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Número 305-306

Serie XXXI

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José Pedro Galvão de Sousa, filósofo del derecho y iuspublicista

IN MEMORIAM: JOSE PEDRO GALVAO DE SOUSA
JOSE PEDRO GALVAO DE SOUSA, FILOSOFO
DEL DERECHO Y IUSPUBLICISTA
POR
MIGUEL Aroso
Con la muerte de José Pedro Galviio de Sousa pierde esta
revista, sin
el meuor género de duda, uno de sus colaboradores
más sólidos
y beneméritos. Estanislao Canterd y Juan Vallet de
Goytisolo lo
han explicado doloridamente en las páginas si­
guientes desde prismas complementarios. Cdn idéntico sentimieu­
to voy a tratar de mostrar en las próximas que es el pensamiento
traclicidnal eu su más amplia acepción el que sufre -y perdón
por lo que la frase pueda tener de
tópico--una irreparable pér­
dida. Porque José Pedro Galvao hizo del derecho natural en su
versión clásica y de la tradición hispana los ejes de su fecunda
actividad intelectual. Consagrándose, además, en
el terreno prác­
tico, a adelantar los movimientos eu que aquellos
-derechd na­
tural
y tradición hispánica-han cuajado eu nuestros días. Por
eso,
el recuento de sus fidelidades no debe terminar con la evo­
cación de sus colaboraciones en Verbo, en las reuniones de ami­
gds de la Ciudad Católica o en los congresos de Laussane ; exi­
giendo la comprensión global de su figura la explanación de otras
de las empresas en que
se afan6.
En este sentido,
y para empezar, resulta inexcusable la cita
de Francisco
Ellas de Tejada, compadre y conmilitón -incluso
también en estas páginas-del inolvidable amigo brasileño ahora
fallecido, precisamente eu un estudio
póstumo publicado en Verbo
bajd la rúbrica de «José Pedro Galvao de Sonsa en la cultura
Verbo, núm. 305-306 (1992), 529-540 529
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MIGUEL A YUSO
brasileña». En las primeras páginas del mismo estampa Elías de
Tejada juicios tan contundentes como los que a continuación
re­
produzco: « ... aparece con enérgico vigor presente la señera figu­
ra de José Pedro Galviio de Sousa, en cuya
personalidad hay que
distinguir dos rasgos: el primero, la valía del pensador y del ju­
rista; el segundo, su extraordinaria
significación de abanderado
de la Tradición en uno
de los momentos más difíciles de la tra­
yectoria brasileña, en
los tristes tiempos que corren en esta se­
gunda mitad del siglo xx». «Al lado de la egregia significación
de
sus estudios y de su talento, habrá de tenerse en cuenta lo que
sus saberes y esfue1:2os significan dentro del marco de su pueblo.
En un Brasil tenazmente empeñado en copiar fórmulas extrañas,
Galviio
de Sousa encarna la concepción brasileña del Brasil ; en
un Brasil que
es campo donde pelean la guerra de la autenticidad
nacional los dos ejércitos de los imitadores simiescos y de los
verdaderos brasileños,
Galviid de Sousa alza en su estandarte la
cifra de las esencias brasileñas ; en un Brasil que muchos preten­
den destruir
.al .servicio, sin duda las más de las veces inconscien­
tes,
de los imperialismos culturales extraños, Galviio de Sousa es
el
campeón mayor. de la línea exacta. de la continuidad que pro­
longa la entraña. espiritual del Brasil fundacional». «Los hombres
son
mirados. en la perspectiva de la posteridad; en una posteridad
en la cual este José Pedro Galviio de Sousa, herido de injusticias
y silencios, habrá de ser
tenido por aquello que de. veras es: la
encarnación de la Tradición brasileña en un Brasil que pugna por
encontrarse a sí mismo, superando las extranjerizaciones de la
moda pasajera en
el hallazgo de la verdad íntima que es su propia
Tradición» ( 1
). .
