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Historia de un combate cultural

HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL (*)
POR
MARIO SORIA
I
El tema que nos han . asignado es inteyesantísimo por su con­
tenido, si bien su exposición adolecerá. de cierta
monotonía, ya
que resulta inevitable enumerar en largas relaciones nombres de
periodistas y títulos de impresos, a menudo sin otra indicación
<;aracterizadora, debido a la escasez de tiempo. Pedimos, pues,
anticipadamente disculpas y paciencia. Y disculpas
tam!,ién por
los errores que hayamos podido cometer; no por las omisiones,
puesto que habría sido loca pretensión
la de agotar el asonto.
Tratar de las publicaciones periódicas antirrevolucionarias
aparecidas desde el siglo
XVIII hasta nuestros días, significa abar,
car un mundo de ideas, personajes y obras prácticamente desconc,.
cido para la inmensa mayoría del público, incluidas las personas
de ideas afines a tales impresos. Numerosas son
las causas de. ello,
Los papeles que aparc:cen a intervalos regulares, provistos de un
nombre general, que consisten en
unas cuantas hojas y contienen
escritos breves, suelen gozar de mucho menos aprecio del que tie­
nen los frotas mayores
del intelecto. A priori se los considera no
tan profundos ni serios como un libro. Sin embargo, personajes
ilustres por su competencia, su saber _en. ciertas materias, su -agu­
deza o su bien cortada pluma, no han sido remisos a la hora .de
escribir en diarios y revistas, recooociendo la importancia· de este
medio de
difusión de ideas.
(*) Conferencia pronunciada el 6 de diciembre de 1992, aunque nó
íntegramente.
Verbo, núm. 317-318 (1993), 841-881 841
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De otra parte los periódicos son de conservación mucho más
difícil que un libro. Consisten los mismos a menudo en pocas ho­
jas, fácilmente desechables, cuando no tienen formato desmesura­
do, de pliego o medio pliego, muy incómodo de guardar. Además,
para tenerlos primero hay que adquirirlos. Valga
la perogrullada,
porque pasada la actualidad, los ejemplares salvados de la
des­
trucción rarísimamente se ponen en venta, siendo más escasos que
los libros más escasos. Apenas se encuentran fuera de las heme­
rotecas, y como su tirada original, en particular la de los antiguos,
no suele ser muy grande, casi no
se divulgan fuera de su país o
zona de procedencia. Todo ello contribuye a esconder uoa ingen­
te cantidad de materiales
de suma utilidad para la bistoria de las
ideas, los conflictos políticos y religiosos, el conocimento literario
y filosófico de una época.
Hablaremos de las publicaciones contrartevolucionárias perióc
dícas. Aclaremos,· no obstante, que· el término «conttarrevolucio­
nario» no tiene, a' nuesrto juicio, sólo sentido político, sino orto
mucho más hondo, de antagonismo respecto de ciertos principios
metafísicos, de
los cuales es la llamada «revolución» simple ma­
nifestación en el eainpo de la sociedad y el estado. Sobre esto vol­
veremos más adelante. Y por lo que se refiere a las diversas pu­
blicaciones,
repetimos no ser deseo nuestro señalarlas todas, desde
la fundación del
Diario de Trévoux, en 1701, hasta las de nuestros
días. Nos contentaremos con indicar unas pocas de cuatro países:
Portugal, España, Francia e Italia, a modo de muestreo, como se
diría hoy. De manera que muchísimas las pasaremos en silencio.
Preceda a la· obra la indicación de unos cuantos nombres de
quienes la hicieron.
Mezclaremos a veces fundadores, redactores
y colaboradores, ya que con frecuencia son los citados una u otra
cosa respecto de distintos periódicos, y auo del mismo.
Francisco
Javier de .Feller encabeza la lista. Jesuita .bruselense,
nacido en 1725 y muerto en 1802, y que, pese a no ser nativo de
ninguno de los países
a que se ciñe nuestro brevísimo examen,
su obra como redactor del
Diario Cat6tico y Literario, impreso
primero en Luxemburgo
y después en Lieja, colección de sesenta
volúmenes, lo convierte en uno de
los enemigos más enérgicos
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
del regalismo en ves1on josefinista y, durante sus años .últimos,
de
la revohición francesa. Su oposición al despotismo del empe­
rador José II lo induce a apoyar abiertamente la insurrección bra­
banzona de 1789, que inicia una serie
de alzamientos populares y
conservadores que agitarían a Europa a
lo largo de casi un siglo,
en Bretaña y
la V andea, Calabria, España, Polonia, Grecia, Bélgi'
ca, Irlanda, Suiza, los estados alemanes y el Tiro!, Valgan ·estas
líneas como recuerdo de una labor extraordinaria.
Entrando en el
ru:nbito que nos hemos fijado, empecemos con
Francia y
Elias Frerón, adversario jurado del enciclopedismo ra­
cionalista y enemigo personal de Voltaire. Vive de 1.718 a· 1776,
mientras se gesta la revolución francesa. Funda en. 1749 las. Cartqs
acerca de algunos escritos de hoy (Lettres sur quelques écrits du
temps),
convertidas después en el Año Literario. (L'Année Litté­
raíre),
y hasta su fallecimiento, durante más de cinco lustros, el
periodista ataca sin tregua la filosofía subversiva.· Dirige, asimismo;
El Diario de los Extranieros (Le Journal des Étrangers).-Pertene­
ce Frerón a esa corriente o grupo de semiderrotados que la histo­
riografía oficial nos ha hecho olvidar, pero que tiene por
lo menos
tanto saber, sensibilidad e ingenio como los triunfadores. Y ya
que de ellos hablamos, exhumemos por un
momento de entre la
legión de sepultados por el silencio sectario, aunque no hayan sido
periodistas, al jesuita Claudio Francisco Nonotte, al comediógrafo
Carlos Palissot (antes de que desvariase convirtiéndose en
jacobino
y jefe de la secta de los teofilántropos ), al poeta .y magistrado
Juan Jacobo
Le Franc. de Pompignán, a la señora de Genlis, pe­
flagoga y novelista: nombres que a veces no se encuentrau ni si­
quiera en los diccionarios ( 1) .. Es digno de notar, igualmente, que
(1) MIGUEL JosÉ PrcoT: Memorias para. servir a .la historia eclesiástica
del siglo XVIII, vol. Ii' (Madrid, 1815), págs. 282 y sigs.; Historia g;neral
Je la I,J,eiia, desde la predicaci6n dé los ap6stoles hasta el pontificado de
Gregorio XVI, del abate. Berault-Bercastel, corregida y· continuada por el
barón Henri6n, Versión española, vol, VII (Madrid, 1855), págs, 14 y sigs.,
300 y sigs.; GUILLERMO FRAILE: Historia de la filosofía, vol. III (Madrid,
1978), págs. 964 y sig.; AMADEO BRITSCH: La ;uventud de Felipe Igualdad
(París, 1926), págs. 373 y sigs.; GASTÓN MAuGRAS: U/timos años dé la corte
de Lunéville (París, 1906), págs. 149 y sigs., 265 y sigs.
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MARJó SORIA
cuando hablamos de silencio sectario, tampoco nos olvidamos del
juicio desdeñoso con que ciertos
· escritores de · derecha condenan
a quienes llevaron la peor parte en la lucha ideológica, caso, por
ejemplo, del historiador Pedro Gaxotte, que
tilda de superficial
a Frerón
y de pesada la refutación del abate Nonotte, respecto de
las divagaciones históricas
de Voltaire, plagadas de errores (2). ·
·
Pero volvamos a nuestros redactores de diarios, semanarios y
anales.
· No puede faltar en la lista el abate Agustín Barruel, jesuita,
nacido en 1741
y muerto en 1820. Famoso por sus libros acerca
de
la revolución francesa y el jacobinismo. Ensalzado o desprecia­
do, según la ideología del lector o estudioso, Barruel también es
benemérito por su labor periodística. Colabora con Frer6n··regular­
mente
en el Año Literario, y en 1788 se encarga de la edición del
Diario Eclesiástico (Journal Ecclésiastique).-Algo anterior a Ba­
rruel es el también jesuita Guillermo Francisco Berthier ( 1704 á
1782), uno de los apologistas más notables del siglo XVIII. Cola­
borador del Diario de Trévoux desde 1745, donde ataca con lau­
dable celo la
Enciclopedia de Diderot y d' Alembért y los errores
y falsedades historiográficos
de Voltaire.
Casi resulta innecesario hablar de Antonio
de Rivarol, funda:
dor del Diario Politico y Nacional y de Actas de los Ap6stoles;
periódicos donde se mezclan noticias de toda clase, especialmente
políticas, con ·sátiras, caricaturas, sangrientas burlas, ariién de una
filosofía peculiar que, aun siendo conservadora por lo que a la
organización de la sociedad se refiere, está en las· antípodas de
la doctrina
de José de Maistre (J ).-Recordemos también a Esteban
Antonio de Bolonia
(o de Boulogne, como dicen los franceses).
Nacido en 1747. Vicario de Santa Margarita de París. Rehúsa
jurar la constitución cismática del clero. Optimo periodista,
com­
bate sin temor a los sacerdotes juramentados y las tiránicas leyes
dictadas por el directorio. Funda en 1796, los
Anales Religiosos,
(2) El siglo de Luis XV (París, 1933), pág. 363.
(3) GASPAR DB·. SCHRENCK-NOTZING: «Antoine de Rivarol», en revista
Critic6n, núm. 52 (Múnich, marzo a abril de 1979), pág. 52.
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
Pol!ticos y Literarios, convertido& en Anales Cat6licos a parili
del número 21 ( 4 ), y después eri Anales Filos6ficos, Morales y
Literarios, donde nuestro escritor. condena, por ejemplo, el decreto
ultrarregalista de Carlos
IV, de 1799, respecto de las facultades
episcopales, así como
1a pastoral y el edicto del obispo salmanti,
no don Antonio Tavira, en los ·cuales el prelado aprueba la es­
candalosa intromisi6n del estado en asuntos eclesiásticos. Bolonia
muere en 1825, siendo obispo
de Troyes.-No es menos digno de
tener su sitio en esta relaci6n el
abate Roque Ambrosio Sicard,
que vive de 1742 a
1822, inventor de un lenguaje de signos y
autor de libros de instrucci6n para los sordomudos. Sucede al
abate de l'Epée en la direcci6n del establecimiento destinado a la
enseñanza de dichos impedidos. Escapa
por milagw de ser asesi­
nado en septiembre
de. 1792. Cuatro años más tarde, es colabora­
dor natable de
los Anales Religiosos, Politicos y Literarios.-Otros
escritores de la misma corriente (prescindamos de·váriaciones fo.
turas) que llevan al periodismo su lustre personal como fundado­
res, editores o articulistas, son
Chateaubriand, Bonald, Ozanam,
La Mennais, Montalembert.-Casi igual que en el caso de Rivarol,
cerca está de ser superfluo nombrar a Luis
V euillot, de tocios co­
nocido. Nace en 1813; con veintisiete años escribe en L'Univers,
y desde 1843 dirige el .diario hasta 1877, cuando cae enfermo,
seis años antes de su muerte.
Cabeza. de campañas resonantes; a
veces, muy
pocas, equivocado por .su dureza; otras, la mayoría,
fiel intérprete de Roma. Combate en favor de
la libertad de en­
señanza, la infalibilidad pontificia, el poder temporal de la Santa
Sede, al mismo tiempo que impugna los restos de galicanismo que
subsisten en su país, y denuncia sin descanso el llamado catolicis­
mo liberal
(5).-Y aunque nos.salgamos a medias del campo acota-
(4) CLAUDIO BELLANGER~ ]ACODO GonEcHoT, PEDRO GmRAL, FERNAN~
no TERROU y OTROS: Historia general de la prensa francesa, vol. I (París,
1969), .pág. 536.
(5)
De este gran católico y de su obra, no. s6lo como p~ista, habla
breve pero jugosamente Josf l?EDRo GÁLvAo ·»E SousA: «Actualidad de Luis
Veuillot», ilt!culo de la revista Verbo, núm. 219-220 (Madrid, octobre-no­
viembre-diciembre de 1983), págs. 1.215 y sigs.
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do por la Iglesia, valga para seíialarlos el mérito extraordinario de
los
· historiadores, políticos, filósofos, literatos de renombre que
en,Francia se agrupan en tomo de La Revista Universol. (La Révue
Universelle),
muchos de ellos colaboradores del diario Acdón
Francesa. Fundada.dicha:'revista por el historiador Jacobo Bainvi­
lle, aparece su número
primero .en 1920 y se leen en ella h,.s fir­
nias•.de Maurras, León Daudet, Renato Benjamín, Thierry Maul­
nier, Maritain, Abe! Bonnard, Brasillach, Gonzague de Reynold y
hasta del cardenal Mercier.
