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1990

La praxis democrática

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1990
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Recuerdo de nuestra IX Reunión, y presentación del tema de esta XXIX, de amigos de la Ciudad Católica: La «praxis» democrática

RECUERDO DE NUESTRA IX REUNION,
Y PRESENTACION DEL TEMA DE ESTA XXIX,
DE
AMIGOS DE LA CIUDAD CATOLICA:
LA «PRAXIS» DEMOCRATICA
POR
JuAN Bu:s. V ALLET DB GoYTisoLo
I
El recuerdo que evoro se remonta a los días 6, 7 y 8 de di­
ciembre de 1970. Hace, pues, casi veinte años que, aquí, eo las
Masías de Poblet, con un acto en Vimbodí, celebramos nuestra
IX Reunión de amigos de la Ciudad Católica, tenieodo por tema
general,
El municipio en la organización de la sociedad. La inaugu­
ró el, entonces, alcalde de
Vimbodí, Enrique Coch Beguer.
He releído la crónica de aquella IX Reunión y otra vez he
tenido en mi manos
y vuelto a ojear el hbro que recoge sus
actas.
Los recuerdos son muy intensos y se agolpan, evocando
unos a otros eo series inacabables. Por eso, me
ceñiré únicameo­
te al recuerdo
de quienes no están entre nosotros porque Dios
se · los llevó con Él ¡ En paz descansen! Entre quieoes fueron
ponentes veo, como si hubiese retornado a aquellos días, a Fran­
cisco Elías de Tejada con Gabriella, a Michel Creuzet, con su higo,
tito y su simpatía, a mi compañero Viceote Flórez de Quiñones,
al «sarraleoc» Juan
Carbó Esteve, a Gabriel de Armas que, con su
elegante verbo, clausuró la Reunión. Ve0, también, a nuestro
fundador Eugenio
Vegas La tapie con Leonor, a nuestro entonces
presidente
Germán Alvarez de Sofomayor, a Miguel de Arquer.
He dejado para el final a otro poneote, porque, además, fue el
organizador y el alma de la · Reunión ; · me refiero a José María
Verbo, núm. 291-292 (1991) 7
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JUAN BMS. VALLET DE GOYTISOLO
Gil Moreno y de Torres -PepÍll en mis más viejos recuerdos de
él y de su padres--. Me parece verlo: aquí, en su Castillo de
Ruidabella, en el Monasterio de Poblet con el P. Altisent y, s<>­
bre todo, al llegar, el último día de la Reunión, a la Ermita de
Nuestra Señora deis Torretits,
acompañando al coro de Cambrils,
en
uri acto emocionante que. concluyó con el canto del «Ave Ma­
ría» de Vitoria y los «goigs» a la Virgen de Torrents, mientras
subíamos a besar los pies de su imagen. Creo que, desde su
re­
sidencia, recuperando su siuud, el R. P. Jesús González de Que­
vedo y Monfdrt, S. I., que pronunció la homilía en aquel acto,
lo recordará entrañablemente, como
yo, ahora, le recuerdo a él.
De los entonces ponentes seguimos en pie: los profesores,
de historia del d=ho, José María Font y Rius, de filosofía,
Rafael Gambra, de filosofía del. derecho, Francisco Puy; el
no­
tario de Barcelona, Angel Martínez Sarrión, el hoy coronel Gon­
zalo Muñiz Vega, José María
Casañas, Francisco_ de Gomis, y
nuestros
amigos, el portugués Antonio da Cruz Rodríguez y d
mexicano Federico Müggemburg, que pronunciaron unas breves
iuocuciones. Repetimos aquí, (:()mo ponentes, el profesor Francis­
co Canals Vidiu, que clausurará_·ésta Reunión, y un servidor, que
la abro.
Tras de
esta. evocación, no puede faltar nuestra más cordial
bienvenida para todos y nuestra gratitud,
muy grande, al orga­
nizador de esta Reunión, José María Royira Garriga y, también,
a María ·
Angeles Badía y a Begoña · García-Conde del Castillo
que, desde
.M,adrid, han asumido todo la tarea -correspondiente.
