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1990

La praxis democrática

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El coste económico de la democraci

EL COSTE ECONOMICO DE LA DEMOCRACIA
POR
GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA y VARELA
El objetivo de este foro es analizar el coste econ6mico de la
democracia. No nos referiremos aquí
al coste directo, tal co'.tno
el mantenimiento de instituciones virtualmente inútiles, como
el
actual Senado español, o al coste de las elecciones, a pesar de
la importancia de sus cifras absolutas, sino al coste indirecto.
Llamamos costes indirectos a aquéllos no generados por el
n:;antenimiento de las instituciones democráticas en sí mismas,
sino por
la actuaci6n de los gobernantes democráticos reales.
Analizaremos en las líneas que siguen
las teorías actuales sobre
el coste de la democracia, y añadiremos alguna aportaci6n perso-
. nal al debate.
El solo hecho de hablar de coste de la democracia implica
que, al menos para algunos economistas, la democracia tiene un
coste, o, dicho de otra manera,
el desarrollo econ6mico de los
países gobernados por la democracia de partidos
es inferior al
6ptimd posible. Esta es una afirmaci6n que, para los estudiosos
del tema,
es banal, como más adelante expondremos. Pero en
este foro intentaremos demostrar que, no s6lo el desarrollo
eco­
n6mico de las democracias es inferior al 6ptimo posible, sino que
es, de hecho, substancialmente menor al desarrollo obtenible
me­
diante unas instituciones de gobierno autoritarias.
Vamos a otear en primer lugar, a vuelo de pájaro,
el estado
de la cuesti6n sobre
el costo de la democracia en la literatura
especializada. El primer estudio sobre el tema se debe a W. Nordhaus, que
en 1975 public6 un artículo titulado The Political Business Cycle,
o ciclo político econ6mico. Vemos que se trata de una teoría
que data de hace tan s6lo
15 años, y que, por lo tantd, apenas
ha trascendido hasta la fecha fuera de los círculos académicos.
La tesis de Nordhaus es muy simple: en las democracias, los po­
líticos en el poder intentan modificar el ciclo econ6mico co'n el
fin de situar el 6ptimo de prosperidad en los meses anteriores a
Verbo, núm. 291-292 (1991) 219
Fundaci\363n Speiro

GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA Y VARELA
las elecciones, y tratan igualmente de concentrar las decisiones
impopulares inmediatamente después de las mismas, con el fin
de maximizar sus posibilidades de resultar reelegidos.
Esta modificación del clico económico
se realiza con indepen­
dencia de las necesidades reales de
la economía, e implica por lo
tanto
la realización de una política subóptima.
La tesis de Nordhaus ha sido muy estudiada a lo largo de
estos años, contrastándola con los datos empíricos de la mayoría
de las democracias de la OCDE. Los resultados obtenidos indi­
can que, en año de elecciones, y de forma casi general, crece el
déficit público y aumentan las transferencias del Estado hacia
lds particulares. Los efectos del ciclo político económico sobre
otras variables económicas,
tales como. el desempleo o el ritmo
de crecimiento son menores, aunque existen. Esta débil sincro­
nía del desempleo con la celebración de las elecciones se debe,
según mi interpretación, a que
se trata de una vatiable muy di­
fícil de mejorar desde el poder si no se dan unas condiciones
adecuadas en la economía real.
Uno de los ejemplos
más utilizados en contra de la teoría del
ciclo político económico
es el del gobiernd Carter en Estados
Unidos
(1976-1980), dado que las elecciones de 1980, que le
costaron la presidencia, se celebraron en plena recesión ( dismi­
nución del
O .2 % en el PIB y aumento del desempleo desde el
5.8 % de la población activa en 1979 hasta el 7 .O % en el año
1980). Hay, sin embargo, múltiples pruebas de que esta recesión
se produjo muy a pesar de las medidas del gobierno, ya que
el gasto público se incrementó extraordinariamente dicho año
(pasó del
31.7 % del PIB al 33.7 % en 1980, es decir, un in­
cremento del 2 % sobre el PIB ), y lo mismo ocurrió con el déficit
público, medido como necesidad de financiación, que
pasó de un
superávit del
0.5 % sobre el PIB en 1979 a un déficit del 1.3 %
en 1980.
