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1979

Propiedad, vida humana y libertad

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1979
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¿Qué podemos hacer?

¿QUE PODEMOS HACER? (*)
POl!.
JAVIER URCBLAY ALONSO
A fuerza de t:ralJazos de la Revolución, comenzamoo en estos
días los españoles
a tener conciencia de la necesidad de actuar. Y es
que
es una iey de la Providencia: nos apartamoo del deber impuesto
por la naturaleza y por Dioo, su autor, y las propias conseouencias de
nuestro incumplimiento nos fuerza-n a volver-a su ejercicio.
Hoy, ron más razón que ayer, cabe pues afirmar ron Pío XII que
"es
la hora de la acción", de wia terapéutica efilcaz que restaure al
hombre y a la sociedad en sus fundamentos naturales y divinos. Hay
que actuar, pero •. ¿qué podemos hacer?
Ley de las minorías selectas
La primera ley táctica se refiere ai poder e iofluencia de las mi­
norías selectas en el gobierno y orientación de las sociedades.
"Unicamente la elite -ha dicho Paul Bourget-es apta para
conducir a loo hombres". Ya antes de la Sagtada Escritura habla
puesto en qoca de Judas Macabeo la afirmación de que "no está en
la muchedumbre del ejército la victoria en la guerra" (1).
(•) Para realizar este foro hemos seguido muy de cerca -iÓ.duso tex­
tualmente--aJsunas de las ideas expuestas por el padre AyaJa S. J . .en su
libro
«Formación de Selectos», Sociedad de Educación Atenas, S. A. Ma­
drid, 1940.
I..:as ideas del padre Aya.la para. la formación de minorías siguen teniendo
plena vigencia y un valor indiscutible, con absoluta independencia de los, a
nuestro juicio, equivocados derroteros seguidos luego por la obra apostólica
creada por él.
(!) l. Mac. 3, 19.
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JAVIER URCELAY ALONSO
La impllantación del Cristianismo en el vasto Imperio Romano,
por ejemplo, fue obra de una minoría: doce apóstoles se repanieron
el mundo para su conquista, y ya a la mitad del siglo Ill pudo Ter­
ruliano encararse con los Césares para decir'les: "Somas de ayer y Jo
hemos llenado todo, las ciudades, las islas, los cascillos, los munici­
pios, los
cuarte'les y campamentos, los ttibuna:les, el palacio, el se­
nado, el foro; sólo os hemos dejado 1os tleillplos" (2).
Y en ejemplos mucho más cercanos a nosottos, basta analizat
con cierto detalle fenómenos de tanta envergadura como el progre­
sismo religioso o el llamado movimiento de liberación femenina
para romprobar como, al menos en sus orígenes; lejos de ser el
resu1tado de la espontanea evolución de la Sociedad, esms rorrientes
son .fruto de la tenaz y calculada acción de unas minorías bien ins­
ttuidas
y organizadas, capaces de crear auténticos estados de opinión.
Poder de las minorías que Jo mismo es piquete demoledor en
manos de
!os revolucionarios que levadura que en manos de Jos
católiros eleva y tonifica.
Educar selectos es pues el problema fundamental del mundo.
Si un pueblo tiene buenos gobernantes será un gran pueblo. No hay
--repetía Napoleón-malos regimientos, sino unicamente malos
coroneles.
Hombres formados y de aooión
El modo de · conquistar --reconquistar-la sociedad, no es co­
menzar por muchos, sino por pocos, un núcleo selecto, ignorado,
reducido, lleno de espfritu y de actividad, de optimismo. P<>co a poco
ese núcleo se extenderá. a ottos hombres que sientan esa misma vo­
cación de caridad política. A!! caho de algunos años aquél círculo
ptimigenio habrá extendido su !radio de acción y se contará con un
grupo de hombres formados, orgánicamente enrai2.lldos, batallando
en cada parcela
de la sociedad por el imperio de los ptincipios ca­
tólicos en todos
los órdenes de la v·ida, tanto pública como privada ..
(2) Apologelicón, cap. XXXVIII.
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¿QUE PODEMOS HACER.?
¡,Hombres católicos, no sólo teóricos sino prácticos, activos, ca­
pacitados, confiados en la Providencia, de vida sobrenatural intensa:
esos
son los verdaderos salvadores de la sociedadl
Como afirma Jean Beaucoudray en su airtículo sobre el papel de
los animadores en la Ciudad Católica (3), no es docttina ni ideas
Jo que 1lOS falta. Hay muchos pensadores enwwntes en nuestras filas ...
Lo que nos. falta es "un justo sentido de la responsabilidad ¡política
por vía de las responsabilidades persona:Les: familia, ""'1J<'la, empresa,
universidad, municipios etc ...
. Necesitamos más que sabios, apóstoles; más que docttioa, orga­
ni=iones de distinta naturaleza; más que discursos, dirigentes so­
ciales. En España son pocos los hombres de acción, pero son muohos
menos
los que saben diJ:igir. Si hubiera más que dirigieran bien,
habría mudhísimos más que actuarían; muitiplkándose su influencia.
Y es
que hay más valientes para la guem, cruenta que para la
de las ideas. En la guerra. da va:lor el riesgo personal y el ejemplo,
hasta la propia sangre vertida y la muerte; m [a [ucha moral y doetrinal
son enemigos el tespeto humano y los intereses creados. Para la gue­
rra de sangre basta el ooraje; para la de las iideiis se necesi justa valoraci'?ll de los resultdos que depeude del criterio moral . y
de la intensidad de la vida espiritual!. Por eso hay tanto católico
cobarde.
.
