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La libertad

LA: LIBERTAD
El drama de la libertad.
«El hombre ha recibido de su Creador el don de la libertad.
"Con su libertad puede organizar
(Y configurar esta tierra, reali­
"zar las

maravillosas obras del espíritu humano de las cuales
"está lleno este país
y todo el mundo: ciencia y arte, economía y
"técnica, toda la cultura. La libertad capacita al hombre para "aquella extraordinaria forma del amor humano que no es pura
"consecuencia de la atracción natural,
sioo un

acto libre
efe/ co­
"razón. La libertad lo capacita -como acto sublime de la dig­
"nidad humana-

para amar y adorar a Dios.
»Pero la libertad tiene un precio. Todos los que son libres
"deberían preguntarse: ¿hemos conservado nuestra _dignidad en
"la libertad?

Libertad no significa capricho. El hombre no pue­
"de hacer

todo lo que puede o le agrada. No hay libertad sin la­
"zas. El

hombre es responsable de s! mismo, de los otros hom­
"bres
y del mundo. Es ,esponsable ante Dios. Una sociedad que
"convierte en bagatela la responsabilidad, la ley
y la conciencia
"hace tambalear

los fundamentos de la vida humana. El hombre
"sin responsabilidad se precipitará en los placeres de esta vida
"y, como el hiio pródigo, caerá en, dependencias, perdiendo su
"patria y su libertad. Abusará con egoísmo desconsiderado de los
"otros hombres o se aferrará insaCiablemente a bienes materia­
"les. Donde no se reconoce el ligamen con los valores últimos,
"fracasan el matrimonio
y la familia, se minusvalora la .vida del
"otro,
sobre todo de los que aún no han
nacido, de
los ancianos
"y de

los enfermos. De la adoración a Dios se pasa a adorar el
"dinero, el prestigio o el poder».
JUAN PABLO 11: ·Honí:illía durante la Misa con­
celebrada en el Parque - del Danubio, en Viena,
el domingo 11 de septiembre. L'Osservatore Ro­
mano, edición ~-al en lengua española, año
XV, nwn. 38 (768), domingo 18 de septiembre
de 1983.
751
Fundaci\363n Speiro

¿ Cuál es el verdadero significado de la palabra libertad?
«La libertad responde a una aspiración profunda y generali­
"zada del

mundo contemporáneo; prueba de ello, entre otras, es
"el uso

frecuente que se hace de ese término de "libertad", aun­
"que el

mismo no siempre es
empleado en

igual sentido por los
"creyentes y los ateos, por los hombres de ciencia y los econo­
~'mistas,
por

los que viven en una sociedad democrática
(Y los
"que soportan un régimen totalitario. Cada uno le da un matiz
"especial e incluso una significación muy diferente. Tratando de
n ampliar nuestro servicio a la paz~ no es, pues, muy necestirio
"comprender

cuál es la verdadera libertad que es
a la
vez raíz
"y fruto de la paz».
JuAN PABLO II: _Mensaje con motivo de ce­
lebrarse lli «Jornada Mundial de la Paz» el 1
de enero de 1981. L'Osservatore Romano, edi­
ción semanal en lenp española, año XII, nú­
mero 52 ( 626 ), domingo 28 de diciembre de
1980.
Fundamento de la libertad. Facultad de determinarse en fun­
ción de lo verdadero
y del bien.
«La libertad en su esencia es interior al hombre, connatural
"a la
persona humana, signo distintivo
de su n(Jturaleza. La li­
"bertad de la persona encuentra, de hecho, el propio fundamen'
"to
en
su dignidad transcendente: una dignidad que le ha sido
"regalad¡; por

Dios, su Creador, y que le orienta hacia Dios. El
"hombre, dado que ha sido creado a imagen de
Dios (cf. Gén 1,
"27), es

inseparable de la libertad, de esa libertad que ninguna
"fuerza o apremio exterior
podrft ;amás arrebatar y que consti­
"tituye su

derecho fundamental, ,tanto como individuo cuanto
"como miembro de la sociedad. El hombre es libre porque
posee
"la
facultad

de determinarse en función de
lo verdadero y del
"bien. El es libre, dado que posee la facultad de elección,
"mo­
"vido
e

inducido por convicción interna personal
y no bajo la
"presi6n de un ciego impulso interior o de la mera cOacción ex­
"terna" (Constituci6n Goo "y qz,erer elegir, es vivir según su p~opia conciencia».
752
JuAN PABLO 11: Mensaje con motivo de ce­
lebrarse lli «Joma~ Mundial de la Paz» el 1
de enero de J981. · L'Osservatore Romano, ccli­
ci6n semanal en lengua española, afio XII, nú­
mero 52 ( 626), domingo 28 de diciembre de
1980.
Fundaci\363n Speiro

