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El resentimiento romántico y postmoderno

EL RESENTIMIENTO ROMANTICO Y OOSTMODERNO
POR
EUllALDO Foll.YBNT
l. El amor romántico.
En el Diccionario de la Lengua española de la Real Academia,
en la
voz «romanticismo», se dice: «1. Escuela literaria de la pri­
mera mita! del siglo
XIX, extremadamente individualista y que
prescindía de
las reglas o preceptos tenidos por clásicos; en mu­
chas de sus obras se conforma al espíritu y gusto de la civiliza­
ción cristiana, a diferencia del de la literatura grecorromana en
la antigüedad gentilicia. 2. Calidad de
romántico, sentimental».
A su vez de «romántico» se dan cuatro acepciones, que comple­
mentan las
dos anteriores: «l. Perteneciente al romanticismo o
que participa de sus calidades. 2. Dícese del escritor que da a
sus obras el carácter del romanticismo. U.t.c.s. 3. Partidario del
romanticismo. U.t.c.s. 4.
Sentimental, generoso y soñador».
Con parecidos caracteres generales se definen estas mismas
voces en el Diccionario del Uso -de la Lengua de María Moliner.
Se lee en el mismo: «ROMANTICISMO. l. Cualidad de romántico.
Actitud romántica. 2.
Movimiento literario y de ideas que se
inició a fines del siglo XVIII y perduró durante la primera mitad
del
XIX; se caracteriza por el predominio del sentimiento y · /a
pasión, el individualismo y el amor a la libertad, sobre la razón
y las nartnas; se opone como actitud espiritual al clasicismo,
oposición que se manifiesta, por ejemplo, en la revalorización de
la Edad Media frente al Renacimiento». Y respecto del
adjetivo
se indica: «ROMÁNTICO, A. (Del fr.· 'romantique', novelesco; de
'roman', novela, quizás devuelto al fr. por el inglés en la forma
'romantic'.) l. Se aplica a los relatos, escenas o sucesos en que
hay por parte de los personajes que intervienen en ellos amor,
ternura, abnegación, desinterés
o idealismo ·que atraen la simpatía
emocionada del lector o espectador: 'Unos amores románticos.
Fue una guerra romántica a la que acudieron como voluntarios
idealistas de todos los países'/.
Se aplica a las personas que gus-
Verbo, núm. 329-330 (1994), 1093-1126 1093
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tan de relatos de esa clase, que se emocior.an o entusiasman con
esa clase de hechos, que los viven ellas mismas
O los imaginan o
,escriben. (V. 'sentimental'.) 2. del romanticismo (movimiento lite­
Iario): 'Los escritores románticos. La época romántica.
El Madrid
romántico'»
(1). . ,· . . . . . . ,
Según los défs diccionario~, tino de · los rasgos decisivos clel
Romanticismo es la primada t/t;/, sentimiento. Ortega y Gasset
<:onsideraba que el abandono a las emociones, expresadas de modo
vibrante e incluso violent0,1-:1:®to·fas eufóricas como las depresi­
vas, como
la melancolía, la nostalgia, el abatimiento ... , frente a
la frialdad y sequedad racionalista, era lo que definía, a partir de
Rousseau, el fenómeno romántico. Declaraba' que: «El• Roman­
ticismd, germinado
en las postrimerías del siglo XVIII, significa
,en .. fa Historia el triunfo del sentimiento. Hast.a entonces había
solido el hombre avergonzárse desus emcx;iones, demasiado or-
gulloso de sus· ide;is» (2). _ . .
Esta exaltación_ de) sentimiento es vivida no sólo por encima
sino. también contra la razón,. Frente al .árido racionalismo se pro­
fesa como reacción un .explícito irracionalismo. Uno de · los pri­
meros_ románticos españoles, Ramón .López Soler, -en 1830,• .en un
-<~manifiesto», l_o expresaba ._así: «Libre, .impe:tuosa, salvaje, por
decirlo así, tan admirable en el osado vuelo de sus 'inspiraciones,
como sorprendente en sus, subliJnes 'descarríos, puedes afirmar
que la literatura romántica es el intérprete de aquellas pasiones
vagas e indefinibles que, dando al hombre
un sombrío carácter,
le impelen hacia la. soledad, -donde busca, en el bramido del mar
y
en el silbido de los vientos, las imágenes de sus recónditos pe­
,sares » (3 ) .
La vida se establece sobre los impulsos emocionales,• que se
ronvierten en su única guía .. Especial , importancia tiene el amor:
Se estima a la pasión amorosa como -un valor supremo. Se expe­
rimenta
como una experiencia privilegiada, que, por, su impor­
tancia; santifica su misma faceta
hedorustica. En realidad, al amor
pasional
se le toma como ídolo. El amor es algo absoluto, no
tiene· razolies, no está
•Sujeto a' leyes, ni ·a deberes. ·J;;l amor está
por encima del-matrimonio, •que' pOr su carácter contractuaL y
____ -(1) ___ Diccionari_o de ··ta teng~ ¡_Espafiota, ~Real -~~d~~ _.Esp~ola_ .cie
la Lengua,, Madrid, 1970, 19,•. ed.; pag._ L155: Y' Dzcc1011ario del uso de la
lengua, Maria Moliner, Editorial ;Gredos, 1983, vol.;; II,. pág. 1.05.5.
(2) :J. ORTEGA Y Gi\SSET;, El--Espectad<»:, «Para un·-Museo-romántico»,
VI, Madrid, Revist;l de .Occidente, •j.927, pág, ~5.. . ___ ... . ..
. (3) _ R, Lópsz SoLER,, Prólógo de Los bandos de Castilla o El Caba,
itero del Cisne, en G. Dfaz-Plaia, -Tntroducci6fl áJ·,estudia dél romtinticismo español, -Madrid, Espasa-Calpe; ·1967, 3," ed,; Apénd. págs. 155-156, , '·
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sus propiedades de unidad e indisolubilidad, le es hasta hostil.
El matrimonio entorpece y obstaculiza el auténtico amor, fundado
en un sentimiento que puede ser, por taoto, pasajero.
La exaltación del amot permite dat una explicación de la
preocupación
de los románticos por la música. Su preferencia por
el arte musical, que hizo que artista y músico se identificasen
exclusivamente,
se basa en la creencia de que la música es la ex­
presión privilegiada del amor. Música y amor se conjugao total­
mente. Al igual
que, el amor la música es algo sagrado, expresión
de lo inefable, una especie
de experiencia religiosa, que con Wag­
ner se convierte hasta -en-misticismo de ·aire mitológico.
También como en el amor, en la música se encuentra la in­
determinación. Tanto en sris géneros como en sus técnicas, la
indeterminación es una de las características esenciales de la
música romántica, que asimismo culmina en Wagner, autor de la
música, de los libretos y de casi todos los elementos del espec­
táculo operístico. A la ópera se la considera como la obra de arte
completa, porque todas las artes se funden en ella, quedaodo así
indeterminadas. Además, en la
ópera se manifiesta el amor ·de un
inodo más apropiado que la mera música, tj_ue tiene una cierta
limitación en cuanto a precisión· expresiva,
qlle, por ello, se sub­
sana con la integración de la literatura y las demás artes, danza,
pintura, ... Se ha dicho, por todo ello, que: «La ópera; o género
lítico, como
se le suele denominar. con un tértnino que ya es re­
veladdr por sí mismo, más que ninguno otro de los géneros del
mundo del espectáculo, esta basada en
el amor, en el sentimiento
amoroso como fuerza primaria que le da su vigor y su sentido
más completo» ( 4 ).
La expresión del sentimiento amoroso ha sido una constante
en la
ópera desde sus inicios, pero su perfecta traducción musi­
cal no
se dio hasta Mozatt (5). En casi todas sus óperas se encuen­
tra una genial exposición de los distintos sentidos del amor,
especiahnente el sensual. Sin embatgo,
comd· ha indicado Roger
Alier: «El Romaoticismo
introdujo un nuevo matiz en la expre­
sión
del amot a los campos artísticos: el de la sublimidad. El
amor es un sentimiento tan tremendamente sublime, tan supetior
a las demás aspiraciones del común de los mortales que no puede
ser experimentado realmente en este mundo.
Pot ello, el simple
(4) R. ALrnR, «El 9.lD.or, tema principal de la ópera», en UniversitaJ
(Barcelona), 4 (1991), págs. 69-71, pág. 69.
(5) Véase: S. KUNZE, Mozarts Opern, Stuttgart, Philipp Reclam jun.,
1984 (Trad. española: Las 6peras de Mozart, trád.· A. Bérasain Villanueva,
col. Alianza Música, Madrid, Alianza Editorial, 1990).
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hecho de enamorarse condena a los personajes a una muerte inevi­
table» ( 6
).
Esta sublimidad queda patentizada en las óperas de Verdi,
el
más romántico de los compositores italianos, en donde el amor
queda además
obstaculizado por otras pasiones de los demás per­
sonajes
-que acostumbran a ser los verdaderos protagonistas-,
generaimente negativas, como la venganza, que por su carácter
de maldad se vuelven también contra sus mismos sujetos. En
Wagner, que reúne todas las características del Romanticismo, el
amor sublime
se convierte en expresión de lo divino, y tiene
asimismo, como la música, una misión redentora. Como explica
el profesor Alier, con Wagner: «El amor se convertía así en una
puerta segura para alcanzar
un estadio superior donde la felicidad
sería sin duda
completa. Lo más sorprendente es que este concepto
redentor del amor lo diera
un libre pensador que no creía, según
parece, mucho en
la vida del más allá y que por ello mismo tenía
que ser necesariamente inconcreto al relatar el modo como se
desarrollaba ese proceso de redención» (7). Quizás esta paradoja
queda paliada por la clara tendencia de W agner
al panteísmo,
telón de fondo,
al igual que el leiv-motiv, expresión de un senti­
miento, que constituye la
trama orquestal de sus óperas, sobre
el que como contrapunto
se desarrolla el drama amoroso, y con
el que se consigue de un modo genial producir el efecto de la
compenetración de
la música con la situación o la emoción de los
personajes.
En cualquier caso, la exuberante y !frica música de
Wagner y su concepción del amor romántico, que mnchas
veces
se recubren de contenidos cristianos, desordenados y siempre a
su servicio, se convierten en sucedáneos de la religión.
2. La inquietud romántica.
Los dos diccionarios citados coinciden igualmente en señalar,
como otros dos rasgos esenciales del Romanticismo, su
espiritu
individualista
y sus ansias de libertad, entendida ésta como omi­
sión de toda
regla. La exaltación de la sub¡etividad y el cultivo
de la propia personalidad, hasta llegar
al egocentrismo y al culto
al «yo», son capitales en el romanticismo. Este acentuado indivi­
dualismo, que
se manifestó en el enaltecimiento de todo lo na­
cional, e incluso de lo regional, y, en definitiva, de todo lo
(6) R. ALIBR, «El amor, tema principal de la ópera•, op. cit., pág. 70.
(7} !bid., págs. 70-71. Cf. F. SoPBÑA, «Wagner hoy>; en Atlántida
(Madrid), 19 (1966), págs, 89-102.
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diferencial, explica el afán romántico por la libertad en todos los
órdenes.
Romanticismo y libertad llegan a identificarse, como en la
conocida frase de Victor Hugo: «El romanticismo no
es más que
el liberalismo en literatura» ( 8 ). Idéntica igualación se encuentra
en Larra, al escribir: «Esperemos que dentro de poco podamos
echar los cimientos de una literatura
nueva, expresión de la so­
ciedad nueva que componemos, toda de verdad, como de verdad
es nuestra sociedad ; sin más regla que esa verdad misma, sin más
maestro que la naturaleza1 ¡oven, en fin, como la España que
constituimos.
Libertad en literatura, como en las artes, como en
la industria, como en el comercio, comd en la conciencia. He aquí
la divisa de la época, he aquí la nuestra, he aquí la medida con
que mediremos» (9).
En este artículo de Larra,
se advierte también el carácter re­
volucionario del romanticismo. Aceptando y siguiendd los postu­
lados de la Revolución francesa, el romanticismo
se alió con la
revolución.
La exigencia de libertad estética se correspondía con
la de libertad en todas las manifestaciones humanas
y culturales,
en la política
y hasta en la misma moral y religión. Contra todas
ellas,
el romántico se rebela y reclama la espontaneidad. Don
Juan es el símbolo de la rebelión contra los preceptos naturales
y divinos, y el «buen salvaje» el de la libertad y espontaneidad
de
Id natural frente a la arbitrareidad de toda norma y toda ley.
