,
es Cultura y por lo tanto Historia en el sentido más auténtico del
término.
Heidegger planteaba ya
en aquella lejana y angustiosa postgue­
rm, cuando se acercaba al problema del humanismo, la cuestión de
la Técnica
como destinación del hombre o mejor dicho como des­
tino "histórico-ontológico" de
la verdad del Ser, acosada por el olvido
del Ser. Su texto de entonces merece
una reflexión y una aetualiza­
ción: "La ausencia de patria deviene un destino mundial Por ello
es necesario pensar este destino en el plano de la historia del Ser.
Así Jo que Marx, partiendo de Hegel, ha reconocido en un sentido
importante
y esencial, como alienación del hombre, es algo que fija
sus
raíces en la ausencia de patria del hombre moderno. Esta ausen­
cia
de patria se denuncia, y ello a partir del destino del Ser, bajo
las especies de la
metafísica que la refuena al mismo tiempo que la
disimula como ausencia de patria. Porque
Marx, haciendo la expe­
riencia
de la alienación, alcanza una dimensión esencia:l de la histo-
385
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JORGE USCATESCU
ria, la concepción mazxista de la historia es superior a toda otra
historiografía. Concretamente, por el hecho de que ni Husserl, ni,
por_ CUaiJ.tQ _yo sé, Sartre, no -reconocen que lo histórico tiene su esen~
cialidad en el Ser, la fenomenología, al igua!I. que el existencialismo,
no puede llegar a esta dimensión, en el seno de la cual sólo puede
devenir posible el diálogo fructuoso con el mazxismo".
Este testimonio de confianza en lo histórico y la historicidad, Jo
realizaba Heidegger en 1945, denunciando, con todo, las ingenuas
construcciones del materialismo. También denunciaba
la crisis de la
metafísica idealista y materialista,
la metafísica cristiana. En nom­
bre del
pensamiento histórico-ontológico, el filósofo denuncia las po­
siciones subjetivistas encarnadas tanto por el nacionalismo, como por
el colectivismo, ambas operaodo el exilio del hombre "de la verdad
del
Ser"". En términos de patente historicidad ontológica ha seguido
Heidegger el destino del hombre
en la era de la Técnica y de la edad
at6mica, el destino final
de la cibernética. El encuentro entte His­
totia
y Utopía, con el predominio de la segunda, como destino y
como apocalipsis, queda patente en algunas páginas últimas del fi.
lósofo.
"Ningún individuo, ningún grupo humano, ninguna comisión,
estuviere
ella compuesta ,por los más ,eminentes hombres de Estado,
sabios o técnicos,
ninguna conferencia de jefes de industtia y la eco­
nomía,
puede frenar o dirigir el desarrollo histórico de la edad ató­
mica. Ninguna organización puramente humana está en condición
de
tomru: en su mano la gobetnación de nuestra época (13).
Pero la meditación
última del filósofo no es tan pesimista. Esta
entrega·
fatal del hombre al destino de la Utopía es fatal en cuanto
el hombre mismo a
través de los protagonistas de la Utopía se entre­
ga al "pensamiento calculador", renunciando a:J "pensamiento medi­
tante". A este
pensamiento meditante apela el filósofo en último tér­
mino. Y fo hace en su espíritu de fe en la serenidad y la humanidad
del hombre.
Conviene despertar al hombre en cuanto pensamiento
meditante. Y una vez despierto, su obra ·habrá
de estar sin ttegua aler­
ta
en toda ocasión-. Así •logrará buscar sus rafees, su Pattia, su pro-
(13) Cfr. Ma.rtin Hoídegger, Ge/assenheit, Günther Neske, Ffultingen,
1959.
386
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HISTORIA Y UTOPIA
pio Ser, su propio camino, largo y arduo camino, en el universo de
la Utopía recuperando una historicidad auténtica, en una "libre ex­
tensión" de la Historia misma, libre despliegue del Sor en el tiem­
po que nos toca vivir.
• • •
Sintomática es, sin duda, y en cuanto tal nos acompaña aquí la:
meditación, la actitud del filósofo en la hora presente, hora de la
Utopía triunfante. Pero, como docíamos, no es la única. Nos refería­
mos en
,el principio de este colofón final a la existencia de una co­
rriente de expresión de la Utopía misma, que contra la Utopía dirige
su singular y ruriosa acción en estos años: la gnosis americana co­
nocida bajo el nombre de la "gnósis de Prioceton y Pasadena" (14).