. . Formación
y acción, en murua inter,penetración, ese debe
ser nuestro santo y $e6a. Como dijo Lenín "la teoría sin la prác­
tica es estéril; la práctica · sin Ja. teoría es cieg¡i". Nos espera la
rarea de volver a meter en las entrañas del pueblo el Derecho Pú­
blico Cristiano, y eso no se hace a tiros ni con improvisaciones,
sino catequizando, enseñando; formando, haciendo --ésta es la ac­
ción--que el espíritu de esa minoría de hombres s6!idamente for­
mados, penetre y vivifique de manera duradera rodo el cuerpo
social
(3) núm. 155-156 de Verbo.
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JAVIER URCELAY AWNSO
Ley de la oupremacía de laa ideaa.
Es una verdad axiomática que el triunfó duradero y estabie dé
un ideal ha de producirse no por la fuerza, sino por la persuasión,
por la fuerza penetrativa y conquistadora de la idea, que poco a
poco se adueña de las inteligencias y gana las voluntades. Hoy,
como siempre, son
las ideas las que gobiernan el mundo. La lucha,
más que en el terreno superficial de 1os hechos, se ventila en el
campo invisible de las ideas. Como explicaba el caroenal Seguta '(4),
"siempre será verdad que el pensamiento manda. A la etapa pura­
mente intelectual de la idea sigue siempre el período de proseli­
tismo y, si con él se conquista una porción considerable de 1as ma­
sas, la idea encuentra fácil aooeso al poder político".
Ya en el siglo pasado Balmes había escrito: "Los pueblos no
viven ,ólo de parí, viven también de ideas, de máximas que, con­
vertidas en jugo, o les comunican grandeza, vigor y l=nía, o los
debilitan, los postran, los condenan a la nulidad y al en¡.pobreci­
miento" (5 ).
Recordemos también la famosa frase de Federico Le Play: "El
error, más que el vicio, es quien·. pierde a las naciones~·.
Por eso, toda reforma verdadera ba de pasar por la búsqueda
incesante de
la verdad y su difusión al mayor número de hombres.
"El
Cristianismo -explica Balmes en otro lugar de su libro-­
lr.t partido ,siempre del principio de que el primer paso pa,a. apo­
derarse de todo el
hombre es apoderarse de su entendimiento, que
Clllllldo se trata de e,oti.rpar un mal o producir un bien, es necesa­
rio tomar por
blanco principal las ideas" (6).
"La primera fuerza -sigue más adelante-que desplegó el
Cristianismo en el ataque contra el Paganismo, fue la fuer>.a de las
ideas".
Cuando "El espíritu de las leyes" de Montesquieu, el "Diccio­
nario filosófico" de Voltaire y el "Contrato Social" del misán°
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( 4) C'.a.rta pastoral Horas graves.
( 5) E/ Protestan#smo, t: 1, cap. XI.
(6) Id., t. !, cap. XIV.
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¿QUE PODEMOS HACER?
tropo y seudofilósofo ginebrino S podían preveer
que las ideas en ellos cont.enidas habían agente
principal de la Revolución francesa.
Otro
libro, en el siglo XIX, "El Capital", explica y contiene
en
germen roda esa convulsión histórica que es el comunismo.
Nuestra funesta "Institución Llbre
de Enseñanza", con toda la
extensa y complicada red de obras por ella creadas e inspiradas, no
fue
en sus comienzos más que un modesto círculo filooófico que se
reunía en
ca,;a de Sanz del Río.
Las historia de nuestros días no ha hecho sino seguir verifi­
cando oquella frase escrita por Pernán hace ya muehos años: "&
definitiva son siempre manos pulcras de escritores y catedráticos
las que catgan los fusiles de ,la Revolua'\Sn" (7).
... Supremacía de las ideas .. . iEs necesario predicar y repetir
mucho que ias ideas no mueren; las cárceles, las persecuciones, la
simple represión nada pueden contra ellas. Las ideas tienen un
formidable poder. Las ideas -no fa voluntad ni los sentidos-­
son [as que mandan en los pueblos. Es muy cierta la frase de Ri­
VatOl: "No se tira con fust1 a fas ideas", similat a esa otra que se
atribuye a
Napdleón: "A las ideas no se las mata a cañonazos".
Cuando la idea ha bajado de la región
fría del cerebro y ha
recibido el calor del ·corazón y se ha asimiilado !,ien, identificán­
dose con la propia
petsnnalidad, su fuerm · se hace invencible, no se
la puede encmar ni · menos J>hog¡u-por la violencia; solamente
por otra idea antípoda puede
ser dicazmente combatida.
Pero para que nuestra idea sea capaz de ronquistar, es necesario
que no sea sólo un anti, una pura Ílregación. Debe tener roo.tenido
afirmativo, capaz de ser plasmado en hechos, en realidad tangible.
Predicar contra el socialismo condenándolo de
rnt1 maneras y
llamando cosas feas a sus secuaces es cosa fácll, pero es perfecta­
mente inútil, es azotar el aire. Ni al socialismo ni a ·ninguna otra
ideología revolucio~ia. se la vence con anatemas e improperios,
sino
--como enseñó Benedicto XV-. "contraponiendo escuela a
escue1.a, periódicos y revistas a periódicos y r,eviSt'aS, conferencias
(7) El Noticiero de Zaragoza, 8-IX-1937.·
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a conferencias, para impedir que la mala semilla del error fructi­
fique
y para ahog¡u: el mal con la aburulancia de bien" (8).
Hay que
estudiar, teología, filorofia, el magisterio PQnrificio,
las áre¡,s particulares de nuestra especialidad... Como dijo el Car­
denal Merdier "el prestigio cieotffico es hoy por hoy 'la forma más
impresionante de apología del. Cristianismo" {9).
