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La primera evangelización del Perú. (El protagonismo de los laicos)

LA PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU (*)
(El . protagonismo _de _ los laicos)
POR
JosÉ ANTONIO BENITO (**)
INTRODUCCIÓN:
La Evangelización fundánte de ayer, clave de la Nueva
Evangelización del Perú actual
Si entendemos la histotia como «un diálogo permanente entre
el 'ayer' y el 'hoy' siri olvidar el mañana» ( 1) ron proyección de
futuro (Reglá), nos aproximaremos
a la «evangelización fundante»
de Perú ron la seguridad plena de que nos será de gran utilidad
para
el aquí y ahora el que nos desenvolvemos. As! lo afirma
recientemente la propia Conferencia Episcopal Perua!)ll:
«La primera evangelización tiene una importancia cons­
tituyente para la Iglesia en nuestra patria y también para el
(*) Los concilios se citan con la abreviatura C (Concilio) 3 (Tercero)
L (ümense), C3L. 1.os· sínodos van señalados con el año de su celebración.
(Sínodo de 1582). En números romanos se indica la primera división del
documento y en ara'bigo la siguiente. , . . .
Los cinco concilios limenses ClL (1551-1552), C2L (1567-8), C3L (1582-3),
C4L
(1.591), C5L (1601), en Rubén VARciAs UGARTE Concilios limenses, t. I
(Lima, 1951).
·
Los sínodos de 1582, 1584, 1585, 1586, 1588, 1590, 1592, 1594, 1596,
1598, 1602, 1604, en
Slnódos diocesanos de Santo Toribio (1582-1604) (Cuer­
navaca, CIDOC, Fuentes 1, 1970).
(**) Asociaci6n Espalíola de Americanistas. Universidad de Valladolid.
(1) J. REGLA: Introducción a la historia (Barcelona, Teide, 1978), Pr6-'
logo.
Verbo, núm. 319-320 (1993), 1137-1179 1137
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JOSE ANTONIO BENITO
Perú mismo [ ... ] . La fe católica ha acompañado en todo
momento
la formación de nuestros pueblos latinoamericanos,
y del Perú en particular, constituyendo
un elemento funda­
mental de nuestro ser nacional, como lo reconoce la misma
Constitución Política del Perú en su artículo 86 [ ... ] inspi­
rada en el impulso de
Trento,· proporcionaJa clave pata en­
tender
la manera de asumir y de vivir la fe en el Perú de
hoy. La forma· como se Ia llevó · a cabo nos da valiosas leccio­
nes para la Nueva Evangelización que intentamos reali-
zar» (2).
·
Como cuidadosamente deslinda Pedro Morandé hemos de su­
perar la trampa de la «pretendida identidad entre la historia
de
nuestros pueblos y la historia· de ntiestros estados nacionales» ( 3)
y qµe «representa el olvido de la memoria histórica del barroco
y de la síntesis cultural mestiza forjada desde
la primera evange­
lización de nuestros pueblos».
Descle el momento en que un cris­
tiano aparece en la tierra· peruana ( 1524, año de
la primera explo­
ración) podemos decir que
se inicia la evangelización o predicación
del Evangelio a todos los pueblos asentaclos en
el T ahuantisuyu
(Eucuador, Perú, Bolivia, Chile, parte de Argentina y Colombia:
unos 7 .000.000
km' -unas 17 Españas-, y una población de
9.000.000 de habitantes) hasta 1606, fecha de la muerte de Santo
Toribio, podemos acotar nuestro estudio.
En este período queda
establecida
la «nueva cristiandad de las Indias» en feliz expre­
sión del santo arzobispo ( 4
). Abarca tanto a los indígenas todavía
paganos cómo a los convertidos, hispano-criollos, negros y mestizos.
Nosotros, lo haremos desde un punto de vista especial. Sin
abandonar el análisis clásico de Lopetegui, Fernando de Armas
Medina o
R. Vargas Ugarte, nos fijaremos especialmente en el
papel de los laicos «hombres de Iglesia en el corazón del mundo
y hombres del mundo en el corazón de la lglesia», como los define
bellamente la Conferencia de Puebla.
(2) PLAN PASTORAL: Orientaciones para una nueva e1)(Jngelizaci6n (Lima,.
Conferencia Episcopal Peruana, 1990), págs. 6-7.
(3) P. MoRANDE: Iglesia y Cultura en Am4rica Latina (Lima, Vida y
Eapiritualidad, 1990), pág. 50.
(4) Primer folio del Manuscrito del
C3L. Archivo de El Escorial, d-IV-8_
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LA PRIMERA BVANGELJZACJON DE PERU
I. Dos MUNDOS. DISTINTOS
l. El Tahuantinsuyu.
El antiguo imperio de los incas representaba una realidad geo­
gráfica amplísima. Estaba formado por las cuatro regiones surgi0
das como consecuencia de la ampliación hacia el ámbito circun­
cuzqueño de la capital imperial, Cuzco, de acuerdo
con la división
solar. Hacia el NW,
el gran Chinchaisuyu; al E, el Antisuyu, zona
selvática ; al
S, el Collasuyu, en torno al Lago Titicaca (proyectado
hasta los
35 grados Sur) y el Cuntisuyu, zona de la costa hacia el
poniente. Esta unidad geopolítica estaba formada por un mosaico
de etnias y culturas que, aunque
se vieron sometidas por el control
incaico, mantuvieron
vivas sus propias tradiciones. M. C. Bravo
profundiza en su organización: ·
«Todos estos pueblos estuvieron sometidos al control
político del Cuzco,
absolutame11-te .centralizador, al poder
autocrático del Inca, mediante una fuerza militar coactiva,
pero también mediante un sistema de control económico que
hacía prácticamente imprescindible para todos estos pueblos,
en muchas ocasiones, aceptar
ese control centralizador y
autocrático» (5).
F. Armas señala dos notas del
Incario: .la religiosa y la estatal.
La base de la primera lo
constituía el «ayllu» . o grupo con sus
divinidades propias o totems, sobre
los. que los incas imponen los
suyos. «Rasgo característico, es al menos en -~u, expresión más
común, una teocracia materialista.
Su exagerado aniqüsmo-consul;,s-­
tancial con la idolatría, la magia y el totemismo [ ... J inculcan al
indio una noción panteísta
de. la naturaleza» ( 6 ).
(5) M. C. BRAVO: La conquista e integración del imperio incaico «Des-­
cubrimiento y fundación de los Reinos de Indias• La huella de España en
América. (Madrid, Colegio de Doctores y Licenciados, 1988), ~-244.
6) F. ARMAS: Crirtianizaci6n del Perú (Sevilla, Escuela de Estudios
Hispano-Americanos, 1953 ), pág. 58.
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JOSE ANTONIO BENITO
La religión se identificaba con el mismo Estado por lo cual
los Incas no contrariaron las creencias antiguas sino en la medida
en que peligraba la organización imperial. Nunca tuvo una
con­
cepción ética ni metafísica. Si hubo moral entre los incas fue de
índole práctica, nunca especulativa.
La máxima expresión era la
magia que, con la decadencia del Imperio, deriva hacia un culto
demoniaco donde
los augurios, maleficios, sortilegios inculcan al
indio una mentalidad fatalista.
Antes de
arribar los españoles, el Tahuantinsuyo revelaba,.sín­
tomas de debilitamiento. Pese al alto grado de desarrollo técnico
agropecuario, los diversos pueblos pretendían continuamente su
independencia
y florecían los levantamientos y las sublevaciones
por todos
sus rincones. Si no prosperaban era debido al poder
centralista y autocrático que velaba por regular las relaciones
in­
terétnicas de unos grupos con otros, cortando así todo tipo de
alianzas. Ahora, había surgido una crisis social como consecuencia
del desarrollo de las élites regionales frente a la prepotencia de
la incaica.
La espoleta la marcará la muerte de Huaynacapac, a
finales de 1529, que enfrentará en lucha a sus sucesores Huáscar
y Atahualpa. ·
2. Exploración y conquista.
Cinco años antes los españoles iniciaban la exploración del
territorio, para comenzar la conquista en 1532. Enseguida, Pizarro
y Almagro se dan cuenta de la crisis, que deciden aprovechar. Pa­
san por Puná, Túmbez y fundan el primer poblado en San Miguel
de Tangarara
como puente entre Quito y la costa, dando legitimi­
dad a la nueva gobernación española en
las Indias con el nombre
de Nueva Castilla.
De· aquí pasan a Cajamarcá donde capturan al
Inca ; Pizarra nombra inca a su hermano Manco Segundo ; pasa a
Cuzco, luego
se fundarán Lima y Trujilo en 1535. El nombrado
inca se sublevará poniendo en peligro
la seguridad de los españo­
les; Almagro inicia la conquista de Chile, que continúa Valdivia.
Se desarrolla un doloroso período de guerras civiles entre españó-
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LA PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU
les cuyos lances más expresivos serán la batalla de las Salinas ( 1538)
en
la que es ejecutado Almagro; el asesinato de Francisco Pizarro
en 1541·; la
Guerra de Chupas, controlada por el nuevo goberna­
dor
Vaca de Castro y que termina con la muerte de Almagro el
Mozo ; batalla de
Añaquito, de la que sale vencedor Gonzalo Piza­
rro en 1546; y
la muerte de] primer virrey Núñez de Vela; batalla
de
Jaquijaguana en la que se instaura. la paz en 1548 por don Pe­
dro Lagasca. Le sigue una floreciente etapa de exploraciones y
fundaciones.
Los indios siguen resistiéndose acaudillados por Manco
Segundo, Sayri Tupac y Tupac Amaru que
es sometido en 1572
por el virtey Toledo.
A
la luz de este rápido escarceo por la primitiva historia del
Perú,
es lógico pensar en la dificultad de unir dos mundos tan
distintos que
se encuentran de forma tan violenta. M. C. Bravo ve
en
este hecho el rasgo característico:
«La incomprensión mutua de estos dos mundos, de los
indígenas y de los españoles, que se encuentran. Porque la
conquista es el primer momento de contacto, pero después
se abre todo el largo tiempo de la convivencia, y en ese largo
tiempo de convivencia, esta incomprensi6n mutua se hace
quizás más evidente» (7).
Tal incomprensión no debe ser interpretada como complejo de
superioridad del español frente
al indígena, sino como choque de
dos mentalidades contrapuestas, expresión de dos imperios: el de
Cuzco que en
boca del primer mestizo peruano -Inca Garcila­
so-«fue otra Roma» y el de España, paladín de la modernidad
renacentista y del humanismo cristiano. Pese a todo,
la política
de la Corona y el afán de
los españoles de penetrar en su mundo,
especialmente por parte de
los misioneros, unido a los logros cul­
turales de los indígenas, hace posible el contacto.
(7) [5JM. C. BRAVO: La conquista ... , pág. 240.
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JOSE ANTONIO BENITO.
3. Religiosidad de Francisco Pizarro.
R. Porras Barrenechea, abandonando los tópicos románticos
que vilipendiaban la figura del conquistador, nos ha delineado
su
figura de persona prudente, abnegada, humanitaria, defensora de
los indios, sobrio y moderado:
«En las primera expediciones Pizarro adopta
ya su es­
trategia pacífica, impuesta, es cierto, por la escasez de sus
tropas, pero también por
su temperamento reposado y ma­
durez de experiencia. Los soldados de Pizarro tenían prohi­
bición de asaltar
los bohíos de los indios en la región de
los manglares [
... ] . Educado en la escuela de Balboa, Pi­
zarro
no tendía a la destrucción de los indios, sino a la con­
federación pacífica con ellos» (8).
Cronistas y testigos contemporáneos· nos lo presentan invadido
de
una gran preocupación religiosa. Como «muy buen cristiano»
que era
-en frase de su enemigo el almagrista Enríquez de Guz­
mán-, defiende a los indios y tiene a Dios presente en sus deci­
siones. Cuando algunos de sus capitanes le proponen matar a los
indios les contesta que les defendería, pues las intenciones de los
buenos cristianos eran «atraer aquellos
bru:baros infieles al servicio
de Dios y al conocimiento
de la Santa fe católica» (9). Alentado
por este ideal, al recibir mensajes del Inca, no modifica su actitud:
destruiría la idolatría y les ensefiaría la verdadera religión
como
mandatario del Papa y del Emperador (10). Tales palabras son
las que transmiten a Atahualpa, sus enviados Hernando de Soto
y
su hermano Hernando Pizarro.
