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Prefacio a «El trabajo», de Jean Ousset y Michel Creuzet

La Ciudad Católica ofrece a los lectores de habla española la traducción de un libro de positivo interés: EL TRABAJO, de Jean Ousset y Michel Creuzet. Es una valiosa contribución a la difusión del mensaje social de Cristo, en cumplimiento de aquel mandato explícito del Señor: "Seréis mis testigos... hasta los extremos de la Tierra" (Hechos de los Apóstoles 1,8).

Han transcurrido veinte siglos, pero la fuerza de ese precepto no se ha gastado. Por el contrario, precisamente por las circunstancias excepcionales que nos toca vivir. Los católicos, so pena de incurrir en una verdadera traición, tenemos el deber de dar testimonio de Cristo, no solamente en el plano religioso y moral, sino en todos los aspectos de la vida humana, sin exclusión alguna, porque Jesucristo es el Redentor del hombre en la integridad de su ser y en la universalidad de su acción.

De allí la afirmación irrebatible y luminosa de Su Santidad Juan XXIII: "La doctrina social cristiana es una parte integrante de la concepción cristiana de la vida" (Mater et Magistra). En consecuencia, no puede haber vida auténticamente cristiana al lado de una mentalidad liberal en materia económica o política. Ese dualismo del católico que asiste a misa y se confiesa, pero que comete usura, no paga lo justo o trata inhumanamente a sus servidores, es un irritante contrasentido y un escándalo intolerable.

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Este libro aspira a ser un instrumento de trabajo para esclarecer conceptos y formar criterios a la luz indefectible de la doctrina católica. No es un tratado científico sobre el trabajo, su naturaleza y problemática; pero sí es una expresión clara y fiel del pensamiento de la Iglesia consignado en los documentos pontificios

No le extrañe, pues, al lector encontrar amplias y abundantes citas de los Sumos Pontífices, tanto en el texto como en las notas aclaratorias. Es uno de los valores indiscutibles de este libro el haber encasillado y distribuido los textos pontificios en capítulos lógicamente trabajados y ordenados, ofreciendo de esta manera un venero riquísimo de enseñanzas de primera mano.

Pero no vaya a pensarse que el mérito de este libro estriba solamente en un trabajo de clasificación y ordenamiento. No. Los autores han sabido brindarnos, con indiscutible maestría, reflexiones profundas, atinadas observaciones y consecuencias ineludibles de la doctrina católica frente al desbarajuste económico-social que padecemos.

Diríase que es fruto maduro de una prolongada meditación del Evangelio y de un análisis objetivo y perspicaz de la realidad actual, teniendo como guía la filosofía social y los documentos de la Santa Sede. Así, por ejemplo, en los capítulos referentes a los problemas del trabajo y a la organización de la economía, descúbrese claridad y seguridad en la exposición de los principios; y al mismo tiempo, tino, prudencia y flexibilidad en la aplicación concreta de los mismos.

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Consideramos muy oportuna la publicación de esta obra consagrada al estudio del trabajo, entre otras razones, porque destaca y exalta los elementos espirituales y los valores morales en la economía y defiende la libertad de la persona humana y de los grupos intermedios frente al avasallamiento, consciente o inconsciente, del Estado moderno.

Se habla a menudo de la infiltración comunista y de sus peligros, pero muy pocos se percatan de que estamos literalmente invadidos por un materialismo crudo y refinado, que es, ni más ni menos, la filosofía marxista aplicada al quehacer cotidiano.

En efecto, el trabajo, el capital, la empresa, el sindicato, la profesión, todo gira alrededor y bajo el signo del interés material y se mueve a impulso de una mentalidad cerrada, sin otro horizonte que lo que se palpa, se mide y se goza con los sentidos.

Por ese camino jamás llegaremos al orden y a la paz. Es menester volver a los fueros de la persona humana, creada por Dios a su imagen y semejanza y redimida por Nuestro Señor Jesucristo. Porque, ¿qué valen los maravillosos inventos de la técnica, si los hombres, lejos de mejorar, se entienden menos y se odian más? ¿Para qué esas máquinas prodigiosas, si los obreros se convierten, en esclavos de las mismas? ¿De qué sirve que la materia salga ennoblecida de nuestras fábricas, si en ellas los hombres se degradan como dice Pío XI? Es urgente, entonces, jerarquizar los valore» y ubicarlos dentro de una escala natural y lógica, para que la riqueza y la economía estén al servicio del hombre, y éste, al de Dios.

Hay otro mal social bastante extendido en nuestro siglo: la masificación del pueblo y, correlativamente, el crecimiento abusivo^ del poder estatal, inclinado a absorber y socializar las actividades privadas. Insensiblemente y sin darnos cuenta, por comodidad o por cobardía, recurrimos al Estado con cuestiones y dificultades cuya solución se encontraría perfectamente por la vía de la cooperación o de la asociación, dentro del ámbito privado. De esta manera, se acentúa día a día el fenómeno de la despersonalización y atomización del hombre, por una parte, y de absorción, por otra.

A lo largo de las páginas de este libro se señalan el peligro y los engaños de todo estado socializante con sus consecuencias funestas,, pese a las realizaciones que a veces pueden resultar brillantes, pero que ocultan bajo especiosas apariencias el error y el veneno.

Consecuencias funestas por los abusos e intromisiones que atentan contra la dignidad de la persona humana y la existencia de las organizaciones intermedias, acrecentando indebidamente la gestión estatal y debilitando su funcionamiento. Porque el Estado ha de ser independiente y fuerte; pero para ello es indispensable que se observe aquel sabio principio de filosofía social: ni hacerlo todo, ni dejar de hacer, sino ayudar a hacer. Es el carácter subsidiario de la función del Estado. Ir más lejos sería cometer un abuso.

La realización del equilibrio en el justo medio exige el libre juego de las organizaciones intermedias —llámeselas como se quiera—, agrupadas en base a la misma profesión, oficio o empresa. Estas asociaciones privadas, espontáneas y fundadas en la misma, naturaleza social del hombre, están llamadas a desempeñar un papel imponderable e insustituible en el ordenamiento económico de un pueblo. Se convencerá de ello quienquiera lea, sin prejuicios, el presente volumen, meditado y redactado con amor y fidelidad a la palabra de la Iglesia, depositaría e intérprete infalible del Mensaje de Salvación.

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Deseamos, finalmente, que sus páginas sean para el público hispanoamericano un instrumento eficiente para difundir en todos los ámbitos la doctrina social, cristiana, "cuya luz es la Verdad, cuyo objetivo es la Justicia, cuya fuerza impulsiva es el Amor (Mater et Magistra). Así lo esperamos, confiados en la gracia Divina y €n la protección de San José Obrero, Modelo y Patrón de todos los trabajadores.