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El compromiso temporal

EL COMPROMISO TEMPORAL
FOR
GABRIIU, DE ARMAS.
«El Magisterio de Ja Iglesia está hoy tan en primer plano,
que
es imposible ignorarlo. Para unos es causa de malestar, para
otros
es objeto de incertidumbre y de duda, para otros es meta
deseada en su trabajo desmitologizante, para otros
es la espe­
ranza única cuando todo
se hunde, la garantía segura cuando
fluctúa todo, la norma inmediata cuando un autonomismo sub­
jetivo
lo invade todo, el puente firme que nos acerca a Dios ... »
(P. JOSÉ ANTONIO DE .Al.DAMA).
* * *
«El compromiso temporal tiene un doble sentido: en un sen­
tido
amplio, significa el esfuerzo responsable por establecer
rectamente el orden temporal
y ordenarlo hacia Dios por Je­
sucristo.
& decir, iluminando las tareas temporales con la luz
del Evangelio e impregnándolas de
caridad cristiana,. conser­
vando, sin embargo, las leyes y fines propios de este orden.
En un sentido estricto el compromiso temporal significa el es­
tablecimiento concreto o la realización del orden temporal. Es
decir, buscar y dar solución completa a los problemas tempora­
les que se suscitan en el campo político, económico, social, cul­
tural, etc., actuando directamente en dicho orden.
En el primer sentido le corresponde a
la Iglesia como Ins­
titución; en el segundo, a los laico¡ en su carácter de tales, con
.responsabilidad propia».
(Declaración
Pastoral de la Conferencia Episcopal Argenti­
na, Ecclesia, núm. l. 509).
• • •
«Es, pues, la oración como un perfecto reflejo de nuestra
vida
íntima de hijos de Dios, como el fruto de nuestra filiación
divina en Cristo; como el desarrollo espontáneo de los dones
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del Espíritu Santo. Por esto es tan vigorosa y tan ferunda»
(Dom COLUMBA MAlwlóN).
• • •
« ... la suerte de una vida depende en gran parte de cómo ora
uno
y de cómo oran por él los demás. Las grandes obras han
sido
siempre fruto de la oración» (ROMANO GUAJtDINI).
• • •
«... no son las intrigas, sino los principios, los que tienen
la divina virtud de curar las naciones» (DoNoso CoRTás).
I
Oom,promiso temporal equivale a obligación contrai'lda en el
tiempo. Para un cristiano, que jamás puede peroer de vista su
norte
sobrenatura;! y su destino trascendente, el compromiso tem­
poral con el mundo y
para el munido ; pero siempre con inexcusable pro­
yección de
eternidad, ya que él! ha sido "criado para a;laba'l", hacer
reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar
su ánima ; y fas otras cosas sobre '1a haz de la tierra son crfadas
para el hombre, y para que le ,eyuden en la pmsecuci6n del fin
para que
es criado", según la ya clásica exposición ignaciana
de -los Ejercicios Espirfü.tales (1).
El mundo, nuestro mundo actua[, con su fe esclerótica, con
su esperanza anémica, con -su caridad inane, necesita de ayuda
para sa1ir de su crisis. Las fuerzas del mal estarán siempre la­
tentes en él, porque los espíritus infernales no duermen. Las malas
hieroos crecerán e intenmrán ahogar la:s sementeras una y otra
vez. Las acciones de escarda y replante son absalu1llmente im­
prescindibles. En esta fa:bor somos todos operarios, porque Orlsto
quiso asociar
al hombre a su obra santificadora. Cristianizar es
(1) Sah Ignacio de Loyola: "Ejercicios Espirituales", en. Obras Com-­
pletas, editadas por la B. A. C., 1952, núm. 86, págs. 161-162: Principio
y Fundamento.
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santificar. Y la santificación compromete al cristiano a un conti­
nuo volver sobre
el hombre y la sociedad para datles una dOnfi­
guración según Cristo o según la voluntad de Cristo.
Al católico seglar correSIJJOllde fundament:a!lmente la llamada
consecratio mundi. ¿ Y qué es, en definitiva, fa consecratio mundi?
Según Pío XII, '~a consecratio mundi es, en lo esencial, obra
de los seglares mismos que se hallan mezclaidos íntimamente con
la vida económica y social, que forman parte del
gobierno y de
las
asambleas legiafativas" (2).
Subrayemos, por su importancia y matización la última frase:
formar parte del gobierno y de las asambleas legislativas. Es decir,
intervenir,
de ailguna manera, en la vida pdlítica. Vida política
que es,
a la vez, ciencia y ame relativas a 'la gobernación del Es­
tado, cuya razón de existencia es el bien común en la más ampllia
acepción del oonoepto.
Y para estas tareas, "que el seglar puede cumplir tan bien o
incluso
mejor que el sacerdote" (3), Pío XII pide dos requi­
sitos:
A) libre actuación; B) ejercicio de la propia responsabi­
lidad.
A)
I,ibre actuación.-EI católico segilar debe tener e,opedita
la vía para exponer públicamente sus puntos de vista y desenvols
ver sus actividades cívicas, a[ igua1l que otro miembro cualquiera
de 1a sociedad en que vive. Sin mediatizaciones más o menos coac­
tivas. Sin impedimento alguno de carácter legal. Sin embargo,
no siempre sucede así. Existen naciones donde por la condición
de ser católico
se lleva un:a marca de estigttna infamante. La voz
del católico está
ahogada por mil trabas insa!lvalJles, que Io dejan
reducido a ciudadano de condición ínfima. Justo es recoadar a
tantos
h=anos nuestros, miembros del Cuerpo Místico, que
sufren atrozmente bajo regímenes de signo tota!lirtario marxista,
por el sdlo hecho de haber expresado opiniones contrarias a las
(2) Pío XII : Discurso a los participantes en el II Congreso Mundial del Apostolado Seglar, de S de octubre de 1957. Véase en Ecclesi.a, nú­
mero 849 de 19 de octubre de 1957, pág. 1187.
(3) Pío XII : Ibídem.
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acciones gubernamenrbles o por la mera circunstancia de disentí~
de
ellas. Nos olvidamos, con frecuencia, de que la Iglesia, nues­
tra madre, está perseguida, aprisionada, acosa sus manifestaciones más simples y elementales, en países donde el
comunismo ateo, "azote satánico" (4), como 1e llamó Pío XI,
hace gala de su poder omnímodo ...
Como slmbolo de esta persecución y paradigma, al propio
tiempo, de
lo que constituye la esencia de la fort:aleza cristiana,
frente a1 poder opresor y tiránico, debemos recordar, con emocio­
nada simpa tia, la figura del heroico Cat'dena,I J osef Mindszenty ...
¿ Qué extraño silencio se impone en torno a ella? ¿ Qné estúpido
olvido
difumina, cada día, sus precisos contornos? ¿ Qué culpa­
ble amnesia nos va dejando
indiferentes ante tanta crueldad ar­
dorosamente sostenida?
¿ Qué ingratitud nos e,ol:rae de la memoria
hechos que están en carne viva y
que, a gritos, piden urgente
reparación ?