B1 estudio ilustra y fortalece y es necesario para lla a tes de obrar es preciso saber lo que se quiere hacer: "Tened cµida­
do -recomendaba Pío X a los sacerdotes--. de prepa,at por largo
tiemPQ vuestras ar,mas y de PQnderar en la sereoidad del reposo
los grandes tesoros de la doctrina". La educaci6n del pueblo está en
m.a:rcha y si no se 1la damos nosotros se ,l¡¡ darán contra D.OSQttos.
Urge pues, la formación en rodas las capas y estratos de la socie­
dad de núcleos conscientes y cada v,ez . más numerosos, capaces de
obrar
y de propagar las ideas restauradoras.
La acción que se dirige a formar hombres es el modo superior
y más eficaz de actuaci6n. Influir formando jefes es influir sobre
todos aquellos a los que se extenderá su aoci6n. San Ignacio de
Loyola no estuvo en la India convirtiendo infieles, pero educó a
San Francisco Javier y 'le dio espíritu para convertir y bautizar
más de un mill6n de gentlles.
El gran pensamienro de nuestros antiguos colegios mayores de
Aka4á, Salamanca y Valladolid fue precisamente ese: formar di­
rectores para poner en sus manos la dirección de los destinos de
España.
Eran poquísimos y selectfsimos, pero ocuparon la ma}"oría
de [os altos puesros de la naci6n, !lo mismo en l.a Iglesia que en l.a
Magistratura, la poi/tia, y la enselíanza.
Células
y Círoolos ·de estudios
Los comunistas son viejos expertos en la formación de líde­
res. Evidentemente sus ténnicas son frecuentemente de ta[ índole
que debemos rechozadas. Pero acordémonos de la respuesta del
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(8) Discurso sobre San Roberto Belarmino
(9) Retiros a mis sacerdote!.
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¿QUE PODEMOS HACER?
general Boo1lh, fundador del Ejército de la Salmón, a los q\lf! se
extrafutban de oir a!l roro del Ejército de Salvación canta< sns cán­
ticos con ritmo de danzas populares: . "No sé por qué han de estar
siempre
las mejores melodías a!l. servicio del diablo". Y es que
efoctivamente no hay ninguna razón por la que debamos abandonar
al dial:ilo el monopolio de 4s niejores técnicas.
En todas partes ios comunistas insisten en la enorme impor­
tancia del trabajo en células constituidas como círculos de estu­
dios, auténtico
semillero de futuros jefes a los que se ies asegura
una sólida formación, facilitada por el número reducido de los
que forman
el grupo al que hay que instruir.
El método de trabajo en células se inspira en dos principios
básicos:
l. La célu'la no tiene por fin hwer sabios sino formar el espí­
ritu y encauzar el juicio, al. tiempo que se forjan caracte·
res templados para el trabajo en común.
2. Como. no se concibe una verdad que no se difunda, la célu­
la debe volcarse a 1a conquista de nuevos hombres en cual­
quier circunstancia de la vida.
Su
sislle!Ila de trabajo viene a ser algo así como V.,., es decir,
exponer unos crítica; y ObrM, es decir, sacar resoluciones prácticas y notas para
la acción.
La formación intekctu.al, con ser importante en las células, no
es sin embargo su principal ra2ón de ser. Las células deben ser
ante todo escuelas de hombres de acción No se ·trata de adquirir
con<><;irnientos sublimes, sino una formación básica para la aoción
que nos permita influir en esa paroela de sociedad en la que tene­
mos responsabilidad: la empresa, el barrio, Ja facultad, Ley de la homogeneidad
No hay aa:ión social vetdade:amente fecunda más que la que
se basa en la competencia indiscutilile en la situación que se ocupa,
es decir, la que es homogénea con el medio. A ello se refería
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JAVIER URCELAY AWNSO
Pío XI cuando decía que "los primeros y más irunediatos apó&­
toles de los obreros han de se,r los obreros; los apóstoles del muo·
do industtiai y oomercial, industriales y comerciantes", lo que no
viene a ser otra cosa que la traducción moderna de la aguda obser­
vación sicológica de Cicerón: PMes cum paribu, jadie congregantu,.
Cada militante católico tiene un campo propjo: el estudiante,
la Universidad; el obrero, el taller y el sindicato; d empleado, las
oficinas; el hombre de negocios, los circulos mercantiles; el vecino,
el municipio. En ese campo propio es donde su acción logrará más
eficacia porque lo conoce mejor y por oonsiguiente gozará de ma­
yor autoridad en el tema.
* * *
Hemo:s visto !las leyes de oro de la acción. Pero no basta su
fría puesta en práctica para alcanzar nuestros objetivos. La acción
verdaderamente contrarrevolucionaria reqt;iiere, además, un conjunto
de acritudes en el que la ejercita:
l. En primer lugar «quiere visión transcendente y sobrena­
tural de la -ludha.
Hay una audacia cristiana que no -repara en la desproporción
entre los medios y el fin porque cuenta siempre ron el poder de
Dios
y de su gracia, implorado mediante la oración. "No se sal·
vará un pueblo de las gattas de 4a .Revolución antirreligiosa --afir~
maba el padre Aya)a-mientras ·no se haya afirmado en él la ron­
ciencia de que ir a 1a cárcel por un ideil. -noble, aunque humano,
es digno de loa; e ir a la cárcel por Jesuodsto es don tan alto,
que
oo hay <;atÓ!ioo que .[o merezca."