La libertad no es fin en sí mismo. Es un don grande sólo
cuando sabemos usarla responsablemente para todo lo que
ea el

verdadero bien.
«En nuestro tiempo se considera, a veces erróneamente, que
"la libertad es fin en sí misma, que todo hombre es libre cuan­
"do usa

de ella como quiere, que
a esto
hay que tender en la
"vida de los individuos y de las sociedades.
La libertad, en cam­
" bio,

es un don grande sólo cuando sabemos usarla responsable­
''mente para todo lo que es el verdadero bien. Cristo nos ense­
" ña

que
el mejor uso de la libertad es la caridad que se realiza
"en la

donación y en el servicio. Para tal "libertad nos ha libera­
"do Cristo" y nos libera siempre. La
Iglesia saca

de aquí la ins­
"piración constante, la invitación y el impulso para su misión y
"para su servicio a todos los hombres».
JuAN PABLO II: Carta-Encíclica Redemptor
hominis del 4 de marzo de 1979. L'Osservatore
Romano, edición semanal en lengua española:,
año XI, núm. 11 (533), domingo 18 de marzo
de 1979.
La libertad no es un fin en sí misma y ni puede construirse
sin relación a la verdad, ni servir de pretexto para la
anar ..
quía

moral,
ni para ofender los . derechos de otro.
«La libertad es aceptada no como un fin absoluto en sí mis­
"fnoj sino como un don que hace posible la autodonaci6n (Y el
ns ervicio.
"
»Este principio de libertad es capital en el orden político y
"social, en las relaciones entre Gobierno y pueblo
y entre indi­
"viduo e individuo. Sin embargo, la
vida humana

se vive también
"en otro orden de la realidad: en el orden de su relación con lo
"que es objetivamente verdadero
y moralmente bueno. De este
"modo, la libertad adquiere
un significado
más profundo al re­
"ferirse a la persona humana. En primer lugar, concierne a la
"relación del hombre consigo mismo. Toda persona humana, do­
"tada de
razón, es
libre cuando es dueña de sus propias
accio­
"nes, cuando es capaz de. escoger el bien que está en conformi­
"dad con la razón, y, por consiguiente, con su propia dignidad
"humana.
»La libertad nunca puede permitir una ofensa contra los de-
753
Fundaci\363n Speiro

"rechos de los demás, y uno dé los derechos fundamentales del
"hombre es el derecho
.a dar
culto a Dios.
"
»Cristo mismo vinculó libertad con conocimiento de la ver­
"dad. "Conoceréis la verdad, y la verdad os librará" (Jn 8, 32).
"En mi primera encíclica, escribí a este respecto: nEstas pala­
"bras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo
"una advertencia: la exigencia de una relación honesta con res­
"pecto a la verdad como condición de una auténtica libertad; y
"la advertencia, además, de que se evite cualquier libertad su­
"perficial y unilateral, cualquier libertad que no profundiza en
"toda la verdad sobre el hombre
y sobre el mundo" (Redemptor
"hominis, 12).
»La libertad, por tanto, nunca puede construirse sin rela­
"ción a

la verdad, tal como fue revelada por Cristo
y propuesta
"por su

Iglesia, ni puede servir de pretexto para una anarquía
"moral, porque

todo orden moral debe permanecer unido a la
"verdad. San Pedro, en su primera Carta, dice:
"Vivid como
"hombres

libres
y no
como quien tiene la libertad cual cobertura
"de la

maldad"
(1 Pe 2, 16).
»No puede haber libertad cuando va dirigida contra un hom­
"bre en aquello que él es1 o contra un hombre en su relación
"con los otros y con Dios».
JUAN PABLO II: Homilía durante la Misa ce­
lebrada
en el «Logan Circle» de Filadelfia del
miércoles 3 de octubre. L'Osstf't)atore Romano,
edición semanal
en lengua española, año XI, nú­
mero 42 (564) •. domingo 21 de octubre de 1979.
El genuino concepto cristiano de libertad.
«Para un genuino concepto cristiano de libertad hay que re­
"mitirse, ante todo, a las palabras de Jesús dirigidas a los que
"hablan ere/do en El:
"Si permanecéis

en mi palabra, seréis en
."verdad disclpulos mios, ry conoceréis la verdad, y la verdad os
"librará ... En verdad os digo que todo el que comete pecado es
"siervo del pecado ... Si, pues, el Hiio os librare, seréis verdade­
"ramente libres"
(Jn 8, 31-36). Jesús hace depender la auténtica
"libertad, ante todo, del conocimiento de la verdad total del mis­
"terio de Dios que