Cuenta
el cronista Herrera ( 11) que «aunque consideraba la
(8) R. PoRRAS: Francisco Piza"o, «Revista de Indias», III, 1942,
pág. 16.
(9) F. ]ERl!Z: Conquisto del Perú (Badajoz, Arquero, 1929), pág. 94.
(10) Inca GARCILASO: Las comentarios reales, 111, 2.ª parte, lib. I,
c. XVII).
(11) A. de HERBERA: Historia, III..(Amberes, pág. 4 y pág. 89).
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LA. PRIMERA. EV A.NGELIZACION DE PERU
flaqueza de sus fuerzas [al dirigirse hácia Perú] confiando en la
divina ayuda, presuponiendo que su obra era para mayor gloria
de su Santísimo Nombre, no quiso esperar más gente castellana ...
confiando en· el divino favor hizo resoluta determinación de pasar
adelante». Caminando hacia Cajamarca dijo a los soldados que su
«intento era plantar la Santa Fe Católia en aquellas nuevas tierras,
sin ofender, sino a los que por ello le diesen ocasión tuviesen por
cierto que en caso tan seguro
nole había de faltar la divina ayuda».
Cieza
de León describe el temor de · los conquistadores en los tem­
plos donde
«mataban [ ... ] indios esclavos o tomados en tiempo
de guerra en otras tierras, y ofrecían la sangre de ellos. a su mal­
dito diablo» (12). Estando ya en Túmbez, Pizarro dijo a uno de
los orejones «cómo aquellos ídolos que adoraban eran falsos». En
el Cuzco «dio a entender a Atabaliba cómo todos aquellos ídolos
son vanidad» y «que Pachacama era
el diablo que los hablaba
allí y los traía engañados». Fiel a su propósito «derribó los ídolos
y limpió la ciudad de aquella idolatría, y señaló dónde fuese hon­
rado el altísimo Dios y su santo Evangelio predicado».
Al compás de los mandatos de la Corona, ordenó la construc-.
ción de la catedral de Lima, los monasterios de Santo Domingo,
San Francisco y la Merced.
Lo mismo sucedió en las poblaciones
de Cajamarca, Jauja, Cuzco, Quito, Popayán. ·
Redacta ordenanzas para velar por el buen tratamiento de los
indios y dispone normas para la conversión. Hay una
RC en la
que
el rey, no sólo aprueba sus disposiciones, sino que agradece
el cuidado con que ha mirado las cosas del servicio de Dios, de
la fe católica y delbuen trato de los indios.
El
gobernador y fray Vicente V alverde, como protectores de
indios, dan instrucción y poder a Diego de Verdejo para que en
la visita de Chicana a Tucone castigase «a las personas que le an
fecho
[a los indios] malos tratamientos e conviene al servicio de
Dios e de su magestad que sean castigados»
(13 ).
(12) P. CIEZA: La Cr6nica del Perú (Madtid, Sarpe, 1985), págs. 325-6.
(Ul Instrucción de 4 de junio de 1540. LEVILLIER: Gobernantes del
Perú.
Cartas y Pa~l,es del S. XVI. Documentos del-Archivo de Indias, I,
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JOSE ANTONIO BENITO
Su última voluntad responde a la profunda fe mostrada en
vida.
Su testamento de 1541 comienza con una invocación, pro­
fesión de
fe, acto de contrición, petición de actos litúrgicos por
su alma, concesión de donativos para hospitales y ayuda a la
con­
versión de los indios; deja una fundación o capellanía para edificar
una iglesia en su ciudad natal, Trujillo. De su devoción a la Vir­
gen, Herrera nos narra cómo en la isla del Gallo
con los Trece de
la Fama rezaba todas las tardes
la Salve para vencer su desaliento.
En
el testamento ordenará que «la Catedral de Lima y la iglesia
de Trujillo fueran llamadas de Nuestra Señora
de la Concepción
de quien yo he sido
muy deboto [ ... ] y he tenido por Señora e
abogada a todos
mis hechos [ ... ] . I tem mando que todos los sába­
dos digan la salve a Nuestra Señora» ; por último pide que antes
de terminar su testamento
se copie al pie el himno «Ave Maris
Stella» (14).
Al final de su vida, cuando la violencia asesina irrumpe en su
domicilio y cualquier
persona lucha por sobrevivir, todavía saca
fuerzas para pedir a voces confesión, trazar una cruz en el suelo
sellada con su propia sangre, besarla y
exclamar: ¡Jesús!
Lo mismo podríamos decir de sus hel'IIlanos. Pese a su ambi­
ción desmedida que
le valió la pena de muerte, Gonzalo; o la
cárcel de Simancas, Hemando ; se muestran fervorosos creyentes.
Gutiérrez de Santa Clara nos recoge
el hecho de unos ·prisioneros
llevados ante Gonzalo Pizarro, «se presentaron hincados de rodillas
por
el suelo, y le pidieron de merced los perdonase por Amor de
Dios y de Nuestra Señora, en quien tenían mucha devoción. Y los
perdonó» ( 15). En el momento de su ajusticiamiento expiró
gri­
tando: «Oh mi Dios y Redentor del mundo a Vos Señor y a vues­
tra Santísima Madre encomiendo
mi ánima pecadora».
pág. 23 (Madrid, Colección de Publicaciones de la Biblioteca del Congreso
Argentino, 1921).
(14) R. PoRRAS: El Testamento de Pizarro de 1539, «Revista de In~
dias», 3, Madrid, 1941, págs. 39-71.
(15)
Cit. en G. GUARDA: Los laicos en la cristianizaci6n de América
(Saotiago de Chile, Universidad Católica, 1987), pág. 140.
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LA PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU
4. Primeros pasos -de la evangelización.
Pizarro llevó consigo dos sacerdotes, el dérigd secular Juan
de Sosa y el
ya citado P. Val verde. Los primeros misioneros en
llegar serán
los seis Dominicos que zarpan de Sanlúcar de Barra­
meda
en enero de 1530, tres quedan en Panamá y tres van rumbo
a Perú; en la empresa sólo fray Vicente Valverde va a participar.
Posteriormente van a llegar los Mercedarios, Franciscanos,
Agus­
tinos y, más tarde, en 1568 los Jesuitas. A los religiosos hay que
sumar los seculares; el primero en pasar
fue Juan de Sosa; luego
fueron llegando poco a poco como QIPellanes
de las armadas, be­
neficiados de
las nuevas diócesis ; su labor fue -salvo excepcio­
nes--- de segunda línea completando
la labor inicial y de van­
guardia de los religiosos.
La población civil tuvo un papel importante en la empresa.
En primer lugar, favoreciendo y protegiendo la labor del misio­
nero con sus armas o con su ayuda material. Pero esto era una
obligación en todo funcionario real de un Estado Misional que, de
acuerdo con el Patronato Regio,
debía velar por la cristianización y
el buen trato de los infieles.
En los años inmediatos de la conquis­
ta, cuando
el número de sacerdotes era escaso, el elemento seglar
participa activamente
-señala Fernando de Armas Medina-. Pi­
zarro encomienda a
los indios con el propósito de que. los espa­
ñoles les catequicen. Por las cartas al Cabildo de Quito conocemos
que en Quito
muchas familias lo hacían todas las noches y en
Santa Cruz de la Sierra, además del catecismo, cantaban la Letanía
y practicaban juntos ejercicios de piedad.
P. Cieza concluye:
« Y los indios se convierten y van poco a poco olvidando
sus ritos y malas costumbres, y
si se han tardado, ha sido
por nuestro descuido
más que por la malicia dellos; porque
el verdadero convertir los indios ha de ser amonestando y
obrando bien, para que los nuevamente convertidos tomen
ejemplo» ( 16
).
(16) P. CrnzA: La C,6nica ... [12), pág. 345.
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JOSE ANTONIO BENITO
Un fruto concreto de esta primera siembra lo recoge el Inca
Garcilaso
al relatar la muerte de una india. Aunque tenía hacienda
para curarse en casa, quiso
ir al hospital pues «no pretendía curar
el cuerpo [
... ] sino el alma,· con las gracias e indulgencias que
los príncipes de la Iglesia habían concedido a los que
morían en
aquel hospital, y así
se hizo llevar y no quiso entrar en la enfer­
mería ; hizo poner su camilla a
un rinc6n de la iglesia del hospital.
Pidi6 que le abriesen la sepultura
cerca de su cama ; pidi6 el há­
bito de San Francisco para enterrarse con él, tendiólo sobre su
cama, mandó
traer la cera que se había de gastar en su entierro,
púsola cerca de sí, recibió el Santísimo Sacramento y
la Extre­
maunción. Así estuvo cuatro días, llamando a Dios
y a la Virgen
María
y ·a toda la corre celestial hasta que falleció» ( 17).
ll. · ÜRGANIZACIÓN. 'CIVIL· Y ECLESIÁSTICA DEL VIRREINATO
5. Organización civil virreinal.
Con la bula Inter Coetera de 1493 de Alejandro VI se concede
América a los
Reyes con la condición de que evangelizaran. La
Santa Sede queda de algún modo marginada delegando en los Re­
yes la empresa.
La Corona Española es la suprema rectora debido a las facul­
tades otorgadas por el Real Patronato o Vicariato Regio, que. de­
genera en Regalismo sobre todo con los Borbones. A través del
Consejo de Indias o
de los funcionarios indianos interviene en todos
los aspectos excepto los sacerdotales: selección y envío de misione­
ros, distribución, alimentación, construcción de iglesias. Es un arma
de doble filo pues puede llevar a uno de los extremos: el
rega­
lismo o la teocracia. · Gracias al equilibrio y buen entendimiento
de virreyes y obispos,
dará buenos frutos. Hagamos un repaso rá­
pido de algunos de los gobernantes más notables de los primeros
momentos.
(17) Cit. en J. B. AVALLE-ARCE: El inca Garcilaso en sus «Comentarios»
(Madrid, Gredas, 1970), pág, 154.
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LA PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU
Tras la conquista de Pizarro, de quien hemos constatado su
religiosidad y honrado proceder, sigue un período sangriento
cen­
trado en la aplicación de las Leyes Nuevas y las guerras civiles.
Tal inestabilidad asestó un duro golpe a la evangelización.
La era
de
paz inaugurada por Lagasca, dio comienzo a una etapa ordena­
dora
pr0tagonizada por la prudente labor de los virreyes. C. Pe­
reyra impugna el juicio de que «los virreyes eran unos verdaderos
sátrapas.
La comparación es poco feliz. En muchos de los virreyes
del siglo
XVI y del siglo XVII hay que ver los tipos de grandes se'
fiores cristianos, espíritus superiores, gobernados por el sentimiento
de su dignidad, por su devoción al monarca [ ... ] . Las repúblicas
americanas
nd han tenido, sino por excepción, gobernantes de la
altura moral y de la capacidad práctica demostrada por la mayorla
de los virreyes» ( 18 ).
Entre otros, hay que destacar al veterano Antonio de Mendoza
que ordena la justicia, somete a Manco Inca en Vilcabamba, elimi­
na el servicio personal del indio en 1552 y colabora en la convo­
catoria del primer concilio limense.
Le sigue A. Hurtado de Men­
doza, Marqués de Cañete, que destacará por su política de funda­
ción de ciudades, la mejora
de las comunicaciones, la creación del
Gran Hospital de Lima,
la Casa de recogimiento . de mujeres y
mestizos; potencia el desarrollo minero y acomete una política
indigenista admitiendo los alcaldes de indios y potenciando los
tambos (almacenes
de víveres y paradores). Los cuatro afios de
gestión del Conde. de Nieva terminan en el juicio de residencia
negativa en
el que descubren desfalcos e irregularidades. García
de Castro
es enviado como juez residente y gobernador suplente
con el fin de sanear la Hacienda.
Llega por fin el gran virrey
Francisco de Toledo (1569-1581).
Enriquecido por las conclusiones de la Junta Magna
de 1568, lu­
chará decididamente en aplicarlas. Visita personalmente toda
su
(18) C. l'EREYRA: Historia de América (Madrid, Saturnino Calleja, 1924),
11, c. 6. Vid. J. AtvARBZ DB Es'l'RADA: Los grandes virfeyes de América
(Madrid, 1970). Sobre las relaciones entre las jurisdicciones civil y eclesiás­
tica I. SANcHEZ BELLA: Iglesia y Estadr, en la América Española (EUNSA,
Pamplona, 1991 ).
