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1968

Los mitos actuales

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Los mitos en la agricultura

LOS MITOS EN LA AGRICULTURA
POR
J. GIL MORENO DE MORA,
Al hablar de mito no empleamos la palabra en su sentido
positivo
por el que se efectúa una parábola o imagen de una idea,
sino que la empleamos en su sentido peyorativo vulgar significando
algo que está fuera del alcance humano, algo irrealizable y deri­
vado de una utopía. Y así decimos que existen mitos en la
agricultura porque creemos que ciertas de las opiniones que hoy
dominan en agricultura son totalmente irreales
y pertenecen a
unos esquemos utópicos perfectamente inútiles cuando no dañinos.
No es que la agricultura haya merecido atención suficiente
para ser en sí misma objeto y fin de esas elucubraciones míticas.
La agricultura, ciudadana de tercera, sólo está supeditada a unos
esquemas exteriores a ella y que sólo se
ocupan de ella porque
es todavía una molesta cosa que existe. Por eso los mitos mo­
dernos de la agricultura no nacen de ella, sino que unos teoremas
externos fabricados
:por pensadores que poco tienen de agrícolas,
pensadores que
en realidad sueñan con la posibilidad de que la
revolución industrial permita
un día pura y simplemente pres­
cindir de la agricultura. Estos pensadores transformados en dic­
tadores de las ideologías
han definido unos ciertos dogmas y fines,
los cuales, sorbidos sin discusión
por los técnicos agrícolas supedi­
tados a las ideologías, son aplicados sin parar mientes en la verdad
o falsedad contenida o simplemente la incompatibilidad con esa
actividad agrícola.
Los tales técnicos son dotados de mando,
son tecnócratas
y, como tales, servidores del montaje ideológico
y dotados de grandes medios de influencia con los que se popu­
larizan los mitos.
Así tenemos y podemos constatar,
por ejemplo, la presencia y
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popularización de esa ideología económica llamada economía de
consumo.
También podemos constatar que ideologías políticas,
tales las que cifran el desarrollo en una revolución industrial o
cultural, inciden condicionando la agricultura, por ejemplo, cuando
con importaciones se arruinan ciertas producciones agrícolas como
el algodón o el azúcar, por la simple razón de que las exportaciones
posibles de maquinarias
y productos industriales sólo pueden ser
realizadas a países que pagan exclusivamente con algodón o
azúcar.
Así las cosas,
en aras. de una expansión industrial se fomenta
y provoca la emigración campesina, y se califican los precios
agrícolas del mote de "Precios políticos y sociales" para inter­
venirlos, cuando no se llega pura y simplemente a la incautación
de las producciones agrarias típicas de los países socialistas.
Los ejemplos de los mitos agrícolas operantes hoy, pueden ser
infinitos, desde mitos en la forma de cultivo abonado o tratamien­
tos, hasta mitos urbanos que presuponen alteraciones profundas en
las estructuras de los caseríos y viviendas, por no mencionar
mitos educativos políticos sociales y hasta religiosos. Mitos que,
claro está, se mezclan abundantemente con realizaciones auténti­
camente positivas
y que salen adelante mediante la confusión en­
gendrada por estas mezcolanzas.
Imposible exponer en
el marco de este foro toda la serie de
errores diversos en juego.
Más difícil todavía fuere el señalar
punto por punto las verdades o aciertos que se les mezclan. Pero
aún daremos un ejemplo de cómo se mezclan citando la Seguridad
Social. ¿ Quién puede ser opuesto al concepto de un seguro de
accidentes, de enfermedad o de vejez, de paro, de maternidad o
de nupcialidad? Pero además,
¿ quién negará que este afán de
seguridad no haya sido ansia sempiterna de los hombres y naciones
a través de los siglos? Nadie pnede negar que el medioevo europeo,
para no citar más, buscó
y halló formas posibles en aquellas
épocas
de dar seguridad. Basta recordar que casi todos los pueble­
cillos de unas 800 ó 1.000 almas muestran aún los restos
del
típico "Hospital de Caridad", que por cierto es a menudo una
construcción de materia noble
y forma artística, denotando la
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importancia con que en su é1xxa fue considerado. Si los medios
