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La Cristiandad de las Españas de América

LA CRISTIANDAD DE LAS ESP~AS DE AMERICA
POR
JosÉ PEDRO GALvAo DE SousA t (*)
l. "ELOQUAR AN SILEAM?"
En los mares de Africa, cerca de la costa mauritana, el archi­
piélago de Canarias
fue para los puel!íros del continente europeo,
hasta finales del siglo xrv,
el extremo del poniente. Ahí se detuvo
el famoso naturalista Alejandro
voti Humboldt, antes de proseguir
viaje hacia la América tropical, quedándose extasiado ante las
montañas de Tenerife, la majestad del pico del Teide y la vegeta­
ción exhuberante del valle de
la Orotava, todo ello en un clima
de permanente primavera.
Antes del descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón, des­
cortinando anchos espacios para
la «dilatación de la Fe y del Im­
perio», según los versos de Camóes, en las islas Canarias hubo un
primer ensayo de
colouÍl Fernando e Isabel,
los Reyes Católicos.
Llegaba España a su apogeo. Terminada
la epopeya de la Re­
conquista con la ocupación de Granada, último reducto islámico
en la península, iba a empezar la conquista de nuevas tierras~ ha~
bitadas por los gentiles, a los cuales se les llevaba el esplendor de
la verdad,
el signo redentor de la Cruz y la gracia del Bautismo,
que los hacía hijos de Dios.
(*) Tenemos el honor de publicar-este texto póstumo .del profesor
José Pedro
Galváo de Sousa, catedrático que fue de Teoría dcl Estado en
la Pontificia Universidad Católica de.Sao Paulo (Brasil), que fue desarrollado
en Sevilla en la XXX Renni6n de amigos de la Ciudad Cat6lica. En Verbo,
núm. 305-306, may~julio de 1992, se encuentran las necrológicas que le
dedicaron Miguel Ayuso, Estanislao Cantero y Juan Vallet de Goytisolo.
Verbo, núm. 319-320 (1993), 1193-1204 1193
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JOSE PEDRO GALVÁO DE SOUSA
Los conquistadores de pueblos salvajes venían acompañados
por
los misioneros, conquistadores de almas. Y la Cruz, que éstos
empuñaban en sus manos, era el arma que señalaba a los nativos
del Nuevo Continente el porvenir de civilización y de perfección
moral que sus costumbres bárbaras
no· 1es habían permitido · al­
canzar. El símbolo sagrado de la Redención para erguir la Cris­
tiandad.
Entre
esos misioneros, de los profesos en la Compañía de
Jesús,
se encontraba el canario José de Anchieta, que fue a cum­
plir su tarea al servicio de Dios en tierras brasileñas, bajo la di­
rección de su superior el Padre Manoel da Nóbrega. Más tarde
llegó a ser provincial.
La casa donde nació se conserva en La La­
guna, ciudad de la isla de Tenerife. De complexión frágil, con un
defecto en una de sus piernas, le cupo, después de la travesía del
del antiguo mar ignoto,
ya sin secretos para las carabelas, caminar
los sesenta kilómetrQs que separan del litoral la meseta de Pira­
tininga. El hermano sube la sierra inmensa con su selva cerrada
y
much.os peligros, entre ellos serpientes venenosas. Al llegar a las
llanuras que Nóbrega escogió para ser el centro de la misión,
Ar¡chieta manda construir una. pequeña iglesia, primer edificio de
la ciudad de Sao Pauld, que sirve también de escuela y de hospital.
El
25 de enero de 1554 se fundaba la aldea que hoy es la me­
trópolis de doce millones de habitantes.
El joven Anchieta,
el hermano José, antes de ordenarse sacer­
dote, se entregó a. los estudios de la lengua rupf, escribiendo más
tarde una gramática de ese idioma para uso de lds predicadores.
