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Bienaventurados, más bien, los que oyen la palabra de Dios y la guardan

"BIENAVENTURADOS, MAS BIEN, LOS QUE OYEN
LA PALABRA
DE DIOS Y LA GUARDAN" (Le . .11, 28.)
Homilía en 1a miea del 12 de ootuhire, en la E:mrita
de "Ntra. Sra. dela To:m,ents" (Municipio de Vimhodí),
POR
J. GoN-úLEZ-QuEVEoo MoNFORT, S. J.
Hermanos: Las palabras que acabamos de oír son reaJmen­
te asombrosas. Si no se las oyéra,mos a ,la misma Verdad encar­
nada, nos parecerían increíbles, y, desde Juego, nunca se le hu­
bieran ocurrido a nadie :
Levanta su voz una mujer del pueblo para llamar bienaven­
turada a
la madre de Jesús, y responde el Señor: Má,s impor­
tante
que ser madre de Dios es oír y ,guardar ,su palabra. Pa­
rece increíble, r~ito, y, sin embargo, es verdaderísimo.
Esta verdad -la llevaba muy en el corazón el Señor. En otra
ocasión le dijeron: "Tu madre y tus parientes están fuera". Y
respondió: "¿ Quién es -mi .madre y quiénes son mis parientes?
Y extendiendo la mano hacia sus discípulos, añadió: He aquí a mi
madre y a mis parientes. Po11Cjue todo aquel que hiciere -la vo­
luntad de mi
Padre que está en .los delos ése es mi hermano y
hermana y madre" (Mt. 12,
47-50),.
Y es vendad. Lo dice el Señor y lo había comprendido mu0
cho antes su madre. De poco ht11biera !Servido a la Virgen San­
tísima ser madre de Dios si no hubiera oido y guardado su pa­
labra; si no hubiera
cumplido su voluntad; si no hubiera sido la
esclava del Señor.
Aquí, más que allí, esrtá el mérito de· María.
Pero vamos a
consi * * *
Viene el arcángel GaJbriel del cielo con la embajada más
trascendenta,l
de la. historia de Ja humanidad y de la creación
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f. GONZALEZ-QUEVEDO MONFORT, S. f.
entera, pues ni entre los ángeles, ni entre los habitantes de otros
mundos, si Jos hubiera, puede darse nada más grande; ,saluda
con palabras jamás oídas a una aldeani.ta, llamada María, des­
posa,da con un va,rón por nombre Jo'5é, y Ja ofrece la dignidad
máis alta de la tierra y del cielo : i ser madre de Dios!
Se turba ,Ja niña con el saludo excepcional, reflexiona ,sobre
él prudentemente, presenta como objeción su voto de virginidad
perpetua, y con
la seguridad de que podrá ser madre sin dejar
de ser vir,gen, responde con serenidad y sin desvanecerse:
HE AQUI llA BSCLAVA DEL SEÑOR; HAGASE EN
MI SEGUN ~U PALABiRIA (Le. l, 38).
Es decir, se coloca en su pueato. Ser madre de Dios es una
gracia inconcecible, infinitamente 1su¡perior a todos Jos mereci­
mientos de rtodas las criaturas, creadas y crerubles. La Virgen
Mal'ía, al verse objeto de ,tan iru:omprens;bJe predilección di­
vina, no ¡pierde fa cabeza ; no se eng.ríe como Luzbel en el cielo ;
permanece en la tierira, ·hinca !los pies en e1 suelo, y con pleno
conocimiento de la realidad considera que es ,criatura, y, por
tanto, totalmente dependiente del Criador, y reaponde ron natu­
ralidad: He aqwí la esclava del Señor.
Es verda,d. Eso es la oriatura ; eso es colocarse en su ¡puesto :
esclava
del Señor, pues ca es. Pero se necesilta humildad ¡para
reconocerse y llamarse esclava del Señor cuando la ofrecen ser
madre de Dios. También ¡parece increihle. T;;mpoco se le hu­
biera ocurrido nunca a na,die, de no hwbérsele ocurrido a la Vir­
gen Santísima.
Con .razÓn diío nuestra santa castellana que Ja
humildad es .Ja verdad (1). Y esa verdad es la sínrtesis maravi­
llosa de la vida de
nuestra Madre, heclia con su ,ta:lento prodigio­
so, el mayor de la humanidad, si exceptuamos el de su Hijo, Su
vida ,fue un continuo fia,t a cada uno de .los des@bS e inspiracio­
nes
de su Hijo y de oo Dios.