No se pide a todo hombre de acción, dedicado a la restauración
de
la Ciudad Católica que sea un héroe o un santo, pero si que no
tenga un án1imo tan apocado ni tan prudente que mida con exacti -
n,d matemática la proporción entre los medios y el fin.
Hay que tener runa· ·gran ·confíanza en la providencia· -y un con­
vencimiento profundo de lo que puede un llombre ·que oonfía en
ella. Lo cual no quiere deci<, claro está, que debamos confiar en
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¿QUE PODEMOS HACER?
la eficacia de los medios sobrenatura¡les cuando debiendo usar ade­
cuadamen mn más. Si yo, en vez de garuu:me cl pan m,estro de cada día
con el •udor de mi frente, conforme al · mandato divino, me siento
en
"El pan nuestro de cada día, dá.nosle hoy", es evidente que Dios
no
me lo dará.
En 1a acción pasa lo mioma. ·
II. En el segundo lugar se precisan audai:ia r acometividad.
En el régimen democrát!ioo 1a opinión pública lo es todo. Los
gobiernos necesitan a veces las
ec:la.maciones y protestas de la so­
ciedad o parn fortalecer con ellas su debilidad o para cambiar de
rumbo cuando
las dos posturao están en contradicdión. Cuando,
como en España, la opinión católica es a pesar de todo todavía po­
derosa, no aprovecharla es inconsciencia. Y ello por todos !los me­
dios moralmente Hcitos, que algunas veces pueden 1incluso ser más
amplios que los legalmente permitidos. Hemos de actuar en la
legalidad, por supuesto, pero conscientes de que en ocasiones no
convendrá entretenerse demasiado en esta tonsi.deración. "¿Qué i]_e­
galidad .era posible en la República?" -pregunta el padre Aya.la.
"Se quería usar de la 1egalidad de la prensa ·y se suspendía 1a pren­
sa; se quería usar de la legalidad del mitin y se suspendía el mitin;
se quería usar de la legalidad para repartir hojas de propaganda
y se encarcelaba a quien fas reparda. .. "
III. La tercera actitud necesaria es 'la de resistencia, · la actitud
de no ceder. Ceder es peor que callar porque es abandonar el aun­
po. No debemos ceder ni un ápice de nuestros derechos, ni Un
ápice en los 'hechos. Sólo se puede y se debe ceder cuando lo man­
de la Iglesia; si no, nó. Y la Iglesia muchas veces no cederla si no­
sotros defendiésemos valerosamente esa ¡x:,sición.
No debemos ceder porque el terreno que se abandona se re­
conquista con
gran dificultad. Ceder es además dar muestras de
ckbilidad y nada envalentona más a la· Revolución.
Su comportaroiento
es similar al de los a:lumnos de un colegio
que · estrenasen profesor. Irunediatrunente se pone en marcha un
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JAVIER URCELAY ALONSO
sistema de sondeos y exploraciones. Desgraciado el profesor que
cede. Uno de los alumnos dice una palabrira "1 vecino y rodos
observan el efecto que causa en el enemigo romún. Si no dice nada
pronro se pondrán a !haMar v.u:ias · parejas. Si aún calla, en poros
minutos estallará el zafarrrancbo y en poco tiempo más !habrá ro­
menzado
una auténtica batalla campal, con bolas de papel por los
aires, ruidos de todo tipo etc.
Así también en el orden social!, cuando los gobiernos son dé­
bilm; la sociedad está · perdida. Las revoluciones modernas no las
hacen los pueblos enérgicos, sino los Gobiernos débiles. Si la Au­
toridad cede, la Revolución a:vanza. Si la Autoridad procede con
energía, La
Revdlución cede.
En la iudha conrrarrevolucionaria resignarse es dar aliento al
enemigo para que mu!ltlplique 1os golpes. ¿Hay ~?, pues exigir
que
se cumplan, y si no USlllt todos los medios motaks y flsicos que
conceden
las leyes divinas y humanas. Todo menos callar y aguan­
tarse para no dar aite a1 inrendio. 1ls decir, todo menos creer que
el
incendio crece si se echa agua a las llamas y se apaga si no
se echa.
IV. La cuarta actitud se refiere a la vcllunrad de actuar en
conjunto, de acoplar las fuerzas, de unificar critérios, voluntades
y esfuerzos, de organi,arse. La contrarrevolución no es empresa de
guerrilleros ni de francotiradores.
O,mo señalaba Balmes "la asociación no sólo suma, sino que
multiplica la
efimcia".
Las ventajas de la unión en el retteno de iJa acción son eviden­
tes, y ello en todos los órdenes de la vida. Por la unión se robus­
tece
la fe, se obtiene fuerza social y ayuda recíproca, se enriquece
la doc:trirut, se gana poestigio y, a través de todo ello, se ganan nue­
vos adeptos.
La
unión de [os iguales, y aún de los afines, no se 'logrará sin
embargo más que por la acciótL Proponemos a los sectores que
deseen la unión que callen y no hablen del rema. Que trabajen,
que <>rganicen, que formen hombres, que funden periódicos y loca­
les, y, sobre rodo, que araquen al enemigo común. ¡Y ya está la
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¿QUE PODEMOS 'HACER.?
unión!, po,;que esos sectores se llev,u,án trllS de sí a las multitudes,
brutas de fautasías y harrlbrieutas. de realidades y de · actuaci6'-. Y los
que no actueu así, se l¡_uedarán cou sus graudes coustrucciones doc­
trinales, pero sin el pueblo y, lo que es peor, sin muchos de sus
propios
partidarios, petdiendo definitivamente nuesoroo ideales to­
da via,bHidad histórica.