A
la abolición de todas las reglas, el romántico le hace corres­
ponder
la creatividad. Escribe, por ejemplo, el poeta inglés Wi­
lliam Blake: «Debo crear
mi sistema o esclavizarme al de otro
hombre. No razonaré
ni compararé; mi misión es crear» (10). Se
ha dicho, por ello, que: «Los románticos sabían que su misión
era crear e iluminar con su creación todo el mundo consciente y
sentimental del hombre; dirigir . su imaginación hacia la realidad
que late
más allá de las cosas familiares ; elevar al hombre sobre
la rutina mortal de la costumbre, para darle conciencia de las
distancias inconmensurables y las profundidades insondables, ha­
ciéndole ver que la mera razón no basta y que es necesaria la
intuición de la inspiración» (11).
(8) «Le romantisme n'est que le libéralisme en littérature», Prólogo
a Cromvell (1827).
(9) M. J. DE LARA, Art!culos, col. Clásicos Castellanos, Madrid, Espasa­
Calpe, 1923-1940, 3 vols., p,ig. 476.
(10) W. BLAKE, Poetry and Prose of William Blake, ed. Geoffrey Key­
nes, Londres The Nonesuch Press, 139, 4.ª ed.,-I, pág. 442.
(11)
C. M. BoWRA, The Romantic Imagina/ion, Oxford, University
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EUDALDO FORMENT
En su manera de concebir el arte, quedan exteriorizados muy
claramente estos aspectos de la psicología del
hombre romántico.
Debe tenerse en cuenta que: «Las estéticas neoclásicas se funda­
mentaban, todavía, en un ideal de armonía, en una unidad para­
digmática de razón, belleza, y bien». En cambio, en el siglo del
Romanticismo, la estética cambia, porque: «El
_paisaje mítico de
la edad áurea ( un orden, una belleza, una verdad) se rompe en
pedazos ante la imposibilidad de la unidad ético-estética del
hom­
bre, ante la fragilidad y mentira de la razón. El .individuo debe
elegir entre dos opciones: "desprenderse del mundo' {
... ) o acep­
tar heroicamente la condenación de vivir en un 'mundo sin ley'.
-Pero en cualquier caso, ya no cabe soñar con un modelo, con un
canon» (12).
La creatividad
se manifiesta en la nueva versificación, en las
nuevas estrofas y en los nuevos ritmos, de la poesía romántica.
También, en el olvido, en el teatro, de las famdsas tres unidades,
de lugar, tiempo
y acción; en la desaparición de la unidad de
estilo; la confusión de los géneros artísticos;
y, en definitiva, en
el intento de expresar por el arte lo particular o individual, lo
que se escapa o contradice lo ideal y lo universal, o lo que es
racional. De manera que: «Hundida toda posibilidad de paradig­
mas
el arte debe caminar sobre el vacío de la na-verdad. Al re­
conocer, en su pleno alcance, esta circunstancia se desata la espec­
tacular contradicci6n de la creatividad moderna, la grandeza y
servidumbre del subjetivismo artístico: de un lado, la libertad
de un arte que reniega de
toda legislación y, de otro, el abismal
sentimiento de orfandad de ese mismo arte
para el que ya no son
posibles coberturas metafísicas
y · éticas» ( 13 ).
Aunque el· Romanticismo asumió el ideal ilustrado de la liber­
tad, no aceptó el del
progreso, como tampoco su absdlutización de
la razón. Una cuarta característica que también indican los dic­
cionarios al destacar su valoración de la «civilización cristiana»
o de la «Edad Media».
La vuelta romántica a lo medieval es
principalmente de orden artístico. Abarca desde la arquitectura,
sobre
tddo la. gótica, que deja de considerarse bárbara, hasta la
literatura
y lás modas. Este entusiasmo por la Edad Media se ha
explicado por lo que
se llama «nostalgia del pasado» y que hizo
valorar todo lo histórico.
Es el momento en que se amplía el cam-
Pre;s, 1969 (Trad._ esp. de J. A. BALBONTÍN, La imaginaci6n romántica,
Madrid, Taurus, 19n, pág. 34. (12) R. ARGULLOL, El romanticismo como, diagn6stico del hombre mo~
der'no, en M. SIGUAN BOEHMER (Coord.): Romanticismo/Romanticismos,
Barcelona, PPU, 1988, págs. 205-213, págs. 210-211.
(13)
Ibíd., pág. 212.
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pd de la Historia iniciándose los estudios de la Prehistoria y de
la Arqueología.
El romántico
se presenta como insatisfecho ante la realidad
de su mundo
y de su época. Esta no responde a lo que presenta
como su anhelo: un mundo superior e idealizadd, y excusa así su
choque con ella.
El mundo en que vive lo presenta como gris,
limitado, aburrido y vulgar.
Con este: «Sentimiento de asfixia
ante la propia
época, desconfianza ante las opciones colectivas,
exaltación insatisfecha de la subjetividad:
la conciencia románti­
ca se forja, y se identifica a sí misma, como conciencia desgarrada
y paulatinamente, como voluntad de resistencia del individuo a
la realidad» (14). Con esta actitud desengañada ante
la realidad
no sólo justifica el romántico su rebelión, sind tambien su
huida
ante la misma.
La evasión romántica se realizaría en el espacio
-así se explicarían los viajes y los abandonos de su país de mu­
chos románticos-, o en el tiempo, lo que daría razón de la vuelta
a la Edad Media. Abandonadd el ideal del mundo clásico, nega­
dor de lo medieval
y cristiano, el romántico se escapa a estos
nuevos mundos desconocidos, que rehabilita con su imaginación.
Su rechazo y su actitud de descontento ante el mundo real
los muestra, a veces, de un modo tan acusado, que le permi­
ten dar razón de una huida casi total, porque sólo viaja a su
interior e inventa nuevos mundos, carentes de realidad y com~
prensión. Otras, no :le bastan ni los países exóticos, ni el pasado
medieval, ni su propio yo, y opta por la naturaleza. El descubri­
miento romántico de
la naturaleza lo es en su dimensión de paisa­
je. No
se trata de un encuentro con el paisaje bucólico del clasi­
cismo, sereno y armonioso, sind de un paisaje melancólico o
agreste, de un paisaje que refleje la tristeza depresiva o la in­
contenible agitación del aima romántica. En
el mar tempestuoso,
en los lugares impracticables o muy alejados, en
las alturas, ... el
romántico descubre su propia melancolia, indeterminada y miste­
riosa.
De ahí también la atracción que siente por la noche y todo
lo relacionado con ella, la luna, las ruinas, los ambientes sepul­
crales, y que expresó muy bien con la música.
Podría decirse que
se conjugan el amor, la música y la noche.
Un último intento de huida de la realidad del mundo y de
sí mismo, que realizó algunas veces el romántico, fue el suicidío,
con la pretensión de escapar de sus
anhelos. infinitos e insatisfac­
ción perpetua. Creyó que en
él se hallaba la respuesta adecuada
(14) Ibíd., pág. 208,
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a lo que se ha denominado su «angustia de vacío» (15). Se ha
llegado a decir, en nuestros días, que: «Todos
los caminos ro­
mánticos conducen a la
autodestrucci6n ( ... ) la muerte es conce­
bida, dionisíacamente, como . un acto supremo de creación ( ... )
concebida antes como el vacío que acecha a la vida, ahora
lo es
como reafirmación . de la esencia de la vida ante el vacío de la
existencia. La
angustia del ser-para-la-muerte se transforma en el
gozo de morir-para-ser» (16). La desesperación romántica, con su
melancolía y su amargura, que incapacitaba
para la· humildad y
las esperanzas cristianas, conduciría, por tanto, al nihilismo.
3. El misterio del romanticismo.
A pesar de esta acertada caracterización, que podría denomi­
narse externa por su patencia, del Romanticismo, que ofrecen los
dos diccionarios referidds, ambos cometen la imprecisión de ca­
lificarlo de «escuela literaria», uno, y de «movimiento literario»,
otro. No es únicamente una corriente o un estilo literario, no
sólo porque: «En esta época, la literatura es filosófica, y la filo­
sofía es literaria» ( 17), sino principalmente, porque, como ha
explicado Francisco
Canals Vida!, en Cristianismo y Revoluci6n:
«El romanticismo no es un sistema ideol6gico ( ... ). No es tam­
pocd un
sistema estético, ni una teoria literaria» (18). Ni una po­
sición o postura vital general, pues: «Ni siquiera como actitud
humana puede ser situado su concepto en el cuadro de los que
significan orientaciones o estructuras posibles de la vida del hom­
bre condicionadds por el orden esencial de sus fines naturales
y
de su 'puesto' en el 'cosmos'» (19).
Se comprende así que muchos estudiosos del romanticismo se
disculpen de no poder dar una verdadera definición del mismo.
Sin
embargo, como advierte el profesor Canals, en este mismo
lugar: «La excusa
es muy justificada, con tal que se tenga con-
(15) Véase: H. G. SCHENK, The Mind of the European Romantics. An
Essay in Cultural History, Londres, Comtable, 1966 (Trad. esp.: El espíri­
tu de los románticos europeos. Ensayo sobre la historia de la cultura, Mé­
xico, F.C.E., 1983 ). (-16) R. AR.GULLOL, El Héroe y el Unico. El espíritu trágico del roman­
ticismo, Barcelona, Ediciones Destino, 1982, pág. 420. (17) J. M.' VALVERDE, Sobre la 'Goethezeit' y sus filoso/las, en M. S1-
GUAN BoEHMER (Coord.): Rt:,manticismo/Romanticismos, op. cit., págs. 11-
26, pág. 22. (18) F. CANALS VIDAL1 Cristianismo y revolución, Madrid, Speiro, 1986,
pág. 121.
(19) lbíd., págs. 121-122.
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ciencia de que, en verdad, no podemos atrevernos a definir el
róm.anticismo, porque éste, como todo lo que nol tiene esencia, no
es objeto posible de definición» (20).
El Romanticismo no es uno de los modos generales humanos
o uno de los tipos psicológicos. «No
es una actitud de la persona
humana individual,
uruversalmente posible por las condiciones de
lo que es el hombre, sino precisamente un ambiente colectivo,
una situación histórica, que condicionó especiales modos y mati­
ces -más que 'formas' e "ideas' -en la visión del mundo carac­
terística de ciertas sociedades humanas, en un determinado mo­
mento de la Historia». De ahí que no puede ser considerado como
objeto de una ciencia de la sociedad o de cualquiera de las ciencias
humanas. Esta actitud o modo de ser humano contingente: «Es
sólo capaz de ser
percibido, sentido, y tal vez sugerido, como un
modo de ser, y, más aún, como una contingente e imprevisible
sistematización vital de orientación e impulsos humanos en una
circunstancia histórica concreta» (21). Hay que decir, por consi­
guiente, que: «El romanticismo es
un modo de ser, una indefini­
ble y contingente actitud humana, producto de un determinado
momento histórico de crisis» (22).
Respecto a esta descripción del Romanticismo, advierte Canals
Vida:l, en primer lugar, que si bien sus constitutivos, que única­
mente pueden ser percibidos por su carácter contingente, no for­
man una totalidad coherente, una unidad esencial, tienen una
cierta unidad, que
permite afirmar que: «Hay un romanticismo
'literario' y 'artístico', un romanticismo 'social', y un romanticis­
mo "político', precisamente porque el conjunto todo de las acti­
vidades humanas aparece condicionado o
modificado por el ro­
manticismo» (23 ). Por consiguiente, el Romanticismo de la lite­
ratura o de cualquiera de las artes no es originario o fundamental
del ambiente romántico ;
es decir: «El romanticismo social y po­
lítico no es ( ... ) el 'resultado' de la influencia sobre los pensado­
res que escriben sobre estas materias, del romanticismo literario».
Por
el contrario, es preciso sostener, por tanto, que: «La litera-
(20) !bid., pág. 121.
(21) !bid.,
pág. 122.
(22) !bid.,
pág. 148. (23) Ibíd., pág. 124. Este «fondo» en que consiste propiamente d
Romanticismo, es «aquella actitud humana que se desplegó en muchas di­
mensiones y se expresó también en los característicos estilos literarios y
artísticos en los
que muchos ven lo esencial del romanticismo, cuando son
sólo expresiones derivadas de aqud fondo» (F. CANALs VIDAL, «'Roman­
ticismo y democracia' vistos por Vegas Latapié», en Verbo (Madrid), 239-
240 (1985), págs. 1.113-l.115, pág. 1.113).
