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1979

Propiedad, vida humana y libertad

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1979
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Riesgo y ventura de la propiedad en las economías mixtas

RIFBGO Y VENTURA DE LA FROPIEDAD EN LAS
ECONOMIAS MIXTAS
POR
I OSÉ MARÍA CARBALLO FE.RNÁNDBZ
Doctor en Economía por la Universidad de Roma
INTROITO
Guardaos de los falsos prafetas, que vienen
a vosotros can vestiduras de ovejas,. más por
dentro
son lobos rapaces. Por sus :frutos los
conocereis. ¿Por ventura se -recogen racimos
de los espinos o ·higos· de los abrojos?
(SAN MATi!O, VII, 15-16)
. Aparte de aludir a la inmediata relación del hombre con las cosas
e implicar, en su sentido etimológico, la i~ea de proximidad, hemos
de advertir, antes de enzarzamos en el tema, que fa propiedad, en
su
aspecto económico-funcional, alude al aprovechamiento que el hom­
bre ha de
hacer de. ruanto la natural~za pone a. su. disposición, . en
el inm~ato contorno, para el cumplimiento de sus.fines, individuales
o colectivos.
Como fundamento del d""echo que, _de esta neces_aria disposición,
se deduce, _se han expuesto diversas causas origin_arias: la orupaci6n
(Grocio, Puffendorff) ;. el trabajo (Smith, Stuart Mill); la conven­
ción (Rousseau, Locke, Hobbes);
la Ley. (Mirabeau, Montesquieu,
Bentharn) ; el_ principio de orden .natural (Hegel, Ahrens, Antoine) ;
el del orden sociológico (Leroy Beaulieu, Cimbali, D' Agnano) ; ...
La doctrina de la. Iglesia. h_a c=iderado la propiedad, como nos
recuerda Juan V allet, después
de -calificarla como conrepto indispen­
sable para toda conciencia jurídica, como algo derivado del Oerecho
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/OSE MARIA CARBALW FBRNANDBZ
natural, no procedente de las leyes humanas. El aquinatense distinguió
entre la
potesla.r pro~urandi et dispensandi (el derecho de propiedad)
y el uso y disfrute, en el rual debía considerarse lo superfluo sujeto
a la
commnnicalio, ya por liberalidad o por utilización según publicam
utilitatem, condicionamiento que no constituye un simple consejo,
sino un precepto de justicia.
En cualquier forma, los conceptos de la propiedad, en los diversos
sistemas económicos hasta ahora vividOs por la sociedad humana,
aparecen circunstancialmente matizados por el punto del espacio,tiempo
que se considere, entre los múltiples de las trayectorias seguidas en
el desarrollo de la historia,
proevocando la sensación de tratarse de
un concepto cuya univocidad es, por lo menos, cuestionable.
«Das Recht
h¡rt kein Dasein für sich. Sein W esen vielmehr ist
das
Lehen der Mensch Selbst, von einen besonderen seiten angesehen»,
afirmó Karl von Savigny.
Algo análogo sucede
con el término de economía mixta, si con
él se pretende aludir a la. coexistencia y simultaneidad de esferas de
decisión económica
individualizada y sectores de decisión centralizada
en quienes representan el poder de
la colectividad.
En ningún momento de
la historia se ha producido, como hecho
experimental, una economía
apoyada exclusivamente en la decisión
privada en la que se hayan dado
los postulados de partida de la
11"mada economía de mercado (perfecta independencia en la adop­
ción de decisiones, perfecta información, perfecta movilidad de me­
dios, inexistencia de desigualdades mooopollsticas, etc.). Y tampoco
ha podido
centralizarse totalmente la adopción de decisiones, ya que,
en último extremo, exigen unos medi.os de comunicación y control
que no fueron posibles hasta fechas muy recientes de la historia.
Entre
estas dos figuras extremas de ordenación y estructuración
socio-económica se han
creado figuras hlbridas, a lo largo de las
épocas
de la vida humana, en función de las oportunidades situacio­
nales de la polltica, a la que Teofrasto calificó de
ARTE DB LO PO­
SIBLE.
Contra la propiedad individual de los medios de producción se
han alzado criticas, aparte de las formuladas por los socialistas utó­
picos y por las concepciones proudhonianas,
por el socialismo llamado
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RJESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMIAS MIXTAS
científiw y revolucionario de nuestros días. Marx afirmó que no cabía
hablar de producción y tampoco de socieda.d, sin una forma de pro­
piedad de los
medios de producción, que caracteriza totalmente a la
sociedad de que se trate. Pero, a. su-juicio, en una «sociedad sin cla­
ses», en la que solamente exista. una propiedad social, no tiene sen­
tido alguno el dereoho de propiedad.
Ahora bien,
en la realidad, en los intentos socialistas que pueden
hoy contemplarse, la propieda.d ha sido simplemente trausferida del
derecho privado al derecho público·
y la propiedad individual traus­
mutada, no en propieda.d social, sino en propiedad estatal.izada, que,
en opinióo de Juan V ali et, es la forma más drástica de dominio del
individuo
por el poder público.
Los ensayos de eso que se ha denominado, por mor de Müller
Armack, economía social de mercado ( término acuñado en tiempos
de Ehrard) no son hasta ahora concluyentes, y la llamada «tercera
vía» (Eucken, Ota Sik, etc.) parece contener unas contr,idictio in
terminis amso insuperables. Pero de ello habla.remos después.
Vamos, pues, a limitarnos a contemplar, en rápido escorzo y obli­
gada síntesis, algunos de los aspectos
más destacados de los avatares
de la propiedad,
en los momentos cardinales de la historia, como punto
de perspectiva
para cualquier intento de convertir en transpareotes
las brumas del mañana.
I
A la espalda de la historia
No hay, para los hombres, nqrma más se­
gura que el conocimiento de los hechos ocu­
rridos
anteriormente.
(PoLmIO)
Stalin, en su estudio sobre el materialismo dialéctico, afirmó que,
en
las tribus primitivas, el trabajo en común condujo a la propiedad
en común de los instrumentos
de producción y de los productos.
Y, según parece, hasta la llamada revolucióo
neolltica ( de G.
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/OSE ,MARIA' CARBAI.LO PERNANDBZ
Oiilde), allá por el décilno milenio antes de Cristo, una etapa que,
conforme a
la cronología .ctual, repr,esenta la mayor parte ,del tiempo
hasta
ahora, vivido por, la especie humana, el espíritu del hombre
primitivo
estuvo impregnado del sentimiento de participación de todos
los seres ( vivos y muertos), de, todas
las cosas, sometido ,al imperio
insuperable de
los nsos tribales, cuya violación constituía el mayor
de los crímenes.
Lo colectivo se interponía entre hombre y hombre, en-esa con­
cepción que Ortega denominó NOSTRIDAD. El hombre vivía en autén­
tica y total comunidad
(Levy Bruhl; Durkheim, etc.), aun cuando
haya de aclararse
que, entre comunidad y comunismo, fonéticamente
hermanos, hay
la línea divisoria entre una:· «nostridad» que construye
y una qne obstaculiza.
Es evidente que, aparte de las mínimas cosas de inmediato u y de personal· e. instransferible confección, la propiedad privada, como
elemento de la
vida de la tribu debía ser algo excluido de su tipo
de
pensamiento, impregnado de magia y tribalismo.
, Unicamente en· Tos alrededores del año 8.000 a, C. se. produjo
un
punto de discontinuidad en el que mrgieton los elementos típicos
de una
vida montada en la agricultura y la ganadería, fenómeno al
parecer provocado por la
exuberancia del llamado CRECillNTE PERFIL
del Oriente próximo. Y en este punto del espacio-tiempo h1illllano
surgió a la luz la cultura urbana y, con ella, un tibio y tímido paso
de la propiedad comunal hacia la propiedad privada. A esta fecha
refirió Engels la aparición en la historia de la lucha de clases, y a
ella remitió Bertrand Russell la interpretación del relato bíblico
de
la muerte de Abe! por Caín ( constructor de ciudades y piare de unas
generaciones que emplearon los metales y cultivaron la música).
En la etapa que entonces. se inició, en la época histórica primitiva,
aparte una
balbuciente pro.piedad individual y actividad artesanal, la
propiedad
se caracterizó por la pertenencia de las tierras a reyes y
templos,
en latifundios y señoríos que, explotados mediante la insti­
tución del vasallaj~, 'utilizaban el dirigismo económico.
