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Número 353-354

Serie XXXVI

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El espíritu de cruzada en Schola Cordis Iesu y en Speiro y sus vínculos de unión

CRÓNICAS
U dina Martorell, y el canónigo Fa.brega, y José María Coronas, y
Oriol Anguera de Sojo, y Echave-Sustaeta, y Gregorio Peña, y
José Manuel
Moro y Javier Barraicoa. Todos amigos y discípulos
de Canals.
Que es uno de los maestros indiscutibles del pensa­
miento tradicional en esta segunda mitad del siglo.
Que el Señor
lo conserve en su servicio, para bien de la Iglesia, de Cataluña y
de España. Reproducimos, a continuación, las palabras de Fran­
cisco de Gomis y de
Juan Vallet de Goytisolo.
M.A.
EL ESPIRITU DE CRUZADA
EN
SCHOLA CORDIS IESU Y EN SPEIRO
Y SUS VINCULOS DE UNION
POR
FRANCISCO DE GOMIS
I
El Dr. Canals, una vocación providencial al servicio
de la continuidad de Schola Cordis Iesu
Me referiré al Dr. Canals, según mi vivencia personal, de lo
que fué para mí
Schola Cordis lesu, cuya herencia espiritual ha
recogido a la muerte de su fundador el Padre D. Ramón Orlan­
dis, S.!., haciendo posible
su supervivencia, y la eficacísima la­
bor que
ha realizado como soladado de la Verdad y abanderado
de la Fe, con
una total entrega docente y personal a lo largo de
varios decenios.
En los difíciles momentos que siguieron a la muerte del Padre,
hubo
un pequeño núcleo de personas que apoyaron y alentaron al
Dr. Canals con diferentes aportaciones que contribuyeron a la
salvación de esta empresa espiritual; pero
el abanderado, la persona
indispensable para hacer viable la superación de la crisis de
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FRANCISCO CANALS, 75 AÑOS
sucesi6n pasaba por la existencia de alguien que heredara la fe, el
aliento y las capacidades de Maestro en la línea señalada por el
Padre Orlandis; que sirviera de aglutinante de adhesiones y espe­
ranzas, y fuera instrumento adecuado de continuidad para
un
elevado magisterio, y ese abanderado natural de esta sucesión ha
sido el Dr. Canals. La profundidad y el dolor con que vivía las
dificultades de cada momento de esta sucesión, como quien asis­
te a un enfermo entrañable en trance de muerte, han servido de
movilización y aglutinante
de voluntades, necesarias para salvar
la crisis con sucesivos e indispensables remedios. Recordaré aquí
las importantes aportaciones económicas, tanto más meritorias
cuanto más dudoso
era entonces el resultado, que realizaron al­
gunas personas en esos momentos, de los que yo recuerdo sucesi­
vamente a José María Mino ves y a Manuel de Arquer, y la asis­
tencia cualificada y constante del consiliario de
Schola, Director
diocesano del Apostolado de la Oración, Padres Segura y Puig, y
también de algunos de los «antiguos» de
Schola, como Domingo
Sanmartí, Pedro Basil, Luis Creus Vida!, Fernando Serrano Mi­
sas, Director de la Revista
Cristiandad hasta fecha relativamente
reciente, etc., y sin que faltase nunca, en los momentos precisos,
la asistencia de otros cualificados «históricos», como el Dr. Font
y Rius, Catedrático Emérito de Historia del Derecho de la Uni­
versidad de Barcelona,
el Dr. Enrique Freixa Dedrals, Presidente
de la Real Academia de Ciencias y Arte de Barcelona entre 1983
y 1995 ... , así como la adhesión entusiasta de todos los nuevos de
Schola, los discípulos del Dr. Canals, muchos de los cuales, son
hoy catedráticos de Universidad, y cuya solidaridad era funda­
mental como testimonio de viabilidad y de futuro.
En esos años, mi relaci6n con el Dr. Canals ha sido frecuente.
Siempre he recordado algunas reflexiones profundas del Padre
Orlandis: la luz de una cerilla
-decía-es a veces fundamental
en la oscuridad para ayudar a orientarnos y encontrar
una salida.
