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1979

Propiedad, vida humana y libertad

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1979
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Propiedad y orden político

PROPIEDAD Y ORDEN POLITICO
POI!.
.EsTANISLAO CANTERO
SUMARIO: , Introducción.-I. PaoPIEDAD Y LIBERTAD: l. La libertad civil,·
2. La libertad polltfra; 3. La libertad civil, base de la libertad polltica,·
4. La propiedad Privada, condkión necesaria de la Jibertdd,' 5. La propie­
dad privada y la plenitud del (Jt'den fJatural.-lI. DESVIACIONES DEL ORDEN
POÚI'ICO: l. El capitalismo: La separación de la economía de Li. ética;
El
raciom.lismo; El individualismo y la supresi:ión de ios cuerpos inter­
medios; El intervencionismo;· Capitalismo y propiedad privada; La fic­
ción de la democracia. moder$. 2. El .rocialism.o: La utopía: de la dialéc­
tica al Gulag; El central~smo democrático; El poder: omnicomprensivo del
partido; De la superación de fa propiedad privada al totalitarismo. 3.
Conflue,rcia de ambos sistema.r.-III. CoNCLUSIÓN: Los cuerpos inter­
medios, esencia: del orden político.
Con frecuencia se nos presenta una disyuntiva ante dos concep­
ciones aparentemente antagónicas, siendo necesario pronunciarse en
favor de
alguna de ellas y en contra de la otra; un planteamiento
de la cuestión según el
ruál, parece que no cabe ninguna opción di­
ferente de
esas dos que se proponen, tal como, por ejemplo, eouncia
el dilema Raymond Aron (1) : «Capitalismo contra socialismo o de­
mocracia contra despotismo totalitario».
Pero
tal planteamiento no es válido. Y no es válido al menos
por dos razones: en primer lugar porque no es la única forma en
(1) Raymond Aron: En defensa de la libertad y de la EMrDfra liberal,
Al!gos-Verga.ra, Barcelona, 1977; pág. 200.
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EST ANISLAO CANTERO
que pw,de plantearse la cuestión, ya que cabe otra solución diferente
de
las dos, sin que desde luego sea una síntesis de ambas; en se­
gundo lugar, porque entre esas dos soluciones que se presentan como
irreconciliablemente antagónicas,
no resulta haber una oposición total
y absoluta
respecto al desarrollo de la vida humana y de la libertad
del hombre.
Y ello es así tanto en
lo que se refiere al dilema capitalismo o
socia.Iismo, como al de democracia o totalitarismo. Y a ello funda­
mentalmente se va a referir esta exposición.
Y erumciemos, antes de continuar, que del mismo modo que en
ese
dHema que se plantea se liga el capitalismo a la democracia ( al
menos tal como ambos se presentan hoy) y el socialismo al totali­
tarismo, también la solución
a la cuestión, liga el régimen de pro­
piedad privada
a la organización social y política por cuerpos in­
termedios.
l. _PROPIEDAD y LIBERTAD
l. La lib,,rtad, ci.,,;,J,
PJantear el dilema anterior equivale a plantearse el problema de
la
libertad en relación con la propiedad y el oroen político.
Podemos enteoder por libertad la facultad del hombre para diri­
girse
por sí mismo hacia su perfección. Y si bien el hombre es siem­
pr~ _libre~ oomQ consecuencia de su ser racional, si siempre posee
libertad psicol6gica o libertad interior ( es decir, posee siempre li­
bertad
para ligarse al bien y evitar el mal, que ni siquiera la escla­
vitud destruye), puede carecer
de la libertad física o libertad exte­
~ior, que consiste en la posibilidad real y efectiva de obrar por s!
mismo eo la vida social; facultad de obrar que ha de ser reconocida
por el ordeoamieoto jurídico, sin más prohibiciones o mandatos que
los que resulteo del oroen social natural en base al bieo común.
Cuando esta
libertaid existe se dice propiamente que el hombre es
libre en la sociedad en la que vive.
l'.se obrar libre del hombre se ha ido concretando a lo largo de
la historia en una serie
de facultades de obrar reales ; de ese modo,
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ese obrar libre da lugar a libertades concretas. Es decir, la libertad
del hombre uo es un mero poder obrar, una simple posibHidad, un
poder obrar en abstracto, sino que es también, y sobre todo, un obrat
real efectivo y duradero, que se plasma en realizaciones concretas (2),
Libertades concretas que son plasrnación de lo que el hombre
puede realmente hacer y en virtud de ello lo hoce efectivamente, .Li­
bertades
concretas que establecen los poderes reales del obrar humano,
Es algo que loo hombres de una generación poseen realmente en
virtud de la tradición recibida de las anteriores generaciones y que
por ella
han de transmitir a sus sucesores ( 3), y que se expresan a
través de
tareas comunes, por medio de instituciones. Libertades con­
cretas que se encarnan en los cuerpas intermedios, es decir, en. toda
esa serie de grupos humanos
existentes entre el individuo y el listado,
y por medio de los cuales cada hombre ejercita y hoce realidad todas
sus facultades, todos sus poderes.
El hombre, como ser concreto e histórico, vive así su libertad con
plenitud, desarrollada a través de los diversos cuerpos intermedios de
los que forma parte;
pero éstos no son solamente el marco o el ámbitQ
donde desenvuelve su libertad, sino que, además, le garantizan , el
ejercicio de suJibértad tanto en el interior de cada cuerpo intermedio,
como en su
proyección fuera de los mismos. Y ello porque las dis­
tintas esferas de actuación de
todos y cada uno de loo cuerpos inter­
medios constituyen la sociedad, lo que es la vida propia de un pueblo;
y esa vitalidad es el nwcimo freno a fa arbitrariedad del poder po­
lítico del Estado, cuyo poder se ve· frenado y limitado por todos
esos otros poderes reales del cuerpo social, distribuidos entre todos
los cuerpos intermedios
(4).
(2) CTr. Francisco lllías de Tejada: «Libertad abstracta y 'libertades
concretas» en el volumen Contribuci6n al estudio de /01 c11erpo.r intermedior,
Speiro, Madcid, 1968; y el volumen Poder y libertad, Speiro, Madrid, 1970.
(3) Además de los autores ya clásicos del siglo xvm al XX, cfr. Marce!
de Corte: «Le radici della tradi.2:ioné e la causa del loro ina.ridimento», ·~ el
volumen La. memoria ston'i:a e la sua difesa., Volpe, Roma, '1978; y el vo­
lumen Revoluci6n, ConseNiaduri.rmo , y Tradición, Spe!i.ro, Madrid, 1975,
( 4) · Cfr. Michel Creuzet~ Los ~uerpos intermedios, Speiro, 2.! .ed., Ma ..
drid, 1977; Conlribueión al ... ; El m,miripio en la organiz«ión de la· sa#e-
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BST ANISLAO CANTERO
El poder pólitico, el Estado, tiene que reconocer esas libertades
concretas y esos cuerpos intermedioo en que aquéllas se plasman, con
los medios, las facultades y los poderes necesarios a cada uno de
ellos para que puedan
·cumplir su fin propio; y ello porque es la
base social en que se asienta el· Estado. Su actuación consiste en coor­
dinarlos
según las exigencias de su fin específico que es el bien
común. El principio
de suhsidiatiedad que tiene que ser escrupulooa­
mente. respetado, al igual que cumplido el principio de .totalidad, son
armoniosamente conjuntados por medio tlel principio del bien a,.,
mún (5).
2. La libertaa politica
Ahora bien, la libert•d exterior o física del hombre no se agota
en las libertades concretas pertenecientes a la esfera prima, al dere­
cho privado;
no concluye con la Hbertad civil, sino que se extiende
también a la libertad política; la plenitud de la libertad incluye
también la participación en los asuntos públicos, en lo que afecta al
gobierno de la sociedad, al Estado.
Y ello, al menos, por dos
~azones: en primer-lugar, porque el
poder
.pólltico, o si se prefiere el Estado, aunque no se confunde
con los diversos p,, seco
que se imponga. desde fuera, sino culminación de la sociabilidad
dad, Spoiro, Madrid, 1971; ~uan Valle! de Goytisolo: Más sobre temas de
hoy, IV, VIII, .IX y XVII, Spoiro, Madrid, 1979; J. Valle! de Goytiso!o:
Datos y notm .robre el cambio de estructuras, S~, ~id, 197:i; pági­
nas 211-254; José F. Lorca Navarrete: Pluralt.imo, · t'egionalismo," munidf,a­
lismo, Universidad de Sevilla, Sevilla, 1978; el volumen Unidad-Unitarismo:
P)twalidad-Pl,mdismo, Speiro, MBdrid, 1975,
"O) Cfr. Santiago Ra:¡míre2: ·Pueblo y gobernantes al servkio del bien
común, Euramérica, Madrid, 1956; Hu.gres. Keraly: Prejt1Cio a la politica dé
Santo · Tomás de Aquino, Tradición, -México,-1976; Victorino Rodríguez:
El Régimen Polltico, de· Santo Tomás de Aq11ino, Fuerza Nueva, Madrid,
1978; Juan Vallet de Goytisolo: Algo sobre temas de hoy, IV, Speiro-Madrid,
1972, y En torno al Derecho nal11ral, Sala, M'¡¡drid, 1973; Joharuies Messner:
Btitd soda!, palllica y enmómica a la luz del Derecho n4111f'al, Ria1ph, Ma­
drid, 1967.
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humana, que constituye la sociedad perfecta, independiente, y que se
basta a sí misma, tal como advirtió Aristóteles,
y que tiene como fin
el bien común, según advirtió Santo Tomás, que es lo que buscan
los hombres al asociarse en diveisos grupos hasta formar dicha c;o­
munidad ( 6).
En segundo lugar, para asegurar la consecución del bien común
al que · se ordenan a.rmoniosa.mente los divenos bienes particulares,
sin que éstos desa¡,a=can o se limil!l:n indebidamente. Para ello es
na:esario que los hombres que forman la sociedad participen en
dicha tarea. La libertad política es también consecuencia del ser ra­
cional y social del hombre y necesidad para. u.na convivencia humana
en la que no exista un poder despótico que se imponga a la socie­
dad (7).
3. La Uberl!dd cwil, base de la libertad pcilím:a
Sin embargo, si observamos la realidad de la naturaleza humana
y la historia, vemos que los cuerpos intermedios tienen como fina­
lidad
conseguir lo que los hombres por si solos no pueden alcanzar;
para ello han de contar tanto con las libertades o faatltades inhe­
rentes a su naturaleza especifica, como con los medios necesarios para
ello. Pnr consiguiente, los cuerpos intermedios mi\s complejos o su­
periores respecto a
los mi\s sencillos y el Estado respecto a todos
ellos, han de respetar celosamente esas libertades y esos medios de
acción.
Los cuerpos intemiedfoo no anulan las libertades, 1liÍ las esferas
de
acción, ni los fines de los hombres o de otros cuerpos intermedios
que los componen. Su finalidad es
alcanzar algo más o algo dife-
( 6) No tiene esto na.da que ver con el pactismo del racionalismo y Ja
Ilustración-.· ar. Juán Vallet de Goytisolo: .Má.r sobre .... ; IX, y¡ «Los pacti-stas
del siglo xvn: Hobbes y Locke», en Verbo, núm. 119-120, noviembre-didem­
bre 1973.
(7) Cfr. Juon Valle! de Goytisolo: «La pa.ticipación del pueblo y la
democracia», en Verbo, núm. 161-162, enero-febrero 1978; Estanislao Can·
tero: «Características de la participación», en Verbo, núm. 155·156, mayo­
junio 1977.
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rente, para lo cual aquéllos no se basta.o.; jamás destruir o anular lo
que
ya es posible conseguir. Fines diversos entre los cuales se en­
cuentra,
precisamente, la garantía y la protección de la libertad, ase·
gurada por
medio de las libertades concretas.
Por ello, las libertades políticas, so pena de resultar un sarcasmo,
tal como Joaquín Costa había observado (8), DO pueden ck,struir
ni eliminar las libertades civiles, ni la organización social por cuer­
pos intermedios que OOl!lStituye la expresión y la garantía de esas
libertades civiles; por el contrario, las libertades políticas han de
ser el roodo eficaz de que las libertades civiles DO se vean supri­
midas,
atacadas o indebidamente restringidas por el poder político,
asegurando la actividad del F.stado en orden al bien común.
Las libertades civiles son primordiales para el hombre, si faltan
huelga hablar de libertades políticas, y cuando se afirmen éstas y
se nieguen aquéllas, nos encontraremos con el absurdo que ya ob­
servó Tocqueville (9); ¿libertad política, para qué? La falta de
libertades civiles entraña siempre el totalitarismo (10).
(8) «Piensan que el ~lo es ya rey y soberano, porque haJi puesto
en :sus -manos la papeleta. electoral: n~ lo creáis; mientras. no se reconozca,
además, al individuo y a la familia la. libertad dviil y al CO'Qjunto de. individuos
y . .fat;nilfas . .el derecho complementario de esa libertad, el derecho de estatuir
en forma de costumbres, aquella soberanía es un sarcasmo, representa el
derécho · de darse periódicamente un amo que "te dicte ley, que le imponga su
voluotad: la papeleta. electoral es el harapo de púrpura y el cetro de caña
con que se disfou:ó a Cristo de rey en el pretorio de Pilatos». Cfr. Juan
Vallet de Goytisolo: «La. libertad civil», en Contribución al ...
{9) . «Los pueblos dmloctáticos que han introducido la libertad en la
esfera política, al mismo tiempo _ que han acreoeritado el despotismo en {a
esfera. administrativa, han ·sido conducidos a. singularidades muy extrañas.