Uno
de los legados fundamentales de Egipto parece ser el ejem­
plo de una economía centralizada en una administración' burocrática
y un sistema de planificación, tudimentaria. Nada más elocuente que
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RJESGO Y VENTURA EN LAS -ECONOMIAS MIXTAS
el relato de los consejos de José al Faraón, que nos transmite la Biblia
en el capítulo
47 del Génesis (vers. 20 al 23).
Henry Maine afirmó que
la historia occidental empezó· en Grecia,
cuyo ideal kalokagático implicaba la entrega a la polis, aun en detri­
mento propio.
Homero, en
la 111,¡da y la Odisea, nos ilustró sobre la economía
griega, montada sobre la esclavitud,
y sobre las fueotes de adquisición
de esclavos. Fue necesario llegar a la época ateniense para asistir a
la transicióu
de la agricultuca, al comercio y a la ioiciacióu (en el
siglo
v) de los primeros brotes de la pequeña propiedad territorial.
En el conjuoto social, sio embargo, el número de esclavos igualaba
al de ciudadanos considerados libres, y tah sólo un 15 % de la po­
blacióu adulta accedía a una vida democrática. La ecooomía ateniense
constituye uno
de los ejemplos de economía mixta que noo facilita
la historia, lograda mediante
un equilibrio de socialismo e individua­
lismo. Pero,
eo el momento de máxima eicpansióu . del ECUMENE, se
produjo la decadencia (por relajación de las costumbres), Ja despo­
blación
y la degradación social.
Platón,
en la República y en Las leyes, planteó una utopía de
matices comunistas, y Arist6teles afirmó que la función pública era
la única digna del hombre libre, en una sociedad
con propiedad
privada
y propiedad pública, en la que. ~e l¡ubien, eliq¡inadn el eo­
riquecimiento injusto. Propugnaba, sin embargo, la esclavitud.
La decadeocia griega corrió paralela· con el asc:eoso a la pleamar
de la historia del imperio romaoo, cuya economía iba a desarrollarse
a base
de la explotación de los países cooquistados -en beneficio del
erario público, provocándose, por la competencia, la ruina
de la agri­
cultura interior,
el éxodo de los campesinos y el latifundio. Las pro­
piedades se cetitraron en un número mínimo· de -i1W:1os, creció la vida
urbana y el comercio y l05 campesinos, despojados, pasaron a inte­
grarse a uo proletariado
urbano cada vez más inquieto y amenazador.
Los Gracos buscaran uoa salida en el fortalecimiento de -la pro­
piedad campesioa
y los emperadores del bajo imperio trataron de
salvarse mediante el dirigismo económico.
El Estado intervino acti­
víSimamente en la economia y los e.dictos de Diocleciáno, fijaron los
precios, pero el número de esclavos-fue en disminución, los impuestos
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fOSE MARIA' C2fRBALLO FERNANDEZ
agotaban las provincias, la sociedad se desmoralizó y el parasitismo
invadió al ejército.
Fue inútil la
pretensión de convertir a la esclavitud en colonato,
La mano de obra de las empresas del Estado hubo de nutrirse de
prisioneros, esclavos y presos.
La situación romana, que hubiera exigido genio innovador en lo
económico, se encontró, inevitablemente, ante
el colapso. Son gráfi­
cas y terribles las palabras de Engels : «Sólo los bárbaros eran capa­
ces de rejuvenecer a un mundo senil, que padecía una civilización mo­
ribunda>>.
Y los bárbaros (los germanos) se limitaron a empujar y desmo­
ronar un andamiaje ya podrido
y sin resistencia.
Los campesinos amedrentados, las masas atemorizadas, para sal­
vaguardarse de
los invasores y de la rapacidad de un Estado en des­
composición, hubieron de buscar el apoyo y la protección de los te­
rratenientes, mejor
preparados y más fuertes.
Así iba a nacer, con sus características especiales, el sistema feudal.
11
De la fetación feudal al parto burgués
¿No nos vemos conducidos a sospechar que
la realidad de una civilizaci6n es el sueño de
otra?
(SoUSTBLLE)
La noticia jurídica de la propiedad quiritaria era de carácter pu­
ramente individualista. Era una
PLENA IN RE POTESTAS (Corpus Justi­
niani),
«usque ad coelum, usque tJá ínferos». Era una noción de pro­
piedad que otorgaba el' usus, el FRUCTUS y el ABUSUS, constituyendo,
por añadidura, nn
DOMIN!UM PERPETUUM.
A esta noción de propiedad, el cristianismo añadió una concep­
ción derivada del contenido biblico, en
cuy"' versiculos (23 y 28 del
capítulo
XXV del Levitico) se excluia el carácter de perpetuidad,
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RIESGO Y VENTURA ilN-LAS ECONOMIAS MIXTAS
mientras los profetas (por ejeniplo Oseas, cap. V, vers. 8; Nehemías,
cap. V, vers.
5) parecían condenar las grandes propiedades fundiarias.
Los Hechos de los Apóstoles, en sus capítulos 1V y V, exhorta­
ban la comunicación de bienes (y relataban la curiosa historia de
Ananías frente a Pedro), resis también sostenida por la Patrística.
La libertar era, para el romano, algo simplemente político, que
implicaba la
participación en la vida pública, sin reyes. Pero los
bárbaros introdujeron en
d mundo romanizado la noción, hasta en­
tonces ignorada, de la libertad personal
y, con ella, la de la adhesión
personal al jefe, la
organización aristocrática y la viru:ulación fundada
en la lealtad,
que iban a constituir el BTHOS feudal.
La noción germana de propiedad estaba henchida de un carácter
eminentemente social. Esto
es lo que nos relataron César, en De Bello
Gallico,
y Tácito, en Germánia. A diferencia de la de las cosas
muebles
(Fahrniseigentum), la propiedad de los inmuebles (Grund­
eigentum) se encontraba socialmente limitada (Dorfschaftsystem).
Estas fuentes de propiedad ( romana
y germana) contrapesadas por
las concepciones canónicas,
son las que, al andar de los siglos, iban
a influir en la concepción de la propiedad eu el llamado mundo de
Occidente.
El mundo feudal significó el retomo a una civilización rural, ro­
bustecida por el impacto de la presión islámica. En él, aparte de la
propiedad alodial, la tierra, bien principal, fue usada,
generalmente,
bajo la figura de cesión «ad laborandum», mediante un estipendio
usufructuario, fundado en la distinción. entre dominio directo y do­
minio útil.
Todavía en el siglo XIII podían retirar los reyes a sus vasallos
los honores y las tierras que tenían en sus manos, nos dice Ximénez
de Rada, en De Reb11, Hispanae.
El «ethos» feudal invadió la Europa del siglo IX, a salvo Ingla­
terra
y, aparte Cataluña, en España, según Oaudio Sánchez Albornoz,
en León y Castilla, el único feudalismo fue el de los grandes monas­
terios de Cluny y el Cister.
Más que de propietarios, en el período feudal podríamos hablar
de «señores de tierras», cuestión más de autoridad que de dominio.
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JOSE MARIA CARBALLO FERNANDEZ
:Iln él, la nobleza ( etimológicamente pariente del «noscere», de la
fama) se caracterizaba más por las exigencias que por los derechos,
nos recordaba
en uno de sus artículos don José Ortega y .Gasset: El
comercio era exiguo,. la economía cerrada, y hasta el siglo XIV no
empezaron las revueltas campesinas, contra los abusos del sistema;
Las Cruzadas abrieron el comen:io al Oriente, pero también la vía
de carencia de mano de obra y la creciente necesidad de dinero en
los señores. Momento de crisis coincidente con los éxodos campesinos
hacia las nacientes organizaciones urbanas. «El aire de la ciudad hace
libre,>, decía un proverbio alemán. Y los propios reyes alentaban
a las ciudades frente a
los nobles.
El hombre feudal
fue adquiriendo un sentido urbano (burgués)
de la vida, en el mismo momento en que la nobleza feudal se degra­
daba en
los excesos y la malicia, los poderes civil y religioso colisio­
naban ( conflicto
de las investiduras) y se iba construyendo la vida
municipal y
la del gremio, cuyo antecedente, en la aotigüedad, pueden
bnscarse, según algunos autores, en los «collegia» romanos. Los gre­
mios acabaron exigiendo
su participación en el dominio de las ciu­
dades.
Con el redescubrimiento
de la vida individual, resurgió el de la
propiedad individual, después
el de la propiedad capitalista, que em­
pezó a aplicarse incluso en el dominio de la propiedad fundiaria.