Sus dotes literarias brillaron en el Poema a la Virgen
«De beata
Virgine Dei
. Matre Maria», con sus cinco largos cantos, editado.
hace algunos años por el Archivo Nacional de
Río de Janeiro, en
textd bilingüe de 440 páginas.
Cumple notar que el magnífico loor comenzó a ser escrito en
las playa de lperoig, donde Anchieta estaba detenido como rehén
de los indios tamoios, en lucha
con los tupís ..
Eloquar an sileam? Son las pritneras palabras de las alabanza.
¿Cantar, o quedarme callado?
La mente alborozada se siente itn­
pelida a ofrecer mios versos a su Reina. Pero, ¿cómo se atreverá.
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LA CRISTIANDAD DE LAS ESPADAS DE AMERICA
la lengua profana a ensalzar la que tuvo en su seno al Omnipo­
tente? Vence
el poeta sus temores por la confianza en María, a
ella recomendándose. Y le escribe en las arenas blancas las
estro'
fas de amor de su corazón devoto y puro.
Ante
la magnitud del tema que me fue dado para discurrir, no
puedo en este momento dejar de repetir la élocución anchietana:
Eloquar al sileam?
Hablar de la Cristiandad de las Españas es alzarse a elevado,
nes que no puede un mortal alcanzar.con facilidad. ¿Y qué fue en
América
la Cristiandad de las Españas · sino ~mo decía Pío
XII-«vocación heroica y providencial de una estirpe a la que
ella supo
tan generosamente corresponder»? ¿Dónde encontrar ex­
presiones capaces de traducir con fidelidad y brillo la trascenden­
cia de esa vocación y la fuerza espiritual interior de los que a ella
se entregaron?
Pero renunciar · a la invitación recibida, sumamente honrosa,
sería para
un brasileño de Sao Paulo renunciar a la obligación de
proclamar
la verdad histórica que no todos. en nuestros días co­
nocen debidamente, algunos desfiguran y otros contradicen con
pérfidos intentos.
Invocando, pues
la protección del Beato José de Anchieta,
misionero de la Cristiandad hispánica,
Ap6stol del Brasil y funda­
dor de
Sao Paulo, permítome tejer estas breves consideraciones.
II. UNIVERSALISMO DE LAS EsPAÑAs
De nuevo.en Sevilla, no me es posible olvidar a nuestro gran
maestro y mi fraternal amigo Francisco Elías de Tejada. Recuerdo
con emoción
los gratísimos días pasados en su casa de la calle
Brasil, número 30; y, más remotamente, su primer vijae a Sio
Paulo, cuando puntualizamos el proyecto para la edición de Re­
conquista, revista de cultura hispánica, que circuló en la década
de 50
y de la que él fue el director en España.
En su primer número, esta publicación presentaba
un artículo
de Arlindo Veiga dos Santos, que empezaba así:
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JOSE PEDRO GALVÁO DE SOUSA
«Promontorio sobre el Mar Océano, tenebroso, camino de la
América o de las islas misteriosas de los viejos portulanos ; Mon­
tes Cantábricos de atalaya contra los bárbaros rubios saqueadores
de poblaciones vecinas del
Mar o dispersas por las márgenes de
los ríos remontables; puertas y ventanas vueltas para el Africa
mis­
teriosa del Preste Juan, poblada de fieras y hombres adustos y, más
tarde, tallada en el borde
del Mediterráneo por el alfanje ára,
be; "ábrete Sésamo" de las aventuras marítimas al Oriente Pró~
ximo y de la punta simbólica de San Vicente, para los piélagos
lejanos de Ganges, de Cipango y Catai, la península hispánica
tenía que destinarse, cuando no por otros motivos, por los geográ­
ficos, a centro
de. creación, expansión y defensa de todo lo que
es ecuménico, todo lo que tiene carácter universal, humano y, por
vocación,
CATÓLICO».