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tura romántica es la expreston, y la teoría literaria del romart­
ticismo la proclamación consciente, de una actitud vital espon­
táneamente desplegada en unas tendencias sociales
y políticas que
constituyen sin duda, lo más nuclear del espíritu objetivo de la
sociedad romántica» (24
).
En segundd lugar, previene también que la indefinibilidad del
Romanticismo no implica que deba renunciarse a toda la
explica­
ción
de sus constitutivos. Su análisis y sistematización puede in­
cluso ayudar de algún modo a la: «Intelección de esenciales as­
pectos del hombre y de la sociedad humana, de valor permanente
en el proceso de
la historia» (25), Por su incoherencia, que ex­
plica su indefinición, y que revela también grandes deficiencias
y un acusado desorden, el Romanticismo deformó profundamen­
te
la naturaleza de todas las cosas, desde las realidades del mundo,
del hombre, en todas
sus dimensiones éticas y sociales -impi­
diéndole su promoción humana, el conocimiento de la verdad y el
logro del bien, y el que alcanzase la felicidad y la paz-, hasta de
la religión y de Dios. Sin embargo, hay que reconocerle que, entre
sus elementos contaminadores y disolventes de toda perfección y
ordenación, hay un
impulso de gran vitalidad, un «esfuerzo po­
sitivo revelador de posibilidades e iluminador de entetas vertien­
tes de la vida humana, de
valor , permanente y profundamente
auténticas» (26).
Desde esta perspectiva, el complejo fenómeno romántico, en
cietta manera es: «Explicable por elementos esenciales de
la es­
tructura ontológica del hombre, de su 'puesto en el cosmos', y
por la concreta e histórica implantación de
la humanidad caída y
redimida en el orden sobrenatural y divinizador de la gracia» (27).
Para una cierta comprensión del hecho romántico, con todas
sus desviaciones, hay que tener
en cuenta el problema profundo
del hombre en su ser:
«La situación del hombre 'en el confín u
horizonte del mundo matetial y del mundo de
los espíritus', 'del
cielo y de la tierra',
'de las cosas visibles y de las invisibles', su
modo de participar del grado supremo de vida en
la unidad sus­
tancial de un compuesto, cuyo conocimiento y cuya inclinación
(24) F. CANALS VIDAL, Cristianismo y revolución, op. cit., pág: 124. (25) Ibíd., pág. 123.
(26) Ibfd., pág. 149.
(27) Ibíd., véase: A. LOBATO, «La humaoidad del hombre en Santo
Tomás de Aquino», en Atti del IX Congresso Tomistico Internazionale,
Pontificia Academia di S. Tommaso, Citta del Vaticaoo, 1991, 6 vol., I,
págs. 51-82; V1CTORINO RonRÍGunz, O. P., Temas-clave de humanismo
cristiano,
Madrid, Speiro, 1984; e InBM, Estudios de antropologia teológica, Madrid, Speiro, 1991.
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EL RESENTIMIENTO ROMANTICO Y POSTMODERNO
se constituyen según una dualiJad sensitivo-racional, nos dan la
razón constitutiva de la compleja tensi6n, y riesgo constante de
interna
disgregación y antftesis, características de la vida del hom­
bre. Esta
lucha que en él se establece, connatural de suyo al hom­
bre por la dualidad constitutiva de su naturaleza, sabemos por
la
fe y la teología que es, de hecho, el efecto de la caída destruc­
tora de la originaria y preternatural rectitud en que el hombre
había sido creado». (28),
Según esta
«metantropología» tal como la denomina Abelardo
Lobato
(29): «Al hombre, en su existencial situaci6n, se le pre­
sentan en
dramática oposición, todos aquellos elementos cuya dua­
lidad complementaria se explica, en definitiva, ontol6gicamente,
como ordenada a integrar el desarrollo y perfecci6n connaturales
a su ser y a su vida,
'según el modo humano'. Modo doblemente
complejo, por
la finitud inherente a toda naturaleza creada y por
la composici6n dual de su naturaleza espiritual y corporal. Obje­
tividad y subjetividad, lntencionalidad objetiva, en el conocimien­
to y en la voluntad,
y 'sentimiento'. Experiencia y razón, en el
orden del conocimiento objetivo. lntuici6n y concepto. Natura­
leza
y libertad. Intimidad e inserción en la vida social. Fidelidad
a
las leyes esenciales del universo, y espontaneidad. Sinceridad y
respeto a
los valores objetivos. Vitalidad y legalidad. Contem­
placi6n y
acción. Amor y obligatoriedad. Vida y espíritu. Instinto
y fuerza, y cultura y razón ... , se le presentan como desgarradora­
mente antinómicos» (30).
La separación y oposición de los elementos duales humanos,
constitutivos o derivados, que, sin embargo, tienen .que ser com­
plementarios para que el hombre pueda llegar a su promoci6n
humana y
a] estado perfecto integral: «Es la crisis permanente
del hombre caído. y viador, sentida de modo más acuciante en las
concretas crisis de la historia, y, desde luego, de modo doloroso
y acuciante en nuestros días». En las distintas crisis históricas se
agudizan las disgregaciones y las antítesis, y con ello la habitual
«crisis» humana, que llega a sentirse de un modo dramático
y
hasta trágico, pues: «Aquella complementaria ordenación eh. la
dualidad del hombre, hace que
s9lo con . la. deficiencia exigitiva
(28) F. CANALS VmAL, Cristianismo y ,evoluci6n, op. cit;, págs. 149-150.
(29) Cf. A. LOBATO, «Antropología y metaotropologla, Los caminos
actuales .de acceso al hombre», en A. LOBATO (Eq.:.}, .Arrtropologj.a e· Cris­
tología ieri e oggi, Atti_.del Convegne: di Studio della S.I.T.A., Roma, Pon­
tificia Universita di S. Tommaso, 19&7, ,págs. 541.
(30) F. ·CANALs VIDAL; Cristianismo y.revoluci6n, ·op. cit., pág. 150.
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EUDALDO FORMENT
de su complemento, participe el hombre de la plenitud y perfec­
ción» (31).
Esta dualidad complementaria
se advierte eu toda dimensión
humana: «No hay inteligibilidad y universalidad en el objeto sin
el .modo abstracto en el concepto. Por
estd mismo no hay verda­
dera intelección
sin referencia de lo concebido a la imaginación
concteta. No hay virtud
-'fuerza'-sin pasión. No hay actua­
ción
y plenitud, sin movimiento e inquietud. No hay sabiduría
verdadera sin sentimientd de connaturalidad,
y, pot lo mismo, no
no hay objetividad perfecta sin
la viva conciencia de la subjeti­
vidad. Pero
el hombre raras veces vive eu unidad la tensión de
los complementarios elementos
y por esto fos 'ismos' dividen a
los hombres entre sí
y dentro de sí mismos: empiristas y racio­
nalistas. Vitalistas y culturalistas. Idealistas
y realistas. Pragma­
tistas
y teorizantes» (32).
Las conctetas
unilateralidades y desviaciones humanas son to­
madas, muchas veces, especialmente en ciertas épocas históricas,
como integridades y verdaderas ordenaciones al fin humano. Este
gtave error
se explica, porque: «El hombre se siente y se sabe
perfectamente poseedor, más connaturalmente identificado con
aquello que en su -misma constitución como sujeto personal posee
en su mismo ser. Y de cuanto por modo más inmediato se le
ofrece. Ante el esfuerzo
y violencia, el trabajo penoso que exige
la conquista compleja
y ardua de su perfección plenaria y de la
ordenación íntima de sus elementos, corre fácilmente
el riesgo de
concebir erróneamente
el fin de su dinamismo según una direc­
ci6n parcial y desordenada, disgtegadora de la plenitud y unidad
de la vida
misma».
Esta desorientación, fragmentariedad e instalación en nna
pseudoplenitud,
se dio en la época racionalista. El denominado
«clasicismo moderno» representa una: «Actitud propia del hom­
bre unilateralmente orientado hacia lo superior y espiritual de su
naturaleza, y por lo mismo
no resignado a acatar el hecho de que
su corporeidad

le priva de intuiciones intelectuales propiamente
di­
chas, de que su finidad le impide el que le sea connatural la con­
templación de lo divino y absoluto, tiende, por el contrarid, a
afirmar como inmediato e innato el
conocimiento intelectual hu­
mano». Por ello el racionalismo es: «Necesariamente menospre­
ciador de la experiencia sensible, de la imaginación y .de sus con-
(31) Ib!d., véase: Al!ELARDO LOBATO, «La persona en el pensamiento
de Santo Tomás de Aquino», en Atti del Congresso S. Tommaso, Roma­
Napoli, 1974, mi. VII, págs. 274-293.
(32) F. CANALS VmAL, Cristianismo y revoluci6n, op. cit., págs. 150.151.
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tepidos concretos, aunque, en definitiva, traslade en realidad la
imaginación al contenido mismo de sus abstracciones intelectua­
les» (33).
Sin embargo, el clasicismo racionalista cayó en una
profunda
crisis, pues: «La aspiración a liberar al hombre de su vida en el
mundo material, la afirmación de
la c:onciencia plena de sí c:omo
inteligencia pura y sujeto pensante, no pueden satisfacerse en la
consideración de unas puras esencias inteligibles abstractas y
va­
cías de realidad concreta. Por esto, en la historia, tales sistemas
racionalistas
se han destruido c:asi desde su misma creación» (34 ).
Su inestabilidad estaba ya enunciada desde sus inicios. De ahí
que: «El Renacimiento,
por su antropocentrimo y la reforma pro­
testante,
por su ruptura de la unidad de la Iglesia y su ataque a
la autoridad en ella divinamente establecida, son así los prece­
dentes remotos de un momento o
etapt1 de crisis de la civilización
oocidental cristiana que tiene como antecedentes
más inmediatos
el deísmo, el filosofismo y
el enciclopedismo» (35).
La actitud romántica apareció con esta crisis del clasicismo
racionalista. «El romanticismo, actitud humana de una época de
crisis, vivió intensamente la reacción COntra una época raciona­
lista, de aparente plenitud, y que sólo de un modo precario e
inconsistente podría pretenderse poseedora del equilibrio humano
y la riqueza armónica y ordenada que definen el verdadero espí­
ritu clásico» (36).
El modo de ser románticd es, por tanto, de
crisis, «de trágica crisis, de desintegración y ruina de estructuras
sociales y realizaciones culturales que había sido expresión, sólo
en apariencia
lograda y consistente de una no auténtica plenitud
'clasicista'. Los hombres que vivían en aquel momento, íntima­
mente penetrados del racionalismo humanista de las precedentes
generaciones, y perseverando más que nunca en las pretensiones
del individualismo 'autónomo', sintieron, sin embargo, la necesi­
dad de nuevos apoyos y estímulos vitales para su afanes de pro­
gresivo desarrollo humano» (37).
(33) Ibíd., pág. 151. Una actitud opuesta es la que se describe del
modo siguiente: «Un subjetivismo de mínimo horizonte y un empirismo
craso ha podido caracterizar así al hombre de mentalidad ética 'hedonista'.
Se ha detenido éste en lo más inmediato e inferior, pero no .ha llegado,
en realidad, a entrar en sí, a penetrar en su subjetividad propiamente hu­
mana» (Ibíd.).
(34) Ibíd., pág. 152.
(35) lnEM, «'Rom_anticismo y democracia' vistOs por Vegas Latapié»,
op. cit., pág. 1.114. (36) IDEM, Cristianismo y revoluci6n, op. cit., pág. 152.
(37) Ib!d., págs. 183-184.
