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Número 339-340

Serie XXXIV

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La mujer en la familia y en la sociedad

LA MUJER EN LA FAMILIA Y EN LA SOCIEDAD
Las dimensiones y los valores fundamentales del hombre y la
mujer son comunes, pero adquieren düerente alcance, re­
sonancia y matices, diversidad que es fuent!'! de enriqueci­
miento y tiene el rasgo singular en la muj_er de· abrirse a
la maternidad no sólo física sino también afectiva · y espi­
ritual.
«En realidad, la mu;er tiene su 'genio', que tanto la sociedad
"como
la Iglesia necesitan de forma vital. Desde luego, no se
"trata de contraponer la mu¡er .al hombre, pues es emdente que
"las dimensiones y los valores fundamentales son comunes. Pero
"esas dimensiones y valores
adquieren en el hombre y en .la mu,
"ier alcance, resonancia 'y matices diversos, y precisamente esa
"diversidad es fuente de enriquecimiento.
»En
la Mulieris clignitatem puse de relieve un aspecto del 'ge­
"nio femenino' que quisiera subrayar ahora: la mu;er está dotada
"de una capacidad particular de acoger a la persona concreta ( cf.
"núm. 18). También este
rasgo singular suyo, que la abre a una
"maternidad no sólo fisica sino también afectiva y espiritual, es
"parte del plan de Dios, que ha confiado
el ser humano a fa mu­
"ier
de un modo muy particular (cf. ib., JO). Naturalmente, la
"muier, al igual que el hombre, debe vigilar para que su sensibi­
"lidad
no caiga en la tentación del egoismo posesivo, y para po­
nnerla al servicio de un amor auténtico. Con estas condiciones, la
"muier da sus frutos me¡ores, aportando en todas partes un toque
"de generosidad, ternura
y gusto por la vida».
JUAN PABLO II: Invitación de nuevo a todo
el mlindo a contribuir a la solución del conflic­
to en
Bosnia.Herzegovina. L'Osservatore Roma­
no, edición semanal en lengua española, año
XXVII, núm. 30 (1.387), 28 de julio de 1995.
Complementariedad y r·eciprocidad que caracteriza la relación
entre las personas
de dife1:ente sexo.
«En la página biblica de la creaci6n se lee que Dios, después
"de formar al hombre, se compadece de su soledad y decide darle
Verbo, núm. 339-340 (1995), 917-927 917
Fundaci\363n Speiro

"una ayuda semejante a él (cf. Gn 2, 18). Pero ninguna criatura
"es
capaz de colmar ese vacio. S6lo cuando se le presenta la mu­
"jer, sacada de su mismo cuerpo, el hombre ¡mede expresar su
"profundo y gozoso asombro, reconociéndola 'carne de su carne
"y hueso de sus huesos' (cf. Gn 2, 23). ·
»En
el sugestivo simbolismo de ese relato, la diferencia de
"sexos se interpreta en clave profundamente unitaria: se trata de
"un único ser humano, que existe en dos modos distintos y com­
'~plementarios, uno 'masculino' y· otro 'femenino'. Precisamente
''.por4ue la muier se diferencia del hombre, aunque colocándose
"a su mismo nivel, puede realmente servirle de ayuda. Por otra
"parte,
la ayuda no-es de ninguna manera unilateral: la mujer
"es 'ayuda' para el hombre, como el hombre es 'ayuda' para la
"mujer.
. . »Esa. complementariedad y reciprocidad se manifiesta en todos
"los ámbitos de
la conviv. "f?re y la.tnuier son llamados desde su origen no s6lo a existir 'uno
"al lado del otro', .o si,nplemente ·¡untos', .sino que son llamados
''.también a existir recíprocamente, ',;! uno.para el otro'" (Mulieris
"dignitatem,
7).'