En
la oscuridad de la hora presente consideraba como una deserción
no salvaguardar una «luz» de tanta importancia, y no prestar apoyo
a quien con tal fe se entregaba a luchar por la supervivencia de
Schola. Canals fué confidente y amigo en muy diferentes cuestiones
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CRÓNICAS
que afectaban a nuestro futuro. Ha sido siempre para mí un gran
amigo en quien he admirado la
fe que ha iluminado todas sus
iniciativas y
el impulso de su vigorosa vocación ... Hemos querido
y admirado a los mismos amigos, como en el caso de Eduardo
Conde, Conde de Salces del Ebro, que fue también su consejero
y su amigo ... Su gran cultura trasciende a lo sobrenatural, y sus
criterios fundamentales no se han inmutado al vaivén de las osci­
laciones de opinión provocadas por el último Concilio Ecuméni­
co. Su criterio ha sido siempre sereno y seguro, en la misma línea
que había señalado reiteradamente el Padre Orlandis: hay que
estar siempre con
el Papa, que tiene la asistencia del Espíritu Santo;
todos los equívocos
se disiparán.
Sin duda,
pot razón de esta vieja amistad me he visto honrado
con la invitación de tomar
la palabra en ocasión del homenaje a
su persona. Caballero de Cristo Rey y de la tiernísima advocación
al amor misericordioso del Sagrado Corazón de Jesús, le conocí
hace
más de 50 años, cuando apareció por Schola Cordis lesu en
una época en la que yo solía ver con mucha frecuencia al Padre
Orlandis. Canals iniciaba entonces
una nueva singladura de pen­
sador y de filósofo bajo la dirección del Padre Orlandis.
Es ver­
daderamente su heredero y su hijo espiritual.
II
El padre Ramón Orlandis Despuig, S.I., Maestro
excepcional. Fundador de Schola Cordis Iesu
-escuela para descubrir los caminos
al Corazón de Jesús-
La naturaleza de esta herencia venía condicionada por una
personalidad de tanta importancia como el Padre Orlandis, Maestro
de muchos saberes y que por
su ascendiente personal había congre­
gado
un importante núcleo de estudiosos y de orantes unidos en
torno a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y del Apostolado
de la Oración.
Como testimonio del talento y de la penetración
científica y humana del Padre Orlandis y de su dirección insupera-
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FRANCISCO cÁNALS, 75 Afiíos
ble como Maestro, recordaré que intuyó el talento filosófico de
Jaime Bofill, a la sazón licenciado
en Leyes, y bajo su dirección,
inició los estudios de licenciatura de Filosofía, culminados brillan­
temente en sólo dos años, y sin tomar respiro, le hizo presentar a
las ya inmediatas oposiciones a cátedra de Instituto, que ganó
brillantemente. Ese excepcional Maestro dirigió las lecturas de
Bofill que seguía ocupándose
en una empresa familiar, y con una
dirección informal, sin tiempo para agotar los temas, le empuja a
presentarse a las primeras posiciones a cátedra de Metafísica de
la Universidad de Barcelona, a las que yo asistí en Madrid con
otros amigos, y Bofill ganó dicha Cátedra
por unanimidad. Frente
a los temores de Bofill
por las lagunas que pudiera tener en su
tan rápida formación, recuerdo al Padre Orlandis que alentaba
con clara visión de maestro: «¡Adelante!, lo importante
es la ca­
pacidad de pensar y comprender con los adecuados instrumen­
tos de elucidación. Los tienes tú; los otros
no alcanzarán a tu
capacidad de penetración». Fue una brillante oposición en la que
Bofill abrió
el camino para que Sebo/a Cordis lesu se instalara por
derecho propio en la cátedra de Metafísica de la Universidad de
Barcelona, un paso importante para que se llegara a constituir lo
que hoy se conoce como la Escuela Tomista de Barcelona.
Hay otros casos en los que aparece la huella genial del Padre
Orlandis como catador
humano y como Maestro. Citaré por las
circunstancias de paternidad espiritual y correspondencia filial, a
Pablo López Castellote, recientemente
fall¡,cido, después de una
fecunda y ejemplarísima labor como docente.
En el caso del Dr. Canals se produce la misma experiencia
que
en el de Bofill, con resultados brillantísimos en todas sus
licenciaturas
y doctorados. Quizás el Padre Orlandis llegó a vislum­
brar que sería Canals
el que recogería su herencia como escuela
de formación Filosófica y Metafísica y de afirmación espiritual.
Descubrió la capacidad de Canals
y la modeló, él dejó el ejemplo
de lo que debe ser
un Maestro para impartir la formación como
instrumento para servir a la Verdad,
y fué el modelo inolvidable
de cómo la inteligencia
y la Verdad tienen como única fuente de
Vida,
el Amor, que Schola Cordis lesu proponía con el estudio,
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CRÓNICAS
penetración y difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús,
siguiendo las doctrinas del Padre Enrique Ramiere, y con
un
ejército de orantes constituido por el Apostolado de la Oración,
como única alternativa de salvación, frente al racionalismo antropo­
céntrico y gnóstico, que hoy, por orgullo o vanidad, deja al hombre
desasido de Dios y
le arrebata todos los valores que sirven de funda­
mento a su dignidad y libertad.
