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1972

Acción y contemplación

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1972
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Fortaleza y violencia

· FORTALEZA Y .VIOLENCIA
POR
ESTANISLAO _ GÁNTERO.
L EL ORDEN Y LA VIOLENCIA.-Fortaleza, fuerza y vio•
lencia. Violericia buena
y violencia: mala. El orden, sus presu­
puestos, la violencia al servicio del orden.
II. LA VIOLENCIA
MALA.-Violencia mala y violencia revolu­
ciona.tia. Manifestaciones de la Violencia ·revolucionaria: vio­
lencia estructural, violencia material. o tetrorislllo y, viol~ncia
moral o v~_oléncia contra 10s espíritus..
III. OMNIA INSTAURARE IN CHRISTO.-Formación y acción.
IV. CONCLUSION.
L . EL ORDEN y LA VIOLENCIA.
Fortalezat. fuerza· y violencia.
Siguiendo a Santó To·más, la fortaleza puede entenderse. en dos
sertidos. En ~entido estricto, la Íoi:taleza es aqi.:,.ella v_irtud ·e~p~Jfica
qu:e consiste en ia especial firfllez~ para r~sistir Y rech~ en los c;:uales es suma_n_iente·_difíciJ mantenerse firmes, eS_ deC:ir~ en lo~
peligros graves. Es la virtud por la cu.al se ve11~e el temdi y se mo-
dera la audacia_ (l). ., .. , . . ·. , ·. ·. , .. ·.
~n sentido amplio, fortaleza ~s firmeza, ?e ánim<:> en general, y
e.orno tal, ~ondición, necesaria de toda virtud ( 2) .
(1) ·Santo Tomás: Suma Teológica,. 2.ª-2·ª q. 1:?3 a. 2 .Y a. 3 en la B. A.
C., tomo IX, págs. 700 y sigs.
(2) Santo Tomás: Suma. Teológica, 2.ª-2·ª q. 123 .ª·· 2, B. A. C., tomo
IX, pág. 700, Madád, 1955.
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EST ANISLAO CANTER.O
Por otra parte, existe wi orden por el cual todas las cosas están
dirigidas a su fin. Este orden
ha sido querido y establecido por Dios.
Cada vez que se olvidan, posponen o se rechazan
esos fines especí­
ficos, se genera
el desorden y se conculca la voluntad de Dios. Este
orden está constantemente amenazado desde que
Luzbel lanzó su
«non serviam».
Pues bien, para evitar el mal y hacer el bien, puede ser insufi­
ciente tanto la fortaleza en sentido amplio y en sentido estricto, como
la fuerza misma que emana del orden. Porque a partir del orden mismo,
surge una fuerza, la fuerza del orden, fuerza que éste posee para man­
tener _las cosas adecuadas a sus fines, que tieride a: resistir· y rechazar
los ataques contra él dirigidos. Esta fuerza que tiende a conservar el
orden,
es efecto mismo de él.·
Tanto la fortaleza como esa fuerza, dan lugar, en ocasiones, a la
aparición de la violencia, cuando aquellas por sí solas no bastan para
_seguir el bien. Pero la_ violencia no se confunde con ellt:!,s ;.-es distinta.
Aquellas no pueden ser · malas,· son siempre buenas. La violencia, en
cambio,
que. nace-s_iempre a partir de una situación de desorden,
puede ser buena o mala.
Si tiende a restablecer_ ese orden amenazado
o transgredido, será buena; si, por el contrario,
lo ataca o pOne en
peligro, será mala.
Pero
hay que señalar, que la violencia aparece siempre cuand6
hay desorden o peligro de él.
En el primer caso, la violencia buena,
se basa en el orden mismo, que reacciona ante esa
siru.ación de pe­
ligro. En el segundo caso, la violencia mala, tiene su origen en el mal,
en el
,-desorden, provocando aquella situación.
Porgue la violencia, aun fundada en la ira, que es una pasión,
no significa
por ello. que sea mala, ya que, sigoiendo a Santo .To­
más, la pasión moderada ayuda a la virtud. El apetito sensitivo, si
sigue el imperio de la razón, se convierte en auxiliar poderoso de la
virtud de la fortaleza, con lo que es más fácil resistir y acometer (3).
Por tanto, la violencia puede ser o no una señal de fuerza y de
fortaleza. Puede serlo hasta de debilidad, como la que
. ejerce el ti­
rano, que sin
ella no se manten_dría en el poder. La. violencia no se
(3) Santo Tomás: Suma Teológica, 2.ª'-2.!!-q. 123 a. 10, B. A. C., tomo
IX, págs, 717-718.
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FOEI' ALBZA Y VIOLENCIA
identifica con la fuerza, con esa.· fuerza que hemos se~alado, porque
ésta es benigria y suave, fruto de la armonfa entre las cosas. Cuanto
mayor
es el orden, mayor es esa fuerza y menor la Violencia; y, a la
inversa, cuanto mayor
es el desorden, mayor la violencia y menor esa
fuerza.
Violencia buena y vfolencia mala.
Hay, pues, violencia buena y violencia mala. Todo depende de
la finalidad para la cual se ejerza. El orden es la pauta para poder­
las discernir. Orden que sirve no sólo para_ diferenciar los fines a
que se encamine la violencia, sino también para conocer que hay tipos
de violencia, que aun supuesto su ejercicio
pa,ra un fin legítimo ( cues­
tión de suyo muy dudosa
_si no imposible), son siempre tipos o for­
mas de violencia mala. Porque no s6Io hay que atender a la finalidad
de
la violencia, sino también al modo de su ejercicio.
Tal ocurre, como veremos más adelante, con el terrorismo, que
es siempre una violencia mala, porque en su ejercicio se está ya con­
culcando el orden. (Supuesta la violencia como un medio, la finalidad
a que se destine no justifica su ejercicio, cuando ya es mala en sí
misma).
Violencia buena
y violencia mala. Concepciones distintas y opues­
tas de la violencia que es necesario tener ·~iempre presentes, sobre todo
cuando, por una parte, nos encontramos ante un papan_atismo .paci­
fista, que en nombre de un concepto totalmente trastrocado de la paz,
condena toda
violenci_a, «venga de donde venga», y, por otra, en
nombre-
__ de no se sabe qué €Speciales _carismas, se nos habla de--la
teología de la violencia y de la teología de la revolución.
El orden y sus presupuestos. La violencia al servicio del orden.
La sociedad actual está vapuleada por múltiples violencias malas.
Para
conocer-las es necesario conocer el orden social que ponen en
peligro, cuándo existe ese peligro, a quién compete el ejercicio
de la
violencia buena y para qué
la ha de ejercer.
El centro de la sociedad es el hombre, cont~plado, no como in­
dividualidad aislada, sino como formando parte de -fa familia y de
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t!ST.1NJSD1.0" ."CANTERO,
lo~. múltiples y variados cuerpos intermedios donde se desarrolla sú
vida1 los ruales 'forman la estructura social, y teni~do en cuenta,
que la_ razón de la existencia de .todo hombre es alcai:tzar· la vida en
el.·cielo, tras iecorrér el camino de este mundo qu ha .de ser fructí­
fero para alcanzar aquél.
El orden social consiste en
que la sociedad entera se desenvuelva
de acuerdo con esa finalidad : cumplimiento
de .la voluntad de Dios
~ es.ta vida, para poder gozarle en el cielo. Con esto no-se niega que
el
firi de la autoridad efi la sociedad civil sea el velar para la corise­
¿uélón dei _ bién común· teinporal, ni se Sustr~e-esa ·finalidad. ··sobrena­
tural, · específica · de la IglesíÍt, · a la misma.
Significa tan sólo puntualizarlo en el sentido de que sin esa vi­
sión sobi-ena:tu!'al, tódo. empe·ñ:o -en ·conseguir el bien común tempbr~
es imp(?~ibte; y qri~, aunque_lOs_ ffiedios ··sobrenaturales sóIO los su­
ministra · la Iglesia, los medibs de· índole material y natural, también
los aporta el buen
orden social ( 4).