La llamada
por Marx «acumulación originaria» hizo posible el
primer capitalismo, el capitalismo comercial.
El
comen:io se desrrolló nuevamente. La ciudad, dijo Rorig, «vi­
vía
en pequeño» y «pensaba en grande,>.
En el curso del primer capitalismo, la población europea ( en los
siglos
XI a XN) llegó a triplicarse, aun cuando más tarde hubiera de
padecerse la regresión provocada por epidemias, pestes, calamidades
agrícolas y guerras ...
La influencia de la Iglesia mitigó, en el primer capitalismo, el
afán desmedido de lucro, y atenuó la plaga de dudas que en la an­
tigüedad clásica se
abatió sobre las masas.
Pero el interludio del
primer capitalismo iba a ser rebasado por
un nuevo plan sefiorial agrlcola en los siglos xvu y xvrn.
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RIESGO Y VENTURA. BN. LAS BCONOMIAS MIXTAS
El fonema propiedad ha aludido, a. través del .tiempo, .a. muy di­
versos contenidos. El
lenguaje, c~mo un corcel, nos hace cabalgar a
tierras lejanas, afirma un proverbio árabe.
111
El albor fáustico
Hay quienes sueñan que hacen la Historia.
Hay también la .vMa, que hace otra Historia.
(WOL:PGANG RUEBE~ABB)
En el Código de las Partidas, todavía se fundaba el dominio en
el señorío, que se
definía (partida 3.•, tít. 28, ley Lª) de la siguien­
te forma:
«Señorío es poder que el hombre ha en su cosa, de fazer
della e con ella lo que quisi""", segund Dios e segund Fuero».
El desarrollo del
espiritµ. mercantil, yacente en el «ethos» bur­
gués,
exigía una noción de propiedad que permitiese la explótación
del ciclo dinero-mercancía-dinero,
estructura esencial de su

sistema
y
ligado, en el Apocalipsis (Cap. XIII, vers; .16-17) con la marca o
el
número de «La Bestia».
Dobb
hizo hincapié en las influencias que . se volcaron, desde la
apertura de las
rutas mediterráneas, sobre el mímdo renacentista. Fi­
guran, entre ellas, lo femenino, la apoteosis catedralicia ( que convir­
tieron lo románico, jerárquico
y pantocrático, en catedra, enseñanza
y luz gótica), la eclosión universitaria ... También han de recordarse
las influencias
urbanas, con sus apetitos y extravagancias. El homo
,apien, se hizo him,o fdber ...
· La· sociedad, con ansias. y la ambición codiciosas, pareció caer en
la tentación satánica: «Todo esto te daré si postrado ante mí: me ado­
ras, porque todo esto a mi es dado y a quien quiero lo doy».
La expansión burguesa exigía
un Estado burgués y la construc­
ción de este Estado demandaba
la supresión de las dos columnas en
las qúe · se apoyaba el arco feudal : la autoridad Real y la autoridad
de la Iglesia.
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fOSE MARIA CARJJALW FERNANDEZ
La Reforma fue la primera agresión burguesa, en una manifesta­
ción de
tensiones y fricciones de apetencias de poder en las que los
reyes no dejaron de tomar parte activa, en su pretensión de desvita­
lizar el peso de las noblezas, apoyándose en las agrupaciones urbanas
y en el llamado estado llano, Por añadidura, la Reforma iba a ofrecer
a la burguesía, principalmente a través del
calvinismo, las razones jus­
tificadoras de la codicia y de la acumulación de riquezas, declarán­
dolas bendecidas por Dios, al identificar
el éxito con el pretruo divino
y el fracaso con el castigo.
La nobleza se aburguesó, perdiendo gran parte de sus virtudes,
y la propiedad fue adquiriendo los perfiles capitalistas. Era la hora
de las ciudades libres (Milán, Venecia, Florencia
... ), de las Uniones
Mercantiles (Hansas) ; de las
grandes familias financieras (Fugger,
Welser, Medicis, Bardi,
Coeur ... ),
Hay que advertir, no obstante, que la consecuencia de una eco­
nomía anárquica de mercado fue hacer de los ricos plutócratas y de
los pobres miserables.
En el intervalo del siglo xv al siglo xvm los descubrimientos
geográficos produjeron
la concepción mercantilista (Bullionismo, Mer­
cantilismo ... ) fundada en la teoría económica del comercio mundial
utilizando el poder dirigista del Estado
y orientada a su propio en­
grandecimiento.
El dirigismo mercantilista, que
preconiuba la acción pública, se
ordenaba al enriquecimiento de la burguesía y del Estado, mediante
la explotación del oportuuismo colonial, radicado en la noción de
una propiedad
plena, sin limitaciones de cualquier clase y basada en
la
ocupación por la fuerza y en el... esclavismo.
Marx escribió: «El capital comercial, allí donde predomina, im­
planta, pues, por doquier, un sistema de saqueo y su desarrollo, lo
mismo en
los pueblos comerciales de la antigüedad que en los tiem­
pos modernos, se halla directamente relacionado con el despojo por
la violencia,
la pirater!a marítima ,el robo de esclavos y el sojuzga.
miento».
Claro que estas palabras de Marx podrlan aplicarse, hoy, al su­
percapitalista
e imperialista Estado soviético, en la misma medida que
a la supercapitalista e imperialista Norteamérica.
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RIESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMIAS MIXTAS
& cierto que, en el siglo xvn, como antes dijimo5, se asistió a
una revitalización del
régimen de la propiedad señorial agrkola. Tam­
bién lo es que Inglaterra constituía, en aquellos tiempos, una «isla
capitalista>> y que las ideas í'lsiocráticas estuvieran· centradas en la
agricultura.
Pero, al mismo tiempo, fueron desarrollándose ideas económicas
que tomaban al trabajo como elemento cardinal del valor (Adam
Smith, Ricardo, etc.).
El baluarte de la realeza fue
atacado mucho más tarde que el de
la Iglesia,
en el siglo XVIII, en una revolución (1789) que ha de
considerarse
como el punto final, violento y sanguinario, de un largo
proceso de mutación que dio lugar al
< «Mitificación de las Ciencias». En resumen, la apoteosis del «Reino
del César» frente
al «Reino de Dios».
La eclosión tecnológica, iniciada desde el siglo xv, favoreció el
nacimiento de ese tipo de hombre al que Speugler calificó de fáustico.
Con él entró en
la historia el segundo capitalismo, el capitalismo in­
dustrial.
El papel del aliento protestante, puesto de relieve por
Weber, en
el desarrollo del capitalismo, parecía confirmarse en el relativo atraso
de las naciones católicas, que movió al padre jesuita Fran,ols Russo
a afirmar, en un artículo publicado en 1971, qne esta divergencia plan­
teaba interrogantes
que sería mejor poner en claro.
Apoyada en su técnica, en su fuerza y en su avidez hedonística,
Europa
se erigió en el centro mundial del poder. &ta es una de las
consecuencias
más aparentes del dominio de la sociedad por burgue·
sía que había logrado
hacerse dueña de sus resortes económicos, po­
líticos y sociales,
En el libro de los proverbios (cap. XXX, vers. 21,
22 y 23), se
lee: «Por tres
cosas se alborota la tierra y la cuarta no puedo sufrir :
Por el siervo cuando reinare; por el necio cuando se hartare de pan ;
por la aborrecida cuando se casare, y por la sierva cuando heredare
a su señora».
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JOSE MARIA CARJJALLO FERNANDEZ
El mundo soy yo
IV
Y le fue dado hacer la guerra contra todos
los santos y vencerlos. También le
fue dada
potencia contra toda tribu
y pueblo, y lengua
y gente.
(Apocalipsis, XIII)
Tras el triunfo de la revolución francesa, la burguesía abordó la
tar~ de imponer su concepci6n del mundo, fundada, al decir de
Hegel,
en la policla y el Derecho. Pero se trató de un Derecho cuyas
ralcs no· se hundían en una moral apoyada en estancias superiores al
hombre, sino
de un Derecho edificado como una estructura abstracta
y mental. El «Ius divinum» se trocó en «Ius humanum», pura cons­
trucción
intelectual.
La civilización y su estructura constituyeron, acaso, el intento de
reducir la
fuerza a una última r y Nutva Politica, de 1914) noo recordó que, en la época de la Res­
tauración, resaltaba el amor a la ficción jurídica, a la pomposidad, a
la exterioridad, a contentarse con las
apariencias.