En resumen, podrlamds decir que la teoría del ciclo econó­
mico de Nordhaus sostiene que los gobiernos democráticos
in­
tentan modificar el ciclo económico con el fin de presentar el
panorama·
más halagüeño posible en el momentd de las eleccio-·
nes, aunque ello implique una política económica ineficiente a
medio y largo plazo. Esta
alteración politica del ciclo econó­
mico aparece con mayor nitidez en aquellas variables más fácil­
mente controlables por el poder, como son, por ejemplo, el
gasto
público
o las transferencias personales, y tiende por el contratio
a difuminarse en aspectos más tercamente ligados a la realidad,
como son
el nivel de desempleo o el crecimiento económico:
220
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EL COSTE ECONOMICO DE LA DEMOCRACIA
Una de las pruebas más contundentes de la tesis de Nordbaus
es que apenas existen casos históricos de subidas de impuestos
en año de elecciones. Una de las escasísimas excepciones ha sido
la reciente
de Estados Unidos, en la cual, y a pocas fechas de
las elecciones legislativas, el Presidente Bush, tras un pacto con
el partido en la oposición, y acuciado por la inevitabilidad de la
medida, decidió subir los impuestos.
El coste que esta medida ha tenido sobre la imagen popu­
lar de Bush y su partido ha sido tan considerable que podemos
concluir que, a efectos prácticos, se seguirá manteniendo la regla
de no subir
los impuestos en afio de elecciones con total inde­
pendencia de su conveniencia en términos económicos. El aún
más reciente ejemplo de la retirada del nuevo catastro en España
a escasos meses de las elecciones municipales
es un caso, particu­
lar de la misma regla, común a todas las democtacias actuales:
los impuestos son resistentes al alza en
año de elecciones. Esta es
una limitación considerable en términos de política económica,
y conduce necesariamente a actuaciones sub6ptimas.
Después de Nordhaus, han aparecido teorías adicionales sobre
el coste de la democtacia. La más conocida es la de D. Hibbs,
enunciada en 1977, que sostiene que
los partidos tienen prejui­
cios sobre la política económica más adecuada, y, por lo tanto,
gobiernan de forma sesgada
-es decir, sub6ptima-. De acuer­
do con Hibbs, los partidos de izquierdas prefieren disminuir el
desempleo a costa de aumentar la inflación, en tanto que los par­
tidos conservadores
se inclinan por lo contrario.
Las teorías de Nordhaus y de Hibbs no son mutuamente ex­
cluyentes, como han señalado Frey y Schneider (1978), y de he­
chd se han recogido datos experimentales en apoyo de ambas.
El desarrollo de la teoría de Hibbs, que llamaremos «parti­
dista», ha sido realizado sobre todo por
A. Alesina, a partir de
1987.
En un artículo pnblicado en 1989 el propio Alesina aporta
importantes pruebas en apoyo de la hipótesis partidista de Hibbs,
a la vez que la modifica parcialmente. Las tesis de Alesina son
las siguientes:
En primer lugar, el comportamiento de un gobierno demo­
crático en los primeros años tras su elección ( el plazo varía,
pero
suele ser hasta de dos y tres afias) tiene un muy fuerte sesgo
partidista. Tanto el desempleo,
como la inflación, como el creci­
miento del PIB están muy correlacionados con la ideología del
partido en
el poder.
En segundo lugar, y una vez transcurridos los años mencio-
221
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GON~ALO FERNA.NDEZ DE LA MORA Y V ARELA
nados, nd es posible probar una componente ideológica en la
política económica de los gobiernos. Dicho de otta manera, una
vez enfrentados a
la realidad, los gobiernos, tanto de derechas
como de izquierdas, gobiernan
de la misma forma.
En tercer lugar, Alesina introduce una nueva tesis, nd rela­
cionada con Hibbs y que más adelante examinaremos, asociando
la estabilidad política con
la eficiencia económica.
El análisis de Alesina sobre el coste económico de los pri­
meros años de gobierno ttas un
cambio del partido--o coalición
de
partidos--en el poder, es contundente. Se basa en los datos
de inflación, desempleo e incremento del PIB diferenciales dis­
ponibles para 12 países de
la OCDE, entte los años 1968 y 1986.
