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Notre Charge apostolique

NOTRE CHARGE APOSTOLIQUE
l. Nuestra cargo ap,ostólico (1) nos ol,liga a vigilar la pureza
de la fe y la integridad de la disciplina cat&ica; a preservar a /,os
fieles de /,os peligros del error y del mal, sobre toda cuando ei
error y el mal les son presentados con un lenguaje atrayente, que,
ocultando la vagwedad de las ideas y el equivoco de las expresio•
nes bajo
el ardor del sentimiento y la sonoridad de las palabras,
pwede enicend;er los corazones en favor de causas seductoras, ¡,ero
funestas. Tale~ han sido en otro tiempo las doctrinas de los lla­
mados filósofos del siglo XVIII. las de la Revolución y las del
/;beralismo, tantas veces condenadas; tales son también hoy dia las
teorias del Sillon, que, bajo sus brillantes y gen1Jrosas apariencias,
faltan
con mrucha frecuencia a la claridad, a la lógica y a la ver­
dad, y, bajo este aspecto, no realzan el genio católico y francés.
4. H emios dudado m"rUCho tiempo1 'ZN!ne-ra1bl,es ,'hermanos, decir
pública y so/em•"'m,ente nuestro ¡,ensamiento sobre el Sillon. Ha
.sido necesario que vu.estras preocup{Jciones vinieran a unirse a las
nuestras para decidirnos a hacerlo. Porque amamos a la valerosa
juventud enro/,ada bajo la bandera del Sillon y la juzgamos digna,
en muchos aspectos,. de elogio y admiración. Amamos a sus jefes,
en quienes Nos reconocemos gustosamente almas elevadas, supe­
riores a las pasiones vulgares y animadas del más noMe entusias­
mo fror el bien. Vosotros mismos los hal>éis visto, venerabbe, h!Jr­
maw,s, P'enetrados de um, sentimiento m"Y vivo de la fratern,i,Jad
humana, marchar al frente de los que trabajan y sufren, para <>yu­
dar[os. sostenidos en su entrega por su amor a Jesucristo y la prá'c­
tica ejem,plar de la religión.
J. DESVIACIÓN DEL MOVIMIENTO SILLONISTA,
3. Era el día siguiente de la memorable encíclica de nuestro
predecesor, de feliz
memoria, León XIII sobre la situación de los
(!) Pío X, Carta al episcopada francés: A. A. S., 2 (1910) 607-633.
El texto original está redactado en francés.·
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o/Jreros. La Igle'sia, por boca de su jefe supremo, ha/na derrama­
do sobre los humildes y los pequeños todas /,as ternuras de su co­
razón matemo y fare<:la llamar con sus deseo,s a campeones cada
d!ca más numerosos de la restauración, de! orden y de la justicia
en nuesttra sociedad perturbada. ¿No venlan los fundadores del
Sillon, en el nrom,·ento oportuno, a froner a su serviicio tropas jó­
'ZJen,es y cre,yentes pa:ra 'ta realizad.ó11,1 de sus deseos y sus esperan­
zas? De hecho, el Sillon levantó entre las c/hses o/Jreras el estan­
darte de Jesucristo, ki señal de sa/,vación para los individuos y
/,as n,})CÍones, almzlf!ntando su actimidad social en las fuen,tes de la
gracia, itm1p·onieni.d)o el respeto a ta reliqión en los medios mienos
favorables, acostwmbrando a los ignoran:tes y a los im,Píos a oír
haNar de Dios, y frecuentemente, en conferencias p,olémricas, fren­
te a un auditorio hostil, /,ew,ntá,ndose, estim,ulado por una pregun­
ta o un sarcasmo, para proc/amar alta y valerosam1ente su fe. Eran
los buenos tiempos del Sillon; es su kido positivo, que explica los
alientos y ros aprobaciones que le han concooido el episcopado y la
Santa Sede (2), hasta el punto de que este fervor re/dgioso ha po­
dido velar el verdadero carácter del m,o"VWniento sill!onista.
Fallo disciplinar.
4. Porque hay que decirlo, venerables hermwrws, nuestras es­
P'C/'ooZas se han. visto en gran parte defraudadas. Vino un día en
que el Sillon acusó, para los ojos c/tlrwidentes, tendencias inquie­
tantes. El Sillon se desviaba. ¿ Podla ser de otro modo? Sus fun­
dadores, jóvenes, entusiastas y llenes de confianza en sí mosmfü,
no estaba" suficümtemiente equipudos de ciencia histórica, de sana
Filosofía y de sólida Teología para afrontar sin peligro los difíciles
Pro/Jlemas sociales hacia los que eran arr{)JStrados por su actiividad
y si, corazón, y para precaverse, en el terreno de la doctrina y di!'
la o/Jedienria, contra las infiltraciones liaerales y protestantes.
5. Los con~ejos no les faltaron. Tras los comejos vinieron las
annm,estaciones; pero hemos temdo e! dolor de ver que tanto los
wvisos comv /a$ anwnestaciones resbala/Ja:n¡ so/Jre sus almas esqui­
vas
y quedabami sin resultado. Las cosas han llegado a tal punto,
que Nos traicionarúimos nuestro deber si guardá,ramos silencio p,or
más tiempo. Nos somos deudores de la verdad a nuestros. queridos
(2) Alocución a los afiliados de Le Sillon, de septiembre de 1904,
Y la carta de la Secretaría de Estado al cardenal Richard, arzobispo de
París,
de 4 de enero de 1905.
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hijos del Sillon, a quiem,s un ardor generoso ha puesta en u,n ca­
mino tan falso como peligroso. Somos deudores a un gran núme­
ro de seminaristas y sacerdotes que el Sillon ha sustraída, si na
a la autoridad, si, al menos, a la dirección y a lo influencia de sus
obispos. Somos deudores, finalmente; a la Iglesia, en la, que el
Sillon siembra la división y cuyos intereses compromete.
6. En primer lugwr, cowviene notar severamente la preten­
sión del Sillon de sustraerse a Ú1 &irección de la autoridad eclesi&­
tica. Las jefes del Sillon, en efecto, alegan que se desenvuelven sa­
bre un terreoo que na es el de la Iglesia; que na persiguen mru
que mtereses dd orden temporal y na del orden espiritual; que el
silluwista es sencülamente un c11Jt6Uca Consag,'ada a la causa die las
clases trabajadoras, a las obras democráticas, bebienldo en las prác­
ticas de su fe la energía de su consagraciún1; que ni más ni menos
que los arCCsano~, los tra/Jajadores, los economistas y los pal$ticos
católicos, permanece sometido a las reglas de la moral común a to­
dos,
sin separarse, n,i más ni menos que ellos, de un modO" esp·e­
cial de la autoridad eclesiástica.
7. La respuesta a estos suMerfugios es muy fácil. ¿ Quién
creerá, en efecto, que los sillonistas católicos, que los sacerdates y
!os semiwaristas ,mroktdos º" sus filas no tienen a la vista en su
actividaa, social miis que los intereses t,,mporales ~e /,as clases tra­
bajadoras? I uzgam(')s que sostener esa afirmación sería injuriar­
los. La verdad es que las jefes del Sil!on se /)'roclama" idealistas
irreducti/J!es, que pretenden levantar a. las clases tra/Jajadoras, exal­
tando en ellas, en primer lugar, /,a conciencia humrma; que tienen
una
doctrin truir la saciedad sol>re un plan·o nuevo; que tienen una concepción
especial
de la dignidad humnna, de la libertar/,, de la justicia y de
la fraterwidad, y que, para justificar sus suefws sociales, apelan al
Evangelio
interprdado a su manera y, lo que es más gr=e toda­
vfa, a un Cristo desfigwado y mermada. Además, estas ideas las
enseñan en sus círcu/,os de estudio, las incukaro a sus camaradas,
las realiz111n en sus obras. San, por tanto, verdaderameme profe­
sores de moral social, política y religiosa. Y sean las que fueren
las modificaciones que puedan introducvr en la organización del mo­
vimiento sill,mista, Nos tenemos el derecho de decir que el fin del
Sillon, su ,ca~ácter, su acción, caen den't'ro del dominio moral, que
es el dominio prop,io de la lgksia y que, en consecuencia, los si­
llonistas incurren en una üusión cuando creen desenvolverse sobre
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,8
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-un terreno en cuyos confines terminan los derechos del poder doctri­
na/, y direC'tWo de la autoridad eclesiástica.