Porque el poder · temporal, aurique temporal, ha de ser cristiano.
Lo; que signific~ que ba de colaborar para que el hombre consiga su
fin lÍltimo, mislCSn de la que no puede sustraerse, ni siquiera bajo el
pretexto de que esa
es la misión específica de la Iglesia. -
Lo que ~ recordado co~stantemente la doctrina, católica. Así
cuanck, León XIII en la encíclica «lnmortale -Dei» ( 5), señalaba co­
mo un deber del Estado la defensa de la religión católica, o cuando
(4). Así, León XIII señalaba como perjudicial para el· bien -común el
olvido de nuestro fin sobrenatural,
al -decir: «Sobre todo, -Nos estimamos que
hay
.tres. cosas perjudiciales en sumo grado para el bien común: el horror a
la vida modesta. y
laborio~a, el ffiiedo _ a sufrir Y el olvido de la vida futura
que esperamos».
Laetitia'e sanctae, núm. 2, en la B. A. C., Doctrina Pontificia,
Documentos sociales, 2.ª edición, Madrid; 1964, pág. 316.
(5) «Entre sus principale~ oh.ligaciones (del Estado) deben colocar la
obligación de favorecer la religión, defenderla con eficacia, ponerla bajo el
aii\{>ard dtnas leyes; no legislar nada'. que sea contrario a la incolumidad de
aquélla. Obliga~ión debida ·por los gobernantes también· a, sus ciudadanos.
R~rq_Ue todos-loS hombres hemos nacido. y hemos sido criados para alcanza~
un fin último y · supremo, al _que .. debemos referir todos nuestros propósitos,_
y que está colocado en el
cieJ~; más allá de la frágil brevedad de esta vida.
Si, pues, de este sumo bien depende 1~ feliddad i,erfeCÍa y total de los ·hom­
b;"es, la Consecuencia es dára: la consecución de este tÚeri. -imPórt~ tanto a
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en Ji, «Libertas praestantissiinuml> ( 6) decía que «aunque el fin próxi­
mo de la actuación del Estado es proporcionar a los ciudadanos la
prosperidad en esta vida terrena, sin embargo, no __ debe disminuir
sino aumentar al ciudadano las facilidades para conseguir el sumo
y último bien». Lo volvía a decir San Pío X en la «Vehementer
Nos»
(7), al condenar --una vez más-la doctrina" de la separación
entre
la Iglesia y el Estado ; lo repetía Pío XI en la «Divini Redem¡,­
toris» .(8); insistía _de nuevo Pío XII .en diversas ocasiones, como· en
«Summi Pontificatus» (9) o en el radiomensaje de Navidad de 1944,
~ada uno de los ciudadanos que no hay ni puede haber otro asuntO niás im·
pOrta:nte. Por tanto, es necesario que el Estad.O, establecido' para d bien de
1:odos, af asegurar la "prosperidad pública, proceda ·de-tal forma que, lejos
de crear. obstáculós; dé todas las facilidades posibles. a l~s. ciúdadanos para el
logro de aquel bien sumo ·e inconmutable:que n:aturalmente desean.-La pri­
mera
y principal de todas ellas _consiste. en procurar up.a inviolable y santa
observancia de la religión,
cuyos deberes. unen al hombre con Dios» . .ln_­
mortale Dei, núm. 3 eri la B. A. C., Doctri;1a Pontif;cid,· Documentos políticos,
Madrid,
19'.58, pág. 194:
(6) Libertas praestantis!im,,m, núm. 16, B. A. C.,_ .doc. ·poi., p~g. 245.
(7) «En segundo lugar, la tesis de que hablaroo¡; (separación de ia· Igle­
sia y el Esta.do) constituye una verdac;lera negación del oi:den sobrenatural,
porque lj.mita la acción del Estado a la prosperidad pública ~e esta. vida
mortal, que
es en efecto, la ·causa ·próxima de toda sociedad política, y· se
despreocupa completamente de la razón última del ciudadano, que
es 1~ eter­
'na bienaventuranza pfopú.esta al honibre para cuándo _ haya terminado 1a bre­
vedad de esta vida, como si fuera cosa ajena por completo
al :Estado._ Tesis
completamente falsa, porque, así como el orden de la vida presente está todo
él ordenado a la consecución de aquel sumo y absoluto bfon, así también es
verdad evidente que
el Está.do no sólo rio debe ser obstáculo para esta con­
secución, sino que, además, debe favorecerla todo lo posible»_ V ehementer
Nos,
núm. 2, B. A. C., doc. pol., págs. 384-385.
(8) «Para lograr precisamente este orden tranquilo por medio de la
colaboración -
·de todos, la doctrina católica: reivindica ·para el Estado toda la
dignidad y toda -la autoridad-'. necesaria ·pata defender con vigilante solicitud,
como·· frecuenterpente enseñan la ·sagrada Escritura y· los Santos Padres, todos
los
derethós divinos· y humanos,>. Divlni Redemptoris, núm. 32, B. A. C.-,
doc. pol., pág. 689.
· (9) <~Porque el poder político, como sabiamente ehseña en la encíclica
Inmortale Dei nuestro predecesor León-.XIII; de 'piadosa memo.ria; ha· sido
establecido
p"or el supremo -Creador pata regular la vida pública según las
prescripciones de aquel orden inmutable que se apoya y es regido
poi' prin-
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EST ANISLAO CANTER.O
< Iglesia.
CuanJo el orden existe, cuando reina .plenamente, la violencia no
es necesaria en absoluto. Tal ocurre cuando las cosas concurren ar­
moniosamente a sus fines. Pero como el hombre no
es bueno por
naturalezl, el orden en su totalidad no es posible más que en el cielo.
Cuando
ea, la sociedad reina 1a doctrina católica, el desorden es mí-
" nimo. A mj,di_~a que se seculariza y descristianiza, el desorden au-
menta.
Al surgir el desorden o eJ peligro de él, cuando la sola fuerza de
lo que está en orden no
basta para impedirlo o restablecer el orden,
es necesaria la aparici,ón de la violencia. Violencia que será buena si
tiene esa finalidad y se realiza de aruerdo con el orden.
El ejercicio de esta violencia, cuando el desorden pone en peligro
la sociedad civil, cuando ataca al bien común, corresponde a
la auto­
ridad, puesto que al encargad~ de velar por el orden le compete
también, necesaria
y obligatoriamente,, el poder mantenerlo, defen­
derlo
y restaurarlo.
La transgresión o
la amenaza al orden social puede serlo en dos
a,c;pecto. Uno, que denominaremos material, como el ataque de una
nación a otra para someterla a su imperio. Otro, que denominaremos
espiritual, cuando el peligro versa, sobre todo, en las ideas, como
cuando se ataca a la religión o a los principios en que se basa el
orden social.
cipiciS ·universales; para facilitar a la persona "huriiana, en esta vida presente,
la
mnsecución -de la Perfección física, intelectual y moral, y para ayudar a
los ciudadanos a conseguir el fin
sobrenatural, que constituye su destino
supremo. El Estado, por
tanto, tiene esta noble misión: reconocei, regular y pro­
mover en la vida nacional
las· actividades y las iniciativas pí-ivada5 de los
fo.dividuos; dirigir convenienterÍlente estas actividades al bien Común~ el cual
nó puede· quedar determinado por el · capricho de nadie ni por la exclusiva
prosperidád
tempüral de la sociedad civil, sino que debe· ser definid() de
acuerdo con la perfección natural del hombre, a la cual está destinado
e1
Estado por el Creador como medio y comO 'garantía». Sum.mi Pontificatur,
nUms. 44-45, B. A. C., doc'. poi., pág. 777.
(10) Cfr.· Beni"g'nitas et humanitar, núm. ·23, B. A. C., doc. pol., Pi:
gina 877.
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FORTALEZA Y VIOLENCIA
Si es obvia la necesidad y legitimidad de la violencia en el pri­
mer caso, con mucha mayor razón es necesario su uso cuando la
amenaza se cierne -y este es el peligro real que corre hoy la socie­
dad-sobre los mismos pilares del orden y la civilización. Pilares
que tienen su fundamento en Dios.
