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Nueva evangelización y contrarrevolución

NUEVA EVANGELIZACION Y CONTRARREVOLUCION
POR
EsTANISLAO CANTE.Ro
Desde hace algunos años encontramos en los documentos del
Magisterio de la Iglesia la expresión «nueva evangelización». No
se trata de una cuestión de oportunidad ante la proximidad de
determinados acontecimientos como el V centenario de la evan­
gelizaci6n de América o el segundo milenio del cristianismo.
La
Iglesia es evangelizadora por su propia naturaleza. Y tanto su
doctrina como su historia lo acreditan suficientemente.
Tampoco hemos de pensar que cambia
la naturaleza de la
evangelización, ni la doctrina que se enseña, ni slls destinatarios,
ni los fines perseguidos ni las razones que mueven a la Iglesia.
La Iglesia, repetimos, es evangelizadora por su propia naturaleza
y esa misión, como hemos aprendido en el catecismo, nos corres­
ponde, desde siempre, a todos los cat6licos.
La novedad de esta tarea evangelizadora a la que se
. exhorta
a la Iglesia, consiste, principalmente, en determinar
y utilizar nue­
vos métodos que resulten apropiados para los tiempos actuales.
Pero también, en estos tiempos en que
la tentaci6n para los cris­
tianos de acomodarse a las circunstancias, conformándose con la
vida muelle proporcionada por la sociedades desarolladas puede
ser
más fuerte, en resaltar que la misi6n de evangelizar nos co­
rresponde a todos los cat6licos, sobre todo a los que vivimos en
naciones de historia católica cuando éstas naciones
se apartan más
y más de la herencia cristiaoa. Y por ello mismo, en destacar que
para que esa evangelización sea eficaz, es necesario adquirir la me­
jor formación en el conocimiento de la doctrina que decimos pro­
fesar. Todo ello acompañado de una vida auténticamente cristiana.
Verbo, núm. 317-318 (1993), 911-935
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En definitiva, en huir de conformarse con un catolicismo light.
Ante la situación de las otrora naciones católicas, en las que hoy
tan sólo perdura una herencia cristiana, cada vez más tenue y
dilapidada, la Iglesia nos exhorta para que, plenamente conscien­
tes de esta situación, pongamos todo ló que está en nuestras ma­
nos, para modificar ese desolador panorama y poder retomar, de
una forma renovada, a unas sociedades cristianas.
Juan Pablo
II utiliza con frecuencia la expresión y la idea que
expresa
se encuentra ya, al menos en cierto modo, en la endclica
de Pablo VI
Evangelii nuntiandi y en algunos documentos del
Concilio Vaticano II.
Pablo VI había indicado: «Las condiciones de la sociedad nos
obligan ( ... ) a revisar métodos, a buscar por todos los medios el
modo de
llevar al hombre moderno el mensaje cristiano, en el cual
únicamente podrá hallar la respuesta a sus interrogantes y la fuerza
para su empeño de solidaridad humana» (

1
). Es la realidad del
momento presente, la situaci6n de las sociedades y de las culturas
actuales, la que
lleva a la Iglesia a considerar que es necesaria una
modificación en su tarea evangelizadora. Se trata, pues, de una
adaptaci6n de la misi6n de evangelizaci6n a las realidades que
presentan las sociedades actuales, con el propósito de
lograr que
sea más eficaz, a fin de que los hombres y el mundo se convier­
tan a Cristo Nuestro Señor.
En su Discurso a la Comisi6n Pon­
tificia para América Latina de 7 de diciembre de 1989, Juan Pa­
blo II indicaba: «Hay que estudiar a fondd en que consiste esta
nueva evangelizaci6n, ver
su alcance, su contenido doctrinal e im­
plicaciones pastorales ; determinar los métodos más apropiados
para
los tiempos que vivimos ; buscar una expresi6n que la acerque
a la vida
y a las necesidades de los hombres, sin que por ello pierda
nada de
su autenticidad y fidelidad a la doctrina de Jesús y a la
Tradici6n
de la Iglesia».
No está en absoluto de más señalar lo que la Iglesia
con­
sidera que es evangelizar, si bien de manera ciertamente somera
(1) PABLO VI, Evangelii nuntiandi, 18, PPC, 12.• ed., Madrid, 1985,
págs. 12-13.
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y· fijándonos con prioridad en aquellos aspectos que más nos afec­
tan y más nos intetesan, Sobre todo cuando la evangelización tiene
cietta conexión con la Contrarrevolución como trataremos de
-mostrar.
«Evangelizar, dice Pablo VI, significa para la Iglesia llevar la
Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad
y, con su
influjo, transformar desde dentrd, renovar
la misma humani­
dad» (2). Abarca, pues, una doble dimensión: petsonal y social.
No
es sólo el hombre individual, cada hombre, quien debemos
convettirnos por medio del bautismo y la vida de Cristo ; también
la vida de lds hombres en sociedad es la que tiene que convertirse
a Cristo. El mismo Pablo VI lo decía con toda claridad: «Pero
la verdad es que no hay humanidad nueva si no hay, en primet
lugar,
hombres nuevos, con la novedad del bautismo y de la vida
según
el Evangelio. La finalidad de la evangelización es, por con­
siguiente, este cambio interior, y, si hubiera que resumirlo es una
palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por
la sola fuerza divina
del Mensaje que proclama, trata de conver­
tir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hom­
bres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y
ambiente concretos» (3 ). No se trata, tan sólo, continúa más ade­
lante, de que el Evangelio llegue a «zonas geográficas cada vez
más vastas o poblaciones cada vez más numerosas, sino de alcan­
zar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de jui­
cio, los valores determinantes, los puntos de intetés, las líneas de
pensamiento,
las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la
humanidad, que están en contraste con
la Palabra de Dios y .con
el designio de salvación» ( 4 ). La tarea, pues, evangelizadora, no
es sólo
la de los misionetos en tierras de misión, sino también la
de todos los cristianos en
sus propias sociedades. Como indica
poco después, aunque el Evangelio
y la evangelización no se
(2) PABLO VI, op. cit., 18, ed. cit., pág. 23.
(3)
PABLO VI, op, cit., 18, ed. cit., pág. 24,
(4)
PABLO VI, op. cit., 19, ed. cit., pág. 24,
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ESTANlSLAO CANTERO
identifican con la cultura, se trata de impregnar a todas las cultu­
ra• sin someterse a ninguna de ellas (

5
).
La evangelización, pues, podemos decir, aspira y pretende ha­
cer no sólo cristianos sino también sociedades cristianas.· De ahí
que el mismo Papa indique el mal de la desaparición de aquellas
sociedades
y la necesidad de remediarlo: «La ruptura entre Evan­
gelio
y cultura es, sin duda alguna '- drama de nuestro tiempo, como lo fue en otras épocas.
De ahí
que hay que hacer todos los. esfuerzos con vistas a una generosa
evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas.
Estas deben ser regeneradas. por el encuentro con la Buena
Nue­
va» (6).
