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La subversión y la destrucción de la familia

LA SUBVERSION Y iLA. DES11RUCCION
DE LA FAMILIA
POR
JERÓNIMO Cllru>Á BAÑULS
Sin duda alguna, a veces se emplea la palabr acepción válida, tanto en lo moral como en Jo, jurídico; es la rebelión
contra un falso orden social que conrulca el orden natural, presen­
tándose
romo la única salida a la que háy que acudir, <~extrema
ratio», y que para esa validez precisa cumplir unas condiciones irre­
nunciables, tal
oomo nos recordaba. hace unos años Michel Federico
&iacca (1).
Pero no es ésa, claro es, Ja. cuestión que nos ocupa. La Revolu­
ción, con «R» ~cula como elida OusseÍ ( 2), es palabra que no
debi'era resultar equívoca; «es una corriente subversiva, ordenada
a un cambio completo en nuestras concepciones del hombre y de Ía
sociedad»; y citando al periódico La Révo-l11tion Franiaise (número
de junio de 1879), nos
ofrere esta frase, igual de válida entooces como
hoy: «El mundo moderno se halla situado en una 1'lternativa: o el
triunfo de
la Revolución, o un retorno sencillo y puro al Cris­
tianismo».
«La Revolución -ha dicho André Malrau.x-juega hoy día el
papel que había jugado la vida eterna». Diríamos que son las mismas
dos banderas de San Ignacio, tan opuestas entre sí, que de ninguna
manera pueden
admitir esa falsa soldadura del no menos falso pro-
gresismo religioso. · · ·
· · Son muy conocidas las palabras· de Alberto de Mun, especialmente
(1) «Revolución, conservadurismo y tradición», en Verbo, núm. 123
(marzo 1974), pág. 287.
(2) «Pan! que ~1 ·re1ne», Speiro, 1972, pág. 85.
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para los lectores de Verbo-: «La revolución es una doctrina que
pretende fundar la sociedad en la voluntad del hombre, en lugar de
fundarla en la voluntad de Dios... Se manifiesta por un sistema
social,
político y eronómico brotado de los cerebros de loo filósofos,
sin la inquietud. de la. tradición y caracterizado por la negación de
Dios en
la sociedad pública.. Es ah! donde está la revolución y donde
hace falta. atacarla».
La Revolución es ta.n vieja casi como la. Creación. «Non serviam»,
fue el grito de Luzbel en la rebelión de los ángeles. «Seréis como
diose;», fue la tentación de fa serpiente a nuestros primeros padres,
en el Paraíso. La. Revolución no es un fenómeno esporádico que haya
brotado
ahora «ex novo»; no es una. especie. de «sarampión» del
«cambio», como a veces se oye decir a los temerosos, vaµamente es­
peranzados, desde su pasividad, en su rápido fin.
La Revolución tiene raíces muy hondas, tanto en el tiempo como
en
el pensamiento; es vieja, bln vieja como la serpiente, y no soy
yo quien la acusa, sino que ella misma se ufana de ello consta.nte­
mente;
no sé si es casualidad, pero la prensa diaria de estos días,
nada contrarrevolucionaria, siempre vanzada
y. nada proclive a. des­
cender por el túnel del tiempo, nos está obsequiando con una frase
de propaganda. de cierta película
: «Abel n11ció para acepta.r el orden
constituido.
Caín, para destruirlo y cambiarlo por otro más justo. Cain
es el símbolo del progreso».
No viene mal acordarnos de Caín; más de una vez nos saldrá al
paso en. este tema. No viene maJ,. no, el acordamos de Caín, porque si
primero fue la rebelión del hombre contra Dios, con el pecado de
Adán,
el pecado de Caín es la rebelión del hombre contra el hombre,
y quizás ésta pudiera ser la razón de que, en la. Biblia; el relato de
Caín venga inmediata.mente después del que contiene la caída de
Adán,
pese a ciertos a.nacronismos, que no parecen preocupar dema­
siado
a la tradición yathvista., autora de ambos relatos.
Rebelión contra Dios y
rebelión contra el hombre, es la rebelión
contra
el doble Mandamiento que encierra toda la Ley: amor a
Dios
y amor al prójimo.
Como el efecto sigue a la
causa, la rebelión de todos los Caínes
es siempre consecuencia de Ja rebelión de todos tos Adanes. Quien
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no respeta a su Padre, porque Este es S:Uperi!>r. y quiere colocarse en
su lugar, ¿cómo Vil a respetar a su hermano, que ,s su igual? Si
trata de suplantar la Voluntad del Padre por la suya propia, ¿a qué
voluntad va a querer dejar sometido a su hermano? Soberbia y
egoísmo son las dos caras vista
A veces, con nuesQ'.a miopía cobarde y .egoísta, somos ·-dados a ver
en la Revolución solamente su aspecto incendiario, su aspecto de
crimen de esa humanidad. Vemos a Oún matar a Abe!, pero pensa­
mos que nosotros, no somos Abe! y que puede que c::aín pase por nues­
tro lado sin tocarnos,
sobre to adoptar una postura de salvaguarda, que podemos llamar «prudencia»,
comprensión, pacifismo, divido, reconciliación, padto, etc., sobre todo
si las llamas no nos tocan de momento; y nos reconfortamos oon la
suicida
esperaoza posible que preparemos su benevolencia, proclamando ~ que nosotros hemos sido. cainitas de toda la vi no ·es eso; no es un incendio, ni unos crímenes ; no es-µn ataque a
nuestrá integridad física o a nuestros· bienes; eso es. una-de sus conse­
cuencias, mejor rucho dos : la del incendio y la de nuestra cobardía
claudicante.
Oigamos lo que decía monseñor Go.ume (3) en el siglo pasado,
cuya cita
nos la recoge Ousset ( 4) : «Si arrancán preguntáis (
a la Revolución) : "¿quién eres
tú?", ella os lo que se cree. Mudhos hablan de mí, pero pocos me conocen. No
soy ni el corbonarismo ... , ni el motín ... , ni el cambio de la Monar­
quía en República, ni la sustitución disturbios momentáneos del orden público. No soy ni las vocifera­
ciones
de los, jacobinos, ni los furores de la Montaña, ni el curnbate
de barricadas, ni el saqneo, ni el incendio, ni la Ley Agraria, ni la
guillotioa, ni los ahogamientos. No soy· ni Marat, ni Robespierre, ni
Baboeuf, ni Mazzini, ni Kosuth. Esos hombres son mis hijos, no soy
yo. Esas cosas son mis obras, no soy yo. Esos hombres y esas cosas
(~) La révolution-Recherches historiques, _tomo _I-1877, pág._ 18. ·
(4) Oh. cit., pág. 88.
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JERONIMO CERDA BAfWLS
son hechos pasajeros y yo SO'f un estado permanente. Soy el odio de
todo
orden no establecido por el hombre y en el i;ual no sea rey y
Dios a la vez. Soy la proclanJación de los derechos del hombre, sin
preocupación de los, dereohos de Dioo. Soy la fundación del estado re­
ligioso y social sobre la voluntad del hombre en vez de la voluntad de
Dios. Soy Dios destronado y el hombre puesto en su lugar ( el hom­
bre llegando a ser el mismo su fin). He aquí por qué me llamo
Revolución, es decir, trastrocamiento .... "».
La Re\'olución es, pues, odio COllltra Dios y contra todas sus
criaturas;
en una pa,labra: es demoníaca. De esa dependeocia diabó­
lica abundan los -testimonios, no sól'o tácitos, sino expresos, -clarísima­
mente expresos, entre . sus más conocidos representantes, especial-
111e!lte de los de ios sigk,6, XVIII y XIX: enciclopedistas, volterianos,
masones, socialistas, mcioruclistas de toda índole. Vaya por todos un
texto dé Proudhon: «¡Ven, Sa.taná.o! Ven tú, el ca.lumn,jado de los
sacerdotes y de los reyes. ¡ Quiero abrazarte, quiero estrecharte contm
mi pecho! Ya hace tiempo que te reconozco y tú: también me conoces.
Tus obras, ¡oh bendito de mi corazón!, no son siempre hermosas, ni
buenas; pero solamente ellas dan un sentido al universo, impidiéndole
ser
absurdo. ¿Qué sería sin ti la justidia? Un instinto. ¿La razón?
Una rutina. ¿El hombre? Un bruto. Tú sólo animas y fecundizas el
trabajo. Ennobleces la riqueza,. Sirves de excusa a la autoridad. Tú
pones el sello a la virtud. Espera un poco, proscrito. No tengo a tu
servicio más que una pluma, pero equivale a millones de publica­
ciones ... ».
DostO}'e\'ski, conocedor romo pocos del socialismo, escribe en su
celebre
novela Los hermanos Karam,azof: < solamente el problema obrero, o el del cuarto estado; es, ante todo,
la
cuestión del ateísmo, de su encarnación contemporáriea.; es· 1a cues­
tión de la Torre de Babel, que se construyó sin Dios, no para alcan­
zar los cielos desde la tierra, sino para abatir los cielos hasta .la tierra».