III
Frente al despotismo del odio rojo, surge la reacción
salvadora que acepta todos los sacrificios
con espíritu de inmolación
Cuando yo vine aScholay conocí al.Padre Orlandis llevaba el
alma cuajada de los recientes recuerdos de la guerra, con la lesión
indeleble de
la generosidad y sacrificio de mis camaradas. Las
durísimas condiciones de la guerra, cuyo ápice fué para mí la batalla
de Teruel, 28 días a 20° bajo cero, sin poder descansar ni dormir,
la visión de tantos cuerpos destrozados, los camaradas desapare­
cidos, abrían
las potencias del alma hacia Dios. Recuerdo la misa
de nochebuena de Diciembre de 1937, protegidos detrás de
una
loma cubierra de nieve, con la asistencia de unos pocos que allí
pudimos reunirnos. Y
el día que nos trasladaron de &ente. Después
de
un mes sobre la nieve helada, dormimos bajo techo, en una
paridera de ganado, con paja, con la compañía de unos piojos del
tamaño de piñones ... dormimos 12 horas de
un tirón. Dios mío,
pensé, si tuviera
un cobijo como éste todos los días de mi vida ...
Más tarde,
el curso para Alférez provisional, el recuerdo del horror
de lo que había visto en zona roja, la saña satánica contra Dios y
contra todas las estructuras del estado tradicional, humanas o de
cualquier otra clase, la impotencia frente al asesinato y la blasfemia,
la dictadura innoble de los rencores y envidias de la plebe, la rapiña
de los grupos incontrolados,
el saqueo organizado por el mismo
Estado de
las reservas de oro del Banco de España y de las reservas
privadas de cada familia, violentando mediante leyes leoninas las
cajas de los bancos y alimentando la rapiña de muchos de los que
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intervinieron oficialmente en el despojo, pasando así de humildes
empleados a potentes empresarios, como los hemos visto aparecer
con sorpresa después de acabada la guerra ... ; el anhelo de una
honesta libertad y fraternidad cristiana, sin espías, sin delaciones,
sin estar expuestos a la autoridad despótica de cualquier desalmado,
la necesidad, en fin, de recuperar la civilización pérdida, la civiliza­
ción cristiana, la vida sacramental con la restauración de la Iglesia ...
Jacinto Benavente, premio Nobel de Literatura, publicó a raíz de
la Liberación un anículo estremecedor, apareció en varias ocasiones
en las páginas de La Vanguardia, que se titulaba «Malditos los
que hayan olvidado».
Frente a esta tragedia, la juventud tenía espíritu de inmolación.
Al acabar
el curso en la Academia de Alféreces, estaban expuestas
las listas de los fallecidos de la promoción anterior con los que
habíamos coincidido la mirad del curso. V arias decenas de aquellos
oficiales estaban muertos; era
el momento de pedir destino, y
comenzando por los primeros números de cada promoción, se soli­
citaban con preferencia los cuerpos de mayor peligro. Un senti­
miento de
honor y solidaridad con los muertos. ¡Cuántos amigos
desaparecidos! Se vivían
las asperezas de las situaciones y peligros
con paz en
el alma y una rara alegría interior de sentirnos en las
manos de Dios, cumpliendo nuestro deber, y la seguridad de que
el sacrificio conquistaría la victoria para siempre ... «La más alta
ocasión que vieran los siglos» diría Cervantes de
su participación
en la batalla de Lepanto que barrió el fanatismo del islam. Un
mismo sentimiento del honor y del deber nos unía a Cervantes a
través de los siglos.
IV
«Schola Cordis Iesu» y «Speiro», dos iniciativas nacidas
de un mismo espíritu de cruzada
Vine a Schola en los aftos 40, después de recibir la formación
y el ejemplo de mis camaradas de guerra y la dirección intelectual
de Eugenio Vegas Latapie.
En la revista Cristiandad, que acaba­
ba de iniciar su singladura como órgano de formación de
Schola, se
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CRÓNICAS
comentaban los mismos autores que había estudiado junto a Eu­
genio Vegas Latapie. La misma línea de pensamiento. El mismo
enfoque sobrenatural. La lectura de vidas de Santos era también
abundantísimo pasto espiritual que prodigaba Eugenio Vegas en
torno suyo, como un elemento más de coincidencia con Schola.