Análoga es la critica de Soljenitsine en su discurso de Harvard,
en junio de 1978, al afirmar que los occidentales adquirieron un
«savoir faire» que les permitió hacer lo que quisieron ,en una con­
cepción meramente jurídica de la vida, que ponla la letra de la ley
por encima del espíritu de solidaridad, en una
forma moderna de
fariseismo,
como recordaba Cruz Martínez Esteruelas en un articulo
publicado en YA
en julio de 1979.
El hombre masa (y el burgués
sin. duda tiende a serlo) carece de
moral, afirmó Ortega
y Gasset en La Rebelión de ltM Marar. Por otra
parte, el mundo burgués
se apoyó en el interés personal, para servir
el cual era necesario imponer
una amplia libertad de contratación, de
industria y comercio,
amén de un nacionalismo a ultranza,. protector
y proteccionista, El formalismo jurídico apenas enmascaró los mó­
viles profundos del burgués del liberalismo .
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RIESGO Y VENTURA EN LAS BCONOMIAS MIXTAS
Ya en el curso del siglo XVIII se hablan reclamado c6digos regu­
ladores
del Derecho privado y, entre sus instituciones, la propiedad.
La revolución burguesa habla preparado el camino para
la recepción
del concepto del viejo derecho quiritario.
Se hizo cada vez más im­
portante nn nuevo tipo de propiedad,
relativo a los medios de pro"
dua:ión
industriales, tratado con nnos moldes que algunos tratadistas
calificaron de arcaicos.
El código de Napoleón,
en su articulo 544, definió la propiedad
corno el
«derecho de gozar y disponer de la cosa de la manera más
absoluta, con tal que no se haga de ella nn uso prohibido por las
leyes o reglamentos», La propiedad era contemplada como un derecho
tangible
y sagrado, annque no se tomaba ro cuenta la de las personas
jurídicas ni
la copropiedad.
Esta concepción de
la propiedad y este tipo de Derecho no resultó
adecuado, según Ripert (1946), para contrarrestar los abusos sociales
y dio lugar a nna polarización clasista de la sociedad, tanto por las
diferentes posiciones de partida como por la aceleración, fructificante
y acumulativa, de las grandes fortnnas.
La democracia burguesa implicó la dominación de la sociedad
por nnas · clases económicamente privilegiadas. Las Igualdad, Frater-.
nidad
y Libertad fueron simples «slogans» políticos, sin significación
real algnna. Bajo esta divisa política, la esclavitud sobrevivió en
Rusia hasta 1861 (Alejandro
II), en J,stados Unidos hasta 1865 (Lin­
coln)
y en Cuba hasta 1879 ... Para la burguesía, la esclavitud fue
tolerable, en el plano. práctico, en
tanto los a;vances temológicos . no
la hicieron superable.
Claro que
la democracia, como advirtió Tocqueville, es algo más
que una forma de gobierno. Una cosa es que haya ·ricos y otra que
los ricos se instituyan en una clase social ...
En las «revoluciones burguesas», los campesinos fueron quienes
suministraron las fuerzas de combate
y también quienes hubieron de
soportar las c~nsecuencias económica-s: de Su triunfo;
Desde el origeo de la edad moderna, fueron acumulándose en
los países
hoy llamados occideotales unos conocimientos (y las téc­
nicas con ellos conexas) que pusieron en las
manos del capitalismo
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fOSB MARIA CAR.BAILO FBRNANDBZ
victorioso los me~ios e instrumentos adecuados para el dominio co­
lonial del mundo.
La propiedad colonial se fundó, simplemente, en la conquista
militar, en
la fuerza aprensora y en la audacia, todo lo cual resultó
facilitado
por el desarrollo de los medios de comunicación y de con­
trol ( ferrocarriles,
nuevos tipos de barcos y medios de navegación,
sistemas
de comnnicaci6n y transmisi6n, etc.).
Pero la explotación colonial necesitaba otras ayudas, en el campo
financiero, y surgió W1a simbiosis bancaria e industrial, en el con­
tinente y allende el Atlántico ... La clase financiera, recién llegada
entonces al escenario económico-histórico, iba a preparar el tercer es­
tadio del capitalismo, el capitalismo financiero, en una estrecha co­
laboración con los elementos politicos y gubernamentales, qne em­
plearon a veces métodos
«sui generis» para hacer revertir a la bur­
guesía el capital acumulado en las llamadas manos muertas.
Los métodos de dominación colonial utilizados por Occidente in­
cluyeron medios que algunas veces rooaban la moral : Introducción
del opio, corrupción, etc.
Al madurar la dominación capitalista de la sociedad, salieron a
escena los llama.dos capitanes de industria, especie de Supermen (Roc­
kefeller,
Carnegie, Kindorf, Siemens, Morgan ... ). También nacieron,
hacia 1900,
los grandes monopolios.
Dentro
de la doctrina de empleo de los medios jurídicos como
dóciles sirvientes del interés
personal, se produjeron casos insólitos,
como llegar a tener en cuenta, en 1~--registros contables, beneficios
procedentes de actos de piraterla. Alguna compañía internacional hizo
figurar, en su cueota
de pérdidas y ganancias, los resultados de ac­
ciones corsarias ...
La penetración del capital extranjero fue estrangulando el desa­
rrollo industrial
de los países dominados, dando origen a lo que se
denominó
Free Trade lmperiali,m.
Se habló de darwinismo social, que aparentemente justificaba esa
especie de selecci6n natural socio-económica que otorgaba el triunfo
a los
Sel/ Máde Men, que consideraban justo hacer suya, utilizando
una frase
de Keynes, la mejor y más importante parte del pastel.
Rockefeller creía qne el poder
de ganar dinero era un don con-
662
Fundaci\363n Speiro

RJESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMIAS MIXTAS
cedido por Dios. El obispo Lawrence afirmó, por su parte, que la
prosperidad material contribuye a un carácter nacional más conforme
al de Cristo.
Carnegie, en Forum
I (1866), aseguró que «el trabajo, como la
harina, o el algodón, debería siempre comprarse al precio
más bajo
y venderse al más alto».
Higgmson, banquero y «fellow de Harvard», al explicar los ob­
jetivos de la Universidad, decía: «Edncar y protegernos, a nuestra
familia
y nuestro dinero, del populacho».
«El capitalismo, como sistema funcional ( en opinión de Heilbron­
ner), dio como resultado una estructura de rentas y de riqueza que
lo caracterizó como
un «sistema de privilegios».
Ortega y Gasset había expuesto
la opinión de que el individua­
lismo había enriquecido al mundo, y a nosotros con el mundo, pero
nada podría poner de relieve, con mayor elocuencia, el clima de vio­
lencia
material y moral desencadenado por un individualismo a ul­
tranza en el abuso de la propiedad y, desde él, el dominio del aparato
estatal, que las palabras de Roosevelt ante el Congreso Nortearueri­
cano:
«Hemos sido sorprendidos debido a los mnchos y notorios ejem­
plos de injusticias infligidas
a nuestros ciudadanos por pem:,nas o
grupos que han estado viviendo a costa de sus vecinos mediante el
uso
de métodos inmorales o criminales».
«En la primera categoría -un campo que no envuelve violación
de
la letra de nuestras leyes-se han descubierto prácticas que han
chocado a aquéllos que crelan que, en la pasada generación, habíamos
elevado las exigencias
éticas de los negocios .. ,»
V
Se agita el bosque de Birman
Si llegártus .a borrar a Dios de la Tierra, lo
encontraríais en el subsuelo.
(DosTOmVSKI)
El capitalismo industrial nació de la violencia (revolución fran­
cesa)
y se extendió. con la agresión (guerras napoleónicas y guerras
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/OSE MARIA. CARBALLO FERNANDEZ
imperiali•tas). Las conquistas coloniales pusieron a disposición de
Europa las materias primas necesarias par• su desarrollo industrial,
materias primas que
costaoon solamente un esfuerzo político-militar.
Por otra parte, las masas procedentes del éxodo campesino pusieron
a disposición de las incipientes industrias
una mimo de obra abun­
dante y oorata, cuya omnipresencia justifica esa vivencia del llamado
«ejército
industrial de resetva» de la literatura socialista de la época.
:Aparte de viejos
. ancedentes crlticos ( cátaros, utopías como las
de Moro, Cabet,
Campanella, etc,), _el _socialismo teórico, mantenido
por algunos aristócratas e intelectuales (Saint Simon, Sismondi de
Sismonde, Fourier ...
