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Romanticismo y Literatura

ROMANTICISMO Y LITERATURA
POR
ANGEL MARTÍNEZ SARRIÓN
¿Soy clásico o romántico? No se. Deiar quisiera
mi
verso, cot/10 deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador _preciada.
Así se expresaba en su Retrato, Antonio Machado.
Y no dejaban de asistirle razones
para ello. Porque, ¿dónde
acaba lo clásico
y dónde comienza lo romántico? ¿Es que al clá­
sico le mata la inspiración, los preceptos, y_ al romántico es la
inspiración la que destierra
y anonada las reglas preceptivas? Sin
que tampocd quepa sostener que,
lo que para el clásico es la ra­
zón, constituya el sentimiento el determinante del romántico.
Diseccionar literariamente a los hombres, agrupándolos por ge­
neraciones o factores dominantes, es pretender -imponer un uni­
formismo simplista, que la única nota que ofrece de verdad está
en la proporción en que distorsiona
la realidad. Para · sustraerse
a tal concepción simplista
y deformante, nada mejor que recordar
que
el crítico no puede mantenerse estático, pues como escribía
Sainte-Beuve ( 1)
«el critico nunca debe áe permanecer en su casa,
ha de ir y venir1 .via¡ar, asimilar el_ tono y el aire de unas g,entes
en los diversos medios en que desenvuelven su actividad, ha de
convertirse en el huésped impenitente». Sólo así, llega a salvarse
de caer en
la tentación de presentar estampas de una realidad
subjetivada por
su. percepción, pero sin desvirtuarla en sus· valo­
res esenciales.
Al romanticismo se llega por el idealismo ilusio­
nado o por la realidad idealizada.
En ambos casos, pierden su
valor los símbolos:
el mar, recaba su puesto a Neptuno; la guerra
se emancipa de. Marte y el amor busca su inspiración al margen
de Cupido
y de Venus. La inspiración la da. la vida: y como en
el siglo lo que se contempla no son los axiomas elucubrados por
-(1) Portraits contemporains. Causerles et Méditations historiques: et
literaires: Charles Magnin, París, 1949, tomo 11, pág. 311:
Verbo, núm. 329-330 (1994), 941-1023 941
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los personajes, que se complacen en presentar como filosofía lo
que
sólo es empirismo social, más que conceptos hacen juegos de
marionetas, quedan arrinconadas la
lumiere naturelle y los ilumi­
nados ilustres,
le désir d'étre heureux, que al decir de Mauper­
tuis (2), en sus últimas consecuencias alcanzaba a un credo en
el que el hombre debía interrogar a su conciencia au lieu de «Suis­
je ¡uste?» cette autre question: «Suis-je heureux?» y la voix de la
raison, panacea universal, que hace inútil lo que había significado
la gracia para
San Agustín, por cuanto afirmarán que la razón no
se equivoca nunca (neque decipitur ratio, neque decipit unquam),
hasta poder arrinconar en el desván de_ los trastos inservibles lo
que
los cultivadores de tales exquisiteces, con remarcado menos­
precio, apelaban el Dios de los cristianos, en la síntesis de Paul
Hazard (
3): «El Dios de los cristianos había tenido todo el poder
y se hahía servido mal; se había confiado en El y había engañado
a los hombres; a aquéllos, que por su autoridad, lo habían prac­
ticado
y con ello · labrado su desgra<;ia ¿ Por qué, · se preguntan,
Cristo era
sombrío y triste? Sin la religión, sedamos ·un poco
más alegres. ¿Por qué su reino no es de éste mundo? ¿Por qué ha
aconsejado la humillación de
la carne? El. placer es el objeto, el
deber y el fin .de todos los seres razonables». Es lo que expresaba
Voltaire en su Epltre a Uranie:
Je veux aimer ce Dieu, je cherchii, en lui man ¡,ere,
On me montre un tyran que nous devons hair ..
Il créa les humains a lui'méme semblables
Afin de
la; mieux avillir;
Il nous donna
des coeurs coupables
Pour avoir
droit de nous punir;
11 nous· fit aimer le· plaisir
Pour mieux nous
tourmenter par des maux effroyables,
Q'un miracle éternel empéche de finir.
Il venait de
créer un homme a son image
On l'en voit soUdain_·,;,epentir _ ·
Comme ·si l'ouvrier n'avaif·pas· _dt,e-sentir
Les défauts de son propre ouvrage.
Se ha gustado, desde otras coordenadas; marcadamente en los
tiempos
más recientes, presentar al romanticismo como la liberá­
ción del
yugo de los dictados impuestos por las Poéticas, desde
(2) Essai de philosophie mora/e, 1749, págs 18 y sigs.
(3-} .La pensée turopéénne au XVIIJe: si'ecte. De Montesquieu a Lessing París, 1963, pág. 55. '
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ROMANTICISMO Y LITERATURA.
Aristóteles a Boileau y Luzán, cuando nd como un grito incon­
formista contra los rigores de una censura, que aparece caricatu­
rizada y ridiculizada, y a culpa de· la cual se imputa el que sólo
se produzcan malas o insuficientes traducciones, sobre todo de
obras inglesas
y francesas, a las que se atribuye el nacimiento del
movimiento romántico, como
si la· psicología de los pueblos, de
buenas a primeras, pudiese unificarse en un sólo
y mismo modelo.
La poética de Ignacio de Luzán, aparecida en Zaragoza, su
ciudad natal, en
1732, con el título de La poética o reglas de la
poes!a general y de sus principales especies, extraídas de la vi­
sión aristotélica por medio de sus .cultivadores Muratori, Gravina,
Crescimbeni
y Crousaz, era más italiana que francesa, por lo que
no desmentía
sus concomitancias coo las de Pinciniano y Casca­
les, pasando un tanto por fuera de las de Boileau, d' Aubignac,
Le Bossu y Batteux, pese a que su rigorismo y sus maneras
afrancesadas, como lo muestran
sus Memorias literarias de Parls
(Madrid, 1751) o su La razón contra la moda, comedia traducida
del francés
(Madrid, 1751), versión castellana de Le pre¡ugé a
la mode de Nivelle de la Chaussée, le hiciesen ser una especie de
adelantado de los gustos de Francia
-no en vand había sido Se­
cretario de Embajada en París--, cual jocosamente exponía su
coetáneo Diego de Torres Villarroel:
«Famos!simo Luzán, / cuya
comprensión sutil, / pudo muy bien vender
Francia / al mism!­
simo París».
Mas sería injusto pretender que el gusto por lo francés fue
debido, en gran parte, a
la imposición de las reglas en la poesía,
que nunca alcanzaron a ser
populares y• menos aún se acercaría
a la verdad
atribuírselo a Luzán. Observaba, al respecto, Cejador
y Frauca ( 4), que «los traductores y los periodistas, fueron los
que más divulgaron el galicismo: el Diario de los Literatos de
España (1737), la Academia del Buen Gusto (1789), la Poética
matritense». El ser de moda y buen tono cuanto olía a francés,
entre pisaverdes, sefioritángas
y todo linaje de gentecillas de lige­
ros cascos, ·'contribuyó: niás_ que nada a que muchos galicismoS se
generalizaran en
la conversación,. cual P,uede comprobarse en el
Fray Gerundio del padre Isla, en las Exequias de la Lengua cas­
tellana de Juan Pablo· Forner, en La derrota de los pedantes de
Leandro
Fernández de Moratín, en él Proirtuario y Centenario
quiiotesco
de Mir, y en la Declamación contra los abusos intro­
ducidos en
el castellano del gaditano José de Vargas Ponce.
(4) Historia de la Lengua y Literatura castellana, VI, Madrid, 1917,
r/a, 1972, p¡ig .. H!.
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Sería imperdonable dejar en el olvido que la mejor defensa
del castellano, decantándose abiertamente por su pureza y su cas­
ticismo frente a los galicismos e italianismos, era obra de una
pléyade enmarcada en Cataluña, así Fray Calisto Esnarcega,
el
Padre jesuita Juan Andrés, Juan Francisco Escudes, el escolapio
Francisco Boix y Ricart,
contra castellanos afrancesados en el ha­
bla como Cadalso, Meléndez, Moratín, Jovellanos,
Azara: «Pre­
gúntasme,
ya lo ve / Camilo, por qué escribí / Como el preste de
Berceo; / Respondd, porque nací / Entre el mar
y el Pirineo».
El romanticismo es un fen6meno particular, regional, indivi­
dual, al margen del Estado, que encuentra su expresión en
la
literatura, _y que có.mo proceso cultural que es, se desnaturaliza
en cuanto los críticos, o los que se aplican a su estudio, pretenden
imbuirle unas
veces y extraerle , otras, consecuencias políticas.
Esto es lo que hace palidecer, a
la que si no se presentase como
una obra de tesis, constituiría una magnífica visión del proceso
romántico, a Vicente Llorens
(5), que con demasiada fruición
deja mecer su pensamiento por los avatares políticos, que, si
ciertamente, fueron motor desencadenante, una vez producidos,
debían quedar más para un relato histórico que para intentar ac­
tualizarlos en las páginas literarias. Por eso, deja caer, como el
que no quiere la cosa, que «una vez' más, como en 1813 y 1814,
buen número de escritores españoles hubo de expatriarse a fines
de 1823,
al ser restaurada la monarquía absoluta». Aparte de la
confusión que pueda ocasionar al lector de buená fe, el único tra­
zo común que puede
, apreciarse es el de haberse producido la
emigración;
por cuanto, en el primer supuesto los «ilustrados» al
sentirse incómodos en su país de origen, buscan las glorias y las
grandezas de Francia; mientras que, en torno al 1823, aparecen
como fugitivos, poco menos que impelidos a ello, para salvar la
vida
y hállar sustento. En 1813 no ponían pies en polvorosa los
liberales, que daban la cara a los avatares, acaudillados por don
Nicasio Alvarez Cienfuegos, de quien dijo don Juan Varela, que
tenía «postizo el sentimentalismo empalagoso a lo Rousseau
y
que chorreaba su españolismo por debajo», amenzado de muerte
por Murat
y que hecho prisionero y conducido a Francia, moría
en Ortez, para según Lista, quedar
allí, y execrar a «los vándalos
del Sena,
la inexorable sombra de Cienfuegos»; y a' su muerte, su
discípulo don Manuel José· Quintana, reconocido
como abande­
rado de los
liberales, conoce la cárcel de Pamplona, el destierro
a Extremadura bajo el absolutismo
de" Fernando VUrque si en
(5) El romanticismo español, 2.• ed., Madrid, 1989, ¡lij¡. 31.
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ROMAN'l'ICISMO. ,Y L{T~;RATl[;ll.A,
la Historia de los Heterodoxos (6) tec:1be las censuras más acerbas
de Menéndez Pelayo, «vivió y murió
progresista, con todos los
resabios de su juventud y de secta, sin que la experiencia
le en­
señase nada, ni una sola idea penetrase en su cabeza después de
1812
... se había anclado en la Enciclopedia y a Rousseau», le me­
rece los más encendidos plácemes en las Ideas estéticas (7), pues
«fue el poeta de las ideas del siglo xvm y por eso enmudeció den­
tro del XIX; para encontrar en nuestra historia lírica igual o mayor,
es menester remontarse al siglo XVI, y nd detenerse sino ante
Fray Luis de León. Pocos hombres han mostrado tanto como
Quintana, igualdad en su vida, en
sus ideas, en sus propósitos y
en sus discursos. Era
un hombre todo de una pieza, así en lo
político como en lo literario... Quintana, en lo bueno y en
lo
malo, es alumno del siglo XVIII y d mayor poeta de él en Esp,wa, .
como en sus respectivas naciones lo fueron Schiller, Alfieri, Ro­
berto Burns y André Chénier ... (en)sus_ Poesías, escritas en la ple­
na madurez y de su talento y de su estilo, hay juicios que han
que­
dado y deben quedar como expresión definitiva de la .verdad y
de
la justicia; hay generalmente moderación en las censuras, tem­
planza discreta en
los elogios, amor inteligente a los detalles y
a
l_a práctica del arte y cierto calor y efusión estética, que contras­
ta con la idea que comúnmente
se tiene del genio de Quintana».
En esta línea,
se destaca con luz propia dolía Francisca Larrea
y Aherán, hija de español e irlandesa, casada con Nicolás
Béihl
de Faber, la famosa doña Frasquita,. alma de las tertulias lite­
rarias, una de las cuales instalaba en su casa
_de Cádiz, puerta
abierta a los sentimientos románicos que Alcalá Galiano descri­
bía ( 8) «literata y patri9ta acérrima, pero de las que consideraban
el levantamiento de Espafia contra el poder francés como
em­
presa destinada a mantener a la nación española en su andgua
situación y leyes ... Me acuerdo de que la sefiora de Bc;hl de Fa­
ber, repetía coll entusiasmO, mirándola como. emblema de nuestro
alzamiento, la siguiente · décima, por cierto no falta de brío en
la expresión o en el pensamiento, aunque incorrecta:
. Nuestra espafiola arrogancia / Siempre ha tenido por punto
Acordarse de Sagunto /
Y no olvidar a Numancia,
_
Franceses, idós a Francia,./ Y de¡adnos nuestra ley,
( 6) Historia de los Heterodoxos españoles, ed. Sánchez Reyes, C;S.I.C.,
Madrid, 1947, V, pág. 322. _
(7) Historia. de _las Ideas estéticas en España, ed. _ Sánch~ , Reyes,
C.S.I.C., Madri (8) Recuerdos de un. anciano. Obras escogidas, B.A.E., Madrid, 1!155,
pág. 78.
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.ítNGEL MA.R'TINEZ SARRION
Que, en tocando a Dios y al Rey / Y a nuestros patrios
[hogares].
Todos somos
militares/ Y formamos una grey»,
El absolutismo, era
el -pensamiento predilecto de· 1os afrance­
sados, que veían
· el horizonte -purificado pcr los aires ultramon­
tanos, desdeñando por primitivo e inculto todo lo que oliese a
hispano, unidos
'todos ellos por un incontenido e indisimulado
deseo de medrar y
dé figurar ; y por ostentar, en mayor o menor
grado, un cierto tinte eclesiástico. El reputadd
como portavoz,
c¡uizá por su reconocida nombradía parnasiana, era don_ Leandro
Fernández
de Moratin, con el _seud6nimo de lnatco Celenio, que
truncada su carrera poltiica con la desgracia de su protector Ca­
barrús, récibla su primera tonsura eclesiástica en 1789, obteniendo
de Godoy, llamado por el pueblo «el Choricero», un beneficio
en Montoro y una
pensi6n sobre la mitra de

