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Familia de cristianos y familia cristiana

FAMILIA DE CRISTIANOS Y FAMILIA CRISTIANA
POR
MARÍA TERESA MoRÁN
Empezaremos este furo por distinguir la familia de cristianos
de la familia cristiana, y, luego, deteniéndonos en ésta, veremos su
composición y su necesidad y vigencia en el mundo de hoy.
Por familia de cristianos entendemos aquella en la que todos
sus miembros son cristianos, pero sólo individualmente. Y con ello
quiero decir HteraJ.mente que su cristianismo no sobrepasa este ni­
vel
individual. No se comunica a los demás miembros de la familia.
Cada uno practica por su ouenta sus creencias. No hay un rezo co­
mún, aunque haya una religión común. La religión es algo que no
influye para
nru:la en la vida familiar. Esto, y todos tenemos ocasión
de verlo a diario, es un producto típico de la sociedad moderna, de
su individualismo, del desarraigo
absoluto del hombre de toda socie­
dad
oatur.i. Este desat bra en su libro El silencio de Dios, uno de cuyos párrafos dice :
«Para la concepción racionalista del convivir humano, la sociedad
es algo extrínseco al hombre ... , un instrumento para que el hombre
conviva con sus semejantes, sin que ello suponga para él constric­
ción alguna en nombre de una comunidad supraindividual». Esta
comunidad supraindividual sería,
en el caso que tratamos, la fami­
lia. ¡Y
qué cierto es esto! El papel que se asigna actmdmente a la
familia
se ve reducido a una forma de unión de los hombres para
satisfacer unas necesidades puramente físicas, sin renunciar para
ello a nada, sin dar nada, sin darse a sí· mismo. Para los marxistas,
el matrimonio es el sistema más cómodo de encauzar los instintos
sexuales. Bajo esta perspectiva parece !6gico que se admita natural­
mente
el divorcio, el aborto ... Y no es raro hoy, en que la cultura
marxista está penetrando en todas partes, encontrar matrimonios
cristianos que piensan de fotma parecida, y que jamás podrán for­
mar una. fam.ilia cristiana. Se concibe a la famiHa como una sociedad
mercantil, sin ningún fin
trascende:0.te. Se convierte en una suma
de individuos y no en un todo. Cada uno forma· un centro autónomo,
realiza
1a vida por su cuenta. Fs el vivir bajo un mismo techo, pero
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no convivir. Es, simplemente, una forma más del egoísmo, no se
sale de sí mismo, no hay comunicación. Es la aplicación de la fi­
losofía, hoy tan en boga, del
< piendo nuestra
civilización desde su base, desde la familia. Y no se
ve la trascendencia de esto
en el desarrollo de la comunidad social,
no se ve que el homb,e tiene que aprender en la familia el principio
de vida en sociedad,
y que de una familia de seres desarraigados no
puede esperarse más que una sociedad sin conexiones, absolutamente
individualista.
La familia cristiana es algo completamente distinto a todo esto.
En ella, la base es la religión que marca toda la· vida en común.
La familia de cristianos, tal como la hemos descrito antes, en su for­
ma de concebir la sociedad, en su forma de comportarse en la vida
en común, es ,exactamente igual a una familia de ateos. La familia
cristiana se distingue frente a las demás. Porque para sus miembros
la práctica de
la religión no es algo extrínseco, sino que llena su
vida,
y se irradia a los demás; es lo que configura la vida familiar ...
Fuste! de Coulanges pone ya el fundamento de la familia
en la
antigüedad en· la religión del hogar y de los antepasados, que es lo
que hace que forme un. núcleo compacto. Dice que es, incluso, más
que una sociedad natural y le da el raugo de sociedad religiosa. Así
se explica
la fuerza de la familia antigna, a la que se ha dado la
mayor importancia en todas las épocas.
En definitiva, la familia cristiana se podría definir como una
unidad orgánica.
Con, ello queremos decir que es un todo frente al
exterior, pero que no por ello sus miembros pierden
su propia per­
sonalidad dentro de ella,
sino que la desarrollan mucho más. Como
en la familia antigna, su fundamento es la religión. Porque todos
sus miembros, a.demás de ser cristianos individualmente, dan a sus
creencias u.na proyección más generosa, social. Y esta proyección em­
pieza por la familia. Es vivir el propio cristianismo en familia. Acto6
como rezar el rosario juntos, oír misa todos unidos, benckdr la
mesa antes de comer, aparte de crear una unión más fuerte que los
propios lazos de sangre, tienen un valor inmenso en orden a la
formación de
los hijos y a la superación de las crisis por las que se
atraviese. Es muy cierta la frase de que la familia que reza unida
_permanece unida. Sobre todo porque en estos momentos, en que
todos estos valores son tan perseguidos, debemos ser fuertes para
perseverar hasta el final, y esta fortaleza
sólo la encontraremos en la
oración.