¿ Y c6mo se evangeliza? . Mediante el testimonio y la procla­
maci6n de la Verdad, del
Evangelio, En efecto, «evangelizar, re­
cuerda Pablo VI, es, ante todo, dar testimonio, de una manera
sencilla
y directa, de Dios, revelado por Jesucristo mediante el
Espíritu Santo» (7). Pero, como él mismo indica, el testimonio no
es _sufíciente, «pues el más hermoso testimonio se revelará a la
larga impotente si no es esclarecido, justificado -lo que Pedro
llamaba dar
'razón de vuestra esperanza'-, explicitado por un
anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús (
... ). No hay evangeli­
zación verdadera mientras no
se anuncie el nombre, la doctrina,
la vida, las promesas, el reino,
el misterio de Jesús de Nazaret
Hijo de Dios» ( 8). Y el resultado de la evangelización, si ésta se
ha logrado, es la adhesión a la Iglesia, a la integridad de su doc­
trina, a la vida sacramental y a la iniciativa de apostolado (9).
La tarea
de los laicos es iinprescindible. y a ellos les corres­
ponde en grado superlativo·.
No es algo sobreañadido a nuestra
condición de católicos, sino consecuencia obligada de ser discípu­
los de Cristo. Y esto nos corresponde a todos, según nuestra
respectiva capacidad
y en nuestras correspondientes esferas de
914
(5) PABLO VI, op. cit., 20, ed. cit., pág. 25.
(6)
PABLO VI, op. cit., 20, ed. cit., pág. 25.
(7)
PABLO VI, op. cit., 26, ed. cit., pág. 29.
(8) PABLO VI, op. cit., 22, ed. cit., pág. 26.
(9) Cfr. PABLO VI, op. cit., 23-24, ed. cit., págs. 27-28.
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competencia. La Iglesia insiste reitetadamente en ello, como po­
demos apreciar en los documentos de Juan Pablo II, de los que
citamos una pequeña muestra.
Dirigiéndose a los obispos de Uruguay el 8
de mayo de 1988,
indicaba: «compete a los laicos santificar
las estructuras tempora,
les» (10). «Frente a concepciones laicistas en el ámbito social y
cultural,
hacen falta cristianos que sean fuertes en la fe (1 Pe 5,
9),
que 'combatan el buen combate' ( 1 Tim. 6, 12) de que nos
habla San Pablo, decididos a identificarse con Jesucristo y a im­
pregnar la cultura con los principios y enseñanzas del cristianis­
mo» (11).
El día 9 de mayd de 1988, dirigiéndose a todos los urugua­
yeos, repetía lo que había dicho el 9 de marzo de 1983 al CELAM:
que
la «nueva evangelización» debía ser: «Nueva en su ardor, en
sus método,, en su expresión» ( 12).
«Será nueva en su ardor si a medida que se va obrando corro­
boráis
más y más la unión con Cristo, primer evangelizador» ( 13 ).
Es decir, que ha de fundamentarse en la santidad personal. Y
añadía que debía irradiar y comunicarse a los demás: «Sentir ardor
apostólico significa tener hambre
de contagiar a otros la alegría
de la
fe» (14).
«La evangelización será nueva en sus métodos si cada uno de
los miembros de la Iglesia se hace protagonista de la difusión del
mensaje de Cristo» (15).
«La evangelización es, pues, tarea de todos los miembros de
la Iglesia. Todos los fieles bajo la guía de
sus Pastores han de
ser verdaderos apóstoles».
«Se trata de un apostolado que está
al alcance
de todos los cristianos en su entorno familiar, laboral y
(10) JuAN PABLO 11, La nueva evangelizaci6n. Via¡e apostólico _a Uru­
guay, Bolivia, Perú y Paraguay (7-19 de mayo de 1988), BAC, Madrid, 1988,
pág. 40.
(11) JUAN PABLO II, La nueva ... , pág. 43.
(12)
JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 54.
(13)
JUAN PABLO II, La nueva ... , pág .. 54.
(14) JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 55.
(15) JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 55.
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ESTANISLAO CANTERO
social. Es un apostolado que tieue como principio imprescindible
el buen ejemplo en
la conducta diaria -a pesar de las propias
limitaciones
personales-y que debe continuarse con la palabra,
cada
uno de acuerdo con su situación en la vida privada y eu la
vida pública» (16).
«Para que la evangelización sea "nueva" también "en su ex­
presión"
( ... ) cada hombre y cada mujer cristianos han de adqui­
rir un sólido conocimieuto de las verdades de Cristo -adecuado
a su propia formación cultural e intelectual-siguiendo las en­
señanzas de la Iglesia» ( ... ).
«Esa profunda formación cristiana le permitirá verter 'el vino
nuevo' de que nos habla
el Evangelio en 'odres nuevos' (Mt. 9,
17):
anunciar la Buena Noticia con un lengua;e que todos puedan
entender»
(17 ).
Y en otra ocasión, hablando a los obispos bolivianos el _9 de
mayo de l 988, insistirá en que es preciso adquirir «la solidez doc­
trinal necesaria para hacer frente a ideas, mentalidades y sistemas
que no estén de acuerdo con la fe genuinamente profesada ( 18
).
En la alocución a los Obispos de Uruguay, al· referirse a la
«nueva etapa de evangelización», destacaba la importancia capital
de la labor de formación (19), a fin
de que pueda «repercutir eu
toda la vida social, impregnando todos los aspectos de la cultura»,
pues «no basta mirar a que se conserve la
fe de algunos: bace falta
-lo sabéis bien-que la vida misma del pois en todas sus mani­
festaciones
sea conforme con -los principios evangélicos» (20). Se
trata de un camino -el de la evangelización-«que conseguirá
restaurar la civilización del amor
y conducir a todos a la pleuitud
de gozo del reino de los cielos» (21).
Su objetivo, pues, aunque consiste en la salvación de las almas,
n? cae en el error de creer,. que para nuestra salvación resulta
(16) JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 56.
(17) JuAN PABLO II, La nueva •.. , p,lg, 56.
(18) JuAN PABLO II, La nueva ... , págs. 69-70.
(19) JuAN PABLO II, La nuevac .. , pág. 40.
(20) JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 39.
(21) JUAN PABLO II, La nueva ... , pág. 39.
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NUEVA EVANGELIZACJON Y CONTRARREVOLUCION
indiferente ei ambiente, las instituciones, las legislaciones y los
sistemas sociales y políticos.
Por el contrario, la insistencia del
Papa en la necesidad de instaurar y restaurar las sociedades en
Cristo
es constante. El resultado de la evangelización proporciona­
rá esos cambios.
Así, Juan Pablo II señala la maldad del abandono de la ley
de Dios por las sociedades actuales. En efecto, continuamente
se
esfuerza en mostrar que las razones «de tantas situaciones de in­
justicia y de opresión, de desprecio de los derechos fundamentales
de la persona» (
... ) y de muchos de los males de las sociedades
actuales «proceden, en definitiva, de una
gran carencia de Dios en
los corazones,
de una pérdida del sentido trascendente de la vida
y de la ruina de los valores superiores que han dadd sentido al
hombre en su caminar histórico» (22). Por ello, indica que en
aquellos lugares· «donde existen tantos ejemplos
y estructuras de
injusticia» es necesario «tratar de cambiar esas situaciones con­
cretas con métodos evangélicos» (23).
Y como «de la forma dada a las sociedades, conforme o no a
las leyes divinas depende
y se deriva también el bien o el mal de
las almas», según señalaba Pío
XII (24), es necesario lograr que
las sociedades sean
conformes con las leyes divinas. Eso será re­
sultado de la evangelización.
«La
nueva evángelización, impulsada por el mandamiento del
amor, dice Juan Pablo
II, hará brotar la deseada promoción de la
;usticia
y el desarrolld en su sentido más pleno, así como la justa
distribución de las riquezas
y el respeto de la dignidad de la per­
sona ... » (25).
