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Balance de las tácticas moderadas en España

BALANCE DE LAS TACTICAS MODERADAS EN ESPA~A
POR
FRANCISCO CANALS VIDAL
Un balance supone un conocimiento detallado de muchas rea,
lidades, en este caso de muchas etapas y momentos de la historia
de
España en las que se ha dado, en lo cultural, en lo religioso
y en lo político, un predominio al «centristno» o «moderantismo»,
entendidos como táctica.
Esta exposición, en
el contexto de una reunión que se ocupa
de la «contrarrevolución», se há de centrar, desde luego, en el
plano político. Además, dada la complejídad y la larga historia de
esta sucesión de actitudes, sería
imposible aludir a todas ellas como
base previa para
la formulación de un balance. Hemos escogido
un particular momento histórico, aquél en que por el
pensamien,
to político «ilustrado» se prepara el camino a lo que se llarnahil
entonces «justd medio», y hemos escogido para acercamos a su
análisis, la obra de un escritor
carlista catalán poco conocido pero
muy valioso: Vicente Pou.
Antes de entrar en este análisis convendrá formular unas
oh,.
servaciones previas y sugerir el recuerdo de algunos acontecimien·
tos
de algún modo y en . algún grado conocidos por cuantos st
preocupan de la historia y de la actualidad política españolas.
Lá. moderación ·y su-modo de-pertenec:er a la virtud.moral.
Se habla a veces inexactamente y 'de un modo desorieritador
de
l~s actitudes moderadas y de' la «moderación», en el contextó
de la alusión clásica a la tesis según' la CÚal «la virtud consiste en
Verbo, núm. 317,318 (1993), 883-895 1!83
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el término medio». Cuando se habla así, creyendo apoyarse en la
tradición más puta del pensamiento humano y cristiano, se desco­
noce a veces que la formula no es verdadera, sino respecto del
término medio entre extremos viciosos
-viciosos por deficiencia
o por exceso-de las pasiones humanas en relación con todo
aquello que
ha de ser «ordenado» al fin. Pero la afirmación es
falsa si se entiende del orden mismo del apetito o la períección
y bien en cuanto tal.
La virtud no es una «mediocridad». Nd es prudente el cobar­
de, aunque éste llamará siempre temerario al valiente y le acusará
de imprudencia.
La prudencia es la virtud del entendimiento prác­
tico que elige debidamente lo que ha de ser ordenado al fin, en
orden al fin mismo. Muchas veces
la prudencia no puede darse
sin arrostrar grandes dificultades y
exponerse a la acusación y al
desprestigio por parte de los hombres que no sienten de modo
ferviente y sincero el anhelo del bien. Es notable que aquellos
Papas que en la edad moderna han sido elevados a
los-altares, y
en los que
se ha reconocido por la Iglesia la prudencia en grado
heroico: San
Pío V --que excomulgó a la Reina de Inglaterra­
el Beato Inocencio XI -que se enfrentó a la monarquía de
Luis XIV y reprendió severamente al episcopado
galicano-y
San
Pío X --que condenó la Ley de separación entre Ia Iglesia y
el Estadd en Francia, condenó el «modernismo» y fa desviación
ideológica y práctica de
Le Sillon~ son las más de ·las· veces juz­
gados imprudentes e inmoderados por muchos historiadores cató­
licos.
La virtud no se define por la moderación en cuanto· al fin
honesto a que ha de subordinar
«Id que al fin se ordena». Nadie
diría que la «estudiosidad» ha de definirse como rin moderado
amor a
la verdad; o que la veracidad o la lealtad consistan en la
moderación en el hablar verdad o en el ser fiel a los amigos.
Las-virtudes teologales, orientadas a Dios mismo como a fin,
no consisten en un
término medio: no hay que amar a Dios «mo­
deradamente», sino con toda nuestra alma y todas nuestras fuerzas.
No hay que ser .«moderados» en nuestra confianza en la divina
misericordia y en su poder
salvífica, ya que «nunca se tiene dema-
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BALANCE DE LAS T.ACTICAS MODERADAS EN ESPARA
siada confianza en Dios». Pero incluso las virtudes morales, por
la razón dicha, vienen a ser
«extremos» en el bien, frente a la
deficiencia moral de lds vicios deficientes o excesivos que no or­
denan la vida al bien honesto humano.