Datos diferenciales son aquellos de cada país en relación con
el
promedio de la OCDE.
Segdn sus resultados, únicamente los Países Bajos no se
han comportado de acuerdo con la teoría partidista duranre
los primeros años ttas un cambio del partido gobernante. Exclu­
yendo a este país, de los
3 3 cambios de régimen analizados, todos
menos dos se ajustan al modelo partidista. Algunos de ellos,
como, por ejemplo,
el gobierno de Mitterrand entte 1981 y 1983
son apodícticos: en medio de una recesión mundial, el gobierno
francés aplicó políticas expansionistas, que naturalmenre al cabo
de dos años tuvieron que ser modificadas en sentido restrictivo,
y que han llevado a Francia a crecer entte 1983 y 1987 un 3.5 %
menos que el promedio de la CEE, en tanto que eutte 1975 y
1980 (los socialistas llegaron
al poder en mayo de 1982), es de­
cir, en los cinco años anteriores, había crecido ligeramente por
encima de
la media de la CEE. Francia ha tenido que esperar
hasta 1990, para, por fin, tener un incremento del PIB ligerísi­
mamente superior a la media del Mercado
Común.
Como acotación al margen, hay que señalar que el gobierno
socialista español, que llegó
al poder en 1982, y que no fue
analizado por Alesina, hubiera constituido una excepción a
la
teoría partidista, ya que en sus primeros años el PSOE consideró
la inflación su objetivo prioritario, y no modificó dicho objetivo
a pesar de un incremento espectacular del desempleo.
De hecho,
y si aceptamos la hipótesis de Alesina, a saber, que la ideología
de un gobierno
se refleja en su comportamiento respecto al em­
pleo y la inflación durante sus primeros años de mandato, la
conclusión sería inesperada.
Veamos
los datos:
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EL COSTE ECONOMICO DE LA DEMOCRACIA
Tabla 1.-Primeros años de gobierno del PSOE
Inflaci6n diferencial Desempleo diferencial
2 años tras 3 años ttas 2 años tras 3 años tras
las elecciones las elecciones las elecciones las elecciones
Reagan, .. -22 -2.6 0.2 -0.3
Thatcher ... -2.3 -2.9 32 3.3
PSOE .... -0.5 -2.3 4.4 5.9
Vemos, por tanto, que el PSOE consiguió, al cabo de tres
años de gobierno, una disminución
de la inflación similar a la
obtenida por las políticas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher;
vemos asimismo que estuvo dispuesto a pagar por ello un coste
en términos de desempleo considerablemente más alto que cnal­
quier otro gobierno estudiado por Alesina ( se estudian
3 3, de
12 países). Como comentario adicional, hay que hacer notar que
ningún gobierno socialista, de entre los estudiados por Alesina,
consideró
la inflación como el problema básico durante sus pri­
meros años de mandato. El comportamiento del PSOE se
nos
aparece, pues, desde el punto de vista económico, como radical­
mente «partidista de derechas» dentro de la terminología de Ale­
sina. Esta es una de las más sorprendentes paradojas de la II Res­
tauración española.
Resumiendo, tenemos, en la bibliografía actual, dos teorías
sobre el coste económico de
la democracia; una, que fue pionera
y debida a Nordhaus, pone
el acento en los ciclos electorales. La
segunda, original de Hibbs, se centra en el carácter partidista de
los gobiernos. Ambas cuentan con un amplio apoyo factual, en
especial la de Hibbs cuando se circunscribe a los primeros años
de mandato.
Desafortunadamente, ninguna de estas teorías ha generado
una medida o cnantificación del coste de la democracia. Se
limitan a señalar que
se producen políticas económicas subópti­
mas, cuyo coste debe ser de una magnitud apreciable, ya que sus
consecuencias son evidentes en variables tales como la inflación
o
el desempleo, pero el mundo académico no ha propuesto toda­
vía un método para medir las ineficiencias generadas.