Y cuando exhorta continuamente a
los jóvenes, como a los de
Bolivia, a prepararse
«para ser los hombres y mujeres del futuro,
responsables y activo& en las estructuras sociales económicas, cul-:
turales, políticas y eclesiales de vuestro país ( ... ) que permitan
(22) JUAN PABLO II, La nueva ... , pág. 118.
(23)
JUAN PABLO II, La nueva ... , págs. 71-72.
(24) Pío XII, La solemn,?Q 5, en Doctrina Pontificia. Documentos so­
ciales, BAC, 2." ed., Madrid, 1%4, pág. 867.
(25) JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 57,
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EST A.NISLAO CANTERO
alcanzar un desarrollo cada vez más humano y más cristiano» ( 26 ),
sería absurdo pensar que el Papa incita a una actitud defensiva,
de respuesta permanente a la agresión continua efectuada por un
mundo secularizado· que rechaza a Dios
; se trata, por el contrario,
de incitar a
los hombres para que construyan, con todas las defi­
ciencias humanas,
un mundo que responda a las exigencias cristia­
nas.
En efecto, as! se desprende de sus palabras al referirse a la
evangelización auténtica e
· integral, cuyo mandato de evangelizar
obliga a todos los hombres: «Se dirige a los profesionales y a los
hombres de cultura, para que impregnen las realidades temporales
del espíritu evangélico» (27). Por ello, dice en otro lugar, que la
nueva evsngelización
se caracteriza también porque «a la vez que
anuncia a Jesucristo
alli donde aún no .lo conocen, planteará ma­
yores exigencias a quienes ya pertenecen a su grey» (28 ). Estas ma­
yores exigencias consisten en convertirse en auténticos agentes de
evangelización, a fin de que la sociedad, no sólo en los hombres
que la componen, sino también en las ins,titµciones y en sus sis­
temas de vida y de. organización, respondan a los mandatos cris­
tianos.
En efecto, en el discurso al mundo de fa cultura y a la clase
dirigente de la sociedad boliviana
el 12 de mayo de 1988, indica:
«( ... ) las inmensas virtualidades del mensaje cristiano que ha de
inspirar vuestra vida y
tdda vuestra actividad y que se concreta
en la llamada doctrina social católica (
... )», «intenta guiar a los
hombres para que ellos mismos, con la ayuda de
la razón y de las
ciencias humanas, den una respuesta a su vocación de constructo­
res responsables de la sociedad terrena» ( 29) ; y recuerda que esa
sociedad justa será imposible si no tenemos bien presente lo que
dice el salmo: «Si el
Señor no construye la casa, en vano se fati­
gan los constructores» (30).
Ppr eso, la evsngelización ha de «fruc­
tificar en criterios de juicio, modelos de comportamiento v
--su-
(26) JuAN PABLO II, La nueva ... , págs. 122-123.
(27)
JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 132.
(28)
JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 203.
(29)
JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 137.
(30)
JuAN PABLO II, La nueva ... , págs. 137-138.
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NUEVA EVANGELIZACION Y CONTRARREVOLUCION
brayamos nosotros-- en fuentes de inspiración de toda la vida de
una sdciedad, en perfecta coherencia_ con los valores del mismo
Evangelio» (31).
Después de recordar la exigencia de «coherencia entre lo que
eréis y lo que hacéis» añade: «A los laicos
os compete de manera
específica
estructurar la sociedad según el querer de Dios, procu­
rando que haya leyes justas, instituciones adecuadas y que a nadie
le falten
los medios necesarios para llevar una vida digna y plena,
abierta a la dimensión sobrenatural» (32).
La cdnstrucción del reino de Dios no es sólo algo propio de
nuestra intimidad personal. El «hombre nuevo» de que habla
San Pablo, comienza por la conversión del corazón a Dios. Pero
no
se detiene ahí, va acompañada de su manifestación exterior
hacia el resto de
los hombres y de la sociedad con el ánimd de
convertir todo a Dios. Juan Pablo II lo dice con claridad cuando
indica que los designios de Dios «son construir el
orden de la ver­
dad
y del bien, renovando la vida de las comunidades · y de toda
la sociedad humana».
«A los hombres y a las sociedades
correspdnde asumir la tarea
de conversión y de transformación ( ... ) es la enseñanza que en­
contramos en el libro del Profeta Isaías: el eterno grito de Dios,
que quiere sacar de
su precaria situación, de cara a la salvación
definitiva,
al hombre, a los pueblos, a las naciones, y restaurar a
la vez la justicia y honestidad de costumbres en los campos de la
vida social, económica y política» (33
).
Y reiteradamente enselía: «Todos vosotros estáis llamados a
construir esa sociedad nueva. Pero no se edifica una sociedad sin
Dios, sin la ayuda de Dios: sería una contradicción. Es Dios la
garantía de una sociedad a medida del hombre» (34).
La reconstrucción social a 1a que se nos exhorta a todos los
católicos y a la cual todos estamos obligados, en congruencia con
la integridad
de la fe, es la de una sociedad plenamente católica
(31) JUAN PABLO II, La nueva ... , pág. 139.
(32)
JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 153.
(33)
JuAN PABLO II, La.nueva ... , pág. 159.
(34) JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 159.
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EST ANISLAO CANTERO
en todas sus instituciones: «. . . puesto que la misión salvífica y
liberadora de
la Iglesia se lleva a cabo en el contexto de la his­
toria humana
y de las relaciones sociales, ella ofrece y sostiene su
propia visión del hombre y
de la sociedad · e invita a aceptar sus
orientaciones
que debieran considerarse esenciales por quienes
.están desempeflados (sic) de veras en la construcción de un orden
social más ;usto y humano» (35).
Al hablar de los principios de la doctrina social católica, re­
cuerda que «el principio básico de
la primada de la persona sobre
las cosas» (
... ) es la consideración fundamental de donde «surge la
concepción del orden social, político,
económico y cultural, así
como
todo principio relacionado con ellos» ( 36); así COID.o que
«en toda la ordenación de la actividad social se debe tener presente
la dimensión moral» (37). Y a los bolivianos les exhorta, ante «el
proceso de secularización» a
«transformar esta sociedad boliviana
en una sociedad nueva, en una sociedad profundamente cristiana
en sus fundamentos y en sus expresionl'S» (38).
Pero
no debemos pensar que la «nueva evangelización» se
refiere sólo a los países del Tercer Mundo.
En nación tan desarro­
llada como Alemania, y ya en el año 1980, podemos encontrar en
las alocuciones del Papa Juan Pablo II con motivo de ese viaje,
las mismas ideas, los mismos acentos y las mismas exhortaciones.
Y lo mismo podemos decir
de las naciones que han podido salir
del comunismo, como
en sus discursos en Polonia con motivo de
su viaje en junio y agosto
de 1991·.
Para no incrementar todavía más esta comunicación, reiterando
las citas, me referiré tan sólo a aquellas cuestiones que para
nosotros tienen
un interés más acentuado. No porque el resto no
tenga importancia o la tenga menor, sino en razón del tema de
esta comunicación y de nuestra específica vocación volcada hacia
la reconstrucción de
la Ciudad Católica.
Las referencias
del Papa a la magnífica • herencia católica de
(35) JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 162.
(36)
JuAN PABLO II, La nuei>a ... , págs. 162-163.
(37)
JuAN PABLO II, La nueva ... , pág. 163.
(38)
JUAN PABLO II, La nueva ... , pág. 165.