Los errores doctrinales.
8. Si sus doctrinas estuvieran e:,;en,tas de error, habrÚI sido ya
una falta muy grave contra la disiciplina católica sustraerse obsti­
no.damen•te a la dirección de aquellos que han recibido del cielo
la misión de guiar a los individuos y a las sociedades por el recto
camino de la verdad y del bien. Pero el mal es más profundo, lo
hemos dicho ya: el Sillon, impulsado por un amor mal entendido
a los débiles, ha incurrido en el error.
9. En efecto, el Sillon se prop·one exaltar y regenerar a la
clase obrera. Ahora bien; sobre esta materia los principios de la
doctrina católica están fijamenté establecidos, y la historia de la
cwilización cristiana está ahí para atestiguar la benéfica fecuwdi­
dad
de aquéllos. Nuestro predecesor, de feliz memoria, los ha
recordado en
póginas m,agistrales, que los católicos consagrados a
las cuestiones sociales deben estudiar
y tener siem,pre ante los
ojos. Ha enseñado expresamente que la democracia cristiana debe
"momten,er la dimersidad de las clases, que es propia ciertamente de
todo estado bien constituido, y querer para la sociedad humana la
forma y carácter que Dios, su autor, ha impreso en ella" (3). Ha
condenado "una democracia que llega al grado de perversidad qu,
consiste en atribuir en la. sociedad la soberomw al pueblo y en pro­
curar
s>Uprimir y nivelar las clases" (4). Al mismo tiempo,
Leó" XIII impoma a los católicos un programa de acción, el úni­
co programa capaz
de vol'IJ{Jr a cowcar y de mantener a la sociedad
sobre sus bases cristianas seculares. Pero, ,¡qué han hecho los je­
fes
del Sillon? No so/,am,ente han adoptado un programa y una en­
señanza diferentes de los
de León XIII (lo cual serÚI ya -singular­
mente audaz por parte de laicos, que se convertirían así, svmultá­
neamente
conl el soberan•o pon.tífice, en directores de la actividad
social
en la IgleM), sino que hom rechazado abiertamente el pro­
gramu trazado por Le6n XIII y har, adoptado otro diametrahn•en,­
te opuesto. Además, rechazan la doctrina recordada por Le6n XIII
sobre los prinicipios esenciales de la sociedad, colocando la auto-
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(3} León XIII, Graves de communi: A. A. S., 33 (1900-1901), 385-396.
(4) Ib!d.
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ridad en el pueblo o casi suprimiéndola y tomando como ideal para
realizar la nivelación de las clases. Caminan, pC!Y consiguiente, al
margen de la doctrino católica, hacia un ideal condenado.
10. Nos sabemos muy bien, qiw se g/.o-rian de exaltar la dig­
nidad humana y la condición, demasiad(} menospreciada de la clase
trabajadora, de hacer justas y perfectas
las leyes del tra;bajo y las
relaciones entre el capital y los as~riados.; finamente, de hacer.
reinar sobre la tierra uno justicia mejM y uno mayor caridad, y de
promivver, por medio de movimientos sociaks profundos y fecun­
dos, en la hwmanidad wn progreso inesperado. Nos, ciertamente,
no repro'Cha,nos estos esfuerzos, que serian, desde todos los puwtos·
de vista, excelentes si los sillomstas no olvidasen que el progreso·
de un ser consiste en vigorizar sus facultades na.turales por medio·
de energías nuevas y en facüitarle el juego de su actividad dentro·
del cuadro y de una
manera conforme a las leyes de su constitu­
ción1,· y que, p,or el contrario, al lesionar sus árganas esenciales, al"
romper el cuadro de su activid!Ul, se im.pulsa a ese ser, no hacia'
el progreso, sino hacia la muerte. Esto es, SffiJ em1bargo, lo que·
quieren hacer de la sociedad humana; éste es su sueño de cambiar
las bases naturales y tradicionales de la sociedad y de prom,eter·
una ciudad futura edificada so/,re utros prineipius, que ellos tienen·
la osadía de declarar más fecundos, m cipios sobre los cuales reposa la ciudad cristiana actual.
11. No, venerables hermanos -hay que racordarlo enérgica­
mente en estos tiemipos de anarqwía social e intelectual, en· r¡ue­
cada individuo se cmvvierle en• doctor y legis/,ador-, "º se edifica-­

la ciudad de un modu distinto a com,o Dfos la ha edific!Ulo; no·
se levantará la saciedad si la Iglesia n(J pone los cimientos y diri­
ge los trabajos; no, la civilización no está por iwventtar, nr; kt ciu-­
daá nueva por construir en las mebes. Ha existido, e.riste; es la·
crviliza.ción cristiana, eSi la ciudad católica. No se trata más que de
instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundaimentos natura­
les y dwinos con!lra los ataques siempre nuevos de la utopía, mal­
sana, de la revolución y de la impiedad: omnia insturare in Christo_
12. Y para que no se nos acuse de juzgar demasiado somera-
mente y con un rigor injustificado las teorías sociaBcs del Sillon,
Nos queremos recordar aquí los puntos e~enciales de éstas.
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II. EXAMEN DE LAS TEORÍAS SOCIALES DE "LE SILLON".
13. El Sillon tiene la noble preocupación de la dignidad hu­
mana.
Pero e~ta dignidad la entiende a la manera de algunos filó­
sofos, de los que
la Iglesia está lejos de tener que alabarse. El pri­
mer elemento de esta dignidad es la libertad, entendida en el sen­
tido de que, salvo
en materia religiosa, cada hombre es autónomo.
ifJ e este principio fundamentCDl deduce las conclusiones .oiguientes:
.hoy
dia el pueblo eslá bajo la iutela de wntt autoridad distinta del
pueblo; debe libertarse de ella: emancipación política. Está bajo la
,dependencia de pa;tronos que, reteniendo sus instrumentos de Ira­
.bajo, la explotan, oprimen y rebajan; debe sacudir su yugo: eman­
cipación económica. Está dominado, finalmente, por una casta lla­
mada dirigente, a la cual su desarrollo intelectual asegura una pre­
poderancia indebida en la dirección de los asuntos; debe sustraer­
se a su dominación: emanc~pación intelectual. La nivelación de las
-condicion/es, desde este triple puma de vista, establecerá entre los
hombres la igualdad, y esta igualdad es la verdadera jU.llticia hu­
""""'· Una organización poMtica y social fundada soúre esta doble
base,
la libertad y la igualdad ( a las cuales se unirá bien pronto
la fraternidad), he aquí /,o que los sillonistas llaman democracia.
14. Sin embargo, la libertad y la iguaMad no constituyen más
que el lado, por así decirlo, negativo de la democracia. Lo que hace
propia y positivamente la democracia es la participación más gran­
de posible de todos en el gobierno &e la cosa pública. Y esto com­
prende
un, triple elemento: poUtico, económico y moral.