Los anteriores juicios del también . inolvidable Elías de Teja­
da nada tienen
de excesivo. Por el contrario, se esculpen en el
pórtico de un ensayo en el que luego desgrana, con la portentosa
erudición que le caracterizaba, referencias y citas que lo aquila-
(1) FRANCISCO ELÍAS DE TEJA.DA~ «José Pedro Galvao de Sousa y la
cultura brasilefia», Verbo (Madrid), núm. 221-222 (1984), págs. 49·88, 51,
52 y 53. El te:x:tó; inédito a la mtÍerte de su autor, -está datado en Sevilh!
en el año de 1977.
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GALVÁO DE SOUSA, FILOSOFO DEL DERECHO Y IUSPUBLICISTA.
tan cumplidamente. Así, encontramos _en Galv.íío una síntesis ma­
gistral de la esencia del Brasil en. la que se conjugan el primado
de
la fe, el alcance misioneto de la hazaña fundadora, la iden­
tificación de la
Tradici9n brasileña con el catolicismo tridentino
y la concepción del .Brasil como asimilación civilizadora .de
las razas
culturalmente . .inf,eriores: .«La civilización traída por es­
pañoles y portugueses al wntinente americano se afirmó aquí mo­
delando la mentalidad y las formas sociales de las naciones cons­
tituidas por la alianza étnica entre los pobladores y los aborí¡ie­
nes. Teniendo un sentido misionero --,-"dilatación de la Fe y del
Imperio" -desde luego que comenzó a diferenciarse del tipo
de
cultura implantado en el norte por los ingleses. Mientras que
éstos eliminaban o combatían. a los ocupantes primitivos del suelo,
y más tarde mantenían segregados a los negros venidos de Africa,
los portugueses y españoles realizaban una obra de asimilación
racial que había
. de preparar la aparición, en América, de la raza
cósmica, al decir del pensador mexicano Jdsé Vasconcelos, o de
la síntesis viviente, según la expresión del eminente peruano
Víc­
tor Andrés Belaunde» (2). Juicio superador, como no escapó a
Elías, de la descripción
como mezcla culturalista sin matices de
un Fetnando
de Azevedo, y en la línea del mejor Gilberto Freyre,
en cuanto que destaca el sedimento histórico según un detetmi­
nadd
ordo bonorum (3 ).
Ese elemento jetarquizador de los varios y en cierto modo
magmáricos ingredientes culturales que forman el Brasil no puede
ser otro que la continuidad de Portugal, en una prolongación vir­
tual del mundo ibérico -según la conocida. tesis de Costa Pl
to,
desenvuelta magistralmente por nuestro autor-, continuidad de
Portugal viven ciada en el conjunto de los pueblos hispánicos:
«Galvíío de Sousa aborda positivamente la cuestión pata encontrar
en las instituciones brasileñas
la huella del espíritu de libertades
cdncretas, característico del pensamiento político hispánico frente
a los excesos tiránicos o anárquicos engendrados en Europa por
(2) JoSÉ PEDRO GALvAo DE SousA, Rahes históricas da crise politica
brasileira, Petr6polis, 1965, pág. 69.
(3) Cfr. FRANCISCO Ez.íAs DE TEJADA, loe. cit., págs; 53-56.
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MIGUEL-AYUSO
la herejía protestante» ( 4 ). Afirmación que abre el camino a la
integración de
la tradición brasileña, a fuer de continuadora de
la portuguesa, en el
c&rpus mysticum de las Españas: «Mérito
insigne de
Galvao de Sousa es haber mirado la evolución del
Brasil, desde sus mismos orígenes hasta nuestros días, integrada
en la historia total de los pueblos
hispánicos, señalando siempre
el patalelo que entre ellos existe ( ... ), volviendo a la terminología
clásicamente camoneana para discernir entre lo que
se llama hoy
España, enteco puñado de países adormecidos en el regazo terre·
na! ibérico, y lci que se dijeron las Españas en los tiempos en que
el Brasil nació» (5).
Por eso, José Pedro
Galvao de Sousa se constituye en uno
de los paladines del tradicionalismo hispánico ( 6
), iniciando una
labor cultural y
política· común con lds correligionarios del otro
lado del
Atlántico sin· tener en cuenta las actuales fronteras de
los Estados modernos. Especialmente es Francisco Elías de Te­
jada con quien se une en la defensa de los mismos principios.
