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1979

Propiedad, vida humana y libertad

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1979
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Propiedad y medios de comunicación social

PROPIEDAD Y MEDIOS DE COMUNICACION SOClIAL
POR
ENRIQUE MBNDOZA-_.DELGADO
I
El tema elegido para esta XVIII . reunión de amigos de la Ciudad
Católica
es el de la propiedad, y es, sin lugar a dudas, un tema de can­
dente actualidad, por cuanto esta institución, sobre la cual se han
construido las más grandes civilizaciones, entra en un período en que,
por diVersas causas, se· amenaza su existencia.
Para la filosofía liberal, la propiedad es un concepto de un de­
recho cuasi divino, que no admite la más. mínima posibilidad de
limitación; último reducto de los derechos individuales del protes­
tantismo
y que han conducido a una sociedad fondámeritalmente egoís­
ta, constituida
más por la adición de individuos que por la unión ar­
mónica de los hombres en-relaciones de sociedad. Para quienes pien­
san de esta forma sobre la propiedad, los derechos que atribuyeron a
la misma los juristas romanos --disfrute, uso y ábuso---conservan
su vigencia; y esta concepción de la propiedad sin límites ha condu0
ciclo siempre al abuso, y con -ello a la injusticia.
Ya en los allx:,,res mismos del capitalismo; muchas mentes lúcidas·
señalaron los peligros a los que conducía esa concepción de la pro­
piedad, la cual terminaría por quedar concentrada en unas pocas ma­
nos y amenazaría gravemente las raíces mismas de la libertad.
En oposición a esta filosofía, el socialismo responde con lógica
maniquea a los abusos de la propiedad : ésta debe desaparecer; la
propiedad sería un
pecado original, fuente de todas las desdichas e
injusticias, pero, además, sin la posibilidad de redención. por la gracia
o el arrepentimiento. La única postura congruente frente a ella es
condenarla a
muerte· y extender un certificado de defunción.
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Contrastando con estas concepciones, se presenta el pensamiento
del sentido común
y católico que, andado en el derecho natural, ane.,,
liza y resuelve el tema de la propiedad, acotando su alcance e incor­
porándolo en los horizontes más amplios de la
riqueza y complejidad
de la vida humana.
Para quienes así piensan, la propiedad
es una instituci.ón de dere­
cho natural otorgada por Dios á los hombres para atender de una
forma
más eficiente a sus necesidades vitales, pero recordando al
mismo tiempo que
el hombre es un ser sociable, y que la plenitud
de su ser
se desarrolla en la vida en sociedad, por lo que éste no es
sólo sujeto de derechos, sino también de deberes, y esos deberes al­
canzan también al resto de los hombres con los cuales con.vive, esta­
bleciéndose de esta forma un entramado de deberes y derechos que
se expresan en el bien común, objeto propio de la sociedad.
Así, la doctrina del sentido común y católica contempla el aspecto
ambivalente de la propiedad en su función personal y en su función
social, como
fuente y objeto de deberes y derechos al mismo tiempo.
Esta concepción de la propiedad
no reconoce a la misma derechos
absolutos e inamovibles. Reconociendo el
derecho de todo hombre

a
la propiedad, ésta puede ser objeto de reglamentación por parte de
los gobernantes, atendiendo a las peculiaridades de la sociedad con­
creta en la que se ejerce el derecho
y a .las circunstancias temporales
que se presentan. No podrá ser reglamentado de la misma forma el
derecho a la propiedad en una sociedad primitiva que en una evolu­
cionada, ni
en una sociedad depauperada que en otra próspera. Salvado
siempre
el derecho a la propiedad personal, los !Imites de la misma
en función del bien común no pueden ser los mismos.
n
Si, como hemos dicho, la propiedad debe cumplir una función
social, es evidente que esta función
es más clara para algún tipo de
bienes que para otros. Para los bienes de uso o consumo personal,
su función social
es despreciable, pero para otro tipo de bienes, tales
como los llamados bienes de capital, o para aquellos que prestan un
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servicie;> directo a la sociedad como conjunto, los .niveles de exigencia
en el cumplimiento
de una función social son más graves y más altos.