Cuanto menos trabajemos, más lejos estaremos. de '1a unión,
porque
quien no combat1e es que no [e importa su ideal, o lo cou­
sidera fracasado, o lo quiere conseguir sólo a fuerza de t1ertulias.
Si de dos jefes. el uno actúa 'y el otro sólo teoriza sobre la acción,
uuoca se eut1enderán, porque e[ uno v;virá en la realidad y el otro
en las nubes. Si doo jefes actúan intensamente, como el trabajo
aguza
el ,entido de la realidad, Uegarán, por lo meuos, a aceptar
cierras conclusioníeS de interés común. Si el uno actúa con éxito y
el otro fracasa, éste se ,entirá inclinado a abamlonat su táaica y
seguir la del que logra el éxito. :Actuar, por consiguiente, es el
mejor camino para la unión.
El individualismo, el desaliento, la desconfianza y el rooelo de­
saparecerán el día en que seamos capaces entre todos de alumbrar
una gran estrat1egia de acción amtrarrevoluPion:aria y nos ponga­
mos con entusiasmo a llevarla a l,a práctica. iB9 preciso trabajar en
esa unión que como dijera el cardeual Gibbons, es la fuerza del
mundo físico,
moral y social.
Esta unión indispensable en lo esencial, no excluye sin em­
bargo la variedad en lo accesorio.
La unidad de orientación y el sometimiento a ella de todas las
fuerzas que persiguen un mismo fiu susrancial no puede llevarnos
a la proclamación de un frente únim monolltiro y IIOSU1'do. Se trata
de adoptar una dirección única, no de la fusión de rodas wis orga­
niza.cioues en una sola que tenga un modo ,idéntico de obrar. Un
ejército puede guardar el freute único sin necesidad de uniformar
los diversos cuerpos militares en uno solo. Suprimir la caballería,
fa infuntería, la artillería, para crear un solo cuerpo no es uu fren•
te ,úniro, isino una aberración .o un imposiMe ..
"¡ Bueno sería, comenta elocuentemente el ¡padre Ayala, que para
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/AVIBR URCBLAY AWNSO
dar unidad de acción al apostolado de las Ordenes Religiosas, romen­
záramos
por suprimir a los Dominicos, Franciscanos, Jesuitas y Car­
rujos
y hacer que todos tuvieran el mismo hábito, fas mismas reglas,
los
mismos medios de acción! La variedad admirable de las Orde­
nes religiosas no sólo no se opone al fin común, sino que es necesaria
para obtenerlo". Esta misma variedad es necesaria en la acción cí­
vica y política que debe responder a la variedad de necesidades de la
sociedad y de las aptitudes, vocaciones y hasta temperamento de los
distintos hombres. ·
Unidad
y variedad, pero, insisto, unidad, tampoco solo variedad.
Porque sólo siguiendo la
misma direoción sustancial y el mismo
espíritu, estando dispuestos para los distintos actos de conjunto po­
demos tener éxito y -alcanzar nuestros objetivos.
V. Y enlazamos así con la última de las actitudes con las que
es necesario afrontar fa acción, que no es otra que la importancia de
perseguir el triunfo, de buscar el éxito en nuestro tmbajo.
Existe en muchos una especie de indiferencia estoica con respec­
to al resultado de las obras que está muy lejos de ser resignación
cristiana.
Se dice: ''sea o no sea grande el fruto de mi trabajo, es
igual, haciendo yo 'lo que·buenamente esté de mi parte". No estamos
conformes. Si perdemos el fruto, argumenta una vez más el padre
Ayala, el mérito para mí será igual o no, dependiendo de mi resig­
nación o insensibilidad; pero
para los demás no será igual.
En el orden humano a nadie le es indiferente el éxito. Un empre­
sario que trabajando no puede evitar que su empresa quiebre, sentirá
una profunda preocupación y tristeza, y ello aunque sea un santo y
ante Dios merezca igual o· más, con la· quiebra que ·.sin ella. ¿Por
qué? Porque se está jugando el porvenir de sus hijos.
Somos nosotros
los primeros que defendemos la importancia de
una ordenación
natural y cristiana de la sociedad pata el bien trans­
cendente de los
hombres en la otra vida. A toda costa pues ha de
buscarse el éxito de nuestro trabajo, por Dios y por el bien del pró­
jimo; no por nuestro mérito, sino para incrementar los intereses
divinos.
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¿QUE PODEMOS HACER?
Y si no probablemente no haremos nada de proyecho, ¡ Es tan
fácil consolarse con la idea de que al fin y al cobo nosotros tenemos
el
mismo mérito delante de Dios!
* * •
Hemos comenzado hablando de_ la fuerza de las ideas, de la for­
mación de esa élite de hombres indispensables para la restauración
del orden social cristiano, y hemos visto como esa formación, pura
potencia, necesita complementarse
ron la fecundidad de la acción.
De una acción, y en eso quería vo:lver a insistir, que va prece­
dida por la reflexión, es decir, que es hija de un plan, de una estra­
tegia
y una metodología adoptadas por la inteligencia como las más
adecuadas y continuamente revisada al contaeto estrecho con la rea­
lidad .
.:Plan -explica el padre Ayala en su libro "Formación de Selec­
tos" -es un orden preconcebido para la consecución de un fin».
De su misma definición se desprende la gran dificultad que tiene
para nosotros, los españoles. Un orden preconcebido significa un
estudio maduro de lo que hemos de hacer y eso es un esfuerzo in­
gente
para nuestro canlcter impetuoso y aventurero. Significa, ade­
más, una sujeción de nuestro esp!ritu a normas fijas, a las que hay
que atenerse para la acción.