Oviedo, que disfrut6
hasta
1816, doce años antes de su muerte.
Sea por atrimatse al cortejo de Moratín para presentarse a
los ojos · de los demás ; si no como -talentudos, al -menos como
iluminados; sea por sentirse indirectamente cobijados bajo el
manto protector
.·de «El Choricero», dispensador para los suyos
de
parabie)les eclesiásticos de pingües y peco trabajosos benefi­
cios,
se ,integraban las huestes de los acomodaticios del entonces,
don Félix José Reinosó, sevillano, cura de Santa Cruz, preben­
dado
por_ José Bonaparie en la ¡::atedral de Sevilla y luego deán
del
qtbildo di, la de Valencia, al que Bartolomé José Gallardo
me11ci&naba · como -el .«abate endechéro»; · el tambifu .. sevillano
don
Alberto Lista y Arag6ií, ordenado sacerdote a fos veintiocho
años de édad y como afrancesado desterrado a Francia, donde
pas6 cinco años; y qué de redactor del Semanario Patriótico, pas6
a integrarse en la
Gaceta del, intruso Pépe Botella; don Juan An­
tonio -Llo!'ente, riojano,_:de Rincón de Soto,-de ·guie'n se decía eta
«'el ·don Oppas moderrio, -canonista áulico afrancesado de José
Bonaparte», irreligioso y filibustero, libelista y falsario, can6nigo
maestreescuela
d, Tole<;lo, hombre que, perdidas las esperanzas de
obispar, de que hab(a dado ápetitosas muestras, meti6se a in­
cautador y desamortizadqr con el. título. de Director General de
Bienes Nacionales, var6n que apellidaba a
los héroes de nuestra
Independencia
«plebe 'Y canalla vil; pagada por ·el oro. inglés»;
don Pedro Est~la, con el seud6nimo poético de «Dam6n», esco­
lapio secularizado, rector del _Seminario de. Salamanca, canónigo
de Toledo,
protc;gido de Godoy y servidor del Intruso; don Se­
bastián MiñanCI, de Becerril de Campos (Palencia) que aunque
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ROMANTICISMO Y .LJTeJUTU~
de ideas afrancesadas, como prebendado de la Catedral de Sevi­
lla, no quiso jurar por rey a José Bonaparte, emigrado a Francia,
si bien, arrepentido y desengañado, escribía unas
Cartas del po­
brecito holgazán, sobre los abusos y errores que dañaban a Es­
paña y de las que en 1820 se alcanzaban los 60.000 ejemplares;
don Manuel María de Arjona, natural de Osuna, canónigo peni­
tenciario de Córdoba,
amigo de afrancesados y franceses, a cuya
gente en 1810 dedicaba la oda
«La Bética coronándo al Rey Nues­
tro Señor Don José Bonaparte»
y desde 1818 de los asiduos de
Femando
VII; el abate don José Marchena Ru.iz de Cueto, na­
cido en Utrera, volteriano y encausado por l.a Inquisición, huyó
por Gibraltar a Francia, en donde
Marat le ofreció escribir en el
periódico
El Amigo del Pueblo; Robespierre, lo metió en la cár,
ce!, si bien le perdonaba la vida ; extraditado a Suiza, reclamó
los derechos de ciudadano francés y volvió a París, regresando
en 1808 a España como Secretario de Murat, siendo nombrado
por Pepe Botella, redactor de la
Gaceta y Archivero Mayor del
ministerio del Interior, con una nutrida subvención para
sus tra­
ducciones de libros franceses.
Como recuerda· don Julio Cejador (9), «los Consejos,
los no­
bles, los capitanes generales, los arzobispos y obispos y los abates
o clérigos mundanos, todos
se afrancesaron. Sólo quedaron con
el pueblo los alcaldes, los párrocos, los coras de misa y olla y
los frailes, esto es, todos los que eran pueblo. A las seudo Cor­
tes de Bayona acudieron ocho prelados y seis generales de Ordec
nes. El Consejo de la Inquisición fue a rendir pleito homenaje a
Bayona al rey
José, el cual buscó a congraciarse con el clero. Los
liberales de. entonces no fueron afrancesados ; los afrancesados
fueron los absolutistas; porque como Salas y Ferré dijo, 'la filo­
sofía social de los Enciclopedistas y Rousseau, produjo . los lla­
mados déspotas ilustrados'. Así, los afrancesados se declararon
absolutistas en 1823: cambian de amo, pero son siempre los
mis­
mos... La Revolución francesa no fue jamás democrática, sino
francesa, esto es, feudal; fue jacobina, no liberal. La prepararon
los intelectuales y la hizo efectiva
el Conde de Mirabeau. Español
es lo mismo que demócrata, popular y liberal;
los afrancesados
despreciaban
el pueblo y eran déspotas ilustrados». Una estampa
literaria, que demuestra que no se vence con las armas, sino con
las ideas, la ofrece José María Pemán, en Cuando las Cortes de
Cádiz,
en la que el pueblo español, dominado, pero no subyuga-
(9) Historia de la Lengua, cit., III, pág. 339,·
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ÁNGEL MARTINEZ SARRION
do -antes de sucumbir, prefiere morir con orgullo, que entre in­
dó;,,ito y salvaje sale de labios de Lola la Piconera»:
« Y tú, di a España,
francés que Lola la Piconera; fue
a la muerte eón sus·· pies».
Silenciar estas páginas, deformar los sucesos, porque no di­
cen lo que importa a nueS$1S tesis, o poner la pluma al servicio
de ideales
politicos, que tienen mucho de política y más bien nada
de ideal,
es un pecado de tanta entidad, como el que Cervantes
denunciaba de sus coetáneos, de pretender mezclar lo divino con
lo humano, impiedad en la que sin el menor rebozo incurre Vi­
cente Llorens, cuando lamentablemente para .él y desdichadamen­
te para nosotros, priva de los valores clásicos una obra que podría
ser consagrada, y que no pasa de ser más que un ensayo inacabado
y. colorista. ·
Quizá, convenga ahora, recoger el pensamiento de Vicente
Llorens ( 10), para lograr su enjuiciamiento: «En medio de
seme­
jante empobrecimiento cultural apenas hubo un hilo de continui­
dad gracias a un grupo de afrancesados
-Lista, Hermosilla, Mi­
ñatlo, Nargares.:._··gue ·supo adaptarse a las nuevas circunstancias.
Alberto Lista fue en el colegio de San Mateo de Madrid, el
maestro de Espronceda, Ventura de la Vega y otros jóvenes que
sobresalieron
como escritores en el período romántico. Por otra
patte, entre los de fuera y los de dentro
no hubo contacto, o lo
hubo tardío y muy escaso. Agustín
Durán, en su crítica literaria,
pudo seguir
a Bohl de Faber, pero . desconocía lo publicado en
Londres
por Blanco White. Ni los unos estaban en las mismas
condiciones que los otros en cuanto
se refería a la expresión de
sus ideas. Mientras los expatriados
gozaban de libertad, los del
interior estaban sometidos a la censura. Así, pues, existieron al
mislno tiempo dos literaturas españolas que no siguieron igual
rumbo,
y que por ello conviene estudiar separadamente, aunque
á veces, al tratar de algunos autorés, haya que apartarse, consi­
derablemente, del orden cronológico». ·
·
Dos aspectos conviene destacar en el texto reproducido de
Llorens:
el que atañe a la censura y el que dedica a lo que llama
doble literatura, una de cuyas ramas,
la ultramontana es ubérrima
y la que se produce en el país, resulta anticuada y misérrima.
Respecto a la
-censura, séame lícito recurrir de nuevo a la
(10) El romanticisfJZo, cit.,_-págs. 31-_y _sigs.
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ROMANT.ICISMO .Y LITERAT'UJU
noticia coetánea de don Antonio Ale.alá Galiano ( 11 ), «subsistía
por entonces en España la Inquisición, pero tan mansa, que
ape­
nas era temida. El inquisidor general, Arce, era hombre instruido,
de condición suave
y, más que otra cosa, cortesano. Se entretenía
la Inquisición en perseguir y castigar a falsas beatas, inventoras
de milagros,
lo cual hacía con tanto mejor. éxito, cuanto que no
podía pasar por hija de. la impiedad o la incredulidad, la pena
dada»,
y agrega, a manera de ilustrativa, una anécdota personal:
«En 1808, viniendo yo de
Cádiz a Madrid, traía unos libros.
Entre ellos estaba la
Historia de Carlos V, por Robertson, en el
original inglés. Llegado mi corto equipaje a la Aduana, se pu­
sieron a examinar los libros .dos inquisidores, blando de condi­
ción el .uno, severo.el otro. Al tropezar con Robertson, no enten­
diendo inglés, me preguntaron que obra era. Yo, escamado del
gesto del uno, dije el argumento
de la obra, pero callé el autor,
protestando que iba a estudiar el inglés, pero que no lo sabía.
Oído esto, un inquisidor
me dijo que me le llevase, pero el otro,
casi furioso, exclamó que siendo Robertson, era obra prohibida,
En la duda ofrecí yo entregar el libro y as! hice. Enseguida conté
lo ocurrido a
mi tío, don Vicente Alcalá Galiano, muy estrecho
amigo del señor Arce, inquisidor general y patriarca. A
poco me
fue devuelta
la historia de Robertson, aunque yo era un joven
de diecisiete años y no tenía licencia
¡,ara leer libros prohibidos.
Fui a dar
las gracias en persona al señor Arce, el cual tuteándome
y con rostro y modo cariñosos: « ¡Hola, muchacho!
~me dijo­
¿ Conque lees esos libros? ¡ Pues cuidado!». Poco importaba el
aviso, porque
el hecho le quitaba el carácter de amenaza.
He mantenido con reiteración que desafortunadamente, la
peor incultura que se padece en España, no es la de los analfa­
betos, sino el mediano pasar y
la ausencia de estímulos intelec­
tuales en que
se sitúan los alfabetos, que conseguido un empleo
estables, entienden que
ya han culminado su saber. De aquí, que
no sea extraño considerar que -una categoría administrativa im­
plica también análoga dimensión y profundidad en 168 conoci­
mientos. Y así, también, surgen episodios como el narrado. Cuan­
do yo, apenas con doce años,
estudiaba mi bachillerato en el
Instituto de Albacete, de donde tengo el placer de ser originario,
antes de comenzar un nuevo curso, en
los días finales de las va­
caciones,
se me ocurrió pedir al Bibliotecario del Centro, la Re­
pública de Platón ; y, cuando rellené la papeleta para llevarlo a
mi domicilio, al reparar en el título, airadamente me quitó el
(11) Recuerdos de un anciano, cit., pág, 34.
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libro, me lanzó una monserga sobre la guerra civil y me conminó
con la instrucción de un
expediente, que él, en ejercicio de su
autoridad iba a promover. Menos mal que aún habla gente
sen­
sata y de buen juicio: el director del Centro, don Pedro José
Cortés y mi Catedrático de
Filosofía don Cristóbal Graciá Mar­
tinez, a quienes a
la distancia y a la memoria de su recuerdo
quiero tributar mi reconocimiento y respeto, no sólo que no
cen­
suraron mi actitud ni apreciaron el menor peligro en ella, como
Arce respecto a Alcalá Galiano, sino que sin concretarlo en
mi
nombre, lo expusieron en clase como ejemplo de amor al estudio
digno de imitar.
Mariano José de Larra, con ironía sin.
lúe!, pero destilando
tristeza y paciente conformismo ( 12), escribía: «Quiero hacer un
artículo, por ejemplo: no quiero que me lo prohlban, aunque no
sea más que por no hacer dos en vez de uno. ¿ Y qué hace usted?,
me dirán
esos perturbadores que tienen siempre la anarquía entre
los dedos para soltársela encima al primer ministro
que trasluz­
can, ¿qué hace usted para que no se lo prohlban?».
«¡Qué he de hacer, hombres exigentes! Nada.
Lo que debe
hacer un escritor independiente
en tiempos como estos de inde­
pendencia. Empiezo por poner
al frente de mi articulo, para que
me sirva de
eterno recuerdo: Lo que no se puede decir, no se
debe decir. Sentada en el papel esta provechosa verdad, que es
la verdadera, abro el reglamento de censura ; no me pongo a
criticarlo, ¡nada de-eso!, no me compete. Sea reglamento o no sea
reglamento, cierro los ojos y venero la ley, y la bendigo, que es
más .. . Hecho mi. examen de la ley, voy a ver mi artículo: con
reglamento de censura a la vista, con la intención que me asiste,
no puedo haberlo infringido. Bxamino mi papel: no he escrito
nada, no he hecho
el articulo, es verdad. Pero, en cambio, he
cumplido con la ley. Este será eternamente mi sistema ; buen
ciudadano, respetaré el látigo que me gobierna, y concluiré
siem­
pre diciendo: Lo que no se puede decir, no se debe decir».
Lloren, ( 13) observa, con intuición digna de encomio, cómo
el gobierno absolutista, con astucia, para actuar de cernedero de
aquellos libros que le incordiaban, esgrimía los peligros que
ex­
ponían a la sociedad en moralidad, buenas costumbres y creencias,
para hábilmente conceder con lúpocresía, el protagonismo a
los
fautores de la Iglesia, que no exentos de unas ciertas dosis de
bobería, aceptaban encantados
· Ja encomienda, ya que «para el
(12) Lo que no se puede decir, no se debe decir. En: Artículos po­
líticos. Antología, ed. Jorge Campos, Madrid, 1988, págs. 202 y sigs.
(13) El romanticismo .español, cit., pág. 194.
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ROMANTICISMO· Y LITERATURA.
Gobierno español no había autoridad crítica más competente que
los eclesiásticos ; y ellos son,
· desde el arzobispo de Toledo hasta
el obispo de León, del nuncio al confesor de la reina, los que han
de determinar no el valor literario, sino la moralidad o inmorali­
dad de la obra, fundándose para ello simplemente, en detalles
como la presencia de un labio en un verso de Moratin, y de un
pasaje donde salen a relucir unos
pechos» ..
Montesinos ( 14) lamenta las consecuencias que con tal mé­
todo desviado se producía: «Se pregunta uno, qué sentido tenía
encomendar la censura de
libros a gentes que habían de juzgarlos
por lo que no eran, que propendían a encontrar en las novelas
tratados
de teología moral y se sentían defraudados cuando no
los hallaban».
Mas,
.estos hechos que tan malparados dejan a los eclesiásti­
cos, a los que difícihnente se podía hallar justificante que cu­
briese sus desnudeces intelectuales y su falta de .sincronizaci6n
· con su mundo, adquieren su verdadera dimensi6n, sometidos a
riguroso análisis hist6rico por la mente. clarividente
y con pasi6n
juvenil,
por la verdad de don Marcelino Menéndez Pelayo, a
quien, paradojas
de la vida, la Universidad que con su advocaci6n
y nombre instaur6 su ciudad natal, pasados los añ9s iba a dar
cobijo a intelectuales del tres al cuarto, que hacen credo de su
vida no creer en nada y en donde a trueque de unas lecciones
más o menos científicas, más bien menos, convertir-en ¡µercadeo
pagado el templo de las humanidades que tanto honro eLmaestro
polígrafo, testigo mudo actual de nuestra lamentable. decadencia
intelectual y moral. Y así, en plena juventud
es.cribia {15): «La
misma abundancia de libros franceses, y la exactitud con que
se
dan las señas, indican cuán grande era la plaga. El poder :real
intervino a veces, pero de manera desigual e inconsecuente que
frustró y
dejó vanas todas sus. disposiciones. Así, por ejemplo,
en
21 de junio de 1784 se prohibió la introducción de la Enci­
clopedia metódica,
circulando órdenes severísimas a las Aduanas.
En 5 de enero de 1791
se mand.ó entregar todo el papel sedicioso
y contrario a la felicidad pública. Por circulares del Consejo, de
4 de diciembre de J789, 2 y 28 de octubre.de 1790 y 30 de no­
viem"pre de 1793, se vedaron, entre otras obras de menqs ,cuenta,
los opúsculos titulados La Francia libre, De los derechos y debe­
res del
ciudadano, Correo de Paris o publicista franéés. En el año
1792 el peligro arrecia, y las prohibiciones gubernativas también.
(14) Inh'oduá:ióh' a una historia de la novela. en BsJ!aña en el si-glo XIX, 4.• ed., Madrid, 1980; plig. 30. . .
(15) Historia de los Heterodoxos, cit.¡ V, págs .. 300 y sigs.
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;,4.NGEL MARTINEZ SARRION
Por Real ordeo de 15 de julio y cédula del Consejo de 23 de
agosto de 1792,
se manda recoger en las. Aduanas y eoviar al
Ministerio de Estado «todo
papel impreso o manuscrito que
trate de la Revolución y nueva Constitución de Francia, desde
su principio hasta ahora», y
no sólo los libros, sino los abanicos,
cajas, cintas y otras maniobras (sic por manufacturas) que tengan
alusión
a los mismos asuntos. Aún es más estrafalaria y singular
otra disposición de 6
de agosto de 1790, que prohíbe la venta
de ciertos chalecos que traían bordada
la palabra Liberté».
Y prosigue don Marcelino: «¿De qué serviría todo este lujo
de prohibiciones, si al mismo tiempo
se arrancaba al Santo Ofi­
cio,. ·más o menos a las claras1 su antigua jurisdicción sobre los
libros, mandando que todos los escritos en lengua francesa se
remitiesen a los Directores generales de Rentas y por éstos al
Gobernador del Consejo? ¿Quién no sabe que nuestras oficinas
de entonces
· pululaban de regalistas y volterianos? Por eso la le­
gisladón -de impreota en aquel desdichado período es un caos
indigesto y contradictorio, masa informe de flaqueza y despotismo,
y monumento insigne de la torpe ignorancia de sus autores. Co­
"uptissimae reipublicae, plurimae leges, Las pragmáticas menu­
deaban y unas reñían con otras. Lo mismo se prohibían los libros
en pro de la Revolución que
en contra: ni había en Godoy y los
suyos espíritu . formal de resistencia, sino miedo femenil y abso­
luta inopia de todo propósito fecundo. En todo aquel siglo lle­
vábamos errado el camino, y· no. habían de ser ellos, contagiados
hasta los huesos, los que le eoderezasen,
reanudando el majestuoso
curso
de la vieja civilización española. En todo se procedía a cie­
gas. Un día se vedaba la eotrada de la constitución francesa (28
de julio de 1793
), y al mo siguiente se recogía una defensa de
Luis XVI, o se negaba el pase al libro de Hervás y Panduro. Se
hacia un Reglamento en i1 de, abril de 1805, creando un Juzga­
do de imprentas, con jutisdicción absoluta
e. independiente de la
Inquisición
y del-Consejo de Castilla; y al frente del nuevo Tri­
bunal, fundado para proteger 'la. Religión, buenas costumbres,
tranquilidad pública
y derechos legítimos de los príncipes', se
ponía a un volteriano refinado, el Abate ·don Juan Melón. Así,
toda providencia re.sultaba
frrisoria: los dos revisores que por
Real orden de
15 de .octubre de 1792, habían de presidir en las
Aduanas el reconocimiento de los libros, lo .dejaban correr todo,
por malicia o por ignorancia, a titulo de obras desconocidas o
que no
figutabal notninatim . en .los índices, siendo imposible que
estos abarcasen
todos los infiuito.s papeles clandestinos que abor­
taban sin cesar las· prensas,francesas, ni mucho menos contuvieran
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ROM,4,i,,l'!'l,:;IS~O ,f: LITEIUTURA
los dobles o triples títulos con que una misma obra se disimulaba.
Además era frecuente poner en los tejuelos un rótulo muy diver­
so del verdadero cootenido del .libro, y no era caso raro que las
cubiertas de un San Basilio o de
un San Agustín su-viesen para
amparar volúmenes de la Enciclopedia. No exagero si digo que
hoy
. mismo están inundadas las bibliotecas particulares de España
de ejemplares de Voltaire, Rousseau, Volney, Aupuis, etc.,
lama­
yor parte de los cuales proceden de entonces».
El romanticismo busca,
como objeto principal, sumergirse en
su Historia genuina;. en cuanto expresión· de las vivencias de un
pueblo. En tal sentido el romántico se muestra como testamen­
tario de
su vieja y tradicional cultura, inquiriendo en las grande­
zas del pasado las miserias y ausencia de libertades del presente
y dando. vida a un sepultado sentimiento cristiano que renace en
una. naturaleza no contaminada de diatribas, traiciones, revolu­
ciones y odios
que matean
1a alborada del siglo XIX.
De esta temática se desprende una indeterminación del con­
cepto mismo de lo románico junto a la pérdida de un sentido
general, que tiende a hermanat los cánones estéticos, para que
se
deje apreciat una honda matización local, acomodada en sus lími­
tes temporales y de espacio por la vitalidad que le preste las
esencias de cada pueblo. Es lo que significaba Arthur O. Lóve,
joy (16), que el romanticismo de un páis puede tener poco en
común con el
de otro, por lo que, se reafirma la realidad consta­
table de
la pluralidad de movimientos románticos, originados por
las
más prolijas causas, lógicamente independientes.
La visión romántica de los · hechos históricos, -novelados ó
idealizados, recreados, es el factor desencadenante de· los hom­
bres, que, · entusiasmados por la grandeza de sus hazañas, con el
orgullo de haberse producido por
· sus antepasados, a falta de
grandezas que
admirar en su prosaico presente, ya que no pueden
realizat el milagro· de reproducirlas en la vida; las encietran entre
las nieblas y
brumas de" imaginaciones y ensueños en sus Hbros:
Y esto, nadie mejor llamado a "haéetlo que los poetas, •que con
el apelativo de «poesía romántica» se daba a conocer por Ludo,
vico Ariosto y por Torcuato Tasso, encatdinándola en !O"s roman~
ces caballerescos, que Jean Chapelain en 1667 refería como épique
romanesque, genre de poésie sans art, confiriéndole con ello catta
de naturaleza en Francia;
extendiéndose la expresión ,en 1674 a
foglaterra, en la que obtiene el favor de los ·literatos, que enfer-
(16): Qn tbe.Discr'únination ·Óf Romanticism. ·En Essa-ys ·¡n. the History
o/ Ideas, Baltimore, 1948, págs. 232 y sigs;
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Á'NGEL MARTINEZ SARRION
vorizados, cual sucede con Thomas Warton ( 17 ), ve en la Divina
Comedia de· Dante, el punto de confluencia armónica del estilo ro­
mántico con la temática cliisica. Y en la misma Alemania, el pro­
ceso se estudiaba en su conjunto por los profesores Richard
~n y Helen Gotthard (18), y Carla Appollonio (19), que
distinguían en
el romanticismo una combinación de la. religión
cristiana
y de la caballería, experimentando con delectación el
«sabor espiritual, piadoso, romántico» (geistlich, frommer, ro,
mantischer Geschmack). ,
Una vez creados adeptos a esta visión, sufre un,a generaliza­
ción, pues, no basta con inundar
el recuerdo con leyendas román­
ceadas o con la exaltación de un subjetivismo, en el que no se
busca la belleza, sino la bella, ni se desdefia la fealdad, por . el
mero hecho de ser fea, ni se menosprecia al mendigo, porque
despojado de
sus andrajos permite ver su gran corazón, y esto
no
se queda en simple apreciación del romántico, sino que trans­
ciende
.. a sus ambientes y a su. vida, presentándose como un di­
lema al monopolio desempeñado por «lo clásico». Es lo que se
propone en su obra Friedrich Bouterwek (20), al indicar que se
le asigna un valor generalizado, abarcando los comportamientos
morales, la visión estética,
las reacciones íntimas, las relaciones
sociales, familiares e incluso individuales, que
se exteriorizan en
costumbres, estilos
y ha'bitos idóneos para el drama, la comedia,
la. poesía y la novela. Sin embargo, Goethe, no. se mostraba nada
seducido por
la novedad, pues si bien en una carta a Eckermann
en
21. de marzo de 1830, le advertia que ya Schiller había acuña­
do la distinción «ingenuo y sentimental» que los hermanos Schle­
ge] la sonorizaban rebautizándolas por «clásico y romántico», lo
hacía para poder expresar su disconformidad, aplicándoles el ca­
lificativo siguiente: «Klassich ist das Gesunde, romantisch das
Kranke», clásico es la.buena salud, romántico la enfermedad.
Los términos Romantik y Romantiker, fueron invención de
Novalis, empleando el último de estos vocablos para el escritor
de romances
y de cuentos de brujas y el de Romantik para hacer­
lo sinónimo de arte romántico, caracterizándose a Shakespeare de
fundador del drama
romántico y a Cervantes como el compendio
de
la edad de la caballería, del amor, de los cuentos de brujas;
(17) H/sfo,y o/ Bnglish Poetry, III, London, 1781, pág. 241.
(18)
•Gescbichte des Begri//s «Rotnantisch» in Deutschland, Berlín,
1927.
(19) Romantico: Storia e. Fortuna_ 4i una paro.la, firenÚ, 1958.
(20)
Ge~ohichte det-Pt:JeSie ·und' Beredsamkeit seit dem Ende d'es drei-
zehnten Jahrhunderts (1801-180')ci, '! · · · ·
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ROMANTICISMO -r.· LITERATURA.
comprendiendo· los · poemas épicos. alemanes como · los Nibelun­
gos, el ciclo dél rey Arturo, de Jean de Meun y Jean Froissart a
Fran~ois Villon, sin olvidar. los ciclos de Carlomagno, de Raul de
Catnbrai y de Mayence, para cultninar en los romances caballe­
rescos, en
el Poema del Cid, hasta la picaresca y el Quijote.
Mas
el concepto románico, que en sus intentos iniciales aperu15
si lograba abrirse camino en la literatura, estaba llamado a im­
ponerse como una forma de vida, y por la via indirecta, introdu­
citse en los cultivadores de
la poesía, de la novela y del drama
romántico. Ello fue
la obra de los adversarios y opositores del
grupo de Heidelberg, a los que V oss caricaturizaba burlescamen­
te por sus ideas católicas
y tradicionales, tildadas de reacciona­
rias, en una diatriba
Klingklingelalmanach. Ein Taschenbuch für
vollendete
Romantiker und angehende Mystiker, que podría libre­
mente traducirse, por
algo así, como «Almanaque del rin, rin. Un
libró de bolsillo para los románticos consumados y místicos inci­
pientes» y que, como inexplicablemente suele acontecer en la vida,
se obtieoe un efecto paradójico, por lo que, alerte.dos Achitn von
Arnim y Clemens Brentano - suraban a adoptar el
término en el número más inmediato de su
Revista para el solitario (Zeitschrift für Einsiedler).
Desde Alemania la locución romántico se expande por toda
Europa e incluso transciende el Atlántico
para localizarse eh los
Estados Unidos;
si bien, .se orientaba en tomo a .los países nór­
dicos, antes que al Occidente. As!, Jens Baggesen, noruego, en
1804 escribía
Die romantische Weit oder Romanien im Tollhaus,
el dilatado romántico · o romance en el manicomio, una· parodia
del Fausto de Goetbe; Adam 6hlenschliiger, llevaba a
Dinamarca
la· temática-del romanticismo alemán;· mientras qúe, en Suecia,
surgla como·órgano de expresión la revista «Phosphoros», que se
consagraba
al cultivo de esta temática, puesta de moda por Ale­
mania. ·
Segón Eggli y Martino (21), la aparición de romántico en el
territorio francés, se atribuye a una carta de Charles Villers,
emigrante
en Alemania y ptimer expositor de Kant, publicada eh
1810 en el Magasin encyclopédique; si bien, el año decisivo lo
constituía el 1813, en que se imprimía la obra de Sismón de Sis­
mondi, De la littérature du midi de l'Eurape, y uq · año después
salía a la luz en las prensas francesas, luego de haber hecho su
aparición en Londres,
De l' Allemagne de la baronesa ·Germana
Necker de Stiiel.
(21) Le débat fomantique en France I, París, 1933, págs, 26 y sigs.
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ANGEL MARTINEZ SARRION
Eggli, refiere que en el año.1816 el Diccionario de Jouy (22),
entiende la acepción de romántico: «término de
la jerga sentimen­
ta1, de la que algunos escritores se han servido para caracterizar
una nueva escuela de literatura bajo la dirección del profesor
Schlegel. La primera condición que
se exige de los alumnos es
la de reconocer que nuestro Moliere, nuestro Racine, nuestro
Voltaire, son pequeños genios enfrascados en las reglas, que no
pueden elevarse a la dignidad del bello ideal, cuya investigación
es el objeto del género romántico. Esta palabra invasora, en prin­
cipio no
ha sido admitida más que posteriormente y con el sen­
tido de expresión pintoresca, en el que podía haberse contenido,
pero ha penetrado del golpe del dominio descriptivo, que le esta­
ba asignado, en los espacios de la imaginación». Ya Senancour,
en la carta 87 de
Obermann había apreciado este pintoresquismo,
destacándolo como «romantisme des sites alpestres».
Fue Henri Beyle, más conocido pot el pseudónimo de Sten­
dhal, el primer francés que se aplicaba
el título de romántico «je
suis un romantique furieux c'est-a-dire} ;e suis pour Shakespeare
contre Racine et pour Lórd Byron contre Boileau» (Carta al Ba­
rón de Mareste de 14 de abril de 1818). Sin embargo, su confir­
mación
se producía, cuando Louis Auger, Director de la Academie
fran¡;aise pronunciaba un Discours sur le Romantisme, en el que
fulminaba condenando lo que llamaba la nueva herejía.
En el Reino Unido, la distinción entre lo clásico y lo
román­
tico, se encuentra en las Conferencias que en 1811 pronunciaba
CcJleridge (23 ), fuertemente influido por las visitas que efectuaban
a Londres y su amistad de Madame
de Stael y Schlegel. Mas, no
deja de ser curioso que Lord Byron, que
conocía personalmente a
Schlegel y había
leído a Germana Stael, rechazaba la distinción
< artificiosa circunscrita al continente, cual muestra la dedicatoria
que
le hace a Goethe de Marino Falieri, en la que alude a «la
gran batalla en Alemania,
as! como en Italia, sobre lo que llaman
"cláslto" y ''romántico", expresiones que no planteaban problema
alguno para Inglaterra». Opinión, que escasamente un año des­
pués, modificarla por completo, reconociendo que
es esfuerzo de
Schlegel y
de Madame de Stael, és y debe ser imitado por la ri­
queza que
ofrece de puntos de vista, cuyo efecto no ha hecho más
que comenzar. Y aunque sostenía tener plena conciencia de no
ser
romántico, al final sucumbla · al romanticismo, luego de su
(22) Le débat romantique, cit., pág. 492.
(23) Shakespearen ·Criticísm, Cambridge, 1940:, págs. 196 y sigs~
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ROMANTICISMO· -Y LITERATURA
Damasco romano. ·Por· lo que no es de extraiíar que· la se.fiora
Oliphant en la Literary History of England between the Eigh"
teenth and the Beginning of the Nineteenth Centuries (1882),des"
conoce por completo «clásico y

