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1990

La praxis democrática

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1990
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Psicología de masas y manipulación política

PSICOLOGIA DE MASAS Y MANIPULACION POLITICA
POR
ANTONIO SEGURA FB~S
En el paso de la teoría democrática a la práctica real de ella
se han producido hechos que han dado lugar a otro tipo de crí­
tica que la efectuada por sus primeros opositores doctrinales,
si bien éstos no dejaron de señalarlos. En la XXIX Reunión de
amigos de la Ciudad Católica (Poblet, 1990), bajo
el tema ge­
neral La praxis democrática, el imprescindible fundamento teórico
fue abordado por
J. Vallet de Goytisolo, en la Introducción, en
la que explicó y analizó su fundamento filosófico ; esto
es com­
pletado por el profesor Formen!, que estudió «la religión demo­
crática»,
es decir, el deslizamiento teológico de su praxis que es
completado por G. Fernández de la Mora y Mon, que expuso
magistralmente la caída real de la democracia
teórica en la dic­
tadura partitocrática en la práctica real en la que se contradicen
todos y cada uno de los principios de la democracia fundacional.
Nos queda ahora ver cuáles son
los pasos y el mecanismo
que ha originado esta «abfall», esta caída estrepitosa. Tal
me­
canismo sólo es uno, pero fundamental: la mentira democrática
que se funda en la «sublime mentira» que Platón -República,
B. 318b, 414c y 359d-, permite a los políticos y que ah0ta se
mantiene por la «prohibición de hacer preguntas» ( 1
), que el
llorado profesor Agosto Del Noce señaló en su polémica con
U. Spirito: tal falacia funciona al aceptar la
democracia «como
si» su propuesta política «fuera verdad», pero vedando el ve-
(1) U. SPIRITO y A. DEL NoCB: «¿Ocaso o eclipse de los valores
tradicionales», Uni6n Editorial, 1971, vid. cap. VIII, «La prohibición de
hacer preguntas», págs. 143 y sigs.
Verbo, núm. 291-292 (1991) 91
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rificarla. Hora es de proclamar que esta falacia consiste en la
pretensión de ser la democracia el régimen político verdadera­
mente apropiado a la dignidad de la persona, de las «personas»
humanas, mientras que, en la praxis democrática real, que es
la democracia inorgánica o de masas, no pueden darse, ni se dan
las «personas humanas», porque en la masa el hombre dimite de
su condición de «persona» para devenir mero «individuo masi­
ficado».
Estructura psicofísica de la personalidad humana.
Para conocer cómo se ha producido esta degradación acudire­
mos a
la autoridad de Philip Lersch. Según él, «se es persona ...
como ser humano singular (2), único e insustituible, que realiza
y experimenta su existencia en-y-con-el-mundo a través de múl­
tiples funciones y contenidos de la vivencia . . . Así entendido
el concepto y carácter de la personalidad, viene a corresponder a
dos dimensiones distintas de considerar
el problema, de tal modo
que todos
los esfuerzos para analizar el carácter presuponen el
conocimiento de la estructura de la personalidad» (3 ).
Esta estructura, según Lersch, se da en dos direcciones: «la
horizontal del círculo funcional anímico que corresponde al in­
tercambio comunicativo entre el alma y el mundo, y la ordena­
ción vertical de los proceso y los estados anímicos que intenta
justificar que la vida anímica en sí misma, como suceso del ser
anímico, representa una unidad estructurada» (pág. 77). Esta
«unidad estructurada en dos dimensiones: en su organización
vertical,
nos encontramos ante una concepción especial de la vida
anímica, la de la estructura de capas» (ibid. ). La primera de estas
(2) Sobre la metafísica de la persona humana como «singular», c. Ver­
bo, núm. 287 288, cf. V. RooRÍGUEZ, «Estructura metafísica de la persona
humana»,
págs. 979 y sigs.; y E. FORMENT, «La mujer y su dignidad», pá­
ginas 1.011 y sigs., sobre el carácter sexuado de la personalidad humana.
(3) PHILIP LERSCH, La estructura de la personalidad», Scientia, 1971,
página 57. Resto de citas las páginas van señaladas entre paréntesis.
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«capas» es el «fondo vital» propio del género animal: «Com,
prendemos como fondo vital el conjunto de estados y procesos
orgánicos que tienen lugar en nuestro cuerpo. No es, pues, una
realidad psíquica, sino una realidad propsíquica, antecesora de
la vivencia» (pág. 84
). Desde esta base material, «si pasamos del
fondo vital a la esfera, abigarrada e incesantemente fluctuante, de
los procesos y estados anímicos que se halla por encima de
él, y
que el hombre conoce por introspección, entonces entramos en
la esfera de las vivencias endotlmicas, de los estados de ánimo
y de los sentimientos, de las emociones y de los movimientos
afectivos,
de los instintos y de las tendencias» (pág. 97), que
Lersch estudia detalladamente comd propias
y constitutivas de
cada
particular «personalidad» humana. En un análisis previo a
los estudios puntuales de estos temas
y que constituyen el ob­
jeto de la obra, ha establecido la relaci6n entre estas capas in­
feriores
y la «estructura superior de la personalidad» (págs. 453
y sigs.) que está constituida por el
conocimiento y la val,unttJd,
elementos propios de la «persona».
Dice Lersch: «Cuando contemplamos la multiplicidad de lo
que sucede anímicamente en nosotros, se pone de relieve, en
primer lugar, un gtupo especial
de vivencias que se hallan en
nuestra conciencia
y son puestas por el portador, el yo» ( 4)
(pág. 81 ). Así, cuando se actúa la base del fondo vital y el en­
dotímico de las vivencias, «al mismo tiempo, horizontalmente,
se dirigen hacia el mundo y se desarrollan en contacto con él ... ,
aquella esfera exterior del mundo en la que se realiza la con­
ducta activa
... , el pensamiento da a lo percibido en el mundo
una ordenación, una comprensión del ser-así-de-las-cosas y una
visi6n del conjnnto de relaciones ; la
voluntad decide en qué
medida deben influir los procesos y los estados endotímicos en
nuestra conducta
y acciones. O sea, que las vivencias endotími­
cas en la percepci6n del mnndo y en
la conducta activa son
1'eestructuradas, reformadas por los procesos del pensamiento
(4) En este mismo sentido se desarrolla la obra conjunta de K. POPPER
y J. EcCI.Es, «El yo y su cerebro», Labor, 1982.