(4) Id., loe. cit., págs. 56-57. Recuerda Ellas de Tejada que las liber­
tades concretas de la tradición hispánica anclaban en la. autonomía de los
municipios, por
lo que tiene esp~ significación el estudio que Galvao
hace de SU prolongación en el cabildo brasileño. Cfr. JosÉ PEDRO GALvAo
DE SoúsA, Política ·e Teoria dO Estado, Sao Paulo, 1957, págs. 1940; In~
trodUfao a hist6ria do direito político brasileiro, 2.ª edición, Sao Paulo,
1962, págs. 41-42.
(5) FRANCISCO ELÍAS DE TEJADA, loe. cit., pág. 57.
(6) Es conocida la distinción, debida a Elías de Tejada, entre un tra~
dicionalismo hispánico y otro eutopeo, de 'diferentes _ contexturas y con
notables diferencias en algunos ])untos. Cfr., por ejemplo, su formulación
en Joseph de Maistre··en España, Madrid, 1983, pág. 21. Otros autores de
la
escuela tradicionalista, -como Francisco Canals, han aceptado la caracte­
rizaci6n de Ellas. Cfr., a este xespecto, el prólogo al libro de JosÉ MARÍA
A.LsmA, El tradicionalismo filosófico en España. Su génesis a. través de la
generación. romántica c_atal~na, Barcelona, 1985, págs .. XI y sigs. Así las cosas,
no hay duda de la inclusión de Galvao dentro del tradicionalismo hispá­
nico, a -pesar de su · mayor sincretismo, evidenciado a la hora: · de -utilizar
fuentes maurrasianas, etc. Otro gran escritor brasileño, fallecido en 1978,
y répreseritante de lós más distinguidos· del pensamiento tradiciOnal, GU&­
tavo Cor-tao, en cambio, muestra una formación más francesa y europea, en
contraste con-la raigambre inequívocamente hispánica de José Pedro Gálviio.
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GALV.lO DE SOUSA, FILOSOFO DEL DERECHO Y IUSPUBLICISTA
Desde finales de los años cuarenta viene su relaci6n con el polí­
grafo madrileño
de origen extremeño, una relaci6n.a la que s6lo
la muerte prematura de éste puso obligado epílogo. Y, así, le
encontramos viajando
por tierras castellanas y leonesas en su com,
pañía
en 1948 ; y les vemos fundando juntos la revista hispano­
brasileña
Reconquista en los años cincuenta; y de igual modo
podemos hallar al profesor
de Sao Paulo en las más diversas
iniciativas
de su fraternal amigo: ya estrictamente carlistas, como
los importantes Congresos
de Estudios Tradicionalistas de 1964
y 1968, o como el Centro de Estudios Hist6ricos y
Políticos «Ge­
neral Zumalacárregui» e incluso
la redacci6n de la obra colectiva.
¿Qué es el carlismo?; ya en trabajos de índole jurídica y cultu­
ral,
como la Asociaci6n de Iusnaturalistas Hispánicos «Feli­
pe
II» (7).
Y
la colaboraci6n trasciende lo puramente formal, para alcan­
zar la orientaci6n
de los contenic!os y __ aun las propias temáticas.
Veamos, a título
de ejemplo, c6mo ilustri, la oposici6n -tan ca­
racterística en Elías de_ Tejada-entre Europa y la Cristiandad,
rastreando su reflejo también en América:
«Ld que recibimos,
con la colonizaci6n, tanto en Brasil como
en la América española,
fue el espíritu cat61ico medieval, mientras que los ingleses llevas
ron al norte el fermento protestante, naturalista y mercantilista,
que
habría de engendrar un tipo de formaci6n social opuesto al
nuestro. Catolicismo y protestantismo, Edad Media
y Renacimien-
(7) En la obra excepcional de MANUEL DE SANTA CRUZ, Apuntes ·y
documentos para la historia del tradiciOntiliSmo español (1939-1966), en
veintiocho tomos, algunos de varios-volúmenes, editados entre 1979 y 1991,
hay frecuentes menciones a
Galviio de Sousa: su amistad con -Elías de Te­
jada, su participaci6n en actividades carlistas·, la época de Reconquista, etc.,
van apareciendo al
hilo de la narración prueba palpable de la importan­
cia del amigo brasileño. En cuanto a su participación en la redacción de
¿Qué es el carlismo?, Madrid, 1971~ 206 págs., deja constancia de ella -en­
tre otras muchas-Francisco Puy en el prólogo. Finalmente, su interven­
ción en la Asociación de lusnaturalistas Hispánicos «Felipe 11», fue origi­
naria, ya que· fue nno de los promotores, siempre bajo el impulso de Elías
de Tejada, junto con el chileno Gonzalo Ibáñez, el norteamericano Frederick
Wilhelmsen
y los españoles Garcfá de "la Concha, Puy y Balbino Rubio.