Los gobiernos, fundamentalmente desde el siglo xvm, y de modo
casi general, no sólo han perrilanecido inactivos cuando se combatía
la religión católica y a la Iglesia y se negaban ]as verdades naturales,
sino que, con frecuencia, · han colaborado en tales ataques, sin darse
cuenta," algunas veces; d.e que ar mismo tiempo fraguaban el caos en
la sociedad y ea el Estado. Razón tenía Donoso Cortes (11) .t se­
ñalar que «el gran pecado de estos tiempos consiste en el intento vano,
por parte de las sociedades civiles, de formar para su uso propio un
nuevo código
de verdades políticas y de principios sociales ; en el
intento vano de arreglar sus cosas por medio de concepciones pura­
mente humanas, hacierido una absoluta abstracción de las concepcio­
nes divinas».
Hoy el· peligro que corre lá civilización, pese a quienes crean en
el mito del. progreso indefinido, es el de su desaparición. Cuando
se le dice al hombre y se le convence de que la historia y el progreso,
lejos de ser fruto de
su actividad ordenada, son efecto de un viento
materialista ineludible y a cuyo soplo, de modo paradójico, hay. que
contribuir para moverlo y acelerarlo, no es ·de extrañar ·que la so­
ciedad entera sufra los efectos de un huracán devastador.
. Bimdad,. pues, de la violencia que ~ ello se .opone .. Bondad de
un3. viOl~ciá coino Iá de Felipe iI, conséiénte plen~mente de que el
poder temporal ha de ser cristiano; y de que el bien común no es
solaruente material. Violencia · buena como la de las Cruzadas o la de
Lepanto,
como la de las guerras rnlistas o la útlima Cruzada espa­
ñola, como la de la guerra crist~ra o 1.a de lo~ zuavos pontificios.
Violencias buenas más excelsas que aquellas que defiendeo, jus­
tamente, un bien material, pues la justicia de su causa era la defensa
de la verdad, el bieo y el orden frente al error, el mal y el desorden.
( 11) Donoso Cortés, carta dirigida _al director de la «Revue des Deux
Mondes»,
M. de Broglie, rebatiendo la crítica que éste hizo de su «Ensayó».
En Textos políticos, ed. Rialp, Mádrid; 1954, .pág. 456.
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Violellcia; eÍl definitiva, eh deferis_a de los. derechos de Dios, de
Dios:· mismo.
Por no comprender, como advertía San Pío X (12) que «no hay
verdadera ·civilización si~ la civilización moral, y no hay verdadera ci­
vilización moral sin la religión católica», el hombre de hoy, deSarrai­
gádo,
masificado, dirigido eficazmente por la propaganda, · no se
atreve a proclamar y defender el uso de la violencia en defensa de la
religión
y de los fundamentos del orden social.
Más' aún, no cree ya que esa razón legitime el .uso ·de la violencia.
Se oponen a ello, ¡ tantas veces lo ha oído!, el respeto mutuo y la
digriidad de la
persona humana. ¡ Como si esa dignidad fuera posible
cuando
se abomina de Dios! ¡Como si el ·hombre mereciese más res­
peto que el Creador! ¡ Como si-ese pretendido mutuo respeto impi­
diera la
perietració'n-·del error, la subversión de los conceptos y de la
misma -inteligencia l
«Matar
a un hetéje - crimen imperdonable».
Y, ciertamente, es verdad, siempre que se le
mate por el simple hecho de ser hereje. Pero si con la práctica de su
herejía, con· Su defensa y difusión, corrOinpe el orden cristiano (lo
{J2) San Pío X: Notre _charge ApoJtoli,¡ue, núm. 36, B. A. C., Doc.
poi., pág. 417. . .
(13) Cit. por Willi-am ThOmas Walsh en Personajes de la Inquisición,
Espasa-Calpe, 3.! ed., Madrid, 1963, pág. 5o.
Que el sentido · de esta frase de San, Juan Crisóstorilo es el que le damos,
y· no Of"!O por el que pueda co.1;1siderársele como un pacifista o defensor d~
la no yiolenda, queda puesto de relieve por este -texto suyh de la Homilía
16
'sobre el Evangel_io_ de San ~ateo:
«Y si la ley del talión es Crueldad, también lo será reprimir al asesino
y cortarle lÓs pasÜS al adúltero. Pero esto sólo un insensato y un loco de re.
mate pudieran· afirmarlo. Yo, por mi parte, tan lejos estoy "de decir que haya
crueldad en ello, que más
bien· afirmo que, en buena razón humana, lo mn­
trai:io sería más bi~ _ una iniquidad. Tu dices ser Dios cruel por haber man­
dado.
S{I.Car ojo por ojo; pero Y.O te ~igo que, de. no haberlo mandado, hu­
biera parecido a
· todo el mundo eso que tú dices. Imaginemos si no, pOr un
momento; que ·desaparece toda léy y que nadie tiene que t~mer castigo algu~o
por parte de ella. Los malvados todos pueden ejercitar sin miedo alguno sus
malas
.mañas-. Anden sueltos adúlteros;· homicidas, "ladrones; perjuros y pa.
uicjdas.-¿No e5 así' CJ.ue todo se trastornaría de arriba abajo, y cj_ue ciudades,
plazas, familias,
la tierra .y· el mar, el' universo entero, se llenaría de abomi-
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FORTALEZA Y VIOLENCIA
que ciertamente ocurre cuando no se limita -su práctica y se la pone
en pie
de igualdad con la religión católica, sino de derecho por lo
menos de hecho),
es licito y necesario que ese orden cristiano ame­
nazado aplique la violencia contra él, tanto más duramente cuanto
mayor
sea el peligro que corre el orden cristiano. Y; cabalmente, tal
fue la labor de la Inquisición y de las Cruzadas.
Los ataques internos
y externos a la religión y
al orden social cristiano, hicieron necesario
el uso de la violencia para evitarlos,
fundada en la justicia de la de­
fensa del Altísimo.
Sin embargo,
no sólo se condena este tipo de violencia, 1a vio­
lencia buená, sino
que se llega a defender y disculpar la violencia
mala, porque
quiénes la ejercen -se dice-se ven impulsados a
ello por sus errores o
por el desorden al que sirven. Al llegar a este
punto, se ha dado la vuelta a los conceptos·; la subversión se ha apo­
derado de las mentes· de quienes no admiten la violencia buena, y
al mismo tiempo, _explican; disculpan. y justifican la violencia al ser­
vicio del mal.
Si Dios nos manda poner la otra mejilla a .quienes nos golpean,
no manda, en cambio, permanecer
inactivos ruando vemos golpeado
a nuestro vecino, ayudando
al agresor con nuestra inactividad o per­
maneciendo impasibles y permitiendo la difusión del error.
La violencia puede ser una exigencia misma en defensa de
la
verdad y el orden. San Agustín. (14} lo señalaba de modo magistral
al decir que
guido a los buenos y los buenos han perseguido a los malos. Los
unos, dañando por injusticia; los otros, beneficiando _por disciplina;.
los unos, cruelmente; los.
otros,. templad.amente; los unos, al servicio
del apetito;
los otros, al de l mira cómo tortura, pero el
que cura mira cómo saja; eL uno persigue
a la salud'.

el otro a la gangrena. Mataron los impíos a los profetas,
naciones y asesinatos? ¡Evidentemente! Porque si, con todas las leyes y su
temor y amenázaS, a duras penas se tienen a raya las perversas intenciones,
si esa ·barrera se qllitara, ¿qué obstáculo quedaría-para que no triunfara la
maldad?» ... En Homilías Jobre San Maleo, tomo I, B. A. C., Madrid, 19,5,
págs. 324-325:
(14) San Agustín: Carta 93, a Vi':ente rogatista (año· 408), ·cap: II,
núm.-. 8; en la B. A; ·c., tomo VIII,-pág 5·50, Madrid, 2.ª· éd., 1967.
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EST ANlSLAO CANTERO
mataron los profetas a los impíos. Los ju Cristo flageló. a los jµdíos.