15. En primer lugar, en política, el. Sillon no suprmie la
au.toridad,· por el contrario, la juzga n-ecesaria. Pero qwiere repar­
tirla o, por mejor decir, multiplicarla de tal manera, que cada
úud cierto, deriva &e Dios, pero reside primordialmente en el pueblo
").' deriva de éste por vía de elección, o mejor toda,vía, de selección,
, él/ será exterior, pero solamente en apariencia.~· en realidad, será
interior, porque será una autoridad consentida.
16. Guardadas las debidas proporciones, lo mismo sucederá
en el orden económico. Sustraída de las manos de una clase par­
ticular, la cualidad de patrono quedará tan multiplicada, que cada
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obrero ven,drá a ser una especie de patrono. La forma lla:mada a
realizar este ideal económico no es, se afirma, la del socialismo;
,s un sistema de cooperatrvas suficientemente multiplicadas para
provocan-una concurrencia fecunda y pMa salvaguardar /,a inde­
t,endenda de los obreros, que no quedarán encadenados a ninguna
Ge ellas.
17. He aquí ahora el elemento capital, el elemewto moral. Como
la autoridad, lo hemos visto, es muy reducida, es necesaria otra
fuerza para suplirla y oponer una reacción permanente al egolsmo
individual. Este nuevo principio, esta fuerza, es el amor del inte­
rés profesional y
del interés público, es decir, del fin mismo de /,a
profesión y de la sociedad. Imaginad una, sociedad en /,a que en
el alma de cada ciudadano, con el amor inmto del bien individual
y
del bien famüiar, reiOOJYa el amor de'/ bien profesional y del bien
púlnco; en la que en la conciencia M cada ciudadano estos amores
se subordinaran de tal manera que el bien superior prevaleciera
oiempre sobre el bien inferior, ;no podría esta sociedad prescin­
dir
casi por completo de la autoridad y no ofrecería el ideal de /,a
dignwad humana, tffliendo cada ciudadano un alma de rey y cada
obrero un alma de patrono? Liberado de la estrechez de sus inte­
reses
privados y levantado a los intereses de su profesión, y más
arriba, a los de la na,eión entera, y más arriba todam/a, a los de
In humanidad ( porque el horizonle del Sillon no se detiene en /,as
fronteras de la patrüi, se extiende a todos los hombres hosta /JJs
confines del mundo), el corazón humano, dilatado por el amor del
bien común,
abrazmrla a lodos /JJs camaradas de la misma profe­
oión, a todos
/JJs compatriotas, a todos los homl»-es. Y he aquí la
grandeza y la nobleza humana ideal realizada por la célebre trüo­
gla: libertad, igualdad, fraternidad.
18. Ahora bien, estos tres elementos, politico, econ6mico y
moral, están subordinados
el uno al otro, y e~ el elemento moral, lo
hemos dicho, el prindpal. Porque ninguna denwcracüi política es
vüible si no tiene puntos de arraigo profundos en /,a democracia
económica. A su vez, ni la una ni la otrOJ son posibles si no arrati­
gan en un estado de espíritu en el que /,a conciencia ,e halle in­
vestida
de responsabilidades y de energías morales proporcionadas.
Pero suponed este estado de espíritu hecho sol»-e /,a base de una
responsabilidad conJtciente y de fuerzas morales: la democracia eco­
-nómica brotará naturalmente de él, traduciendo en hechos esta con­
ciencia y estas energfas. De la, misma nianera y por el mismo
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camino, del régimen corporativo brotará la democracia política.
Y
la democracia política y económica, ésta implicando a aquélla,
se enicontrMán fijamente establecidas en la conciencia misma del
pueblo sobre ejes inquebrantables.
19. Tal es,, en resumen, la teoría, se podría decir el sueño, del
Sillon, y es a esto a lo que tiende su enseñanza y es esto lo que
él llama la educación democrática; del pueblo, es decir, llevar al
tnáximum la conciencia y la responsabilidad cívica de cada indi­
viduo, de donde brotará
la democracia económica y política y el
reino de la justicia, de la libertad, de la igualdad y de' la frater­
nidad.
Falseamiento de las nociones sociales y políticas fundamen­
tales.
20. Esta rápida exposición, venerables hermanos, os demues­
tra ya
daramente cuánta mzón tenemos al decir que el Sillon opo­
ne una doctrina a otra doctrina/ que levanta su ciudad sobre una
teoría contraria a la verdad católica;, y que falsea las nociones esen­
ciales
y fundamentales que regulan /,as relaciones sociales en toda
sociedad
humana. Esta oposición a:parecerá más clara todavía con
las consideraciones siguientes.
·Autoridad
y obediencia.
Zl. El Sillon coloca primordialmente la autaridad pública en
el pueblo, del cual deriva iwmediatamente a los gabe.-nante's, de
tal
manera, sin emba:rgo, que cont1:núa residiendo en el pueblo.
Ahora bien, León XIII ha condenado formalmenJte esta doctrina
en su encíclica Diuturnum illud sobre el poder político, donde dice:
"Muchos de. nuestros coniemporáneos, siguienido las huellas de
aquellos que en el siglo pasado se dieron a sí mismos el nombre
de filósofos, afirman
que toda autoridad viene del puebw; por lo
curd, los que ejercen e'l poder no lo ejercen como cosa propia,
sino como mandato o de!Rgación del pue/Jlo, y de tal mane.-a que
tiene rmogo de ley la afirmación de que la misma voluntad que
entregó el poder puede revocarlo a su antojo. Muy diferente es
tn este punto la doctrina católica, que pone en Dios, ·como en
trincipio natural y necesario, el origen de la autoridad poUti-
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,a" (5). Sin duda, el Sillon hace derwar de Dios ·esta autoridad
que coloca primcrawwnte en el pueblo, pero de tal manera que
la "autoridad sube de abajo hacia arriba, mientras que, en la or­
ganización de la Iglesia, el poder desciende de arriba hacia aba­
jo" (6). Pero, ademá~ de que es ·anormal que /,a delegación as­
cienda, puesto que por
su misma naturaleza desciende, León XIII
ha refutado de antemano esta tentatvva de conciliación de /,a doc­
trina católica con
e! error del filosofismo, porque prosigue: "Es
importante advertir e% este punta que los que han de gobernar
el Estado pueden ser elegidos en determinados casos por /,a vo­
luntad y ,el juicio de la multitud, sin que la doctrina calólica se
cponga o contradiga esta elección. Con esta elección se designa
al gobernante, pero no se le confieren los derechos del poder, ni
se entrega el p·oder como un mandato, sioo que se establece la
persona que lo ha de ejercer" (7).
22. Por otra parte, si el pueblo permanece como sujeto de­
tentador del poder,
¡en qué queda convertida la (J!Utoridad? Una
sombra, un mito;
no hay ya ley propiamente dicha, no existe ya
la obediencia. El Sillon lo ha reconocido; porque, como exige, en
nombre
de /,a digm,iad humana, /,a triple emancipación política,
económica e intelectual,
/,a ciudad futura por la que trabaja no
tendrá ya ni dueños, ni servidores; en ella todos los ciudadanos
serán libres, todos camaradas, todos reyes. Una orden, un precep­
to,
sería un atentado contra, la libertad. La subordinación a una
sup•erioridad cual,quiera sería una dismi1PUCión del hombre. La obe­
diencia, una decadencia. ¿ Es msí, venerables hermanos, como l(};
doctrina tradicional de /,a Iglesia nos presenta las relaciones socia­
les
en la ciudad, incluso en la más perfecta posible? ¿ Es que
acoso toda sociedad de seres independientes y desiguales por na­
turaleza no tiene necesidad de una autoridad que d&-ija su activi­
dad hacia
el bien común y que imponga su ley? Y sí en la socie­
dad
se hallan seres peroersos (los habrá 'siempre), ¿no del,erá /,a
mttori.dad ser tanto más fuerte cuanto más amenazador sea ,el
egoísmo de /.os malva,dos.'! Además, ¿"Se puede afirmar con alguna
sombra de mzón que hay incompatibüidad entre la autoridad y
la libertad, a menos que uno se engwñe groseramente sobre el coni-­
cepto de libertad? ¿Se puede enseñar que /a obediencia es con­
iraria a la dignidad humana y que el ideal seria sustituir la obe-
(5) León XIII, Diu1twrnwm, illuJ,, n. 3.