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y de la voluntad, que, evidentemente, constituyen una capa más
elevada de la vida anímica a la cual llamamos superestructura
personal ... De este modo se ha logrado ligar el punto de vista
de la ordenación del círculo funcional anímico con el de
la es­
tructura de capas y justificar así la doble totalidad de la vida
anímica. Su entrelazamiento horizontal con
el mundo y su es­
tructura interna edificada verticalmente» {pág. 82). Ahora bien,
Lersch sefiala expresamente que
«sería totalmente erróneo el
pretender considerar
Id anímico como producto de fondo vital,
atribuyéndolo así a causas fisiológicas» (pág. 88), con lo que
cierra
la puerta a toda interpretación materialista.
De la «persona» a la «masa».
En. esa situación «abigarrada e incesantemente fluctuante»
antes sefialada, a veces ocurre que «el individuo experimenta un
característico desplazamiento del acento vivencia! hacia
el fondo
endot!mico con la simultánea debilitación de la fuerza de la es­
tructura superior de la persona cuando su vida psíquica es afec­
tada y contagiada por la masa» (pág. 485). Esta masa, en otro
lugar (5),
es descrita como «una multitud de seres humanos
interiormente desorganizada y exteriormente amorfa que por
la
comunidad de una emoción es impulsada en una dirección unívo­
ca de la acción ... La masa es de otro tipo que el grupo. Lo que
le falta se halla suficientemente caracterizadd
si sefialamos su
carácter amorfo: ( en) . . .
el grupo, sus miembros aislados que
realizan funciones distintas,
se hallan en relación mutua mediante
el diálogo ... , mientras que en el caso de la masa los individuos
se hallan orientados en
la misma dirección por el contagio afec­
tivo y son despojados de ese modo de una función individual».
Recordemos,
aquí, a T. de Aquino para quien siempre se es
(5) Ph. LERSCH, «Psicología social», Scientia, 1967, pág, 67. Sobre la
teoría de la «masa» d. la primera parte -caps. I~VI-de la obra de
J. VALLET DE GoYTISoLo, «Sociedad de masas y Derecho, Taurus, 1968,
págs. 15-233.
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persona «en cuanto que significa el singulat de las sustancias
racionales» (S. Th. I, 29, q. 1, co. y q. 3, ra. 2).
Como consecuencia de este planteamiento, Lersch llega a una
durísima, pero lógica, proposición: «Lo que
ocurre entonces en
el psiquismo del individuo no
es más que la desconexión de la
estructura superior de la persona de
sus funciones específicas
del pensamiento autónomo, de la creación de opiniones, del jui­
cio de la decisión personal y de la responsabilidad. Con la
de­
bilitación de la estructura superior de la persona queda libre en
todo hombre lo que normalmente
es conformado y dirigido por
ella, sobre todo los movimientos de impulso vital no controla­
dos por el pensamiento y la voluntad, los estímulos del hambre
y del sexo, del egoísmo y la codicia, de la crueldad
y la necesi­
dad de venganza.
En la masa el individuo de;a de ser, provisio­
nalmente, una persona»
(6).
Psicología de la masa.
Este es, pues, el drama de la praxis democrática: la dimi­
si6n
del hombre de su condición de «persona» para caer en mero
«individuo masificado», pues «una
masa es el juegd de todas
las excitaciones exteriores y reflejo de las incesantes variaciones.
Entonces
es esclava de todos los impulsos que recibe» nos dijo
ya hace un siglo su primer estudioso, G. Le Bon (7). La dimi­
sión de la condición personal está inscrita en la incapacidad de
pensar racionalmente que tiene el hombre
masificado, de modo
que su voluntad queda al arbitrio de
las pulsiones irracionales
de
;u fondo vital y endotímico; y de tal modo que «cuales sean
los sentimientos, buenos o males, manifestados por una masa,
presentan la doble condición de ser muy simples y exagerados ...
La violencia de los sentimientos de las masas heterogéneas sobre
todo es, aún más, exagerada por
la ausencia de responsabilida-
(6) Ph. LERScH, «La estructura ... », pág. 486.
(7) G. LE BON, «Psychologie des foules», ALCAN, 1899, pág. 25. Resto
citado como siempre.
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des» (pág. 38 ), porque en la masa, «siempre son así las creen­
cia determinadas
por vía de la sugestión, en lugar de ser engen­
dradas
por vía del razonamiento» (pág. 41 ): por eso, «los argu­
mentos que emplean, y aquellos que
pueden bacérseles, son
desde el punto de vista lógico, de un orden
tan inferior que
solamente por
vía de analo gia se les puede calificar de razona­
mientos» (pág. 53 ).
Con esta descripción, no exhaustiva, de la degradación de
la «persona» en la «masa», podemos ya pasar a ver sus efectos
poUticos. Es el mismo Le Bón quien empieza su obra señalando
cómo hoy «el derecho divino de las masas va a reemplazar el
derecho divino de los reyes» (pág. 5). Más adelante precisa que
«cuando los historiadores nos cuentan que la noche de San Bar­
tolomé ( 8) fue la obra de un rey, muestran ignorar que la psico­
logía de las masas es otra que la de los reyes» (pág. 65). Esto
ocurre porque, como dice E. Nicol
(9) «cuando se mezclan las
formaciones típicamente mitológicas con el pensamiento racional,
como suele acontecer en la política, los sujetos de la comunidad
correspondiente adoptan actitudes que
se llaman fanatismo, por­
que están condicionadas por dos formas distintas de represen­
tación simbólica, por dos modos distintos de verdad: la verdad
de la razón y la verdad del sentimiento vital. Y es sabido que
las verdades de la razón no valen contra las verdades del senti­
miento:
ni las de la razón teórica, ni las de la razón práctica».
En otras palabras, que la racionalización que pretende en la po­
l!tica la «democracia teórica» de los «padres fundadores», se
degrada inevitablemente en la democracia práctica de los resul­
tados históricos porque el hombre «real»
es «razón», pero no
«sólo razón». Y, además, el «uso de la razón» tampoco tiene
un repartd por igual en todos los hombres, por lo que, «al arran­
car la soberanía del cielo y localizarla en la tierra, ¿ en qué parte
del hombre
la han localizado los filósofos? La han localizado en
(8) La matanza de los -hugonotes el 23-24, VIII, 1572. Sobre el tema
d. J. DuMoNT, «l'Eglise au risque de l'Histoire», Criterion, 1984, 2.ª par­
te, cap. 11, págs. 233 y sigs.