* * *
(1) Moradas Sextos, 10, 7. Este :pensamiento, recibido por vía superior,
como nos cuenta la Santa candorosamente, le hahfa expuesto ya San Agus­
tín y citado Santo Tomás: Hwm,i.li.tas callocamda oest in parte veritatis, non
in Parle falsitatis. S-wmmai Thealogica. 2, 2, q. ·161, a. 3, arg. 2.
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BIENAVENTURADOS WS QUE OYEN LA PALABRA DE DIOS
Amigos de La Ciudad Católica, imita,d en la humildad a vues­
tra Madre. Cuando oigo vuestras
ponencias magníficas, tan pro­
fundas,
.tan certeras, de tanta a!Il[>litud y tanto detaclle, tan lógi­
camente estrucrt:urada.s, con .tanta erudk.ión y tan buen sentido,
suscribo en el acto el juicio de un gran notario, con mudhas ho­
ras de vuelo por toda
la península, que nos acompaña este año
por vez primera~ "Son muahas cosas sensatas fas que se oyen
aquí en poco tiem¡po." Y añado por mi cuenta, como eJq>resé a
uno de vosotros al .felicitarle por ·stt actuación maravillosa: Si "un
solo pensamiento del hombre vale más que .todo el mundo", como
escribió
San Juan de la Cruz {2), ¿ qué valdrán los pensamientos,
tan elevados ;y tan profundos, con que usted nos ha regalado en su
comunicación?
Pues bien, hermanos, todo eso, en sí y ais-ladamente, na-da
es y nada vale: Si ,ser madre de Dios de nada hwhlera val;do a
la Virgen si no hubiera sido esclava del Señor, tampoco os val­
drá de
nada a vosotros vuestra mucha ciencia, amplísima cultu­
ra,
fuerza menta,! y garra dialéotica, con todas Jas dro,ás riquezas
intelectuales
y iliterarias que estáis derrochando aquí estos días.
Nada hay grande ni valioso sino oír la palabra de Dios y cum­
plirla.
¿
Y qué nos
,pide la palabra de Dios? ''Toda la ley nueva, ,dice
Santo Tomás, consiste en dos cosas: en fa mansedumbre y ,en
la 'humildad. Por Ja manoedumhre se oodena el homhre con re­
lación
aJ ¡,rójimo ... Por la humildad se ordena con relación a oí
mismo y a Dios" (3). Desde otro punto de vista es la misma ense­
ñanza del Señor: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda ,tu alma y con toda tu melllle ... Amarás a ,tu prójimo como
a
ti mismo. A estos idos mandamientos se -reduce toda la aey y
los profetas" (Mt. 22, 3,7-40). Porque, ¿quién ama a Dws, sino
quien
guarda sus mandamientos '(Jn. 14, 15-), sometiéndose a El
(2) Dichos de luz y de amor ( Avisos y SentencitJS Espirituales), 32.
(3) In Matha,.,,., ll, 29. :&l. Vives, 19, 403. San Agustín había dicho: Tota medicina nostra ista est: Discit.e .(JI m.e quoniam mitis su,m et humilis corde. Senno, CXUI, PL 38, 783, 7. Y no se cansa -de repetir a todas horas
esta suavísima sentencia del Señor.
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¡. GONZALEZ-QUEVEDO MONFOR:I', S. f.
con verdadera humildad? Y ¡ quién ama al prójimo, sino el que
le soporta con verdadera mansedumbre, como enseña el Após­
tol: "Llevad los unos las cargas de Jos otros, y así cumpliréis la
ley de Cristo"? (Ga1t. 6, 2). No cabe duda que si amáramos al
prójimo le soportaríamos con facilidad; entre otras razones, ¡por
que quien a,ma bien no juzga mal {al amor le pintan ciego), y
quien juzga bien no tiene dificultad mayor con su prójimo.
Por sorprendente y exagerado que parezca, es totalmente ver­
dadero el pensamiento de Agustín: "La mayor parte de los males
del género humano no brota más que de las falsas ,sospoohas" (4).
Es que la humanidad, por instigación del demonio, "padre ,de la
mentira"
,Un. 8, 44) desde el paraíso terrenaJ, viene pensando
mal, y así
cree acertar: Piensa mal, y acertarás, cuando, como
prneba Balmes,
nada hay más contrario a ,la recta razón que esa
máxima perniciosa.