Preguntémonos, reflexivamente, con Pablo VI:
H¿ Podremos olvidar las siempre difíciles condiciones en que
la Iglesia se encuentra en países para Nos tan queridos y tan
hostiles a Nos, donde muchas libertades elementailes son piso­
teadas o
negadas a la vida católica, y donde especia:lmente la edu­
cación de la juventud está invadida por la negación de Dios y
de Cristo y por
la oposición y el descrédito de la Iglesia rató­
lica
?" (5).
B)
Ejercicio de la propia responsabüidad.-EI seglar cató­
lico deberá actuar en
fa vida pública en el grado a que su propia
conciencia le llame y Je espolee. Unos más y otros menos, segón la
vocación, que
es llamamiento, deseo y aptitud, todos deberán co-
(4) Pío XI: Divini Red.e1nptüris (7). Colección de Encíclicas y Do­
cumentos fontificios. Publicaciones de la Junta Nacional, Madrid, 1%2,
pág. 155. •
(5) Pablo VI: Discurso al Sacro Colegio y a la Prelatura Romana
con motivo de 1a Navidad, pronunciado el 24 de diciembre de 1964. Véase
en Ecclesi.a, núm. 1.226, de 9 de enero de 1965.
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laborar en la anhelada consecratio mundi. Pero con mía rondi­
ción muy clara: nadie, jamás, tendrá derecho a echar sóbre fas es­
paldas
de la Iglesia su personal fracaso. La Iglesia, sí, como ma­
dre amorosa le_ dará constantemente principios generales, conte­
nidos en
el Derecho Público cristiano, que el .seglar responsable
deberá .Juego aplicar a las cuestione; de: "facto". Pero entiéndase
bien: es el propio seglar quien prncurará wlorar, en todo mo­
mento, las
s1tuaciones y circunstancias de los hechos, bajo el signo
de la prudencia,
para aplicar 1uego los principios ronvenientes,
con
propia y ex.elusiva responsabi'lidaid personal Sin arrogarse,
desde :luego, en materias deja@s a la libre discusión de ,los hom­
bres, representaciones eclesiales más o mel)OS oficia.les u oficio-
sas
...
Pablo VI, en un bello y enjundioso discurso a los graduados
católicos, de 3 de enero de 1964, abundando en estas mismas
ideas acerca de la actuación
de1 seglar en la consecratio mundi,
expone:
" ... nuestra doctriina reconoce al seglar fiel una participación
en el sacerdocio especial de Cristo y, por tanto, una capacidad,
más aún, una resiponsahllidad en el ejercicio del apostolaido, que
ha venido determinándose en conceptos diversos y formas adecua-
1as a las posibilidades y a la índole de la vida propia dcl segilar
inmerso en las rea11da:des temporales, pero también imponiéndose
como una misión propia de
la hora presente. Se habla de c secratio mundi, y se atribuyen a1 seglar prerroga,tivas particula­
res en
el campo de la vida terrena y profana ... " ( 6).
También el Concilio Vatícano II se ocupa del tema y nos ,da
normas y orientaciones al respecto, principalmente en dos impor­
tantes documentos: en la Constitución Gaudium ~/ S pes, acerca
de la Igilesia en el mundo actual, y en el Decreto Apostolicam ac­
tuositatem, sobre el a,postolado de los seglares.
En el púmero de ellos se nos advierte :
''El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a
(6) Pablo VI: Discurso a los Graduados católicos, de 3 de enero de
1964. Véase en Ecclesia, núm. 1.175, de 18 de enero de 1964 .
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sus deberes con el prójimo; fa1ta, sobre ·todo, a sus obligaciones
para ,con Dios y pone en peligro su eterna salvación" (7).
Pero antes nos invita a reflexionar con una exhortación llena
de sapiente doctrina:
"El Concilio exhorta a los cristianos, ciudadanos de la ciudad
temporal
y de la ciuda:d eterna, a cumplir con fidelidad sus debe­
res temporales,
guiarlos siempre por el espíritu evangé!lico. Se
equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí
ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pue­
den descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la pro­
pia fe es un motivo que les obliga a1 má:s perfecto cumplimien­
to de todas ellas según la vocación personal de cada uno" (8).
En e1 segundo de los documentos cita:dos se lee que "la misión
de '1a Iglesia no es sólo ofrecer a los hombres ed mensaje y la
gracia de Cristo, sino también el impregnar y perfeccionar todo
el onden temporal
con el espíritu evangélico" (9).
Y
má:s adelante:
"Es preciso, sin embargo, que 1os seglares acepten como obli­
gación propia el instaurar el orden temporal y el actuar directa­
mente y de
forma concreta en dicho onden, dirigido por la luz
del
Evangelio y '1a mente de la Iglesia y moviJdos por ,la caridad
cristiana; el cooperar, como conrciudarlanos que son de fos demás,
con su específica pericia y propia responsabilida!d, y el buscar en
todas partes y
en todo la justicia del reino de Dios" (10).
Pero ... ¿ qué es 1o que constituye en sí el orden temporal? El
mismo texto conciliar hace la siguiente enumeración, -con un orden
de prelación que debe tenerse en cuenta:
l.º Los bienes de la vída y de la farrni'lia.
2.º La cu!ltura.
3.0 La economía.
4.º Las artes y profesiones.
(7) Constitución Gaudiu.m et Spes del Concilio Vaticano II (43).
(8) Ibídem (43).
(9) Decreto Apostolica,m actuositatem del Concilio Vaticano II (5).
(10) Ibídem (J).
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EL COMPROMISO TEMPORAL
5." Las instituciones de la comunidad política.
6.
0 Las relaciones internaciona1es.
7.0 Otras realidades semejallltes, su evolución y progreso.
Todos estos :bienes, nos dice el referido documento conciliar,
"no son solamente medios paira el fin ú}timo del hombre, sino que
tienen, a los
considere en sí mismos, ya como parte de todo el orden tem­
pora,l ... " (11).
II
De cuanto IJevamos dicho se infiere que la Iglesia conmina rul
fiel, al miembro del Cuerpo Místico, a intervenir, de modo per­
sona,l y directo, con propia responsabfüdad, con plena conscien­
cia
de los deberes que asume, en fa vida pú!Jlica. O lo que es
igual,
·a,1 ejercicio de i1a actiwdad política, sin titubeos y con paso
firme y decidido. A formar ¡>arte, en una palabra, del gobierno
y de las asambleas legislativas, como se expresa concretamente
Pío XII al ha!Jlar de -los deberes de la consecratio mundi ...
Esta invitación
o, mejor aún, conminación, no es de ahora.
No es tarea que deviene por moda, aunque los actuales tiempos
exijan
mayor celo en el cumplimiento de estos deberes por razón
de especialísimas circunstancias socia:les que a nadie se esconden.
Desde cien años para acá, desde Gregorio XVI (1831-1846),
hasta
el Papa reinante, Pablo VI, la Jerarquía eclesiástica, en mul­
titud de documentos
de doctrina política, ha eiq,uesto, a la faz del!
mundo, sin 'la menor duhitación, los fundamenta1es e inconmovi.:..
bles principios por los que debe regirse e1 católico en su inexcu­
sable quehacer de carácter cívico. De tal manera, que podemos
concluir en que el llam~do compromiso temporal es un comprome­
terse del católico para instaurar un orden cada día más ajustado al
Evangelio
y santificar, por consiguiente, las estructuras y todo
el andamiaje de la sociedad.
