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Familia y masificación

FAMILIA Y M.ASIFICACION
POI.
FEDBRJCO CANTERO NúÑEZ
l. LA DESTRUCCIÓN DE LA. FAMIUA POR LA MASIFICACIÓN
Sociedad de masas y totalitarismo constituyen un mismo fenó­
meno alentado por la revolución. A ésta le .interesa destruir a la
familia,
ya que constituye un obstáculo fundamental para la conse­
cución del modelo social
perseguido.
La familia, en consecuencia, o bien debe ser destruida ~las cam­
pañas en favor del divorcio, del aborto, la pornografía, el desen­
freno
sexual, la droga, etc., operan con esta finalidad-o bien,
y como segundo frente de lucha, debe ser masificada como tal
institución para colocarse en el "sentido de la historia" y la "fide­
lidad"
a. la sociedad artificial de masas. Son dos los peligros a los
que la familia tiene que hacer frente
en la. actualidad. Aquí nos va-
mos a referir éxclusivamente al segundo· de ellos. ·
La familia se desarrolla a partir de un núcleo diferencial y com­
plementario, cual es un hombre y una-mujer; hunde sus raíces en
el pasado familiar de cada uno de ellos f .extimde sus ramas en 'los
hijos, nietos y también en aquellas personas más viriculadas a la ca­
sa·. Bajo estas premisas, hablar de familia· maSificada, o de masifica·
ción familiar, podría. resultar paradójico; pero si pensamos un po­
co detenidamente, veremos que no resulta así, pues esas raíces, esas
ramas, esas diferencias, pueden ser reducidas a un punto común-y
homogéneo. Entonces, seguiremos hablado de familia, pero· sólo en
su acepción biológica, pues estaremos ante
la triste realidád de una
familia masificada.
La masificación operad.a a nivel ·individual favorece, indudable­
mente, la masificación de fa vida familiar, pues un matrimonio de
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mujer y hombres masa es lógico que produzca unos hijos y una
forma de vida estandarizada. Pero al mismo tiempo puede operarse el
fenómeno de !la masificación a nivel institucional, cuando la familia,
como tal, se convierte en una institución que repite un mismo tipo,
siempre igual. V arios
planteamientos pueden conseguirlo o al menos
favorecerlo:
a) Una poU#ca estala!-, enrnroioada a suprimir la educación de
los padres para con sus hijos, sustituida por una educación oficial
hasta
en los más mínimos detalles, según el patrón sueco ( 1).
b) El traba;o de la mad,,e fuera del hogar, que conduce inevira­
blemente
al olvido de los 'hijos o cuando menos a una menor dedi­
cación
y atención. Ello CX!llStituye además una rebelión connra la
propia maternidad y, por tanto, contra el orden natural y, como es­
cribe Charboneau (2), "cuando una mujer que llega a ser madre se
( 1) En Suecia «todo lo que _de alguna ~era valore ~a persorµlidad
está rigurosamente prohibido, perseguido y censurado. Es el único país en
que muchas obras no han sido traducidas por considerar que exaltan la per.
sonalidad ... Desde los cinco años, y pronto será desde los tres, todos los niños
están obligados a ir a fa escuela, ·donde .el programa es rigurosamente oficial,
desde la iniciación sexual más pornográfica hasta la asignatura de religión
con texto oficia,l único, en la que se enseñ.a que "la religión es una neurosis
obsesiva ligada a características infan~les" ... En· esta escuela, el espíritu de
rompetición es sistemáticamente combatido en favor de lo colectivo... Se
fabrican "hombres de pensámiento colectivo", según el tipo Huxley» (tomado
de
Gil Moreno de Mora en «Libertad, sujetivismo e igualdad de oportunÍ·
dades», publicado-en Verbo, núm. 147).
A través de esta educación se van haciendo loS ·hombres masa del mañana.
Todo lo
diferencial y personal ~ sustituido por un nuevo ideal: ser como
los demás, no destacar; en definitiva, ser mediocre. «Y esta mediocridad
-----continúa Gil Moreno de Mora-, cuya propaganda invade la escuela, es
la asesina. del héroe, pues comienza a decirle al nifio, ilusionado con ser
bom:beio, nada de fuego, nada de acciones personales, todo en equipo, la
técnica apagará las llamas, tú sólo tienes que ser uno del montón-, y muere
la ilµsión en una infanda que es amarga ¡µites -de la pubertad, porque le
han prohibid.o ser heroica. Con el asesinato del
hé,roe se realiza la muerte de
las
vocaciones; serán unos psicólogos y computadoras los que decidirán la
vocación y la tarea de cada futuro hombre».
(2) Charboneau: Sentido cristiano del matr{monio, Herder, 1968, pá.
gina 274.
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rebela contra su maternidad, no es ya mujer". De esta forma la di­
versidad
complementaria se convierte en uniformidad sustituible.
c)
La p,-et61'ldida liberación de la .mu;er, que no es otra cosa
que un reconocimie11to falso e inconsciente de' la superioridad del
hombre a través del oua1 la mujer rechaza su · condición propia y
narural y aspira a ser hombre.
d) La.r ctrmpafias aleas y antirreligiosas, que pretenden erradi­
car la religiosidad en la vida familiar, por la que la familia se pro­
longa a través de las generaciones en la eternidad, haciéndose ella
misma inmortal. La religión es uno de los factores que da mayor
estabilidad a la . familia. La desestabilización y la inseguridad son
presupuesros para la masificación que luego nos aportará las "se­
guridades".
e) La pro-voct1 los cuales . se pretende regular la vida familiar corno una sociedad
de derechos, olvidando los deberes de estado.
f) Como factor propiamente interno, hay que considerar la co­
bardía de los fldtkes mte la vocación y el futuro de los hijos, apa­
gando y rechazando las vocaciones heroicas y desinteresadas. "¡ Cuán­
tos niños -.-exclama J. M. Vaissiere (3)-han sido condenados a
la mediocridad -por ser sus padres pusilánimes en la hora en que,
todavía jóvenes,
Dios los llamaba para grandes cosas y les daba el
entusiasmo que triunfa
de las aprehensiones naturales! Hubiera -si­
do el comiemo de una vida toda ella 'hermosa". "Pero su madre
tímida --señala Plo XII, continuamos citando a J M. Vaissiere--,
pero su padre poco valiente, han temido la enfern:redad, el fracaso,
la muerte o solamente la ausencia ... ; han. dicho «no», . han impedi­
do.
Han roto. El niño fue truncado . bruscamente en su vuelo, por­
que sus padres tuvieron miedo'".
g) Como factor también interno, puede señalarse una ed11cd&ión
benevolente con el capridio, siempre condescendiente, que asesina
en el joven, ya desde nillo, la propia supemción. Las facilidades· ex­
cesivas s6lo pueden conducir a la impotencia frente a las dificultades
(3) Vaissiere, J. M,:, El amor humano, Ewamérica, Madrid, 1966, pá­
gina 80.