¿ No enseña la ~iencia "que el hombre
má:s mentiroso dice mucho ,mayor número de verdades que de
mentiras, y que e1 más mal.vado !hace muahas más acciones buenas
o indiiierentes que ma:las"? (5).
Que
la humildad consista en la sumisión son nada menos que
Santo Tomás y San Ignacio
de Loyola quienes nos lo enseñan.
Dice
el primero: La humhldad, en cuanto es virtud es¡pecial, es
,la sujeción del hombre a Dios y a los hombres por Dios ( 6).
(4) Sermo XXXVI, P,L 38. 1404, 8.
(5) El Criterio, cap. 7.0
(6) H,u.mi/itas autem, secundum. quod est sp-ecialis virtus, praecipue
1'espicit subkctivne,m, hominis ad Dewm, propter quem etiom aliis humi­
liando se subiici.t. Summa The01l., ~. 2, q. 161, a. 1 and 5. En la Summa
Contra Gentiles, 4, 55 ad 17, repite lo mismo y precisa más su .pensa­
miento. Suárez le
explica plenamente, siguiendo a San Benito y al prop-io
Santo Tomás: La humildad difiere de la obediencia y de la justicia para
con Dios, porque
,propiamente no inclina hacia otro, s-ino que modera el
afecto de la propia excelencia, y así oontiene al hombre ,sujeto a Dios
y
a
quien participe la excelencia de Dios. Consiste tpor tanto, esen­
cia:lmente
en la represión de sí mismo en .])l"esencia de Dios, para que no
tienda a cosas ;grandes desordenadamente; pero se manifiesta principalmente
en
'la oberuencia. (De Rel;gione, tr. 10, lib. 9, cap. 5, núm. 24. Ed. Vives,
16 bis,
.pág. 1029). Infra suos terminas s-e wnMeat, que había escrito S!anto
Tomás en el segundo texto citado.
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BIENAVENTURADOS LOS QUE OYEN LA PALABRA DE DIOS
Dice el segundo: La primera manera de hwnildad es que así me
baje y
así me humiJl:e cuanto en mí sea ¡,osihle, para que en .todo
obedezca
a la ley de Dios Nuestro Señor, de tal suente que aun­
que me hiciesen señor de todas fas cosas criadas en ,este mundo,
ni por la propia vida oral, no sea en deliberar de quebrantar
un mandamiento, quier di-vino, quier huma.no, que me obligue a
pecado mortal. La s<1gunda lmmhldad es más ¡,erfecta, pues ni ¡por
todo lo creado, ni porque la vida me quitasen, deliheraría en
cometer un pecado venial, e incluyie además Ja indiiferencia per­
fecta {7).
Pero como la humildad es madre de la mansedumbre, según
se desprende de
San Pahlo en el conte> do, se sigue que toda ,la vida cristiana consiste en la humiJdad, y,
por
tanto, la síntesis que nos hizo la Virgen de ,su vida es, como
no
podía ser menos, modelo y com¡pendio de toda vida auténti­
ca..mente cristiana. Por eso, Como dice Agustín, "a¡penas hay pá­
gina
en los libros santos ,en fa cual no resuene que Dias resiste
a los soberbios y da su gracw a los humildes" (8). Y por eso
Ignacio de Layo.la, a,l ha,blMnos en las dos bwuleras "de la vida
verdadera
que muestra el sumo y vendadero capitán", pone como
último escaJ.ón del que se sigan "todas las otras virtudes", -la
humildad (9).
FínaJmente, el modelo
de toda santidad ese ejemplo nos dejó,
como .J.eoción su¡prema: HSe humilló a sí m.ismo, hecho obedien­
te hasta la muerte y muerte de cruz" (Rl¡p. 2, 8).
Imitad esa humildad de vuestra madre y de vuestro redentor,
mejor dicho, seguid imitándola; porque esa humildad, esa su­
misión a Dios y

a los hombres, representantes
de Dios, por Dios;
ese oír la palabra de Dios y cum¡¡,lirla, ese amar a Dios y al ,pró­
jimo por Dios, es fo que venís ·haClendo, con constancia y sacrifi­
cio ejemplares, desde hace años, los amigos de La Ciudad Ca­
tólica. Mudhos de vosotros, desde hace años, r,;pito, ayudados
por la gracia divina, venís dando ,por la Iglesia y por la Patria
(7) Ejercicios, 165 s.
(8) De Doctrina Christiana, 3, 23, PL 34, 78.
(9) Ejercicios, 13911 146.