También a la comunidad. de Poblet, a su Rvdo. Padre Ab~d y
al R. P. AgustÍll Alrisent.que, ya .en 1970, nos enseñó, (:()mo
cicerone extraordinario, esa joya repleta de historia que. es:.la
Abadía de Poblet. . . .
11
L El temª de esta XXIX Reunión, .La « praxis» democrá­
tica, lo dejé perfilado en · la pasada Reunión y, en cierto modo,
eii
él epígrafe La denominada democracia moderna, cde ·íni ""'"°-
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PRESENTACION DEL TEMA: U.:".PRAXIS" .D.EM0CRAT.fCA.
nicación, .Cuáles son la esencia y las secuencias básicas de. la. Re­
volución francesa ..
Esta democracia mode= tiene muy. poco que ver con d con,
cepto clásico' de democracia que todavía en el siglo XVIII expu,·
sieion
-MONTESQUIEU y RouSSEAU. Pata ÜIARLES DE SECONDAT
el principio de las democracias es· la «virtud», ciertamente una
virtud cívica o política; consistente en el amor a la patria, a la­
igual.dad, «a las leyes de su . país»; . consistente en actuat con
«amor» a ellas. Hasta tal punto. que ese «amor
a. las leyes. y a la
patria» · «reclama una preferencia continuá del interés público,
al suyo propio». Por ello,
MoNTESQUIEU consideraba imposible
la democracia en un Estado con extenso territorio en el que
ha­
ya «grandes fortunas y, por consiguiente, poca moderación en
los espíritus»; pues, entonces, «el bien
común se sacrifica a mil
consideraciones».
Por su patte, · RoussEAU entendía que la voluntad· general -a
la cual refería la aliénation tota!e de cada asociado--, «es siem­
pre recta
·y tiende siempre a la utilidad pública; pero -adv-er­
tía-, de ello no se sigue, en cambio, que las deliberaciones del
pueblo tengan siempre la misma rectitud» .

. . «Hay, a menudo,
una gran diferencia entre la voluntad de todos
y· la voluntad
general; ésta no concierne_ sino al interés cdmún, la otra-al inte-­
rés privado, y no es sino.la suma de las .voluntades particulares».
Tanto -,-.comentó-que, «cuando el lazo .social se ha roto en
todds los corazones y el más ruin interés se adorna descarada­
mente con el nombre sagrado de bien público, .entonces la volun­
tad general enmudeoe»; «se hacen pasar falsamente con el riomc
bre de leyes algunos decretos inicuos. que sólo tienen por objeto
la voluntad patticular. ¿ Deriva de ahí -pregunta~ que la·. v°'
!untad general sea anulada y corrompida? No ~respond~, ésta
es. siempre ·constante Y. pura, pero ·se halla subordinada a . otras
que se imponen».
El mismo JEAN, JACQUES dice, más adelante, que la voluntad
general se. deduce· del ·cálculo de .. v-otos tan sólo .«euando los cl­
racteres de la voluntad general. •están aún en. la mayoría}; pues.
«cuaudo
ya no están· en ella;. ya rio hay. libertad».
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JUjfN BMS. ·v.ALLET DE GOYTISOLO
El ginebrino, a la par que el bordelés, pero más exigente aún
que
él, ante la dificultad de que se cumpliera ese requisito, esen­
cial a fin de que hubiera volonté générale, reconocía que la de­
mocracia, «tomando esta palabra en su más estricta significación,
no ha existido jamás ni existirá nunca». Para su viabilidad, ese
gobierno requiere
--a su juicio-«un Estado muy pequeño, en
el que
el pueblo se reúna fácilmente y en que cada ciudadano
conozca
del mismo modo a los demás» ; «una gran sencillez de
costumbres»; «mucha igualdad en las clases y en las fortunas,
sin
la cual la igualdad no podría subsistir mucho tiempo en los
derechos y en
la autoridad», y «poco lujo o ninguno, pues el lujo
corrompe a la vez al rico y al pobre, al uno por la posesión y al
otro
por la codicia» . . . «Si hubiera un pueblo de Dios se gober­
narla por la democracia. Un gobierno tan perfecto no es propio
de hombres».