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MIGUEL -A YUSO
to, marcan las antítesis entre la América hispana y la América
anglosajona. Esta dualidad, a su vez, corresponde
al antagonismo
bien saliente que
. se da entre el mundo europeo moderno y el
mundo ibérico a
partir del siglo XVI. Cuando la unidad cultural de
Europa fue quebrada por el protestantismo, en
la misma época
en que el humanismo naturalista del Renacimiento infectaba a
las minorías letradas del
paganismo de la cultura antigua, vimos
en España y Portugal salvarse aquella unidad,
gracias a la poli­
tica de sus reyes, en defensa de la fe, y tebrotar la escolástica
medieval en
el "Siglo de Oro" hispánico, con sus grandes escri­
tores, filósofos y místicos» (8). O cómo describe -también de
modo coincidente con el maestro español ( 9 }-la quiebra de la
tradición brasileña con
el absolutismo borbónico, prolongada con
la subsiguiente europeización liberal (10).
Desde el siglo XVII --es la elocuente conclusión de Elías de
Tejada en el estudio que reiteradamente vengo siguiendo y citan­
de>-· «no ha engendrado el Brasil pensador tan brasileñamente
entrañado como José Pedro
Galviío. de Sonsa» {11). De modo
que
los Moraís Torres, Soriano de Sonsa, Maricá, Lipparoni o
incluso Faritas Brito no terminan de completar la trayectoria
in­
telectual que Galviío culmina luminosamente. Nadie, ni siquiera
(8). _JOSÉ PEDRO GALVÁO DE SouSA, Raizes hist6ricas da crise poUtica
brdsz1eira, cit., pág. ·70.
(9) Cfr. FRANCISCO ELiAS DE TEJADA, La monarquia tradicional, Madrid,
195_4, págs, 52 y sigs.; Histqria_de la literatura politica en las Españas, Ma­
drid, 1992, tomo I, págs. 25 y sigs. La descripción del proceso histórico
de pérdida de la tradición po,: las sucesivas europeizaciones, junto con _ el
propio. ent_endimiento de la tradición como causa de diferenciación de las
comunidades políticas, constituyen, sin duda alguna, las premisas generales
de toda la obra historiográfica de Ellas de Teja.da.
(10). _Cfr. Jos:é PEDRO GA:r..v.Ao DE SoU&,A, A historicidade' de direito
e a elaborafiio legislativa, Síío Paulo, 1970, págs. 51-56; también «El dere­
cho natural en el mundo .lusitano del siglo xx», en el volumen El derecho
natural hispánico, Madrid, 1973, págs ... 28J-323. Por referit:m:e a ensayos
puramente. doctrinales y ajenos· a debates politicos singulares.
(11) Cfr. FRANCISCO ELÍAS VE TuJAIJA, «José Pedro Galvíío de Sousa
en la cultura brasileña», loe cit., pág. 80_.
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GALVÁO DE SOUSA, FILOSOFO DEL DERECHO Y IUSPUBLICISTA
el gran Arlindo Vciga do Santos (12), puede comparársele. Por
eso, su nombre enlaza directamente con
el portugués de Antonio
Sardinha (
13 ).