Pero también existían acusadas diferencias. Vegas Latapie, estaba
entonces volcado a la propaganda
y acción política, recordando
con
S. Pío X, que la acción política, servida con pureza, «es la
caridad más alta». Sus planteamientos eran histórico-jurídicos para
la implantación
de los principios del derecho público cristiano
emanado de las Encíclicas pontificias, como único antídoto frente
a la Revolución. Fausto Vicente Gella, a la sazón Decano del
Colegio de Abogados de
Madrid, al prologar uno de sus libros
de Memorias, le define
como el «dignificador de la política». Par­
tidiario de la Monarquía,
porque creía con San Agustín que es
más fácil la virtud de un hombre solo. No luchaba por una repú­
blica coronada, antesala de la revolución. Después
de la victoria
de la guerra creía posible restaurar la Monarquía católica. Pero
esa acción política se vió truncada por las circunstancias.
Cuando llegó a la conclusión de que era el tiempo de los oportu­
nismos
y que no estaba a su alcance la realización de sus ideales,
se apartó de la política, el
año 1948, con profundo pesimismo
respecto al futuro.
Hubiera podido suscribir entonces la carta que
Balmes dirige al Marqués
de Viluma, al fracasar los intentos del
matrimonio de Isabel
II con el Conde de Montemolín para poner
un freno a la Revolución. Dice: «Las circunstancias han variado
completamente. Falta la base ... Yo no puedo detener las borrascas que
van a desencadenarse, ni nadie tampoco; quien lo intenteseestrellard. .. ».
Y como Viluma se muestra poco dispuesto a mezclarse en política,
le dice: «hace Vd. bien, Vd. no sirve para cortesano; y esta no es época
para hombres de Estado».
Es en esta nueva fase de su vida cuando funda Speiro, en defensa
del pensamiento político cristiano,
y su órgano de expresión, la
Revista
Verbo, y organiza los congresos anuales de La Ciudad Ca­
tólica, al servicio de la doctrina y ajeno a todo inmediatismo polí­
tico, en los cuales
Speiro y Schola Cordis lesu colaboran codo a
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codo desde hace muchos decenios. Desaparecido Eugenio Vegas,
Speiro ha proseguido su camino bajo la dirección de quien fue su
más inmediato colaborador, Juan Berchmans Vallet de Goytisolo,
uno de los primeros juristas contemporáneos, autor de una obra
jurídica y polifacética monumental, miembro, entre otras, de la
Academia de Jurisprudencia desde hace muchos decenios, y su
actual Presidente.
V
El camino de perfección de Schola Cordis Iesu
Cuando conocí al Padre Orlandis en Schola Cordis lesu, se es­
tudiaban en su órgano de expresión, la Revista Cristiandad, los
mismos autores y Encíclicas que en
Speiro, pero remontándose
preferentemente a los más elevados e inconmovibles fundamentos
de la filosofía perenne, a las fuentes de coda Verdad, con
el estudio
de la Filosofía y de la Suma Teológica
de Santo Tomás de Aquino.
Aquí la Filosofía y la Metafísica tenían
un Maestro de excepción
-el padre Orlandis--y una específica vocación que había de dar
con
el tiempo los espléndidos frutos que hoy presenciamos ... Y
por encima de toda filosofía,
el Padre Orlandis había creado dicha
Schola para profundizar en la devoción y el misterio del Sagrado
Corazón de Jesús, como único remedio a la fragilidad y desamparo
del hombre.
Como instrumento
de formación, el Padre instituyó unas confe­
rencias semanales que impartía todos los sábados por la tarde y

a
las que asistían asiduamente acaso un centenar de personas de
gran inquietud intelectual, de las más dispares procedencias e
ideologías políticas, a manera de los diferentes estandartes o divisas
que concurren a una misma procesión, con una común esperanza
sobrenatural; con un auditorio culto y entregado, entre las cuales
recuerdo a un Rector de la Universidad de Barcelona que era Doctor
en Ciencias.
Con su habla pausada, como reflexionando y dejando
en suspenso la oración, como un reto a la reflexión de los oyentes,
el Padre abría horizontes sobre Filosofía de la Historia y sus perío­
dos, las apasionantes glosas sobre lsaías, la voz de los Papas, los
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CRÓNICAS
grandes pensadores, las desviaciones y herejías y sobre todo, la
providencia de Dios sobre cada hombre desde
el amor misericor­
dioso del Corazón de Jesús y
la difusión de su devoción por medio
del Apostolado de la Oración.
Las lecturas recomendadas por el Padre eran camino para pene­
trar en
los misterios de la vida espiritual, guiados de la mano de los
grandes santos, por la senda de la infancia espiritual. Era el Padre un
consumado maestro de la vida espiritual.