C~ando
hace falta ID.anejar los pequeños negocios, donde el simple buen
SJentido puede bastar; estiman a. los ciudadanos incapaces; y si se trata. del
gObiemo d~ todo cl Estado, confíall á estos ciudadanos inmensas prerrogativas»,
«es difícil ·de concebir cómo hombres que han renunciado enteramente al
hábito · de dirigj.rse a sí mismos, podrán conseguir escoger bien a quliertes:
deban conducirles», Afexis de Tocqueville', en De· la démocratie en Amérique,
Unión· Générale d'Ilclitions, cokcción 10/18, París, 1963, págs. 363-364; existe
tambi'én una selecci6n en castellano publicada por Guadarram.a. ·
(10) Cfr. Juao Vallet de Goytisolo: N.á, ,obre ... , XVII.
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
La existencia de las libertades civiles y su reconocimiento pleno
por parte del poder político, supon~ na:esariarnente la existencia· de
un orden social natural por cuerpos intermedios en el que caJa. uno
de ellos goce de la suficiente autooomia, del suficiente poder de ac­
tuación para cumplir sus fines propios.
Las libertades políticas, las · formas de participación política, son
susceptibles de rev la libertad civil no ha
de ser idéntica en todo tiempo y lugar, pero
siempre el orden político
ha de tener por base ese orden social por
cuerpos intermedios. Lo que quiere decir que el orden político debe
fundarse en la naturaleza de las cosas, en el orden natural insito por
Dios en la creación, respetándolo y descubriéndolo por medio de la
observación. de la naturaleza, tienien riales, formales, eficientes y finales (11).
Como ya se indicó, tanto el hombre como los dive!S06 cuerpos
intermedios, para lograr sus fillles propios han de contar con los
medios adecuados para ello. Y
entre esos medios hay algunos que
resultan necesarios, imprescindibles, insustituibles por otros, y cuya
falta
impide el cumplimiento de osos fines. Entre éstos se encuentra
la independencia económica, para lo cual es necesario la propiedad
privada. Decimos
que somos libres cuando no dependemos de otros, cuau­
do por nosotros mismos podemos realizar nu!eStro fin. Pero, entién­
dase bien, que en este sentido nadie es absolutamente libre, puesto
que nadie
se basta a sí mismo, razón por la cual la naturaleza del
hombre
es social, lo que hace que unos hombres dependan de otros,
y por esa interdependencia es posible la vida humana. Pero por ello
el hombre
no deja de ser libre. Las agrupaciones humanas, aunque
(11) CTr. Juan Vallet de Goytisolo: «Los pactistas del ... », Más sobre ... ,
I, II, y «Del legislar como legere al legislar como facere», en el voiumen
Contemplación y acción, Speiro, Madrid, 1975.
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sean necesarias, no por ello dejan de ser agrupaciones de hombres
libres.
Pues bien, para la libertad del hombre, para la existencia de una
sociedad de hombres libres, es imprescindible la propiedad privada.
Propiedad
privada que significa fundamentalmente que los bienes
de los que el hombre
se sirve se encuentran distribuidos entre per­
sonas concretas y entre los cuerpos intennedios, correspomliendo a
sus titulares, los
propietarios, la gestión y disposición de los mismos.
Tanto
los hombres como los diversos cueqx,s intermedios nece­
sitan independencia económica para poderse desarrollar,
para poder
ser ellos
mismos quienes ckcidan qué cosa van a hacer '/ cómo lo
van a efectuar. Sin esá independencia no habrá más remedio que
aceptar lo que imponga aquél
de quien se dependa. Por ello, la pro­
piedad privada de los medios de producción es condición neoesaria
de la libertad.
Y no
sólo porque la apropiación privada de los bienes, la pro­
piedad privada, se
fundamenta en la libertad. del hombre, .con lo que
si se
suprime la propiedad privada se elimina de raíz la libertad del
hombre, que en
su ejercicio posee las cosas como propias, sino porque
sin propiedad privada se elimina toda libertad. Es decir,
la supresión
de la propiedad privada no supone
tan solo la prohibición de poseer
las cosas como propias, no constituye solamente la falta de libertad
para apropiarse las
rosas, _no suprime el ejeicicio de la libertad hu­
mana; tan .solo en ese sentido, sino que supone, necesaria e indefecti~ _
b!ernente, la pérdida de toda libertad. Como observa Joseph Hoff­
ner (12}, «es una utopía la afirmación de que el hombre puede
conservar la libertad personal, política
y religiosa aun después de
renunciar a
la. libertad de sus decisiones económicas. La libertad
es indivisible». Como indica Salieron (13 ), «la propiedad es el so­
porte de la libertad»_
(12) Joseph Hfiffner: Problemas éticos_ de la fpoc~ industrial, Rialp,
Madrid, 1962, pág_ 12.
(13) Como señala Louis Salieron, «la propiedad es el soporte de la
libertad. Lo es naturalmefl.te, y en algun¡1 medida por deftinidión, en el sen­
tido de que pertnite el 'desarrollo · de la persona.. Lo es iostituciooalmente,
en el sentido de que el poder del Esta.do se detiene anté la propiedad de la
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
Lo que es fácil de advertir, ya que si no existe propiedad pri­
vada es porque la propiedad de los bien.es de producción se atribuye
a la colectividad, representada por el Estado; la consecuencia más
inmediata de ello es que para cualquier actividad se clepeude del
Estado, Tan solo se podrá hacer lo que éste quiera y tal como quiera
que se realice. Lo que significa que el hombre no podrá proveer a
sus =esidades más elementales actuales y futuras. Todo el ámbito
personal, económico, educativo, médico, de vivienda:, etx:., dependerá
del poder del Estado. Con la wúón del poder polltico y el poder
económico se instaura el totalitarismo y se destruye la sociedad. No
se piense que el Estado respetará las demás libertades cuando su­
prime la libertad económica; nunca lo ha hecho. Y annqne así
fuera, haciéndose realidad la ntopía, no cabe duda· de que la sociedad
habría
perdido su · vida propia y el hombre su libertad, pues todo
habría que esperarlo
del Estado.
Lo que quiere decir que la propiedad privada, en este sentido,
por el solo hecho de su existencia; cumple ya nna función social
vital, aunque haya propietarios que no den la debida particiipación
en el uso de sus bienes (14), aunque existan abusns de derecho,
etcétera. Es decir, aunque en el uso y disfrute de los bienes deter­
minados
propietarins se comporten mal, esa propiedad cumple una
función social, al impedir la concentración . de la propiedad en la
única mano del Estado.
Es cierto que
no es esa· la única función social de la propiedad;
ni siquiera
el concepto al cual se alude genéricamente cuando se
habla de
su función social, pero no por ello se debe prescindir de
un aspecto tan fundamental de
la propiedad privada corno el men­
cionado, sobre el que ciertamente
hoy no se recapacita lo suficiente.
persona. Lo ,es políticamente por el equilibrio. que establece entre las fuerzas
econó.triicas (sector de la prOpidad) y las del Estado (sector del poder)»,
en Diffuser la proprilté, Nouvelles éditions latines, col. Itinéraires, Parls,
1964, pág. 191.
(14) ·Sobre la distinción entre el derecho y su uso, cfr. Juan Vallet de
Goytisolo: «La propiedad en Santo Ton:iás de Aquino», Revista de Estudios
Políticos, núm. 195~196 (1974).
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EST ANISLAO CANTERO
Por consiguiente, si la propiedad privada es condición necesaria
de la libertad,

como
efectivamente lo es, a una mayor distribución
de la propiedad priva da sobre todo cuando se ha perdido su sometimiento a la ética y el in­
dividualismo preside su regulación, tiende a equipararse práctica­
mente a la
propiedad estatal; pero este peligro puede evitarse con
un o,den social y político basado en los cuerpos intermedios, que
asegura la
más justa distribución y difusión de la propiedad, lo que
permite que las
libertades concretas sean realidad.
No se precisa una distribución de la propiedad igual entre los
hombres, lo que, aparte de resultar utópico, s6lo es posible mediante
una
imposición y regulación totalitaria. El que la propiedad privada
sea condición necesaria de la libertad no quiere decir que todos los
hombres
posean las mismas cosas, que todos tengan lo mismo (16).
( 15) Omio observa Joseph Haffner, «la institución de la propiedad
privad~ llena su cooretido solamente cuando rodos los hombres, en la me­
dida de lo posible, tengan parte en ella. Esto no quiere decir de ningún modo
«igualitarismo» · ó «nivelación d.e la propiedad»... las relaciones de la pro­
piedad-son sanas, políti!cas y socialmente, cuando la amplia masa de la-po­
blación posea: tanto que no caiga en la dependencia económica de otras clases
o del Estado», advirtiendo que da suficiente procuración de los bienes de
consumo no basta de suyo; esto también lo pretende cada vez más el bol­
chevismo» (op. cit., pág. 88). De ahí que Johannes Messner afirme que el
fin que tiene que peneguir la reforma social «n0 es .el de lograr una simple
redistribución de la propiedad, sino el de sentar la posibilidad de una. for­
mación de propiedades privadas en favo.t de los que de ellas carecen» (Etica ... ,
pág. 125,3).
(16) Tal como, por ejemplo, afirma Edwa.rd Hallet Ca.rr, para quien,
de acuerdo con Babeuf, «la libertad y· la igualdad de las democracias po­
líticas son un falso mito cuando no se ven complementadas con la libertad
y la igualdad económica», de tal modo que «nos es imperativo realizar el
suefio de Babeuf» (La nueva sociedad, Fondo de Cultura Económica, México,
1969, págs. '57 y '58). Para ello· no hay más solución que el sociaUsmo (op,
cit., págs. 56, 57, 80, Srl, etc.) ya que «si todos somos libres, todos somos-
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PR.OPIEDAD Y ORDEN POllTICO
Ello significaría identificar la libertad con la riqueu, de modo que
a
mayor riqueza mayor liberta.el -lo qu~ es falso-, de donde sólo
hay un paso a exigir o a dictar las medidas oportunas para que la
riqueza, la propiedad, se distribuya igualitariamente entre todos,
para que todos sean igualmente libres. Lo que, aparte de eliminar
la libertad de apropiación, implica una imposición totalitaria de la
distribución, la cual lleva parejada la pérdida de la libertad econó­
mica en la sociedad, y, con ella, la pérdida de toda libertad.
La propiedad priva.da, y entiéndase bien que no se trata solo
de la
propiedad individual, sino también de la propiedad de los
cuerpos
intermedios, es neoesaria para el buen funcionamieoto de
la
sociedad (17). & condición necesaria, aunque no sea condición
suficiente. Y, por ser condición necesaria, el &tado está obligado
por razón de bien común (18) a proteger la propiedad privada (19)
en todas sus formas y
manifestaciooes (20), sin ponerle trabas di-
iguales» (op. cit., pág. 148) porque «la libertad significa libertad para todos y,
por tanto, igualdad» (op. cit., pág. 149); es de señalar que él' mismo confiesa
que «el precio que hay que pagar para que todos sean 1ibres es re$tringir
parcialmente la mayor libertad que tienen otros» (op. cit., pág. 151). Así
pues, 1a nivelación, la igualdad, se consigue rasando por abajo, restringiendo
en lugar de elevando, iJo que lleva, a la postre, a la desaiparición de la
libertad y también de la igualdad, como veremos al hablar del socialismo.
Sobre la confusión entre 1ibertad, igualdad: y justicia, dr. Juan -Vallet de
Goytisolo: Algo sobre temas de hoy, II, 2, 3, Si:,eiro, Madrid, 1972; Enrique
Zuleta Puceiro: «Justicia
e Igualdad», en el volumen La sociedttd a la deriva,
Speiro, Madrid, 19·77; Eugenio Vegas Lata.pie: «El mito del iguafüarismo»,
en el volumen Los milos «111ales, Speiro, Medrid, 196$11.
(17) Cfr. Louis SaJleron: Diff11ser la propriélé, N. E. L., París, 1964;
Juan Vallet de Goytisolo: «La propiedad en Santo Tomás de Aquino», RE. P.,
núm. 195-196, y
Sociedad de masm y Derecho, Taurus, .Mladrid, 1969, pá­
ginas 311 y sigs.; Johannes Messner: Etica ... , págs, 1239 y sigs.
(18) Cfr. J. Messner: op. cit., págs. 583 y sigs .. , 974 y s-igs.
( 19) «El Estado está obli!!"do a proteger la propiedad privada, ya que
su misión primordial consiste en el establecimiento y la salvaguardia del orden
de libertad !iusnaturalista, y la propiedad privada es, como. hemos expuesto
-señala Messner-el sostén más poderoso de este orden», Etica ... , ,Pág. 12:51.
( 20) Así, J. HOffoer distingue seis formas de propiedad fundamentales
que
el Estado ha de proteger: el sueldo, lo que se posee en la casa, el ahorro
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BSTANISLAO CANTERO
rectas o indirectas (21 ), que a plazo más o menos largo conducen
a su desaparición (22), y que uno de los mayores empeños de uua
sociedad libre, para que ésta sea realidad, sea la dif11Si6n de la pro­
piedad
(23 ).
Complemento necesario de la propiedad privada es el merca­
do (24) y la competencia (25), y la adecuada regulación de las
mismas,
para no caer ni en los errores del liberalismo ni en los de
la
planificación, a los que posteriormente nos referiremos. Con razón
Walter Eucken (26) afirmaba que la propiedad privada por sí misma
en sentido estricto, el derecho a los seguros sociales, la adquisición de una
casa propia. y la participación en la formación de capita1 económico (cfr.
op. cit., págs. 88 y sigs.).
Por su parte, Louis .Salieron -destaca la importancia de la propiedad oo~
lectiva., de lo& cuerpos intermedios, además de la propiedad individual, ya
que la. propiedad colectiva., en este sentido, es soporte de fas libertades co­
munitarias (Cfr. Six études sur la. propriété coll«live, Le Portula.n, París,
1947, pág. 199); de ahí su defensa de la doctrina corporativa. También Pierre
de Calan: Renttiuance des libertés-émnomiques et sociales, Pion, París, 1963,
págs. 33 y sigs.