»La expresi6n más intensa de es/a reciprocidad se realiza en
"el encuentro esponsal, en el que el hombre. y la mu;er viven una
"relación, que se caracteriza fuertemente por. la complementarie­
"dad.
biol6gica, pero al mismo tiempo se. proyecta más allá de la
!'biología. En efecto, la sexualidad. afect4 a la estructura profunda
"del .ser hu,nano y,-en el .encuentro nupcial,. le;os· de reducirse a
"satisfacer un: instinto _piego, se_ convi~rte -en lengua;e. mediante
''. el cual se expresa la .uni6n profunda de !_as dos personas, var6n
"y mujer. Se entregan. el uno al otro y, .de una forma tan Intima,
'.'precisamente
para expresar lfl comunión total y ·definitiva de su
"ser, haciéndose al mismo. tiempo cooperadores responsables de
"Dios
en el don de la vida» .. · ..
JUAN PABLO II: El Santo Padre vuelve a
expresar la, estima de la Iglesia por la mujer y
le renueva su gratitud. L'Osservatore Romano,
edición-semanal en_ l_engua aspañola, año XXVII,
. núm .. 28 (1.385); f4 de julio de 1995.
Los dones complementarios de la mujer;
«Dado que el fin de la politica es la promoción del bien co­
"mún, no puede menos de beneficiarse de los dones complemen­
"tarios
del hombre y la mu;er. Desde luego, esperar milagros s6lo
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Fundaci\363n Speiro

"de esto seria ingenuo. Para las muieres, al igual que para los
nhombres, es verdad sobre todo que la calidad de la politica se
"mide por la autenticidad de los valores que la inspiran, así como
"por la competencia, el compromiso y la coherencia moral de
n quienes se dedican a este importante servicio.
»En todo caso, las muieres están demostrando que saben dar
"una aportación tan cualificada como la de los hombres; más aún,
"esa aportación se vislumbra particularmente significativa sobre
"todo
en los sectores de la política que conciernen a los ámbitos
"humanos fundamentales.
»¡Cuán grande
es, por eiemplo, el papel que pueden desempe­
"ñar
en favor de la paz, precisamente comprometiéndose en la
"política,
donde se decide en gran parte el destino de la huma­
" nidad!
»Li paz, amadísimos hermanos y hermanas, es la gran urgen­
"cia de nuestros días. Hoy, más que nunca, es preciso un esfuerzo
"colectivo de buena voluntad para frenar el delirio de las armas.
"Pero la paz no se limita al silencio de los cañones. Se alimenta
"de
iusticia y libertad. Tiene necesidad de una atmósfera del es­
"píritu rica en algunos elementos fundamentales como el sentido
"de
Dios, el gusto de la belleza, el amor a la verdad, la opción
"por
la solidaridad, la capacidad de ternura y la valen tia del per­
" dón. ¡Cómo no reconocer la aportación valiosa que la mu;er
"puede dar a la promoción de esa atmósfera de pa:r.!».
JUAN PABw II: Meditación mariana .del Papa
el
domi¡,go 27 de agosto en el patio del palacio
pontificio de Castelgandolfo. L'ósservatore Ro­
mano, edición semanal en .lengua española, afio
XXVII, núm. 35 (1.392), 1 de septiembre de
1995.
La igualdad del hombre y la mujer en el Génesis y en los
Evangelios.
«El respeto a la plena igualdad entre el hombre y la mu;er, en
"todos los ámbitos de la vida, es una gran oonqui~ta de ]¡¡ civili­
"zad6n. A ella han contribuido también las muieres con su sufrí­
" do y generoso testimonio diario, y con las movimientos organi­
"zados que, sobre todo en nuestro siglo, han propuesto este tema
"a la atención universal.
»Por desgracia, no faltan aún hoy situaciones en las que la
"mu;er vive, de hecho, si no jurídicamente, una condición de in­
"ferioridad. Es urgente hacer que madure por doquier una cultura
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'' de la igualdad, que será duradera y constructiva en la medida en
"que refleie el plan de Dios.