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La tesis de que «la generación romántica no vive un momento
de plenitud, sino de crisis» (38), en la que tanto ha insistido el
profesor Canals, y que, por ello, la actitud contingente e indefi­
nible del Romanticismo puede ser caracterizada como una «actirad
de crisis» (39), permite una mayor comprensión de los cuatto
rasgos propios examinados, así como de todos los demás. En
el
Romanticismo se sintió de un modo muy acusado la dualidad
humana, que lleva
el peligro de la separación y oposición de sus
elementos, poes
al fracasar el intento del racionalismo, que lo
consideró y
presentó como un logro definitivo, de aceptar sólo
unos constirativos y dimeosiones del hombre y rechazar sus com­
plemeotarios también imprescidibles, procutó suplir estas defi­
cieocias
orientándose exclusivamente hacia estos·

últimos. Por
estoi «El romanticismo pudo ser fecundo de algún modo al orien­
tar de nuevo a los hombres de aquella geoeración, que vivía la
crisis inevitable del 'clasicismo racionalista', hacia la vida y la
espontaneidad, la subjetividad y la libertad, la intimidad y el sen­
timiento, la acción y la historia, hacia la naturaleza, hacia la ex­
periencia y la conciencia ... » (40). No puede negarse que en el Ro­
manticismo se dieron: «Expresiones enérgicas, perennemente ad­
mirables, de poreote energía humana, en que personalidades
poderosas manifestaron con insuperable intimidad
riquezas in­
mortales del espíritu humano» (41).
La tendencia romántica, en el momento de crisis de los va­
lores e ideales de la modernidad, unilaterales y desordeoados,
aunque
tomados por definitivos, hacia sus opuestos, que habían
sido ignorados:
«Hada ahora aparecer ea el centto de la concien­
cia de los hombres, y proclamar y expresar como ideales
colecti­
vos, todos aquellos elementos de la auténtica plenitud humana
que llevan el sello de
la intimidad y de. la inmediatez a la vida
del hombre. Por esto
se sentían inclinados con frecueocia e in­
sistencia obsesivas a exaltarlos, darles la primada, y aun a afir­
marlos exclusivamente} siquiera tuviesen constitutivamente un
carácter puramente dinámico y tendeocial ea el hombre. Tanto
peor para los valores que hasta entonces habían recabado una
fracasada primacía.
Por esto, a partir del Romanticismo, y hasta
el día de hoy, lo 'importante' y 'principal' iba a ser el seotimiento,
la subjetividad,
el instinto, la espontaneidad, la vida» ( 42 ).
(38) Ib!d., pág. 129.
(39)
Ibíd., pág. 148.
(40)
Ibíd., págs. 152-153.
(41) Ibíd.,
pág. 185.
(42) Ib!d.,
pág. 184.
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4. La vigencia del Romanticismo.
Un segundo equívoco, en que también parecen incurrir am­
bos .dicciólll'-l:ios citados al Ocuparse del Romanticismo, es el de
considerar que pertenece ya a la hist.oria. Se comenta en una re­
ciente obra dedicada al mismo que: «Uno de los errores más
vulgares, pero más .comunes, es decir, 'romántico' y 'pensar. pa­
sado', cuando en realidad el movimiento romántico es una con­
tundente
diagnosis de futuro. En la insuperable combinación de
desencanto y
energía, de destrucción y de innovación, de patetis­
mo y heroicidad en la profunda percepción de lo ilimitado de. la
condición humana y en
el imposible titanismo hacia lo infinito,
se puede reconocer que el movimiento romántico es la auténtica
raíz de todo el pensamiento trágico moderno» (
43 ).
Su autor, en otro lugar, observa que es preciso: «Considerar
al Romanticismo como la anticipación de tendencias y contradic­
ciones que dominarán
la cultura .moderna. Como umbral abierto
a la modernidad» ( 44).
Es cierto, .añade más adelante, que, en la
actualidad,
los denominados «neorromanticismos» parece que:
«Suscitan.la imagen de un supuesto retomo:
el Romanticismo está,
de
nuevo, de actualidad. La pregunta, en realidad, es: ¿alguna
vez ha dejado de estarlo a lo largo de la cultura moderna? Sí,
desde luego, en cuanto 'forma' o 'lenguaje'. Sin embargo, nunca
en otro sentido
más profundo, más civilizatorio. Las líneas maes­
tras o, si se quiere, los pronunciados surcos trazados por el Ro­
manticismo histórico recorren el entero desarrollo de la moderni­
dad manifestándose,
~ mayor o menor fuerza, en sus sucesivos
proyectos culturales» ( 45).
En otra publicación reciente,
y como conclusión de múltiples
indagaciones en distintos textos, confiesa su autor que ha podido
hallar: «En lo
más hondo de la actitud romántica la manifestación
de algunas dimensiones fundamentales de la modernidad» ( 46
).
"(43) R. AR.GULLOL, El Héroe y el Unico. El espiritu trágico del roman­
ticismo, op. cit., págs. 43-44.
(44) lnEM, El romanticismo como diagnóstico del hombre moderno,
op. cit., pág. 209.
(45) Ibíd., pág. 207. ·
( 46) MANuEL BALLESTERO, El· principio romántico, Barcelona, Anthro­
pos, 1990, pág. 12. Como ha señalado el profesor Argullol: «El Romanti­
cismo en oposición a las ideologías de las. Luces, pone de manifiesto el rasgo' fáustico de la cultura científica desde el Renacimiento: junto· al po-­
der de la razón ha crecido, ·con igual fuerza, la .~t;ia. de la razón. Las
tinieblas son compañeras inseparables de la lU2, del' _mismo modo que Me­
fist6feles lo es de Fausto. Por eso en la conciencia romántica se agolpan
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E U DALDO FORMENT
Todo ello queda justificado, si se repara en que el Romanticismo
está situado en el marco de
la Modernidad en general, la que llega
hasta finales de nuestro siglo; y que, además, representa un
mo­
mento de su
desa"ollo, aunque sea de crisis.· De ahí que sus ras­
gos no
coincidan con todos los de la Modernidad. El Romanti­
cismo rechazó muchas líneas generales de
la Modernidad, incli­
nándose, como se ha· dicho, por sus opuestas, pero no lo hizo con
todas ellas. Podría decirse que siguió los mismos caminos, pero
en
dirección opuesta. No es extrañd, por ello, que algunos auto­
res hayan encontrado una cierta
contradicción en los caracteres
propios de
la actitud romántica y hasta consideran que esta especie
de disonancia constituye su esencia ( 4 7).
Se comprende esta con­
flictividad interna del Romanticismo, si se tiene en cuenta que
su actitud
es una reacción frente a la Modernidad en sus etapas
de
fdrrnación y de primera culminación, que se dio en la Ilustra­
ción.
El período de la Modernidad, que abarca desde el Renaci­
miento hasta el Enciclopedismo, es distinto del Romanticismo
«precisamente porque éste
se caracteriza por su esfuerzo por lle­
nar un vac/o
causado por aquél» ( 48). En el hombre europeo de
este período
se manifiesta claramente esta falta en todas «las
quiebras en el orden de sus relaciones a Dios y a los otros hom­
bres
en cuantd fundadas en el orden querido por Dios» ( 49). De
ahí que, como advierte Canals Vida!, sea erróneo el considerar:
«El propio Romanticismo como algo movido por un impulso
cristiano
y espiritualista, eogaño fundadd en el hecho de que el
Romanticismo se presenta como una actitud pseudorreligiosa y
mitificadora de anhelos humanos, frustrados
en el siglo XVIII por
la descristianización de
la cultura europea» (50).
En el clasicismo modemd, el racionalismo impulsaba a bus­
car de manera
inmediata lo absoluto, tendencia que era esencial
todas las dudas modernas con respecto al problema del conocimiento. Por
eso
la gran metáfora del 'velo de Isis' --el velo que oculta el rostro último
del
saber-se elevá a metáfora central» (R. ARGuLLOL, El romanticismo
como diagnóstico del hombre moderno, op. cit., págs. 211-212).
(47) Cf. H. G. ScHENK, El espiritu de los románticos europeos. Ensa­
ya sobre la historia de la cultura, op. cit., pág. 18. También el profesor
Canals advierte que el Romanticismo: «No constituye una unidad, y que
en la extrema complejidad de la circunstancia histórica en que se dio, pu·
diese presentar los más opuestos caracteres» (F. CANALS VIDAL, Cristianis­
mo y revoluci6n, op. cit., pág .. 148).
(48) F.
CANALS VmAL, «'Romanticismo y demOCTacia' visto$ pol' Vegas
Latapié», op. cit., pág. 1.114.
(49) !bid.,
págs. 1.113-1.114.
(50) lbíd., pág. 1.114.
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en él. Por ello, explic;a Canals: «La crisis del 'racionalismo' ha
podido impulsar al hombre a un más radical inmediatismo de lo
divino. Con una aparentemente informe multiplicidad de siste­
mas,
este inmediatismo ha llevado siempre a considerar lo divino
como connaturalmente inmediato, no sólo a modo de evidencia
objetiva, sino precisamente coro.o vivencia consciente, según el
modo con que el hombre se siente existir en sí mismo. Del pla­
tonismo racionalista se pasa, no lógica, pero sí vitalmente, .al
'nústicismo pantelsta'» (51).
Esta otientación del Romanticismo: «Pudo favorecer, después
de las tragedias de
la Revolución y de las guerras napoleónicas,
una nueva inserción cultural de
la fe religiosa, y más propiamente
todavía una
inclinación y connaturalidad con el sentimiento re­
ligioso y con los valores estéticos de la 'religiosidad' y del 'cris­
tianismo'». El aprecio por lo medieval y lo católico, otra caracte­
rística propia del Romanticismo, o de un denominado «Roman­
ticismo histórico», que sería restaurador de lo tradicional, aunque
únicamente en este sentido
se explicarían también por este am­
biente favorable a lo religiosd. Sin emhargo, toda esta tendencia
romántica,
que puede parecer en sí misma positiva: «Tendía de
suyo hacia aquella confusa aspiración 'inmediatista', siempre
orientada hacia la
confusión de lo humano y natural con lo di­
vino y sobrenatural» (52).
No hay que olvidar, para
la profunda comprensión de esta
actitud, que: «El hombre romántico tenia
la más íntima propen­
sión hacia una
deformación de la actitud religiosa, perrnanente­
mente posible por la estructura esencial de la naturaleza humana,
y por la situación o estado de
la humanidad después de la caída
y de la redención» (53 ). Por esta alteración se puede afirmar que:
«El Romanticismo, que
se expresa en rebelión del sujeto, del sen­
timientd, del instinto y de la espontaneidad es, en el fondo, una
actitud de
antropocentrismo que propugna la autosalvación, la
(51) IDEM, Cristianismo y revoluci6n, op. cit., pág. 1.52. Advierte Ca­
nals Vid.al que: «La contémplaci6n de las ideas es incapaz de· satisfacer
el inmediátismo de lo absoluto, que es la más íntima tendencia de aquella
actitud. Por esto, ya en Platón :tnismo ·¡m metafísica estática, herencia de
Parménides,
aparece por su doctrina sobre el 'Eros', y por la afirmación
de
la 'primacía del bien' sobre la 'esencia'» (Ibíd.).
(52) Ib!d,, pág. 153. Comenta también Canals Vida! que: «Sin duda
alguna, el aspecto más congruente con este progreso religioso, y totalmente
favorable
al 'catolicismo fue la nueva estima y valoración de la-Edad
Media, después de siglos de incomprensión, para nosotros increíble, acerca
del valor del arte gótico o de la teología del sgilo XIII» {Ib!d. ).
(53) Ib!d., pág. 185.
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autorrealización de . la plenitud humana por las solas fuerzas del
hombre» (54
). Como también ha advertido Canals Vida!, todas
las notas características,
ya iodicadas, que se daban eu el hombre
romántico: «Podían orientar fácilmente su religiosidad hacia un
inmediatismo de lo divino que, por sobrevenir comd crisis y reac­
ción contra un iomediatismo de tipo racionalista, le llevaba hacia
una tendencia mística. Una
m!stica desorientada y antitética a la
actitud objetiva -humilde--de espera filial del don divioo sen­
tido en lo más hondd e intimo del espíritu creado. Una mística,
por lo mismo, de orientación finalmente conducente a un
huma­
nismo panteísta1 e inspiradora, desde luego, de concepciones me­
tafísicas y antropológicas de un 'espiritualismo exagerado' ... al
servicid del materialismo» (55).
El espíritu iodividualista exacerbado y las permanentes ansias
de libertad, dos de los caracteres capitales del Romanticismo,
cooperaron en la caída en este misticismo espiritualista y a su
índole panteística humanitaristica (56
), porque, además de los
cuatro rasgos esenciales señalados: «Los hombres de la generación
romántica ( ... ) se caracterizaron por el sentimiento común y co­
lectivo de la necesidad de un 'apoyo', trascendente a la iodividua­
lidad propia;
y la tragedia más intima tal vez del hombre román­
tico,
y, por lo mismo, del hombre contemporáneo, consiste en
que esta misma tendencia, nacida de la íntima
debilidad, que le
lleva a buscar este apoyo
con enfermiza actitud introvertida y
egoísta -y no como su integración en un orden universal y cen­
trado en fioes reales objetivos-le lleva a sumergirse y a dejarse
absorber en colectividades humanas deshumanizadas, y a
consa­
grar en actitud suicida la plenitud de su personalidad a deforma­
dores mitos» (57).