(21) Especial gravedad e im¡,ortanda reviste la política fiscal (J. HBf­
fner: op, cit., pág. 104¡ Vallet: Sociedad de ... , págs, 327 y sigs.), la infla­
ción (Vallet: op. tí/1, cit., págs. 489 y sigs.; «La. antítesis inflaci6n~justicia»,
en AlgfJ sobre ... , págs. 145 ·y sigs. y M.ás sohre ... , XX) y las transmisiones
hereditarias (Vallet: Limíta&iones de Derecho s,"esorio a la fac11/tad de
disponer, tomo· I, Lar legitimas, Instituto-Nacional de Estudios Jurídicos,
Madrid, 1974, págs. 12 a 56).
( 22) <:.omo observa H6ffner, «una ordenación social y económica que
reconociera sólo en teoría la prop,iedad privada, pero que la excluyera en
la realidad para sectores enteros de la población, sería falsa en su estructura
y arrojaría a los hoirnbres en manos del Estado de quien esperarían, sencilla.
mente, todo, pero · que acabaría por reducirlos a. la miseria. y a la esclavitud»
(op. di., pág. 112).
(23) Cfr. Louis Salieron: Di/f11se, la pro¡,riétl.
(24) «El mercado ~ el órgano esencial de la economía social», Mes.
sner, Btica.-.. , pág. 1131.
(25) «La. competencia es un factor ordenador, esencial de la economía
social:_ la cooperación resulta de fa competencia.», Messner: Etica ... , pág. 1132.
(26) Walter Eucken: «El problema político de la ordenación», en el
volumen La economia de mercado, Sociedad de Estudios y Publicaciones,
tomo I, Madrid, 1963, pág. 70.
614
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
no basta, ya que «la significación de la propiedad privada es dife­
rente
según cual sea la ordenación plicando una auténtica propiedad privada una economía de mercado
y
viceversa (27).
La propiedad privada, por consiguiente, es la base de la libertad
civil; pero, como ya vimos, es necesario blmbién un régimen de
cuerpos intermedios, así como la libertad política, para que entre
la sociedad y el
Estado no exista un permanente conflicto ( resuelto
la mayoría de las veces en favor del Estado, que elimina toda li­
bettad al identificarse con la sociedad, a la cual, por eso mismo,
destruye), sino una armonía plena.
La propiedad privada
ha siclo defendida como requisito esen­
cial para la existencia de una · sociedad libre desde múltiples pers­
pectivas. Pero,
como advierte Vallet de. Goytisolo (28), todas aque­
llas teorias que furulamentan la propiedad privada en un puro po­
sitivismo,
ya sea legal (Hobbes, Locke, Rousseau) o sociológico
(Proudhon),
adolecen de un error fundamenta.!, originado pot un
análisis parcial, unilateral e inéompleto; de ese modo se niega la
existencia
de un orden moral que el propietario deba p,mplir, así
como
la existencia de un orden social y político que pueda en nin­
gún caso intervenir, exigiéndose un comportamiento determinado
al propietario, o,
en su caso, interviniendo determinados organismos
sociales o incluso
el Estado, lo que lleva a afirmar que el uso y
disfrute de la propiedad privada, el poder de disposición y gestión
de los bienes,
no tiene límite alguno, pues depende en todo caso y
circunstancia
de la voluntad del propietario.
Por ello, la propiedad privada no es .condición suficiente para
la libertad y la existencia de una auténtica sociedad de hombres libres.
Y es que el problema
no es ni mera ni principalmente económico,
por ello, como veremos al hablar del liberalismo, tampoco aseguran
el mercado y la competencia, por sí mismos, el buen funcionamiento
(27) Cfr. Walter Eucken: op. rit., págs, 71-72.
(28) ar. Juan Vallet de Goytisolo: «La propiedad en Santo Tomás
de Aquino». pág. 60.
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EST ANISLAO CANTERO
de la propiedad privada y el orden social. Se requiere algo más, en
virtud de lo cual ese orden sea real y efectivo.
Ese algo más es precisamente ese orden social y político por cuer­
pos intermedios al que ya se hizo mención, con el que se da el mejor
uso posible de los
biem:s a través de la propiedad privada, donde
a la
par que la existencia de unos deberes éticos que el pr!>pietario
debe cumplir, se da, en caso de incumplimiento, la intervención del
Estado, de acuerdo con el principio de subsidiariedad en orden al
bien común, de modo que esa intervención se limita en su a.parición
a aquellos casos en que «únicamente cuando el desorden que pro­
duzcan sea de tal grado que el bien común requiera su reglamenta­
ción o
corrección>>, tal como indica Vallet de Goytisolo (29).
Intervención del Estado de acuerdo con el principio de subsidia­
riedad, que implica el reconocimiento de la existencia de los cuer­
pos intennedios y de las competencias de los mismos; competencia
de · los cuerpos intermedios, que según cuáles sean, les corresponde
precisamente la intervención en el ámbito económico (29 bis), ob­
reniéndose de .ese modo el m.ejor funcionamiento de la propiedad
privada -<¡u.e ahora cwnplírá, además de la función social genérica
a que antes se aludió, una función social específica--del mercado
y de la competencia, sin caer en los errores del liberalismo ecooómko,
ni en ll)S males de la planificsción.
II. DF.sVUCIONES DEL ORDEN POLÍTICO
Cuanto llevamos dicho no es hoy doctrina que, al menos en la
práctica, suscite muchas adhesiones. Hoy parece, como indicamos,
que no hay
más expectativa que capitalismo o socialismo y demo­
cracia
o totalitarismo.
(29) a,. Juan Vallet de Goytisolo: op, últ. ál,, págs. 93 y sigs.; Más
sobre ... , págs. 256 y sigs,.; «De la virtud de la justicia a lo justo jurídico»,
en En torno al Derecho natttrd!, Sala, Madr:i.d, 1973.
( 29 bis) ar. Jean Ousset y Michel Creuzet: El trabajo, Speiro, Madrid,
1964; Marcel dement: Le travail, Librairie Academique Perrin, París, 1962.
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PROPIEDAD l'. ORDEN POLITICO
V amos ahora a ocupamos de ellas, refiriéndonos tanto a la pro­
piedad como al orden político.
En pmmer lugar, señalemoo que tanto el capitalismo como el
socialismo
y la democracia como el totalitarismo, tienen múltiples
puntos en
común en cuanto al fuodaroento filosófico de que parten,
lo que conduce con
frecuencia a consecuencias semejantes.' Suponen
la
ruptura con un orden natural, al cual se declara o bien infxistente
o bien que no podemos descubrirlo. Y frente a ese orden natural
se edifica
toda la vida humana, sobre las concepciones «ideales» que
el hombre se forja acerca de aquéllo que debe ser la sociedad, pero
sin una naturaleza objetiva y real de la que se pueda partir al tiem­
po que sirva para contrastar lo <¡ue se realiza (30). De ese modo,
en
lugar de sociedades naturales tenemos construcciones ideológicas
de la sociedad; la realidad
es sustituida por la ideología (31).
La separación de la eeonomía de la étiea
Distingamos, en primer lugar, lo que se entiende por capita­
lismo.
Como observa Vallet de Goytisolo (32), «para unos, es sim­
plemente el régimen de propiedad privada de los medios de pro-
(30) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Má.r sobne ... , I y 11.
(3!1) Como indica Henrique Barrilaro Ruas (Ideo:lcgia, ensaio de aná.~
Use hi'.rtórica e cNtica, Biblioteca social e corporativa, Edi~ao da JUJ1ta da
Accao Social, Lisboa, s. f.), lo que carad:eriza a la ideólogía es «el totali­
tarismo de una idea» (pág. 83), «la pretensión de ordenar la sociedad según
un único principio, según tina sola idea, constituye la misma esencia de la.
ideología, entendida ésta en sentido estricto» (pág. 84); «el carácter más
íntimo de la ideología, está precisamente en ser una idea totalizada.. una parte
tomada como todo, algo relativo. elevado a absoluto. Toda ideología es tota­
litaria» (pág. 88) y «es característico de la ideología concebir y tratar a los
hombres como masa» (pág. 86).
Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Ideología, praxis y milo de la tecn.ocracia,
Montecorvo, 2.!! ed., Madrid. 1975. en es-pedal págs .. 19 a 43.
(32) Juan Vallet de Goytisolo: Dalos y notas sobre el cambio de es­
tructuras, Speiro, Madrid, 1972, pág. 5.
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ESTANISLAO CANTERO
ducción, que sus titulatres ponén en. acción, empleando trabajadores
asalariados
mediante el contrato de arrendamiento de servicios.
»Menos
lata'l]ente se emplea el oow:epto al aplicarlo restrictiva­
~te dentro de la sociedad industrial, que los marxistas distingu¡,n
de la precapitalista, a la cual, dan.do un sentido despectivo a la pa­
labra, denominan feuda.l.
»Entre
los seguidores de la llamada doctrina social de la Iglesia
predominan quienes, partiendo del
.primer concepto, centrado en la
distinción entre detentadores del capital y prestadores del trabajo
unidos por una relación laboral asalariada, han señalado que el
único aspecto malo del capitalismo es extrínseco al mismo, pues de­
riYa del liberalismo económico, que considera el provecho como fin
supremo,
d trabajo como mercancia, la ley de la aferta y la demanda,
como notma exdUSiVa».
De ahí que se haya indicado que uno de los errores del libera­
lismo
económico haya sido la separación de la economía de la ética,
la independencia de aquélla respecto a ésta, como ha observado, entre
otros, plWD lista Harold Laski
(33) ; de ese modo, se convierte la moral econó­
mica en un simple respeto de las leyes de merc•do, como ha ad­
vertido el también
poco sospechoso Bdward Hallet Carr (34).
Y es que el problema hunde sus raíces en los siglos anteriores,
con la paulatina descristianización de la sociedad, y la disolución de
la fe religiosa (35), sustituida por la fe en la economía (36) y en
el mito del progreso (37).
(33)· Cfr. Harold La.ski: El liberalirmo europeo, Fondo de Cultura Eco­
nómica. 3.!-reimpresión, México, 1969, págs. 19 y sigs.
(34) Cfr. Edwá.rd Hallet Catt: La nueva socieáml, Fondo de Cultura
Económica, México, 1969, pág. 33. Se equivoca, sin embargo, -al sefialar las
razones del fracaso del liberalismo, así como a la hora de sefialar -las solu­
ciones frente al liberalismo, como tendremos ocasión de ver.
~35) Cfr. Harold Laski: op. rit., págs. 23 a 60.
( 36) Cfr. Alfrod Müller-Annack: El siglo sin Dios, Fondo de Cultura
Ec-0n6mica, México, 1968, págs. 223-224.
(37) Cfr. Marie Madeleine Martín: Les doctrines soda/.'es ,en. France
et fevol11tion de la société franraise Ju ·XVIII siede a nds jours, Du Con­
quistador, París, 1963, págs. 62 y. sigs.; Harold Laski: op. cit., pág. 118;
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
La economía, antes del capitalismo, en la Edad Media, se en­
contt>ba sujeta a la ética (38), de tal modo que, según advierte
Alfred
Müller-Annack (39), la ética económica del tomismo era
una realidad;
el liberalismo se origina con la disolución de la sus­
tancia religiosa en las clases cultas ( 40), con lo que aJ transferir la
fe a la economía ( 41), la libertad ya no se regula por las convic­
ciones de la fe, sino por el juego del intercambio económico ( 42).
De
ahí la importancia de las convia:iones religiosas en la génesis y
desarrollo de los estilos económicos ( 43), y el que, como indicaba
Donoso Cortés ( 44), toda cuestión social o política se resolvía en
una cuestión teológica.
Alfred Müller-Armack.: op. cit., págs. 96 y sigs.¡ Paul Hazard: El pen1ar
miento e11ropeo en el siglo XVIII, Guadarrama, Madrid, 1958, y La crise de
la conscience europeenne, Gallimard, 2 tomos, 1968.
(38) «La Edad Media,. está e:mpa.pada en la. noción de un supremo fin
ultraterrestre, al que tiene que a.justarse toda oonducta. Y el buscar la p­
minda por sí misma es incompatible con semejante noción. La rlqUeza era
un fondo de sentido social, no una posesión individual. El rico no la disfru­
taba. por sí o para su propio gusto, sino como administrador y en nombre
de
la comunidad. Se encontraba, así, limitado, a la vez, en lo que podía ad­
quirir y en los medios para adquirirlo. Toda la moralidad social de la Eclad
Media estaba construida sobre esta doctrina. La. sostienen por igual los or­
denamientos
de la Iglesia y del derecho civil», Harold J. La.ski: op. ci1.,
pág. 20.
(39) «La doctrina económica y social del tomismo era más que una
exigencia.
literaria.... convertían sus principios en una realidad. Por mucho
que se faltara a ellos, esta. ética económica tenía una abundancia de vías
a
través de las cuales penetraba en la conciencia aun de los que nunca com­
prendían algo
de los principios desde los cuales se había desarrollad.o», Al­
fred Müller-Armack: Genealogia de Jo1 esli/01 económicos, Fondo de Cul­
tura Económica, México, 1967, pág. 267.
(40) Cfr. Alfred Müller-Armack: El siglo sin Dios, pág. 225. Es de
señalar cómo un socialista como La.ski reconoce esto, e indica los ataquc;s
sistemáticos de que fue objeto la Iglesia, ,op, cit., en especial págs. 140 y sigs.
(41) Cfr. Alfred Müller-Armack: El siglo sin Dio,, pág,. 223 y sig,.;
Marie Medeleine Martin: Le1 dor:lrine1 ..•
( 42) Gfr. Alfred Müller-Armack: El siglo ... , pág. 215 .
. (43) Cfr. Alfred Müller-,\.m,acl:: GeneaJogia ...