»En efecto, la igualdad entre el hombre y la muier se halla
"afirmada ya desde las primeras páginas de la Biblia, en el mag­
"nlfico relato de la creación. Dice el libro del Génesis: 'Creó Dios
nal ser humano.a imagen suya, _a imagen de Dios lo creó, varón
"y mujer los cre6' (Gn 1, 27). Con estas pocas palabras se expresa
"la
razón prafunda de la grandeza del hombre: lleva grabada en
"su interior la imagen de Dios. Eso vale, por igual, para el varón
"y para la mujer, ambos marcados por la impronta del Creador.
»Este mensaie biblico originario alcanzó su plena expresión
"en
las palabras y en los gestos de Je~ús. En su tiempo pesaba
"sobre las mujeres la her en.cía de una mentalidad que las discri­
" minaba profundamente. La actitud del Señor es 'un coherente
"reproche a cuanto ofende la dignidad de la muier' (Mulieris dig­
"nitatem, 15 ). En efecto, Cristo establece con las muieres una
"relación
marcada por una gran libertad y amistad. Aunque no
"les confiere la misión de los Apóstoles, las llama a ser los prime­
"ros testigos de su resurrección
y las valora para el anuncio y la
"difusión del reino de Dios. En su enseñanza las muieres recupe­
"ran de verdad 'la propia subjetividad y dignidad' (ih., 14).
»Siguiendo el eiemplo de su divino fundador, la Iglesia anun­
" cía con convicción este mensaje. El hecho de que a veces, a lo
"largo de los siglos y por el influjo del tiempo, algunos de sus
"hijos no han sabido vivirlo con la misma coherencia constituye
"un motivo de
gran pesar. Sin embargo, el mensaie evangélico
"sobre la mujer no ha perdido nada de su actualidad. Por eso,
"quise volverlo a prop()ner en toda su riqueza en la carta apos­
"tólica Mulieris dignitatem, que publiqué con ocasión del Año
"mariano.
»Es posible intuir la grandeza de la dignidad de la muier por
"el hecho de que el Hijo eterno de Dios quiso nacer, en el tiempo,
"de una mujer, la Virgen de Nazaret, espejo y medida de verda­
" dera femineidad. Que Maria ayude a los hombres y a las muje­
" res a percibir y a vivir el misterio que habita en ellos, recono­
"ciéndose recíprocamente, sin discriminaci6n alguna, coma imáge­
"nes vivas de Dios».
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JUAN PABLO II: Angelus del 29 de junio.
L'Osservatore Romano, edici6n semanal en len­
gua española, año XXVII, núm. 26 (1.383), 30
de junio de 1995.
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Contribución de las mujeres en la cultura . y el arte a través
de la historia de la humanidad.
«Ciertamente, es la hora de mirar con · la valentía de la me­
"moria, y reconociendo sinceramente las responsabilidades, la larga
"historia de la humanidad, a la que las mu¡eres han contribuido
"no menos que los hombres,
y la mayor parte de las veces en
"condiciones bastante más adversas. Pienso, en particular, en las
"mu;eres que han amado la cultura y el arte, y se han dedicado
"a
ellos partiendo con desventa¡a, excluidas a menudo de una edu­
"caci6n igual, expuestas
a la infravaloraci6n, al desconocimiento
"e incluso al despo¡o de'su aportaci6n intelectual. Por desgracia,
"de la múltiple actividad de hzs muieres en la historia ha quedado
"muy
poco que se pueda recuperar con los instrumentos de la
"hístoriografia cient!fica.
Por suerte, aunque el tiempo haya en­
"teffado sus huellas documentales, sin embargo, se percibe su in­
"flu;o benéfico en la linfa vital que conforma el ser de las gene­
"raciones que se han sucedido basta nosotros. Respecto a esta
''grande e inmensa 'tradici6n' femenina, la humanidad tiene una
"deuda incalculable. ¡Cuántas mu;eres han sido y son todavla más
"tenidas en cuenta por su aspecto físico que por su competencia,
"profesionalidad, capacidad intelectual, riqueza de su sensibili­
" dad y en definitiva por la dignidad misma de su ser!»