romántico», por lo que las
dife"
rendas temáticas las sitúa en la Lake School. en la Satanic.School
y en el Cockney Group. .
Irradiaba asimismo desde Alemania a los países del Oriente
europeo: en Polonia, en 1818, Casimir Bordzinski escribe sobre
el clasicismo y el romanticismo; y Mickiewicz en un prefacio a
su Ballady i Romanse, se decantaba abiertamente por lo román'
tico. En Bohemia, el adjetivo romanticky aparecía en un poema
en 1805
y el substantivo germanizado rofnantika eh 18.20 .. En
Rusia, Pushkin tituló a alguno de sus poemas de «poema román"
tico» en 1821 y el príncipe Vyazemsky, al comentar los poemas
de Pushkin, establece la separación entre clásico y romántico. '
Para Allison Peers (24
), la introducción de romántico eh Es"
paña, fue ocasionada por un exilado italiano, Luigi Monteggia,
que llegado a nuestro
país, lo exponía en su colaboración en El
Europeo,
en el mismo año de su fundación por el manrésano Ra,
món López Soler y por el barcelonés Buenaventura Carlos Aribau
y Farriols, o sea en 1823, que le dieron cobijo y difusión.
Aunque
el término romántico venía · de ultramuros, · con unas
connotaciones acuñadas
por otras culturas, es lo cierto; que pet"
día su prolijo significado y se polarizaba para designar, casi coh
exclusividad, una característica de lo español,
en forma tal, que;
aquí aposentó sus reales para campar por sus anchas, no sólo eh
los ámbitos que
ocupaba en otros países, sino para investir con
su tinte apasionado, fuerte y dinámico, a lo .que Ludwig. Pfand,
apelaba realismo e idealismo, cóm6 gentes tipificadores de la cu1,.
tura española. La compenetración, con este proceso, se consigue
por personajes tan conocedores del romanticismo como Allison
Peers (25),
que, a manera de" exordio comienza su .·estudio, ·aún
no superado ni que posiblemente lo será en muchos años:
«En un memorable día del año 1840 "dos entusiastas y ro­
mánticos jóvenes franceses"; se hallaban llenos de "expectáción
apasionada" -"muriendo de impaciencia"-en el teatro de· una
ciudad española de provincias ; uno de ellos ( el que refiere el in"
cidente) limpiando con ''furiósa actividad" los lentes de lorgnette
para no perderse el más. mínimo detalle .del notable espectáculo
(24) The Term Romanticism in Spain, Revue Hispanique 81 (1933),
págs. 411 y_ sigs.
(25) Historia del movimienio romántico español, Madrid, 1973, tfad.
José M.· Gimeno, I, pág. 21.
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ANGEL MARTINEZ SARRION
que iban a presenciar. Y ¿qué era ese notable espectáculo? "Fi­
gúrate, amable lector
-dice el autor del diario--, por primera
vez iban
a ver una danza española ... ¡en Espqña!"».
«Era un joven periodista francés el que aco¡npañado por otro
colega
parisino. Eugenio Piot, pasaba¡i sus vacaciones recorrie¡ido
desde Bayona, a través de Euzcadi, de Casrilla la Vieja, haciendo
escala en Madrid y Toledo, para por Jaén, Granada y Málaga,
alcanzar "Sevilla
la feliz", Jerez y Cádiz. Ese periodista se llama­
ba Te6fild Gautier y .su fa¡noso Voyage en Espagne, le comuni­
caba y le
hacía partícipe de la gloria y la fama».
El
romanticis¡no en España no se encontraba en círculos erudi­
tos,
.en literatos o artistas, que se posesionaban del vocablo, y
le
insuflaban el más variado contenido, a su gusto, sino que se
podía recqger en las calles y en las plazas y que entraba en los
ideales .del pueblo y no tan sólo en la fantasía inspiradora de los
personajes literarios. Como observaba don José Deleito y Piñue­
la (26) «le romantisme est éternel
dans t'art espagnol. JI ne peut
mour!r car il est la voix m¿me de la race».
Y por constituir «la misma voz de la raza», aparece enerva­
da en
el pueblo, qne no equivale a profesar discriminación racial
alguna, sino que es · algo que emana de la estirpe hispánica, que
nunca
fµe cerrada, por q,anto es síntesis profunda de al menos
tres, culturas, que animan al español, a porciones, en cristiano,
musulmán y hebreo, sin que el transcurso del tie111po, haya tenido
energía suficiente para desdibujarlas, cual aprecia Montesinos (27)
«todavía a principios del siglo
XIX, algún ciego andaluz, que de
seguro llevaba en su .fardel toda una serie de pliegos, que no eran
sino .extractos de
no'velas, y no ya consejas tradicionales, sino
libros de moda,
podía dar comienzo a su relación con estas pala­
bras:
No canto fingidos hechos, / ni invento
falsas novelas
que
en dorada copla brindan / estragos a la inocencia».
· Pues,
como refería Ventura de la Vega, en El hombre de mun­
do, I, IV «romántico barniz / de carta, escondite y reja». ·
Para los protagonistas e inspiradores del movimientd román­
tico
de Alemania,.de Francia e'incluso de Italia, como los musul,
manes, volvieron
su rostro y su miráda, en su devoción román­
tica, a
la Meca de sus ideales, que era España. August Wilhelm
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(26) En Hispania, París, 1919, II, p,ig. 123.
(27) Introducción a una historia, cit., pág. 35.'
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ROMANTICISMO Y LITERA.TURA
Schlegel, el mayor de los hermanos, escribía (28) «con las corres­
pondientes limitaciones hemos de manifestar que en nuestra opi­
nión
el teatro español hasta su decadencia, desde el principio del
siglo
xvm, es casi permanentemente romántico» y Friedrich
Schlegel (29), sostenía que «la poesia española, sin la menor in­
fluencia extranjera,
se ha mantenido en toda su trayectoria en el
más puro romanticismo (rein rommantisch geblieben ist)». Entre
los franceses, Sismondi (30), consJ.deraba que la literatura «ha
sido y
es enteramente romántica y caballeresca, por lo. que puede
decirse también que
es mucho menos clásica que la de otros paí­
ses»; y como coronación de todos los estudiosos, Arturo Farine­
lli (31), afirmaba que «la estética de los españoles fue siempre
romántica, y les llevó a la independencia y
la espontaneidad. Las
desviaciones con respecto a dicha estética
-una cierta rigidez
de precepto pasajera-les vinieron de fuera;. y al. punto volvió
la práctica, para el desconcierto de
la teoda. No son reglas y
preceptos, decían, sino pasión, ímpetu, fuerza creado.ta instintiva,.
lo que ha de hacer el poeta». .
En el Diálogo de la Lengua de Juan .de Valdés, escrito en
torno
al año 1535, su autor se. mostraba enemigo de las reglas,
que
venían a producir afectación, como todo lo postizo que no
responde a una cualidad del artista ; así, a
la pregunta de uno de
los interlocutores, Mario, acerca de lo que observaba y guardaba
para «escrivir y hablar
en vuestro romance castellano quanto al
estilo», contesta Juan de Valdés, «para deciros la verdad, muy
pocas cosas observo, porque el estilo que tengo me
es natural, y
sin afectaci6n alguna escrivo como hablo, solamente tengo cuida­
do de usar de vocablos que signifiquen bien lo que quiero dezir,
j, dígolo quanto más llanamente me es. posible, porque a mi pa­
recer en ninguna lengua está bien la afectación» (32).
Lo que cOnstituye los cromosomas del romanticismo es ge­
nuina creación de la espiritualidad tradicional española arraigada
en nuestra conciencia histórica desde
los primeros ale.daños de la
Edad de Oro. Como reconocía Karl Vossler {33), «de España es
(28) über dramatische Kunst und Literatur, Heidelberg, 1908/11, Zi!w/­
fte Vor/esung, II, pág. 11. (29) Geschichte ·der alten und neuen Literatur. Vórlesungen gebalten
zu Wien im Jabre 1812. En: Sammliche Werke, Wien, 1822-5. II, pág. 25.
(30) De la littérature du midi de l'Europe, París, 1829, III, págs. 497
y sigs. · ·
(31) Il Romanticismo nel mondo -latino, Turín, 1927, I, págs. 70 y sigs.
(32) Diálogo de la Lengua, ed. José F. Montesinos, Madrid, 1969,
pág. 154. (J3) Die Bedeutung der s.panischen·'KuJtur fiir Europa. En:· Deutsche
959
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ANGEL MARTINEZSARRlON_ ,
la gloria de haber establecido y realizado un nuevd tipo de hu­
manidad creando
el tipo aristocrático de gran señor, que no hay
que confundir con el superhombre Nietzsche, ni tampoco con el
hombre del Renacimientd
de dotes y cultura universales, ni con
el
honnéte homme del clasicismo francés" y el esprit fort del en­
ciclopedismo. Sin duda, las circunstancias hist6ricas que dieron
lugar a la aparici6n de estos distintos tipos humanos tienen mu­
chos puntos de contacto,· de la misma manera que existen puntos
de contacto entre ellos. Pero ésta
es una raz6n de más, para in­
tentar comprender y precisar lo que constituye la originalidad del
ideal español. El rasgo más destacado de este ideal español
es el
sentimiento del honor».
Sentimiento del honor, que por su parte precisaba Ludwig
Pfand ( 34
), que se trazaban a menudo comparaciones entre el
honor de
los hombres y el honor de los ángeles, entre la política
de los príncipes y la política de Dios, entre los tercios de Flan­
des
y de Nápoles y las mesnadas de Iñigo L6pez de Recarte. Por
eso, el
concepto del honor no es privilegio de clase, sino de todos
los individuos que sepan hacer de él
credd de su existencia, cual
recogía el refrán,
«por la honra, pon la vida; y pon las dos, honra
y vida, por tu Dios».
Y es que, apuntaba Alcalá Galiano, la poesía dramática de
la Edad de oro,
se juzgaba como romántica, tanto por sus admi­
radores, cuanto por sus adversarios y por Su parte Mesonero R.0-
man~s, añadía que, _nuestros insignes dramaturgos, al crear al más
espléndido teatro del mundd, instauraron con él, un teatro esen­
cialmente romántico.
Una inagotable fuente para la inspiraci6n romántica, como
ha estudiado don Agustín Durán, la constituye el romancero:
«Desde los rudos juglares hasta los trovadores cortesanos, desde
éstos a
Lope de Vega y G6ngora, y luego hasta Meléndez Valdés,
y luego hasta el Duque de Rivas y
sus contemporáneos, el roman­
ce ha recorrido siglos y siglos sin interrupci6n, ha conservado
esencialmente sus formas primitivas y originales, y con ellas no
sf qué característico que nos dis~ingue de los_ extrañós ;. y al :ver
un romance no hay nadie que no descubra desde luego el· sello
indeleble de españolismo que conserva, aún cuando sea obra de
Vierteljahrscbrift für Literaturwíssenschaft und Geistesgeschichte, vol. VIII,
1930. En Algunós caracteres de la cultura eipañola, trad. Carlos Oavería, 4.• ed., Madrid, 1962, pág. 120. . .
(34) Geschichte der spanischen _Nationalliteratur i11: ihrer Blütezeit,
Freiburg in Brisgau, 1929, págs. 540 y sigs;
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
un extrajero» (35); «en el último tetcio del siglo XVI, en cuya
época, en vez de una epopeya, produjeron el teatro nacional, que
Lope de Vega
adivmó y realizó por el pueblo y para el pueblo ...
desde entonces los romances se conquistaron su tipo característico
y
se convirtieron en drama, como las rapsodias de los griegos se
hicieron epopeyas ; desde entonces los juglares y cantores se cam­
biaron en comediantes, y corrieron las ciudades, villas, lugares y
aldeas, representando farsas y dramas, cual habían recitado y
con­
tado los romances» (36), para concluir, «yo considero a Lope, a
Góngora y sus contemporáneos como los primeros que compren­
dieron el destino de
la poesía castellana, y que abandonando la
imitación de modelos latinos e italianos, establecieron el verda­
dero romanticismo español, tanto
en la lírica como en la dramá­
tica. Así, reunieron los elementos·de la poesía popular, y crearon
un sistema nuevo, compuesto con la brillante imaginación
árabe,
con la sentimental y vehemente pasión de los escandinavos, con
la avenrurosa y galante caballerosidad de los normandos, con
los
profundos pensamientos del dogma y moral cristiana, y en fin,
con el espíritu noble, guerrero, generoso y grave de su
na­
ción» (37).
Mas, si Lope de Vega, con arreglo a la apreciación de
Agus­
tín Durán, o con el apelativo que le prodigó don Alberto Lista
«del romántico Lope», fue
expresión, por su espontaneidad y
sentido del pueblo, un adelantado del romanticismo, no puede
extrañar a nadie, por muy riguroso que
se muestre, que Calderón
de la Barca, fuese, «comparado con todos los demás poetas
dra,
máticos, el más romántico» para Federico Schlegel (38), en el
que divisaba «la cumbre suprema de la poesía romántica» su her­
mano Guillermo (39), sin que con ambos se agotase la inspira­
ci6n, pues, más que su significado personal, su funci6n, en este
caso, consistía en servir de cauces de expresión de los sentimien­
tos españoles, clásicos en su expresión y románticos en su
expo­
sición. Esto se logra cumplidamente en la obra cumbre del ingenio
español, por supuesto que como manchego que soy, me
estoy
refiriendo con indisimuladd orgullo a Don Quijote. El Diario de
Barcelona de 23 de mayo de 1832 lo reputaba «la obra román-
(35) Romancero general. Colecci6n de romances castellanos, anteriores
al sigla XVIII, tomo II, B.A.E., Madrid, 1945, Advertencia, VII.
(36) Romancero general o colecci6n de romances castellanos, tomo I.
B.A.E., Madrid, 1945, Pr6lago, XXVI. (37) Romancero de romance.s caballerescos e hist6ricos, Madrid;_ 1823.
En Romancero general, tomo I, cit., Discurso -preliminar, LXII.
(38) Siimmtliche Werke, cii., Wien 1822-5 II, pág. 123.
(39) über dramatische Kunst, cit., Vierzehente Vorlesung, pág; 374.
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41:IGEL MARTINEZ SARRION
tica más grande de Ei;u:opa». Quizá, haya que convenir, que nada
más romántico. que despojar el ilusi\>nismo y las fantasmagorías
para asentar los sentimientos en toda su hondura, desprovistos
de
sQs elucubraciones, en la. misma realidad, que como señalaba
Agustín Durán. (40),. reduda a humo, los amores místicos, las
increíbles
hazañas, los encantamientos, los Amadises y Esplan­
dianes; y acaso también pusiera
fin a los Carlomagnos, Roldones,
Reinaldos, y aun con los Doce Pares y los cuatro de la fama, a
no haberles elevado
un monumento eterno el Homero de Ferrara,
cuyo talento sublime no pudo ser oscurecido por el espíritu de
parodia y prosaísmo del mayor ingenio conocido en Europa y con
el cual tiene
más analogía que a lo que primera vista parece.
Sin embargo, Ramón de Mesonero Romanos (
41 ), indicaba
que
difícilmente se podría concretar en qué consistía el roman­
ticismo:
«¿Qué cosa es romanticismo? .. , les ha preguntado el
público ;
. y los sabios le han contestado cada cual a su manera.
Unos le
han dicho que ero tQdo lo ideal y romanesco; otros, por
el contrario, que no
podía ser sino lo escrupulosamente histórico ;
cuales han creído ver en él la naturaleza en toda su verdad;
cuales la imaginación en toda su mentira ; algunos han asegurado
que
sólo era propio para describir la Edad Media ; otros le han
hallado aplicable también a
la Moderna ; aquéllos le han querido
hei:manar con la religión y con la moral ; éstos le han echado a
reñir con ambas ; hay quien pretende dictarle reglas ; hay, por
iiltimo, quien sostiene que su wndición es la de no guardar nin­
guna
... » y continúa, «el escritor osado, que acusa a la sociedad
de corrompida,
al mismo tiempo que contribuye a corromperla
más con la inmoralidad de · sus escritos ; el político, que exagera
todos los sistemas, todos los desfigura y contradice, y pretende
reunir en su docttina el feudalismo y la república ; el historiador,
que poetiza
la Historia ; el poeta, que finge una sociedad fantás­
tica,, y se queja de ella porque no--reconoce su retrato; el artista,
que pretende pintar la natura aún más hermosa que en su origi­
nal; todas estas manías, que en cualesquiera épocas han debido
existir, y sin duda en siglos
anteriores, habrán podido pasar por
extravíos de razón o debilidades de la humana especie, el
siglo
actual más adelantado y perspicuo, las han calificado de roman­
ticismo puro»,
En contr? de lo que inusítaflamente se ha venido sosteniendo
enrie nosotros, el romanticismo, no se desliza de tapadillo en
(40) R~'mancero de romances, -cit., Discurso preliminar, .LVI.
(41) Escenas-matritenses. El ·r(J1'Jtantícismo y los románticos, Ma:drid7 1978, pág. 62.
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ROMANTICISMO Y ·HTERATURA
las traducciones de emigrantes eruditos, que tienen necesidad de
exprimir sus conocimientos en francés o inglés para poder cubrir
las necesidades
más perentorias de su existencia y que el absolu,
tismo de Femando VU les-ha segado de raíz su vena poética, para
quedar obligadamente sometidos a la imitación. Y en aras al
mer­
cadillo libresco presentan traducidos, como buenos,-aquellos que
comercialmente
se transforman en doblones ; algo asi, como su­
cede ahora con los premios literarios, que no se confiere, -por-lo
general, el galardón a la buena obra, sino a la que mejor se vende.
En esta ausencia de estilo para elegir las obras a traducir,
y luego en la carencia de valores estéticos del texto traducido,
unido al desconocimiento del propio idioma,
cuánto no con ma­
yor motivo de los extranjeros por parte del gran público, posi'
bilitaba cualquier manjar intelectual, con tal que alimentase la
petulancia de oler a moderno y a ultramontano. Ganaron laure­
les, en esta orientaci6n,
los denostados por Fomer y Moratín, y
sufridos por Larra
y Mesonero, que circulaban por las impreotas,
el conocido Calzada
«eterno traductor, · que Dios perdone» o Nifo,
«traductor de bambolla, / que, engalicando la lengua, / da robus­
tez
a su bolsa».
El traductor, deseoso de alcanzar protagonismo, no vacila en
hacer caperuzas con la tda que le dan, cuando no alcanza '!-ser,
vir para capa, como _el sastre que Juan de Timoneda, relata eo
el Patranuelo. Sarrailh (42), refiere, que firmada con las inicia­
les C. P. publicaba la revista de Madrid, «La Minerva», una
traducci6n
adaptada de Jeannot et Colín, de Voltaire, con el útulo
de
Rafael y Carlitas; cuando el an6nimo traductor se da de bru~
ces con la frase «Jaites des romans; c'est une e'xCellente resOurce
a Par!s», nada más suyo que verterla o derramarla en «méti!te'á
traductor, que es oficio socorrido». · ·
Con todo esto, la más perjudicada es la lengua castellana,
que resulta una
«inculta galico-anglico parla» como en versos ma­
carr6nicos, en consonancia de este latín con los nuevos moldes
idiomáticos,
se exptesaba jocosameÍite en una éarta de Iriarte a
Cadalso:
«O Hispani, Hispani, (juae vas locura moderna;
Quae furibunda mania novas studiare libretes
Incapricb/Jvít? Sic vestras Francia testas.
Offuscat miserabiliter,
_ soplatque dineros»_.
(42) Notes sur -une traduction et-pagnole de «Jeannot ét Colin'», 'de
Voltaire, trouvée dans la revue. de Madrid «La Minerva» du 26 mar.r 1806,
En Revue de littérature comparée, 1922, II, pág. 611. · ' '
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ANGEL MARTINEZ SARRION
Y es que, apunta Lázarp Carreter (43), las prisas por dar a
conocer las prensas españolas libros de seguro
éxito editorial,
daban como resultado, ayer corno hoy,
esos híbridos, en los que
es dable advertir. dónde empieza y dónde termina el idioma tra­
ducido;
ya que, por .otra parte, la necesidad de traducir era irre­
mediable; para concluir que,
el resultado, era el triunfo del cri­
terio utilitario, pragmático, sobre el filológico; el meollo y no la
cobertura. José F. Montesinos (44), presenta
el panorama que en aquella
época era posible contemplar al respecto,
~sería exagerado decir,
corno se ha dicho, que las traducciones de novelas cayeron sobre
España como. un alud; pero como, en efecto,
se traducía mucho
de todo, y como
la producción indígena era muy pobre y la otra
destacaba por contraste,
el excesp de traducciones provocó cen­
suras en que van incluidas implícitamente la.s obras novelescas.
El argumento de los críticos es siempre
el mismo: tanta traduc­
ción bastardea y corrompe
la lengua. En realidad, lo que expresan
tales reproches, como otros análogos de principios del siglo
si­
guiente, es el malestar de una conciencia intranquila por el hecho
de
la decadencia, del lugar secundario que España ocupa en Euro­
pa y
de. su servi.dumbre respecto de otros países, sobre todo de
Francia».
· • .
Frente
a este hecho, no se acallan del todo, .las voces aisla­
das·
.de oposición y protesta,. cual. don Nicqlás Femández de Mo­
ratín (45): «Preg,/4ntasme, ya lo .veo, / Camilo, por que escribí/
Co,no el preste de Berc.eo: I Refpondo, porque nac! l Entre el
mar y el Pirineo» y e11 La petimetra, «Y todo esto, ¿en. qué se.
funda?./ .En que soy don Damiá11 Pablos, / Escribiente de un
señor, / con raci6n de. nuev.e cuartos, / acribillado de trampas /
a puro pedir prestado, /
y andar engañando bobas / con fingidos
ma'Yor~zgos » ..
En uno de sus Art!culos de Costumbres, recogía Mariano José
de. Lara ( 46), esta descqrazonadora :perspectiva, en la que dolo­
ridamente se ,diseñaba la intuida decadencia. de España,
más pro­
blemática para
los que profesamos con Menéndez Pelayo, en el
Epílo~o de sus Heterodoxos, que no suelen venir dos siglos de
oro
sobre. una misma nación, si bien-mientras no pierde la espe-
(43) Las ideas língü¡iticas .en -España dur_an_te et siglo XVIII, Barce-lona, 1985, núm. 106, pág. 276: .. . .· . . . . • · ...
(44) Introduccí'6ñ·a una histOritl, ·cit.;· i,ág. 31. ·
(45) Obras· de don Nicolás y de don Leandro Fernández de Moratín, B.A.E., Madrid,·1944, págs. 14-y 67.', · .. ·' • .• · · ·· ·
(46)
En esú pal,, Aitlculos de i:ostumhres; Clásicos castellanos · Ma-drid, 1971, págs. 129'y sigs. · · '
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ROMANTICISMO Y LITERATURA..
ranza de renovación y la fe en lo divino, aún cabe percibir un
esfuerzo de regeneración:
«Don Perequito
es pretendiente, a pesar de su notoria inuti­
lidad. Llevóme, pues, de ministerio en ministerio. De
dos em­
pleos, con los cuales contaba,. habíase llevado el uno otro candi­
dato que había tenido
más empeños que él.
-¡Cosas de España!-me salió diciendo, al referirme su
desgracia. .
-
Ciertamente -le respondí, sonriéndome de su injusticia-,
porque en Francia y en Inglaterra no hay intrigas; puede usted
estar seguro
de que allá todos son unos santos varones y los hom­
bres no son hombres •..
Llevóme en seguida a una librería, después de haberme con­
fesado que había publicado un folleto, llevado del mal. ejemplo.
Preguntó cuantos ejemplares
se habían vendido de su peregrino
folleto,
y el librero respondió:
-Ni uno.
· ......; ¿Lo ve usted, Fígaro? -me dijü-'-: ¿lo ve usted? En este
país no
se puede escribir. En España nada se vende ; vegetamos
en la ignorancia. En París hubiera vendido diez ediciones.
-Ciertamente -le contesté YD-'-, porque los hombres como
usted venden en París sin ediciones. · ·
En París no habrá · libros malos que ria se lean, ni autores
necios q_ue se· mueran de hambre.· -. · ·
-Desengáñese usted: en, este país no se lee: prosigÚió di-
ciendo. · · · · ·
-Y usted. que de este! se queja, señor don Periquito, usted,
¿qué lee? le hubiera podido .preguntar.
Todos nos quejamos de
que no se lee, y itlnguno · leeinos. · ·
-
¿Lee Usted los peri6dicos? -le pregunté, sin embargo.
-No señor;· en · este país no se silbe escribir. periódicos.
¡Lea usted ese Diario de los Debates, ese Times! ·
Es de advertir que don Periquito no ·sabe francés ni inglés,
y que en cuanto á los peri6dicos, buenos o malos, en fin, los hay,
y muchos años no los ha habido», · · · ·
Escribía don Marcelino (47), que la revolución literaria, que
se iniciaba en 1802·con Chateaubriand y' Madame de Stiiel, triun­
faba en 1830
c:ón 'Víctor Hugo, y· qúe Las cártas sobre los ingle­
ses, de Voltaire, fu_eroh una· ,obra .de· iniciación/ cuya efkacia;_sól<;>
pqede . compararse con 1i que tuvo a principios de nuestro siglo
la obra de la Necker
de Stael, y literalmente menciona que ·«los ' . . ' . ' \'ª ,-.-1
(~7} Hi;t~ia de las ideas estMcas, cit., V, Madrid, 1940, pá~: 226.
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.ANGEL MARTINEZ SARRION
verdaderos precursores de la literatura moderna en el siglo XVIII
.son, por unánime consenso de la crítica, Diderot, Rousseau y
Andrés Chenier, a los cuales pueden agregarse otros ingenios me­
nores_ La influencia de Rousseau fue la más profunda dentro de
la escuela romántica; Chateubriand, Madame de
Stiiel, Senancour,
Jorge Sand, se derivan directamente de él. Fue Juan Jacobo el
primer escritor romántico, no sólo por haber introducido en el
arte de su tiempo elementos novísimos, entre los cuales hay que
rontar la contemplación de la naturaleza, no ya como tema de
paisaje o
de · poesía descriptiva, sino como asociada a todas las
emociones humanas v como fuente de cavilación solitaria y vaga
{ reverie), mezcla de indefinible placer y de melancolia ; no sólo
por haber vuelto a descubrir el lenguaje
de la pasión, totalmente
olvidado, y haberle contrapuesto a
la galantería de los salones;
no
,sólo por haber · iniciado . la protesta espiritualista y semicris­
tiana en medio de
la hora de ateísmo que amagaba en inundar a
Francia; no
sólo por sus anatemas contra la civilización artificial,
sus pinturas idílicas de
1a vida salvaje y sus utopías sociales y
pedagógicas;. no sólo porque, representa la invasión de la demo­
cracia en
el· arte y. en la vida, sino porque el mismo fue el primer
romántico en acción, el primer enfermo de
lo que luego en 1830
·se llamó el mal del siglo,; el abuelo de Cbilde Harold, de René,
-de W erther,. de Adolfo, y de Obermann; el patriarca de una le­
gión de neurópatas, egoístas, melancólicos y soberbios, inhábiles
para.· Ja acción, consumidos míseramente por su propio fuego,
hastiados e iludidos por las quiméricas pompas de su espíritu,
,corrompedores
de la sincera visión del mundo y homicidas lentos
,de su propia conciencia y energía».
Si esto se producía en el mundo del · espíritu, en la conmo­
dón representada para las ideas, en la. propuesta intelectual de
nuevos modelos de vida, no menos alección resulte contemplar
-sus repercusiones en "los ambientes ·pooulares a ·Ios que, a fin de
ruentas, era a los que trataba de influenciar. Esta es la visión
a ras de tierra que aportaba Benito·
Pérez Galdós ( 48 ): «En los
primeros años del
si¡¡lo presente, lo mismo que en los últimos del
anterior, se·'habían extendido,. aunque circunsCt'itas a ml;iy estre­
cha esfera, las ideas volterianas. La revolución filosófica, tarda
v
· perezosa en apoderarse de la masa general del 'pueblo, hizo
estragos en los tres principales centros de educación:· Madrid,
Sevilla y
Salamancá, y es segur@ .que, las escuelas literarias de
(48) El audaz. Historia de un radical de antaño. En Obras completas,
por Federico C. Sajnz de Robles, IV, Novelas, 6.• ed., Madrid, 1966, págs. 233 y sigs. · " ' ·· ' · · · ·.
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ROMANTICISMO Y (.,ITBRATURA
estos dos últimos puntos, escuelas de pura imitación, no fueron
ajenas a este movimiento. Pero donde más
y mejor' prendió el fue­
go del volterianismo fue en Andalucía, cuya raza, impresionable y
fogosa, es inclinada a
la rebeldía, así politica como intelectual,
y
se deja conmover fácilmente por las ideas innovadoras. La tra­
dición y la historia guardan el recuerdo de caracteres viriles
alucinados por diabólico espíritu
de protesta, tales como Gallar­
do, Marchena, y Blanco White,
hiios los tres de Andalucía y
primeros héroes y víctimas de nuestras, discordias religioso poli­
ticas... Entonces era fácil procurarse los libros más contrarios a
nuestro antiguo
genio castizo ; y los que entendían alguna lengua
extranjera podían satisfacer fácilmente, su curiosidad sin temor a
que el Santo Oficio los molestara
ni de que el brazo secular los
persiguiera. Cundió el, volterianismo 'y la democracia platónica
de Rousseau. Como la exageración acompaña siempre fatalmente
a todo movimiento revolucionario, no faltaron en esta corriente
invasora las
doctrinas del más bestial y ridículo ateísmo, de aquel
dios llamado Ibrascha, a quien tributó culto don
Tosé Marchena,
en
la Consejeria de Paris en 1793 ... La raza holgazana de los
abates encontró en esto un motivo de entretenimiento; y el cul­
tivo de la poesía pastoril y amatoria, pagana, fría, y no reputada
por nadie, no
dejó de contribuir a la realización de aquel contra­
bando de ideas. Toda irrupción literaria
!leva en si el germen
de una irrupción filosófica».
Georges Gusdorf ( 49), recaba para Alemania la primacía del
romanticismo, en donde «aparece como un fermento cultural, un
tipo de sensibilidad característico
de la época, encontrando su
expresión adecuada en el Sturm und Drang ( tempestad y asalto)
que desenvuelve
sus ansias entre 1770 y 1780, en pleno reinado
de Federico el Grande, cuando todavía se dejaban oír los últimos
latidos del Aufkliirung. El fenómeno designado en Alemania
como Sturm und Drang, en modo alguno, se circunscribe a los
escritos surgidos ,de ella, sino que se produce en toda literatura
siempre
y cuando el espíritu creador juvenil permita arrastrar
las nuevas ideas
y se determinen a, resentirse contra las fuerzas
represivas de la
tradición; , por lo que, en manera alguna, seria
exacto considerarlo como una escuela, .. antes bien una situación
concreta de una juventud angustiada, que por su falta de sincro­
nía con los ambientes
sociales de su tiempo, se siente marginada,
pese a que, en personas concretas, de fuerte carácter e inspira­
ción, pueda exteriorizarse y dejar, sus huellas, cual acaece con el
(49) Fondements _J~ savoir 'riJtÍtantique. Les sciences humáines et la
pensée occidentale, París, 1982, pág. 23.
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ANGEL MARTINEZ SARRION
poeta Friedrich Maximilian von Klingen (1752-1831), que la idc,n­
tifica con el título asignado a una de sus obras dtamáticas, Sturm
und Dran g, a modo de una historia amorosa al estilo de Romeo
y Julieta, con
la guerra de la indeP"'?dencia de Améri~a c?mo
Deus ex machina. Toda una trayectoria en la que se msct1ben
individualmente y sin mantener una línea común, Jakob Michael
Reinhald
Lenz, nacido en 1751 en Sesswegen, en Livonia, quemo­
rfa pobre en Moscú, en 1792, adtnitadot de Shakespeare y de
Goethe
y que esgrimía por lema amor vincit omnia; J ohann Anton
Leisewitz (1752-1806), nacido en Hannover, que en sus tragedias
se acerca al modelo
de Goethe y de Lessing, aportando al Sturm
und Drang
su mejor producción tardía «die Raubern» (Los ban­
doleros); y finalmente, Heinrich Leopold Wagner (1747-1779),
que estudió derecho, condiscípulo de Goethe y luego abogado en
Frankfurt, si bien, como buen precursor del romanticismo moría
con treinta y dos años, dejando una tragedia Die Kindermiirderin
(La asesina de los niños), en la que tomaba los motivos del Fausto
de Goethe.
El romanticismo alemán
ni ha sido flor de un día, ni mucho
menos secuencia de una eclosión sentimental de quienes conven­
cidos de que
el triunfo de las ideas revolucionarias duran lo que
dura la revolución que
las engendta, esgrimen su pluma como
reacción silenciosa, aunque· eficaz, para que, bajo el señuelo de
sus personajes, puedan llevar al convencimiento de las gentes que
la representación de
la vida humana, no encuentra su vehículo
adecuado en
la comedía, sino en la tragedia; y que la poesía, es
la terapia más adecuada para dar salida al exterior a la tristeza
que inunda el alma.
Estas expresiones -más que propias refle­
xiones'-, aparecían acogidas en un hoy olvidado compendio de
Franz
Hora en 1813, intitulado Die schiine Litteratur Deuts­
·chlands, wiihrend desachtzehunten Jahrhunderts, en el que anun­
ciaba una
normalización de la «revolución filosófico-estética», en
la que aparecen entrelazados los primeros ingenios de la
época
en el amplio ámbito cultural: Friedrich Schlegel equipado por la
Revolución francesa; la doctrina científica de Fichte y el Wilhelm
Meister de
Goethe, la Kritik der Urteilskraft de Kant; las prime­
ras obras filosófico-naturales de Schelling ; con los proyectos
con­
juntos de Schlegel y de Novalis, pata infundir una nueva diréc­
ción al arte en general y a la literatura en particular.
Merced a la labor inconformista de estas. mentes, se abren
los nuevos horizontes
al sentimiento romántico, que en modo al­
guno constituye una «revolución» como se ha gustado repetir con
frecuencia, aplicando una terminología político-social, sino una
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
exaltación de la personalidad, que emerge fuertemente para des­
terrar los prototipos. Es la temática que Dostoyevski (50), pre­
senta en desgarradora belleza, la estampa familiar de un
peque­
ñuelo, a los que los libros de biografías, no le dedican ni tan
siquiera una página: «Esta mañana, a las cinco, pasó a mejor vida
el hijo pequeño de los Gorschkov. No
sé a punto fijo de qué ...
si de viruelas o, ¡vaya usted a saber!, quizá de escarlatina. He vi­
sitado hoy a sus pobres padres .. ¡Ah hijita, si viera en qué po­
breza viven! ¡ Y qué desorden en su cuarto! Aunque después de
todo, no hay que maravillarse de ello; toda la familia está
reco­
gida en úna sola habitación, que sólo por decoro han dividido
un
poco mediante un biombo. Ahora todavía tienen allí con ellos
el féretro del pequeño ... un ataúd muy sencillo, de los más ba­
rato,
pero muy primoroso; lo han comprado ya listo. El muerte­
cito contaba nueve años y, según dicen, hacía concebir las más
lisonjeras esperanzas. ¡Me
da pena, mucha pena ver su cuerpecito
inanimado, Varinka!
La madre no llora, pero está la pobre muy
triste. Puede que represente para ellos un alivio
al verse libres
de una boca; pero todavía
les quedan dos que alimentar: un niño
de pecho y una nenita de unos seis años que no es posible que
tenga más... ¡ Que sentirá el padre que
ve sufrir a un hijo suyo,
y querido, y
se encuentra en la imposibilidad absoluta de valerle!
El padre
de este niñito que acaba de morir, está envuelto en un
ttaie viejo, sucio y deshilachado, y se sienta en un silla medio
desvencijada.
Las lágrimas corren por sus mejillas, quizá no por
efecto del dolor, sino sólo
de la costumbre ... pero, sea como
fuese, los ojos le lloran ... La nena está apoyada en el féretro muy
quietecita y seria y muy ensimismada. No
me gustan, Varinka,
las niñas tan serias:
me causan inquietud. En el suelo hay tirada
una muñeca vieja
... pero la niña no la coge para jugar. Con el
dedito en
la boca, así está ella ... , así estaba y no se movía. La
patrona la obsequió con un bomb6n; ella lo tomó, pero no se lo
comió. ¡Qué triste es todo esto! ¿Verdad, Varinka?».
En este ambiente, la nueva orientación no había de encon­
trar fuertes obstáculos que vencer. Así, casi de manera espon­
tánea, surge lo que
se ha llamado «Die altere Romantik», el an­
tiguo románico, en la corte de Weimar en la noche de fin de año
del siglo
XVIII, en una fiesta de máscaras organizada por Goethe
y cuando era la medianoche,
se retiraron Goethe y Schiller, con
Schelling y con el noruego Steffens, a una habitación contigua
en donde emprendieron un diálogo vibrante y con champagne
(50) Pobres gentes, Madrid; 1970, pág. 118.
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ANGEL MARTINEZ SARRION
brindaron por el nuevo afio. Que los escritores alemanes, espe­
ranzados,
avizorasen el futuro ponderando el extraordinariamente
rápido despegue espiritual
de los antecedentes cincuenta afios, no
era algo
extrafio. Pero

lo
'lUe en el afio 1800 nadie podía prever,
era el resuelto apartamiento
.de las tradiciones del siglo xvm.
Nadie habría imaginado que lo clásico, que alcanzaba su cénit en
Weimar, ya presto, sería desplazado por el nuevo acicate del
in,
dividualismus
no clásico, que ciertamente, era menos negativo y
agresivo que el
Sturm und Drang de la época juvenil de Goethe
y de Schiller, pero igualmente
extrafio al ideal clásico. El viejo
tiempo del
Aufkliirung y del Humanismus dejaba su sitio a una
época romántica, introducida
en una fiesta de máscaras solemni­
zada para saludar
los umbrales del nuevo siglo.
Que la
escuela romántica se fundase en Berlín, la metrópo­
lis del racionalismo, no deja de parecer una ironía. Si bien hay
qúe volver a recordar que en Berlín, ya entre los afios 1797 y
1798, principiaba la amistad
entre Ludwig Tieck y los hermanos
Scblegel; y que, en esta capital, aparecía
en 1798, el primer nú­
mero
de la revista Atheniium, que como sucederá con todos los
órganos
de expresión de los románticos, tan sólo conoció dos afios
de su vida. Sin embargo, era Berlín la efímera cuna del roman­
ticismo porqué,-en el verano del año siguiente, sus portavoces
instalaron en Jena su casa propia. Los postulados y fines de la
escuela romántica eran desvahidos e• itnprecisos en estos pritnige­
nios tiempos.
Se integraba, en sus comienzos, por un gropo de
hombres eminentes; y apenas, menos mujeres muy .inteligentes,
acuciados por la decidida voluntad de apartarse del racionalismo
utilitarista por
un nuevo idealismo y un genuino realismo miran­
do al pasado. para llevarlo
al presente.
«La Poesía romántica --escribía Friedtich Schlegel en uno
de sus
Fragmente en Atheniium-(51), es una poesía universal
progresiva. Su determinación no
es sencilla, se reúnen de nuevo
todos los géneros poéticos separados para establecer
contacto la
poesía con
la filosofía, y la retórica. Se quiere y debe mezclar
también con
prontitud poesía y prosa, genialidad y critica, poesía
artística y poesía natural, hacer viviente y compafieta a la poesía
y poética a la vida
y a la sociedád». Y concluía «ein Ro man ist
ein romantisches Buch»,
una novela constituye un libro román­
tico.
En este antiguo romanticismo, se inscriben las figuras más
eminentes del mundo humanista alemán: los hermanos Schlegel,
(51) Briefe über den Roman. En: Gespriich üher die Poesie. Athena~
um, III. W erke, Kritische Ausgábe, II, pág. 33,.
970
Fundaci\363n Speiro