El mismo modo de ser romántico conducía: «A la 'evasión' y
urgente búsqueda de un apoyo, que (
... ), justificase, con un con­
tenido trascendente a la propü iodividualidad, el necesario y de­
seado diálogo amistosd con· 1os hombres. El iodividualismo ro­
mántico se refugia en el 'pueblo', la 'nación', en 'Europa', o en
las abstracciones mismas de la 'libertad' y el 'progreso'» (58). Y
en los casos más extremos se desemboca en: «Una mística reden~
tora, cuya impaciencia 'inmediatista' llevaba a la práctica concep-
(54)' lDEM, «'Romanticismo y democracia' vistos por Vegas Latapié»,
op. cit., pág. 1.114.
(55)
InEM, Cristianismo y revolución, op: cit., págs. 185-186.
(56) Ibld., pág. 130.
(57) Ib!d., pág. 184.
(58) Ib!d., págs. 129-130.
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ci6n de la coincidencia entre la liberación de la humanidad adulta
de las trabas pesadas y corruptoras del poder material, y el ad­
venimiento al mundo del 'Reino de Dios'» (59).
El apoyo que buscaba el romántico no s6lo
lo necesitaba para
trascender su individualidad
persoru¡l_, sino también para que le
_«liberase de las superioridades concretas y demasiado palpables
que ofrecía la antigua jerarquía social» ( 60
). Este intento expli­
caría psicológicamente los deseos· de libertad del Romanticismo,
pues como también advierte el profesor Canals: «El romántico
no afirma
la espontaneidad y libertad del individud, sino precisa­
mente
en actitud de 'desquite' y de rebeldir/_ante 'algo'. que siente
como supetior a sí» (61). La
búsqueda de apoyo, para remediar
la debilidad profunda del
alma romántica, es,. por consiguiente,
un quinto rasgo del Romanticismo, que hay que situarlo en un
nivel más hondo que los anteriores, porque da raz6n de la
mo­
dalidad de dos de ellos: el individualismo y el afán de. libertad.
Al
igual que en los Diccionarios, muchas. veces se dice,-por
ejemplo, que: «El romanticismo ( ... ) es una rebeldia, un esfuerzo
individualista
_ de liberación frente a la fría regularidad de un
espíritu clásico, opresivo y esterilizador de la espon;aneidad y de
la actividad del sujeto» (62), Sin embargo, como
ei,:plica Canals,
tales caracterizaciones _son .equívocas, e incluso., parece que:
«Están ellas mismas in;piradas por la oratoria ,;omóntica. Vienen
a ser 'discursos'
dirigidos a aquello mismo a que ,tiende siempre
toda expresión que brota . del modo de ser romántico:
a inclinar
hacia si
la simpatía y la amistad de los hom!,res» ( 63 ), _La insa­
tisfacción, el desencanto
y el desengaño ante la realidad, con las
que el
romántico pretende autorizar sus rebeliones
y todas sus
huidas, obedecerían, en último
té_rrnino a .este .intento _de buscar
la comprensión, con el correspondiente consentimiento,
d_e los
demás. El romántico se comporta como un actor que· busca .la
complicidad del espectador _el la :actuación que le of¡,ece., Esta
(59) Ibld., pág. 186. Como indica el Dr. Canals: «Las últimas décadas
del siglo _xvnr habían visto ya el auge de las tendencias 'iluministas'. El
romanticismo alemán: ·había de -ser feto.ndo eri ·tale:s· movimiel;ltos, 'siémpre
caracterizados, a lo largo de una histo:tia varias Vetes milehár_iá, _'por:· la
violenta hostilidad a las estructuras sociales, a lás materiales ·tonéJ:iciones
de la vida del hombre, y frente a la Iglesia visible -cuerpo de CriSto 'que
verdaderamente vino en carne'-por la actitud 'separatista•·_:y·Ia violenta
enemistad ante la Ig)esJ., 'exteriof y la· jerárquica» (Ibld.). ·
(60) Ibld., págs. 129-130.
(61) Ibld., pág. 129.
(62)
-. Ibíd., pág.' 128. · ·
(63) Ibld., pág.129.
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BUDALDO FORMENT
«actitud oratoria» ( 64) del romántico, motivada por la convic­
ción inalterada de la
superi<>ridad de aquello de lo que quiere
emanciparse
y olvidar, puede considerarse como una característica,
la sexta, del Romanticismo, aún más básica que la anterior, y, por
ello, mends patente todavía. «El romántico comparece 'oratoria­
mente' a clamar con valentía
-una valentía cordial y exhibida,
que no desafía
al contrario, sino en espera suplicante del aplauso
y de la comprensión-, que él; en su nobleza y sinceridad, no se
somete a 'aquello' -a aquel 'algo'-que siente como supe­
rior» (65). Tal postura retórica se encuentra en todos fos escri­
tores románticos, desde los literarios hasta los políticos. Esta
especie de impotente
envidia ( 66 ), que se manifiesta: «En las
declamaciones, también
oratorias, de la literatura romántica con­
tra las 'viejas formas sociales',·contra el 'despotismo', contra los
'prejuicios', etc.», revela que la" generación romántica hay que
considerarla «no plenamente convencida de la superioridad de sus
valores de
'cultura', 'progreso' y 'libertad', sobre los de la socie­
dad antigua» (67).
. Algunas de estas seis características esenciales de la genera­
ción romántica, así como varias de sus derivadas, se encuentran
también en el actual movimiento postmoderno. No es nada ex­
traño. Por un lado, porque el Romanticismo, con distintas mo­
dificaciones debidas a los diferentes cambios históricos, ha per­
durado hasta nuestros días. Por otro, porque la Postmodernidad,
a pesar del prefijo «post»
de su denominación, no está fuera de
la Modernidad; critica sus etapas anteriores, pero permanece en
el amplio
ámbito modernd. Puede decirse que representa la con­
sumación de sus •últimos desarrollos (68).
Al igual que la actitud romántica la de la Postmodernidad es
una actitud de crisis. También como la primera es un modo de
ser contingente, incoherente e indefinible, que es el fundamento
de la Postmodernidad literaria, artística, política, etc. Coincide
asimismo con
el Romanticismo en el irracionalismo, al proclamar
(64) Ib!d., pág. 128. Como indica Canals, hasta: «La polltica román-
tica es política <)e oradores» (Ib!d.).
( 65) Ib!d., pág. 129.
(66) Cf. Ibíd., pág. 185.
(67) Ibíd., pág. 185,
(68) Véase: AA. VV., Utopia y póstmodernidad, Salamanca, Universi­
dad Pontificia, 1986; J. M.• MAruloNFS, El desafio de la postmodernidad al
cristianismo, Santander, Sal Terrae, 1988; J. BALLESTEROS, Postmodernidad:
decadencia o resistencia, Madrid, Tecnos, 1989; y A. LLANO, La nueva
sensibilidad, Madrid, Espasa-Calpe, 1988.
1112
Fundaci\363n Speiro

6L RESENTIMIENTO ROMANTICO Y POSTMODERNO
la «muerte. de la razón» (69).; en parte de su individualismo, al
proponer
el paradigma del disenso, de lo discontinuo, lo local, lo
heteromórfico,
lo inestable y lo fragmentario (70); con su con­
cepción de la libertad como rebeldía ante toda norma y toda ley,
y como
creatividad sin sujeción a la verdad y al bien ( 71 ). Ade­
más, aunque la Postmodernidad no revaloriza lo histórico, con su
«disolución de la historia» (72), tampoco acepta el mito
del pro­
greso.
La actitud postmoderna, como la romántica, es deformadora
de toda la realidad, especialmente la humana, pero, a diferencia
de esta última, no pretende
suplir o remediar ninguna deficiencia,
ninguna unilateralidad o desorden, de las últimas etapas de
la
Modernidad, ni anteriores ni posteriores al Romanticismo. Tam­
poco intenta
llenar vacío alguno, ni establecer un radical inme­
diatismo de lo divino, ni la consecución de ninguna autoredención.
El hombre postmoderno no reconoce,
como· el romántico, la ne­
cesidad de un apoyo para trascenderse y remediar s.us limitacio­
nes.
Las reconoce e incluso las exorbita, habla, pot ejemplo, del
«pensamiento débil» (73). El postmoderno
se instala en la fini­
tud y en la contingencia, sin apoyarse ni siquiera en
si mismo.
Con
respecto a todo lo trascendente, inclusive lo divino, su po­
sición es la de indiferencia (74). La Postmodernidad, en defini­
tiva,
se instala en el nihilismo, ya anunciado en la desesperación
romántica.
Si la corriente postmoderna nd asume la búsqueda de apoyo,
quinto rasgo capítal del Romanticismo,
si lo hace, en cambio, con
el sexto, la
actitud oratoria, con lá que pretende llamar la aten­
ción de los otros sobre
la idoneidad· y hasta honestidad de la
(69) A. WELLMER, «La dialéctica de modernidad y postmodernidad•,
en Debate (1985), págs. 67-87, pág. 67.
(70)
Cf. D. lNNERAJUTY, «Moderoklad y postmodernidad•, en Anuario
Filos6/ico, XX/! (1987), págs. 105-137; y F. BoBURG, «El doble rostro de
la postmodernidad•, en Revista de Filosofía (México), XXII/64 (1989),
págs. 78-83 _
(71) Cr.
J. F. LYOTARO, La pos/modernidad, Barcelona, Gedisa, 1987.
Véase: F. ToRRALBA, Cercles infernals, Barcelona, Edicions 62, -1990.
·(72) J. BAUDRILLARD, Las estrategias fata/,es, Barcelona, Anagrama,
1984, pág. 12.
(73) G. VATTIMÓ, El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica
en la cultura postmoderna, Barcelona, Gedisa, 1987, pág. 91; e IDEM, «Pos­
modernidad: ¿Una sociedad transparente?», en En torno a la posmoderni-­
áad, _Barcelona, Anthropos, 1990.
(74) Cf. J-M.• MAROoNEs, «Modernidad y postmodernidad•, en Ra­
z6n y fe, 1.056 (1986), págs. 204-217 y 1.057 (1986), págs_ 325-334; y
ANGEL CAsTIÑEIRA, La experiencia de Dios ·en la postmodernidad, Madrid,
PPC, 1992. .
1113
Fundaci\363n Speiro

EUDALDO· FORMENT
propia posición crítica frente a lo moderno -anterior. También
este intento justificador de
una actitud de rebeldía está motivado,
en
el fondo, por la creencia de la superioridad de lo que se desa­
prueba y procura . liberarse. La gran cantidad de bibliografía
de los mismos postmodernos dedicada a la Postmodernidad, que
al igual que de la literatura romántica
podría decirse que se ex­
presa con una «vanidosa espectacularidad oratoria» ( 7 5), revela
la coincidencia en esta actitud de las dos orientaciones román,
tica y postmodema
(76).
5. El resentimiento.
La «actitud oratoria» del Romanticismo, y también de la
Postinodernidad, _ parece expresar otra más profunda de resenti­
miento
(77). Ambos movimientos culturales colectivos, caract_e­
rizados con los rasgos indicados, parecen obedecer a un impulso
de resentimiento. Esta, por tanto, sería la séptima característica
primordiaJ, y la -más básica, del Romanticismo, la que daría r'!c
.zón de todas las demás_ o la que explicaría su modo de ser.
Para la comprensión
de • esta honda e íntima motivación de
estos dos momentos de la Modernidad tan afines, es muy útil
tener en cuenta el
análisis, que ha reali.zado el _ fenomenólogo
Max Scheler, de esta especie de envidia.
En su obra El_ resenti­
miento
en la moral, dedicada_ íntegramente al estudio -del resen­
timiento, demuestra. que es
una «autointoxic_ación psíquica» (78).