( 44) Juan Donoso Co-rtés: Ensayq sobre el calo/ir:i1mo, el liberaJiimo y
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ESTANISLAO CANTERO
El racionalismo
Pero el error del liberalismo no se encuentra solamente en esa
separación
de la economía respecto a la ética. La disolución paula­
tina de la fe ( 45 J fue acompañada de nna filosofía racionalista que
produjo toda
serie de errores que aún hoy padecemos. Ese racio­
nalismo provocó tanto el abandono de la realidad del orden natutal
ínsito por Dios en la naturakza, como el voluutarismo de querer «re­
moldeac
los destinos del hombre» ( 46), de acuerdo con las ideas
suministradas por los nuevos maestros ( 47), con lo que a partir
de entonces, el muudo y la sociedad deben
hacerse conforme a la
ideología de cada nuevo profeta de la nueva humanidad, originán­
dose
ese idealismo que aún hoy sufrimos (48).
Ello produjo en el orden político del liberalismo, que si bien
se
consideraba que existla uu orden natural ( 49), éste se reduáa
a uu mero orden económico, del que, automáticamente, se deduáa
el bienestar social, sin necesidad de ninguna otra intervención po-
el sociafümo, lib. I, cap. 1, en Obras Completas, tomo 11, B. A. C., Madrid,
1970, págs. 501 y sigs.
(4,) CTr. A. Müller~Armack: Bl siglo ... , págs. 52 y sigs.
(46) Harold J. Laski: op. cit., pág. 75.
(47) Sobre el idealismo dominante en toda la sociedad y, en especial, en
la. economía, dr. Louis Salieron: liberalisme et socialisme du XVIII siCc/e a
nos ;ours, Club du livre· civique (C. L. C.), París, 1977, págs. 50 y sigs.;
Marie ·Madeleine Martin:
op, 'dt.,-A. Müller~Armack: op. ú/1. cit.,· Paul
Hiu:ard: op. tít.
(48) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Sociedad Je ... ; Más sobre ... , en
especial
I y 11; Friedrich A. Hayek: Derecho, Legis/aci6n y Libertad, volu­
men 1, Normas y_ cwden, Unión Editorial, Madrid, 19178; André Glucksmann:
Les maltres pensell'rs, Grasset, Le Llvre de Poche, París, 1979; M. F. Sdacca:
«O idealismo moderno», en el volumen Heresid.s do nos.so tempo, Livraria Ta­
vares Martins, Porto, 1960, págs, 51-69; Estudios sobre filosofía moderna,
Miracle, Barcelona, 1966, pigs. 21-38 y 187-188.
( 49) No puede confundirse este «orden natural» con el orden natural
del realismo
aristotélico tomista que defendemos, cfr. Juan Vallet de Goy­
tisolo:
En torno al Derecho Nataral, Sala, Madrid, 1973.
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
lítica (50) o social (51). Bastaba con que se respetase la propiedad
privada y las leyes del mercado, que en el libre juego de loo inter­
cambioo, los intereses individuales generaban el ínrerés general (52).
El error del liberalismo no estribaba, ni estriba tampoco hoy, en
afirmar la existencia de un orden natural en lo econ6mico, ni en la
eocistencia de unas leyes naturales económicas; síno en afirmar, o al
menos considerar, esa eJcistencia como única.; en no ver que ese orden
económico está inmerso en un orden natural más general, que es
el orden social natural ; en no ver que existe una «interdependencia
entre la ordenación económica
y el orden social» (53), en no per­
cibir en su tatalidad el orden natural, donde lo económico es sólo
un aspecto (54). Como escribe Lonis Salieron (55), «las leyes eco­
nómicas del liberalismo... son leyes naturales, son las leyes físicas
de la economía.
Esas leyes existen, es cierto; pero Jo que olvida el
liberalismo
es que concurren con otras leyes, especialmente con las
leyes psicológicas de loo índividuos y de loo grnpoo, y con las leyes
políticas de la sociedad
organizada. También existen los hombres.
Por ello,
no sólo existe la necesidad, sino también la libertad; lo
que, elct:rañamente, olvida wia doctrina que se define como -doctrina
de la libertad. En resnmídas cuentas, las leyes econ6micas · que pres­
cribe el liberalismo, no son falsas cons,ideradas en sí mismas; se
vuelven
falsas solamente cuando el liberalismo cree que sólo existen
ell,as».
(50) Cfr. A. Müller-Armack, FJ siglo ... , págs. 214 y sigs ..
(51) Cfr. Marie Madeleine Martin: Les doctrines ... , págs. 314-315. Como
escribe M. M. Martin, ta.r)to Quesnay como Gournay, «propondrán la liber­
tad absoluta de las actividades que describen, ya que las leyes de la «buena
naturaleza» deben, por sí mismas, engendrar un orden perfecto, del mismo
modo que el hombre «naturalmente bueno» de Rousseau, podía prescindir
de los cuerpos sociales para. desarrollarse», 0:p, cit., págs. 64-65.
(52) Asi, Turgot, para quien los egoísmos particulares coinciden for­
zosamente con el interés general, citado por M.· M. Martín: op, cit., pág. 72.
(53) Walter Eucken: «El problema político de la ordenación», lugar
citado, pág. 51.
(54) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo, Sociedad de ... , págs. 415 y sigs.;
Más sobre ... , págs. 136 y sigs.
(SS) Louis Salieron: Liberaliime et socialísme ... 1 pág. 39.
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BST ANISLAO CANTERO
· De ahí que, como advierte Pierre de Calan (56), «la condena
del liberalismo, no es la condena. de las libertades económicas», ya
que lo que fa Iglesia no puede aceptar, «es la idea de que las re­
laciones económicas y sociales no dependan más que de sus propias
leyes
técnicas, escapando a ]05 juicios del orden moral».
Esa pérdida de la percepción del orden natural en su pleni­
tud
(57}, provocada por el abandono o el rechazo del realismo aris­
totélico tomista, condujo, asimismo, a otro error del liberalismo: el
índividualismo.
El individualismo y la supresión de los euerpos intermedios
El individualismo, unido a Jo anterior, llevó, corno indica Sa­
lleron (58), a «absolutizat la libertad en la organización social>>,
no concibiendo fa propiedad y el C()lltrato más que para el indivi­
duo (59), lo que provocó la sustitución de 'w, orden social natural
orgánico,
·por una ordenación de la sociedad construida de tal modo
que
sólo quedaban los individuos aislados y el Estado ( 60), el cual
üebía limitarse a hacer lo menos posible, ya que el bienestar general
se
conseguía por medio de la libertad individual.
Como ha observado Johannes Messner (61), «el liberalismo de
Manchester confundía la lógica económica con el interés económico,
e
interpretaba el homo oeconomk11s como mero hombre económico
que obra guiado
exclusivamente por su propio interés económico,
Es más, que debe obrar así y que tiene pleno derecho a ello. A esto
vino a unirse el establecimiento del principio económico-político
('6) Pierre de Calan: Renais.sance des libertés ... 1 pag, 17.
(57) Or. Juan Vá.llet de Goytisolo: ·En torno al Derecho natural.
(S8) Louis Salieron: Liberali.rme et .rm:ialisme ... , pág. 17. Cfr. Alfred
Müller.Armack: «Las ordenaciones económicas desde el punto de vista SO·
cial», en el volumen La econo,mfa de mercddo, tomo I, Sociedad de Estudios
y Publicaciones, Madrid, 1963, págs_ 111-112.
(59) ar. Louis Salieron: liberalisme et sociafüme ... , pág. 18.
622
(60) Cfr. Marie Madeleine Martin: op. cit., págs. 164 y sigs., 181 y sigs.
(61) Johannes Messner: E1ka ... , pág. 113,_
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del laisse.: faire, que erige la libertad en único principio funda­
mental del orden de la economía social».
Ese individualismo, con esa ruptura con el orden natural, unido
a las ideologlas del racionalismo, suprimió los cuerpos intermedios,
rednciendo a los hombres a meros individuos aislados, a los que
privó del amparo
de los grupos comunitarios en que hasta entonces
desarrollaba su vida (62). Se hizo posible, as!, el desamparo de los
hombres ante el poder de aquellos empresarios que sólo velan en el
lucro
y en el egoísmo personal, dentro de las leyes económicas, la
justifieáción de su ser (63).
Como
ha escrito Louis Salieron (64), comentando las leyes
d' Allarde y de Le Ohapelier, si bien «dan al individuo la libertad
de desempeñar cualquier oficio», en contrapartida, «suprimen la li­
bertad de asociarse para defender sus salarios. Las asociaciones de
asalariados equivaldrían a una reconstitución de las corporaciones.
(62) Cfr. Loui~ SalJeron:_ op. últ._ ciJ.; M, M. Martin: op. cit.
( 63) Como observó Tocqueville, en aquellas sociedaaes en las que «al
no estar los hombres ligados entre sí ¡,or ningún lázo de casta, ·de clase, de
corporación
ni de familia, se sienten demasiado inclinados a no preocuparse
más que de sus intereses particulares, demasiado propensos a no mirar más
que por sí mismos y a replegarse en-un individualismo estrecho en el que
toda virtud pública .está sofocada.
»En esta clase de sociedades, donde nada es fijo, cada uno se siente agui~
joneado sin cesar por el temor a descender y el a.fán de subir; y como en
ellas el dinero, al mismo tiempo que Se ha convertido en el s·igno principal
que clasifica y distingue a los hombres entre sí, ha adquirido una movilidad
singular, pasando ·de mano en mallo continuamente, transformando la con­
dición de los individuos, elevando o rebajando a las familias, no hay casi
nadie que no se
vea obligado a hacer un esfuerzo deses·perado y continuo
por conservarlo o adquirirlo. El afán de· eririquecerse a toda costa~ la manía
de los negocios, el amor al lucro, la búSQueda del bienestar y de los goces
materiales, son en ellas las pasiones más comunes. Estas pasiones se extienden
fácilmente entre todas las clases sociales, penetran hasta 'en. aquellas mismas
que habían sido hasta entonces. las más
impermeables a ellas y llega.rían muy
pronto a debilitar y degradar a la nación entera si nada Viniera a detenerlas»,
El Antiguo Régimen y la Revolución, Guadamuna (col. Punto Omega), Má­
drid, 1969, págs. 20-21.
(64) Louis Salieron:
Ubera/iJme el .Jocialisme ... , pág. 15.
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BSTANISLAO CANTERO
O, lo que es más grave aún, establecerían «cuerpos intermedios» entre
el individuo y la nación. Pero la libertad absoluta del individualismo
prohíbe las cuerpos intermedios» (65).
El intervencionismo
Sin embargo, romo advierte V allet de Goytisolo ( 66), «cabe
profundizar más allá de las cai:acterísticas del liberalismo económico,
algunas
particularidades del capitalismo intrínsecamente analizado.
Consisten en ciertas creaciones humanas que, en sí mi.smas, son pu·
tamente técnicas, meramente instrumentales y, como tales, moral­
mente
neutras». «El papel moneda, y su circulación fiduciaria, acep­
tádo como un valor en sí y como medida del valor de todas las
cosas» y «la sociedad anóuima, como forma que se interpone entre
las personas natnrales y las cosas, convirtiendo aquéllas de propie­
tarios
en accionistas», de tal modo que «estos dos instrumentos su­
perdesarrollados, han invadido toda la vida económica y su hiper­
ttofia ha dado· lugar a los efectos siguientes: el pensar en dinero»,
«la pérdida de inmediatividad de la relación
hombre (65) Como señala Joseph HOffner, «al aprobarse la ley de supresión
de las corpora.ciooes, en la As~lea. Nacional francesa en 1791, añadía el
iI>.formante: "Para nosotros solamente existe el interés privado de cada in­
individuo y el interés público. A nadie_ le está permitido inspirar a. los ciu­
dadanos un interés intermedio que separe ambos intereses y los aparte de los
asuntos públicos por medio del espíritu de una corporación"» (op. cit., pá­
gina 172).
Y según Emmanuel Joseph Sieyes, «de ningún modo se ha de temet al
interés personal; se encuentra aisla.do y cada uno tiene el suyo. La mayor
dificultad proviene de aquel interés por el cual un ciudadano se entiende
por sí mismo con los Otros. Este último interés lleva a una inteligencia, a
una unión de la cual resultan planes perjudiciales para la comunidad. Aquí
se forman los más temibles enemigos del bien común».
Como comenta HOffner, «el ámbito social no se deja violentar a. la larga.
Si se le priva de la organiza.cióo. natural, entonces brota. una vegetación sal~
vaje de instituciones incontroladas y desorganfaadas» (ot,. cit., págs. 172~173).
(66) Juan Vallet de Goytisolo: Datos y notas ... , pég. 5.
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PROPIEDAD Y ORDEN POLi'rICO
la propiedad es 'sustituida por el capitál fácilmente movilizable», lá
tendencia a «disociar capital y gestión» que «coutribuy<> a separar
propiedad y respo11sabilidad» y «hace, fácilmente, al capital invasor,
imperialista».
Por ello, uos recuerda cómo ildouard Dtumoot (67) había sec
ñalado que el «capitalisn:io se parece a lá propiedad como la obra
de un falsario hábil se parece a una pieza auténtica. Uno de 'lés
pergaminos es la verdad, el otro la mentira: ambos son, no sola­
mente diferentes, sino fundamentalmente opuestos: son lo contrario
y la negación el uno del otro . .'. El capitalismo se parece a la pro­
piedad como el sofismo
se parece al razonamiento, como Caín tal
vez se parecía a Abel». ' ,
Así, se llega a la sociedad de consumo ( aunque no sean esas las
únicas causas), en la que el hombre, como señala Marce! de Cor'.
te (68), construye «una economía al revés», en la que, como ad0 . . '
vierte V allet ( 69), el ideal lo constituye el hombre-masa.
Las consecuencias del libre m<>rcado regulado por un 'orden eco­
nómico no encuadrado en la plenitnil del orden natural y fa as1mi'.
!ación de buena parte de ideas socialistas, han llevado a buscar un
camino inte.:medio entre ambos, constituido por el intervencionismo
estatal
(70). Intervencionismo económico del Estado; que segón , sus
partidarios, debe producirse cuando el libre' juego de las fuerzas
económicas provoque efectos recusables desde un punto de · vista
social. Pero, como advierte V on Misses (71) éon razórt, ello lleva
a autorizar al gobierno para interferir la vida económica toda, «por­
que
es el gobierno el único competeote para defin.i¡, lo bueno y lo
malo»,
lo que conduce a una «omnicomprensiva planificación. tota­
litaria», que condw:e al socialismo y significa la pérdida de la libertad.