De esas semillas nació el
movimiento espiritual que agrupa hoy en torno a Schola hasta tres
generaciones consecutivas de numerosas familias, que frecuentemente
rebasan los diez hijos, y que se reúnen todos los sábados -siguiendo
la tradición del Padre Orlandis--, dedicados al estudio y la formación
espiritual, dividiéndose en grupos para la atención y formación
diferenciada a la medida de las respectivas edades.
El resultado ha sido, que, por un lado, se ha constituido dentro
de esta reunión de familias,
una agrupación de filósofos y teólogos,
catedráticos de la Universidad de Barcelona y de otros centros
docentes, integrantes de lo que
se conoce como la Escuela Tomista
de Barcelona, de la que
el Dr. Canals y el Dr. Forment pertenecen
a la reputada Pontificia Academia Romana de Santo Tomás.
Por otro lado, como fruto espontáneo y natural del culto y
devoción de
Schola Cordis Iesu al Sagrado Corazón de Jesús, y como
exponente de la vocación espiritual que anima a esta asociación,
surgen en las nuevas generaciones de la misma numerosas voca­
ciones: son varios los sacerdotes ya ordenados y religiosas con­
templativas. y matrimonios cristianos con numerosísimos hijos.
Doce hijos el Dr. Canals y otros doce tiene una de sus hijas, lo
que no
es aquí excepción sino que cito sólo como ejemplo.
VI
Misterio de lnquidad y Misterio de Salvación.
El espíritu de inmolación de la juventud, compartido
por sus familias, es entrega por la Gloria de Dios
El misterio de salvación que ha sido objeto de
las Meditaciones
del entonces Cardenal Caro! Wojtila, en
Signo de Contradicción,
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y el misterio de inquidad de que nos hablaba el Padre Orlandis,
cruza a través de la historia
y flagela sucesivamente a los diversos
pueblos. Desde
mucho antes de nuestra guerra, el Padre Orlandis
previó la
tormenta que se avecinaba sobre España y agrupó en
una pequeña catacumba a voluntarios que querían prepararse para
servir a la Verdad. Esos son los «antiguos» de
Sebo/a Cordis lesu.
Desencadenada la tormenta sobre España, la providencia susci­
tó vocaciones heroicas para luchar contra la hidra desatada
por la
Revolución
contra la Iglesia de España. Del pequeño cenáculo
espiritual e intelectual del Padre Orlandis, algunos pudieron eva­
dirse de la zona roja
y combatir. Símbolo de la vocación heroica
y espiritual de este grupo, fué Anguera de Sojo, abogado brillante,
Capitán de Complemento, de gran talento
y valor heroico. El
General Asensio, Jefe de una de las más destacadas Divisiones
nacionales, tenía una gran confianza en su talento y le confiaba
las misiones más arriesgadas. Ganó por méritos de guerra, la Cruz
Laureada individual de San Fernando
y la Medalla Militar indivi­
dual, atributos de
un valor heroico excepcional, y murió en ac­
ción de guerra. Este cruzado de la Fe llevaba en su mochila de
soldado la Suma Teológica de Santo Tomás que había estudiado
junto al Padre Orlandis y se servía de ella para instruir a sus ofi­
ciales, jóvenes entusiastas, pero sin su preparación. Su tío y gran
jurista, Don Oriol Anguera de Sojo, católico ejemplar, que en
abril de 1931, como Gobernador Civil, evitó con energía los in­
cendios de iglesias y conventos perpetrado
en el resto de España,
me lo contaba recién terminada la guerra
con orgullo y emoción.
Es todo un símbolo de la escuela del Padre Orlandis: heroísmo en
la Fe y estudio y difusión de la Verdad. «Clama, ne cesses», es el
lema adoptado por la Revista Cristiandad.
Para el soldado nacional la guerra fue efectivamente una Cru­
zada. Dios concedió la vocación heroica de la muerte a toda la
juventud que
empuñó las armas para defender a la Iglesia, para
defender la tradición cristiana de nuestras familias.
Cuando íba­
mos voluntarios, teníamos la alegría interior del que se ofrece en
holocausto. En la reacción generosa que se produjo, esto era fácil.
Toda la juventud estaba contagiada por el mismo anhelo de servicio
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CRÓNICAS
y de gloria, la gloria de Dios. Un católico anónimo del ejército
rojo,
el Dr. Tarrés, que después fue sacerdote, muerto en olor de
santidad, lo expresa así en sus Memorias de Guerra: «Barcelona
liberada del infierno rojo ... ¡Dios mío!, ¡Es posible que llegue la
hora de la liberación? Benedícite Omnia Opera Domini Domino.