_ Explica Scheler al comen.zar este interesante .ensayo que en el
significado corriente del término. «resentimiento», introducido por
Niet.zsche en la filosofía, se encuentra, en primer lugar: «Una
determinada reacción emocional frente
a otro, reacción que sobre­
vive
y revive repetidamente, con lo cual ahonda y penetra cada
vez más en el centro de la personalidad, al par que se va alejando
de la zona expresiva y activa de
la persona». No es un recordar
Sino: «Un volver a vivir la emoción misma; un volv~--a sentir,
(75) .p_ CANAL_s _VtnAL, Cristianismo .'Y revolución, op. cit.·, nág. -148.
{76) Véase, por ejemplo:. J. F. LYOTARD, La condición postmoderna,
Madrid, Cátedra, 1984. Cf. MonEsTo BERCIANO, «Heidegger, Vattimo y la
deconstrucción», en -_An~ario Fflos6fico, 26 -(1993), págs. 9-45.
(77) F. CANALS ·Vu>AL, Cristianismo y revoluci6n, pp, cit., págs .. 129,
131,141, 148,153y 185, _ ----- ---
(78) MAx SCHELER, Ueber Ressentiment und. moralisches ·w erturteil.
Ein
Beitrag zur Pathologie· Jer·. Kultur, -en Gesammelte Werke,. Ed .. María
Scheler, Berna, Fraocke V., 1954 y siga., 13 vv: Trad: esp.: E( resentimien­
to en la moral, trad. de J. Gaoa, Buenos AiFes-México, .Espasa-Calpe, Ar­
gentina, 1944,pág. 14.
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EL RESENTIMIENTO ROMANTICO Y_ POSTMODERN.0
un re-sentir». En segundd lugar: «La p_alabra implica qu_e la cuali­
dad de esta emoción es negativa,
.esto es, expresa un movimiento
de hostilidad»_. Este elemento de enemistad, esencial en el resen­
timiento, se asemeja a
lo que significa el rencor que es el: «Enojo
retenido,
independiente de la actividad. del yo, que cruza oscuro
el alma, y acaba formándose cuando los sentimientos de
odio u
otras emociones hostiles reviven
re¡x:tidamente ;. no contiene to­
davía ningún designio hostil determinado, pero nutre con su san­
gre todos los designios posibles
de esta clase» (79).
Una de las consecuencias del resentimiento es la tendencia
constante:
«A determinadas clases de engaños valorativos y jui­
cios
de valor correspondientes» (80). Ya Nietzsche había adver­
tido que: «El resentimiento es una fuente de tales juicios de va­
lor». (81). Añade Scheler que, con .respecto a sus causas, puede
caracte~e que esta autointoxicación: «Es una actitud psíquica
permanente,
ql!e surge al _ reprimir sistemáticamente la descaiga
de ciertas emociones y afectos, los cuales son en sí normales y
pertenecen al fondo de la naturaleza humana» (82). Estas emo­
ciones contenidas y refrenadas, considera
que son principalmente
estas seis:
la venganza, la envidia, fa ·ojeriza, la perfidia, el odio
y la maldad.
La causa con_ la que puede comenzat a formarse el resenti­
miento es
el impulso de venganza. Se trata de una reacción o de
un impulso reactivo, pues: «Un ataque o una _ofensa precede a
todo impulso de venganza .. Pero lo importante és que el impulso
de venganza
·no coincide, ni mucho menos, con el impulsd hacia
el contraataque o defensa, aun cuando esta reacción vaya acom­
pañada de cólera, furor
d indignación, -( .•. )., Dos caracteres. son
esencial,:s para la existencia de la venganza: un. refrenamiento y
detención, momentáneos al
menos (

o que
duran un tiempo de­
terminado), del contraimpulso inmediato (y de los, movimientos
de -cólera y furor enlazados con él), y un aplazamiertto de la con­
tratreacción para c;,tro momento y situación apropiada ('aguarda,
que otra vez será'). :Este refrenamiento, empero, :·es· debido a lá
previsora consideración de que la contrarreacción inmediata sería
fatal» (83 ).
: : (79) ·Ibld., págs. 10-11. SegúnSanro Tom¡js, «La impugnación•de los
bienes ·espirituales que_ contristan __ se hace, !1-veces, comi=a .los Q.c,m.bres que
los proponen, y a. 4, ad 2).
(80) Ibfd., pág. 14.
(81) Ibfd., pág. 11.
(82) Ibfd., pág. 14.
(83) Ibfd., pág. 15.
U15
Fundaci\363n Speiro

EUDALDO FORMENT
Al impulso de venganza va unida la conciencia de incapacidad,
fruto de una debilidad. «La venganza en s( es, pues, una vivencia
de impotencia ( ... ). Además pertenece a la esencia de la vengama
el contener siempre la conciencia de 'esto por esto'» ( 84 ).
Es preciso tener en cuenta, además de esta descripción de su
esencia, que:
«Los impulsos de venganza conducen al resentimien­
to con mayor seguridad cuando el sentimiento de vengama se
ccinvierte en sed de venganza propiamente dicha ( ... ). Desper­
tada la sed de venganza, búscanse instintivamente (sin un acto
voluntario consciente) las ocasiones que pueden dar motivo a un
acto de
vengama interior ;

o
-por acción de la tendencia al en­
gaño-introdúcense falsamente intenciones ofensivas en todos
los actos
y manifestaciones posibles de los demás, que no habían
pensado en absoluto en ofender. Una 'susceptibilidad' particular­
mente grande es con frecuencia
el síntoma de un carácter vénga­
tivo. La sed de
vengama busca entonces ocasiones para esta'
llar» (85).
Asimismo es necesario conocer los dos factores que ínter'
vienen en la constitución del resentimiento. El ptimero de ellos
consiste en que: «Al sentimiento de venganza -ya basado en
U11 aplazamiento del primer contraimpulso, por impotencia-le
es esencial la tendencia a una represión y aplazamiento constante
de dicho contraimpulso. El refrán 'La vengama se goza mejor en
frío' expresa esto» ( 86).
El segundo factor que se añade al anterior
es el siguiente:
«El sentimiento de venganza
se convierte tanto más en resenti­
miento cuanto más se transforma en un estado permanente, con­
tinuamente ofensivo y 'sustraído' a la voluntad del ofendido;
cuanto más és sentida la ofensa COlllo un sino. Este ·-casd se da,
principalmente, cuando un individuo o un grupo sienten su mis­
ma existencia y condición, como algo que, por decirlo así, clama
vengama» (87). En este último caso, advierte Scheler: «Cuanto
más fatal aparezca una opresión
social permanente, tantas nienos
fuerzas
podrá desplegar para modificar prácticamente la situación,
y tanto
más se desahogará en meras criticas de todo lo existente,
sin fines
positivos. Esa clase especial de 'crítica' se puede desig­
nar con
el nombre de 'crítica resentida'; consiste en que ningún
remedio prestado a las situaciones malas produce satisfacción
--como acontece en toda crítica de fines positivos-, sino que,
(84) Ib!d., págs. 15-16.
(85) Ib!d.,
págs. 21-22.
(86) Ibld., pág. 22.
(87) Ib!d., pág. 24.
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EL RESENTIMIENTO ROMANTICO Y POSTMODERNO
al contrario, provoca descontento, pues corta. las alas al creciente
~entimiento de placer que nace del puro denigrar y de la pura
negación ( ...
). La 'crítica resentida' se caracteriza por no querer
en serio lo que pretende querer; no critica por remediar el mal,
sino que utiliza el mal como pretexto para desahogarse» ( 88 ) .
. A . este análisis scheleriano de la vengan2a, hay que añadir
que
el devolver con un mal a. otro mal no es indiferente a la mo­
ral. Como advierte Santo Tomás en Ja cuestión de la Suma Teo­
lógica que le dedica: «Si quien la ejerce busca principalmente
el mal del culpable y se alegra de él, esto es absolutamente ilíci­
to, porque gozarse del mal del prójimo es odio, opuesto a la
caridad que debemos tener para
con todos los· hombres» (89).
Añade
Scheler que: «La envidia, los celos y la competencia
forman un
segundo punto de partida para el ·resentimiento» (90).
Explica seguidamente:
«La envidia, en el sentido usual de la pa­
labra, surge del sentimiento de impotencia que se opone· a la as­
piración hacia un bien, por el hecho de que otro lo posee. Pero
el conflicto entre esta aspiración
y esta impotencia no conduce
a. la envidia, sino cuando se descarga en un acto o en una actitud
de odio contra el poseedor de aquel bien; cuando,
por virtud de
una ilusión, nos parece que el
otro y su posesión son la causa de
que nosotros
nd poseamos (dolorosamente) el bien ( ... ). La en­
vidia no surge hasta que,
fracasado el intento de adquirir dicho
bien de estas maneras ( el trabajo, la compra, la violencia,
el
robo, ... ) nace la conciencia de la impotencia» (91 ). La impotencia
o
incapacidad es esenciwl a la envidia. Por ello: «La envidia más
impotente es a la vez Ja envidia más temible. La envidia que
suscita el resentimiento más fuerte es,
por tanto, aquella envidia
que se dirige
al ser y existir de una persona extraña: la envidia
existencial» (92).
·
La envidia, además de un sentimiento y un impulso, es, como
enseña Santo Tomás, un mal
y un vicio, que conlleva una cierta
tristeza ante
el bien del otro, porque: «Se considera como mal
personal, porque aminora la propia gloria o excelencia. De esta
manera siente
la envidia tristeza del bien ajeno, y ¡x¡r i'SO ptlnci­
palmente envidian los hombres aquellos bienes que: 'reportan
gloria y con
los que los hombres desean ser honrados y tener
(88) !bid., pág. 26.
(89)
SANTO TOMÁS, Summa Theologiae; II-II, q. 108, a. 1, in c. Añade
que: «No vale excusarse con que el ·otro ,antes le infligió a él injustamente
un mal, como tampoco es excusable odiar a quien nos odia» (Ibld.)~
(90) MAx SCHELER, El resentimiento en la mora(, op. cit., .pág. 27.
(91) Ibld., págs. 27-28.
(92) Ibld., pág. 28.
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EUDALDO FORMENT
fama', como dice Aristóteles, en'Il Retórica» (93). Advierte tam­
bién Santo Tomás que: «Solamente se tiene envidia de aquellos
con los que
el hombre quiere igualarse o aventajarles en su gloria.
Esto
no se plantea respecto de quienes están a mucha distancia
de uno
( ... ). De ahí que el hombre no tenga envidia de quienes
están muy distantes
de él por el lugar, el tiempo o la situación;
la tiene, en cambio, de quienes se encuentran cerca y con quienes
se esfuerza
por igualarse o aitentajar» ( 94 ).
Relacionada con la envidia, -está otra de las emociones que
intervienen en la constitución
del resentimiento: la ojeriza. Según
Max Scheler:
«La venganza conseguida hace desaparecer -el sen­
timiento de venganza ( ... ). También la envidia desaparece cuando
el bien
por el que envidio a alguien se hnce mío. La ojeriza, en
cambio, es una actitud, que
no está ligada a objetos determinados,
en_ el mismo sentido; no surge_ por motivos determinados para
desaparecer con
ellos. Más -bien -son busctldos aquellos objetos y
aquellos valores
de cosas y personas, en las cuales puede satis­
facerse la -envidia. El rebajarlo y derribarlo todo de su pedestal
es
propio de esta disposición. La creciente atención que despier­
tan
-.ios valores negativos -de -cosas y personas, justamente por
aparecer unidos -con fuertes valores positivos en uno y el mismo
objetó;
el detenerse en estos valores negativos, con un atusado
seb.timierito
de placer en el hecho -de su existencia, conviértese
en una forma fija de las vivencias, en la cual pueden encontrar
sitio_las materias más diferentes» (95). -
Ló; que en -la obra se denomina « perfidia» se concibe como
un_ mayor grado de esta áctitud denigratoria, originada por la
envidia. De modo que: «En Ja_'perfidia', el impulso detractivo se
hií hecho más hondo y más íntimo tóda-.ía ; está dispuesto siem­
pre,
por decirlo así, a sa.ltar y adelantarse en un gesto impensado,
una
_manera de sonreír, etc.» (%). -
---Con el término «odio» 'se designa a la «alegría del mal ajeno».