El siglo xx no es tan propenso a esas declaraciones explícitJatnente
satánicas; despiertan una sonrisa iru:rédul•a y hasta parecen recú.rsos
literarios de un género grandilocuente, tan del gusto de los siglos
inmediatamente pasados. La Revolución perfecciona sus métodos y
se ajusta
a los gustos de la época; no ronviene hablar del 0-Cnio, es
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LA SUBVERSION Y LA FAMIUA
preforiMe, para la acción diabólica entre las gentes de nuestro siglo,
que se olviden de· él; es preferible jugar al chiste fácil de que «el
Demonio
es un pobre diablo»; hasta la acción subversiva dentro de
la Iglesia, de la que en seguida hablaremos, tender_á a hacerlo olvi­
dar, cuando
no a negar su propia existencia, en Jo que encontrará un
refuerzo de donde rn,nos cabía esperarlo: del propio Papini.
La acción subversiva es ahora más sutil, especialmente en este
último tercio del siglo xx, pero por ello mucho más peligrosa. La
enorme maguitud de sus resultad05 está a la vista.
Y no es que oculten demasiado sus propósitos e incluso los méto­
d05; •uelen decirlo, unas veces por medio de sus líderes y otras de­
jando el
trabajo para los, vociferantes, pero siempre confiantes en que
nuestro probado escepticismo, lleno de pereza y
de hedoni&mo, nos
hará exclamar al oírlos : «No será
tanto».
H.ÍCe '.(X>COS años, en 1963, la presidente del Partido Comunista
Español, Dolores
füárruri, cuya biografía no hace falta recordar
porque es del
dominio público, · decía en wi discw:so en el Circulo
Julián Grimau,
en La Habana: «Ah.ora sabemos que por la fuerza no
obtendremos nada. Pero existen otros medios para alcanzar fa victo­
ria;
mezclarnos con ellos. Hay nwdlos de los nuestros situad05 en
puestos de responsabilidad, y esos abrirán el camino a los demás.
Debemos atraemos a los católm, los estudiantes, la clase media ...
Fs necesario que dividamos sus fuerzas. El fanatismo de la fe ha
unido a los españoles. Ante el nombre de Dios se detienen. Por eso
es
necx,sario no herir · los sentiminetos católicos hasta que podamos
imponer nuestra ley. Las nuevas corrientes ya han aparecido entre los
católicos
franceses, totalmente divididos, puedm. ser nuestra gran
solución para
España».
Los Protocolos de los Sabios de Sión, el tndister plan para
destruir la Iglesia desde dentro, los libros, de :lo. llamada¡ «Nueva Teo­
logía», libros, discursos, hechos ... , nada ha sido suficioote para que la
Cristiandad abriera los ojos; siempre cobarde y quretista, se limitaba
a acusar, a loo que le llamaban la atención ·de lo que se precipitaba
sobre ellos, de «ultras», «carcas», «cavemícola:s» y «cazadores de
brujas».
Da táctica ha sido fructífera en toda la Criistia¡ídad, y especial-
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mente abundante y meteórica en España. La realidad está a la vista
y no hoce falta aducir el más ¡nínimo testimonio. ¿Quién hubiera po­
dido imaginar que en la España tridentina., la España por el Papa ... ,
podían ser recibidos por ciertas jeran:¡uías, sin ahorrar complacencias
y eufóricamente. aireados por los llamados medios de comwiicación
social, invitantes e invitados, dos de los más importantes teólogos
de esos que están dedicados en cuerpo y alma a destruir la: Igesia? Me
estoy refiriendo a Karl Rahner y a Hains Küng.
No quiero que nadie me tilde de exagerado; juzguen esto:
Karl Rahner há escrito en su Relación a la ComiJión Teológica
Internacional
de 1969 (pág. 27, apartado b) lo siguiente: «Si el
magisterio de la Iglesia no tiene hoy la valentía y la audacia de
retractarse
de los errores pasados, no seguirá siendo digno de fe y
confianza». Impugna el Syllab«s de Pío IX, la Pa.rcendi de San
Pío X, la H«manae Generis de Pío XII, la Humanae Vitae y el Credo
de Pablo VI, exigiendo de este último su retractación si quiere que
le creamos ; se opuso a Pablo VI por la clausura del Concilio Vatica­
no 11, arusánddle de haber cortado e] arranque profético.
Hans Küng tuvo a bim explicarnos ante las cámaras de la tele­
visión
su tesis contra el dogma de la infalibilidad pontificia y sus
obras ocupan el Jugar preferente de las que siguen llamándose libre­
rías católicas,
algwias de ellas pertenecientes a Ordenes religiosas; y
a propósito de la apootasía del · inglés Davis, escribió en Informa­
tions Catholiques lntemationaie, (1 de junio de 1967, págs. 26-30)
lo siguiente: «Los que quedamos en la Iglesia tenemos muy buenos
motivos para hacerlo ...
No se trata solamente de interpretar la Iglesia,
sino de cambiarla». Si esto, además de herético e impío, no les suena
a marxismo, esperan unos momentos. y les sonará más que un ·timbal
aporreado por un diestro.
De los focos eclesiaJes que han atizado o encubierto la subversión,
incluida
algwial residencia importante; de «los cristianos para el soda­
li•mo»
; de las ya desea.retadas «Comisiones Obreras»; de ciertas
obras seu.doapost61.icas; de las posturas de ciertos prelados, etc., es to­
do ya demasiado público para insistir en su denuncia; hoy ya está
todo, o casi todo, a
la luz del día y ru,, se precisa del más m!nimo
esfuerzo para detectatlo; cuattldo no somos testigos directos, es la
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prensa la. que nos ilustra ron las «ambigüedades» y «ligerezas» de
eclesiásticas, de mayoc o menor relieve, ellos y. sus .cosas, como aque,
lla tan sonada de aquel eminentísimo personaje que dijo preferir la
persona a "ª verdad.
El Papa Pablo VI conoce, corno nadie, esta destrucción ,coos.tante
de la Iglesia desde dentro y· no se cansa de denunciarla y reprobada.
Suyas son la.s cooocidas frases: «El . humo de Satanás. ha entrado, en
el templo de Dios»,
«Los que socavan Ja Iglesia· desde dentro», «Las
presiones· de los hermanos desgraciadamente des"iados», los que
«camuHan bajo el nombre de conciliares prácticas' sacrílegas>>, «Trai'
dores a la Iglesia», «la incompatibilidad del, cristianismo con el so­
cialismo» ... Sus condenas del liberalismo, del socialismo, del laicismo,
de la
mora!! permisiva ... El pasado Miéro,les de Ceniza nos. habl6 del
«dominio del Diablo .sobre la tierra y fos · mismos hombres». Son
mucl:tísimos los textos suyos que podríamos aducir y varias veces re­
petidos
por él en alocuciones y escritós.
Toda esta táctica destructiva desde dentro, «autodenwlición», dice
el Papa,
no es tampoco tan nueva como parece; ya fue usada por la
Masouería en otros tiempos, como puede verse, por ejemplo, en la
obra maestra de Jean Ousset Pára que El reme, a la que ya nos
hemos referido; en ella
se recogen textos públicos y menos públicos,
sinceramente esmlofriantes.
La Revolución se nutre de todos los errores del pensom.iento hu­
mano. Desde
el viejo monismo de Heráclito: «todo corre» ( " «no se biaiía uno dos vieces en el mismo· río. Lo que es, ·no es, y lo· que
no es, es; porque todo deviane y nada permanece»; pasando, poc los
estoicos
y epicúreos, con su determinismo, para seguir con las pri­
meras herejías
cristiams, en especial la maniquea, siguiendo con el
nomina!lismo de Guillermo de Ockam, negador de las esencias, hasta
llegar a la explosión renacentista y al luteranismo, con su determi­
nismo, que pulveriza la libertacl, y su libre examen,· que pulveriza la
verdad y la autoridad y prepara el adveninimielito del raciooalismo.
El racionalismo significa la ruptura total con la co.ocepción cris­
tiana, puesto que la ataca en su médula, en su piedra angular. Para
el
Cristianismo, como lo fue también para Aristóteles, Dios es el· ,ínico
Ser necesario, Dios es el Ser «per se» ; los demás lo son por otro; es la
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JERONIMO CERDA BAFIULS
concepci6n teística o toocéntrica. La filosofía · llamada moderna que
inagura. el racionalismo, pretende trasladar ese concepto de ser nece­
sario desde Dios, al universo; y ese universo, que es en sí necesario,
es decir, que existe < ligencia humana, en progreso cOll1Slrulte, a cuyo término, al menos téo­
ricarnente,
llegará al conocimiento total de la reallidad, ya que la rea­
lidad tiene una estructura racional. Como muy
claramente explica el
maestro Rafael Gambrai (5), el racionalismo es «un método que exi­
ge, por ejemplo, reducir la religión a fenómenos. J?6icológicos; la
Psicología, a
Fisiología; la Fisiología, a Física; la Física, en fin, a
Matemática».