(6) Marc Sangnier,
Disc01irs de Rouen (1907).
(7) León XIII, Diuturnum illud, n. 4.
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diencia por la "autoridad consentida"? ¿Es que awso el após;ol
San Pablo no tuvo a la vista la sociedad humana en todas sus eta­
pas posibles, cuando ordenaba a los fieles estar sometidos a toda
c,utoridad? (8). ¿Es que la obediencia a los hombre•s en cuamo
representantes legítimos de Dios, es decir, en fin de cuentas, la
obediencia a Dws, rebaja al hombre y lo sitúa 'Vilmente por debajo
de sí mismo? ¡Es que el estado religioso, fundado sobre la obe­
diencia, sería contrario al üieal de la naturaleza humana? ¿ Es que
los santos, que han sido los más obedientes de los hombres, eran
esclavos o degenerados? ¿Es que, finalmente, podemos imaginwr
un estado social en el que Jesucristo, venido de nuevo a la tierra,
no diera ya el ejemplo de la obediencia y no dijera ya: Dad al
César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios? (9).
Justicia e igualdad.
Z3. El Sillon, que enseña estas doctrinas y las practica en su
vida interior, siembra, por tanto, entre vuestra juventud católica
nociones erróneas y funestas .robre la autoridad, la libertod y la
o/Jediencia. No es diferente lo que sucede con la justicia y la igual­
dad. El Sillon se esfuerza, así lo dice, por realizar uno era de igual­
dtzd que sería, por eso mismo, umi: era de justicia mejor. l Por
eso, para él, toda de•sigualdod de condición es uno injusticia o, al
menos, una justicia menor! Principio totalmente contrario a l,a
naturaleza de las cosas, productor de envidias ·y de injusticias y
subversivo de todo orden social. ¡ De esta manera, la democracia
es la única que inaugurará el reino de la perfecta justicia! ; No
es esto una injuria he,cha a la.si restantes formas de gobierno, que
quedan rebajadas de esta suerte al rango de gobiernos impotentes
>' p•eores? 'Pero, además, el Sillon tropieza también en este punto
con
la ensemmza de León XIII. Ha/Jría podido leer en la encí­
clica ya citada sobre el poder poMtico que "salvada la justicia, no
está prohibida a los pueblos la adopci6n de aquel sistema de go­
bierno que sea más ap·to y conveniente a su manera de ser o a
las instituciones y coslumbres de sus mayores" (10), y la encí­
clica hace alusión a la triple forma de gobierno de todos conoci­
da. Supone, pues, que la justicia es compati/Jle con cada una de
ellas. Y la endclica sobre la condición de los obreros, ¿no afirma
(8) Cf. Rom. XIII, 1 y sigs.
(9) Mt. XXII, 21.
(10) León XIII, Diut1U'ffl#n illud, n. 4.
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clt>ramente la posibilidad de restaurar la justicia en las organiza­
ciones actuales de la sociedad, al indicar los medios de esta res­
tauración? Ahora bien, sin duda alguna, León XIII habla/Ju no
de una justicia cualquiera, sino de la justida perfecta. Al enseñar,
pues, que
la justicia es compalible con las tres formas de gobierno
conocidas, enseñaba que, en est-e aspecto, la demqcracia no goza de
un privilegio especial. Los sillonistas, que pretenden lo contrario,
o bien rehusan oír
a la Iglesia, o bien ,e forman de la justicia y
de la: igualdad un concepto que no es católico.
Fraternidad y tolerancia.
24. Lo mismo sucede con la noción de fraternidad, cuya base
colocan en eramor de los intereses comunes, o, por encima de to­
das las filosofias y todas las religiones, en la simple noción de hu­
-manidad, englobando así en un mismo amor y en una igual tole­
:rancia a todos los hombres con todas sus miserias, tanto intelec­
tuales y morales como físicas y temporales. Ahora bien, la docl!ri­
"ª católica no• emeña que el primer deber de la caridad no está
en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que
.sean, ni en la indiferencia teórica o práctica ante el error o el vicio
en que vemos caídos ai nuestros hermanos, sino en el celo por
.su mejoramiento initelec'f>U;o}]. y moral, no menos que en el celo
por su bienestar material. E~ta mísma doctrina católica nos en­
seña también que
la fuente del amor al prójimo se halla en el
,imor de Dios, Padre común y fin común de toda la familia hu-
1nana, y en el amor de Jesucristo, cuyos miembros somos, hasta el
punto de que aliviar a un desgraciado es hacer un /nen al mismo
Iesucris.to. Todo otro amor es ilusión a sentimiento estéril y pa­
~ajero. Ciertamente, la experiencia humana está ahí, en las socie­
dades paganas o laicas de todos los tiempos, para probar que, en
determinadas ocasiones, la consideración de !..os intereses comunes
o de la sem.ejanza de na.turaleza pesa muy poco ante las pasiones
y las codicias del corazón. No, venerables hermanos, no haty verda­
dera fraternidad fuera de la caridad cristiana, que por amor a Dios
,, a s" Hijo Jesucristo, nuestro Salvador, abraza a todos los hom­
bres para
ayud(}jf'los a todos y para llevarlos a todos a la misma
fe y a la misma fe/;icidad d•! cielo. Al separar la fraternidad de
la
caridad cristtiana así ent,ndida, la democracia, lejos .de ser un
progreso, constitulría un retroceso desas,troso pUJra la civilizaci6n.
Porque, si se quiere llegar, y Nos lo deseamos con toda nuestra
alma, a la mayor suma de bienestar posible pura la sociedad y
281
Fundaci\363n Speiro

SAN PIO X
para cada uno de sus miembros, por medio· de la fraternidad, o,.
como también se dice, por medio de lll solidaridad universal, es
necesaria la unión de los espíritus en la verdad, la unión de las
voluntades en
la moral, la uni6n de los corazonies en el amor de
Dios y de su Hijo Jesucristo. Esta unión no es realizable más que
por
medio de la: caridad católica, la: cual es, por consiguiente, la
única que puede conducir a los pueblos en la marcha del progreso,
hacia
el ide'al de la civilizadón.
Dignidad de la persona humana.
25. Finalmente, en la base de todas las falsificaciones de las
nociones sociales fundamentales, el Sillon coloca una idea falsa di;
la dignidad humana. Según él, el ho,mbre no será verdaderamen­
,e hombre, digno de este nombre, más que en e'l día en que haya
ti.dqu-irido una conciencia luminosa, fuerte, independiente, autóno­
ma, pudiendo prescindir de .todo maestro, no obedeciendo más que
a sí mismo
y siendo capaz de asumir y de cumplir sin falta las
más graves r.esp·onsabilída;des. Grandilocuen,tes pa-labrOJs con las que
se
exalta el· sentimiento del orgullo humano J. sueño que arrwstrcr
al hombre sin luz} sin guía y sin auxilios por el camino de la ilu­
sión, en el que aguarda:ndo_ el gran día de l,a plena conciencia será
devorado por el
error y las pasiones. Además, ,¡cuándo vendrá.
esle gran día? A menos que cambie la naturaleza humana ( cosa
que no está al alcance det Sillon), 6·vendrá ese día alguna ve-z!