JuAN PABLO II: Carta a las mujeres. L~Osser~
vatare Romano, Edición semanal .en lengua es­
pañola, afio XXVII, núm. 28 (1.385), 14 de
julio de 1995.
Los abusos cometidós en co~tra de las mujeres en el campo
de la sexualidad.
«Mirando también uno de los aspectos más delicados de la
"situación femenina en el mundo, ¿c6mo no retardar la larga y
"humillante historia -a menudo 'subterráner,'-de abusos co­
"metidos contra las mu;eres en el campo de la sexualidad? A las
"puertas del tercer milenio no podemos permanecer impasibles y
"resignados ante este fenómeno. Es hora de condenar con deter­
"minación, empleando los medios legislativos apropiados de de­
"fensa, las formas de violencia sexual que con frecuencia tienen
"por ob¡eto
a las muieres. En nombre· del respeto de la persona
"no podemos, además, no denunciar la' difundida cultura hedo­
,, nis ta y comercial que promueve la explotación sistemática d"e
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"la sexualidad, induciendo a chicas, incluso muy j6venes, a caer
"en los ambientes de la corrupci611 y hacer un uso mercenario de
u su cuerpo.
>>Ante estas perversiones, 1cuánto reconocimiento .merecen en
"cambio las mujeres que,. con ,amor heroico por su criatura, llevan
"a término un embarazo derivado de la injusticia de relaciones
"sexuales impuestas con la
fuerza!; y esto no sólo en el conjunto
"de las atrocidades. que, por desgracia, tienen lugar en contextos
"de gue"a todavía tan frecuentes en el mundo, sino también en
"situaciones de bienestar y de paz, viciadas a menudo por una
"cultura de permisivismo hedonista, en que prosperan también
"más fácilmente tendencias de machismo agresivo. En semejantes
"condiciones, la. opción del aborto, que es siempre un pecado
"grave,
an.tes de ser una resj,onsr,¡bilidad de las mujeres, es un
"crimen imputable al hombre
y a la com'[!licidad del ambiente
"que lo rodea».
JUAN PABLo.II: Carta a las mujeres. L'Osser-_
vatore Romano, Edición semanal en lengua es-­
. pafiola, año XXVII, núm. 28 (1.385), 14 de
julio de 1995. · ·
La mujer como edUcadora.
«El hecho de que, en los países donde la instituci6n escolar
"está más
desarrollada, la presencia de mujeres educadoras está
"creciendo
cada vez más, es un dato sui!Tdmente positivo. No cabe
"duda de que esa mayor implicación de la mujer en la escuela
"abre
la perspectiva de un paso importante en el mismo proceso
"educativo. Se trata de una esperanza
motivada, si se considera
"el sentido profundo de la educación, que no puede reducirse a
"una árida transmisión de nociones, sino que debe buscar el
cre­
"cimiento del hombre en todas sus dimensiones. Bajo este aspec­
"to, ¿cómo no ver la importancia del 'genio femenino'? Y en la
"primera educación, dentro de la familia resulta incluso indispen­
"sable. Su inf.lujo 'educativo' comi(fnza cuando el niño aún está 11en eI-seno materno.
»Pero no menos importante .es el papel de la mujer en las
"demás fáses del período formativo. La mujer tiene una singular
"capacidíJd para mirar a la persona concreta, capta su exigencias
"y necesidades con intuici6n particular, y sabe afrontar los pro­
"blemas con grán participaci611. La sensibilidad femenina ofrece,
"con
matices' complementarios a los del hombre, los mismos va-
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"lores universales, que toda educ.r,1ci6n sana debe proponer. siem­
"pre. De esa forma, cuando en los proyectos y en las instituciones
"formativas colaboran ¡untos hombres y
mu¡e,es, el plan integral
"de educación queda seguramente enriquecido».