Pérdida de
la libertad que no se evita a través del neodirigismo
tecnocrático, y que conduce a efectos similares a los del neosoclalis-
( 67) Citado por Vallet: op. últ. cit., págs, l-6.
( 68) Gr. Mar~el de Corte: . «El Estad.O· y el dinamismo de ía econo~a»,
Verbo, núms. 87w88.
(69) Juan ValÍet de Goytisolo: So:iedad de •..
(70) ar. Juan Vallet de Goytisolo:' op. ú/1. cit., págs. 4ot y sigs.
(71) ar. Juan Vallet de Goytisolo: op. 1/11. cit.; pág. 403. ·
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F,ST ANISLAO CANTERO
mo, tal como indica Vallet de Goytisolo (72), en los que el precio
del desarrollo
hacia un mítico progreso indefinido, supone, según
Galbraith
(73), q1,1e «nuestros deseos y nuestras necesidades se ma-
nipularán de acuerdo con las necesidades del sistema industrial .. .
al final
se tendrá el resultado global de una benigna esclavitud .. .
no será la esclavitud del
siervo de la gleba, pero no será la liber­
tad» (74).
Capitalismo y propiedad privada
Vemos, pues, la importancia de la distinción entre capitalismo
y propiedad privada, la falsedad de su identificación o la del libe­
ralismo
económico con la iniciativa privada (75) fundada en la
propiedad privada.
El liberalismo
y los liberales (76) tienen razón cuando afirman
que son indispensables para la libertad y un orden social auténtico,
tanto
la propiedad privada como la economía de mercado, con el
consiguiente respeto de las leyes económicas que ello entraña. Pero
se equivocan cuando afirman que con eso basta para obtener el re­
sultado apetecido.
Pero ni la propiedad privada n.i la competencia de la economía
de mercado son suficientes. Ambas
eran. pilares del liberalismo eco­
nómico y, pese a ello, dio lugar a toda clase de excesos (77); ex-
(72) !ln Sori""'4 de ... , pág. 40~.
( 73 )_ John K. Gálbraith: El n11evo estado industrial, citado pe>r V allet,
op. últ. cit., págs. 410-411. ·
(74) Sobre el result.ado, dr~'Juari Vallét de Goytisolo: «La tecnocracia»,
V trbo,· núm. 15s·; septiembre-octubre 1977, · Ideología ... y Sociedad Je ...
(75). Como, por ejemplo, Edward Hallet Carr, cuando afinna: «El ca­
pitalismo individualista del laissez faire, o sea. el régimen de la· iniciativa
privada en el verdadero sentido.del término»
(op. c#.,_,pág. ·54)~
(76) Ver la crlti\'4 a Von ~ de Juan Vallet de Goytisolo, en So­
ciedad Je ... , págs, 41.5 y sigs., y en Más sobre ... , VIII, 4.
(77) Al hablar de los errores del liberalismo económico nos referimos,
fundamentalmente, a los ya se:fialados de. la separación de la economía ~e
la 'ética, la disolución de la fe, el racionalismo ·y el individualismo. Con ello
626
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PR.OPIEDAD Y ORDEN POLJTICO
ceso,; y males que no se evitan con el intervencionismo del Estado,
como sus partidarios quieren hacer ver, la planificaci6n o la econo•
mía dirigida, sino tan solo por medio de una reforma moral per·
sonal en el plano individual (78) y por una organizaci6n social por
cuerpos intermedios en el plano social (79).
Como ha observado Müller Armack (80), la economía de mer­
cado no fracasó
por sí misma, sino que su culpa consistió en la di­
solución espiritual de todo el siglo XIX, por lo que ;ndica que, por
sí sola, la economía social de mercado, no basta, siendo necesaria
la existeocia de uoa base espiritual, ética (81 ). Pero coo ello no
se ha resuelto el problema ( 82) ; auoque ello nos diera un resultado
de acciones personales éticas y morales (y eso tan solo en el caso
de que todos fuéramos como
los ángeles), no suministm los cauces
a través de los cuales debe discurrir la actividad económica en. el
conjuoto de la sociedad.
no queremos decir que dichos errores seaii exclusivOS del ámbito económico,
ni que puedan achacarse a la propiedad privada, a la iniciativa privada o al
mercado en _cuanto tales. Tampoco se ~ los aspectos tecllológicos de
la Revoución industrial ni sus efectos beneficiosos en
el progreso té01ico,
aumento del nivel de vid~ etc., sino el uso y la justificación de la economía
en un marco de pensamiento deter,mina.d.o qtie originó el liberalismo econ6·
mko.
Por ello, esos males _no _son exclusivos del liberalismo económico, ni se
r~stringen al campo econ~mico; por otra-~' el socialismo es heredero del
mismo espíritu y de ias mismas ideas en que se forjó el liberdismo, al que
hay qlle añadir,"·adem·ás, ·un totalitarismo del Estado, que lejos de remediar
mal alguno, los agrava.
(78) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Ideología ... , págs. 297 y sigs.
(79) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Ideología ... , págs. 305 y sigs.,
Má.r sobre ... , XVII, 2.
(80) Cfr. Alfred Müller-Anna.ck: ~Lis ordenaciones económicas desde
el punto de vista social», en el volumen La «owomía Je mercado, edición
citada; tomo 1, pág: 117 .
. (El) Cfr. Alfred Müller-Armack: op. 11/t, cit., pág. 119, también El
siglo ...
(82) Asimismo lo reconoce Müller-Annack, quien, además, propugna
una división del poder («Las ordenaciones ... », págs. 118-119) y una inter­
vención de las
agrupaáones huma.nas más reducidas (op. Ali. cit., pág: 124),
que inmediatamente nos hace pensar en los cuerpos intermedios.
627
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13ST ANISLAO CANTERO
Con razón Eudcen señalaba que si bien es cierto que no «todos
los problemas de las ordenaciones
humanas y del hombre en general
pueden
ser resueltos exclusivamente por medio de la política de
ordenación económica, es cierto~ sin embargo, que ningún movi­
miento político o religioso podrá resolver estos problemas si no se
logra, mediante formo.s adecuad.as de ordenación económica, la di­
rección
del proceso económico diario» (83).
Y es precisamente por ello por lo que se hace necesaria la in­
tervención de aquel presupuesto que anteriormente se señaló como
indispensable y que faltó en el liberalismo económico: los cuerpos
intermedios.
Como
obaerva Messner (84), «hay que concebir al homo oeco­
nomicus con toda su naituraleza racional, y no solamente corno un
mecanismo de cálcuÍo económico. Incluso en el propio orden eco­
nómico, las limitaciones al afán individual de lucro impuestas por
el bien común deben estar respaldadas por instituciones sociales. So­
lamente entonces podrá el mercado cumplir· su función social en la
medida más alta».
La solución a
los errores del liberalismo no está en la interven­
ción del Estado de modo general y permanente, de modo que el
socialismo a.pai-ece como única áltemativa, con la consiguiente con-­
fusión e identificación entre sociedad y Estado, sino en la normal
intervención por
parte de los cuerpos intermedios en aquello que es
de su propia competencia, donde el Estado desempeñe su papel de
árbitro conforme a las exigencias del bien común, pero sin confi­
gurarse como parte.
La ficción de la democracia moderna
Hemos visto que la propiedad privada, por sí misma, no conduce
indefectiblemente a la armonía social; desligada de un orden moral
y roto el organismo social que constituye un verdadero orden social
(83) Walter•Eucken: op. d1., págs. 59-60.
(84) Johannes Messner: Etfo,, .. , págs. 1135-1136.
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
y político, la propiedad privada degenera en liberalismo y capita­
lismo y conduce al totalitarismo. Por eso dijimos que la propiedad
privada era condición necesaria de la libertad, pero
no condición
suficiente. Ello
qu. cracia moderna, de la que nos
ocuparemos sucintamente para poner
de relieve la ficción ( 85) que entraña cuando se nos
presenta como
la culminación de las garantías de
la libertad del hombre.
Dijimos que la propiedad privada era la base material de la
libertad y que ésta se
hacía realidad en libertades concretas a través
de los
cue.rpoo intermedios. Hoy esto se ha abandonado, sin que en
el terreno político
los cuerpos intermedia. desempeñen papel algnno,
sustituyéndos así
las comunidades naturales por asociaciones artifi­
ciales que son los partidos políticos y los grupos de presión (
86) ;
éstos aparecen cuando los
cuerpos intennedios son destruidos (87)
y la democracia parlamentaria restringe cada vez más las compe­
tencias propias de los cuerpos intermedios,
no sólo en el terreno po­
lítico, sino en todo el ámbito social, de las que se apoderan los
partidos políticos
y, en definitiva, el Estado.
(85) CTr. José F. Larca Navarrete: El Derecho natural, hoy. A prop6.
Jito de las ficciones ¡urtdicas, Pirámide, 2.ª ed.., Madrid, 1978, págs. 110
y sigs.; Michel Villey: Compendio de Filosufia del Derecho. Definif:iones y
fines del Derecho, EUNSA, Pamplona, 1979, pógs. 144-179, y «Abrégé du
droit naturel classique», III, 3.2, en Lefons d' ht.Itoire de la philosophie d#
droit, Dalloz, París, 1962, págs, 1'6 y sígs.; Juan Vallet de Goytisolo: Más
.r-obre ... , VIII y IX, y «El Estado de Derecho», en Verbo, núm. 168, sep.
tiembre-octubre 1978. También, Eugenio Vegas Latapie: Consider«iones sobre
la democracia, Afrodisio .Aguado, Madrid, 1965.
(86) No compartimos, en cambio, la opinión de nuestro admirado ami­
go Lorca Navarrete (/usticiai-Libertad, Pirámide, Madrid, 1979) cuando con­
sidera a los partidos políticos COJÍlo cuerpos intermedios o formas sociales
básicas, ni aunque se den las condiciones que él sefíala "( op. últ. ciJ., págs. 99-
100), entre otr~s razones porque la ideología es fundamental a los mismos,
lo que
les impide ser cuerpos intermedios. Esa ideología es lo que los en­
frenta al realismo de los cuerpos intermedios, en cuyo lugar pretenden sus­
tituirse.
(87) Cfr. Marie M:adeleine Martin:-op. cit., págs. 16, 325 y sigs.; J.
HOffner: op, cit., pág. 173.
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EST ANISLAO CANTERO
Así, la democracia moderna no es garantía de libertad (88); es
algo que recientemente ha observado Hayek (89), coincidiendo en
ello con toda una tradición histórica (90), cuando afirma: «el fra­
caso de este primer intento de
asegruar la libertad individual a través
de
la salvaguardia constitucional».
Frente a la concepción cláska, en la que la solución al orden
social
y político venía dada por la contemplación de la naturaleza
en su plenitud, la concepción moderna realizó un cambio \(>tal y ra­
dical; se consideró al hombre aislado y ahistórico, al tiempo que se
tomaba un aspecto parcial del hombre considerado tan esencial que
determina su forma de ser.
Con ello,
pese a afirmar que se partía del «estado natural», ello
no es más que wia ilusión, una ficción imaginada;_ una construcción
racionalista sobre la base de lo que cac!a cual consideraba como estado
de
naturaleza. Frente al realismo nos encontramoo con el idealismo,
en cuyo re.ino de la utopía seguimos inmersos con todas sus conse­
cuencias.
La democracia moderna hunde sus raíces en ese idealismo, cons­
tituyendo una pura ficción.
Ni la autolimitación del Estado de De­
recho
(91) puede garantizar la libertad, pues no hay norma superior
alguna al propio poder del Estado, ni la pretendida participación a
través de los partidos políticos puede . hacerlo, ya que se sustituyen
en el
lugar de los auténticos intereses de los grupos humanos, que
son reemplazados por intereses
· ideológicos.
De ese modo, la propiedad privada, en el marco de la democracia
mndema, puede llegar a no significar nada, ahogada por las ideolo­
gias y los enfrentamientos entre
éstas.
(88) Cfr. Estanislao Cantero: «El futuro de la libertad.», _en Verbo, nú­
mero 167, julio-agosto 1978, «Características de la participación», en Verbo,
núm. 155-156, mayo•junio 1977.
(89) Friedrich A. Hayek: Derecha, legfrlaciÓ'f! y ]fbertad, volumen 1,
NMmas y orden, Unión Editorial, Madrid, -1978, pág. 9.
(90) Me refiero a la doctrina tradicionalista o contrarrevolucionaria en
Francia y España especialmente,
(91) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Más sobre ... , VIII, IX y X, y
«El Estado de Derecho», Verbo, núm. 168.
630
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
De ahí que, por todo eso, sea un requisito esencial que el orden
político tenga
por fundamento la sociabilidad natw:al de los hom­
bres, y
se les reconozcan a los rueq,os intermedios las competencias
propias de sus respectivos ámbitos de actnación, incluido el campo
de la
organización política.
2. El SOCMli.smo
La utopía: de la dialéetioa al G,¡lag
V eamoo ahora el otro sislalla que se nos presenta como modelo
de vida social, el
orden político fundado sobre la propiedad colectiva
de los medios de producción.
Es opinión relativamente extendida hoy, debido a una cierta men­
talidad socialista que se ha ido extendiendo
por la sociedad, el que
la propiedad privada es
causa de gran parte de los males de la
sociedad actual, el
que en palabras poco felices de un obispo, «si
hay pobres es porque hay ricos», lo que conlleva a afirmar que con
la desaparición de la
propiedad privada esoo males se remedian auto­
máticamente
(92).
Según el marxismo, el hombre está determinado por las rela­
ciones sociales, en especial
por las relaciones de producción, que
son las relaciones
fundamentales de toda sociedad (93). Y esta
dependencia es total,
alcanzando, incluso, a su conciencia y a su pen­
samiento. Para el marxismo sólo en una sociedad 'absolutamente
marxista acabará la alienación del hombre, tanto respecto a su exis­
tencia como a su conciencia, instaurándose un sistema de total jUS-:­
ticia y libertad.