He ahí «el destino de España en la historia universal», tan
lúcida y altaneramente resaltado por Zacarías García Villada,
muerto por Dios y por la Patria, cuya
memorable conferencia en
Acci6n Española, con ese título, nos quedó como testamento y
acicate.
La catolicidad, vocación de España, fue afirmada solemnemen­
te en el III Concilio de Toledo, cuando el rey Recaredo, teniendo
a su lado
al obispo San Leandro, abjura del arrianismo, hasta enton­
ces la religión de los godos. La ortodoxia católica de los hispano­
romanos prevalecerá para siempre. El año del Concilio, 589, mar­
ca la definitiva fusión de los pueblos de la Península, formándose
la Cristiandad inquebrantable, que
ya había sido prevista por el
lusitano Paulo Orosio, un siglo antes.
Menéndez y Pelayo considera como uno de los grandes artífi­
ces de la unidad peninsular al sabio San Isidoro de Sevilla, obispo
de esta ciudad, hermano de San Leandro, autor de
las famosas
Etimologlas y de una Historia de los godos (1).
La impetuosidad visigótica vino a estimular las energías con­
tenidas en la síntesis viviente del mundo hispano-romano, inte-
(1) MENÉNDEZ y PEI.AYO, «San Isidoro», Cervantes y otros estudiosos,
Colección Austral (251), Madrid, 1941, p,ígs. 17-19.
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LA CRISTIANDAD DE LAS ESPA$:A.S DE AMERICA
grado por gentes de etnias diversas. Y España se transfiguró en
Esperia, como dijo San Isidoro en el libro XIV de las
Etimologías
(c. 4,28): Ipsa est vera Hesperia, ab Hespero stella occidentali
dicta.
Estrella y luz de Occidente.
Luz que
se proyectará por los mares y por otras tierras, en
un militante universalismo evangelizador,
ad revelationem gentium,
en la continuidad histórica señalada por el enfrentamiento de casi
ocho siglos con los moros, por
las primeras luchas contra el pro­
testantismo
y, luego más, por Lepanto y Trento. Después serán
las luchas contra la Revolución: la guerra de la Independencia,
las guerras carlistas y la cruzada de 1936. Todo en defensa de la
unidad católica y con
el sentido universalista de fa Cristiandad.
111. 0E LA CRISTIANDAD PENINSULAR A LA CRISTIANDAD
ULTRAMARINA
Con el protestantismo, el naturalismo del Renacimiento y el
racionalismo filosófico, pierde Europa esa unidad, preservada abajo
de
los Pirineos. España y Portugal se entregan entonces a la tarea
de dilatar los horizontes de la Cristiandad, mientras ésta
se con­
trae entre los pueblos norteños. Las Españas visigóticas, refugia­
das y concentradas en las montañas de Asturias durante la inva­
sión de los moros, parten de
allí. para recuperar los tetriiorios en
manos del infiel. Así
se transformaron. en las Españas de la Re­
conquista.
Cumplida esa larga etapa, comienza otra de proporciones gi­
gantescas. En 1492, año de la rendición de Granada, las tres naves
de Cristóbal Colón llegan
al gran continente desconocido y le
abren
las cortinas hacia una nueva Cristiandad.
A partir de
ahí, los rumbos de la historia cambiarán. La pa­
labra evangélica se vuelve plenamente efectiva: quaerite primum
regnum Dei et iustitiam eius, et baec omnia adicientur vobis
(Mt 6,33).
Primero, el Reino de Dios.
Lo atestigua el gran Papa Pío XII,
en proclamación hecha el 20 de junio de 1949: «Aquellos Reyes
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/OSE PEDRO GAL V A'O DE SOUSA
Católicos se propusieron, como motivo fundamental de sus em­
presas, la propagación de la Fe y la dilatación del reino de Cristo
en
la tierra».
Demostración elocuente del amor
y del cariño de Isabel la Ca­
tólica
por los habitantes de las selvas americanas son las Leyes de
Indias, modeló de legislación inspirada en los
principios de la jus­
ticia
y de la equidad, fundados en el derecho natutal.