Raymond Ruyer señala que el nombre se lo dieron sus adversarios
hacia 1969 y que se trata de una serie de sabios, universitarios y téc­
nicos americanos, movimiento aristocrático por excelencia, que ma­
nifiestan su horror ante el fenómeno "hippie", contra el imperio de
los
locos, contra las clases encabezadas por figuras de éxito como
Go:lbraith, Ohomsky y Marcuse, que "quieren constituir la nueva
dlase dirigente, posteconómica y controlar la formación de un nue­
vo orden social". No quieren ser '~clérigos" sino monjes y "se pare­
cen a los sabios de la época helenística, testigos de la disolución, en
imperios de perfiles inciertos, del viejo muodo polltico de fas ciu­
dades". Entre sus maestros precursores está Einstein y su pensa­
miento se quiere integrador de ciencia brahmanista, budista y cris­
tiana, a
un nivel mental elevado. Son aparentemente una sociedad de
sabios "iniciados" de 'la Utopía, dispuestos a denunciar los males de
la Utopfu. A Ruyer le recuerdan en cierto modo a los "solitarios de
Port-Roya!", que desprecian las "cabezas de huevo" (eggs head), los
ritos y ceremoniales, combaten
el anti-humanismo europeo, como com­
baten la idea de la "muerte de Dios" y la "muerte del hombre", y
considerar un absurdo al "Cristo cósmico" de Teilhard de O,ardin,
tanto como el Cristo ''superstar" o "hyppie" absolutamente "infre­
quentable":
(14) Cfr. Raymond Ruyer, La gnosé de Pri"nceton, Ed. Fayard, París 1974.
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JORGE USCATESCU
Los sabios de la Nueva Gnosis vuelven su mirada hacia uno de
los
padres de la Uropía moderna, Semuel But!ler, el cual denunciaba
con sano "humour" en su "Erewbon" los maies de la sociedad mo­
derna que lba a desembocar en una Utopía tecnocrática destinada a
convertirse en realidad histórica. But!ler ridiculizaba el ambiente de
las iglesias anglicanas de finales de siglo pasado, santuarios de los
"bancos musicales", preludio, según la Gnosis americana de hoy, de
"las iglesias transformadas hoy en partidos pseodopopulares o en
olubs de jóvenes guitlll!'ristas". De los "banoos musicailes" se ha lle­
gado a los "sindicatos musicales". La nueva Gnosis rechaza las po­
siciones futuristas o futurlbles,
considera la crisis religiooa en su país
y en el mundo más grave que la crisis económica de 1929, combate
todas las ideologías en cuanto "falsas teorías". Su conclusión en esta
importante materia pudiera ser ésta: "Ninguna de las grandes reli­
giones ha dado recetas políticas. Ellas se enarentran má:s allá. No
queremos perder nuestro tiempo rehaciendo "La República" de Pla­
tón, seguros de antemano de hallarnos, como Platón, en retraso con
respecto a la historia humana. Los esroicos, los epicóreos, los cris­
tianos y
Jos antiguos gnósticos, que buscaban la .salud individual, echa­
ban al mismo tiempo, aunque sin querenlo, las bases de un orden
social y político verdaderament:é nuevo".
He aquí cómo · el filósofo qw, en su último mensáje reclama el
retorno a
la verdad del ser, al! hombre que piensa y busca sus raíces
y su tierra, su "topos" real, se encuentra en su inquietud al lado de
estos curiosos· sabios, que han hecho de lleno la experiencia de la
ciencia, del progreso, del maquinismo y la cibernética y vuelven· por
su camino a proclamar fa fuerm interior del hombre y reconocer a su
modo que
"el mundo está dominado por el Espíritu, hecho por el
Espíritu
y animado por fuerzas espirituales. I!l · auta que rodea su
doctrina es el auta de las viejas Utoplas. Pero la voluntad que les
anima rechaza una Utopla en marcha, que niega la marcha viva, reail,
humana dé la Hisroria como acontecer é imagen de la eternidad. De
ellos su intérprete y descubridor europeo ha podido escribir: "La
nueva Gnosis, lejos de ser un nuevo humanismo, es más bien un
nuevo teocentrismo. Hay algo
extraño, para un europeo, en este re­
conocimiento de un teocentrismo en el país de la técnica fntuústa,
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HISTORIA Y UTOPIA
en este Disneyland de la alta ciencia que es Princeton y Pasade­
na" (15).