), imagin11ba modelos de sociedad sin propiedad
privada. Las condiciones de
vida de las clases traoojadoras, en las zonas
de industrialización urbanas, er.an, en ·muchos casos, ntyanas con· la
miseria. Es impresionante· la descripción de la vida urbana en la In­
glaterra ptotoindustrial hecha por Tocquéville. Y estas circunstancias
explican
esa visión circunstancial de la teoría del «fondo de salarios»
y de la llamada «ley del bronce
del salario», expuesta primero por
Lasalle ( utilizando ideas tomadas de Ricardo) y después por Marx ...
Ya :Adam Smil!h h•bía considerado al traoojo como base del valor,
idea
seguida más tarde por Ricardo y llevada al extremo por Marx,
Rodbertus, Lasalle y Marx constituyen, según una opinión muy
generalizada, la ll11mada trinidad del socialismo científico. Pero fue
el" último quien, con Engels, trasladó del campo conceptual al logís­
tico las esperanzas de una organización socl~lista de la sociedad.
Y
él socialismo implica 00, ante todo, JO: negación de la propiedad
privada de los medioo· de producción; négac:ión 'que también habfan
propugnado Prohudhon, Henry George y otros ...
Con ello, el Estado habría
de convertirse en el ente económico
único. En la práctica, se convirtió, p,or, 3,p.adidura,,. en autoritario.
Schumpeter, en una obra muy co~ocida; rindió homenaje al rigor
de la obra cientlfica df Marx y, aún cuándo no compartía sus aná­
lisis, creía, colll:O, :Marx,· en' la -~.lesco111posición del capitalismo, si bien
a consecuencia de sus éxitos, no de sus contradicciones.
Ma&iavelli afirmó · que, · pata \fuá· organización adecuada de la
sociedad, era ntcesario un Esiado rico y poderoso, apoyado en unos
Fundaci\363n Speiro

RIESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMIA5 MIXTAS
súbditos impotentes y pobres. ¿No presentaba extrañas semejanzas el
cuadro de la sociedad europea
de mediados . del siglo XIX?
Las inquietndes sociales derivadas de tal situación fueron esti­
mulando, a lo largo del siglo, una legislación (lliunada social) que
pretendía reducir los
abusos de unas jornadas de trabajo insoporta­
bles, los hacinamientos inhumanos y otros inconvenientes ...
En el «Manifiesto socialista», se afirmó que el hombre, en la so­
ciedad capitalista, se encuentra alienado y que la lucha de clases es
la llave de oro para la interpretación de la historia. En consecuencia,
para llegar a una sociedad sin clases, por tanto SIN PROPIEDAD, setía
imprescindible el puente de la dictadura del proletariado. El empre­
sario es, a pesar de Sí mismo, y por su propia naturaleza, un incau­
tador de plusvalías del trabajo, afirmaban Marx y Engels.
El impacto marxista en la sociedad europea decimonónica, y aún
en la actual, son innegables. El Syllabus condenó sus ideas por con­
siderarlas heréticas, y la encíclica Rerum novarum expuso las ideas
de
· la Iglesia sobre los llamados problemas sociales.
Pero la Guerra europea ofreció al marxismo la primera y efei:tliia
oportunidad para su aplicación real, en un pueblo, como el ruso, car­
gado de nostalgias nihilistas y sin un sentido específico de la ptopie­
dad del estilo occidental (recuérdense el MIR y otras fotmaS Cómu­
nales .. .):
La batalla antiburguesa encontró el hombre adecuado en Leniii,
cuyo nombre (Wladimir Illych illianov) significaba, en eslavo 'pri­
n:útlvo, según parece, «él don:únad. el mnndo».
Clafo que, sin esa guerra desdichada y ·trágica de. 1914, y siii' la
imprudencia de Alemania, al introducir a Lenin en Rusia clandesti:
namente, apoyado por su oro, sin lo cortedad de visión de Wilsón,
al condicionar su entrada en guerta al destronamiento de los Roma­
noff, y sin el hambre artificialmente provocada por los grupos finan­
cieros anglo-sajones, hubiera sido posible un curso diferente dé''ia
historia, pero los hechos orurrierón coino ocurrieron· y la· <:onsecuericia
fue el hundin:úento del imperio ruso, entregado a merced de las
masas, experiencia que 'no'quiso aceptar Napoleón. · ··
··La guerra de 1914 fui también el purito de partida para los es•
fuerzos del mundo colonizado por sarudÍr el yÚgo éuropeó, que vería
661
Fundaci\363n Speiro

/OSE MARIA CARBALLO. FERNANDEZ
así puestas en peligro las fuentes de sus materias primas, sin las ruales
su propia civilización entraría en crisis.
Lenin afirmó que el mejor medio de atacar al mundo capitalista
era provocar la subversión de las colonias,
en las que fundaba su
opulencia. Pero esta subversión iba a ser provocada por la acción de
partidos internacionales y por la política de uno de los países más
capitalistas de la tierra (Norteamérica).
Pero en la realidad, aunque
la parte de la tarta que disfruta Europa
ha disminuido, la que queda a disposición del llarndo Tercer mundo
no ha aumentado, y las dos terceras partes de la humanidad padecen
hambre, como recordaba Perroux.
Soljenitsyne, en una reciente
«interview>>, afirmó que la revolu­
ción
de octubre de 1917, en Rusia, no fue otra cosa que el desplome
de la situación creada
por la llamada revolución de febrero, que
habla llevado al país al extremo de la ruina en seis meses.
El
«pathos» ruso ofrecía un excelente caldo de cultivo para la
aplicación del leninismo: Constituido por
seres. angustiados, a quie­
nes solamente la fe salvaba
de la desesperación, el Estado ruso había
ido hinchándose a medida que la sociedad había ido disminuyendo
(Kliuchevski).
La Iglesia rusa habla siempre sostenido el absoluto
despego
a los bienes materiales y
el grado de envilecimiento de la
sociedad queda de manifiesto
en la literatura de la época de deca­
dencia, en la que se dibujan los abusos de poder y la corrupción de
las burocracias.
Desaparecido Lenin, el resultado inmediato de la revolución
(1924),
con algunos retrocesos ideológicos, condujo al llamado capi­
talismo de Estado, tan

excelentemente
analfaado por Keynes, el más
grande de los economistas burgueses después de Smith y de Ricardo.
El poderoso Estado ruso, sin propiedad individual de los medios
de producción, pero con una
propiedad absoluta y sin trabas del ente
público por excelencia, se
apoya hoy, según las voces disidentes de
su sociedad, sobre un pueblo esclavfaado.
Provoca cierto estremecimiento leer, en la crónica de viaje del
Barón de Custine (1839),
lo siguiente: «El Kremlim es, sin disputa,
la obra de un ser
sobrehumano, pero maléfico. fA g/011,. en la esclá­
vitud, tal es la alegorla prefigurada en este monumento satánico, tan
666
Fundaci\363n Speiro

RJESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMIAS MIXTAS
extraordinario por su fantasía. El Kremlim podría ser la morada
propia
de los personajes del Apocalipsis».
Sin
embargo, lo, que puso en marcha el triunfo soviético no fue
una propiedad socializada, sino un
nuevo concepto de propiedad, la
propiedad socialista que responde a la idea leninista
de que, en la
sociedad comunista, no puede
existir derecho de propiedad alguno.
Lenin, a pesar de la NEP,
había advertido, sin eufemismo alguno:
«No reconocemos nada privado, en el terreno de lo económico todo
es jurídico-público y no privado».
No obstante, la propiedad aparece como eje fundamental del De­
recho civil soviético (Grazdanskoe Pravo), considerado, en
los «Prin­
cipios» ( diciembre de
1961), como REGULADOR DE LAS RELACIONES
DE DERECHO PATRIMONIAL Y DE LAS PERSONALES A ELLAS UGADAS.
La propiedad privada está colocada bajo la protecci6n estatal,
aunque sólo alcance a un mínimo de clases de bienes, mientras la
generalidad son de propiedad exclusiva del Estado, y unos pocos de
posible «propiedad socialista»
de Koljoses y Sojoses.
La propiedad pas6 por diversas alternativas, tras los primeros
ímpetus nacionalizadores de 1917 y la supresi6n del derecho sucesorio
en 1918. En 1922 hubieron de permitirse las herencias y en 194,
quedaron liberadas de gravámenes fiscales.