En ta1 sentido, la voz del Vicario de Cristo, de Pedro, su-
(11) IIMem (7).
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GABRIEL DE ARMAS
premo j eratta, confirmante, ha sido socundada por los obispos
del mundo entero, que han explanado, según lo han requerido
las circunstancias de sus respectirvos pueblos, en enjundiosos do­
cumentos pastorales, la doctrina pontificia acerca del proceder
político
de los católicos mílitantes. El 14 de noviembre de 1964,
en la IV Reunión de Amigos de la Ciudad Católica, desarrollé
una
ponencia sobre "Necesida,d de formación doctrinal" (12).
Allí aduje una serie de
teJctos de singulares pastorales colectivas
del Episcopado de diversos países, que hoy, pese al espiritu revo­
lucionario
inílltrado en ilas humanas estructuras de la Iglesia,
conservan
igual vigencia y modernidad que entonces, ya que es
doctrina eterna, nueva y vieja, siempre remozada y •lozana. A
ellos me remito. Pero debo
hacer constar que, a los mismos, po­
drían añadirse ahora muchos más, que han visto la l11z púlJlica
con posterioridad.
León
XIII, en su Inmürtale Dei, encídica publicada el
1 de noviembre de 1885, no duda en pronunciar estas tres afir­
maciones contundentes :
l.• Es de interés que los católicos tomen parte en la admi­
nistración pública (alude
el Papa aquí, con toda seguridad, a la
vida municip"I por lo que luego sigue).
2.ª Por la misma razón es conveniente que lleguen hasta las
,ritas esferas del poder.
3.ª Porque de no intervenir los católicos activamente en po­
lítica se seguiría gravísimo daño a la religión, ya que se les daría
campo llbre a 'los enemigos de la Iglesia y "fácilmente se apode­
rarían
de los asuntos públicos personas cuya manera ,de pensar
pueden no ofrecer grandes esperanzas de saludable gobierno'' (1'3).
Efectivamente. ¿ Qué esperanzas puede haber de instaurar un
orden cristiano justo en naciones regidas por gobernantes que
odian o desprecian sistemáticamente
a Cristo y a su
Ig[esia?
¿ Qué ocurre hoy en Ia mayor parte de los puelJlos donde el
~12) Armas, Gabriel de: "Necesidad de formación doctrinal", en Verbo,
núm. 32.
(13) León XHI: lnmortale Dei (54).
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laicismo oficial persigue o prescinde de las normas éticas emana­
das del dogma
católiro? ¿ Hacia dónde camina la familia? ¿ Cufrl
será su porvenir? ¿ Cómo se desarrolla la enseñanza ? ¿ Cómo se
apunta:la la vida matrimonia:]? ¿ Cómo se defiende la morailidad
pública? ¡ Cuántas y cuántas preguntas podríamos hacemos y
cuántas respuestas
habríamos de darnos harto desconsoladoras 1
En todos 1os males que observamos aitentamente y de los cua­
les nos quejamos y nos dolemos,
¿ no habrá tenido parte muy
activa nuestra propia mediocridad de católicos tibios? ¿ Hemos
mostrado, en
.Jas ocasiones que la vida nos Ira deparado, el sufi­
ciente coraje para,
oportuna e inoportunamente (14), dejar bien
asentada la doctrina de Cristo? ¿No habremos dilapidado, con
harta frecuencia, en nuestros contactos socia:les, el caud-ai1 inmenso
que brota incesante de la maravillosa fuente de la comunión de
los santos, que pide nuestro concurso para expandir sus bienes?
¿ No hemos slJdo acaso siervos perezosos?
De las últimas pastorales colectivas que he registrado, me­
rece
especia[ mención, por su concisión y claridad, ,la del Episco­
pado de Guatemala, de 28 ,de mayo de 1 %9. Entre otras cosas,
nos dice:
"Los católicos tienen, por título especial, la obligación de
luclm.r por el bien común, Uno de los medios es la participación
en
la política -no necesariamente partidista-aunque ésta no se
excluye."
Y dice más aún:
"... lo que es una obligación cívica para todos los hombres,
para el católico es también un imperativo de su fe, pues ésta le da
una nueva motivaci6n a sus afanes patrióticos, ya que es el Evan­
gelio, el propio Dios, quien exige al cristiano trabajar por la es­
tructuración de una patria mejor" (15).
No hay, pues, escape posible. Hay que colaJborar. Hay que
comprometerse.
La I¡¡lesia nos conmina a intervenir en fa vroa
política y ello constituye la esencia misma del compromiso tem-
(14) Pablo: A Timoteo, IV, 1-8.
(15) Véase en Ecclesia, núm. 1.446, de junio de 1969.
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poral del cristiano. No me resisto a dejar de consignar un extraor­
dinario
texto del inmortal Pío XI sobre el particnlar, porque es,
sin
duda, de los más esclarecedores y, a la vez, de los que pue­
den servir
de mayor consuelo a los que, por puro deber, y quizá
sin una decidida
vocación política, ostentan ,ilgún cargo en la
Administración :
"Los jóvenes .se preguntan, a veces, si aunque católicos, pue­
den ocuparse de la política. Y después de haberse entregado a
estu-qios sobre este particular terminan por establecer ellos mis­
mos las bases de la buena, de fa verdadera, de la gran política ...
Obtar,do así, comprenderán y cumplirán uno de los más gran­
des deberes cristianos., pues cuanto más vasto e importante es e1
campo en el cual se puede trabajar, tanto más imperioso es el
deber. Tal es, pues, el dominio de la pcJ!ítil:a que mira los inte­
reses de
la socieda,d toda entera y que bajo este aspecto es el
campo de la más vasta caridad, de la caridm política, de la que
podemos
decir que ninguna otra la supera, salvo la de fa reli­
gión. Bajo este aspecto,
1os católicos y fa Iglesia deben conside­
rar la política" (16}.
Por deber imperioso e ineludible ...
Porque la
fe que profesamos, nos lo exige ...
Porque la esperanza en Cristo, nos lo ordena ...
Porque la caridad nos
urge el trabajo por el bien común, qne
la Constitución
Gaudium et Spes define como "el conjunto de
condiciones de
'la vida social que hacen posible a fas asociaciones
y
a
cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de
la propia perfección" (17)
...
Porque la Iglesia, Madre y Maestra, nos lo prde suplicante ...
Porque
el mundo aotual 1o requiere y lo necesita ...
Por todas estas razones, el católico no puede efodir, sin ser
traidor a su misión, el compromiso temporal, que le obliga a par-
(16) Pío XI: citado por J ean Ousset en Para-que El reine. Madrid,
Speiro, 1961, pág. 520.
(17) Constitución Gaudium et Spes (74).
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EL COMPROMISO TEMPORAL
tidpar, máS o menqs -directamente, pero a participar siempre,
en los asuntos públicos de la nación ...
Una vez más, y como campen-dio de estas expresiones, llenas
de sentido vital, po"4ne son ideas operativas, que no pueden que­
darse en
el terreno de la pura hipótesis, recordemos lo que nos
enseña
el ya invocado Decreto Apostolicam actuositatem, del
Concilio Vaticano II:
"En el amor a la patria y en el fiel cumpilimienro de los de­
beres civiles siéntanse
obliga-dos los católicos a promover el ge­
nuino bien común y hagan valer
así el peso de su opinión para
que
el poder político se ejerza con justicia y las leyes respondan
a 'los preceptos de la moral y a'i bien común. Los católicos, pre­
parados en los asuntos públicos y fortalecidos, como es su deber,
con
la fe y en la doctrina cristiana, no rehúsen desempeñar car­
gos políticos,
ya que con ellos, dignamente ejercldos, pueden ser­
vir
al bien común y preparar al mismo tiempo los caminos del
Evangelio" (18).