(9) E. NICOL, «Metafísica de la expresión», FCE, 1974, pág. 245.
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la · voluntad. Si· la hubieran localizado en la inteligencia y no en
la voluntad, hubiera quedado aniquilada su teoría . . . (pues),

el dominio de la sociedad pertenece a los más inteligentes, ¿ qué
es la democracia? ¿ Qué es el pueblo? ... Al contrario, si la so­
beranía reside en la voluntad, Dios queda destronado
... (por­
que), sí las inteligencias no son iguales todas, todas las volun­
tades
lo son. Sólo así es posible la democracia» ( 10) nos dijo
Donoso Cortés.
Se ve, pues, cómo la ruptura voluntarista de Descartes (11)
que inició el pensamiento moderno, termina en la política por
una entrega de la voluntad a los impulsos irracionales de la
masa que así queda constituida prácticamente en la «voluntad
general» de
J. J. Rousseau.
El «calvario» de la democracia: Pueblo versus masa.
El camino de la caída se inicia por arriba, por algo muy legí­
timo, el «reconocimiento social» preciso en la constitución del
poder, tanto en las «auctoritas» cuanto en la «potestas» ( 12).
Pero
es una dialéctica falaz la que intenta justificar el «mal» en
base del
«bien» que necesariamente ha de soportarlo ( 13 ). A. d'Ors
señala cómo ahora «la idea de
la rePresentación ha tenido una
importancia decisiva en el pensamiento político,
y la revolución
moderna
ha utilizado como señal de batalla la idea de que un
gobierno aceptable debe ser necesariamente
representativo» (14).
(10) J. DONOSO CORTÉS, «Lecciones de Derecho político», Obras com­
pletas, Madrid, 1854, I, pág. 139.
(11} Cf. C. CARDONA, «René Descartes: el discurso del método»-,
EMESA, 1975, cap. II, págs. 30 y sigs.
(12) Cf. R. DOMINGO, «Teoría de la 'auctoritas'», EUNSA, 1987.
(13)
No olvidemos que, para T. de Aquino, el mal siempre se da «sub
specie boni»
(In I Sent. ds. 46, q. 1, ar. 2, ra. 2) pero que «nada pro­
híbe ser bueno, pero bajo algún aspecto, malo»-(De Malo, q. 16, ar. 2,
responde), pues «las causas del mal son los. bienes particulares que pue­
den faltar> (ib., q. 3, ar. 1, ra. 2).
(14) A.
n'ORs, «Ensayos de teoría política», EUNSA, 1979, pág. 224.
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Por eso, un gobierno pretende a roela costa el consenso democrá­
tico que, en una sociedad de masas forzosamente debe estar re­
ferido a ella. Y, para alcanzarlo, también forzosamente, no hay
otra
vía que la comunicación, el lenguaje.
Para ello hay que empezar por el tema
básico de la definición
de los términos empleados,

el
primero de los cuales es la palabra
clave, la «democracia», en la que aparece
ya la primera confu­
sión. En conjunto
(plethas) de hombres se nombró en la Grecia
clásica con dos nombres, «democracia» y, por contraposición,
«ochlocracia»: en el primer caso manda el «demos», el pueblo;
en el segundo el «ochlos» -
Ó'f_Aor. -, la masa, la confusión, el
tumulto. Para J. Marías (15) «la poUs no es directamente una
unión de individuos, sino de ciertas comunidades menores». El
«demos»,
es aquí, por naturaleza, «orgánico», es decir, la «de­
mocracia orgánica»
es una redundancia, pues no hay otra, por
oposición a «ochlocracia» o gobierno
de las masas: estamos, pues,
ante la «ruptura de la palabra» señalada por E. Lledó ( 16) en
su Introducción a las «éticas» de Aristótels. Y es, justamente,
esta ruptura la que, mediante la imprescindible comunicación
permitirá la «manipulación
de la masa», ya no de las «personas».
Empezaremos distinguiendo la «masificación»
-proceser-de
la «masa»
-resultado--. Aquélla no siempre es una manipula­
ción ideológica
-la «ideología de masa»-, sino que, para
Schischkoff (17), «designa
un proceso continuado de igualación
niveladora
de las formas de vida, concepciones ideológicas y mo­
dos de comportamiento ... La relación que existe entre la situa­
ción de
masa y los procesos de masificación, éstos nacidos de
ciertas necesidades emplricas de la era técnica, es la relación de
un fenómeno natural, originario, que surge sin deliberación o
premeditación y un engendro manipulado
por eJ hombre. La ma-
(15) J. MAR!As, en la traducción de la política de Aristóteles, IEP,
nota a Bl280b,
35.
(16) E. LLEDÓ, Introducción a las éticas Nicomaquea y Eudemia,
Gredos, 1988, págs. 39 y sigs.
(17) G. ScHISCHKOFF, «La Masificación dirigida», Editora Nacional,
1968, pág. 57.
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sificaci6n . . . es un proceso digirido, directa o indirectamente,
por
el hombre, en la mayoría de los cosas movido por coacciones
impuestas par la industrializaci6n y sus consecuencias». Lo cual
tiene, en
el fondo, una igualdad de origen, ya que la nivelaci6n
existencial exige la sociedad de «consumo de masas», lo mismo
que la
industralizaci6n, exige las masas de clientes. El autor
está aquí señalando la diferencia entre la «ochlos» griega, o
las
«turbas iudeorum» que prefieren Barrabás a Jesús, y que siempre
han existido con su propia psicología, y
el fen6meno social mo­
derno, que ya anunci6 Tocqueville al describir como «los hom­
bres que viven en períodos democráticos (inorgánicos, A. S.),
tienen muchas pasiones, pero
la mayoría de ellas desembocan en
el amor a la riqueza o emanan de él . . . Desaparecido el prestigio
de las cosas antiguas, ya no distinguen los hombres el linaje, el
estado ni la profesi6n, o lo hacen casi imperceptiblemente ; no
queda más que el dinero para diferenciarlos visiblemente y ha­
cerlos sobresalir.
La distinci6n que nace de la riqueza aumenta
con la desaparici6n o disminuci6n
de las demás» (18).