Los hombres entregaron a los apóstoles
a las autoridades humanas ; los apóstoles entregaron a los hombres
a la potestad de
Satanás. ¿Qué es lo que se atiende en todos estos
casos, sino quién padece por la verdad y
quién por la iniquidad, quién
para dañar
y quién para curar?».
La violencia, por tanto, es necesaria en servicio del orden, cuando
la seguridad de éste
lo requiera. Y este orden social no es un mero
ideal inalcanzable
al que se mire por imperio del «mithos» so_bre el
>, sino ,que precisamente, y de modo contrario, orden social
posible al que hay que tender por imperativo mismo de la razón.
Orden social que necesita para su existencia de
las leyes, el poder
y la autoridad.
El derecho natural y la revelación son quienes
nos hacen cono­
cer el bien
y el mal, la verdad y el error, el orden y lo que no lo es.
Sin embargo, son insuficientes para el orden social,
por lo que son
necesarias las leyes humanas.
Esas leyes humanas han de ser acordes con la ley natural, reflejo
de la
ley eterna sin lo cual el orden no sería posible, porque como
dice M. Villey
(15) «sólo la naturaleza es susceptible de suministrar
a las
pregtintas 'de los juristas respuestas sustanciales», lo contrario,
como el
mismo indica, supone entregarse como esclavos al Iegalísmo
jurídico, puesto
que la revelación calla a este respecto.
Leyes humanas, como explica Vallet de Goytisolo (16) resu­
miendo la doctrina clásica del derecho
natural, que estén inspiradas
y corregidas por éste,
ya que ni el derecho natural ni la naturaleza
de las
cosas pueden ser fuente directa del derecho.
Poder
que· dirija y ar:monice dentro de su actividad propia, sin
lci cilal el orden tampoco es posible. Poder consciente de que «Rex
eris si recte facias; si non facias non eris» (17) porque «regnum non
(15). M. Villey: Leronr d1Histoire de la Philosophie du Droit, cit. por.
Vallet de· Goytisolo en Sociedad de masas y derecho, ed-. Taurus; Madrid~
1969, pág. 262.
(16) Vallet de Goytisolo: Panorama del Derecho civil, ed. Bosch, Bar­
celona, 1963, pág: 55.
( 17) San, Isidoro: .Etimologías, cit por "Llorca, Garda Villoslada y Mon-
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FORTALEZA YVIOLENCIA
est· prop\er rege,n, sed rex propter regnum» (18). Poder que .reco­
nozca que le viene dado directamente
por Dios y en el cual el pueblo
sólo interviene en su
, designación y no en su transmisión porque
nadie puede dar lo que no tiene.
(Lo que nos explicó tan magnífica
como brevemente en la VIII Reunión· de amigos de· la Ciudad Católica,
Eugenio Vegas
(19).
· Autoridad por la cual el que obedece reconozca la razón del que
manda; vínculo inmaterial que liga las voluntades de los súbditos,
porque se desprende de la misma naturaleza de las cosas; o como
escribe el profesor Elías de Tejada
(20), «relación sociológica de
superioridad acatada gracias a su clarísima
evidencia>>, base misma
del
poder, que como éi mismo añade más adelante «no depende de la
justicia
por sí sola sino del complejo de valores que sirvan de crite­
rio a quien haya de estimar o no haya de estimar la persona o
la ins­
titución de que se trate»
(21).
Por eso, la ilegitimidad dé "la violencia que combata · las leyes, el
poder o la autoridad. Violencia que tantó ·puede ejercerse desde arri­
ba
tomo desde abajo. Violencia que hoy se ejerce en sus múltiples
manifestaciones
por haber colocado· como legitimidad de toda actua­
ción, bien la conciencia individual sin norma que le sirva de pauta
para discernir, bien ·1a razón de-Estado.
En cambio, es necesaria la violenda cuando es para el bien, para
la verdad,
para el orden. Y la virtud de la fortaleza para mantener y
defender el
uso· de ella ante las constantes presiones que tratan de im-
pedirlo, convenciendo
al hombre de Su injusticia. ~
Por eso, · la acción de la policía; de los ejércitos, de las penas
impuestas
por los tribunales de jus_ticia, son formas de violencia bue-
talbán en Historia de la Iglesia Católica, tomo I, pág. 677; B. A. C., 4.ª edi­
ción, Madrid, 1964:
(18) Santo Tomás: De. regimine principum, cap. XI, cit. por Balmes:
El protestantismo comparado con el catolicismo, B. A. C., Madrid, 2-ª-edi­
ción, 1967, pág. 571.
(19) Cfr. Eugenio Vegas Latapie: Origen y fundamento del poder,
«Verbo», núm. 85-86, mayo-junio-julio· de 1970, págs. 405-417.
(20) Elías de Tejada: Poder y autoridad: concepción tradicional cristiana,
en «Verbo», núm. 85-86, pág. 431.
(21) Elías de -Tejada: Poder y .•• , pág.- 433.
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ESTANISLAO CANTERO
na, totalmente legítimas y necesarias, cuando están dirigidas a ese
fin y se realizan dentro del orden.
Para restaurar el orden social cristiano
es necesaria la fortaleza
y la fuerza, y también · la violencia.
Fortaleza para resistir
y vencer el temor que ejerce la presión del
mundo moderno sobre
los hombres todos. Fuerza y también violencia
del
organismo social para vencerlo y restaurar de nuevo la Ciudad
de Dios.
Porque si es cierto, como
notwa San Bernardo (22), «que no
eS fortaleza sino temeridad aquel atrevimiento . que no procede de
la prudencia», no hay ni prudencia ni fortaleza, sino debilidad y co­
bardía cuando se intenta disculpar la jnactividad o la actividad in­
suficiente b defectuosa ante el desorden social. -Y ello, porque como
nos dice Santo Toinás, la prudencia consiste en la «recta razón en
el obrar»
(23); nunca impone los fines a las demás virtudes, sino
que sólo dispone de
los medios necesarios (24) ; y el problema, hoy,
en los hombres y en los gobiernos, versa, no ya sobre los medios ade­
cuados a
los fines, sino sObre estos mismos. Porque, desgraciada.:
mente, y de inodó casi general, unos y ··otros están obnubi'lados por
un común bien :
él material.
Por
eso, bienvenida la violencia ·cuando, siendo necesaria, de­
fiende el
· orden. Ese orden que, como decía Donoso Cortés (25),
«consiste en que todas las cosas conserven aquella trabazón que Dios
puso en ellas cuando las
sacó de la nada>>. Violencia . buena que trata
de impedir
y se opone al desorden que «consiste en romper aquella
admirable
trabazón y aquel sublimé concietto» (26). Desorden en
el que está precisamente el origen de la violen,ia -mala ..
La violencia buena, cuyo ejercicio corresponde a quien desempeña
(22) San Bernardo: cap. VIII, lib. I del T,.aJado sobre la consideración
en Obras completas, tomo 11, B. A. C., Mádrid, 1955, pág. 590.
"(23) Santo Tomás: Siima Teológica, 2.ª-2-ª q. 47 a. 2, B. A. C., tomo
VIII, pág. 21, Madrid, 1956.
(24) Santo To·inás! Suma Teológica, 2.ª-2;ª e¡. 47 a. 2, a. 7, a. 8.
(25) DonoSo Cortés: Ensayo sóbre el caJolicismo, el liberalismo y el
socialismo, Espasa-Calt,e, col. Austral, Buenos Aires, 2.ª ed., 1949, cap. VI,
lib.
2.2, pág. 111:
(26) Donoso Cortés: Ensayo ... , cap. ·VI, lib. 2.2, 'pág. 111.
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FORTAL/lZA Y VIOLENCIA
el poder, puede ser necesario que~ determinados .casos, sea el mismo
cuerpo social o alguno de sus miembros quien la ejerza.
Tal ocurre
cuaodo el poder permanece impasible ante ]os ataques
al bien común, o cuaodo los promueve, o su actuación es. insuficiente
para evitarlos.