de hoy son más ¡perfectos no significa por eso que no hubiera
tales preocupaciones sociales anteriormente y es frecuente compro­
bar que lo más claro de los productos de los bienes comunales
servía en el
pasado a satisfacer en lo posible esta Seguridad Social.
Pero, sin embargo, lo dicbo tampoco significa que el Estado
centralizado absolutista y totalitario sea la mejor garantía de la
óptima realización de esa Seguridad Social, y pocos años bastarán
para que se puedan considerar peyorativamente las realizaciones
actuales.
Estamos convencidos de que esta centralización es pre­
cisamente causa de los mayores defectos registrados en la ac­
tualidad. Así, una buena idea, la Seguridad, es mezclada con malas
ideas: centralismo, totalitarismo, estatismo.
Volviendo, pues, a
la generalidad de los mitos en la agricultura
y dado el escaso tiempo con que contamos, trataré de dar unas
características generales de tales mitos.
1.0 No son de origen agrario, sino que tienen su fuente en
ideologías cuyo desiderátum seria en materia agraria la pura y
sililJ)le desaparición de la actividad.
z.·0 No tienen por fin y objeto la mejora de la agricultura,
que como tal se espera desaparezca, sino que su finalidad es más
bien servir a la Utopía Estatista. Estado industrial, economía de
consumo, etc.
3.'º Las doctrinas básicas que las incuban son todas de signo
materialista y comienzan
por ignorar la Ley Natura! allí donde
ésta define al hombre compuesto de cuerpo y alma, para ter­
minar prescindiendo de la Ley Natural en todo lo demás o, por lo
menos, considerándola como cosa maleable, alterable
y sometida
a la cieilcia humana.
4.º Son utópicos, por tanto inalcanzables y consiguientemente
producen esfuerzos inútiles
cuando no destructores.
S.º Mezclan sistemáticamente verdad y falsedad para poder
ser admitidos, producen confusión y desconcierto.
Estas cinco características no son las únicas, pero sí suficientes
para adquirir conciencia de que los mitos agrícolas son esencial­
mente anti-agrícolas y apuntan a la desaparición de la agricultura.
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Y lo son por esencia. Martín Descalzo decía en una de sus
primeras obras que el campensino es quien verdaderamente blas­
fema porque la dependencia de las causas naturales está tan direc­
tamente vinculada a Dios que el campesino es quien más directa­
mente hace a Dios responsable
de sus avatares. En ninguna
actividad como en la agraria es más visible y tangible la fuerza
y presencia
de la Ley Natural. Aquí la Ley Natural es algo
inmediato y operante en primer término. Lo sabemos bien los
agricultores
por el precio que pagamos siempre que violamos esta
Ley Natural que dicta Dios. Lo hemos vivido todos porque
todos en algo grande o pequeño hemos errado, apartándonos
de esa Ley Soberana, desde errores que nos hicieron perder co­
sechas, hasta
errores que esterilizaron millones de hectáreas.
Así, pues,
creo fundadamente que se ha de volver a pensar
en nuestra agricultura. Se ha de volver a pensar con la conciencia
de que la Ley Natural debe ser nuestra guía y norma fundamental.
Por ello, se ha de volver a un concepto total de sociedad en el
que volvamos los campesinos a estar presentes y a manifestar
nuestras certezas. Empezando
por nuestra certeza de Dios, que
es el avalador y creador de aquella Ley Natural. Creo, pues,
que nos toca con urgencia una labor de reflexión razonada que
nos permita levantar las evidencias que conocernos al nivel
de la
conciencia nacional que las ha olvidado.
Esos "Mejores de los mundos", donde industrias sintéticas
harán inútiles las producciones de alimentos, fibras y materias
primas que son
ahora fruto de la tierra, no son viables, sólo
son monstruosidades utópicas que
ya nada tienen de humano.
Hemos de comenzar reafirmando nuestra certeza de la necesaria
existencia de
nuestra actividad mientras existan hombres, y esta
so1a afirmación hará caer por su base la función de los mitos;
después la Ley Natural bien estudiada los pulverizará reducién­
dolos a la nada, que es lo único que contienen.
Y en conclusión,
un realismo basado en la Ley Natural entera
y bien estudiada como antídoto del veneno que los Mitos Agrícolas
han esparcido contra la agricultura.
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