Bl plan
exige reflexión y sacrificio,. virtudes de 'las que no an­
damos sobrados los
españoles. Entre nosotros siempre serán excep­
ciones
las .petSOnas que planten pinares pata sus nietos. Hacemos al
revés, talamos los que nos legaron nuestrOS padres, aunque los hijos
se queden a la intemperie. No es sólo falta de previsión, es que no
queremos sacrificarnos.
El plan comprende un fo~ unos medios, dificuitades y modos
de resolverlos. A él se opone
la improvisación, que es todo esto
mismo
pero sin tiempo de meditar y, por consiguiente, abocado al
fracaso, o por lo menos, con un resultado peor del que cabía espe­
rar. La eficacia del plan, de la organización, ropsiste en hacer que
todas
las fuerzas converjan hacia un mismo objetivo, c,entuplicilndose
así la resultante. La pólvora diseminada en granos dispersos, no sirve
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para nada; encerrados en una cápsula ron bala de cafión, son de una
eficacia incalculable.
Pero
el plan no basta. Hacen falta también los medios para po­
nerlo en práctica. A un niño le regalan un jilguero; lo besa, lo aca­
ricia,
lo echa a volar y por fin lo mete en una jaula y no se cansa
de verle saltar de un palo a otro. A la mafr.lna siguiente, nada más
levantarse, va el niño ·:a ver a su compañero y, ¡dh ddlor!, lo encuentra
muerto en un rincón de la -jaula. Llora: d niño sin consuelo y se queM
já a su mamá de que el gato lo ha matado. ¡ Inocente! ¿Sabéis por
qué muti6? ¡Porque no lo edlaron de comer!
Todos los días mueren
,iniciativas que pudieran dar magníficos
resultados porque no se las dieron los medios indispensables de vida:
directores
aptos, colaboradores con · espíritu de· sacrificio, posibili­
dades maretiales
... Es decir, les faltó el alpiste del jilguero. Muchos
de nuestros planes quedan en la cuneta no porque no estuvieran bien
diseñados, que lo suelen estar y algunos mucho, sino porque en vez
de disponer para su realización 100 medios odecuados, hernoo pedido
sencillamente milagros: prensa sin dineto, empresas editoriales sin
técnicos
de marketing, ejércitos sin armas, círcuios juveniles sin
locaJ.es donde reunirse ...
Los medios son innumecables: los periódicos y revistas, los ar­
tículos, hojas de propaganda e imprentas, bibliotecas, el teléfono.
un local bien equipado, el cine, el teatro, la radio y la televisión, una
pequeña o gran empresa, las
grabaciones discográficas, uri club de­
portivo
•.. "Lo peor, señala Jea·n Beaucoudray, es la inercia de los
buenos. Tienen medios y
no los utilizan para lo esencial: El combate
cristiano dviro y político". La derecha católica española tiene me­
dios sobrados
en su poder; pero demasiado egoísmo, miopía y miedo
de utilizarlos. De todo ello, si nos atenemos a la parábola de [os ta­
lentos, algún dla se nos pedirá ruenta. Nos creímos propietarios cuan­
do
éramos · simples administradores para mayor gloria de Dios. De­
masiadas veces nuestros adversarios nos combaten con formidables
instrumentos de propaganda moderna y nosotros queremos salir a
su
encuentro armados de flechas y catapultas.
Entre todos los medios, sobre uno es necesario insistir: las posi­
bilidades económicas de la acción contrarrevolucionaria. Es asnnto
110
Fundaci\363n Speiro

¿QUE PODEMOS HACER?
fundia-roen1'3-l:ísimo. Una acc1on sin dinero es como una guerra sin
dinero. No puede ser. Sin dinero no hay armas, no hay municiones,
no hay barros, no hay aviones, no '.hay hombres. Sin dinero no. es
posible esa acción de restauración que debe compreoder, desde Uni­
versidades Católicas y libres, hasta el colegio confesional, desde los
grandes periódicos hasta
las hojas volantes, desde las asociaciones
profesionales a las células de trabajo
y círculos estudiantiles.
Aunque esta idea es evidente de suyo, creo conveniente_ insistir
para evitar el sofisma de reconocer la necesidad de la acción contra­
rrevolucionaria y
al tiempo la no necesidad de cooperar económim­
mente con ella.
Hay que
edumr a todos, a los altos y

a
[os bajos, para que cola­
boren; a los primeros para que den conforme a su fortuna; a los se­
gundos para que ninguno se exima del deber de cooperar. No se
ha de reunir :lo necesario para nuestras obras con pocos muchos,
sino con muchos pocos. los ricos frecuentemente dan no para lo má,
nooesario sino para :lo que va más acorde con su · inidaciva y como,
aunque Dios les da dinero, no por eso les da necesariamente talento,
resulta que a veces, 1as empresas favorecidas son inútiles o .son
fracasos.
Entre todas 'las señales de cristiandad, ninguna más segura . que
la del sacrificio, y entre todas las muestras de sacrificio, ninguna
más elocuente que
la del dinero. Un católico reza, va a Misa, es muy
de
derechas; muy bien. Pero si . ese milllllo ca~lico no se sacrifi01
ni trabajando por la Igksia, ni defendiéndola, ni dando parte de
su dinero y
su tiempo, no será más que un católico de oropel. El
01t6lico de verdad lucha dando la mra por Cristo, y sobre todo,
dando generosamente su dinero,
no porque le sobre, que aón así
cuesta mucho, sino con verdadero :sacrificio, con-arreglo a sus 'J?O"
sibilidades.
Formación de minorías, estrategia para la acción, medios instru­
mentales... Finalmente consideraremos. cual es la naturaleza y ám­
bito de acción cató!i01 y contrarrevolucionaria que propugnamos en
orden a la rcimplatación de los posnilados del Derecho Pú]:ilico
Cristiano.