Frente a la
exigencia, de MoNTESQUIEU, para que hubiese
verdadera
democracia, de que sea pequeño el territorio del Es­
tado, sesenta años después,
el demócrata CoNDE Dl!STUT DE TM­
CY --comentando L'Espi-it · Je lois deI BARÓN DE LA BRÉDE-,
diferenciaría la democracia pura y la representativa. Del gobierno
representativo de ésta diría que
«era una invención nueva que
aún no era conocida en el tiempo de
MoN'i"ESQUIEU. No era casi
posible antes de
la invención de la imprenta que hace más com­
pletas y más fáciles las comunicaciones entre los asociados y la
dación de cuentas de los delegados del pueblo, preservando al
mismo tiempo a los Estados
de las tempestades repentinas que
la elocuencia verbal excita frecuentemente en las asambleas
po­
pulares. No es, pues, extraño que no se haya imaginado el go­
bierno representativo hasta cerca de tres siglos después del descu­
brimiento de este arte que
ha mudado la faz del Universo, y era
necesario que hubiese ya producido muy grandes efectos para
que pudiera producir este pensamiento».
: Estas objeciones
· de DESTUT DE TRACY no daban en el blanco
de las observaciones de MoNTESQUIEU, respecto de los Estados
territorialmente grandes. Estas objeciones no
provenían de de­
fecto en las comunicaciones, sino
de su repercusión en la consti-
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PRESENTACION DEL TEMA: LA "PRAXIS" DEMOCRATI.Cd.
tución de grandes fortunas y en la pérdida de las virtudes cívicas,
que
él estimaba indispensables en toda, democracia. Así lo había
observadd
en sus Consideraciones sobre los romanos. «Como ~
costumbres antiguas no regían ya y los ciudadanos gozaban de
fortunas inmensas y
es imposible que las riquezas no den el po­
der», siendo así que «la fuerza de. la república consistía en la
disciplina, la austeridad de los hábitos y la observancia constante
de ciertas costumbres», a fin de que las novedades dañinas no
cambiaran el corazón del ciudadano, fue preciso crear la
magis,
tratura de los censores». Pero, al fin, «cuando el pueblo pudo
dar a
sus favoritos una fdnnidable autoridad suprema, toda la
sabiduría del Senadd resultó inútil, y la República,
se perdió».
«Si la grandeza del Imperio perdió a la República, la grandeza
de la Ciudad nd la perdió menos».
Por otra parte, el BARÓN DE LA BRÉDE señalaba el porqué de
la excelencia de la representación democrática, sólo posible en
pequeños Estados. «El pueblo
--- yes-es admirable para elegir, a quienes debe confiar una parte
· de su autoridad. No tiene que determinarse, sino por cosas que
él no puede ignorar y por
hechds que captan los sentidos. Sabe
muy bien que un hombre ha estado frecuentemente en la guerra,
que ha tenido tal o cual éxito; es, pues,
capaz de elegir un buen
general. Sabe que
un juez es asiduo ; que mucha gente que ha
pasado por su tribunal habla
de él, que no ha sido cdnvicto de
corrupción: he ahí lo suficiente para que elija un pretor. Ha
sido impresionado por la magnificencia o la riqueza de un ciuda­
dano: esto basta para que pueda elegir un edil. De todas estas
cosas se instruye
él mejor en la plaza pública que un monarca
en su palacio».
Esta inmediación
es obviamente imposible en un Estado
de extenso territorio. Hoy, además, es imposible, dada la media­
tización de los partidos políticos y de los medios de comunica­
ción de masas. El mismd
MONTESQUIEU ya advertía que, en los
Estados extremadamente libres, «a causa de su misma libertad,
a
causa de sus divisiones, cada uno se convierte también en un
esclavo de su facción, como lo sería de un déspota».