Este tipo de bienes,
por sus peculiares característiCl!S, deben· ser
objeto
de una tutela y vigilancia más estrecha por parte del Estado,
que, como garante del bien común, debe velar porque
esa función social
sea cumplida. Pero
asegurar el cumplimiento de esa función social no
puede significar la negación del derecho a la propiedad, aunque en
casos extremos este derecho pueda ceder ante el principio
de solida­
ridad
y ser suspendido su ejercicio sobre determinado tipo de bienes
en razón del bien común; estaremos, entonces, ante el caso de la ex­
propiación por causa de utilidad pública, que será, normalmente, una
excepción
y no una regla.
El derecho de propiedad se extiende
no sólo a las personas con­
sideradas como
individuo,;, sino también a las personas relacionadas
por algún tipo de vínculo social en los llamados cuerpos intermedios.
Estos últimos pueden poseer también los bienes necesarios
para un
mejor cumplimiento de sus fines, y aun el propio Estado debe poseer
algunos bienes para
el cumplimiento de su fin. Ante este multiforme
derecho a la propiedad, el criterio qne preside su ejercicio es el prin­
dpio de subsidiariedad, el cual evitará el estatismo y la absorción de
los bienes
en unas pocas manos, posibilitando que la propiedad y sus
beneficios alcance al mayor número pilSible de hombres.
III
Tras este preámbulo llegamos a nuestro tema: la propiedad de los
medios de comunicación social. Para
· quienes coincidan en los puotos
de vista que hemos expuesto anteriormente, la respuesta sobre la le­
gitimidad
de la propiedad de los medios de comunicación social pa,
rece clara: ésta ,es legítima, pero el Estado deberá vigilar, en su ca­
lidad
de garante del bien común, que el ejercicio de este derecho se
ajuste a los deberes que impone
su función social.
De esta forma se evita la confusión liberal, que diviniza el dere­
cho a la propiedad,
y el equívoco socialista que para remediar sus
males
la suprime.
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Ni los medios de comunicación social en manos del Estado, ni
tampoco en las de particulares con poderes omnímodos. El enorme
influjo de los medios de comunicación social, ·al que nos hemos refe­
rido
ampliamente en la anterior reunión de amigos de la Ciudad
Católica, exige una presencia eficaz del Estado al servicio del bien
común.
Cuanto hasta· ahora hemos dicho sobre la propiedad, supone que
el ejercicio de ese derecho conlleva, de forma esencial, el de direc­
ción o el de dar el propietario el uso que cons.ldere conveniente al
mismo, evitando en esta ocasión analizar las implicaciones de algunas
terulencias de separar el derecho de propiedad del derecho de control,
y que ganan terreno en el campo de los medios de comunicación so­
cial en algunos lugares, como Francia.
IV
Si bien hemos expuesto de forma esquemática las doctrinas libe­
ral y socialista sobre la propiedad,
con el fin de destacar sus diferen­
cias con -la doctrina del sentido común y católica, nuestro juicio sobre
las mismas en la forma que éStas· se presentan actualmente, podría
estar un poco lejos de la realidad. Razón por la cual vamos a harer
una brevísima ref,erencia a la forma en que de esas ideas esquemáticas
que se dieron en el origen del capitalismo y del socialismo se han
visto reformadas por la experiencia histórica y
la realidad.
Desde la difusión de la imprenta, los Estados occidentales
admi­
tieron la propiedad privada de este medio de comunicación. social,
pero conforme aumentaba Ia· inf.luericia del mismo Cjercieron rina vi­
gilancia
más estrecha· que se concretó en la: institución de la censura.
Esta actitud procedía de razonamientos de orden filosófico que desde
Platón, en su libro
La· República, pasando por Maquiaveló, en El
Príncipe, Hobbes, en Leviathán, y Hegel, en su Filosofía del Derecho,
hablan consagrado el principio de la razón de Estado, justificando
el autoritarismo más descarnado
y la sújedó11 de los hombres por una
voluntad
soberana revestida de todas las atriburiones.
La aparición del pensamiento liberal en Francia estimuló la pro-
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ducción literaria y propagó las ideas anti.autoritarias que terminaron
con la censura y dieron paso a la libre publicación y difusión de toda
clase de libelos, folletos, libros.
y panfletos, cuya legitimidad fue
consagrada en
el artículo 11 de la Declaración de los Derechos del
Hombre de 1789 en la siguiente forma: «Siendo la libre comunica­
ción de las opiniones
uno de los más preciados derechos del hombre,
todos los ciudadanos
pueden hablar, escribir y publicar con entera
libertad».
