Índice de contenidos
Número 285-286
Serie XXIX
- Textos Pontificios
-
Actas
-
Origen y fundamento del poder y de la autoridad
-
La visión del poder en las comedias de Lope de Vega
-
El poder: del narcisismo a la violencia
-
Derecho y poder
-
El poder: uno o dividido. Sus limitaciones
-
Las limitaciones del poder
-
Poderes políticos y poderes sociales. Totalitarismo y distribución de poderes
-
El poder del Estado y la educación. Pluralismo y tolerancia en la educación
-
Poder político y poder económico
-
Los poderes fácticos en el interior del Estado actual
-
- Temas de actualidad
- Información bibliográfica
- Crónicas
Autores
1990
Homilía predicada en la Misa del día de San Fernando, 30 de mayo de 1990, por el reverendo P. Agustín Arredondo, S. J.
HOMILIA PREDICADA EN LA MISA DEL DIA DE SAN
FERNANDO,
30 DE MAYO DE 1990, POR EL REVERENDO
P. AGUSTIN ARRENDONDO,
S. J.
En el -transcurso dél año, la-'Ditalidad acostumbradamente callada e
inadvertida de
las reuniones semanales de los amigos de ta Ciudad
Católica, surge con especial brillantez, solemnidad y concu"encia de
los simpatizantes en esta
nuestra_ celebración anual. En toda obra, semefantes reuniones tienen intenso sentido social&,;
gico: porque con nuestra ·aflu'encia manifestamos de un modo especial
la satisfacción, no tan expresada habitualmente durante et año, por la
labor iniciada en su dta
y continuada luego con agrado y estima. Al
reconocer y aprobar todos, con nuestra asistencia, la obra de todos,
sentimos
aqui realizada la exclamación del Espiritu Santo en el Sal
mo CXXXII: «Qué hermoso es y qué placentero que con'Di
manos en unidad».
Y en reunión como la nuestra. no podta faltar_ la nota religiosa. ¡Si
es ex-tender el Reino de Dios lo que pretendemos/ Y es la fiesta de
nuestro Patrono lo que hoy nos
reUne. El altar de Dios tenia forzosa
mente que ser nuestro punto de cita para comunicar al
Altísimo nues
tro
gozo, agradecérselo como a causa primera de nuestra tabor, y sacar
del contacto con Et el alien.to, el espíritu y la fuerza que nos sosten
gan en esta
línea que presumimos por Et trazada. Las lecturas que hemos oído y la e'Oocación de la 'Dida de nuestro
santo
Rey nos ayuden a ellQ.
Las dos despedidas bíblicas, la de San Pablo ante aquella 'tan que
rida
comunidad de Mileto, y ta de Cristo entre los su'jos momentos
antes
de rematar su 'Dida mortal, contienen ideas algo afines, afectadas
enfáticamente por la excepcional emoción
tancias.
«Os de;o en manos de Dios y de su palabra», dice Pablo; «yo les
he dado tu palabra», dice Cristo a su Padre. Y esa palabra «que es
gracia»,
mediante la cual «tiene Dios poder para construirnos» hacién
donos «ser uno», es lo que ante todo nos atrae en ta edificación de la
Ciudad Católica en orden a entregarnos, dedicarnos
y «consagrarnos
en la
al dar cuenta al presidente Pilato del sentido de su 'Dida entre noso
tros, te dirá que es a dar testimonio de la 'Derdad a lo que había 'De
nido al mundo.
Viene a propósito de la realeza que para Si afirma, esta manifesta
ción de lo que significa para Cristo la
verdad. Y también et Rey Fer
nando,
aún más del otro, toma ta guarda de ta
verdad y ta consiguiente de
fensa de ta fe como capitulo primero de toda su gesta militar y de
todo su gobierno pacífico.
Según sus mismas palabras, es la propagación y la defensa de la
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Fundaci\363n Speiro
FESTIVÍDAD DE SAN FERNANDO 1990-
fe lo. que le lll!'Ua a la guerra, que consiguientemente nUnca· declarará
a
príncipe alguno que fuere ctisUano .. y es la promoción de la· 'Dida
cristiana _lo que le hace restuarar las diócesis reconquistadas de Mur
cia, Andalucia y Extremadura, lo que le hace fundar la unif,ersidad
de Satanianca y emprende, la construcción de las catedrales de Osma,
Palencia, León, Bu,gos
y Toledo.
Pero et testimonio de esa
'Derdad una 'Oez conocida, está en las
obras. Así lo mostró Jesucristo; y Pablo también; y et Rey Fernando
también. Y esa 'Derdad que hace una cosa con Cristo a los que ta
aceptan, tiene
lilego <0ariadas aplicaciones conCt'etas según tas 'Darlas
circunstancias que a cada uno le ha tocado <0i'Oir.