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IUAN·BMS.-VALLBT, DE GO"f"TISOLQ.
Representaci.6n y facción o partido, he ahí. algo especialmente
incompatible también con .el concepto de. democracia que pro­
pugnaba RoUSSEAU. :No. admitía. la repre¡¡entación ni. le>& partidos
políticos
..
De la primera, dice: «La soberanía no puede estar represen­
tada por lá · razón misma. de que no puede ser enajenada ; consiste
esencialmente
. en la voluntad general, y la voluntad no se repre­
senta, es
la misma o es otra, no. hay término medio. Los dipu­
tados no
son, ni pueden ser, representantes del pueblo, sino sus
comisionados y no pueden resolver nada en definitiva; toda ley
que no haya sido ratificada por el pueblo en persona es nula,
y, no es ley».
De . los partidos políticos escribía que, «cuando se hacen
pandillas, asociaciones
parciales a expensas de la grande y la· vo­
luntad de cada una de estas asociaciones llega a ser general con
relación a sus miembros y particular con relación
al Estado,. en­
tonces ya no puede decirse que haya tantos votos como hombres,
sino tantos como asociaciones» :~· «cuando una de estas asocia­
ciones es tan grande que predomina entre las demás, ya no da
por resultado una suma de pequeñas diferencias, sino una dife­
rencia única;
y entonces no existe ya voluntad general, y el die,
tamen
que prevalece es sólo un dictamen particu\ar». Es nece­
sario, a su juicio, «para: la enunciación perfecta de la voluntad
general, que no haya sociedad parcial en el Estado, y que-cada
ciudadano no opine sino por sí mismo».
RoussEAu sabía que esto no era posible y, también, que el
contrato social no fue un hecho histórico ni. el comienzo de la
sociedad civil. El mismo escribió que «el . contrato _social no se j:ia
dado universal ni definitivamente». Podría haber existiqo histó­
ricamente s610 en comunidades ¡-educidas y haberse . mantenido
en· ellas nüentr~s conservan su pm;eza -así, evoca: .. «~anclo .se
ve, en los l!l1Ís felices pueblos del mundo, unos campesinos arre,
gJár los · asuntos del Estado. bajo un rohle y conducirlos siempre
sabiamente»-, y, sin duda, soñaría que en el futuro pudiera
darse, ál1i :donde se conj"!l"fan ias condiciones requeridas para
que se constituya: la· volunca 12
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PRESENTACION DEL TEMA: LA "PRAXIS" DEMOCl?.AT1CA
la alienación de todos, sin reserva, a esa voluntad general. Aliena­
ción que presupone una entrega, por todos, no egoísta y su ace¡,.
tacioo; por cada uno, «como parte _indisoluble del todo», en aras
del
interés general, no de los intereses particulares de composL­
ción alguna, y formando, en ese espíritu, un cuerpo moral colee>
tivo, con voluntad pura y que, por -ello, será «siempre justa y
raronable».
Es evidente que hoy no se dan en nuestro mundo occidental
los requisitos pru-a una democracia, exigidos tanto por el filósofo
bordelés como por el ginebrino; ni
tampoco los indispensables,
~egún _éste, para que se constituya la voluntad general.
• ¿ Qué serían, a su juicio, los regímenes que hoy se incluyen
en el concepto de democracia moderna
-o democracia de partidos
-polhicos?
'
Pienso -lo he dicho ya varias veces-que uno y otro, las
estimarían como oligarquías, representativas de los diversos par­
tidos políticos que se disputan
el poder por sufragio universal,
conforme reglas constitucionalmente establecidas.