No olvidemos esta recomendación a Cristóbal Cólón en las
primeras instrucciones que la
reina le daba, en el afio 1493: «Los
indios deben ser tratados bien y amorosamente, sin que se les
cause
el menor perjuicio. De tal forma que se establezca con ellos
mucha conversación
y familiaridad». Isabel no soportó la actitud
de
Colón, qne envió a Espafia algunos indios para

que fuesen ven­
didos como esclavos
y exigió su devolución a las Antillas.
De modo semejante en Portugal, el
rey Dom J oao III escribía
al primer Gobernador General del Brasil, Tomé de Souza,
en un
Regimiento que fue verdadera constitución o ley fundamental, que
«la
intención principal con que se manda poblar esas tierras es la
conversión del gentío a la Fe católica. Debe el Gobernador con­
siderar con mucha atención este asunto con los otros Capitanes.
Cumple tratar bien a los gentiles
y, en el caso de que fueren agra­
viados, dárseles toda la reparación necesaria, castigando a los
de­
lincuentes».
Se demuestra que la colonización de portugueses y espafioles
no· puede ser con-fundida con el colonialismo mercantilista, de
mera explotación.
Se ha colonizado en el sentido superior de ele­
vación cultural, según
el significado original de la palabra ( de
colere, cultivar). Los pueblos colonizados fueron civilizados, y si
la civilización es perfección social, no fo podlan ser sino por la
evangelización, portadora de las verdades salvíficas que aseguran,
también,
la felicidad y el bienestar temporales. De la búsqueda
del
«Reino de Dios y su justicia» viene «todo lo más por afiadi­
dura».
Así se explica la tipicidad
de la obra civilizadora realizada en
el mundo hispánico, desde las Indias Occidentales, descubiertas
por Cólón, hasta las Orientales, donde Filipinas se destaca como
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LA CRISTIANDAD DE LAS ESPARAS DE AMERICA
lejano ramo floreciente de la Cristiandad de las Españas. Así se
explica también la ausencia de cualquier racismo, al contrario de
lo que ocurrió con los colonizadores europeos que exterminaron
los pieles rojas en Norteamérica y crearon el problema negro; o,
en Africa, con los que separaron las
razas, invocando superioridad
étnica, produciendo así una marginalización humillante para los
nativos.
El eminente historiador inglés Toynbee reconoce la superiori­
dad de la colonización
hispánica, descubriendo lealmente las mi­
serias del colonialismo de sus compatriotas y de los calvinistas
holandeses.
De ahí se origina en las Américas española y portu­
guesa la
mezcla de razas, como consecuencia del trato fraternal de
blancos
y hombres de color, que llevó al mestizaje de la «raza
cósmica»
enaltecida por el mejicano José Vasconcelos.
Por añadidura vinieron también las instituciones sociales
. y
políticas. de los cuatro
virteinatos de la Corona de Castilla y del
Estado del Brasil, denominación
.oficial del dominio portugués en
América
(Estado, nótese bien, en los términos de las Ordenacio­
nes del Reino, y no
colonia}.
Lo que fue esa magnífica estructuración nos lo da a conocer,
lúcida y gallardamente, Salvador de Madariaga en su
Cuadro his­
tórico de
las Indias. Un liberal -hay que observarlo'-recono­
ciendo
sin ambajes la magnitud de la construcción sociopolítica
de la
Monarquía española en América.
De la misma forma el brasileño Oliveira Vianna, cuya obra
es
cumbre de nuestra sociología política, proclama el sentido ol,.
jetivo de los hombres de Estado de los tiempos coloniales en con­
traste con el idealismo utópico de los del Imperio y, más aún, de
la República, perturbados
en. sus mentes por las influencias ideo­
lógicas sobrevenidas con la Revolución Francesa o por la atracción
que ejercían los modelos institucionales anglosajonés.