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de la vida, que eu el día de mañana ese hombre o esa mujer, inca­
paces de resolverlas, acudirán al ;Estado, se dejarán arrastrar y en
último extremo le conducirán a la droga o el suicidio.
h) · La indigencia 'f!Ull'eri4l · exlf'ema,J,, que provoca la salida de
los padres e hijos fuera del hogar en las familias de obreros, des­
trozando,
eu ocasiones, la armonía, la comunicación y la felicidad.
De. este modo la familia se proletariza y los hijos sei:án unos desa­
rraigados.
i) El abtmdot,o de /Q, abtlelo,, e incluso de los padres, en cen­
tros especiales para ancianos, que trae consigo un perjuicio a la tra­
dición
y a la personalhlad de las nuevas generaciones.
j) La pé,rdid~ del setNidu de la propiedad familiar, que condu­
ce a una noción de la propiedad exclusivamente económica.
k) Y, sobre todo, la colonización del hogar pur la televúión.
Vamos a detenernos en este. factor, pues atenta sin piedad de modo
direao contra la libertad, la .paz, el .amor y la felicidad de las fa­
milias.
"Si
nos trasladamos con el pensamiento -escribe Conlan­
ges ( 4)-en m,dio de las antiguas generaciones, encontraremos en
cada casa un altar y alrededor de cada altar una familia". Y, más
adelante
(5), nos dice: "Una familia era .un grupo de personas a
quienes
la religión permitía invocar el mismo hogar y ofrecer la
comida· fúnebre a los antepasados".
La religión, el fuego que congrega:ba, las comidas y las cenas,
constirnían las vivencias fundamenta:les en romo a las cnales y
desde las cnales existía una· virul familiar. Los padres y los hijos
hablaban; esws últim()S, sobre tOdo, escuchaban y así se iban trans­
mitiendo las
tradiciones, a partir de las cuales cada nueva. genetación
aportaba algo nuevo y podía por medioc de una labor de aceptación
y reohazo perfeccionarlas y ser así la familia instrumento del pro­
greso. Cada m.i~ de la familia tenía una función concreta y di­
ferenciada, que enseñaba el respeto de unas por otras. Todos los
aspectos de la vida, hasta los más ttiviales, tenían su sentido. los
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(4) Coulan~, F., La dudad anlig11a, Edaf, Madrid, 1967, pág. 43.
(5) ldem, pág. 45.
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ritos eran sagrados y la vida se amoldaba a ellos. Así, por ejemplo,
el fuego, que en
la mayoría de los hogares debía permanecer cons­
tantemente
encendido, no podía alimentarse ron cualquier clase de
leña; "la religión -nos cuenta O>ulanges (6)-hacía distinciones
entre los árboles, los que podían dedicarse
a este uso (fuego del
hogar) y aquellos otros que hubiera sido impiedad dedicar a él".
Naturalmente, el "insensato" de nuestros días diría del que nos ha­
bla Gambra: "¡ Que tontería!
Qué más da éste que aquél, si los dos
tienen buena madera
pata la combustión". Pero dejemos ahora al inr
sensato.
Pues bien, el altar, el fuego, los múltiples ritos, han desaparecido
ó cuando menos subsisten precariamente. Han sido sustituido., y
con ellos, toda la vida familiar por la televisión, en torno a la cual
se desarrolla hoy la "vida familiar".
Y a oo se habla, ya no se hacen esfuer:oos por conocer los pro­
blemas
de los más próximos, ya 1W se piensa ni se medira, ni se
reza.
Ahora que todo el rimado sabe leer, no se lee: se ve la televi­
sión. No importa lo que nos· ofrezca; es la televisión y debe ser res­
petada. Tal vez
en medio de la programación el hijo haga una pre­
gunta o un comentario a su padre; tal vez, si no es del todo mayor,
obtenga el "castigo" de irse a la cama como respuesta. Sí, tal vez
Utla película· pueda interesar más que el ptdblema de un hijo. Tal
vez, el viaj_e del ministro al extranjero sea más importante que la
excursión que el hijo acaba de hacer con sus amigos.
Al romper
la vida familiar, puede afirmarse que la televisi6n, tal
y como está concebida, es profundamente destructiva. Es alienante,
porque ante ella
las preocupaciones y las alegrías de cada· día ceden
paso a las preocupaciones y alegrías de los protagonistas de la pelí­
cula o de los partidos y seoores ministros.
O>nstituye
-tal y como está concebida por quienes la realizan
y la reciben-una · injusticia permanente para los niños r adultos
si se trata de una película, para los pobres y los ricos si es de publi­
cidad de
lo que se habla. Y ello porque, al ofrecer a personas dife­
rentes un mismo producto, se está otorgando una consideración igual
(6) Idein, pág. ;o.
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a quienes son desiJ!ua.les. Con ellos se desatan las pasiones y las en­
vidias y
sin conciencia de los deberes se exigen derechos. ¡ Claro
que en "1984", ruando la ortodoxia signifique no pensar, y el sen­
tido común sea
la mayor de las herejías (6 bis), ya no habrá nombres,
sino rebaño igual. Entonces il.a televisión trataría igual a quienes
artificialmente fueron
constituidos en iguales. El problema de jus­
ticia habría desaparecido
...
Los niños quieren ver las pelícuJas de los mayores -tal vez quie­
ran estar con sus padres y sentarse delante de !la televisión sea el
único
modo de conseguirlo-- y éstos los mandan a la cama, tras lo
cual. se oye un lloro. Una rabieta 111uy natura.!. Los meoos favore­
cidos económicamente
exigen sus "derechos" a los últimos modelos
de
electrodomésticos o de auromóviles. Quizá un día estemos en
presencia de una manifestación . de tontos. que protestan contra las
películas de espionaje porque .no las entienden y consideran que son
discriminados.
Así se ¡produce esa "humanidad tendida en su esta­
blo", de la que nos habla Rafael Gambra
(7), "a fa que se ha hecho
odiar
primero, olvidar más tarde, la_ mansión que era suya -porque
la televisión nos arranca de nuestra rociedad concreta y nos ttans­
po.tta a una abStt\1:Cta-:--con su estructura y su orden, así como el
tiempo que
construye y conduce... Humanidad de hombres de men­
talidad
amorfa, educada en el solo ideal de la igualdad y de la en­
vidia; de hombres empeñados
en pareoer mujeres, en mujeres empe­
ñadas en parecer hombres ... Sociedad nivelada de abnas en serie
que
aborrece las diferencias de situación o de insercción humana
que la constituían en verdadera sociedad y la guardaban de conver­
tirse
en =• o en rebaño".
Es fácil comprender que la televisión es her el primer y fun­
damenfal instrumento que el totalitarismo utiliza para masificar
-aquí la masificación opera a nivel individual y familiar-y de
esta
manera conserva y aumenta su fuerza.
(6bis) O.rwell, J.: 1984, Ed, Destino, Barcelona, 1974, págs. 62 y 89.