JUAN PABLO II: Meditación mariana, el do­
mingo 30 de julio, en el palacio pontificio de
CastelgandoHo. L'Osservatore Romano, edición
semanal en lengua española, año XXVII., núm
31 (1.388), 4 de agosto de 1995.
Necesidad de una mayor presencia social de la mujer.
«¿Y qué decir tambié.n de los obstáculos que, en tantas partes
"del mundo, impiden
aún a las mu¡eres su plena inserci6n en la
)'vida social, política y econ611'Jica? ·naste pensar en cómo a me­
"nudo es penalizado, más que gratificado, el don de la materni­
"
dad, al que la humanidad debe también su misma supervivencia.
"Ciertamente,
aún queda mucho por hacer para que el ser muier
"y madre no comporte una discriminación. Es urgente alcanzar
"en
todas partes la efectiva igualdad de los derechos de la persona
"y,
por tanto, igualdad del salario respecto a igualdad de trabajo,
"tutela de
la traba¡adora-madre, justas promociones en la carrera,
"igualdad de los esposos en el derecho de. familia, reconocimiento
"de todo lo que va unido
a los derechos y deberes del ciudadano
"en un régimen democrático.
»Se trata de un acto de
;usticia, pero también de una necesi­
" dad. Los graves problemas sobre la mesa, en la pol!tica del fu­
"turo, verán a la mu;er comprometida cada vez más: tiempo libre;
"ca/.idad de la vida, migraciones, servicios sociales, eutanasia, dro­
"i,a,. sanidad _y ·asistencia, ecología, etc. Para tOdos estos campos
"será preciosa
una mayor presencia social de la mujer, porque
"contribuirá a manifestar las contra.dicciones de una sociedad or~
"gankada sobre puros criterios de eficiencia y productividad, y
"obligará a replantear los sistemas en favor de los procesos de
"humanización que configuran la 'civilización del amor'».
JuAN. PABLO II: Carta a las mujeres. L'Osser­vatore. Romano, Edición semanal en lengua -es­
pafíola, año XXVII, núm. 28 (1.385), 14 de
julio
de 1995.
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Sin la .contribución de las mujeres, la sociedad ·es menos-_viva,
la cultura menos rica y la paz más insegura.
«El hecho de que el papel de la mu;er Sea reconocido cada
"véz más, no s6lo en el ámbito de la familia, sino también en el
"horizonte más vasto de todas las actividades sociales, constituye
"un 'signo de los tiempos'. Sin la contribución de las mujeres, la
"sociedad
es menos viva, la cultura menos rica y la paz más in·
"segura.
Por eso, se han de consiiierar profundamente iniustas,
"no sólo con respecto a las mismas mu;eres} sino también con
"respecto a la sociedad entera, las situaciones en las que se im­
"pide a las muieres desarrollar todas sus pontecialidades y ofrecer
"la riqueza de su dones.
»Ciertamente,
su valorización extra-familiar, especialmente en
"el periodo en que realizan las tareas más delicadas de la mater­
"nidad, debe hacerse dentro del respeto a esa misión fundamen­
"tal. Pero} quedando a salvo esa exigencia} es -predso esforzarse
"con empeño para lograr que a las muieres se les abra el maypr
"espacio posible en todos los ámbitos de la cultura, de la econo­
"mia, de la pol!tica y de la vida eclesial, a fin de que la entera
"convivencia humana se enriquezca cada vez más con los dones
"propios de la masculinidad y la femineidad».
JuAN PABLO II: Invitación de nuevo a todo
d mundo a contribuir a la solución del conflic­
to
en Bosnia-Herzegovina. L'Osservatore Roma­
no, edición semanal en lengua espafiola, año
XXVII, núm. 30 (1.387), 28 de julio de 1995.
El matrimonio es indisoluble.