El mismo anunció
y testimonió,
y
luego,
como
_"consecuencia, de la separación del mal, esto es, del pecado, trans­
" gresión de la ley moral.
754
Fundaci\363n Speiro

»San Pablo, que conocia bien la palabra del Señor y, a la vez,
"el
drama de cada uno de los hombres a causa de la disensión
"entre el bien y el mal, ensalza la
grandeza ,y la riqueza de

la
li­
"bertad

que nos ha traído Cristo (cf.
Gál 4, 31), que consiste
"en la emancipación de la esclavitud del pecado y de su ley de
"muerte (cf.
Roro 6, 22; 8, 2; 2 Tiro 4, 18) y en la capacidad
"de vivir según la ley del bien, esto es, según el Esplritu de
"Dios. En efecto, el Apóstol afirma categóricamente: "Donde está
"el Espíritu del Señor está la
libertad" (2 Cor 3, .17).
»Por lo tanto, si la libertad es el don más grande que Dios
"hace al hombre, creado a propia imagen y, por lo mismo, ra­
"cional y volitivo, ella es,
además, el fruto

más precioso de la
"obra redentora de Cristo, que ha hecho al hombre posible la
"interior opción autónoma del bien, aun cuando esto no lo
ad­
"vierte siempre la experiencia existencial».
JUAN PABLO II: Homilía durante la Misa ce­
lebrada para !95 fieles de San Marino, el 29 de
agosto, XXII domingo del tiempo ordinario.
L'Osservatore Romano, edici6n semanal en len­
gua espafiola, afio XIV, núm. 36 (714), domin­
go 5 de septiembre de 1982.
La verdad, condición de una auténtica libertad.
«Jesucristo sale al encuentro del ho,,,bre de toda época, tam­
"bién de nuestra época, con las mismas palabras: "Conoceréis la
"verdad y la verdad os librará". Estas palabras encierran una exi­
"gencia fundamental

y, al mismo tiempo, una advertencia:
la
"exigencia

de una relación honesta con respecto a
la verdad como
"condición

de una auténtica libertad; y la advertencia, además,
"de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad
"superficial
y unilateral, cualquier libertad que no profundiza
"en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo.
Tambié.n
"hoy,

después de dos mil años, Cristo aparece a nosotros como
"Aquel que trae al hombre la libertad basada sobre
l.a verdad,
"como

Aquel que libera al hombre de lo que limita, disminuye
"y casi

destruye esta libertad en sus
mismas ralees,
en el alma
"del hombre, en su coraz6n, en su conciencia. ¡Qué ·confirmaci6n
"tan estupenda de lo que han dado y no cesan de dar aquellos
"que, gracias a Cristo
y en Cristo, han alcanzado la verdadera
"libertad y la han manifestado hasta en
condiciones de
coacción
"exterior!
»Jesucristo mismo,. cuando compareció como prisionero ante
755
Fundaci\363n Speiro

"el tribunal de Pi/ato y fue preguntado por él acerca de la acu­
i'sación que

le hacían los representantes .del Senedr!n, ¿no res­
"pondió acaso:
''Y o

para esto he venido
µl mundo, para dar tes­
"timonio de la verdad"? Con estas palabras pronunciadas ante
"el juez, en el momento decisivo1 era como si confirmase, una
"vez más, la frase ya dicha anteriormente: "Conoced. la verdad
"y la verdad os hará libres". En el curso de tantos siglos
y de
ntantas generaciones, comenzando por los tiempos de los Após­
"toles, ¿no es acaso Jesíicristo mismo el que tantas veces ha
"compadecido ;unto a hombres iuzgados a causa de la verdad y
"no ha ido quizá a la muerte con hombres condenados a causa
"de la
verdad? ¿Acaso

cesa El de ser continuamente portavoz y
"abogádo del hombre que
vive "en espfritu y

en verdad"? Del
"mismo, modo

que no cesa de serlo ante el Padre, as! lo es tam­
"bién con respecto a la historia del hombre. La Iglesia, a su vez,
"no
of,_stante todas

las debilidades que forman
pprte de
la his­
'.'toría humana,

no cesa de seguir
á Aquel que dijo: "ya llega
"la hora
:y es ésta, cuando los verdaderos adoradores adorarán
;'al Padre en espiritu y en verdad, pues tales son los adorado­
"res que el Padre
busca.
Dios es esp/ritu,
y los que le adoran
"han de adorarle en
espfritu y en verdad"».
JuAN PABLO II: Carta-Encíclica Re&emptor
homiízis
del 4 de marzo de 1979. L'Osservatore
Romano, edición semanal en lengua españoli,
año XI. n,1m. 11 (533), domingo 18 de marzo
de 1979.
La libertad radical del. hombre se sitúa en el de la apertura
y obediencia a la voluntad de
Dios y