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/OSE ANTONIO BENITO
demarcación, concentra la población en «teducciones», tasa el tri­
buto y regula todos los aspectos de la vida social en justas «Or­
denanzas»., recoge las «Informaciones» para demostrar el legítimo
derecho de España sobre el territorio inca, soluciona. el brote
re­
belde del inca de Vilcabamba, beneficia a los indios mitayos, po­
tencia la Universidad de San Marcos de Lima.
Le sucede otro gran virrey Martln Enríquez de A/mansa en
1581: crea el primer Colegio Mayor con los Jesuitas donde se for­
man las personalidades más relevantes de Perú; colabora con Santo
Torobio de
Mogrovejo en la promoción del indio; fija el servicio
del Correo
y Transportes ... evitando el abuso de los indios.
El
Conde de Vi/lar ( 1585-89) pretende aumentar los recursos
por
la reforma fiscal y el desarrollo minero ; refuerza la flota de
barcos para defenderse de los ataques piráticos.
Garcla Hurtado de Mendoza (1589-96) visita el territorio, ayu­
da a Chile, acomete la reforma fiscal con nuevos medios de tributa­
ción como
la composición de tierras (legitimación de tierras me­
diante pago de una tasa al tesoro).
6. Los Obispos, organizadores de la Iglesia.
Su labor se refleja en los numerosos concilios provinciales y
sínodos diocesanos
convocados, así como en las visitas pastorales
y fundaciones (pueblos, seminarios, hospitales).
En la selección de
los candidatos se tenía en cuenta: su formación teológica, su
ex­
petiencia de gobierno y su ejemplaridad de vida. Desde 1511 a
1600, hubo 214 obispos, 9 criollos
y 142 religiosos ( 19). En la
capitulación firmada por
Pizarro (Toledo, 26-VII-1529), se preveía
(19) P. CAsTAÑEDA-J. MARCHENA: Dominicos en la jerarqula de la Igle­
sia en Indias, «Los Dominicos y el Nuevo Mundo» (Actas del I Congreso
Internacional) (Madrid, Deimos, 1988), págs. 715-739. Estudios similares
acerca de los obispos en otros congresos, E. DUSSEL: El episcopado latino­
americano y la liberación de los pobres (1504-1620) (México, 1979). Muy
sugestivo el recierite ·estudio de J. DuMONT: L'heure de Dieu sur le Nouveau
Monefe (Fleurs, París, 1991) c. 1 dedicado a Loaysa y el c. 2 a Santo Toribio.
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LA PRIMERA EVANGELIZACION DE; PERU
ya una sede episcopal en Tumbes, cuyo prelado habría sido Her­
nando de Luque de no sorprenderle la muerte. En 1535 fue erigi­
da
.la diócesis de Cuzco, cuyo primer obispo P. Valverde llegó a
su sede en noviembre de 1538.
Fray Vicente V alverde (20).
Fue el único religioso presente en el trance de Cajamarca. Fue
él quien
se encargó del Requirimiento ante el Inca. Le revela el
Credo en primer lugar y luego le habla del Papa
y-de la donación
de aquellas tierras al Emperador para su gobierno y enseñanza
del Evangelio; termina con una invitación a aceptar el cambio de
soberanía. El Inca, encolerizado después de examinar el breviario
lo arroja al suelo. En ese momento, el P. V alverde, ante la actitud
de Atahualpa que arenga a sus tropas, articula unas palabras;
al
punto, los españoles atacan y el Inca es apresado. Sobre la perso­
nalidad del fraile
se montó una negra leyenda carente de funda'.
mento. Prueba de su proceder y buena fama nos la ofrece el que
llegase a ser confidente de los reyes, que le llevan
a la Corte y le
nombran obispo de Cuzco. Por su medio parte
otra expedición de
Dominicos. Llega al Cuzco en 1538 asolado por la guerra
civil.
Seguirá trabajando como misionero hasta ser martirizado por los
indios. Enseguida
se crearon otros dos obispados: Lima y Quito. El
primero quedó establecido en 1541 y fue elevado a metropolitano
en 1546.
Fray
Jerónimo de Loaysa (1543-75) (21).
Fue
el primer prelado nombrado. Convocó los dos primeros
concilios limenses; en
el primero se reglamentó el funcionamiento
(20) A. M.' TORRES: El Padre V a/verde, ensayo biográfico-critico (Quito,
1932).
(21) M. ÜLMEDO: Jerónimo de Loaysa, O. P., .Pacificador de españoles
y Protector de indios (Granada, Universidad, 1990).
1149
Fundaci\363n Speiro

/OSE ANTONIO BENITO
de las doctrinas; en el segundo se fij6 en 400 indios casados el
número máximo. de · cada doctrinero .. La aplicaci6n. de las disposi­
ciones tridentinas
.sobre la organizaci6n parroquial supuso un gran
avar,ce para la iglesia peruana, al desaparecer la primitiva divisi6n
en repartimientos
y enccmiendas. Se crearon parroquias de indios
atendidas por curas que ccnodan la lengua nativa de sus feligre­
ses.
Cuzco lleg6 a tener seis y Lima tres.
Santo Toribio de Mogrove¡o (1578-1606) (22).
Nacido en Mayorga, estudia en Valladolid
y Salamanca. Tras
su etapa de inquisidor en Granada
es nombrado arzobispo de
Lima, para donde
se necesitaba según el Consejo de Indias «un
Prelado de fácil cabalgar, no esquivo a la aventura misional, no
menos misionero que gobernante, más jurista que te6logo,
y de
pulso fitme para el tim6n de nave difícil, a quien no faltase el
espíritu combativo
en aquella tierra de águilas» (Felipe II, 1578 ).
Santo Toribio tendrá verdadera pasi6n por el indígena como de­
muestra en sus visitas pastorales y en los tres concilios (C3L,
1582-83, C4L, 1591, C5L 1601)
y 13 (desde 1582 a 1604) síno­
dos convocados por
él.
Su formación jurídica, rectitud personal de vida y su celo por
¡,plicar la reforma tridentina ( 23) quedaran plasmadas en estos do­
cumentos. Con un lenguaje gráfico y pintoresco en ocasiones, gra­
v~ y solemne en otras, dramatiza en el más elegante y castizo cas­
tellano la policroma realidad indiana en la que caben la ambici6n
(22) V. RODRÍGUEZ VALENCIA: Santo Toribio de Mogrove¡oJ organizador
y apóstol de Sur-América {Madrd, CSIC, 1957), 2 tomos. N. MoGROVEJO:
Santo Toribio de Mogrove¡o, defensor del indio americano (Caracas, 1985).
(23) Vid. F. MATEOS: Ecos Je Ammt:a en Tf'entoJ «Historia de la
Iglesia» FLICHE-MARTrn, XIX (Valencia, ECICEP, 1976), págs. 566-599.
S. APARICIO: Influio de· Trento en los Concilios Limenses7 «Missions.lia
Hispánica», 29 (1972) 215-230. J. VILLEGAS: Aplicación del Concilio de
Trento en Hispanoamérica (1564-1600) (Montevideo, Instituto Teól6gico del
Uruguay, 1975).
·1150
Fundaci\363n Speiro

LA. PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU
y la debilidad, la exigencia con la comprensión, alentando en todo
momento un deseo manifiesto
de mejorar al indio.
Tales reuniones serán una adecuada plataforma para informarse
del estado de la di6cesis, para examinar y juzgar su situación y
para aplicar los medios oportunos conducentes a su mejora (24).
De ellos se ha podido decir que:
«Son la Pastoral moderna de Trente aplicada escrupu­
losamente, como una proyección fiel, a
la Iglesia americana
en formación. Y
el más avanzado código social, aun en sus
aspectos laborales, que conocemos de
esos siglos» (25).
De su importancia da
fe la vigencia mantenida hasta el, Con­
cilio Plenario de América Latina, celebrado en Roma
el año 1899.
Ellos contienen a veces «jµnto con sus presctipciones de carácter
eclesial,
interesantes cláusulas de tipo cultural y de promoción b_u­
mana» (26) en las que «fija la Iglesia americana su posición res­
pecto
al indio, reclama su libertad, estudia medidas de carácter
social, educativas y hasta higiénicas» (27).
En nuestra tesina recogimos tales cánones de promoción hu­
mana diseminados en los distintos documentos pero que nos ofre­
cen todo un programa de capacitación del indio en valores huma­
nos como condición indispensable e inseparable de la evangeliza­
ción: promocionar humanamente al indio (28).
José de Acosta
(24) 4lltonio GARCÍA GARciA: Para UM=:dnterpretaci6n de los (:oncilios
y Sí_nodos~ Introducción a «Sínodos Americanos», 1 (Madrid~S~a, Univ.
Pontificia, 1982), págs. IX-XXVI; A. GARCÍA GARCÍA: La promoéi6n humana
del indio
en los concilios y sinodos del S. XVI; ..Iglesia, sociedad y dere­
cho» (Salamanca, Univ. Pontificia, 1985). Sobre el C3L, F. L. LISI: CJL
y la aculturaci6n Je los ifldigenas sudamericanos (Univ. Pontificia, Salamanca,
1990). Sobre los catecismos publicados fruto de estas aaambleas, G. DuRÁN:
Monumenta Catechetica Hispanoamericana (Siglos XVI-XVIII), t. I> S. XVI
(Facultad de Teología, Buenos Aires, 1984).
(25) V. RonRÍGUEZ: Santo ToribiL. (22), t. 2, pág. 11.
(26) JuAN PABLO II: Santo Domingo, 12 de octubre de 1984.
(27) Demetrio RAMOS PfREZ: Historia de la colonizaci6n de España en
América (Madrid, Pegaso, 1947), pág. 440.
(28) J. A. BENITO: La promoci6n humana y ~ocial-del indio a través
de los concilios y slnodos americanos (1551-1622), Valladolid, 1986. (Sínte-
'1151
Fundaci\363n Speiro

JOSE ANTONIO BEN,ITO
afirma rotundamente que sería cosa inútil «enseñar lo divino Y
celestial a quien no cuida ni comprende lo humano» (29).
Del análisis
de los textos conciliares y sinodales de Santo To­
ribio concluimos su plena convicción
de que para evangelizar de
forma íntegra, había que acometer una paralela tarea
de humani­
zación.
Se le llamará el «Borromeo de las Indias» por la Reforma del
clero. Logrará un punto de equilibrio en las relaciones Iglesia-Es­
tado sin caer en un falso regalismo. Confirma a Santa Rosa de
Lima
y al millón de indios. Más allá de la muerte, su fruto santi­
dad es el mejor modelo para América. Se cumplían las expecta­
tivas depositadas en
él. De ahí que hoy se le reconozca: «Un obis­
po, Santo Toribio de Mogrovejo, es factor de primer orden en ese
jalón fundamental de la Iglesia latinoamericana; por su libertad
ante
el Estado, su inteligencia y voluntad de servicio, en modelo
e inspiración de pastores» (30). «En Santo Tonbio descubrimos
el valeroso defensor o promotor de la dignidad de la persona [ ..• ] .
El fue auténtico precursor de la liberación cristiana en vuestro
país (Perú) [ ... ] . El supo ser a la vez un respetuoso promotor de
los valores culturales aborígenes» (31 ).
7. Los Religiosos, pioneros de la evangelización.
A través de sus Superiores están en contacto con los Obispos
y que participan en todas las asambleas decisivas para la evange­
lización como fue la Junta Magna de 1568.
Serán los auténticos
protag~nistas de la evangelización. El
P. Acosta
podía escribir en 1576: «Nadie habrá tan falto de razón
sis publicadas en «Los Dominicos y el Nuevo Mundo» (~aJamanca, S. Es­
teban, 1990), págs. 785-822; «Revista de Estudios Hist6rico-JurldiooS>
(Univ. de Valparaiso-Chile, 1990), XII, págs. 299-328; «Castilla y León en
América» (Valladolid, Caja España, 1991), III, págs, 279-294.
(29)
José de AcosTA: De Procuranda 1"áorum Salute, BAE 73 (Ma­
drid, 1954), pág. 559.
(30) Confereocia de Puebla, III, CELAM, 1978.
(31) JuAN PABLO II: ea Lima, 1985.