Cuando todo parecía hundido, Vos habéis resurgido lleno
de gloria,
Sefior,
es Vuestra gloria la que me interesa, la única cosa por la
cual late mi corazón. Dios mío, gracias
por haberme permitido
presenciar tanto entusiasmo, la alegría de
un pueblo que resucita.
¡Dios mío! ¡Laudate Dominum!».
«Me he sentido profundamente
espafiol, y nunca como hoy
me sale del corazón un grito bien alto
de ¡Viva Espafia! ¡Viva Catalufia espafiola! Espafia está destinada
a ser
una gran fuerza. Ella será el nuevo hogar del cristianismo».
VII
Otros testimonios del espíritu de Cruzada
frente a los rojos
El día que me incorporé a la Legión en el frente del Ebro, en
unos momentos de máximo peligro, estaba yo recogido en oración.
Otro oficial, el Teniente Provisional José Antonio García de Cor­
tazar, me pregunta: «¿Qué haces?» -«Estoy descansando ... »­
«¡Estabas rezando?» -«Sí»-. «En nuestra Compafiía rezamos
siempre juntos ... ». Y así fue efectivamente y nuestras conver­
saciones fueron para
mí escuela de generosidad y de sacrificio; de
honor y de amor a la obra espiritual de Espafia. Era para nosotros,
«la más alta ocasión que vieron los siglos», como decía Cervantes
de su participación en esa otra Cruzada que fué la batalla de
Le­
panto. Cortázar fue el ángel alegre de mi Compafiía que influía
en toda la Bandera con su contagiosa alegría de católico ejem­
plar.
En una de sus poesías dice: «Que voy a entrar en combate
-Sefior Santiago el Mayor-Pon en mi clara bandera -la
aguda Cruz de tu amor-Dame tus armas ardientes -hlncame tu
corazón-».
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Los testimonios del espíritu de Cruzada serian innumerables.
Eugenio Vegas Latapie, que también quiso participar con su
sa­
crificio en el holocausto de aquella contienda, huyendo de la reta­
guardia como Capitán que era del Cuerpo Jurídico Militar, y cam­
biando para ello su nombre
por el de Eugenio López Vega, fue
Caballero Legionario de
2• durante más de seis meses en la 11
Compafila de mi Bandera. El oficial de dicha Compafila, el Te­
niente Marcelo, me decía que explicaba a sus compañeros
el sen­
tido trascendente de su sacrificio y cómo de día en día aumentaba
el número de legionarios que iban a comulgar en todas las ocasio­
nes posibles. En
el mismo frente del Ebro, más a nuestra derecha,
un golpe de mano rojo toma unas posiciones de gran riesgo para
nuestra línea.
Un alférez de requetés de unos 18 afios situado en
el lugar más inmediato, llama a sus gentes y levanta un crucifijo:
«¡Arriba muchachos!»
-«¡por tí muero, Señor!»-. Todo el
Tercio de requetés
le sigue, recuperan la posición perdida, y el
Oficial yace muerto. En la 4° Bandera persiste el recuerdo del
Padre Huidobro, S.I., muerto gloriosamente en servicios de su
ministerio sacerdotal y de heroica caridad, hasta
el punto de que
los legionarios en alguna ocasión le levantan a hombros en recono­
cimiento y admiración por su valor heroico en servicio de los
demás. Por la noche iba entre ambas líneas del frente para aten­
der y recoger a los heridos a cuestas. A la segunda noche encuen­
tra
un legionario mal herido que no habla visto la noche ante­
rior. «Pero, muchacho, yo pasé la noche anterior muy cerca de
aquí. ¿No me oíste?». -«Sí, padre, pero no le quise avisar por
miedo de que
le mataran, que esto está muy batido». Llevaba
cinco o seis balazos en
el cuerpo. Lo mismo se puede decir del
Padre Caballero, S.I., capellán de otra bandera
de la Legión, a
quien
se le concedió la Medalla Militar individual a instancias de
sus Jefes, en reconocimiento de su valor heroico en el ejercicio
de su caridad al asistir a heridos y moribundos. Dos primos míos,
como hermanos.