en la fidelidad a su
amor.
«El hombre no puede ser aut€nticamente libre ni promover
"la verdadera libertad, si no reconoce y no vive la trascendencia
"de su ser por encima del mundo
y su relación con Dios, pues
"la libertad es siempre la del hombre creado
a imagen
de su
"Creador.
"
»Ser liberado de la in¡usticiá, del miedo, de la opresión, del
"sufrimiento, no sert1iria de nada, si se permanece -esclavo allá
"en lo hondo de los corazones, esclavo del pecado. Para ser ver­
" daderamente libre, el hombre debe ser liberado de esta escla­
,, vitud y transformado en una nuevd creatura. La libertad radical
756
Fundaci\363n Speiro

"de/ hombre se sitúa, pues, al nivel más profundo: el de la aper­
"tura a

Dios por la conversión del corazón, ya
que es
en el cora­
"zón del

hombre donde se sitúan las raíces de toda sujeción, de
"toda violación de la libertad. Finalmente, para el
cristi¡¡no, la
"libertad

no proviene del mismo hombre: se manifiesta en la
"obediencia a la voluntad de Dios y en la fidelidad
a su

amor».
JUAN PABLO. II: Mensaje -con motivo de ce­
lebrarse la «Jornada Mundial de la Paz» el 1
de enero de 1981. L'Osservatore Romano, edi­
ción semanal en lengua e:spañola, año XI-11 nú:
mero 52 (626), domingo 28 de. diciembte de 198.0. . .
Libertad-Autoridad-Verdad.
« ... también tenéis experiencia de que se puede abusar de 1.a
"libertad.

Cuando
ésta carece de orientación, ignora

la ley gra­
"bada en el corazón
humano y no escucha la voz dé la cimciencia,
"la
libertad

se vuelve contra el hombre y contra la sociedad.
»También en la vida eclesial
lá libertad

debe
:desarrollarse res­
"petando

la autoridad de los
.que han

sido llamados por Cristo
"a una

misión pastoral
.. Y,

de este modo, la
cooperf!ciÓn debe
nser "libre y ordenadau. Por otra j,arte, ltl experiencia· demuestra
"que la libertad se desarrolla hasta. el máximum cuando se ajusta
"a
las
reglas de la ley moral y acoge las orientaciones dadas por
"los que

guían como Pastores al Pueblo de Dios. Nuestra
fe nos
"enseña que

alcanzamos la verdadera libertad en Cristo, que dijo:
"La verdad

os hará.libres",
y también: "Yo soy la

Verdad". Sí,
"Cristo nos llama a la libertad verdadera. Sólo El
puede hacernos
"enteramente

libres. Por ello la Iglesia se preocupa tanto
. por
"defender

y promover la auténtica libertad humana en todos
los
"sitios».
JuAN PABLO 11: AlocuciQn 'durante las· Vís­
peras en la catedral de Den ~sch, sábado 11 de
mayo. L'Osservt;ztore Romano, edjción semanal en
lengua española, año XVII, núm. 20 (855), do­
mingo 19 de. mayo de 1985.
La libertad debe estar basada en la verdad.
«La libertad, en todos sus aspectos, debe estar basada en la
"verdad. Deseo repetir aquí las palabras de Jesús:
"Y la ver-
757
Fundaci\363n Speiro

"dad os librará" (Jn 8, 32). Es, pues, mi deseo que vuestro sen­
"tido de la libertad pueda siempre ir de la mano con un profundo
"sentido
de. verdad /J honestidad acerca de vosotros mismos y de
"las realidades de vuestra
sociedad».
JuAN PABLO II: Alocuci6n en el «Battery Park»-, de· Nueva York, del día 3 de octubre
de 1979. L'Osservatore Romano, edición semaM na! en lengua española, año XI, núm. 42 (564 ),
domingo 21

de
octubre de
1979.
La libertad de la persona humana dentro de la verdad de un
orden futrínsecó · propio trazado_ por Dios.
«A la luz de esta profunda relaci6n entre la persona y su
"actuaci6n libre

podemos comprender en qué consiste la bondad
"dé nuestros actos1 es decir, cuáles son estas obras buenas "que
"Dios de antemano prepar6 para que en ellas anduviésemos". La
"persona huinanr.¡ no es dueña absoluta de si misma. Ha sido
"creada por Dios. Su ser es un don: lo que ella es y el hecho '"'IIlisino_ dé su _ser. sor_z. un don de Dios., "_Somos hechura suya",
"nos enseña el Ap6stol, "creados en Cristo Jesús" (Ef 2, 10).
"Sintiéndose
recibido constante11Zente de