(7) Gambra, R.: El si/enrio de Dio.r, Prensa Española, Madrid, 1968,
pág. 143.
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II. EL CAMINO PARA :,;..< SALVACIÓN
Pese a que la masificación ha llegado ya a las familias, no pode­
mos pensar que éste sea un proceso inevitable. No existen determinis­
mos históricoo, y sí existen, por el contrario, aún hoy, numerosisimos
oasis en los cuales los hombres conservan su libertad .. Pero, Jo que
es más importante: existe la Gracia de Dios, que, sin duda, interven­
drá cuando ejercitemos nuestr.a libertad para alcanza, el orden que­
rido por El. Sin Dios,_ nuestras_ esperanzas serían vanas.
Soluciones tecnocráticas o marxistas. para loo problemas de la so,
ciedad actual tal vez consigan resolver -a costa siempre de valores
superiores--- lo más urgente del her; solución que se convertirá en
un problema mayor del mañana, y que
nos sitúa en una pendiente
que
se inclina cada vez más ( 8).
La solución
para nuestra sociedad no estriba en una politica del
Estado
para las masas. Reside, muy por el contrario, en la desestati­
zacián, en la asunción de muchas de sus funciones
po,r las sociedades
intermedias y en el retomo de los valores espirituales, morales y re­
ligiosos.
Vallet de Goytisolo
(9) señala como rem~os frente a la tec­
nocracia la responsabilidad personal y la organización social por cuer­
pos intermedios.
Responsabilidad en el pensar, responsabilidad en el obrar, res­
ponsabilidad en el querer y en el sentir. La familia tiene aquí mucho
que ver,. mucho que ~cer ...
"Frente a una organización mecanizada-......... nos dice refiriéndose a
la solución social de los cuerpos intermedios (10)-, articulada rígi­
damente desde arriba,
· tecnocniticamente, en una palabra: hay que
reconStruir una sociedad orgárnca, biológicamente desde sus raíces''.
Que ésta es la única -solución nos lo ~ien.e a confirmar hoy la ciencia
(8) Vallet de GoytisolO, J. B.: Ideologia, praxis :y mito de la-tecnocracia,
~ntecorvo, Madrid, 1975, p,\g. 262.
(9) Idem, págs. 297 y sig,.
(10) Idem, pág. 307.
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FEDER.ICO CANTERO NUÍ moderna (11). La familia constituye el arquetipo de los cuerpos in­
termedios (12): .. Todo intento de desmasificación habrá de partir,
pues, desde la familia. Solución a largo plazo que requerirá, tal vez,
del esfuerzo de varias generaciones, pues son varias las que nos han
llevado a la enfermedad.
La alternativa la tenemos, si no, en "1984'".
Tengamos, además, bien presente, como observa A. Charlier (13),
que sin la dimisión del hombre la masa no llega a existir.
( 11) «Hoy -citamos a Vallet de Goytisolo en Algo sobre temas de
hoy, Speiro, Madrid, 1972-, nos dice Ere Kremer en lA grande mutation,
entre la teoría de los cuanto (q11anta), que sostiene d edificio científico de
la edad atómica, y el_ pensamiento de los filósofos y científicos marxistas o
tecnócratas, parece que hayan transcurrido siglos. No hablan ya la misma
lengua. No tienen ni una idea en común.
Así nos lo recuerda Jacques Rlleff en su último libro (sic) Les dieux et
les rois, relcientemente traducido con el título de la visión cuántica del uni­
verso.
Bajo ese ángulo, «el determinismo, el movimiento de la historia, la ley
del progreso inevitable, la dialéctica como motor del mismo, la estructura­
ción tecnocrática impuesta, resultan unos meros conceptos sin justificación,
porque sus presupuestos científicos
han sido revisados en sus has.es más pro­
fundas».
De esta forma la tradición espiritualista vuelve a ser reencontrada en los
últimos hallazgos de la ciencia.
Se demue5tra qué la dinámica de la naturale:za no consiste en la dia­
léctica de contrarios, y que concede una importancia trascendental a los prin­
cipios
de . coordinación y complementariedad. Estos rigen desde los niveles
inferiores a los superiores, «ta existencia» aparece siempre como el producto
de un arreglo duradero, y el consiguiente establecimiento de cierto orden
entre las partículas elementales. Pero la interacción continúa a niveles supe­
riores; y así· se forman.-los nue'Vos órdenes y «niveles de organización»: nivel
de las partículas fundamentales, nivel nuclear, nivel atómico, nivel molecular,
nivel
cri_st.alino, nivel de los virw, nivel de los organismos de la célula viva,
nivel de las células, nivel de los órganos, nivel de los seres vivos; por encima
de éstos, las parejas, las familias, las innumerables variedades de sociedades
animales, sociedades
de insectos, pájaros y, a partir del hombre, la compleja
jerarquía. de las sociedades humanas, familias, tribus, empresas, ciudades, na­
ciones y, desde _f~a reciente, comuniqa4es o sociedades de naciones.
(12) Gil de Sagredo, J.: «La familia, a,quetipo de los cúerpos interme­
dios»,
en Verbo, núm. 16,-66, págs. ,99 y 600.
(13) Charlier, A., cit. por Vallet en Soriedad Je maJas y Derecho, Tau­
ros, Madrid, 1969, pág. 233.
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FAMJUA Y MASIFICACION
IIL LA FAMJLIA TRADICIONAL, OBSTÁCUILO Y REMEDIO FRENTE A
U MASIFICACIÓN
l. Idea general y extensión de la familia
Convendría, aunque sólo fuese brevemente, procisar el concepto
de familia y su extensión.
La familia
no es un ente abstracto. La familia no es sólo matri­
monio.
No existe (a no ser en su acepción biológica) por existir un
padre,
una madre y un hijo. La idea de familia es inseparable de la
vida familiar. Puede, sí, en casos extraordinarios, estar compuesta
por el núcleo padres-hijos, si entre ellos se da una convivencia, pero,
riormalmente, esa convivencia es más extensa, ya que la vida de ese
núcleo -por supuesto fundamental e indispensable por naturaleza­
se desenvuelve en un círculo más amplio: primos, parientes, amigos,
médico de cabecera, patronos, profesores, personal doméstico, etc.
Estas relaciones familiares "integran
-----ob5erva Gil Moreno de Mo­
ra (14)-un cín:ulo entretejido de complementariedades y de ínte­
r~, de coalición y de amores, que pueden ir desde el intenso amor
de esposo a esposa hasta la simple simpatía, pasando por la amistad.
Esta
es la verdadera dimensión familiar".
Conservando
sus peculiaridades · y diferencias, estas familias se
van integrando
de diversos modos en comnnidades naturales supe­
riores,
llegando a formar re,giones y patrias. Forjan, en definitiva,
la sociedad, el pueblo, constituyendo· la antítesis · de las sociedades
abstractas
del anonimato y de la masa.