Del mismo modo que la violencia-es jqsto ejercerla en legíti~
defensa cuando está en peligro un bien corporal, es justo también
ejercerla
en defensa del orden social y de los valores en que se fun­
damenta. Tal
es el caso de rebelión armada frente al tirano, con lo,¡
requisitos que ello requiere, o lp.s bofetadas que se dan en la Uni­
versidad a1 romper un. cartel. infamant~ par;¡ la religión católica.
Ahora bien, es mucho más difícil averiguar la .necesidad y la
oportunidad de este tipo de violendá, que cuando es la autoridad
quien la ejerce; sobre todo en lo que respecta a su oportunidad por
la propaganda en -contra que, d~sgraciadamente, , siempre le $igu.e.
Debe quedar al arbitrio de personas !>ien formadas y responsables y
no al arbitrio de la conciencia de cada cual. Porque si no, aparte de
desembocar en un subjetivismo, tales acciones pueden llegar, por .la
realidad de la sociedad actual, a perjudicar la causa que defienden;
sobre todo, porque
si lo que llaman opinión pública recusa esa ac­
tuación, aun sin tener razón, calificará y encasillará «a priori>> a per_~
sanas o entidades, lo que puede hacer fracasar acciones posteriore$ a
veces más importantes.
II. LA VIOLENCIA MALA.
Violencia mala y violencia revolucipnaria.
Si la violencia mala siempre se caracteriza por atacar o transgredir
el orden, no es siempre igualmente perniciosa, ni se manifiesta siem­
pre del mismo modo.
Marce] de Corte (27) ha señal~do cómo la violencia mala reviste
una característica que no tuvo cuando, por ejemplo; Santo Tomás es­
cribió-la «Su.mm.a», cuál es el carácter de subversión~
Subversión que si ahora· se mllestra por ·doquief en toda su cru-
(27) Marcel de Corte: La vertu de force contre la t'Ío/ence ,·évolution­
naire,
en «Actes du Congres de Lausanne VII», 1972, pág. 12.
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ESTANISLAO CANTER.O ; ,
deza, tiene sus orígenes muchoS siglos. atrás, por. lo que quizá _es -tan
difícil para muchos· repara_r en ese-·mal, pot haber digerido, aun sin
saberlo, . sús · perniciosas .doctrinas;
'Subversión que Se efectúa de modo radical en el siglo XVII, en el
que según señala Paul Hazard
(28), en el año 1680 tiene lugar lo
que ha .llamado .«la crisis de-la. conciencia europea», «la más impor­
taó.te en la· historia -de las ideas»;. por~e a una civilización fundada
en la idea del saber, ··106 nuev,:,s filósofos hári'intentado substituirla
por una civilización fundada en
la 'idea del derecho ..
Subversión que arranca en el siglo· XIV, puesto que hasta el im­
pulso
que· le dio Ockam, como señala· el profesor Puy (29), «todo
el nominalismo primitivo fue detenido fundamentalmente por Santo
totrtás de Aquino».
· y· sí como escribe Marie Madeleine Martin (30), «después de
un largo y constante·-estudio-de }a:historia»;. «en todo· tiempo exis­
(iercin puestas a punto por espíritus . audaces o 1J_uiméricos las ideas
subversivas como los·. -exJ>losivcis .mórtaÍes»; nunca h:an revestido el
carácter de hoy;
: porque actualmente, la· Subvetsión, además _de estar
metódicamente organizada,. todó está a su favor: la prensa y la pro­
páganda, la valoración de las -cosas por solo :su aspecto cuantitativo,
la pérdida del sentido de lo real, el pensar en dinero, la disociedad,
en · firi, lo que constituye la sodedad· de masas, ·que tan magnífica­
mente ha descrito y analizado V allet de Goytisolo {31),. de tal modo
que la subversión ya casi no encuentra resistencia a su difusión e
implantación.
Esa subversión domina hoy a la violencia, cOnvirtiéndola eh Vio­
lencia subversiva, en violenda teV"cihidortaria:· Su carácter--esencial es
que-pretende 1;10 .siqiplemente W1a d_o.':Ilinación _ material, sino .que,
(28) Paul Házard: La crise de :la consciente' éÍlt'opéenne, ed. Gallimard,
1968, ton;:io I, pág. 10.
· · (29) Francisco PÜ}':-Et n~ininalismO, crisis de la ·cristiandad, «Verbo»,
núrrr, · 104/. abril 1972, ·pág. 350.
(30) Marie Madelei-ne · Martin: Les docl1'ines socit7,/es en France pt l'évo­
lu_tion de_.c/a, wciété franrr$.ise d.u XVIII silJcle a nos iours, ed, Du CoJ;tquis-
tador;· París, 1963, pág. 9: · '
(31} Valle!: de Goytisolo:-SQciédad··de .,nasas-. y d~rechp, ed .. Tauros,
Madrid, 1969.
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FORTALEZA y· VIOLENCIA
~obre todo, busca una dominación espiritual. Pretende apoderarse de
la inteligencia del hpm,bre,._ de: su capacidad de discernimiento, . ani­
quilando el sentido común, y, a través de ello sujetar dócilmente su
.voluntad. Pretende subvertir el orden, trastrocando los principios en
que se fundamenta.
Es una violencia que pretende destruir totalmente los cuerpos
intermedios o cuerpos sociales básicos, ámbito natural de · Ja vida del
hombre, porque de ese modo, ante la sola defensa individual -dis­
minuida, al mismo tiempo, por la · propaganda· revoluciOnaria-se­
parado de su marco natural de vida, perdido, dejado a sus solas fuer­
~as, el hombre cae fácilmente ante los ·insidiosos ataques de 1a Re~
volución. Y todo ello quiere hacerlo, y lo está haciendo y consiguien­
do, de modo que sea el mismo hombre quien voluntariamente
se
someta a ello, fraguando así su propia ruina.
Hay, pues, violencia mala
y violencia revolucionaria. La distin­
ción también aquí es imperiosa y necesaria. Porqu~ si toda violencia
revolucionaria es violencia mala, no toda violencia mala es revolu­
cionaria. Una cosa es transgredir el orden; otra,. peor aún, subvertirlo.
No·
es lo mismo la violencia que atenta contra la -Vida o_ un bien
corporal, o la que pretende el sometimiento
dé un·a nación a otra,
que, como señala Marce! de Corte (32), la violencia que trata de
apoderarse de
la misma inteligencia del hombre y que busca ani­
quilar los cimientos
de la sociedad, Esta segunda, que hoy es una
,realidad, -por tnás que no se la quiera ver, es siempre revolucionaria
en el sentido con que Albert de Mun (33) definió de modo inigua­
lado a la Revolución : la sustitución
de la voluntad del hombre en
lugar de la voluntad de Dios.
Por ello, es necesaria la fortaleza para poder resistirla y vencerla.
Para permanecer firmes en las doctrinas verdaderas y llevarlas a la
práctica, frente a todas las presiones que el mundo de hoy ejerce en
todos los ámbitos y de mil maneras distintas.
(32) Marce! de Corte: La vertu de force ... , pág. 20.
(33) Albert de ·Muri": Discurso en ltl Cámara de Dip11tados de Francia,
noviembre de 1878, cit. por Jean Ousset en Pa1·a que El reine, ed. Speiro,
Madrid, 1961,
pág. 560. Puede verse.también en la contraportada de <(Verbo»:
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ESTANISLAO CANTERO
Manifestaciones de la violencia .revolucionaria.
Si tal tipo ele violencia es siempre revolucionaria, subversiva, no
siémpre se manifiesta del mismo modo y, lo que es peor, no siem­
pre
aparece como tal, sino que, a veces, llega a present~&enos como
necesaria, como buena; incluso llegando a adquirir el disfraz m.ás
excelso, y por ello más diabólico, el disfraz cristiano, el disfraz de
aplicación de la
vo.luntad de Dios.
Sin pretender agotar
el tema, fundamentalmente puede hacer.se
una triple di1Visión de la violencia revolucionaria en el modo de ma'.'
nifestarse, que tanto pueden presentarse aisl,¡da como conjunt;amente.