Todo esto produce impacto, es fascinante, máxime
cuando la Matemática se sienta en su trono de «Ciencia Exacta», para
lo cual, claro es, tiene que lracemos olvidar nuestros tiempos de estu­
diantes,, con sus rabias de logaritmos, su número pi, los periodos y
otras menudencias; que en medio de nuestra desazón nos hacían
sonreír de tan pretencioso título. Pero además, como el progreso de
las ciencias es evidente, los conocimientos no se han parado en el
saber de aquellas eminentias del racionalismo; en los últimos cua­
renta años, la Física Cuántica, que sustenta la edad atómica, ha
saculdido ifos fundamentos de la Física anterior; mientras la vieja _
Física tenía fa pretensión de someter todos los fenómenos físicos a
leyes
rigurosas e inexorables, .Ja nueva Física se limita a señalar
unas tendencias que expresan probabilidades diversas, que dejan
subsistente
un margen de incertidumbre en la expresión de los fe­
nómenos,
siendo en la microfísica rechazada totalmente la causalidad
determinista admitida en la macrofísica. Lo mismo ocurre en Ge­
nética; y así p111ede decirse de todas las ciencias humanas. Como muy
clara.mente
resume Juan Valle!: (6), «no hay determinismo, sino un
haz de trayectorias posibles».
Muy interesante sería detem1emos un poco en Descartes, Locke,
Hegel, Fichte, Kant..., que son las cumbres del racionalismo, pero
todo esto excede en demasía los limites de nuestro tema .
. (') Historia sencilla de. la Pilo,ofla, Rialp, 1962, pág. 182.
(6) Ideologla, -praxis y m;,o de la Tecnomtcia, Ed. Montecorvo, 1975,
pig. 82.
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Es necesario llegar a Marx, porque, eL marxismo en . frase de
Ousset,
«corona el pensamiento revolucionario» (7). Vivimos el final
de
la época de las revoluciones [ ésta fue la tesis del Calvo Serer de
sus mejores tiempos (8)}, porque hemos pasado de_las revolluciones
a la Revolucióru total!.
De Hegel toma Marx, entre otras muchas cosas, la fórmula de
la identidad
del ser y de la ruida; absurdo, ¿verdad?; tan absurdo,
que
escandaliza; pero dice Onsset (9): «¿Qué sigiuifica, nueve veces
sobre diez, esta otra fórmula, convenida nniversalmente: todas las
opiniones sonl buenas?». Con ello, evidentemente, sostenemos la. iden­
tidad de lo, contradictorio y sobre este absurdo hemos montado
toda la vida moderna.
Tampoco es posible detenernos demasiado en el pensamiento de
Marx, pero es necesario tocar algunos puntos, para ver cómo corona
en él el pensamiento revolucionario; si San P!o X pudo decir del
modernismo que era la slll!lla de todas fas herejías, creo que igual­
mente
podríamos afirmar del mancismo que es la suma de todos
los errores filosóficos. Y siendo así, podría alguien preguntarse en
qué radica :la clave de su aceptación y de su éxito. La respuesta me
parece sencilla, aunque para llegar a ella hay que estudiar y pensar
mucho, y esto ahora no se estila, quizás también porque el marxismo
no quiere que pensemos. La respuesta es que el marxismo no tiene
uingúnJ dogma, ni siquiera el de la materia; el marxismo es una
praxis,
una acción; jomás contiene un solo principio en el que haya
que creer, ni por. vía de afirmación, ni por vía. de negación; es, sen­
cillamente, como aquel título de la comedia de nuestros humoristas
Tono y Miura: Ni pobre ni rico, sino· todo lo contrario. Marx
formula:, por ejemplo, su «materialismo dialéctico» y nosotros inme­
diatamente nos vemos abocados a pensar que, al menos, cree en la
materia,
con lo que ya tenemos la afirmación de una esencia, aun­
que sea solamente la de lo tangible; y un poco esperan~ados con este
punto de apoyo, llegamos a pensar que el marxismo puede llegar a
(7) «Marxismo y revolución», Speiro-, 1977, pág. 30.
( 8) España sin problema.
(9) Marxfrmo ... , pág. 26.
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admitir algún día la realidad del espíritu... Nada más erróneo;
Marx habla del materialismo diaaéctico, pero todo su acento está en
la segunda palabra. Marx o.o dice «sólo la materia es real»; él lo
que afirma
es que «sólo el cambio es reaJ», el cambio, es ckcir, el
movimiento,
la acción, la praxis. No hay para él ninguna realidad
que exista y dure; no ·hay más que un juego de f=as materiaies,
un cambio incesante; es la reproducción modema del monismo de
Heráclito.
Marx es una especie de nuevo Polifemo, aquel giganre de
un solo ojo, -con el que no alcanza a ver más -_que el :movimiento,
pero le falta otro ojo para ver la esencia real de las cosas que. se
mueven.
Por esa ausencia total fle dogmas, su ateísmo no es un ateísmo
dogmático; afirmar que Dios no existe es una proposición dogmá­
tica, aunque sea de signo negativo; 'Su ateísmo es activo, práctico, dia­
léctico; es movimiento y lucha. Marx rehúsa creer 'en Dios, pero igual­
miente rehúsa el formular la proposición «Dios no exist~>, porque
esto serla hacer mctafisica; él ni afirma ni niega nunca una verdad,
sólo afirma
el movimiento, la praxis, «sólo el cambio p; real». No
sé por qué me viene a la memoria esa ·corriente pe nuestros pro­
gresilstas, que dicen que no quieren hablar de ortodoxia, sino de
«ottopraxis». ¿Qué opinan ustedes?
< una filowfía científica, y fundamentalmente sobre una filosofía mate­
rialista. La explicación de nuestro programa comprede necesaria­
mente también la eocplicación de las verdaderas causas históricas y
económicas de la intoxicación religiosa del trabo.jo. Nuestra propa­
ganda comprende,
pues, necesariamente, la del a:teísmo, la publicación
a este fin de una literatura científica. Pero no debemos, en ningún
caso, caer en las abstracciones idealistas de los que colocan el pro­
blema religioso .en
el punto ,de vista de. la razón pura, fuera de la
luoha de clases, como fo hacen frecuentemenre los demócratas radi­
cales burgueses... El
marxismo medita la lucha contra la religión
de una
.manera concreta sobre el terreno de fa lucha de clases,
(10) Pe#te BibliothCque Lenin1 S, págs. 8-9.
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realmente en marcha, y que educa a las masas más que todo y mejor
que todo».
Este ateísmo práctico es mWlho más completo que el dogmático,
porque
niega, incluso, que el hombre sea :un animal provisto de
ra>:ón, de metafísica. «El ateísmo activo -dice Marx (11 )-es la
ley orgánica del comunismo». Por eso, decía Pío XII (12) que el
comunismo era
intrínsecamente perverso; y Pablo VI, con todos sus
predecesores, insiste una y otra ve.: en la radical incompatibilidad de
marxismo y cristianismo. Ese ateísmo activo no acepta a Dios, porque
es una postura negativa total, al no areptar, ninguna realidad estable:
ni Dios, ni ninguna cosa; es la acción, la dialéctica, creadora de un
mundo. material del que forma parte el hombre, como, fenómeno de
esa materia dialéctica, siempre
en transformación por la aa:i6n re­
volucionaria. Por eso
no se les pide a nuestros «cristianos por el
socialismo» que renieguen ,de Dios ; eso sería estimarles seres con
racionalidad, simplemente les piden que participen solamente en su
acción, en su praxis; toda la acción está perfectamente ordenada
para hacerles olvidar; ya irán adquiri que,
en su apasionamiento, no les dejará ¡,eosa.r, y el que no piensa,
no eleva su pensamiento a Dios, es decir, no hace oración, y el
que no ora, rompe su ligameoto con Dios, deja de estar religado,
es decir, de ser religioso, y sin ~der señalar cuando ocurrió, se
queda flotando en el vacío, deja de ser «fulano de tal», un hombre,
un ser, para convertirse en un movimiento fugaz, en wia náusea,
que dirla Jean-Paul Sartre.
Si el hombre no es, si es sólo un movimiento, ¿qué importa que se
le pare y se le borre? ¿Qué se pierde con ello? ¿EJ vuelo de una m=a,
el zumh"" de un abejorro? ¿ Un reloj que se para? ¿Es .que acaso el ex­
tinguir ese hombre-movimiento siguificará que no prosiga el movi­
miento universal? La degradación del hombre no puede descender
más; el esclavo, aunque no se le considerase como persona, al menos
se
le consideraba como una cosa; el hombre nuevo del man:ismo ni
( 11) Economía Política y Filosofía.
(12) Divini Redemptoris, núm. 58.
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siquiera es una cosa; val vemos a la afirmación del principio: en
Marx el ser y la nada se indentifican.