«Nuestra tarea
~ibe Juan Vallet de Goytisolo en su Qj>ÚS·
111
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JAVlER URCELAY ALONSO
culo "Qué somos y cuál es nuestra tarea" -no es una acción polí­
tico
concreta. O>nsiste, como fa de nuestros maestros y amigos del
Of.6ic.e, en realizar una labor auxiliar, Jo más profunda posible, para
la restauración del tejido social y político, en rodos sus niveles, desde
la misma raíz y base».
Es pues una acción de naruraleza cívica y política entendida ésta
no como política de partido, sino en el sentido etimdlógico de la
pafabra;
referida a la "polis", o sea a procurar el bien de rodos, el
bien común.
En ese sentido, la p:,lítica no es solo un derecho, sino
la más elevada expresión de la caridad, un deber inalienable de fa
Iglesia y de todos los ciudadanos, de los católicos más que de nadie,
porque están obligados por la ley natural y evangélica al bi,en común
que la filosofía natural y la católica les señala como fin de la so­
ciedad.
O>ndenar la política en bloque, sin distinguir al menos entre
la política
ruin de partidos y Jo que Pío XI llamaba "Ia alta política",
es desconocer que todo ciudadano está obligado en oonciencia a mi­
rar por los int1ereses de la Patria, en que entran desde la defensa· de
la Religión y de la familia basta la de la propiedad y los iegítimos
intereses materiales; oblig,ac.ión que se agra.va en esta época en que
fa ,política rastrera lo ha invadido rodo: la conciencia, la escuela,
el !bogar, la hacieuda, la libertad, rodo.
La Iglesia ve el mal y quiere, en cuanto está de su parte, cortar
el eiroeso de política que nace de la pasión, no el uso de la política,
que nace de la absoluta necesidad
La acción política, así referida al supremo· interés nacional, co­
rona y presupone una acción que se desenvuelve fundamentalmente
en el ámbito de lo social, de los cuerpos naturales y los distintos
dicion.:l
de la sociedad: la Uriivetsidad y la enseñanza, la empresa
y el mundo laboral (incuyendo 'los sindicatos obreros católicos), el
barrio y el municipio, la acción familiar, las asociaciones de rodo
tipo, a.rlturales, recrea.ti-vas, deportivas ,etc.
Entre todas estas tareas pendientes quettía hacer hincapié antes
de .acabar en dos de ellas que me paree.en piedra angu1ar del Orden
Social que propugnamos: la
Uni-..etsidad y la Parroquia.
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Fundaci\363n Speiro

¿QUE PODEMOS HACER.?
a) La Universidad.-y por extensión todos los ·centros de ense­
ñanza Superíor:y ,media~ porque es la institución por excelencia:for~
madora de la juventud. Mieutras en España carerounos de una Uni­
versidad
Católica, · será imposible que haya eutte nosotros una ge­
neración de jóvenes integralmente fomnados eu los principios OllÓ­
licos; e imposible la creación del pensamiento nacional, uno de los
problemas vitales de la Nación.
Entte la conquista por oposición de las cátedras de la Univer­
sidad
estatal y la Universidad Católica independiente, nosotros 'nos
declaramos resueltamente pot la creación de nuestra propia Uni­
versidad, que habrá de surgir de las entrañas mismas de la 110eiedad,
recogiendo todas las iniciativas y · todos los centros existentes que
espontáneameutie han ido creándose.
No faltará dinero pru:a eso. Lo que podría faltar es la concieucia
colectiva de la necesidad de esta obra, la primera y más fundameutal
de 1a Iglesia; pot eso la conciencia de los Católiros no se ha cana­
lizado en ese sentido.
En
manto a los colegios,. la !undación de colegios católioos de
buena línea es una labor fundamental Frente a la tiranía del Esta­
do
Socialista, que quiete imponer su pretexto de gratuidad la escuela
única, privando a los padtes del derecho de abt.ir escuelas y de man­
dar a sus hijos a las que quieran; ,hay que levantar la bandera de la
libertad de enseñanza.
Todas estas labores competen a misión
es actuar en la Universidad y en los rolegios, defender 1a
enseñanza católica, formar núcleos activos para la difusión de la
doctrina, orientar el criterio del resto de sus compañeros, contrarres­
tar dentro de los clausttos universitarios el infilujo de los grupos re­
volucionarios con una fuerza organizada, estudiar y defender los in­
tereses legítimos ·de los estudiantes· y de fas r:espectivas carreras.
b) La otra tarea primordial sobre la que quería insistir es la re­
vitalización de la Part'oqúi•, abandonada en tantos casos pot los bue­
nos católicos anre la transmutación· progre&isra de la mayoría de ellas.
Hemos recurrido en -un gráVe ·error. táctico que -indiréctamente ha
oonttibúido a la expansión y fortalecimiento del progresismo. Aban­
donando la ¡iorroquia hemos; 'j,or una parre, abandoriado a ·muchos
• 113
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JAVIER URCELAY ALONSO
sacerdotes que hubieran resistido caso de verse rodeadoo de un gru­
po de seglares formados y dispuestos a colaborar, y por otra hemos
dejado el camino expédiro para la implantación de las tendencias
fi1oprotestantes
en una institución de. tanta trascendencia en la vida
de la Iglesia y de la sociedad como es la Parroquia.