«Vuestra solicitud se ha de dirigir al foco principal de los ma­
"les que afectan a la sociedad, y que no puedo menos de abordar
"aqul: la unidad y la indisolubilidad del matrimonio y el papel
"de la mujer en la sooedad y en la. Iglesia.
»Como os diie en Campo Grande, es doloroso observar en
"vuestro amado pals 'la extrema fragilidad de muchos matrimo­
" nios) con la triste consecuencia de innumerables separaciones,
"cuyas victimas son siempre los hi¡os' (17 de octubre de 1991;
"cf. L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1 de no­
"viembre de 1991, pág. 8). El matrimonio es indisoluble por ley
"natural y
no s6lo por exigencia evangélica. Fue asi 'desde el
"comienzo' (Mt 19, 4). En el designio originario de la creación
"del hombre como tal, ya aparecen grabadas en su coraz6n la
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"unidad y la indisolubilidad matrimonial: 'se hacen una sola car­
"ne' (Gn 2, 24).
»La defensa de la indisolubüidad no s6lo es un objetivo cris­
"tiano sino, especialmente, una reivindicación humana: la apología
"de un valor radicalmente humano, defendido por innumerables
"pensadores, antrop6logos y juristas no cristianos.
Las propieda­
"des esenciales del matrimonio
-el hi;o que nace de la familia-,
"la unidad y la indisolubilidad, no pueden cambiar según las mo­
,, das y los gustos, sino que 'pertenecen al patrimonio más origi­
"nario y sagrado de la humanidad' (Angelus del 17 de abrü de
"1994; e/. L'Osservatore Romano, edici6n en lengua española,
"22 de abril de 1991, pág. 1), y tenéis que defenderlas como se
"defiende lo que es más sustancial en vuestras ralees culturales.
»De modo
especial, debéis proteger a los novios del he.do­
"nismo dominante, que sitúa el placer por encima del amor y el
"sentimiento superficial por
encima de la entrega mutua que cons­
"tituye el núcleo del verdadero amor, y orientar a los j6venes
"esposos
para que comprendan que el matrimonio los une en
"la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, en el
"entusiasmo y
en la apatía, hasta que la muerte los separe. Por 11último, tenéis que procurar for(ltarlos para el amor)· un amor
"profundo y eterno, porque 's61o se ama de verdad y a fondo
"cuando
se ama para siempre' (Angelus del 10 de julio de 1994;
"cf.
L'Osservatote Romano, edici6n en lengua española, 15 de
"julio
de 1994, pág. 1). 'El auténtico amor tiende por sí mismo
"a ser algo definitivo, no algo pasajero' (Catecismo de la Iglesia
"católica,
núm. 1646)».
JUAN PABLO 11: Visita «ad limina», Discurso
a · los obispos de la r~6n sur-2 de Brasil, vier­
nes 17 de febrero. L Osservatore Romano edi­
ción semanal en lengua espaiiola, año XXVII,
núm. 8 (1.365), 24 de febrero de 199,5.
La misión de la mujer en la familia.
«Por otro lado, en la atm6sfera cultural de algunos sectores
"de
la sociedad flota una especie de amarga reivindicaci6n feme­
"nina, que asigna a la mujer trabajos y funciones que en .muchos
"casos no son adecuados a su estructúra psicol6gica más peculiar,
"ni a los designios de Dios.