Pasados a Italia, nos topamos con Tomás María Mamachi;
griego, nacido en 1713, etÍ la isla de Quío, y muerto en 1792.
Dotninico; maestro del Sacro Palacio, autor de numerosas y nota­
bles obras de
teología, una refutación de Febronio, impugnaciones
del racionalismo de su tiet:Ílpo· y del catecismo de Mesenguy, etc.
Dirige el
Diario Eclesiástiéo, que empieza a editarse en Roma en
1785,
con el fin de combatir las Notidas Eclesiásticas de Viena,
el Diario Literario de Milán y los Anales Eclesiásticos florentinos,
o
sea tres publicaciones donde se propugna el josefinismo, de
acuerdo con el gobierno de las capitales respectivas.-Contemporá­
neo del anterior, realiza un brillante trabajo periodístico el jesuita
Francisco
Antonio Zacarías, cuya vida se extiende entre 1712 y
1796. Historiador, filólogo, anticuario, teólogo.
Ataca duramente
a Febronio. Periodista, colabora en el Diario Eclesiástico tómano
y dirige la Historia Literaria de Itol.ia, periódico cotidiano en ca­
torce volúmenes, donde analiza todas las publicaciones que por
entonces
· aparecen, emitiendo juicios acerados que le causan al
autor no pocits-enemistades.
Otro periodista de gran relevancia es el sacerdote J acobo Mar­
gotti, nacido en 1823 y muerto en 1887. Defensor intransigente
del Papado, los obispos exiliados y
las órdenes religiosas. No nos
olvidemos que asiste a
la expoliación del poder temporal de la
Iglesia y
al despliegue del anticleralismo triunfante en toda la
península. Director de
L'Armonia della Religione con la Civílta
y fundador de L'Unita Cattolka.-No menos ilustre es David Al­
bertario, sacerdote como el anteri;,r, que vive de 1846 a 1902.
Paladio del
Syllabus y del concilio vaticano primero. Editor del
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HIST diario Osservatore Cattolico y del semanario Il Po polo Cattolico.
Aboga también
. por los pobres, denunciando la miserable condi­
ción de los asalariados, campaña que lo lleva durante un año a la
cárcel.-El·periodismo se honra de.igual modo con el nombre de
dos juristas ilustres, cuyo pensamiento político, alejado a la par
del absolutismo y de las fantasías hiperdemocráticas de La Mennais
y de Sangnier, probablemente
ha tenido voz y peso en muchas
importantes decisiones pontificias. Hablamos de Luis Taparelli
d' Azeglio y de Mateo Liberatore, de los que en más de un número
de
La Civilta Cattolica aparecen artículos.-No va a.la zaga en lau­
reles José Toniolo (1845-1916), cuya causa de beatificación hállase
incoada: catedrático de economía
enla Universidad de Pisa, pres­
tigioso hasta haber intervenido en la redacción de
la encíclica
Rerum novarum. Político (encabeza la Unión Católica, a requeri­
miento de San
Pío X), también echa su cuarto a espadas en el
periodismo, fundando en 1893, con objeto de difundir la doctrina
social de la Iglesia,
la Rivista Internazionale di Sdenze sodali e
ausiliari.-Y hablando de Toniolo y la doctrina económica tal como
la propugnan los Sumos Pontlfices, no parece descaminado recor­
dar a un coetáneo del profesor
de Pisa, Luis Sturzo, nacido en
1871 y muerto en 1959, docente del seminario de su villa natal
de Caltagirone y alcalde de
la misma. Mucho antes de dedicarse a
la democracia cristiana, se
ocupa Sturzo de la organización sindi0
cal de los mineros y campesinos sicilianos. El diario que publica,
titulado nada menos que
La Croce di Constantino, defiende unos
derechos que a veces
no parecen estar muy bien comprendidos por
quienes
se proclaman contrarrevolucionatios.
Ahora, Portugal.
«Fiero batallador», «gladiador», «polígrafo incansable» llama
Menéndez y Pelayo a José Agustín de Macedo, exfraile agustino,
que vive de 1761 a 1831, vale decir que presencia
la invasión
francesa de su patria, la desaparición de
parte del imperio ultra­
marino y la feroz pugna entre liberales
y tradicionalistas. Todavía
hoy el aspérrimo verbo de Macedo despierta
la ira, como se ve en
las
semblsnzas que le dedican plumas enemigas de su credo polí­
tico, poniendo de relieve defectos y deslices
.del personaje, más
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MARIO SORIA
que sus dotes de polemista y sus ideas peculiares (6 ). Fuera de
innumerables folletos escritos con tanta violencia
. como talento,
el apasionado partidario
de don Miguel edita de 1828 a 1829 un
periódico titulado
A Besta Esfolada (La Bestia Desollada), vein­
tisiete números en defensa del monarca que es ídolo del pueblo
y que por ello, en buena lógica liberal, tiene todos los derechos
de que carecen su hermano
y su sobrina para regir el país. El im­
preso alcanza. una tirada de cuatro mil ejemplares, sorprendente
para
la época y demostrativa. del interés que el mismo despierta
en el póblico.
La «bestia» que Macedo se propone desollar es,
según el fraile secularizado, la
,facción que había empezado a «en­
cabritarse» (espinotear, en. portugués) hacia 1823, reunidas las
cortes liberales,
y sigue agitándose hasta 1828, año en que vuelve
don Miguel
a Lisboa. La «bestia» -continúa nuestro periodista­
aparece al estallar la revolución francesa y tiene en la frente, al
modo. de su homónima del Apocalipsis, escrito: ¡Abajo los tronos
y
)os altares! De otro lado, riquísimo én expresiones populares,
la publicación de Macedo está repleta además de chistes de
sal ·
gruesa,
todo lo cual hace fruncir lá nariz a la deliéadeza y finura
liberal, que tacha esalengua.tortencial de decires.de arierro ebrio.
Casi moribundo
y aquejado de intensos dolores, el imbatible lu­
chador tiene todavía arrestos
pata fundar en 1831 O Cacété (El
.Garrote), que dura hasta 1832. En cuanto a su obra de colabora­
ción en
periódicos ajenos y ante la imposibilidad de. reseñar sus
inp.umel'l!bles crí¡!cas d.e toda especie, en las cuales casi .siempre
existe'
int.ención. política, indiquemos solamente los numerosos ar­
tículos que de 1821 a 1823.. presenta Macedo en la Gazeta Uni­
versal, Pol!tica, Literaria e Mercantil,
antiliberales y antimasónicos.
Periodista
de la escuela del anterior es fray Fortunato de San
Buenaventura, nacido en 1777
y fallecido en 1844. Cisterciense,
arzobispo
.de Evora. En 1823 empieza a .intervenir en las luchas
políticas
d~ la época. Publica. O Punhal dos Carcundas (El Puñal
de
fos Jorobados), O Maw de Ferro Antimasónicq, O Mastig6foro
Per!6dico (del griego .¡1MnE, «látigo»; vale decir El Periódico
(6) a.-Gran enciclopedjd portui.uesa y brasilt;ña, vól. XV (Üsboa-Rfo
de Janeiro, s. d,), págs, 728 y sigs., artículo «Macedo, padre José Agustín de.e
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
Portalátigo o, más castizamente, El Zurriago}. A la retirada. de
don Miguel, también tiene que exiliarse y muere en Roma. Hom:
bre de gran pureza de costumbres, sumamente caritativo, estudio­
sísimo y eruditd, autor de numerosos tratados históricos y
apolo­
géticos.
No menos ilustre que los nombrados se nos presenta, José
Fernando de Sousa, nacido en 1855 y muerto el año de 1942.
In­
geniero de ferrocarriles, funcionario públicd importante, militar,
también actúa en el periodismo, como Macedo y fray Fortunato,
en épocas tormentosas,
ya que a la sazón campa por sus respetos
el
anticlericalism<> más soez. Colabora con el pseudónimo de Nemo
en
el Correio Nacional,. diario de la jerarquía eclesiástica portu­
guesa. De 1897 a 1901
es director del mismo. Ocupa idéntico
cargo del diario católico portense
A Palavra, fundado en 1870, y
de Portugal, clausurado en 1910, tras el derrocamiento de la mo­
narquía. En 1916 aparece en Llsooa el diario A Ordem, igualmente
católico, a cuya cabeza se encuentra Sousa hasta 1919, cuando
,al ,
periódico lo cierra una orden
gubernativa. Ese mismo ajio sale
A
Epoca, también dirigida por el batallador periodista, que pone
lds puntos sobre la íes, sin respeto humano, ñoñeces ni .temores.
Sousa suspende la publicación del impreso en enero de 1927, a
causa de desacuerdos con
el Centro Católico, pero el 29 del. mismo
mes saca A Voz, diario inc\ependiente, que refleja las opiniones
de su director. ·
En el diario legitimista A Na~ao, creado en 1847 por Manuel
María de Silva Bruschy, se forma · una especie de cenác,tlo de, es­
critores brillantes que i!eíienden a. la par su credo religioso y su
lealtad monárquica. Citemos algunos. El fundador, nacido en 1814
y muerto en 188.3, combatiente en las filas miguelistas y después
en las de don Carlos, a las órdenes del general Cabrera. Forma
parte de esa legión extranjera de la que también son miembros
Hénningsen, Lichnovski,
el asimismo portugués conde de Madera
y. tantos otros; opuesta a la cuádruple alianza, liberal, que a su
vez recluta una legión extranjera antagónica a la legitimista. Silva
descuella después como abogado, romanista y autor
de varias obras
de derecho
dviL-Sq lújo, homónimo, secretario general de ha-
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MARJO SORIA
cienda con Sidonio Pais (núnistro del ramo en 1911). Militante.del
partido de don Miguel, colaborador de
.varios· peri6dicos adictos
al monarca destronado; director, desde 1883, de A Na,ao.--Otro
periodista que debemos mencionar es Fernando Pedroso ( 1818 a
1901), redactor del diario citado y de dos
peri6dicos portenses
de la misma tendencia política del primero: Patria y Direito. Co­
rresponsal de L' Ami de la Religion. Miembro de la .comisi6n re­
caudadora del llamado dinero de San Pedro, que se destina a ali­
viar las estrecheces del Sumo Pontífice. En 1851, funda .con
G6mez de Abren O Católico. Redactor de Ecos de Roma, que
comienza a publicarse en 1869, víspera del concilio, para contra­
rrestar la
propaganda antipapaL-Memorable también es Juan de
Lemos, cuya vida se extiende de 1819 a 1890. Político, ensayista.
Poeta, cultiva en metros y estrofas propios del lirismo popular
una poesía expresiva y colorida,
· cuya inspiraci6n surge del amor
a la tierra natal y su pueblo, a
sus creencias y sentimientos, por
lo cual se lo considera predecesor de Juan de Dios (a la portugue­
sa,
Joíío de Deus), once años más joven que Lemos. Director,
durante un tiempo de
A Na,"". Funda la revista O Cristianismo.
Colabora en Grito Nacional.-Igualmerite literato de importancia,
que vive
los mismos años del anterior y escribe repetidamente en
A Na,ao, es Antonio Pereira de Cunha, dramaturgo, poeta y po­
líticó legitimista.~Nos llama también la atenci6n otro ilustre re­
dactor del diario: Carlos Ceferino Pinto Coello, que vive de 1819
a 1893. Abogado, juez, diputado, gran orador, presidente de
va­
rias corporaciones públicas y del partido de don Miguel.-Citemos,
en fin,
a Gómez de Abren, Sancho Manuel de Villena y Porfirio
de Carvallo.
· También el grupo de los llamados integralistas lusitanos tiene
lugar destacado en esta sumarísima relaci6n. Personas de renom­
bre: economistas, políticos, literatos, filósofos, profesores universi­
tarios publican diarios y revistas de gran ascendiente en
la juven­
tud estudiosa de su época
y en la sociedad. Los integralistas
empiezan su
lalior periodística en 1914, año de aparici6rt de la
revista Narao Portuguesi Entre sus miembros cabe mencionar,
sin ánimo de nombrarlos a todos, Antonio Sardinha, Vasco de
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
Carvallo, Rolando Freto, José Pequito Rebelo (7}, Hip6lito Rapo­
so, Luis de Almeida Braga. El movimiento se disuelve en 1933,
pero en esos veinte años de existencia da a luz numerosos impre­
sos, a los que se debe la difusión de ideas que, al menos en parte,
acepta el estado del profesor Oliveira Salazar.
Por lo que a España concierne, abundantisimos son los escri­
tdres de renombre que se dedican al periodismo, generalmente
interviniendo en
la lucha religiosa y política que sacude, durante
!Os dos últimos siglos, a la sociedad de nuestro país, salvo cortos
períodos de paz. Atendiendo a la
ctonología, el primero con que
nos tropezamos
es el Filósofo Rancio, dominico fray Francisco de
Alvarado, cuyas cuarenta y siete
Cartas criticas tienen una sol­
tura, desenfado y mordacidad ajenos a los tratados y monografías,
y suelen escribirse al compás de lo que aparece en ciertos periódi­
cos de la
época, como el Diario Mercantil, El Conciso y otros.