Los liberales ingleses recogieron esta doctrina y la prensa libre
vio un gran desarrollo dnrante los siglos XVIII y XIX, al punto que
hacia
1859, Stuart Mil!, en su obra De la Libertad, defendía que
«si todos los seres humanos menos
uno tuvieran la misma opinión (y
sólo uno fuera de opinión contraria), aquéllos
no estarían más jus­
tificados para silenciar a esa persona que ella, si contara con el poder
necesario,
para silenciar a los d~»-Está implícito en este pensa­
miento el aforismo:
«los males de la libertad con más libertad se
curan»,
y los países en ios que rigió esta filosofla pronto se vieron
envueltos
en revueltas sociales, y aquellos que contaron con los me­
dios económicos
para comprar imprentas y periódicos de gran tirada
supieron utilizar de este medio en beneficio propio, ayudando a
consolidar sus fortnnas.
Las doctrinas disolventes se difundieron por
todas las naciones, a pesar de la voces que se alzaron
en contra de
esa falsa libertad,
y, de forma muy destacada, los Romanos Pontífices.
En los países socialistas, en especial
en la Unión Soviética, si­
guiendo el pensamiento de Hegel, Marx
y Lenin, se ha desartollado
el principio de propiedad de
los medios de comunicación en exclusiva
por el Estado, quien por medios especializados censura todo tipo de
comunicación social. Estas ideas
se han trasplantado al resto de los
países socialistas segón la consigna de Lenin en 1918: «Tenernos que
transformar la prensa -y la transformaremos-en un instrumento
para la reeducación de las masas» y añadía: «Sólo cuando los recursos
necesarios para el control de la prensa son de propiedad pública,
puede el pueblo gozar de una auténtica libertad de
prensa».
En las naciones occidentales, la filosofía liberal sobre los medios
de comunicad6n social se mantuvo prácticamente sin variaciones hasta
el nacimiento de la radio y la televisión, que presentaban nuevos pro-
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blemás por causa de su influencia.; por .qi,~iguiente, awi en los países
de · mayor tradición. liberal, se exigió a ]05 propietarios y directores
de
los medios de infonnación mayor responsabilicLtd de sus actos,
y · se sometió a los nuevos medios ---cine, radio, televisión- a legis­
laciones y controles específicos, hasta llegar a la variedad de sistemas
de propiedad
y, por tanto,· de control, que existen en la actualidad
en los medios de comun.itación social.
Un ejemplo típico de la diversidad de formas que adquiere el
derecho de propiedad en relación a los medios de comunicación social
en la actualidad, lo tenemos en el caso de la televisión -medio masivo
por
excelencia~ y sobre el cual vamos a docir unas palabras.
V
Entré las formas de propiedad .de los medioo de comunicación te­
levisiva que existen. en el mundO: actual, podemos distinguir las si-. .
gwenres:
a) Monopolio de explotación directa por el Estado: en todos los
paises socialistas y en Francia, Noruega, Bélgica, Dinamarca,
Turquía, Colombia, Chile, Uruguay
Costa Rica y España.
b) Monopolio de explotación concedido a · una sociedad de carácter
mixto;
que bien puede ser privada y estatal o estatal con la par­
ticipación de instituciones diversas. Es el caso de Suiza, Suecia,
Nigeria,
Mónaco, Italia· y Holanda.
e) Monopolio de explotación concedido a una empresa privada por
un
plazo de tiempo y mediante el pago de un canon al Estado.
En este régimen actóan Luxemburgo, Irlanda, República Domi­
nicana
y El Salvador.
d) Monopolio federalista. En este caso los Estados que configuran
una nación conceden a
una corporación de Derecho público la
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· explotación. As! ocurre en fa República Federal Alemana, donde
además de las
11 estaciones de los Llinder, funciona una segunda
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cadena de alcance nacional, explotada también por una corpora­
ción de Derecho público
en virtud de concesión federal.
e) Regímenes pluralistas, en los que, a.demás de las estaciones ex­
plotadas por el
Estado, existen una· o varias

estaciones llevadas
por enfida.cles particulares, como en los casos de Finlandia, Gran
Bretaña (BBC e
ITA), Canadá, Australia, Venezuela, Japón,
Filipinas y México.
f J Régimen de libertad de empresa, cuyo máximo exponente son
los Estados Unidos; en
la misma situación están Brasil y Ar­
gentina.
Dentro de esta tipología
se dan también variantes, pues aunque en
muchos países la explotación es un monopolio estatal, el control de
este medio no
depende directamente del Estado. En Gran Bretaña
la BBC
es una corporación pública -no una empresa priva.da ni del
Estado-responsable ante un comité de ciudadanos distingnidos .. En
Bélgica es una fundación pública; en Francia un servicio público con
presupuesto propio; en Alemania un organismo bajo control de re­
presentantes de organizaciones culturales, religiosas, profesionales, etc.