Aparte este volver a atar el hilo roto de la ttadici6n perdida,
la personalidad de
Galvao adquiere singular relevancia al verter
esas intenciones recién apuntadas en los moldes de la iusfilosofía
y el derecho político. La sola enumeraci6n .de sus libros -con
exclusi6n de opúsculos y artículos de revista-sobre tales mate­
rias
es suficiente: O positivismo ¡uridico e o direito natural (14);
Pol!tica e Teoría do Estado (15); Perspectivas hist6ricas e socio­
l6gicas do direito hrasileiro
(16); Introdurao a hist6ria do direi­
to político brasileiro
(17); Socialismo e corporativismo em face
da enciclica «Mater et Magistra» ( 18); Raizes históricas da crise
política brasileira
(19); Capitalismo, socialismo e comunismo (20);
A historicidade do direito e a elaboraríío legislativa (21); Da re­
presentariío politica (22); A Constituiríío e os valores da naciona­
lidade
(23); O totalitarismo nas origens da moderna Teoría do
Estado. Um estudio sobre o «Defensor Pacis» de
Marsilio de Pá-
(12) Elías de Tejada, en las págs. 81 y 82 del ensayo que vengo si­
guiendo, traza la comparación entre V eiga do Santos y Galvao de Sousa.
Para un mayor conocimiento
de la figura del primero, véase el propio en­
sayo de ELiAs DE TEJADA; «Arlindo Veiga do Santos desde el tradicionalismo
castellano»,
Revista da Universidade Cat6lica da Sao Paulo, XVI, fase. 28
(1958), págs, 393400.
(13) Cfr. Josíi PEDRO GALVÁO DE SousA, «Antonio Sardinha e n6s»,
Reconquista (Madrid-Sao Paulo), III (1952), págs. 85-106.
(14)
In., Sao Paulo, 1940.
(15)
ID., Sao Paulo, 1957.
(16)
In., Sao Paulo, 1961.
(17)
In., Sao Paulo, 1962 (2.• edición).
(18)
ID., Petr6polis, 1963.
(19)
ID., Petr6polis, 1965.
(20) In.,
Sao Paulo, 1965.
(21)
In., Sao Paulo, 1970. Hay versi6n castellati.a de Juan Antonio
Sardina Páramo, Madrid, 1972.
(22)
In., Sao Paulo, 1971.
(23)
In., Sao Paulo, 1971.
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MIGUEL A YUSO
dua (24); O Estado tecnocrático (25); Inici(lfiio a Teoría do Es­
tado (26); Direito natural, direito positivo e Estado de Direi­
to (27).
Resumir ordenadamente las aportaciones que encierran todas
esas páginas excede con mucho de la finalidad de esta nota. Pero
nada le gustaría
más a quien la escribe que hallar en el futuro
aliento para
la tarea, pues son tantas las enseñanzas que escon­
den, sobre todo para una reorientación de los estudios de derecho
público reconciliada con el realismo filosófico que debe presidir­
los.
En este sentido, no son muchos los autores que han cultivado
esas disciplinas desde un tal ángulo,
lo que agranda más aún la
figura del catedrático brasilefio. Pues, prácticamente quedan re­
ducidos a don Enrique Gil y Robles en el siglo pasado y más
cerca de nuestros días al profesor francés Marcel de la Bigne de
Villeneuve (28).
(24) In., Sao Paulo, 1972.
(25)
In., Sao Paulo, 1973.
(26)
In., Siío Paulo, 1976.
(27) In., Siío Paulo, 1977.
(28) Nuestro querido. maestro EUGENIO VEGAS LATAPIB, en su._ libro
Romanticismo y democracia, Madrid, 1938, págs. 59 y sigs., ya pone el
nombre de La Bigne al lado del de Gil y Robles. Luego, pocas veces he
vuelto
a encontrar referencias al tratadista-de derecho político y teoría del
Estado de
la Universidad Cat6lica de Angers. A veces se cita su estudio
sobre
Blanc de Sait;tt Bonnet o su lucidísimo Satán dans le Cité, traducido
al castellano por . María Zamanillo. Jean Ousset cita varias veces sus
Principes de sociologie politique et statologie générale. Pero sólo José
Pedro
Galváo conocía cumplidamente los tomos del Traité générale de
l'Etat, L'activité étatique, La crise du sens commun dans les sciences so­
ciales o La fin du príncipe de séparation des pouvoirs. Por eso, y al disponer
el
redactor de esta nota de la mayor parte de tales libros, obsequio de
Eugenio Vegas,
en varias ocasiones requerí a José Pedro que escribiera
para Verbo un artículo sobre La Bigne. En su última visita a España me
confirmó que no había olvidado el encargo y que, tras terminar un Diccio­
nario de Política en el que estaba embarca.4o -con sus discípulos y colabo­
radores, escribiría el estudio. Temo que no lo haya hecho antes de su
fallecimiento.