Administración central-criteriosa; autonomías sociales recono­
cidas, un esbozo de sistema representativo orgánico, con los ayun­
tamientos y los cabildos, todo eso era reflejo de la tradición de
España, fruto de una política experimental; era la capacidad de
adaptar instituciones y· leyes sin forzar las condiciones locales,
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JOSE PEDRO GALVÁO DE SOUSA
antes sabiendo tener en cuenta sus peculiaridades; eran las liber­
tades concretas de
los hombres sometidos a la autoridad modera­
dora y moderada; era también la autoridad política limitada por
los poderes intermedios de los grupos naturales e históricos, a
partir. de la familia como célula social y unidad política. Era, en
una. palabra, la sabiduría cristiana que gobernaba los pueblos, el
orden temporal impregnado por los principios del Cristianismo.
El Cristianismo, lo predicaban los misioneros.
La Cristiandad
-res publica christiana-la erguían los conquistadores, los go­
bernantes, los hombres de representación social.
Las huellas de la acción de unos y
otros construyendo la ciu0
dad católica -luz de saber para la inteligencia, calor de caridad
para el
corazón-quedaron impresas en la tierra y en el hombr~.
La geografia del continente .lo manifiesta simbólicamente, con los
nombres de los santos
del" día que eran dados a las montañas, a
los cabos, a
los ríos, cuando eran descubiertos. La cultura lo ates­
tigua con
la multitud de escuelas y universidades, algunas de las
cuales podían competir con las más famosas del Viejo Continente.
En suma, debemos recordar este pasaje de Restrepo Mexia, el
12 de octubre de 1930, al pronunciar un discurso conmemorativo
de la fecha, delante de
los miembros de la Academia Colombiana
de Historia: «Dueños
ya de la tierra americana, no la consideraron
comd simple campo de explotación, sino como patria adoptiva,
en donde habían de dejar su descendencia y sus huesos. No colo­
nizaron como lo han hecho otras naciones,. barriendo de nativos
el suelo conquistado, recluyéndolos en regiones remotas, limitán­
dose a aprovechar
sus servicios con absoluto desprecio de las per­
sonas y a explotar sus necesidades para el consumo y cambio de
productos, abandonándolos por lo demás a su suerte; sino que
se
mezclaron con los naturales, considerándolos dignos de la comu­
nidad humana, trabajando por ponerlos a su nivel intelectual y
moral, y
los prepararon así para la vida política de la civilización
cristiana» (2).
(2) Desde CHARLES FLETCHER LUMMIS, Los exploradores españoles del
siglo
XII, trad. castellana de Antonio Cujas, 15.ª ed., Araluce, Barcelona,
basta, recientemente,
el Cardenal J OSEPH H6FFNER, Kolonialisrnus und
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LA CRISTIANDAD DE· LAS ESPARAS DE·'AMERICA
IV. Los ANTAGONISMOS . DISOLVENTES
España supo guardar en su irltegridad los valores de ·la Cris­
tiandad medieval y defenderlos ant,, los que en Europa arremetían
contra
ellos. No pennitió que la pseudorrefonna de Lutero y otros
rebeldes
contra Roma penetr~e ·en ·la península. Mantuvo firme
la
unidad católica, al ser destruido el· arrianismo, y fortalecida
durante los trances
prolongados de las luchas contra los seguido­
res
del Corán. Los ecos teológicos del, IH Concilio de Toledo
repercutieron en el Concilio
de Trento, durante el resplandor dog­
mático español que coincidió con el brillo de la letras y las artes,
en el siglo de oro, sin olvidar los altos vuelos· de la ascética y de
la mística.