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NUEVA EVANGELlZACION Y CONTRARREVOLUCION
las naciones europeas así como respecto a la necesidad de recons­
truir Europa sobre sus auténticas bases, que no son otras que la
cosmovis1ón católica, son continuas. Como lo son también las
ad­
vertencias a los países que formaron la Europa comunista para
que
no se dejen deslumbrar y, por tanto, engañar, por el espejismo
del fulgor de la prosperidad material de las naciones de Europa
occidental.
En el discurso pronunciado el 15 de .ao,¡iembre de 1980 en
Bonn, ante
el Presidente de la República alemana y demás autori­
dades civiles, Juan Pablo
II señalaba, de una parte, que incluso
fiel testigo de la
intima conexión entre la vida de la fe y las for­
mas de la vida social lo
es «la misma civilización técnica y la cul­
tura moderna, que no podrían ser rectamente. entendidas sin la
aportación que desde sus orígenes han recibido de modo deci­
sivo del cristianismo, tanto en su aspecto histórico como espiritual
y
mota!»( ... ) (39); de otra, que el progreso verdadero se mide
«por
la primada de los valores espirituales y por el progreso de
la vida moral». «Por ello
--añade--, sería una equivocación muy
deplorable y de consecuencias catastróficas que la sociedad
mo­
derna confunda el legítimo pluralismo con la neutralidad de va"
lores, y creer que en nombre de una demactacia mal entendida se
puede paulatinamente ir renunciando en la vida pública a la utili­
zación de normas éticas y de las categorías morales del bien y del
mal» (40).
Además recuerda cual
es la misión dé la Iglesia y las conse­
cuencias que entraña en la vida
social: «La Iglesia ha sido enviada
para dar testimonio de
la verdad y aportar de este modo una va­
liosa contribución para la organización de la vida social y pública
de modo adecuado a la dignidad
del hombre» (41 ). Contribución
que
no puede considerarse, en la enseñanza .deJ Papa, como una
más
al lado de otras igualmente valiosas, sino como la única ver­
daderamente válida en cuanto a los fundamentos en que toda
(39) JUAN PABLO II1 Viaie pastoral a Akmania (15-19 de novie:tnbre
de 1980), BAC, Madrid, 1981, pág. 40.
(40)
JUAN PABLO II, Viaie pastoral ... , págs. 4344.
(41) JuAN PABLO II, Viaie pastoral, .. , pág 45.
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ESTANISLAO CANTERO
sociedad debe establecerse. En efecto, casi al final de su discurso,
el Papa, dirigiéndose a .todos, católicos o no, indica: «No quisiera,
señores y señoras, concluir estas breves reflexiones sin hacer
un
llamamiento a todos ustedes, en especial a aquellos que comparten
conmigo las mismas convicciones de
fe, para lograr que se mani­
fieste de nuevo
el fundamento cristiano de la historia de su pueblo
y de los elementos coostitutivos del Estado actual, tan impreg­
nado por el espíritu cristiano. Una renovación moral verdadera­
mente profunda de la sociedad sólo
puede· ser auténticamente
eficaz si viene de dentro,
de sus propias raíces» (42), porque
«( ... ) sólo de ahí puede venir, no sólo para cada nación en par­
ticular, sino para Europa y para toda la humanidad, la posibilidad
de una existencia
digna del hombre dentro de los peligros que
continuamente se levantan
de modo amenazador en· el horizonte
de la historia,
y de una vida verdaderamente plena de todos los
pueblos y hombres en verdad, justicia
y paz» ( 43 ).
«Pocos de entre nosotros pueden hoy, decía en Osnabrück el
16 de noviembre de 1980, en su praxis . de fe, sentirse sostenidos
todavía con facilidad
por un fuerte ambiente creyente. Más bien,
teneri:J.os que decidimos, conscientemente, a querer ser cristianos
declarados y tener el valor, si es necesario, de diferenciamos de
nuestro ambiente» ( 44
).
En la Misa celebrada en Chestocova el día 15 de agosto de
1991,
Juan Pablo II señalaba: «Para el bien de las generaciones
que vendrán es necesario
qúe la nueva Europa se apoye sobre los
fundamentos
de los valores espirituales que constituyen el núcleo
más
íntimo de su tradición cultural,. (45).
Y en Wloclaweck el día 7 de junio
de 1991, el Papa clamaba
contra
el «europeísmo» y se indignaba antes quienes manifestaban
que Polonia tenía que «entrar
en Europa»: «No de;arse ª"astrar
en toda esta civilización del desea y del placer, que prevalece en
(42) JuAN PABLO II, Viaie pastoral ... , pág 45.
(43) JuÁN PABLO II, Viaie pastoral ... , pág 46.
(44)
JuAN PABLO II, Viaie pastoral ... , pág 54.
( 45) JUAN PABLO II, Desde Polonia al ritundo entero (junio y agosto
de 1991 ), Palabra, Madrid, 1991, pág. 152.
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NUEVA EVANGELIZACION Y CONTR.A..RREVOLUCION
medio de nosotros, autodenominándose "europelsmo", que pre­
valece en medio
de nosotros aprovechando las diversos medios
de transmisión y seducción». Y añadía, para que no hubiera duda
alguna sobre el rechazo que una tal
civilización ha de merecer a
un cristiano: «¿Es
ésta la civilización, o más bien la anti-civiliza­
ción? ¿La cultura, o
más bien la anti-cultura? Aquí es necesario
retornar a las distinciones elementales. En efecto,
la cultura es lo
que hace
al hombre más hombre. No lo que "consume" su huma­
nidad»
(46).
«( ... ) nuestro 'entrar en Europa'. Ante todo -dice--, no de­
bemos entrar, puesto que
ya estamos en ella ( ... ) en cierto modo
hemos estado siempre y estamos
en Europa. No tenemos necesi­
dad de entrar porque
la hemos construido nosotros y la construi­
mos con mayor
esfuerzo que los demás, a los que se les atribuye,
o se atribuyen
. este mérito ( ... )». «La cultura europea fue creada
pDr los mártires de los tres primeros siglos» ( 47). «Europa tiene
necesidad de
la Redención ... el mundo tiene necesidad de una
Europa
redimida» (48).
Pero el grito del Papa para que . Europa retorne a sus raíces
cristianas (49) o
para que Id haga Espafia, como nos dijo en su
viaje en el año 1982 (50), tiene también su proyección en Hispa­
noamérica con el permanente recuerdo y alabanza de la
labor evan­
gelizadora de la Iglesia en América, que contribuyó eficazmente
(46) JuAN PABLO II, Desde Polonia ... , pág. 66.
(47)
JuAN PABLO II, Desde Polonút ... , pág. 68.
(48)
JuAN PABLO II, Desde Polonút ... , pág. 69.
( 49) Cfr. JuAN V ALLET DE GoYTISOLO, «Europa desde la perspectiva
de Juan Pablo lb, Verbo, núm. 257-258 (1987), págs. 901-954 y las seleccio­
nes de textos de JUAN PABLO 11, «Europa, su identidad cristiana y su actual
crisis•, Verbo, núm. 211-212 (1983), págs. 3-22; «El cristianismo y la cultura
de Europa: pasado, presente y futuro•, Verbo, núm. 287-288 (1990), págs.
913-923.
(50) Cfr. V1cTORINO RODRÍGUEZ, O. P., «La siembra de Juan Pablo 11
en Eapaña•, Verbo, núm. 21~220 (1983), págs. l.01~1.036; MIGUEL AYUSO
TORRES y Lms MARíA SANDOVAL PINILLOS, «La confirmaci6n de nuestra
fe (en el aniversario de la venida de Juan Pablo II a España)», Verbo,
núm. 221-222 (1984), págs. 3-24.