La NBP hubo de autorizar arrendaruientos de tierras y contrata­
ci6n de trabajadores, pero en 1927 empezaron los planes quinque­
nales
y en 1929 las organizaciones cooperativas. En 19,6 se promulgó
la Constitución staliniana, revisada por el texto de Brejnev de
1977,
en el que se declaró innecesaria la dictadura del proletariado.
El contenido de la propiedad individual privada resulta definido
como
en los Principios de 1961, y alcanza a ciertas clases de bienes
que
han de servir para las necesidades materiales y culturales de las
personas:
- Ahorros procedentes de los iogresos.
- Vivienda ( de propiedad de uno o de
los dos cónyuges, si corv
viven juntos).
- Una explotación aneja a la
casa.
- Utensilios domésticos.
-Bienes de uso personal (hasta casa de campo) y de lujo.
667
Fundaci\363n Speiro

fOSE MARIA CARBALLO flERNANDEZ
Pero a los ciudadanos soviéticos les está prohibido transformar
sus
biena en fuentes de ingresos que no procedan de su propio
trabajo.
También en el mundo occidental fueron sucediéndose acciones
que pedian la limitación de
los abusos de la propiedad capitalista y
la intervención de los poderes públicos mediante normas complemen­
tarias de las
leyes civiles.
Esto sucedió
con la famosa Ley Sherman en Estados Unid06
(1890), con la de 1923 canadiense y la de 1958 alemana, en la que
se inspiraron nuestras. disposiciones antimonopolio.
Y fueron viendo la luz teorías que ponían un énfasis fundamm­
tal en la función social de la sociedad, por encima de su carácter de
derecho individual. Las doctrinas del «abuso del derecho» y la «teoría
del
riesgo» fueron empujando a la propiedad a adquirir la forma de
un derecho condicionado.
Múth06 refocmistas,
partiendo del contenido de las encíclicas
papales,
propugnaron una amplia difusión de la propiedad,· para opo­
nerse a la posición aflictiva y ancilat del trabajador.
Pretendimdo mantener la economía liberal de mercado, pero ma­
tizada con
ton06 sociales que hagan imposible los abusos, los parti­
darios de la llamada econom!a social de mercado pretenden una sin­
tesis de dos sistemas hasta ·ahoia tenidos por antagónicos, tras · una
operación de hibridación juridica, social, económica, pero, ante todo,
política.
He aquí, antes de intentar avizorar en las brumas del fuht.ro, una
esquemática comparación del contenido de· la propiedad en 106 sis­
temas llamados occidentales y los llamados socialistas.
&68
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"' ~
POSIBILIDAD. DE
'LA
PROPIEDAl)
bB
DIVEllSAS
CLASES DE
BIENES
CLASES
DE
BIENES
Bienes
de
-producción
Bienes
de
uso
Bienes
por
ingresos
salariales
Bienes
por
ingresos
de
otra
índole
Bienes
por
ingresos de capital
Bienes
por
ingresos
por herencias
Aplicaci6n
de
los·
bienes:
al
. consumo
persorial
a -imposiciones
de
ahorro
a-·
Empresas ·privadas
a
Empréstitm
públiCC?S
Capital
para
trabajo
ajeno
Capital
para
trabajo propio
PAÍSES
OccmENTALBS posible
posible
posible
posible
posible posible
posible posible posible
posible
posible posible
PAÍSES
SOCIALISTAS
imposible
posible (también vivienda) P!)sible
(solo estatales)
posible (trab. ind. y
en
coop.
agñc.)
imposible posiblé
(sólo
de
uso,
vivienda y
el
ahorro)
posible posible
imposible
posible imposible
posible dentro
de
los
límites
de
la.
P. E.
del artesano o campesino
1 '<: ;;¡ ~ ~-.,,. z ~ 1 !
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/OSE MARJA CARBAUO PERNANDEZ
VI
Brumas de hoy y sombras del mañana
El signo más evidente de la decadencia de
una sociedad burguesa enferma es el deseo de
nivelación acompañado del rechazo del estí­
mulo al esfuerzo.
(Lenin, en 1917)
Entre un capitalismo que parece encontrarse en trance de muerte
y uo socialismo que no ha logrado presentarse con un perfil humano,
no
han dejado de intenlar$e vías intermedias (la llamada tercera vla,
Dritte
Weg), capaces de superar el aparente maniqueísmo económico
(Ropke, Ota Sik, ... ) .
Limitándonos al estricto aspecto económico, y al margen de cua­
lesquiera consideraciones de otra índole, es forzoso reconocer que,
entre las dos concepciones
extremas ( capitalismo y socialismo) van
surgiendo aproximaciones que implican una ósmosis ya prevista por
Tinbergen en los años cincuenta.
La extensión del sector público en los palses occidentales es un
hecho evidente, con el consiguiente aumento de controles y centrali­
zación de la gestión económica, incluso la planificación. En el cam­
po socialista, en cambio,
ha resurgido en cierta medida el papel atri­
buido al beneficio como
elemen.to reguládor de la distri!,ución de re­
cursos
(Lieberma.nismo, por ejemplo), acompañado de una mayor
elasticidad
y descentralización en los mecanismos decisionales y eje­
cutivos de
los planes económicos.
Galbraith, en su teoría del desarrollo avanzado, distinguió, en
las actuales
organizaciones económicas, el sector del mercado y el sec­
tor planificado. El primero corresponde a las peque!ias y medianas
empresas,
y el segundo a las grandes firmas. El segundo sector, afir­
mó Galbraith, explota al primero, pero su finalidad ya no se centra
en el beneficio, sino,
más bien, en la ganancia de prestigio de las
tecnoestructuras.
En cuaoto al nuevo socialismo, afirmó Galbraith, ya no es un
d70
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RIESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMIAS MIXTAS
producto ideológico, sino una consecuencia directa de los hechos. Las
grandes firmas deberían ser nacionalizadas.
El Estado ha ido incautándose de los
sectores clave de la econo­
mía, mediante corporaciones públicas y empresas mixtas. Sirvan de
ejemplo:
la Compagnie du Rohn, fa nacionalización de ferrocarriles,
Bancos, Compañías de Seguros,
Minas. de Carbón, Electricidad, Regie
Renault, en Francia; las minas de carbón, la navegación aérea civil,
los transportes interiores, la electricidad, el hierro y el acero, en In­
glaterra; la Volkswagenwerk GmbH y la Reichswerk, en Alemania;
el IRI en Italia; el INI en España ...
Cierto que las nacionalizaciones no han respondido a las espe­
ranzas en ellas depositadas por sus partidarios, resultando, según pa­
rece, ineficaces y costosas, Y también lo es que se produjeron mo­
vimientos de reprivatización, como sucedió con los ferrocarriles y el
acero en Inglaterra y la Preussag, la
Volkswagen y la V eba en Ale­
mania. Pero ha de destacarse el hecho de que, mientras en Inglaterra
se concedieron derechos preferenciales a los accionistas, en Alemania
se otorgaron a la plantilla de trabajadores, abriéndose el camino a
una especie de CAPITALISMO POPULAR.
En los Estados Unidos va consumándose, en cambio, una cierta
forma de «socialización» de
las empresas, a través de la adquisición
de los títulos representativos
de su capital por Mutualidades y Cajas
de pensiones de
los trabajadores.
En
los ordenamientos jurídicos del mundo occidental, van per­
diendo influencia los propietarios, en la
dirección de las empresas,
mientras van adquiriendo relieve e importancia los «cuadros», técni­
cos asalariados colocados en los puestos destacados.
El peso creciente de los aspectos
comunitarios en el dominio de
las empresas económicas mueve a formularse la pregunta de hasta qué
punto puede
continUJlr hablándose de una UTILIZACIÓN IUSPRIVATISTA
de éstas, cuando la mayor parte de sus FRUCTUS revierten a la comu­
nidad, en una u otra forma, Geiger llegó a contraponer, a la definición
jurídica de propiedad, una definición sociológica. La propiedad, como
relación directa e inmediata con las cosas, va cediendo ante nllevas
formas basadas en las relaciones interpersonales. La propiedad, como
671
Fundaci\363n Speiro

]OSE MAJ¡,/A CARJlALLO FERNANDEZ
factor de dominio, va siendo suplantada por un simple «estado po­
sesorio».
En los orderuunientos jurldicos nacionales, lo mismo que a nivel
internacional,
han i® surgiendo iniciativas orientadas a una mayor
participación de los trabajadores en la conducción de las empresas.