Es de partir para lograr un · orden social basado en la realidad natural
de las cosas.
(14) Gil Moreno de Mora: «La familia, ,principio de la vida sociá.1»;
en Verbo, núm. 61-62, pág. 112.
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2. La fao;úlia, cuna de élites
No debemos contemplar a la familia estáticamente, sino más
bien
en el correr de los años, e incluso. de los siglos. Una familia es
ella misma en un momento determinado; pero este ser está formado
por todo un pasado rico en tradiciones, en virtud del cual una fa­
milia constituye un pasado asumido con fidelidad al que cada gene­
ración aporta algo nuevo y diferencial.
Cada familia se forma a partir
de dos tradiciones familiares. Estas
combinaciones aseguran casi siempre la diversidad
y la pluralidad.
Por otra parte, en
la sociedad de familias se produce un fenómeno que
afecta al porvenir:
la tradición, que es siempre renovadora (15). Los
miembros de la familia, los hijos sobre todo, tenderán hacia la misma
vocación que sus padres y mayores más allegados.
Una familia de
campesinoo condncirá a otra de la misma especie .. Se evitarán con
ello.
]as crisis de adaptación -i qué bien han· sido explotadas !-que
supone el cambio o traslado de un medio a otro distinto. Los cono­
cimientos, prácticos sobre todo, van siendo aprendidos por los hijos
ya desde nifios, que ayudan a sus mayores. En su
trabajo, en su am­
biente, en su estrato cu!tuial y social, son duefios y. seiiores. Si son
campesinos, ellos distribuyén las· tierras para el cultivo; si marineros,
ellos sefialan loo días y deciden los aparejos para faenar.
Dentro del mismo ambienté familiar
no todos realizan lo mismo.
Cada uno va
desempeliando, según las necesidades, un papel distinto.
La jerarquía y la complementariedad opetllll ya en la misma institu­
ción familiar. En ella "cada miembro: padre; madre, hijoo -nos
dire Gil de Sagredo (16)-, tienen sus funciones y atribuciones pro­
pias, en las que no se interfieren de -manera decisoria los demás.
Cada uno posee un marco de acción individual independiente, un
ámbito de autonomía inviolable.
Es la exigencia de libertad en el
(15) Michel F. Sciacca decía: «la tradición conserva renovando y renueva
conservando». En
·este sentido, es interesante ver Revo/11~ión, conser11ad11rismo
y t1'adició'1, por Sdacca, Vallet y otros autores, en Speiro, 19,75,
(16) Gil de Sagredo: op. cil., pág. 608,
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FAMJUA Y MASIFICAClON
cumplimiento de los fines propios, que reclama el respeto por parte
de los demás, de los padres hacia los hijos, de los hijos hacia los
padres, de los hermanos entre s!. De esa exigencia de libertad en
cada miembro familiar deriva la imp11tah}lidad de. sus actos, y como
consecuencia de la imputabilidad, la resprmsabilidad, y como conse­
cuencia de la responsabilidad, la personalidad".
Como consecuencia de esa llbertad y de esa personalidad, los
nuevos no están fatalmente determinados a permanecér en el ambiente
profesional y cultural de sus mayores. Cabe siempre la posibilidad de
una vocación distinta,. y tal vez ·heroica. Así, "durañte siglos y más
siglos -nos dice M. M. Martín (17)-, todo hijo del pueblo supe­
riormente dotado siempre
h,bía tenido atceso a las más altas fun­
ciones, y entre los obispos de la Edad Media; e incluso entre los papas,
se hallaban precisamente hijos de siervos, de pastores o de labradores".
Se evita por este sistema uno de los grandes errores de la moda
actual: que los más inteligentes se dediquen todos -muchos sin vo­
cación-a las carreras uriiversitarias. Con ello las profesiones ·manua­
lés, el campo, el mar, etc., se quedan para los menos dotados y pier­
den sus élites.
Una sociedad basada en una comunidad de familias permite que
cada hombre pueda
seguir su vocación. Se abre la posibilidad al
desarrollo de las élites. Elites en la empresa, en la industria, en el
comercio; élites en el campo, en el mar, en la ciudad; élites en la
milicia, en la medicina y en la abogacía. Es claro que si los mejor
dotados se dedican todos a
las ciencias o a las letras, muchos Io harán
sin vocación y, sólo por eso dejarán de ser élites, cuando lo hubiesen
sido en su ambiente, desarrollando
s1:1 vocación.
La familia es portadora de desigualdades. Quien nace en una
familia de obreros y quien nace en una familia de historiadores, no
tiene las ,;,Ísmas facilidades, las mismas oportunidades -por mucho
que se empeñen
las leyes-- para dedicarse a una actividad intelectual
o a una actividad manual.
El hijo del historiador recibe desde niño
(17) Martin, Ma.rie Madeleine: Lar dominas sociales en Francia ... , Ed.
du Conquistador, París, 1963, pág. 268.
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una formación intelectual. El hijo del obrero tendrá más facilidad
para
practicar una actividad manual.
Estas diferencias de oportunidades ----<¡ue tampoco son absolutas­
suponen un obstáculo ron el que chocan todos los planes de educa­
ción que
tratan de hacer realidad el mito de la igualdad de oportu­
nidades. Esta será imposible mientras
exista la familia y la educación
familiar. Claro que, por
eso mismo, "no sólo se desprecia -nos dice
Vallet
de Goytisolo (18)-, sino que es recl!uada la familia como
órgano educador
y como transmisor de los amocimientos en profun­
didad
necesarios en todos los niveles sociales; y es denigrada, por
eso
mismo, esa educación familiar con los calificativos de clasista y
atentatoria a la igualdad, que viene a convertirse en el fin supremo
para una sociedad
de masas".
La sociedad de masas aborrece las diferencias, pues ellas generan
élites. Sin éstas,
la sociedad de masas permanecerá. Poro no habrá
tampoco élites sin una educación familiar diferenciada, según el orden
social, pues como nos dice Messner
(19), ""las élites han de ser tan
múltiples
y multiformes como la propia sociedad articulada, según
el orden de la subsidiariedad". Ganar una élite intelectual es muy
necesario; pero
de poco o nada serviría si no surgiesen élites en el
resto
de los ámbitos sociales y profesionales. Y familias existen en
todos esos ámbitos.
3. El contacto con la naturaleza y oon la vida
Es en la familia donde el hombre, desde niño, va descubriendo
poco a poco los
secretos de la vida y de las grandes obras de la vida.
A través
de ella va dominando una o varias parcelas de la naturaleza
y del saber. Aquellas en las que su familia vive inseparablemente
unida.
(18) Vallet de Goytisolo, J. B.: Algo sobre temas de hoy, Speiro, Ma­
<
id, 1972, pág. 271.
(19) Messner, dt. por Vallet en Dalos y -notas· sobre el c4mbfo de es­
tr11c111ras, Speiro, Madrid, 1972, pág. 252.