ROMANTICISMO Y LITERATURA
August Wilhelm .el mayor varón nacido el 5. de septiembre de
1767, traductor
de 17 comedias de Shakespeare, su hermana Ka­
roline nacida en 1763 y Friedrich en 1772, menos critico que su
hermano
pero más genio creador; Johann Ludwig Tieck nacido en
177 3, el mismo año en que Goethe daba a conocer
su. Gotz von
Berlichingen;
Heillrich Wackenroder (1773-1798), fallecido con
sólo veinticinco años, surgiendo de
su colaboración coo Tieck la
novela
Franz Sternbalds W anderungen, y finalmente como coro­
nación del sentimiento romántico
la personalidad de Friedrich von
Handenberg,
más conocido por su nombre adoptado de Novalis,
·con sus Geistlichen Liedern que imprime el ardor. místico del
cristianismo
al Hymnen an die Nacht y que no siente rebozo al­
guno en problamar su inclinación por él en su ensayo sobre Die
Christenheit oder Europa,
dejando una . estela inacabada de su
inspiración cuando fallecía en Schwindsuncht un 25 de marzo
de 1801, a pocos días de
cumplirlos veintinueve años de su exis­
tencia.
Y aunque se ha hecho lugar común que lo que para los pue­
blos jóvenes, que se abren a
la historia recabando un lugar en
ella, significa la poesía,
cotno expresión de ]os sentimientos que
les infunden vida, viene a
ser la filosofía, para los que indolentes
o decadentes, incapaces de emocionarse o insensibles
para arro'
jarse a la corriente de. la historia, no tienen más remedio que
ensimismándose poner · en ide~s · sus acciones p.tetéritas · y encerr?r·
las en máximas de experiencia; sin embargo, con ello se ha .s0;
!ido distorsionar la imagen, ¡,ués a toda poesla se unirá para
acotnpañarla
la filosofía y esió con· )a misma natural situación que
la naturaleza nos ofrece del relámpago, adelantado, y del trueno,
demorado, pese
a la sincrónfa de su producción. ·
De lo cual se infiere que a este· témpranó romantipsmo, le
prestase cohesión
la actividad filosófica a la que, indúso, se sen­
tían vocados los poetas, como Novalis, y se áprestasen figuras,
tales, cual Friedrich Wilhelm Josep von Schelling nacido en Leon­
berg (Württemberg) en 1775,profesor de Filosofía en Jena, que
dedicaba al movimiento romántico las
Ideen ·zu einer Phüosophie
der Natur,
el escrito Von der Weltseele y el System des transcen­
dental.en · ldedismus;. Henrik Steffens que atraído por el movi­
miento
filosófico-romántico · fifaba .. su residenl:ia de profesor. en
Jena, donde daba a conocer el subjetivismo que
coúllevaba el
romanticismó,
eia su •obra· W as icb erlebte, en la que su propia
biografía le;
servía. de leiv-motiv para .pasar por el tamiz de ella
una versión
personal que dejabá. escrita ; Friedrich Ernst Daniel
Schleiermacher·; que como teólogo, bajaba de fas esferas superiores
971
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SARRION
del dogma para tratar se incardinar la religión, a modo de estí­
mulo vital, en el hombre, por
cuanto entendía que la religión no
era un seco edificio de dogmas, sino algo esencialmente contiguo
al hombre, por lo que concluía que la religión sería algo así
como
la poesía del alma (die Religion sei die Poesie der Seele), tanto
en su
Reden über di Religion como en sus Monologen. ¿Cabe
mayor exaltación y sublimación de
la espiritualidad que yacía en
lo
más íntimo del movimiento romántico?
Cabría
añadir que otro rasgo peculiar del movimiento román­
tico-, que viene a ser tan antiguo como el romanticismo, radica
en la necesidad sentida por los cultivadores de «respirar los aires
puros», de airear al tiempo los frutos de su inspiración, para lo
que relegan sus tertulias, de la categoría de salón que tenían en
el siglo xvm, a la de mero taller, en el que van dando forma a
sus obras que no son consecuencia de monólogos, sino fruto
fe­
cundo de un diálogo contrastado entre ellos y con la naturaleza
y los seres que
la pueblan, delatando sus esfuerzos en una serie
de revistas, tal la primera cronológicamente, que surge en Berlín,
con el emblema alegórico de
Atheniium (1789-1800), que tan sólo
se mantiene en vigor durante dos años, trayectoria ésta que
im­
primirá a todas las que numerosamente la sigan; de suerte que
si no puede afirmarse con propiedad que los románticos presen­
ten
como signo distintivo el de morir jóvenes, como predicaba
Richter en
el título de su obra Die Schonheit des Sterbens in der
Blüte des Lebens
(La belleza de morir en el florecimiento de la
vida), por cuanto murieron octogenarios un Goethe, August Wil­
helm Schlegel, Víctor
f!ugo, Lamartine, Coleridge, Wordsworth,
si traduce fielmente
la verdad que todas las revistas románticas
vienen a ser flor de primavera
. que, si logra sobrevivir a los ca­
lores estivales, vendrán irremisiblemente a sucumbir en dos o
tres aciagos inviernos.
A esta ley se sometían también los Heidelbergischen Jahrbü­
cher
fundados por Achim von Arnim y por Clemens von Bren­
tano en
1808 que s6lo se mantuvieron un año, el mismo tiempo
que
su predecesor Zeitung für EinSiedler (Periódico para un soli­
tario) lanzado ¡,or Johann Joseph von Gorres con la colaboración
de Johann Ludwig Uhland y de J acob v Wilhelm Grimm ;
al igual
que, en lo que se ha llamado «die Jüngere Romantik», fundaba
en Berlín Adelbert von .Chamisso, en unión con Karl August
V arnhagen von Ense, la revista
Musenalmanach .{Almanaque de
las Musas)
ronocida como el «Almanaque verde» (Grünen Alma­
nach ), que sólo estuvo en circulación de 1804-1806. Como puede
972
Fundaci\363n Speiro

ROMANTICISMO ·Y LITERATURA..
apreciarse, la breve vida de los hombres y de las revistas, la suplía
a abundante acumulación
de nombres de pila.
No por mi formación
germanista, sino. para rendir tributos
a una realidad, que recientemente ha pretendido ser desdibujada,
he dejado, quizá con excesivo acopio
de nombres y de fechas, la
fuerza de unos argumentos que hacen dificultosa la labor de mi­
nusvalorarlos o tergiversarlos. En ellos sólo juega el acicate cul­
tural, por haberse sabido preservar y guarecer del aguijón de la
política que ha distorsionado a los franceses e iogleses.
Autor nada puesto en tela de juicio como es Georges Gus­
dorf, escribe: «Estamos habituados a
admitir la existencia de es­
critores y de artistas románticos ingleses. Pero sería absurdo
hablar de una Inglaterra romántica en 1800, en 1810 o en 1820.
Los románticos británicos más notables están
al margen de la
ley, son los emigrantes de fuera o de dentro. El acontecimiento
de un Víctor Hugo no debe ocultar
el hecho de que no ha existido
en Inglaterra un movimiento romántico, con una sede social
y
unos órganos de prensa especializados», y concluye afirmando:
«L'Anglaterre du XIX' siecle sera victorienne, et non pas roman­
tique».
Cabe preguntar: Si, pues, la Inglaterra del siglo XIX no era
romántica,
¿ qué género de romanticismo nos importaban nuestros
emigrantes
y perseguidos por el absolutismo fernandino? El que
permitía recubrir culturalmente sus ideales políticos liberales,
pero en manera alguna
el genuino, amenizado por su fuerte anti­
clericalismo, áunque fuesen antiguos clérigos sus propagadores.
Sin embargo, resultaría simplista pensar que, mediante una
valoración de conjunto, sería suficiente para unificar todos los
criterios producidos, cuando precisamente el romanticismo se ca­
racteriza por sus individualidades, más que por una apreciación
de temas, ya que lo importante no es la temática, sino cómo se
recrea por el sentimiento en cada uno de sus componentes. Esto
origina
el acontecimiento curioso de que .entre 1799 y 1825,
Escocia, Alemania, Suecia, Dinamarca, Rusia, Noruega, Italia,
España, Inglaterra, Portugal, Bohemia, Moravia, Hungría, Servia,
Polonia, se lanzan a la empresa de buscar en su historia para en­
contrar poemas, ca~tos, baladas, ·cuentos, levendas, a las que in­
tentan suplantar su narración épica, vitalizando a sus personajes
olvidados, haciéndoles concesión
de sus sentimientos, acentuando
con ello,. su valoración lírica.
Pára Paul van Tieghem (52), el iniciador. de los sentimien-
(52) Le Romantisme dans la littbatUl'e europ§enne, trad. esp. José Al­
moina, México, 1958, pig. 18.
973
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ANGEL MARTINEZ SARRION
tos románticos, fue, sin duda alguna, Anthon Ashelen Cooper
Shaftesbury, nacido en Londres un 26 de febrero de 1671 y
falle­
cido en Nápoles en.1713, formado en la escuela de Winchester
bajo la dirección
de Lodre. Viajero infatigable, permaneció en
Francia, Holanda, Alemania y finalmente, por
su delicada salud
se situaba en Italia. Ello le permitió actuar de emisario y porta­
estandarte de las corrientes continentales en el Reino Unido,
si
bien su inspiración le permirió superar los modelos para hacer
verdaderas obras de arte.
En 1702 apareda The moralist y su­
cesivamente A letter tancerning enthusiams, Salilaquy, y espe­
cialmente en 1711 los tres tomos de sus magistrales Characteris­
tics of men, manners, -0pinions, times, a la qlle sigue dos años
después A notion of the historical draught ar tablature af the
judgment af Hercules,
que se incorporaba en 1900 por Robertson
a la edición de
Caracteristics. Ya fallecido veía la luz en 1716,
Severa/ letters, written by a noble Lord ta a young man at the
university.
Con ello, siquiera fuera por los contrastes, pero hermana­
dos en el deseo de dotar de autonomía, marginando al neoclasi­
cismo francés, se presentan el adalid del sentimiento clásico in­
glés, Alexander Pope, naeido el 21 de mayo de 1688 y fallecido
en
Zwickenham de Londres, d 30 de mayo de 1797, con su con­
temporáneo Shaftesbuty, adelantado de los románticos. Hijo Pope,
de
un hacendado comerciante de lino, por ser católico, encontró
cerradas
las escuelas públicas, por lo que sólo recibió enseñanza
privada.
La contemplación de. la · naturaleza se plasma en sus
Pastarais, aparecidas en 1702, si hien, sn valoración intelectual,
más que la propiamc;rtte -poética, se trasluce en su dos ensayos
Essay an criticism (1711) y Essay an man (1733). En una narta­
ción
épica The rápe af the /ack, describe papxjiando a las epopC:
yas el robo· por su admirador de una joven seducida y la alegría
que le prodticen·sus frívolas.naderías. Sin embargo, no se aparta
un. ápice
de su .Concepción racionalista;_ que condensa en la ·e,;­
presión, «todo lo cjue es razonable es bueno, todo lo demás es
malo». . ..
La perdurabilidad de Pope en elmovfiniento romántico, va
ligada a los berimmos Warton: El mayor Joseph; nacido én Drins­
fold (Surrey), en 1722, que ejercía de clérigo anglicano y que
desde 1754 era profesor·
di,Winchester .. Los dos tomos de_ Odas
lo acreditan como i¡¡iciador . de la poesía · romántica, aunque su
obra crítica.
Essay oiiihe genius tind writings of Pope, es el anun­
ci9 del romru,tidsnioingl~s,. recogiendo en nueve tomos en 1797,
las obras de Pope. F.-lleda en Londres .en 1800. · . · . ·
974
Fundaci\363n Speiro

ROMANTICISMO Y L_ITBRATUR.A
Emulando al mayor de los W arton, Tomás, nacido en Ba­
singstoke en 9 de 'enero de 1728 y fallecido en Oxford el 21 de
mayo de 1790, asentaba firmemente el sentimiento,
en Obser­
vations on the
Fairy Queen of Spenser (1752), que le habría de
servir de aprendizaje para empeñarse en su obra capital
History
of English poetry, 3 tomos, 1774-81, con el estudio exhaustivo
que le dedica Clavissa Rinaker.
Clérigo asimismo
como Joseph Warton, era Edward Young
Uuham (Winchester 1683-t Welwyn en 1765)
párroco de
Welwyn en donde contraía matrimonio con Lady Elizabeth Lee,
hija del Conde de Llchfield.
Imita el estilo epistolar de Samuel
Richardson, a quien dirige su obra, en
Con¡ectures on original
composition,
que a poco es traducida al alemán y ejerce una acu­
sada influencia en el Sturm und Drang. El mundo de la noche,
como ainbiente de misterio y de tinieblas para situar
las escenas
de la
11ida y de la muerte, que alcanza a ser temática obligada del
sentimiento romántico, encuentra su
via de penetración en Night
trought. The complaint
Or might thaughts on life, death and inmor­
tality, 1742-45, vertida al alemán en 1751 por Ebert (53}.
Pero,
si los esfuerzos de los 'prerománticos ingleses, iban en­
caminados
a independizarse de las concepciones francesas, ayuda­
dos por los autores alemanes, una vez consolidada la conciencia
peculiar inglesa, se abte, dilatadamente, para dejar sentir sus hue­
llas
en el continente. A esta empresa estaba especialmente llama­
do Samuel Richardson (Derbyshire 1689-t Londres 1761); con su
obra
Pamela, or the, virtue rewarded, Londres 17 40, que se dra­
matizaba por Voltaire bajo el título de Nanine en 1749, por Gól­
doni en Pamela Fanciulla y Pamela Maritata en, 1750, y final.
mente en
Clarissa the history of a young lady, 1748, que, si
ciertamente, denotaba la
influencia ,del ,abbé Prevost, Histoire du
Chevalier des Grie'ux et de Manan lescaut,' aparecida en 1731,
jugaba Clarissa un relevante papel en La , nouvelle Heloise, de
Rousseau, 1761; en
Die Leiden des ;ungen Werthers, de 1774
de Goethe; en,
Les Etudes de la Nature de Benardino, de Saint­
Pierre,'
en 1784; y singularmente, por el tono moralizado/ de
Richardson, sirvió Pamela de modelo para aventajar a los viejos
narradores
'de leyendas, por la sencillez de 1~ novela inglesa, y en
tal carácter acogerse
pot el círculo de Leipzig, señaládainente por
el autor preferido Christian Fürchtegott Gellert, que mediante
ella desplaza la
comédie larmoyante francesa, para dar a la luz
f53} Tieghan, · La poésie, de--la doit' .. et,·des· iombeamc -en Europe au
XIX6
, sifcle, Brussel, 1922.
975
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SARRION
su única novela Leben der schwedischen Griifinn von G (1747-
1748), reputada como la primera novela burguesa alemana.
Don Marcelino escribía (54
), que en Inglaterra «el romanti­
cismo era
allí instintivo como en Alemania; estaba en la sangre,
en 1a raza, en la atm6sfera, se practicaba sin contradicci6n formal
de nadie, . pero nunca tuvo preceptiva propia; los cánones oficia­
les eran siempre los de la poética aristotélica ; entendida a la
italiana, es decir, con más libre y amplio y poético espíritu, en
el siglo
x:vr. y primera mitad del XVII, desde Spenser hasta Mil­
ton; entendida a la francesa, es decir, con un formalismo más
mecánico y un espíritu más 16gico que poético, desde Dryden
hasta fines del siglo
xvm ... Mtiquitas saeculi ¡uventus mundi,
repetía en mil formas Bacon, mucho antes que Descartes hubiera
escrito: "Nosotros
somos los verdaderos antiguos". Y un pensa­
dor oscuro, que fácilmente puede ser afiliado a su escuela, Jorge
Hakewill, rector del Colegio
de Exeter, en un interesante libro
publicado en 1627 con el título de
/!polo gía del poder y provi­
dencia de Dios
en el gobierno del orbe, o examen y censura del
error común, que afirma
la perpetua y universal decadencia del
mundo, emprendió una demostración total y directa de la ley
del progreso».
Helene Richter
(55), enmarca el romanticismo inglés entre
el año 1766, en que se publica el Vicar of W akefield y el año
1832 en que tiene lugar la muerte de Walter Scott, mientras que
Beers
(56), mantiene que al no darse escuela alguna y tratarse
más bien de acciones personales, lo único que puede considerarse
de romántico, al margen de las fechas, es el retomo a las anti­
güedades nacionales, el gusto
por la Edad Media y por las leyen­
das. Es así como la búsqueda del pasado, resucita el bardo
esco­
cés Ossian, que se situaba, caso de haber existido, en el siglo m,
y que, parece que no escribió poema alguno. de los que en 1760,
los componía
el maestro de escuela escocés, Macpherson, atribu­
yéndolos a Ossian, un ciego inspirado
....c..eomo Homero-, que
como lazarillo utiliza a
la viuda Malvina. En 1777 aparecen tra­
ducidos
al francés, llevando las empresas de caballerosos guerre­
ros, llenos de buenos sentimientos e.invariablemente enamorados,
entronizando el sentimiento sobre la razón. Fervorosos defenso­
res y admiradores de estas epopeyas fueron Chateaubriand y
Madame Germana Necker de
Stael.
(54) Historia de las ideas esthicas en España, cit., IV, pág. 347.
(55)
Geschichte der englischen Romantik, Halle, 1911-16:
(56) A History o/ the Englisb Romantt'cism in the 19th century, New
York, 1902. ·
976
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ROMANTICISMO Y LITERATURA.
Ante este cuadro, Menéndez Pelayo (57), considera que
«nada
se encuentra en Inglaterra que recuerde el espíritu siste­
mático y
reflexivo con que procedieron Lessing y Herder, Schiller
y Goethe, y posteriormente los romálltieos. Los poetas fueron
los que, movidos por un instinto semi-divino, sin acordarse de
teorías, o contradiciendo de hecho las que ellos mismos profesa­
ban, rompieron las cadenas de una imitación extraña, positiva­
mente antipática a su genio nacional, y crearon una nueva· y es­
pléndida poesía, a la cual fuera de Shakespeare y acaso de Spenser
y de Milton, nada puede oponer la poesía inglesa antigua. ¿Pero
qué meditaciones ni qué
intencionalidad hemos de suponer en el
verdadero progenitor del romanticismo inglés, en el primero que
infundió en las venas de la poesía
de sü patria el espíritu nuevo,
en
el bravío e indómito catretero escocés Roberto Burns (1759),
uno de los poetas más próximos a la
naturaleza y más verdadera­
mente
populares que han existido, aún con la desventaja de haber
nacido en época
no primitiva, cuando ya lo popular fluctúa entre
el escollo de lo vulgar y el de la media cultura? La Biblia y :las
baladas de Escocia fueron la única educación poética de este
genio crudo y semi-salvaje, que
en algunos momentos se levantó
a
la sublimidad verdadera, y casi siempre alcanzó la sinceridad
absoluta, o al tenor
de sus vehementes y desapoderados efectos
de amor o de odio:
cólera plebeya, instinto de rebelión igualita­
ria, insurrección de los sentidos hambrientos y excitados, y
al
mismo tiempo ternura inmensa hasta para lo inanimado, eomo de
quien vive
en contacto no metafórico con la naturaleza ; de donde
nacen un vigor de sensaciones no visto jamás en poeta culto, y
una vena satírica, turbia y brutal a vo;ces, pero copiosísima, real­
zada además por el uso de su nativo dialecto» .. Los párrafos pre­
cedentes de don Marcelino, dejan
trazada .la semblanza de la obra
de Burns, que supo reeoger
y tr~nsmitir la temática de Pope,
Thomsorts y Ramsays, de las sagas y lider de su patria escocesa,
haciendo de ello
un instrumento de. poesía, en sus Poems, chiefly
in the Scottish
dialects.
En esta línea se inscribe Willian Cowper (1731-1800), que
desde su tierna
infancia padecía con reiteración trastornos men­
tales, que hicieron de
él un solitario enfermizo y místicff poeta,
exaltada y
e¡¡:acerbada por el párroco Newton de Olney, hasta el
extremo
de hacer de él un alma .suave y femenina, que se trasluce
en sus melifluos
Poems incluidos en 1779 en los Ilney hymns, y
(57) Historia de las ideas estéticas, IV, págs. 354 y •sigs. ·
977
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ANGEL ·MARTINEZ SARRION
su posterior balada cómica John Gilpin en 1783 y sus poesías
sueltas
T he task. .
Se sitúa, asimismo, en este· terceto, la figura de George Crabbe
(1754-1832),
dérigo anglj,\:ano, dedicado a sus. feligreses en la
parroquia de l'rombridge, en torno a la que gira su poesía: Ine­
brie}y (1775), The library (1.781), The vi//age (1783), The news­
paper (1807) y The bo,-ough(l810).
Es obvio observar que no,es dable constatar escuelas ni círcu­
los más o menos restringidos . o amplios de entusiastas dispuestos
a ingresar las huestes del nuevo mundo diseñado
por. el roman­
ticismo. Ni tan siquiera se puede ver los conventículos en lugares
habituales de reunión, como la tertulia de doña Frasquita en· Cá­
diz, en Miláo, en Baro,lona, en Heidelberg o en Madrid, singu­
larizado
en La Fotitiina de Oro, descrita por Galdós en la novela
del mismd título.
. · . ,
Con
Cazamian (58 ), hay que convenir que si bien el movi­
miento
· romántico, al igual que en otros países se hace visible
por
el predominio de la imaginación y la sensibilidad en losmár­
genes de la expresi6n literaria, que vuelca. al poeta hacia la Edad
Media ya
. convertida en centro convergente de su miras por. los
prerománticos
y hacia una naturaleza de países desconocidos, re­
motos, a las
veces más imaginada que observada, sin juicios filo­
sóficos ni en un ciesbordai;lo naqon,ilismo inconformista ; ni tan
siquiera
en discusiones. puta(lienté literarias y estéticas, ya que,
el
romanticismo inglés es ,personal· y subjetiyo, con una marcada
inclinación
por los . cu~dros narrativos, en los que la imaginación
es
el único so¡,orte objetivo. . .· · · . . . . ·
. . Se . suele decit que'· el ro man ti cisme¡ inglés apa¡ece identificado
con los lakistils · o Lake Séhool .~ nombre de the lake school,
lo utiliza p<>r yez primera Jeffiey en 1817--integrando entre
ellos
-no en su esci.iela, porque nunca ha existido-,-a los póetas
que
vivían alrededoí- de 'los lagos de W e,stmorel\Uld y de Cum­
berlaod
en loi, aledaños del comienzo del nuévo siglo, nacidos
todos ellos
entre 1770 y '1175: Wótdswortb, Coleridge y Southey.
Willian Wordsworth,
nacíaeL7 de abril de 1770 en Cocker­
nouth (Cumberlaod) y morfa un 23 'de abril ~! mismo día que
Cervantes, pero con distancia de siglos-de 1850. En Cambrid­
ge,
recibe ]as ideas de· Ja revolución frillicesa, sin que, hi . super­
cial$ente llegasen 'a dejar paso en su espíritu, inmunj;,ado por su
amor
pat.rio, significado en fa espepal icliosinc:rasia que infunden
(58) L'évolution psychologi,t¡ue de la litterature. en &gÍeterre (1660-1894), París, .1920~ ' · --.; ·' 1
, ·''· ·. ·'-,, -.-• ·-•
978
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
al hombre los lagos, que ensalza en su poema An evening walk
y en sus Descriptive sketches. En estos versos se ve tremular al
campo, por el que pasan las más recónditas y sencillas emocio­
nes,
cnn menosprecio de la literatura urbana que, había llegado,
a meramente convencional.
Poesía meditada, resposada, experi­
mentada, en el polo opuesto a la
reflexh,a e intelectualista de
los neoclásicos.
Mas, hay
un hecho que no debe despreciarse par su especial
trascendencia: en 1797, inicia su amistad con Coleridge, publi­
cando conjuntamente,
en 1798 Lyrical ballads que ha sido con­
siderada como la muestra consagradora de los
lakistas, por plan­
tear, abiertamente,· el sentimiento romántico.
En 1799 viajaba a
Alemania
con su hermana Dorothy y con Coleridge, cuando es­
taba en plena actividad su primera escuela romántica. De regreso,
en 1805, terminaba su poesía autobiográfica The prelude y en
1807 daba la luz en dos tomos sus
Poems. La estética de Words­
worth, a semejanza de la de Goethe, se explaya en su celebrado
poema
T he Excursion, en sonetos pulidos y logrados, y en cuyo
prefacio lleva a cabo una clasificación de sus poemas en
referen­
tes a
la infancia, los fundados en afectos, los de imaginaci6n, los
recuerdos de un
vía¡e a Escocia, de otro viaie por el Continente
y los atañentes a la ve;ez. ·
Segón su convicción, su poesía se complace en extraer los
incidentes y situaciones que se proclllcen en la vicla común, para
relatarlos o describirlos en le lenguaje que usualmente emplean
los hombres, dotándolos de
un colorido imaginativo, de modo
que
lo que es vulgar, sin dejar de serlo, pueda irtadiar la belleza
que
es susceptible de atesorar; ante todo, en los ambientes rús­
ticos y humildes,
en los que las pasiones se manifiestan sin afec­
tación ni con disimulo, sino con su vitalidad y su fuerza; pues,
el sentimiento se salva y se redime cuando no está falseado, para
expresar la comunicación del alma
cnn la naturaleza, communi­
catio mentís et rerum, en diálogo continuado del hombre con la
esencia de las cosas,
«Wisdom and spirit of the Universe».
Samuel Taylor Coleridge, nacía un 20 de octubre de 1772
en Ottery St. Mary en Devon, hijo de un eclesiástico anglicano
y fallecía
un 25 de julio de 1834 en Highgale. Ha sido calificado
de «ingenio desigual y calenturiento, lleno de visiones humanita­
rias y de sueños· de regeneraci6n universal»; estudiaba en· Cam­
bridge, como lo había hecho también Wordsworth, pero a dife­
rencia, con él, le.impresionaban enormemente las ideas de la revolu­
ción francesa, que le inducen a enrolarse
de soldado y a concebir
la idea apasionada de fundar una república comunista en
Amé--
1979
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZSARRION
rica. Fruto de estos años fue la colaboración en la obra The fall
of Robespierre, en 1794. Como corifeo de esta utopía comunista,
de una conferencia en Bristol, surge en 1795,
Conci01Zes ad po­
pulum. Viene a ser el más cosmopolita de los románticos ingleses,
al punto de interesar a .Wordswortb
en su viaje a Alemania, que
no fue meramerite pasajero como para ·su :amigo, sino que lo re­
tuvo hasta profundizar en la filosofía alemana, que se esforzaba
por difundir
en sus conferencias, a partir del 1805 una vez ya
asentado, con ideas conservadoras, en su país. Sin embargo, tuvo
que hacer frente,
en una lucha empeñada consigo mismo, para
sometido a tratamiento médico, desterrar su
opiomania. Admi­
.~ de Schiller, en 1800 vertía en lengua inglesa Wallenstein.
Sus baladas adquieren el rango de clásicas por su sonoridad, temá­
tica y precisión'en
el verso: The ancient maríner y Christabel.
Con análogos impulsos a Coleridge, deseoso igualmente de
la formación de
un Estado comunista, y colaborador en la trage­
dia The /ali of Robespíerre, es Robert Southey, nacido en Bris­
tol el 12 de agosto de 1774 y fallecido en Reswick el
21 de marzo
de 184
3. Su facilidad para los idiomas, hizo de él un consumado
políglota, a lo que unía su desbordada pasión por la lectura, es­
timulada por sus
segundas nupcias con la escritora Karoline Anne
Bowles. Ello le permitía alternar su inspiración poética, concer­
tada en los dos tomos de
Minors poems, con sus aficiones de bi­
bliófilo e historiador, con
Joan of Are; y, por su dominio del
castelland, convertirse en el primer hispanista inglés, cual lo
acre­
ditan sus Cartas sobre España, Roderick, the last of the Goths
y sus traducciones . arregladas del Amad is de Gaula y del Tirante
el Blanco. Sin embargo,· por mor de sus tentativas épicas, no se
detuvo en sus peregrinaciones por lo que, para su tiempo, eran
los lugares
más recónditos del mundo. Así ven la luz, Thalaba
the destroyer, sobre los países árabes; Maddoc, en la que recrea
el país de Gales
y finalmente T he curse of Kehama, cuya acción
transcurre
en la India.
Con estas figuras singulares está tan vinculado
el movimiento
romático, que propiamente con su desaparición, no dejan discípu­
los ni seguidores. Y es que,
no podía suceder de otro modo, pues
como gustaba decir Southey,
«ni Wordsworth, ni Coleridge, ni
Wilson, ni
yo; sabemos lo que es un takista».
Luego de los lakistas, de las Lyrical Ballads, hace presencia
lo que se conoce por el segundo romanticismo inglés. En él se
incluyen el escocés Walter Scott (1771-1832), con sus novelas
históricas inspiradas
en la tradición de su patria chica, inaugura­
das con
la publicación· anónima de Waverley, al que siguen una
980
Fundaci\363n Speiro