Comprometerse.
No rehusar. Siempre. Sin temor y con amor.
Con corazón
abierto y anchas espaldas. Aunque el peso sea tanto
como
el que sostuvo San Cristóbal sobre sus hombros, según 'la
cristiana leyenda. Parecía sólo un nifio; San Cristóbal, un gi­
gante fornido ; pero ese niño era,
nada más y nada merios, que
el mismo Dios ... ¡Tremendo peso, sí, pero cuánta dignidad para
el cansado portador !
Hay quienes, para eludir el -compromiso, 'esgrimen la socórri­
da frase de que ,la política ·les da asco. Vano empeño. Salidas de
tono; que a naida com:iucell y a nadie convencen. Uno no se li­
bera del deber por revestir, de fútiles elegancias dia!éoticas, acti­
tudes que son,
las más de las veces, fruto de fa pereza o de la
cobardía. Déjese el asco para Sartre y sus secuaces, empedernidos
seguidores
de la náusea. El católico tiene que llegar hasta las
mismas
llagas purulentas morales del hombre y de -la sociedad,
(18) .Decreto Apos-tolicam a_ctuo~tatem (14).
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GABRJEL DE ARMAS
que apestan y repelen, para tratar de sanarlas, Su vida, por con­
siguiente, ha de
ser un combate continuo, donde ·la caridad no será
obstáculó a la máxima energía desplegarla en la ,Judha. Lucha en
doble vertiente:
hacer el bien y exterminar el mal. Abrillantar la
justicia y
obscurecer fa iniquidad.
Es indignante y, a la vez, curioso que, mientras un \.-atólico,
no obstante las admoniciones de fa Iglesia, sienta asco ,por la po­
lítica, los Sralín, Hitler,
Krustchev, Tito, Fidel Castro, Mao Tse
Tung, Togliatti y demás, hayan aspirado y aspiren aún a dirigir
las cauces de
la política mundial y a conve111:irse ·en los amos del
mundo ...
Los amos del mundo ... ¿ para qué?
Para entronizar el reinado Para establecer el crimen como sistema ...
Para aniquhlar la verdad .. .
Para combatir la virtud .. .
Para aherrojar a fa Iglesia y ponerle grilletes ...
Para sembrar el odio a Cristo ...
Para convertir a1 hombre en simple marioneta ...
Para acabar con la libertad ...
Para destruir satánicamente la dignidad de fa persona hu­
mana ...
N nnca como hoy es necesario tener ideas claras sobre esta de­
licada doctrina, que la Iglesia ha elaborado pacientemente, du­
rante más de
nn siglo, como hemos podido ver a través de este
esquemático trabajo.
Su ,importancia es tal, que fa Revolución,
hoy
en auge, quiere enturbiar, a toda costa, su nitidez. De ahí la
eno:rime confusión reinante. Creo que un ejemplo, demasiado a..1ec­
cionador, puede servirnos de toque de alarma. En un articulo
escrito
por el gran publicista y pensador católico brasileño Plinio
Correa de Oliveira, que lleva
el título significativo "Toda fa ver­
dad sobre las
elecciones eo Chile'', se lee lo signieote:
"En 1970, esa infiltración (se refiere a la comunista) asumió
proporciones alarmantes agravando aún más 1a situación. Ei1
propio Cardenal Silva Heoríquez, Arwbispo de Santiago, de-
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daró a Ia prensa que era enteramente ,Jícito para un católico votar
por candidaturas marxistas" (19).
El mismo Plinio Correa nos refiere que se hizo una consulta
al
purpurado, pidiéndole un esclarecimiento o una rectificación.
Pero la respuesta fue el silencio. El! silencio de los perros mu­
dos (20).
Atengámonos
ahora al hecho consumado: en Chile ha triunfado
el Frente Popular, amasijo de partidos marxistas, dispuesto como
siempre a exterminar a 1a Iglesia, o, en e1 mejor de los casos, a
prescindir, por completo, de sus orientaciones
y ,consejos ...
III
Bl compromiso temporal del cristiano no es un camino abier­
to al triunfo. No es una plataforma que invita al aplauso. No es
una senda de favorables auspicios. Por el contrario, e!l compro­
miso temporal del cri.stiano está envuelto en una abnósfera de
dificultades, de escollos, de intrigas, de oposiciones, de persecu­
ción induso. No es ex,traño, desde luego. Ell se funda en fa fe de
Cristo y hoy fa fe está combatida por toda clase de "agresiones,
insidias y peligros", como ha
expresado Pa1:Jlo VI en la audiencia
general de 12 de
abril de 1967 (21 ). Por eso, precisamente, para
que el cristiano pueda dar viabilidad a su compromiso temporal,
para revestirlo de eficacia, son necesarios tres requisitos: A)
vida interior ; B) formación doctrinal ; C) acción testimonial.
A) Vida interior.-El ruido, ,la dispersión, Ja prisa, ta con­
goja del quehacer
cuotiidiano, no son propicios a fa edificación del
reino de Dios, que se esconde en las profundidades del wlma. El
(19) Correa Oliveira, Plinio:· Véase Fuerza Nueva, núm. 194, de
26 de septiembre de 1970, pág .. 5.
(20) !salas: L W, 10.
(21) Pablo VI : Alocución en la Audiencia ·general del 20 de abril de
1966. Recogida en la obra "Permaneced firmes en la fe" de Edicione.J
Mar ova, Madrid, 1968, pág. 56.
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reino de Dios crece en el silencio recoleto, en la interioridad del
espíritu. recogido, en la fe sentida intensamente, en el amor su­
plicante, humilde, desasido de sí mismo . . . La v;ida interior es,
fundamentalmente, oración.
La oración no es, pues, algo baladí que puede pasar de moda
como las minifaldas y los maxiahrigos. La oración es, se ha dicho,
con ,expresión fina y aguda, la "toilette del a:lma". Es Ia respiración
del espíritu.. Es parte integrante de fa vida humana .. Tiene Donoso
Cortés una frase que ha traspasado todas 'las fronteras del mun­
do, en una carta
dirigida a Alberich de Bilanche, marqués de
Raffin, que bien meI'e por el mundo fos que oran que los que pelean ; y que, si el mundo
Va de m~l en peor, consiste esto en que son más las batallas que
las oraciones'' ('ZZ).
La oración es una escala por donde el hombre sube a Dios y
trata con El. Canal transmisor de 1a gracia santificante, une a,!
hombre con la Trinidad Beatísima. Sin oración no hay piedad. Y
sin piedad no existe
posibilidad de vida interior. Es realmente
impresionante la
carta que el gran filósofo Peter Wust dirigió a
sus discípu1os, como despedida, desde su lecho de muerte, de la
cuaJ entresacamos el siguiente párraifo:
" . . . si ustedes_ m,e preguntasen ahora antes de irme, e irme
definitivamente, si conozco una clave mágica que puede abrirle
a uno la puerta última que cooouce a la sabiduría de 1a vida, yo
[es contestaría que sí. Y esta clave mágica no es la reflexión, como
tal vez
esperasen oir de un filósofo, sino la oración. La oración,
entendida
oomo entrega definitiva, lo hace a uno tranquilo, infan­
til, objetivo.