Para el marxismo, la idea de Dios es una creación del hombre;
una transposición
de su propio movimiento, de sns poderes a una
idea que él crea }l a la cual se a:liena, practicando una religión que es
opio del pueblo, especie de lenitivo o
evasión para hacer más lleva­
deros
sus males, ¡tlgo así corno la aspirina. «Al crear a Dios -dice
Baas (13 )-, el hombre se despoja de él mismo; ha atribuido a
Dios una potencia
y un poder de dominar la n¡¡turaleza que, de
hecho, no perten=n más que al hombre mismo. Este despojo del
hombre
por el hombre, en beneficio de la idea de Dios, se llama, en
lenguaje
marxista, 'la alienación humana'. El hombre, en la religión,
enajena
su poder en beneficio de la idea de Dios ... Corresponde a la
crítica marxista
denunciar esta ilusión, recuperar las foerzas huma­
nas alienadas y de dar al hombre su verdadero destino humano».
Quizás, alguno pueda estar pensando que, al m,nos, en medio
de tanto negativismo, queda en pie la
preocupación por fos prole­
tarios, el
deseo de hacerles mejorar de condición, '1o que llaman su
«humanismo» ; pero el caso es que, al marxismo, todo eso rio le inte­
resa; si a Marx le interesa el proletariado es porque es una fuerza;
lo contrario .ería creer que el proletario era un ser y esto Marx no lo
•dmite de nada. Veamos lo que dice Llu-Chac>-tchi en su informe del
14 de
junio de 1950: «La reforma agraria es un¡¡ lucha sistemática
y brava contra el feudalismo... Su fin no es dar tierras a los campe­
sinos, pobres, ni aliviar su miseda; esto es un ideal de filántropos,
no de marxistas. La repartición de las tierras y de los bienes puede
beneficiar
a los campesinos, no es éste el fin perseguido. El verdadero
fin de la reforma agraria es
la liberad6n de Id! fuerzas del ¡,aír».
Gramsci, Berlinguer, Carrillo ... , qué sencillo todo; ha bastado
que se
hayan puesto la etiqueta de· un nombre eufónico, «enrocomu­
nismo~>, para que la simpleza liberal y todo el cortejo de temerosos
hayan creído que estábamos ante algo nuevo y hasta tolerable e
(13) Le matérialisme marxiste, pág. 23.
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LA SUBVERSION Y LA FAMJUA
incluso plausible; pero de nuevo, sólo el nombre, y éste de prestado,
porque
lo inventó Indro Montanelli (14) y su periódlco.
Estamos ante la Revolución total, de la que la revolución liberal
no ha sido más que una etapa, que está dando sus últilll05 ester­
. tores, y en la que los españoles nos helll05 vuelto a meter, no creo que
por 'nuestro
amor a la muerte, como suelen pintar los que de ruando
en ruando exhuman nuestra raíz senequista; nos h= vuelto a
meter, quizás,
y sin quizás, porque no la habíamos abandonado del
todo y la subversión
no ha escatimado medios para mantener, y
despnés avivar, esos rescoldos. ·
La Revolución total no para en medios, por eso es total; si al­
guna vez parece que se detiene frente a algo, o es porque tropieza,
o porque así se
lo dicta su conveniencia del momento. Releamos
algunos fragmentos del discurso de Len.in ante la tumba de Marx,
que recoge Trotsky: «No me detendré no sClllo momento ruando
tenga que aplastar y deshacer lo que se oponga a nuestra marcha;
pisotearé, infamaré y desharé, sin que ningún freno me lo impida.
No tengo mío más que la idea y soy capaz de defenderla con la
palabra, con las
uñas, con fa horca y con las bayonetas ... ». En otra
ocasión, después
de tomar parte en un asalto a una Oficina de Co­
rreos y apoderarse de sus fondos, escribió Lenin: «Los viejos prejui­
cios burgueses
deben 'desaparecer. Nosotros tenderemos a transfor­
mar
fa mentalidad de los que se atreven a llamarse socialistas. La
moralidad y el modo estrictamente legal de lucha rio son para no­
sotros ;
llevamos la revolución no solo a la vida, sino a todas las
concepciones legales
humanas.» Las citas podrían multiplicarse hasta
el
cansancio.
«Odio contra Dios, su Cristo y su Iglesia», denuncia Jean Ous­
set (
15), «Envilecer, corromper, aniquilar a esta humanidad a la
que el
Hijo de Dios quiso 'descenider, tal es el frenesí demoníaco. De
ahí nna incoercible necesidlld de destruir y de corromper. Destrucción
moral, destrucción
intelectual, destrucción política y sociail, destruc­
ción
de la misma vida corporal».
(14) Indro Montanelli: «Una voz que desentona en el co.ro», en N11e.stro Tiempo, marzo 1977, pág. 302.
(15) Para que 11/ t·eine, pág. 102.
:147
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/ER.ONIMO CERDA BAfWLS
Estarnos ante la subversión contra Dioo y aute la subversión
contra el hi,mbre, en un solo acto bifronte; la criatura, llámese Vol­
taire,
llámese Marx, Len.in o como se quiera, es instrumentalizada
por la serpiente, «el más astuto de todos los animales del campo,
que Y mveh Dios habla hecho>>, como dice el Génesis ( 16).
«caín, Calo, ¿dónde está tu hermano Abe!?» (17). Pero loo
nuev06 Caínes no dialogan con Dioo, no pueden escuchar su repro­
che, ni su maldición, por lo que ni tau siquiera pueden exclamar:
«Mi
atlpa es demasiado grande para soportarla». No sienten ni el
miedo de Dioo, ni el miedo de los hombres; después de ser homi­
cidas, siguen sólo
la ruta de Caín construyendo una nueva ciudad
y asi lo
prodamau: < nidad»,
agrupados todos en esa lucha finaL.
Ese propósito rupturista total aparece explicitado por primera
vez
en la Historia con la Revolución Fraucesa de 1789; se trataba
expresamente de
una reedificación de la sociedad sobre bases com­
pletamente nuevas; es
un corte radical, un abismo que se libre. «Se­
mejante corte -- en
la Historia ... El espíritu de ruptura, la voluntad consciente y ci­
nicamente .confesada de la Revolución, fue, en realidad, bastaute
ram en la historia de los ideales ¡,olititos, más rara todavía en los
hechos. Nadie duda, pues, que, con este titulo, la Revolución fran­
cesa haya merecido llamarse
'La Revolución'».
«Frenes! satánico,
placer de la nada, de la tabla rasa, de la nega­
ción del ser,
de la negación de la estabillidad, de la negación de la
paz social» (19). «Ideal. que el marxismo -- explicitamente a su perfección», «voluntad de la revolución perma­
nente que los acontecimientos de mayo-junio
de 1968 han visto
trausformarse en contestación permaneote y universal».
La familia, los cuerpos intermedios, las naciones, todo lo natural,
ea trance de auiquilación, por principio y por sistema.
348
( 16) Génesis, 3-1.
(17) Génesis, 4-9.
(18)
Prefacio de su obra El antiguo régimen y la Revolución.
{19) Para que El reine, pág. 113.
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LA SUBVERSION Y LA FAMILIA
Servan-Schreiber (20) escribe en nuestros días: «La ley natural
de las
cosas, he ahí el enemigo».
André Plulin (21) : · «No creo ni en leyes naturales, ni en el de­
recho
natural, ni en una moral natural; los Vlllores que han inspi­
rado mi acción,
· no han sido jamás resultado de una sumisión a lo
real ... El hombre libre no se inclina jamás ante lo real».
Tierno Galván
(22): «No los dogmas, sino el progreso, es lo que
hace avanzar a la Historia».
Gohn Bendit exclamará: «Vamos hacia un cambio perpetuo de
la sociedad provocarlo en cada etapa por acciones revolucionarias» (23 ).
Es la revolución permanente y la famosa revolución cultural del
maoísmo. Es el «Pedid lo imposible», que figuraba corno «slogan>> de
los sucesos de mayo de 1968.
En esa ruptura total de la sociedad ocupa un privilegiado puesto
la datrucción de la familia; un puesto tan en primer lugar, que
mé atrevo a decir que para la subvexsi6n es .preferente, al menos
en
el tiempo, a la destrucción de la misma Iglesia.
Los esposos, como tales, estan llamados a reafüar la santidad de
la Iglesia: son su perpetuación; y el carácter sacramental del matri­
monio
no hace sino confirmarlo.
La subversión, lógica.mente, no aprecia ni :la santidad ni el sa­
cramento, pero ni al más lerdo revolucionario se Je escapa que la
familia
es fuente de _perpetuación eclesial.
Los ataques a la institución familiar, · al menos en al.gún aspecto,
son antiquísimos.
El Génesis parece querer recordárnoslo, al. pre­
sentarnos, entre los descendientes de· Caín, a Lámek, del que nos dice
que tomó
dos mujeres (24) ; ya tenemos ahí la poligamia, y como, el
pecado produce pecado, Lámek relata. a sus mujeres que mató a un
hombre por una herida que le hizo y a un muchadio por un carde­
nal. Gristo restaura
la Ley y nos recordará el matrimonio monogá:
( 20) Manifiesto en L' Express, de 2 de febrero de 1970.