las manos creadoras de
"Dios, el

hombre
es responsable

ante
El de lo que hace. Cuan­
"do
el acto realizado libremente es conforme al ser de la perso­
"na, es bueno. Es necesario subrayar

esta relaci6n fundamenta/,
"entre
el acto rea/izado y k persona que lo realiza.
»La persona humana está dotada de una verdad propia, de
"un orden intríizseéo propio, ·¿e una constitución propia. Cuan­
" do sus obras concuerdan con este orden, con la constituci6n
"propia

de persona
humana creada
por
Dios, son
obras bue­
"nas,
"que Dios prepar6 de

antemano para que en ellas
andu­"viérainos". La bondad de nuestra actuaci6n dimana de una ar­
"monía profunda entre la persona y sus actos, mientras, por el
"contrario, el mal moral denota una ruptura, una profunda di­
"visi6n
entre
la persona que actúa y sus acciones. El orden
ins­"criio en su ser, ese orden en que consiste su propio bien, no
"e1 ya

respetado en.
y. -por sus· acciones. La persona humana
"no está ya en su verdad. El mal mora/, es precisamente el mal
"de la

persona
como tal; el bien moral es el bien de la persona
"como ital».
758
JuAN PABLO II: Ca~esis en la audiencia general del miércoles 20 de julio. L'Osservatore · Romano~ edición semanal en lengua española,
año XV, núm. 30 (760), domingo 24 de julio de 19&3 ..
Fundaci\363n Speiro

.
Libertad y ley moral.
«La libertad, vivida como poder desvinculado de la ley mo­
"ral, se revela como poder destructor del hombre: de
si mismo
"y de los demás. "Mirad no acabéis por consumiros unos a otros",
"nos advierte el Apóstol. Este es el .resultado final del eiercicio
"de
la libertad
contra la ley moral: la destrucción reciproca.
Por
"tanto, más que

contraponerse a la libertad,
la ley
moral es la
"que garantiza la libertad, la que hace que sea
verdadera, no una
"máscara de libertad: el poder de realizar el propio ser perso­
"nal según la verdad.
»Esta subordinación

de la libertad a la verdad de la ley mo­
"ral no debe, por otra parte, reducirse sólo a
las. intenciones de
"nuestro obrar. No es suficiente tener
la intención de obrar rec­
"tamente para que nuestra. acción sea ob;etivamente recta, es de­
" cir, conforme a la ley moral. Se puede obrar con la intención de
"realizarse uno a sí mismo y de hacer crecer· a los demás en hu­
"manidad: pero la intención no es suficiente para que en realidad
"nuestra persona o la de otro se reconozca en su obrar. La ver­
" dad expresada por la ley moral es la verdad del set, tal como
"es
pensado y querido no por nosotros, sino por
Dios que nos
"ha creado.
La ley moral es la ley del hombre,. porque es la ley
"de Dios».
Libertad y justicia.
JuAN PABLO 11: Catequesis ,en la audiencia
general del miércoles 27 de julio de 1983. L'Os­
servatore Romano, edición seina.nal en lengua.
espa!íola, año XV, núm. 31 (761), domingo 31
de
julio de 1983.
«Las realidades del pasado no pueden ser nunca un aceptable
"sucedáneo de las actuales responsabilidades para con el
· bien
"común

de la sociedad en la que
vivis y
para con vuestros com­
"patriotas. Al igual que la libertad, también la exigencia de jus­
"ticia es una aspiración universal en el mundo actual. NinJ!,una
"institución ni organización puede hoy en día ser símbolo de li­ "bertad si, a la vez, no defiende también la exigencia de ¡usticia,
uporque ambas son requerimientos esenciales del espiritu hu­
nmano».
JuAN PABLO 11: Alocuci6n en el «Battery
Park>, ele Nueva York, del día 3 de octubre
de 1979. L'Osservatore Romano, edici6n sema­
nal en lengua española, año XI, núm. 42 (564),
domingo 21 de octubre de 1979.
759
Fundaci\363n Speiro

La libertad no consiste en el derecho a hacer cualquier cosa,
sino
que

exige
el pleno respeto a la jerarquía de valo­
res y eBtá encaminada al Bien-sin límite, a Dios. No es
"libertad de" sino ''libertad para".
«A menudo la libertad de la voluntad (Y de la persona se en­
" tienden

como el
derecho a hacer cualquier cosa, como el dere­
" cho

de no aceptar norma alguna ni deber alguno que obliguen
"para toda

la vida, por ejemplo: los deberes
deriv{ldos de las pro­,, mesas matrimoniales o. de la ordenación sacerdotal. Cristo, sin
"embargo, no nos eoseña tal interpretación y ejercicio de la Ji.
"bertad. La libertad de cada hombre crea deberes, exige el pleno
"respeto a la jerarquía de valores, está potencialmente encami­
"nada al Bien sin limites, a