ROMANTICISMO Y UTERATURA
verdadera pléyade de poetas de primerísima categoría, unidos
todos ellos por el rango común
de haber alcanzado una muerte
prematura, en plena flor
;de su vida: George Gordon Noel, Lord
Byron (1788·1824), Percy Bysshe Shelley (1792-1822) y John
Keats (1795-1821). Con la muerte del
más longevo cje!terceto,
termina, para Helmut Viebrok (59), el movimiento romántico
inglés, de duraci6n efímera, por venir determinada con
la publi­
cación
de los Poemes posthumes de Shelley en 1824; si bien, se
pretende atribuirle un suplemento de ocho años, hasta
el 1832,
fecha de la publicación del
Reform Bill, que resulta difícil de
pensar que hubiese preocupado lo .más
mínimo a estos tres gran-
des poetas. .
Respecto al punto de origen, se suele identificar en el año
1789, el año de
la Revolución, en el que ven la luz los Songs of
lnnocence (cantos de inocencia), de William Blake ( 1757-1827),
que conoció
la prisión por su jacobonismo. En verdad, William
Blake,
más que un pionero es un epígono del cortejo de poetas
que encabezaba Lady Winchelsea (1661-1720). Pese a que,
pro­
piamente no puede hablarse de. escuelas, por la sencilla razón de
que no existen, ello no quiere significar que el movimiento
ro­
mántico sea algd excepcional y extravagante, a manera de moda
de revestir los sentimientos, pues como escribe Georges Gus­
dorf (60), desde el momento en que el romanticismo aparece
de­
finitivamente, no se aprecia solución de continuidad alguna en el
movimiento de los espíritus, con lo que sin saltos y con sólo los
altibajos que
se producen del paso de una personalidad a otra,
hay una sucesión de
poetas desde el siglo XVIII ; en una época en
la que, en
el resto de Europa, el lirismo parece encontrarse en
vías de debilitamiento, atestigua la vigilancia de los valores de
emotividad y
de imaginación, porque la relación fntima del ser
humano, con una naturaleza no sofisticada es, ciertamente, la
que suscita la ola del romantic, en uso en la lengua inglesa mucho
antes de que alcanzase a invadir los idiomas continentales. Y
es
que, la poesía inglesa, es una poesía al aire libre, por lo que en
este aspecto, la aportaci6n del romanticismo, tan. sólo
se experi­
menta en rodear
al paisaje de un cierto exotismo oriental, en base
a que tantd Byron como Shelley, se exiliaron, por lo que con ellos
llevan su p~aje al que enriquecen con sus nuevas impresiones
lejanas; y ambos, al igual que Keats, morirán lejos de su patria,
(59) Die Englische Romantik. En: Europaische Romantik, Frankfurt
m Main, 1972, págs. 33 y sigs.
(60) NáiSsance Je la conscience romantique au siecle des lumieres, Pa­
rís, 1976, p,lgs. 365 y sigs.
981
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ANGEL MA.RTINEZ SA.RRION
como siguiendo la tradición, que en los inicios del siglo XVII, se
produjera con Shaftesbury, reputado por fundador de la concien­
cia romántica inglesa. En efecto: Keats, enfermo, muere con
veintiséis años en Roma, después de haber llevado en el campo
una vida consagrada a la
poesía. Byron y Shelly no podrían con­
siderarse representativos de una situación cultural que han tomado
a contrapié;
por lo que, desempeñan el rol de outsider, del outlaw,
c¡ue oponen resistencia a la integración ell su comunidad de ori­
gen. La obra y la actividad de lord Byron, constituyen un desafío
continuado para
el establishment británico; Shelley, discípulo del
pensador revolucionarid Godwin,
se mantuvo fiel a una verda­
dera anarquía de sentimientos, de su pensamiento y
de su con­
ducta. La muerte de estos hombres es un ataque a las viejas con­
cepciones y un desprecio a sus corifeos: Shelley · encuentra la
muerte a consecuencia de
un riesgo estúpido en la Riviera italiana
y Byron en Grecia, a donde había ido con una brigada de qui­
nientos hombres sufragada a sus costas para acudir a
la toma de
Lepanto.
.
George Gordon Neil, Lord Byron, volviendo a lo relatado,
nacía un
22 de enero de 1788 en Londres y moría en Mesolongion
el 19 de abril
de 1824, perteneciente a una noble familia de
Burun, que hasta el tiempo de Guillermo el Conquistador poseía
el título de Barón
de Rochdale, siendo sus padres John, desapa­
recido en 1791, con el cargo de Capitán de
la Guardia real y de
su segunda
mujer Katharina que le sobrevivió hasta el 1811.
Cuando aún no había alcanzado
los ocho años, era enviado a
pasar una temporada en
Holanda para fortalecer su delicada sa­
lud. De 1805 a 1808 estudia en Cambridge y allí, en tanto estu­
diaba,. publicaba anónimamente
Fugitive pieces (1806) y Poems
on
various occ11sions ( 1807). En junio de 1809 lleva a efecto un
viaje a Portugal, España, Malta, Grecia y Asia Menor, con una
detenida visita a Constantinopla, regresando a Inglaterra en 1811.
Fruto de este recorrido lo constituye
la aparición en 1812 de
Chi/,de Harold's Pilgrimage.
La peregrinación de George Byron, queda enmarcada en los
cuatro cantos que integran el poema. Los cantos I y II son una
miscelánea de la descripción
de su viaje y de la visión de la his­
toria. El canto III viene a ser una especie de confesiones imagi­
nativas al estilo de Rousseau y de Wordsworth,
junto con su re­
lación con Shelley y a su lectura de La .Excursi6n. El_ canto IV
se polariza en la interrelación personificada en los sentimientos
de Byron e Italia: . ·
·
982
Fundaci\363n Speiro

ROMANTICISMO Y LITERATURA
Algo peor que la adversidad le acontecú a Childe Harold
Senda la plenitud de
la saciedad.
(Canto the First. IV)
(Worse than adversity the
Childe befe/l; / He felt the fulness
of saciety).
El canto III se inicia con la partida de George al exilio,
luego de ser abandonado por su mujer Anna Isabella Milbauke al
nacer
su hija Ade Augusta, que con el tiempo sería Condesa Lo­
velace, Corría los comienzos del año 1816 y huyendo de su des­
tino, su matrimonio puso fin a sus continuadas desavenencias de
poco más de un año, para establecerse, después de seguir el curso
del Rhin, en Ginebra, buscando la compañía hogareña del ma­
trimonio Shellen. La descripción del viaje y el encanto de Suiza,
son la materia que colma
el canto the third: « ¿Qué soy yo? Nada:
¡,ero tampoco lo eres iú» (What am I? Nothing: but not so art
thou) (III, VI);
En
el canto IV llegaba a Roma, pasando por Venecia en la
que entabla relación· con la Condesa Teresa Guiccioli, la meta de
su peregrinación: la enfermedad, la muerte, el cautiverio, llevan
la dolencia a la mente
y ésta, avizada por la fiebre de una falsa
creación, desemboca en la instauración de las negaciones, a modo
de una letanía obsesiva:
Nuestra vida es una .naturaleza falsa -no está en
La armonía
de las cosas, , este duro decreto,
Esta
iriextirpable marcha de pecado,
Este iliinitado hacia arriba, · este árbol que todo lo arrasa
Cuya
raiz .es la tierra, cuyas hojas y ramas son [rocío
Los cielos que dejan caer sus plagas sobre lqs hombres como
Enfermedad, muerte, cal.ltiverio -todas las naciones que vemos,
Y peor/las aflicciones que no vemos . que palpitan en
El alma incurable, con angustias jamás conocidas.
(canto the Fourth, CXXVI)
(Qur Ufe is a false nature -': 'tis not in / T he harmony
of ,things,-this hard decree,/ This uneradicab/e. taint of sin,/
This boundless upas, this all-blasting tree,/ Whose root is
eartb, whose leaves an hranches be / The skies which rain
their plagues on men /ike dew- / Disease, death, bondage •
ali. the woes we see,/ And wot se, the woes we see not ·
which throb through / The immedicable soul, wifh heart ·
aches ever new).
.983
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SARRION
En julio de 1816 escribía en Ginebra Prometheus, simultá­
neamente al canto
III de Childe Harold, tan sólo en tres estrofas,
mantiene
la línea de los temores proféticos de Milton, al igual
que lo efectuaba Blake en
El matrimonio del cielo y el infierno,
y Shelley en su Prometheus unbound: los ángeles caídos
en El
Paraíso perdido entonan lúgubres lamentos por su caída, al tiempo
que
Cain celebra sus hazañas deslizándose a través del Caos:
¡Titán! en ti
se ha puesto la lucha
Entre el sufrimiento y la voluntad,
Que torturan cuando no pueden matar.
(Estrofa II)
(Titan! to thee the strife was given / Between the suffe­
ring and the
will, / Which torture where they canno kili).
En 1817 escribía Byron un poema «de un carácter muy sal­
vaje, metafísico e inexplicable»: Manfred. A dramatic poem. Su
carácter es el del Fausto de Goethe y el del Prometeo de Shelley,
y puede decirse que forma
el drama romántico de la alienación y
la renovación. Fausto lucha por lo universal y Prometeo es
apo­
calíptico. El delito de Manfred es el de Byron, el incesto delibe­
rada y conscientemente cometido.
La escena se sitúa en los Alpes,
en donde Manfred tiene un castillo. Solo, en una galería gótica,
a medianoche, por arte de alquimia requiere
la presencia de una
estrella condenada, que
se manifiesta como Astarté, su hermana
y amante, que cuando trata de abrazarle,
se desvanece y cae sin
sentido. Como Hamlet, siente aversión a su condición
humana:
Mitad polvo, mitad deidad, incapaz por igual
De
hundirse o encumbrarse.
(Half dust, half deity alike unfit / To sink ofsoar).
Su intento de suicidio 1~ frustra un campesino. Para reani­
marle
le ofrece un vaso de vino que tiene sangre en sus bordes
y en
·su contemplación · entiende que su acto · incestuoso equivale
a
un asesinato. Aturdido por su delito, desciende a un valle más
recóndito de los Alpes, al pie de una catarata, que identifica con
el corcel de la Muerte en el Apocalipsis. Invoca a la Bruja de los
Alpes, que le promete la inmortalidad, que Manfred· rechaza, jun­
to con
el ofrecimiento que le hace de que olvidará .su pasado de­
lictivo si se pone a su servicio y adora al espíritu satánico de
Arimanes, a lo que
no accede, si bien, le pide que aparezca el
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
fantasma de Astatté. Ante ella, Manfred le, ruega que lo perdone
o lo condene,
más ella rehusa haoerlo. sin que pueda obligarle
Arimanes, porque pertenece a «los otros poderes»,
.al dios de la
luz infinitamente remoto y escondido. Manfred insiste en
su de­
precación, a lo que conmovida, sólo le deja este mensaje: «Ma­
ñana terminan tus males terrenales». Se despide y desapatece.
Los espíritus inmortales quedan desconcertados ante la grandeza
del dolor
y del sacrificio de los mortales:
Un espíritu:
Se convulsiona. Esto es ser mortal
Y bnscat las
cosas más allá de la mortalidad
Otro espíritu: Sin embargo, mira,
se domina, y hace
Su .tortura tributatia de su. voluntad
Si hubiera sido un de nosotros, hubiera hecho.
Un espíritu horrible.
(Final de
la escena IV del acto II).
(A Spirit.-He is cónvulsed -This is to be a mortal /
And seek the things beyond mortality / Another Spirit.­
Yet,
see, he mastereth himself, and makes / His torture
tributary
to bis will. / Had he been one of us, he would
have made / An awful spirit).
Imperdonable falta· sería omitir toda alusión a una. obra, que
al menos, en cuanto a la tipología del personaje, vincula a Byron
con España: por supuesto que me refiero a Don Juan, escrita
entre los años 1818 al
Z4, y dividida en XVI cantos.
La estética romántica del Don .J flan, apareoe reflejada en estos
versos:
Deseo un héroe: un deseo poco común,
Cuando cada año-,, cada mes, nos trae uno .nuevo,
Hasta que, después de llenat los periódicos de jerga,
La época descubre que no es el verdadero:
De uno de éstos no me atrevería a hacer ostentaci6n,
Tomaté por tanto a nuestro viejo amigo Don Juan -
Todos los hemos visto, en la pantomina,
Enviado
al diablo un poco antes de tiempo.
(Iniciación
del canto 1)
(I want a hero: an uncommon .want,/ When every year
and month sendes forth a new one / Till, after cloying the
gazettes with eant,/ The age discovers he is not the true
985
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SARRION
one: / Of such as these I should not eare to vaunt,/ I'U
tberefore take our ancient friend Don Juan - / W e ali have
seen him, in the. pantomime, / Sent to the devit somewhat
ere bis time).
Se ha querido ver en estos párrafos una alusión al Don Gio­
vanni de Mozart. Sin embargo, es, más bien, una parodia épica,
centrada en
la caída del hombre. En el canto I se relata la pér­
dida de la inocencia de un Don Juan de 16 años, seducido por la
belleza de doña Julia. En · el canto II Don Juan se emplea en
recorrer mundo, naufraga y halla el segundo y más grande de sus
amores: alcanza la playa y encuentra a Haidée, hija de un pirata
ausente, que parece concentrar la inocencia personificada,
aun­
que para Byron no hay persona alguna que sea inocente:
¿Oh amor! Tu eres
el verdadero dios del mal,
Porque, después de todo, no te podemos llamar diablo.
(Oh, Love! thou Mt the very god of evil,/ Por, after
all, we cannoto cal/ thee devil).
En el canto IV se agota, o parece agotarse la inspiraci6n del
poeta, que trágicamente apresura un provisional desenlace: Don
Juan, herido,
es vendido · como esclavo y Haidée muere con el
niño que no Ueg6 ·a nacer:
986
Ella muri6, perd ·nó sola; llevaba dentro
Un
segundo principio de vida, que podría
Haber traído un niño hermoso e inmaculado del pecado;
Pero se cerró su pequeño ser sin luz,
Y se fue sin nacer a la fosa, donde
El
capullo y la rama yacen marchitadosrpor el mismo tiz6n;
En vano los rocíos del cielo desciendert sobre
La sangrante flor y el fruto maldito del amor.
(Canto IV, LXX)
(She died, but non alone; she hell within / A second
principie of life, which might / Have
dawn' d a· fair and
sinless child of sin;/ But closed its little being without
light,/ And went douw to the grave unborn, wherin / Blos­
som and bough líe witber'd with one blight; / In bain the
dews
of Heaven descend above / The bleeding flower and
blasted fruit of /ove). ·
Fundaci\363n Speiro

ROMANTICISMO Y UTERATURA
Muerta Haidée, «porque el amor es vanidad, _egoísta de prin­
cipio a fin»
(for lOtJe is vanity, selfish in its heginning as its end),
encuentra Don Juan a dos Emperatrices: Gulbeyaz de Turquía
y Catalina la Grande de Rusia. Más a
partir de este momento,
Don
Juan, empieza a sentir como Childe Harold «la plenitud de
la saciedad». Regresa a !nglaterra, en búsqueda de saciar
sus idea­
les y _ los concentra_ en Lady Adeline, mujer fría en éste poet¡1a
inacabado, que se pierde en las solJ:)cbras, cuan&, Byron se separa
de ella, para luchar por los griegos. El mundo de don Juan como
el de su
creador, exige movilidad.
_ Sólo una breve, pero obligai!,t alusión al que_ para ,µganas es
el más excelso poeta inglés y no sólo del romanticismo, sino de
la literatura poética inglesa, nacido
en Londres en agosto de 1792:
asistía a la escuela de Eton en IÍ! que era conocido' por «el loco
Shelley»
y «Shelley el ateo». Por supuesto que era Percy Bysshe
Shelley. Pasó, brevemente, por
la Universidad de Oxford, en la
que publicaba con su
amigo Thoi;nas Jefferson Hog¡;, un panfleto
The Necessity of Athe¡sm. Con _diecinueve años se fuga con Ha­
rriet Westbrrok con sólo diecisiete, con L,. que contrae· matrimo­
nio en Edimburgo, empezando una
verdadera vida nómada, llena
de_ incomodidades _ hasta que en Dublín, en. 1813 _ nacía su hija
Janthe.
En _1814 se vuelve a fugar a Italia con Mary, que. cuenta
con
sólo quince años, hija _ de su a,migo el filósofo William God­
win, acompafiada de su seducida
hermanastra Jane Glairmont,
que Shelley
poetizaría por «Claire», que era ~tro mteses mlÍs
joven que. Mary. En 1816 con sus dos jóevenes muJeres. _se esta­
blece en
GiQ.ehra, junto al lago Lelnnan, =cano, a la _resic\encia
de Byron, esparando un hijo de Claire. En_J818 Percy con Mary
y Claire y sus hijos se desplazan a Italia. En la primavera rle
1822 se sitúan en Lerici, en donde conoce la muerte de la hija
pequeíµ de Byron, Allegra. En agosto _se ahog<1.<;n una totll).enta,
al hundirse el yate en que regresaba con Edward Willíams, dte
visitar a Byron. _
Su poema más importante es Prometheus Unbound, Promoteo
liberado, que
p0r, más sefias, es la ;prÍt¡lera de sus obras en el
tiempo
y que titulaba «Alyrical drama,< in four acts». Su último
e inacabado
poema fue The Triumph of life, el Triunfo de la
vida, de estilo
más austero y acabado, si bien más limitado, ya
que Prometeo, comparte con Blake y Wordsworth la empresa de
desplazar el
Paraíso Perdido; mientras que, El triunfo de la vida
es de hecho una llueva y terrorífica Danza de la Muerte, tando una acusada influencia de-Dante, •en, particular del Purga-
torio, y se pregunta: -
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.ANGBL MARTINBZ SARRION
Y porqué Dios hace irreconciliable
El bien y los caminos del bien.
(And why God made irreconcilable / Good and the
means of good).
Keats en su obra Sueño y poesia ensalza la inocencia pasto­
ral. Pide diez años en los qué púeda consagrarse a la poesía, pero
apenas llegó a alcanzar los cuatro de vida; y sólo tres, para de­
dicarse a ella. Esta c:Onstituye la energía suprema de que puede
disponer el hombre, ya que no requiere para imponerse más. fuer­
za que la que le infunde la inspiración y los · sentimientos del
poeta. .
Lejos estaba de John Keats que tan sólo púdiese' disponer pe
un muy mermado tiempo para dar rienda suelta a su inspiración
poética alumbrada
por su sentimiento romántico. Nacía en Lon­
dres un 31 de octubre de 1795 y fallecía en Rotna el 23 de fe.
brero de 1821. Desde 1815 había estudiado Medicina en su ciu­
dad natal,
pero, tan luego como pudo, dejó todo para aplicarse
en cuerpo y a1tna a su numen poético. En 1817 aparecen sus
«Poems», en los que figura Sueño y poesla. En 1818 publica
Endymion y seguidamente conoce a Fanny Brawne con la que
vive su gran
y apasionado amor, que influye decisivamente sus
posteriores obras y marca el
culmen de su poesía entre los años
1819 y 20, año, éste
en que ven la luz, recogidas en un tomo,
sus composiciones
Lamia, Isabella, the even of St. Agnes and
other poems, colección de narraciones románticas henchidás de
mitológico simbolismo, al igual que
Hyperion, aparecida compJe:.
ta en su segunda edición de 1820 y de la que hizo una introduc­
ción para la tercera edición, ya desaparecido Keats,
en 1895,
Koops.
Mas, como hemos visto,
la muerte le derriba prematuramente,
siguiendo con eso
un proceso en el que desafortunadamente hace
desaparecer antes
de cubrir los treinta años, ya sea por una muer­
te natural, causada por lo general por una dolencia que explica
lo que su inspiración tiene
de febril o de melancólica, cual suce­
de
en Novalis,. SheHey, Keats, Stagnelius y Cabanyes; bien por
su temperamento exaltado o por lo acerado de su crítica, al uso
de sus tiempos,
sucumbiendo en un duelo, tales Pouchkine o
o
Lermontov; o combatiendo por una doble causa, así Byron y
Petrofi; o, finalmente, privándose ellos mismos de
la vida, como
Larra, Kleist, Gerardo de Nerval, dejando al margen los que
prácticamente· quedaron impedidos de seguir su inspiración
por la
locura, Holderlin
y Lenan.
988
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ROMANTICISMO Y LITERATURA.
Harold Bloom (61), interpreta Sueño y paesia, como «una
visi6n
del ideal dentro de la experiencia, aparecido en la forma
de nn auriga
con su carro y sus corceles, que en fin de cuentas,
es tanto el Apolo romántico ( el Ore de Blake, el joven de la ma­
ñana de abundante cabellera de Collins; el joven de ojos cente­
lleantes
y cabello ondulante de Coleridge), como el romántico
sucesor de
la figura del Hijo de Dios que conduce la Carroza
Llameante de la Deidad de Ezequiel,
el Apocalipsis, y El Paraíso
Perdido
... El efecto del ideal poético es redoblar el sentido de
las cosas reales
y al mismo tiempo presentar semejante realidad
como una corriente fangosa. Cogiclo en el fango de lo real, Keats
jura que luchará en contra de todas las incertidumbres para
man­
tener vivo el pensamiento de la carroza de la poesia y su viaje.
Semejante lucha
le conduce a la polémica romántica. ¿Por qué
no puede la suprema imaginaci6n volar libremente como lo
hizo
antaño, cuando preparaba sus corceles y ejecutaba las excelsas
actividades que constituyen los poemas de Spenser, Shakespeare,
Mil ton? ¿
Qué ha causado el olvido de las Musas naturales?,..
Y contesta Keats:
Un cisma, alimentado por la afectaci6n
y la barbarie,
Hicieron que el
gran Apolo se avergonzara de esta su tierra
Hombres que se creyeron sabios· no pudieron comprender
Sus glorias: con una gimoteante fuerza infantil
Se mecieron sobre un caballo de balando,
Que creyeron Pegaso.
( A schísm nurtured by foppery and barbarism ,/ Made
great Apollo Blush for this bis land.j Men were thought
wise who could
notunderstand / His glories: with a puling
infant's force / The sway'd about upan a rocking horse, /
And thought it Pegasus).
Para Keats la poes!a es el poder supremo, porque se impone
pdr el sentimiento, al que subyuga, sin requerir de la fuerza para
mandar, «de la poesía, que debería ser una amiga, para calmar
las inquietudes y elevar los pensamientos del hombre» (
!Y/ paesy,
that it should be a friend to sooth the cares, an lift the thoughts
of man).
En el romance poético Endymión, pastor-príncipe se presenta
presidiendo una procesi6n dionisiaca, que,
al igual que Adonis
{61) The visio~ary company, trad. M. Antolín, Los .poetas .i>ist"o,narios
del romanticismo inglés, Barcelona1 1976, págs. 406 y sigs.
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ANGEL MARTINEZ SARRION
porta una lanza para la caza del jabalí, La ceremonia culmina en­
tonando un himno a Pan. Su esquema literario sigue la tradición
pastoril-romántica,
iniciada por Blake y Shelley. Endytnión, ena­
morado de Diana, para conjurar el riesgo de «la mortal sensación
de soledad», le suplica a la diosa que le transmita la serenidad
de los bosques y la trémula luz de la libertad del aire de los
cam­
pos. Endytnión y Diana se encuentran físicamente y la diosa ex­
perimenta las sensaciones de felicidad y de dolor al tiempo, pues
ha
de confesar que sus poderes divinizados, no le. permiten trans­
portar al amado joven a su estrella eminente, por lo que tiene
irremisiblemente que abandonarlo.
Endymión da principio a una existencia errante y desorienta­
da hasta que encuentra a
Glauco, un viejo marino que ha quedado
esclavizado por la tentadora Circe. Glauco era un a modo de
pastor del océano, segnidor de Neptuno como Endymión lo era
de Pan.
En busca de contentarse a sí mismo, se sumerge en el
mar y aprende a vivir bajo las olas, enamorándose
de una ninfa
marina, Escila, que por su timidez huye de
él. Luego de solicitar
la ayuda de Circe, ésta se descubre como su amante y le condena
a una muerte
-en vida-bajo las aguas.
Enamorado de Fanny Brawn, en 1818, en los
meses de enero­
febrero,
le escribe un poema The Eve of St. Agnes (La Vispera
de Santa Inés), posiblemente surgido a medias
de Boccaccio y de
Burton, en
el que recoge una vieja tradición, de que las. joven­
citas, en la señalada fecha,
mirándose en un espejo alc11UZatán a
descifrar el enigma de quién será
su marido, ayunando la víspera
o
la noche signiente. Sus versos, pretenden «espiritualizar» lo
que sólo es ensueño material:
990
La Víspera de Santa Inés -¡Ah, que noche más fría!
La lechuza tenía heladas todas sus plumas ;
La liebre cojeaba temblorosa por la congelada hierba,
Y silencioso estaba
el rebaño en el lanudo aprisco:
Entumecidos estaban los dedos del Beato, mientras rezaba
Su rosario, y mientras su congelado aliento,
Como
pío incienso de un incensario viejo,
Parecía emprender el vuelo hacia el cielo, sin morir,
Pasando por delante de la imagen
de la dulce Virgen,
mientras
su oración él decía.
(St. Agnes 'Eve -Ah, bitter chill it was! / The ow/,
for ali bis feathers, was a-co/d; / The harx /imp'd tremb/ing
through the frozen grass, / An_d silent was tbe flock in woo­
lly fo/d; / Numb were the Beadsman'r fingers, while the
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
told / His rosary, and while hís frosted breath, / Like pious
incense from a censer old, / Seem'd taking /light for heaven,
without
a. death, / Past the sweet Virgin's picture, whíle
bis
prayer he saith).
Lamia, en cuanto a su temática constituía algo de particulru.­
predilección para Keats, tomándola de Anatomia de la Me/aneo­
/la de Burton. Lamia es la . mujer serpiente, que ccn. su muerte,
provoca también la de Licio, su víctima y amante. Lamia, viene
a constituir un conjunto
de Ofelia y de Circe, que ccmo la Ge­
raldine en el Christabel de Coleridge, ha de ser temida y com­
padecida a la
vez y esquivada y amada.
Keats, daba a
la publicidad en 1820 su primer poema épico
en H yperión, en
el que incorporaba un episodio dedicado a La
Caído de Hyperión. El primer fragmento, que da título al poema
definitivo
es emanación de la concepción de Milton, mientras
que el
último deja apreciar sus orígenes dantescos. Su .argumento,
a gruesos
trazos, es la lucha entre Titanes y Olímpicos, que había
ímpresidnado a todos los poetas románticos ingleses, como Blake,
Byron y Shelley. Sin embargo, lo que para éstos representaba la
visión
apacalíptica, para Keats se significa en el naturalismo. Los
primeros, a
los que se pueden agregar Wordsworth y Coleridge,
se mostraban aferrados a la Biblia; Keats, apenas y más que de
su conocimiento directo, de lo que . acerca de ella transmitían
Spenser, Shakespeare, Milton y Wordsworth.
Divinos fuisteis creados y divinos
En tristes circunstancias, solemnes, inalterados, ·
Imperturbables, como grandes dioses, vivisteis y gobernásteis;
Ahora veo en
vosotros el temor, la esperanza y la cóle.ra ;
Acciones
de rabia y pasión ; ccmo
Las veo en el mundo mortal de abajo,
En los hombres que mueren.
(Divine ye were created,
and divine / In sad demeanour,
solemn, undisturb'd / Unruffled, like high Gods, ye
liv'á
and ruled: / Now I behold in you fear, hope, and wrath /
Action of rage and passion; even as / I see them, on the
mortal world beneath, /
In men who die).
Schumann (62) y más recientemente Gittíng (63) y Chistopher
(62) John Keats und das romantische Bewusstsein, Hamburg, 1938,.
pág. 37. (63) John Keats, 1%7, págs. 18 y sigs,
991
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ANGEL MARTINEZ SARRION
Ricks ( 64 ), dentro de lo que llaman la «g).oriosa trinidad» -By­
ron, Shelley, Keats-, era éste último el más joven y además el
priméro que murió de los tres, con tan sólo veintiséis años, si
bien, pese a que
así mismo, a diferencia de los otros dos no había
estudiado griego,
su inspiración estaba fuertemente impregnada
del espíritu helenista, trasp1antadd a una
Edad Media del tipo de
Foscolo y de Holderlin, el espectáculo de una· Natutaleza opulen­
ta y lujuriante, animado por una
imaginación a la que prestan
ayuda
todos los sentidos, encaminada a intentar el progreso de
la humanidad. Como escribía
Ndvalis «la poesía es lo verdadero
de
una manera absoluta. Cuanto más poética sea una cosa tanto
más. verdadera» y en el mismo sentido John Keats sentenciaba:
«La belleza es la verdad».
Mas, nadie con más derecho para ostentar la primacía del ro­
manticismo en Ing).aterra, pese a que no fuese por medio de los
poemas, sino por las leyendas en prosa, sin necesidad de remon­
tarse a la nebulosa
. Caledonia del bardo Ossian, recogía la tradi­
ción de Chattert6n eó el siglo xvm, se hacía eco de los E¡emplos
de los
bardos galeses publicados por Evan Evans en 1764, las
poesías nacionales escocesas dadas a conocer al gran público desde
1711 junto con los poemas de Allan Ramsay y singularmente
La Reina de las Hadas de Edmundo Spenser, a quien se ha qa­
mado el Arios to inglés: la persdna que amalgaría todo esto, era
un
escocés, llamado Walter Scott.
Veía Walter Scott la
luz en Edinburgh en 15 de agosto de
1771 y dejaba de existir en su palacio, mandado construir por
él, en Abbostford en Tweed, cercano a las ruinas de la abadía
de
Melvose, el día primero del otoño de 1832. Su padre había ac­
tuado de ¡,rocurador-administrador fiduciario de las propiedades
y en torno al ejercicio de su
profesi6n como abogado, se encami­
naron los primeros pasos de Walter, culminados en 1792. Con
esta práctica jurídica penetra en la Universidad y queda prendido
en
el estudio del idioma y de los grandes genios alemanes de fina­
les del siglo XVIII, casi sus contemporáneos. Merced a esto, en
1796 traducía
Lenore de Bürger y el Giitz von Berlichingen de
Goethe.
Emulando la colección de baladas del Obispo Thomas Percy,
titulada Reliquias de la antigua poesía inglesa, principalmente
del género
l/rico, publicada en 1765, iniciaba su recopilación de
las baladas populares escocesas, que aparecían en tres tomos du­
rante 1802 al 1803, en sus Minstrelsy of the Scottish border. En
(64) Keats and Embarrassment, 1974, págs. 53 y sigs.
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
1804 sale a la luz, Sir Tristrem, en que novelaba los hechos fa­
mosos del héroe Tristán, en el medioevo. En 1805, surge su pri­
mera poesía épica,
T he lay of the last minstrel, relataba la lucha
romántica en el siglo
XVI entre ingleses y escoceses por ·· raz6n
de las fronteras, con una amplia visi6n del ambiente de aquella
época. Un segundo pequeño bosquejo lleva por título Marmion,
en 1808.
Mieotras
tales obras se producían, contraía matrimonio con
Charlotte
Carpenter y le designaban como Sheriff del Condado
de Selkirt (1799) y Clerk of the Sessions del Tribunal Supremo
de Edinburgh (1806).
Ahora bien,
es a partir de eotollces cuando mezcla la fantasía
con la realidad, lo maravilloso de las narraciones con
la realidad
de los acontecimientos hist6ricos. La frontera que coincide
con
su más alta nombradía, tiene lugar en 1811 con The lady of the
lake y su siguiente narraci6n The vision of Don Roderick, inspi­
rada en los romances que don Ram6n Menéndez Pida!
ha desig­
nado como
de la pérdida de España. Y ya dé una forma progresiva
y casi automática se muestran
Rokeby, y The bridad of Triermain,
ambas en 1813; The lord of the isles, en 1814 y Harold the
dauntless
en 1817, que significan, en su conjunto, la consagraci6n
de este género.
Más todos estos son escarceos en búsqueda del propio des­
tino literario: la inmigración a la novela hist6rica: así surge
Waverley, comenzada en 1805 y aparecida en 1814 sin. nombre
de autor, que ofrece una intrincada insurrecci6n del
último Stuar­
do en 1745, acci6n apasionante, realista en gran medida, con una
parte señalada con caracteres humorísticos