-(93(' SANTO TOMÁS, Sumlffa Tbeologiae, n,n; (94) -Ibíd,, 11-II, q. 36, a:-1,' ad. 2. Añade'i¡úe suelen_ ser'eovidiosos
\os _que_ ambicionan el -honor;y_ Jos pusilánjmes, o-fal1'ldos de ánimo, ar­
gumentándol_q desde esta observaci6n. -«Nadie !¡e esfuerza en aquello de
que está muy distante: Cuando alguien le circede en eso, no lo envidia. Si,
empero,
es muy poca la diferencia, le parece que puede poseerlo, y entonces
se empeña en ello. Si fraoasa en su intento por el exceso de gloria del _otro,
se eniristece. Por ésto los que ambiciOfl.atí honores soñ. envidiosos. De ígual
manera 1o··sorr tamfüéb. los'ptl$ilánimes,'·por reputar todo-grande y con el
menof _ b1etl qué:'· a otro le acaece ·sé--·creen enormemente superados» . (Ibíd.,
rnr, 4: 36,-•. 1, ad. 3). (95) MAx SCHELER, El
resentimiento en la inofal, o-f,. cif, --:l)ág. 18.
(96) Ib!d., pág. 19. '
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BL RESENTIMIENTO ROMANTICO Y POSTMODERNO·
Ambas expresiones se toman como sinónimas, porque en esta.
última se . significa un sentimiento que supone una aversión hacia
el otto,. que es el constitutivo ·esencial de todo odio.
La ojetiza,
la perfidia y la maldad son, por lo mismo, ottas mermas de
odio (97). Esta alegría también es producida por la envidia, por­
que, como
explica Santo Tomás, al ttatar del vicio del odio: «Así
como el amor es causado del deleite, así el odio tiene su causa
en
la tristeza ( ... ). Por lo cual, siendo la envidia tristeza provo­
cada por el bien del prójimo,. conlleva .como resultado hacernos
odioso su bien,
y esa es la causa de que la envidia dé lugar al
odio»
(98).
La maldad representaría .un·,¡Jradcdnás en el odio. Entte la
alegría del mal
ajeno y la maldad .habría una relación parecida a
la ojeriza con la perfidia. «Un camino análogo va desde la sim­
ple 'alegría del mal ajeno' hasta la 'maldad'; ésta ttata de provo­
car nuevas
ocasiones de . alegrarse del mal ajeno, y se muestra ya
más independiente de objetos determinados que la alegría del mal
ajeno»
(99).
Ni por separado ni en ,conjunto; ninguno de estos sentimien­
tos es el resentimiento.
«Son sólo estadios en el proceso de sus,
puntos de partida. El sentimiento de venganza, la envidia, la
ojeriza, la perfidia, la alegría del mal ajeno y la maldad, no en­
tran en la formación del resentimientd sino allí donde no tienen
lugar ni una victoria moral
{en .la venganza, por ejemplo, un
verdadero perdón), ni una acción o
-respectivamente--' expre­
sión adecuada de la emoción en manifestaciones externas ;
por
ejemplo, insultos, movimientds de los puños, etc.; y si no ,tienen
lugar,
es porque una cqncienCÍJ\, todavfa. mis acusada de la propia
impotencia, refrena semejante acción o e, (lOO).
Podría decirse que la represión de la actividad propia de estos
(97) Según Santo Tomás el odio, en todos sus tipos y grados, es el
mayor mal _ contra-el otro, no por pan;e de los efectos, · sinb pót' el -UeI
desorden interior, «Porque par-él _se desordena la voluntad del hombre,.
que es ló mejor que tiene,' de Q.ue proéede lá raiz . del pecado. _De a_quí <1ue
aun las acciones exteriores, Si se de8ordenaseh Sij:l: ·ªe80rdell de la vol~ta-c,l,
no serían pecados ( ... ). Y si alguna culpa hay en lós pecados externos que
contra el prójimo se cometen, todo prb_viene del odio interior» (Summa
Theologiae, II-II, q. 34, a. 5, in, c. . . · , (98) SANTO ToM,\s, Summa Theologiae, II-II, q. 34, a. 6, in. c.
(99) MAX SCHELER, El-rese~ti,mie,,to, en la moral, o:p. cit., pág. 19.
Esta modalidad de odio podría cottesporiderse :con lo que Santo Tomás­
denomina «malicia», que es «una impugnaci6n que recae sobre los bienes­
espirituales y que induce al hombre a detestatlm;»: (Suma Theologiae, II-
11, q. 35, a. 4, ad. 2). J,~ --~ · ·
(100) MAx ScHELER, El resentimiento en la"~óral;---op. · éit, pág.' 19.
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EUDALDO FORMENT
s.eis sentimientos, motivada por la conciencia de la debilidad, es
el constitutivo formal del resentimiento, lo que lo constituye en
cuanto tal. Como
. explica Scheler: «El que, ávido. de venganza,
es arrastrado a la acción por su sentimiento, y se venga; . el que
odia e infiere un daño al adversario, o, al menos, le dice 'su opi­
nión',· o le denigra ante otros ; el envidioso que trata de adquirir
el bien que envidia, mediante el trabajo, el trueque o el crimen
y la violencia, no: incurrén en resentimiento. La condición nece­
saria para que éste surja, se da tan sólo allí, donde una especial
vehemencia de estos
afectos va acompañada por el sentimiento
de la
impotencia para traducirlo en actividad; y entonces se 'en­
conan', ya sea por debilidad corporal o espiritual,
ya por temor y
pánico a aquel a quien
se refieren dichas emociones» (101).
Puesto que la contención de
la actividad, a la que tendría
que desembocar cada uno de los seis sentimientos, depende de
una propia
decisión, y es, por ello, voluntaria, este constitutivo
esencial del resentimiento
revalida la afirmación de Scheler de
que
es una «autointoxicación psíquica». No obstante, también
indica que este «veneno psíquico do! resentimiento», que es que­
rido por
la propia víctima, es «extraordinariamente contagio­
so» ( 102).
6. El resentimiento · en el Romantiéismo y ·en la Postmóder~
nidad. ·
Los modos· de ser romántico y postmodemo es pc,;¡b]e com­
prenderlos de alguna manera por el resentimiento. La misma ac,
titud de crisis que expresan ambas orientaciones colectivas· se
puede explicar por este veneno psíquico; ya que, como afirma
Scheler, a modo de conclusión,
el resentimiento es un: «Fen6me­
no de
decadencia por el hecho de que significa dondequiera una
réla¡aci6n de las fuerzas humanas centrales y directrices» (103).
La critica de la razón del Romanticismo y la Postmodernidad,
que les lleva a profesar un . completo irracionalismo, revela resen­
timiento, porque: «Todo modo de pensar que atribuye una
fuer­
za creadora
a la mera negación y crítica, está secretamenete ali­
mentado por este veneno. Toda esa manera de pensar, que se ha
hecho 'constitutiva' en una
parte de la filosofía moderna, y que
consiste en considerar como lo ,da.do' y ~verdadero',_ no Jo evidente
(101) Ibíd., págs. 19-20.
(102) Ib!d., pág. 20.
( 103) Ibld., pág. 241.
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EL RESENTIMIENTO ROMANTICO y_ POSTMODERNO
por sí mismo, sino s61o la X que consigue sostenerse frente a la
crítica y la duda,
lo llamado 'indudable' o 'indiscutible', está ín­
timamente nutrida y animada por el resentimiento» (104
).
Si la crítica no nace del resentimiento, sino que se apoya en
la confrontaci6n con la realidad, entonces es legítima y, por ello,
positiva y fecunda
.. En cambio, como también explica Scheler
seguidamente: «Cuando el camino
por donde los hombres llegan
a sus convicciones, no
es el del comercio inmediato con el mundo
y las cosas mismas, sino que J.a -propia opinión se forma sólo en
y mediante la crítica . de las opiniones ajenas, de modo que la
busca de los llamados 'criterios' para
probar la justeza de estas
opiniones, se convierte en el asunto más importante del que pien­
sa, entonces el resentlmie_nto~ cuyas valoraciones y juicios en
apariencia positivos, son siempre negaciones y desvaloracioaes
ocultas, constituye, por decirlo así, el fluido que envuelve el pro­
ceso mental» (
105).
El individualismo, rasgo común de la Pdstmodernidad y del
Romanticismo, así como el afán
de libertad y la primacía de la
subietividad, que se dan especialmente en esta última corriente,
también parecen obedecer al resentimiento, porque su: «Supuesto
común (
... ) es que los valores, en general, y los valores morales,
en particular, son
fen6menos subietivos de la conciencia humana
y no tienen existencia ni sentido alguno fuera de
la conciencia.
Los valores son las sombras que proyectan nuestros apetitos
y
sentimientos. 'Bueno es lo que es apetecido; malo, lo que es de­
testado': sin una conciencia humana que apetezca y sienta, -la
realidad es un conjunto de . seres y sucesos, exentds de va­
lor» (106). Tal como indica Scheler: «El resentido se venga de
la idea, ante la cual no puede afirmarse, rebajándola hasta con­
vertirla
en un estado subjetivo» ( 107).
La
huida romántica de la realidad, que lleva, por ejemplo, a la
valorización de lo medieval, puede también considerarse como
una actitud resentida. Afirma Max Scheler, al respecto que: «Está
siempre el alma romántica influida
por el resentimiento, hasta
cierto grado por
lo menos, 'cuando su nostalgia de alguna región
(104) Ibíd., pág. 104.
(105) Ibíd., págs. 104-105. (106) Ibíd., pág. 189. Scheler en. su conocida obra .El formalismo en
la ética y la ética material de los valores (Der Formalismus in der_ Ethik
un die materiale W ertethik, ttad. esp. de H. Rodríguez Sanz, Madnd, Re­
vista de Occidente, 1941, 2 vols.) demuestra que los valores no son sub­jetivos y que trascienden a la persona que los conoce, Cf. SALVAD"ÓR VBR­
GES, El hombre, su valor en Max Scheler, Barcelona, PPU, 199_3. ·
(107) Mu SCHELER, El resentimiento en la moral,-ap. cit., pág. 191.
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Fundaci\363n Speiro

EUDALDO FORMENT
del pasado histórico.' (Hélade, Edad Media, etc.), no descansa pri­
mordialmenté en
la especial . atracción que los peculiares valores
y bienes
de esta época ejercen sobre el sujeto; sino en un interior
movimiento
de desvio de la· época propia, cuando toda alabanza
y ponderación
del. "pasado' van unidas a la · intención concomi­
tante de
desvalorar el presente y 1a realidad que circunda al su­
jeto»
(108).
En relación, a esta ·característica, así come, a laS tres anterio·
res, en las que se dan tantas convergencias entre el Romanticismo
y la Postmodernidad, debe tenerse muy
en cuenta la observación
de Scheler de que: «La estructura formal en la expresión del re­
sentimiento, es aquí siempre la misma: se afirma, se pondera, se
alaba algo: A, no por su íntima calidad, sino con la intención
-que no es verbalmente expresada-.-:. de negar, de desvalorar, de
censurar otra cosa, B; A es 'esgrimido' contra B» (109). ·
La debilidad del hombre romántico y del hombre postmoder­
no, que
lleva al primero a buscar un apoyo y al segundo a con­
formarse con ella, encaja perfectamente con el perfil del resentido.
En El resentimiento en la moral se dice: «El hombre resentido
es
un débil; nd le basta su solo juicio; es la antítesis absoluta
del que realiza el bien objetivo, aunque esté sólo a verlo y sen­
tirlo,
contra un mundo de oposiciones. La "universalidad' o 'vali­
dez universal' de la valoración, resulta, pues, el· sustitutivo nece­
sario de. la auténtica objetividad de los valores». Por ello, se
añade que:
«El resentido.no investiga lo que sea el bien;. busca
un apoyo en las preguntas: ¿Qué' piensas. tú? ¿Qué piensan to­
dos? ¿Cuál es, en conclusión, la tendencia 'universal' del género
humano? O ¿cuál es el· sentido de la ·'evolución'· a fin· de que,
viéndolo,
pueda yo introducimie en su<'corriente'?». El apoyarse
en este criterio de verdad implica el cóntrasentido de que: · «Lo
que nádie és capaz dé ver y descubrir, eso es lo que ahora todos
han
de ver. La acumulación · de muchos; conocimientos iguales a
cero,· ha
de. dar por· resultado un conocimiento positivo. Lo que
jamás es 'bueno' por sí
mismo, ha de resultar bueno porque era
bueno
ayer O proviene de ayer en líriea recta» ( 110).
Esta búsqueda
de apoyo en los demás muestra que la actitud
resentida no es señal de plenitud o
madu= humana, pues, como
advierte Scheler:
«Los niños y las nafur'alezas serviles tienen la
costumbre de disculparse diciend<>: '¿ No han hecho también los
demás lo que he hecho yo?' .. La comunidad en el mal --,-que se,
( 108) Ibíd:, pág. 56.