Esto
explica que la actual situaci6n de «sociedad de masas»
fuera imprevisible para los que hemos llamado «padres funda­
dores» del pensamiento democrático: Locke, que vivi6 en la
aristocrática sociedad inglesa del siglo xvm; J. J. Rousseau, for­
mado en
el fósil social de una ciudad-estado, la Ginebra de esa
época, etc. Todos ellos creyeron ingenuamente que se podían
transportar
sus ideas «personales» al pueblo: lo que result6 es
que se extendieron en la «masa» por el proceso masificador que
señal Tocqueville. Como ha estudiado Vallet (19), otro de los
«padres»_
del actual discurso democrático, Montesquieu, nunca se
refiri6 a una situaci6n de sociedad de masa, sino a lo que lla­
maba «estado g6tico», es decir, a una concepci6n orgánica de la
(18) A. DE TocQUEVILLE, «La democracia en América», Sarpe, 1984,
II, pág. 143.
(19) Cf. J. VALLET DE GoYTISOLo, «Montesquieu: leyes, gobiernos
y poderes», Civitas, 1986. Ver especialmente el cap. IX -la democracia
imposible---¡ X -Los curepos intermedios-; y XII -la división de
poderes--.
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sociedad y el Estado. Cuando la realidad del devenir histórico ha
llevado
. la división de poderes a una democracia inorgánica u
«ochlocracia», ya no hay sólo «división», sino «enfrentamiento».
La . democracia .«manipulada».
Hoy, los teóricos de la democracia liberal inorgánica tampo­
co caen
-no quieren caer-en cuenta del deslizamiento subrep­
ticio, pero efectivo, del hombre-persona al hombre-masa. Y
así, vgr., las formalmente correctas lucubraciones de Popper (20)
siguen fundándose en una argumentación
. racional que poco o
nada tienen que ver con la actual realidad de
las «masas» emo­
cionales, ineludible mediación efectiva de la representación polí­
tica. Como dijo Ortega de las funciones de gobierno, «antes eran
ejercidas estas actividades especiales por minorías calificadas
...
La masa no pretendía intervenir en ellas; se daba cuenta de que
si quería intervenir tendría congruentemente que adquirir esas
dotes especiales y dejar de ser masa . . . Lo característico del
momento
es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el
denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad donde quie­
ra» (21
), como ahora está a la vista de todos.
Con esto entramos en el tema de la «manipulación» política
segón
las reclamaciones de la psicología de masas. Hay, en primer
lugar, un deslizamiento ·metafísico del marco referencial de
la
transcendencia a la inmanencia que pocas «personas» advierten,
y la «masa» ni siquiera se plantea tal problema, aunque inevita­
blemente tengan que sufrir sus consecuencias. Femando Inciar­
te (22) lo expone de este modo:
«A,;í como el positivismo lógico
reduce
el sentido a verificación ... así la pragmática antropocén­
trica reduce, a su vez, la
verdad a sentido y ccm ello, el discurso
(20) KARL POPPER, «La sociedad abierta», Paídos.
(21) J. ÜRTEGA y GASSET, «La rebelión de las masas», Revista de
Occidente, 1968, págs. 67 y 69.
(22) F. lNCIARTE ARMIÑÁN, «El reto del positivismo lógico», Rialp,
páginas en paréntesis.
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directo, abierto a las cosas mismas, al discurso indirecto, que
elude la mirada a las cosas para quedarse, en todo caso, con el
reflejo de las cosas en nosotros .. . supuesto que no elimine las
cosas -por ejemplo, Dios-del todo (pág. 88) ... Desde le mo­
mento en que se considera que el -término 'Dios' sólo tiene sen.:.
tido ( o, por lo menos, sentido cristiano) en unión de otros tér­
minos
-es decir, de otros términos antropológicos-, la sustitu­
ción del término 'Dios'
... puede ser, con todo rigor, prolongada
--dado que 'Dios' ya no tiene sentido de algo único-mediante
la sustitución de estas expresiones -fe en Dios, comprensión de
Dios-, por otras tales como vida de fe, vida en la esperanza,
en las cuales el término 'Dios' ya no aparece para nada (págs. 90-
91)
... En virutd de la introducción del discurso indirecto, la
cuestión de
la verdad no desaparece del todo, pero queda despla­
zada. Y a no
se dirige a la frase original, sino al hecho de si ., . ha
habido realmente tal autor que ha dicho tal cosa
(pág. 94»: es
la forma aseverativa propia de la masa: lo ha dicho la tele o lo
ha dicho la radio.
La desaparición de la verdad en la propaganda política e
ideológica usual así
es reconocido por Duverger (23 ): «En cual­
quier democracia del mundo, las alternativas propuestas a los
electores raramente son claras, pues cada partido trata, más o
menos, de disimular sus objetivos reales para atraer a los tibios,
a los vacilantes, a
los flotantes, del lado de sus partidarios». Es,
pues, la universal aspiración
al centro político, lejos de los ex­
tremos ultras, que hoy presentan los partidos. Pero es también
lógico porque
la masa, como vimos, la persona dimite de su ca­
pacidad racional en favor del sentimiento, no ha lugar a la ver­
dad o la mentira, sino al deseo. Dice Sartori (24) que «la volun­
tad
informada del pueblo puede ser también su voluntad menos
auténtica. Cuanto más se recibe de los medios informativos, más
se está expuesto a la manipulación por parte de esos medios».
(23) M. DuVERGER, «La democracia sin el pueblo», Ariel, 1967, pá~
gina 9.
(24) G. SARTORI, «Teoría de la democracia», Alianza Universidad,
1988, I, pág. 131.
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Más aún teniendo en cuenta que, como constata J. F. Revel (25),
«la primera de todas las fuerzas que dirigen al mundo
es la men­
tira
(pág. 9) .. . La destrucción de la información verdadera y la
construcción
de la información falsa derivan de análisis muy ra­
cionales y conformes al modelo occidental que se supone rechazan
(los progresistas, A. S.) (pág. 17)
... Entre el error involuntario
y el engaño deliberado se despliegan numerosas variedadas de
híbridos en que ambos se mezclan según todas las dosificaciones
posibles
... La mentira simple constituye el medio más económi­
co (pág. 22)
... En la democracia, el obstáculo a la objetividad
de
la información no es ya, pues, ... la censura; lo son los pre­
juicios, la parcialidad, los odios
... , que adulteran los juicios e,
incluso, las simples informaciones»
(pág. 32). Lo cual, ante una
masa incapaz del juicio y del discernimiento tiene garantía de
éxito.
l. La manipulación: el «su¡eta» manipulada.