Emperd, vino el siglo
XVIII. La Ilustración -Aufkliirunf en
Alemania, Philosophie des Lumieres, en Francia-era. el remate
del libre examen protestallte. y del racionalismo cartesiano. De­
sembocó en un antkristianismo , furioso del que Voltaire se ha
hecho ejemplar . prominente. Propagada por la masonería y las
societés de· pensée, la «filosdfía de las luces» desencadenó la re,
volución intelectual engendrado ta de Ja revolución política de .1 789.
Esta última no se contuvo dentro de las fronteras · francesas,
Es sabido que la Revolución Francesa tuvo repercusión de dimen­
siones universales. -Sus secuelas· se hacen -sentir·· -hasta n:q.estros
días. Transponiendd los límites geográficos de Francia y de Eui:o­
pa, no tardaron en penetrar en los pueblos de América, empezando
.a. hacerlo precisamente en la época de la ,independencia de éstos,
Evangelium, en traducción portugt.1esa: Colonización e Ev_angelho. Etica· da
coloflizdfao e,spanhola no séculO dé ouro, 3.• ed:, -Presen~a Édi~oes, Río ~~
Janeiro, · 1986, hay una abundante liteiatura al respecto. Sin o1Vidar estoS
dos libros del historiador argentino V1cENTÉ D. SEÍlRA; El· sentido misional
de la conquista de América, 1 ... edici6n, Publicaciones del Consejo de Hispa~
nidad, Madrid, 1944, y Así se hizo América, Biblioteca Dictio, Buenos Aires,
1977. Escribe __ d norteamericano LuMMIS ___ etl· el prefacio _del :libro citado:
«Las razones d~-que no hay~os hechO jú.Sticia a·'1os. conglJ.istá.dores espa­
ñoles son:, sencillaniente, porque . hémoS ·sido inal ·mformadOs. Su hl~tOrill
no tiene ¡iáralelo». , ' '
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/OSE. PEDRO GALV ÁQ DE SOU$A.
cuando los hombres de sus élites directivas tenían la mente llena
de las nuevas ideas difundidas en toda parte por los mismos
agen­
tes de la Revolución.
Es que Carlds V y Felipe II habían protl!gÍdo a España con
una actuación vigilante y enérgica de preservación de la Fe. Mas
ahora, con los Borbones en el trono de Madrid, las modas y las
ideas de París atravesaban los Pirineos. Intelectuales y políticos
afrancesados perdían
el sentido de la monarquía histórica. Los
constituyentes de Cádiz, en cdntraste con el pueblo que luchó con­
tra los ejércitos de Napoleón, acogían el liberalismo de las logias
y del Contrat social. Era .el desgarramiento de la tradición, com­
prometiendo seriamente la unidad católica.
En Portugal, el ministro Pombal, dotadd de amplios poderes,
en pleno despotismo ilustrado, reformaba
la Universidad de Coim­
bra bajo la influencia. del iluminismo europeo. Los próceres de la
independencia de Brasil, y los primeros hdmbres de Estado, educa­
dos en Coimbra, transportaban también hacia su tierra los prin­
cipios del liberalismo. Y lo mismo ocurrió en toda la
América
española, donde las consecuencias fueron mucho más graves, pues
el Imperid, en
el Brasil, no obstante sus errores, era de hecho
un
factor de unidad, de orden y de continuidad con la tradición,
mientras que
los cuatro virreinatos de España acabaron dividién­
dose en múltiples repúblicas, organizadas según los principios de
la Revolución
Francesa y los modelos institucionales angosajones.
El
«país legal» se oponía al «país real», para usar las expresiones
de Tocqueville y Guizot.
·
Fue el origen de una crisis que permanece hasta hoy, en la
sucesión interminable de regímenes que
se balancean entre el caudi­
llaje y
la demagogia, perdido el sentido cristiano del poder e in­
ttuducidas las fórmulas laicistas y positivistas hostiles a la Cris­
tiandad de otrora. Una figura excepcional quiso recaccionar, el
gran García Moreno,
presidente del Ecuador, y por esd fue asesi­
nado.