Dios.
La libertad a los ojos de Cristo
nno es ante todo })libertad den, sino que es nlibertpd para". El
"pleno ejercicio de la libertad es el amor, en particular el amor
"mediante el
cual el
hombre se entrega totalmente».
JuAN PABLO II: Alocución a los cardenales, 5 de. noviembre de 1979. L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, año XI, núm. 46 (568), domingo 19 de noviembre de
1979.
Confusión de la libertad con la licencia, No hay libertad sin
referencia a los valores morales que la sociedad debe ase­gurar.
«La verdadera libertad no es promovidr, tampoco en la so­
" ciedad

permisiva, que confunde la libertad con la licencia de ha­
" cer

cualquier opción
y que proclama, en nombre de la libertad,
"una especie

de amoralidad .general. Es proponer una caricatura
"de la

libertad pretender que el hombre es libre para organizar
nsu vida sin referencia

a los valores morales
y que la sociedad
"no está

para asegurar la protección
y la promoción de los v11-
"lores

éticos. Semejante actitud es destructora de la libertad
y "de la paz. Existen múltiples ejemplos de esta concepción erró­
"nea de
la libertad, como
la. eliminación
de la vida humana por
"el aborto

aceptado o legalizado».
760
JuAN PABLO II: Mensaje con motivo de ce­lebrarse 1á «Jornada Mundial de la Paz• el 1 de enero· de "1981. L'Osservatore Romano, edi­ción· semanal én lengua españolá, año XII, nú­
mero
52 (626), domingo 28 de diciembre de
1980.
Fundaci\363n Speiro

Hay que rechazar toda fantasía y todo falso mito de la li­
bertad.
. «No retrocedáis, rechazad toda fantasía y todo falso mito de
"libertad: ¡Seguid a Cristo!- »S6lo
as! seréis

capaces de ayudar a muchos de vuestros co­
"legas a descubrir las insospechadas dimensiones que adquiere su
"vocaci6n universitaria a la luz del misterio redentor de Cristo,
"Este es el servicio que os aguarda. Ante la claudicaci6n de quie­
"nes se dejan atrapar en los lazos de la búsqueda del placer; ante "la desesperaci6n del nihilismo; ante la esterilidad de las
ideo­
"logias
ateas,

la Iglesia y la humanidad esperan de vosotros el
]}testimonio claro y gozoso de quienes imprimen a su compro­
"miso intelectual

y moral la marca del testimonio de Cristo, en
"la libertad que El nos ha conseguido».
JuAN PABLO 11.: Alocución a los estudiantes
con motivo de celebrarse el XXIII Congreso
organizado por el Instituto de Cooperación Uni·
versitaria

(ICU) del «Opus Dei» el 14 de abril
de 1981. L'Osservatore Romano, edición sema­
nal en lengua española, año XIII, núm. 17
(643), domingo 26 de abril de 1981.
La construcción de la libertad.
«Se trata ahora de ir construyendo progesivamente espacios
"efectivos de auténtica libertad. Libertad en armonia con la ley
"divina, en un clima de solidaridad, de justicia generalizada, de
'"respeto a

los derechos de cada comunidad política, de cada aso­
"ciaci6n legítima, de .cada sector social o familia. Y, como fun­
" damento

de todo ello, dentro del respeto a los derechos sagra­
" dos

de cada persona y de su explícita relaci6n a Dios, en priva­
" do

y en público.
»La
llamada a

esta construcci6n de la libertad debe ballar eco
"eficaz --Como insistentemente enseña la Iglesia- en la supera­
"ción de sistemas económicos e ideologías que no están
al servi­
" cio de la dimensi6n completa del hombre y que la sofocan in­
"justamente ».
JUAN PABLO 11: Homilía en la Misa para la
comunidad
.latitl.oamericana de Roma con ocá­
si6n
del

150 aniversario
~ la muerte de Sitn6n
-Bolívar, el 17 de diciembre _de 1980. L'Osser­
vatore Romano, edición semanal en lengua es­
pañola, año XII, núm. 52 (626), domingo 28
de diciembre de 1980. ·
761
Fundaci\363n Speiro