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GALVÁO DE SOUSA, FILOSOFO DEL DERECHO Y IUSPUBLICISTA
Dejando al .margen sus aportes más .puramente filosófico-ju­
rídicos (la caracterización de las concepciones clásica y moderna
del derecho natural ; la elucidación
del derecho natural en su fun­
damentación trascendente y en su realización histórica a través
del derecho positivo; la incidencia del iusnaturalismo en la teoría
de las
fuentes del derecho, etc.), y centrándonos en los más pro­
pio de
su especiálidad iuspolítica, como botón de muestra, quiero
referirme especialmente a
su aproximación al Estado de Derecho
y a su visión de
la representación política.
En lo que hace al Estado de Derecho, le debemos a Galvao
una indagación sobre su verdadero sentido, que, tras analizar el
Estado de Derecho.kantiano,
la democracia de Weimar y el tota­
litarismo, concluye
en la afirmación de que sin derecho natural
no hay verdadero Estado de Derecho, debiendo trascenderse
-en
con.secuencia- el Estado de legalidad en un auténtico Estado de
justicia. Así, nuestro autor encuentra
que. el juego de las limita­
ciones del poder
se traduce:
a) En el reconocimiento de un concepto objetivo de justicia,
superior al Estado, y por encima de la voluntad del legislador,
que tanto excluye al principio
«quod principi placuit legis haber
vigorem» como su versión democrática que entiende la ley como
expresión
de la volonté générale.
b) En la aceptación de que el Estado está sometido al orden
jurídico, que impone sus reglas generales tanto a gobernantes
como a gobernados y que excluye el absolutismo del «prínceps
legibus solutus».
e) En suficientes garanúas para todos contra la arbitrariedad
del poder, y procedimientos adecuados para hacer efectiva la
res­
ponsabilidad de los· gobernantes por sus transgresiones del orden
jurídico, juzgadas por una magistratura independiente.
d) En la no confusión de la sociedad y el Estado que, al
elaborar sus leyes, debe respetar las ordenaciones jurídicas de los
cuerpos intermedios existentes, sin suprimir su justa autonomía
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MIGUEL A YUSO
y la del derecho históricamente constituido en la sociedad polí­
tica (29).
Este cuadro, en su cotejo con
la realidad actual, destaca un
entendimiento profundo de lo que puede
11.;,,arse el Estado de
Derecho, que
.se halla más cercano a los planteamientos medieva­
les de un Fortescue o Mieres que al régimen constitucional creado
por el racionalismo liberal (30).
En lo que se refiere a la· representación, son cinco los aspec­
tos fundamentales que aborda:
1) La representación de la sociedad política,
es decir: la re­
presentación «de» la sociedad «por» el poder, la representación
«de» la sociedad «ante» el poder
y la representación «de» la
sociedad «en» el poder ( desdoblándose esta última en la repre­
sentación del pueblo en
el Gobierno y en la representatividad
popular del Gobierno).
2)
La representación política en el «Estado de partidos» y
en la «sociedad de masas». Revisando las funciones de la repre­
sentación por cuerpos intermedios, por partidos políticos, por par­
tido
.único, por grupos .de presión y por corporaciones.
3)
La representación en relación con la autoridad, a propó­
sito de lo cual estudia las relaciones de las instituciones repre­
sentativas, el Gobierno
y el poder legislativo.
(29) Cfr. JosÉ PEDRO GALVAo D:E: SousA, Da representaráo politica,
cit., pág. 34 y sigs. TalD.bién-· O tbtalitaf'is~o nas origen~ da moder1ta Téoria
do Estado, cit., págs. 69 y sigs.; 108 y sigs.