Por el contrario, sí
se ha propuesto recientemente una medida
de la eficacia económica de un país en función de parámetros
pura­
mente políticos. Esta medida está relacionada con la tesis núme-
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GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA Y VARELA
ro tres de Alesina que mencioné previamente. Dicha tesis es la
siguiente: los países políticamente inestables y polatizados
re­
gistran resulrados económicos relativamente pobres. Se han pre­
sentado dos
argumentos para explicar el porqué de dichos malos
resultados económicos.
El primero, debidd a Roubini y Sachs
( 1988
), pone el acento sobre el efecto negativo causado por go­
biernos de coalición, debido a dificultades en la toma de acuer­
dos, particularmente en
el casd de políticas económicas duras.
El segundo es una extensión de la teoría de Hibbs, y afirma que,
en
países polarizados, los partidos que se turnan en el poder
adoptan políticas partidistas con mayor sesgo que en los países
estables, generando, por lo tanto, costes mayores.
Alesina, en el mencionado articulo de 1989, hace una fusión
e interpretación de los datos disponibles .para los países de la
OCDE. A tal fin, utiliza una serie
de datos políticos que son los
siguientes:
-Indice de Roubini y Sachs, que mide la estabilidad polí­
tica del gobierno.
Su clasificación recoge las siguientes categorías:
gobierno con mayoría parlamentaria de un partido ; gobierno de
coalición de dos partidos ; gobierno de colación de tres o
más
partidos; gobierno con minoría parlamentaria.
-Existencia o no de gobierno autoritario durante el perío­
do en estudio.
-Si han tenido lugar o no elecciones en fechas diferentes
de las habituales por motivos
políticos.
-
Si existe un partido comunista significativo.
-Si existe un partido significativo de extrema derecha.
-Si existen conflictos étnicos o regionales.
-Si ha habido o no alternancia de gobierno.
Con
la suma de tales datos políticos, y para los alíos de 1973
a 1986, Alesina construye una clasificación de países en función
de su estabilidad política, que viene reflejada en la segunda
columna
del cuadro número 2, y que refleja en un número del
1 al 4, significando
el 1 estabilidad máxima y el 4 estabilidad
mínima.
A continuación Alesina compara
el índice de estabilidad po­
lítica, que acaba de crear, con el índice de miseria de Ohm, que
es la suma de la inflación más el desempleo ; presupone que dicho
índice
es un reflejo de los resultados económicos ; observa que
el índice de
Ohm y el de estabilidad política están muy corre­
lacionados, y concluye con la
teoría que expusimos al principio:
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EL COSTE ECONOMICO DE LA DEMOCRACIA
los países políticamente inestables y polarizados registran resul­
tados económicos pobres.
Hasta aquí, la tesis de Alesina, que es muy importante para
n laciona el sistema político con los resultados económicos.
V
amos a analizar en detalle esta tesis. En primer lugar, y sin
entrar en el fondo de por qué Alesina ha elegido los indicado­
res políticos que hemos reseñado, considero que los valores que
ha asignado son, en una cierta medida, arbitrarios, o incluso sen­
cillamente erróneos. Limitándonos a algunos ejemplos, Alesina
cree que en España existe un partido de extrema derecha, en tanto
que no lo ve en
Alemania Federal; o que en Estados Unidos no
existen conflictos

étnicos ; o que en Francia no hay problemas
regionales (Córcega).
Analizando algo
más de cerca los indicadores políticos selec­
cionados por Alesina, resaltan dos hechos básicos; por una parte,
A!esina afirma que la existencia de un gobierno autoritario
es
signo de inestabilidad política. De hecho, este indicador es el que
más peso recibe de entre los utilizad índice.
Por otra parte, no se incluye ningún factor que tenga en
cuenta la radicalización de
los partidos que alternan en el poder.
Desde mi punto de vista, la existencia de un gobierno autoritario
no implica inestabilidad política, sino
todo lo contrario; en lo
que sí podría coincidir con
· Alesina es en que el cambio de ins­
tituciones políticas, por ejemplo de' un gobierno autoritario a
otro democrático es un signo claro de inestabilidad. En cuanto a
la radicalización de los partidos, el propio Alesina señala que
es
un indicador fiable en el caso concreto del Reino Unido; no se
comprende por qué no lo ha utilizado.