-923
Fundaci\363n Speiro

ES'I'ANISLAO CANTERO
a impregnar sus c:µlturas, de modo que a pesar de sus diferencias,
todas ellas, en lo que tenían
de aprovechables, se convirtieron en
c:µlturas cat6licas (51 ).
Los acentos, los énfasis, son ciertamente distintos a los de
Pío
IX, Le6n XIII o incluso Pío XII. Peto a mi juicio está claro
que la Iglesia, por medio de sus Pontífices más recientes, sigue
exhortándonos a todos,
si bien especialmente a los cat6licos de
filas, a mostrarse como tales en todas .las ocasiones de su vida,
con el objetivo en la dimensi6n o aspecto social, de construir so­
ciedades, mejor dicho de reconstruir sociedades y naciones cristia­
nas. que lo sean, no s6lo por
la vida de sus miembros, sino tam­
bién
pot su plasmación en sus instituciones, en sus leyes y en toda
su actividad política y social.
En los pasajes citados de Juan Pablo II creo que no hay di­
ferencia con palabras como las de Le6n XIII al ordenar a los
cat6licos que «han de procurar que todos los Estados reflejen la
concepción cristiana( ... ) de la vida pública» (52) o con las de
Pío XII al indicar que «la Iglesia no puede renunciat al ejercicio
de su misión, que consiste
en realizar en la tierra el plan divino
de
restaurar en Cristo todas las cosas de los delos y de la tie­
rra» (53 ).
¿Qué tiene todo esto que ver con la Contrarrevolución? Mucho
y al mismo tiempo muy poco, según el plano en el que nos situe­
mos
y según sea la perspectiva con la que enfoquemos la Contra­
rrevolución.
Nos
es bien conocido el retruécano de José de Maistre: la
Contrarrevolución, no s.erá una· Revolución contraria, sino lo con­
trario de la Revoluci6n. Al referirnos a él, siempre hemos enten-
(51) Cfr. las selecciones de textos de JuAN PABLO II, «España, evan­
gelizado,a de América y Filipinas», Verbo, núm. 231-232 (1985); págs. 3-13
y «Evocación del ejemplo de la evangelización de América por España»~
Verbo, núm. 315-316 (1993), págs. 449-452.
(52) LEóN XIII, Inmortale Dei, 23, en· DOctriná Porttificia. Documen­
tos pollticos, BAC, Madrid; 1958, pág. 217.
(53) Pío XII, Summi Pontificatus, 66, en Doctrina Pontificia. DoCU­
mentos pollticos, ed. cit., pág 793.
924
Fundaci\363n Speiro

NUEVA EVANGELIZACION Y CONTRARREVOLUCION
elido que Io caracteriza a la Conttarrevolución frente a la Revolu­
ción, además de
la exclusión de determinados métodos, es. la
reconsttucción, basada en la ley
.de Dios, del tejido social allí
donde la: Revolución lo ha destruido. Por eso, durante muchos :afíos
en Verbo se reprodujo la frase de Albert de Mun, quien señaló
que frente a
la Revolución, que «es una doctrina que pretende
fundar
la sociedad sobre la voluntad del hdmbre, en lugar de fun­
darla sobre la voluntad de Dios», la Conttarrevolución «es d prin­
cipio contrario, es
la docttina que hace apoyar la sociedad sobre
la
ley cristiana».
Y Luis María Sandoval,
d autor que en estos últimos años, a
mi juicio, ha reflexionado con más profundidad sobre la Con­
trarrevolución -al que por dicho motivo ·.me referiré con fre­
cuencia-, en una visión más omnicomprensivai la define como
«el conjunto de hombres, organizaciones y acontecimientos én
que se manifiesta una reaoción integral contra la Revolución, que
pretende establecer la constitución católica de la sociedad, e
his­
tóricamente ha procurado continuar la tradición institucional an­
terior» (54 ).
En su aspectd social la «nueva evangelización», lo hemos visto,
exhorta a todos a construir una sociedad cultural, social y políti­
camente cristiana: su docttina es universal y vale para
todos los
hombres, todos los tiempos y todos los países,·

naturalmente in­
cluso los que nunca tuvieron instituciones y
regímenes católicos.
Pero no excluye la defensa y la reconsttucción
-y en su caso el
mantenimiento--de aquellas naciones éatólicas que gozaron de
lo que se
ha venido en llamar un régimen de Cristiandad. '.Es más,
en cierto modo, podemos decir
que d Papa nos exhorta a esta
tarea cuando insistentemente indica que hay que
reoonstruir las
naciones
-sobre todo las de Europa e Hispanoamérica-. sobre
sus raíces cristianas. Quizá alguien pudiera objetar que eso
es lle­
var las cosas demasiado lejos y que lo que la Iglesia pide es única­
mente que ttabajemos por una sociedad
que sea gobernada por la
(54) Lms MARÍA SANDOVAL PINILLOS, «Consideraciones sobre la Con­
tranevoluci6n», Verbo, núm .. 281-282 (1990), pág .. 243.
.925
Fundaci\363n Speiro

ESTANISLAO CANTERO
filosofía del Evangelid. Pero como ha advertido con gran perspi­
cacia Sandoval, el hecho de que no vivamos en un régimen de
Cristiandad, no significa que haya que actuar «como si ésta no
hubiera existido, por
lo que no es válido pensar que hemos sido
retrotraídos a
un régimen de misión en un medio ajeno, como el
de los primeros siglos de .nuestra Era» (55).
Por eso, la Contrarrevolución, tiene en cuenta esa realidad de
las sociedades
actuales, .en las que afloran por doquier los restos
de la Cristiandad, y
por. consiguiente, no puede actuar comd si se
tratara de evangelizar a simples infieles o como si siguiéramos en
sociedades en las que la vigencia social del cristianismo sigue
sien­
do una realidad, Pretende reconstruir la sociedad cristiana que
existió, aunque ello no significa el retorno
al pasadd, la mera res­
tauración. Lo dijo San Pío X en texto sobradamente conocido, y
de donde tomamos
el nombre de Ciudad Católica, al señalar que
era preciso una restauración y _ una instauración ; no sólo por cam­
bios que pudiéramos considerar circunstanciales, sino sobre todo
porque
como indicaba María Teresa Morán, el hecho de que aque­
lla
sociedad no hubiera sido universal y perfecta, obliga a que haya
que instaurar y
restauxar (56),
Esto es lo que propone la .Contrarrevolución. Esta, como re­
cordaba Sandoval, ·«es un fenómeno especifico de los ·países cató­
licos» (57), y aunque
abarca todos los terrenos en los que libra
su
combate la Revolución, pone su acento «en atender primordial­
mente a lo social y político» (58
).
En tal sentido, la Contrarrevolución puede incardinarse sin
forzar las cosas, eri la evangelización a secas y por supuesto en la
«nueva evangelización». Desde. luego, sin lugar a dudas,
es ásí en
lo más peculiar de la Contrarrevolución, que comd recordaba el
mismo Sandoval
«es la defensa y promoción de una política ple-
(55) L. M. SANDOVAL, op. cit., pág. 251..
(56) Cfr. MARfA TERESA MoRAN CALERO, «Los principios del orden
político católico», en AA. VV., Los católicos y la acción política, Speiro,
Madrid, 1982, págs. 67-68.
(57) L. M. SANDOVAL, op. cit., pág. 229.