La apariencia de la libertad ilimitada y la libertad verda­
dera.
«Crear el Reino de Dios quiere decir estar con Cristo. Crear
"la unidad

que debe constituir en nosotros y entre nosotros, quie­
"re decir, precisamente: recoger (¡acumular!) juntamente con El.
"He aquí el programa fundamental del Reino de Dios, que Cris­
"to en su enunciaci6n contrapone a la actividad del espíritu ma­
"ligno
en
nosotros
y entre nosotros. Esa actividad pone en jue­
" go su programa sobre la libertad del hombre, aparentemente ili­
"mitada.
Halaga al hombre
con una libertad que no le es propia.
"Halaga
a todos

los ambientes, sociales, generacionales. Halaga
"para manifestar, al fin, que esta libertad no es otra cosa que
"adaptarse a una múltiple coacción: a la coacción de los sentidos
"y de

los instintos, a la coacción de la situación,
a la
coacción de
"la información

y de los varios medios de comunicación, de los
"esquemas corrientes de pensar,. de valorar, de comportarse, _en
"los que se hace callar la pregunta fundamental: esto es, si este
"comportamiento es bueno o malo, digno o indigno.
»Gradualmente el mismo programa
preiuzga y

sentencia sobre
"el bien

y el mal, no según el verdadero valor de las obras y de
"las cuestiones, sino según las véntajas y las coyunturas, según
"el "imperativo" del

goce o del éxito inmediato.
»¿Puede despertarse todavía el hombre? ¿Puede decirse con
"claridad a sí mismo que esta "libertad ilimitada" se convierte,
"a fin de cuentas, en una esclavitud?
»Cristo no halaga a sus oyentes, no halaga al hombre con la
"apariencia de la libertad "ilinút0.da". Dice: )}Conoceréis la ver­
"dad, y la verdad os hará libres" (Jn 8, 32), y de este modo afir­
"ma que

la libertad no le ha sido dada al hombre sólo como un
JJ don, sino como una tarea. Sí. Se le da a cada uno de nosotros
"como esta

tarea en la que
cada uno
de vosotros
y yo
ha sido
"dado como tarea a sí mismo. Es la tarea a medida de la vida.
"Y
no se trata de

una pro piedad de la que se pueda gozar de
"cualquier modo y que se pueda "derrochar".
»Esta t11rea de la liber,tad -tarea maravillosa-se realiza se­
" gún el

programa de Cristo
y de su Reino sobre el terreno de la
"verdad.
Ser libres quiere decir realizar los frutos de la verdad,
"actuar en la verdad. Ser libres quiere decir también saber ren­
" dirse, someterse a sí mismos a la verdad, y -no: someter la ver­
,, dad a si mismos, a las propias veleidades, a los propios inte­
"reses, a las propias coyunturas. Ser libres -según el programa
"de Cristo y de su Reino---no quiere decir goce, sino fatiga: la
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Fundaci\363n Speiro

"fatiga de la libertad. A precio de esta fatiga el hombre "no de-
11"0Cha", sino que "recoge" y "acuinúla" con Cristo.
" -....
»La Iglesia ruega para que el hombre, cada uno de los bom­
.
"bres

(en particular los ¡6venes, pero también todo hombre) no
"cambie la
apariencia de la libertad ()1 la apariencia de la libera­
" ci6n por la libertad verdadera y por la liberación construida so­
"bre la verdad, por la liberaci6n en Jesucristo».
JUAN P AiBLO 11: Homilía durante la Misa ce-­
lebrada en la basllica de San Pedro para los
universitarios de Roma como preparación a la.
Pascua. L'Osservatore Romano, edición semanal
eo lengua española, año XIII, nóm. 14 (640),
domingo 5 de abril de 1981.
La libertad del hombre y las sugestiones psicológicas.
«En el curso de mi "servicio pastoral" he llamado repetida­
"mente la atención sobre esa "visión del hombren como nperso­
"na libre", la cual, fundada en la divina Revelación,. es confir­
"mada y reclamada por la misma naturaleza como una necesidad
"vital:

visión que en la actualidad resulta todav/a
más. indispen­
" sable,

tal vez también como reacci6n a los peligros que corre
y
"a las amenazas que sufre o teme. . ·
"
»De hecho, el hombre se realiza a si mtsmo en la .libertad.
"Y

a esta realización, cada vez
más plena,
debe tender, sin dete­
"nerse únicamente en exaltaciones verbales o retóricas, como
"ocurre demasiado a menudo, sin dar la vuelta al mismo sentido
n de la libertad y sin n cultivar de mala manera, como si todo
"fuera licito a condici6n de que guste, .incluido el mal".
"
»Al contrario, debe ver y alcanzar estrechamente, concep­
"tualmente
y de hecho, la libertad como consecuencia de la "dig­
"nidad" proveniente del hecho de ser él mismo signo alt/simo de
"la imagen de Dios. Esta es
la dignidad

que exige que el hom-
11bre actúe según opciones conscientes-y libres} esto es, mo'vido
,,
e

inducido por convicciones personales
y no por un ciego im­
,, pulso

interno o por mera coacción externa.
"
»También una sugestión sicológica} aparentemente "pacifica",
"de la cual el hombre es hecho ob;eto con medios de persuasión
763
Fundaci\363n Speiro