(21) Analym et p,évislons, VIII, 1969.
(22) Discurso de Elche.
(23) Le nouvel Observa:te11r, de 20 de mayo de 1968.
(24) Génesis, 4-19.
349
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JERONIMO CERDA BA.fWLS
mico e indisoluble del principio, en aquel couocido pasaje del Evan­
gelio de
San Mateo '(24 bis).
Ese
matrimonio monogámico e indisoluble, elevado por Cristo
a
la dignidad de sacramento, base de la familia cristiana, es siempre
victima predilecta de los ataques de toda la historia de la Revolución.
Lutero le quitó la
sacramentalidad y lo dejó sometido al poder civil;
Eorique
VIII atacó su indiso!lubilidad; los neomalthusianos, su fe­
cundidad; para Marx, las relaciones entre hombre y mujer se limitan
a reproducirse
(25). lll ataque a la familia, en nuestros días, es
tota1.
A la Revolución no se le ha escapado nunca el cacicter que tiene
la
familia, de célula fundamental de la sociedad, independientemente
del
carácter sacramental del matrimonio católico. Es aquello que re­
sunúa Cicerón, en aquella hermosa frase que, casi sin dam.os cuenta,
aprendíamos Ios estudiantes de Derecho: «Principium urbis et quasi
seminarium reipubliquae». La familia es universal en el espacio y
y en el tiempo; de ella ha dicho Martín Ramirez (26), con mucha
exactitud: «La familia es la única institución social, junto con la re­
ligión, que se ,ha desarrollado formalmente en todas las sociedades,
ya
sean lllO lógico qne quien quiera destruir la sociedad, comience por estos dos
pilares,' fundamentales. .
Todo el pensamiento filosófico que prepara la Revolución fran­
cesa atat:n durnmente a la familia, a la par que hace sus diabólicos
alardes de impiedad.
Roosseau proclama su ideal del buen salvaje;
Voltaire canta
la independencia de los animales. En Italia, Piccolo
Tigre
declara que, «para ahogar mejor todo germen católico y cristiano,
hay que aislar al hombre de toda su familia y llevatle a la pérdida
de toda moral». En la
Gran Breta.ñ;,., Vezinier escribía en Londres lo
signiente:
«Para negar la divinidad, hay que afirmar al hombre, su
fuerza y su libertad. En cuanto a la familia, la repudiamar con
(24 bis) 19-4 a 9.
(25)
La ideología aiemana, pág.:76.
( 26) V o, «familia» en la enciclopedia GER.
350
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LA SUBVERSION Y LA FAMIUA
f(JddS nuestra, fuerzas en nombre de la emancipación de toda la
humanidad».
La revolución libernl, con su negación del orden natural y cris­
tiano y con su
dogma de la soberanía popular que, como decíamos
al principio, trata de sustitu.ir la Voluntad de Dios por la voluntad
ambulatoria del hombre, con el raciocinio oscurecido por el apetito,
es
la premisa necesaria, cuyas consecu últimos
extremos, por fas corrientes revolucionarias que le siguen.
Presumen del culto a
la razón, y a :la pobre razón la extravían, al su­
primirle
el objeto de su conocimiento, que es fa vedad. La lógica del
raciocinio ya
no tendrá por base la realidad, la esencia, lo que es
por orden divino natural o revelado; será un «a priori» utilitario; lo
que
me apetece; lo que brota de mis ideas, que no tienen una rea­
lidad
ni una validez objetiva, por lo que a nadie se le pueden im­
poner;
por ello la función del Estado será seguir la voluntad de
la mayoría, que
escrutará por el sufragio universal; éste es el libe­
ralismo democrático que
emana de Locke: di individualismo. Kant,
por el contrario, sentará las bases del colectivismo y del totalitarismo,
trasladando ese análisis p,icológito individual a un espkitu universal
del
que participan todos los hombres, espíritu universal que Ficlite y
Hegel encarnarán en el Estado, ail que considerarán una realidad
primaria, que se justifica por sí mismo. Sus cliscipulos Feuerbach, y
sobre todo Carlos Marx, realizarán la inversión del pensamiento he­
geliano, sustituyendo ese espíritu universal por la materia: la idea
no es sino el producto dtj un órgano material: el cerebro del hombre,
quien,
a su vez, on es sino una parte de la mareria, · que no es una
realidad,
una esencia, sino un movimiento.
Nnnca nos hemos de cansar de poner en evidencia estos princi­
pios, porque,
como decfa Vázquez de Mella, levantamos tronos para
los principios y cad1'1sos para las roru,ecuencias ; ésta es la mayor
de las
incongruencias, de las irracionalidades del racionailismo.
Todos los liberales acaban siempre asustándose de las conse­
cuencias
marxistas (y siendo sus víctimas, por descontado) ; es algo
así como abrir la puerta y quejarse luego de la corriente de aire.
351
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JER.ONIMO CER.DA BAfWLS
Ya lo advirtió Donoso Cortés (27): «La escuela liberal no ha
hecho otra cosa sino asentar las premisas que van a parar a las con­
secuencias socialistas, y las escuelas socialistas no han hecho otra
cooa sino sacar las consecuencias qne están contenidas en las premisas
liberales.
Esas dos escnelas no se distinguen entre sí por las ideas,
sino por
el arrojo ... , el socialismo lleva lo mejor de la batalla, y
que en definitiva suyas son las palmas de este combate». «La escuela
liberal y racionalista
-dioe en otro lado Donoso (28)-proclama
la
perfecta igualdad de todos los hombres, por lo que, siendo los
hombres perfectamente iguales entre sí, es una cosa absurda repar­
tl,los en grupoo, ya que esa repartición no tiene otro fundamento que
la solidaridad de
esos mismos grupoo, solidaridad que es el origen
perpetno de fa desigualdad entre los hombres»; por eso, sigue di­
ciendo Donoso, «los soci11listas, después de haber negado la familia
como
consecuencia implícita de los principios de la escuela liberal...,
niegan la
propiedad, como consecuencia última de todos estos princi­
pios...
Por últitnó, proclama al Estado como propietario universal y
absoluto de todas
fas tierras ... Una vez consumada la disolución de
la familia en nombre de los principios de la escuela liberal, la cues­
tión de la propiedad viene agitándose entre los individuos y el Es­
tado únicamente. Ahora bien, planteada la cuestión en estos términos,
es una cosa puesta fuera de toda duda qne los títulos del Estado son
superiores a los
de los individuos, como quiera que el primero es por
naturaleza perpetuo y que los segundos no pueden perpetnarse fuera
de la
fa.mm.».
Los liber"1es, tan amantes de su >libertad a ultranza y del derecho
de propiedad, porque sin una base ec()nómica independiente · no hay
libertad posible, porque se cae en las garras del amo absoluto [lo
que
recQD.OCia ya hasta el mismo Proudhon (29)}, parece que no
hablan caído
demasiado en la cuenta, y siguen sin rupearse del burro,
que orden divino natural-familia-propiedad-libertad es una cadena
(27) Ensayo sobt'e el catolicismo, el liberalismo y el socia/iJmo, Colec­
ción Austral, pág. 179.
(28) Ob, cit., págs. 177 y 179.
(29) Teorla de la Propiedad, Madrid, 1879, págs. 147 y 217.
352
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LA SUBVERSION Y LA FAMIUA
a la que no se puede atacar ninguno de sus eslabones, . sin que quede
destruida
en su totalidad. Pero ellos, claro, ron arreglo a la máxima
kantiana,
no quieren conorer la realidad, sino dominarla, para cons­
truirla según
su voluntad, y se les caen las piezas de las manos,
mientras el
marxismo les va construyendo un mostruo.
La implantación del liberalismo económico fue nefasto para la
institución familiar al abrir las puertas de la fábrica
para la mujer y
arrancar a los hljoo del hogar, pero esto jamás se lo reprochó Carloo
Marx, que veía en ello una etapa necesaria para la destrucción de la
faruilia tradicional. Veamoo un texto, de El. Capitál (30), en el que,
después de
haber criticado la esclavitud liberal, dice: «No queda más
que la .gran industria, por el papel que asigna a las mujeres, a los
adolescentes y a los niñoo de 'los dos sexos, en el proceso de la pro­
ducción socialmente organizada y fuera de la esfera familiar; colocar
una nueva base económica para una forma superior de la familia· y
las relaciones entre los dos sexos. Naturalmente, será tan absurdo con­
siderar como absoluta la forma germano-cristiana de la faruilia como
las antiguas
fonnns romana, griega y oriental, que forman además
una serie de desarrollos históricos sucesivos... Del sistema de la
fábrica
ha salido el germen de la educación del porvenir, que
unirá
para todos los niños por encima de cierta edad el trabajo pro­
ductivo
a la instrucción y la gimnasia ... »
«Sobre qué bases descansa la familia burguesa actual?», nos
dirá
en el M,mifieJto comtmista, «sobre el capital, sobre el bene­
ficio individua,!».