• • •
Pero no solamente la Filosofía y la Gnosis se rebelan ante los
asaltos de la nueva Utopía y sus peligros para el destino personal del
hombre. Tampoco
la Polítka, en sus manifestaciones vitales, incluso
algunas
de ellas entre las más anárquicas y · negativas, acepta como
tlliles los términos vacíos de historicidad de la nueva Utopía. Uno
de J.os síntomas más interesantes, por su carácter contradiaorio, lo
presenta acaso la contestación de la juventud universitaria. Esta ju­
ventud contestataria,
en que Marcuse y otros ven a los rontinuadores
de la revolución del proletatiado, constituye unos residuos atistoctá­
tiros de una clase socia1mente privilegiada. Habermas, que ha ana­
lizado con perspicacia este fenómeno dentro del eatácter conflictivo
de la ideología tecnocrática, los considera esencialmente como com­
puesto
de fricciones "del ambiente estudiantil beneficiatio de un
status privilegiado y que se reclutan en las capas eronómicamente fa­
votecidas". Sus objetivos son cont:ruios a la política de la eficacia,
no buscan situaeiones profesionales o familiates y demuestran una
especie de "inmunidad con respecto a la ronciencia tecnocrática".
En parte el análisis ha sido utifuado por Galb,jaith pata definir la
nueva mentalidad de la clase ya fuerte de los educadotes en el ám­
bito de la
tecnoesttuctura. La nueva clase revolucionatia occidental
proviene
en buena parte de familias que partici,pan o miran con be­
nevolencia su actitud y han sido elevados seg6n unos ptincipios pe­
dagógicos esencialmente liberales. Ella está integrada por grupos que
se han desarrollado en el "ámbito de unas subculturas h'beradas de
la constricción eronómica inmediata, doode las tradiciones de la mo­
ral burguesa y sus corolatios pequeñoburgueses han perdido su fun­
ción" (16).
Por otta patte, las mismas tensiones políticas que caracterizan en
gran parte el "orden anárquico" planetario en que se vive, la "de-
(15) Cfr. Raymond Ruyer, La Gnose de Princeton, cit., pág. 297.
( 16) CTr, Habermas, op, cit.
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JORGE USCATESCU
magogia universal" que acompaña este orden, la conflictividad la­
tente a todos los niveles
de convivencia, significan unas ca1eidoscó­
picas formas de rebelión precisamente contra fa conciencia tecnocrá­
tica
que sustenta la arquitectuta de la nueva Utopía. Esta conciencia
tecnocrática extrae sus raíces de los dos imperativos de esta Utopía
que Raymond
Aron centta en· la ambición prometeica de. la produc­
ción sin fin y el ideal
igualitario como norma suprema y objetivo de
la convivencia política y social. Nace así ;Ja idea de una civilización
que ~OOl!peta la mala conciencia y se r~bela contta sus obras para,
dentro de una Utopía artificial y fría, soñar a la sombra de las de­
silusiones del progreso, con
un paraíso . perdido que sus propios im­
pulsos prometeicos
habían perfilado antaño. La Política, por su par­
te, logra apercibirse ahora
de la verdad formulada por Marx en su
"Miseria
de la filosofía", de que el proceso social ha llegado a ser
posible, dentro
de la nueva Utopía, sin una revolución política. Bajo
el despotismo
i,Justrado de la Técnica, el fenómeno se ha hecho po­
sible, pero sus conttadicciooes internas se han multiplicado y el grado
de conflictividad humana se ha extendido. Esta es la situación del
"orden
anárquico" que afecta, ea las actuales circunstancias del mun­
do,
de un modo esencial el orden político. "El orden pdlítico posee
una coherencia interna,· a pesar. de · las tensiones, las antítesis y los
combates
que foJll:Í'.lan parte de su naturaleza. Las discordancias, las
antonomias, existen sólo entre el orden político
y los órdenes dife­
rentes. Ellas se
revelan trágicamente cuando el orden político quiere
abolir los
otros órdenes y cuando orro orden quiere absorber al orden
político o cuando
la debilidad humana se rebela contra las nonnas
inhumanas
como todas las nornias de fa política, con la pretensión
de sustituirles ideologías, falsas como todas las ideologías o envidias
sugeridas por demagogos o utopistas" (17). De donde se deduce que
la norma
política activa y operante busca su propia vía y actúa ne­
gativamente con
más razón cuando tiene que actuar en el ámbito
de la Utopía, que a todas las normas específicas de la convivencia
humana
dinámica ha sustituido sus propias normas.
Tensiones multiples son
la consecuencia del grave Imperio de la
(17) Or. R. Ruyer, Nuisances ideologiques, cit., pá.g. 170.
