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Número 553-554

Serie LV

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André de Muralt, La estructura de la filosofía política moderna, sus orígenes medievales en Escoto, Ockham y Suárez

to del trabajo. Esto se puede observar a lo largo de toda la obra
pero especialmente cuando se trata de hacer alguna valoración
sobre la revolución y los que la impusieron, que resulta superficial
y sorprendentemente benigna, calificando lo sucedido en la
Vandea como una «falta de sinceridad» (sic) de la ideología revo-
lucionaria y llegando al extremo de considerar que los vandeanos
lucharon por la «libertad religiosa» (¡?), lo cual es un desenfoque
absoluto, como mínimo.
Es una lástima que se haya desaprovechado la ocasión de
comentar las profundas relaciones que se dan entre Revolución y
Totalitarismo, como la historia ha mostrado posteriormente en los
genocidios cometidos por la revolución bolchevique o la nacional-
socialista, por citar los ejemplos más conocidos. Todo ello se mues-
tra en el subtítulo del libro, pues más que una cruzada en la
revolución, la guerra de la Vandea fue una cruzada contra la revo-
lución.
Eugenio BARRERA
André de Muralt, La estructura de la filosofía política moderna, sus
orígenes medievales en Escoto, Ockham y Suárez, Madrid, Istmo,
2002, 194 págs.
¿Por qué reseñar un libro que tiene ya quince años desde
que se publicó en español? Espero responder a la pregunta con
lo que diga en esta recensión. Por lo pronto, presentemos al
autor, André de Muralt. Este filósofo suizo, nacido en 1931, espe-
cialista en Aristóteles –su traducción de la Metafísicaha sido pre-
miada en Francia– y la escolástica medieval, formado en la
fenomenología a la que superó profundizando en la filosofía clá-
sica, ha enseñado en las Universidades de Ginebra y Lausana y
escrito numerosos y eruditos artículos y libros.
Poco se ha vertido de ellos al castellano: en 1963 vio la luz La
idea de la fenomenología. El ejemplarismo husserliano; y en 2008 apa-
reció La apuesta de la filosofía medieval. Estudios tomistas, escotistas y
gregorianos. El que ahora comento es parcial traducción de su cui-
dado ensayo L’unité de la philosophie politique. De Scot, Occam et
Suârez au libéralisme contemporain.
André de Muralt ha elaborado una estrategia metodológica
para el estudio comparativo y sistemático de las distintas filosofías
mediante una interpretación analógica y estructural. Este planteo
permite poner a la vista las distintas «estructuras de pensamiento»
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que subyacen en las diferentes filosofías y, por cierto, la estructura
fundamental que es la del aristotelismo. Su tesis podría sintetizar-
se en estos términos: las disputas de los siglos XIII y XIV al interior
de la escolástica constituyen un hito fundamental en la evolución
del pensamiento occidental, pues en ellas está la matriz intelectual
que actúa en las más variadas escuelas filosóficas de la moderni-
dad. Se podrá decir que la tesis no es original, pero no se podrá
negar que sí lo es el método que la expone: tomando a la filosofía
aristotélica como punto de partida, se estudia a renglón seguido
cómo ha sido desplazada por una estructura de pensamiento que
trabaja en todas las filosofías posteriores, implícitamente y casi sin
desavenencias. Es en Escoto y Ockham en quienes es más visible y
explícita esa estructura como ruptura con la aristotélica, singular-
mente en dos asuntos fundamentales.
En el orden lógico, se quiebra la concepción aristotélica de la
analogía, del ser y de las nociones universales, y se la sustituye por
la univocidad como saber científico del ser. En el orden metafísi-
co, se produce una reducción de la causalidad, pues en Aristóteles
ella importaba el despliegue de las causas material, formal, eficien-
te, final e incluso ejemplar, entre sí conectadas mediante relacio-
nes mutuas e interdependientes, lo que permite sostener la idea
de una causalidad total, de causas que obran en reciprocidad. En