Por esto
el tema de lo que llamamos «tácticas moderadas» es
un
grave y profundo tema de moral política. Mi maestro el P. Or­
landis hablaba del catolicismo liberal como «mal-minorismo», es
decir, como la táctica que en·=mbre de que hay que acogerse al
mal menor conduce prácticamente al olvido del bien a procurar
en la vida pública.
Una larga sucesión
de manipulaciones lingüísticas nos viene a
la memoria, evocando actitudes
y sentimientos que han impulsado
y orientado en una determinada dirección a
una serie de aconte­
cimientos, auténticos dramas, tragedias en la historia de nuestra
sdciedad política: «ilustración», «doctrinarismo», «justo medio»,
«moderado», «posibilista», «mal menor», acatamiento
a:! poder
constituido, etc.
Todos nosotros recordamos haber vivido, según fo que ha sido
posibilitado
por nuestras distintas edades, o conocido por nues­
tras lecturas,
el predominio de consignas que por cierto han lle­
vado, en nombre de la moderación, a la actitud cerrada e intransi­
gente contra toda afirmación consecuente
. y sincera de los princi­
pios. También hemos experimentado que tales actitudes han
pro­
ducido por lo general resultados opuestos a los previstos o
proclamados por los propugnadores de las tácticas «moderadas».
Evocación de algun.os momentos o procesos especialmente
dignos de recuerdo.
Comenzando desde nuestros tiempos, y procediendo «regresi­
vamente»
en fo cronológico, podemos recordar con dolor aque!Ias
manifestaciones multitudinarias contrarias al aborto o al mono­
polio estatal de la enseñanza, que presenciamos hace no muchos
años en Madrid, y que ahora nos parecen muy lejanas en el tiem-
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po, por haberse reblandecido notablemente nuestra capacidad de
reacción
y de indignación contra el mal. · .
J.>odemos recordar el constante «centrarse» de los partidos .si­
tuados, o acusados de situarse, en la «derecha pura y dura» ; la
constante invitación
a ser «inteligente» o «civilizada», has.ta lle­
gar a la desaparición de toda derecha afirmada como tal entre
los
partidos con presencia parlamentaria.
Podemos
r_ecordar la formación de la Unión del Centro demo­
crático, por la coalición y la ·confluencia de los diversos moderan'.
tismos, incluido también el «social-democrárico». La moderación
de los malos principios suele ser muy eficaz para obrar. el mal y
debilitar el bien, mientras que la moderación en la afirmación de
los principios buenos hace imposible la aplicación de éstos.
El
mal
se produce por la carencia y p¡:ivación del bien íntegro, mien­
tras que el bien se constituye por la perfección íntegra de una
realidad o acción. ·
·
Podríamos recordar la cancelación de los ideales de la cruzada
con consignas como «el crepúsculo de las ideologías»,
el «Estado
de obras»; la reivindicación de las ideas y de
la política de los
«ilustra.dos» españoles, la sustituci6n del
recuerdo de la victoria
en la Cruzada por la conmemoración de los «veinticinco años de
paz»
...
Podríamos hablar,· refiriéndonos a los años de la segunda Re­
pública, del «acatamiento» al poder constituido -traducción es"
pañola del Ralliement francés, que combatió Eugenio Vegas k­
tapie--y cómo «no fue posible la paz». Podríamos hablar de
toda la sucesión de actitudes iniciadas en tomo a la polémica del
«mal menor» y de
sus precedentes en la instrumentalización po­
lítica de la consigna de la «unión católica».
Podríamos buscar los antecedentes isabelinos de estas
· actitu­
des de los años de
la restauración en la minoritaria corriente del
«catolicismo liberal»
e~pañol, que expresó en Barcelona Mañé y
Flaquer,
en· el Diario de Barcelona, y que había sido también· re­
presentado en algunos aspectos por el «tradicionalista filosófico»
José M.ª de Quadrado.