¿ Es que los santos, que han llev111do la dignidad humana a su apo­
geo,
tenían esa pretendida digwido:d? Y los humildes de la tierra,
que no pueden subir tan aUo y que se content{IJYI, con abrir mo­
destamente su surco en el puesto· que la Providencia les ha seña­
lado, cumpliendo enérgieamente sus deberes en /,a humildad, la
obediencia y la paciencia cristianas, ;no serán dignos de llamarsir
hombres, ellos a quienes el Señor sacará un día de su condición
oscura para colocarlos
en el cielo entre /0.5 príncipes de su pueblo r
III. Ex.AMEN DE LA ACCIÓN SOCIAL DE "LE SILLON".
26. Detenemos, aquí nuestras reflexiones sobre los errores del
Sillon. No pretendemos agotar la materia, porque tendríamos que
llamar vuestra atención sobre otros puntos igualmente falsos y pe­
ligrosos, como, por ejemp,lo, su manera de entender el poder coer­
citivo de
la Iglesia. Importa, sin embargo. ver la influencia de
282
Fundaci\363n Speiro

NOTRE CHARGE APOSTOLIQUE
estos errores $1/,re la conducta práctica del Sillon y sobre su ac­
ción social.
27. Las doctrinas del Sillon no quedan en el dominio de la
abstracción filosófica. Son enseñadas a la juventud católica y, ade­
más, se hacen ensa'fJOS para vivirlas. El Sillon se cons,í,dera como
el núcleo de la ciudad futura; la refleja, por consiguiente, lo más
fielmente posible. En efecto, no hay jerarquía en ~l Sillon. La mi­
·noría que lo dirige se ha desta,cado de la masa por selección, es
decir, imponiéndose a ella por su ootoridad moral y por sus vir­
iudes. La entrada es libre, como es libre también la salida. Los
.estudios se hacen allí sin maestro, todo lo más con un consejero.
Los círculos de estudio son verdaderas cooper{lltivas intelectuales,
en las que cada uno es al mismo tiempo maestro y discípulo.
La camaradería nuís absoluta reioo entre los miemblYos y pone en
contacto total sus almas. De aquí el alma del Sillon. Se la ha de­
fintido "una amistad". El mismo .rocerdote, c'Ullndo entra en él,
,aba1te la eminente dignidad de su sacerdocio y, p·or la más extraña
inversión de papeles, se hace discípulo, se pone al nivel de sus jó­
venes amigos y no es más que un camarada.
Carencia de toda jerarquía.
28. En estas costumbres democráticas y en Zas teorías sobre
.la ciudad ideal que las inspira, reconoceréis, venerables herma.nos,
la causa secreta de los fallos disciplinarios que tan frecuentemente
habéis debido
reprochar al Sillon. No es extraño que no hayáis
encontrado
en los jefes y en srus camaradas así formados, fuesen
.seminaristas o sacerdotes,
el respeto, la docilidad y la obediencia
que son debidos a vuestra persona y
a vuestra autoridad; que
sintáis de parte de ellos una sorda oposición y que tengáis el do­
lor de verlos apartarse totalmente, o, cuando son forzados por la
"bediencia, de entregarse con disgusto a las obras no sillonistas.
Vosotros
sois el pasado; ellos son los adalides de la civilización
futura. Vosotros representáis la jerarquía, las desigualdades socia­
les, la autoridad y la obediencia: instituciones envejecidas, a las
cuales las almas de ellos, estimulados por otro ideal, no pueden
plegarse. Nos tenemos sobre este estado de espíritu el testimonio
de hechos dolorosos, capaces de arrancar lágrinws. Y Nos no po­
demos, a pesar de nuestra longamfflidad, sustraernos a un justo
sentimiento de indignación. ¡ Porque se inspira a vuestra juventud
283
Fundaci\363n Speiro

SAN PIO X
católica la desconfuinza hacia /a, Iglesia, su madre; se le enseña
que,
después de diecinueve siglos, la Iglesui no ha logrado todavia
en el mundo constituir la soc-iedad sobre· sus verdad'eras bases; que
no ha comprendido las nociones socuiles de autoridad, libertad,
igualdad, fraternidad y dignidad humana; que
los grandes obis­
pos y los grandes
monarcas que han creado y gobernado tan glo­
riosamente a Francia no han sabido dar a su pueblo ni la ver­
dadera justicia ni la verdadera felicidad, porque no ten,/,an el idea;/
del Sillon !
29. El soplo de /,a revolución ha pasado por aquí, y Nos po­
deffl.{)s concluir que, si las doctrinas sociales del Sillon son erró­
neas, su espíritu
es peligroso, y su educación~ funesta,
30. Pero, entonces, ¿qué debemos pensar de la acción del
Sillon en la Iglesia, del Sillon cuyo catolicismo es tan puntilloso
que, si no se abraza su causa se sería a sus ojos un enemigo in­
terwr del calülicismo y no se comprenderla para nada al Evan­
gelio ni a Jesucristo! Juzgamos necesario insistir sobre esta cues­
tión, porque es precisamente su ardor
católico el que ha valido
al Sillon, hasta en estos últimos tiempos, valiosos alientos e ilus­
tres sufragios. Pues bien, ante las palabras y los hechos, Nos es­
tamos obligados a decir que, tanto en su acción corno en su doc­
trina, el Sillon no satisface a la I gle'sia.
Defensa exclusivista de la democracia política.
31. En primer lugar, su caJolicismo no se acomoda más que
o la forma de gobierno democrática, que jusga ser la más favora­
ble a
la Iglesia e identificarse, por así decirla, con ella. Enfeuda,
pues, su religión a un partido político. No~ no tenemos que de­
mostrar que el advenimiento de la democracia universal no signi­
fica nada para la acción de la Iglesia. en el mundo. Hemos recor­
dado ya que
la Iglesia ha dejado siempre a los naciones la pre­
ocupación de do.rse el gobierno que juzguen ventajoso para sus
intereses. Lo que Nos queremos afirmar una vez más, siguiendo a
nuestro predecesor, es que hay un error y un peligro en enfeu­
dar, por principio, el catolicismo a una forma de gobierno -error
y peligro .que son tanto más grandes cuando se identifica la reli­
gión con un género de democracia cuyas doctrinas son erróne'llS1.
Este es el caso del Sillon, el cual, comprometiendo de hecho a /,a.
284
Fundaci\363n Speiro

NOTRE CHARGE APOSTOL!QUE
Iglesia en favor de una forma política especial, divide' a los cató­
l1cos, arranca a la juventud, e incluso a los S(lJCerdotes y semina­
ristas, de
la a;cción simplemente católica, y malgasta, sin retribu­
ción alguna, las fuerzas vivas de um parte de< la nación.
Se niega a defender a la Iglesia atacada.
32. Y he aquí, venerables hermanos, una a·dmirab.Ze contra­
dicción. Es precisamente porque la religión debe trascender sobre
todos los partidos por lo que, invocando este principio, se abstie­
ne el Sillon de defender a, la Iglesia atacada,. Ciertamente, no es
la Iglesia la que ha bajado a la arena política; se la ha arrastrado
hasta
ésta para mutilarla y despojarla. La obligación de todo ca­
tólico, ¿no es la de usar las armas políticas que tiene a mano para
defenderla y también para forza,r a la política a permanecer en
su dominio, siro ocuparse de la Iglesia más que para darle lo que
le es
debido? Pues bien, frente a la Iglesia así violentada, se tie­
ne con frecuencia el dolor de ver a los sillonistas cruzarse de bra­
zos, a no ser que
la defensa de la Iglesia redunde en ventaja del
Sillon; se les ve diclar o sostener un programa que en parte al­
guna ni en grado alguno revela al católico. Lo cual no impide a
estos mismos hombres, en plena lucha
poliílica, bajo el golpe de una
provocación, alardear
públicamente de su fe. ¿ Qué significa esto
sino que
hay dos hombres en el sillonista: el individuo, que es
católico; el sillonista, hombre de acción, que es neutral?