El siguiente que nos viene a la memoria es Jaime Balmes, al
que
se ha calificado comd el escritor político más importante de
la prensa nacional, y al que José María García Escudero atribuye
el
mérito de haber sido el primer periodista que en España con­
cibe la noticia no como mero hecho
narrable,. sino que la interpreta
de acuerdo
con un criterio, siendo por ello prototipo del periodista
pol!tico. De otra parte, enorme es
el trabajo que en el campo de
la prensa lleva a cabo
el presbítero de Vich, redactor casi único
de
La Civilización, La Sociedad y El Pensamiento de la Nación,
quincenales los dos primeros y semanal el último. Estos impresos
todavía inducen a
la publicación de un cuatto, que también se
mueve
en la órbita balmesiana: El Conciliador (8).
Sigamos mencionando a otros. Donoso Cortés, que
nd desdeña
el presentar
en la. prensa asuntos políticos de la mayor importancia
o
teorías filosóficas abstrusas, bien en forma de artículos, bien de
cartas.-Menéndez y Pelayo, pese a alguna diatriba contra los pe,
(7) Cf. FRANCISCO JOSÉ FERNÁNDEZ DE LA C!GOÑA: «José Adrlano Pe­
quito Rebelo», necrología publicada en l:e. revista Verbo, núm. 219-220 (Ma~
drid, octubre-noviembre-diciembre de 1983), págs. 1.267 y sigs.
(8) PEDRO GóMEZ APAR1c1Ó: Hístoria det-·per'iodismo es'pañol, vol. T
(Madrid, 1967), págs. 338 y sigs.
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MARIO SOR/A
riodistas, pertenece al consejo de redacci6n del diario La. Unión.~
Una verdadera pléyade de escritores la encontramos en uno de los
mejores peri6dicos
de la Cataluña ochocentista: El Correo Cata­
lán; donde colaboran Navarra Villoslada, Valle Inclán, José María
de Pereda, Ricardo Le6n, Antonio de Valbuena.
De este último,
leonés (vive de 1844 a 1929), .menos conocido quizá que los
ci­
tados y que también escribe. en La Lealtad, Los Lunes del Impar­
cial y otro 6rganos de comunicación, observemos que es notable
poeta satírico, amén de fogoso militante del carlismo, auditor de
guerra, crítico literario y
novelista.-En cuanto a Vázquez de Mella,
muerto en 1928, está intelectualmente
a caballo entre dos siglos.
Atento siempre a la actualidad, quizá sus artículos abarquen más
temas
de los que habían preocupado a sus correligionarios, cen­
trados en la situaci6n religiosa española y las disputas dinásticas.
El gran orador
escribe en la prensa sobre multitud de asuntos:
situaci6n de los asalariados,
¡,olítica . internacional, tradicionalis­
mo, juicios literarios, filosofía, apologética,
etc.-En general, ade·
más de los mencionados, el periodismo español
del siglo XIX.cuenta
entre sus cultivadores a los nombres ·más famosos.de la centuria,
sean del campo ideol6gico y religioso que fuesen: Hartzenbuscb,
Bret6n de los Herreros,
Zorilla, José de Selgas, Adelardo L6pez de
Ayala, Nicomedes· Pastdr Díaz, Alarc6n, Modesto Lafuente,
Pétez
Gald6s, Gustavo Adolfo Bécquer, Pirala, Ortí y Lara, Valera, el
padre Coloma,
la condesa de Pardo Bazán, Carolina Coronado,
Mateos Gago, Leopoldo de Alas, Gabriel García Tassara, Cam­
poamor, Mesonero Romanos, Jacinto Verdaguer, don José Torras
y Bages, etc.
A
la profesi6n periodística de entonces dos pr6ceres aportan
una
·pujanza· ejemplar, gran valor en defensa de sus ideales cris­
tianos
y tenacidad a toda prueba, aunque tal vez menos flexibili­
dad en asuntos secundarios de lo que hubiera sido menester:
don Cándido Nocedal,
·gracias a cuyo empeño y talento nacen El
Padre Cobos, La Constancia y El Siglo Futuro, y don Alejandro
Pidal y Man, que saca a la palestra
seis diarios: La España Cató­
lica, La España, El Español, El Fénix, La Unión, y La Unión Ca­
tólica.
852
Fundaci\363n Speiro

HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
En nuestro siglo, las páginas de la prensa siguen atrayendo
poderosamente a los mejores ingenios.
Es inevitable mencionar,
aunque se trate de uno de los enemigos más
tenaces y solapados
del cristianismo, a José Ortega y Gasset, quizá más mito raciona­
lista que filósofo
real, perd con todo director de El Sol y cola­
borador de varias publicaciones:
Los Lunes del Imparcial, España,
El Espectador,
La Prensa de Buenos Aires, etc. Dejando a los
adversarios y sin rozar más que
un momento a don Miguel de
Unamuno, mucho más
próximd a nosotros que el sobredicho, limi­
témonos a quienes
por su profesión, sus convicciones, la necesidad
imperiosa
de las circunstancias, bien sea escribiendo, sea enseñan­
do, sea como actividad principal del escritor, sea complementaria,
militan en el periodismo contrarrevolucionario y forman uoa
es­
pléndida muchedumbre: Ramiro de Maeztu, Eugenio Montes,
Leopoldo Eulogio Palacios, Lorenzo Riber, Onésimo Redondo,
el jesuita Zacarías García Villada, Víctor Pradera, Ismael
Herráiz,
Emestd Giménez Caballero, Rafael Sánchez Mazas, Joaquín Arra­
rás, Rafael Gambra, el marqués de Lozoya, Alvaro d'Ors, fray
Justo Pérez de Urbe!, Juan Vallet de Goytisolo, Jesús Pabón,
Vintila Horia, el dominico José Gafo, Antonio Ballesteros, Vicen­
te Marrero, Pedro Gómez Aparicid, José María Pemán, Alberto
Ruiz de Galarreta, Marcial Solana, Rafael García Serrano, el conde
de Rodezno, fray
Miguel Oromí, Gonzalo. Femández de la Mora,
José
María Escrivá de Balaguer y una extensa serie de nombres
destacados
en toda clase de actividades intelectuales. Quizá alguien
se extrañe de que incluyamos en la relación. a quienes añoran,
según sus palabras, una «revolución pendiente»; pero, si prescin­
dimos de excesos verbales y veleidades estatistas, nos parece que
esa pretendida revolución puede ser, en el fondo, una restauración
de los fundamentos naturales de
la sociedad, subversiva sólo res­
pecto del predominio liberal.
Sea de esto lo que fuere, a los anteriores hay que añadir una
referencia especial
del fundador y animador de revistas, político
y escritor, buen discípulo y mejor maestro, susceptible, como todas
las personas de auténtica grandeza, de originar interpretaciones
dispares y encender polémicas incluso después de muerto: ya
853
Fundaci\363n Speiro

MARIO SORIA
comprenderéis que hablo de Eugenio Vegas Latapie, Y puesto
que hemos reunido a propios, cercanos y hasta extraños, mezquino
nos parecería no mencionar, por diferencias no siempre accidenta-;
les, a don Angel Herrera, periodista, obispo y cardenal.
II
Tocante a las publicaciones núsmas, éstas se cuentan por va'
rías
decenas, siempre que tomemos el tértnino · «contrarrevoJucio'.
rio» sin mayores distingos.
Empecemos por Francia.
El primer
periódico que podemos señalar es el Diario de T ré­
voux (Journal ou Mémoires de Trévoux), fundado, como ya diji­
mos, en 1701. Perteneciente a la Compañia de Jesús. Nace
partí
combatir primero el íansenismo y después impugna la filosofía
atea y materialista. Sobrevive
·a la expulsión de los jesuitas fran­
ceses, de 1762. Cambia de nombre, para
extinguirse veinte años
más tarde (9). Su mérito es extraordinario, conforme reconocen
anúgos y adversarios, por la inmensa cantidad de noticias, obser­
vaciones, artículos, críticas del género
más diverso, curiosidad
universal de los
autores, amplitud de los asuntos que en sus pági­
nas se tratan. Mina inagotable de información, si bien muy poco
explotada.
De este diario hay extractos y tablas para facilitar su
uso.-Rival suyo es el semanario de tendencia jansenista Noticias
Eclesiásticas. (Nouvelles Ecclésiastiques), editado desde 1728 hasta
1803, aunque hay que señalar que, con motivo de la constitución
civil del clero, cismática, sancionada por Luis XVI en agosto
de
1790, los redactores de las Noticias se dividen, naciendo en sep­
tiembre de 1791 unas Noticias Eclesiásticas o Memorias de la
Pretendida Constitución Civil del Clero, cuyo número último ve
la luz el 4 de agosto de 1792.-Termina, pues, el periódico próxi•
roa
la caída de la monarqula (10).
(9) PEDRO l,AROUSSE: Gran .diccionario universal del siglo XIX, vol. Xl
(P8:ffl, 1874), pág.' 5 e; Historia l.eneral de la pre~sa francesa, vol. I, págs,
219 y sígs.
(10) AcusrlN GAZ1ER: Historia ·general del movimiento ;ansenista, vOI. · 11
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Fundaci\363n Speiro

HISTORIA. DE UN COMBATE. CULTURAL
Durante los años primeros de la revolución, se multiplican en
Francia los
periódicos defensores de la religión y la corona. Ya
hemos. citado algunos:
Actas de los Apóstoles y Diario Político y
Nacional. Otros nos salen al encuentro: El Amigo deLRey, La
Gaceta de Paris, El Mercurio de Francia, El Diario General, La
Rocambole des ]ournaux, que podríamos traducir como Salsa de
Diarios, y mucho más, que intentan oponerse al torrente revolu­
cionario.
Los demagogos, inquietos, no se paran en barras para
impugnar a sus ruidosos adversariOs, sirviéndoles para ello lo
núsmo la coacción legal que los . estacazos. Durante el terror se
vengan
cumplidam\'fite, mandando a la guillotina a cuantos pe­
riodistas conservadores consiguen capturar ( 11).
Apaciguado el furor
honúcida, funda en 1796 el abate de Bo­
!onia -según ya dijimos--los Anales Religiosos, Politicos y Lite­
rarios,
que pasan por numerosas vicisitudes, a causa de la persecu­
ción y
la censura, nombrándose sucesivamente Anales Católicos,
Anales Filosóficos, Morales y literarios, Anales literarios y Mo­
rales, Miscelánea de
Filosofía, Historia, Moral y Literatura, trans­
formada, por último, en 1814, en El Amigo de la Religión y del
Rey, cuyos fundadores, a decir verdad, son M.íguel Pedro José
Picot y Adrián Leclerc.
En 1831, abrevia su título para ser sólo
L'Ami de la Religión. Su existencia se alarga hasta 1862 (12). Picot
conduce el
periódico de 1.814 a 1840. AJ año siguiente, es director
el barón Mateo Ricardo Henrión
(rontinuador, como se sabe, de
la historia de la Iglesia que había escrito el abate Berault-Bercas­
tel,
y que además redacta una gigantesca.Historia de las.misiones).
Del periódico, no obstante, habremos de recordar que el criterio
(París, 1924), págs, 142 y sig.; YANN FAUCHOIS: «Los jansenistaS y la cons­
titución. civil del clero», en Crónicas de Port Royal (París), año-de 1990,
págs. 195 y sigs.
(11) JuAN PABLO BERTAUD: Los. amigOs del rey. Diarios y peri6dicos
monárquicos franceses, d~sde 1789 a 1792 (París, 1984), págs. 41 _y sigs;,
249 y sigs.
·(12) LAROUSSE. op. cit., vol. I (Par!$, 1866), p,lg. 273 b, · Cf. Jo•L
SAUGNIEUX: Un obispo ilustrado: don Antonio Tavira y Almazán (Tolosa
de Francia, 1970), pág. 198, nota. 4.
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MARIO SORIA
no siempre es admisible. Así, cuando lo dirige Picot (padre de
unas interesantes
Memorias para servir a la. historia eclesiástica
del siglo XVIII), tiende al galicanismo, hacia 1833 (13); abre sus
páginas
al abate Gaduel para atacar a Donoso Cortés, en 1852 (14),
y defiende el cartesianismo en 1857, mediante la pluma del abate
Sissón (15).
Napoleón
I triunfante, apenas tienen actividad los periódicos.
La férrea censura del régimen impide desarrollarse
una profesión
cuyo suelo nutricio es la libertad bien entendida. Desaparece la
prensa de oposición y los
pocos ·diarfos informativos que quedan,
se pliegan dócilmente a las consignas del déspota (16). En cam­
bio, a partir de 1814 son incontables las publicaciones francesas
contrarrevolucionarias. Aunque a riesgo de caer en
la enumera­
ción monótona, indiquemos algunas,
caracterizando brevísimamente
unas cuantas.