1152
Fundaci\363n Speiro

LA PRIMERA EVANGELIZ.ACION DE PERU
ni tan adverso a los regulares, que no confiese llanamente que al
trabajo y esfuerzo de. [os religiosos se deben principalmente los
principios de esta Iglesia de Indias» (32).
Los Franciscanos comenzaron a pasar de forma sistemática
desde 1641, aunque
ya los hubo desde 1532, y eo 1553 formaron
la provincia de
los Doce Apóstoles, de la cual se desgajaron cuatro
más.
San Antonio de Charcas, Trinidad de Chile, San Francisco
de Quito y Santa Fe en el Nuevo Reino de Granada; al Río de la
Plata llegaron con don Pedro de Mendoza · e independieotemente
entraron del Perú por Tucumán
en 1550 bautizando la provincia
con el nombre de la Asunción de María.
Los
Dominicos son los pioneros en estas tierras con el P. Val­
verde a la cabeza. En 1540 fundaron la provincia de San Juan
Bautista
de la que nacieron las de Santa Catalina de Quito, San
Loreozo de Chile y San Antonio del Reino de Granada.
La Orden de San Agustín peoetra con el virrey Meodoza eo
1551 y se exteodieron por todos
el territorio.
Los
Mercedarios llegaron con los conquistadores. Es conocido
fray Franciscd de Boadilla como mediador de las discordias eotre
Pizarro y Almagro. En 1556 se constituyeron como provincia
autónoma de
la que salieron dos eo Perú.
Los
Jesuitas llegan en 1569 y pronto se extienden por todo
el virreinato, Juli,
Panamá, Santiago del Estero, Quito, Santa Cruz
de
la Sierra, Chile, Tucumán, Paraguay y Río de la Plata.
8. Métodos de cristianización.
(Seguimos la síntesis de P. Borges) (33 ):
a) Los presupuestos de los que parten los misioneros son la
racionalidad
de] indio y su capacidad intelectual para compreoder
el
cristianismo. La necesidad de elevarle humanameote como con-
(32) Vid. F. MA'I'Eos: Primeros pasos.en la e1Jangeli%aci6n de los itzdios,
«Missionalia Hispánica», 4 (1947), págs. 5-64.
(33) P. BoRGES MoRÁN: Los métodos misionales en cristianizaci6n de
América, S. XVI (Madrid, CSIC, 1960), Misiót<· y civi/izaci6n en América
(Madrid, Alham.bra, 1987), Evangelización y civilizaci6n en América, «Doc~
U53
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1fOSk A.NTONIO-·BENITO :.1•
dición sine .qua non para cristianizarle. Voluntariedad. en la con­
' ·versión, aunque· se le obligase-a asistir a la cat¡:,quesis.-Convicción
de que el carácter infantil del indígena exige amqr y protección.
·Omvicción de que 'mientras los indígenas no aprendiesen el cas­
, tellano habfa que predicarles en su lengua { quechua, aymará) para
, sédieles al mensaje y Jo comprendiesep mejor. Si no se convertían
, los caciques no. ló hanan los. subordinadoo ... El futuro del cristia­
·nismo 'estaba en los
.niños, y de su. educación debía hacerse cargo
, el misionero. El colono español o criollo a veces perjudicaba por
,su mal ejemplo por, lo que si, en un primer momento veían con
buenos ojos la convivenci~, _ en un-· _segundo momento intentará
aislarlos para evitar influencias nocivas.
:b) Los sistemas de difusión _contaron frecuentemente con la
•interdependencia de la cruz y-la espada. El mismo misionero no
siente escrúpulos salvo. casos
aislados como Las Casas en utilizar
·las armas para defenderse. Es el caso-del franciscano Juan Galle­
gos, doctor por Lovaina,
que en. la campafu! emprendida en Chile
,por.Hurtado de Mendoza, en
.. 15.59, predica ·en un sermón: «quan­
do no hubiese soldados, él con frailes. franciscanos haría la gue­
,rra» (34). Aunque-su deseo mayoritario, fue evangelizar despr9-
vistos de todo (por supuesto de armas) como los Apóstoles (.pre­
,dicación evangélica o apostólica); los más realistas aconsejaban
tomar. precauciones· y llevar ,escoltas' (evangelizaciót¡ protegida);
en el terreno de los hechos, hasta 1573,,predominó· el sistema de
evangelización tras la conquista armada (predicación postbélica).
Con gran realismo lo manifiesta
el Cabildo de Lima al Rey: ' -j •
« Y si no tuvieran los sacerdotes que andan entre. ellos
( después del favor divinó) las espaldas seguras con los pre­
sidios y
gente de guerra de los ·pueblos de españoles, donde
todos son soldados, como estos
fodios es gente fácil y muda-
trina Christiana y Catecismo para instrucción de los indios» (Madrid,. CSIC,
1986), págs. 227~262, Sintesis histórica de-la-Evangelizaci6n Hispanoameri­
cana ( Comisión de la Conferencia E~cppal ·Española para el V Centenario,
Madrid, 1990), págs. 17-44.
(34) ·Co/,í;i:i6,i de Documentos .lnMitos ¡iara la Historia de Chile, San­
tiagó, (II, 279'). Cit. en G, GUARDA: Los Laicos ... [15), pág: 135.
-1154
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LA PRIMERA EYA.NGELI_ZA.CION DE PERU
· · ble y dados a la embriaguez,. mientras son plantas nuevas y no
echan
más hondas r~íces en la fe y conocimiento de Nuestro
Señor
Jesucristo, muchas veces fueran muertos a sus manos
y a las de sus circunibecinos, que, instigados del demonio,
desean matar a los que 'reciben nuestra santa
fe cát6lica,
como ha sucedido este año, qué, sino fuera con presteza un
buen socorro de españoles a la ciudad de la Asunci6n [ ... ]
hubieran
muerto a los religiosos que andan en ella predi­
cando
y baptizando a muchos centenares de Y odios que ha­
bían baptizado» (35).
e) La clave pari, consolidar lo evangelizad6tt es la reducción.
'El escaso número de agentes y la dispersi6n de los indios motiv6
la necesidad de congregar a los nativos en pueblos J;>llfª potenciar­
les humanamente y evangelizatlos. Las, reducciones serán tanto el
nombre dado al proceso de
congregaci6n como al poblado resul­
tante. Destacarán especialmente las jesuíticas iniciadas al sur del
'virreinato,' en Juli.
d)
· Se tiende a catequizar en la lengua que entendlan los
índios. En un primer momento se hizo por señas o intérpretes en
la lengua local; después, por el aprendizaje del castellano
por
parte de los niños, se simutaneá en la lengua indlgena y el cast<>'
llano; en una 3 .ª fase en la que los adultos sabían el castellano
~in
olvidar la lengua materna 'se ·impone la lengua· indlgena hasta
el punto de crearse
cátedras universitarias como la de Lima par~
los aspirantes a párrocos de indios. Santo Toribio llegará a retirar
el
terció del salarió al sacerdote que al cabo de un año no apren-
diese la lengua (Sin. Lim. 1592, 12). ·
9. Promoción humána. Benefice:Ocia.
· El indio, para ser cristiano, necesitaba ser hombre. Ello su­
ponía' el abandono de sus costumbres «ferinas» o salvajes y la
práctica de las prop.ias de una sociedad civilizada. Esa «policía» .. ' -
(35) Carta del Cabildo a S. )\,!:, julio de 1612, Archivo General de
Indias «Cartas de Cabildo•, 70-1-38.
.1155
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/OSE ANTONIO BENITO
o vida civilizada venía a coincidir con la adquisición de los hábi­
tos de
la sociedad occidental. Esta transculturación supuso:
-La supresión de prácticas contra natura (sacrificios huma­
nos, borracheras, desnudez, nomadismo, poligamia
... ) o anticris­
tianas
(idolatría, guerras tribales ... ), «porque la perdición de todas
las Indias del Perú está en las cuatro cosas
ya dichas, que son
supersticiones, embriaguez, deshonestidad y falta de
caridad unos
con otros»
(36 ).
-Conservación de costumbres buenas o indiferentes: persis­
tencia de
jerarquías sociales indígenas (cacicazgo), tradiciones ma­
trimoniales, vestimenta (no la desnudez), imitación por parte de
los misioneros de aspectos educacionales, !alengua indígena
... La
obra del P. A costa «De Procuranda Indorum Salute» incide en
elld: «Asimismo no
den leyes demasiado duras y extrañas a los
bárbaros, sino déjeseles vivir ( en tanto lo permita la ley cristiana
y natural) con sus instituciones y dentro de ellas sean gobernados
y se hagan mejores. Porque es muy difícil cambiar todas sus leyes
y costumbres patrias y
tradiciones [ ... ]. Si se pretende quitar las
demás (nocivas) de la noche a la mañana y no se confía su en­
mienda al tiempo, que es el mejor maestro, se hará el cristianismo
odioso y pesado como
si fuera una inmensa tiranía» (37).
-Vida civilizada: poblados (limpieza, saludo, ayuda mutua),
familias (con casas, educación de
los hijos, sin promiscuidad, co­
mida en mesa, oración), personas ( vestimenta, aseo, abandono de
prácticas prematrimoniales, oración
al levantarse y acostarse), eco­
nomía (agricultura, especialización en artes y oficios manuales,
administración de
sus propios bienes), enseñanza de los niños en
las escuelas
...
-Beneficencia. En unión con instituciones civiles> los misio­
neros mantienen organismos prehispánicos y crean otros nuevos.
Caias de comunidad especie de banca privada de cada pueblo que
se nutria de los fondos de tierras comunales, de obrajes y de los
(36) Cit. en C. BACIERO: La promoci6n y evangelización del indio en
el plan de José Acosta, «Doctrina Christiana y Catecismo» (Madrid, C.S.I.C.,
1986), Col. CHP, Vol. XXVI-!, _pág. 140.
(37) Vid. [36,] págs. 127-128.
1156
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LA PRIMERA EVANGELIZACTON DE PERU
censos de los encomenderos y cubría necesidades médicas, alimen­
ticias
y otras asistenciales en general. Los hospitales contaban con
la cotización del indio y su disfrute subsiguiente en caso de enfer­
medad.
Los seguros gremiales y de cofrad!as nacen de la agrupación
de miembros de una misma profesión bajo la advocación de un
santo protector
y cumplen fines espirituales y caritativos.
F. Armas Medina obtiene esta conclusión de su estudio sobre
los misioneros del Perú en el siglo XVI: «En consecuencia, el su­
premo esfuerzo del misionero fue la dignificación humana del indio,
como medio de conversión» (38).
10. Catequesis.
Se despliega una gran creatividad por parte de los catequistas
(el propio misionero ayudado en su ausencia por jóvenes indios),
eligiendo
lugar apropiado (iglesia, capillas de indios o atrio, en
las posas)
y tiempo (inicialmente a diario, antes de comenzar el tra­
bajo; en un segundo momento, los domingos
y festivos antes de
la misa). La asistencia era obligatoria para todos los indios del po­
blado con separación de sexos durante la enseñanza. El modo:
solemne, ante una_ cruz, con el catequista revestido y con rezos y
cánticos. Su contenido: memorización del Padrenuestro, Avemaría,
Salve, Credo, Mandamientos, Sacramentos, Bienaventuranzas,
Pe­
cados Capitales... y exposición del catecismo (breve compendio
del cristianismo
por preguntas y respuestas). El aprendizaje y re­
petición se hacía cantando, de forma afectuosa, reiterativa e ilus­
trada con gráficos, pinturas
y estampas. Material: manuales ma­
nuscritos o impresos de cartillas, catecismos, sermonarios, confe­
sonarios. Entre todos, destaca el Catecismd de Tercer Concilio
Limense obra del P. Acosta
y Santo Toribio de Mogrovejo, escrito
en quechua, aymará y cas-é:~llano y que comprende un Catecismo
general para los indios, un Confesonario ( 2. 0 catecismo) para los
curas de indios
y un Sermonario (catecismo 3.º) para los doctri­
neros.
(38) F. DE ARMAS: Cristianizaci6n ... (6), pág. 375.