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J. GONZALEZ-QUEVEDO MONPORT, S. J.
lo que itenéi.s, que es vuestro dinero, y lo que no ,tenéis, que es
vuestro tiempo. Es admi,-:.ble. Es para llenairse de satisfacción y
de esperanza:, porque 1si no hay sacrificio estéril como es eviden­
te, tantos sacrificios como venís haciendo desde hace tiempo da­
rán su fruto. No sólo ¡,ara vosotros eternamente en el cielo, don­
de
no quedairá sin recom¡,ensa -un vaso de agua dado ¡,or Dios
(Me. 9, 40), sino
aquí, en la ,tierra, en el esfublecimien.to del poder
temporal oristiano, por d que venís kabajando .con gran visión,
ya que "el bien cuanto más universal es más divino", como es­
cribió Ignacio de Loyola (10).
Tiene nuestra Santa castellana, la
primera
doctora de la Igle­
sia, un texto inapreciable, que parece escrito para nuestro tiem­
po y para vosotiros. Dice :
"Cuando en Ul1l tiempo de a1boroto, en una cizaña que
ha puesto ,( el demonio), que parece lleva a todos tras sí
medio ciegos, porque es debajo de buen celo, levanta Dios
uno que !os
3'bra los ojos y diga que miren los ,ha puesto
niebla para no ver
,el camino (¡ qué grandeza de Dios, que
puede
más a las voces un hombre solo o dos que d;gan
verdad, que muchos juntos!), tornan poco a poco a descu­
brir
el camino, dales Dios ánimo" (11).
La raron, lo saibéis muy bien ,(sU!J)uesto el auxilio divino pro­
clamado por la S:.nta), es evidente: La verdad podrá ser opri­
mida,
pero jamás vencida. Y

cuando
en pro de la verdad levan­
ta bandera, no uno o dos, como .dice ,la Santa, sino ,tantos y de
tantas naciones, como se ve por los itres mH congresistas que con­
currieron a
Lausanne los ú]rt:imo.s años, el :triunfo, dentro de fa
Providencia obscurísima del Señor, parece asegurado.
El
grano de mostaza (Mt. 13, 3,1), sembrado en las inteligen­
cias y corazones de un g-ru,po de amigos :franceses en 1946, se
hit convertido en un árbcil grande, adonde vienen a cobijarse
(10) Constitutiones So'Cietatis Jesu, p,. 7, c. 2, n. l. D.
(!,!) Camino de Perfección, 21, 9.
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BIENAVENTURADOS LOS QUE OYEN LA PALABRA DE DIOS
las a.ves del cielo, es clecir, las almas cristianas que no pueden
contentarse con arrastra,sse
por el suelo (12).
Por Jo que a España se refiere, hoy, festividad de fa Virgen
del Pilar, madre
de la Hi!\j}anidad, o de las l¼Pa,ñas, como ra­
biamente dice uno d-e nuestros amigos, quiero extender a -ella
el pensamiento de Torras y Bages, que ,tan acentadamente se
nos ha .recordado .estos días: HCatalufia será cristiana o no iSerá".
Evidente. Sin duda que el g,ran ¡pensador catalán, conocedor
de que
.las esencias de fos seres son inmutables, como los nú­
meros, y profundo conocedor de su ¡pueblo, consideraba ·a:l cris­
tianismo como constitutivo eseuciat de Ca,ta,luña, suprimido el
cual quedaría suprimida Cataluña, como substraída una unidad
a cualquier número se acabaría con ese número.
Quien
conozca un poco a Cataluña está plenamente de acuer­
do. Más aún, hace años v-engo oreyendo y diciendo que ,lo me­
jor y peor de España e&tá en Cata.Juña. Avalaré la ,parte ,positi­
va de mi juicio con una cita de Menéndez Pelayo, que incom­
prensiblemente desconocen
fos cata,lanes, cuando es para ellos más
gloriosa que fa del mismo Cervantes. A "ila g,ran metrópoli me-
(12) Del nacim¡ento y desarrollo de La Ciudad Católico en sus prime.­
ros diez años se nos
da un breve resumen en el primer apéndice de la
magnífica obra, superior a todo
,elogio, PARA QUE ElL REILN!E, de
Jean Ousset -páginas XXXI, 923. Traducción española, S¡peiro, Madrid,
1961~. Es una verdadera encidopedia sobre el reinado social de Nuestro
Señor Jesucristo, y sobre los errores modernos que le combaten : revolu­
ción francesa, naturalismo, liberalismo, socialismo, comunismo, totalita­
rismo;
y al mismo tietnPo ·un directorio de acción apostólica, doctrinal
prindpa:lmente, adaptado a los tiempos· modernos.