Y permítasenos, a comodidad nuestra, igual que
hemos hecho antes,
dar los títulos en francés o en español.
Así recordamos
Le Quotidienne; El amigo de la Religión y
del Rey, ya mencionado; El Conservador, donde colaboran Cha­
teaubriand, Bonald y La Mennais; Le Mémorial Catholique, fun.
dado en 1824 por el autor del Ensayo sobre la indiferencia en
materia
de religión. Señalado por su virulencia es el diario de
París Bandera Blanca (Le Drapeau Blanc). Lo crea en 1818 Al­
fonso Luis de Martainville. Deja de publicarse
en 1830, en puer­
tas ya de la revolución que echa por rierra el trono de Carlos X.
Siete años antes,
lo había dirigido el abate de la Mennais, que
mediante este periódico, como luego desde
L' Avenir, denuncia la
miseria de los obreros
(17).-En 1833, empieza a publicarse el.fa­
moso diario L 'Univers. Lo saca a la luz el titán de las ediciones
( 13) Cf. Un monje benedictino: Dom Guéranger, abad de Solesmes,
vol. I (París, 1950), págs. 120 y sig.
(14) Obras completas de Donoso Cortés, edición de Carlos Valver­
de, S. J., vol. II (Madrid, 1970), págs. 971 y sigs.
( 15) Dom Guéranger, abad de Solesmes, vol. II, págs. 167 y sigs.
(16) Historia general de la prensa francesa, vol. I (París, 1969), págs.
549 y sigs.
(17) Op. cit., vol. II, págs, 82, 130, nota l.
856
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HISTORIA DE UN COMBATE. CULTURAL
patrísticas y religiosas: abate Jacobo Pablo Migne. Sufre en 1860
la clausura de Napoleón
III. Ese mismo año; sin embargo, con­
tinúa apareciendo, con parte. de la redacción antigua y cubierto
por el nombre de
Le Monde, en cuyas columnas se ve la firma de
dom Guéranger. Vuelve a publicarse,
con su titulo propio, en
1867. Años
más rarde, en 1893, se escinden algunos redactores y
forman el diario La Verdad Francesa (La Vérite Franraise). Se
fusiona en 1896 con Le Monde y sigue editándose, aunque ya
decaído, hasta 1914, año en que cierra definitivamente sus pági­
nas, al igual que muchos otros periódicos, desmantelados por causa
de la guerra
(18).-Notable también es La Croix (La Cruz), que
crea en 1880 el asuncionista Vicente
Bailly y se convierte en dia­
rio tres años después. Todavía hoy sigue en liza, aunque ya con­
serve muy poco de la fe ardiente, la devoción y el punto de vista
sobrenatural de sus inicios.
A los mencionados cabe agregar multitud de impresos regiona­
les:
La Gaceta de Languedoc, tolosana; El Imparcial, de Bayona;
Bretaña; La Gaceta de Li6n; El Espectador, de Dijón; El Francés
del Oeste, de Saint Brieuc; La Esperanza, de Nancy; La Cham,
paña Cat6lica; El Imparcial del Rin, de Esrraburgo; La Uni6n, de
Ruán;
El Diario de Reims; La Gaceta del Mediodía, de Marsella;
Guyena, de Burdeos; E/ Ec;o del Mediodía, de Mompeller; La
Gaceta de Metz; El Despertar del Mediodia (Le Réveil du Midi),
de Tolosa; etc. (19). Prácticamente todos los departamentos y las
ciudades importantes del país tienen su prensa contrarrevolucio­
naria, periódicos
más o menos divulgados, nacidos al calor de
donativos, mantenidos por la labor abnegada de
sus patrocinadores
y que son capaces de contribuir eficazmente a .la tarea de mante­
ner viva la creencia religiosa.
Advirtamos que ciertas publicaciones, que no. se pueden alinear
junto a las que enumeramos, defienden en ocasiones tesis iguales
a las de las últimas. Tal es el caso de
Le Correspondant, creado
(18) Op. cit., vol. III (París, .1972), pág. 408.
(19)
ABATE LECANUET: Montalembert, vol. II (París, 1927), págs. 240
y sigs.; lDEM, La vida de la Iglesia en tiempos:dé León. XIII (París, 1930),
cap. V.
857
Fundaci\363n Speiro

MARIO SORlA
en 1829, semisemanal entonces y que tiene por lema, «Libertad
civil
y religiosa pa¡-a todo el mundo». En 1855, se encargan de
reanimar su lánguida existencia Montalembert y un grupo de
amigos y correligionariós. Y así remozado el impreso, primero
mensual, después apareciendo cada quincena, sin negar su libera­
lismo, aboga a favor del
poder temporal del Papado, combate a
Renán, difunde las denuncias del vizconde de Melún y de Agustín
Cochin acerca de la .deplorable situación · obrera, impugna el ra­
cionalismo.
Tddo esto no le impide, sin embatgo, equivocarse gra­
vemente,
y no sólo respecto de la infalibilidad pontificia.
El siglo
XIX es para el catolicismo francés una éPoca tan
gloriosa,
mutatis mutandis, como el XVII: éPoca cuando el epis­
copado se adorna
de nombres egregios, brotan abundantes los
fundadores o
TCStauradores de órdenes religiosas, intervienen los
laicos
repetida y diligentemente en asuntos eclesiásticos, y los fie­
les poseen un11 fe intensa, .a pesar de fracasos· y persecuciones,
afirmándose además la adhesión a
Roma, .hasta .casi desaparecer
cualquier
veleidad cismontana. Por el contrario, en la centuria que
padecemos, el auge de los movimientos revolucionarios, las luchas
intestinas de
la Iglesia, el afán de seguir las modas ideológicas,
sean liberales, sean
totalitarias, hacen de los periódicos íntegra­
mente
cristianos ún género más bien escaso. Y a sabiendas, con
clara conciencia, hemos empleado un adverbio que puede servir
para tildarnos
de intransigentes, porque, · aun evitando disputas
por fruslerías o
respecto de asuntos serios pero opinables, creemos
que hasta · algo tan elemental como la lógica exige no desviarse llÍ
a derecha llÍ a izquierda. Sefialemos, entonces, de este enteco nú­
mero de impresos
el semanario Nouvelles de Chrétienté, que apor'
ta a lo largo de once años, desde 1956 a 1967, interesantísimos
documentos
. que escamotean otros medios de comunicación. Tam­
bién hay que mencionar
La France Catholique, Écrits de París,
Itinéraires, La Cité Catholique, que da origen a una asociación
de
gran fecundidad, patrocinadora de círculos de estudio, libros,
revistas y congresos,
y madre de La Ciudad Católica española.
Si aho:ra miramos hada nuestros vecinos occidentales, cabe
catalogar también una gran cantidad de impresos periódicos
de la
858
Fundaci\363n Speiro

HISTORIA DE UN COMBATE CULTCJ_RAL
clase que estudiamos. Empecemos por la Gaceta de Lisboa, fun­
dada
en 1715, pero políticamente significativa para nosotros desde
1823.
Claramente antiliberal, a partir de 1827 y durante la época
de don Miguel. Tiene carácter semioficial. La .redactan, durante
dicho período legitimista, Joaquín José
Pedro López, Antonio
Vicente Della Nave y José Luis
Pinto de Queirós. Otras publica­
ciones interesantes son
O Espectador Portugués, ¡¡emanario que
aparace de 1816 a
1819; A Contramina, fundada en la década
segunda del siglo
XIX y cuyo redactor e.s fray Fortunato de San
Buenaventura;
Monarquia Portuguesa Restituida, lisboeta de 1823 ;
El Amigo de la Religi6n y del Rey, también llamado El Amigo
del Altar
y del Trono, de 1827, publicado en la ,capital; 1;31 Amigo
de los Portugueses, que se edita de 1830 a 163.t, igualmente en
Lisboa; Los ya mencionados A Besta Esfolada, O Cacete, O Punhal
dos Carcundas,
O Mar¡o. de Ferro ·Antimar¡6nico, O Mastig6foro
Peri6dico. Además, A Nar¡áo, órgano del partido legitimista. Lo
funda
en 1847 Manuel María de Silva Bruschy. Se publica hasta
1917. Su divisa es
la misma que la del, partido por él representa­
do: «Dios, patria y rey». Súmanse a los anteriores.
A Monarquía,
de 1873, publicada en Lisboa; Domingo, semanario que imprime
de 1855 a 1857
el padre José de Sonsa, editor también .del Be,n
Público, cuya duración abarca cuatro lustros, de 1857 a 1877.
Los
peri6dicos patrocinados por José Fernando de Sousa, o en los
que colabora o
que·dirige, son, como ya.dijimos, Correio Nflrional,
cuya historia se e,;tiende \lesde 1893 a 1906; Portugal, A Palavra,
A
Ordem, A Epoca; A Voz. En cuanto. al integralismo, cabe seña­
lar
un buen número de publicaciones notables: .. A Monarquía,
lisboeta, que nace en 1917, diari<>; Ac,áo Realista, A AC{ao Tra­
dicionalista
P(Jrtuguesa, Integralismo Lusitano, Nar¡áo Portuguesa
(de 1914), Ordem Nova y Estudias Portugueses; revistas todas. y
la
última aparecida en 1926. También merece citar~e el ,órgano de
la Unión -Nacional,
Diario da Manhá (Diario de la Mañana), fun­
dado en 1931.
De los peri6dicos publicados en el lapso que va desde 1826,
año
de .la muerte de don JuaQ YI, a 1834, tiempo de la derrota
de
do1J. Miguel, algunos. nos han llamado la atención, a veces por
859
Fundaci\363n Speiro

MARIO SORU
su nombre, a veces por ser contemporáneos de la lucha civil, pero
no nos ha sido posible examinarlos,
ni hemos hallado datos para
su identificación.
Más sagaces conocedores que nosotros quizá di­
sipen nuestras dudas. Nos referimos a O Athleta, de 1833; Bor­
boleta (Mariposa), que se publica de 1826 a 1827; O Espreitador
(El Observador), de 1826; A Trombeta Final, que sale un alío,
de 1827 a 1828; O Semanário, de 1826. Otro diario del que tam­
poco hemos conseguido mayores datos que
el de determinar su
adscripción ideológica, es O Portugal Velho, sin duda correligio­
nario nuestro, en varias ocasiones suspendido por
el gobierno de
1841.
En la península italiana señalaremos el Diario Edesiástico ro­
mano
y la Historia Literaria de Italia, ya citados; Memorias de
M6dena; La Voce della Vmtita, también modenesa, en la cual co­
labora el conde Monaldo Leopardi, padre del famoso poeta ; La
Voce della Ragione, de Pésaro, fundada en 1832 por el conde
Leopardi, mencionado hace un momento;
L'Osservatore Cattolico,
milanés, que publica de 1864 a 1907 el padre David Albertario.
L'Armonia della Religione con la Civilta aparece en Turín desde
1848 y
cesa en 1870; igualmente turinés, editado de 1870 a 1929,
es
L'U nitii Cattolica; ambos dirigidos largo tiempo por el padre
Jacobo Margotti.
Stendardo Cattolico, genovés, sale de 1861 a
1874.
La Civilta Cattolica, de la Compañía de Jesús, nace en Nápoles,
alío
de 1850. Trasládase después a Roma, a causa de sus discre­
pancias con el absolutismo borbónico, Su fundador, el jesuita
Carlos Curci. Del prestigio de esta publicación
casi sobra hablar.
Observemos sólo que
es tan grande su influencia en vísperas del
concilio vaticano primero, que los adversarios de
la infalibilidad
pontificia, o quienes opinan ser inoportuna la definición
de aqué­
lla, acusan a la revista de haber provocado, junto con L'Univers,
la polémica acerca de la infalibilidad, con objeto de dar pretexto
para la definición dogmática de la curia romana, que, en vista de
las discusiones, estaba obligada a intervenir para zanjarlas. De
otra parte, el cardenal Antonelli, secretario de estado, confía de
tal modo en
el periódico jesuita que le proporciona información
860
Fundaci\363n Speiro

HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
conseguida mediante los nuncios de los distintos países y publi­
cada después en forma de cartas escritas por cortesponsales hipo­
tético
de la revista, pero que en realidad son personas de confianza
de cada nunciatura (20).