Así puede dividir.se en violenci~ estructural, violencia material. o te~
rrorismo y violencia mora:! o viol~cia ,contra los espíritus.
Violencia estructural-.
La violencia estructural como _manifestación de la violencia re~
volucionaria, es la ej~rcid?, _por una _situación de hec;lio, no solo in­
justa, sino precisamente revolucionaria, mantenida .de~de el poder;
establecida o apoyada por los gobiernos. Así, por ejemplo, y ni que
decir tiene que de modo totalmente contrario al sentido con que
. los
revolucionarios hablan de la violencia estructural, existe esta violen~a
·~ la China comunista o en la Rusia soviética, o en el apoyo prestado
por Allende en Chile a la .revolución.
En definitiva, nos encontramos_ con este tipo de violencia, cuanP.o
las leyes son no sólo malas (y pido perdón por hablar de leyes malas
cuando para serlo realmente-~~ de ~er buenas), sino que, ad~ás,
de injustas, son revolucionarias. Y son revolucionarias, cuan~o po,r
medio de ellas se busca, o sin buscarlo se consigue, el ~~eramientq
de la inteligencia del hofl?.bre, de su ser íntimo, y el an_iquilamientq
de los fundamentos de la sociedad, por medio de la destrucción de
los cuerpos intermedios, o a través de la subversión de _las ideas y
con ellas de fas inteligencias. En fin, cuando en lugar de Dios, prin­
cipio y fin de
todas las cosas, se coloca al hombre, a la colectividad o
al Estado en su lngar.
36$
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FORTALEZA Y VIOLENCIA
El liberalismo, tan pródigo en leyes secularizadoras y animador
de la concentración de poder,
ha sido, quizá más .que el mismo so­
cialismo, el que ha permitido e impulsado
la revolución. El ataque
a la Iglesia
y a la religión católica, así como la muerte .de los cuer­
pos intermedios, han sido
sus verdaderos mecenas.
Cuando a través de continuas leyes los gobiernos han concentrado
sin cesar
el peder en el Estado, con menosprecio u olvido del princi­
pio de
subsidiariedad, quitando ese peder a quienes naturalmente les
perten~e, los hombres, las familias, los cuerpos intermedios, cad~
cual en.su ámbito, se han adoptado principios revolucionarios,-se h~
ejercido, en unos casos_ más que en otr.os, una verdader~ vi9-lencia
estructural que abre el camino a la Revolución.
En cambio, como señala Gabriel
Alférez (34), «respecto a con­
siderar violencia estructural la existencia de unas instituciones u or­
ganización más o menos
in justa, debemos tener presente: Que las
estructuras no pueden ser nunca perfectas,
per lo que siempre habrá
injustici~ sotjales. Si la eJQsten~ia _de tales jmperf?Ccione$_ ?,µt~;izase
a la subversión, .se desembocaría fatalmente en la reV)lelta constante,
la revolución
pem1anente, la anarquía completa. Y eso _no es lícito,
ni bueno, ni <;:onveniente»:
Violencia material-o terroriJmo.
Junto a la violencia estructural, hay otro tipe de violencia que
es la violencia materia'l o terrorisino. Violencia que se manifiesta de
múltipl~ formas, que van desde los piquetes revolucionarios huel­
guísticos hasta el
terro~ismo político.
Violencia que se manifiesta en las fábricas, en las escuelas
y en
las Universidades, en la sociedad toda. Violencia que busca la victoria
de la Revolución
por medio del miedo que suscita, utilizando la vida
de modo indiscriminado, bien con
la bomba que estalla en plazas o
cafés, bien
Con loS asesinatos o secuestros de familiares que sirven
para coaccionar e intimidar.
(34) Gabriel .t\lférez: Loj católicos y la acción política, «Verbo», nú­
mero 101-102, enero-febrero 1972, pág. 34.
,,
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esT ANISLAO CANTERO .
-su· principal i:arácter-ística· e~tá en que no. distingue ~ntre las per­
sonas a quienes
ca.usa daño. Más aún, busca -mejot la . muerte. y el
daño corporal de · quienes están más desvalido~.
Tal violencia-es típicamente revolucionaria, no Sólo por los_ fines
que persigue, sino. también por .los métodos utilizados. Violencia que
nunca,_ nunca puede· set buena. El terror es un arma -de la Revolu­
ción. Nuhca Se· puede· utilizar para combatirla.
Y ·es lógico que este tipo de violencia no sólo· no distinga en las
personas a quienes causa daño, sino que precisamente busque con
_pteferencia causar-daño a los seres indefensos ·en lugares imprevisi­
_b'les ;· porque·· ante el miedo, ante el terror· que suscita, es un arma
podérosísima para no oponerse a la Revolución y para ·colaborar con
ella.
-Viólenda moral o. violencia corltra los espíritus.
Tremenda Ji vio'lencia estructural; espantoso el terrorismo; pero,
¿qué decir de un tipo de violencia más solapado que los ·anteriores?
¿De un
tipo de ·violencia mucho más difícil de advertir y, por tanto,
de resistir y rechazar? ¿Qué decir de la violencia contra los espíritus,
de la violencia moral? ¿De una violencia que no es corporal, que
intenta apoderarse de la inteligencia?
Una violencia que busca que cuando el hombre hace el
mal crea
que obra bien;
_ que cuando blasfema y reniega a Dios, crea que lo
b,,ridice y lo sigue, ¿puede imaginar la mente humana algo más pér­
fidÓ, más satáriico? Y, sin embargo, tal violencia existe; y aume1lta.
·Es :·la ~iolencia que se ejerce eón la subversión de las ideas, de lÓS
conceptos, de las verdades sociales, políticas y religiosas; de tal
·flio_do.· que" e! l).ombre crea que el orden consiste, p!ecisaniente, en
eS Falsea Jos hechos, apela al .sentimiento y a la buena fe, para
mo. ver al hombr~ a aceptar lo que de modo directo r.echazaría .. Es una
viólericia terriblemente peligrosa:, ;,, la
más peligrósa de todas, por­
que poco a poco penetra en el entendimierito humanO ·que, desg!'a­
cia,da,m~nte, cpn de,masiada frecuencia, no está debidamerit~-formado
en las· ;erdad~s fundamentales.
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FORTALEZA Y:VIOLENCIA
Es una violencia que reviste . multitud de · formas. Así, cuando por
medio de la propaganda
~ quiere llevar la conciencia del hombre
a creer en la ineludible necesidad
de determinadas aplicaciones, como
las de leyes generales de reforma,
por todos conocidas, que suplantan
al Estado eu lugar de los padres o de los cuerpos intermedios; y que
convierten el
fin del hombre, por medio de un dirigismo más o me­
nos tecnocrático, en
una falsa solidaridad basada en. un, -incoillpren­
sible humanitarismo, en el que la Humanidad, con mayúscula, se
coloca en lugar del único y verdadero Dios.
Violencia éontra los espíritus también,
cuandó se hace de la_ jus­
ticia, perdiendo su verdadero significado, el
·absoluto· que debe regir
la sociedad. Cuando, trastrocándola,
se quiere hacer a todos iguales.
Cuando se afirma que no hay nada superior a
la justicia social, que
contrariamente a lo que debe sig~ificar, acaba" en a~bitrariedad··y di~
sociedad:
También ~xiSt~ esta violencia en algu±ÍOs clérigos, Como los que
predican la· teología de la violencia y fa teología d_e la revolución,
a,mparándose y sirviéndose de. su cualidad de religiosos, para defender
uu
«n;.evo cristianismo», pues, como señala Marce! de Corte (35),
ése· <, puesto que < Evangelio, sin la Iglesia, sin la. Tradición, sin la filosofía del sentido
co1=11ún, se tranSfofma ~ ágente · reV"?lud9.q~io _ negador ·cl_e toda_ -~ea.­
lid.id sobrenatural y natural; el hombre se encueritra superior a bios
y se apropia de sus atributos; Jesús se convierte únicamente en el
modelo de
la conciencia humana,_ mecl-jda .. 9e todas _las. (;:o~as~>. Por
lo que
se entiende, éomo expliéa el mismo Márcel de Corte ( 36),
q:u_e .e!, «1:1uevo"._cri&tianismo», no _se <:on.~~nt_e co~ seguir a la_ R~olu~
ción,
sino que la preced~. .