-'Aquí, más que en estas reglas, debemos centrarnos especial­
mente en el
examen de su praxis. He ahí por qué:
2., Aunque el ginebrino se basa en una hipotética voluntad
-purá, en aras del interés común, que originaría esa voluntad ge­
neral, siempre justa y razonable, la democracia nacida -del con­
tratd social rousseauniano trataba de conseguir el objetivo final
de
la redención de - los hombres, naturalmente ingenuos y buenos,
para que recuperaran su libertad
y su igualdad originarias, per­
didas por el pecado social. De ahí, -que el objetivo final de la
Revolución francesa fue la ruptura de todo vínculo social, in-
cluido el de la patria potestad. -
Así se emprendió -y continúa, como hice notar en mi po­
nencia Qué queda de la Revoliución francestl-'-la obra de des­
trucción
de las sociedades naturales -acerca de la cual tanto ha
insistido el profesor MARCEL DE Con.TE-, «emprendida en el
siglo' ~III en beneficio de un ·ser políticamente inexistente»,
«del individu; separado de su cuerpo carnal, separado de sus
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lUAN·'"B'JiCS. :y ALLBf' ·DE GOYTISOLO
cuerpos adicionales que. son sus comunidades de destino, redus
ciclo a su condición de razón pura y de buena voluntad» ; así se
«ha vaciado la gran sociedad política y al Estado de toda su. sus­
tancia, para no dejat más que el capataron decorativo y su apata­
td coercitivo».
Desde la Revolución francesa --,;igue diciendo DE CoRTE­
ya «no estamos en sociedad» .. . «vivimos en una disociedad»,
coronada «por un Estado transformado, que de órgano superior
de
la sociedad política ha pasado a ser un instrumento de domi­
nación que encapsula y aprisiona a los pesudo-ciudadanos, en que
nos hemos convertido con su mecanismo
implacable de poder
de sujeción, del cual se disputan los puestos de mando las am­
biciones de poder desencadenadas por el mundo».
Ese
régimen político --al que nos hemos referido antes­
de olirgaquías constituidas constitucionalmente por pattidos po­
líticos, tras de los cuales actúan grupos de presión-es impues­
to a una «disociedad» de multitud de individuos aislados
---eomo
vislumbró con lucidez TocQUEVILLE-, y produce la actual so­
ciedad de masas que tiene al Estado por configurador. Para esto
debe tener unas características
especiales.
«Pata andar ~'sociahnente'' -dice DE CORTE-, nuestros con­
temporáneos necesitan abundantes muletas. Por doquier, los "ex­
pertos" dibujan apatatos de prótesis en esos laboratorios del Es­
tado. Se fabrican en la más gigantesca sociedad anónima, espe­
cializada en leyes y reglamentos que el mundo ha conocido, que
se
Uama la democracia moderna, que ree,;,plaza las desapatecidas
sociedades naturales. La más formidable burocracia de todos los
tiempos
la pone en funcionamiento, sustituyendo las lentas y
pacientes creaciones de la vida social. En suma, en todas pattes,
lo attificial tiende a expulsat lo natural.
»El aparato del Estado moderno invade progresivamente
to­
das las canalizaciones humanas, desde el nacimiento a la muer­
te ... »~
Páginas después, sigue el mismo -autor:
«La suma de individuos dentro de la misn,;. ,:;,lectividad sea
cual
sea el signo bajo el cual se reúnen, t~átese de la nación en
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PRESENTA.CION DEL TEMA: LA "PRAXIS" DEMOCRA.XICA..
el sentido democrático ele la palabra, como del pueblo, la clase,
el proletariado, el hombre de color, etc.,
es una representación­
mental que se efectúa en el cerebro de los intelectua/,es separados
de
la realidad, replegados sobre s! mismos, e incapaces de captar
cosa alguna fuera de sus propias ideas».
As! ocurre con las ideologías políticas y sociales -que, desele
hace dos o tres siglos, reemplazan la experiencia-son lucubracio­
nes del ingenio que «constituyen
un orden artificial, que no
reemplaza el orclen natural de las comunidades fundadas en el
nacimiento, si no es engañando a aquellos que seduce»: Pero,
para esto, «están obligadas a emplear ese engaño a
fin de lograr
trascender el cerebro de quienes las forjan.