Lo anterior es suficiente para conocer el tema de la importan­
te cuestión que es la manipulación del hombre masificado: vea­
mos cómo: es éste.
La pieza clave es el «hombre dirigido por otros», típico de
· la sociedad de masas ; «Lo que es común a todos los individuos
dirigidos por los otros
es que sus contemporáneos constituyen
la fuente de direcci6n para
el individuo . . . a través de los ami­
gos y de los mass-media. Tal fuente es, desde luego, intemalizada,
en el sentido de que la dependencia con respecto a ella para una
orientación en la vida se implanta temprano
.. . Lo único que
permanece inalterable durante toda la vida
es el proceso de ten­
der hacia
ella y de prestar profunda atención a las señales pro­
cedentes de otros (pág. 37)
... Si bien todo el mundo desea y
necesita gozar en algunos momentos
de las simpatías ajenas, s6lo
los tipos
modernas dirigidos por otros hace de esto su principal
( 25) J. F. REVEL, «El conocimiento inútil», Planeta, 1988, páginas
entre paréntesis.
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fuente de dirección y su esencial área de sensibilidad (pág. 38) ...
La persona dirigida por la tradición siente el impacto de su cul­
tura como una unidad. En contraste con este tipo, la persona
dirigida
por los otros aprende a responder a las señales proce­
dentes de
un círculo mucho más amplio que el constituido por
los padres. La familia ya no es una unidad cerrada a la que se
pertenece, sino
sólo una parte de un medio social más vasto ... lo
desconocido
se vuelve familiar», nos dice D. Riessman (26) en
su conocido estudio de la masificación actual. Sigue diciendo:
«La capacidad del hombre dirigido por los otros para saber qué
quiere . . .
se aplica tanto a la política como a las otras esferas
de la vida» (pág. 240), pasando a ver las consecuencias que esto
tiene sobre la moral: «Hay varios motivos por los cuales los
mass-media desarrollan una actitud de tolerancia (27) que se
convierte en
el modo de representar y enfocar todo, incluyendo
la política . . . El factor
más poderoso entre los que determinan
esta tendencia es simplemente el tamaño del auditorio (pági­
na 240)
... El análisis de lo que se entiende por sinceridad nos
permitirá comprender las formas en las cuales la cultura popu­
lar enseña la
tolerancia a su auditorio . . . La sinceridad es una
de las cualidades mediante las cuales un negocio mayorista puede
conservar una clientela leal» (pág. 242).
Puede verse cómo el autor aquí coincide con las
análisis que
hemos visto en otros que
se han dedicado al tema: la influencia
(26) D. RIESSMANN, «La muchedumbre solitaria», Paidos, 1971, pá­
gina sentre paréntesis.
(27) A. BLOOM -«El cierre de la mente moderna», P&J, 1989,
págs. 25-26-, escribe: «Casi todos los estudiantes que ingresan a la
Universidad creen, o dicen creer, que la verdad es relativa ... El hecho
de que para fos estudiantes es una cuestión moral, queda evidenciado por
el carácter de su reacción al ver desafiada su postura. Una mezcla de
incredulidad e indignación les asalta: ¿Es V. absolutista? ... El peligro
que se les ha enseñado a temer es el absolutismo, no es el error, sino
la intolerancia . . . El verdadero creyente es el verdadero peligro. El es­
tudio de
la Historia y de la cultura enseña que el mundo entero estaba
loco en el pasado . . . Naturalmente no pueden defender su opinión. Es
algo
en lo que han sido adoctrinados».
103
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ANTONIO SEGURA FBRNS·
masificadora del «tamaño social» . (Schischkoff); la indefinición
descomprometida y tolerante (Duverger);
la sustitución de la
verdad obietiva por una simpática sinceridad sub¡etiva (Revel).
En realidad, la autenticidad, la sinceridad y la certeza subjetiva
son tres cualidades hoy muy apreciadas
por ser inmanentes al
sujeto, pero que no cualifican sus acciones: se puede estar cierto
de algo falso; ser auténtico y sincero consigo mismo y frente a
los demás, pero desde una base objetivamente nefasta: así, vgr., un
sinvergüenza que, además, posea autenticidad, no deja de ser un
auténtico sinvergüenza. Y la sinceridad externa de un escanda­
loso, sólo vale para extender el escándalo frente
al clásico refrán
que decía que «la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde
a la virtud». Realmente esas cualidades inmanentes a la
perso­
nalidad sólo expresan la igualdad del pensamiento, o del senti­
miento, con lo pensado o sentido, de ahí su certeza, pero no con
la realidad: es, pues, un «discurso indirecto» que dice Inciarte.
Y muy apto para la acefalia de los componentes de la masa, pues,
como dice
J. Marías (28), esto entra no ya en el campo de la
voluntad, sino del deseo y éste, «es mucho más amplio que la
voluntad;
se puede desear todo: lo posible y lo imposible, lo
inconciliable, lo presente, lo futuro
y hasta lo pasado; lo que se
quiere, lo que no se quiere y hasta lo que no se puede querer».
Es, pues,. el m:ís poderoso y apto motor de la masa; y el m:ís
manipulable pot las apropiadas técnica psicológicas.
Todo consiste, por lo tanto, en la presentación, pues,
come/
dice Riessmann. «la sinceridad significa ... un estilo que no es
agresivo, incluso puede ser indefenso (pocos papeles hay hoy m:ís
rentables que el de víctima de una injusticia, A. S.) ... el intér­
prete
se pone a merced de su público y de sus emociones . . . El
énfasis popular en
la sinceridad significa ... que la fuente de los
criterios de juicio
se ha desplazado del contenido a la actuación
y a la personalidad que actúa ... se le juzga según su actitud
ante el auditorio, una actitud que
es sincera o insincera, y no por
relación a su profesión, su
honestidad y su capacidad {p:íg. 243) ...
(28) J. MARÍAS, «Antropología metafísica», Revista de occidente, 1973,
pág. 106.