J.>ddríamos · también, en este recorrido retrospectivo atrevernos
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BALANCE DE LAS TACTICAS MODERADAS EN ESPARA
a discutir algunas 'actitudes de Menéndez y Pelayo, muy alejadas
ya delos tnomentos de la «Historia de los heterodoxos españoles»,
y del «Btindis del Retiro».
Un contraste entre Menéndez y Pelayo y Balmes.
Escribió Menéndez y Pelayo en 1893, en un articulo sobre
«Quadrado y
sus obras» (obras completas, X, pág. 22):
«Suscitada en 1845
a cuestión del mattimonio de la Rei­
na, "El Pensamiento" (órgano de Balmes) y "El Concilia­
dor" ( dirigida por Quadrado) pronunciaron sin embages el
nombre de su candidato, el Conde de Montemolin; el pro­
yecto fracasó y era
i.llevitable que fracasase ... dos años de
lucha y dos periódicos no bastan para pacificar un pueblo
perturbado y desquiciado por medio siglo de revoluciones
y reacciones, a cual
más sanguinarias e i.llsensatas. La fusión
dinástica fue rechazada por todo el mundo. . . y
el proyecto
de matrimonio tropezó lo mismo con la oposición
·de la
Reina
Cristi.lla que con la de la familia proscrita».
He aquí un comentario característico de una historia ficticia,
forjada
imagi.llativamente al servicio de la descalificación del «ex­
tremismo» de
la cotriente y actitud tradicional concretada en el
carlismo.
·
Leamos el comentario que hace sobre esta misma cuestión en
su estudio sobre
Balmes, lo seva vida, al seu temps, les seves obres
el P. Ignasi Casanovas (vol. II, pág. 549).
«Detengámonos un momento a preguntarnos cual fue el éxito
de las campañas balmesianas en
el campo carlista. Fue verdadera­
mente consolador y más extenso de lo que se podía esperar. Pen­
semos en lo que significa que un partido numerosísimo, que
habla
luchado siete años con las tropas .de Isabel; que no había sido
vencido, sino traicionado, se aviniese a aceptar aquella misma
reina y la llevase triunfalmente por aquellos campos ensangrenta­
dos del país vasco, donde yacían los padres, los hermanos y los
amigos.
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FRANCISCO C.ANALS VIDAL
»Es pr<;Ciso, pues reconocer que se apagó el incendio del odio,
que
se extinguieron y se atenuaron mucho las campa!ías de pren­
sa, que toda la parte
más ilustrada y dirigente del partido fue
ganada a
la causa de la reconciliación, que el matrimonio llegó a
ser un verdadero ideal de la masa popular. Hay que hacer justicia
a aquel partido
heroico y generoso ...
»Concluimos diciendo que Balmes perdió la conquista del par­
tido moderado, Comparando los dos partidos,
se ve la nohl~a, la
generosidad y el patriotismo del partido carlista, brillar gloriosa­
mente sobre el fondo oscuro de egoísmos y malas pasiones que
dominaron entonces en el partido
fnoderado. El contraste es ine­
gable y no sería justo atribuir el fracaso de aquel plan .regenera­
dor a una común
obceaición o

a una
fatal inconsciencia de todos».
Aunque en el análisis
del P. Igoasi Casanovas sobran algunas
palabras, en especial el «entonces»,
ya que la intransigencia anti­
tradicional
es una constante del liberalismo moderado, y aún, y,
en muchos casos, todavía más tensa en su aversión, en las tácti­
cas moderadas de los «católicos», la fidelidad de la referencia
histórica deja en evidencia
el apasionamiento y la manipulación
de la historia del texto del polígrafo santanderino, que al escribir
aquéllo
mostró bien su «antintegrismo», bien propio de un de­
fensor «alionsino» de la «unión católica».
El nombre de Balmes ha servido muy frecuentemente como
bandera para sermonear contra la «intransigencia» de los defen­
sores de la Tradición, en nombre de
la «reconciliación» y la
«unión». Pero, a la vista del texto del P. Casanovas, y más aún
ante
la historia real, podríamos caracterizar a los tales sedicentes
«balmesianos» como hombres que levantan mausoleos a los pro­
fetas mientras son ellos mismos descendientes de
los que los habían
perseguido y aniquilado.