"hábilmente. manipulados, puede representar y ser un ataque y
"un peligro

para la libertad.
,,
»El hombre es creado libre y como tal debe crecer y formar­
''.se con
un
esfuerzo de supera,:ión de
sí mismo, ayudado por la
"gracia sobrenatural. La libertad es conquista. El hombre debe
"liberarse de

todo aquello que puede desviarlo de esta con­
,, quista».
JuAN PABLO II: Mensaje a· los hijos de la
Iglesia
católica y a todos los hombres de bue­
na voluntad para la XV Jornada Mundial de
las. Comunicaciones Sociales, domingo 31 de ma­
yo de 1981. L'Osservatore Romano, edición se­
manal en lengua espafiola, afio XIII, núm. 22
(648), domingo 31 de mayo de 1981.
Negación de la libertad en las sociedades construidas sobre
una hase puramente materialista.
«Una sociedad construida sobre una base puramente mate­
"rit;lista niega

al hombre su libertad, cuando somete las liberta­
,, des individuales a las _exigenc,ias económicas, cuando .reprime la
"creatividad espiritual del hombre en nombre de una falsa ar­
"monla ideológica,

cuando rehúsa a los hombres el
e¡ercicio de
"su derecho de asociación, cuando reduce prácticamente a la nada
"la facultad de participar en la vida pública o se comporta de
"tal manera

en este ámbito que
el. individualismo y el absentis­
"mo cívico o socfal terminan por ser una actitud general».
JUAN PABLO 11: Mensaje con motivo de ce­
lebrarse 111 «Jornada Mundial de la Paz» el 1
de enero de 1981. L'Osservatore Romano, edi­
ci6n semanal en lengua española, año XII, nú­
mero
52 (

626
), domingo 28

de diciembre de
1980.
La libertad no se tiene para dominar a los débiles ni para
dilapidar riquezas naturales y energía.
«Cuando la libertad; pues, se utilice para dominar a los dé"
"hiles,
para
dilapidar riquezas naturales
y energ!as y para negar
"a los hombres las necesidades esenciales, nosotros reaccionamos
"para reafirmar los principios de la justicia O' del amor social.
764
Fundaci\363n Speiro

"Cuando a los enfermos, los ancianos y los moribundos se los
"de¡a solos,
nosotros reaccionamos proclamando que son dignos
"de amor, de solicitud y de respeto».
JuAN PABLO II: Homilía durante la Misa ce­
lebrada en el «Capitol Mali», de Washington,
del 7 de octubre. L1Osservatore Romano, edición
semanal en lengua española, año XI, núm. 44
(566), domingo 4 de noviembre de 1979.
Frutos malsanos de los programas pedagógicos que tratan de
infundir la ilusión en una libertad sin límites.
«Los programas pedagógicos que nacen a .base de mortificar
!'o ignorar

las más profundas aspiraciones del hombre, engen­
"dran más tarde o más temprano frutos inhumanos de egoismos
"y de

violencias.
Es una realidad que salta a la vista de todos:
"los sobresaltados nihilistas de algunos ambientes universitarios,
"¿acaso no constituyen también el resultado
final de

esos pro­
" gramas

que halagan
al hombre
haciendo
brillar ante
sus
o¡os la
"ilusión de

una libertad sin limites, porque saben que de este
"modo lo pueden controlar mejor, substrayéndolo en
'primer lu­
"gar

a Dios y después a si mismo? Programado y hecho ob¡eto
"de reducción arbitraria,

concebido y educado para ser apresado
"por las necesidades
y por los consumos de la sociedad materia­
"lista,
el hombre al final se rebela. No conociendo las verdaderas
"ralees de
su propio

malestar, desahoga ciegamente
su rabia:
se
"convierte en instrumento de violencia inútil. Y hace añicos los "simbo/os del bienestar material del que se siente
prisionero.
"Hay

que tener la valentla de indagar y de decir el porqué».
JUAN PABLÓ 11: Alocución a los estudiantes
con motivo de celebrarse el XXIII Congreso
organizado por el Instituto de Cooperación Uni­
:versitaria (ICU) del «Opus Dei» el 14 de abril
de 1981.
L'Osservatore Rómano, edición sema­
nal en lengua espafíola, afio XIII; núm. 17
(643), domingo 26 de abril de 1981.
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