Hace falt~,-por-tanto, la fortaleza, la fuerza y la violencia para
resistir y rechazar todas estas vio.Jen<='ias y todas estas do,ctrinas; para
restaurar el orden social. Y principalmente . es nec_esario_ en los go~
bernantc::s, .. p~a ev~tar que lqs gobieros _caigan en ·ellas Q las ~onsien-
(35) Marcel _de Corte: La -vert11 .de force., .. _, pág .. ,40-21'.
(36) Marce! de Corté:_ La _ver_t1' de force ... , .. pág. 21.
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EST ANISLAO CANTER.O
tan, porque no olvidemos, como recordaba San Pío X (37), que «los
pueblos son como los quiere su gobierno».
III. ÜMNIA INSTAURARE IN CHRISTO.
Formación y acción.
El orden social está amenazado. Más !lún, _está. en vías_ de su tOtal
desaparición. Este es el problema funda¡nental del mundo .actual y a
cuya solución es nec~sario enfocar nuestr.a ~tividad. Consistiendo el
orden en el cumplimiento de la voluntad de Dios, se deriva la ne­
.cesidad ineludible . de. i.nstaurar y restaurar, como .exhortaba San
Pío X (3~), todas las cosas en c:risto.
Pío XI (39) señalaba cómo toda reforma de las estructuras sería
inútil
si no iba precedida de una reforma mor~! personal, Las estruc­
turas
son: importantes, y· muy importantes, que duda cabe, porque en
cierta medida conforman
al hombre y le ayudan a marchar por la
sen'da del bien s.i son buenas, o por el contrari? le apartan de ella
si son malas; pero hombres buenos, responsables, debidamente for­
mados,. palían los males que se derivan de unas estructuras perj"t,1.dicia­
les y acabarán por reformarlas. Al contrario, el mejor sistema de nada
sirve cuando en· los · hombres dotninan las pasiones y la ignorancia.
Necesidad de la formación que guie la acción.
De ahí la . importancia de la formación idividual y de cuadros
que sepan realizar esas reformas ( evidentemente cuando sean nece­
sarias,. De ahí la importancia del estudio, de la labor intelectual.
(37) San Pío X, alocución de 18 de· noviembre de 1907, conmemorando
la conversión de Clodoveo. Véanse en «Verbo», núm. 53~54 la ~omunicación
en la «V reunión de amigos de la Ciudad Católica», de Eugenio Vegas La.
tapie: Importancia Je la politica.
~72
(38) Cfr. Sa_.t'l Pío X: Notre Charge Apostolique, núm. 11.
(39) Pío XI: Quadragesimo anno, núms. 127-129.
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POR1'ALBZA Y VIOLENCIA
De ahí también qne la sola fuerza, la violencia en su mejor sen­
tido, sea insuficiente; no baste para restablecer el orden
social. Lo
vemos en la actualidad, cuando aumenta el aparato policíaco de los
Estados sin que al mismo tiempo, disminuya el desorden,
ni sean
capaces de cortarlo.
La historia, maestra. de
la vida, lo confirma plenamente. Tome­
mos algun ejemplo de ella y a
un hombre ejemplar. La dictadura de
Narváez
y Donoso Cortés. Este, el 4 de enero de 1849, justificó y
defendió aquellos poderes especiales. Dos años después, el 30 de
diciembre de 1850,
la condenó. Como él mismo explica,. lejos de
restablecer el orden contribuyó .al
desorden. Faltó el saber qué había
que hacer, qué
había que defender y cómo había que hacerlo.
Lo que se volvió a repetir con la dictadura de Primo de · Rivera.
Dos años después de ésta viene la República
y, con ella, la Revolu­
ción; Había faltado una acción efectiva, sobre todo en el plano in­
telectual, que restableciera el orden verdadero.
La sola fuerza, la
violencia, venios que no basta; por eso es necesaria la formación que
guíe la acción.
La democracia de hoy
es incapaz de todo punto de restaurar . el
orden social, basado en los verdaderos principios religiosos,
~ los yer:
dad.eros principios políticos, en. los verdaderos principios sociales.
Fatalmente acabará en la revolución. Porque se mueve en el mismn:
sistema que ésta. Al rechazar las verdades religiosas, recl_razaron _--tam­
bién las políticas y sociales. La ley del número, el. nivel . de vida y
el paraíso terrenal, no son principios de orden., Don_oso Cpr.t~ lo
advirtió
y expresó de mo4o magnífico con la comparación de 1~ 4os
termómetros: el religioso y el político. Cuando la represión religiosa
es grande, la represión política es pequeña; cuando aquella disminu­
ye aumenta ésta; «ruando la repres:ió·n religiosa nó exlSta, no habrá
bastante con ningún género de gobierno; todos. los despotismos será.a
pocos» ( 40).
El que crea que la sola violencia basta para oponerse a la Revo­
lución está perdido. Adopta, aun sin ·saberlo,
una postura revolucio-
(40) Donoso Cortés: Discurso sobre .la dictadura, 4 de enero -de 1849
en «Textos Políticos», Rialp, pág. 100. Puede verse ·en «Verbo» núm; 8:
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ESTÁNISLAO CANTERO "'
naria. · Necesidad; SÍ:, de la violenciá para combatirhr. ·Pero más que
sus ef-ectbs son-sus -causas lo que hay que combatir. -<<:Los errores más
que los vicios SQfl' los que corrompen a los pueblos», escribió en-frase
feliz Le
Play ( 41), y la ·causa del avance de la Revolución, de la
revolución misma es la defensa y difusión del error.
¿ Por qué avanza la Revolución, sino gracias al· error que introduce
en la mente humana? Por ello es necesaria la formación sin-la cual
no es posible combatida, sin la cual no es posible una acción eficaz,
sin
la · cual, en fin, no es posible .la restauración del orden social.
Acción destinada sobre todo a revitalizar los cuerpos intermedios,
porque la mayor fuerza, como
nos recuerda Jean Ousset ( 42), reside
en
la vida social natural. La cual, como señalaba Donoso Cortés (43),
limitaba realmente el poder porque éste «por donde quiera encon­
traba una resistencia material
en una jerarquía organizada>>, límites
y fuerza .natural de la sociedad que, como añade Fernández de
la
Cigoña ( 44), «eran la base misma de la autoridad del poder. Y eran,
además, una base
permanente».
Si esta base natural funcionase, si no hubiera ido apagándose poco
a poco,
no habría triunfado la Revolución francesa. Porque si como
señaló
Tócqueville (45), la Revolución francesa acabó con esas socie­
dades naturales infrasoberanas, estaban ya, como él mismo destaca,
muy debilitadas y adulteradas por causa de la centralización.
De ahí el -error de quienes crean que la concentración de poder
ataja· a la_ Revolución, o de quienes crean, más aun,. que es el mejor
medio de atajarla. En momentos determinados, específicos, puede de­
tenerla, retrasarla, pero si al mismo tiempo no se arma de nuevo el
(41) Cit. por Eugenio- Vegas Latapie en fücfitos politico1, ed. «Cultura
española», Madrid, 1940, pág. 39.
(42) Jean Ousset: Forces de l'action politique, en «Actes du Congres
de Lausanne VII», pág. 1'.57.
( 43) Donoso· Cortes, carta a M. de Broglie, en «Textós ... », pág. '462.
(44) Fernández de la Cigoñá Núñez: La crfris de la autoridad, en «Ver­
bo», núm. 95-96, mayo-junio-julio 1971,
pág. 536.
(
45) Alexis de Tocqueville: El Antiguo Régimen y la Revolución, ed.
Guadarrama, Madrid, 1969; en especial, lib. I, cap, 11, págs. 33-34; lib. I,
cap. V, págs. 48-49; lib.