Un gran pensador catalán desconocido: Vicente Pou.
El silencio que desde la Enciclopedia Espasa, hasta el «Diccio­
nario de escritores catalanes» de Elías de Molins,
o el «Dicciona­
rio hispanoamericano»
de Muntaner · y Simún, rodea el nombre
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BALANCE DE LAS TACTICAS MODERADAS EN ESPA/lA
del catalán Vicente Pou (1792-1848) no es sino una comprobación
singular y privilegiada de la trágica ley de sociología cultural
se­
gún la historia la escriben los vencedores.
Melcbor Ferrer, en su «Historia del Tradicionalismo Español»
(tomo 18, págs. 111 y sigs.) habla de la obra: «La España en la
presente crisis. Examen razonado
de la causa y de los hombres
que pueden salvar aquella nación» (publicada en Mon Perier en
1842 firmada con las iniciales D.V.P.) como siendo, con el libro
de
Magín Ferrer «Leyes Fundamentales de la Monarquía Españo­
la» y con
«El protestantismo comparado con el catolicismo», las
tres obras
más importantes escritas en España en aquellos años
sobre temas sociales y políticos.
Mis oyentes o lectores que quieran informarse sobre la gran
figura de quien fue uno de los maestros de Jaime Balmes, autén­
tico precursor
genial de su periodismo político, puede ver en la
revista
Cristiandad en su número 498-499, de agosto de 1972, un
documentado trabajo de José M.ª Mundet titulado
« Vicente Pou,
un maestro de Balmes».
Acerquémonos, mediante una lectura· atenta,. al análisis que,
durante el trienio liberal de Espartero, y escribiendo desde Fran­
cia, realizó el pensador carlista catalán sobre
la situación de la
política española, sus perspectivas de futuro, y las causas que ha­
bían motivado
el hundimiento de la monarquía tradicional espa­
ñola a través del instrumento de
la cuestión dinástica, efecto ella
misma del pensamiento «ilustrado»
de amplios sectores de las
clases dirigentes españolas.
«Aún cuando Espartero caiga del puesto que indignamente
ocupa, y suba en
él un Príncipe cualquiera que bajo la influencia
del partido dominante dé la mano a Isabel, ya
sea un hijo del
Infante Don Francisco de Paula
... , la revolución caminará más o
menos rápida a su término.
»Se pretende actualmente establecer como una verdad demos­
trada que
el único gobierno posible capaz de dar la paz a España,
y las convenientes garantías a Europa, es el del justo medio, o sea
del partido cristino-liberal, en el 'que, -diceh 'sus amigos, se baila
reunido todo cuanto hay de ilustración, de nobleza
ye de poder en
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FRANCISCO CANALS VlDAL
la península. la causa de Carlps. V pasa ya coJno desapercibida
delante de los nuevos órganos
de la opinión, quienes con una
afectación insoportable quieren desviar de
ella los políticos bajo
el concepto de no haber ya qµe esperar ni temer nada de seme­
jante causa ni de
sus. defenspres.
»Dicen que el gobierno \le! justo medio es nacional en Espa­
ña
... ; y mientras aseguran que por el mismo está la inmensa ma­
yoría, con todas las capacidades de
un buen gobierno, se lamentan
de que en 1840 cuatro miserables demagogos le arrojasen del
poder».
Vicente Pou tiene
un conocimiento lúcido de la realidad social
catalana y discierne con ironía el malentendido, que ya entonces
comenzaba a formarse en España, entre la que hoy llamaríamos
clase política, sobre la apariencia
de una hegemonía de los «mode­
rados» en
la. vida política catalana. Los hombres que confiaron
que Barcelona sería el sostén de María Cristina contra Espartero
_cayeron en este error:
«Piensan que Barcelona es el primer baluarte del Trono de
Isabel y de la Regencia de
su madre, y allí hallan su sepulcro,
equivocando el espíritu
público. de la fuerza ciudadana de aquella
populosa ciudad, ce,;, el de una pequeña fracción que dasaparece
el
día del peligro».