(109) Ibld., pág. 57.
· (110) Ibid., pág. 192.
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EL RESENTIMIENTO ROMANTICO Y POSTMODERNO
gún la auténtica moral aumenta· la, maldad de lo malo, puesto
que
la maldad de la imitación y del espíritu servil se suman a la
maldad del objeto querido-- se convierte
·ahora, en el aparente
'derecho' a transformar los malo en 'lo bueno'. Así es como los
rebaños de los resentidos
n:mltiplic;an su número. y toman su con­
ciencia gregaria por un sucedáneo del 'bien objetivo', que empe­
z&ron por negar» ( 111 ).
No sólo el quinto rasgo del Romanticismo, ·es sciíaLde 1:e'sen;
timiento, también lo es el más profundo, común con la Postmo­
dernidad, de procurar
la condescendencia y aprobación por los
demás
de su postura de rechazo y de. crítica, originado por la
convicción de la superioridad de lo reprobado. La envidia, que
implica esta actitud, conlleva
la aspiración y la impotencia hacia
ello que es de este modo sentido como superior. Podría solucio­
narse el conflicto entre este deseo hacia unos bienes
y la · incapa­
cidad para conseguirlos con
la aplicación de la ley psíquica de la
desvalorización ilusoria de los mismos, que Scheler describe así:
«Cuando
se sienten fuertes afanes de realizar un valor y, simul­
táneamente,
la impotencia de cumplir estos deseos, por ejemplo,
de lograr
un bien, snrge una tendencia de la conciencia a resol­
ver
el inquietante conflicto. entre el querer y el no poder, reba­
jando, negando el
valor positivo del bien correspondiente, y. aun,
en ocasiones, considerando· como positivamente valioso· un con­
trario cualquiera .de dicho bien. Es la historia de la zorra y las
uvas vetdes» (112).
· ·
Esta valoración errónea, precisa seguidamente Scheler, no és
«una falsificación de los valores, sino otra opinión distinta sobre
las cualidades de la cosa ( ... ) mediante las cuales ésta nos pre­
sentaba, al principio determinados valores (
... ). La zorra· no dice
que lo 'dulce'
es malo, sino que las uvas están 'verdes'» (113).
Con esta valoración se calumnia la
cosa; y así: «Se resuelve el
(111) !bid., págs. 192-193'. Frente a esta >ustitución de Jo verdadero
y lo bueno objetivamente por :lo. universalmente válido o lo ·universalmente
queridb, indica Scheler ·que: «'Universálmente humanos' ~. :un.a_ palabra a
cuya significaci6n se asocia . un v!Uor supremo. Pero psicológicamente no
se descubre en ella nada, más que odio y neg~tivismO cóntra. tC>qa forma
pgs'itiva de vida y de cultura'(, .. )_: Mientras el obieto (," .. ) sea. tomado 'en
ef llano sentido del auténi:icci-obietivismo ( ... ), la ·posibilidad de que los
hombtés coincidan -en reconocerlo,· puede ser a lo · sum::o un ct:-iteriQ-social
para el derecho so~ a afll!ll!tt .-que_ ~i;te, Pero nunca· :·un ctite$· para
la verdad de la afirmación, ni menos un criterio pltta. la esencia de-la ob­
jetividad ( ... ). Hay problemas y teorías matemáti~as q~e ~_-mt;y pocas
persnnas son capaces de comprender» (Ibíd., pág,·~.:'W4)i· ·
(112) !bid., págs. 66-67. -;;_ · •
(113) lbíd., págs. 67-68. · ·
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EUDALDO FORMENT
conflicto entre la intensidad del apetito y la impotencia; y el do­
lor, unido a ella, baja entonces de grado». Además, con esta de­
tracción: «El sentimiento de nuestra vida y poder asciende de
nuevo algunos grados, aunque sobre una base ilusoria» (114).
En cambio, en
el resentÍllliento se falsean los valores del ob­
jeto en
sí mismos. Se realiza una inversi6n en el sentimiento
valorativd, porque: «Esos valores que son valores positivos y
preferentes
para un sentimiento estimativo normal y para una
ambición normal, se convierten en valores negativos para
el nue­
vo sentimiento del resentido». Explica Scheler a continuación
que: «Por su debilidad, su
temclt y su angustia, por su espíritu
servil, que
se ha convertido en orgánico, no puede el resentido
apoderarse de las cualidades
y de las cosas que tienen esos valo­
res. Y entonces, su sentimiento valorativo cambia en el sentido
de decir:
'Todo eso es vano; y los valores positivos y preferen­
tes que conducen al hombre a su salvación,
se hallan justamente
en las manifestaciones opuestas'» ( 115).
Con esta calumnia de los valores, que son así sentidos e
in­
.te,pretados al revés, el resentido intenta resolver la dolorosa
pugna entre
sus deseos hacia estds valores y su impotencia para
alcanzarlos, dada su superioridad, pero que ahora se ve como
aparente e incluso en un estado de inferioridad.
No obstante, no
se soluciona satisfactoriamente el problema, porque el resentido:
«En el fondo entrevé su envenenado sentimiento de la vida y
vislumbra los valores auténticos, a través de
sus valores iluso­
rios, como a través de un velo transparente» ( 116
).
7. Deformación de la realidad.
Todas las características esenciales del Romanticismo, así como
las análogas de la Postmodernidad, desde las cuatro. más super­
ficiales
~irracionalismo, individualismo,

liberalismo
e. insatisfac­
ción-, hasta las dos más hondas búsqueda de apoyo y de apro­
bación, remiten a un mismo origen:
el resentimiento. Si se ahonda
en cualquier posición de estas etapas de modernidad, siempre
se
encuentra una actitud de resentimiento, y todas o algunas de sus
causas -la venganza, la envidia, la ojeriza, la perfidia, el odio
y la malicia-, frente a un período anterior. Es muy difícil no
adtnitir, por ello, que el resentimiento sea el séptimo y más fun-
(114) Ibld., pág. 68.
(115) Ib!d., pág. 73.
(116) Ibld., pág. 74.
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EL RESENTIMIENTO ROMANTICO Y POSTMODERNO
dante rasgo de ambas orientaciones. Parodiando la frase citad.a
más arriba de Víctor Rugo, podría decirse que: «La Postmoder­
nidad
y el Romanticismo no son más que el resentimiento en
todos los ordenes».
El «veneno» psíquico de este sentimiento se encuentra ya en
el origen del Romanticismo, en
Juan Jacobo Rousseau, que, como
ha indicado Canals Vidal es una ·personalidad «típicamente auto­
intoxicada por el resentimiento» (117), y es el «autor en que se
contiene radicalmente lo más esencial del Romanticismo» (118).
Es totalmente acertado ver:
«En el Romanticismo algo funda­
mentado en la creencia en la bondad natural del hombre y en
la correlativa negación del pecado original y la necesidad de una
Redención trascendente y sobrenatural» (119), las tres tesis
cen­
trales de la doctrina rousseauniana.
Sin embargo,
como advierte Jacques Maritain en Tres refor­
madores:
«No nos equivoquemos al juzgar el optimismo y el na­
turalismo de Rousseau. Rechazo del orden sobrenatural, clice el
segundo; bondad de la naturaleza, dice el primero; es decir:
bondad del principid secreto inmanente en nuestra
naturaleza y
a cuyas mociones
se abandona el cotazón sincero ( ... ). Este op­
timismo está
más impregnado de desesperación y es más maniqueo
que la amargura de Shopenhauer porque condena todo cuanto
existe y odia
la existencia ; no afirma la bondad de la naturaleza
real, obra de Dios con todas sus ordenaciones y todas sus leyes,
sino la bondad
. de una naturaleza de ensueño que el individuo
lleva oculta en
los repliegues de su singularidad, de la naturaleza
que sólo se expande en el interior de las realidades vivientes en
nosotros, y que protesta contra la naturaleza real» (120). Por
el
mismo motivo, concluye el profesor Canals: «De aquí que los
(117) F. CANALS VmAL, Cristianismo y revolución, op. dt., pág. 153.
(118) lnEM, «'Romanticismo y democracia' vistos ·.por Vegas Latapié»-,
op. cit., pág. 1.114.
(119)
Ib!d., véase: JuAN B. VALLET DE GoYTISOLO, Metologia de las
leyes, Madrid, Editoriales de Derecl:to Reunidas, 1991, págs. 72-90.
(120) J. MARITAIN, Trois -Réformateurs. Trad. esp.: Tres reformado­
res. Lutero, Descartes, Rousseau,
trad. de· l. Fernández Camejo, Buenos Aires,
Editorial
Exdesa, 1945, págs. 180-181. Sostiene también qtie: «Rousseau
precipita
el corazón en una ansiedad sin fin, porque santifica el rechazo
de la gracia. Después de repudiar con . los filósofos el don de. Aquel que
nos
amó · antes que nadie; da rienda ,_suelta· al sentimiento religioso, desvía
nuestra
hambre de Dios hacia los sagtados misterios de la sensibilidad,
hacia lo infinito de
la materia ( ... ). El pensamiento actual, en lo que
tiene
de mórbido sigue aún bajo su dependencia. La· búsqueda: de la de­
lectación mística en las cosas que no son de Dios', siendo· una búsqueda
sin término, no
'puede detenerse en ninguna parte»: (Ibíd., pág. 131).
,1125
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pensadores y literatos, los po]íticos y los juristas del Romanticis­
mo, coincidan·.
por modo maniqueo .como opresión · Y' tiranía, el
orden, la ley y el recto ejercicio de
la autoridad» ( 121 ).
Lo que no es extraño, porque el resentimiento, como también
ha
seña:lado Max Scheler: «Conduce a una catacterística falsifica­
ción
de. la verdadera imagen del mundo» (122). Las actitudes re­
.sentidas, como la romántica y'la postmoderna, son "deformadoras
de toda realidad. Maritain babia incluso, en la obra citada de
«corrupción» (123), y declara seguidamente que: «Un axioma de
los
petipatéticos afitma que toda forma superior contiene en sí,
en estado de unidad, las perfecciones repartidas en las formas
inferiores. Apliquemos este axioma a la forma cristiana y
com­
prenderemos que basta disminuir y corromper el cristianismo para
lanzar al mundo verdades a medias y virtudes enloquecidas como
dice Cherterton, que antes se abrazaban y que en adelante se van
a odiar.
He aqui por qué se encuentran en el mundo moderno
,analogías degradadas en la mística católica y jitones de cristianis­
mo laicizado» (124).
Tales «verdades», «virtudes»
y «misticas» son venenosas y
resentidas,
porque como afitma también Maritain: «El cristianis­
mo
sólo sigue viviente en la Iglesia, fuera de Ella muere y ·entra
en descomposición como. cualquier cadáver. Si el mundo no vive
por el cristianismo que vive en la Iglesia, muere por el cristianis­
mo corrompido fuera de la Iglesia.
De cualquier mahera el mun­
.do no puede desentenderse del cristianismo. Cuanto la raza hu­
mana
más reniega dé su Rey, se ve sojuzgada por El con mayor
dul'eZá» ( 125). ·
(121) F.-CANALS.VIDA:f.. _«'Romanticismo y democtacia' vistos_por Ve­
gas Latapié», op. cit., pág. 1.114. Agrega esta-otra conclusi6n: «De aquí,
,que_( ... ) Juan Jacobo Rousseau, sea también quien pone en marcha la
corriente de ideas de que se nutre la moderna democracia y todo el sis­
tema de Slls ideales éticos y educativos; por los cuales el Está.do moderno
ba sidó el más efi~ agente -de -descristianización y apostasía" que se ha
dadó a lo largó de todos los siglOS de la historia del mundo cristiano»
{Ib!d., págs, 1:114-1.115). . (122) ~ ·SCHELER, El sentimiento· en la. ,moral, Op. cit., pág. 70.
(123). J. MARrrAIN, Trés re/armadores, .op. cif., pág. 161..Afirma taro·
bién· que: «Rousseau, de suyo y ·directamente,· conduee el-·pensllllliento mo­
derno ·a una abominable sensiblería, ·parodia infernal del cristianismo, a-la
disolución del -cristianismo· y a ciianfas. ·enfermedades y apostasías· le .Suce-
-dieron• (Ib!d., p,!g, 180). · ·
(124) Ib!d., pág. 162.
(125.) Ib!d., pág.' 167.
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