La representación
ideológica de la sociedad
de~ convertirse en religión o, más
exactamente, en mito e ideología contagiosa».
Esta
es --concluye DE CORTE-«la única forma de -que se
transforme en realidad.
No hay otra, no puede haber otra. Sin
la predicación y la propaganda, sin la acción sobre la opinión por
la palabra,
la prensa, la radio, la televisión, sin los mass media of
comunication, la ideología es incapaz ele persuadir al hombre»,
ni «de dominar la contradicción que le roe, sino expandiéndose
de modo que llegue a ser universal».
3. En
el plano ontológico -como acabamos de ver-lo que
denominamos democracia moderna sustituye, en el ámbito
polí­
tico, a las comunidades naturales y a las asociaciones voluntarias
por una partitocracia que tiene como norma suprema la resultan­
te del sufragio universal inorgánico. Pero esa norma suprema
tiene, en el ámbito gnoseológico, como punto de partida un
ra­
dical escepticismo acerca de la existencia de verdades objetivas
o, al menos, de la capacidad humana para alcanzar su conoci­
miento, ni aun siquiera suficientemente aproximado.
KELSEN, en su obra La démocratie, sa nature, sa. valeur (Pa­
rís, Sirey, 1932, cap. X pág. 110), tiene un texto, en el que me
hizo reparar nuestro inolvidable EUGENIO VEGAS. Dice así: «De
hecho, la causa de la democracia aparecería desesperada si se
partiera de
la idea de que puede accederse a. verdades y captarse
valores absolutos». Por eso, cada
partido· político propone las
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)U'-A"JI BMS: VALLET DE ,GO:YTISOLO
suyas y el sufragio decide, después ,de haber disparado y recibí...
do los ·votantes los impactos .visuales y sonoros de la propaganda.
El resultado, consecuente de ese escepticismo, es el de inve ..
fu al · parlamento, resultante del sufragio universal, con el poder
de definir la verdad, aunque sea siempre provisionalmente -pues;
a· las siguientes elecciones, surgirá un nuevo parlamento que im­
pondrá otras-:-y, además, de imponerlas en todas las materias a
las que alcance su panlegalismo. De ese modo se incide en aque­
lla «posición doctrinal» ·que JUAN xxm, en Pacem in terris, de­
clár6 que «no puede aceptarse como verdadera», es decir, en la
·que erige «la voluntad de cada hombre en particular, o de ciertas
sociedades, como fuente primaria y única de donde brotan dere­
chos y deberes y de donde provenga tanto la obligatoriedad de
las constituciones como
la autoridad de los poderes públicos».
Para hacer
«tragar,, esta estatalización del derecho es preci­
·so: primero, inculcar ese escepticismo y, enseguida, mostrar que
la democracia es la única solución «pacífica» que sin salir del
·relativismo puede alcanzarse. Para esto, resulta· imprescindible
•orientar la educación y la información, con pleno libre arbitrio
-'-pero sólo dentro del «sistema-, mas con la libertad coarta­
da para salir de él.
· . He ahí el tema de esta nuestra XXIX Reunión. Se trata de
comprender cómo funciona esa «democracia moderna» ; que parte
de un escepticismo congénito constituido en presupuesto. y eleva­
do
a dogma ; que se integra . en partidos representativos de otras
·tantas iedologías ; que pretenden reconformar
la sociedad me­
diante articular · con ~us mecanismos una suma · amorfa de indivi­
duos. Para ello, necesita imbi.tirnos de su propia ideología, hecha
.religión o injertada en ella, a través. de la propaganda más psico­
lógicamente penetrante y más estruendosa, con el empleo de las
técnicas más sofisticadas, que requiere el gasto de miles de mi­
·llones, cada vez más, para realizar ése objetivo.
Religión democrática, partitoéracia, mass media, marketing,
mooopolio de la enseñanza, etc. Ahí tenelnos lo más saliente de
fa ideología 'y la techné de esa praxis· que debemos· estudiar y,
aterca de la .cual, debemos reflexionar.
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