Partiendo de la
concepci6n dialéctica de toda realidad, el mar­
xismo llega necesariamente a la concepción dialéctica de la historia,
(92) Sobre la doctrína de los Padres de la Iglesia, aducida por el pro­
gresismo católico en contra de la propiedad privada, dr. Estanislao Cantero:
«Riqueza
y pobreza: San Juan Crisóstoroo y sus Homilías sobre San Mateo»,
en Verbo, núm. 117418, agosto.octubre 1973.
(9-3) Cfr. Herui Lefebvre: El marxismo, Cepe, Buenos Aires, 1973.
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ES'C_Al:,lSl,AO C4NTERO
en -virtud de la cual, la historia , no es sino la historia de la lucha
de, ,lases: «Hombre libre y esclavo -podemos leer en el Manifiesto
1M Pa.ttjdo Comunista (94)~, patricio y plebeyo, señor y siervo,
Qlae!!!J:o y jornalero, en una palabra, opresores y oprimidos, han
estado
en coostante oposición; han mantenido uoa lucha sin des­
canso, a veces sorda, otras veces abierta, una lucha que ca.da vez se
ha terminad.o por una transformación revolucionaria de la sociedad
entera o por la destrucción de las dos clases en lucha».
Es precisamente la propiedad de los medios de producción quien
inevitablemente origina esa lucha. Los propietarios de los medios de
producción inexorablemente explotarán de modo inevitable a aque­
llos que no son propietarios; no cabe, por su parte, un comporta­
miento,
distinto (95).
Por ello, para llegar a la sociedad comunista 'se requiere suprimir
la propiedad privada
y el merca.do y sustituirlos por la propiedad
colectiva
y la planificación, para llegar a ese estadio final de la his­
toria cuyo
lenia es: «de cada cual según sus capacidades y a ca.da
cual según sus necesidades», utopía que ha edifica.do el mayor to­
talitarismo que
es posible imaginar.
Para la edificación del orden comunista, de ese sistema en el que
tan solo puede esperar
c¡uien ha hecho de esa utopía una reli­
gión
(96), se precisa atravesar diversas etapas .
. La primera, de la sociedad , sociaÍista, constituida por la dicta-
(94) º Manifi'esto del Partido Cotá11nÍJta, I, ediéi6n francesa de Le livre
de poche, París, 1973, pág. 5. Sobre el comunismo, dr. los diversos ensayos
de Jean Madi.ran en La viellesse du monde, Domínique Martin Morin, Vin­
cermes, 1975; también las obras citadas en la nota (134).
(95) Sobre la influencia de esta idea. al ser asimilada por parte de los
c:atólicos, en la aceptación del socialismo, cfr. Estanislao-Cantero: «La mala
coÍ:tciencia en los cristianos y la marcha irreversible hacia el socialismo», eo
Verbo, núm. 103, marzo 1972.
(96) Como muestra, cfr. Gustave Thibon: «Revolución o conve.rsión»,
en V erb.o, núm. 84, abril 1970; Francisco Elías de Tejada: «El mito del
marxismo», en el volumen
Los mitos ac111a/es, Speiro, Madrid, 1969; Ray­
mond Aron: El opio de los inulectud!es, ,Siglo Veinte, Buenos Aires, 1967-;
Bernard Henry-Levy: La barbarie con ro1tro humano, Monte Avila, Barce­
lona, 1978.
632
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
dura del proletariado, en la que el Estado no solo no desaparece,
sino que refuerza su poder (97), y en la cual el lema se sustituye
por
el de «de cada cual según sus capacidades y a cada cual según
su trabajo».
La segunda, de la sociedad socialista desarrollada, en la cual se
encuentra hoy la URSS, según declaraciones en el XXV Congreso
del PCUS y en la Conferencia con motivo del 60 aniversario
de la
Revolución de octubre, donde en lugar del
Estado proletario existe
el Estado de todo el pueblo, en el que el Estado refuerza aún más
su poder, y donde el lema sigue siendo el mismo de la etapa anterior.
Las libertades civiles y políticas son inexistentes y el hombre
está absolutamente sometido
al poder del Estado. Este no ha des­
aparecido, sino que ha acrecentado su poder; y en donde si el De­
recho ha desaparecido ha sido en cuanto aplicación de la justicia (98),
donde la igualdad ha creado una nueva clase (99), más voraz que
las anteriores y sin ninguna de las virtudes de
aquéllas, y en donde
la libertad
ha originado el · Gu.fag.
El centralismo democrátieó
Así, Evgueni Chejarin (100) sefiala que «la nueva Constitución
de
la URSS constituye un aporte considerable a la teoría marxista:
leninista del Estado. Fija la extraordinariamente importante conclu­
sión teórica del PCUS de que el Estado socialista, surgido después
del triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, corno Es­
tado de la dictadura del proletariado, se ha transformado en el Es-
(97) Or. Lenin: E/ Estado y la . ,r(J1}o/ución, Ayuso, Miadrid, 1975.
(98) CTr. Juan Vallet de Goytisolo: «El mito de la desaparición del De­
recho», en Los mitos actuales.
(99) CTr. Milovan Djilas: La m;eva clase, Suramericana, Buenos Aires,
1961; Mate Paillet: MMx con,tra Marx, Dopesa, Barcelona, -1972; Raymqnd
Aron: Dem~racia y totalitarismo, Seix Barral, Barcelona, 1968; Eu~nio
Vegas lata.pie: «El mito del igualitarismo», en LoJ miJoJ tUtuaJes,
(100) Evgueni Chejarin: El sistema político soviético en la e/apa del
.rociali.rmo desarrollado, Progreso, Moscú, 1979, págs. 282~283.
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BSTANISLAO CANTERO
tado de todo. el pueblo», en el que «al en<:amar en sí los poderes om­
nímodos del
pueblo y constituir la forma superior del sistema estatal
socia.lista, los Soviets desempeñan enorme papel en la construcción
del comunismo,; (101), ya que constituyen «una organización del
pu unidad»
(102), «tienen en sus manos las riendas de todo el poder
en el país» (103) y «son órganos del poder estatal» (104).
Claro que sólo en virtud
de una fi<:c:ión, sólo en base al duble­
pen,e1r de que hablaba Orwell (105), es posible afirmar que la li­
bertad del hombre se identifica con el poder del Estado, y que a
mayor poder del
Estado, mayor es la libertad de la persona, tal como
el mismo
Chejarin señala, puesto que «sólo por medio del robus­
tecimiento del
Estado socialista se puede alcanzar su desaparición
cuando hayan sido creadas las condiciones
precisas para ello (106).
En ese modelo social en el que sólo a base de un tremendo ci­
nismo se puede afirmar que «el pueblo mismo es el que crea las
leyes soviéticas» (107), «la dirección de la sociedad por parte del
partido
marxista leninista constituye la expresión suprema del ca­
rácter democrático del régimen social socialista» (108), del cual,
«el centralismo democrático ( es el) principio preponderante del sis­
tema político del socialismo» (
109), ya que «la revolución socialista
(101) E. Cliejuin: o¡,. cil., pág. 87.
(102)
E. Cliejuin: o¡,, ,it., pág. 87.
(103')
E. Cliejuin: o¡,. cit., pág. 86.
(104) E. Cliejuin: op. dt., pág. 76.
(105) George Orwell: Mil noveciefllo.r ochenta y c«alro, Destino, 3.!
ed., Barcelona, 1974. Cfr. Vladimiro Lamsdorff Gal.agane: «La dialé_ctíca
marxista», en Verbo, núm. 173-174, mano-abril 1979.
(106) E. Chejarin: op. dt., pág. 71. daro que la desaparición del Estado
no deja de ser un mito, puesto que, como advierte V. G. Afanasíev, «la
construcción de
la sociedad comunista desarrollada es la condición interna
para la extinción del Esta.do. Ahora bien, para que el Esta.do desaparezca
del .todo son necesarias, además, condiciones externas: la victoria y la con­
solidación del socialismo en 1,a arena iriternaciona!», Dirección cientifka de
la wdeddá, Progreso, Mosdi, 1978, ¡,4¡¡, H6.
( 107) E. Chejarin: op. dt., pág. 82.
( 108)
E. Cliejarin: op. ,;,., pág. 44.
(109) E. Chejarin: ap. dt., pág. 141.
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PROPIEDAD Y. OH.DEN POUTICO
no hace desaparecer la necesidad del centralismo. Sin el centralismo
es imposible defender las conquistas de la revolución socialista, rea­
lizar
las transformaciones socialistas y dirigir todo el mecanismo
económico
y político de la sociedad» (110).
Centralismo democrático que todo lo invade (111)
y todo lo
absorbe (112)
y que «consiste ... en que el Partido Comunista es la
vanguardia de la clase obrera,
cuyos intereses y objetivos requieren
su propia organización» ( 113).
El poder omnicomprensi.vo del partido
Así · pues, la. libertad viene a identificarse con los poderes del
Partido
Comunista, pues, como afirma· Pedosov (114), «el socia­
lismo maduro
es una sociedad de auténtica democracia. Su sistema
político asegura la eficiente administración de los asuntos sociales, el
(110) E. Chejarin: op. ci-1.1 pág. 143.
( 111.) Y es. que el socialismo es «un sistema auténticamente democrático
de control, .que penetra tod_os los niveles de la organización de la vida de la
sociedad: desde los iniciales (
empresa, instituciones, etc.) hasta toda la so­
ciedad» (V. G. Ma.nasiev: Dirección científica de la ... , pág. 246). «La base
espiritual del centralismo democrático ... es la unidad ideológica de la socie~
dad sociaista. Ideología única, estataf, el marxismo -leninismo es, a la vez,
la ideología de todo el pueblo, ya que sintetiza y encima la experiencia de
la lucha y del trabajo del pueblo» (ibid., pág. 260). Y es que la democracia
socialista
se identifica con la obediencia al partido (dr. Y. Tu.rischev: El
partido de Lenin: estructura y dinámica del desarrollo, Progreso, Moscú,
1979, págs. 61 y. sigs.). Como indica Raymond Aron, el centralismo demo­
crático significa
lo contrario de la. democ.racia: el poder absoluto del comité
central sobre el conjunto del partido (En defensa de ... , pág. 42).
(112) ar. V, G. Afanasiev: Dirección ... , pág. 173. En lo que_ se re­
fiere a los sindicatos,
la patria por antonomasia de ese proletariad.0: ~tico,
están totalmente sometidos al partido, el C1llµ .los controla y dirige en todo.
Como
seña-la Thomas Lowit (El· sindicalismo en la Europa del Este, Nova
Tetra, Barcelona,
.1973, pág. 93), «la existencia del sindicato... solq se jus­
tifica en
la medida en que permite precisamente al Partido ejercer más fácil­
mente su papel dirigente» ( cfr. págs. 339-340).
(113) E. Chejarin, op. cit., pág. 142.
635
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BST ANISLAO CANTERO
verdadero poder del pueblo, la conjugación de lo6 derech05 y liber­
tades reales de
105 ciudadan05 con su responsabilidad ante la socie­
dad» porque, «rasgo del socialismo desarrollado, es el aumento de
la función dirigente del Partido Comunista» ( 15), el cual «dirige
toda la
actividad creadora del pueblo» ( 116), constituyendo, según
iRodionov (117) el «incremento del papel dirigente del Partido, im­
portantísima ley de la edificación de la sociedad comunista».
Claro que, pese a todo, como el mismo Lenin había reconocido,
la instauración de la sociedad comunista
no es automática, sino que
ha de instaurarse por vía coactiva por medio de la dirección cien­
tífica de la sociedad (118).
Dirección científica que se caracteriza porque
«en la sociedad
socialista, según indica Afanasiev (119), todo miembro de la
so­
ciedad es, a la vez, gobernado y gobernante», constituyendo «la ges­
tión de la sociedad sobre bases científicas un rasgo inalienable, uoa
ley objetiva del
desarrollo .del socialismo» (120).
Ser, a la vez, gobernante y gobernado, gestión científica de la
(114) A. D. Pedosov: «El partido de Lenin, fuerza rectora de la crea­
ción de la nueva sociedad», en el volumen La trasunde11cia internacional del
Gran Octubre y la edificadón del socialismn y el comunismo, Progreso, Moscú,
1978, pág. 147.
(lll) A. D. Pedosov: op. cit., pág. 147.
(116) A. D. Pedosov: op. cit., pág. 148.
(117) P. A. Rodionov:
«Incremento del papel dirigente del partido,
importantísima ley de la edificadóp de la sociedad comunista», en el volumen
La trascendencia internacional dd ... , pág. 32.
(118) Cfr. V. G. Afanasiev: Dirección ... De ahí que sea esencial una
«labor educativa tendente a convencer a las
capas trabajadoras no proletarias
de las ventajas del socialismo» (V. G. Afanasiev: SodaJismo y comu~ismo,
Progreso, Moscú, 1975, pág. 97), porque «es cierto que la mayoría de los
obreros carece de
tiempo-, de medios y de suficiente conocimiento para ela­
borar esta teoría. Por -eso, es necesariC> introducir la conciencia socialista en el
movimiento obrero
y unirlo con el socialismo», función que cumple el par­
tido (op. ú/t. cit., pág. 13). «Los obreros no podían tener conciencia social
demócrata. Esta sólo podía ser introducida desde fuera», Lenin, en ¿Qué
hacer-?, Obras completas, tomo V, Akal, Madrid, 1976, pág. 382.
636
(119) V. G. Afanasiev: Dir-ección ... , pág. 99,
(120) V. G. Afanasiev: op. últ. cit., pág. 108.