Cristo nos habla de haber hecho siempre la Voluntad de su Padre;
de
que. la luz. que seamos nosotros ilumine nuestras buenas obras, con
ias cuales se cuenta; de que ta luz que es El evite que se pierdan en
tas tinieblas nuestros pasos, que también se presuponen;
y que 'Di'Dien
do en et mundo odiados por _el mundo sean guardados del mal; dice,
en fin, «Yo me consagro», como 'DÍctima redentora, que lleva hasta sus
últimas consecuencias ta obediencia a su Padre
y la sal'Dación del
mundo.
Pablo,
po, su pa,te,, quiere a sus disciputos pastores de un rebaño,
y no sólo maestros de una escueta. Hay _que 'Digilar, porque cuando
él los
deje surgirán «lobos feroces qtie incluso arrastrarán a los ·dis
cípulos». «Durante tres años» los atendió con todo cuidado, al tiempo
que «sus manos trabaiaban p·ara ganar to necesario para sí y los su
yos, y. para SocQ1'1et" a los necesitados».
Y. et Rey de Castilla Y León muere· extenuado- a tos cincuenta y
cuatro años, proyectando Continua, sui conquistas· allende el Estrecho
de Gibraltar, después de una 'Dida de eficaz e intenso trabaiá tanto en
ta guerra como en ta paz. Dan
fe de lo primero las ciudades conquis
tadas de Murcia
y· Jaén~ de Córdoba, .Mérida y SC'Vitla. Y de su gobier
no en tiempo de paz, ta humanidad y prudencia de sus medidas de
gobierno, el
culti'Oo de tas artes y 'las tetras, ta oficiatización del Cas
teltano, que sustituyó al latín en aquellos años, et poner en marcha
el código furídico de las Partidas que habría luego de redactar su
hi;o
et Rey Sabio; y ta misma destre.za co_n que se 'Dalló de personas rete
'Oantes cuyos ·consefos adoptaba en sus resoluciones.
Así crea
ta· armada de Castitla, capaz ·ae ir por el rio hasta Se
'Dilta, merced a ta pericia del almirante Bonifaz. Repetidamente se
aconse;a asimismo de tas opiniones del arzobispo Rodrigo Jiménez
de Rada.
Y con'Oive sobre todo con su a'Disada madre Berenguela, 'Va
liosa _provisora de ta administración mient1'as at Rey le absorbian tos
quehaceres bélicos.
·
A su madre le debla Fernando ta corona de Castitla y de León. Se
paráda de Alfonso IX c:le León tras la declaración de nulidad de su
matrimonio
por el estrecho parentesco de ainbos, y después de ta legi~
gitimación de su hi¡o Femando por et papa Inocencia 111, muere En
rique 1, hi¡o del Alfonso de las NO'Das de Totosa, y recayendo et de
recho de sucesión sobre ta también hija de éste, Berengueta, apresura
etta su in'Oestidura real, para trasladar pocos meses después su corona
a ta cabeza de Femando.
Así. frustró las temidas aspiraciones del Rey de León sobre et trono
de Castitla; y muerto éste _ después de habe, desheredado a Femando
para que no te sucediera en León, a Berenguela te toca también ges
tionar con la 'Diuda de Alfonso" Teresa de -Portugal, que ta corona de
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Fundaci\363n Speiro
FESTIVIDAD DE SAN FERNANDO 1990
León 'Denga al fin sobre tas ,sienes de Fernando, por convenirlo así tas
dos reinas madres, a cambio de
una suma de dinero que periódica
mente libraría Fernando en fa'Dor de tas dos infantas hi;as de Alfonso
y Teresa. Se unen así, decisivamente, . en uno tos reinos de Castilla y
León por la habilidad de aque11a mujer cuyos consejos oia con interés
el
Rey, a decir del hi;o de éste, Alfomo et Sabio.
Obras, inspiradas en certeros principios. La Ciudad Católica no pien·
sa en ta técnica. de ta guerra, ni en ejercer la acción política directa
mente,
ni et gobierno y administración concreta de ta sociedad. No
está hecha para imitar en eso a aquel
Femando,
ni para convertir a
sus miembros en tos fernandos
modernos que tanta falta hacen. Su ca
risma es prooeer a sus adictos de ta sana estructura teórica que pre·
para al católico español para toda acción social_ que cada uno después
afronte por su cuenta en la familia,
en la profesión, en la vida ciuda·
dana o en
et mundo de la potitica. No rehúye los comentarios sobre
hechos que la
'Dida social ofrece y puedan, y deban, ser valorados a
ta luz de su ideario,·-y éste,
mediante la lectura, et estudio, la enseñan
za y la difusión editorial, es lo que propaga en un mundo que, aun sin
saberlo, vi'De rabiosamente sediento de estas normas y principios.