Pero la crítica fundamental a
la teoría de Alesina no está
relacionada con su índice de estabilidad; de hecho, su clasifi­
cación, aunque admite mejoras (por ejemplo, llega a la
ext.ra­
ordinaria conclusión de que Dinarmarca es un país políticamente
inestable),
es globalmente adecuada. En lo que sigue, yo voy
a darla por buena.
El problema fundamental de Alesina es
que asimila el índice de Okun (inflación más desempleo) con los
resultados económicos.
Si hubiéramos utilizado el índice univer­
salmente admitido para medir
los resultados económicos, a saber,
el crecimiento del PIB,
los resultados hubieran sido muy otros.
En la tabla 3 presento los mismos datos que en
la tabla 2, pero
ordenados en función del crecimiento del PIB. Lo primero que
salta a la vista en la tabla 3
es que los tres países con resultados
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GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA. Y VARELA
económicos más pobres. -R~d Unido, Suecia y Suiza, por este
orden-sean de los más estables del mundo. También resalta
que
un país como Portugal, clasificado como de inestabilidad
máxima,
sea el quinto por orden de crecimiento. Si vemos la
tabla 3 gldbalmente, los 10 países .con mayor crecimiento tienen
un índice de inestabilidad total
igual a la de los 1 O países con
menor crecimiento (25
vs 25), y, por Jo tanto, concluimos que
la estabilidad política
_no está relacionada en modo alguno, ni
positiva ni negativamente, eón los resultados económicos.
Tabla 2~Inflaci6n, desempleo e inestabilidad pol/tica (1973-1986)
Indice de
País Indice de Estabilidad Incremento
Miseria Polltica PIB
EsPAÑ'A ... ... ... . .. ... 24.9 4 2.6
PORTUGAL ... ... ... ... ND 4 3.6
GRECIA ... ... ... ... .. . ND 4 2.8
ITALIA ... ... ... ... ... 21.8
4 3.1
BÉLGICA ... ... .. . ... ... 18.8 3 2.4
REINO UNIDO ... ... ... 18.8 2
2.1
CANADÁ ... ... .. . ... ... ... 16.3 2 4.5
DINAMARCA ... ... ... . .. .. . 16.0
3 2.2
AusTRALlA ... ... ... ... 15.9
2 3.2
FRANCIA ... ... ... ... 15.7 3 2.7
FINLANDIA ... ·-· ... 14.6 2 3.7
NuEVA 2ELANDA 14.2 2 2.2
EsTADOS UNIDOS .14.1 2
3.0
PAÍSES' BAJOS ... 13.3 3 2.6
SUECIA ... ... . .. · 11.1
2 1.0
NORUEGA ... ... -··· 10.1 2
5.5
Ar.E.MANIA ... ... ... 9.8 2
2.3
]APÓN ... ... . .. . .. 85 1 5.2
AUSTRIA ... 8.3 2 2.9
SUIZA ... ... ... ... . .. . .. 4.6 1 1.2
Fuente: · ALBERTO ÁLESINA, .Politics and business cycles in industrial dem cracies, 1989.
Nota: Indice de miseria de Okun-= Inflaci6n + Desempleo.
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EL· COSTE ECONOMICO DE LA DEMOCRACIA
Tabla 3.-Incremento del PIB e inestabilidad pol!tica (1973-1986)
Indice de
País Indice de Estabilidad Incremento
Miseria .Política PIB
NORUEGA ... ". 10,1
2 55
JAPÓN "' "' "' 85 1 5.2
CANADÁ"' " . ... ... ... 16.3
2 45
FINLANDIA "' "' . " ... 14.6 2 3.7
PORTUGAL ... ... "' ... ND 4 3.6
AUSTRALIA "' "' "' "' 15.9 2 3.2
ITALIA ... "' "' .. . ... 21.8
4 3.1
EsTADOS UNIDOS ... ... 14.1 2
3.0
AUSTRIA ... ... "' . " ... ... 8.3 2 2.9
GRECIA "' . " ... "' "' ND 4 2.8
FRANCIA "' "' . " ... 15.7 3 2.7
EsPAÑA ... ... ... ... ... 24.9
4 2.6
PAlsES BAJOS "' ... ... 13.3 3 2.6
BÉLGICA ... "' "' "' "' 18.8
3 2.4
ALEMANIA ... ... ... "' 9.8
2 2.3
DINAMARCA ... ... ... ... . " 16.0 3 2.2
NUEVA
ZELANDA . " ... 14.2 2 2.2
REINO UNIDO ... ... 18.8 2 2.1
SUIZA ... ... ... ... 4.6 1 1.2
SUECIA ... ... "' "' 11.1 2 2.0
En resumen, tenemos dos teorías -la de los ciclos políticos
económicos y la partidista-que afitman que, en un régimen
donde el gobierno se elige por sufragio, la influencia de la políc
tica sobre la economía· conduce a una gestión económica subóp,:
tima.