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTlCO
sociedad, no son más que expresiones con las que eufemísticamente
se denomina al totalitarismo. El mismo Afanasiev lo explica sin
tapujos, cuando señala que «ei sujeto de gestión científica es el
Partido Comunista. Su contenido es, ante todo,
la dirección polí­
tica, la influencia política en el objeto (121); y el objeto de gestión
lo constituye el resto de la sociedad, caracterizándooe el sujeto de
gestión
por ser «el que ejerce la influencia consciente en el objeto,
con el fin de lograr la meta planteada>> (122). ·
Y es que, tal como señala Turischev (123), el partido comunista
es la «forma superior de organización social de la historia hnmana»
y «cerebro de la sociedad», por lo que el papel dirigente del partido
comunista es indispensable (124), asi como el continuo crecimiento
de su poder (125).
Asi pues, todo ha sido subvertido, a todo se le ha dado la
vuelta,
de tal modo que, aunque se afirma que el partido no hace
más que ser intérprete de la voluntad de las masas, del pueblo, en
realidad todo
resulta al revés. En lngar de formar. las masas al par­
tido, éste forma a las masas, y en lugar de controlar el pueblo al
partido, es este quien controla toda la sociedad (126).
Al final tenemos una sociedad en la que, como señala Marc Pail­
let
(127), la burocracia se sustituye en el P"P"l director, nueva clase
que
todo. lo domina, en lugar del proletariado, y sus propioo intereses
sustituyen a los del socialismo.
(121) V .. G .. Afanasiev: o¡,. tllt. cit., pág. 109;
(122) V. G. Afanasiev: op, Alt. cit., pág. 158; Y la meta la. constituye
el propio partido: «La formación y el desarrollo de las normas de vida del
partido, obedecen, en primer término, a
lo principal, a la. creación de las
condiciones más propicias para el
fortalecimiento, el crecimiento y el fun~
cionamiento del partido» (Y. Turischev: op. cit., pág. 44).
(123) Y. Turischev: o¡,. cit., págs. 3 y 35.
(124) ar. Y. Turischev: op. cit., pág. 23.
(125) CTr. Y. Turischev: op. rit., pág. 21.
(126) «La política del partido penetra rodas las esferas de la vida y
del desarrollo de la sociedad socialista» (V. G. Afanasiev: Direr~ión ... , pá·
gina 173).
( 127) Cfr. Marc. Paillet: Afprx contra Marx, pá~. 344.
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ESTANISLAO CANTERO
De la superación de la propiedad privada al totalitarismo
Pese a todo, los partidarios de la utopía permanecen incólu=
en su fe (128) y prefieren creer, frente a toda realidad.
Y
es que, por definición, el régimen causa
de todos los males, siendo imposible c~truir un sistema de
relaciones verdaderamente
huma.no, «mientras subsista la economía
basada en la propiedad privada>> (129), constituyendo los medios
(128) Cfr .. ~ymond Aron: El opio ... ; Arthur Koestler: Autobiografia,
3, Euforia y utopia, Alianza Einece, Madrid, 1974, págs. 68 y sigs., y 5, La
esmlura
invisible, Alianza· Emece, Madrid, 1974, págs. 130 y sigs.; Jean-Fran­
c;oiS Revel: La tentation lotalitaire, Laffont, Le Hvre de ·Poche, París, 1976,
caps. 2, 4 y 6; interesante también, Georges Suffert: Los inJele,tua/es en «chaise.
longue», Sociedad hispanoamericana -de ediciones y-·distribución, Madrid, 1976.
Por ejemplo, Henri
I.ef~bvre, ~ quien, pese ~ todo, planificación y libertad
son compatJ.Oles, y así se esfuerza por demostrar 1o imposible en Estructuraiísmo
y política (La Pléyade, Buenos Aires, 1973), escrito con· el objeto de «mostrar
que la planificación democrática ~ posible» (pág. 38), aunque r~noce que
ninguno de los modelos
existent~. el soviético, el chino o el-yugoslavo, sa­
tisfacen sus exigencias ( dr. pág. 51). _ Para ello señala la necesidad de una
base Jocial (pág. 60), con lo que se · logra.ni «la vía francesa hada el socia­
lismO y hácia la caducidad del Estado, tenie~o desde entonces lo social una
primada
sObre lo j,olítico» (pág. 61). Pero en realidad, es la libertad la que
desaparece, ya que esa baile social no es autónoma, independiente, porque «la
espontaneidad
social tiene un costado peligroso: caótico, esporádico... la
cuestión es transformar la espontaneidad en estructura, e introducir en esta
socialización espontánea la racionalidad socialista» (pág. 61).
-Seguimos en pleno reinado de la _ uto-pla; la fe ~-un futuro desconocido,
aunque, eso sí, maravilloso, sustituye a la realidad y. a, los hechos. Claro que,
esa utopía y esa misma fe, se curan en salud, pu.esto que, «bi~ entendido,
añade
Henri -Lefebvre, la caducidad del &_ta.do en. esta hipótesis estratégica
no puede con~pla,rse más que cpmo una pers~va. a ~uy largo ploo»
(págs. 61-62).
Los modelos existentes no sirven, y el resultado nunca llega, pe.ro, pese
a todo,
el socialismo y la planifiea.{:ión son la. pana.cea de todos .los males;
aunque
para ello sea necesario reducir la. libe~. y la orgniza<;ión social a
una estructura, regida, _.,natuJalmeo.te, por .. lo$; planteamientos -918-fflStas. La
planificación es incompatible con la libertad.
(129) Y. E. Vollrov: «Las conquistas sociales del régimen soviético y
su significación histórica universal»-, en el _ volum@. La_ traicendencia inter­
nacional Je/ ... , pág. 306.
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
de vida y los derechos de los trabajadores en una sociedad no so­
ciaJista, meras
«concesiones de la clase dominante>, «paliativos qne
no pueden asegurar la satisfacción de las demandas vitales de los
trabajadores» ( 130).
Y es que, tal como advierte Ohejarin (131), «la libertad dél
individuo puede basarse únicarneute en la justicia social, cuyo primer
y más importante acto ha sido la eximición, en el socialismo, de los
trabajadores de la explotación y del yngo nacionaJ, la abolición de
la propiedad privada de los medios e instrumentos de producción.
La propiedad privada es incompatible con la libertad del individuo».
Sin embargo, la
realidad· es bien distinta; como observa Bemard
Henry
Levy (132), «abolir la propiedad privada en esta perspec­
tiva nunca
ha significado otra cosa que reducir el menor fragmento
de mundo a un taller de explotación». Y es qne la libertad para el
marxismo se identifica con el trabajo (133) ; no con la libertad
de trabajo, sino con el mero hecho de trabajar, por lo que el com­
peler a ello es
precisamente la hbertad · {134).
Nos encontramos, pnes, ante el totalitarismo, constituido, tal
como indica Vallet (135), por la negación de toda trascendencia y
la absorción de todas las instituciones y actividades por el l!stado.
El mismo Bemard
Henry•Levy (136) señala qne «el totalitarismo
es un estado de lo político en que por primera vez el Príncipe se
considera el Soberano»; el Príncipe
se considera como Soberano y,
de rechazo, se considera como la sociedad civil» (137). «El totali­
tarismo... consiste en apropiarse, mediante el l!stado, del cuerpo
(130) Y. B. Volkov: op. cit,, pág.
(131) E. Cbejarin: op, (132)
Bema,d Henry-Levy: oP, cit., pág. 122.
(133) C(r. Galvano.dellá Volpe: ~ libert.:td comuni.da, Icaria, Barce­
lona, l'J77, pá¡g. 107.
( 1 :3,4) Sobre el humanismó del trabajo del marxismO, Marce! Clement:
El com11ni.rmo frente a Dios, Speiro, Madfid, 1974; Jean Ousset: El marxismO
ieninisrno, Speii-o, MadÍ-id, 1967, págs. 87 y sigs.; o en MM-xismo y Revo­
luCfón, Speiro, Madrid, 1977, págs. 73 y sigs.
(135-) Jua:n Vallet de Goytisolo:. Más sobre ... , pág. 364,
(136) Be,nard Henry-Levy: op. cit., pág. 139.
(137) Bernard Henry-Levy: op. cit., pág. 142.
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EST ANISLAO CANTERO
de la sociedad; "lita apropiación supone, a su vez, la claridad más
cruda, más extrema: no tolera el menor vacío, ninguna zona de som­
bras donde justamente se anidaría una posible disidencia» (138);
«apunta al dominio de las almas al mismo tiempo que al de los
cueq,os» (139).
Así, pu.es, el totalitarismo .consiste en la destrucción, de los cuer­
P"" intermedios, en la destrucción de la sociedad. Pero es de señalar
que al igual que para la génesís del liberalísmo, aquí también el
elemento religioso resulta fundamental.
Bl citado Bernard Henry­
Levy lo pone de relieve cuando reconoce que «la crísís de lo Sagrado
es lo primordial y lo decisivo» (140), de tal modo que «el Estado
totalitario no es exactamente· el Estado laico y sin creencia; es, con
mayor exactitud, el Estado que. seculariza la religión y . que origina
creencias profanas» (141).
«BI Estado totalitario no es el Estado sin
religión, es la religión del Estado, No es el ateísmo, sino, literal­
mente, la
idolatría» (142).
No obstante, pese a todas las experiencias desastrosas del socias
lismo, · en el mejor de, Jo,¡ casos, cuando se admite que la libertad no
ha sido instaurada, se ·sigue afirmando, con toda clase de argwnen­
tos (143
), que no tiene por qué ser así, sino que es posible un so­
cialismo con rostro humano (144), nunca encontrado, siempre es-
(1'18) Bernard Henry-Levy: op, cit., ¡,át. 1.il5.
(139) Bernard HenryCLevy:' ot,. cit., pág. 147.
(140)
·Bernard Henry-Levy: vp,. cit., pág. 136,
(141)
Bernard Henry-Levy: op. di., pág. 138.
(142) Bernard Henry-Levy: op. cit., pág. 139.
( 1'43) En .realidad no existen argumentos sólidos. se aferran a una fe,
a un dogmatismo irracional, que no requiere demostración, porque no puede
ser
demosb;ado, ya que admitir el fracaso de los socialismos una vez se ins.
talan, supondría admitir el fracaso del marxismo del que son aplicación, y:
el marxismo, naturalmente, .es sagrado. Como ejemplo de ello, Maurice Mer·
leau Ponty: Jlumanümo 1 terror (La Pléyade, Buenos Aires, 1968) y Fran·
cojs Mitterrand, entrevista con Robert Fossaert y '.Jacques Julliard, en El
socialismo posible, Dopesa, 2.! ed., Barcelo~, 1977, -pág. 41; Isaac Deut­
scher: Here¡es y f"enegm:lo-s, Ariel, Barcelona., 1970.
(144) CTr. Juan Vallet de Goytisolo: Datos y no-lar ... , págs. 55 y sigs.;
Marce! Oement: Crislo-y la RevoJ11ción, Unión Editorial, Madrid, 1973.
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PROPIEDAD Y ORDEN POLlTiCO
perado y anunciado y que, en el mejor de loS casos, es, por decirlo
así, con
frase de Bemard Henty-Levy, la balbarie con rostro humano;
Y
es que, corno indica Raymond Aron (145), «los regimenes nd
se han· hecl,o totalitarios en base a uria especie de entrenamiento
progresivo, sino a
partir de una intención, un ·propósito original, la
voluntad de transformar fundamentalm61te el orden existente en
función de una
ideólogia».
3. Confluencia de ambos siste111,.,,
Volvamos nuevamente a la otra perspectiva: capitalisrno-detru>­
cracia. Como vimos, no asegura las libertades del hombre. Por otros
derroteros
se dirige también a un mund<:> de ad,ninistrados, a un
mundo de perfectos
hombres-masa, . en el. que el Estado aparece,
cada vez más, corno el dispensador de todos los bienes; donde la
seguridad, una hipotética y teórica seguridad, sustituye a la libertadi
que naturalmente comporta sus riesgos. ·
Sin duda, los caminos no aparecen tan brutales como los del
socialismo, pero no
por ello el final deja de ser ~"°":·trágico. Al
final del camino se alza un omnímodo poder estatal, tal como ya
había advertido Tocqueville. . ,
En ambas perspectivas, vemos . cómo la disolución de la fe reli­
giosa y la supresión
de las auténticas libertades concretas, desapare­
cidas al mismo tiempo que se
ven suprimidas las esferas de compe­
tencia propias de
loS diversos cnerpos intermedios, . dan paso al
totalitarismo.
La propiedad privada, o es suprimida a través de la propiedad
colectiva de los medios de producción, o
es falseada a través de un
individualismo. que, a la postre, se ve atacado por el creciente au­
mento de poder del Estado moderno. En ambas perspectivas nos mo­
vemos en el t~rreno de las ideologías, bien imp~~iendo una única.
de modo coactivo, bien. en la lucha: de diversas ideologías, que, a
su
vez, implica un determinado concepto ideológico del Estado.
(145) Raymond Aron: Democracia y totalitarismo, .Seix Barral, Batee~
lona, 1968, pág. 240
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EST ANISLAO CANTERO
Y es que tanto el liberalismo y el individualismo conducen tam­
bién, a la postre, al totalitarismo, como advierte V
a.llet cuando señala
que tanto la masificación como la tecnocracia, constituyen, recípro-­
camente, causas y efectos del totalitarismo; o como sus mismos par­
tidarios o detractores marxistas reconocen.
Así, Raymond Aron (146), cuando señala que «la filosofía de
las luces, el liberalismo, deseml:x>ca, natural, aunque no necesaria­
mente, en el socialismo, en el marxismo, como los ríos en el mar».
¿Qué es lo que impide que esa evolución no sea necesaria? En
vano
encontraremos la respuesta, tal como advirtió Donoso Cor­
tés (147).
O como indica Bernard Henry-Levy (148), para
el cual «no hay
individualismo que no sea portador del germen o de la promesa de
una forma de
totalitarismo». Ahí está para mostrarlo fehacientemente
«el nuevo totalitarismo» en que se ha convertido «el paraíso sueco»,
tal como seña.la Roland Huntford (149), para quien constituye un
ejemplo del despotismo tutelar a que Tocqueville
se refería, donde,
a la par que junto a un capitalismo monopolista y una masa de
administrados,
«la libertad todavía no significa exactamente escla­
vitud, pero empieza a sonar a sumisión».