Incurre en el indiferentismo.
33. Hubo un tiempo en que el Sillon, como tal, era formal­
mente católico. En materia de fuerza moral, n,o roconocía más que
vna, la Juerza ca.tólica, e iba prodamando que la democracia sería
católica-u
no sería democracia. Vino un momento en que se operó
una revisión. Dejó a cada uno su religión o su Filosofía. Cesó de
llama:rse católico1 y a la fórmula " La dC"m;Ocracia será católica!',
sustituyó esta otra: "La democracia no será anticatólica", de la
misma manera que no será an,tijudía o antibudista. Esta fue la
época del plus grand Sillon. Se llamó para la construcción de la
ciudad futura a todos los obrero~ de todas las religiones y de to­
das las sectas. Sólo se les exigió abrazM el mismo ideal social,
respetar todas las creencias y aportar una cierta cantidad de fuer­
zas mora/es.
Es cierto, se proclamaba, "los jefes del Sillon />onen
285
Fundaci\363n Speiro

SAN PIO X
.JU fe religiosa por encima de· todo. Pero, ¿pueden negar a los de­
más el derecho de beber su energía moral allí donde les es posi­
ble? En compensaci6n, quieren que los demás resptrten a ellos su
.derecho de beberla en /,a fe cat6/ica. Exigen, p•or consiguiente,
.a todos aquellos que quieren transformar la sociedad presente en el
.sentido de la democracia, no rechazarse mutuatnente a causa de
las convicciones filosóficas o religiOsa.s que pueden sep(I)Yarlos,
.sino niarchar unidos, sin renunciar a sus convicciones, pero inten­
tando hacer sobre el terreno de las realidades prácticas la prueba
de ta excelencia de sus convicciones personales. Tal ve·z sobre este
terreno de lo, emulación entre almas adheridas a diferentes convic­
dones religiosas o filosóficas podrá realizarse /,a unión" (11). Y
se declara
al mismo tiempo ( ¿ c6mo podía reaJ,izarse esto?) que el
pequeño
Sillon católico seria el alma del gran Sillon cosmopolita.
34. Recientemente, el nombre del plus grand Sillon ha des­
,aparecido y una nueva organización ha intervenido, sin modificar,
todo
lo contrario, el espíritu y el fondo de las cosas "para poner
orden en el trabajo y organi:,ar las dwersas fuerzas de actividad.
El Sillon queda siempre como un alma, un espíritu que se mezcla­
rá a los grupos e inspira:rá su actividad". Y todos los grupos nue­
·'ZJOS quedan en apariencia autónomos: a los católicos, a los protes­
tantes, a los librepensadores se les pide que se pongan a trabajar.
·" Los camaradas católicoj trabajarán entre ellos en una organi­
zación
eispecial par(J instruirse y educarse. Los demócratas pro­
testantes y librepensadores haff"án1 lo mismo, por su parte. Todos,
católicos, protestantes y ltbrepensadores tendrán muy en su cora­
z6n armar a la juventud, no para. una lucha fratricida, sino para
una generosa emulación en e1l terreno de las virtudes sociales y
.cívicas" ( 12).
35. Estas declaraciones y esta nueva organización de la a.c­
.ción sillonista provocan gr(JJl}es reflexiones.
36. He aquí, fundada por católicos, una asociación intercon­
fesional para trabajar en la reforma de la civilización, obra reli­
_qiosa de primera clase, porque no hay verdadera civilización sin
la civilización moral, y no hay verdadera civilización moral sin
la verdadera religi6n. Esta es una verdad demostrada, un hecho
h1stórico. Y los nuevos sillonistas no podrán
pretextar que ellos
286
(11) Marc Sangnier, Discours de Rouen (1907).
(12)
Ma.rc Sangnier (París, mayo de 1910).
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NOTRE CHARGE APOSTOLIQUB
trabajarán solarmente "en el terren,0 de las realidades prácticas",
en el que la diversidad de creencias no importa. Su jefe siente
tan cla!l'wmente esta influencia de las convicciones del espíritu so­
bre el resu/,tado de la acción, que les invita, sea la que fuere la
religión a que pertenezcan, a "hacer en el terreno de las realida­
des
práctica.,, la prueba de la ezcelencia de sus convicciones per­
sonaleS'. Y con razón, porque las rea,lizaciones prácticas revisten
el ca'trácter de las convicciones religiosas, de la misma manera que
los miembros de un cuerpo hasta en s~ últimas extremidades re­
ciben su .forma del principio vital que los anima.
37. Esto supuesto, ; qué pensaJY de Za promiscuidad en que
se encontrarán colocados /..os jóvenes católicos con heterodoxos1 e
inocrédulos de toda clase en una obra de esta naturaleza? ¿No es
ésta mil veces más peligrosa para ellos que una asociación neu­
tra? ¿ Qué pensar de este llamamiento a todos los heterodoxos y
a todos los incrédulos para probar la ezcelencia de sus convic­
cwnes sobre el terreno social, en una especie de concurso apolo­
gético,
como si este concurso no durase ya ha,ce diecinueve siglos,
en condiciones menos peligrosas piNa la fe de los fieles y con toda
honra de
la Iglesia católica? ¿ Qué pensar de este respeto a to­
dos /.os errores y de la extraña invitación, hecha por un católico,
" todos los disidentes piNa fortificar sus conviccúmes por el estu­
dio y para
h(f,Cer de ellas fuentes siempre más abundantes de fuer­
zas
nuevas? ¡ Qué pensar de una r,sociación en que todas las reli­
giones, e incluso el librepens{])ffl.iento, frueden manifestarse en alta
voz, a su capricho? Porque los sillon?,S,tas, que en las conferencias
públicas y en otras partes proclaman enérgicamente su fe indivi­
dual,
wo pre'tenden ciertamente cerrar la boca a ws demás e im­
pedir ol protestante afirmar su protestantismo y al escéptico su
,escepticismo. ¡Qué pensar, final,mente, de un católico que al en­
trar en su círculo de estudios deja su catolicismo en la puerta
para no asustar a sus camaradas, que, "soñando en una acción
social desinteresada, rechazan 9Ubordinarla al triunfo de intereses,
de grupos o incluso de' convicciones, sean las que fueren"? Tal es
la profesión de fe del nuevo comité democrático de acción social,
que ha heredado el defecto mayor de la antigua organización y
qu-e, dice, "rompiendo el equívoco mantenido en torno al plus
grand Sillon, tanto en los medios reaccionarios como en los me­
dios anticlericales", está abierto a todos los hombres "respetuosos
de las fuerzas morales y religiosas y convencidos de que ninguna
emancipación social
verdadera es posible sin el fermento de un
generoso idealismo".