(58) L. M. SANDovAL, op. cit., pág. 230.
926
Fundaci\363n Speiro

NUEVA EV.ANGELIZACION Y CONTRARREYOLUCION
namente católica» (59). Vimos que la Iglesia, por medio de sus
pontífices, y del Pontífice reinante al cual nos hemos referido casi
exclusivamente, no cesa de insistir en ello.
La Contrarrevolución es plenamente consciente de· que no se
trata de contrarrestar aislada o parcialmente aquél o éste mal
de
la sociedad actual, sino de combatir en todos sus frentes a la Re­
volución que no es una mera deficiencia social más o menos amplía,
sino
el propósito deliberado -y como destaca Sandoval «eficien­
te» ( 60 )--de ignorar a Dios en la sociedad, cuando no se propone
oponerse a
El directamente. Por eso, a mi juicio, constituye una
evangelización social y política. Porque
nd se limita a la restaura­
ción
de los lazos sociales, sino que busca también hacer compren­
der la importancia
de la dimensión política, para intentar conse­
guir después los cambios necesarios en esa dimensión. Lo habían
advertido Maurras y Eugenio Vegas: mientras
el régimen político
nd se cambie, toda acción parcial para intentar mejorar, mantener
o crear instituciones sociales, puede en cualquier momerito ser
destruida, prohibida o incautada por el régimen político, sin ,más
que promulgar la legislación correspondiente. De esa forma será
preciso rehacer constantemente una obra que se destruye también
continuamente desde el poder (
61):
En este aspecto, creo que puede y debe considerarse a la Con­
trarrevolución como una respuesta correcta, no voy a decir que la
única correcta
de las posibles, pero si la más correcta, a las exi­
gencias que los tiempos modernos plantean a los católicos en la
naciones de cultura católica en su tarea evangelizadora. Porque
comprende toda la dimensión de
lo que se. opone a la Realeza
Social de Cristo
Rey y porque aspira a restaurar e instaurar en su
integridad la Ciudad Católica.
·
Por otra parte, la Contrarrevolución fomenta al máximo el
espíritu militante. Espíritu militante dirigido primordialmente a
(59) L. M. SANDOVAL, op. cit., pág. 242.
(60) L. M. SANDOVAL, op. cit., pág. 257.
(61) Cfr. E. CANTERO, «El pensamiento político de Eugenio Vegas
Latapie», en AA. VV., Eugenio Vegas Latapie (1907-1985). In memoriam,
Speiro, Madrid, 1985, págs. 94-97.
921
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E&TANISLAO CANTERO
ese fin que es Ja característica más acusada de la Co11trarrevolu­
ción, pero que no excluye en absoluto los otros aspectos· de. la
evangelización, sino
todo. Jo contrario, pues será tanto más per·
fecto cuanto
más asentado este en una vida auténticaménte cris·
tiana en el plano personal. Como todo católico, el contrarrevolu­
cionario está llamado a la santidad
y la Contrarrevolución no se
opone en nada a ello.
¿ Y qué decir de la formación? La Contrarrevolución hace
hincapié en la necesidad de la formación doctrinal, no solamente
en
el aspecto de la doctrina social y política de la Iglesia, sino
también en otros muchos
y variadas aspectos, desde la catequesis,
la formación
de religiosos o la creación de colegios para que re­
sulte más accesible una vida plenamente cristiana. Muchos de los
que estáis aquí preséntes podéis. dar cumplido testimonio de ello.
Como decía Eugenio
Vegas, uno de los maestros de la .Contrarre­
volución en este siglo, «lo más necesario y fundamental es estudiar
la Verdad católica
y luego propagarla incansablemente» (62). Todo
lo
que· se haga en este· terreno de la formación doctrinal será siem­
pre poco, ante la grave carenpa actual en los católicos, incluidos
los ambientes eclesiásticos (
63 ).
En cuanto a la restauración de los lazos sociales, al .restable­
cimiento de las libertades concretas y de las condiciones sociales
que hacen posible =• vida social justa, Giovanni Cantoni ( 64)
mostró en nuestra XXVI Reunión en
su· conferéncia sobre la Con­
trarrevolución y lás. libertades, la coincidencia entre Ia Contrarre­
volución y el Magisterio de Juan Pablo II.
La afirmación. de que la Contrarrevolución es una forma de
,
(62) EuGENio VEGAS l.ATAPIB, Escritos ,-_-politicos, Círculo, _Zaragoza,
1959, pág. 10; o en el voh.1~.en citado en la nota .anterior, pág. 7.
(63) Cfr. JuAN VALLET.DE GOYTISOLO, «Q,¡é somos y cuál es nuestra
tarea»,
Verbo, núm: 151-152 (1977) .. págs: 29-50; E. CANTERO, «Importancia
y necesidad del estudio»,
Verbo, núm. 231-232 (1985), págs. 21-39; «¿Qué
es la Ciudad Cat6lica?», Verbo, núm. 235-236 (1985), págs. 529--543;
L. M. SANDovAL, «Círculos y centros de estudio», Verbo, núm. 203-204
(1982),
págs. 36M9L
(64) Cfr. G10VANNI CANI'ONI, «La Contratrevoluci6n y las libertades»,
Verbo, núm. 283-284 (1990), págs. 451-473.
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NUEVA EVANGELIZ.A.CION Y COMTRARREVOLUCIOIJ!
evangeli2ación no debe extrañamos ni debe sonar mal a nadie. La
esencia
de la Contrarrevolución, lo hemos visto en quienes más
se han ocupado de ella en los últimos años, Ousset, Correa de
Oliveira, V allet de Goytisolo, Cantoni o Sandoval, todos ellos lo
destacan,
es que la esencia de la Contrarrevolución, su alma, es
precisamente religiosa, cristiana, católica.
Lo que la alienta es la
religión católica.
El hecho de que
la Iglesia no se refiera · expresamente a la
Contrarrevolución, ni emplee
la palabra y en ocasiones no parezca
apoyar a quienes se
han empeñado en esa tarea no debe sorpren­
dernos ni desalentamos. Menos aún debe confundirnos haciéndo­
nos pensar que erramos el camino, que no marchamos por una
senda católica ; y de ningún modo da pie para que nadie nos
desautorice en nombre de la doctrina católica.
Del mismo modo que nosotros
-a pesar de haber compren­
dido en su mayor amplitud lo que
es1á en juego, lo que suponen
Ía Revolución y la Contrarrevolución-, no debemos caer en el
error de pensar que nuestro planteamiento es el único válido para
los católicos, puesto que el campo .de acción está constituido por
toda la realidad
de todas las sociedades, lo que permite una gran
variedad y multiplicidad de vocaciones, tampoco quienes se dedi­
can a otras tareas evangelizadoras pueden pretender desautorizar0
nos ni mucho menos combatirnos en nombre de la doctrina de la
Iglesia. Hoy que el pluralismo esta de moda, nadie puede olvidar
o desconocer cual
es el pluralismo del que habla la Iglesia como
legítimo ni cual
es la política católica que propugna la Iglesia. El
legítimo pluralismo al que
la Iglesia se refiere presupone la ver­
dad y
el bien, tanto de orden natural como sobrenatural y sobre
ellos se basa la moral y la convivencia.
Si el pluralismo es legítimo
lo es a condición de que las diversas opciones posibles acepten un
mínimo común constituido por la doctrina católica. Las opciones
que no acepten esta integridad de la doctrina no son legítimas.