En general, en todos los países se observa nna tendencia a redu­
cirse el número de empresas de comunicación social y a concentrarse
en unas pocas de proporciones gigantescas. Este fenómeno se produce
por las
leyes económicas de la economía de escala y de control de
mercado,
en tanto que en otros se produce por la participación del
Estado en empresas
de este tipo que atraviesan por dificultades fi­
nancieras.
Para evitar los inconvenientes que derivan del alto coste de ex­
plotación de medios de comunicación social propios, el Estado puede
contribuir subsidiariamente_ a que éstos puedan existir y cumplir con
su misión de informar, instruir
y divertir a condición de que estos
medios contribuyan al bien común y que el auxilio prestado a éstos
obedezca a criterios jnstos
de• prioridades.
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VI
En tomo al derecho dé propiedad de los medios de comunicación
social
están los deberes de responsabilidad y de libertad. Cuando la
propiedad se desliga de la responsabilidad, ésta ya no es tal, sino
una burda deformación de la misma. Los medios de comunicación
social debeo ser administrados con sentido de responsabilidad y, como
ésta se
olvida fácilmeote en razón de intereses particulares, el Estado
deberá contar con los medios suficientes para. hacer que ésta sea asu­
mida por los propietarios.
No sólo debe exigirse a los propietarios de estos medios el res­
peto a los
preceptos legales escritos, sino también a las costumbres y
moral públicas. En este campo, la autoridad moral de la Iglesia a
través
de la jerarquía debe jugar también un papel importante en los
criterios
de valoración y de responsabilidad en el uso de los medios
de comwtlcación 'Social.
A este objetivo puede contribuir también eficazmente el factor
económico,
en especial las inserciones publicitarias de las cua:les de­
peoden
en gran medida estos medios para subsistir. La opinión pú­
blica
organizada puede ser también un poderoso medio para obligar
a esta forma de propiedad a que cumpla con sus deberes cívicos y
sociales. El
contacto con los destinatarios de los medios de comuni­
cación social es con frecuencia importante, por lo que las cartas de
los receptores de los mensajes tiene una importancia que no siempre
se valora.
VII
Para finalizar, diremos unas CUl!!ltas ,palabras sobre los medios de
comunicación
social en España. Por cuanto al régimen de propiedad
se refiere, existe plena libertad de empresa en la prensa, producción
editorial y cinematográfica
y en la radio, cuyas actuaciones están su­
jetas a leyes especificas
para cada medio.
En todos estos campos de los medios de comunicación social, la
preseocia del Estado en los mismos va en aumento. COexisten con las
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empresas privadas, empresas estatales o con participación del Estado
en la radio, la prensa y las editoriales, que el Gobierno ha manifestado
su propósito de conservar,
La televisión ha sido regulada por uo estatuto que, aunque intro­
duce en su estructura orgánica un consejo asesor, a semejanza de
otras naciones, éste no tiene, en la -práctica, la misma proyección,
pues además de contar con uoa numerosa participación de los par­
tidos políticos, carece de capacidad ejecutiva, con lo cual este impor­
tante medio de comunicación social permanecerá en manos del Go­
bierno de tumo, con todas las posibilidades que su manipulacióo
ofrece. Aunque
aparentemente la Ley concede el mooopolio televisivo a:!
Estado, en su interpretación por miembros del mismo Gobierno, se
habría dejado abierta la posibilidad a la aparición de la televisión pri­
vada, hecho que supoodria un cambio importante en
la vida de la
sociedad española, y en donde podría encontrarse un campo propicio
para
difundir la cultura, informar con objetividad y distraer sana­
mente.
No debería olvidarse que, según el Ministerio de Cultura, el
80 % de los españoles reconocieron en una encuesta que su único
medio de información era la televisi6n.
Terminamos resumiendo: 1.Q Que existe el derecho a la propie­
dad de los medioo de comunicadóo social; 2,Q Que el ejercicio de
este
derecho debe ser regulado por el Estado, y 3.º Que para que
estos medios cumplan responsablemente su misión es necesaria 1a
iniciativa de todos los ciudadanos y, en particular, de aquellos más
preparados para hacerlo. Cómo puede lograrse este objetivo aqul y
ahora, será el objeto del debate de este forum.
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