La familia que reza unida tiene infinitas posibilidades más
de no ser destruida que la familia de cristianos que no tiene la menor
cohesión entre sus miembros, y se derribará al primer golpe.
Es la religión, también, lo que mantiene el verdadero amor. El
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verdadero amor humano, reflejo del amor divino. Es lo que hace
a la
familia ser un todo en común, donde las más pequeñas cosas
de uno de sus miembros repercute en todos los demás. Es también
lo que da su sello
peculiar a esta familia que ya no será como las
demás, no será la típica familia
estándard igual a miles más. Será
diferente, porque Dios vive en ella. y le imprime carácter.
La vivencia cristiana de la familia es esto, y se concreta en mu­
chas cosas más. El hablar los hijos con los padres; el comunicarse
las inquietudes, los problemas;
el saber sacar tiempo los unos para
los otros, aunque haya que renunciar a muchas cosas; el saber per­
donar y corregir sin orgullo. En
una palabra, es tener caridad y
así saber darse a los demás y, sobre todo, a la propia familia. Se
aprende a salir del egoísmo que hoy nos inunda. El que considera
así a la familia ya no es el centro independiente y desligado que
preconiza la sociedad liberal; es mucho más, porque se entrega y,
al entregarse, llena su vida y la da sentido.
La familia es, además, el primer instrumento de que se vale
pios para transmitir la fe y la ,doctrina cristiana. Es en el seno de
la familia donde aprendernos a
rezar, a amar a Dios y

a los
demás.
Según el Concilio Vaticano II, todo cristiano adquiere en el bautismo
una vocación de testimoo.io y apostolado. Todo cristiano tiene el
deber y el derecho de ser apóstol. Puede decirse que este deber es
el que ejercitan los padres con los hijos. La fe cristiana se transmite
a
través de las gefieraciones por la vida familiar. El concilio llama
a la familia
iglesia doméstica. Es más que una sociedad natural,
porque está sobrenaturalizada por la gracia y tiene una misión tras­
cendente que cumplir para el desarrollo del hombre. Se presenta
esto como algo utópico, imposible de conseguir. Esto
es porque no
se cuenta con la ayuda de Dios, con las gracias que derrama ince­
santemeote para y sobre la familia. Es aquí donde influye extraor­
dinariamente tcxlo eso que decíamos de la oración en común, que
significa un
-avanzar en común mirando siempre a DiOS. Es de la ora­
ción de donde saldrá la fuerza que mantendrá unidos a sus miembros
eo todas las adversidades. El objetivo principal de esta familia cris­
tiana será, pues, el llegar a ser una iglesia doméstica, y, así, contri­
buir a la misión universal de la Iglesia, ocupando el lugar que real­
mente le corresponde
deotro del Cuerpo de Cristo.
Y ¿qué es en reali desenvuelve esta familia cristiana? Vamos a verlo brevemente.
La función principal es la educación de los hijos. Esto es un
dereoho
y un deber que no puede declinarse, porque nadie puede
suplir en ello. En la familia
se educa la personalidad del niño para
que luego pueda vivir
en sociedad. Esta educación de la personali-
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dad no puede darla el Estado, como ahora se pretende. Aquí, como
en todo,
hay que aplicar el principio de subsidiariedad. Al Estado
le interesan los actos, pero no las motivaciones de esos actos. La
familia se encarga de encauzar estas motivaciones y educa al hombre
y al ciudadano. Dentro, de la familia cristiana se le da al niño una
educación intelectua:1, moral y religiosa. Es decir, por la primera se
empieza a desarrollar su inteligencia, sus aptitudes naturales. Más
importante es una educación moral; se -aprende a respetar las leyes
y a controlar estas motivaciones de que hablábamos antes. La for­
mación moral estará conseguida «cuando se practique
el bien espon­
táneamente y por propia iniciativa, aunque nadie vigile y castigue»,
según dice el
padre Royo Marín. Y, principalmente, se le da una
formación religiosa, se le inicia en la fe. Sólo en la familia se puede
adq~irir esta formación completa. Y, dentro de la familia, corres·
ponde a la madre el papel más importante en esta función educadora.