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Día a día, el niño va descubriendo un orden natural y un sentido
común.
Cada niño diferente va conociendo á través de su propia fa.
milia aspectos diversos y complementarios de una misma realidad.
En una escuela puede explicarse el porqué de la lluvia y la rotación ·
de la tierra y el sol. Pero esos conocimientos son teóricos, informa~
tivos; no son íntimos, porque lo más probable es que ese niño de la
escuela, si proviene de la ciudad, no comprenda lo que significa ni
la lluvia ni el sol. Por el contrario, el niño que desde pequeño acom­
paña a su padre o hermano a las labores diarias del campo, sabe que
con el agua crece la hierba, y que con ella se alimentan las vacas.
Asocia el sol al trigo dorado y a las mallas. El agua y el sol son para
él vivencias personales. Ese niño· conoce al sol y a la lluvia de la
realidad. El anterior conoce a la lluvia y al sol del mapa. Con esto
no se quiere decir que todos tengan que conocer al sol y a la lluvia
de la realidad, pues no a todos les efecta del mismo modo el sol y
la lluvia, sino que lo fundamental
es que, como dice Vallet ( 20),
"a cada cual (ha de darse una enseñanza) que le facilite una mejor
formación, más adaptada a su medio geográfico, histórico y social, -y
a sus posi~ilidades; la que mejor le forme para su cometido profe­
sional, para realizar su funcipll, para ejercer su oficio, para darse
cuenta de su situación en este mundo, de paso -que se debe procu­
rar sea fructífero-hacia el otro".
"La familia -escribe Paul &hrelker (21 )-, asociaáón creada
por las
leyes de la naturaleza; institución que sirve de apoyo_ a la
civilización y, en cierto modo, es apoyada por ésta;, institución san­
cionada por la religión, protegida por la ley, aprobada por la ciencia
y el sentido común, exaltada en la. literatura y el arte, encargada de
funciones muy c~etas en todos, los sistemas econ6micos, es, incues­
tionablement_e, un elemento intrínséco de la vida humana". Como
transmisora de la civilizac;ión, es insustituible. Hasta un aprendizaje
tan sencillo y natural como el lenguaje es impensable fuera de ella.
Porque la lengua, como todo, podría
pasar a manos _del Estado y que
fueran unos especialistas en gramática qUienes enseñasen a los niños,
(20) Vallet de Goytisolo, J. B.: Soáedda de masas y Deretho, pág .. 646.
(21) Schlerker, La fam;/;a, Península, 1976, pág. 275.
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FEDERICO CANTERO NUFIEZ
desde el año de vida, a hablar. Lo harian con toda exactitud, de con­
fotmidad a las reglas. No ·habría en esos futuros hablantes ni leísmos
ni laísmos; ni
acentos diferentes; ni, tal vez, faltas de ortografía.
Pero
"es bien sabido --- arrollo del lenguaje se determina por los gramáticos pierde su elas­
ticidad y su capacidad de reacción a los estímulos provenientes de
todos
los sectotes de la civilización, y está amenazado de anqnilosa­
miento, de petrificación". La -lengua ya no serviría a -las progresivas
necesidades de comunicación, de expresión del pensamiento. Este que­
daría también unifotmado, quedando privado de toda espontaneidad
y capacidad creadoras. Dos de las tres proposiciones del sofista serían,
dos mil quinientos años después, ciertas.
Y lo que ocurre con el lenguaje sucede con el resto de los cono­
cimientos que el hombre necesita -cada uno diferentes conocimien­
tos, como diferentes son las pailabras que utiliza el· marinero, el cam~
pesino o el ingeniero-.
Es a través de la familia, en contacto directo con la naturaleza,
donde el hombre aprende a vivir y a morir, "porque ---:-nos dice J.
M. Vaissiere (23)-es en la familia donde el hombre es más .sensi'
ble a las wlegrías, a las pruebas de una, al mismo tiempo que a las
angustias, a la estupefacción provocada por la otra". Solo se conoce,
se siente el nacimiento y la muerte cuando éstos tienen lugar en
nuestra propia familia. Y las alegrías y penas que entrañan -seamos
realistas-lo son exclusivamente dé la familia ( siempre en sentido
extenso) en
que acontecen. Para la sociedad de masas y para el Es­
tado, un nacimiento y una defunción no suponen sino un sueldo, un
co~tribuyente más o una jubilación menos.
Como institución transmisora de
la civilización. Como clave de
la tradición y del progreso, como generadora de sentido común, la
familia
es desde siempre un obstárulo al totalitarismo que quiere
arruinar sus funciones y realizarlas_ él a su antojo en. una política no
ya para la sociedad, sino ~ el rebaño.
(22) Jdem, pág. 288.
(23) Vaissiere, J. M.: op, cit., pág. 82.
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FAMIUA Y MASIFICACION
4. La familia como insllitución transmisora de la religión
Religión y familia son dos realidades inseparables. Se ha llegado
a afirmar que "la religión fue el principio constitutivo de
la antigua
familia'" (24). La institución familiar ha tenido siempre una sanción
religiosa
y, al mismo tiempo, las familias han sido el primer instru­
mento transmisor de la religión.
La religión fue en la antigüedad una virtud persona,! que era
practicada en la comunidad familiar. Es en la familia donde se em­
pie-za a conocer.a Dios, donde se aprende a rezar, donde se aprenden
a observar unas normas de conducta derivadas de la misma religión.
El niño no recibe de sus padres leccioues teóricas de religión. Más bien
recibe la
•lección que constituye el ejemplo del diario vivir. El padre
es, en cierto modo, para el niño, corno dijo Petit Sullá.(25), la repre­
sentación terrena de Dios.
El niño empieza a obedecer a Dios cuando
obedece a sus padres. De ahí que el odio revolucionario se ·exteriorice
primordialmente en la figura del padre y de la patria potestad.
La familia
es el primer instrwn=to de que se sirve Dios para pro­
pagar la religión verdadera. La revolución lo sabe, y por eso considera,
con William Reich (26), que "la familia autoritaria representa lacé­
lula productiva más inmediata .y la más importante del pensamiento
reacciouario: coustituye
la fábrica de la · ideología y de la estructura
reacciouaria'"
(sic).
Por su función religiosa, la· familia supone otro obstáculo a la
masificación. Los principios religiosos, por ser absolutos, permanen­
tes y objetivos, se enfrentarán siempre a toda corriente que pretenda
apartarse de ellos.
Pero
la familia, al no ser una sociedad perfecta, necesita de uA
(24) Coulanges, F.: La ciuddd antigua, pág. 43.
(25) Petit Sullá: Viven&ia cristiana Je la familia. Conferencia pronun­
ciada en
Madrid en 1977, en el ciclo ·1.,a. familitJ. hoy, organizado por. «La
Juventud Católica por la Familia Cristiana».
(26) Reich, W.: La psfrologla Je masas del fardsmo, Ed. Roca; 1973.