1157
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/OSE ANTONIO BENITO
11. Métodos de persuasión.
a) Captaci6n de la benevolencia a través del ejemplo del pro,
pio misionero. Trato afectuoso y paciente; ayuda en todas sus
necesidades materiales y espirituales ; evitan conductas que pudie­
sen desagradarles: participación en conquistas armadas, percibir
derechos por
la administración. de los sacramentos, colaborar en
la percepción
de tribuoos o tener familiares o huéspedes cuya ma­
nutención gravase a los indios. Nuestro paradigma de misioneros,
P. Acosta,
se resiste a los juicios peyorativos sobre la poca acep­
tación del cristianismo por parte de los naturales y con «sentido
de modernidad, de dinamismo histórico, de adaptabilidad• a
fas
circunstancias (cordura y moderación)» (39), concluye: «Una cosa
es cierta: dame varones apostólicos entre los indios, que yo ~ mi
vez te devolveré de los indios frutos apostólicos» (40). El mejor
predicador será · «fray ejemplo»·
«siendo· paciente, benigno, huma'
no,-generoso, colltinente, mátiSo, pero, sobre todo, encendido _en,
amor a Cristo y sus .hermano$».
b) Preseniaci6n atractiva del cristianismo insistiendo· en lit
bondad del Dios cristiano, la mu~rte de Jesucristo para salvarnos;
la felicidad del· paraíso y· esto con·· algunas · pruebas de autoridad
y ejemplos
muy co~cretos. Esplendor del cultd, música en la li;
turgia. Exención de tributosen los primeros afios de su conver:
sión; se le mitigan ios días de ayuno y ábstinencia; se le conceden
privilegios en las fiestas laborales y eri los c;sos .de excomuni6n
y herejía
... · ' ·. · !
c) Erradicaci6n del paganismo mediante la refutación doctrl:
na! demostrando la falsedad de los dio~es indígenas, la anulación
de
los hechiceros, la desautotización de Íos ~ritepasados indígerias
en cuya autoridad se bas~ban lós indios, la destrucción de las ma­
nifestaciones idolátricas(templos, ídolós y amuletos paganos). '
d) Centros educativos en los que se !;Qmplementaba la ~~¡¿ . · · . ' • ·"LIJ")
(39) c. BACIERO: La promoci6n ... (36), pág. 126.
(40)
Cit. en C. BACIER0: La promoci6n ... [36]; pág. '130;
1158
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LA PRIMERA EVANGEUz.ACION -.QB,,PERU.
quesis. Predominan las escuelas elementales en todos los pueblos
y destacan por su novedad los centros de segunda
enseñanza y los
femeninos cuando en España todavía no existían.
III. Los LAicos EN LA CRISTIANIZACIÓN DEL PERú
Hemos citado el caso de F; Pizarro, descubridor, conquistador
y máxima autoridad civil -en los primeros, momentos del Perú. Es
consciente de la necesidad de ser coherente con su fe y así trata,
de vivirlo y hacerlo vivir en cuantos le· rodean.
El P. Acosta nos relata que en Santa Cruz deJa Sierra penetra­
la
fe·por medio·de «un soldado de,ruin.-vida y facineroso»•que,
levanta una cruz de la que recibirla· el nombre-la futura ciudad;
favorece a los indios, los cuales llaman, aleccionados
por su ejem-.
plo,. a los misioneros ( 41). Matienzo·.en su Gr,biimio del Perú se
hace eco de
la idea .de que, para cristianizar a los naturales. había
que conectarlos· .con los españoles , tal como indicaban• las leyes de,
1503, 1512, 1521 ( 42). Más adelante ( 1530); la preocupaci6n de
los misioneros. es que na.cpnvivan-para no estorbar a los indiQs;
por ser «plantas nuevas en la fe»,
12. La mujer.
La mu;er desempelja .\ill importante papel. . Aderriás . del. caso,
de las terciarias franciscanas, es COl\QCido el de las ocho, «qe ,vida
honesta y _cristi~» v!"'idas a Amér;ica en 1_534 eon. el pr~ciso,
encargo.de la-.educaci6n y evangelizaci611,de,las.naturales. La cons-,
titudón . 80 del C2L, al prohibir te):Iµinantemen,te. su intromisión
en el adoctrinamiento
de los naturales, MS habla a las cl¡ras. qe:
que hasta la fecha lo hacían._ ... .,
(41) P. AcosTA: Historia natural y moral de las Indias (México, 1962),
pág. 371. Véase también L. TORMO: Los pecadores en la evangelización de
Indias, «Missionalia Hispánica», XXV (Madrid, 1968), págs. 245-256:
(42) Cit. en G. GuAru>Á: Los>LáicbL. {15), ¡\ág,;26. :·1 -.,
1159
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JOSE ANTONIO BENITO
13. Los niños.
Los niños fueron ayudantes, notables, como el caso de Alonsi­
llo. Criado en una
casa de huérfanos, Alonso de Tovar, fue autori­
zado por CR de Felipe
II en febrero de 1570, para dirigirse a
doctrinar a los muchachos de Cajamarca. Era de 12 años y era
«bien industriado en el orden de rezar
la doctrina cristiana y de
buena inclinación y humildad». Anida en los españoles la firme
convioción de
la «fe imprime mejor en los mozos que no en muchos
viejos; porque, como están envejecidos en sus vicios, no dejan
de cometer sus antiguos secretamente y del tal manera que los
cristianos no los pueden entender. Los mozos oyen a los sacerdo­
tes nuestros, y escuchan 'Sus santas amonestaciones, y siguen nues~
tra doctrina cristiana» (43).
Se buscaba la formaci6n de una minoría selecta entre los niños
indígenas para que éstos a su vez enseñasen a los suyos. Fray Vi­
cente de Valverde proponía ya en 1534 que los hijos de caciques
y señores viviesen en
los conventos durante algún tiempo para
recibir
la instrucción que luego les permitiría enseñar a otros.
Pizarro, antes de obtenet la respuesta
real, ponía en práctica al
año siguiente
la iniciativa. De la época del virrey Toledo data la
implantación en gran escala del sistema con el establecimiento de
escuelas en todos los pueblos de indios. De Fray Mateo de Jumi­
nilla
se refiere que giraba por la jurisdicción de Cajamarca con
cincuenta muchachos que en voz alta rezaban la doctrina cristiana.
Los franciscanos de la sierra
hadan otro tanto con niños para ayu­
dar al culto, oficiar en el coro, ser intérpretes y enseñar la doctrina
cristiana a los indios naturales. En Lima,
el P. Bracamonte salía
al anochecet por los barrios con dos niños, recogiendo muchachos
que «puestos ellos sobre una mesa, dicen
la doctrina y cantan los
cantores y
les hacen exhortaciones de lo que oyeron al Padre».
(43) P. CIEZA: La Cr6nica ... [12), pág. 186.
1160
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LA PRIMERA EVANGELIZACION _DE PERU
14. Lo, indígenas.
Se tenía la idea de que la religión católica no podía presen­
tarse con mejor aval en las nuevas tierras que predicada por los
propios aborígenes ; eliminaba la desproporción entre los obreros
y
la magnitud de la empresa, el problema de presentarla impuesta
exclusivamente
por hombres de otra raza, el problema del idioma,
la adaptación del mensaje. P. Cieza de León recoge
el relato del
clérigo vallisoletano, Marcos
Otazo, acerca de un jefe aborigen de
Lampaz, cerca de Cuzco. Convertido en 1547, recibido
el bautis­
mo, abandonó
la iglesia exultante de alegría, proclamando en alta
voz su condición de cristiano; llegado a casa, le prendió fuego,
puso en libertad a sus concubinas, repartiendo sus bienes entre
sus hermanos y parientes; una vez desprendido de todo, optó libre­
mente por dedicarse exclusivamente
al apostolado, ya evangeli­
zando a los indios junto a
la iglesia, ya predicando desde un púl­
pito que armó junto a una cruz, obteniendo un fruto óptimo ( 44
).
Olaechea recuerda la petición cursada desde Perú para que los
equipos misionales, familias de indígenas «de
los más enfinados e
informados en nuestra fe
y de mejores obras, y que hagan en cada
pueblo o asiento principal de indios un monasterio y que tengan
el mesmo estilo y exercicio que se tubo en la Nueva España ... y
que todos enseñen a los naturales
teniendo como dixe, el mesmo
estilo» ( 45).
Las muestras más altas de espiritualidad indígena nos
la darán el siervo de Dios Nicolás de Ayllón, sastre, fallecido en
1677, casado con la mestiza María Jacinta, fundadores en Lima
del célebre monasterio de Jesús María, para doncellas españolas e
indígenas.
(44) P. CrnzA: La Cr6nica ... (12), pág. 345.
(45)
J. ÜLAECHBA: pág. 253. Participaci6n de los indios en la tarea
evangelizadora, «Missionalia Hispánica» , 26 (1%9), pág. 253. Vid. Los Co­
legios de hijos de caciques a raíz de los terceros concilios prdvinciales de
Lima y México, «Missionalia Hispánica» (1962), págs. 109-113.
1161
Fundaci\363n Speiro

JOSE ·ANTONIO· BEÍ'llT-0-,.
15. Apostolado seglar.
a)· Ú>s agentés· 'de pastoral.
Va más allá de la mera suplencia de fos-ministros eclesiásticos,
Es
el caso de los fiscales, Además de su carácter «policial», •se le
da una función eminentemente· , apostólica. Debe encargarse · de
llevar
cuenta «de todos los -indios e indias cristianos, grandes -Y
pequeños e de los nombres de ellos, e de los casados, e de ver·lcis
que vuelven á sus ritos e costumbres, y dar razón dello al sacerdo­
te»
(CIL núm.12). Con el nombre de coadjutor, algnacil,·padrino,
desempeñan todos los ministerios cristianos excepto los estricta,
mente sacerdotales: catequista, administrador,
bautiza, en caso de
necesidad, atención del
cultd, dirección de la comunidad __ en ausen­
cia del cura
de indios.
En el ClL número 40 se especifica que los misioneros ,dejen
en los pueblos «dos o tres muchachos, de los que trajere consigo
bien doctrinados para proseguir Ja doctrina
de los muchachos cada
día, y de los demás indios e indias dos días cada semana e todos
los_ domingos e fiestas de guardar». La instrucción de estos sujetos
recae en la responsabilidad
_de los pueblos más grandes,, dotados
de iglesia y misionero "'!table; allí han de juntarse «ele cada. uno_
de los demás pueblos que tuviere a cargo tres o cuatro much,achos,
de los más h¡'biles, a los <;uales, con gran cuidado y diligencia,
particulannente doctrina en las cosas de nuestra santa fe
católica
y les enseñe cómo han de rezar cuando se levantan y ~do se
acuestrui, y bende,;ir fo que comieren y bebieren, 'y otras buenas
costumbres y policía; y leer y escribir y co;,tar, y los libros 'que
leyeran sean de buena doctrina». '
El C2L repite lo estipulado ampliando hasta tres __ el número
de fiscales por pueblo. El tercer sípodo. de Lima, 15$3,, redunda
en el tema y
agreg~ o_tras obsetvai:lones' esdpulandó qu~, en aus~n­
cia
éleJ' cura, enseñe la. doctrina ~un mancebo _bien instruido».
Los nombramientos
no dependen, •como en México,' de fa aut;:
ridad civil, sino de lós obispos• mediante la• proposición-del doe,
1162
Fundaci\363n Speiro

l.A PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU
trinero. La protección del Virrey queJos libera de todo tributo o
sujeción a encomienda, crea en, torno suyo una situación privile,
giada que le faculta entregarse sio reservas a la actividad que, les
ha sido asignada. be los fiscales o alcaldes se· distinguen los .al,
guaciles nombrados por los propios doctrineros· según las necesi!
dades de cada lugar. Para definir su misión netamente esRiritual;
una cédula
de 2°IIl-1560 ·ordena a los obispos no proveer más
fiscalías que en las sedes catedrales, vedando el hacerlo en la•
demás ciudades y pueblos. A fioes .del siglo,xvi, esta iostiiución
se encuentra extendida por todo el ámbito de las Indias.
b) Asociaciones: Cofradlas, congregaciones y órdenes terceras.,
Conviene iosistir en la repercusión social de la fe en el ordi­
nario ambiente
laboral ya que es la ,fuente principal d~ la activi, ' -. , . '•'I
dad del seglar. La Co(radfade San José, del greffi\o de carpio_te1
ros, f~ndada en Llma en 1560, contaba con capilla propia. Lo~
gremios de carpinteros, all;,añiles y ~~teros indio~ __ y· moreno_s ·s~
agrupaban en .~tras. cofradías como la d
7 'San JÍian, Bautista de los
l'ardos
en. la iglesia de Santa. Ana, la de Nuestra Seño~a de 10!!