Yo pienso que un hombre se adentra más y más en
(22) Donoso Cortés, Juan: Obras Completas de la B. A. C., edición
de 1970, t. II, pág. 345. Esta nueva edición de 1as Obras Completas de
Donoso Cortés, la más completa de las publicadas hasta el momento ha sido
preparada por el jesuita Carlos Valverde y va precedida de una introduc­
ción, escrita Por él mismo, de indudable valor. 'Et! ella se esclarecen, por
vez. primera, circunstancias y personajes en relación con el 'Marqués de
Valdegamas, que dan vivo interés tanto ~ la referida introducción como
á. las notas que se leen a pie de página
934
Fundaci\363n Speiro

EL COMPROMISO TEMPORAL
el ámbito de la humaruda.d (no del humanismo), a medida que está
mejor dispuesto
para orar, con tal de que se trate de auténtica
oración'' (23).
No obstante, cada día se ora menos. Es un fenómeno que cual­
quiera puede constatar, aunque no esté dotado de sutil agudeza
mental. Piluralioemos. Todos rezamos menos. Y es
el propio Vi­
cario de Cristo en la tierra quien, públicamente, se ha preguntado
y nos
ha preguntado con tristeza:
"¿ Se reza hoy? El hombre moderno, ¿ sabe orar? ¿ Siente ,la
obligación, la necesidad de hacerlo? E incluso el cristiano ¿ ti~e
la facilidad, el gusto y cl empeño necesarios para la oración?
¿ Posee siempre la afición a las normas de oración que la piedad
de
la Iglesia, aun no declarándolas oficiales, es decir, particular­
mente litúrgicas, nos ha enseñado y recomendado con tainta in­
sistencia, como el rosario, el víacruds, etc., y especia:hnente 1a
meditación, la adoración con la eucaristía, el examen de concien­
cia,
la lectura espirituail ?" (24).
Existe
una obra ya clásica titula.da "El ahna de todo apostolla­
do".
La escribió Dom Gustavo Chautard hacia 1914. Sus pági­
nas, radiantes
y luminosas, quieren ser una demostración pailpable
de que la vida interior, la oración, fa unión del alma con Dios,
constituyen
la vendadera fuente del quehacer apostólioo, el honta­
nar seguro de cuailquier acción evangelizadora y santificadora ...
"Trabajo íntimo, asiduo y constante -nos dice--, con el cual
precisamente el
aama adquiere una facilidad maravillosa y una
sorprendente rapidez en las ejecuciones de las tareas a¡postblicas.
Unicamente la vida interior posee este secreto'' (25).
Cristo, arquetipo
y modelo del cristianismo, nos dio el ejempilo
en la constante de su vida activa. Antes de dar comienzo a sus
(23) Peter Wust: Esta carta del filósofo se recoge íntegra en fa obra
"Pensadores Cristianos :Contemporáneos", publicada por Alfonso J.Apez
Quintas en la B. 1\. C., Madrid, 1968, pág. 51, núm. 274 de fa colección.
(24) Pablo VI: Discurso en la Audiencia general del 14 de agosto
de 1969. Véase en Ecclesia, núm. 1.454, de 23 de agosto de 1969 ..
(25) Chautard, Dom J. B.: "El alma de todo apostolado". Edkiones
"Dinor", San Sebastián, 19551 pág. 43.
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GABRJEL DE ARMAS
faenas, se nos muestra en actitud orante, en devota súplica, en
recogimiento deprecatorio.
Pero es también su pa1abra concreta fa
que nos enseña la absoluta necesidad de orar.
El nos dice que ·estemos siempre atentos y vigifantes, "no sea
que se emboten nuestros corawnes por la crápula, la embria­
guez y las preocupaciones de la vida" (26).
El nos advierte: "Vigilad y orad para no caer en la .tenta­
ción" (27).
El! insistte en que nuestra oración debe ser perseverante: "Os
digo, pues : Pedid y se os os abrirá ; porque quien pide recibe, y quien busca halla, y al
que llama
se le abre" (28).
La oración, sí, es el aJhna de todo apostolaJdo. La vida interior,
la
contemplación, la elevación del corazón y la mente hacia di
Creador, iejos de oponerse a· fa vida activa, dan a ésta perspectiva,
hondura, pentración y vigor, aJlejando de ella la mala sombra de la
frivolidad que tantos fracasos origina. Dom Gustavo Ghautard,
en su obra antes aludida, nos te la acción y la contemplación, han producido fos mayores san­
tos : San Dionisio, San Martín, San Bernardo,
Sallll:o Domingo,
San Francisco de Asís, San Francisco Javier, San Felipe Neri
y
San Alfonso, todos dios tan ardientes contemplativos como va­
lientes
a.póstcJles (29).
Bero ... ¿ qué mejor ejemplo y estímulo para nosotros que el
de Teresa de Jesús, andariega y rezadora, extática y caminante,
mística
y en constante bregar, siempre en Dios y junto a[ pró­
jimo, fundadora incansable de conventos y escritora de primera
línea y ahora Doctora de la Santa Iglesia de Cristo? René Fu1op
Miller, en su
precioso estudio sabre la santa, como experto psi­
cólogo,
ha penetrado en las razones últimas del sentir y dcl obrar
de
Teresa y ha podido escribir este difícilmente mejorable juicio:
(26) Lucas : XXI, 34.
(Zl) Mateo: XXVI, 41.
(28) Mateo: VII, 7-11.
(29) Gtautard: Ibídem, pág. 79.
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EL COMPROMISO TEMPORAL
nEra su misión conocer los cielos, sentirse como en su hogar
en medio de los ángeles y, ;,l mismo tiempo, v;vir en 'la tierra y
obrar entre los hombres. Los últimos veinte años de su vida nos
muestran a una mujer práctica y acti,va, incansablemente empe­
ñada en la reforma de su Oroen y fllllldando, en este período, die­
cisiete conventos.
Su 1:abor práctica en el mundo y su vida con­
templativa no deben ser. consideradas, sin embargo, como dos
aspectos distintos
de su naturaleza, sino crnno una sola rea.!li­
dad" (30).
En una palabra: ma,l podemos obligarnos, en ese compromiso
temporal que se nos pwe, a evangelizar las estructuras de la ciu­
dad terrena, si no viv.imos enteramente el espíritu ·eviangéliro; y
éste no se vive, no puede vivirse, sin oración.
También el Conci!lio Vaticano II nos fo advierte, en el Decreto
Apostolicam actuositatem:
"Aprenda ante todo el segilar a cumplir la misión de Cristo y
de
la Iglesia, viviendo la fe en el misterio divino de la creación
y de fa redención, maridos rpor el Espíritu Santo . . . Esta for­
mación debe considerarse como fundamento y
condición de todo
apostolado
fecuDido" (31).