Su defecto, si defecto se puede llamar, es su inmensa riqueza doctrinal
y documental, quizás no corregido, sino agravado para muchos 1ecto1:1es,
con sus cuatro índices: sistemático o lógico (xrx-XXXI)_. analítico o de
conceptos (793-815), de nombres o autores (819-914) y de matenias o de la
obra (917-923), pero todo de un valor inapreciable para el verdadero es­
tudioso. Así lo ,proclamaron en el acto dos de nuestras primeras autori­
dades en
el apostolado intelectual contemp,oráneo: J. Roig Gironella en el
profundo y clarividente editorial R,evolución de la revista Espíritu, 10
" (1%1), 58-62; y [El Guerrero, Un folleto sobre la Cnulad de Dws, en
Punta Europa, 6 (1961), 102 s.
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f. GONZALEZ-QUEVEDO MONFORT, S. f.
d1terránea" la ¡presintió el polígira:fo montañés con -la intuición
del genio:
DESTINADA ACASO EN LOS DESIGNIOS DE DIOS
A SER LA CABEZA Y EIL CORAZON DE EJSPA&A
REGENERADA {13).
De las
E.spa.ñas 1iahrá que decir hoy, día de la raza, porque
también las Españas serÓ;ni cristianas o no serán~ como sería fá­
cil de probar con .Jos esoritos de otro gran catalán, el genial Ba.J­
mes. Y dicho sea también en .honor de fas r~resentadones me­
jicanas
y -lusitana que nos acornipañan, y con la entera confian~
za de que la Virgen de Guadalupe y de Fátima les conservará
ciertamente su esencia cristiana (14).
* * *
Para terminM", sin salir del tema de la Santísima Virgen y
de la humildad, una últlma consideración. Todos estamos de
acuer,do en ila eficacia salvadora y santificadora de fa devoción
a Nuestra Señora. Todos admitimos la ,célebre frase del Santo
Maestro
Juan -de Avila: "Más quisiera eilta.r sin pellejo que sin
devoción a Nuestra Señora", y Ja no menos -célebre de San Luis
María Grignon de Montfort de que la devoción a la Santísima
Virgen es el camino más breve, más fáclt y más seguro .pa,ra a,1-
(13) Est. de critico hist. y literr,ri,,. V. Ed. C. S. I. C., vol. 10,
pág. 168. Por ser de justicia: unicuique swum, y por tratarse de un autor
tan menéndezpelayista y por otras razones, me es grato confesar que
este texto inapreciable me ilo dio a conocer Pedro Sáinz Rodríguez en
su valfosisima obra Evolución de las ideas sobre lO! decadencia española
(Biblioteca del Pensamiento Actual, 114, Rialp, Madrid, 1962), pág. 547.
(14) Incluyo entre las &i,añas al hermano Porhtgal porque "es.paño­
les llamó siempre a los portugueses Camoens, y aun en nuestros días
Almeida-Garret,_ en. las notas de su poema Camtioens, afirmó que españo­
les somos y que de
españoles nos debemos preciar todos los que ha-bitamos
en ·la Península Ibérica". 'Menéndez Pelayo en el Brindis del Retiro,_ Puede
consultarse en AntD'logla General de Menéndez Pelmyo de J. M. Sánchez
de Muniáin
(BAC, Madrid, 1956), pág. 5.
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BIENAVENTURADOS LOS QUE OYEN LA PALABRA DE DIOS
canzar la santidad (15). Todos miramos a esta devoción como
prenda segura de
sa,lvación de los individuos y de los pueblos (16).
Pues
hien, pregunto: ¿ De dónde viene fa e santificadora -de esta devoción?
Para mí, no cabe duda: de que nos hace humildes, nos hace
niños. La Virgen es madre, y ante las madres los hijos son
siempre niños y se sienten .niños siempre, y Dios, que "resiste a
los soberbios
y da su gmcia a los humildes" (Sant. 4, 6; 1 Pe 5, 5),
puso
por condición: "Si no os ihiciéreis como niños, no entra­
réis en el reino de los delos" {Mt. 18, 3}.