Por otra patte, la única teoría presentada hasta la fecha pata
cuantificar, aun cuando fuera someramente, el efecto de la política
sobre
la economía -a mayor inestabilidad pol!tica, mayor cos'
te--no viene confirmada por 'los hechos.
Por lo tanto, si queremos cuantificar el coste de la democra.
cia, debemos olvidarnos de la literatura citada y realizar el estudio·
desde cero.
Las preguntas básicas son las. siguientes: si la democracia tie­
ne un coste, tesis . que ·nadie niega ya,. ¿ no sería más eficaz ·un
gobierno autoritario que otro democrático,· desde ·el punto de·
vista económico? ¿ Y cuánto más eficaz sería? · ·
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GONZALO FERNANDEZ DE LA MORA Y VARELA
A primera vista, parece como si las democracias ofrecieran
una ventaja considerable. Los países más desarrollados del mun­
do, con alguna excepci6n
filcilmente explicable, como Kuwait,
son todos. democráticos. Sin embargo, algunas dudas
se presentan
en cuanto ahondamos algo más: las mayores tasas de crecimiento
del PIB que
se han documentado, desde la Alemania de Hitler
hasta
el J ap6n de la era Meiji, pasando por los primeros planes
quinquenales
de Stalin, se han conseguido por gobiernos autori­
tarios.
Si nos limitamos a la época de postguerra, y con la notable
excepci6n de Jap6n, lds países de mayor crecimiento del mundo
han tenido todos ellos gobiernos autoritarios: España -en la
era
de Franco-, Taiwan, Corea del Sur, Singapur y Brasil. Estos
hechos
nos hacen pensar que el problema no es tan simple, y
requiere un análisis
más detallado.
Con el fin de contestar a nuestra pregunta, hemos elegido la
prueba, a nuestro juicio,
más objetiva posible: comparar un pais
consigo mismo, poniendo frente a frente sus etapas democráticas
y autoritarias. De esta manera, evitamos el· sesgo inherente a cual­
quier comparaci6n entre paises diferentes. Por ejemplo, aunque
la España de Franco
se desarrollaba más rápidamente que la Fran­
cia de De Gaulle o de Pompidou,
no se puede concluir de ello
la superioridad del régimen autoritario. El motivo puede
ser't!luy
otro, desde la supetior inteligencia O laboriosidad de nuestras
compatriotas, hasta una falta de materias primas en el vecino país.
Pero si comparamos la España de Franco con la de la monarquía
actual, no caben dichas explicaciones,
ya que la única diferencia
básica son
las instituciones y quienes las dirigen.
· Con el fin de hacer la comparaci6n aún más exacta, hemos
calculado el crecimiento econ6mico diferencial de cada país, no
el absoluto, con el fin de separar la gesri6n
p<>litica interna del
contexto internacional. Por volver
al caso español, no sería ob­
jetivo comparar el crecimiento del PIB en el año 1972 (8.1 % )
con el del año 1979 (0.2 % ), ya que en el primer caso la situaci6n
mundial era mucho
más expansiva. Pero si sería un dato signifi­
cativo saber que España,
en 1972 creci6 un 3.8 % más que los
paises europeos de la OCDE, en tanto que en 1979 creci6 -es
un decir--un 3.2 % menos. Y, finalmente, hemos tomado datos
sobre
21 años, de 1967 a 1987, de forma que se cumplieran las
siguientes condiciones:
que un número suficientemente alto de
países hubiera cambiado dé régimen, por úna parte, y p<>r otra,
que
el número de años trans,:urridos en cada sitúaci6n institucio­
nal fuera lo suficientemente alto como para obtener cifras signi-
ficativas.