La huida de la parroquia en loo últimos años ha desplazado la
piedad y la acción de !o que en muchos caso, deberla ser su centrp
de gravedad y su eje natural de sustentación. Es ilógico que esta ano­
malía esté
dando rus frutos, y bien amargos. "No puede ser bueno
---seña!laba hace tiempo ya don Florencio Jardicl-vivir a,lejados
de lo que es, por divina dispo,ición, el a,ntro de nll"5tra vida espi­
ritual Es un desorden ser indifer.entes a lo que quiso la divina vo-·
!untad que fuera medio de santificación pata las almas".
Este · mismo pensamiento manifestaba San Pío X al final de su
vida
cuando decía que la verdadera estrategia, la más eficaz, consis­
tía
en la formación de minorías selectas encuadradas en el marco de
la parroquia.
Alejarse de
la parroquia y cederla sin pu¡a al progresismo ha sido
un error táctico. Un error que debemos enmendar aprovechando el
viento de reencuentro con la mejor tradición att61ica que ha traído
a
la. Iglesia el pontificado de Juan P,iblo II, pues romo decía Bene­
dicto XV "es preciso reconocer prácticamente que la vida parroquial
puede
ser el primer elemento de 1a suspirada restauración social" ( 10
julio 1921).
• * *
Y llegamos al final... Durante unos mim>t:Os hemos haMado de
la acción, intentando responder a la pregunta inicial: ¿qué podemos
hacer? Cada uno mejor que nadie conoa, sus circunstancias perso­
nales y .sabe en qué puesto puede encuadrarse dentro de esta estrate­
gia
general, cuyas líneas maestras he tratado de esbozar. Ahora sólo
queda actuar venciendo 'la pereza que es nuestro rna,l endémico. Lo
advirtió Pemán con su verbo e-Jocueme hace ya mudim años (Radio
Nacional 2 de mayo de 1937): "Somos un ,pueblo arrebatado y ex­
tremista,
en el que se encuentra un héroe para un 2 de mayo, pero
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¿QUE PODEMOS HACER?
en el que no se encuentra siempr.e el hombre normal y medio que
hace falta para el tres, P"ra el cuatro, .para el cinro, P"'ª toda esa
sucesión de días grises, que fotman Ja vida ordinaria, en los que
no se puede vivir de las vitrudes esrridenres del heroísmo, sino que
hay que vivir de
esas otras virtudes menores, de la disciplina, de la
obediencia, de la abnegación. Nuestro peligro está en la propia de­
jadez olvidadiza que puede desvirtuar cada victoria".
Seamos pues, hombres de principios y de aoción y devolveremos
a nuestra Patria el sentido católico y evongelizador exponente má­
JOimo de hispanidad, síntesis de su pasada grandeza y cifra de sus
hazañas y sus glorias inmortales.
Si somos hombres de acción, nos uniremos.
Si somos hombres de acción, no censuraremos la actuación de
los demás.
Si somos hombres de acción, tendremos realismo y unidad de
pensamiento.
Si somos hombres de acción, contribuiremos generosamente con
nuestro dinero.
Si somos hombres de acción, lucharemos dentro de una plan.
Si somos hombres de acción, seremos racionalmente oprirnistM
porque Dios bendice, no los lamentos y las tertulias, sino los sacri­
ficios y los trabajos.
Y
en fin, cuándo trabajemos habrá directores, la gran necesidad
del
mundo, porque donde no hay acción ni hay directo vocaciones para nada.
El que busque la solución en otra parte, a lo más logrará un
triunfo efímero y transitorio, lo que dure .un Dk:tlador, que puede ser
lo que tarde en ser encañonado por una "parabellum" cualquiera.
No nos engañemos poniendo la esperanza en otra cosa, aunque
se ponga en un gran caudillo, o en una gran inteligencia., o en un
gran Rey o Presidente de República, o en un gran estadista, y, io
que es más, incluso en un gran santo.
Porque aunque sea un gran santo el conductor de un pueblo, si
no ·hace el milagro de que ous coociudadanos seo.n cumplidores de
sus deberes
religiosos, sooiales y I,oilticos, la sociedad, que es árbitra
de sí misma, se regitá mal y perecerá sin remisión.
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JAVIER. UR.CELAY ALONSO
Por eso, solo formando minorlas de hombres de principios y de
acción, que vivan la fe en roda su integridad y qpongan sin oesar,
con su lenguaje y su conducta, el más rotundo y enérgico mentís con­
tra cada nuevo paso de la Revolución, es como podremos actuar con
garantía de eficacia.
Tenemos que ·desechar la mentalidad fetichista, la preocupación
del
número improvisado y ficticio; no es eJ número, es la calidad,
la selección, lo que de momento interesa. La otra. táctica, el viejo
esquema del liberailismo, puede
proporcionar éxitos espectacnlares,
pero efímeros, sin· consistencia. Hay que .aber sembrar -Speito
significa "sembrar"-y saber espetar sin itnpaciencias la hora nor­
mal
de la recolección. Quizás no seamos nosotros los que recojamos
los frutos, pero de seguro serán maduros y duraderos porque con
nuestra tenacidad habremos construido la casa sobre roca de grániro.
Quizás
nos !haya tÓcado ser el olvidado siglo cuarto de nuestra Re­
conquista, oscuro y anónimo tal vez, pero sin el que la gesta de Pe­
layo hubiera sido estéril y la alegría final de Granada un sueño itrea­
lizable.
El lema Glrlista "ante Dios no serás 1héroe anónimo" vate -ram­
bién para la paz.
¡Que el Sagrado Corazón de Jesús, grabado en los estandartes
por los que combatimos, nos ayude por la intercesión de la Virgen
del
Pilar, a trabajar sin descaruo, a luchar sin miedo a que nos hie­
ran y a DO buscar más recompensa que saber que haoemos SU santa
voluntad!
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'
Muchas gracias
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