Reyes en San F~cisco Ó S;m Miguel en El Cercado. Én 16.W
habla 57 cofradías en Lima ( 46),Proliferaron en tal cantidad qu~
el C3l,, de 1583 declara que «en cuanto sea posible se reduuan, a
menor, número y no den licencia para ordenarse otras c;le nuevo sin
caus~ de mucha ymportancia» ( III, 44 ). Particular actividad des/ . . ' . ' .. · ' '' . ,_,
rrollan las de indígenas. Sus miembros daban de co,:µer a lo,s po-,
bres,' visitaban 'a' los enfer,nos, cel,ebran misa, tenían mstruc;ción
religiosa diaria y pláticas espirituales regularmente; los sábados ,s'i
dedicaban a la Virgen y las cqmuniones eran en .todas ellas fre'.
cuentes. Fueron impulsadas especial,n,ente por los Jesuitas. . . ,
, Las órdenes terceras .tenían. ~elación directa con., las órc¡l~~
mendicantes, estableciéndose en _todos los lugares donde éstas, fon,
daton.
Contal:,ap coµ edificios propios, iglesias' Y. hasta y;erdad,eros
(46) J. BROMLEY: La ciudad de Llma en el año 1630, «Revista Histó­
rica>, XXIV, 268 (Lima, 1958)c Cit.<'11 GuARDA; l.o, Laicos .. , {15], pág. 97.
U63
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JOSE ANTONIO BENITO
conventos. Baste recordar la Orden Tercera del Convento de San
Francisco o de los Descalzos, así como la de la Merced de Lima.
Estos últimos rezan diariamente por los pobres cautivos, visitan
peri6dicamente a los presos en las cárceles y a los enfermos en los
hospitales; rezan diariamente por la Iglesia, el Papa, las Misiones,
los Reyes
y «los jueces seculares sin murmurar jamás de sus ac­
ciones sino pidiendo a Dios les dé su divina luz para el acierto de
sus gobiernos». Un domingo al mes asisten a una misa cantad.;
con ritos especiales y se comprometen a atender a los hermanos
enfermos
y practicar con ellos las obras de misericordia.
16, Formación de los neófitos.
Comenzaba en el hogar; en el trabajo, los gremios a través de
hermandades
y cofradías configuradas como las 6rdenes terceras
facilitaban la formaci6n de los seglares a través de Ejercicios
Es­
pirituales y sobre todo la práctica de la caridad.
a) Lectu:ras. Irving Leonard ( 47) nos cita algunos de los libros
más leídos como Consuelo y oratorio espiritual de obras devo­
tas
... para exercitarse el buen cristiano del que un librero Iimense
encarga en 1583 a España
100 ejemplares; en Lima, en 1606 se
encuentran a la venta varios ejemplares de El perfecto christiano
de Juan González de Critana, Las Horas devotlsimas para cual­
quier christiano de Francisco Ortiz Luido y la Práctica espiritual
de una religiosa, muy provechosa a qua/quier estado de gente que
desea caminar
a la perfección.
Dentro de las obras existentes encontramos ediciones de la
Biblia, Evangelios, ejemplares de
la Vulgata, las concordancias
evangélicas, comentarios bíblicos
por parte de los Padres de la
Iglesia
y te6logos del momento ; entre los primeros Miguel Mén­
dez, comerciante de libros de Lima, en
1606, tiene s6lo de las
Confesiones de San Agustín 34 ejemplares.
Los mismos misioneros y obispos escriben obras generales
(47) I. LEONARD: Los libros del conquistador (México, 1953), pág. 298.
1164
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LA PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU
como la Regla Christiana breve de Juan de Zumárraga, impresa
en
México en 1547 encaminada a «ordenar la vida del hombre
cristiano consigo mismo y con su circunstancia»'.; aunque destinada
a todo bautizado, el arzobispo lo define como dedicado a «profi­
ficientes para dar regla en
la vida cristiana a los que van aprove­
chando». Aunque
se escribió en México, pronto traspasará las
fronteras y beneficiará al virreinato de Perú.
Fuentes y pilares de esta obra serán el
Arte para servir a
Dios de Fray Alonso de Madrid y que sólo en Lima, en 1606, el
librero Miguel Méndez dispone de 46 ejemplares. Lo mismo ha,
bría que decir del Kempis. Tratadistas espirituales más leidos serán
Juan de Horozco y Covarrubias, Fray Juan de los Angeles, San
Juan de Avila, Santa Teresa de Jesús,
San Pedro de Alcántara (su
Tratado de la oración y meditación impreso en Medina del Campo
en 1563 cuenta con 104 ejemplares en México y Lima).
Forrnación teológica. Tenemos un representante cualificado en
la persona del licenciado Francisco Falcón. Padre de familia,
ve­
cino de Lima, abogado, sometió al segundo concilio limense, en
1567, su famosa
Representación de los daños y molestias que se
hacen a los indios,
elaborada en parte a instancias del gobernador
de Perú, García de Castro.
La consulta había sido estudiada por
el arzobispo Loaysa, los provinciales de las distintas Ordenes
Re­
ligiosas y Falcón. Es autor de una Apología pro indis y un tratado
de
m~ral De liberta/e indorum servanda; en su representación
comenzaba «invocando los títulos que le asistían para comparecer
ante
el Concilio como portavoz de los aborígenes en orden a dar
cuenta
de los hechos que configuraban el complejo de obstáculos
que entorpecían su evangelización».
Su documento es de gran
valor por
los argumentos históricos aducidos en relación con la
organización social prehispánica, su denuncia profética y sus su­
gestivas alternativas para solucionar los problemas ( 48 ).
Falcón no es un seglar aislado. En aquella misma asamblea
(48) G. LoHMANN: El ficenciado Falc6n (1521-1587). Vida, escritos y
actuación en el Perú de un procur:ador de los indios (Sevilla, 1970).
1165
Fundaci\363n Speiro

\ibSÉ ANTONIO·BENITO
·está Polo de Ondegardo, de importancia tapit111 en relación con
los errores y supersticiones de los indios ( 49).
· b) Los Eiercicios. Espirituales. Su práctica fue. introducida
por los Jesuitas tomo elemento .fundamental de «reforma de cos.­
tumbres», en particular con «hombres de suficiente edad»; la
inquietud la
creaban a través de los sermones ; el éxito fue grande
como en el Colegio de Lima . donde los practicó el fiscal de la
Audiencia Pedro
Mejía en 1586 ingresando en la Compañía de
Jesús (50). En
1595, el P. Juan Sebastián, provincial a la sazón
de Lima, pide a Roma se impriman en castellano los EE (para
,que en el dar los Exercicios a los seglares aya menos trabajo y
má.s seguridad de que van bien escritos». El wovincial P. Rodrigo
Cabredo
dirá en carta al General Acquaviva de 28-IV-1603 que
«Los
EE de nuestro bendito Padre se han dado a muchos este
año con notable fruto, pues son 9 los que dellos han salido para
ser religiosos
y pretendientes de la Compañía algunos». En la Car­
fa. Annua, al hablar de este Colegio se insiste en este meclio apos­
tólico: «Comunicándoles un particwar zelo de estas almas por
medio de' los Exercicios de nuestro heat9 Padre con que se dispo­
nen cada año». En Arequipa ·sucederfu lo Diismo, desd~ que los
practicara
el gran misionero del Paraguay, en 1604, P. Ruiz Mon:
toya. Su celo arrancaba, sin dudá, de experimentar su fruto en sl
mismo, pues «por más ocupaciones que hayamos tenido '-dirá San
Roque Gonzáléz, piorlero de la~ Reducciones guaraníes-Jamás he­
·mos faltado a nuestros EE· y inodó efe proceder» ( 51 ). Cuentan las
crónicas que «fue
taÍ la n01;ión' del pueblo y en espec;ial de la gente
ritá"s ·:granada dél a recogerse a· e.Stos e:X~e~cios· que ~ mucho
tiempo nunca faltaron hombres que los estubiesen liaziendo, sin
(49) L. GONZÁLEZ: Vida y obra del vallisoletano Juan Polo de On­
degardo, en «Castilla y. León en América» (Valladolid, Caja España, 1991),
II, J?ágs. 7-29. Un' arsenal de datos sobre laicos peruanos, M. DE 'iidENDIBURU;
Diccionario Hist6rico Biográfico del Perú (Lima, 1933 ), 13 folúmenes.
(50) Historia General de la Compañía de Jesús en la Provincia del
Perú. Cr6nica de 1600 (Ed. de .F. MArnos, Madrid, I, 8), págs. 184-185.
(51) Roque GoNZÁLEZ: Carta.de 8aXC1613. cit. pÓr JuAN PABLO II en
la Homilía de su canonización, 16-V:1988. ·
H66
Fundaci\363n Speiro

LA PRIMERA EVANGEMZACIOM :PE PERU
que .ubiese celda sobrada. [, .. ]. Qtiando salían los que acababan
csu tarea y entraban los que estaban esperando, luego acudían otros ·
nuebos pretensores».
·c) Teatro mn fines litúrgicos y apostólicos. Los autores eran
los frailes, los actores los indios. Lo
recoge Garcilaso: «algunos
curiosos religiosos de diversas religiones principalmente de la Com­
pañía de Jesús,
por aficionar a los indios a los misterios de nuestra
redénción, han · compuesto comedias pata qué k, representen los
indios; porque supieron que
las representaban en tiempo"de los
reyes Incas
y porque vieron que tenían habilidad e ingenio» (52).
Lo
solían representar eón motivo de las fiestas mas destacadas.
Garcilaso nos habla de ún diálogo del Niño Jesús representado en
el Cuzco ante «la grandeza de aquella ciudad» y de un diálogo de
1a fe, en Potosí, «al cual se hallaban presentes niás de doce mil
indios»; eran numerosos los autos sobre la Eucaristía, el primero
conocido
es de 1562, obra de Alonso Hurtado y titulado Auto de
la Gula. Lá mayoría de las representaciones se reducía a sencillos
diálogos acompañados de música
y baile. I.os J~suitas llevaron el
teatro no sólo a las iglesias de las grandes ciudades sino a sus
colegios y
a sus
doctrinas. En Juli -cuenta Garcilas~ «indios
muchachos
y mozos» representaron «una comedia en loor de nues­
tra Señora 1a Virgen María» en lengua aymará.
17. Sacramentos.
El Bautismo se procuró adtninistrar a los adultos en' peligro
de muerte
y a los niñós, siempre con la autorización familiar. Fue
precedidd de una preparación, variable según las Ordenes misio­
neras
y los territorios. Lá Confesi6n, obligatoria en Pascua, era
frecuente entre los neófitos los días festivos; entre ellos no hubo
casos reservados al Obispo;
la tarea de los confesores se alivió
con los «Confesonarios» en
'lengua indígena. La Eucaristía se pro­
curó en
los días festivos y sólo se administraba a los que garanti-
(52) Inca GARCILASO: Los comentarios reales, I, 1.• parte, lib .. II,
c. XXVIII).
1167
Fundaci\363n Speiro

/OSE ANTONIO BENITO
zaban cierta preparación. El Matrimonio contó con privilegios
tales como el de consanguinidad y la posibilidad de
casarse, en
caso de poligamia, con la mujer que prefiriesen
si no recordaban
a la primera.
El Ordro sacerdotal no cuenta con cierto número
de votaciones hasta finales del siglo XVII.
18. Religiosidad privada y pública. Prácticas religiosas y dis­
ciplinares.
A nuestra sociedad actual marcada por el fenómeno de la se­
cularización y el neopaganisµiÓ le cuesta comprender el mundo
que estudiamos.
Un españoi' del siglo XVI, lo mismo que un is­
raelita, vivía empapado en lo religioso; la misma concepción
de la monarquía española de los Austria y su «sentido misio­
nal de la conquista», lo evidencia
.. «Signos de esta religiosidad eran
no sólo la presencia arquitectónica de los hertnosos templos
y
edificios de una manera u otra vinculados a la Iglesia, ni las gran­
des festividades [
, .. ] sino

las públicas acciones de gracias
por el
más diverso .género de sucesos. Detalles tan elocuentes como la
suspensión del trato
y contrato en los mercados durante la consa­
gración en las misas mayores de las catedrales, del comercio a las
"oraciones"; los votos colectivos con ocasión de calamidades pú­
blicas ; la penitencia y ayunos generales durante la cuaresma ; la
colaboración de todos los habitantes en la obras de
carácter sa­
grado o la veneración manifestativa rendida a obispos y prelados.