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HISTORIA Y UTOPIA
Utopía en los dominios espedfiroa de 'la Política. Europa sigue acaso
siendo
Europa, en la mdida en que sus fuerzas profondas responden
a estos tipos
de tensiones. Partida en dos inexorablemente, perdida
su presencia real en el mumlo, nutriéndose de la mala conciencia de
su historia colonial
y del amargo resultado de. sus trágicas divisiones
internas,
Europa se busca a sí misma y, captada en grado profundo
por las condiciones de una conciencia tocnocrática, busca fórmulas y
modelos qne implican otras tantas contradicciones recordando acaso
sin saber cómo y porqué, la mmdición de Paul Valéry: "Europa
será castigada por su política".
• • •
Vivimos una de aquellas singulares épocas en 'la historia de Oc­
ccidente,
en que Atenas vueltve a ser modelo y paradigma de la con­
vivencia política. Occidente y
más concretamente Europa, que de
Occidente ya
no es modelo ni totalidad, sino un fragmento a su vez
con'l'ertido en realidad fragmentaria, atraviesa un período agitado que
recuerda la
graodeza, la tragedia y· la decadencia de Atenas, en un
agitado período que sucede a la época de Perides y. que a través de
la guerra del Peloponeso
proyecta la vida política de 'la inmortal
república hacia
un proceso de prolongada crisis y destrucción.
Un libro de fascinante lectura corno el de Olaude Mossé, "Hisro­
ria de una democracia: Atenas", da sin duda motivo para una refle..
xión
no sólo sobre el glorioso destino de la que fue encarnación de
la "Politeia", sino también sobre los
síntomas que acercan el desti­
no
de la Europa de hoy, con sus nostalgias que quisieran identificar
por última vez acaso Política y Utopía, atl destino de la que fue "Es­
cuela de Grecia", "la ciudad más opuleota y más poderosa'' del uni­
verso helénico. Un mundo convulso el nuestro, sensible hasta extre­
mos nunca realizados, a todo lo que pueda significar ideal y ut6pica­
mente, consecución ele la democracia. En est.e orden de evasiones y
vivencias plenarias, el ideal de la vida ateniense se convierte en
nuestra
gran Utopía. El punto de COll'l'ergencia entre Historia y Uro­
pía, en un instante frío y profundamente trágico, en que la Historia
parece definitivamente desplazada, sustituida pot una Utopía que ha
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JORGE USCATESCU
dejado de ~ política, social, económica o sencillamente humana y
especu1ativa para convertirse en un riguroso, planificado, inmóvil
sistema científico.
¿ Y cómo se acerca hacia nosotros, cómo se proyecta sobre nues­
ttas tensiones políticas y humanas, aquella Atenas que en la edad de
Pericles, 1a edad de Fidias y del Partenón, alcanzó sus cimas de per­
fección? Tucídides, a quien Nietzsche amaba y admiraba acaso pot
encima · de todas las mentes griegas; nos ofrece dos imágenes com­
plementarias de aquella Atenas, que es ahora nuestra gran Utopía.
Una es la imagen de Pericles, encarnación del genio político ate­
niense.
La otra es la imagen de Atenas misma, como símbolo vivien­
te de la democracia.
"Pericies, nos dice, poseía influencia en razón
de la consideración que lo rodeaba y de la profundidad de su inteli­
gencia.
Era de un desinrerés absoluto; sin atentar a la libertad, él
contenía·
a la mu!ltitud a la cual llevaba, en grado superior de lo que
se
dejaría llevar por ella. Habiendo conquistado su influjo sólo por
medios
honestos, él no tenía pot qué adular a la multitud. Gracias a
su autoridad
personal, él podía contenerla e incluso mostrarle su
irritación. Cada vez que los atenienses se abandonaban a destiempo
a· 1a audacia y el orgullo, los golpeaba mediante el miedo; si se asus­
taban sin motivo, los
conducía otra vez a la confianza. •Este Gobierno
(su gobierno) llevaba el nombre de democracia, en realidad era el
gobierno de un ·solo hombre". Es este hombre, Pericles, a quien Tu­
cidides le
coofía la definición de la democracia, en el famoso dis­
curso que le atribuye en honor de sús compatriotas caídos en la gne­
rra:
"Nuestra politeia nada tiene que envidiar a las leyes que rigen
a
nuestros vecinos. Lejos de imitar a los otros, nosotros damos ejemplo
a seguir. Por el
hecho de que el Estado entre nosotros es administrado
en interés de la masa y no de una minoría, nuestro régimen ha to­
mado el nombre de democracia. En lo que concierne a los diferentes
particulares, la ignaldad
está asegnrada a todos por las leyes. Peto en
lo que concierne a la participación en la vida pública, cada uno al­
canza la consideración en razón de sus méritos y la clase a la cual
pertenece importa menos que su valor personal. En fin, nadie es
molestado
por su pobreu y ,por la obscuridad de su condición so­
cial, si puede rendir servicios a la ciudad.