·
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EL COSTE ECONOMICO DE LA DEMOCRACIA
Los países analizados han sido los siguientes:
En Europa, los tres que han tenido un cambio institucional
entre 1967 y 1987: España, Grecia
y Portugal.
En
el resto del mundo, el único ámbito donde ha habido un
número significativo de países con un cambio de régimen polí­
tico ha sido Hispanoamérica. La evolución de la Europa del Este
es demasiado joven como para poder extraer conclusiones, y en
el caso de países de descolonización reciente, como pudiera ser
Guinea Ecuatorial, ni las estadísticas económicas son fiables, ni
las etapas democráticas son creíbles.
Los países que hemos retenido en Hispanoamérica han sido to­
dos aquellos con una población superior a los 4 millones de habi­
tantes y al menos un cambio institucional en
el período de referen­
cia: son Argehtina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay.
Con este conjunto de nueve países, tres europeos y seis hispa­
noamericanos, hemos procedido de acuerdo a la siguiente meto­
dología:
-En primer lugar, hemos calculado el incremento del PIB
año a año, entre 1967 a 1987.
-En segundo lugar, hemos calculado, para cada país, y año a
año, el crecimiento diferencial respecto a
los países de su entorno.
En el caso europeo, el entorno ha venido dado por el crecimien­
to promedio de los países europeos de la OCDE, y en
el caso de
Hispanoamérica, por lo que el Banco Mundial denomina «América
Latina y Caribe», que coincide, con menos de un 1 % de
error;
con Hispanoamérica.
-En tercer lugar, hemos señalado, para cada país, los años
de cambio institucional. Estos
han sido:
En España, 1978, que corresponde al cambio de Constitución.
En Portugal, 1974, año de
la sublevación militar que la pren­
sa prodemocrática denominó «Revolución de los claveles».
En Grecia, 196 7, cuando tuvo lugar la toma del poder por
el general Giorgio Papadopoulos,
y 1975, fecha de la nueva Cons­
titución democrática.
En Argentina, hubo régimen democrático entre 1973,
fecha
de las elecciones que ganó Cámpora, y 1976, año de inicio del
régimen autoritario, que
llegó de la mano del general Rafael Vi­
dela. En 1983 retornó la democracia, con Alfonsín.
En Bolivia,
se inicia el régimen democrático a partir de 1966,
fecha de las elecciones' que llevaron al poder a René
Barriéntos.
En 1969 retorna el régimen autoritario, con la toma del podér
por Ovando Gandia. En 1982 se reanuda la democracia, al tomar
pósesión Silos Zuazo, elgido dos años antes.
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(;ONZALO ·FERNANDEZ DE LA· MORA Y VAR-BLA
En Chile, democracia . ( dejemos entre paréntesis la semidicta­
dura frentepopulista de Allende) hasta la llegada al poder del
ge­
neral Augusto Pinochet, en 197 3, que mantiene el régimen auto­
ritario
hasta el final del período en estudio.
En Ecuador, régimen autoritario hasta 1979, en que se cele-
bran elecciones. . . .
En Perú, democracia hasta 1968, en que el general Juan Ve­
lasco Alvarado instaura el régimen autoritario, que termina en
1980 con la convocatoria
de elecciones.
· En Uruguay, democracia hasta la toma del poder por Alberto
Demicheli en 1976. En 1985, vuelve
el régimen democrático con
Sanguinetti.
-En cuarto lugar, hemos calculado, para cada país, su cre­
cimiento diferencial medio anual durante las etapas democrática
y autoritaria. El año de cambio de régimen se ha considerado
tierra de nadie.