En la interioridad de las casas era cosa de cada día, al encender
las luces, leventar la mesa, etc., rezar oraciones en común» (53).
De Lima, durante el gobierno del Conde de Lemos, decíase
que
«está hecha un noviciado»; personalmente recibía con asidui­
dad los sacramentos, rezaba el oficio mayor
y menor de la Virgen,
haciendo dos horas diarias
de oración mental.
Sin excluir los gobernantes incompetentes e inmorales que
como en todos sitios los ha habido,
el cargo lo ostentan sujetos
religiosos, sin contar las
ocasiones que fue otorgado a los eclesiás-
(53) G. GUARDA: Los Laicos ... [15], pág. 103.
1168
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LA PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU
tiros. Muchas veces estos gobernantes inauguraban sus mandatos
implorando
la ayuda divina en manifestaciones litúrgicas masivás;
Numerosos seglares emplearon su creatividad literaria en obras
espirituales. Tal
es el caso del virrey del Perú, príncipe de Esqui­
lache que en
el 1661 publicó una traducción del Kempis en Bru­
selas o la del capitán de la compañía de lanzas de Lima Hipólito
de Olivares que en 1631 compone la obra
La Concepci6n de Maria
Pur!sima. Lo mismo podría decirse de célebres literatos como el
Inca Garcilaso o Alonso de Ercilla que, al concluir
sus obras de
carácter general,
transparentan sus sentimientos religiosos más ín­
timos.
19. Testimonios de vida.
Para conocer de forma efectiva la religiosidad de los conquis­
tadores podemos ver los numerosos casos de restituciones. En
distintas disposiciones oficiales
se instituye la obligación de «in­
demnizar por todos los daños
y extorsiones iniligidos hasta enton­
ces en las correrlas realizadas sin observar las disposiciones regias
promulgadas en 1526
... ». El ,manclato alcanza también a los que
aun dudando de la licitud de
la conquista habían recurrido a un
director espiritual que les hubiera absuelto de la vacilación. Entre
los
casos referidos por G. Lohman ( 54) destaca el caso del citado
Lorenzo de Aldana que habiendo sido justicia mayor del virreina.
to, tuvo escrúpulo
pbr las exigencias que habla impuesto a los
indios. Para descargar su conciencia,
se las" arregló para restituir
primero en vida
lds bienes tomados y luego, en su testamento,
para dejar por herederos universales de su fortuna a
los indios de
su repartimiento.
Don García, cacique de Nazca,
«por restitución por cuanto la
lúcieron y labraron los dichos indios», lega una viña en favor de
los naturales que habían estado bajo su mando agregando «algu-
(54) G. LoHMAN: La restitud6n por conquistadores y encomenderos:
un aspecto de la incidencia lascasiana en el Perú (Sevilla, 1966). Vid., tam­
bién, I. PÉREZ: Bartolomé de· Las Casas en el Perú (Archivos de Historia
Andína, núm. 8, Cuzco, 1988).
Ü69
Fundaci\363n Speiro

/OSE ANTONIO BENIT,,O
nas cláusulas tocantes al cargo que. a sus indios e restitución que
les manda hacet, que para mayor siguridad
de su conciencia es su
vo)Qlltad y quiere que,!, dicho señor arzobispo . . . pueda añadit y
hi!cer. todo los. demás que Su : Señoría rebetendísima fuere servido
en descargo de su conciencia e restitución e paga ques obligado».
Lo mismo podríamos decir del final cristiano. del conquistador
que aquieta su paciencia, pide
petdón, deja alguna capellanía o
lega
alguna fundación para resarcirse de su pasada vida. Allí «donde
abur,dó el pecado, abQlldó la g,:acia». La humildad es un fiel ex­
ponente de estos. hombres. Nos empciona recordar el caso de los
sitiados en el Cuzco por las fuerzas de Manco Inca: «Los que
pudieton
se confesaron con tres sacerdotes que tenían, los demás
se confesaban unos a otros y todos llamaban a Dios para . morir
como cristianos».
En 1559, en la expedici6n de C. Ojea al Estre­
cho, ante un naufragio «unos andaban reconciliándose con otros,
pidiendo petdón de
sus enojos, otros. hincados de rodillas confe­
sándose a solo Dios sus pecados» ( 5 5 ).
Se suele hablar de una . religiosidad escaparate, puramente for­
mal. En primet lugar hay que citar las ingentes ayudas suminis,,
tradas por seglares a las misiones de los naturales. Con ccasión
del terremoto de 1647 que .. desttuyó la ciudad de Santiago de
Chilé; los vecinos de.Limajun:tan 30.000 ¡:,esos que se distribuyen
a los pobres mientras
el Virrey Maocera reconstruye de su bolsillo
la catedral y
los monasterios · de la Concepción y Santa Clara.
Lo mismo habría que decir de la acción conjunta del virrey,
prelados, Real Audiencia de Lima y seglares de la ciudad
para
recolectar fondos a favor del rescate de las españolas cautivadas
por
los araucanos en las destruidas ciudades del Sur. El Inca Gar­
cilaso nos transmite un testimonio elocuente y que pone en boc~
del predicador de Cuzco Fray Antonio de Miguel: «Señores, el
E:otregidor y yo saldremos esta tarde. a la una a pedir por amor
de Dios para esta obra (un hospital de indios): mostraos tan largos
y dadivosos para ella como os mostrasteis fuertes y animosos para
ganar este
imperio'(inca») (56).
(55) Colecci6n de Documentos ... [34), XXVIII, 220.
(56) Cit.
en J. B. AVALLE-ARCE: El inca Garcilaso, .. [17), pág. 152.
U70
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LA. PRIMERA. EVANGELIZACION DE PERU
20. Fundaciones de carácter apostóHco.
Ya hemos citado la de Pizarro. Los fieles, a través de fundá­
ciones colectivas, colaboran en la construcción de templos,
con'
ventos, colegios, hospitales y asilos, así como en el fomento econó'
mico de las misiones· entre infieles. Son múltiples las fundaciones
de indios como las conservadas en el presbiterio de la iglesia de
Tiahuanaco, La Paz, donde se muestran series de cuadros de la
vida de Cristo y de la Virgen; donados por
el cacique Martín Pacéi
Fati. En Tajirnarca, don
Andrés y otros caciques fundan en 1550
un hospítal para indios
y españoles. Lorenzo de Aldana, encomen­
dero de Parias hacia 1559, al ver la pobreza de los naturales y la
«labor de los religiosos agustinos en la conversión, juntó sus bie­
nes y gastó su renta en hacer un mayorazgo».
21. Relaciones con la jerarquía y el estado religioso ..
De sobra son .conocidas las críticas acerbas por parte de Las
Casas hacia los conquistadores. Una reductora historiografía dé
buenos y malos nos hace ver como en dos polos al conquistador
explotador frente al misionero bienhechor. Entre los miembros
del estado eclesiástico son frecuentes
las diatribas moralistas y las
críticas de todo género contra la conducta de
los seglares, por
considerarlos remisos en el cumplimiento del Evangelio. Menos
frecuentes son las recriminaciones laicas hacia las
debilidades cle­
ricales. En todos subyace la aceptación dd principio ~e que el
estado cristianamente
más perfo:to es el de la consagración total
a·Dios.
Es constante la tendencia manifiesta de los seglares a asliní­
larse a los eclesiásticos. Lo ilustra el hecho de elegir comq mor­
taja hábitos de dichas órdenes como lo hiciese el mismo Colóri
con los franciscanos. Es significativo el constante tránsito de, se­
glares que, abandonando su profesión civil, incluso después, de
vivir matrimonialmente, pasan a
fa consagración integral a ·Dios.
1171
Fundaci\363n Speiro

JQSE· ANTONIO BENITO
El capitán Pedro de Miranda, rico encomendero de Santiago y su
mujer Baltasara Jufré,
se separan en 1591 para 4igresar él en los
Dominicos, ella en las Agustinas. Diego Montero de Aguila, juris­
consulto, viudo de María
Zorrilla, se hace clérigo, llegando a set
Rector de la Universidad de San Marcos y Obispo de Concepción
y Trujillo, dando el velo. a alguna de sus hijas. El oidor de Lima
Remando de Santillán, lugarteniente del gobernador Hurtado de
Mendoza, en Chile, termina como obispo de Charcas. Fernando
Arias de
Ugarre, corregidor de Potosí, gobernador de Huancave­
lica, oidor de Panamá, La Plata y Lima, termina como obispo de
Panamá, Quito, Santa Fe,
La Plata y Lima.
Son varios los conquistadores que dejan su estado militar por
el religioso. A veces, con bastardas intenciones como la
de «huir
de la guerra
y excluirse de las obligaciones y trabajos della [ . , . ]
y salir de Chile», quejándose. el cronista
de que el «dicho reino
hay
más gente de manteo y sotana que soldados» (57).
Cristóbal de Montalvo, en su testamento
otorgado en Lima en
1555, encomienda a sus albaceas, caso de obtenetse una bula de
composición destinar mil pesos «por algunos cargos que podré
tenet en esta tietra del tiempo que fui seglar y después que me
ordené de sacerdote, a españoles y a indios» (58).
22. Deficiencias más acusadas.
Lo que más se les critica es la crueldad que prodigaban por
igual a los indígenas
com<,> a los españoles. Cieza sentenciará: «si
la gente que
allí se juntó (en Jaquijaguana) para la lucha se ocu­
para en descubrir o conquistar, ya se hubiera dado vuelta a este
nuevo mundo de Indias, y en todas sus partes de él la Cruz fuese
adorada» (59). Este mismo autor
se hace eco de la paradoja pau­
lina ( «hago el bien que
no quiero») en la expresiva titulación de
uno de
los capítulos de su obra tan citada: «Cómo se han visto
(57) G. GUARDA: Los Laicos •.. [15], pág. 148.
(58)
G. LOHMAN: La restituci6n ... [54], pág. 17.
(59) P. C1EZA: Las Guerras Civiles, I, esp. 63.
1172
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LA PRIMERA EVA/vGEL1ZACION DE PERU
claramente grandes milagros en el descubrimiento destas Indias y
querer guardar Nuestro Soberano Señor Dios a
los españoles, y
cómo castiga
a los que son crueles para con los indios». Durante
las guerras civiles, los soldados del bando de Gonzalo
Pi2arro
ahorcaban a los españoles realistas sin permitirles confesarse. Al
cuerpo del virrey Núnez de Vela le arrancaron
sus canas, le corta­
ron la cabeza
y le expusieron indefinidamente en el rollo; el caso
de Lope de Aguirre, «bestia y tirano». La justicia misma era de
una crueldad sorprendente y llevaba de ordinario a los desnariga­
mientos
y desorejamientos.
Otro de
los defectos es la codicia de riquezas. «Fue el oro de
esta tierra,
como otro becerro por Dios adorado porque desde
Castilla le vienen a adorar» ·( 60 ) .. Ello no nos debe conducir a
reducir la Conquista a pura empresa económica. Como bien dice el
peruanista V. A. Belaunde «hay que contemplarla desde muchos
puntos de vista.
El primero que se destaca es el relativo al indivi­
dualismo español. Aunque apoyada por el Estado, la Conquista
es obra del hombre español. En este sentido, la Conquista es afir­
mación de la personalidad, voluntad
. de poder, sed de aventura,
sentimiento heroico de
la vida y embriaguez de paisaje. La Con­
quista debe explicarse por factores vitales, estéticos y espiritua­
les
y no simplemente económicos» ( 61 ).
Otra lacra es la falta contra el sexto mandamiento,. mal de
toda época pero
· de esta en especial cuando la barraganfa era una
institución en
la península. Además se han señalado su propensión
a la blasfemia, al juego, a la ociosidad, a
la embriaguez.
Frente a
los aspectos negativos parece posible ir oponiendo
sus testimonios positivos,
o. los negativos de los mismos indios.
Valga por todos la cita del ecuánime P. Acosta:
.
« ... es bien que no se condenen tan absolutamente todas
las cosas de los primeros conquistadores de las Indias, como
(60) MoTOLINIA. Cit. en G. GUARDA: Los Laicos ... (15], pág. 137.