En realidad, observa Pou, querían aquellos hombre.s hacer a
su manera una «contra-revolución» ; pero no podían contar con
el pueblo, mayoritariamente carlista, o que en las grandes ciuda­
des,
en Barcelona en concreto, estaba ya cont81]1inado por las ideas
revolucionarias, y no había que esperar que apoyase la «reacción»
de los moderados.
Su análisis sociológico
le lleva a formular la tesis del «Examen
razonado
... » con estas palabras:
«Ruego los hombres imparciales que lean con calma las prue­
bas que produzco antes de
. juzgar de los tres siguientes asertos,
por · más que les parezcan aventurados:. 1) Incapacidad política de
los hombres del partido cristino-liberal para el gobierno de Espa­
ña. 2) Absoluta impotencia del mismo partido mayormente desde
que pierde sus naturales aliados del progreso rápido. 3) Sólo la
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BALANCE DE LAS TACTICAS M.ODERADAS EN ESPANA
causa de Carlos V es nacional en España, y la única que tienen en
si elementos suficientes para constituir un gobierno capaz de dar
la paz a la nación y Ias convenientes seguridades a Europa».
Hallamos
aquí afirmada una tesis caracteristica de Vicente
Pou, que advertía
de modo muy clarividente un hecho que todavía
el propio
Balmes reconoció en muchos pasajes de sus escritos,
aunque, por lo que veremos,
vino a olvidarlo prácticamente en
su actuación: este hecho
es la alianza natural, fundada en una in­
terna conexión de ideales. y de pensamiento, entre el progresismo,
el liberalismo moderado, y el despotismo ilustrado.
Decimos conexión de _pensamientos .e ideas, aunque se diesen
contraste de intereses en algunos momentos. No olvidemos tam­
poco que
la abolición de los mayorazgos mediante las leyes des­
vinculadoras, legislación anti-nobiliaria, creaba en muchos senti­
dos intereses entre las familias nobles, que veían entonces liberado
por el estado su patrimonio del peso que lo ataba a la responsabi­
lidad por la qué «nobleza obliga».
La desvinculación aburguesaba a 1os· nobles, mientras que las
desamortizaciones eclesiásticas· creaban una nueva burguesía ine­
xorablemente atada al nuevo edificio
politico que se creaba a través
de la sucesión femenina, y la derrota de la
rama· borb6nica repre­
sentante de la
Espafia antigua y tradicional.
La afirmación de este hecho se prueba mediante una observa­
ción aguda de
la procedencia de la escuela del «justo medio» res­
pecto de la «antigua escuela» que en el último tercio del siglo
anterior fue creada por los Aranda, Campomanes y otros. Vicente
Pou atribuye a esta herencia el «prurito de novedad, desdén por
todo lo
nacional; y espíritu de licencia, que cundiendo poco a poco
por las clases ilustradas han preparado y hecho las sangrientas re­
voluciones en que ellos mismos se han hallado envueltos».
Describiendo Vicente Pou con intención precisa la interven­
ción de aquellos hombres, procedentes del
· despotismo ilustrado
y del afrancesamiento, en
el planteamientd de la Pragmática san­
ción de 1830, observa Pou que «la revolución, naturalmente
ingrata, ni por este beneficio, aunque grande, les
perdonaría jamás
el apoyo que por seis años
estaban prestando a la monarquía ab-
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FRANCISCO CANALS VlDAL
soluta, y mucho menos los favores y distinciones que de la misma
hablan
recibido».
Aquello que
investigó con tan laboriosa tarea y documentaci6n
Federico Suárez V erdaguer en «Los sucesos
de La Granja» es
intuido, sin necesidad ni de matizaciones ni de subrayados enfá­
ticos, por el pensador carlista catalán:
durante la «década omino­
sa» la otientaci6n política estaba en manos de hombres de la co­
rriente ilustrada y afrancesada, hostiles a los sentimientos e ideas
del pueblo «realista», opuestos a aquello por lo que había luchado
España en la Guerra de la Independencia contra Napole6n.