Otros periódicos que cabe enumerar son
L'Eco della Romagna,
boloñés ; El Defensor, de M6clena; El Contemporáneo, florentino
de 1860, el Il Firenze, de la misma ciudad, iniciado en 1863;
L'Ingenua, de Liorna, de 1862 ;· Il Cittadino, genovés, de 1873,
que en 1929 cambia su nombre
por Il Nuovo Cittadino; L'Osser­
vatare Cattalica,
aparecido en 1895, en la capital ambrosiana; Il
Genio Cattalico, de Reggio de Emilia. También son de notar La
Difesa,
veneciana, favorita de San Pío X y publicada desde 1882
a 1917;
A Guarda, semanario; la revista ya citada de Toniolo y
el
diario de Sturzo; publicaciones especializadas, como la Revista
de Füosofia Neoescolástica, milanesa, de 1909 (21). Y, en suma,
multitud
de peti6dicos, boletines, anuarios de órdenes religiosas,
universidades eclesiásticas, archivos, asociaciones de laicos,
acade­
mias, jerarquía de la Iglesia, etc., publicaciones que, de una forma
u otra, desde diversos campos del conocimiento, repartiéndose la
tarea apdstólica, impugnando estos o aquellos ertores, confluyen
todas en el mismo fin. A estos impresos, sesudos
y ponderados,
nos atrevemos a añadir dos semanarios, por desgracia
ya desapa­
recidos,
llenos de ingenio y malicia: L'Europeo e Il Borgbese, así
como la revista mensual L' Italiano, dirigida por Pino Romualdi,
si bien tomándolos siempre
cum modio salís, separando el grano
de la paja, desechando exageraciones y
yerros.
Hablemos, en fin, de España.
((20) TEODORO FASTENRATH, S. J.: Geschichte des vatikanischen Kon­
zils, vol. I (Friburgo de Brisgovia, 1903), págs. 184 y sigs., 375 y sig.;
vol. II, pág. 307, vol. III, págs. 173, 224 y sig., 725.
(21) Los datos relativos a la prensa italiana los hemos tomado en su
mayor parte de
la excelente -obra; consistente en cuidadas noticias y facsími·
les, de HuGo BELLOCHI: Historia del periodismo italiano~ vol. VI (Bolonia,
1977), págs. 230, 236, y vol. VII (Bolonia, 1979), págs. 27, 28 y sigs.,
65, 242. Asimismo, · de la Enciclopedia católica nueva (New catholic Eney-­
clopedia), vol. III (Wásbingt0n, 1%7), págs. 304 b y sigs.
861
Fundaci\363n Speiro

MARIO SORM.
Quizá el primer periódico digno.de mención para .nuestro pro­
pósito
sea El Procurador General de la Nación y del Rey, que
sale a la luz
en Cádiz, en 1812; suspendido el año siguiente por
las cortes liberales, reaparece en Madrid, añQ de 1814 .. De la
inisma época y tendencia. es La Atalaya de la Mancha en Madrid,
aparecida en la capital del reino en 1813;; editada por fray Agus­
tín de Castro, jerónimo escurialense, es.critor de notable agudeza
y gran malicia, temible por sus
chanzas y sátiras, incluso en una
época en que abunda tal clase de periodistas. El antiliberalismo y
la impugnación del afrancesamiento le cuestan al monje
un mes
de cárcel. De sus colaboradores directos hay que mencionar
al
mercedario Manuel Martinez Fero, mente rectora, años más tarde,
de
El Restaurador, periódico nacido en 1823,. que combate im­
placablemente a los liberales. Fray Manuel ·es atdQroso defensor,
desde el púlpito y con la pluma, de la independencia
de su patria
y enemigo de
fos afrancesados. Predicador real, consejero de la In­
quisición, consultor de la nunciatura, obispo de Málaga en 1825.­
Otro periódico memorable, surgido al conjuro de la guerra civil
que
estalla durante el rrienio consrituciQnal, titólase La VerdrJd
contra el ErrQr y Desengaño de Incautos, aparecido en .1822 y
órgano de la junta de Urge!.
Los carlistas, desde el comienzo de su gesta, se apoyan en la
prensa. Así,
en 1834 sacan a la ·calle la Gaceta Real Je Oñate,
Bolet!n del Eiército Real. de Aragón, Valencia .y Murcia, y dos
hojas
anti<,ipadoras de los llamados periódicos del frente: La Ca­
bra Facciosa y El Centinela de los Pirineos.~Don Antonio Aparisi
funda en 1843 La Resturación, aparecida en Valencia.-,También
carlista, pero de alcance mucho mayor que el periódico de Aparisi,
es
La Esperanza, madrileño, editado a partir de 1844 hasta 1873.
Fundador, don Pedro de la
Hoz, con el cual colaboran su hijo Vi­
cente y su yerno, Antonio Juan de Vildósola.-N.o pasemos por
alto
El Orden, de 1851, diario detrás del cual está Donoso Cor­
tés; adversario, colno su inspirador, de la compatibilidad entre
liberalismo y
catolicismo.-,De los tres periódi!'OS de' Balmes ya
hemos hablado. Bástenos decir ahora que el ideariode dichas pu­
blicaciones
es la defensa de la Iglesia y la monarquía, y la insistencia
862
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
en la peculiar realidad española, a la que se quiere imponer anti­
naturalmente un centralismo a
la francesa. Además; intenta Ba!.
mes conciliar opiniones, aunque sin ceder nada fundamental de
las suyas. Su campaña en pro del matrimonio de Isabel II con el
conde de Montemolín obedece también al mismo criterio. El fra.
caso· de un proyecto que, de haberse llevado a cabo, seguramente
habría dado un amplísimo apoyo a la corona y evitado revolucio­
nes y más guerras civiles, determina el fin de la labor periodística
del escritor viquense.
El llamado neocatolicismo encuentra su órgano en
dos diarios:
La Estrella y La Regeneraci6n, nacidos en diciembre de 1854 y
enero
de 1855, respectivamente. El segundo tiene por lema, con,
forme se lee bajo su cabecera: «Diario católico. Católicos antes
que políticos;
políticos en tanto en cuanto la política conduzca
al triunfo práctico del catolicismo» (22). Su fundador; don José
Canga-Argüelles y Villalta, nieto del liberal y ministro de hacienda
de Femando VII. Redactores:
Vildósola, Aparisi y el presbítero
don Manuel
Sánchez Pinillos. Se publica hasta 187 4.
Hemos mencionado los tres periódicos que funda don Cándido
Nocedal. El
más importante de ellos es, sin duda, El Sigla Futuro,
madrileño. Aparece en marzo de 1875 y se publica hasta el 18 de
julio de 1936. Fin suyo es, como lo declara en un «prospecto»,
«propagar
con sumisión absoluta las infalibles eliseñan,;as de la
Iglesia ; sostener con obediencia incondicional las decisiones, in­
falibles también, de la Santa Sede», ajeno el periódico «a todos
los intereses de partido» (23
). Y soberbia personal aparte, es de
notar que
las disputas que mantiene. el diario con Carlos VII Y
la expulsión consiguiente, en 1888, de la hermandad tradiciona­
lista, estriban sobre todo en el ultramontanismo de
don Ramón
Nocedal, hijo y heredero de don Cándido.
Se reclutan los colaboradores del diario entre la flor y nata
de los escritores de entonces: Francisco Navarro Villoslada, Juan
(22) Cf. PEDRO GóMEZ APARICIO: Historia del periodismo español;
vol. I (Madrid, 1967 ), pág. 421.
(23) Cf. op. cit., vol. II, pág. 306.
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MARIO SORI.A.
Manuel Ort! y Lara, Gabino Tejado, Francisco Mateos Gago,
Manuel Tamayo y Baus, amén
de otros de la hora primera. Des­
pués sigue ilustrru,dose con pl:u:mas excelentes .. Citemos al canónigo
almeriense don Emilio
Ruiz Muñoz, que finna aquí con el pseudó­
nimo de Fabio y en
Acción Española como Javier Reina, asesinado
en
circunstancias atroces en 19 36 ( 24) ;

a Eustaquio Echauri,
ca­
tedrático de sánscrito de la universidad madrileña;. Tomás Dom!n­
guez Arévalo, conde
de Rodezno; Antonio Maria Sanz Cerrada,
sacerdote, oculto bajo
el nombre de Fray Junípero, etc. (25). Tras
la guerra. civil, escapa el diario de que se le aplique el decreto de
unificación, merced a la venta ficticia a unos particulares, vale
decir que hubiera podido seguir publicándose,
pero rehúsan sus
dueños hacerlo por no verse sometidos a la censura y la inserción
obligatoria de textos
proce4entes del gobierno. A ello se suma la
falta absoluta de capital (26).
En cuanto a los periódicos de don Alejandro Pida!, tres prin­
cipalmente nos llaman la atención:
La España Católica, La España
y El Español, que en realidad constituyen uno solo, variando de
fonna
como Proted para esquivar las embestidas del ministetio
canovista. Breve es
la historia de la trilogía: de 1874 a 1876, pero
abundante en suspensiones temporales y definitivas por orden del
gobierno .
.La España Católica, de 1874, ~urge con el apoyo de
fray Ceferind
González, por entonces obispo de Málaga y años
más tarde arzobispo de Toledo. Propósito de este diario, así como
de
los. otros dos, es defender, con abstracción de· toda política
partidaria, la religión católica, combatiendo, además,
el principio
de tolerancia religiosa establecido en el artículo undécimo del texto
constitucional que por aquellos
días se discute y va a ser promul­
gado en 1876. Hay, por lo tanto, un choque frontal entre Cánovas
y Pida!, cuyas consecuencias las sufren repetidamente los periódi­
cos del último.-Obsérvese que, tanto en los impresos de Nocedal
(24) EUGENIO VEGAS: •Otro mártir ignorado», artículo de la revista
Verbo, núm. 239-240 (Madrid, noviembre-diciembre de 1985), p,lgs. 1.051
y sigs.
(25) GóMBZ APARICIO: vol. III, pág. 480, nota 164.
(26) Nos comunica estos datos .Al.BBRTO Rmz DE GALARRETA.
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
como en los acabados de citar, se esboza, con mayor o menor
claridad, cierta separación de la religión y lo político contingente,
separación que daría origen, de una parte, a disputas graves en
la comunión tradicionalista,
y de otra a la fundación de la Unión
Católica, partido similar al centro germano
y apoyado por fray Ce­
ferino González y por el cardenal Juan Ignacio Moreno, primado
de España.
El otro gran diario de Pida! es La Uni6n, nacido en 1882, de
cuyo
consejo de redacción forman parte Canga Argüelles, el mar­
qués de Olivart, Menéndez
y Pelayo, el conde de Liniérs y otros
personajes. (Tocante a Liniérs cabe advertir que había sido uno
de los redactores de
La Gorda, periódico que salía cada cinco días,
nacido en 1869, agudo enemigo
de. la, revolución de septiembre
del año anterior).
La adscripción de Pida! a la corriente liberal­
conservadora hace estallar la discrepancia entre el político
y el
propietario del periódico, don Manuel María de Santa Ana, revo­
lucionario de la profesión, puesto que concibe el periodismo como
puramente informativo, al contrario de Balmes, por ejemplo.
Re­
sultado de la querella es la fundación de· otro diario pidalino, La
Uni6n Católica, que dura hasta 1898 y se hace famoso por su po­
lémica con el integrismo, adversario del lema de Pida!: «Querer
lo que se debe y hacer lo que
se pueda», actitud que había indu­
cido
al prócer a aliarse con Cánovas, no obstante los rifirrafes que
los separaron.
En 1897 nace
El Pensamiento Navarro, carlista, con el deseo
expreso de seguir defendiendo el antiguo credo, pero renovando
la forma periodística, que
ya resultaba trasnochada en otra pub!i'.
cación que acababa de extinguirse
y de la· que es continuación el
periódico recientemente aparecido:
La Lealtad Navarra. Sus di­
rectores
más notables son Eustaquio Echave-Sustaeta, el primero;
Francisco López
Sanz y José Evaristo Casariego. De sus colabo­
radores señalemos a Rafael Gambra, que escribe cerca de un millar
de artículos; Manuel de Santa
Cruz (pseudónimo de Alberto Ruiz
de Galarreta), Clara
San Miguel (nombre periodístico de Carmen
Gutiérrez, mujer de Rafael Gambra). Después de
la guerra ci­
vil española, desaparece la numerosa prensa carlista a causa del
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MARIO 'SORlA
decreto de unificación, de 19 de abril de 19 3 7, que traspasa a la
entidad «Falange tradicionalista y de las J. O. N. S.» todo el pa­
trimonio de la comunión que habla mantenido los ideal<$ legiti­
mistas durante
un siglo. Sin e.mbatgo, la decisiva participación
navarra en la lucha exi.me de la muerte a El Pensamiento, fenecido
mucho
más tarde, en eneróde 1981 (27).