Las influencias anticristianas prosiguen en nuestros días, ad­
quiriendo mayor fuerza con los medios de comunicación de masa,
que forjan
la opinión pública y deforman las conciencias. Las
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LA CRISTIANDAD DB LAS-ESPARAS DE AMERICA
ideologías revolucionarias -del liberalismo al marxismo-- pro­
vocaron una verdadera
de esquemas individualistas, que reducen la comunidad política a
un agregado de individuos frente al Estado, sin reconocer
la mi­
si6n de las familias y de los cuerpos intermedios con sus derechos
inalienables. Reacciones dichas de
deyecha, llenas de equivocacio•
nes y de errores, de nada han servido sino para aumentar la con­
fusi6n de las ideas y agravar los males.
Añádase la corrupción de las costumbres, acentuada después
de la Segunda Guerra Mundial bajo la égide de una especiosa
de­
mocracia, y se aquilatará cuánto sufre hoy la Cristiandad de· las
Españas en América.
Nótese bien. En todos
los países, el pueblo sencillo del campo
no
se ha dejado contaminar tanto; conserva su fidelidad y morige­
ración. Pero
la tiranía de la televisión, con fuerte acci6n subJimi.
na! que
se puede percibir hasta en la publicidad, lo alcanza y lo
transforma todo con sus programas disolventes.
El recato y los hábitos familiares de inspiración cristiana
se
pierden mientras se va esparciendo el american way of lije, dise­
minado también en naciones de otros continentes.
Propaganda criminal de medios artificiales para la restricci6n
de la natalidad, hecha por agencias intemacionales
al servicio de
poderosas fuerzas imperialistas y mundialistas, penetra en las selvas
amaz6nkas esterilizándose mujeres entre poblaciones indefensas.
V. POR UNA NUEVA RECONQUISTA
Al acercarse el V Centenario del Descubrimiento y Evangeli­
zaci6n, los enemigos de España renuevan las versiones de falsifi­
cación de los hechos suscitadas por la leyenda negra.
Ya están
ellas definitivamente refutadas: desde Julián Juderías, en obra
ca­
pital, hasta Jean Dumont, aguerrido defensor de la verdad histó­
rica, en la Francia de nuestros días, todo
se ha dicho, incluso sobre
la leyenda negra hispanoamericana. Deplorablemente, la leyenda
se relanza hoy y es instrumentalizada por los secuaces de la teolo­
gía de la liberaci6n.
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JOSE PEDRO GAL V ...lO DE SO USA
Baluarte del Catolicismo, Espajía fue· en los primeros· tiempos
de la revuelta protestante, y sigue siendo hasta hoy, blanco prin­
cipal
de cuantos se oponen a la influencia de la Iglesia. en la. civi;
lización.
Conmemorándose el medio milenio, las fuerzas del Avern()
rugen rabiosas. Se acusa a Espajía de haber destruido las · culturas
originales de los indios con
propósitos imperialistas y métodos de
crueldad. Quieren revalorizar culturas
c¡ue admitieron la antropo­
fagia, el asesinato de prisioneros
de guerta, el sacrificio de niños
i .los ídolos, el corazón arrancado en vidá y otras prácticas omino­
sas,
desaparecidás con la cristianización, que elevó a los salvajes
a
un nivel de la más alta espiritualidad.
Para celebrar condignamente este V Centenario, hay que
en,
señar la verdad histórica, defender los valores cristianos perennes,
vivificar
con ; ellos las estructuras sociales deteriora.das ¡,or las
ideologías y los· agentes de la Revolución.
Será
la nueva evangelización, recuperando el Bentido más pro­
fundo de la trayectoria de nuestros pueblos,
hermanados en la
Cristiandad hispánica.
En esta. Sevilla que el rey San Fernando reconquistó para
Cristo, cumple alzar un clamor de convocación:
¡vayamos hacia la
nueva Reconquista!
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