287
*
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SAN PJO X . 1:
Provoca una perturhac~ón gerierah
~ 38. Si, por desgracia, el equívoco está deshecho: la acción,
~!;,-1..:"".~~1"~ social del Sillon .,IVJ no es católica i" el sillonista, como tal, no tra ... $ 1';,f',' _y-
' baja pam un-grupo, y !' la Iglesia;, dice, no podrá ser por títuld
alguno beneficiada de las simpatias que su acción podrá susci­
tar". ¡Insinuación verdaderamente extraña! Se teme que !(1; Igle­
sia se a:proveche de la acción social del Sillon con un fin egoísta
e interesado, como si todo
lo que aprovécha a la Iglesia.no apro­
vechara a
la humanidad. Extraña inversión de ideas: es la Iglesia
la, que serfu beneficiaria de la acción S-0cial, como si los inás .gran­
des economistas no hubieran reconocido y demostrado que es esta
acción _social la que, para ser seha y fecunda, debe beneficiarse de··
l,a, Iglesia. Pero más extrañas todavía; tremendas y dolorosas a la
vez, son las audacias y la Ugeréza de B'spíritu· de hombr"es que se·
llaman católicos, que sueñan con volver t.t fundar la sociedad en
tales condiciones y con establecer sobre ·-Za tierra, por encima de
la Iglesia católica~ "el rein:o de la justicia y del amor", con obreros
venidos
de todas· pa'JYtes, de todas lan:religiones, o sin reli{Jián, c,on 1
creencias o sin ellas, con tal que olvide'n lo que les divide: 'SUs "Con-·
vicciones filosóficas y religiosas, Y Que· pongan en común lo· qui
les une: un generoso idealismo y fuer.Zas morales tomadai '' dOnde,
,, .~J· les fuere po;,ib/e". Cuando se piensa· en todo lo que ha sido 'ne­
ce:Sario de fuerzas, de ciencia, de virtudes sobrenaluralés para es­
tablecer
la ciudad cristiana, y los sit.frim~·hto.S' "de·millónes de 1ná'Y­
tires, y las luces de los padre, j1 de los doctores de la Iglesia;·
y la abnegaóón de todos los héroes d,r la caridad, y una pode­
rosa jera:rquÚ1 naC'Ída del cielo, y lo's ríos de la gracia divina. j
todo lo edificado, unido, compenetrado· pvr la vida y el espíritu
de Jesucristo, Sabiduría de Dios;· Vérbv hecho hombre; cuando
s-e piensa, decimos, en todo esto, que'da· uno admirado de ver a
los nuevos apóstoles esforzarse
p·or' m.ejorarlo poniendo en común
un vago idealismo y las virtudes· cívicas. ¿ Qué van a prodúcírr
¿Qué es lo que· va a salir de esta colaboración? Una instrucción
puramente
verbal y, (ju.:'mérica, en la que veremos reflejarse des-·
ordenadamente y en una confusión seductora las palabrris de ·li­
bertad, justicia, fraternidad y (1!mor, iguáldad y e:roltación ·huma­
na, todo basado sobre una dignidad, humana mal entendida. 'Será
una agitación tumultuósa;-estéril para ·el fin pretendido y que ·a,pro-·
vechará a los
a,'(Jitadóres ·de las masas· menos utopistas. Sí, __ · ver'da:..
deramente se püe'de afirmar que el Sil-lbn se ha heckO-COfflpañero
de viaje del socialismo, puesta la mirad(! sobre una quimera.
288
Fundaci\363n Speiro

NOTRE CHARGE APOSTOLIQUF;
39. Nos tememos ald:+~wía peor. El resultado de esta pro­
miscuidad
en el trabajo, •il beneficiario de esta acción social cos­
mopolita .no puede .ser otro que una democracia que no será cató­
licá, r¡i protestánte, 1YÍ_judia: una religión (PMque el sillonismo,
sus
jef.es lo han dicho, .es una religión) más universal que !a
Íglesia.· católica, reunien"do a todos los hombres, convertidos, final-·
minte, en he,rmanos. y·. camaradas e,n "el reino de Dios". "No se­
trabaja para la Iglesía: se trabaja parm la humanidad."
"Le Sillorr~' se ·ha desviado.
40_ _Y ahoia, pe.netrados por la más viva tristeza, Nos nos­
fr.eg;¡ntamos,
venerables hermanos, en qué ha quedado convertido·
el catolicisnio del Sillon. Desgracíadamente, el que daba en otro
tiempo tan brdlas esper.a.n$a.S.,, este río límpido e impetuoso, ha
sido captadp en su marcha por los enemigos modernos de la:
Iglesia y no forma ya en adelante más que un miserable afluente
tJ,eJ. gran movimiento de apostasía., organizado, en todos los paí­
;es, .para el establecimien,to de una Iglesia universal que no tendrá:
dogmas, ni jerarqwía, ni regla para et espíritu, ni freno para lms
pasiones, y que, ,o pretexto de libertad y de dignidad humana,
· consagraría
al· mitndo, si pudiera triunfar, el reino legal de· la.
astucia, y de la fuerza y de !a opresión de los débiles .. de los que
sufren ·y trabajan.
41. .. NOs conocemos muy , bien los sombríos talleres en que·
se, élaboran · estas docf:Yin(J.S deletéreas, que n'O deberían seducir a
los éspíritus clarividentes. Los. jefes del Sillon no han p fenderse de ellas. La exáltación de sus sentimientos, la cieg(fj
bpndad de-su Corazón, su mistfrismo filosófico, mezclado con una
parte-de iluminiJimo, los h(M .arrastrado hacia un nuevo evangelio,.
qn el que han creído ver el. verdadero Evangelio del Salvador,
ha..sta el. punt.o de .. :que osan tratar a Nuestro Señor Jesucristo
con una familiaridad· soberanamente irrespetuosa _y de que, al
estM su ideal emparentado con el de la revolución, no temen hacer
entre el Evangelio y la ·revolución p~ridades blasfemas, que no tie­
nen la excusa de haber brotado de cierta improvisación apre­
surada ..
289
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SAN PIO X
Deformación del Evangelio.
42. Nos queremos llmnar vuesitra atención, venerables her­
manos, sobre esta deformaJCi6n del Evangelio y del carácter sa­
grado de Nuestro
Señor Jesucristo, Dios y hombre, practicada
en el Sillon y en otras partes. Cuando se aborda /,a cuestión so­
cial, está de
moda en algunos medios eliminar primeramente /,a
divinidad de Jesucristo y luego no hablar más que de su sobe­
rana mansedumbre, de su compasión por todas las miserias hu­
manas, de sus apremiante, exhortacionts al amor del pr6jimo y a
ln fraternidad.
Ciertamente, Jesús nos ha a,mmlo con un amor
inmenso, infinito,
y ha venido a /,a tierra a sufrir y a morir para
qui!, reunidos alrededor de El, en la, justicia _y en -el amor, ani­
mados de los mismos
sentimiento~ de caridad mutua, todos los
hombres vivan en /,a paz y en la felicidad. Pero a /,a realizaci6n
de esta felicidad temporal
y eterna ha puesto, con una (])Uforidad
soberana, /,a condici6n de que se forme parte de su rebaño, que
,e acepte su doctrina, que se practique su virtud y que se deje
uno .eniseñar y guiar por Pedre y sus sucesores. Porque, si leJÚS
ha sido bueno para los extraviados y los pecadores, no ha res­
pitado sus convicciones erróneas, por muy sinceras que parecie­
sen. Los ha cumaáo a todos para instruirlos, convertirlos y sal­
varlos. Si ha llamado hacia Si, para alwiarlos, a los que padecen
y sufren, no h/J sido P quvmérica. Si ha levantado a los humildes, no ha sido para mspi­
rarles el sentvmiento, de una dignidad independiente y rebelde a
/,a obediencia. Si su coraz6n desbordaba mansedumbre para /,as
almas de buena voluntad, ha sabido igualmente armarse de una
santti indignación contra los profanadores de la casa de Dios, con­
tra los. miserables que escandalizan a los pequeños, contra las
autoridades que agobian a.l pue'blo bajo el peso de inmensas car­
gas sin poner en ell,as ni un dedo para aliviarlas. Ha sido tan
enérgico como dulce.
Ha reprendido, amenazado, castigado, sa­
biendo y enseñándonos que con frecuencia el temor es el comien-
20 de la sabiduría y que conviene a veces cortar un miembro para
saloor el cuerpo. Finalmen!te', no ha anunciado para la socie­
dad futura el reino de una felicidad ideal, del cual el sufrimiento
quedara desterrado, sino que con sus lecciones y con sus ejemplos
ha trazado el cambio de /,a felicidad posible en /,a tierra y de /,a
felicidad perfecta en el cielo: el camino de l.a. cruz. Estas son en­
señanzas que se intentaría equivocadamente aplicar solamente a
ln vlda ind·~idual con vistas a la salvación eterna, pues son ense-
290
Fundaci\363n Speiro

NOTRE CHARGE APOSTOLIQUE
ñanzas eminen,teniente sociales, y nos: demuestran en Nuestro
Señor Jesucristo al.go muy distinta de un humanitarismo sin con­
sistencia ni autoridad.