Otros
dos peti6dicos afines a nosotros son El Correo de A.n­
dalucla y El Universo. Fundado el primero en 1899, por don Mar­
celo Spínola, arzobispo sevillano. El prelado no se limita a la fun­
dación del diario, sino que intenta crear lo que él llama «asociación
de
la buena prensa», o sea una .especie de almáciga de colabora­
dores del
Correo. La iniciativa de don Marcelo estimula a otros
impresos, cuyos periodistas forman asociaciones similares en Gra­
nada, Santander,
Cádiz, Avila y Jaén. Por lo que se refiere a El
Universo, diario madrileño, nace éste en 1900, impulsado por el
padre agustino Tomás Cámara, relevante escritor y obispo de
Salamanca, que desea un periódico ajeno a todo partidismo,
des­
tinado únicamente a la defensa de la Iglesia y la unión de los
católicos. Durante cuatro años lo
dirige don Juan Manuel Ortí y
Lara.
Nombremos de pasada
La Gaceta de/Norte, iniciada en 1901,
y
El Debate, fundado en 1910, dirigido por don Angel Herrera
desde
el año siguiente. En cambio, detengámonos un poco en El
Pensamiento Español,
diario de Vázquez de Mella, que empieza
a publicarse en la Villa y Corte, año de 1919, después de la rup­
tura del gran tribuno con don Jaime de Borb6n,
y vive hasta
1922 (28). La publicación mantiene el principio· que
ya habían
defendidd los diarios carlistas, cuando en 1860 enjuiciaron
áspe­
ramente el manifiesto de Londres y una carta de don Juan de
Borb6n, padre de Carlos
VII, a Isabel II (29); principio que,
(27) Cf. RAFAEL GAMBRA: «Adiós ... pero con esperanza», artículo pu­
blicado en El PeJJsamiento Navarro, enero de 1981.
(28) JAIME DEL BURGO:. Bibliografía de/ siglo XIX. Guerras carlistas.
Luchas políticas (Pamplona, 1978), pág. 749 a. · ·
(29) Cf. CoNDE DE RODEZNO: la princesa dé Beira y los hiios dJ
don Carlos (Madrid, 1938), págs. 198, 206, 250.
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
igualmente, había inducido a El Siglo Futuro a romper con don
Carlos, años más tarde. Así, en el número primero de El Pensa­
miento Español, el editorial, de pluma de V ázquez de Mella, dice
entre otras cosas: «Renegamos del absolutismo,
sea de rey, de
gabinete,
de parlamento, de asamblea convencional o de sindicato
proletario
... No queremos sacrificar la legitimidad de la institu­
ción, que
es lo más, a la de la dinastía, que es lo menos ; la de
ejercicio, que
es substancial, a la de origen, que es accidental; la
causa, que permanece, al símbolo, que pasa; la bandera, que
es
todo, al abanderado, que sin .ella no es nada» (30). La coinciden­
cia tácita de ideales hace que el conservador
La Epoca y el católico
El Debate saluden calurosamente la. aparición del diario nuevo.
Este es
primero el victorioso competidor y luego virtualmente el
continuador de
El Correo· Español, que, a rálz de la pelea de Mella
con el pretendiente, se extingue en 1921,
falto de lectores.
El siguiente periódico que debemos mencionar
es Acción Es­
pañola. Nace en Madrid. Lo instituyen en· 1931 Ramiro de Maeztu,
Eugenio
Vegas y el marqués de Quintanar. Su periodicidad, quin­
cenal al principio; después, mensual. Publica ochenta y ocho nú­
meros y una antología. El último número, de julio de 1936, no
llega a ver
la luz. Director del mismo nombran los fundadores a
Quintanar, que usa para este menester el
título de conde de Santi­
báñez del Río; en 1933, hay un cambio y
ocupa el. cargo Maeztu;
pero quien en realidad
corta el bacalao es Vegas. En punto a di­
nero, el -impreso vive siempre_ un poca a salto de mata. Todavía
en marzo
· de 19 36, urgentemente piden ayuda los redactores, re­
prochando la indiferencia de quienes
más interesados deberían
estar en la continuación de la
-revista. Los colaboradores, naciona­
les y extranjeros, se
clasifican menos por pertenecer a un partido
o facción, que
por adherirse a _tesis doctrinales comunes a todos
ellos. La inspiración del
periódjco no le viene de fuera; a lo sumo,
_recibe de más allá de la frontera ejemplo y espuela para hacer
algo parecido. Nace de las circunstancias españolas y de la tradi­
ción del país. A este
respecto es definitivo el papel que la revista
(30) Cit. por PEDRO GóMEZ APARICIO: op. cit., vol. III, pág. 485.
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MA-RIO SORIA
asigna a la religión, predominante, conforme a las teorías políticas
del siglo de oro español ( que, dicho sea de paso, son en realidad
dos siglos).
Los disdpulos de Suárez, Mariana, Domingo de Soto,
Molina,
Vélez, Ceballos, Alvarado, no se parecen ciertamente a
los de Augusto Comte y de Rivarol, aunque a unos y otros los
una ocasionalmente la simpatía. De aquí se deriva toda una serie
de características inconfundibles con las de otros grupos. Tal
pe­
culiaridad religiosa, a la hora de tratar de Acción Española, la
descuidan o desprecian ciertos políticos de morondanga metidos a
historia-dores, que, curiosamente,.· hállanse mucho más cerca, por
su ideología secularista, de ciertos conservadores ultrapirenaicos,
de lo que éstos se encuentran de la revista hispana, sus fundadd­
res, redactores y colaboradores nativos
(31). De otra parte, para
quienes componen y dirigen la publicación
resulta particularísii!Ila,
desde el momento inicial, la idiosincrasia de aquélla . Ramiro de
Maeztu, por ejemplo, lo expresa de forma inequívoca ya en el
editorial del número primero, ensalzando lo que él llama «ideal
hispánico», contraponiéndolo a otros, de tierras distintas, y deter­
minando que la defensa y difusión del mismo será el objeto de
la
revista (32).
Como el tiempo apremia; de las publicaciones nacidas después
de
la guerra hablaremos tan sólo de unas pocas. Sea una de ellas
Punta Europa, surgida en enero de 1956, cuyos fundadores son
Vicente Marrero,
Lucas María de Oriol y Alfonso Osorio, por
aquel tiempo conocido casi exclusivamente como «el yerno de
Iturmendi», en referencia a don Antonio de Iturmendi, ministro
(31) EUGENIO VEGAS: Memorias politicas, vol. I (Barcelona, 1983},
págs. 88, 124 y sigs.; JAVIER BADÍA: La revista «Acci6n Española»: aproxi­
maci6n bist6rica
y sistematización de contenidos, tesis .inédita (Pamplona,.
1992), págs. 17, 45 y sigs., 64, 67 y sig., 102 y sig.; FRANCISCO JosÉ FER­
NÁNDEZ DE LA ÜGOÑA: «En el cincuenta aniversario de Acci6n Española»,,
publicado en Verbo, núm. 201-202 (Madrid, enero-febrero de 1982), págs. 26
y sig.; IDEM: «Acci6n Española como deber religioso», en Verbo, núm. 239-
240 (Madrid, noviembre-diciembre de 1985), pág. 1.148.
(32) «Acci6n Española>, en Antologla de Acci6n Española, págs. 45
y sigs. Maeztu esboza aquí ideas desarrolladas en su Defensa de la Hispa­
nidad.
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
de justicia. Inspiración y apoyo encuentra la revista en Florentino
Pérez.Embid, director general de información. Ocupa
el cargo de
secretario hasta 1961 Amalio García-Arias, que también lo
es
del Ateneo de Madrid y de la «Asociación de Amigos de Maeztu»,
donde el conde de Ruiseñada intenta reunir a quienes, partida­
rios de don Juan de Barbón, desean llegar a un acuerdo con
don Francisco Franco.
Los componentes de Punta Europa forman
parte del grupo.
Consideradas otras circunstancias políticas,
la aparición del
impreso resulta un episodio
más de la lucha de tradicionalistas y
monárquicos alfonsinos conservadores contra
la Falange. Los pri­
meros
se oponen a las leyes del movimiento tal como pretende
sacarlas adelante José Luis de Arrese, en versión republicanizante.
Personalizada la lucha, consiste
a grosso modo en el forcejeo entre
Iturmendi, Cartero,
López Rodó, Pérez.Embid, de un lado, contra
Arrese, Fraga, Solís,
Ruiz Giménez, Tovar, Laín Entralgo, Pérez
Villanueva, del otro, enemigos del Opus Dei, simpatizantes
de una
cultura supuestamente integradora, no excluyente, y deseosos de
perpetuar el régimen
excepcional de España, a modo de regencia
o presidencia indefiuida.
Punta Europa se plantea como un 6rgano
de combate, a la vez político e ideológico, de modo parecido a la
revista
Arbor. Sin embargo, al poco tiempo de salir el que iba a
ser belicoso adalid de una facción, empiezan a cambiar las tornas.
En efecto, destituye Franco a Joaquín
Ruiz Giménez en la crisis
miuisterial de febrero de 1956. Arrese se mantiene sólo un año
más, hasta febrerd de 1957. El cargo de secretario general técnico
de la presidencia de] gobierno lo recibe Laureano López Rodó,
en diciembre
de 1956. Al compás de estas vicisitudes, el impresd
tiene que
limitarse a la lucha de conceptos y pareceres, ya sin
objeto la actividad política (33).
En 1962, cambia parcialmente la índole de Punta Europa. Se
da entrada a la actualidad, acogiendo ciertas noticias. En el con-
(33) Referencias de AMALIO GARCÍA-ARIAS, Véanse también l.AUREANo
LóPEZ Ronó: La larga marcha hacia la monarquia (Barcelona, 1977), págs.
121, 124 y sigs.; ANTONIO FONTÁN: Los católicos en la universidad españo­
la actual (Madrid, 1961), págs. 100 y sigs.
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MARIO SORIA
sej<> de redacción leemos los nmnbres del padre Santiago Ramírez,
José Camón Aznar, José María Millás Vallicrosa, Jorge Siles Sa­
linas, Juan Antonio Widow, Juan Antonio de Zunzunegui y otros,
lo que implica el haberse
apartado la revista de la política activa
y dedicar preocupación .preferente a la teoría. Cuatro años más
tarde,
varía de nuevo la orientación del impreso, inclinándose
hacia
un oontenido más literario que doctrinal, lo que relaja la
consistencia y vigor de los artículos. Así, por ejemplo, en virtud
de distincioncillas e imprecisiones se exalta a
T
eilhard de Chardin,
paleontólogo,
fil<>Sofito, teologastrd. Este último cambio y la de­
función, en diciembre de 1969, testimonio son de una
herm<>Sa
guerra progresivamente perdida.
De los colaborádores señalemos a Manuel Funes, Ainali<> Gar­
cía-Arias, Carlos Murciano, Rodrigo
Rubi<>, Tomás Borrás, Luis
López de Anglada, Juan
Ant<>nio Widow, Vintila Horia, A!íonso
López .Quintás, Joaquín de Entrambasaguas, CC>ncepción Alós, etc.,
amén de
los llamados redactores especiales o encargados perma­
nentes de ciertas secciones, en cuya lista ·nos· topamos · con Carlos
Luis. Alvarez y Francisco Umbral; Io cual no deja de hacernos
sonreír, sobre todo
recordand<> que Umbral, a diferencia de los
demás asistentes a
la tertulia de la revista, ponlasé de pie siempre
que aparecía Lucas María de Oriol (34}.
El proyecto doctrinario original lo sostiene Punta Europa es­
pecialmente por medio de los artículos de Marrer<>, filóso.fo, bise
toriador y publicista, que se. opone a quienes, incluso en periódi­
cos del pr<>pio régimen franquista, van poco a poco restableciendo
el izquierdismo cultural,
so pretéxto de toletancia y comprensión,
como
siempre se hace al principio de estos procesos (35). En la
etapa final de la revista, échase de menos
la firma . del escritor
canario.
Otro impreso que • no podemos pásar por alto es la revista
Atlántidd, que se ofrece al .público en 1963. Padre y director de
la misma, F1orentino
Pérez-Embid; secretario, Vicente Cacho.
(34) Referencia de EÍl!mó DÉ MtGUEL.
(35) VrCENTE MARRERO: La guerra española y el trUst"· de cerebro's
(Marid, 1961), pág. 321 y parte 2.•, cap, l.'. ·
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
Publicación bimestral, dura hasta 1969. Sus colaboradores son es­
pañoles y extranjeros. Recordemos a Antonio Fontán, Gonzalo
Fernández de la Mora, Wérner Jaeger, Federico Valiávec, Eugenio
d'Ors, José Hoeffner, Federico Wilhelmsen,
el poeta José Hierro
(tan en su casa aquí, como Umbral en Punta Europa), Antonio
Millán Puelles, Raimundo Pániker, etc. El fin de Atlántida coin­
cide, según nuestro parecer, con uno de
los proyectos más impor­
tantes del Opus Dei: cristianizar la cultura, influyendo decisiva­
mente en ella, para lo cual impulsa
la obra a sus mejores miembros
hacia las cátedras universitarias, erige
la universidad pamplonesa,
edita libros de historia, filosofía y teología, lleva a cabo un activo
proselitismo entre los estudiantes, abre residencias y colegios
ma­
yores, obedeciendo tal vez todo ello a máximas de monseñor Es­
crivá de Balaguer, tales como: «Cultura, cultura. Que nadie nos
gane a ambicionarla y poseerla; pero
la cultura es medio y no
fin»·; «Antes, como los conocimientos humanos eran muy limita­
dos, parecía muy posible que llÍl solo individuo sabio pudiera
hacer la defensa y apología de nuestra santa
fe. Hoy, con la ex­
tensión y la intensidad de la ciencia moderna, es preciso que los
apologistas·
se dividan el trabajo para defender en todos los terre­
nos científicamente a la Iglesia»; «Estudia. Estudia con empeño.