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HISTORJA Y UTOPIA
Europa, nuestra Utopía, quiere hacer suya esta segunda parte
de la Politeia. Lejos de ella, de sus anhelos, la posible encarnación
en un Pericles de las virtudes ideales de la Politeia. Tampoco Atenas,
abiertas sus entrañas a excesos de poder, a los capricb.oo y descom­
posición del "demos", a la violencia imperialista que a través de la
guerra del Peloponeso hizo irreversible su decadencia, quiso confiar
su
imagen a las manos moldeadoras de · Pericles. La peste salvó sin
duda
al gran ateniense del ostracismo. Atenas, Europa, más cerca
acaso que nunca, en los perfiles de la Utopía.
. ·-.
Porque es en la Política, donde los perfiles de la Utopía se hu­
manizan Ahi pierden su "coherencia"', aparecen las contradicciones,
Jas diferencias, a veces profundas, siempre insuperables, entre el plano
ideal y el plano
real. La Utopía tecnocrática, sistemática y ciberné­
tica, se quiere a sí misma coherente, sin fisuras, realizada y perfecta.
Anhelo de la estabilidad, punta de destino de un mundo sin problemas.
Pero
el mundo humano recupera su humanidad, a través de sus pro­
blemas,
de sus contradicciones, de su aparente incoherencia. En el
amanecer de la Cibernética un teólogo francés, Padre Dubarle (18),
al analizar el libro de Norbert Wiener, "La Cibernética", hablaba
de las fascinantes consecuencias de esta disciplina, en varios sectores
de actividad humana, concretamente en el sector de la Política. Ima­
ginaba UD Estado máquina capaz de realizar decisiones políticas que
llevaran a UD gobierno único del planeta. Una máquina de gobierno
capaz
de sustituir la insuficiencia de los profesionales de la política.
"Sin embargo,
decía el teólogo dominico, las realidades humanas soo
realidades que no soportan
la determinación puntual y certera, como
es el
caso de los datos cifrados del cálculo, sino solamente la deter­
minación
de los valores probaJ,les. Toda máquina para tratar proce­
sos humanos
deberá adoptar el estilo del pensamiento probabilista en
lugar de los esq=as exactos del pensamiento determinista". El Es­
tado máquina, este Estado inspirado en la realidad cibernética, serla
(18) Le Monde, París, 28 de diciembre de 1948.
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JORGE USCATESCU
un · prodigioso LeviatJhan político . a!l hido del cual.· el Leviatllan de
Hobbes sería una "broma agradable". Tanto Dubarle, en 1948, como
el propio
podre de la ciberoética, Norbert Wiener (19), consideran
que,
"afortunadamente" la máquina .de gobernar no será una realidad
de un mañana cercano. Pero la. denuncia del peligro pertenece por
igual al teólogo y al cibernético; "arriesgamos hoy una enorme ciu­
dad· mundial,
dorul.e la injusticia primitiva, daliberada y .consciente
de sí misma, seria la sola rorulición posible de una felicidad estadís­
tica
de las masas, un mundo que se evidenciaría peor que el infierno
a toda
alma despierta". Pero, romo será fácN observar, la voz de alar­
ma no la pronuncia en primer término la Política. La pronuncia, con
lucidez
y cierto buen humor, la Teología y la Cibernética. Así la
Historia desemboca en la Utopía. El tiempo histórico ha penlido su
sentido
de emanación de un principio de eternidad petrificándose.
Devolver
al sentido de fo 'histórico aquel sentido de "la ·historia en
Cristo", que decía H. Urs Von Balthasar, rorresponde a la responsa­
bilidad
esencial de todo cristiano auténtico. Abriendo un espacio de
la libertad humana a h libertad divina. Un espacio de plenitud, que
el tiempo vacío y anáJ:quicio no excluye, sino a!l contratio incita a
ello,
romo una necesidad imperiosa del espíritu que no quiete morir.
Sin olvidar, como dijo
Urs Von Balthasar, que en Cristo "el Logos
ya no es reino de las ideas, los valores y las . leyes, sino que es por si
mismo historia"'. Hacer
de Cristo norma de la Historia, camino del
retorno
de !a Utopía a la Historia misma.
(19) CTr. Norbert Wiener, Cybérnetique et Société, Union Générale
d'Editions, París, 1971.
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