Finalmente, las últimas palabras de Pablo
en aquella despedida
constituyen toda
una cla,z,e áe soluciones en ta vida social. También
es palabra
de Cristo, referida por Pablo, y ,z,i,z,ida por ambos, y por
el santo Rey.
Cristó enuncia en el monte ocho. biena,z,enturanzas. Que no son las
únicas. El
mismo nos to enseña, señalando al menos otras dos en di·
'Dersas ocasiones. A aquella mu;er entusiasta en ta alabanza a la Ma
dre -de Jesús. le dice: Más bien biena'Denturado el que oye la palabra
de Dios y la practica. Igualmente dirá a Tomás que se había mostrado
tardo
en creer: Biena'Venturados los que creyeren sin haber visto. Y
la biena,z,enturanza que ahora nos ocupa es también dicha por Jesús,
aunque no consta en tos E'Dangelios. Escritos hay también no conteni
dos· en ta Biblia, que atribuyen unas y otras enseñanzas al Señor.
Pero ahora es San Pablo, y Pablo sí es Biblia, quien nos
ha deiado,
«tas palabras del Señor Jesús: Más ,z,aJe dar que recibir. Más dichoso
es
et que da que el que recibe».
Cristo
y su Apóstol Pablo dieron de ,z,erdad. Al.go grande tenía que
ser
el sonido de esa máxima en el corazón de Pablo, que recuerda en
aquella última
enseñanza el socorro con que había que atender a los
necesitados.
También Femando dedica
su 'Vida a dar: y da su sonrisa bonda
dosa; y da sus
deS'Delos por ta recta gobernación de sus reinos; y da
su misericordia con tos prisioneros
y los necesitados; y da dando a
Dios su mayor
set"Dicio y reconocimiento en ,z,ida, honrando de modo
insigne a la Reina del Cielo, Santa Maria, y ce"ando su existencia
mortal con aquel acto
humilde y encendido de su última comunión en
et umbral de la eternidad.
Los que
creemos en que ese dar más que recibir es salida automá·
tica de cualquier erial en que en to social nos encontremos, nos he
mos reunido aquí para. dar lo más que tenemos y que apreciamos, re-
cibido de Dios para que podamos dárselo. El reciba para su gloria en
acción de gracias este sacrificio eucaristico,
y nos conceda en retorno
todo género
de bendiciones para seguir nuestro camino, dando con
éxito; y que, a
e;emplo de nuestro Patrono San Femando, sea cuan
grande nuestra eficacia
en la construcción de la Ciudad Católica.
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FERNANDO,
30 DE MAYO DE 1990, POR EL REVERENDO
P. AGUSTIN ARRENDONDO,
S. J.
En el -transcurso dél año, la-'Ditalidad acostumbradamente callada e
inadvertida de
las reuniones semanales de los amigos de ta Ciudad
Católica, surge con especial brillantez, solemnidad y concu"encia de
los simpatizantes en esta
nuestra_ celebración anual. En toda obra, semefantes reuniones tienen intenso sentido social&,;
gico: porque con nuestra ·aflu'encia manifestamos de un modo especial
la satisfacción, no tan expresada habitualmente durante et año, por la
labor iniciada en su dta
y continuada luego con agrado y estima. Al
reconocer y aprobar todos, con nuestra asistencia, la obra de todos,
sentimos
aqui realizada la exclamación del Espiritu Santo en el Sal
mo CXXXII: «Qué hermoso es y qué placentero que con'Di
Y en reunión como la nuestra. no podta faltar_ la nota religiosa. ¡Si
es ex-tender el Reino de Dios lo que pretendemos/ Y es la fiesta de
nuestro Patrono lo que hoy nos
reUne. El altar de Dios tenia forzosa
mente que ser nuestro punto de cita para comunicar al
Altísimo nues
tro
gozo, agradecérselo como a causa primera de nuestra tabor, y sacar
del contacto con Et el alien.to, el espíritu y la fuerza que nos sosten
gan en esta
línea que presumimos por Et trazada. Las lecturas que hemos oído y la e'Oocación de la 'Dida de nuestro
santo
Rey nos ayuden a ellQ.