104
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PSICOLOGIA DE MASAS Y MANIPULACION POLITICA
Lo que aquí aparece como cinismo a menudo es la disposición
de la persona
(¿ ?, A. S.) dirigida por otros a aceptar con tole­
rtJJ1cia las normas del grupo de pares adultos en que se encuen­
tra. Pero esta blanda aceptación constituye,
más bien, una fuente
de
cinismo con respecto a sí mismo ( 29) que con respecto a los
demás, a
los que se aferra en la búsqueda de metas» (pág. 244 ).
En todas estas extensas citas de un experto en el tema se ve
cómo refleja la situación actual que todos contemplamos a diario.
Que, por cierto, también opera en lo religioso y no sólo en lo
sociopolítico, pues la dimisión
de la «persona» a mero individuo
afecta a todas las dimensiones de
la vida humana. E. Vogelin (30)
lo expone así: «Como movimientos
de masas gnósticos se deben
entender los movimientos del tipo del progresismo, el positivis­
mo, el marxismo, el psicoanálisis, el comwúsmd, el fascismo, el
nacional-socialismo (pág. 7)». En lugar de la aceptación por el
hombre de
1a realidad de un orden-del-ser-dado, físico y moral,
al que
ha de someterse, y la limitación del hombre por lo que
precisa de la
fe más allá de la razón para captar toda la realidad
natural y sobrenatural, los gnósticos ( 31) ofrecen la pretensión
de un saber intuitivo y total.
Por eso dice Vogelin, «el afán
de poder de los gnósticos, que quiere dominar el
mundo, ha ob­
tenido la victoria sobre la actitud humilde basada en la subordi­
nación a
la estructuración de la existencia (pág. 36) . . . Una
inseguridad
es tan difícil de soportar que puede ser reconocida
como motivo suficiente para la creación de seguridades imagina­
das (pág. 38) ... No todas las personas son capaces de tal forta­
leza de alma; la mayoría busca
el apoyo institucional ( el ser­
dirigido-por-otros, A. S.)
y éste tampoco será siempre suficiente
(29) LERSCH dice: «Podemos caracterizar la inautenticidad de la vo­
luntad diciendo que el hombre querría algo, pero que no lo quiere&. «La
Estructura ... », pág. 519.
(30) E. VóGELIN, «Los movimientos de masas gn6sticos como suce­
dáneos de la religión», Rialp, 1966, páginas como de costumbre entre
paréntesis. (31)
La gnosis es la pretensión de un saber absoluto, «el conoci~
miento del hombre y el inicio de la perfección, donde el ·conocimiento·
Dios no es sino el cumplimiento». (TERTULIANO, «De praeset», 7}.
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ANTONIO SEGURA FERNS
(pág. 39) ... Las grandes masas de hombres cristianizados, pero
no
lo suficientemente fuertes para la aventura heroica de la fe, se
hicieron vulnerables a las ideas que les podían conferir mayor
grado
de certeza sobre el sentido de su existencia» (ib. ). Esta es
la causa de que la masificación como ideología sustitutoria de la
fe se impuso fácilmente en el sustrato cristiano -más aún en el
católico-que en las «hordas» primitivas, haciendo bueno el
proverbio que dice corruptio optimi, pesima.
2. La técnica manipuladora.
Un estudioso actual de la democracia, Guy Hermet (32)
aborda
así el problema: «El desquite que el marketing (33) de­
mocrático parece ofrecer a los gobernados demuestra ser ilusorio
e incluso corruptor. Llega a rebajar
el ejercicid de la ciudadanía
al rango de
un placer fácil ... En nuestros días, quizá más que
ayer, cada cual desea una cosa y su contraria . . . En general falta
la memoria histórica (recordar esto en Riessmann,
A. S.) como
un fenómeno constitutivo de la vida social es evidente ... las
gentes juegan
al instante (34) y no tienen memoria».
Volvamos, pues, al tema de
la comunicación y el lenguaje
para conocer los mecanismos efectivos de la manipulación
polí­
tica de la masa -y, por supuesto, social y económica-, de las
masas acéfalas, siempre necesitadas de un «meneur», un «dema­
gogo» (35) que las dirija, nos dijo Le Bon, ya que «en el alma
(32) G. liERMENT, «El pueblo contra la democracia», IEE, 1989, pá­
ginas 68 y 69.
(33) Cf. F. !zQUIERnO NAVARRO, «La publicidad política», OIKOS­
TAU, 1975.
(34) Es la actitud de
J. J. Rousseau que «halla en el instante lo
absoluto dispersado y corrompido en la temporalidad; d instante es para
Rousseau lo que la éternidad para Platón», dice CLAIRE SALOMÓN-BAYET,
Historia de la Fiolosofla, ed. F. CHATRLET, Esposa, 1976, t. II, pág. 359.
(35) Para Aristóteles «las democracias se alteran sobre todo por la
insolencia de los demagogos» (V. Poi. IV, B 1304 b5) y «cuando el mis­
mo · .hombre llegaba a ser demagogo y general, se orientaban los cambios
hacia• la tiran!a) (ih., B 1305 a. 6).
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PSICOLOGIA DE MASAS Y MA.NIPULA.CION POLITICA
colectiva, las aptitudes intelectuales de los individuos y, por ende,
su individualidad se esfuma»
(loe. cit., pág. 17) por el «desvane­
cimiento de la personalidad

consciente
y el predominio de la
personalidad inconsciente orientada por vía de la sugestión y el
contagio de
los sentimientos» (pág. 20). El capítulo III lo dedica
Le Bon a los «manejadores de las masas y sus medios de persua­
sión», de modo que «sólo
nos queda investigar cómo deben ser
ser aplicados los móviles
y cómo pueden ser ejecutados eficaz..
mente en la práctica» (pág. 105). En primer lugar, señala que
«los manejadores no son corrientemente hombres de pensamien­
to, sino hombres de acción. Son
poco clarividentes, pues la cla­
rividencia los conduciría a la inacción y la duda» (pág. 106),
aunque, esd sí, «la autoridad de los conductores de masas
es
muy despótica» (pág. 108).