En este sentido, Marx (tesis VII sobre Feuerbach) considera que el senti­
miento religioso es un producto social.
16~
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FEDERICO CANTERO NUFIEZ
ambiente adecuado para que perviva en ella el espíritu religioso.
"Hay que coocluir -escribe Swift (27)-que la religión familiar
no puede sobrevivir durante mucho tiempo en una comunidad o en
una nación de cuya vida se haya excluido legalmente a Dios. Es ne­
cesario que los valores religiosos vuelvan a ocnpa.r en nuestra cultura
nna posición
central. No hllf que permitir que la separación entre
la Iglesia y el Estado dé lugar a un Estado sin Dios. No hay que
permitir tampoco que la falta de lealtad a nn
Ser Divino degenere
en una glorificación del Estado, en una conversión-de éste en Dios"
(sic).
"El hogar -nos dice el mismo autor (28)-donde la religión
sea
realmente viva y efectiva tiene más prooobilidades que los otros
de llegar a formular claramente las nociones de lo justo
y de lo in­
justo." Nociones
éstas desconocidas por el hombre masa.
Por otra parte, la religión nos da nn "sentido de pertenencia" ;
es decir, constituye un poderoso elemento constructor del arraigo.
5.
Arra>go y moral
A) El dl'f'aigo existencial (29).-Las raíces, las vinculaciones,
los latos que el hombre establece con otros hombres (compromisos)
y con las
cosas ( domesticación) (30), dan sentido a los aspectos más
triviales de la vida. Un hombre coo ralees, vínculos y !aros es nn
hombre
dl'f'aigádo.
"El arraigo -nos ha dicho Simone Weil (31)-es, tal v~, la
(27) Swift: La familia. En colaboración ~n Schlerker Y. otros, op. di.,
pág. 117.
(28) Idem, pág, 119.
(29) Además del desarraigo existencial, existen otros dos tipos funda­
mentales de desarraigo: el espiritual y el intelectual. Ellos tres-son interde­
pendientes., cada uno acelera la producción del otro. Vallet: «El hombre y
la sociedad de masas», en Verbo, núm. 159~160, pág. 1386.
( 30) V e, el desarrollo de estas ideas en el capítulo II de El silencio
de Dios. Rafael Gambra.
(31) Weil, S., cit. por Vallet en Sodedad de maJas y Derecho, pág. 110.
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FAMIUA Y MASIFICACION
más importante y la más desconocida necesidad del alma humana.
Un ser humano tiene una raíz por su participación real, activa y na­
tural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos
tesoros del pasado y ciertos presentimientos del porvenir,.. Cada ser
humano tiene necesidad de tener múltiples raíces". Efectivamente,
el
hombre necesita múltiples ralees, espirituales y materiales, a través
de las ieuales corra la savia que dé alimento a su vida, y ésta esté
concretada, en la realidad, en
un ambiente temporal y espacial, que
lo sujete y lo mantenga, del mismo modo que el árbol en la tierra.
Podemos cortar
sus raíces, para que pueda escapar y liberarse, pero
ya sabemos que el fin de esa "libertad" no s_ería otro que la muerte.
Rousseau
pensó que suprimiendo todas las sociedades y todas las
ataduras del hombre, éste sería libre. Pero sólo podría serlo en una
sociedad de
masas, y entonces hablaremos ya lenguas diferentes. "El
desarraigo, como nos dice Rafael Gambra (32), conduce al
empo­
brecimiento de la personalidad, la trivializadón de los deseos y la
masificación humana". Y es que el hombre separado de su mundo,
de
sus costumbres y tradiciones, de su religión, de sus lealtades, de
su propiedad, se convierte en u,n pe:lele, en un animal "no racional",
que puede ser manejado muy fácilmente por el Estado en cualquier
dirección, porque ya no tiene ninguna, ni siquiera puede permanecer
en lo que ,es, porque no es más que rebaño.
En el desarraigo no hay liberación, pese a que el hombre moder­
no
lo_ considere como la liberación de las viejas ataduras (33). "La
verdadera liberación del hombre -'ha escrito Camus y -nos recuerda
Gambra
(34)-se ha apoyado siempre en las realidades más concretas:
la familia,
Ja profesión, el municipio, que transparentan en sus limi­
tes el ser, el corazón rico de las cosas y de los hombres."
¿Dónde nace
el arraigo? Sin duda, en la familia. Sin arraigo fa­
miliar no es posible ningón género de arraigo, como no lo sea en
(32) Gambra, R.: BI ,ilendo de Dfo,, pág. 174.
(33) Vallet de Goytisolo, J. B.: «El hombre y la. sociedad de masas», en
Verbo, núm. 159-160, pág. 1396,
(34) Camus, A., cit. por Gambra en El silencio Je Dios, pág. 5,5.
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FEDERICO CANTERO NUFIEZ
el odio, el resentimiento y el vicio. Quien no tiene padres, no tiene
patria.
La :familia arraiga. al hombre desde niño en sus padres, que son
diferentes para él· a todos los demás; por sus padres se vincula a su
casa, a sus hermanos, a la religión, a las costumbres y ritos familiares.
Se.arraiga en su tierra, en el-aire de la montaña o del mar.-Y luego,
en su colegio, en su trabajo, en sus amigos, sintiéndose, por fin,
hijo de la patria. Su fidelidad a la patria es fidelidad a todo un
pasado que asume con dignidad, y no con vergüenza. Fidelidad a los
sacrificios y esfuerzos-de sus mayores, cuya obra va a continuar. Leal­
tad a los muertos, que as! prolongan su vida en la memoria de sus
hijos.
B) 1/A moral.-En la familia se aprende a pensar conforme al
sentido común y se transmiten unos valores espirituales y morales que
subsisten a los cambios
de la moda y al paso del tiempo. Valores,
principios e ideas que
no son "ideologías" producto de las lucubra­
ciones de unas mentes inspiradas, sino consecuencia de -una experien,.
cia secular, de muchas vidas en busca de su destino. Principios que
no se transmiten con afán polémico, dialéctico o partidista, sino para
alcanzar . la realización temporal y eterna del hombre.
La moral -porque esencialmente no hay más qne un3'-es un
instrumento transmitido por la comunidad de familias, para defensa
del hombre
y de la sociedad. Por eso, si,· como dijo Maeztu y nos
recordaron Sciacca
y Gabriel de Armas, "ser es defenderse", bien
puede decirse que el hombre
y la sociedad actual han perdido el ins­
tinto de
conservación ( en sentido metabiológico) al haberse olvidado
de
la moral. "Europa -leemos en La rebelión de las masar (35)­
se ha quedado sin moral. No es que el hombre menosprecie una an­
ti~áda en beneficio de otra emergente, sino que el. centro de su ré­
gimen vital consiste precisamente ( como otro factor más de libertad)
en la aspiración a vivir sin supeditarse a moral alguna... Cuando se
(35) Ortega y Gasset: La-rebelión de lar masas, Espasa-Calpe, Madrid,
1976, pág. 203.