Baste citar, como ejemplo, la
OOgl'stión (MITBESTIMMUNG) en Ale­
mania, mediante una estructura dualista que distingue entre la ges­
ti¡in (VORSTA>ID) y su control (AUFSICHTSRAT), en unas condiciones
paritarias
entre accionistas y trabajadores, desde 1977 (aún cuando
no en todas las empresas) .
. Perspectivas análogas se contienen en el informe Sudreau, en Fran­
cia, en el que se proponía la COSURVEILLANCE, con representantes de
los trabajadores en los órganos de control de las empresas. Y en li­
neas muy parecidas se desarrolló el informe Bullock (1977), en Gran
Br~.
También la Comisión de la C. E. E. tomó en cuenta la regulación
de una SOCIEDAD MiJÓNn.fA EUROPEA, en la que los trabajadores po­
drían ·participar ( en la proporción de un tercio) en un consejo de
vigilancia ...
Dubrovic,.
·en su obra [A ·"11togestió11 pflesta a ¡,rfleb", publicada
en
1973, explic(> la teoría y la práctica de la autogestión en Yugoes•
lavia, dentro de los métodos idealmente imaginables. La idea central,
decla, consiste en pretender que cada ciudadano, cada
trabajador, sea
participe responsable en el funcionamiento de la sociedad. En teorla,
y,conforme a la constitución, no existe dQminio en el que no esté
p1'0S('tlte la autogestión.
La autogestión es, sin ~89, limitada en el sector agrario, que
úpicamente es explotado en forma. rocialista en un -10 %, siendo el
resto de tipo privado. También es pequeña la importancia de la auto-
1,1'$\ÍÓn en las actividades artesanales, de hostelerla y servicios. En
realidad,
sófo destaca en el sector industrial, en . el que exite el «co­
mité de gesti9W>, elegido p<>r el «consejo obrerm>, que es quien dis­
pone
la distribución de rentas y trabajos .
. Dubrovic afirma que el funcionamiento del sistema es muy defi.
ciente, produciéndose frecuentes
fric<;iones entre las direcciones toc-
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RIESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMIAS llÍIXT AS
nica y económica, con la imposibilidad· de .determinar, én cada fra­
caso, el auténtico responsable.
La autogestión intentó elimina, la división entre dominadores y
dominados, cerrar el abanico de ·reinuneraciones salariales y favorecer
la seguridad general. Dubrovic expuso unos datos estadísticos con la
finalidad· de demostrar que el índice de desa,rollo de Yugoeslavia
superó el de
los restantes países en vías de desa,rollo. No obstante,
es dud0<0 que sea esta la realidad. La autogestión no ha logrado eli­
minar los escándalos ni las huelgas y, por otra parte, el desa,rollo
yugoeslavo parece imputable, principalmente, a aquellos sectores en
los que hemos advertido que la autogestión carece de importancia.
La experiencia yugoeslava, la más importante· ·eh ·autogestióh~ · :pa­
rece poner de manifiesto que, aún cuando fuera posible introducir
estructuras democráticas en las empresas, los cuadros ejecutivos ha­
brían de con~nuar ocupando posicione~ pr~ponderantes, si se desea
que continue la eficacii.
Pero lo más grave consiste -en averigu cientos o miles de personas ( en genera). deficientemente informados)
adopten decisiones más adecuadas que un número mucho más re-_
fectamente desarrollada. ¿No podrian frenarse las iniciativas inno­
vadoras y_ dinámicas?
El profesor Perroux, al referirse·, a la NUEVA ECONOMIA, se ex­
presó en estos términos: «A medida que la información -circula me­
jor, entre el Este y el Oeste, las partes ahondan en la experiencia de
su
PROPIO FRACASO, y cualquier observador imparcial advierte. el de
la economía contemporánea.
Los intentos de solución radicados en los sistemas híbridos de la
economía mixta no parecen haber logrado, · hasta ahora, · éxitos me­
jores que los de las otras concepciones de la economía. Marce! de
Corte, en un encantador artículo sobre «La economía al revés», en­
contraba como causa generatriz
del desastre económico de nuestro
tidmpo el haber invertido los términos del ciclo de la producción
guiada por la demanda, convirtiéndolo en una demanda forzada por
los agentes productivos. Hemos de añadir, por nuestra parte, que
673
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]OSE MARIA CARBALLO FERNANDEZ
usando medios no siempre confesables, sutiles y poco morales, de
«marketing».
He aquí, al repecto, un extraño vaticinio formulado por Marx,
en 1847: «La gran industria, forzada por los mismos instrumentos
de que dispone a producir a una escala cada
vez mayor, no podrá
esperar
ya a la demanda. La producción precederá al consumo y la
oferta a la demanda».
A manera de epílogo
VII
La filosofía de Hegel acaba en la f:l'uda y
en la ·resignación.
(HERBBRT Mil.CUSE)
Hemos querido destacar, en los capítulos que anteceden, las con­
secuencias de las diferentes concepciones relativas a la propiedad de
los medios de producción, utilizando, al efecto, algunas vivas pince­
ladas de
las experiencias históricas de un liberalismo econólmico ra­
dical, las de las sociedades socialistas de nuestros d!as, e incluso de
esa neonata «tercera vía»~ cuya finalidad parece reducirse al intento
de salvar, en. una anastomosis eclecticista, las aporías sodo--ecori6micas
del mundo de hoy.
El equilibrio de la econom!a, en la concepción de la de libre
mercado (Walras, Pareto ,etc.) reposa,
en esencia, en la hipótesis pa·
retiana de que el óptimo de la economía de una colectividad se logra
si se permite que cada uno de los agentes económicos busque, por su
cuenta, su óptimo individual.
Pero, aparte de que
es una petición de principio partir de la exis­
tencia de un. óptimo único, hay que advertir· que existen óptimos-in­
dividuales que no sólo favorecen, sino obstaculizan el logro de un
óptimo . social. Sirva, como ejemplo simple, el caso de las empresas
que, al hacer
el cómputo de su óptimo, no tienen en cuenta las «des­
econom!as» y costes derivadas de la degradación del contorno, por
674
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RJESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMIAS MIXTAS
producirse en biene1 propiedad de la comunidad Jócial y no de la
emprésa,
Desde un punto de vista analítico, la existencia de un punto único
de equilibrio,
en las economías de libre mercado, exigen, como con­
dición necesaria (pero
no suficien,te) la existencia de un número de
relaciones entre
las variables igual al de incógnitas.
Pero, ¿cómo conocer las
ecuaciones de optimización y las escalas
de preferencia de cada uno de los agentes económicos? ¿Cómo ad­
mitir, para lograr el óptimo social, la perfecta información de cada
uno de los agentes? ¿cómo eliminar los retardos entre la
acción y sus
consecuencias?
¿Cómo desconocer, sobre todo, la evidente posibilidad de abusos,
en el ejercicio del poder
por parte de clases u oligarquias determi­
nadas,
dominadoras, a su vez, del poder político?
Loo «lags» son inevitables, al buscar la adaptación a uo equilibrio
que, aún en la hipótesis de unas estructuras invaribles,
es solamente
alcanzable en uo futuro más o menos lejano.
Pero, en economia., nadie se baña dos veces en, el mismo río, y
se ha comparado a la economía de libre mercado con el conocido
problema de la persecución de uoa presa:
Si en cada punto de la tra­
yectoria el movimiento
se realiza en la dirección del puoto en que
ve la pieza,
esta trayectoria, envolvente de las distintas direcciones
visuales, no permitida alcaru:arla.
Los partidarios de la economia planificada argumentan que podría
alcaozarse la presa si, en vez de dirigirse a las posiciones percibidas,
se planifica y se prevé el punto futuro, desplazándose a lo largo de
la recta oportuna, en
vez -de seguir la llamada «curva de perseco­
ción». ¿Cómo, sin
embargo, predecir con precisión ese puoto futuro?
Dobb (
El cálculo económico en una eronomfa socialista, Ariel,
1970) afirmó que el cambio del derecho de propiedad, o de
las re­
laciones de clase, sólo pueden interesar al psicólogo social, o a quien
se ocupa de sistemas éticos, pero que no alteran el problema econó­
mico, afirmación en extremo insólita, ya que resultan modificados
los conjuotos de decisión de la colectividad y, en consecoencia, el
sistema de relaciones analíticas que ligan variables y objetivo., (Tar­
get variables).