Uno de ellos, Manolo de Dalmases y de Go­
mis, muere en el frente del Ebro, como voluntario de la sección
de choque del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat, estando
su otro hermano en
el hospital. Me escribe éste afectadísimo por
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CRÓNICAS
la muerte de su hermano -me proponen, dice, que me quede en
destino de retaguardia para que alguno de los hermanos pueda
abrazar a los
padres-, a los 15 días me escribe de nuevo: mi
deber, mi honor, está en volver al frente, y ponerme en todo en
las manos de Dios y vuelve al frente como Alférez provisional de
infantería. La muerte de
un hermano no provocaba la huida sino
en todo caso
el honor de sustituirlo. En la defensa de Belchite,
que evitó
el hundimiento del frente nacional por Zaragoza, y en
cuyo sector resistieron heroícamente hasta la muerte, tres Ter­
cios del requeté, entre ellos el Tercio constituido por catalanes,
de nuestra Sefiora de Montserrat, apareció escrito en las paredes
de un edificio: «Aquí muere por Dios y por España, un requeté
espafiol», como cuenta el historiador que visitó de inmediato
aquellos lugares. En reconocimiento a este heroísmo salvador, se
concedió la Laureada de San Fernando a cada uno de estos Ter­
cios, además de otras Laureadas de San Fernando de carácter in­
dividual.
En mis reflexiones en el frente, ante la inminencia de una
muerte presentida como muy posible, surge esta interior reflexión:
¿para qué voy a morir ... para qué? Por Dios, sólo por la gloria de
Dios, para que esté presente
en la sociedad y germinen todos sus
bienes en
el corazón de cada hombre, de cada familia y en la em­
presa colectiva nacional. No por nacionalismos estrechos ni valores
accesorios, sino en servicio del ideal ecuménico de la Cristiandad,
nuestra verdadera Patria
es la Cristiandad, donde Cristo Reine e
impere. El Padre Orlandis,
en sus conferencias de Teología de la
Historia nos hablaba del Reinado Social de Nuestro Señor Jesu­
cristo, frente al misterio de iniquidad y como único remedio, la
devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Nos introducía en el estudio
austero de la Verdad, la filosofía y la metafísica
tomista, y adopta
como lema, ¡ Clama, ne cesses!, para la Revista naciente Cristian­
dad, por encima de todas las diferencias accesorias. Análogamen­
te, Eugenio Vegas, acostumbraba a recordar, recomendado a
Huysmans, que Patria es el sitio donde se puede rezar mejor.
Al finalizar la Guerra, el ideal de Cruzada vive difuso en
muchos de los protagonistas
de aquella tragedia. Para mí, la con-
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creción ideológica de aquel ideal se hizo a través de J ose Antonio
García de Cortázar y de Eugenio Vegas Latapie. A través de Cor­
tázar conocí a Vegas, que también creía que
el intelectual debe
dar ejemplo y defender su Fe con el ofrecimiento de la propia
vida. Hay personas que educan con su presencia y con el testimonio
vivo de sus convicciones. José Antonio García de Cortázar, Nota­
rio de Madrid, fue Director de la Revista
Verbo, órgano de difusión
de Speiro, durante varios decenios, desde sus inicios y hasta su
muerte.
VIII
Schola Cordis Iesu y Speiro, dos iniciativas movidas
por el mismo espíritu de entrega y sacrificio, coincidentes
en su afán sobrenatural
En Schola Cordis Iesu conocí a muchas personas con ese ideal
de entrega personal ilimitada, mecenas de sus bienes y de su es­
píritu, bajo la superior dirección del Padre Orlandis, entre los
que destaca por su gran generosidad, Pedro Sáenz Diez y su mujer
Isabel Trías. Aquí encontré amigos entrañables: Tomás Lamarca,
de gran profundidad y finura intelectual, Jaime Bofill, con una
mente filosófica brillante, que introdujo
al grupo de Cristiandad
en la Cátedra de Metafísica de la Universidad, Ignacio Serra Goday
que puso su bellísimo arte al servicio de la revista
Cristiandad,
representando gráficamente todas sus devociones e ideales, en
admirable y artística iconografía, José María Modolell, a quien
debemos
el hermoso altar barroco dedicado a la Virgen, Domingo
Sanmartí, que durante tantos años presidió
Schola, para citar sólo
algunos de los «antiguos» ya desaparecidos.
Y
junto a estos no puedo dejar de recordar a otros que fueron
también miembros de
Schola a través de mi previa y entrañable
amistad:
Así, el ya citado Cortázar, a quien recurrí en los comien­
zos de la andadura de la Revista, constituyendo
un grupo de Schola
en Madrid, en torno al Padre Caballero, S.I., Director diocesano
del Apostolado de la Oración
-Capellán de la Legión y Medalla
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CRÓNICAS
Militar individual, exponente de su espíritu de Cruzada-, con
Jesús Marafíón y Ruiz Zorrilla, Manuel de Arquer, y José Luis
V ázquez Dodero, José María García Escudero, que a la sazón
era tradicionalista había ganado conjuntamente con Cortázar un
Premio nacional por un trabajo sobre Balmes, Jesús Sainz Maiz­
pule y otros, todos entrafíables amigos, y que colaboraron con
artículos en la Revista
Cristiandad y otros generosos empeños. Así
también, Eugenio Vegas Latapie a quien con Cortázar
-los tres
de la
4• Bandera de la Legión-, nos unía una fraternal amistad.