Su compañero Engels escribirá su obra El origen de 1., fami­
lia en la que figuran frases como éstas (31) : «La liberación de la
mujer...
exige la supresión de la familia individual como unidad
económica de la sociedad», «La monogamia se mal!lifiesta como el
sometimiento de un sexo a otro ... m primer antagonismo de clase que
apareció en
la Historia coincide con el desarrollo del antagonismo
entre el
hombre y la mujer en fa monogamia, y la primera opresión
de clase
COO: la del sexo femenino por el masculin9>~. El mismo
(30) Volumen III, pág. 178.
(31) Págs. 65-66.
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/ERONIMO CERDA BAfWLS
Engels, en su obra Principio, del ,om«nis11UJ (32), nos ofrece
este
luroi= texto: «La transformación --de las relaciones entre
los dos
sexos-será posible en el momento en que se suprima la
propiedad privada, en que
se eduque a los hijos en común y se des­
truyan los dos pilares principales del actual matrimonio, a saber, la
dependencia de la mujer del hombre y la de los hijos respecto de
los padres».
Creo que no es
ocioso que recordemos que todo esto fue escrito
hace más de un siglo, y ,que paso a paso, a veces sin darnos cuenta,
estamos ya en su floreciente realización.
Otro texto, éste de Kollontai, en su obra La familia y el Esládo
Co•mrtnista (33): «No es la antigua familia con su cuidado exclu­
sivo de los suyos lo que nos va a formar el hombre de la sociedad
de mañana; fo que nos va a formar el hombre nuevo de la sociedad
nueva
son las obras socialistas, tales como 1os campos de juego,
jardines, hogares
y tantos otros, donde el niño pasará la mayor
parte de la jornada y donde sabioo educadores harán de él un co­
munista consciente de la grandeza de esta divisa sagrada: solidaridad,
camaradería, ayuda mutua, entrega a la colectividad».
Por ello, ha podido escribir nuestro
amigo Penfentenyo (34)
«que se deduce, 'naturalmente', que la revOllución social depende de
la revolución en el seno de la familia. La unión libre, la puesta de
los hijos a cargo del Estado,
la emancipación de las mujeres, es
decir, su enrolamiento en
el colectivismo revolucionario, y su politi­
za.ción, no son sino medios de una transformación más completa de
la sociedad».
La
Revolución sigue avanzando en nuestros días, eo los que apa­
recen toda una serie·-de corrientes revolucionarias que -realmente no
son nuevas; unas veces son radicaliza.ciones de ciertos aspectos del
marxismo y otras un cierto revisionismo puritano, pero sieinpre re­
presentando meras consecuencias de los mismos fundamentos de la
Revolución. En otra ocasión ya me ocupé de algunos de ellas, en mi
354
(32) Pág. 29.
(33) Pág. 7.
(34) «El proceso legal contra la familia», Speiro, 1970, pág. 7.
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LA SUBVERSION Y LA FAMILIA
trabajo «La socialización de 1os nacimient= (35): se trata del
< del erotismo o «liberación sexual» de Marcnse. Sin ánimo de ofre­
cer ni tan siqwera una visión sintética de cada. una de estas corrien­
tes, sí que me parece importante referirme a algunos de sus puntos
que
incidon de lleno en nuestro tema.
El neomarxismo tiene su mejor exponente en la lloma.da Escuela
de
Frankfurt y representa una síntesis de marxismo y freudismo, con
lo que ya se adivina que el tema sexual y el ataque familiar se radi­
caliza hasta la perversión.
En esta dirocción figura Wilhelm Reich, cuya obra La revolu­
ción sextldl está difundidís.ima en fos países de la Europa Occiden­
taJ; en ella rechaza toda moral sexual represiva, admitiendo la homo­
sexualidad y el amor libre y rechazando totalmente la familia; «la
familia es el talón de Aquilles de la sociedad», «es la oélula ele­
mental del capitalismo», «el matrímonio es una institución conser­
vadora que no descansa más que sobre los intereses económicos»;
considera a la familia como una miniestructura que P"epara para
la aceptación de la macroestructnra capitalista, siendo la célula ne­
cesaria para mantener la idea de propiedad y de patrimonio familiar
(recordemos la cita que antes hemos hecho de Donoso Cortés); para
Reich, 1~ autoridad del padre no es más que el calco de la autoridad
del jefe de empresa o de la autoridad pública
del Estado capitalista
y se propaga por el proceso de educación, que en gran parte está en
manos de la Iglesia (
olvidando que la autoridad del padre es an­
terior a la empresa, al Estado y a la misma Iglesia, pero, claro, por
anacronismo más o menos no va a parar sus ataques) ; por ello, sigue
diciendo Reich,
es en el proceso educativo en el que hay que inter­
venir,
si se quiere preparar jóvenes para la revolución, y corno la
educación plantea sus exigencias más rigurosas en el campo de la
sexualidad, es ahí donde bar que. incitar a los jóvenes y a sus
educadores ( sacerdotes y Iaicoo j a la rebelión.
¿Espeluznante
y nauseabnn!do, verdad? Pues estos mismos dlas
los seminaristas de esta ciudad de V aiencia han recibido una carta
(35) Publicada por Speiro, 1976, págs. 8 y sigs.
355
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JBRONIMO CERDA BAiWIS
suscrita por un llama.do «Grupo de sacerdotes del Pais Valen~iá»,
que en muchos aspectos deja a Wilhelm Reich en mantillas.
Por último, W;!helm Reich se muestra partidario del colecti­
vismo sexual que abrirá el camino al colectivismo social.
En esa síntesis de mru:xismo y frewlismo no podemos olvidarnos
de Marcuse y de su obra Ero, y Ci-vilizaci6n, que ha influido
poderosamente
en el maoísmo y en los sucesos· revolucionarios de
mayo
de 1968 eo Francia. Marcuse es uoa especie de discípulo crítico
de Marx
y de Freud; critica la sociedad represiva, tanto capitalista
como
comunista, que lleva al hombre unidimensionrul u hombre
consumista, lo que influirá en el maoísmo; pero critica también a
Freud,
que estima que la sociedad civilizada s6lo es posible con la
represión dd los instinto<, especialmente del instinto sexuaf. Marcuse
pretende, entonces, demostrar represivo
de la libido» que conducirla a una civilización verdadera­
mente
libre, que es aquella en Ja que la libertad no es otra cosa que
la libre
satisfacción de los individuc,s; esa liberación de la libido
sería
una transformación de la misma, con tail de que se suprima la
primacía de la función genital, con lo que se llegaría a la erotizaci6n
de toda la personalMa.d.
En el «Manifiesto contra la represión sexual» que apareció en las
paredes de La Sorboná, en el antes referido mayo francés (típi­
camente
marcusiaoo), podían leerse cosas como éstas: «El CAPR
(Oimité de Aa:ión Pederástici Revolucionaria) hace un llamamiento
para
que vosotros, pederastas, 'lesbianas, exhibicionistas, invertidos,
etc.,
toméis coociencia de vuestro dereclio a expresar con toda li­
bertad vuestras opciones en particularidades amorosas, y a promover
mediante vuestro ejemplo una verdadera liberación sexual, que tan
necesaria es a las pretendidas mayorías como a nosotros. Es absurdo
que uDi hombre se vea condena.do por el matrimonio, o por las con­
veniencias sociales, a no amar más que a ~ sola mujer durante toda
su vida .. Es odioso que una mujer sea juz~ como de mala vida si
no es fiel! a un solo campañeto sexual. El amor-procreación no debe
ser el único. ¡Viva el df/1or-;uego!, ¡viva el placer!, ¡viva la li-
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LA SUBVERSION Y LA FAMIUA
bertad!». Man:el Oemet1t comenta este Manifiesto con esta frase:
«Es
difíál caer más bajo» (36).
En cuanto al maoísmo y su revolución culrural, represénta una
especie
de austeridad totallitaria basada en una pobreza proveniente
de la
destrucá6n de toda la cultura humana anterior· al oomunismo.
Hay que destruir la memoria de la humanidad, borrar de su inteli­
gencia toda la herencia humana. Una
plaga de cincuenta millones
de «guardias rojo•» fueron
lanzados al asalto del pasado, destruyendo
todo Vffligio. En la nueva sociedad la vida es oomún :_ comidas,
lecturas, decisiones
... ; no hay matrimonios antes de los treinta años,
porque el amor es secundario respecto a la lucha por el triunfo de
la
revoluci6n; y el sometimiento del individuo a la organizaáón
es total, incluso di más intimo pensamiento.
Penfentenyo nos recoge estas frases de Deniel Guerin de una
entrevista publicada
por Le Monde del 15 de noviembre de 1969:
«La revolución no puede ser solamente política, sino que debe ser al
mismo tiempo
cultural, sexual y transfigurar así todas las fisono­
mias de la vida y de la sociedad... Si la generación de mayo ha des­
cubierto de nuevo a Reioh, es porque militaba al mismo tiempo en la
revoluci6n
social y en la revolución sexual» (37).