Si haz de ser sal y luz, necesitas ciencia, idoneidad» (36 ). Este
gigantesco designio que,
de haber triunfado, hubiese barrido sin
dejar rastro el materialismo y la zafiedad infracultural que pade­
cemos, sólo en parte
se logra. Concretamente, la revista no siem­
pre es irreprochable. En ella se sorprende uno al encontrar, por
ejemplo, elogios del Dante
gibelinci y de su tratado Monarchia (37),
o caer de bruces sobre una defensa de Teilhard de Chardin, por
aquella
época muy en boga, porque sus vaguedades parecían pro­
fundidad;
sus turbias síntesis, intuiciones geniales; su derroche de
mayúsculas, referirse
a entidades de fuste ; sus neologismos ridícu-
(36) Camino, §§ 345, 338, 340.
(37) JosÉ Luis VILLAR PALASÍ: «Dante, el derecho y la justicia», at·
t!culo publicado en At/6ntida, núm. 18 (Madrid, noviembre de 1965),
págs. 614 y sigs.
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MARIO SORU
los, la tenninología adecuada para describir el matrimonio de la
ciencia y la fe (38).
Permítasenos no discurrit de Verba, por dos motivos que nos
parecen concluyentes: primeto, siempre es muy dificil tratar de

mismo sin pasión, sin timidez o sin vergüenza, siendo quizá
preferible que otros lo hagan. Segundo, concediendo que lo ante­
rior fuese inexacto, no obstante, cualquiera de los aquí presentes
podría
llevar a cabo esa tarea mucho mejor que quien habla, y
sobre todo uno, desde hace mucho tiempo alma de la revista y
de estos congresos, realizaría el trabajo 6ptimamente.
Y para
terminar este apresurado catálogo, hablemos de Raz6n
España/a, que viene al mundo editorial en octubre de 1983. En
c.urso de publicaci6n. Preside el consejo de redacci6n Gonzalo
Femández de la Mora. Crecido,
el número de colaboradores: aparte
de Fernández de la Mora, autor de numerosos artículos, reseñas
de libros y editoriales, nombremos a Francisco José Femández de
la Cigoña, 1
gel Maestro, José Luis Comellas, Félix Montiel, Juan
Beneyto, Vintila Horia, Vicente Palacio Atard, Luis
Suárez, Miguel
Ayuso, Ricardo de la Cierva, Alfredo Sánchez Bella, Enrique
Zu­
leta y una larga teoría de nombres. Temas principales de la revista
son la
política y la historia, tanto de España como de Hispano­
américa ; temas de actualidad, vertidos
en secciones especiales ;
rara vez, la filosofía ; rarísima, la religión.
Lo que acabamos de decir refiérese a los periódicos. Parémo­
nos ahora, unos momentos,
en el calificativo de todos ellos.
III
Hemos empleado el concepto «antirrevolucionario» o «contra­
rrevolucionario», prometiendo aclararlo después. ¿Qué se deduce,
por
lo tanto, de la aplicación del mismo a ciertas personas y pu­
blicaciones? ¿Qué se entiende por él? ¿Acaso la oposición a cual-
(38) MIGUEL CRUSAFONT PEIRÓ: «Neodarwinismo y ortogeneticismo:
un
intento de conciliaci6n», ertícúlo del núm. 16 de Atlántida (julio.agosto
de 1965), págs. 394 y sigs.
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HISTORIA DE UN COMBATE CU.LTURAL
quier clase de levantamiento popular contra . la autoridad consti­
tuida? Ciertamente que no.
La contrarrevolución es respetuosa
de las tradiciones y no puede ignorar la enseñanza habitual al
respecto, o sea que en caso de despotismo es lícita la insurrección,
e incluso matar al príncipe, tal como demuestra Santo Tomás de
Aquino, repiten diversos tratadistas medioevales (39), lo confir­
man
los teólogos jesuitas y dominicos de la segunda edad áurea de
la escolástica, y aún en el siglo XVIII, durante el apogeo del
absolutismo, defiende dicha doctrina el dominico Daniel Concina,
uno de los moralistas
más ilustres de aquel tiempo. Aboga por
ella Jaimes Balmes.
La secular filosofía política pasa indemne al
siglo actual. Para citar testimonios -casi contemporáneos nuestros,
recordemos el folleto del cardenal den, Isidro Gomá, arzobispo
de Toledo, ti rulado El caso de España ( 40 ), la Carta colectiva del
episcopado español (41), la carta abierta del cardenal Gomá a José
Antonio
Aguirre ( 42), la magnífica pastoral Las dos ciudades, de
don Enrique Play Deniel, obispo de Salamanca (43), y, bajando
un poco, artículos de la revista Acci6n Española, tales como una
•erie sobre el tiranicidio, de Marcial Solana, y el escrito del can6-
nigo Aniceto de Castro Albarrán acerca del derecho a la rebeldía,
poco después ampliado
y editado como libro, en 1934 (44). Años
(39) Dante,.en cambio, osa. poner a Bruto en el Infierno. Peor todavía:
sostiene la independencia absoluta del poder secular respectO del espiritual
o, por lo menos, la igualdad de ambos.
(40) ANASTASIO GRANADOS: El Cardenal Gomá1 primado de España
(Madrid, 1969), apéndice documental, III, págs. 321 y sigs.
{41) Op. cit., apéndice V, pág. 347.
(42)
Op. cit., apéndice IV, pág. 338.
(43) ANTONIO MONTERO: Historia de la persecuci6n religiosa en Es­
paña, 1936-1939 (Madtid, 1961), apéndice documental, págs. 695 y sigs.
( 44) El libro de Castro, así como el rechazo a la república por juzgarla
régimen sectario, da.o ocasión a polémicas entre católicos y hasta la denuncia
de no ser plenamente ortodoxo el escrito. (Cf. JOAQUÍN ARRARÁS: Historia
de la segunda república española, vol. II (Madrid, 1970); págs. 275 y sig.).
La obra de· EUGENIO VEGAS, Catolicismo y república, también fue causa de
disputas, por contradecir la. tesis de El Debate acerca del acatamiento al
poder existente y por difundir un artículo del jesuita francés Mauricio de
Fundaci\363n Speiro

MARIO SORU
más tarde, en su estudio de .ética el jesuita Ireneo González, pro,
fesor
de la universidad .de Comillas, con breves razones, more
scholastico,
reitera la doctrina de los antiguos doctores de su orden
y, en general, de la jerarquía eµesiástica (45).
¿O más bien significará «contrarrevolucionario,., dada la época
en que aparecen
muchas de estas .publicaciones, una oposición
irreductible a cualquier gobierno distinto de
la monarquía abso­
luta? Tampoco parece ser esta la interpretación afinada. La tesis
de
la accidentalidad de las formas de gobierno no permite canoni­
zar, por así decirlo, un régimen determinado. Certeramente Pío VI,
en su breve.
Quoá. aliquantum, de 10 de marzo de 1791, donde
condena la constitución civil del clero, advierte que cuanto
se dice
en el documento acerca de la.obediencia a las potestades legítimas,
no ha. de entenderse
con ánimo de impugnar las leyes nuevas,
como
si la Iglesia quisiera restablecer el estado anterior de cosas,
sino
sólo en defensa de la religión y condena de las teorías pac­
tistas extremas y la tesis de la voluntad general ( 46 ). Aduzcamos
otro argumento: quienes se hayan asomado a la historia de la
restauración borbónica en Francia, saben que, en contra de los
defensores del voto censitario, favorecen los llamados ultras la
disminución del censo e incluso su eliminación, con objeto de
es­
tablecer el sufragio universal o un sistema muy parecido ( 4 7 ).
De otra parte, si bien muchas publicaciones aúnan la defensa
de la Iglesia
y de un sistema determinado de gobierno,. hay que
considerar las circunstancias políticas que establecen
alianzas, y
la Taille sobre el derecho de insurrección, artículo totalmente clásico y tradi~
clona! (VEGAS: Memorias politicas, vol. I (Ban:eiona, 1983), págs: 165 y sig).
(45)
«Ethlca», § 1128, en Philosophiae scho/,asticae Summa, vo[ III
(Madrid, 1952).
(46) Quod
aliquantum, § 13. En otros breves, habla el papa de devol,
ver a Luis XVI sus derechos; en tal caso, sin contradicción con lo citado
en el
texto, el pontífice ·se. refiere a los derechos legítimos del monarca,
ooncrilcados por la agitación continua de la Francia de entonces, no a los
abusos
o excesos del régimen antiguo,
(47) Cf. PEDRO DE LA GoRCE: Luis XVIII (Tournai, 1926), págs. 81,
145;
LUIS Dmz DEL CORRAL: El liberalismo doctTinario (Madsíd, 1956),
págs, 125, 387.
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HISTORIA. DE UN COMBA.TE CULTURAL
considerar también que a menudo esos mismos periódicos estable­
cen mediante lemas o editoriales, o bien dando o
retirando lealta­
des, una jerarquía muy significativa de fines, especie de escala
axiológica. De esto dan ejemplo
hasta la saciedad los carlistas es­
pañoles. También es notable dicha jerarquía en el legitimismo
portugués. Hemos
citado al respecto la divisa de A Nafao: «Dios,
parcia y
rey». Periódicos como La España Católica son igualmente
tributarios de esta actitud.
Para no prolongar
el análisis digamos que, conforme a nuestro
humilde parecer, la contrarrevolución tiene un sentido
más hondo
que
el meramente político o social. De una parte, significa el
respeto a la
ley divina y la naturaleza del hombre, los animales y
las cosas de este mundo ; significa devolver el sentido de la reali­
dad, restablecer
el orden social, reivindicar la crítica sana, libe­
rando a la inteligencia .de la hipercrítica y de la abyecta sumisión
en que ha caído por obra y gracia de la propaganda,
sea totalita­
ria, sea liberaldemocrática.
De otra parte, negativamente, la con­
trarrevolución impugna la fatuidad de la razón humana desligada
de Dios, la técnica que cree poder lícitamente variarlo todo, trans­
formarlo, aniquilarlo o crear un mundo nuevo. Al hombre en jus­
ticia le está permitido sólo mejorar la creación, no jugar
al
demiutgo. Y· aunque en los diarios, semanarios y otros petiódicos
citados no aparezca explícitamente este criterio filosófico o teoló­
gico, creemos que
el mismo hállase en el fondo de las disputas,
campañas, exposiciones doctrinales, relatos y
demás, so pena de
que todos ellos no sean sino preferencias ocasionales por tal o
cual personaje o, peor aún, entusiasmo y pasión por instituciones
peredeceras, como todo lo que
se basa exclusivamente en el hom­
bre, sus facultades,
sus afanes y su obra.
Y
si alguien piensa que Io que acabamos de decir son vague­
dades, advierta que, por ejemplo, devolver
el sentido de la reali­
dad supone percatarse de nuevo de la contiugencia radical de
todas las
. cosas, desde la Tierra hasta más allá del firmamento;
significa petcibir su connatural precariedad, su irracionalidad, en
contra de quienes asegutan ser eterno el mundo, lo único existen­
te,
lo único valioso, perfectamente comprensible, entidad sin mis-
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MARIO SORIA
terio, fundamentd claro de sí mismo, compuesto de objetos vena­
les, lucrativos y utilizables hasta su último residuo.
No es, pues,
nada vago, sino algo muy concreto lo que discurrimos: un progra­
ma entero de reconocimiento
y reeducación. Huelga señalar que
el percatarse de la
contingencia esencial del mundo entraña, de
rebote, intuir lo incontingente por naturaleza; entraña conocer y
experimentar la definición que
del hombre da el cardenal de
Berulle: «Nada rodeada de Dios, indigente de Dios».
IV
Preguntémonos, en fin, si esta multitud de impresos, a veces
de circulación reducida, consigue algo, altera más o menos el curso
de los acontecimentos.
Creemos que sí. Sin referimos a datos como
la tirada, número
de lectores, existencia en hemerotecas públicas y privadas, canti­
dad de
suscriptores, etc., observemos primeramente que la inmen­
sa maydría de dichas publicaciones constituye una fuente de
inapreciable valor, no sólo para
la historia de las ideas, sino a causa
de los
hechos que permite conocer. Como las memorias, corres­
pondencia entre particulares, diarios personales, actas de ciertas
asociaciones y
dtros documentos similares, es también la prensa
depositaria
de una parte importantísima de la memoria colectiva.