y con una casi cientí­
fica descripción del medio ambiente. Igualmente
la Escocia de
los siglos xvn y XVIII se escoge en las novelas inmediatas, como
lugar de
la acci6n: Guy Mannering en 1815; The antiquary, una
novela encantadora;
The bolck dwarf y Old mortolity, todas de
1816;
Rob Roy, en tres tomos en 1818, The heart of Mid Lot­
hian, y The bride of Lammermoor, ambas en 1818, y A legend
of Montrose en 1819, y finalmente en 1820 una de sus mejores
narraciones,
I vanhoe, describe la Inglaterra de la Edad Media
bajo el gobierno de Ricardo Corazón de Le6n.
Revisten así mismo carácter
histórico The Manastery, en 1820
y su continuación
The Abbot, y por su brillante colorido Kenil­
worth
en 1821 y The fortunes of Nigel en 1822, que seducen al
lector por
los destellos de su personalidad. La escena de The pí­
rate, también de 1822, la constituye una irreal isla de Shetland
en
el siglo XVII; eo cambio Quentin Durward, de 1823, la enemis-
993
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ANGEL MARTINEZ SARRION
tad de Luis XI de Francia con. Carlos el Calvo de Burgundia
como fondo histórico.. Menor importancia tienen
Peveril of the
peak
de .1823 y en St. Ronan's well recoge historietas contem­
poráneas. La temática
de las . Cruzadas le sirve de base para T be
Betrothed y The Talisman, ambas en 1825.
En 1826 los editote$ Ballantyne & Co. a consecuencia de la
general crisis económica
se le acumulan deudas y W alter Scott
debe responder de ellas como socio por la suma de 117 .000
libras.
De una transacción con los acreedores no quería saber nada, pues
esperaba
liquidar su deuda por medio de su actividad literaria.
Con esta tensión exterior nacían sus últimas novelas, cuya impor­
tancia. y contenido temático .es desigual, entre ellas la novela del
puritanismo
Woodstock (1826); las narraciones de las montañas,
The highland widow, .The two drovers, The surgeon's daughter
en 1827; The fair maid of Perth en 1828; Anne of Geierstein
en 1829 y finalmente Castle Dangerous y Count Rohert of París
de .1831. Una vida de Napoleón y una historia de Escocia para
niños no cosecharon
éxito.
La influenci~ de W alter Scott . en la literatura y en el gran
público, .ávido consumidor de sus libros, difícilmente soporta la
comparación con cualquier otro autor, quizá, con la única _excep­
ción, por la fuerza y colorido de su temática, de George Byron,
al que le fr:mqueaba su acceso su Don Juan. Sin embargo, la pri­
macía
se decanta. por Walter Scott, no sólo en el tiempo, pues
ya en 1818, como destacan Churchman
y Allisoo Peers ( 65), figu­
raba referenciado en las publicaciooes públicas españolas, sino
también por
el juicio crítico que en 1824 formulaba El Europeo
(24 de febrero),. al reputarlo «como el primer romántico de este
siglo», acreditado por el
),echo de que en un cuarto de siglo se
editaban en Barcelona veinticinco traducciones distintas de sus
obras, de las que la inicial
'era El Talismán, en 1826, efectuada
sobre la tercera versión del
. original inglés. Mas, el ambiente
estaba
preparado para eso, ya que, en 1823, Blanco White, ver­
tía al espafiol algunos . trozos escogidos de I vanhoe, para uso de
los exilado, que
no· dominaban el idioma inglés; y, asimismo,
pese a su antiromanticismo, José Joaquín de Mora sacaba a luz
sus traducciooes
deJvanhoe y El Talismán. Y caso curioso: para
uso de los españoles emigrados en Inglaterra, aparece en Lon­
dres una segunda traducción española de
The Talisman; y de las
prensas de
Perpifián, otra de Ivanhoe. ,
(65) A Survey 'of the Influence of Sir Walter Scott in Spain, Nueva
York, 1992, Revue Hispanique, tomo LV, p,!g. 227.
994
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
Por lo que, no deja de ser una paradoja, con las que con
cierta asiduidad nos suelen distinguir
los mediocres ingenios via­
jeros que intentan obtener notoriedad expoltando el complejo
de ignorancia de que desafortunadamente gustamos de propalar
los españoles, el criterio de un tal Conde Pecchio italiano, que
escribía en una de sus cartas, que. tras ímprobos esfuerzos
ha_bía
podido conseguir en un almacén de libros viejos franceses a Wal­
ter Scott,
y añadía: «Non so se questo autore abbia fatto conos­
cenze in Ispagna; credo di
no. Gli spagnuoli sono guariti intiera­
mente della manía
_de romanzi» ( 66 ).
En el decenio comprendido entre 1830 y 1840, Walter Scott
en la imagen
de sus obras, era el contertulio más asiduo de los
salones elegantes de Madrid. Por lo que
se llegó a decir «donde
hay una novela de Walter Scott, calle todo el mundo». Y es que
la moderación de las obras de Walter Scott, seducía a los críti­
cos, en especial, a los que consideraban exagerado y deprimente
el sentimiento romántico
de los personajes de Víctor Rugo.
Don Marcelino Menéndez Pelayo (67), lo consideraba como
el mayor poeta inglés, sin que nadie, caso omiso de Byron, pu­
diera disputarle la primacía «y en el género que él cultivó, en el
romanticismo hist6rico, de que fue verdadero creador en Ingla­
terra, y que
ape.ruiS tenía antecedentes en Alemania, pettnanece
hasta hov maestro no igualado y quizá insuperáhle; Homero de
una nueva poesía heroica, acomodada al gusto de generaciones
más prosaicas, ·y, en suma, und de los más gtandes bienhechores
de la humanidad, a quien dejó en la serie de sus libros una mina
de honesto e inacabable deleite».
La apreciaci6n de don Marcelino, la experimentaba también
un
crítico an6nimo, que la exponía en un artículo en La Estrella
de 3 de diciempre de 1833: «Otra de las prendas que recomien­
dan a W alter Scott,
es su buen juicio ; aunque esencialmente ro­
mántico en cuanto
a las épocas que pinta, huye como el clásico
más timorato, de todo lo que huele a extravagancia. Sus. héroes
no sqn energÚmenos, ni sus heroínas adolecen · de furor uterino;
Por lo que hace a su estiló y lenguaje, tampoco están en perpetua
pugna con la gramática
y el sentid9 común.».
«La novela eµ sus .manos ~prosigue Menéndez Pelayo--n9
es ni tesis científlca ni serm6n moral,-sino narración poética; -es­
crita unas veces, y con más concentración y energía, ,en verso,
(66) Sei Mesi in Ispagna nel 1821. Lettere ·di Guiseppe fecchio a
Ledio G. O., Madrid, Í821, pág. 62.
(67) Historia Je· las ideas estéticas en Espáña, tomo. IV, cit., págs. -:362
y sigs.
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ANGEL MARTINEZ SA.RRION
como vemos en La Dama del Lago, en Marmi6n, en Rokeby o en
El Lord de
las Islas; escrita otras veces, con mayor lujo y riqueza
de detalles familiares
y arqueol6gicos, en prosa, como en Ivanhoe,
W
{11)erly, Quentin Durward, Kenilworth, Peveril of the Peak y
otras innumerables. El fondo común de unas u otras composicio­
nes
es la tradici6n hist6rica, penetrada y entendida con ojos de
amor, o
más bien, con un don de segunda vista que no ~a ni
enseíía la mera
arqueología ; don que en W alter Scott se manifest6
en forma de reconstrucci6n poética, pero que es en el fondo el
mismo numen inspirador de Agustín Thierry, de Barante, de
Prescott, y de todos los grandes historiadores de la escuela pin­
toresca, incluso el propio Michelet en
sus momentos de lucidez,
es decir, en algunas partes de su Historia de la Edad Media. Para
ellos, como para Walter Scott, la historia no
es humanidad muerta
y enterrada, sino humanidad viva. Otros tienen el don de ver lo
presente; a ellos fue concedido el de leer en lo pasado. En vand
Taine, crítico tan poderoso como temerario, violento y sistemá­
tico, intenta persuadirnos en las páginas; .casi todas. de detracción,
que consagra a
W alter Scott, que todas sus pinturas históricas
son falsas, limitándose la exactitud a los paisajes, a la decoraci6n,
a las armas y a los vestidos, puesto que las acciones, los discur­
sos y los sentimientos están arreglados, civilizados y embelleci­
dos a la moderna. Aun concediendo, y
es mucho conceder, que
esto acontezca en las pintutas de época lejana, que con las
me­
nos, ¿de d6nde ha podido sacar Taine que haya infidelidad alguna
de espíritu en las acciones, en los discursos ni en· los sentimien­
tos de
W averley, de Guy Mannering, de El Anticuario, de Rob­
Roy, de Heart of Mid Lothian y de todas aqúellas novelas, en
suma, para mi las mejores de su
colección, en que Walter Scott
describe costumbres escocesas del siglo pasado, del siglo
en que
él había uacido ; costumbrés que él y muchos de sus lectores ha­
blan alcanzado, tipos que él había conocido, odios de familia que
aún duraban al
·tiempo de su infancia? Algunas de esas novelas
son hist6ricas
en el más vulgar y limitado sentido de la palabra
porque
se enlazan con hechos· realmente acaecidos ; pero otras son
de pura invención, son cuadros de costumbres privadas, y lo
mucho que tienen de hist6rico está precisamente en el espíritu.
Los largos y
minuciosos procedimientos de observaci6n los aplic6
Walter Scott antes que la escuela realista,
y en Walter Scott los
aprendio Balzac, aplicándolos a una sociedad muy diversa. Y lo
que hubiera podido hacer W alter
Scott como pintor de la socie­
dad contemporánea, si sus instintos poéticos no le hubiesen lle-
996
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
vado a otra región más serena, bien lo prueba aquella joya de
terrible observación moral que se llama
St. Roman's Wells».
«Pero volviendo a sus novelas y poemas propiamente histó­
ricos, mucho más fácil es enoontrar en ellos anacronismos y =o­
res de pormenor, defectos de arqueología y e indumentaria, que
infidelidad o lo
. más profundo y sustancial de la historia ; y no
deja de ser notable ingratitud de Taine, que precisamente
haba­
sado toda su historia del genio inglés sobre la oposición primiti­
va de sajones y
normandos, tratar tan desdeñosamente la intui­
ción histórica del egregio poeta que por primera vez descubrió
esa gran ley histórica, y presentó en acción esa lucha. Bastaría
la gran concepción de Ivanhoe para probar que W alter Soott no
se detuvo en el umbral del alma ni en el vestíbulo de la historia,
sino que
penetró muy adelante en la estructora de las almas bár­
baras. Es cierto que no
lo hizo con la ferocidad y truculencia
de estilo que Taine suele aplicar indistintamente
a· todo, ni se
creyó obligado a encarnizarse tanto en "la sensualidad bestial
de esos brutos heoricos
y bestias fieras de la Edad Media", cuya
bestialidad y fiereza quizá mira
el ilustre historiador oon ojos de
aumento.
Acaso· la Edad Media no fue nunca tan sombría ni tan
poética como nos
la imaginamos desde lejos. La exactitud histó­
rica completa es un sueño, y si por medio de procedimientos cien­
tíficos no podemos llegar más que a una aproximación, ¿quién
va á exigir más rigor en el arte; imponiéndole la dura obligación
de reproducir
nimiamente lo prosaico y lo vulgar, que siempre
ha sido en el mundo más que lo exquisito y lo poético? Walter
Scott nunca tuvo la pretensión de que
sus novelas sustituyesen
a
la historia, y, sin embargo., grandes histpriadores fueron los
que, guiados por su método, comenzaron a resucitar la Edad Me­
dia. Toda la Historia de los duques de Borgotia está en germen
en
Quentin Durward, como toda la Historia de la conquista de
Inglaterra
está en germen en Ivanhoe. ¿Cómo menospreciar el
árbol que produjo tales frutos?».
Cuando
se saborean oon delectación y oomplacencia páginas
como las precedentes,
. se experimenta el deseo de ser uno el
que las' hubiese escrito;, en esa conjunción .armoniosa de pensa­
miento profundo y expresión estética, al' tiempo que duele ín­
timamente el silencio a que han sido sometidas, para dejar expe­
dito el camino a cuatro pedantes marxistoides incapaces de
ver
en el águila más que un pájaro grande que planea y vuela alto.
En estos ambientes, lamentablemente, se suelen producir los. tra­
bajos que salen de la depauperada Universidad española, difícil­
mente aprovechables, sembrados de lugares comunes como tan
9.97
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ANGEL MARTINEZ SARRION
parcos de ideas originales, en los que no sabe uno qué lamentar
más, si
los ingenios errados y perdidos, o la tristeza de contem­
plar un estado de postración intelectual, de los que da buena
muestra
Romanticismo y Fin de Siglo, que se dice ser fruto de
un Simposium en Palma de Mallorca,
bajo la invocación de Raí­
mundo Lulio (68), ¡Dios, en su infinita misericordia, nos libre
de tales engendros. simposianos ! Pierdan dudado sus aficionados
.autores, que. pomposamente anuncian que es su prim~a edición,
que mejor hubiese sido añadir «y única», al par que está por
demás, por .falta de lugar,
Ja. admonición que no logro vencer la
tentación
de reproducir: «Quedan rigurosamente prohibidas, sin
la autorización escrita de los. titulares del "Copyrigth", bajo las
sanciones establecidas en las leyes, la reproducción
parcia] o total
de esta obra por cualquier medio O· pto<;edimiento comprendidos
la repografía
y el tratamientQ informático, y la distribución de
ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos». Como
áconsejaba el ciego
a. Lázaro de Tormes y recordaba don Quijote,
«Llaneza, muchacho, no te ensalces, que toda ostentación
es
mala».
Mas, dejando cuestiones
marginales·, que como las bellotas de
los cabreros, a falta del
Ingenioso Hidalgo de la Mancha, nos
aleian del tema, observaba Allison Peers (69), «no hay ningún
otro autor extranjero al que
los españoles le hayan hecho tan
reiteradamente
el halagüeño honor de imitarlo ; por algo fµe lla­
mado tantas veces «el Cervantes de Escocia». Y así. Mesonero
Romanos a
Los Bandos de Castilla o el .Caballero del Cisne, los
reputaba
como I vanhoe. disfrados, al igual que el Sancho Saldaña
recuerda
los episodios de la Bride 9f. Lammermoor y, posible­
mente quepa
e.stimar una orientación gennina de la temática wal­
terscotti,ína eti el Moro Expósito del Duque de Rivas. En con­
gruencia con esto, en 1829, Donoso Gortés, en el discur.so de
apertura de curso en el Colegio de Humanidades de Cáceres re­
,comienda;,. como obras. maestras, · su lecturá a los jóvenes estu­
,diantes.
Reflejar el significado del. romanticismo francés en el marco
·de una conferencia, implicaría la exigencia .de tener que dedicarle
un curso completo. Destacaba Taine, que si
en· los tiempos de
(68) Oliver, Puigdom~ech y Signan. (coonlinadores), Roinanticismo y
Fin de Siglo. Cátedr4 Ram6n llull,. Universitat de Barcclona, Barcelona, 1992.
, (69) Studies in the influence óf Sir. Wa/tet ScOtt in Spain, Nueva York. 1926, p,!g. 149. . -
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RO!Í4ANTlClSMO Y LITERA.TURA
Luis XIV el modelo dominante lo constituía el honn¿te homme,
en los de la Ilustración, el filósofo; en los días del romanticismo,
el emisario es el
poeta. Y Federico Schlegel sostenía que los
poetas eran narcisistas, contemplándose en el espejo
de su obras,
por lo que reconducía el prototipo a
Wilhelm Meister de Goethe,
al que podían unirse el Heinricb von Ofterdingen de Novalis y
el
Aladino de Oehlenschlaeger, debiendo crear su moral en cone­
xión con su arte, couvirtiéndose así en su propio legislador. Así
Pouchkine, en su poema
El Poeta, en 1827 le apostrofa «Tu eres
un soberano, vive
solo» y Vigny, en ]ournal d'un poete, en 1844,
refiere «el le6n avanza
sólo por el desierto: así debe hacerlo
siempre el poeta»; Ballanche, decía que había sido creado para
explicar a los hombres el mundo y la historia, pues leía la
pala­
bra de Dios, por lo que si se mantiene solitario es para mejor
oir la
voz divina, y finalmente Alfred de Vigny en Chatterton,
quitte
pour la peur en 1835, indica que «busca en las estrellas el
camino que nuestro Señor
nos señála cou su dedo».
Los dos grandes escritores que llevaron a Francia el roman­
ticismo,
fueron indudablemente Germana Neckel de Stiiel y Frari­
~is René de Chateaubriand: aquélla le aportó las ideas para su
instalación y éste
se aplicó a modelarlas en la práctica. Aquélla
le daba universalidad en sus libros
De la litterature considerée
dans ses rapports avec les institutions sociales
(1800) y específi­
camente en de
L'Allemagne (1810). Este creaba la nueva atmós­
fera en que se deberían desenvolver los personajes: Le Génie du
Cbristianisme (1802), Les Martyrs (1809) y L'Itinéraire de Paris
a ]érusalem (1811). La auténtica magnitud de su esfuerzo se des­
taca, con tan
sólo apreciar que Francia había sido la casa hoga­
reña del neoclasicismo, que había impuesto el racionalismo,. tanto
en prosa· como· en verso, con figuras· tan señeras como Malherbe
y Bolieau, Descartes y Voltaire; especialmente ·éste último que
expresaba su indignación de que los admiradores.· de un ingenio
bárbaro, de Shakespeare, quisieran inmolar a Corneille
y Racine,
dioses del teatro francés, a una
monstruosa divinidad extranjera.
Sin embargo, el movimientd romántico, estaba llamado a triun­
far, superando diatribas
y obstáculos, hasta el punto que, pudo
escribir Ballanche (70), «quizá pronto, en Francia
como en Italia,
·la literatura clásica ya no será más que arqueología». ·
Abunda en estas consideraciones Paul Van Thieghem ( 71),
(70) Essai sur les, institutions sociales; En Oeuvres, II, París, 1818_,
págs. 86 y sigs.
(71)
· El romanticismo en la Literatura- europea, cit., pág. 132.
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ANGEL 'MARTINEZ SA~RIDN
.pues entiende que. en 1830 la lucha ideol6gica finalizaba con el
triunfo del movimiento romántico, si bien de 1840 a 1848 sus
cultivadores casi dejan
de escribir por completo, al igual que se
producía casi sincr6nicamente este fenómeno en Italia, en Po-
lonia y en. Rusia. .
Me interesa dejar. constancia de un hecho, que para algunos
críticos,
ha. constituido la introducción del romanticismo en el
teatro, antes de su consagraci6n y culminación por Víctor Hugo,
que en un célebre preámbulo escrito en 1830, sostenía que el ro­
manticismo en
la literatura, era algo así, como el libetalismo eo
la política. En 1825 aparecía eo el mundo literario un libro sin­
gular: un tal José Lestrange, eo un prólogo daba a conocer que
eo
él se contenía una setie de piezas teatrales Le theatre de Cla­
ra Gazui, que el mismo prologuista había traducido y que su
autora eta una joven actriz española, llamada
Oara Gazul, hija
natural de una gitana,
Oara, eocertada eo un convento a la fuerza
y despojada
de su tutor, muerto por los soldados ,napoleónicos,
ha mantenido en su pecho un odid insaciable a los abates y a los
franceses. En Les Espagnols au Danemark el Marqués de la Ro­
mana, en las guetras napoleónicas infringe una derrota vergon­
zosa a los franceses. En
Le Carrosse du Saint-Sacrement, un virrey
del Perú
se rinde a todas las extravagancias de una cortesana.
Todo ello sazonado con un abigarrado panorama de frailes mu­
jeriegos, crueles, despiadados y libertinos. Eh estas piezas se
rompe jocosa y .burlescamente con la ley de las tres unidades y
se campea libremente sin trabas para la libre inspiración del poeta.
Ni que decir tiene que con su publicación se
producía el escándalo.
Los que no estaban eri el secreto, por su notoriedad, pudieron
.conocer asombrados que la tal Clara Gazul no había existido
nunca. El
retrato de la escritora·actriz, que figuraba al freote del
tomo, era
el de su verdadero autor vestido de mujet y tocado
con la mantilla española:
Pr6spero Mérimée. Había quedado roto
el sometimiento a los cánones y mi teatro nuevo se anunciaba.
Mérimée, nacido en 1803 había viajado por Inglaterra, España,
Grecia,
Italia y Asia Menor, dejando trazadas páginas románticas
de España y Córcega, en las figuras de
Carmen, Co/omba y Matteo
Falcone.
La antorcha romántica se eocendía y alumbraba eo lo que
podría llamarse Salones
de transici6n a las nuevas concepciones.
Los viejos
y noveladds salones del siglo xvm, el Club de /'En­
tresol al que asistía Montesquieu, en 1720 ; el de la Duquesa del
Maine instalado en su castillo durante m,is de medio siglo (1699-
a 1753); el de la Matquesa de
Lambert, entre 1710 y 1733, al
,1000
Fundaci\363n Speiro

ROMANTICISMO. Y' LITERATURA
que concurrían Fontenelle, Montesquieu y Saint-Pierre, al que a
la muerte
de la Marquesa, sucedió el de Madame de Tencín, y
luego ya con caracteres de normalidad, los de Madame Deffand,
que lo estableció en una de las salas del convento
al que se había
retirado, que
al quedarse ciega, le. hizo de lazarillo y de dama de
compañía la famosa Mademoiselle
de Lespinasse, que en 1754
fundaba un salón
rival, y finalmente el de Madame Geoffrin que
abría su salón cuando ya había alcanzado los cincuenta años,
sub­
vencionando a la Enciclopédie. El aliciente, que al decir de Mi­
chelet los animaba, era la animada conversación en tomo a unas
tazas
de café; que por aquellos años había comenzado a hacer
furor en Francia, Pues hien, como exponía, estos viejos y tenom­
bradOs salones, dejaban su puesto y se eclipsaban por otros más
limitados y sin
tanta proyección exterior ni relevancia social: en
1820, el de Deschamps; en 1821, la
Société des Bonnes-Lettres
y
el de Delecluze; en 1823, el de Jules de Ressegieur y en 1824
el de Charles Nodier en la Biblioteca dél Arsenal, el autor de
El pintor de Salzburgo ( 1803 ), las Meditaciones del claustro ( 1804 ).
Los Ensayos de un jouen bardo (1804) y Los Tristes o Misceláneas
sacadas de los apuntes de un suicida ( 1806); y finalmente, en
1827
el Víctor Rugo y el de Sainte-Beuve, que tomaron el nom­
bre de cenáculo.
Pero, si los salones o cenáculos, eran una derivación del pa­
sado siglo, lo propio del romanticismo lo han .sido las revistas
literarias, que también tienen como rasgo comúti, su duración
efímera. En sus páginas figuraron. los nombres de Guiraud, Sten­
dhal, Emile Deschamps, hijo del fundador del salón, A!fred de
Vigny y Víctor Rugo. Los
mismos hermanos Hugo, en 1819 fun­
.daban el Conservateur littéraire:; aparecía en 1823 la Muse fran-
faise, decididamente romántico y en 1824 el Globe. ·
· El año 1830 con la revolución liberal se marca el triunfo de
la nueva ideología. Theóphile Gautier (72), desde la
visión nos­
tálgica de su vejez, aludía a que «esta generación de 1830, mar'
cará al futuro, y de ella se hablará como de una de las épocas
climatéricas del espíritn
· humano. Se dijo que había descendido
del cielo una llama, el mismo día,
sobre todas · Jas mentes privi­
legiadas. ¡Qué ardor,. qué entusiasmo, qué amor por el arte, qué
.horror por la vulgaridad y los hechos acaecidos por las conoesid­
nes burguesas! Cada uno se entregaba enteramente, con su esfuer­
zo supremo y la más intensa originalidad. El arte se renovaba en
todO's sus aspectos: la poesía, ~! teatro, la novela, la p~ntura, la
(72) Histoire ·du ·rom~nticism_ej._ J.; ·/• ·1001
Fundaci\363n Speiro