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FAMIUA Y MASIFICACION
habla de la «nueva» (moral), no se hace sino cometer una inmorali­
dad
más y buscar el medio más cómodo para merer contrabando."
Por ser piedra angular del arraigo y transmisora de la moral, la
familia tradicional dispone de
las armas adecuadas para resistir y
vencer a la masificación.
6. Amor, fervor ...
Frente al pretendido amor a lo abstracto, característico de la
sociedad de masas, que nos lleva a fa deshumanización, es preciso vol­
ver la vista a lo concreto; hay que procurar que desde su nacimiento el
hombre se enruentre firmemente vinculado a todo aquello que le
circunda, que sepa apreciarlo y defenderlo
ruando sea atacado; que
se preocupe de los problemas que le afectan de manera directa y en
los que su actuación es clave para su resolución por ser insustituible ..
El verdadero amor es siempre concreto y se fija en los rasgos
diferenciales.
Cuaru!o se ama a una mujer, se enamora uno de lo que
en ella
hay de diferente y peculiar. No es posible el amor a una
mujer estándar, porque entoru:es se podría llegar a estar enamorado
de todas
mantas repitiesen el tipo. Amar es apreciar y captar la di­
ferencia en el
ser amado. El principito de Saint Exupery (36)' tenía
en su asteroide una única .rosa, · a la que dedicó todas sus atenciOnes.
Un día se encontró en la Tierra con un prado en el que había in­
numerables
como la suya. Entonces . se llevó una decepción, porque
pensaba
que la suya era la única en el mundo. Un niño educado en
Suecia habría aceptado su error y habría considerádo a las demás
rosas
como a la suya; pero el principito, antítesis del hombre masa,
después de hablar con el zorro, volvió a contemplar a las rosas
y les
dijo: "No os parecéis a mi rosa, porque no sois nada todavía. Nadie
os ha domesticado, y vosotras a nadie habéis domesticado. Sois como
era mi zorro. Era
un zorro como otros cien mil. Pero lo hice mi amigo
y
ahora es único en el mundo... Sois hermosas -añadió--, pero
(36) Saint-Exupéty, A.: Bl principiro,_ --Alianza, Madrid, 1977, páginas
86 y 87.
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FEDERICO CANTER.O NUÍ estáis vacías. No se puede morir por vosotras. Sin duda, el que pase
junto a mi
rosa creerá que se parece a vosotras. Pero por sí sola es
más importante que todas vosotr¡ts juntas, porque es a ella a la que
he regado
y abrigado ... , porque es mi rosa." .
Son los lazos que se crean, es lo que se. da y se entrega lo que
hace posible el amor. El hombre
ama en la medida en que se da.
Cuando
se ha entregado a algo, ese algo lo es todo para él. Se puede,
entonces, vivir y morir con sentido.
"Te resultará imposible -leemos en Ciudddela (37)-amar una
casa que no tenga su rostro propio
y donde los pasos no tengan su
sentido. Había (
en el palacio de mi padre) una sala reservada a los
principales embajadores, que se abría sólo al sol de los grandes días;
había aquella
otra en que se hacía justicia, y aquella a donde se
llevaban los· muertos ; y aquella, en fin, siempre vacía, cuya utilidad
nunca se conoció, y que quizá .no tuviera ninguna, salvo la d-e enseñar
el respeto y el sentido del misterio, y que nunca se penetra del todo
en las cosas."
Frente a la idea de felicidad por dosis de bienestar y nuevos de­
rechos, es lo cierto' que la felicidad sólo se logra a través del amor,
que es autoentrega, donación de sí, generosidad y fiel cumplimiento
de los deberes, El hombre masa busca la felicidad, pero no se da
cuenta de que, como dice
Thibon (38), "la primera condición de la
felicidad es no buscarla". En este orden está permitido dedr, vol­
viendo del revés la palabra evangélica: "no buscad y encontraréis".
Si se busca el Reino de Dios -que es el Reino de Amor y Verdad-,
lo demás -la felicidad-'-se dará por añadidura (39),
La construcción del orden social, guiada por el amor, conduce a
un orden de convivencia
y armonía, al disponer a los hombres hacia
una empresa común, ya que amar consiste, como dijo· el autor existen­
cialista.
franCés tantas veces-citado, en mirar juntos-en la misina di­
rección, Y es que, corno nos dice Rafael Garnbra (40), "la ciudad
170
(37) Saint-Exupéry, cit. por Gambra en El silenCÍ() de Dios, pág. 78.
(38) Thibon, G.: Sobre el amor humano, Rialp, Madrid, 1965, pág, 159.
( 39) Evangelio de San Mateo ( 6; ,3).
(40) Gambra, R: El silencio de Dios, pAgs. 69, 73 y 74,
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FAMIUA Y MASIFICACION
--el habitáculo humano-ha de ser creada por lo que Saint Exupery
llama el fervor, esto
es, el esfuerzo y la entrega guiados por el amor,
en coya obra
el sujeto intercambia su vida con su creación y ésta le
sobrevive
y fecunda y alberga la vida de los que le seguirán". "La
ciudad sostenida por el fervor -nos dice más adelante-----' engendra
para el hombre dos elementos necesarios a su sano vivir: de una
parte,
el sentido de las cosas, que libra al hombre· de caer en la in­
coherencia de un mundo sin límites ni estructura; de otra, la rila.du­
ración del vivir, en cuya virtud la obra del hombre paga por la vida
que le quita, y el mismo conjunto de la_ vida, por ser constructivo,
paga ante la eternidad. Ello libra al hombre del hastío de un correr
infecundo de
sus años y le reconcilia con su propio morir."
Este fervor, que ,engendra el sentido de las cosas y
la maduración
del vivir, nace del
amor, y éste empieza en la familia. El primer
amor del niño es para con sus padres; por su parte, éstos luchan en
la sociedad por el bien de sus hijos. La labor de la familia en este
aspecto
es insustituible. Ni las guarderías infantiles, ni los colegios,
ni, por supuesto, el Estado, pueden mostrar a los hombres la realidad
del amor.
Una sociedad creada
por el fervor supone la antltesis de la so­
ciedad de masas creada por el Estado, aplicando a la realidad natural
sus frías ÍU.cubraciones racionalistas.
7. Responsabilidad pers9nai
Entre los remedios. que Vallet de Goytisolo señala frente a la
sociedad de masas, ya lo hemos dicho, figura la responsabilidad per­
sonal. Esta
no puede surgir más que desde instituciones y desde ambien­
tes no masificados, pues en la sociedad
de masas se producen dos
fenómenos que imposibilitan
la propia responsabilidad. El primero
de ellos
es la pérdida de la libertad de pensamiento y, por tanto, de
obrar. Y no
es preciso demostrar cómo la responsabilidad no puede
171
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rEDERI<;O C:ANTERO NUFIEZ
existir fuera de la libertad ( 41). El segundo de estoo fenómenos, que
en cierto. modo se deriva del anterior,
lo constituye la absorción por
parte del Estado de las funciones individuales y sociales, qne. impide
que los hombres,
persomtlmente o formando sociedad, asuman inicia­
tivas
y riesgos, fenómeno éste que se produce con la aquiescencia de
la propia sociedad.