Pot esto el «absolutismo fernandino», como le llamamos ahora
después
de Federico Suárez, se continuó de manera coherente en
el sistema de Zea Bermúdez:
«A estos hombres, instrumentos miserables de una
mano cuyo
impulso y dirección seguramente no.
comprendían del todo, suce­
dieron otros que debían perfeccionar la obra, los cuales alucinados
con
el primer suceso se lanzaron animosos en la arena para regir
los destinos
de la nación en su nueva carrera, y fijar el clavo que
había de detenerla en
el punto medio del descenso ... ».
El señor Zea Berrnúdez se pone al frente y empieza a desple­
gar su
nuevo sistema que llamaron del despotismo ilustrado.
«En un año minaron
tan perfectamente el edilicio social, des­
quiciaron todas sus piedras y columnas en tal disposición que un
soplo bastara para derrocarle y
levantar otro nuevo, que parecién­
dose
al anteriot en sus principales formas exteriores, tuviese todas
las proporciones y quiméricas ventajas que
reclaman el gusto y
las ideas del siglo: semejante a un
antiguo castillo que reedificado
en su interior
... conservara su frontispicio gótico y las inscripcio­
nes y relieves en la Edad Media en sus almenadas murallas ... ».
En esta situación ocurrió la muerte del Rey Femando VII y
en nombre de la Reina regente se dio
el famoso manifiesto de 4
de octubre
de 1833, en el que se pretendía asegurar que las insti­
tuciones antiguas no
sufrirían menoscábo mientras se procuraba
halagar a los liberales con las
esperanzas de un porvenir capaz de
satisfacer
sus deseos ... «y se aplaudía el reciente reinado de Isa-
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BALANCE DE LAS T ACTICAS MODERADAS EN ESPARA
bel como el principio dichoso de una Era nueva de luces, de
reforma y de emancipación
política y social»,
La política resultante constituía un sistema que pretendía apo­
yar a todos los partidos mientras que no representaba a ninguno
porque no era «ni monárquico ni
republicand, ni absoluto ni re­
presentativo, ni religioso ni impío, sin principios fijos, sin antece­
dentes gloriosos», Para que
el pueblo español aceptase aquella que
podríamos considerar la primera imposición general de la «táctica
rr.odetada» había --observa Vicente Pou-que «trastornar pri­
mero
todas. las cabezas, cambiar todos los corazones, desrraigar
todos los hábitos, lds gustos y hasta los caprichos, o mejor diré
era preciso refundir
la naturaleza de los españoles»,
Nuestros recuerdos más recientes nos llevan a reflexionar en
que a los provocativos anuncios
de que se formará una España a
la que nadie podría reconocet -formulados desde la izquierda
con radicalismo
demagógico-habían precedido los hechos y pro­
cesos, entre sí conexos a través de décadas y aún de siglos, en
los
que aquél esfuerzo transformador había sido realizado desde ·el
«centro» o también desde la «derecha», modetada y conformada
a las tendencias de nuestra
época, como se ha dicho siempre en
estos casos.
La "natural alianza" y la función de las "clases acomodadas"
e
"ilustradas" en ·Ia Revolución.
El estudio atento del que fue maestro de Jaime Balmes expli­
ca, por una parte, los acertados juicios del pensador de
Vic sobre
el partido modetado
o «conservador» como comenzaba a llamarse
en su tiempo, «El partido conservador
es consérvador de la revo­
lución», así resume Ignasi Casanovas el juicio de Balmes, Por otra
parte, los análisis de Vicente Pon sobre la conexión ideológica y
sociológica, de «sentido» y de «vivencia», entre
el sector moderado
del liberalismo, con
sus raíces ilustradas, y el progresimo revolu­
cionario, pueden explicar lo inevitable del fracaso del intento bal­
mesiano de fusión dinástica,
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'fRANCISCO CA.NA.ES VIDAL
Ciertamente ésta fracasó por la intransigencia de los «mode­
rados»
liberales, sin que pudiesen evitarlo la transigencia o mo­
deración de muchos carlistas y del propio Conde de Montemolín,
que firmó
, un manifiesto redactado por Balmes, o de Carlos V,
que abdicó en su hijo siguiendo
el consejo de Balmes.
Pero, más profundamente
todavía, podríamos encontrar una
explicación también sociológica e ideológica
al fracaso de Balmes
en su intento de conquistar a los moderados: como decía el P.