IV. MEDIDAS PRÁCTICAS.
Acción del episcopado.
43. Por lo_ que a vosotros toca, venermbles hermanos, conti­
nuad activam,,.te la obra del Salvador de los hombres, imitando
jlU -dulzura y su energía. Inclinoos hacia todas los mise-rias; que
ningún dolor escape a vuestra solicitud pastoral, que ningún llanto
os encuentre indiferentes. Pero también predicad enérgicamente
sus
deberes a los grandes y a los poderes públicos. La cuestión
social es,tará muy cerca de ser resuelta cuando los unos y los
otros, menos exigentes de sus derechos mutuos; cumplan más
exactcmz.ente sus obligaciones. ·
44. Además, como en el conflicto de los intereses, y sobre
todo en la lucha con fuerzas del mal, la virtud de un hombre,
su santidad misma, no basta siempre para, asegurarle el pan co­
tidiano, y como el
engranaje social debería estar organizado de
tal manera que con su juego natural paralizara los esfuerzos de los
malos e hiciera asequible a toda buena voluntad su
parte legítima
de felicidad temporal, Nos deseamos vivamente que toméis una
parte activa en la organizaci6n de /,a socieda,d para· este fin. Y
con este olJ.ieto, mientra.s vues.tros sacerdotes se entregan Con
ardor al trabajo de la santificación de las almas, de /,a defens"
de la Iglesia, y a las obras de caridad propiamente dichas, elegiréis
algunos de ellos activos
y de es,píritu equilibrado, investidos de
los grados de doctor en Filosofía y en Teología, que posean per­
fectamente /,a historia de la civilización antigua y modern11J, y los
consagréis
a los estudios menos elevados y más prácticos de la
ciencia social para ponerlos, a SU tiempo, al frente de vuestras
obrais de acción católica. Sin embargo,, q'!,l,e estos sacerdotes_ no
se dejen seducir, en el dédalo de la,s opiniones contemporá­
neas, por el espejuelo de una democracia falsa; que no tomen de
la ret6rica de los peores enemigos de la Iglesia y del pueblo un
lenguaje enfático, lleno de promesas tan sonoras como irrealiza­
bles. Que estén convencidos de que la cuestión sociaJl y la ciencia
social no son de ayer; que en todos los tiempos la Iglesia y el
Estado, felizmente concertados, han creado con ese fin organiza-
291
Fundaci\363n Speiro

.«··-·
SAN PIO X
.ciones fecundas; que la Iglesia, que nunei, ha tmicionq,áo. la,dicha •. -
del pueblo
con alianzas comprornetedoras, .. ri@ .. tiene q,rte sépararse,
.de
lo pasado, ·y que le basta wlver a toniM, c.on el coric'lfrso de lós.
·verdaderos obreros de la restauración social, los organismos rotos
por
la revolución y adaptarlos, con el mismo· espíritu crist-iano que
los ha inspirado, al nuevo medio creado par la evolución material
.de
la sociedad conrtemporánea, porque los verdaderos amigos del
pueblo no son revolucionarios ni innovadores, sino tradicionar­
.li,tas.
45. Esta obra eminentemente digna dec;vuestro celo· pastoral,
Nos deseamos que la juventud del Sillón, apartada de sus errores,
lejos
de ser un obstáculo para ella, aporte a ésta, en el ·orden y la
..sumisión conven-1entes, un concurso leal y eficaz .
. Llamamiento a la juventud del "Sillon".-
46. Dirigiéndono.s1 pues, a los jefes del Sillon, con la con­
j,anza de
un Padre que habla a sus hijo-s, Nos les pedimos por su
.bien, por el bien
de la Iglesia y de Franda, qae (}S cedan · su
Puesto.
Nos medimos ciertamer,te la extensión del-sacrificio-que
4e ellos solicitamos, pero sabemos que son-suficientemente .. gene­
-rosos para realisarlo y de antemano, en ·et nombre de Nuestro
Señor Jesucristo, cuyo indigno representante somos, Nosi les ben-·
decimos por ello. En cuanto a los miembros -del Sman, queremos
.que se
distribuyan p'Or diócesis para trabajar bajo la dirección de ·
sus obispo~ respectivos en la regeneración cristiana y ca:tólica
del pueblo, al mismo tiempo que en el-mejoramiento· de su situa­
.ción. Estos -grupos diocesanos .serán por el m-oniento independien,_
tes unos de otros; y con e! fin de demostrar claramente que han
roto
con /os errores del pasado, tomarán el nombn de Sillons .
Qtholiques, y cada uno de .sus miembros aña;dirá a su título· de­
sillonista el mismo calificativo de catholique; No es-necesario decir
que todo sillonista católico
queda Ubre para conservar, p-or lo .
demás, sus preferencias políticas, depuradas de todo lo ·que, no
.sea enteramente conforme en esta materia con !.a -doctrina de la
Iglesia. Porque si, venerables hermanos, algunos grupos rehusa­
-ran someter.se a es.tas condiciones, deberéis-considerar que· rehu.:..
san por el mismo hecho someterse a vuestra direcci6K; y' enton­
economía pura, o si perseveran en sus-antiguos· errores. En el
primer caso, es claro que no tendréis .que o¡;-uparos d'e ellos más
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NOTRE CHARGE APOSTOUQUE
que del común de los fieles. En el .segundo caso, deberéis obrar
en consecuencia, con prudencia, pef'~ con firmeza. Los sacerdotes
deberán mantenerse
juera de los grupos disidentes y se limitarán
a prestar el socorro del santo ffl~ñjsterio indi'T.{1,duatmen1te íl sus
miembros, ap{icándoles en el triliun(lll de /,a· penitencia las reglas
('Omunes de la moral relativas.-'a .Ja 'doctrina y a la conducta. En
cuanto a los grupos católicos, 'léis S!lCerdotes y los seminaristas,
aun favoreciéndolos y secundá;n.ilolo~ en todo, se abstmdrán de
agregarse a ellos ·como mit!'mbrOs, porque conviene que la müicia
sacerdotal permanezca por encima de /,as asociaciones laicas, in-
cluso las
más útiles y animadci$" por el mejor espíritu .
.. ~
47. Estas son tas medidas ,Prácticas con las cuáles Nos hemos
creído
necesario sancionar esta -carta sobre el Sillon y los sillo­
nistas. Que el Señor quiera, N'Qs se lo rogamos desde el fondo
del alma, hacer comprender a estos hombres
y a estos jóvenes
las graves razones que la han dictado; que El les dé docilidad de
cO'Y(])ZÓn, con el valor de demodrM ante la Iglesia la sinceridad
de su fervor católico. Y a vosotros, venerables hermanos,
Dios os
inspire para ellos, pues en.'(ldelante son ya vuestros, los senti­
mientos de un afecto enteraht'ente paterno.
·, ... · J
48. Con e~ta esperanZJ, y pai-a obtener estos resultados tan _, ·i··,-,;r~{f
deseables, Nos os concedemo_s de t-p1o.,corazón, ,~ como a vuestj;~"_j.'.¡.: ~.-:\~~-;,.·
clero y a vuestro pueblo,_}ª bendzcion apostohca. j¡!,·.,~~
Dado en Roma, iunto a tian Pedro, el 25 de agosto de 1910,
uño octavo de nuest;o pontifi}_ado.
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