Hombres
de intensa vida interior, de oración, de ¡,Mpito en
Dios,
han sido todos aquellos esclarecidos seglares que nos pre­
cedieron en el ejercicio del compromiso temporal. Esos que, de
aJguna manera, han sido honrados por la propia Iglesia, que no
ha dudado en alabar tanto su ciencia como su
vit1tud : un Vico
N
ecchi, un Federico Ozanam, un Donoso Cortés, un Contai:rlo
Ferri.ni ...
B) Formación doctrinal.-Tras la vida interior, la formación
doctrina:!. No existe otro camino. Téngase en cuenta que el seglar
católico que se compromete a evangelizar la sociedad, insrnflán­
dole el espíritu cristiano, con todas las consecuencias, no puede
(30) Fulop Miller, René: "Teresa de Avila" (tercera edición). Austrol,
Espasa
.... Ca1pe, 1964, pág. 78.
(31) Decreto Apostolicam actuositatem (29).
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GABRIEL DE ARMAS
ir por la vida dando paJ!os de ciego. El compromiso temporal, en
sus realizaciones concretas, presenta a:rduos problemas. Y estos
problemas han de ser resueltos a base de estudio serio y cons­
tante. Improvisar
es siempre peligroso.
Por eso, es el propio ConcHio Vaticano II quien nos amones­
ta: "Además de la formación espirituwl, requiérese una sólida pre­
paración -doctrina!l teológica, moral, filosófica, según la diversidad
de edad, condición y talento. No se descuide en modo a!lguno la
importancia de la cultura general unida a la fom1ación práctica y
técnica"
(32),
Da
experiencia nos ha confirmado, con pena, el mallogro de
algún movimiento
apostólico que prometía ser de resu'ltados prác­
ticos inmejorables, por la sola razón de haber dejado en abandono
la formación doctrinal
de sus seguidorés.
Insistimos, pues. Nada de improvisaciones pata salir, más o
menos airoswmente, del paso. La adquisición de una sólida y efi­
ciente cultura es
un deber inexorable. Entra, de lleno, en el marco
del compromiso temporal.
La cultura es el dominio de las cosas.
Pero el apóstol no puede conformarse con una cultura frívola, o
con
una ciencia hinc'hada de van;da:d, aunque sea de amplias y
vastas dimensiones. Hay que profundizar, llegar hasta las últi­
mas raíces, En una palabra: hay que obtener de Dios, a fuerza
de oraciones, ese espíritu de ciencia, ese Don celestiail que sólo
poseen, según Santo Tomás de Aquino, "los que por infusión de
la gracia tienen un juicio recto sobre las cosas que han de creer
y ejecutar, de manera que no se desvíen
de la rectitud de fa jus­
ticia" (33).
Mal pueden servirnos una cultura y
una ciencia adquiridas
con esfuerzo, si luego, cuan:do la ocasión llega, no sabemos apli­
carlas adecuaJc!amente. Hoy se desbarra fácilmente. La ciencia de
Dios no basta saberla.
Hay que vivirla. Hoy se llenan de ,]ihros
los anaqueles de las bililiotecas, se difunden por todos los me-
(32) Ibidem (29).
(33) Santo Tomás de Aquino: 22 q., '9 a 3. Suma Teológica, publi­
cada por la B. A C., t. V, pág. 336, Madrid, 1959.
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EL COMPROMISO TEMPORAL
dios audiovisuales las opiniones más encontradas, se r:eaiizan en­
cuestas periodísticas sobre los temas más dispares. Los zapateros
opinan de medicina.
Los comerciantes ha,blan de derecho. Los ju­
risperitos quizá pretenden ser biólogos. Por todos, se habla de
todo. Y la imprecisión cunde,
turbando el ánittno. Desasosegando
el
espíritu. Brota la duda y deja su huella indeleble.
Necesitamos de
un estudio razonado y razonador, pero nunca
racionalista.
El razonamiento natural debe estar sometido al in­
tuitivo Don de ciencia, concedido por Dios a1 aJlma que se hu­
milla y no se engríe.
Para el apóstol segilar, que ha de santificar las
estructuras del mundo, los santos han habl,.do clarividentemente:
San Ignacio de 4,yola dictaba normas preciosas para el sen­
tido verdadero que en la lglesia militante debemos tener (34}. De
nada nos vale leer, con frialdad, todos los tratados mejor,es de
Eolesialogía, si no estaJrnos dispuestos a someternos, por entero,
a cuanto ordena la Santa Madre Iglesia.
Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia, de aativi:dad
febril y en continua contemplación, nos habla de que hay que ejer­
citar
"la puplla de la santa fe" (35). Por no adquirir debidamen­
te esta pupila, por no ejercitarla, o tal vez por despreciarla, ¡ cuán­
tas insensateces, fatuidades, inexactitudes, se dicen por esos mun­
dos de Dios! Y posiblemente por personas que creen estar reali­
zando una labor de apostollado ...
San Olemente Maria Offbauer denomina a este Don del es­
píritn "olfato católico" (36). De la misma manera que el médico debe
tener
ojo clínico y el abogado sentido jurídico, cualidades propias
de
su formación profesional y quizá de su innata ¡,sicología vo­
cacional,
el apóstol seglar, inmerso de lleno en el compromiso tem-
(34) San Ignacio de Loyola: Obras Completas editadas por la B. A.
C. antes citadas, pág. 235-. · ·
(3.5) Santa Catalina de Siena: Véase la obra del dominico Raimondo
María Spiazzi, "El &píritu Santo en la vida cristiana". Shl Buenos Aires, 1956, pág. 145.
(36) San Clemente María Ofbauer: Véase el libro de Gahriel de
Arma:s, "Donoso Cortés''; Colecci6n Calamo, 1953, '.Madrid, pág; 39.
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GABRIEL DE ARMAS
poral, ha de cultivar este dlíato ratólico, con esmero, y arraru:ár­
selo a Dios, a través del Don de ciencia.
U na inmensa cultura que carece de sentido de la Iglesia, de
olfato católico, de pupila de la santa fe, puede engañamos y hacer
que engañemos. Entre innumera!Jles ejemplos que podría poner,
voy a referirme a dos casos típicos ocurridos en este afio de
1970 ... Y o no puedo dudar de la inmensa cultura de don Fede­
rico
Carlos Sáinz de Robles, ni de fa ciencia y de la buena fe
del P. Félix García. Sin embargo, me es imposilJle compartir dos
juicios de
valoración católica que ellos han expreS'aldo, con evi­
dente frivo1idad: según e:1 primero, '~cien años antes, don Benito
Pérez Ga:ldós se adelantó al Vaticano II y a 'las actua:les encícli­
cas" (37). Según el agustino, en una conferencia pronunciada en la
Casa de
la Ctiltura de Soria, "Unamuno se anticipó en muchas
cosas a las ideas
del Concilio Vaticano II" (38).
Creo· que los ¡,rimeros en protestar de tamaños dis1a!l:es, si pu­
dieran hacerlo, serían los propios autores a:lu&dos, porque ambos
tuvieron a gala combatir, por todos los medios a su alcance, 'la doc­
trina católica y se sintieron enemigos irreconcrlia!Jles de 1a Igle­
sia (39),
(37) Sáinz de Roblesi Fed~ico Carlos: Entrevista concedida al Eco
de Canarias, de 4 de enero de 1970.