Tabla 4.-Crecimiento diferencial periodos autoritariQIS VS democráticos
(en % PIB anual)
Período Período
Países
Autoritario Democrático Diferencia
ARGENTINA ... ... ... ... .. . -2.6 -2.1 -0.5
C,m.B ... ... ... ... ... ... -0.9 -2.9 2.0
URUGUAY ... ... ... ... ... ... -2.4 -7.8 5.4
BOLIVIA ... ... ... ... -2.1 -2.4 0.3
PERÚ ... ... .. . ... ... ... -2.1 -0.6 -1.5
EcuADOR ... ... ... ... 2.8 -0.6 3.4
GRECIA ... ... ... . .. 1,7 -0.1 1.6
PORTUGAL ... ... ... .. . 2.0 0.5 1.5
EsPAÑA ... ... ... ... ... 1.2 -0.2 1.4
TOTAL ... ... ... .. . ... ....... '-0.4 -1.7 1.3
El
resultado de este cálculo está en la tabla 4, así como el
promedio de los nueve países analizados. Según es fácil observar,
de los nueve países, siete
han tenido un crecimento económico
sUperior durante su etapa: autoritaria. Las únicas excepciones son
Argentina y Perú. El caso de Perú es fácil de explicar, ya que
la suerte de este país depende en enorme medida del precio del
petroleo, y su régimen democrático tuvo la suerte de recoger
los
dividendos de la subida. Lo mismo ha acontecido en Ecua­
dor, con la diferencia de que el régimen en éste último país era
entonces autoritario, y
no ·se refleja por lo tanto como excepción.
Debido a este factor, Ecuador
creció 3 .4 puntos anuales más du-
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EL COSTE ECONOMJCO DE LA DEMOCRACIA
rante su etapa autoritaria que con 1i democracia, que es la segun­
da
mayor diferencia recogida en, este estudio. Explicada la anoma­
lía del Perú, el caso de Argentina
es más complejo. Las cifras
indican que, en promedio, el régimen democrático funcionó,
des­
de el punto ae vista económico, mejor que el autoritario. Es posi­
ble que la guerra de las Malvinas ;epresentara un esfuerzo
exce­
sivo para una nación exhausta, pero, en todo caso, hay que señalar
que la excepción se mantiene.
Una observación algo más detallada de la tabla 4 muestra
que todos los países hispanoamericanos en ella representados, con
la excepción de Ecuador
--efecto petróleo----, crecieron siempre
por debajo de la media
hispanoanil'ticana, tanto en sus etapas de­
mocráticas como autoritarias. · Este pobre comportamiento podría
parecer una confirmación de
la tesis ya mencionada de Alesina,
que a mayor inestabilidad política asigna menor crecimiento
eco­
nómico. Y, de· acuerdo ·con los-criterios de Alesina, que considera
que un gobierno autoritario es clara señal de inestabilidad, todos
los países mencionados serían inestables. La explicación, sin
em­
bargo, es mucho más simple. El crecimiento medio de Iberoamé­
rica en dichos años estuvo fuertemente sesgado hacia arriba
de­
bido a la presencia de Brasil, que fue, simultáneamente, el país
más poblado de la región y el de desarrollo más rápido. Recor­
demos que Brasil en aquellos años disfrutaba de
un régimen auto­
ritario, y según la teoría de la inestabilidad política, debería ha­
ber tenido un crecimiento pobre.
Volviendo a
la tabla 4, observamos que, en promedio, los
gobiernos autoritarios
consiguieron que sus países se desarro­
llaran un 1.3 % al año más rápidamente que durante los períodos
democráticos. Este
valor es la medida aproximada del coste de la democra­
cia,
es decir, de la influencia negativa que la política tiene sobre
la economía en los países democráticos. Para
aquellos que pien­
sen que se trata de una cifra minúscula, bastará un ejemplo: si
España hubiera
crecido, desde la reinstauración de la monarquía,
en
1975, un 1.3 % al año más rápidamente de lo que lo ha hecho,
en estas fechas tendríamos un nivel
· de vida casi igual al de
I
talla, recuperandd un retraso económico que se acortó durante
la era de Franco.
Resumiendo, está universalmente admitido que la democracia
tiene
un coste importante. En este pequeño trabajo propongo
una medida de dicho coste, basada en datos empíricos:
si los
.
gobiernos democráticos se hubieran substituido por otros auto­
ritarios, el crecimiento económico hubiera sido, cada año, un
1.3 % mayor.
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