cambio, en la estructura de pensamiento naciente (moderna), hay
una preferencia por las causas material y eficiente, además de que
la concurrencia causal está fragmentada: la causa tiene una opera-
tividad parcial, concurrente pero no recíproca con las otras causas
que operan independiente y aisladamente, sin relación entre ellas,
de modo que los acontecimientos se producen accidentalmente.
Según de Muralt se trata de una verdadera revolución intelectual
que instaura la subjetividad moderna con base en tres nociones
fundamentales: la distinción formal ex natura rei, el esse objectivum,
y la potentia absoluta Dei.
La naturaleza de las distinciones en la discusión escolástica
medieval fue tomada del aristotelismo: la distinción real que admi-
te dos posibilidades, la separación intrínseca de dos individuos
(distinción real) o de dos aspectos dentro de una unidad sustan-
cial inseparable (distinción real modal); y la distinción de razón
que el entendimiento lleva a cabo separando distintas razones en
una única realidad. Escoto añadió una tercera, la distinción for-
mal ex natura rei, esto es, la distinción que emerge como una cier-
ta síntesisde las otras dos y que permite fundamentar en la
realidad las diferencias formales que la propia razón lleva a cabo
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en su seno. La idea escotista convierte en una cierta diferencia-
ción real lo que en Aristóteles era solamente racional y heurístico.
Si el entendimiento es capaz de distinguir en una misma sustancia
distintas formas con significaciones diversas (v.gr., materia y forma,
cuerpo y alma), tal distinción, dirá Escoto, obedece a una cierta
diferencia real, debido a que las formas o aspectos formales de
una unidad mayor cobran una autonomía entitativa, como si el
ente no fuera una unidad sustancial sino accidental.
Esta extensa presentación ha sido necesaria porque tiende a
demostrar dos argumentos fundamentales que de Muralt emplea
en esta obra: por un lado, que el aristotelismo es la estructura fun-
damental del pensamiento occidental en metafísica, ética, política,
etc.; y, de otro, que la distinción formal fundada en la naturaleza de
la cosa, proveniente del escotismo y continuada por la escolástica
tardía, funge de punto arquidémico de la filosofía política moder-
na, oscilante entre posiciones contrarias y excluyentes, dado que la
supresión de toda relación trascendental entre los términos (ahora
opuestos y separados, v.gr., principado y pueblo) vuelve imposible
toda unidad analógica. Entonces, el entendimiento no tiende ya
por naturaleza al conocimiento de su objeto, la verdad, tanto como
la voluntad no quiere naturalmente el bien; correlativamente, ni el
objeto (forma inteligible) ni el bien (fin deseable) ejercen causali-
dad sobre las potencias humanas. Nace así la doctrina moderna de
la indiferencia y la obligación. Por un tiempo, la obligación viene
impuesta –como las ideas innatas de Descartes– por la omnipoten-
cia divina que garantiza su verdad, de donde en política nace la doc-
trina del derecho divino de los reyes en versión protestante (Lutero
y secuaces) o católica (la mitigada de Bossuet). Desaparecido Dios
del panorama moderno, la obligación se funda en la voluntad
humana, como se ve en las doctrinas de Hobbes a Rousseau. El ius-
naturalismo moderno emerge en esta instancia con la separación
formal ex natura reientre el estado de naturaleza y la sociedad civil,
apareciendo las doctrinas del pueblo soberano antes de toda cons-
titución política. Es muy importante que Muralt ubique la doctrina
política suareciana en este contexto y creo que no ha errado.
Este librito de Muralt –que apenas he sintetizado– es riquísi-
mo en sus atrevidas tesis y en las sugerencias que a millares son
arrojadas sobre los matices y las corrientes de la filosofía política
moderna, que responde en lo esencial a la estructura escotista
como enfrentada a la estructura aristotélica, si bien de ella nacida.
Juan Fernando SEGOVIA
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