(30) Tres maestros y amigos han realizado ese estudio, tan estrecha~
mente unido al planteamiento de Galvii:Cr ·de Sousa: Fr-áncisco Elias de Te­
jada, Frederick D, Wilhelmsen Y' Juan V,llet de Goytisolo. Cfr., sobre
Mieres, las páginas que le-dedica, FRANCISCO .JI!hs -DE ,TEJADA en la' .Historia
d;l pensamiento político catalán, tomo 1,_ Sevilla,. 1962, págs. 309 y sigs:
W1LHELMSEN-ha estudiado la figura de sir John Fortescue en un artículo
compilado en Christianity and P-0/itical Philosophy, Athens, 1978. En un
plano -más _general, JuAN V~T es _a~tor .de p!ÍgÍflas mu-y relevantes_ a este
respecto en «El Estado .de Derecho», Vérbo (Madrid), núm. 168 (1978),
págs. 1.035-1.059. . .
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GALVAO DE SOUSA, FILOSOFO DEL DERECHO Y IUSPUBUCISTA
4) La representación como· val0t simbólico que manifiesta
un orden de carácter trascedente.
5) La filosofía
de la historia . de las instituciones represen­
tativas, a
propósito de lo cual explaya muy interesantes conside­
raciones sobre su sentido en la vida politica (31 ).
Termino. En lo anterior no be querido. -no hubiera podi­
do-realizar un estudio de la obra iusfilos6fica y iuspolitica del
profesor
Galvao de Sousa. Simplemente he pretendido resaltar
la importancia de la misma desde
el ángulo del pensamiento tra­
dicional y
al objeto de evocar su figura para nuestros lectores.
José Pedro
Galvao, con ochenta años recién cumplidos, estaba en
plena actividad intelectual. En su última visita
a. España, en el
mes de diciembre pasado, tuve la fortuna de pasar con él, y con
su mujer Alexaodra, muchas horas: viajando juntos a Sevilla para
participar en la
Reunión de amigos de la Ciudacl Católica ; o asis­
tiendo a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación -de
la que era académico honorario y con la que se sentía por lo mis­
mo obligado: por eso, en un agradable almuerzo .con José Luis
de
los Mozos y José María Castán, le anunció a éste la remisión
de un artículo para los Anales de la Academia-o sofPrendiendd
por su jovialidad y claridad de ideas a mis alumnos de la Facultad
de Derecho de
la Universidad Pontificia Comillas, en una lección
magistral en todos los sentidos

de la palabra. Eramos muy
ami­
gos y conservo decenas de cartas suyas en las que siempre mos­
traba una sensibilidad exquisita. Siempre que requerí su colabo­
ración para varias obras colectivas la obtuve, junto con lo que es
más importante: su consejo. Tras ese último viaje a nuestra pa·
tria, al que acabo de referirme, estaba ilusionado con la posibilidad
de volver el año
próximo para participar en unas jornadas en ho­
nor de Elías de Tejada que anda preparando la Universidad Coro-
(31) Cfr. la reseña, muy aguda, que dedica al libro de Galvíio sobre
la representación, antes citado, el profesor FRANcrsco Puv en el volumen 18
del Anuario de Filosofía del Derecho~ correspondiente al año 1975, y que
se encuentra en las págs. 318-324.
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plutense de la mano de Angel Sánchez de la Torre y José ltur­
mendi. También, un grupo de amigos de ambos lados del Atlán­
tico, entre ellos varios
discípulos suyos, hablamos empezado a
acariciar la idea de ofrecerle unos estudios-homenaje. Clovis Lema,
en su última carta, me anunciaba al mismo tiempo la gravedad
de José Pedro y la culminación de una
biblidgrafia completa de
su obra para abrir el proyectado libro.
Me resulta extraordinariamente doloroso despedir al amigo y
maestro. De un tiempo a esta parte experimento con demasiada
frecuencia la sensación de que una generación portentosa, tam­
bién a
los efectos del pensamiento tradicional, se nos está yendo
a borbotones.
Son muchos· los amigos egtegios que nos han de­
jado, y no veo que los que venimos detrás estemos a su altura.
Como en
el Evangelio, habrá que pedir al Señor de la viña que
envíe muchos y buenos
operarios a una mies que por momentos
se hace
cada vez más difícil de trabajar. Si la esperanza escatoló­
gica nunca nos abandona, no es menos cietto que
se hace preciso
trabajar con generosidad para que en nuestro tiempo no
se pierda
la estela
de la tradición social, cultural y política de los pueblos
de las Españas. Descanse
en paz.
Fundaci\363n Speiro