La responsabilidad, por tanto, ha de partir de instituciones y
ambientes que conserven dosis considerables de independencia, liber­
tad
y autonomía, y que impregnen, a su vez, la peoomtlidad indivi­
dual de
estos valores.
Pues bien, la familia tradicional y cristiana conserva un ámbito
de autonomía muy importante~ que se manifiesta en las iniciativas
económicas
y profesiooales, en la educación de los hijos, en la vi­
vencia de costumbres
y ritos propios, en la práctica de la religión,
etcétera ...
Pero, junto a la libertad de la familia, es necesaria también la
independencia
y libertad de cada miembro familiar, que viene a ser
una
consecuencia del diferente papel que desempeña. Así se va for­
jando la personalidad. E íntimamente unida a la personalidad se en­
cuentra la responsabilidad.
Es en la familia donde se reciben los
primeros
premios y castigos, como respuesta a unos actos imputables.
La propia realidad natural de la vida familiar hace nacer en los
hombres, desde que
son pequeños, la responsabilidad personal.
De todos modos, existen dos peligros graves, a este respecto, en
la educación familiar, y que, desgraciadamente, parece que están muy
extendidos.
Se produce el primero de ellos cuando los padres mimán y con­
sienten excesivamente a sus hijos; ruando por W1 cariño mal enten.­
dido, o por una claudicación de sus deberes de estado, no les exigen
ni les castigan, permitiéndoles realizar todo cuanto se les antoja.
(41) En el ámbito de la sociedad de-masas no se puede afirmar propia-
mente que la pérdida de la responsabilidad sea debida a la ausencia de li­
bertad. Más bien podemos decir que ambos son fenómenos interdependientes.
Desde el punto de vista subjetivo, el hombre moderno ha querido ser libre
sin ser responsable, con lo
cual ha · perdido -también su libertad, necesaria~
a su ve:z, para el ejercicio de la -propia responsabilidad.
172
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FAMIUA Y MASIFICACION
El segundo peligro consiste eo la negación o anulación de la
necesaria indepeodeocia
y autonomía de 106 hij06. Así, cuando los
padres adoptan una actitud de injerencia y dirección de todas y cada
una de las actividades de
sus hij0&, cuando no les permiten realizar
nada por sí mismos, CWl!'do toman, ya a partir de la adolescencia,
todas las decisiones por ell06, o cuando obligan y castigan sin dar
una
explicación, están, indudablemeote, impidiendo el desarrollo de
la personalidad de es06 futuros adultos, y pueden llegar incluso a
dificultarles el conocimiento de la verdad, la
práctica . del bien y. el
sentido
de la belleza, ya que todas esas realidades necesitan no de
imposición, sino de continua enseñanza, alternada con el descubri­
miento de la propia experiencia. "Es menester - Hoz (
42)-que los hijos tengan una suficiente autonomía, de suerte
que no estén
dominad06 en exceso por sus padres y tengan la posi­
bilidad
de iniciativa propia déntro de su vida normal."
CONCLUSIÓN
Como se d!'(iuce de lo dicho, la familia corre wi gran riesgo de
perder su identidad y convertirse en una institución al servicio de la
planificación estatal y la masificación. Pero: si _sabe conservar su esen­
cia, su propio ser, es un motivo de esperanza para la regeneración
social. La familia no masificada dispone de )os mclios necesarios
para oponerse al sentido de la historia . que quiere marcar la revo­
lución.
La política de reconstrucción social y, por tanto, de desmasifica­
ción no puede ser propia y exclusivamente wia . política estatal. El
Estado tiene que renunciar. a muchas de sus actuales funciones, tiene
que permitir la libertad y responsabilidad del entramado social, que
constituyen los cuerpos intermclios, articulados todos ellos conforme
al orden de la subsidiariclad.
Como primero de estos cuerpos se encuentra la familia, a la que
hay que dejar y no estorbar todos y cada uno de sus quehaceres.
El día en que todas las familias recuperen su identidad, el hombre
(42) García Hoz: Familia, .sexo y ároga, Madrid, 1976, pág. 127.
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FEDERICO CANTERO NUFIEZ
estará salvado del totalitari•mo, porque la sociedad no será ya socie­
dad de
maoao, sino sociedad de familias. En su seno el hombre de­
jará de ser rebaño y descubrirá su verdadero fin, su propia razón
de ser.
"El valor
y la prooperidad de un pueblo -ha dicho Pío XII ( 43 )­
no está en la ciega acción de una· multitud confusa, sino en la orga­
nización normal de las familias
sanas. y numerosas, donde reina la
unión íntima y confiada de los hijoo bajo la utoridad respetada del
padre
y la vigilancia y previsión de. la madre."
De este modo, a partir de la familia, o mejor de la sociedad de
familias, se irá levantando, naturalmente, la nueva sociedad y la nue­
va civilización, que no es nueva, sino que volverá a ser nueva una
vez más, porque, como dijo San Pío X ( 44), "la civilización no es.tá
por inventar, ni la nueva ciudad por construir en las nubes. Ha
existido, existe, es la civilización cristiana, la ciudad católica. No se
trata má:s que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus funda­
mentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la
utopía ma:lsana de la revolución y de la impiedad. Omnia instaurare
m Christo".
Para lograr este propósito, es imprescindible -a partir de la fa­
milia-la promoción de élites en . todos loo niveles sociales, que serán
las que construirán
y gobernarán la nueva sociedad en la que todos,
de alguna forma, serán élites.
V erb() no se ha cansado de recordarlo.
Terminemos con unas palabras de Juan Pablo I

( 45) :
"Creemoo
que la familia cristiana es un buen lugar para empezar. La familia
cristiana C5: tan importante, y su función tan básica para transformar
el. mundo y la edificación del Reino de Dios, que la llamó el Con­
cilio «Iglesia doméstica»."
En
defensa del amor y de la civilización. En defensa del hombre
y la sociedad, porque así noo lo exige la Voluntad Divina, hagamos
realidad la familia de todos
los tiempoo. Sagrada Familia, ¡sed nues­
tro ejemplo!; Jesús, María y José, ¡rogad por
noootros!
(43) Pío XII: Rttdivmensaje a las familias frane,esas, 17 de junio de 1945.
(44)
San Pío X: Notre __ chtWge apostoH,¡,1e, «Doctrina Pontificia», 11,
BAC, pág. 408.
(4"5) Juan Pablo I:. «Palabras dirigidas a un grupo de ohispos estadouni.
denses», 21 de septienibre de 1978, en Ecclesia, núm. 1.905.
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