11, cap. x', págs. 145 y sigs.; lib. 111, caps. VII y VIII.
374
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PORTALJ!ZA y':VJOLENCIA
tejido :social, a la larga no se ha hecho más que aplazarla. y en ocasio,
nes precipitarla.
Porque
la vida natural de la sociedad, la regeneracióll del tejido
social; es fruto natural de la convivencia humana, con sus poderes y
sus facultades, y también con sus responsabilidades propias. l.os cuer­
pos interm,edios no pueden imponerse desde arriba, desde fuera;
todo lo más puede impulsárselos; ayudarles. Nacen naturalmente. Al
concentrar
ese poder distribuido por. toda la sociedad, en el Estado
-a no ser momentáneamente ante situaciones extremas--la sociedad
pierde su vitalidad y tarda mucho en recobrarla, si es que tal cosa
s.ucede.
De ahí el error y la ineficacia de fos intentos de realizar el cor­
porativismo desde arriba; falso corporativismo; que en parte ha con­
tribuido . al desprestigio del verdadero, y que segón señala la historia,
no atajan la revolución, y, a veces, son la revolución con distinta
cara.
Paralelamente al desarrollo de esa -concentración de poder en el
Estado --que puede considerarse ua forma de violencia-, el mismo
orden social ha ido desapareciendo a
sus diversas manifestaciones.
¿Podrán alguna vez los Estados modernos restablecerlo? Mucho nos
tememos que Ílo, .si se continua subordinando lo sobrenatural y espi­
ritual e incluso lo natural a lo material, lo perpetuo a lo caduco. Si
se continua, consciente o. inconscientémente, su.bvirtieilOo el orden ·o
permitieodo tal subversión, eo todos los planos de la vida social o. en
alguno de ella, será de todo punto imposible que esos Estados· res­
tauren el orden social.-
«Doctrina y tt1:dón».
Es evidente, por tanto, que hacen falta hombres. Pero mientras
esos hombres no llegan, como escribía nuestro admir~do Eugenio
Vegas ( 46) hace mas de treinta y seis años, sin que por ello sus pa­
labras hayan perdido actualidad, porque la verdad es siempre la mis­
ma, «hay algo más que hacer que hablar y que exponerse inconscien-
(46) Eugenio Vegas Latapie: Esctitos' pO/iticos, pág. 197'.
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EST ANISLAO CANTERO
temente a morir en una convulsión social. Hay un deber de presta­
ción personal que obliga a poner a contribución diaria la inteligencia,
y
el brazo y la alcanda. Y hay una misión de sacrificio que complir,
que
un d!a cualquiera puede exigimos la vida, a la par heroica y
razonablemente».
«Hace falta saber --<:ontinua~ lo que se ha de creer y lo que se
ha de obrar. El entusiasmo
no suple a la inteligencia. El entusiasmo
por sí· solo es potencia ciega, estéril o contraproducente, si no va en­
cauzado por el conocimiento de lo que debe · perseguir y de los me­
dios para lograrlo».
Y en otro lugar: «Al lado de la doctrina hace falta la acción.
La una es Complemento de la Otra. Acción sin doctrina vale como
edificat en la arena. Doctrina sin acción es un levantar Castillos en el
aire. Es necesario que la inteligencía nos enseñe la verdad pata que
la voluntad la realice. ¡Acción! ¡ Hay que actuar ! Ante los males de
la religión y de la patria a nadie es lícito permanecer ocioso. Pero
no basta' actuar, hay que hacer
obras útiles, Por

lo que
es indispen­
sable antes de actuar saber con precisión qué es lo que se debe
hacer» ( 47).
He aquí, pues, la'verdadera fuerza para restaurar e instaurar todas
las cosas en· Cristo: la formación éle hombres de principios y de ac­
ción (48), Porque la acción no basta. Una acción falta de principios
precipitada,
ataba en la inactividad, con frecuencia en el ataque a lo
que
se queríá defénder .. Tal es él cáso de católicos de bueria fe, que,
deseosos
de· trabajar, en llegando al campo· dé las miserias humanas
y sociales, han acabado, de hecho, renegando
de su religión, comba­
tiendo los cimientos de la misma sociedad. Por olvidar, en definitiva,
debido a una formación defectuosa, que
la certeza del paraíso que
anuncia el cristianismo, no
es para este mundo, sino para el venidero.
Sí, pues, es necesario
actuar, ¿cómo se realizará esta actuación?
Jean Ousset ( 49) nos lo dice muy claramente: En primer lugar la
(47) Eugenio V~ga~ Latapie: Esoritor políticor, pág .. 45.
(48) Cfr. Gonzalo Cuesta: Formación de hombre de principios y de
acción.
(49) Jean Ousset: Por.es de l'action politique, págs. 153 y sigs. Ver
asimismo su libro La ao.ión, ed. Speiro;
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FORTALEZA Y VIOLENCIA
acción ha de ser multiforme, como multiforme es la vida social. Ac­
tuación que hay que realizar en todo el ámbito social : familiar, pro­
fesional, municipal ... , y en tomo a todos los temas que nos concier­
nen: educativo, laboral, profesional ... hasta político.
En segundo lugar, es necesario evitar las fórmulas unitarias que
absorben cuando no impiden la acción rnultiforrne; y c¡ue al mismo
tiempo, es fácil de atacar y dificil de funcionar por_ el vasto aparato
que necesitan.
En tercer lugar,
es necesario revitalizar en sus puestos a las élites
situadas, que tengan clara conciencia de su legitimidad, de su deber;
no imponiéndose a ellas por medio de jerarquías paralelas, sino con­
venciéndolas de sus obligaciones y responsabilidades. .
En
cuarto lugar, es necesario cumplir el deber de estado, hacia
Dios, familiar, profesional, etc.,
y corno rniernbros de la sociedad,
actuando de modo que cada uno ponga según sus talentos
y el ám­
bito en que
se mueve, para restaurar la ciudad de Dios.
Finalmente, es necesario una acción en el -plano internacional que
mediante el intercambio de información sobre situaciones análogas
acaecidas y la acción empleada, facilite y sirva de experiencia a ac­
ciones semejantes en distintos lugares.
IV. CONCLUSIÓN.
Para finalizar y reswniendo esta exposición, diremos que hay un
orden que necesita de unas leyes para conocerlo y para realizarlo. Que
existe un orden social
no de un modo ideal, sino realmente y que es
expresión en la sociedad de ese orden general establecido por Dios
en la ley eterna. Que si este orden social necesita de las leyes huma­
nas, éstas han
de ser reflejo de aquélla y curnplírniento de la ley
natural. Que ese mismo orden social genera una fuerza, natural, por
la que es posible matenerlo y defenderlo. Que para ello es necesario
la virtud de la fortaleza en el hombre. Que cuando la mera fuerza
uso de 1a violeru:ia. Que ésta puede ser buena o mala, según para qué
y cómo se la utilice. Que la violencia mala no ha de ir unida ntte-
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ESTANISLAO CANTERO.
sariamente a1 · mal físico, sino que con frecuencia no sucede tal cosa.
Que tal tipo de violencia es la peor de todas. Que la subversión y
la revolución, en-todas sus manifestaciones, es una re·alidad y no un
mito.
Que Dios es el principio y fin de todas las · cosas, por lo que hay
que cumplir sus mandatos, no sólo en la esfera privada, sino también
en
la pública y social. Que la restauración del orden social es una
obligación de todos los católicos, cada cual según sus posibilidades
y ejerciéndolas en el medio en que se desenvuelve. Que para ello es
necesario la formación y el _estudio. Que para ese orden social es im­
prescindible
la vida natural de los cuerpos intermedios.
Por último, no quiero acabar sin encarecerles a que continuen en
la formación y el estudio a través de las células de Ciudad Católica,
a
las que muchos de los aqul presentes tanto debemos, y en las cuales
he tenido
la fortuna de participar.
Y recordarles, y con esto-termino, que sin. fa oración y el sacrificio
diario y continuo no -es posible , ni una fo_rmación verdadera, ni una
acción eficaz.
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