Los instrumentos de la manipulación son «las imágenes, las
palabras
y los fórmulas» (pág. 90), que, cuando son adecuada­
mente utilizados, consiguen alcanzar el fin perseguido. Respecto
a las imágenes -la imagen no transmite nunca razones, sino sus·
cita sentimientos-, recordemos aquí en España, antes del cambio
democráticd, la larga campaña continuada
de un conocido perió­
dico liberal-conservador que por medio de chistes de un excelente
dibujante, preparó las mentes de sus lectores propiciando el
cam­
bio. Se fundaban en tres tipos de personajes: Gundisalvo, his­
trión medieval en el tiempo presente; los «hombres-torre», re­
presentación gráfica del inmovilismo y, finalmente, las beatas
enlutadas, con rosario
y mantilla siempre, descalificadoras de la
tradición religiosa por medio del ridículo
Más estudiado es
el tema del lenguaje. Aquí veremos la teo­
ría
de la manipulación de la mano del profesor A. López Quín­
tás (36 ), para luego pasar a algún hecho acaecido. Dice L. Quin­
tás: «La acción política y religiosa, así como la propaganda de
todo orden,
se valen del lenguaje como un arma sutil, aparente­
mente inofensiva, pero terriblemente eficaz, para convencer y
(36) A. LóPEZ QuINTÁs, «Estrategia del lenguaje y manipulación del
hombre», Narcea, 1979; páginas como siempre entre paréntesis en el texto.
107
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ANTONIO SEGURA FERNS .
vencer . . . En épocas ele exaltación dialéctico-verbal como la pre­
sente, con sus poderosos medios de comunicación, hay que aten­
der, más todavía que a la estrategia política, militar y económica,
a la estrategia del lenguaje (pág. 141)
... El lenguaje, además, de
elaborar los términos correspondientes, configura el esquema
su­
¡eto-objeto. En el análisis posterior de la realidad, el hombre
cuya atención vaya causada
por este esquema tenderá a ver la
relación hombre-entorno (recordar a Lersch, A. S.) de uno modo
lineal-causalista mouodireccional
... Heidegger se percató de este
esquema como unido funcionalmente a los esquemas interior-ex­
terior, dentro-fuera, inmanencia-transcendencia (pág. 142) ... En
el lenguaje alienta un dinamismo soterrado de gran eficiencia que
puede ser utilizado para fines ideológicos con sólo conocer cier­
tas leyes
de la comunicación y de la psicología de los hombres
y de las comunidades» (pág. 143 ).
La segunda parte de la obra de López Quintás está dedicada
a los métodos prácticos de «la manipulación del hombre a tra­
vés del lenguaje» (pág. 139), presentada como «la estrategia del
lenguaje», donde el estudio de los «términos estratégicos» se hace
según esquemas en que, vgr
., «el vocablo libertad se contrapone
en muchos casos a
su¡eci6n-encierro. Se forman así los esquemas
libertad-encierro
y libertad-limitación» (pág. 145) o los «esque­
mas estratégicos»
en que vemos que «dos términos cambio y
pro gr eso se cargan de valor estratégico . . . que se afirman y acre­
cientan al insertar dichos vocablos en estos esquemas (pág. 148):
progreso-regreso
y progreso'detención; cambio-estancamiento y
cambio-retroceso (pág. 149).
Por eso, «los equívocos provocados
por la superposición ilegítima de esquemas
se provocan en cade­
na a medida que unos esquemas se conectan con otros» (pág. 150).
Por ejemplo: cambio-estancamiento y progreso-regreso, originan
esta cadena de oposiciones: reforma-inmovilismo; nuevo-viejo ;
moderno-antiguo; insólito-consabido; actual-pasado, etc.
También estudia los «planteamientos estratégicos»
(pág. 151):
a) planteamiento cou respuesta predeterminada; b) planteamiento
unilateral;
c) planteamiento no matizado, de este modo «la astu­
cia en el planteamiento estratégico de las cuestiones ejerce un
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PSICOLOGIA DE MASAS Y MANIPULACION POLITICA.
papel dominador en la dialéctica del diálogo y la controversia»
(pág. 153), de tal modo que aceptar ciertos propuestas de
en­
cuentro equivale a perder o ganar las batallas dialécticas. Tam­
bién hay «procedimientos estratégicos»: 1.0 el recurso a la mofa
{si el adversario es débil, A. S.); 2.0 el deslizamiento del discurso
(del individual
al universal y el deslizamiento del sentido); 3.0 la
valoración por contraste, presentando falsas oposiciones {
o-o -aut·
aut-en lugar de y-y). Las consecuencias de esta manipulación
son trágicas: «Al hacer un uso estratégico, manipulador, del
len·
guaje, el hombre altera y falsifica la verdadeta condición de las
cosas
y de los acontecimientos. A través de esta torsión ejerce
una forma de violencia sobre los
. demás hombres y amengua su
libettad de pensamiento y decisión» (pág. 159
): cosa que, al ma­
nipulador no le inquieta lo más mínimo.
En este sucinto repaso de la tesis de L. Quintás se comprue­
ba de una manera estructurada y racional lo que a diario vemos
en la calle. Un destacado político y politólogo actual,
A. Peyre·
fitte (37) expone así
la realidad: «El equívoco se sitóa ya en la
fase de la simple comprensión de los términos y de las cuestiones
evocadas
... Bajo el martilleo de la imagen, el equipo conceptual
del telespectador medio sigue reducido a unos centenares de
palabras (38). ¿Cómo no han de nacer equívocos de un
vocabu­
lario tan restringido? .

. . Existen dos clases de discursos que son
ambiguos: el discurso político
y el discurso amoroso (recordemos
ya lo dice Nícol. A. S.) ... El vocabulario cotidiand acarrea
asociaciones de ideas precipitadas, fundadas en la ignorancia y
for.
muladas por ella: Arabe = violador, crueldad. Judío = desean·
fianza, robo. Norteamericano = ganancias fabuldsas. Izquierda =
generosidad. Derecha = brutos sanguinarios. Policía = bebedores.
(37) A. PEYREFITTE, «Cuando la rosa se marchite», P & J, 1983,
págs. 15 y sigs.
(38) J. J. LóPEZ !BoR, en «Rebeldes», Rialp, 1966, señala en la
juventud
actual que, ftente a su m~yor capacidad de cálculo matemático,
«en cambio, en las -pruebas en que se mide la capacidad de juicio, la
amplitud_ de la comprensión a la capacidad de expresarse mediante el
lenguaje, los niveles actuales perdfan mucho puntos respecto a 1925», pá4
gina 45.
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Beneficio= aprovechados. Central nuclear= bomba atómica. De­
trás de estas asociaciones de ideas que han llegado a set instinti­
vas a fuerza de repetirse,
¡ cuánto odio, cuánto miedo r . . . ¿ Se
puede admitir que un mandato de 'x' años, gracias a un equívoco,
gracias a minoría ínfima, autoriza a provocar convulsiones defi­
nitivas en una sociedad?