»Estamos absolutamente convencidos de la igualdad radical
"entre el hombre y la mujer, que poseen la misma dignidad per­
"sonal de hijos de Dios, como también lo estamos de que la mu­
"jer debe contribuir, como el hombre, al bien de la sociedad,
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"cónfOt'me a su naturaleza y aptitudes f!sicas, intelectuales y mo­
"rales. 'Hay quien reprocha
a la Iglesia el hecho de que insiste
"demasiado sobre la misión famítiar de la mu;er y descuida el
"problema
áe su presencia activa en los diversos sectOt'es de la
"vida social. En realidad, no es asl. La Iglesia es muy consciente
"de
cuán necesaria es la personalidad femenina para la sociedad
nen todas las manifestaciones de la convivencia civil, e insiste
"para que se supere toda forma de discriminací6n de la mujer
"en el ámbito laboral, cultural y pol!tico, pero respetando el ca­
"rácter propio de la femineidad. En efecto, una uniformidad in­
,, debida de las funciones, además de empobrecer la vida social,
"terminarla por despojar a la mujer de lo que le pertenece de
"modo principal o
exclusivó' (Angelus del 14 de agosto de 1994;
"cf.
L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 19 de
"agosto de 1994, pág. 1). ·
»No .cabe duda de que las cualidades especificas de la muier
"desempeñan un papel importante en el mundo de la empresa,
"de la ciencia, de la educación, de la sociólog!a, de la politica,
"de la economla y de la técnica. Más aún, la vida profesional re­
,, cibe de la condición femenina un elevado coeficiente de huma­
"nismo, de suavidad y de comprensi6n. Pero existetl tareas en las
"que la muier es insustituible. Y la mu;er debe potenciar preci,
"samente lo que en ella es caractérístico, peculiar, en una p"tJlabra,
''indispensable, como la· maternidad. La maternidad es la vocación
"de la mu;er, de palpitante actualidad. Es preciso esfozarse para
"que la dignidad de esta vocación no se desarraigue de la cultura
"brasileña.
'Fi¡arnos en el papel primOt'dial de la mu;er como es­
"posa y madre es situarla en el cOt'azón de la familia; una función
"insustituible que ha de ser
apreciada y reconocida como tal, y
"que
va unida a la especificidad misma de ser mujer ( cf. Mulieris
"dignitatem, 18). Ser esposa y madre son dos realidades comple­
"mentarias en esa Ot'iginal comunión de vida y de amor que es el
"matrimonio,
fundamento de la familia' (Discurso a la XI Asam­
"blea plenaria del
Conseio pontificio para la familia, núm. 3;
"cf. L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 25 de
"marzo de 1994, pág. 12). La dedicación de la madre a su hogar
"y a sus hi¡os es la función más excelsa que puede e;ercer. Cuando
"la
madre habla, habla el hogar, habla la familia; habla la patria;
"¡habla
la Iglesia misma!».
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JuAN-PABI.o JI: Visita «ad linrlna»-, Discurso
a los obispos de la región sur-2 de Brasil, vier­
nes 17 de febrero. L'Osservatore Romano edi­
ción semanal en lengua espafiola, afio XXVII,
núm. 8 (1.365), 24 de febrero de 1995.
Fundaci\363n Speiro

El derecho y el deber de la mujer madre trabajadora a reali­
zar sus tareas específicas en la fam~a.
«Es evidente que la valorización de las mujeres, en los me­
" canismos a menudo fatigosos y ásperos de las actividades econó­
"micas, no puede menos de tener en
cuenta su índole y sus exigen­
"cias peculiares. Es preciso, sobre todo, respetar
el derecho y el
"deber de la mujer-madre a realizar sus tareas específicas en la
"familia, sin estar obligada por la necesidad a un trabajo adicio­
"nal. ¿Qué
ganancia real tendrla la sociedad -incluso en el plano
"económico--, si
una imprudente polltica del trabajo perjudicara
"la
solidez y las funcio11es de la familia?
»La tutela de este bien fundamental no puede, sin embarga,
"servir de coartada respecto at principio de la igualdad de opor­
"tunidades de los hombres
y las mujeres, también en el trabajo
"extra
familiar. Se trata de individuar soluciones flexibles y equi­
"libradas, capaces de armonizar {as exigencias diversas».
JUAN PABLO II: Meditaci6n mariana en d
.Palacio aP 20 de agostó, afio XXVII, núm. 34 (1391),
25 de agosto de 1995.
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Fundaci\363n Speiro