Las dos despedidas bíblicas, la de San Pablo ante aquella 'tan que
rida
comunidad de Mileto, y ta de Cristo entre los su'jos momentos
antes
de rematar su 'Dida mortal, contienen ideas algo afines, afectadas
enfáticamente por la excepcional emoción
«Os de;o en manos de Dios y de su palabra», dice Pablo; «yo les
he dado tu palabra», dice Cristo a su Padre. Y esa palabra «que es
gracia»,
mediante la cual «tiene Dios poder para construirnos» hacién
donos «ser uno», es lo que ante todo nos atrae en ta edificación de la
Ciudad Católica en orden a entregarnos, dedicarnos
y «consagrarnos
en la
tros, te dirá que es a dar testimonio de la 'Derdad a lo que había 'De
nido al mundo.
Viene a propósito de la realeza que para Si afirma, esta manifesta
ción de lo que significa para Cristo la
verdad. Y también et Rey Fer
nando,
verdad y ta consiguiente de
fensa de ta fe como capitulo primero de toda su gesta militar y de
todo su gobierno pacífico.
Según sus mismas palabras, es la propagación y la defensa de la
902
Fundaci\363n Speiro
FESTIVÍDAD DE SAN FERNANDO 1990-
fe lo. que le lll!'Ua a la guerra, que consiguientemente nUnca· declarará
a
príncipe alguno que fuere ctisUano .. y es la promoción de la· 'Dida
cristiana _lo que le hace restuarar las diócesis reconquistadas de Mur
cia, Andalucia y Extremadura, lo que le hace fundar la unif,ersidad
de Satanianca y emprende, la construcción de las catedrales de Osma,
Palencia, León, Bu,gos
y Toledo.
Pero et testimonio de esa
'Derdad una 'Oez conocida, está en las
obras. Así lo mostró Jesucristo; y Pablo también; y et Rey Fernando
también. Y esa 'Derdad que hace una cosa con Cristo a los que ta
aceptan, tiene
lilego <0ariadas aplicaciones conCt'etas según tas 'Darlas
circunstancias que a cada uno le ha tocado <0i'Oir.
Cristo nos habla de haber hecho siempre la Voluntad de su Padre;
de
que. la luz. que seamos nosotros ilumine nuestras buenas obras, con
ias cuales se cuenta; de que ta luz que es El evite que se pierdan en
tas tinieblas nuestros pasos, que también se presuponen;
y que 'Di'Dien
do en et mundo odiados por _el mundo sean guardados del mal; dice,
en fin, «Yo me consagro», como 'DÍctima redentora, que lleva hasta sus
últimas consecuencias ta obediencia a su Padre
y la sal'Dación del
mundo.
Pablo,
po, su pa,te,, quiere a sus disciputos pastores de un rebaño,
y no sólo maestros de una escueta. Hay _que 'Digilar, porque cuando
él los
deje surgirán «lobos feroces qtie incluso arrastrarán a los ·dis
cípulos». «Durante tres años» los atendió con todo cuidado, al tiempo
que «sus manos trabaiaban p·ara ganar to necesario para sí y los su
yos, y. para SocQ1'1et" a los necesitados».
Y. et Rey de Castilla Y León muere· extenuado- a tos cincuenta y
cuatro años, proyectando Continua, sui conquistas· allende el Estrecho
de Gibraltar, después de una 'Dida de eficaz e intenso trabaiá tanto en
ta guerra como en ta paz. Dan
fe de lo primero las ciudades conquis
tadas de Murcia
y· Jaén~ de Córdoba, .Mérida y SC'Vitla. Y de su gobier
no en tiempo de paz, ta humanidad y prudencia de sus medidas de
gobierno, el
culti'Oo de tas artes y 'las tetras, ta oficiatización del Cas
teltano, que sustituyó al latín en aquellos años, et poner en marcha
el código furídico de las Partidas que habría luego de redactar su
hi;o
et Rey Sabio; y ta misma destre.za co_n que se 'Dalló de personas rete
'Oantes cuyos ·consefos adoptaba en sus resoluciones.
Así crea
ta· armada de Castitla, capaz ·ae ir por el rio hasta Se
'Dilta, merced a ta pericia del almirante Bonifaz. Repetidamente se
aconse;a asimismo de tas opiniones del arzobispo Rodrigo Jiménez
de Rada.
Y con'Oive sobre todo con su a'Disada madre Berenguela, 'Va
liosa _provisora de ta administración mient1'as at Rey le absorbian tos
quehaceres bélicos.
·
A su madre le debla Fernando ta corona de Castitla y de León. Se
paráda de Alfonso IX c:le León tras la declaración de nulidad de su
matrimonio
por el estrecho parentesco de ainbos, y después de ta legi~
gitimación de su hi¡o Femando por et papa Inocencia 111, muere En
rique 1, hi¡o del Alfonso de las NO'Das de Totosa, y recayendo et de
recho de sucesión sobre ta también hija de éste, Berengueta, apresura
etta su in'Oestidura real, para trasladar pocos meses después su corona
a ta cabeza de Femando.