Por eso Juan Pablo
II al .hablar de la nueva evangelización,. re:
petidamente ha desautorizado a la llamada teología de la libera­
ción y ha insistido en que la doctrina no
se acomoda a nada, sino
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EST ANISLAO CANTERO
que tiene que transmitirse en su pureza ( 65). Y en la Centesimus
annus condena a las democracias modernas fundamentadas en el
agnosticismo y el relativismo ( 66
). Por eso al católico le esta ve­
dado sostener aquellas políticas que son anticristianas, lo mismo
que combatir, porque sostienen
la integridad de la doctrina cató­
lica, a aquellos hermanos en
la fe que públicamente defienden las
tesis católicas.
Hay que ser plenamente conscientes de que la Iglesia tiene
que ocuparse de
conseguir las mejores condiciones para que la
difusión de su doctrina y la práctica de la religión católica pueda
llevarse a efecto para la salvación de las almas. Y que
ni está ni,
afortunadamente, puede estar ligada
a sistemas, partidos o regí­
menes
pollticos, que no lo olvidemos son efímeros y humanos
mientras que
ella es divina y eterna y no puede verse identificada
con ellos a riesgo de empañar su mensaje. Pero esto no debe tam­
poco
ni descorazonarnos ni hacer perder a nadie la perspectiva.
La Iglesia no s6lo prefiere un régimen como el de la Cristiandad,
sino que lo desea. En el momento en que este estuviera próximo
su apoyo no faltaría.
Y
es que la Contrarrevolución no se identifica con la Iglesia,
ni en absoluto' podemos pensar que es su salvadora. Ocurre todo
lo contrario, pues es en la doctrina de ésta donde encontramos las
bases de la obra de aquella.
Por
otra parte, los acontecimientos de estos últimos años, lejos
(65) ar. JUAN PABLO II, La nueva ... , p,ig. 112.
(66) «Hoy se tiende a afirin-ar que el agnosticismo y el relativismo
escéptico son la filosofía y la actitud fundamental correspondientes a. las
formas politicas democráticas, y _que cuantos están convencidos de conocer
la verdad y se adhieren a
ella con firmerza no son fiables desde el punto
de vista democrático, al no aceptar que la verdad sea determinada por la
mayoría o que sea variable según l'Os diversos equilibrios políticos. A este
propósito hay que observar que si no existe una verdad última, la cual guía
Y
orienta la acci6n política, éntonces las ideas y las convicciones humanas
pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una demo­
cracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o
encubierto, como demue8tra la historia», Centesimus annus, 46, Ediciones
Paulina,, Madrid, 1991, p,ig. 81.
930
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NUEVA EVANGELIZACION Y CONTRARRBYOLUCION
de ser un motivo para el «descanso» han de constituir un acicate
para redoblar
nuestros esfuerzos. La Contrarrevolución tienen en
ellos
un argumento para continuar su obra. De una parte porque
constituyen una confirmación
de la verdad de la doctrina contrarre­
volucionaria. Un frente bien amplio
de la Revolución se ha derrum­
bado,
y aunque sobre las ruinas del comunismo en Europa no se
hayan alzado todavía las naciones institucionalmente cristianas, esos
escombros muestran la falsedad de las doctrinas de la Revolución
y
-¡quién lo diría hace unos afios!_;__ su propia debilidad frente
a quienes están dispuestos a
combatirlas. Aunque las causas de
esa caída son
muy complejas, y evidentemente quedan fuera de
esta conferencia,
esas dos afirmaciones no dejan de tener validez.
Esos
hechos confirman que en las actividades sociales nada hay
perdido, que
nunca se puede «arojar la toalla» ;

o como
deda
Maurras, que «cualquier desesperación en política es una bobada
absoluta»,
Que «son las ideas las que gobiernan al mundo»; y
que el espíritu tenaz e irreductible; apoyado ea la realidad de las
cosas, y con la ayuda
de Dios, puede conseguir vencer obstáculos
que parecen insuperables.
Por eso, hay que huir de cierta tenden­
cia
«mozarabizadora», que no puede constituir más que una ex­
cusa para justificar una actitud acomodaticia, ciertamente más
cómoda, pues elimina todos los incónvenientes del combate. Pero
de haber triunfado esa actitud,
en Espafia no habría habido Re­
conquista.
Además, esos mismos acontecimientos nos muestran la false­
dad de todas aquellas argumentaciones que consideran que
la
Contrarrevolución no tiene hoy sentidd alguno. ¿Qué podtán decir
hoy quienes ayer argumentaban que ante la realidad de
un mundo
que inexorablemente se deslizaba hacia el
marxismo y el comunis­
mo no había otro remedio que elegir cierto
modus vivendi con
él, incluso
en los países que no babia logrado imponerse? ¿Y que
habría que arrojar a la cara
de quienes llegaban a decir que era
preciso colaborar con él?
¿ Y

a todos aquellos que
dedan que el
movimiento de la historia, del que el marxismo era su .más acaba­
da expresión según los más recalcitrantes, hada. impensable una
sociedad cristiana, una Ciudad Católica? ¿Qué habría que decir a
931
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ESTANlSLA.O CANTERO
tanto católico, seglares y clérigos ---e incluso algunos obispos-,
que fueron fieles compañeros de via¡e? ¿ Y que podrán honrada­
mente responder?
No cabe duda de que faltan por entonar un
sinfín de
mea culpa, que, sin embargo, será vano esperar. La Con­
trarrevolución, pues, sigue teniendo virtualidad; no sabemos
si
más que hace doscientos o ciento cincuenta años, pero si sabemos,
que con la caída del telón de acero, tiene más posibilidades que
hace diez años.
La caída del telón de acero copstituye un magnífico ejemplo
para la reflexión (67). Del mismo modo que lo que parecía im­
posible hace tan s6lo diez afíos ha ocurrido, también podrá ocurrir
que la sociedad contra la que clama Juan Pablo
II, que no es otra
que
la surgida de la Revolución, pueda caer. En ningún sitio está
éscrito que esta soeied.sJ:.demcicrática, ni siquiera que la democra­
cia, constituya
la fase final de la historia o la única forma de· or­
ganización social y política. Además, el haberse rasgado el
telón
proporciona
la ·oportunidad· para mostrar que se puede edificar
sobre principios naturales y divinos, para volver
al orden cristiano
en todas las sociedades a ambos lados del antiguo telón (68).
No quisiera terminar sin hacer hincapié en nuestro deber ; eu
nuestro deber como
ai;nigos · de la Ciiidad Católica, Es preciso mi­
litar, no confonnarse con nada y aspirar siempre a más, exigiérulo­
nos nosotros mismos cada día más y más ; exigiéndoselo a los
demás y reconquistar posiciones una a una. El campo es inmenso,
y no hay nadie que pueda decir que no encuentra . dc¡nde o como
actuar. Hemos
.de comenzar por nuestra propia vida interior· en­
tregándonos totalmente · a Cristo. En El encontraremos nuestra
(67) Cfr. L. M, SAN!lovAL, Cuando se rasga el tel6n, Speiro, Madrid,
1992
y « Un camino pai.-a Rus_ia: la tradición 'política cristiana», Verbo,
núm. 295'296 (1991), págs. 639-648; también, CDNSUÉLO MARTÍNEZ-SicLU­
NA, «Al final de la utopía», Verbo, núm. 303-304 (1992), ·págs. 3Ü-332,
«Set~ta y cinco años luchando por.la libertad», Verbo, núm. 309-310 (1992),
págs. 1.063-1.083 y «Del miedo a la esperanza», Verbo núm. 313-314 (1993),
págs. 357-378.