(38) García, Félix: ABC de 19 (39) Respecto a Galdós y U namuno es absurdo que resucitemos aqu~
en unas simples notas, toda fa. literatura polémica que en torno a su anti·
catolicismo se ha escrito, unos en pro y otros en contra. Marius André
llama a Galdós
"perseguidor de la Iglesia", Menéndez Pelayo, no obs·
tan.te su amistad con él, ,hace constar "su pública y notoria discordancia
en puntos esenciales". Y el Dr. Pildain, obispo que fue de Canarias, en
una Pastoral que no tiene réplica, ha puesto de manifiesto el anticla·
ricalismo galdosiano.
Es interesante el excelente libro de Marcos Gui·
merá "Maura y Galdós" para penetrar en el juicio que Maura da del
Galdós "descarriado" que se dejaba llevar de las ideas anticlericales (Edi·
clones del Gran Cabildo Insular de Gran Canaria, 1967). Unamuno nos
parece mucho
más perverso que Galdós: en una carta a su amigo don
Pedro Jiménez Ilundain, que puede leerse en su "Epistolario", Unamuno
se complace en decir que está descatolizando a algunos curas jóvenes, pro-
940
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EL COMPROMISO TEMPORAL
¿ Es posible que la desacratización de la cultu:ra haya llegado ya
aJ extremo de destronar a los hombres que lucharon y sufrieron
por
fa insrtauración del veino de Ccisto, para entronizar, como san­
tos
. precursores, a aquellos herejes que se complacieron en ser
arietes contra fa Ven!ad? •
Sentido de la Iglesia ...
Olfato
catÓIJico ...
Pupila de la santa f.e ...
C) Acción testi,nonial.-Fijaos bien que digo acc,on testi­
monial. Existe una herejía
de la simple acción, que es mera agi­
tación de estériles consecuencias.
Eil peor enemigo de fa acción es
el aotivismo engolado que, al creerse irreemplazable, Jo echa todo
a
radar. La acción que no va precedida de la idea bien pensada y
estudiada,
es como un brillante juego de artificio. El activismo es
un espécimen de pelagianismo, que pretende -lograrlo todo por
sencillos o
complicados medios naturales. La idea debe estar en­
raizada en fa oración; la acción, en la idea. Para llevar a feliz
tenninó la consecratio mundi hay que ser testigos integérrimos en
curando que se "sacudan de :Ja supe.r.stición católica". En-1958 publicamos
una obra, "Unamuno, ¿guía o símbolo?", que es posible que hoy nos re­
sulte demasiado dura y agresiva. No siempre se acierta ·en la forma y eso
mismo nos puede servir para que la hunúldad encuentre sus justos
cauces. Pero ella está llena de testimonios de otros autores que conservan
idéntica vigencia que entonces. Allí recogemos parte de la Pastoral del
Dr. Pildain, insigne teólogo, alumno pred~1ecto en la Universidad Gre
goriana
del gran Billot y Premio Extraordinario de Teología en dicha
Universidad, que, exhaustivamente, enumera todas las herejías unamunia­
nas... Como
resumen. de todo oigamos. el juicio que Unamuno merece al
eximio poeta
y pensador Paul CTaudel: "Su doctrina es un resumen de
má.-x:imas mil veces condenadas por Roma y en ú1ltima instancia por la
encíclica
Pascendi. No tenemos, pues, nada de común entre los dos ... "
(véase correspondencia entre Paul Claudel y André Gide, en EMECE,
Buenos Afres, 1952, pág. 235). ¿ Es posible, nos preguntamos con angustia,
que ambos autores, más el segundo a(m que el _primero, puedan llamar-se
precedentes ideo-lógicos del Concilio Vaticano II? ¿ Dónde hay una so1a
frase de ellos que concuerde, de alguna forma, con los documentos con­
ciliares?
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GABRIEL DE ARMAS
el orden personal, ,en el familiar, en el profesiona;J y en el cívico-­
político. Y no lo olvidemos: para vivir en católico hay que pensar
antes en catóiico. Cierto, no podemos negarlo, que son muchos
los que, pensando en católico, no viven, sin embargo, católica­
mente. ¿ Qu;én no reprueba este contrasentido? Pero jamás se
dará e1 caso contrario : vivir en eató1ico sin pensar en católico no
es posible. Ello va contra todas :las leyes de la 'lógica. Por eso es
tan grave el pecado intelectuaJ!. Mafa es la debilidad ; pero es peor
el orgullo.
Al! rererim,e a la acción testimonial en el orden civico-polí­
tico, al que se atribuye, más específicamente, según hemos podido
ver, el compromiso tempora1, quiero evocar un ~ordinario tra­
bajo titulado "La política como deber", deil que es autor nuestro
por tantos títulos benemérito y querido Eugenio Vegas Latapie.
Vio la luz pública en el número 40 de la fenecida revi~ta "Acción
Española", correspondiente al 1 de diciembre de 1933 (40).
Eugenio comienza
su trabajo por contraponer dos definicio­
nes de política: :la de D' Alembert, que fa concibe como "el arte
de engañar a los hombres", y la de Brnnetto Latini, maestro del
Dante Alighieri, que afirma ser ella "la ciencia más noble y más
a!lta, y el más noble oficio que existe en 1a tier,ra".
Es curioso. ¿ Cómo es posible, nos preguntamos, ex,¡:llicar tanta
pe11plej; noble oficio ...
Quizá nos pueda dar la clave de esta contradicción el mu1ti­
secular
aforismo latino: cO'Yruptio optimi p,essmw. La corrup­
ción de lo mejor es siempre lo peor. Es 'decir, el arte más noble,
el más noble de 'los oficios, fue corrompido, consciente y delibera­
damente,
por la Revdlución. Así, se convimió en el arte de la men­
tira y del engaño. Mintieron D' Alemhert, Diderot, Rousseau, Vo1-
taire. Mintió
la Enciclopedia, con todos sus epígonos; y definieron
la -política, claro está, como ellos
Ja concibieron y la practicaron.
(40) Eugenio Vegas La.tapie: "Escritos Políticos". Cultura Españo­
la, Madrid, 1940, pág. 127.
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EL COMPROMISO TEMPORAL
Cree el ladrón, dice nuestro riquísimo refranero, que son todos
de su condición
...
La Constitución Gaudium et S pes no piensa, sin embargo,
como
D' Alembert y sí está de aweroo, en un todo, con Brunemto
Latini; por eso nos adviierte: "La Iglesia alaba y estima la labor
de quienes, a'l servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa
pública y aceptan las cargas de este oficio" (41).
Resumamos :
el compromiso tempora:I requiere hombres ínte­
gros que se
pongan ail serv,il:io del hombre y no a ser servidos;
que se consagren, con dedicación
y amor, al bien de la cosa pú­
blica, posponiendo los intereses priVlldos; que acepten el cargo
como carga, y no como un honor o un pretexto para escalar la
cima de la vanagloria ...
Jetró, suegro de Moisés, aconsejaba al gran profeta y caudillo
de Israel: "Escoge de todo el pueblo sujetos de firmeza y teme­
rosos de Dios, amantes de la ver de ellos establece tribunos " (42).
Firmeza.
Temor de Dios.
Amor a Ia Verdad.
Enemistad con la avaricia.
Firmeza.-La. firmeza da a1 hombre personalidad, carácter.
Para ser vencido no exi1ste algo mejor que darse por vencido.