Así. frustró las temidas aspiraciones del Rey de León sobre et trono
de Castitla; y muerto éste _ después de habe, desheredado a Femando
para que no te sucediera en León, a Berenguela te toca también ges
tionar con la 'Diuda de Alfonso" Teresa de -Portugal, que ta corona de
903
Fundaci\363n Speiro
FESTIVIDAD DE SAN FERNANDO 1990
León 'Denga al fin sobre tas ,sienes de Fernando, por convenirlo así tas
dos reinas madres, a cambio de
una suma de dinero que periódica
mente libraría Fernando en fa'Dor de tas dos infantas hi;as de Alfonso
y Teresa. Se unen así, decisivamente, . en uno tos reinos de Castilla y
León por la habilidad de aque11a mujer cuyos consejos oia con interés
el
Rey, a decir del hi;o de éste, Alfomo et Sabio.
Obras, inspiradas en certeros principios. La Ciudad Católica no pien·
sa en ta técnica. de ta guerra, ni en ejercer la acción política directa
mente,
ni et gobierno y administración concreta de ta sociedad. No
está hecha para imitar en eso a aquel
Femando,
ni para convertir a
sus miembros en tos fernandos
modernos que tanta falta hacen. Su ca
risma es prooeer a sus adictos de ta sana estructura teórica que pre·
para al católico español para toda acción social_ que cada uno después
afronte por su cuenta en la familia,
en la profesión, en la vida ciuda·
dana o en
et mundo de la potitica. No rehúye los comentarios sobre
hechos que la
'Dida social ofrece y puedan, y deban, ser valorados a
ta luz de su ideario,·-y éste,
mediante la lectura, et estudio, la enseñan
za y la difusión editorial, es lo que propaga en un mundo que, aun sin
saberlo, vi'De rabiosamente sediento de estas normas y principios.
Finalmente, las últimas palabras de Pablo
en aquella despedida
constituyen toda
una cla,z,e áe soluciones en ta vida social. También
es palabra
de Cristo, referida por Pablo, y ,z,i,z,ida por ambos, y por
el santo Rey.
Cristó enuncia en el monte ocho. biena,z,enturanzas. Que no son las
únicas. El
mismo nos to enseña, señalando al menos otras dos en di·
'Dersas ocasiones. A aquella mu;er entusiasta en ta alabanza a la Ma
dre -de Jesús. le dice: Más bien biena'Denturado el que oye la palabra
de Dios y la practica. Igualmente dirá a Tomás que se había mostrado
tardo
en creer: Biena'Venturados los que creyeren sin haber visto. Y
la biena,z,enturanza que ahora nos ocupa es también dicha por Jesús,
aunque no consta en tos E'Dangelios. Escritos hay también no conteni
dos· en ta Biblia, que atribuyen unas y otras enseñanzas al Señor.
Pero ahora es San Pablo, y Pablo sí es Biblia, quien nos
ha deiado,
«tas palabras del Señor Jesús: Más ,z,aJe dar que recibir. Más dichoso
es
et que da que el que recibe».
Cristo
y su Apóstol Pablo dieron de ,z,erdad. Al.go grande tenía que
ser
el sonido de esa máxima en el corazón de Pablo, que recuerda en
aquella última
enseñanza el socorro con que había que atender a los
necesitados.
También Femando dedica
su 'Vida a dar: y da su sonrisa bonda
dosa; y da sus
deS'Delos por ta recta gobernación de sus reinos; y da
su misericordia con tos prisioneros
y los necesitados; y da dando a
Dios su mayor
set"Dicio y reconocimiento en ,z,ida, honrando de modo
insigne a la Reina del Cielo, Santa Maria, y ce"ando su existencia
mortal con aquel acto
humilde y encendido de su última comunión en
et umbral de la eternidad.
Los que
creemos en que ese dar más que recibir es salida automá·
tica de cualquier erial en que en to social nos encontremos, nos he
mos reunido aquí para. dar lo más que tenemos y que apreciamos, re-
cibido de Dios para que podamos dárselo. El reciba para su gloria en
acción de gracias este sacrificio eucaristico,
y nos conceda en retorno
todo género
de bendiciones para seguir nuestro camino, dando con
éxito; y que, a
e;emplo de nuestro Patrono San Femando, sea cuan
grande nuestra eficacia
en la construcción de la Ciudad Católica.
904
Fundaci\363n Speiro