(61) V. A. BELAUNDE: Peruanidad (Lima, Librería Studium, 1957),
pág. 49. Para oonocer el mundo de los primeros espafioles en América, tanto
conquistadores como civilizadores J. LoCKHART: El mundo hispanoperuana
1532-1560 (México, FCE, 1892).
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JOSE ANTONIO BENITO
algunos letrados y religiosos han h<:eho, con vun celo sin
duda, pero demasiado. Porque aunque por la mayor parte
fueron hombres codiciosos y ásperos,
y muy ignorantes del
modo de proceder. . . pero tampoco
se puede negar que de
parte de los infieles hubo muchas maldades contra Dios y
contra los nuestros, que les obligaron a usar de rigor y
castl­
go. Y lo que es más, el Señor de todos; aunque los fieles
fueron pecadores, quiso favorecer su causa y partido para
bien de los mismos infieles que habían de convertirse
des­
pués por esa ocasión al santo evangelio» (62).
JV. HUELLAS DE LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN
23. Catedrales y santuarios.
Una manifestación bien concreta de la profundidad de la evan­
gelización la tenemos en los incontables santuarios y catedrales,
entre las que destacamos por orden cronológico: catedral de Santo
Domingo de 1520, San Francisco de Quito 1553, Patzcuaro,
Mé­
xico, Lima, Cuzco, Guadalupe, Santa María: de Ocotlan en Tlax­
cala., Potosí-Bolivia, Buenos Aires, Santiago de Chile. Con fre­
criencia, los templos o conVentos se asientan sobre los mismos
solares de oratorios paganos o palacios prehispánicos. El motivo,
ilparte de la concentración demográfica, era el de ofrecer a los in­
dios de forma plástica la sustitución religiosa efectuada.
La traza arquitectónica lleva el sello de la pastoral misionera.
La capilla consta de una nave grande para que los oyentes pudiesen
divisar
el púlpito desde donde se les predicaba. Atrios rodeados
de muros con
arquerías rematadas por tejadillos de dos aguas en
su laterales podían albergar a los miles de fieles. En el célebre
santuario de Nuestra Señora de Copacabana
se conserva un atrio
con posas; lo mismo sucede
en San Martín .de· Potosí.
La huella de la primera evangelización pervive en minúsculas
iglesias levantadas en las
más perdidas aldeas que enriquecen su
interior con abundantes pinturas
y esculturas, especialmente de
(62) P. AcosTA: Historia natural ... (41], pág. 373.
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LA PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU
las escuelas quiteña y cuzqueña. Hacia 1623 calcula González
Dávila se habrían levantado 70.000 iglesias y 500 conventos en
todo el continente (63).
24. Advocaciones marianas.
Juan Pablo II ha llegado a decit que «la fe y la devoci6n a
María y

a sus misterios pertenecen a la identidad propia
de Amé­
rica Latina» (30-1-79). Ello .. se manifiesta en sus hombres (descu­
bridores, organizadores) y en sus nombres (miles
de lugares llevan
su nombre), en la literatura y el
arte, en las ÍÍ!'Stas· nacionales· y
en las
prácticas religiosas populares. Las tres advocaciones más
importantes eran la
de la «Mamita» .de Copacabana en la actual
Bolivia, la de Pucaranf cerca de Potosí y la de Guadalupe
e,;,; el
valle de Pacasmayo (64).
25.
Liturgia virreinal.
La Misa iba a la par con la catequesis. En todas las misiones
aparecen prácticas religiosas especiales de cada Orden entre las
que predomin6 el Rosario las vísperas de fiestas como
se acostum­
braba
rezar en España.
En casi todas las misiones existi6 una escolanía para dar so­
lemnidad al culto. Se potencian las grandes festividacles con la
organizaci6n de Autos Sacramentales esceniíicados
por los indios.
El Papa Paulo III redujo el número de días .festivos no domingos
de 43 a 12, así como los días de ayuno y abstinencia para hacerles
más llevadera su observancia.
Es muy importante el hecho· de in.traducir a los indios en el
Año Litúrgico, la celebraci6n dominical como día consagrado a
(63) G. DÁVILA: Teatro de las grandezas de Madrid. Cit. en G. GUARDA:
Los Laicas ... (15), ¡,ág. 103.
(64) R. VARGAS: Historia·del culto de María en Ibefoamérica y de sus
imágenes y santuarios más celebrados (Madrid, 1956), 2 vols.
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Dios, la participación colectiva en el ritmo de las fiestas religio­
sas. La activa participación
de los fieles en los EE en días culmi­
nantes del año litúrgicd, la predicación en aquellas oportunidades,
misas del tiempo, libros leidos en forma privada.
En los elencos
de Leonard encontramos
en Lima, entre las existencias del librero
Miguel Méndez, en 1606, 153 ejemplares de
Empleo y exercicio
sancto sobre los Evangelios de las Dominicas de todo el año de
Diego de Vega,
· así como otros relativos a la vivencia del año
litúrgico
por medio de la lectura de la Biblia como 38 ejemplares
de
Evangelios y eplstolas que por todo el año se leen en la Iglesia.
Importancia singular revisten las fiestas religiosas como las
ofrecidas por el
Inca Garcilaso referentes al Cuzco. Su forma. y
fondo constituye la
más-acabada. manifestación de la piedad ba­
rtOC8. El C3L dedica un capítulo a motivar el cuidado solemne de
la liturgia:
«Porque
es cosa cierta y notoria que esta nación de yndios
se atraen y provocan sobremanera al conoscimiento y vene­
ración del summo Dios con las cirimonias exteriores y apara­
tos
del culto divino ; procuren mucho los obispos y también
en su tanto los curas, que todo lo que toca al culto divino
se haga con
la mayor perfección y lustre que puedan, y para
· este effecto · pongan studio y cuidado en que aya escuela y
capilla de cantores y juntamente musica de flautas y chiri­
mías y Otros ynsttumentos acomodados. en las yglesias. Lo
qua! todo ordenarán los obispos en los lugares y
por la for­
ma
y modo, que juzgaren ser a mayor gloria de Dios y ayuda
spiritual de las almas» (V, 5).
·
Los concilios regulan las procesiones para dotarlas de atrac­
tivo aunque cuidando no diesen motivo a la frivolidad, especial­
mente
por parte de la mujer (ClL I, 105; II, 41) (C2L II, 23).
Velarán también de que
!Os indios no camuflen sus costumbres
idolátricas haciéndolas coincidir con las fiestas religiosas.
En Perú, el adorno y la riqueza de los altares era deslumbran­
te.
El esplendor llega al límite durante la festividad del Corpus.
Esta devoción se extendió
de forma extraordinaria, estimulada
sobre todo por la
Compañía de Jesús.
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LA PRIMERA EVANGELIZACION DE PHRU
Cuenta el franciscano Fray Mateo Ju milla que para su labor
misionera en Cajamarca
se hacía acompañar de un grupo de niños.
Y el P. Barzana escribe una carta en 1594 donde da fe que en Tu­
cumán, siempre que
los indios acuden a recoger sus cosechas los
jesuitas marchan con ellos
y, «para ganarlos con su modo, a ratos
los ivan catequizando en la fe, a ratos predicando, a ratos hacién­
doles cantar en sus corros
y dándoles nuevos cantares a graciosos
tonos» (65); prácticas que, salvando lo opuesto
de sus fiues; eran
semejantes a
las que nos describe el Inca Garcilaso en loor del Sol.
Los iudios cantaban acompañados de orquestas de
órganos,
chirimías, arpas, flautas, caracoles, vihuelas, bajones, orlos, trom­
petas, guitarras, atambores ... Al canto iba unida la danza. Bien
pronto
se produce un mestizaje musical que da un tono riqulsimo
a las celebraciones litúrgicas.
Nunca la Iglesia iutentó suprimir la
música nativa, tan s6lo
luchó por purificarla de los contenidos
idolátricos que a veces pervivían.
26. Manifestaciones de devoción popular.
Manifestaciones de devoci6n popular como la de la Santa Cruz
con el fiu de desterrar las creencias animistas. Siugular importan­
cia tiene en la actualidad la devoción al Señor
de los Milagros,
de Lima, en su origen perteneciente a una cofradía de morenos
(negros).
Un complemento de la Jirurgia lo constituyen
las procesiones
y las peregriuaciones. Las catequesis y fiestas eran motivos de su
organización.
Según las ordenanzas del virrey Toledo para el Cuz­
co, los iudios hablan de limpiar y enramar las calles por donde
pasaba
la procesión del Corpus; y los españoles las tapizaban «con
lo mejor que hubiere en
sus casas». Cada gremio sacaba su «danza
a autos de representación».
El Corregidor llevaba el estandarte
del Santlsimo Sacramento
y los alcaldes, regidores, oficiales rea­
les, jueces de naturales, Procurador general y
el Escribano del
Cabildo
las varias del palio, alternándose en .el caminó.
(65) Cit. F. ARMAS: Cristianización •.. (6), pág. 417.
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JOSE .ANTONIO BENITO-
27. Santidad de vida.
Viven al tiempo San Francisco Solano, Santa Rosa de Lima,
Santo Toribio de Mogrovejo, San Martín de
Portes y San Juan
· Macias. Entre los seglares se dieron testimonios ejemplares como
d de Nicolás Ayllón, indio natural de Chiclayo y educado por los
franciscanos. Antes de los 21 -años, fecha de su matrimonio con
la india María Jacinta tuvo un hijo natural de una
joven mestiza.
Después de este suceso
ejerció como sastre en Lima dedicándose
a
la práctica de obras de caridad, como la asistencia a los enfermos
del Hospital de Santa Ana. Además funda el asilo de Jesús María
con. capacidad para 12 muchachas pobres a las que atiende con su
mujer. Hoy, la casa se
ha convertido en monasterio de Jesús María,
para doncellas españolas e indígenas, bajo la estricta regla capu­
china.
CONCLUSIÓN
Después de este rápido recorrido por algunos de los aspectos
de la
primera evangelización en Perú, creemos · haber ení::ontradd
suficientes luces para alumbrar su tenebroso presente. De 1os mun­
dos conttapuestos de los que hablamos
al iniciar el ttabajo, va
fraguándose otro distinto, nuevo, enriquecido por el Evangelio.
«Mientras Roma ( Cuzco pese a la visión utópica de Garcilaso se
le parece de lejos) no fue más que la conquista, la calzada y el
derecho,
la hispanidad, desde d principio implic6 una promesa de
hermandad y de elevación para todos los hombres» ( 66) acuñó
Ramiro de Maezru. Si queremos que esta promesa sea re.lidad
debemos volver a nuestto auténtico ser, al «hondón de nu.estra
alma» nacional proyectada en América.
(66) R. DE MAEzw: En defensa de la hispanidad, «Obra de Ramiro de
Maeztu» (Madrid, Editora Nacional, 1947), pág. 1.023.
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LA PRIMERA EVANGELIZACION DE PERU
El actqal arzobispo de Ljma, Monseñor Vargas Alzamora, nos
traza de forma realista un luminoso sendero: «Más allá
de los di­
versos problemas y debilidades humanas .no podemos dejar de
alegrarnos (considerando) que fueron más luces que sombras, si
pensamos en los frutos duraderos de fe y de vida cristiana en el
Continente [ ... ] . Los misioneros de la primera evangelización
llevaron a cabo un fecundo trabajo de promoción social y cultural
que hoy
es orgullo y patrimonio del Perú y de todo· el continente.
No obstante, el reto planteado a los primeros misioneros.de
Amé­
rica permanece vivo' aún [ ... ] . La Nueva Evangelización que con­
tinúe y complete la obra de los primeros evangelizadores y que
debe inspirarse
en su testimonio» (67).
Es
el mismo deseo que formula Juan Pablo II eri su reciente
carta «Los Caminos del Evangelio
en América Latina»: «Esta rá­
pida mirada histórifa sobre la vida eclesial de América:' Latina sus­
cita en mí un sentimiento de viva gratitud al Señor [ ... ] . Al mis­
n¡o tiempo [ ... ] una cordial invitación a emular la generosidad
y
la entrega de los primeros evangelizadores» ( 68 ).
(67) A. VARGAS: Santo Toribio y la Nueva Bvangelkaci6n (Lima, Con­
ferencia Episcopal Peruana, 1991), págs. 6-7.
{68) JUAN PABLO 11: Los caminos del Evangelio en América Latina
(26.7.90).
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