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JOSE MARIA CARBAUO PERNANDEZ.
Barone, o más tarde Oskar La.nge (Economic Theory of Soát>(ism),
han sostenido la tesis de que e,rlste gran analogía entre los cálculos
económicos de los sistemas de libre mercado coa los de-los sistémas
socialistas, los cuales· han de fwidarse: en-la combinación. de factores
que hagan mínimos los costes medios ; en producir las cantidades
de bienes o servicios en
. que se ignalen precios y costes marginales y
en usar unos precios ( «shadow prices») de cómputo
capaces de ca­
nalizar los recursos hacia los 11gentes y actividades en condiciones de
pagarlo
o, por lo menos; de «contabilizarlos».
Von Mises, en 1920, argumentó que, al no ser objeto de inter­
cambio
los factores de producción en las industrias nacionalizadas, el
dinero no podría
desempeñar el mismo papel que en un sistema de
concurrencia,
Marx Weber creía imposible hablar de racionalidad
en los sistemas socialistas. Pero es importante destacar que los argu­
mentos por ellos expuestos fueron atacados, y
aparentemente destrui­
dos, por La.nge y Taylor.
Locke, a quien se consideró como el principal defensor de la pro­
piedad capitalista, señaló como finalidad principal de la sociedad
civil la
salvaguardia de la «propiedad dinámica», identificando el
bien público con la
abundancia.
En una edición de la Unión Soviética de 1953, se decia: «La ley
económica básica: · del Socialismo presupone la máxima satisfacción
de las exigencias materiales y culturales de toda la sociedad, cons­
tantemente crecientes».
Pero, ¡,ara el logro del óptimo en el equilibrio económico, que
los sistemas de libre mercado esperaban encontrar a través de la ac­
ción de «la mano 'invisible» smithiana, los sistemas de economía pla­
nificada habrían dé disponer de wu omnisciente percepción de cir­
cunstancias y objetivos y usar el dificil expediente de decidir que es
lo que tendrá que imponerse como apetecible a la sociedad, o bien
tratar de inducir sus preferencias y necesidades. Por otra parte, el
óptimo social no implica el asegurar a los individuos su 6ptimo in~
dividua!. ·
Y es conveniente recordar, a este respecto, el contenido del teo­
rema de ArrCJW (Soda/ Choice and Individual Values, N. Y., 1951),
según el cual no es posible inducir, de las estructuras de orden del
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RJESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMIAS MIXTAS
cpnjunto de preferencias individuales, una estructura de orden que
cumpla la condición de transitividad ,en
el conjunto total.
Para dar una idea, sin duda
muy imperfecta, de lo que esto quie­
re decir, vamos a
servimos de un ejemplo intencionalmente simpli­
císimo,
el del caso de tres personas (Lª, 2.ª, 3.ª) y tres alternativas
(
A, B, C). Si la persona Lª tiene el orden de preferencias A, B, C,
la 2.ª B, C, A, y la 3.ª la C, A, B, es evidente que una prospección_
en «la población» haría saber, a los experimentadores, que dos de
los tres consultados prefieren B a
C, que dos de los dos consultados
prefieren A a B, pero sería erróneo deducir que, por se_r en general
preferible A a B y B a C, sería A preferible a C, ya que en la rea­
lidad, C es preferible a A por dos
de los tres consultados. U-'! con­
junto con un
número grande de individuos y un conjunto de alter­
nativas numeroso, sería, como· es natural, enormemente complicado.
Por añadidura, los deseos de los individuos son frecuentemente
nebulosos y no existe, decla Baumol, una producción ideal
y única.
Los sistemas centralizados habrían de recurrir, con frecuencia, a
los métodos denominados de «Tria! and Error», pero con la dificul­
tad de que las
pruebas y los errores se producirían en universos mues­
trales
_ modificados por L\s experiencias mismas.
Las economías mixtas, sin duda, tenddan que enfrentarse, al mis­
mo tiempo, con las dificultades complejas tlpicas de los sistemas li­
beral y ~irigistas, que intentan coordinar. Y las vías econométricas
y los métodos del tipo
tinbergeniano, e,cigen el uso sistemático, de
variables instrumento
y variables objetivo, definidas en una forma
que, en gran medida,_ es arbitrari~.
Pero, ¿cómo establecer modelos representativos y válidos cuando
sus ecuaciones es inevitable que resulten afectadas por los naturales
errores -del. muestreo? :
Morgenstern, át un articulo publicado en la revista francesa La
Recherche, en 1971, pone. de relieve la influencia de una_ minúscula
diferencia
en el_ valor de uno de los coeficientes en los de las in­
cógnitas.
Sea el sistema-x· -y = 1
x -_ 1,Q00Oly = O.
cuya solución es, como es fácil ver, x = 100001, y lOOIIIII}.
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Si al determinar el valor del ooeficiente se hubiera cifrado en
0,99999 en vez de 1,00001, lo cual significaría una diferencia de
0,00011, el sistema se convertiría en
X -f = l
X -0,99999y = 0
y los valores de las incógnitas serían x · = -99-999, y = -100000.
Por otro lado, taoto los· modelos econométricos como las matrices
tecnológicas del tipo de Leontieff
se fundan en unos trabajos esta­
dísticos que exigen mncho tiempo y hacen nacer ya obsoletas las re­
laciones experimentales determinadas.
Es natural, después de lo expuesto, que la vía híbrida de las eco­
nomías mixtas no puede ofrecer una solución decisiva a los problemas
que
actnalmente aquejan a las sociedades de nuestros tiempos, que
podrían resultar agravados
por intervenciones originadas en visiones
políticas a corto plazo
y orientadas más ai éxito inmediato de los
gobiernos que a la búsqueda de un sano equilibrio futuro, que, por
otra
parte, y como hemos visto, es difícil de percibir y de precisar.
Claro que el orden económico implica
algo más que «lo eoonó­
mico
,en,11 ,1rict11>> y las críticas al marxismo, formuladas desde di­
versas perspectivas, entre ellas la cristiana, contemplan aspectos hu­
má.!los de más alta calidad que los derivados de las necesidades ma­
teri.ales y de las acciones económicas del hombre.
Fundándose, no obstante, en discutibles interpretaciones
y a veces
tergiversadas expresiones de S. S. Juan XXIII y S. S. Pablo VI, ha
ido abriéndose
camino la tesis de una. · posible cristiánizadón del · mar­
xismo y una marxisti>aci6n del cristiauismo, tesis que va apareciendo,
cada vez con mayor frecuencia, en riianiféstaciones públicas de. po­
líticos y eclesiástic~. ¿Qué pueden pensa;. de esiii novísima postura
muchos de nuestros contemporáneos, maltratados
por taotos dogma-
tismos? · ·
En el reciente viajé. a su Polonia natal, S. S. Juan Pablo II re­
cordó -a su auditorio que Cristo jamás aprobó que el hombre sea con­
sidetado, ni se considere a si mismo, como un simple instrumerito
productivo y se vea apreciado, estimado o valorado con criterio se­
mejante ... Esta es la forma, sin embargo, en que fue apreciado por
el
ca¡,/j:alismo, como hoy lo es por el socialis1116. ·
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RIESGO Y VENTURA EN LAS ECONOMJAS MIXTAS
Y mucho más importante que los sistemas económicos, o la forma
de propiedad, en si misma,· es, a nuestro juicio, el sentimiento éticO
y moral de cada uno de los hol11bies, en cuanto al derecho de pro­
curar,
dispensar ... y también al_ uso y coip.unicación de !_os bienes.
Las perspectivas socializantes, que parecen hoy triunfar en nuestro
mundo, tienen, sin
embargo, un futuro lleno de sol11bras e incerti­
dul11bres. En el siglo pasado, Herzen escribió estas extrañas líneas:
«El socialismo se desarrollará en todas sus fases, hasta sus con­
secuencias extremas, hasta el absurdo. Entonces, un grito de negación
se elevará en el pecho titánico de la minoría revolucionaria y de nuevo
comenzará una lucha a muerte, en la cual -el socialismo ocupará el
puesto del conservadurismo actual y será vencido por una revolución
aseen.dente, para nosotros totalmente desconocida.»
¿Qué pensar de estas palabras?
«Si Yahvé no edifica la
casa, en vano trabajan los c¡ue la constru­
yen. Si no guarda Yahvé la ciudad, en vano vigilan sus centinelas»,
se lee en el Salmo 126 (vers. 1).
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