As!,
la influencia de los periódicos que estudiamos, si se quiere
indagar lo pasado, resulta
virtualmente inagotable.
l\fus, y tocante a su tiempo, ¿qué logran? Demás está decir
que no existe una respuesta general. No cabe equiparar
el efecto
de un peri6dicd leido sólo en los pueblos de una provincia con
el que tiene el publicado en una urbe, ni el de gran difusión con
el que vende pocos ejemplares. Esto
es obvio. Tampoco cabe
cómparar
el prestigio de los impresos doctrinales con el que ten­
gan los diarios de noticias. Pero, dejando aparte tales diferencias,
¿ hubo una determinación decisiva de estos periódicos en los su­
cesos contemporáneos? Sin duda; a veces la hubo. Refirámonos
a unos pocos casos. Empecemos con el parisiense L'Univers.
El diario fundado por el abate Migne logra su auge durante
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
la dirección de Luis Veuillot. La impugnación del catolicismo libe­
ral, el respaldo al régimen de Napoleón III, la .defensa del poder
temporal del Papado
.son asuntos que los lectores del periódico
siguen apasionadamente, convencidos de lo que se les predica
con
la letra impresa, recibiendo ideas que corroboran a los vacilantes
y que los prosélitos divulgan para ganar más prosélitos. El caso
de L 'U nivers no es en esto diverso del de cualquier gran diario
de opinión. Tiene, por lo tanto,
el mérito de aglutinar a nn sinfín
de personas dispersas, desorientadas, desanimadas
y desconocedo­
ras de su fuerza, que apenas toscamente conciben lo que quieren
y carecen de argumentos para defender sus ideales.
Pero, ¿
es todo de oro fino en esta historia? Se le reprocha a
Veuillot haber ciegamente apoyado al segundo Bonaparte, con la
esperanza, que a la postre resulta fallida, de que el emperador
mantuviese
el tambaleante dominio secular de Pío IX. Se le re­
procha también el encarnizamiento con que combate a los libera­
les católicos, no ahorrando contra ellos
ni exageraciones, ni des­
precio, ni injurias. Pero se olvida de que en esa omisión de la
caridad y la paciencia no es V euillot el único pecador, porque sus
antagonistas tampoco son santos y se entregan a todos los exce­
sos de nna retórica encolerizada. En cuanto al apoyo que presta
el gobierno imperial, quizá su error más gravé, ¿hace en esto cosa
distinta de lo que desea Roma, desesperada, abandonada a la
de­
magogia? ¿Cosa distinta de la que llevan a cabo la mayoría de
los obispos franceses, hiperbólicos en sus elogios al dictador co­
ronado? Los obispos, más imprudentes sin duda al escribir nna
carta pastoral o pronunciar nn discurso, de
lo que sea el autor
precipitado de nn editorial o nn artículo.
Existe, con todo, un punto en que L1U niveri nos parece ines­
timable: la adhesión, digamos mejor el amor que en Francia des­
pierta por
el papa y cuanto el mismo personifica. El diario aventa,
como nn huracán, los restos de galicanismo que persisten en
el
país, a veces incluso entre prelados de importancia por su sede
o su prestigio sacerdotal: recuérdese
a monseñor Darboy, arzo­
bispo de París, y a monseñor Dupanloup, obispo de. Orleáns.
Para apreciar exactamente
el m6-ito del gran periódico ultra-
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MA.RlO SORIA
montano, no perdamos de vi,¡ta la ·enenlig!l aLpapa, nacida tanto
fuera
como dentro de las propia .Iglesia, En esta guerta que mue­
ven los adversarios y los amigos tibios o criticos, el campeón
indiscutible
d_e la causa buena es. el diario de V euillot.
La proximidad del concilio vaticano primero reenciende la
polémica entre
partidarios y adversarios de la infalibilidad pon­
tificia, siendo de advertir que los últimos no sien,pre son reliquias
galicanas, sino que
intentan no irritar todavía más a un mundo
secularizado y
ya encrespadísimo cootra la Iglesia. A medida que
crece la
admiración de los unos por el P¡,ntificaelo, se acrecientan
también las burlas,
dicterips. y. despei:ho de quienes miran con
ojeriza a Roma o son obispos celosos del pbispo de Roma. Si mon­
señor Gaspar Mermillod, diocesano de Hebrón in partibus infidc­
lium
y auxiliar de Ginebra, predica acerca de las tres encarnado,
nes del hijo de Dios: en el seno de una virgen, en la eucaristía y
en el ,venerable anciano
morac\c;,t de.los palacios apostólicos ( 48);
Montalenibert, en carta. a Diillinger, se queja ele lo que llama «abis­
mo de idolatrfa donde l¡a caído el clero francés». Y a este «abis­
mo», que sin duda tiene en la
n¡ente d,I autor el sentido bíblico
de ceguera, aberración
y pecado, se suma otro recuerdo ,de la
]oscritura Sagrada: el mistetio de, iniquidad que señala San Pa­
blo (49). Así escribe el francés.al alen,án: .«De todos los misterios
que tiene,
y numerosos, la his¡oria de la Iglesia, ninguno conozco
que iguale o supere esta transformación tan pronta y completa
ele la Francia católica en gallinero de la antecámara vaticana» (50).
Con parecidos sentimientos, el arzobispo de Reims, ;monseñor
Juan Bautista Landriot, habla en una carta de «idolatría del
Pa­
pado» y arreniete contra quienes, .seg6n él, han eniponzoñado los
oídos del Soberano Pontífice, pretendiendo «wnvertir a Roma en
despacho de telegramas registrados por los obispos»
(51 ).
(48) LECANUET: Montalembert, vol. III, pág. 466.
(49) II Thess, 2, vers. 7.
(50) Carta de siete de noviembre d~ 1869, a Juan Ignacio Dollinger,
apud Granderath: op. cit., vol. 1; pág.· 28 nota l.
(51) Carta a Montalembert, apud Leoinuet: op. cit., vol. III, pág, 468,
nota.
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HISTORIA. DE UN COMBATE CULTURAL
De otra parte, la prensa europea en su mayoría ataca áspera­
mente al concilio, empleando una táctica que hemos visto aplicar
en ocasión parecida. Como dice Navarro Villoslada, enviado a la
Ciudad
Eterna de El Pensamiento Español, los periodistas impug­
nan sistemáticamente la asamblea, difundiendo mentiras y exal0
tando hasta las nubes a los prelados enemigos, real o supuesta­
mente, de la infalibilidad-
(52). Además, los grandes· periódicos
extranjeros habían mandado a Roma sus corresponsales, con
el fin
de tomar las informaciones de la fuerite misma de los hechos.
Sin embargo, estos corresponsales, bien
por animosidad personal,
bien
por encargo de sus jefes, bien por la dificultad de penetrar
en el secreto de las sesiones, inventan y difunden los

mayores
embustes
y calumnias contra el papa y sus ministros. Y esto· lo
hacen impunemente, con total libertad, sin .que el gobierno pon­
tificio expulse de su territorio a los calumniadores (53
). En. tales
circunstancias, providencial resulta el
apoyo de un diario de am­
plia divulgación, como L'Univers.
Otro caso notable de influencia es el de la revista Acción Es­
pañola. Aparece la publicación pocd más de cuatro años, descon­
tadas las. interrupciones, y su tirada ·media no sobrepasa los dos
mil quinientos ejemplares. Diríase, con el criterio· actual, que
ambas cantidades son modestísimas. Sin embargo, alguien que,
aun expresándose tal vez
de forma irónica, había conocido bien el
ámbito de difusión del impreso y la clase de sus lectores, don Pedro
Sáinz Rodríguez,· opina qué «había valido la· pena publicar• Acción
Española, puesto que la leyeron el general Franco y el cardenal
Gomá» (54 ), Analizando seriamente las citcunstancias, se encuen­
tra un cúmulo de hechos concluyentes para aquilatar el peso de
la revista;
que los redactores procedan de distintas familias polí­
ticas antirrevolucionarias ;· que entte quienes la lean se cuenten mi­
litares (por ejemplo, Sanjurjo y Gruéda de La Herrán), académi-
(52) Crónica de El Pensamiento Español, citada por PEnRo GóMEZ
APARICIO: op. cit., vol. III, pág. 116.
(53) GRANDERATH: op. cit., vol. II, .págs. 519 y sig.
(54) Comunica.ci6n de nue;tro amigo Emilio de Migoel, que habla
escuchado. la: frase de labios del propio don Pedro.
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MARIO SORIA
cos, religiosos, estudiantes universitarios, catedráticos, historiado­
res, prelados, filósofos, ensayistas, políticos, etc.; que tenga
sus­
criptores pertenecientes a opulentas familias de la industria, la
agricultura y el comercio; si bien no con mucha constancia
ni con
generosidad; que algunos de sus colaboradores (Jorge Vigón,
Sáinz Rodríguez, el marqués de
la Eliseda, José María de Areilza,
Pemán, Giménez Caballero
... ) ocupen puestos relevantes en tiem­
po de Franco, no obstante terminar algunos de ellos disintiendo
del Caudillo; que
el propio jefe de la nación y el cardenal primado
reconozcan el mérito de la revista y de quienes
la habían redac­
tado; y, en fin, que el estado nuevo asuma algunas ideas de
Acción
Española, adaptándolas un tanto a la moda ideológica de aquel
entonces
(55).
También resulta oportuno hablar de la eficacia de El Pensa­
miento Navarro.
Aunque de edición, para las cantidades de ho­
gaño, restringida, 'su voz la escucha antes de la guerra civil prác­
ticamente todo el clero de la región, vale decir los notables
na-""
rurales de pueblos y ciudades. Ellos constituyen el grueso de los
suscriptores. Los campesinos no suelen leerlo; pero
la veneración
que tienen a
sus párrocos y obispo amplía enormemente el alcance
del
diario. Los sacerdotes mantienen el fuego sagrado y lo hacen
magníficamente, como
se comprueba en 1936. Después de la con­
tienda y hasta 1950, sigue teniendo gran predicamento,
a pesar
de que
los suscriptores procedan de fuera más que de dentro del
antiguo reino (56).
La decadencia del periódico empieza aproxi­
madamente con el establecimiento, en 1952, del estudio general
de Navarra, elevado a Universidad en 1960. Esta última entrega
toda
la publicidad al Diario de Navarra, periódico de la burguesía
liberal y adversario del carlista. Las dos publicaciones rivales,
empatadas hasta entonces, empiezan a distanciarse en venta y
co­
laboraciOnes, con el consiguiente declive de El Pensamiento, en
la década que va de 1951 a 1960. A mayor abundamiento, las
(55) Véase BADI.<: op. cit., págs. 32 y sig., 59 y sig., nota 19; 68 y sigs.,
221; Antologla de Acción Españo/,r (Madrid, 1937), págs. 19 y sigs.
(56) Datos que amablemente nos proporciorui llafael Gambra.
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HISTORIA DE UN COMBATE CULTURAL
firmas universitarias que antes habían salido en el diario legiti­
mista, emigran hacia el competidor, que gana calidad a expensas
del primero. Los párrocos, cuyo respaldo había sido fundamental
para
la subsistencia y difusión del periódico, empiezan a recibir,
por la misma época y sin que las hubieran pedido, suscripciones
gratuitas de
La Croix. Huelga decir que el progresismo ataca a El
Pensamiento, y que le declara la guerra la camarilla izquierdista
reunida en torno de don Hugo
de Borbón-Parma. La actitud in­
dependiente del diario y su defensa de la unidad católica chocan
-según paree-con la política vaticana de aquellos años, ansiosa
de evitar lo que juzga anacronismos. Al
·final, el impreso carlista
muere con una tirada de apenas dos
mil quinientos ejemplares y
grandes deudas, que afectan además a desinteresados patrocina­
dores suyos (57).
Sólo nos queda agradecer a quienes, por sus indicaciones o de
cualquier otro modo,
han hecho que este repaso sea menos imper­
fecto
de lo que hubiera podido ser. Así, damos las gracias a nues­
tros queridos amigos Aldina Araújo de Oliveira, Rafael Gambra,
Gabriel
Alíérez, Alberto Ruiz de Galarreta, Amalio García-Arias,
Juan Vallet de Goytisolo, Estanislao Cantero y Emilio de Miguel.
También vaya nuestra gratitud para Javier
Badía, quien, virrual­
mente sin conocemos, nos prestó· su tesis inédita (minuciosa, pe­
netrante, ponderada) sobre Acción Española, de la que hemos
tomado varios datos y que deseamos ver pronto impresa y puesta
a disposición del público.
Por último, gracias a vosotros por vuestra paciencia.
(57) Hechos contados por Alberto Ruiz de Galarreta.
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