Sólo quien cree eu la posibilid>id de 1a victoria está en condiciones
para luchar. La fidelidad a los principios, a la palabra empeñada,
a las promesas, a fas propias convicciones no ,es, ni mucho menos,
terquedad; es firmeza que Dios bendice y que la sociedad incluso
termina .por aplaudir. Rusia ha erigido a Judas, cl trai:dor, un mo­
numento.
Sus gobernantes sabrán 1a razón de esta sinrazón. El
hombre es como un árbol azotado por el viento, como una roca
batida por el oleaje furioso : el árbol permanece erguido y la roca
resiste el empellón vi6lento de la mar gruesa. Muchas veces, la
(41) Constitución G~ et Spes (75).
( 42) &codo: XVIII, 21.
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GABRIEL DE ARMAS
osadía de los enemigos de la Iglesia se fundamenta en la pusHani­
m;dad
de los fieles.
Entero en la
fe, impertnrbalJle en la esperanza, COl!ls!ante en la
caridad, el hombre, comprometido en la consecratio mwnái, debe
dar permanentemente, sin interrupción, sin sdlución de continui­
da;d, ejemplo de fortaleza cristlana. Firme en el resistir. Resuel­
to en
el obrar. Persistenil:e en el querer. La fortaleza es una virtud
que se nos infunde en el bautismo. Y si por la confirmación somos
so1dados de Cristo, ¿ vacilaremos en la hora de 1uchar por su rei­
nado?
En esta hora de defecciones, de huidas inconfesables, dcJnde
la deserción está a la orden del día, recordemos lo que nos dice el
E,desiástico: "Corazón que se apoya en pensamiento sabio es
como revoque mezclado con arena en muro liso" ( 43).
Temor de Dios.--Dice el Eclesiástico que "el t.etnor de Di.os
es el principio de la cabiduria" (44). ¿ Por qué se combate hoy
tanto
el temor de Dios? ¿ Por qué se le somete a continuo des­
prestigio
? ¿ Por qué no se e,q;lica su auténtico sentido desde los
presbiterios de
hs Iglesias, ya que no desde los púlpitos, que han
si.do arrancados de cuajo por manos profanadoras ¿ No es acaso
un Don del Espíritu Santo?
El temor de Dios, sí, es un Don que modera nuestro apetito
conrupiscible cuando intenta -desoridenarse. Y lo intenta siempre.
No se trata simplemente de un temor servil, aunque éste pueda
sernos muy
Últil El jansenismo, dominado por el espiritu de te­
mor, fue
oportunamente cortado por la Iglesia. Dios no es un ogro
que amenaza; es un Paidre que ama~ Se trata, pues, fundamental­
mente, de
cultivar
el temor fi1iail, que emerge espontáneamente del
amor y evita, en -consecuencia, la enemistad de Dios por el pe­
cado. Quien no teme a Dios, no puede amarlo. Sin amor no h:icy
caridad. Y sin caridaid vano es todo esfuerzo por sa;ntificar las
estructuras del mundo .
. .
¿ No se ha diclio que sin Dios todo está
(43) Eclesiástico: XXII, 19.
(44) lbidem: 1, 15.
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EL COMPROMISO TEMPORAL
permitido? ¿ Por qué se pretende, con tanta avidez, ahogar la ad­
monición
permanente de Dios?
Amor a la Verdad.~Cristo es la Verdad (45). Quien ama la
Verdad ama a Cristo. Y viceversa. No existe más que una única
Verdad: Dios. Todas las demás, son verdades por analogía y
constituyen un reflejo
de 'la Verdad Suprema. El buen s Cristo debe estar ,pronto a empuñar, en todas las ocasiones, la
espada de la Verdad. Quien se halle en posesión de la Verdad de­
berá
transmitirla a los demás; a nadie se le margó para regodeo
propio, ni
para estúpidas complacencias narcisistas. A la Vtmlad
se. llega afinando el espíritu, agilizando el alma, elevándola, y po­
niéndola en constante tensión. La Vertlad es luz que disipa fas
sombras tenebrosas, que adara los caminos, que ilustra los sen­
deros. La Verdad es nuestra liberación ( 46). Hoy, tristemente, se
pretende suplantar '1a Verdad con sustitutivos llenos de vanílocna
hiJ_XJcresía: allif:enfo::iidad, sinceridad, abertura, espontaneidad ...
Si todas estas posturas no van inmersas, de lleno, en la ·verdad,
se convienten en de~ocaldo cinismo. l.,/41 Verdad es eterna; de
ahora y de siempre. Ni se rompe, ni se doblega, ni varía. E-1 .se­
glar comprometido en la consecratio mundi debe ceñir sus lomos
con la Verdad, como enseña San Pablo ( 47). Porque la Verdad,
quiérase o no, guste o no guste, es lo primero.
Enemistad con la avaricia.-Dice San Basilio: " ... es igual­
mente dífícil conservar el alma invencible en las adversidades,
como no dejarse dominar por el ru,gullo y la arrogancia =ndo
sonríe fa buena suerte" (48).
(45) Ju:an: I, 14. San Pablo, en su segunda Carta a los corintios, dice:
"El Sefior es Espíritu, y donde está el Espiritu del Señor hay libertad"
(III, 17).
(46) Juan: VIII, 32.
(47) Pablo: Efedos, VI, 14.
(48) San Basilio: "La avaricia". C·olecáón Planti:n, Buenos Aires,
1955, pág. 78.
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GABRJEL DE ARMAS
Los cargos políticos, hemos dicho, son para servir a[ público,
a fa sociedad, aJ1. interés general, al bien común; no para servirse
de ellos en es.calada de medro persona:!. Tener presente esta ver­
dad
en ca la vida, cuando se eSltá revestido de autoridad y se ostenta poder,
es
ciertamente dificil. La avaricia del d;nero, el apetito del mm!ldo,
el afán de gloria, la apetencia de privilegios, son tentaciones per­
manentes que tendrá que vencer, día tras día, el hombre dedicado
a la
ccmsecratio mundi en el compromiso tempora:1.
",Dádivas
quebrantan peñas'': el halago, fa adulación, el re­
galo,
el negocio fácil que advertidamente se le brillda, respa,ldado
por un d;screto silencio ... He aquí los enemigos mortales Autoridad, las perniciosas sombras del bien público, que han de
ser rechazados de plano por quienes no quieran dejarse llevar
del tremendo
pecado de fa avaricia. El cohecho y la prevaricación
son asechanzas que pululan amtinuamente en torno a las altas
poltronas
de los más conspicuos estadistas y de sus colabo:rade>­
res. Poc eso, el hombre consagrado a:! bien público debe invocar
a Dios oon el salmista: "Inclina mi corazón a hts testimonios y
no a la avaricia" ( 49).
* * *
Estas condiciones que Jetró exigía para los que fueran nom­
brados tribunos de Israel, finneza, temor de Dios, amantes de fa
verdad, enemigos de la avaricia, son las buenas prendas que debe­
rán adornar al pol ico cristiano. A aquel segfar católico que,
desde su
compromiso temporal, se interesa por la deseatla con-
secratio mundi.
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¿ Qué mejor programa que éste podemos ofrecer, por lo de­
más, a
la consideración de la juventud?
(49) Salmos: CXVIII, 36.
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