Por último, refiriéndonos brevemente al neoana.rquísmo (38),
digamos que, partiendo de la bondad fundamental de la naturaleza
humana, achaca su perversi6n a la institución política de las re­
laáones humanas y busca una nueva vida comunitaria de carácter mu­
tualista, lanzándose también a la contracultura y a la evasión; son
los
«hippis»; su gran foco es Iogilanterra, de la que dijo Dillon
MacCarthy (39) que desde 1964 se estaba convirtiendo «en el pa·
raiso de los pederastas y pornógrafos».
Todos estos excesos los estamos viendo plasmados en la sociedad
del mundo llamado
oa:identall, contrastando con una cierta mora-
(36) «El comunismo frente a Dios», Speiro1 1974, pág. 128.
(37) Ob. cit., pág. 8.
(38) Ver «Neomarxismo y Freudomarxismo», de Eugeen de Jonghé, en
Nuestro Tiempo, septiembre de 1974, núm. 24~.
(39) Th, CrusaJ.r, julio-agosto 1969.
357
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JEII.ONIMO CERDA BAf lidad, y también cierta protección a la familia, en los po.íses de la
Europa comunista.
No hace fallta esfornme mucho para compren­
derllo, porque um es la técnica. de ataque y otra. la. témica de de­
fensa: desmoralizar al enemigo y fortalecer la montlidad de los pro­
pios combatientes. Todo está ,en la lógica del sistema racionalista; lo
que pasa. es que el! «a priori» es distinto en uno y otro caso.
Triunfante la Revolución, .todo se programa segón '1o que sea
más útil para el omnipotente Estado, utilidad que sigue siendo cam­
biante y que se impone con el rigor de la disciplina tomlitaria, con
normas, no sólo sucesivamente contradictorias, sino, a veces, incluso
simultáneamente opuestas entre sí. Rusia inserta en sus planes quin­
quenalles la política de población; en otra ocasión ya me ocupé de
ello ( 40) : triunfa
la Revollución y se intenta la destrucción de la
familia romo institución burguesa, segón la califican; pero en 1930
reacciona Stalin, porque precisa un crecimiento de la población por
razones
pol!tico--militares, y prohibe el aborto, favorece las famillias
numerosas y obstaculiza el divorcio; en 1955 se liberaliza el aborto,
porque
temen un excesivo crecimiento de la · población que Je; cree
problemas de nivel de
,vida, que está contrastando demasiado con
Occidente, pero
no se permite la pornografía, ni el alcoholismo, ni
la vida licenciosa occidental, porque todo eso va
contra la fortaleza
física y la disciplina que se precisa para «la lucha final». Las incon­
secuencias de armamentos fuertes y soldados débiles, con retaguardias
podridas, están bien
para los suicidas Estados occidentales; la ser­
piente es astuta y perversa, pero no imbécil.
Hay una anécdota en fa vida de Carlos Mane extraordinariamente
ilustrativa al respecto.
Su discípulo Paul Lafargue se enamoró de su
hija
Laura, con la que acabó casándose en 1868, después de una se­
rie de peripecias, ya que el futuro autor de El derecho a la pereza
no Je ofrec!a demasiada sollvencia morail y económica al autor del
MAnifiesto com11nista. Hay una carta de Carlos Marx a su futuro
yerno, de
13 de agosto de 1866 (41), en la que le escribe lo siguien­
te: «Usted
me permitirá hacerle las siguientes observaciones: L! Si
(40) «La socializaci6n de los nacimientos», Speiro, 1976, pág. 27.
(41) Puede verse en El derecho a la pereza, del propio Lafargue, en la
358
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LA SUBVERSION Y LA FAMIIJA
quiere continuar sus relaciones con mi hija, tendrá que reconsiderar
su modo de 'hacer la corte'. Usted sabe que no hay compromiso de­
finitivo, que todo es provisional; incluso s¡' ella (Laura) fuera su
prometida en toda. regla, no debería olvidar que · se trata de un
asunto
de larga duración. La intimidad excesiva está, por ello, fuera
de iugar, si se tiene en cuenta que los novios tendrán que habitwc la
misma ciudad durante un período necesaria.mente prolongado de
rudas pruebas y de purgatorio... A mi juicio, el amor verdadero se
manifiesta
en fa reserva, la modestia e incluso la timidez del amante
ante su ídolo, y no en la libertad de la pasión y las manifestaciones
de una familiaridad precO!l. Si usted defiende su temperamento crio­
llo (Lafargue habla nacido en Cuba), es mi deber interponer mi razón
entre ese temperamento y mi hija ... 2.ª Antes de estable:er defini­
tivamente sus relaciones con Launa necesito serias explicaciones sobre
su posición económica. Mi hija supone que estoy-al corriente de sus
asuntos. Se
equivoca. No he pnesto esba cnestión sobre el tapete por­
que, a
mi juicio, la iniciativa deberla. haber sido de usted. Usted sabe
que he sacrificado toda mi fortuna. en las looha.s revoíllllcionarias. No
Jo siento, sin embargo. Si tuviera que recomenzar mi vida, obra.ría de
la misma forma. ... Pero, en. fo que esté en mis ma.oos,· qniero salvar
a mi hija de los escollos con los que se ha. encontrado su madre ... ».
Siguen los consejos en la carta por estos derroteros moralizantes y,
jasómbrense ustedes!, la boda por fin se celebrará dos años después,
una
vez que Marx aceptara las condiciones económicas «muy favo­
rables»
que propusieron los padres del novio. Toda esta refinada
hipocresía de predicar la Revolución fuera y guardar su casa, me re­
cnerda aquella observación agudísima que solla hacemos mi maestro
Corts Grau de qué el M,mifie.rto comt1ni.rta dice: «Proletarios, uníos»,
pero
no dice < Anécdotas muy siguificativas, pero, al fin, a.oécdotas. Pero no
todo son anécdotas, como ustedes han podido apreciar en lo que
he dicho,
pese a fa estrechez de límites de una conferencia. El pne-
Introd.ucci6n de Pére.:z: Ledesma. E fargue.
3S9
Fundaci\363n Speiro

JERONIMO CERDA BA!WLS
blo, convertido en masa, lo · ignora todo y la Revoilución sigue avan­
zando por esa multiplicidad de frentes, hijos todos del racionalismo.
Hace escasos días, publicaba el diario Y A (1-XIl-77) una carta
de
un lector ( el dootar Soroa y Pineda), que titulaba «Destrucción
familiar»; en
ella denuncia un programa que hace ya afios se inició
en
Norteamerira, «que busm como objetivo la destrucción de 1a fa,
milia>> ... «Fomentando el amor libre, la emancipación prematura de
los hijos, la asistencia a escuelas de hierofantes, que enseñan las más
precoces aberraciones de la sexwtlidad», enseñan a las niñas a evitar
las gestaciones y, llegado el caso, a acudir a «desembarazarse», hay
incluso premios. De Inglaterra cuenta «que en cada curso quedan en­
cintas más de cinco mil niñas de menos de doce años», cuyas supuest_as
vacaciones en el campo son para ocultar a sus padres la estancia en
clínicas para abortar
... El doctor Soroa llama fa atención de que «aqul,
en España, ya se -... infiltrando la siembra y gem,Jnando todas esas
inmoralidades»; en efecto, llo estamos viendo todos, pero la subver­
sión va
quemando etapas, a marchas forzadas, para recuperar el tiem­
po perdido; parece ser que somos
el asombro del mundo. Cuando
hace poco
más de dos años, don Pablo Castellanos pronunciaba en
la Universidad Complutense aquella frase: «Bl matrimonio, la fami­
lia,
he ahí nuestro enemigo al que hay que combatir»; era todo un
programa, cuyo desarrollo acelerado estamos viviendo: la pornografía
en
la prensa, espectácu:los, en la vía pública; los ataques directos e
indirectos
en radio y televisión al matrimonio y la familia, a veces
con
escandalosas intervenciones clericales; el emponzoñamiento de
las librerías ;
la destrucción religiosa y moral de los centros de ense­
ñanza,
incluidos, claro está, los religiosos, muchos de ellos conver­
tidos en
centros de perversión de los hijos de las, familias cristianas,
y aqul hay demasiados testigos que lo están sufriendo en su propia
casa;
los sacrilegios y tantas, tantas cosas, que están haciendo em­
pequeñecer
fo acaocido en otras épocas, no demasiado lejanas. En los
años treinta se propagó aquel sl ya, nl hijos. Y desde el «nosotras también somos adúlteras» al «ho­
mosexual, libérate». pueden incluir ustedes todos los absurdos se­
xuales y todos los ataques a 1a .familia que se les ocurran, y toda­
vlao puede que el cuadro
sea pá:lido reflejo del desguace de la fa-
360
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LA SUBVERSION Y LA FÁMÍLIA
milia y, con ella, de la sociedad españóla; · hemos · pasado directamente
a la liberación sexual de Marcuse, atropellando las leyes-que siguen
vigentes, pero que no se aplican; pero, eso sí,, se proclama que somos
un Jlst:ado de Derecho.