Totalitarismo que ya vio Tocqueville
al señalar que, apartados los
escombros de las ruinas causadas por "la Revolución Francesa, se
podía percibir «un poder central inmenso que atrajo hacia sí y
engulló en su unidad todas las parcelas de autoridad
y de influencia
anteriormente dispersas entre
una multitud de poderes secundarios,
de órdenes, de clases, de profesiones, de familias y de individuos,
como disemi.nados por todo
el cuerpo social» (150).
(146) Raymond Aron: En defensa de ... , pág. 12.
(147) Cfr. Juan Donoso Cortés: Ensayo sobre ... , y Carta al Cardenal
Fornari, ed. citada, tomo JI.
(148) Bernard Henry Levy: op. cit., pág. 68.
(149) Roland Huntford: Le not1veau totalitarisme, citado por Raymond
Aron: op. últ. cit., pág. 190.
(150) Alexis de Tocquevílle: El a11tiguo ... , pág. 34. Ya con anterio­
ridad, al escribir De la democracia en América, el mismo Tocqueville había
observado que «la especie de opresión con la que están amenazados los pue­
blos democráticos, no se parecerá a nada de lo que le ha precedido en el
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
Se equivocan, por tanto, quienes sostienen que frente al socia­
lismo y su totalitarismo no hay más opción que la del capitalismo y
la democracia moderna.
ill. CoNCLUSIÓN: Los CUERPOS INTERMEDIOS, ESENCIA
DEL ORDEN POÚTICO
¿Cual es, por consiguiente, la elección ante ese dilema?
Los liberales tienen razón ruando afirman que la propiedad pri­
vada
y el orden de la competencia del libre mercado resultan im-
mundo ... , las vie¡as palabras de despotismo y tiranía ya no sirven. La cosa
es nueva, hace falta, pues, intentar definirla, puesto que no soy capaz de
darle nombre. . .. veo una innumerable muchedumbre
de hombres, semejantes
e iguales, que giran sin descanso sobre ellos mismos, con el fin de satisfacer
los pequeños y vulgares placeres con los que colman su alma. Cada uno de
ellos se ha retirado aparte, como ajeno al destino de todos los otros ... en
cuanto a sus conciudadanos, está junto a ellos sin verlos, los toca sin sen­
tirlos ... Por encima de todos ellos se ab:a un poder inmenso y tutelar que
se encarga sólo de garantizar sus placeres y de
velar por ellos, Ese poder es
absoluto,
detalladO, regular, previsor y suave. Se parecería al poder paterno
~i, como éste, tuviese por objeto preparar a los hombres a la edad viril; pero,
por el contrario, no busca más que fi jades irrevocablemente en la infancia;
le
gusta que los ciudadanos gocen, siempre que sólo piensen en gozar. Tra­
baja
a gusto por su felicidad; pero quiere ser el único agente y el único
árbitro; provee a
su seguridad, prevé y asegura sus necesidades, facilita sus
placeres, conduce sus principales asuntos, dirige
su industria, regula sus
sucesiones, divide sus herencias; ¿no
podría suprimirles enteramente la mo­
lestia
de pensar y el trabajo de vivir?
De este modo, diariamente, hace menos útil y más raro el empleo del
Jibre arbitrio·; encierra la acción de la voluntad en
un espacio más pequeño,
y arrebata, poco a. poco, a cada. ciudadano hasta el uso de sí mismo. La igual­
dad ha preparado a los hombres para todas estas cosas: les ha dispuesto para
soportarlas y a menudo, incluso, para mirarlas como un .beneficio.
» ... en vano encargaréis a esos ciudadanos, que habéis vuelto tan dependientes
del poder central,
que de cuando en cuando elijan a los representantes de
ese poder; esta costumbre tan importante, pero tan corta y rara, de su libre
arbitrio, no impedirá
que pierdan, poco a poco, la facultad de pensar, de
sentir y de obrar por sí mismos, y, de ese modo, que no caigan, gradualmente,
por debajo del nivel de la humanidad» (De la démocratie en Amérique, Unión
Générale D'Editions, colección 10/18, París, 1963, págs. 361-363).
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EST ANISLAO CANTERO
prescindibles para una sociedad libre ( 151), y q~e, por ello, la pro­
piedad colectiva y la planificación constituyen
el .totalitarismo,
Se equivocan; sin émbargo, cuand~ afirma.V., que ese orden ecQ­
nómico-basta por sí mismo al no considerarlo parte de un orden
natural más acnplio en el cual aquél se engloba. Si el intervencionis­
mo del Estado conduce a la pérdida de la libertad (152), el indi­
vidualismo, y el capitalismo, .conducen a ·excesos y errores en los
que el fuerte resulta el vencedor, lo que suscita un antagonismo en
el interior de la sociedad, y, por otra par!e, provoca o suscita una
intervención del Estado, que para evitar ese mal, a la
larga lo agrava
y acelera.
De otro lado, las libertades políticas de la democracia moderna,
al no asentarse sobre la realidad de la vida de un pueblo, a cuya es:
tructura mira con recelo, no constituye suficiente garantía de las
libertades civiles, y el pluralismo propugnado, de carácter ideológico,
es el sustitutivo de las libertades concretas, que quedan sometidas al
poder del Estado,
y más concretamente, de aquellos grupos que de­
tentan su poder.
¿Dónde ·está, pues, la solución más conforme con la naturaleza
de las cosas?
Sin propiedad privada no es posible la libertad civil, y, tal como
indica Vallet de
Goytisolo (153), «no es sólo nuestra libertad per­
sonal la que es preservada por la propiedad, sino que, en el aspecto
opuesto, ésta resulta ·el freno más poderoso contra la concentración
de poder en el Estado, contra su totalitarismo». De ahí la necesi­
dad de separar el poder económico del poder político (154).
(151) Cfr. Friedrich A. Hayek: Los fund41nentos de la libertad, Unión
Editorial, Madrid,
1975; Ludwig Von Mises: Burocracia, Unión Editorial,
Madrid, 1974; Daniel Villey: ¿BconomJa libre o dirigida?, parte primera,
Unión
Editorial, Madrid, 1973; cfr. la crítica de Vallet a Von Mises, en
Más sobre ... , págs. 136 y sigs.
(1'52)
En cierto modo los socialistas lo reconocen: «la economía estatal
es una premisa material directa dél socialismo, ya que es la más susceptible
de transformación indolora en propiedad socialista con ayuda de la revolu­
ción socialista» (Manasiev: Dirección ... , pág. 96).
(153) Juan Vallet de Goytisolo: Sociedad de ... , pág. 313.
(154) «La confusión del poder político y del poder económico es la
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PR.OPIEDAD Y OR.DEN POUTICO
Por otra parte, como advierte Vallet (155), «sin libertad polí­
tica, el Estado, dueño de legislar como le plazca, podrá destruir
cuondo · quiera la· Jíbertad civil, establecieodo un totalitarismo econó­
mico y social, aniquilando o neutralizando sus bases materiales» ;
pero, al mismo tiempo, «sin libertad civil tampoco cabe verdadera
libertad política» (156).
La solución no se eocueotra, por tanto, en ninguna de las op­
ciones de la disyuntiva que hoy se nos propone como única; la so­
lución se encuentra en un orden social y político fundado sobre los
cuerpos intermedios,
y., naturalmente, en un obrar humano que so­
meta sus acciones a las prescripciones impuestas por el cumplimieoto
de los mandatos divinos. No será una sociedad perfecta, pero sí la
más perfecta que los hombres podemos edificar.
Frente a la propiedad colectiva
y la planificación, la propiedad
privada
y un orden económico en el que el Estado limita su inter­
vención a lo que el bien
común requiera, según las circunstancias de
tiempo y lugar, de acuerdo con el principio de subsidiariedad. Ello
implica el reconocimiento de que
en el orden económico los cuerpos
intermedios han de desempeñar misiones concretas de acuerdo con
su naturaleza específica. Así, la propiedad cumplirá del modo más
real y efectivo. su. función social y. será garantía de libertad.
Recordemos (157) que la armonía entre autoridad y libertad se
había conseguido, pese a múltiples imperfecciooes, por la existencia
de unas leyes . y costumbres que eran respetadas por parte del poder
político, las
cuales no podía traspasar, al tiempo que en el recono­
cimiento y acatamiento de las leyes divinas; así, el Príncipe no se
j~entlficaba f:00 el Soberano, según la anterior distinción 11econocida
por Henry-Levy.
negación. de la democracia econ()m.tca, incluso en la hipótesis en que los
púderes públicos ~stuvieran organizados de un modo democrático», Pierre
de Calan: Renaissance des ... 1 pág. 292.
(155) Juan Vallet de Goytis_olo: op. últ, cit.1 pág. 304,
(156) :Juan Vallet de Goytisolo: op, .1ílt. cit., pág. 305.
(157) Cfr. Estanislao Cantero: «La armonía», en Vúbo, núm. 173-174,
lllarzo-abril, 1979; «El futuro de la li~ertad», · en Verbo, núm. 167, _julio_­
agosto 1978.
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ESTANISLAO CANTERO
Junto a ello, por la existencia de una organización social, donde,
como señalaba Donoso Cortés, freote a
las extralimitaciones del
poder, ejercían «una resistencia material en una jerarquía organiza­
da» (158).
La hlstoria muestra que la ruptura coa· un orden natural cognos­
cible, iniciada
con Ockam (159), a través de sucesivas etapas y des­
arrollos ha condncido a que el poder político no admita la barrera
del orden social natnral (los cuerpos intermedios) ni tampoco la
barrera de
unas leyes superiores e inviolables, creación de la inteli­
gencia de Dios.
Y a que el hombre, despojado de sus raíces sociales
y espirituales, no admita tampoco ni las barreras de unas libertades
delimitadas
por su objeto, ni la barrera del cumplimiento de los
mandatos de Dios.
Así, al suprimiese las barreras, que no hacían más que servir
de cauce
a la actuación de los hombres, para que estos no se per­
dieran por caminos errados, o tratasen de
trazar otros que habrían
de extraviarles, al perder la razón de la existencia, inevitablemente
tenla que producirse
el desastre: la ruptura del orden social, por
creer que de ese modo el hombre se hacía más libre; con lo que, al
faltarle esos muros de contención, ha provocado la paulatina desa­
rición de la libertad, a medida que el hombre se ha ido liberando
de todas sus
ralees.
Y ese orden social natnral por cuerpos intermedios implica la
vuelta atrás. Perdido el camino, no
hay que persistir en ello tan­
teando nuevas sendas, ni en creer que no hay camino y que éste se
hace al andar, sino volver a la encrucijada donde se erró la ruta,
al cruce de caminos que se originó con Ockam, como ha observado
Michel Villey,
y Vallet de Goytisolo recuerda sin cesar.
Abandonar el idealismo en que nos
hallamos inmersos y al que
nos
han conducido «los maestros pensadores», como reconoce André
(1'8) Juan Donoso Cortés: Carta a Alberto de Broglie, Obras completas,
tomo 11, ed. citada, pág. 769.
(1'.59) CTr. Francisco Pu.y Muñot: «El nominalismo: primera crisis de
las ideas de la Cristiandad», en
Verbo, núm. 104, abril 1972.
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
Glucksmann (160), y retornar a la naturaleza (161), de la cual po­
damos descubrir verdades naturales, sociales y políticas a través del
orden que
nos muestra; en suma, volver al realismo aristotélico to­
mista y abandonar las ideologías a que el idealismo oos ha condu­
cido (162).
Sin olvidar, por supuesto, corno recordaban San
Pío X (163) y Juan XXIII (164), lo que afirma el libro inspirado:
«Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los que la
edifican».
(160) André Glucksmann: Les maitres peme11rs, Grasset, Le Livre de
Poche, París, 1979. Fichte, Hegel,
~ y Nietzsche, todos ~llos herederos
de la Ilustración y de la Revolución francesa, cuyo idealismo les hace iden­
tificar pueblo,
nación y Estado (cfr. pág. 127). «Fácilmente comprobable, la
palanca de las ideolo¡gías tiene un punto de apoyo: el poder del Estado.
Todos hacen pasar por
él la. transformación del mundo que cada. uno de
dlos programa. Los maestros pensadores fueron los padres de las ideologías
reinantes porque dieron sus razones al Estado» (pág. 156).
(161) No al modo del naturalismo, por supuesto; sobre el sentido del
realismo aristotélico tomista, ver Vallet:
En torno ...
(162) ar. Enrique Zuleta Puceiro: «Armonía. y dialéctica en el orden
político>>, en Verbo, núm. 178, septiembre-octubre 1979.
(163) San Pío X: Notf'e Charge Apostoliqne, t, 11.
(164) Juan XXIII: Mater el MagisJ,-4-, 217,
Hay que hacer notar que el marxismo, es hoy plenamente consciente de la
importancia de los cuerpos intermedios; las teorías de Gramsci, tan en boga
hoy, y el eurocomunismo, no son más que la nueva fórmula para conquistar
el Estado a través de la conquista de la sociedad. La. hegemonía de la socie­
dad civil pasa por el
dominio de los cuerpos intermedios; en este sentido,
es de destacar la importancia de los cuerpos intermedios en el fracaso de
Allende
en Chile (cfr. Estampas de Chile, Speiro, Madrid, 197'). Bien es
verdad que, en el momento en que los cuerpos intermedios son dominados
por los comunistas, dejan de funcionar como tales y se convierten en instru­
mento
del partido, como queda puesto de relieve por los municipios con­
quistados
en Francia.-por los comunistas (Cfr. jean Montaldo: Les finances
du Parli Communisle Pranrais, A.lbin Michel, París, 1977 y La France com­
muniste, Albin Michel, París, 1978, especialmente este último; de ambos
hay recensión
en Verbo, núm. 168, septiembre-octubre 1978, págs. 1174
a 1180).
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