(68)°" JUAN. PABLO 'II no cesa de insistir en ello; como muestra, cfr. CenR
'tisimus annUs, y E. CANTERO, La concepción de los derechos-humanos en
Juan Pablo II, Speiro, Madrid, 1990. ·
932
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NUEVA EVANGELIZACION Y CONTRARREVOLUCION
tortaleza. Sabemos que no somos nada, pero con El lo podemos
todo. Esto
no es una frase hecha, sino que hemos de convencemos
de que sólo
de ese modo podremos· alcanzar la casa del Padre, que
es para lo que hemos sido creados, Dos mil años de cristianismo
dan fe de ello. Los santos más humildes, algunos o muchos de
ellos, despreciados por el mundo, lograron una obra que
no se
entiende más que porque no eran ellos quienes obraban sino Cristo
a través de ellos.
El amor a los demás, la constitución de institu­
ciones y sociedades cristianas procedían de la fuerza que les daba
su amor a Cristo, con
la que superaron todos los obstáculos.
No hay que desfallecer y abandonarse; y
si alguien piensa que
nuestra tarea
es ardua, incluso la más difícil de la historia, lo que
al menos a mí me parece francamente excesivo, debe ser cons­
ciente que ha sido Dios quien le
ha hecho nacer en esta época y
que. ll Como recordaba el
P. Martínez Cano en la homilía de la misa de
ayer, la oración
es la base de esa unión con Cristo.
Lo que no
hagamos nosotros, lo que no estemos dispuestos a
hacer,
no tenemos derecho a pensar que otros lo harán; ni a exi­
gir a los demás lo que nos0tros no queremos hacer. Con frecuencia
nos lamentamos de
la sociedad en que vivimos porque nos gustaría
más otra cristiana. Pero las sociedades las
haoemos los hombres
que las componemos.
Nada hay inexorable. Pero pensemos que
las cosas
pueden aún empeorar. Hace unos días, en París, le co­
mentaba a Miguel Ayuso en una de las múltiples librerías que
visitamos, que en España todavía no se
podía escribir un libro
como aquel que
veíamos ante nosotros y que era muestra de la
descristianización
de Francia. El libro tenia pot título Historia de
los cat6licos en
Francia. Si queremos evitar que algún día se es­
criba una obra similar en España, tenemos que. trabajar, pot todos
los medios, con
una entrega total, para qi¡e se sigan escribiendo
«Historias de España».
Y hemos de perder cualquier
temor a proclamar lo que creemos
y a vivir conforme a nuestra
·creencias.' Y

a procurar que
aumenre
el número de los que se ·salven. Y a intentar que se comprenda la
dimensión y la esencia de la Revolución y, por supuesto, de la
:933
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EST ANISLA O CANTERO
Contrarrevolución. Que se comprenda lo que está en juego. Con
toda razón el Papa lanzó aquel grito: «Cristianos no tengáis mie­
do». Y
es. que parece que los católicos padecemos un complejo de
culpabilidad por
el hecho de ser católicos y tenemos que ir pidien­
do ¡,etdón por nuestra convicciones. Es hora de que dejemos todo
temor y nos dediquemos a profesar íntegramente nuestra
fe.
Juan Pablo II nos anima continuamente para la tarea evange­
lizadora. No es algd a lo que ,podamos hacer oidos sordos ; es
nuestra obligación como católicos.
A quienes pertenecen a
otras obras, instituciones o grupos,
quisiera
deciros que debéis redoblar vuestros esfuerzos en ellos.
Y que
consideréis, que la Ciudad Católica puede proporcionaros
un auxilio en determinadas materias, especialmente en el aspecto
formativo y doctrinal
del combate contra la Revolución en el que
todos
.los católicos deben empefiarse. Es necesario comprender la
intrinseca maldad de la Revolución para poder combatirla. Y es
necesario comprendelo bien;
Vivimos en una sociedad en la que todos los ismos nos acosan:
laicismo, .naturalismo, hedonismo, permisivismo moral, consumis­
mo. Juan Pablo
II no cesa de advertirnos de sus males, que noso­
tros vemos cada día, a cada hora, al tiempo -que nos recuerda
nuestra
obligación inexcusable de oponernos a ellos. Entre estos
el mal del consumismo surge
una y otra vez en su preclicaci6n.
Continuaménte nos habla
de la primacía del · ser sobre el tener.
¿Verdaderamente nos
sentimos desazonados por esa sociedad?
¿ No será, quizá, que aunque intelectualmente no hayamos claudi­
cado,
en la vida práctica, nos sentimos muy a gusto en esa socie­
dad que proporciona tantas cosas agradables? ¿No deberíamos
renunciar a muchas
de esas cosas para ser más católicos, más con­
trarrevolucionarios? Para ser,
en una palabra, verdaderos evange­
lizadores. Nuestro testimonio-, nuestra vida
cotidiana, ¿ concuerda
de verdad con nuestra doctrina?
Quienes pertenecemos a la Ciudad Católica o nos sentimos
más vinculados
-a ella, debemos militar plenamente en ella. La
militancia es participación en el trabajo que nos hemos propuesto.
Y ahora quisiera poner
el acento en tres aspectos: el incremento
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Fundaci\363n Speiro

NUEVA EVANGELIZACION Y CONTRARREVOLUCION
de los grupos de estudio, la tarea difusora de nuestra obra, me­
diante la compra y difusión de nuestros libros y las suscripciones
a la revista Verbo y
la necesidad de la contribución económica a
través de la
Fundación Speiro, necesaria par~ poder editai, para
trasladarse a dar
confere¡,cias, para organi¡:ar g,;u¡,Qs de. estudio,
congresos
y reuniones, para colaborar al sostenimiento de los con­
ventos de clausura y de becas a seminaristas, futuros sacerdotes
del mañana. Perdonarme que insista en este aspecto crematístico,
siempre
desag,;adable. Pero ahora que· la Íglesia: hace propaganda
para su sostenimiento,
parecería . innecesario .recordar que todo
necesita ser sostenido.
Si somos conscientes de los pocos .que
somos, hemos de set conscientes que ese mismo escaso riúmero ~
quien debe colaborar para .soster¡er. la .obra . de .la .que participa­
mos. Cosas tan sencillas comd la edición de libros --quisiéramos
editar muchos
más-necesita que las· ediciones vayan cubriendo
sus costes.
La compra de los lib.tl)s por .nosotros mismos cot1tribuye
a que puedan llegar a

otros, que
de otro modo no podrían adqui­
rirlos, porque
no podrían editarse.
Uno
de los maestros de muchos de nosotros, el inolvidable
Eugenio Vegas, lo resumía en unas breves
fras~s que he repetido
en
más de una ocasión, «hay algd más que hacer que hablar y que
exponerse inconscientemente a morir
en .una convulsión social.
Hay un deber de prestación personal que obliga a poner contribu,
ción diaria, la inteligencia, y el brazo y la alcancía» (69).
Para concluir quisiera sólo recordaros, que nunca debemos
ol­
vidar que la entrega a la causa, que lo que ésta exige, nd.son ratos
libres, ratos perdidos que nunca terminan por llegar, sino una
auténtica
dedica.ción. Si nos exigimos poco, nada obtendremos; si
nos exigimos mucho, conseguiremos mucho más.
(69) E. VEGAS LATAPIE, Escritos pollticos, Cultura Espa!íola, Madrid,
1940, pág. 197.
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