No deja de ser ilustrativo que en nuestra flamante y a la vez
vetusta · democracia liberal, con s11 voluntod soberana del · puel>lo en
términos copiodos de la Constitución de 1869, todos sus prahombres,
unos a las claras y otros a hultlldillas, · en vergonzante condescen­
dencia estos últimos, por aquello ciel mal menor, se hayan lan.zooo al
unísono, con preferencia a tualqwei otro:~ a p monio
civil, el divorcio, los anticonceptivos y anovulatorios; la des­
penalización del aborto, del ooulterio y del a.manceba.miento; la esta­
talización o socialización de la· enseñanza, el laicismo más exacer­
bado, la moral permisiva, etc., a veces, es verdad., con algún frenazo
o algún desmentido,
péro que en la atmósfera en que nos · movemos
es ya imposible de creér. ·
Quisiera equivocarme, péro desde mi punto de vista de cristia­
no, que es desde
el único q11e estoy hablando aquí, la situación actu.al
la estimo mucho más grave que la de otras épocas revoluciomirias,
porq11e en el satanismo actual contamos, odemás, con que «el hlllllO
de Satanás ha entrooo en él Teml:',lo de Dios», y ya 8'1béis q11<1 es fra­
se de
S. S. Pablo VI, en su hornilla dé la fiesta de San Pedro de
1972 ; no es necesario repetir nada sobre este punto, pues es tema al
que
ya me he referido antes. Pero sí' que diré algo, de lo que al­
gunos de los presentes son testigos; hace poco más de un· año, al­
·guien me contó la frase qiw había óÍdo a un santo obispo español:
«El divorcio será el reg,ilo de bodas que la Cooferencia Episcopal
Española se prepara a hacer a la nneva democracia; habrá silencios,
uo cierto disillllllo, pero ya lo verán ustedes». La frase es dura, muy
dura, péro, por desgracia, a un solo año de distancia, no erro que
haya nadie que pueda decirme
que esto no es verdad, porque tendré
qué
decirle que ni ve la televisión, ni lee los l:',eriódicos, ni quiere
enterarse de
nooa, porque unos han hablado ya; otros, debiendo
hablar, han callado, y sólo unos pocos se han atrevido a gritar la
verdad., son los que no dejan extinguirse aqw,Ila «Voz que clama en
el desierto».
361
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JBRONIMO CERDA BA1WLS .
El ¡,a.o¡,rama es desooador y una esperanza meramente natural no
tiene sentido,
y también es tentar a Dios el espera,-que nos envíe a
sus Angeles a labramos el ca,mpo, como a San Isidro, o a quitamos
las
cadenas, como a San Pedro. Es frase de Ousset ( 42) que «Dios
sabe respetar el determiniomo de su obra, no negando ali impío, el
fruto normal
de su labor ... Si mañana la Revolución venci<:se, sería
justo». Es cierto; casi tres siglos de ataque renovado; en 1903 Lenin
contaba S(Jlo con diecisiete personas y sesenta años después «el
aparato
comunista en el mundo utiliza sobre dos millones de comités,
células,
dix:ul.cs, asod•dO'lCS, Cada año se invierten dos mil millo­
nes de
déllares; ca,da año se proyectan doscientas peliculas de largo
metraje ( sin contar los millares de peliculas cortas) ; cada año se im­
primen ciento veinte millones de libros ( sin contar los folletos o
prospectos); cada año veinte rul propagandistas viajan por el mun­
do, quinientos mil agentes ~-.. ; cada sem,a.na, en fin, se emiten
ciento treinta mil horas de propaganda radiof6nica ... , pata el triunfo
de
la Revolución Universal.» Y o me pregunto ¿hoy en cuanto habrá
aumentado todo esto?
Es cierto que el salmo III dice que «el deseo de los pecadores
perecerá>> y que entre las promesas de Cristo está aquella de que las
puertas del Infierno no
prevalecerán contra su Iglesia; pero cabe
preguntarse
si ese castigo divino aprovechará a los hijos de la luz,
sobre todo cuando se
nos puede decir con Paul Clandel: «Vosotros,
los ,hijos de la luz, ¿qué habéis hecho de la luz?»; Me parece que todos
tendremos que hacernos esta pregunta y quizás contestamos con la
sinceridad del
· que no quiere engañarse a si mismo, que en mayor
o menor
grado la apag6 o cerro sus ojos parru no verla y dormir plácida­
mente sobre el césped del
Huerto de Getserna.ni en una bella noche
de
primavera, con el amargo, despertar del beso de Judas. Los falsos
buenos son el nervio del reino de Satán, como acusaba San Pío X;
los tibios, dice el Apocalipsis que Dios los vomitará de su boca.
Comd cristianos hemos de acogernos, corno dice San Pablo ( 43),
a la verdad que nos salva; pero no basta con que yo quiera sa:lvarme,
362
(42) Para que El reine, pág. 357.
(43) II a loi Tesalonicenses, 2-10.
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LA SUBVERSION Y LA FAMIUA
porque como también nos dice San Pablo (44) «a todo. se nos ha
dado la manifestación del Espíritu para común utilidad», ¿Qué hacer
y cómo?
Michel de Penfentenyo nos contesta ( 45) : «Si la sociedad más
está para huir de ella que para buscarla (frase de Pío XI), si loo
poderes políticos ( .. .incluso los religiosos), lejos de llenar su come­
tido, entregan las familias a los poderes de la corrupción, entonces
es necesario que las familias resistan juntas. No resistirán solas. Pero,
impotentes
para cambiar la sociedad, deben rehacer sociedades de
mntuo
sostén, unas microsociedades capaces de armarse, de defender
sns libertades
cristianas>' de . retlizar juntas ·las funciones simples de
toda sociedad cristiana;
enseñar a los .niños, evangelizarlos,formarles
en sus deberes cívicos, armarlos con miras. a los terribles combates
que tendrán
que tener contra la socieqa.d apóstata, que. se alza contra
todo
lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de cnlto, (San Pablo,
II ad Tesalonicenses) ... eon la Gracia de Cristo Rey, por la mediación
de María Reina».
Es todo un panorama, que aún puede ser mayor si nuestra; entrega
es total. En ]a última frase de Penfentenyo está condensada la espe­
ranza teologal; «Con la Gracia de Cristo Rey, por la mediación de
María Reina».
Tenemos
un orden natural que se destruy,, y nn orden sobrena­
tural contra el que se estrellarán las fuerzas del mall. Pero yo me
pregunto;
¿Realmente es totalmente destructible el orden natural?
Si bien miramos, en ese destejer y tejer de nuevo, que es el
cambio
revolncionacio, no olvidemos que los materiales son Jos
mismos, averiados, corrompidos y, desde luego, mal tejidos, pero
nunca creados por el hombre, por mucho que se sienta creador;
siguen siendo
la obra de Dios Creador y tienen el sello de su Ley;
son los mismos materialles qne nosotros podemos utilizar para seguir
eonstruyendo
fa Ciudad de Dios.
Tomad de entre
esos materiales de derribo, por ejemplo, aque­
llos qne componen la familia: un hombre, nna mnjer, unos hijos
(44) I Corintios, 12-7.
(45) Ob. dt., pág. 24.
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JBRONIMO CERDA BAFWLS
que se engendran; todo esto podrá ser ateo, estar corromf1ido,
podrán odiarse entre sí y ser odiados y perseguidos, estarán metidos
en el
fango de la ciudad satánica, pero en cualquier momento, en un
instante, pueden volver a ser cristianos y no admito que nadie crea
que esto pueda ser una nowdad en la Historia de la Iglesia.
Si el mundo se ha de s.ilvar, y se salvará cuando la Divina Provi­
dencia así [o tenga previsto, lo salvará la familia.
Un día, Dios castigó al mundo con el Diluvio Universal y salvó
a una f~lia en un a.rea; no os -quepa duda, que en este inmenso
di!luvio que parece avecinarse, si alguien se sallva, será de nuevo una
familia,
no en un arca, sino en la batea de Pedro, junto al Pescador,
para asegurarle
un sucesor, en el timón de la Iglesia, ya que no pue­
de faltar
el timooel hasta que no llegue el fin de 1os tiempos. «Ubi
Petrus, ibi Ecclesia>> y sin que las puertas del Infierno, recordadlo,
puedan
prevalecer contra ella.
Me viene a la memoria ,que en ,las Jornadas del pasado año, re­
cordaba que el
Conci!lio Vaticano II ( 46) había dicho que la familia
era una
pequeña Iglesia, una Iglesia doméstica; si es así, y está
fuera prevalecer
contra la familia cristiana. Cristo tiene empeñada su
Palabra.
(46) Lumen Gentium, I-11.
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