¿ Se puede aceptar que una trampa se
cietre sobre un pueblo porque éste había comprendido mdit ...
Llega un momento en que el equívoco es imputable al que se
asienta sobre él, porque le resulta ventajoso. Los dirigentes ac­
tuales prolongan el equivoco, porque no podrlan disiparlo sin
renunciar a sus dogmas o al poder. A fuerza de prolongarse, el
equívoco se convierte en negativa a entender».
Todo ello ocurre porque «hay momentos en que la opinión
pública
es permeable a ciettos mensajes, incluso falsos, e impet­
meable a otros, por muy justos y verdaderos que sean .
. .
La
verdad objetiva no pasa, porque la gente no quiere oírla. La
opinión sólo retiene los razonamiento~ (¿razonamientos?, A. S.),
en pro de la tendencia del momento . . . El valor de los argumen­
tos es menos importante que su coincidencia con lo que se espe­
ra» (ibid.). Es decir, el «deseo», razonable o no, posible o impo­
sible, que dice
J. Marías.
Colofón.
Por todo esto, en la práctica de unas elecciones democráticas
reales
--e importantes, pues dicidieron quién sería el Presidente
de Estados Unidos ante Hitler y Stalin, Roosevelt o
Willkie--,
el más importante equipo disponible de sociólogos empíricos,
después de
un exhaustivo análisis de la formación del voto du­
rante
la campaña presidencial de 1940 y completada después de
la elección, escriben: «Los votantes conscientes -es decir, lds
ciudadanos flexibles e imparciales que tratan sinceramente de
examinar los pros y los contras y de estudiar las candidatos
desapasionadamente, por
el bien de toda la nación-existe casi
exclusivamente en la propaganda diferencial, en los textos de
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PSICOLOGIA DE MASAS Y MANIPULACION POL!TICA
instrucción cívica, en las películas y en la mente de algunos idea­
listas políticos.
En la vida real, prácticamente no se les encuen­
tra» (39). Esta paladina confesión, tras minuciosa investigación
imparcial de lo que realmente
«es» la praxis democrática en el
pais donde
la «vox pupuli» funciona más aceptablmente, nos
tiene que hacer reflexionar.
En efecto, hoy la realidad de la «masa» y su constitución
psicológica
se impone. En si es una situación de la posibilidad
humana
de dimitir de su carácter personal. Para el Aquinate,
caldo el hombre del «primo statu» por el pecado original
y mien­
tras está «in
via» se resiente en el cambio: «En la justicia origi­
nal, por
la cual, conforme a la equidad, se sujetaba a Dios la
razón del hombre, las facultades inferiores a la razón y el cuerpo
al alma; pero por el pecado original se perdió este equilibrio y
rectitud; porque, habiendo dejado de estar la razón sujeta a
Dios, las facultades inferiores se rebelaron contra la razón y el
cuerpo
se substrae a la obediencia del alma por la corrupción y
la muerte» (In Rom., IV. Ieee. III, r. 2). Es decir, coincide
puntualmente con
lo que dice hoy la ciencia psicológica por la
pluma de Lersch. Pero considerado el tema en si mismo,
la mo­
tivación para · la acción en el estado de masa puede llenarse de
diferentes contenidos, no todos malos considerados en si
mis­
mos, ya que nd todos los movimientos del sentimiento son per­
versos. Por ello, aun los planteamientos doctrinales
más perso­
nalizadores pueden ser asumidos por la masa bajo la forma de
sentimiento no racidnalizado, como puede ocurri,r en detertni.na·
dos movimientos patrióticos, deportivos y aun religiosos.
Aunque formalmente sean iguales, muy otra
es la considera­
ción de aquellos
movimientos de masas productos de ideologias
congruentes con la masificación
y que aquí hemos llamado «ideo­
logia masificadora», principalmente del área de la democracia
rousseauniana, más fundada en el sentimiento que en la razón y
que
es ahora la dominante. El fracaso en la praxis democrática
(39) LAZARSFELD, BERELSON, GAUDET, «El pueblo elige», Edidones,
3, 1960, pág. 152.
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de las ideologías hasta ahora vigentes, empezó en los años 60 y
acaba de tener un hito en el derribo del «muro de Berlín». Ello
ha
cristalizado en la filosofía .del «pensamiento de'hil» ( 40): «La
alternativa era: o bien
recurrir a estructuras carentes de centro
y de finalidad, desprovistas
de sujeto, o bien recorrer los cami­
nos de una subjetividad no sustancialista,
más fluida, en continuo
devenir»
(pág. 11), nos dice su promotor G. Vatrimd, «lo que
equivale a asumir una detetrninada actitud: la del que intenta
guitase por la ética de la debilidad» (pág. 16), de lo que resulta
que «la fuerza del pensamiento ya
no tiene nada que ver con los
fundamentos últimos, como tampoco
la forma que reviste seme­
jante poder
es la de un explícito principio de autoridad. Más
bien debemos buscarla en la normalidad cotidiana.
El sacerdote
y
el tirano, aunque sigan existiendo matetialmente, no tienen hoy
funci6n alguna que desempeñar. El panorama ha perdido altura»
(pág. 65), apostilla A. Rovatti.
Estarna., pues, ante la chata vi­
si6n inmanente tan apta para la masa y la masificaci6n ideol6gica.
Por eso hay que preguntarse si
la postura actual de seguir
el juego de la democracia de masas, según un esquema ideol6gico
liberal (
41 ), además de ser una traici6n intelectual al aceptar la
«prohibici6n de hacer preguntas», implica la denuncia de Pey­
refitte de que
«el equívoco es imputable al que se asienta sobre
él, porque le resulta ventajoso»: la realidad es que en los comi­
cios democráticos actuales --a los que se nos pretende impeler
por elevadas instancias
mdtales-, puede admitirse que «se vota
en libertad», sin coacción externa; pero «no se vota libremente»,
por falta de la función intelectual de la persona, vedada a la masa.
(40) G. VATTrMo-A. RovATTI eds., «El pensamiento débil», Cate­
dra, 1988, páginas en paréntesis.
(41) Ver la düerencia del sentido de la «libertad» en A. SEGURA,
Verbo, 279-280, págs. 1.339 y sigs.
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