Ra­
món Orlandis, el problema no era el matrimonio entre Carlos e
Isabel, sino el matrimonio
entre la España tradicional y la revo­
lución liberal. Fue éste el que
no fue posible, precisamente porque
Jaime Balmes pensaba que
no podía cdnsolidarse en España el
trono frente a la revolución sin apoyarse en el pueblo que había
luchado, hasta no ser vencido sino traicionado, por
el edificio tra­
dicional
de la monarquía· española, ,en favor del que tenían por
Rey legítimo y se titulaba Carlos V.
Es
un error de perspectiva pensar en que en el «legitimismo»
dinástico isabelioo
no había sino una perseverancia «monárqui­
ca»
en la fidelidad a la hija de Fernando VII. La sucesión feme­
nina se había planteado expresa e intencionadamente
para cerrar
el camino a quien representaba unos ideales y sentimientos de los
que un sector muy influyente, concretado en
la mayoría de la no­
bleza con título
de Grande de España, se sentía apartada.
Este apartamiento y ·enfrentamiento a fa tradición española se
había expresado en contaminaciones de la ilustración y de la filo­
sofía del siglo XVIII, e hizo posible el que en España se plantase
el, árbol revolucionario hasta arraigarse en etapas sucesivas y cau­
sar
la guerra civil sucesoria de 1833-1840.
En los momentos de la muerte de Fernando VII hahia pro­
bablemente otro factor más ambiental y sociológico que ideológi­
co, que reforzaba y generalizaba el influjo de aquélla contamina­
ción. Nos referimos a
la ádmiración ~que nos atreveríamos a
llamar provinciana-de nuestra nobleza. cortesana por los edificios
políticos,
de fachada monárquica, y de contenido revolucionario,
de la oligarquía liberal inglesa
que . tomaba de nuevo el. poder y
se disponía a iniciar la era victoriana, y del reinado francés de la
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BALANCé DE LAS TÁCTICAS MODERADAS .EN ESPAíóU
burguesía, intentado por los «doctrinarios» durante la Restaura­
ción, e iniciado triunfalmente en julio de 1830.
En todo caso, los análisis
de Pouobligan a reconocer la efica­
cia revolucionaria de muchas actitudes de la nobleza española. Tal
vez sea conveniente meditat sobre esto, es una situación ya tan
distinta en lo social y en
lo cultural, pero situándonos en una
perspectiva
de validez permanente.
Donoso Cortés, el genial
pensador español uno de los más
profundos «teólogos» de la contrarrevolución, .escribía en 26 de
mayo de 1949
sobre la

«ceguedad
de las clases acomodadas» para
comp,:.,nder la verdad política. A esta ceguedad la califica allí Do­
noso Cortés de «iocurable y sobr.enatural».
Parece oportuno recordar este texto, por cuanto
el temor de
que una revolución perjudique los propios intereses de una clase
dirigente, no suele ser
· nup.ca estímulo efic;az para movilizar a sus
hombres
al servicio del orden natural y cristiano. El egoísmo y 1~
atención al propio interés inducen por lo contrario a la búsqueda
del pacto
y de la transigencia con los enemigos de la religión y
de la patria. Tal vez sea el amor a las riquezas
y el deseo de man­
tenerse en la cima social, el móvil más frecuente de la adopción
de
las «tácticas moderadas», y del consiguiente debilitamiento de
la resistencia a las fuerzas destructoras.
Mi maestro el P. Orlandis decía que los «católicos liberales»,
y por tales tenía los «mal-minoristas», elegían en lo político
al
modo como en los Ejercicios de San Ignacio de Loyola eligen
aquellos que se sitúan en el «segundo binatio». Es decir, se pre­
tende escoger la táctica moderada
para mejor conseguir el «bien
posible»
y evitar «males mayores», se invoca el «realismo» y el
«posibilismo», pero en el fond,;¡ se evita el riesgo y el.~frimiento,
con
frecuencia heroico, del esfuerzo sincero y real por el imperio
práctico de la verdad política frente a la apostasía
anticristiana
revolucionaria. · ,
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