Así,
el Conde de Salces del Ebro, mi dilectísimo y paternal amigo,
de genial intuición y a quien tuve yo empeño de presentar
al
Padre Orlandis, anunciándole que sería «su mejor y más entrañable
amigo», como efectivamente fue a partir del primer día que
se
conocieron y en sus ya ininterrumpidas reuniones dos o tres tardes
cada semana hasta la muerte del Padre. En la última visita que le
hizo, ya agonizante: «Padre -dice Conde-estoy aquí, ¿sabe
quién soy? -Sí, un gran hombre. ¿Quiere algo Padre?-Sí, Todo».
A las pocas horas el Padre Orlandis se sumergió definitivamente
en
ese « Todo» que había sido el anhelo de su vida. Conde fue
gran colaborador de la Revista
Cristiandad, algunos de sus artículos
de inspiración orlandiana,
en todos el carisma de una gran intui­
ción expresada, como decía el Padre, con una persuasiva oonvicción.
Así nació la comunicación y colaboración de Schola Cordis
lesu con Speiro y el concurso fundamental de Schola en los Congre­
sos anuales de la Ciudad Católica que siguen celebrándose sin
interrupción.
IX
El Dr. Canals, Maestro de Maestros.
Nuestra esperanza
A la muerte del Padre O dandis era necesario que alguien re­
cogiera la dirección de su legado. Hacían falta unas condiciones
singulares: pureza de intención, piedad, sacrificio y entrega total,
talento adecuado, y
el atractivo de un insobornable amor por la
Verdad.
Sólo la Verdad sin alifafes llega al corazón. El Dr. Canals
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Fundaci\363n Speiro

FRANCISCO CANALS, 75 AÑOS
sentía esa verdad, a veces, ante determinadas desviaciones, con
violencia restallante,
como cuando Cristo coge el látigo frente a
los mercaderes del templo. Dios le ha dado el gran carisma de la
Fe, vive compenetrado con
el ideal de Schola, y frente a un mundo
que no comprende esas locuras y misticismos tan poco «prácticos»
y que está propicio para lo anecdótico y el pasteleo, Canals cruje,
grita la Verdad, sufre la aspereza de las dificultades con
el aliento
constante de su mujer y la dimensión de «peus a terca» que da la
responsabilidad de sus doce hijos. El Conde de Salces del Ebro,
su paternal amigo, desaparecido
el Padre Orlandis, le alienta en
la dificultad. Ese hombre lleva mucho dentro, me decía. Llevaba
la vocación que nace del Espíritu Santo. Fué
el instrumento provi­
dencial para salvar
Schola, con colaboraciones tan seiíaladas como
las antes apuntadas de los miembros de
Schola.
Los discípulos de Canals creyeron en su testimonio y siguieron
sus ensefianzas; así
los Doctores José María Petit, Edualdo Forment,
José María Alsina, Prevosti y el amplio grupo de componentes
profesores y catedráticos que constituyen la «Escuela Tomista de
Barcelona». La autenticidad del grupo, sus reuniones familiares y
sabatinas, la pureza de sus raíces tienen hoy el testimonio de esas
numerosas vocaciones sacerdotales
y de contemplativos que ocupan
las vanguardias de esa entrega para Cristo en la nueva generación.
En nuestro mundo rodeado de Mentira es necesario salvar toda
levadura; que la Verdad
pueda encontrarse impoluta para des­
lumbrar, atraer y arrastrar.
Por eso siempre he creído que Schola
Cordis lesu no podía morir.
El Padre Orlandis nos dió a leer
Los tres mejores rebeldes (la his­
toria del Cister). San Roberto el rebelde, San Alberico
el radical y
San Esteban
Harding el racionalista. Yo afiadiría aquí a otro «re­
belde» el Dr. Canals, y cuantos como
él siguen el camino de la
oración y de la verdad sin vacilaciones. Los tres monjes mantuvie­
ron la levadura, su ideal monástico, casi en soledad, pero confiando
siempre en la Providencia. Después vendrá San Bernardo y
se
producirá la fermentación de esa levadura y su eclosión en un
nuevo amanecer de cristianismo total...
Que ese sea también el
resultado de tan gloriosas rebeldías como la del Dr. Canals.
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