:ANGEL MARTINEZ. SARRION.
música, formaban un ramillete de obras 1DJ1estras,.. La pintura
y la poesía fraternizaban. Los artistas leían a los poetas y los poe­
tas frecuentaban a los artistas. Se encont.raba a Shakespeare,
Dante, Goethe, Lord Byron y Walter Scott
en el estudio».
Pletórico _de entusiasmo, se mostraba también, Legouvé (73 ),
que «el año 1830 significa ~o más que una fecha histórica en
el siglo XIX, es un fecha moral. Los hombres de 1830 aparecen
marcados con una impronta particular, al igual que los que les
antecedieron en 1789. Y, con una mayor concreción, apuntaba
Moreau (74
), que con toda exactitud se podría sostener que la
revolución de 1830
«était une revolution J'avoctJts; el/e est aussi
une révolution de Sorbonne
et d'Ecole polytechinque, de lecteurs
du Globe,
d'auditeurs de .Cousin et de Guizot».
Pero, desafortunadamente, el 1830, en que según expresión
de Víctor Hugo, «Louis Philippe, c'est fait
homme», no respondió
a las ilusiones depositadas,
señalando una persdnalidad totaltnente
inadecuada y mal
elegida: el Rey ciudadano, sucesor de Carlos X,
último de los monarcas consagrados
en ,Reims, distaba de ser
romántico, sino tin complacidd burgués, en consonancia con una
época que cada vez se deslizaba ron mayor fuerza por la pendien­
te del aburguesamiento. Caen al suelo las grandes ambiciones y
se hunden las esperanzas más bellas. Y así cuando la sagacidad
desplaza a la razón, cuando
el oportunismd desdeña el sentimien­
to, cuando el progreso deja de estar en las ideas
para solazarse
en las costumbres de dandys y bohemios, los inconfortnistas espo­
leados por su ideal romántico,
se someten para sobrevivir a un
proceso de hibernación en torno
a la Academie fran(aise: Charles
Nodier era elegido en 1833; Víctor Hugo, entre una serie
de
fuertes oposiciones, accede en 1841 y Alfred de Vigny, después
de sufrir toda clase de humillaciones, ocupa un sillón en 1845.
«Querer ser de la
kademia -escribe Gusdorf (75)-, es parti­
cipar de
la esperanza, es conceder a esta consagración social una
importancia que implica la conexión
con el orden social establee
ciclo: los románticos que han llegado no son los que inicialmente
habían partido; una reivindicación satisfechá
se olvida y con ella
el espíritu de reivindicación».
Ciertamente
se puede constatar una ruptura de la tradición,
a la búsqueda de horizontes que brinden un nuevo equilibrid,
en
el que la vieja aristocracia, según el esquema de Saint-Simón,
{73) Soixante ans de sauvenirs, 1886, tomo I, pág. 135.
{74) Le_ classicisme des romantiques, París, 1932, pág. 231.
{75)
Fondements du. savOír TOmántique, · cit., pág. 154. · ·
1602
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ROMANTICISMO ·.y LITERATURA
queda reemplazada por Ullil élite burguesa. Se divisa el arco iris
de
la revolución industrial; los actuales notables son los banque­
ros, los financieros, los ejecutivos, con su corte de ingenieros y
técnicos que abren las vías de Ja mutación económica y social.
Esta Francia de Luis Felipe y de Guizot, como aquella de Na­
poleón
III, de Michel Chevalier y del Barón Hausmann, era la
de los ferrocarriles y canales, de las minas de carbón y de la
si­
derurgia, que conmemorará sus triwúos en la exposiciones uni­
versales del segundo Imperio.
«La gloria de W alter Scott declinaba
-observaba Pierre-­
Moreau ( 7 6) ; la poesía del pasado se disipa, y la razón burguesa
se le impouia, plegándola a sus ideas
y sometiéndola a sus dicta­
dos». «El tiempo no está ya por las Odes
et Ballades; es el mo­
mento de la Comédie humaine; esta perspectiva literaria desem­
boca en
la lontananza del siglo, en los Rougon Macquart. Balzac
quiete ser
el Walter Scott de la época contemporánea y Eugene
Sue el Fetninore
Cooper» (77).
Paul Bénichou (78), alude a la juventud venida
al mundo en
torno al 1810, que sólo alcanzaron a conocer
las últimas fases
de la Restauración, vividas entre el desdén
y menosprecio de lo
existente
y la fiebre encendida por la revolución: entre el arte
y la tienda realmente triunfadora, no encuentran la justificación
del desplazamiento o del viraje
y por ello se muestran incómodos
e irritados para acomodarse a una situación que se presenta conio
la más idónea y que al imponerse les hace sentirse inconformis­
tas
y rebeldes, haciendo patente su repudio en la excentricidad
de sus costumbres, en
Ia vicia bohemia acusada por su indumen­
taria
y pot sus cabellos. Los dos conceptos, arte y poesía, equiva­
len; ambas expresiones ejercen el misíno impulso.
En todo este
grupo,
al mismo riempo que el paroxismo y el desafío, se acusa
un sentimiento de
aflicción, de una ambición abortada o reduci­
da a la soledad.
Pierre Barberis (79), recuerda que la designación de
este­
período v de las gentes que alcanzaban su formación humana en
1815, como mal du
siecle, se debe a Sainte-Beuve que en 1833
la aplicaba en
el prefacio a la reedición de Obermann de Senan­
cour, v que describía con toda su crudeza Alfredo de Musset,
en
las páginas de la Confession d'un enfant du siecle, aparecida en
(76) Le classicisme des romanti(Jues, -cit., pág. 240.
(77) Gusdorf, f'ondements, cit., pág. 155.
(78) Le Sacre .de l'écrivain, París, 1968, pág. 420.
(79)
D'un romantisme de droit a µn romantisme de gauche. En Ro­
mantisme et Politique, París, 1%9,-pág. 180.
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ANGEL MA.RTINEZ SARRION
1835, que venía a constituir el punto ascedente de La Nouvelle
Héloise de Rousseau, a Del¡,hine y Corinne de Madame de Stiiel,
Y. a Lélia, a quien André Maurois identificaba ccn su autora Geor­
ge Sand (80), y los protagonistas
masculinos, significados en Fí­
garo, asimilado a Beaumarchais por Duc de Castries (81), el
Adol¡,he de Benjamín Constant, ejemplo típico de una generación
de hombres
«énervés et désesperés» y su colega René, o la bio­
grafía de Chateaubriand, según Maurois ( 82), que
«ese/aves de
l' émotion»
han introducido «le reg11e de l'i!tre d' emotion», par,¡
finalizar destacando la figura de Honoré de Balzac, calificándole
de Prometeo del romanticismo el mismo André Maurois ( 84 }.
Ahora se puede alcanzar a comprender lo que a manera de
apuntes a vuela pluma impresionaba Alfredo de Musset en
La
confesi6n de un hi¡o del siglo:
«La tristeza es más noble que la desesperación, y Dios las
ha hecho hermanas, para que no estemos solos nunca con una de
ellas
... Nos reuníamos para beber sin tino; en medio de la noche
tomábamos caballos e íbamos al almorzar al campo, a diez o doce
leguas de París. Al regreso,
al baño, del baño a la mesa, de ésta
al juego, y
por último a recogernos; y cuando ya me aproximaba
al lechd, .. corría el. cerrojo de mi alcoba, me prosternaba y, en
silencio, llotaba; éste llanto era
mi plegaria de todas las noches».
Y como desilusión experimentada, plena y chorreante de pesi­
mismo, esta observación: «Los que dicen
que el mundo da la
experiencia, deben asombrarse de que haya quien los crea.
La
sociedad se compone de torbellinos, entre los que no existe rela­
ción alguna.
Los hombres se dividen en bandadas como los pá­
jaros. Los barrios de una ciudad en nada se parecen, y para el
habitante de laChaussée d'Antin es tan instructiva una excursi6n
al barrio del Marais, como un viaje a Lisboa. Lo que si
es verdad
es que en esa sücieda:d se ·encuentran siete personajes, que son
los mismos en todas las épocas y en todos los países: el primero,
se· llama esperanza; el segundo, conciencia.; el tercero, opinión;
el cuartd, envidia; el quinto,. tristeza; el sexto, orgullo; y, el úl­
timo, es el hombre». «¿Eres hombre? Pues teme al hastío, por­
que un muerto es más feliz· que un hombre hastiado de la vida.
¿Tienes corazón? Pues teme
al amor, porque esto es peor que la
desgracia para
un libertino, es el ridículo; la mujer que se vende
(80) Lélia ou la vie de George Sand, París, 1952.
(81) Figaro ou la vie de .Beaumarchais, París, _1972.
(82) René ou .la vie de Chateaubriand, París, 1938.
(83) Le romantisme fraitrais, París, 1919, pág. 155.
(84) Prométhée ou la vie de Balzac, París, 1974.
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RDMANTICÍSMO y· LITERATÜRA
no tiene derecho a despreciar más que a un solo hombre, al que
se enamora
de ella.' ¿Tienes pasiones? Pues teme no las denuncie
tu semblante; para un soldado es vergonzoso arrojar su armadu­
ra, .y para un libertino perder su indiferencia; su gloria consiste
en tener unas manos de mármol untadas de aceite, por las que
resbale todo. ¿Eres algo pendenciero?
Pues aprende a mat~ si
quieres vivir, porque el vino suele ser provocativo. ¿Tienes con­
ciencia? Pues teme
al suefio; el libertino que se arrepiénte de­
masiado tarde, es como un barco que hace' agua: no puede regre­
sar a tierra ni continuar su camino, los vientos lo empujan hacia
donde quieren, el océano lo llama; por último,' gira sobre sí mis­
mo y desaparece. Si tienes un cuerpo, teme a la enfermedad; si
tienes· un alma, teme a la
desesperaci6n. ¡Oh, desgraciado! . -'·
¡ Estarás solo! Piensa en Dios .. . ¡Muere! Eres el enemigo de
todo cuanta ama; extinguete pronto en
tu soledad: no esperes a
la vejez, ni dejes un hijo sobre la tierra: la sangre corrompida no
debe ser fecunda. Desvanécete
· como el humo; lío robes al. granó
de trigo que germina el aire y
el sol de que tu disfrutas».
Alfredo de Musset
se ha circunscrito a transcribir los acon­
tecimientos hist6ricos, sin fechas y sin figuras, desde el anonima­
to de las generaciones que asoman a la vida ; mas, con meticulosa
exactitud, cual muestran los hechos historiados: los j6venes de
1815, escribe Georges Gusdorf (85) , constatando
el émb.-ollo,
piden a sus mayores que· rindan cuentas, como antiguos comba­
tientes de cien combates perdidos, de las batallas ideol6gicas y
de
las batallas militares. La generaci6n de 1815 no alcanza a com­
prender a la de 1789, sabían que sus predecesores entusiasmados
y enardecidos
por ideas descabelladas repudiadas por la experien­
cia
se habían sacrificado valdíamente, a no ser que se reputasen
por logros
los esfuerzos por instaúrar una promoci6n Social -en
la noche del 4 de agosto de 1789, la nobleza perdía sus derechos
feudales
y sus privilegios y el 23 de iunio de 1790 la Asamblea
Constituyente
prohibía los títulos nobiliario8'--y los beneficios
escandalosos. El Padre Gratry anota
en sus Souvenirs: «Empezaba
a juzgar a los hombres del día, y reparando en las celebridades
que hablan jurado fidelidad
al Emperador, luego a Luis XVIII,
después al Emperador y de nuevo a Luis XVIII, me decía: «¿Qué
hacen todos éstos farsantes aquí?
¿Son éstos los hombres que
tenemos?». Personajes de primer orden,
de la prosapia de un
Talleyrand-Perigord de quien
se cuestionaba si era un «diablo
cojuelo» o un servidor de Francia y de Fouché que había escrito
(85) Fondements du savoir romantique, cit., pág. 141-.
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ANGEL MARTINEZ SARRION
«es deshonroso ahora ser rico»,_ eclesiásticos renegados, cómpli­
ces de .todos los excesos, tránsfugas y delatores de los partidos
vencidos, desertores de las peores conspiradones, que no tiene?­
el menor empaque en escribir, por mano de Fouché en sus Re­
flexions sur l' éducation publique que «solamente la instrucción
púb\jca organizada sobre_ la base del monopolio, inspirado por el
espíritu revolucionaricl y netamente filosófico, puede hacer de
contrapeso a la odiosa influencia de la religióm,, debían suscitar
en la juventud de su tiempo una
repugnancia y un escepticismo
invencibles, semejantes en mucho al que ocasione eti nosotros, las
persecuciones encubiertas que salen de un gobierno marxista ver­
gonzante que cuenta entre sus corifeos a gentes que no tuvieron
necesidad de colgar la sotana porque está en desuso. Y es que,
el ingenio del hombre
es imitador -sólo e_l genio es el que crea-,
por lo que cobran actualidad las frases insertas en una carta de
Jouffroy (86), que en 1824 observaba; «En todo, la generación
precedente, está sacudida por
el descrédito: plenamente incapaz,
hastiada
y fatigada de considerarse cabal ; escéptica e. inmoral,
como los tiempos
y los acontecimientos la han mostrado, por ha­
blar con toda franqueza; pisoteada y mancillada por los escánda­
los
y bacanales de corrupción de treinta años, sin la menor espe­
ranza de confiar en nadie ni incluso en sí mismo y de escapar a
la sensación de estar haciendo un ridículo permanente».
La generación de 1815 tiene por objetivo definido
y concre­
to, aventar las sandalias del polvo del camino
y del cieno dejado
por los hombres
y las ideas del siglo XVIII y de la Revolución
al haber podido constatar sus contradicciones internas, al expe­
rimentar su inmoralidad laten te
y sus desastrosas y apocalípticas
consecuencias. Según
el Vizconde de Suleau, que era uno de estos
jóvenes contemporáneos ( 87), «se había formado una generación
en nuestros disturbios; que corrompida de
vez en vez por la anar­
quía
y el despotismo, había extraído de la una un cansancio de
obediencia y del otro la sed inmoderada del poder. Generación
singular que, bárbara a fuerza de civilización, querría gozar de
la sociedad como el Tártaro disfruta del desierto y saborear a la
vez de la libertad
y del dominio». Los hijos tienen necesidad,
para afirmarse
y adquirir conciencia propia, de renegar de sus
padres: por esta razón el primer romanticismo francés será anti­
revolucionario y monárquico.
(86) Cit. por Moreau, Le Romantisme, cit., pág. 60.
(87)_ Considérations p~itiques,. Le Conservateur, VI, pág. 420, París, 1820, Cit. por Gúsdorf, pag. 142, y por Moreau, pág. 60.
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
La literatura, con esta temática, se hacía expresión del sen­
timientd de las nuevas y jóvenes generaciones
en sincronía con
la reproducción pictórica de .estas escenas. «En Francia, poco des­
pués de 1815
.,....,escribe Hugh Honour (88)--, los hombres de
rodas las tendencias políticas se vieron recordando, melancólica­
mente,
las épocas de un pasado reciente pero .que ya parecía
irrecuperable: los aristócratas, el
ancien régime, con su elegan­
cia, opulencia, seguridad y privilegios (los abusos era lo mejor
de todo, decía uno de ellos); los republicanos, los albores
de la
libertad, tan prontamente entenebrecidos; los bonapartistas, los
años de gloria. La cercanía y lejanía a un tiempo del mundo
anterior a la Revolución, queda plasmada
en el . extraordinario
cuadro
de F. J. Heim, sobre la exhumación ceremonial, sacra­
mental casi, en 1817, de los huesos
de los reyes de Francia, que
con tan poco miramiento habían sido sacados de las tumbas rea­
les de Saint-Denis
en 1793. La figura central es la del marqués
de Dreux-Brezé, curioso eslabón entre dos siglos y tres
regíme­
nes ( maltre des céremonies cuando se· reunieron los Estados Ge­
nerales en
17 89 y cuando Luis Felipe entró en la Cámara de
Diputados el 3 de agosto de 1830). Pero, entre el grupo que
recoge
· piadosamente restos borbónicos ert · el primer plano y la
Abadía Real gótica de Saint-Denis, hay una zanja (para arrojar
los restos cadavéricos profanados con el mayor desprecio huma­
no), cavada por los vándalos revolucionarios.
Otro cuadro, Lé
Soldat laboureur ( 1820) de Horace Vernet, resulta todavía más
inquietante.
Muestra cómo
podían salir accidentalmente a la su­
perficie los restos de
un pasado todavía más reciente: un soldado
licenciado que ha vuelto a trabajar los campos de Waterloo,
me­
dita ante un casco francés desenterrado por su arado ( una imagen
del heroísmo romántico del derrotado,
de la emoción de la guerra
y la monotonía de la paz, y también del paso velocísimo del tiem­
po). La
misma sensación de contraste entre el presente y el pa­
sado reciente, v un pathos todavía más grande, inundan una lito­
grafía de Géricault (llamado El guardia suizo del Louvre, 1819),
de
un veterano lisiado, con una pata de palo hasta la rodilla, que
abriéndose el capote exhibe airadamente su medalla napoleónica
prendida en su pecho y le ordena presentar armas a
un envarádo
suizo a la puerta del
Louvre».
Por eso se producía la reacción callada pero no por ello me­
nos rotunda y contundente, con toda l_a energía revisionista, pero
(88) Romanticism, 1979, trad. española de Remigio Gómez Dfaz; Mas
drid, 1981, págs. 202 y sigs.
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ANGEL MARTINEZ SARRION
exenta de violencia, tal cual recdgía Honoré de Balzac en, el Pre­
facio de la primera edición de La Peau de chagrín (89): «Hay
un
clamor general contra el color sanguinolento de las obras mo­
dernas. Crueldades, suplicios, hombre arrojados
·al mar, ahorca·
dos,
patíbulos, condenados, atrocidades calientes o frías, verdugos,
todo eso ha pasado a ser motivo de risa
... No hace mucho dejó
ya el público de simpatizar con los ¡óvenes enfermos, los conva­
lecientes, y los dulces tesoros de melancolía contenidos en la en•.
fermería literaria. Se despidió de los tristes, de los leprosos, de
las lángnidas elegías. Estaba harto de los bardos nebulosos y los
silfos, como hoy
lo está de España, el Oriente, las torturas, los
piratas
y la historia de Francia walterscottesca. ¿Qué nos queda
,entonces?
... ¿Dónde están los modelos? Vuestras mezquinas
costumbres, 'vuestras revoluciones frustadas, vuestros extinguidos
poderes, vuestros reyes a media paga, ¿son tan poéticos que haya
que transfigurarlos?
No podemos hacer otra cosa que burlarnos.
La burla es toda la literatura de las sociedades moribundas».
Estas son
las páginas que nos transmite Francia; Como el
propio Gusdorf reconoce (90),
«el romanticismo francés, más con­
sistente que el de Inglaterra, mobiliza los intereses y las pasio.
nes de la opinión letrada; suscita polémica, engendra slogans con­
tradictorios. El pro y el contra se afirman en los órganos de
prensa, en los ·emplazamientos especializa:dos, ·salones, clubs, aca~·
demias; se ha podido hablar de una batalla romántica, implorando
una, táctica .ofensiva o defensiva_ en presencia de los escenarios
bélicos, para el control de las instituciones tradicionales de la
cultura. El apogeo del romanticismo francés
se sitúa en los años
1825-1835,
periodo ciertamente bastante breve, en el que los re­
presentantes de la nueva ola logran triunfar de una serie de tem­
pestades en una serie de vasos de agua. El campo de batalla se
limita a una zona restringda ; algunos quartiers de París dictan la
ley para el país entero. El romanticismo ha hecho demasiado rui­
do; esta ·importancia se reduce desde que se intenta medirlo con
u_n cierto.-rigor. Los escritores que los manuales presentan como
los "grandes" románticos, Lamartine, Hugo, Vigny, Alfred de
Musset, Théophile Gautier, difícilmente
se dejan encerrar en los
límites de una conceptuación estricta de románticos, lo han sido
en un cierto tiempo y con
un grado variable de intensidad ; el
(89) La peau de Chágfin, ·Preface de la premiere édition, 1831. En J.A
comédie humaine, L'lntegrale, toro.o 6, París, 1966, págs. 706 y sigs.; trad.
esp. Rafael Cansinos Assens, Aguilar, tomo VI, Madrid, 1972 con el título La' j,iel de onag,á; págS. f.135 ·y sigs. · · · '
, (90) Fondements du savoir romántique, cit.,· pág; 26:
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
epíteto que se les asigna, enmascara la realidad más bien que la
expresa. El triunfo de la influencia romántica coincide con .el ad­
venimiento de la monatquía burguesa de Luis Felipe y de Guízot,
personajes libres de cualquier suposición de romanticismo. La
misma enfermedad prevalece cuando
se examina en Europa los
romanticismos menores, que no alcanzan a serlo del todo.
En
Milán, en Turín, en Madrid, en Lisboa, en San Petersburgo, gru­
pos de intelectuales
se apasionan por las modas estéticas venidas
de París o de
más allá». Y finaliza su exposición: «Si el roman­
ticismo no hubiese existido,
ni los escandinavos ni los ibéricos
lo habrían inventado.
En numerosas provincias del espacio euros
peo, el romanticismo no fue más que µn producto de importación.
Parece, pues, dificultoso, definir un ··moddo romanticio, un es­
quema ortodoxo que pueda servir de norma de homologación.
Un romantisme a cent pour cent n'a existé ·nulle part». O conio
con otras palabras titulaba Fran1;C>is Jost (91), su fundamental
estudio sobre
el romanticismo y su circunscrita y retatdada in­
fluencia:
«Romantique: La le~on J'¡m mort».
Pienso debe someterse a revisión la opini6n de Gusdor.f de
que
si el romanticismo no hubiese existido, los escandinavos y·
los ibéricos no lo habrían inventado. Hay, en efecto, un hondo
sentimiento de Verda_d, pero siempre· que se sitúe en sus justos
límites. ·
Tampoco tenían necesidad alguna de inventat el romanticismd
los escandinavos, porque· los movimientos literarios no se inven­
tan, se encuentran sin
tener· que recutrir a encuadrarse en ellos.
Es
una sintonía que en cuanto· tal, s6lo se repara en ella, cuando
se ha producido. Esto permite explicar que antes de conocerse en
Copenhague
las escuelas románticas de Jena y de )3erlín, ya en
1802
el joven danés Dehlenschlaeger publicaba sus poesías y el
noruego Schelling en 1798 se trasladaba a Jena, pata pros.eguir
sus estudios de Ingeniero de
minas, conociendo allí a Schelling
y

a los hermanos Schlegel, así como a Novalis, y vuelto a
Dina'.
marca, se convierte en el portaestandarte de fas nueVas ideas, a
las que convierte en julio de 1802 a Oehlenschlaeger, que lo
considera como su mentor a resultas del cual se compara a un
operado de cataratas, pudiéndose decir que en su poema Los
cuernos Je oro, inauguraba .el· movimiento ;;oniántico en Dina­
marca (92);
Se ha reputado el año 1810 cómo la «edad dorada»
(91) Essais de literáture compark. II. Europaeana, Fribourg, 1968,
págs.
126 y sigs. . . . (92) Anderseri, Guldhornne: -En "hidrág til den-··danske·· Róman~iki his­
toria, Copenhague, 1896, pág. 216.
1009
Fundaci\363n Speiro

.,,,_}!.G_EL MARTINEZ S,4~10N
del romanticismo danés, que t,epía sus reales establecidas en Co­
penhague y en la Academia de Soro, brillando. entre sus miem­
bros lngemann y · Hauch, integrantes de. un «Parnaso» para el
cultivo del drama
y la novela hi¡tórica, basado en sus tradiciones
heroicas,
Mas no quedaba .atrás Suecia: refiere Schuck (93), que en
1805, dos jóvenes que
mJlitaban en la entidad de los Amigos lite­
ratos
de la famosa Universidad de Upsale, ll¡unados Hammarsk­
jold y Livijn, nutridos por la lectura de Los Bandidos de Schiller
y por los dramas de Kotzebue, fundan en 1809 la revista Poli­
femo.
A ella se incorpora Atterbom, creando la asociación Musis
Amici} luego mudada su denominación en _Aurora} cuyo órgano
de expresión se titulaba Phosphoros, «el, que lleva la luz» y a
sus colaboradores se les apelaba por fosforistas, pues las notas
características. de su
poesía eran la

libre inspiración,
el entusiasmo,
la fantasía
y hasta la magia. Frente. a ellos, surgían unas indivi­
dualidades, que nunca llegaron a formar escuela, si bien a sus
cultivadores
se les conocía genéricamente por godos o goticistas,
que se reúnen en la. Sociedad gótica para aplicarse a «las sagas y
crónicas de los antiguos ·godos». Su revista Iduna fundada en 1811
se extendía hasta 1845, y en la que aparecieron los poemas de
sus compicuos representantes Geijer, Ling, Tegner
y Afzelius.
Menor importancia revesúa el romanticismo en Noruega, de
marcada influencia de .Novalis, de
Tieck y de Oehlenschlaeger,
hasta el punto
de. que sus más significados. poetas W ergeland y
Welhaven, escribieron en danés algunas de sus composiciones.
El romanticismo
español en el siglo XIX en cuanto adsctito
a autores detenninados, responde a una imitación, y como toda
imitación; por tnuy genuina que se ·quiera presentar, exige el mo­
delo previo al que acudir. Y nuestros románticos no acudieron al
que integraba una peculiar nota de nuestro quehacer literario y
arústico, especialmente singularizado en los grandes maestros es­
pañoles del barroco, ni a las esen.cias españolísimas del Roman­
cero, ni aún
tan· siquiera al realismo de Lope, que siglos ha res­
pecto a Boileau y a Luzan, ya habla expresado en el Arte nuevo
de hacer comedias.
« Y cuando he de escribir una comedia) en.cierro los pre­
ceptos con seis llaves ; saco a

T erencio
y Plauto de mi es­
tudio,/ para que no me den voces; que suele dar gritos la
(93) Histoire de la litterature Suédois~, trad._ Lucien Maury, París, 1923, pág. 248.
1010
Fundaci\363n Speiro