Hermanos, no cabe duda, .Ja humiklad es difícil. ¡ Es el hom­
bre 1tan grande! Lo estamos viendo aquí estos días: ¡cuánto ta­
lento, cuánta erudición, cuánta cultura, cuánta sabiduría; cuánta
nol,leza, cuánta simpatía !. . . Todos los días nos lo di.oe la pren­
sa y el avance .continuo en las ciencias empfricas; porque mos
para foera, se nos •ba quedado pequeño el planeta, y Ja hu­
manidad se ha lanzado a 1a conquista del e'l]}acio ; y ,si mí para dentro, fa psicología profunda y ,la parapsicología nos des­
cubren ,tales mararviillas que nos fuerzan a reconocer que estamos
hechos a imagen y semejanza
de Dios i(Gén. 1, 26 s.).
(15) La .cita del Santo Juan de A'Vila no la tengo a mano. La de San
Luis María en
Tratado de la Verdadera Devoción, V, 5.
(16) Cfr. Nazario Pérez, La Devoción a NuestrCJ Señora y la Eterna
Predestinación;
ídem, María, Esperanza de la lglesi,a. Ambas en Sta! Terrae­
Santander.
La primera, en la 5/L edición, pág. SJ, trae en su contexto la
cita de Avila,
pero sin referencia. La· Cruz(JC;(J de las Tres AvemaríCJS
(Eduardo Dato, 3, 'Madrid) está editando estampas y folletos con tan
salvadora devoción
Pero hoy, .por desgracia, no encuentra ambiente. Per­
mítaseme esta anécdota. Proponiendo yo a un directivo de una gran edi­
torial
catalana la reediaión de la E~paña Mariana del P. Nazario, hoy
rareza bibliográfica, con
el peligro real de la pérdida de innumerabies
noticias de nuestras glorias marianas, me respondió aquel hombre, que era
un excelente católico:
Mire, Padre, hory eso no interesa. Si hacemos -la
edición con un desembolso de más del mi:llón de .pesetas, nos quedamos
con fa obra en casa. Si se tratara de un -libro sobre la ,n,u,erte de Dios,
se agotaba en una semana. Reconocí que tenía raz6n ; pero pensé que la
culpa la teníamos los ec!esiásticos, dando conferencias para ensefiar a leer
a Robinson
y Cía.
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f. GONZALEZ-QUEVEDO MONFOR.T, S. J.
Y, sin embargo, la humildad debería -semos fácil. ¡ Es el hom­
bre tan pequeño!
Un leve golpe, -unos minutos sin ,respiración,
unos grados de fiebre, y... quedamos convertidos en polvo. Y
mirando
más hondo: somos malos hijos de un buenísimo Padre;
somos malos criados de un Amo buen,simo. ¡ Hemos ofendido
a Dios!
¡ Seremos mal nacidos! Este aspecto consideraba San
Luis Gonzaga cuando decía:
"1.a humildad es flor de la tierra,
que no se da en la :tierra".
Pidamos a nuestra madr.e humildísima nos alcance .la gracia de
ser humil (17) Al hablar de la sumisión de los amigos de La, \Ci,udad Católica
a Dios y a los representantes de Dios, no se puede ignorar que muchos
lamentan y lamentamos la Ley de Libertad
Religiosa de las Cortes Es­
pañolas en 1967, por sumisión a fa Declaración sobre la Libertad Religiosa
del Vaticano II. Muchos creemos concilia:ble el mantenimiento de nuestra
Unidad Católica con la declaración del Co_ncilio, rectamente interpretada,
aunque
·en la práctica prevalezca la contraria. Son muchos los que escri­
bieron
sobre el tema con -gran sabiduría y están dispuestos a defender su
postura
en disputa pública con cualquiera. Al rendirles en esta nota mi
tributo de admiración, quiero citarles un texto de un carmelita hol-andés
sobre el tema:
A partir de los Reyes Católicos, nuestros grandes monarcas "habían
tratado siempre de conseguir la formación
y el acrecentamiento de una
fuerte
unidad polítiéa, "fundada en el mantenimiento riguroso de la uni­
dad religiosa
de sus súbditos y de fa disciplina eclesiástica". Otger Steg­
gink O. Carm., La Reforma del Carmeto Españül (Roma, Instituturn
Carmelitanurn, 1965),
l)ág. 73. En mis varios viajes a Alemania, por los
años cincuenta, con el recuerdo todavía vivo de la guerra, muchas veces
compadecí a mis hermanos jesuitas alemanes, en los que el amor a su
m:adre patria
iba ,por un lado, y el amor a su madre la Iglesia por otro.
¿ Llegarán esos santos amores a escindimos también a los españoles?
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