ROMANTICISMO Y LITERATURA
verdad en libros mudos:/ y escribo por el arte que inventa­
ron
los que el vulgar aplauso pretendieron ;/ porque como
las paga el
vulgo, es justo hablarle en necio para darle
gusto» (94
).
El romanticismo no entra en España por las vías de la crea­
ción, sino por
las de las traducciones y adaptaciones y por la de
1a polémica, con las que se busca llenar el vacío producido por
la carencia de inspiración, que a manera de ley histórica acude
puntual a
la cita para dejar al descubierto, en detrimento de sus
cultivadores, el grado de perdida de originalidad y de inspiración.
Para constatar estas desnudeces, nada mejor que. seguir la orien­
tación que muestra José F. Montesinos (95), a resultas de la cual,
entra uno en desilusión y descorazamiento ante un proceso desva­
lorizador de lo nuestro. y decadente de los valores· literarios, que
a falta de grandezas presentes que admirar, o más bien por estra­
bismo mental, desdeñan penetrar en la historia, para cuando me­
nos hacer de testamentarios de una ubérrima cultura, susceptible
de ser revitalizada con arreglo a los gastos de cada uno de los
tiempos. El primer libro traducido de autor inglés lo fue los
Viajes
de
Gulliver de Swift por Ramón M. Esparte!, Madrid, 1973. De
él arranca un rosario ininterrumpido de obras inglesas y france­
sas que inundan los establecimientos de los libreros, más que los
hogares, por la inveterada
manía de los españoles de no leer, y
que produce un cierto apabullamiento por la acumulación
de títu­
los, aunque, para proporcionar
un juicio adecuado del problema,
se requeriría contar con el dato del número de ejemplares
impre­
sos, y más en calendas en que nd habían surgido los premios
literarios para coadyuvar a conculcar y pervertir
el buen gusto
de los inavispados lectores, y darles por alimento espiritual como
pan candeal lo que estaba elaborado
con rubión o con centeno,
cual
ahora lameniable y laceradamente sucede. En 1794, Pamela
Andrews
y Clara Harlowe de Richardson, en traducciones de José
Marcos Gutiérrez; en
1795, la Historia de Amelia Booth, escrita
en inglés por el famoso Fie/ding, traducida por R.A.D.Q. y Ma­
tilde o el subterráneo de Sophie Lee; en 1796, Tom Jones o el
expósito de Fielding por Ignacio de Ordejón; en 1798, la His­
toria del caballero Carlos Grandison
traducida por E.T.D.T. y
El Principe de Abisinia traducida por Inés Joyes y Blake.
(94) Arte nuevo de lµzcer comddias en tiempo. Dirigido a la _AC4demia
de Madrid, B.A.E., 38, Madrid, 1950, PM· 230.. . · .
(95) Introducción a una historia de ··za novela; cit., págs. 16, 17, 22.
'1011
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SA RRION
No obstante, el denostado Calzada, se había lanzado, unos
años antes, en 1785 .su pugilato en traducciones del francés, con
la obra. de madame
de Genlis, .Adela y Teodoro o Cartas sobre
la educaci6n y Femando Gilman lo hace con las Veladas de la
quinta o novelas e historias sumamente útiles para las madres de
familia.
. .
Y como casos curiosos, cabe citar, que en 1802, un tal Bla­
deau, presentaba a
la censura una traducción del W erther -no
del alemán, sino del francés--con el título enmascarado de Car­
tas m.orales sobre las pasiones. Con esta orientación, publicaba
La .Minerva una adaptaciQ!l de)Jeannot et Colín, de Voltaire, sin
nombre de autor,
por supuesto, bajo el título de Rafael y Carli­
tas. ¡Buen pórtico para acceder al siglo romántico desde el de las
luce~J
Sumamente instructiva al respecto, es el Esbozo de. una biblio­
grafia española de traduccione,s de novelas. (1800-'1850), modélica
en su género,· digna de destacar
-por .su esfuerzo, y consagración
de
años, que figura como apéndice a la obra que nos referimos.
La explicación
de este fenómeno la suministra la pluma de
Mariano José de Larra (96):
« ¿ Vés pasar aquél. autor escuálido de todos conocido?
Dicen que
es hombre de mérito. Anda y pregúntale: "¿Cuán­
do da usted a
luz alguna cosita? Vamos ... ". "Calle usted,
por Dios! -te responderá, fúrioso, como si blasfemases-;
primero lo quemaría". No hay · dos libreros hombres de
bien. ¡Usureros!
Miré usted: días atrás me ofrecieron una
onza
por la propiedad de una comedia extraordinamente
aplaudida ; seiscientos reales
por un Diccionario manual de
Geografía,
y por un Compendio de la Historia de España,
en cuatro tomos, o mil reales de. una vez, o que entraría­
mos a partir ganancias, después de haber hecho él las suyas,
se entiende ... No, señor, no. Si es en el teatro, cincuenta
duros me dieron por
,una comedia que me costó dos años
de trabajo, y que a la empresa le produjo doscientos mil
reales en menos tiempo y creyeron hacerme mucho favor.
Ya ve usted que salía.por reaLy medio darlo. ¡Oh! Y eso
después de muchas intrigas para que
la pasaran y represen­
taran. Desde entonces, ¿sabe. usted lo que hago? Me he
(96) Carta. a· An4ré¡. Es:crita. desde las Batuecas por el pobrecito ha­
bldor. (Artículo enteramente nuestrq). En: ·Artícul~s políticos, Ect. Jorge
G. Campos, Madrid, 1986, pág. 30;
1012
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ROMANTICISMO Y LITERAT.URA
ajustado con un librero para traducir del francés al caste­
llano las novelas de W alter Scott,
que se escribieron origi­
nalmente en inglés, y algunas de Cooper, que hablan de
marina, y es materia que.
no entiendo palabta. Doce reales
me viene a dar .por pliego
de imprenta, y el dfa que no
traduzco no como».
Ilustrativa es la narrací6n que efectúa don Cayetano Rosell
que como director de la Biblioteca Nacional intervenía en la re­
dacci6n de
la materia específica de su profesi6n en Los españoles
pintados por si mismos, ditigido por Mesonero Romanos ( 184 3-
1844 ), con el antecedente inmediato de Les Frt1nrais peints par
eux-m€mes ( 1840-1842) y precedente a su vez de Los valencianos
pintados por si mismos, bajo el título de La marisabidilla:
«Su biblioteca no es muy numerosa, pero sí, selecta. En ella
figuran en primer término, bellainente encuadernadas, las nove­
las de Jorge Sand, a quien la participaci6n del sexo hacer mirar
con cierta especie
de idolatría. Siguen después Eugenio Sue, Bal­
zac, Paul de Kock, Walter Scott, Alejandro Dumas, las
obras de
Víctor Hugo, las de Lamartine,
algunas de Chateaubriand, las
de Lord Byron, traducido al francés, y otras de varios autores de
por allá unos modernos y otros contemporáneos; nada de Cor­
neille, ni de Racine, ni de Moliere, ni de La Harpe, y mucho
menos de Boileau, Delille y demás poetas líricos a quienes sólo
ha dado fama, según dice ella,
la época en que vivieron. El insul­
so Fenelón acabó ruando niña con su paciencia: Masillon, Mar­
montel, Saint-Pierre, Berthélemy, Pascal, La Bruyere y todos los
demás prosistas llamados clásicos
en otto tiempo, de poco sirven
hoy día, porque
ni sienten lo que escriben ni saben escribir para
la
generacón presente. De Rousseau sólo conserva la Julia; y de
Voltaire las composiciones dramáticas ; al lado
de las piezas de
Scribe tiene los tremebundos dramas de Bouchardy, los de Casi­
miro Delavigne, el
Fausto de Goethe y el Don Carlos de Schi­
ller
... En punto a nuestras obras es algo más tolerante, pues no
sólo ha conseguido reunir cnantas
han dado a luz en la prostrera
década nuestros poetas líricos y ·dr8máticos, sino que guarda con
estimación el Quijote y las Novelas de Cervantes, una preciosa
colección del teatro antiguo y de poesías selectas publicadas
por
Quintana. La delicádeza de su gusto no le permite transigir con
la mayor parte
de los escritores antiguos. De Quevedo, dice que
brillaría más si no fuese tan vulgar y desaliñado y no hubiese
dado en el necio empeño de escribir casi siempre chocarrerías ;
!Os historiadores españoles carecen de genio y filos.afia; los pu-. . .
.1013
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ANGEL MARTINEZ SARRlON
blicistas son pedantes; los escritores sagrados, hip6critos y mi­
sioneros, exceptuando únicamente a Santa Teresa, sin duda, aquí
para nosotros, por lo que tenía de común con Eva».
· No tenla carácter jocoso, sino de risa sustitutiva de las lágri­
mas por impotencia la dedicatoria del tomo VII de sus Poesías
efectuada por Zorilla:
«Con ir un mes a Par/s / y almorzar con Víctor Rugo,
vuelves y pones el yugo / literario
a tu país».
Desafortunadamente sucedía así, porque e.l ambiente aún era
peor: había hecho su aparición el conformismo
y la buena vida,
enseñoreada en
el corriente pasar de los políticos y en esa pseudo­
intelectualidad de pacotilla, que sin exigencias de mostrarse se ro­
mánticos tanto seduce a la autodenominada «clase política» actual,
tan inculta
y anacr6nica que desaparecida la lucha de clases, en
el Estado de derecho, no repara, que sólo contra ellos ha de
luchar la sociedad para que no perduren enquislados en
casta del
Ancien Régime. El prototipo de. tales montaraces, lo describía
don Angel de Saavedra, Duque de Rivas, en uno de
sus Sonetos
que intitulaba receta segura:
«Estudia poco o nada, y la carrera
Acaba en abogado
de estudiante.
Vete imberbe a Madrid,
y petulante
Charla sin dique, estafa sin barrera,
Escribe en un periódico cualquiera ;
De opiniones
extremas sé el Atlante,
Y ensaya tu elocuencia reventante
En el café o en junta patriotera.
Primero concejal,
y diputado
Procura luego ser, que se consigue
Tocando con destreza un buen registro:·
No tengas
fe 'ninguna y ponte al lado
Que esperanza mayor de éxito abrigue ;
Y pronto te verás pr~er ministro».
Como ponía Pérez Galdós en labios de Villamil (97): «Lo
mejor
es no esperar nada, verlo todo negro, negro como boca de
lobo, y entonces, de repente, ¡pum! ... la luz».
Aludía al segundo elemento deformante del sentimiento ro-
(97) Miau. Obras completas, Aguílar, tomo. II, Mdrid, 1965, pág. 564.
1014
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
mántico, la crítica, que sirve de iniciación del libro de Vicente
Llorens (98), bajo
el subtítulo de «La polémica calderoniana»:
«A mediados de septiembre de 1814 apareció en el Mercurio
Gaditano, periódico no literario,
un attículo titulado así: "Sobre
el teatro español. Extractos traducidos de alemán de A. W. Schle­
gel por un apasionado de la nación española".
Los extractos per­
tenecían a las
Vorlesungen über dramatische Kunst und Literatur
que August Wilhelm Schleger bahía dado en Viena en 1808 y
publicado en 1809-1811 ... La obra fue traducida al francés
( 1813
), al inglés ( 1815) y al italiano ( 1817), mas nunca al espa­
ñol, no obstante,
la· importancia que se concede a los dramatur­
gos españoles en el siglo xvxr, particulatmente a Calderón»;
Este «apasionado de la nación española» era Juan Nicolás
Bohl de Faber, alemán establecido en Cádiz para regir la casa co­
mercial fundada por su padre, contrayendo matrimonio con doña
Francisca Larrea y Aherán, la célebre doña Frasquita de las ter­
tulias. gaditanas y del cual
nada Cecilia, más conocida por su
pseudónimo de Fernán Caballero.
Como
es sabido la tesis de Schleger ahondaba en la concep­
ción tradicional española del honor «del antiguo castellano, fiel
a su Dios y
a su
Rey hasta la última gota de su sangre, esclavo
de su honra, altivo para con los hombres, pero humilde ante todo
objeto
sagrado, sobrio, serio y austero. ¿Nos tocaba a nosotros
ridiculizar. aquellos labradores orgullosos, que no pudiendo
re­
solverse a deponer el instrumento de tanta gloria, araban sin des­
ceñirse la espada? Sólo en España
ha sobrevivido el espíritu
caballeresco a la caída de
la misma caballería».
Menéndez Pelayo calificaba estas
Vorlesungen como salidas
de la mente del «pontífice del romanticismo, autor del mejor
libro de crítica teatral que había aparecido en Alemania
despué~
de la Dramaturgia de Lessing» (99). ·
La reseña efectuada por Bohl de Faber de los · fragmentos
que personalmente traducía
con alguna que otra concesión o des­
viadóti a su manera de apreciar las-·cosas, COn fo que distaba
mucho de ser una versión literal, encontraba una fulminante ré­
plica también en el Mercurio Gaditano firmada por Mírtilo Ga­
ditano,
oajo el que se encubría uno de los asiduos contertulios de
doña Frasquita, don José
Joaquín de Mora, que había estudiado
leyes en la Universidad de Granada y
que se tenía por vindica­
dor del clasicismo,
frente a los innovadores románticos, y así
refería que:
(98) El roman#cismo español, .<:it., págs. 11 y sigs.
(99) Historia de las ideas estitlcas, cit., IV, pág. 137.
'1015
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ANGEL MARTINEZ SAJlR,ION_ . ,
«La moda de desacreditar las reglas eternas del gusto y
de sacudir el
yugo de los preceptos, es un contagio tantd
más
fácil de comuniq¡rse, cuanto más halagos presente a
. la-mediocridad verse libre de trabas y poder abandonarse
a todos los desórdenes de
la imaginación. Entre nosotros
el peligro aún es mayor por el abandonc, en que yacen los
estudios clásicos, estos preciosos. gérmenes del saber,
tan
malamente zaheridos por los discípulos de la escuela román­
tica».
No deja de llamar la atención que ya en 1814 se hablase de
«discípulos de la escuela romántica», cuando ni tan siquiera
ha­
bían tenido tiempo suficiente para hacer su aparición los nuestros.
Y es que, ¿hasta qué punto es posible en que los románticos
formen escuela, salvo que· se considere
determinante el lugar en
que
se localizan ya que difícilmente es posible reducir a unas for­
mas preesrablecidas a los sentimientos? Dominamos las ideas
pero
el sentimiento nos domina.
El
«apasionado de la nación española» replicaba al Mirtilo
Gaditano
en un folleto titulado Donde las dan las toman, en el
mismo año 1814, sin que
los dimes y diretes, más que la fuerza
argumentativa, hallaren reposo hasta bien entradd el año 1820,
por cuanto José Joaquín de Mora defendía sus postulados en la
revista fundada y dirigida
ad hoc por él, Crónica Científica y Li­
teraria
y Bohl de Faber ~• quien Mora 'llamaba Bolonio--- en
el
Diario Mercantil de. Cádh y en la recopilación de. estos artícu­
los en un folleto aparecido en 1818 intitulado Pasatiempo critico.
Había. mediado tiempo suficiente para que fuesen sumando
instigadores o si se prefiere mentes rectoras en la sombra: don
Nicolás contaba con el impulso de su mujer doña
Frasquito, con
el nombre literario de Cymodocea
y don José Joaquín· tenía como
oculto orientador a don Antonio Alcalá Galiano, que habla
os­
tentado el cargo de Secretario de la Embajada de España en
Suecia y · que habla podido conocer ocasionalmente en París a
thadame Germana de Stiiel, y que componía en colaboración con
Mora
un folleto «Los mismos contra los propios o respuesta al
folleto intitulado Pasatiempo crítico» fechado en Barcelona, otro
de los focos del romanticismo, en 18 i 8. ·
· Lós araques
más fuertes. contra · Wilhelm Schlegel y su pro­
pagador
Bohl de Faber, se hacían más violentos· en torno a la
figura de Calderón de la Barca, al que Mora y sus secuaces, con­
sideraban como prototipo ele] arte decadente por «sn tendencia
al género líric?,:el oropel dé .sos descripciones y la mezcla de
.1016
Fundaci\363n Speiro

ROMANTICISMO Y LIT~RATURA
estrellas· y flores, sol y ojos, perlas y lágrimas; vicios de estilo
que no caracterizan únicamente a nuestro célebre dramático, sin9
que infestaron a todos los poetas gongorinos, a todos los predi­
cadores gerundios y a todos los versificadores italianos, españo­
les, franceses e ingleses anteriores
al renacimiento de las letras ...
Y así vemos que no Los empeños de un acaso, ni No sie,npre lo
peor es cierto, ni Guárdate del agua mansa, ni El astrólogo fin­
gido, son las comedias suyas que se leen con gusto y representan
con aplauso en Alemania, sino la vida es sueño y otras mons­
truosidades de este joven». Y sentencian:
«No fueron bautizados
en Paris ni Aristóteles ni Horacio».
Propiamente, más que ante una polémica literaria, se estaba
en presencia de un cuestionado
respondeo, con su praeterea y su
sed contra de un tratamiento escolástico, pero sin la menor som­
bra de materia teológica.
La proximidad del fenómeno románticd a nuestra época ha
venido a dejar
al descubierto la necesidad de que los historiado­
res se apliquen
·más a cuestiones heurísticas que de elaboración,
dejando que los materiales por ellos acumulados en el mayor nú­
mero posible sean
otras mentes, con la sedimentación y perspec­
tiva que brindan
al transcurso de los siglos, los que los elaboren
e interpreten.
De lo contrario sucede que se forjan imágenes ses­
gadas, a gusto de la ideología de cada autor, que ponen al servicio
más o menos recatadd de sus convicciones políticas y que hacen
hablar a los que fueron protagonistas, ora como librepensadores,
ora como paladines del catolicismo, otrora como liberales o bien
como subyugados por el absolutismo. Y
es que; cuando inevita­
blemente
la política se entremete en la cultura, ésta pierde todo
su efecto
dignificador del hombre, toda fuerza creadora, para en
aras a una crítica, parcial y partidista complacerse en
ridiculizar
aquellos rasgos más acusados para dejar trazada su caricatura.
Aunque Héilderlin, había advertido que «el hombre
es un
dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona», quizá, no
estaría por demás, rememorar que al movimiento romántico, no
iban sólo los «descamisados» con frase acuñada en nuestros.,tiem­
pos, sino aquellos seres de especial y acusada sensibilidad
que
con ensueños· de superar una realidad amarga y dolorosa confia­
ban en que la regeneración
podtía venir de la poesía. La luz de
la
razón, como el farol de Diógenes, no había servido para en­
contrar al hombre en toda su dimensión humana; llena de gran­
deza, si bien no exenta de miserias, que es, a las "que se trataba
de combatir, reducir o desterrar.
De aquí que todos los estamentos -es más coloreada esta
W17
Fundaci\363n Speiro

ÁNGEL MARTINBZ SA.RRION
expresi6n que la antag61iica de clases o la acromática que ahora
emplean los pedantes de
colectivos-se rindieran a su llamada.
De
la nobleza tradicional, figuraron nombres tan eminentes, cual
Angel Pérez de Saavedra, Duque de Rivas ; Mariano Roca de To­
gores, Marqués
de Molins; José María Queipo del Llano, Conde
de Toreno; Leopoldo Agusto de Cueto, Marqués de Valmar,
cu­
ñado del Duque de Rivas. De la encumbrada burguesía de pro­
fesionales destacados
y empresarios afortunáclos, procedían per­
sonajes de la relevancia y nombradía de Francisco Martínez de
la Rosa, que ostent6 los cargos de Presidente del Gobierno y
de la Real Academia Española; Antonio Alcalá Galiano,
Minis­
tro de Fomento y de· Gobernaci6n ; Patricio de la Escosura, Mi­
nistro de lá Gobemaci6n y Embajador en Lisboa; Gabriel García
Tassara,
Embajador en los Estados Unidos ; Juan Nicolás Bohl
de Faber, C6nsul de la liga hanseática y de Hamburgo, y final­
mente, José García de Villalta, Presidente del Liceo Artístico y
Literario.-Dentro del funcionariado,
se pueden contemplar hom­
bres del temple de José Zorilla, hijo de un funcionario de la
Administraci6n de justicia; Mariano José de Larra, de un médico
militar, con el que hubo de emigrar a Francia; José de Espron­
ceda, hijo de
un coronel· del ejército de guarnici6n en Ahnendra­
lejo, donde nacía; Antonio
Ros de Olano, Marqués de Guad-el­
Jelú, nacido en Caracas,
como hijo de un militar de Gerona alll
destacado y cuyo título hered6 por haberlo ganado su padre en
la Guerra de Africa (1859-60).-Del mundo más humilde, se
inscriben en la fama. nada menos que un Juan Eugenio de Hart­
zenbusch, hijo de un ebanista, ·en cuyos trabajos a jornal hubo
de empezar a ganar
su pan por haber quedado huérfano en. tem­
prana edad; Antonio García
Gutiérrez, que por penuria econ6mica
hubo de dejar
sus estudios de Medicina ; Gabriel de la Concep­
ci6n V aldés, hijo de mulato y bailarina, nacía en La Habana
abandonado en la Casa de
·Misericordia:; José Eusebio Caro, de
Nueva Granada,
de familia humilde, cosechando truinfos como
poeta y hombre de Estado.
Por
razones como las expuestas, ha solido pasar desapercibi­
do, cuando
no silenciado, el porqué el romanticismo que surgía
en Alemania, tanto en
las llamadas Escuela de Berlín I y II, éon
las intermedias de Jena y de Heidelberg, que iba tras los sende­
ros
de. restaurar las· viejas tradiciones germánicas, recogidas en
lo~ Weisthuner y en las Saggas y leyendas recopiladas por los
hermanos Grimm y por
K,p:l von Amira, con un arraigado senti­
miento
de la Heimatland, esto es, de patria, que a menudo se
ha solido confundir con cierta reiteraci6n desafortunada con la
1018
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ROMA.NTJCISMD ,y LITERATURA
idea de Nación ~repárese que. se alude a sentimiento de patria
y a idea de nación que precisamente no llega a corposific~,
la idea de nación, insisto, hasta la plasmaci6n del movimiento
antiromántico conocido por
das ;unge Deutschland,. que era de
hecho
un movimiento · de reacci6n política contra d espíritu ro­
mántico, al que oponían la idea política de naci6n fundada, más
que
en obras literarias .en la posibilidad. de difusi6n que para las
ideas suponía la reciente aparici6n
de la prensa, por lo que casi
simultáneamente a este movimiento. aparecía
la Deutsche Revue
y en aras a esta idea, Heinrich Laube consideraba bajo este pris­
ma nacional Das junge Europa a la que se sumaba Mazzini con
su
giovane Europa .
. Esto no debe marginarse si se actúa con verdadero espíritu
científicd, porque en esta· nuestra España decadente y decaídá,
en
un. proceso de. descomposici6n econ6mica de pobreza. y de mi­
seria más doloroso todavía por cuanto el vendaval marxista ha
despojado a las capas más necesitadas de
toda idea moral o re­
ligidsa, ·que · puedan infundirle fuerzas para levantar la mirada al
cielo, las obras especializadas, tanto la· de Vicente Llorens como
la de Ricardo Navas Ruiz,
eón evidéntes conocimientos, que los
tienen, buscan rendir· tributos a la
moi:la al servicio de sus con­
cepciones
políticas, con lo que, la valoraci6n de sus argumentos,
quedan empequeñecidos,
por la circunstancia de querer hacer de
ellas unas obras de
tesis preconcebidas que halaguen los oídos de
los cuatro
políticos influyentes por detentar ocasionalmente las
riendas del poder.
Por eso; no dejan de originar un sentimiento
de pena, porque cuando
podían y debían, por tener condiciones
intelectuales y de
· oficio para ello, hacer úna obra grande, · se
complacen con presentar un gran folleto, en el que cualquier pen­
samiento que no les cuadre en su esquema, prescinden de él, valga
el caso las referencias a don Marcelino Menéndez PelaycJ, o a
don Julio Cepador.·y Frauca, a cuya
obra inmisericordeniente uno
de ·ellos califica de «manual», ·ál .·tiempo que no dudan en exaltar
la· naci6n catalana o valenciana, o mallorquina, con la falta de ri­
gor que ello supone pára unos tratados especializados, como he
indicado precedentemente
y con la vulneraci6n de c,:mceptos, 'por
cuanto
fa Oda de Bonaventura Carlés Atiban se titula La patria,
comúnmente conocida por «A la patria catalana» que últimamen­
te
ha merecido la atenci6n específica del profesor Giuseppe San­
sone (100}, que califica a Aribau
«amb la revri!encia deguda a
un pare de la patria» y del que no puede vencer la tenfaci6n de
(100) Inspeccionat «La Patria» d'Aribau, Discurs de solemne inves·
tidur de doctor honbtis ·musa, Unitteisit'tt de -Battelona, 5 mar~ 1991.
[019
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ANGEL MARTINEZ SA.RRION.
no recordar estos hermosos versos, que por salirme al paso serla
poco
menos que ofensivo dejar en el camino:
En liemos/ soná lo meu primer vagit,
quan del mugró matern la dol,a llet bevia;
en liemos/ al Senyor pregava cada dia,
en cantics llemonsins somiava cada nit.
Si
quan me trobo sol, par/ amb mon esperit,
en liemos! li par/, que /lengua tdtra no sent,
e ma boca savors no stlp mentir ni ment}
puix surten mes raons del centre de.mon pit.
Recogiendo el relato interrumpido, cabe preguntar, ¿de dón­
de y de quién procede el interés
de los primeros románticos ale­
manes por el teatro calderoniano y por nuestro romancero? La
visión perspicaz de don Marcelino Menéndez Pelayo, supO encon-
trar
la respuesta ( 101 ): . ·
«Si parece difícil o imposible deducir de la Critica de la ra­
zón · pura la Critica de la .razón práctica, no sucede otrd tanto
con la Critica de la facultad. del iuicio, donde se encuentra desa­
rrollada su doctrina estética». En esta última obra, realiza para
sus compatriotas, esta descripción del carácter español: «Er gus­
to de las bellas artes y de las ciencias se ha manifestado poco
entre
los españoles, porque se han complacido en dar tormento a
la naturaleza, que es el ejemplar de todo lo bello y generoso. El
español es serio; taciturnó y veraz. Pocos -mercaderes se encuen­
tran eh todo el orbe de más probidad que los españoles. Su con­
dición soberbia se alimenta más· con la aspiración a lo grande que
a lo bello. Como
es su temperamento hay poca benevolencia y
dulzura, suelen mostrarse
duros y crueles, Hacen suplicios solem,
nes por causa de religión (autos de fe), y lo hacen, no tanto por
superstición, como por cierto gusto
de lo extraordinario y mons­
truoso, el cual encuentra su satisfacción en esas. pompas venera­
bles · y terribles, en que se ven entregar á. Jas llamas, encendidas
por devoción furibunda,
una vestidura pintada de diablos (sam­
benito). No puede decirse que el español sea
más soberbio o más
dado a los devaneos amatorios que cualquier otro pueblo; pero
una y
otra cosa lo es de.un·modo portentoso, raro e insólito. Son
acciones predilectas suyas las que
más se apartan de la naturale­
za; v. gr.: dejar el arado
y pasearse por el éampo, cdn una gran
espada
al cinto y una capa, esperando que pase algún viajero; o
(101) Historia de las ideas estéticas~ cit., págs. 19 y sigs·.
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ROMANTICISMO .Y LITBRAi'URA
en las corridas de toros ( donde se ve a las nmjeres sin velo),
hacer un singular saludo a la dama de sus pensamientos, y en
honor suyo arrojarse a peligroso combate con una bestia fiera».
Si ésta era la visión de un filósofo de la personalidad de
Kant, ¿qué atracción no debían
experimentar para redescubrir
poéticamente
y novelísticamente y dramáticamente lo ignoto y
recóndito de éste
pueblo, los que sentían bullir en su pecho un
sentimiento romanceado, dramatizado o poético?
De aquí que, a consecuencia de esta intervención y valoración
alemana, el geunino romanticismo español
es· como decía don Ju­
lio Cejador y Frauca ( 102) «una especie de
vuelta a nuestra lite­
ratura nacional del siglo de
Oro; fuélo enteramente en la liber­
tad, en lo cristiano, en lo nacional,
en lo· individual». Y es que
el romanticismo es una literatura en que señorea el lirismo; ·en
eso, radica una de sus fuentes de inspiración, en reemplazar la
épica de las narraciones que toma
en consideración por una acen­
tuación lírica, por cuanto no importan· tánto lo que dicen o ha­
cen los personajes, sino cómo lo-sienteri;·
El clasicismo había· gustado de crear prototipos, que · crista­
lizaban en los mitos. Incluso
los sentimientos aparedan o);jetiva­
dos en apolíneos y dionisiacos, pero sin exceder de esta escalá, El
romanticismo significó para la literatura lo que lá revolución im­
plica para la sociedad: una ruptura con las forrnas para intentar
hallar' sin el paso lento e imperceptible de los aconteceres histó­
ricos, un modelo distinto. Así Madame de
Stiiel, en su Alemania,
sostenla que «el romanticismo era· una
oposición al clasicismo y
tenla por fundamento lo caballeresco medieval, las literaturas
septentrionales
y el cristianismo» cuya finalidad era, según Enrich
Gleine, «el triunfo del individualismo,
la emancipación entera· y
absoluta del yo».
Como resume Cejador «el espíritu griego
no mitaba más que
a
lás cosas, a lo exterior y fuera del hombre, alquitarado de ideas;
era
intelectual, puramente idealista y objetivo. Unos cuantos pen­
sadores, la aristocracia de las gentes,
se libraban de lo individual
de la vida, contemplando lo
uuiversal de las ideas clarificándolas
y jugueteando con ellas ; tal era la ciencia, que sólo miraba a los
conceptos universales
; los . individuos eran cosa oculta, indetermi­
nada, que no podían asirse y sólo aparecen merced al tiempo y al
espacio. La ciencia abstrae de espacio y tiempo y mira las cosas
como conceptos, sub specie aeternitatis. Espíritu objetivo, inte­
lectual, abstracto,
idealista, en suma, el espíritu pagano».
(102) Historia de la· lengua y ·literatura; ·tomo VIl,:i:it., pág~. 14. y sigs.
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ANGEL MARTINEZ, SARRION
«El Cristianismo -prosigne Cejador-al revés, es realista.
Ya no pregi¡nta qué son las cosas, sino qué es el hombre, de
dónde viene, adónde va, su vivir; el mismo mudarse
dd hombre
en el espacio
y en el tiempo, su historia, y cada uno en su propia
persona individual
es lo que le atrae .. También es todo ello una
doctrina, una ciencia, pero concreta: la historia
de. casos parti­
culares de la Biblia encierra esta doctrina, encierra concretamente
la concepción cristiana de
la vida y dd mundo que a cada uno
atañe».
La filosofía pagana es un idealismo·; la doctrina cristiana es
un realismo. Según aquella filosofía, todo se hace fatal y lógica­
mente; según esta doctrina todo se realiza .libre y moralmente.
Los clásicos viven para pensar, pues en. el pensamiento encontra­
ban
sn ideal ; los cristianos hacen . del pensamiento instrumento
de vida. El clásico
menospre<;ia lo mudable de las cosas por cuanto
le interesa plasmadas en
su esencia en la . que radica la belleza
del ser, por lo que,
todQ lo que se separa de él, implica imperfec­
ción y fealdad. Es lo que
ha expresado apodícticamente Hegel:
«El espíritu romántico halla dentro de
si mismo, lo que antes
buscaba en el mundo sensible
de la realidad objetiva». El arte
romántico,
dirá don Marcelino, es el arte del mundo interior y
de la libre espiritualidad. El arte romántico se caracteriza por el
principio de la
sub¡etividad infinita: «La llama de la subietividad
devora todos los dioses del Panteón clásico».
«La estética de lo-feo, escribe Menéndez Pelayo, es importan­
tísima en
el arte romántico, que, por· el contrario, no aspira a
reproducir la belleza ideal en
el reposo infinito», por. cuanto «el
romanticismo es el son moribundo y ondulante de una cuerda o
de una campana, que
se pierde· al irse alejando, pero que resuena
todavía en nuestro
oído después que ha cesado fuera de nosotros».
En este sentido para Théty, el clasicismo se funda en la idea
del orden
y tiene por fin el ideal sensible ; el · romanticismo se
funda en la libertad y tiene por fin el espíritu del hombre. Y es
que al sentir de Víctor Rugo «los hombres de genio, por gran­
des que
sean, tiene siempre en. sí ·una bestia que parodia su inte-
ligencia».
.
Estos ideales eran los que expresaban, haciendo galas de ello,
los mismos integrantes del movimiento romántico. Bergnes de
las Casas, en su Biblioteca selecta, llamada después Biblioteca de
Damas, escribía:
1022
«Perdone usted el coscorrón,/ que otra ve,; será mayor.
Ya desenvaina Agapito / el enorme manuscrito, ·
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ROMANTICISMO Y LITERATURA
traducido del tudesco / en idioma romanesco.
En
él prueba con ahinco / como dos y tres son cinco,
que el genio no
nece$ita . / reglas ~l Estagirita,
por más que lo diga Francia
;/ que la mejor elegancia
y en non plus
.de la !iellezaJ. es la intrincada belleza
de don Pedro· Calderón;
Perdone usted el coscorrónJ que otra vez será mayor».
Iza Zamacoa, ·en El clásico y el romántico, ironizaba no· sio
cierto ribete burlesco de uno y otro:
¿Qué es lo que el clásico pinta?
Las praderas esmaltadas / de flores y el arroyuelo '
que vivifica las planras, / el trinar del pajarillo
el
dulce. ambiente del aura/ y el alegre caramillo
con que
la festiva danza / da vida al ameno valle,
casto harén de
la zagala.
¿ Y el romántico? detesta ·
cuanto
al clásicd le halaga / y expresa sus concepciones
en las
ásperas montañas/ en -eavernas borrosas
y
en_tre la noche enlutada, / maldiciendo de la luna
fa luz argentina y clara;/ con el veneno se nutre
con. el 'puñal ·se .agasaja/y no .en ·brillantes saraos .
busca delicias y calmaJ que en.los sitios que se encuentran
la.s que; el JÍnimole embai¡gan,/. es en fúnebreqnazmoras
en 111asiones solitarias/ y en 'ló]iregos cementerids.
Lástima grande que esta intróducción no haya podido ser más
que. 1J1l $imple esbozo a :vuela pluma, que sólo -ha pretendido mos­
tras cómo se hace necesario reducir las tempestuosas aguas a su
cauce, que no
. es otro que la re~jrmación del hombre, .del hu­
manismo
cristiano, al que el •romanticismo quiere llegar por el
sentimiento, el amor, la libertad, lo feo y lo antipático, fa natu­
raleza,, supliendo fas .deficiencias ffsicas y m0;rales con la belleza
de la creación. La
Imperfección del hómbre es idónea para llevar
a Dios, . más que:
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas. los ríos sonorosos
el silbo de los aires amorosos.
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