Es la madre, en la familia tradicional cristiana, la que está siempre
con los hijos; a la que
se acude en cualquier momento de peligro,
la que nos enseña las primeras. oraciones y empieza a desarrollar
nuestra inteligencia. Por esto,
es tanto más triste el espectáculo de
las mujeres que abandonan su hogar por cualquier causa, dejando
a sus hijos. en manos extrañas. en los momentos en que más la ne~
cesitan. Está muy generalizado el decir que la madre tiene también
el
derecho a su propia independencia, que debe trabajar y no sen­
tirse atada por la familia. Esto es grave, pues entraña una concep­
ción de la vida muy equivocada y que, en
la práctica., puede causar
mucho daño. Al formar
una familia, no se adquieren sólo derechos;
vienen con ellos muchos deberes que hay que saber aceptar. Uno de
ellos
es la maternidad y lo que ello implica. No se puede abandonar
la educación de los hijos en los años en que son más receptivos en
manos extrañas., bajo fútiles pretextos de mejorar el nivel de vida
o tener más libertad, como si el ocuparse de las propias obligaciones
fuera una atadura insoportable. Una madre es absolutamente necesa~
ria para sus hijos; de ella se recibe lo mejor da la formación. Por
lo general, la ausencia
constante de· la madre del hogar influirá muy
gravemente en e! equilibrio psíquico del niño. El Estado utópico
socialista, que sueña con sustiruir a una. madre por una guardería,
no se
da cuenta de que esto es imposible. Y tampoco se da cuenta
de que al querer proteger el derecho de la madre ,a la propia liber­
tad está violando
el derecho de los hijos a recibir la educación mejor
que
se les pueda dar. Como dice Gambra: «El derecho a la conti­
nuidad y a la autonomía ambiental no figuran entre los derechos
·demagógicos que nos prepara el universo socialista.>>. Se violan· los
derechos de los más débiles, como en el aborto o en el divorcio. Y
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FAMILIA DE CRJSTIANOS Y FAMILIA CRJSTIANA
al separar a los hijos de sus padres, se produce la familia de la que
hablábamos autes, de seres desarraigados,
y sin creencias.
Del mismo modo que es necesaria la presencia de la madre para
una educación equilibrada de los hijos, el padre tene su función
irreemplazable que cumplir dentro de la familia cristiaua.
Es la
fuerza segura que toma las últimas decisiones, que jamás se equivoca.
Encarna la autoridad. Se critica mucho actualmente lo, que se viene
Uamaudo la familia autoritaria. Se entiende por esto toda aqueU11
familia que sabe a dónde va y lo que tiene que exigir a sus hijos;
donde hay unos valores estables que se respetan. Wilhelm Reich
dice que es la fábrica de la ideología y de la estructura reaccionarias.
Se pretende construir una familia en la que cada uno se mueva por
sus instintos, p11rtiendo de la tesis tan conocida de que el hombre es
naturalmente bueno,. Sin embargo, la experiencia no parece demos­
trar esto. Está claro que hay uoa serie de malas tendeocias que hay
que corregir, al igual que hay una serie de virtudes que es preciso
enaltecer. Este
es el fin de la educación. Pretender que un niño de
dos años sepa lo que es bueno y lo que es malo y se sienta obligado,
naturalmente a respetar todas las normas es una utopía. Este niño
necesita una autoridad fuerte que le diga qué debe hacer y qué no
debe hacer; necesita, además, confiar en alguien, porque es un ser
inseguro. Y ese alguien es su padre, «que nunca se equivoca>>. Ne­
cesita, pues,, una autoridad. Que no es autoritarismo. Una autoridad
que, ap11rte de ser guía, fomente la responsabilidad y no niegue la
libertad, derecho de toda persooa. López Ibor dice: «El padre es
padre por autor. Autor y autoridad tienen la misma raíz. Es decir,
la autnridad del padre es creadora de posibilidades de ser ... El joven
crece así enraizad.o, vital y personalmente, en un mundo que lo forma
y lo libera a un mismo tiempo». O sea, no significa un dominio total
sobre los hijos, sino que éstos tienen. su propia autonomía dentro de
la faruilia, en la que los padres tan sólo guíau.
Autoridad
. por p11rte del padre, ,dulzura y educación primaria
por parte de la
madre, son elementos indispensables en la familia
cristiana. Pero
¿y los hijns,? ¿Qué papel les corresponde a ellos?
También tienen
derechos y deberes dentro de la familia. Tienen
derecho a una educación cristiana y a: una vida familiar sana. Tienen
el deber de amar, respetar y obedecer a sus padres. ¡Qué distinto
suen11 esto de la pretendida lucha de generaciones que intenta des­
truir la
familia! El cooflicto generacional es un ruito que sirve de
excusa para todo
tipo, de desmmes por p11rte de los hijos y que
provoca una inseguridad
y falta de fuerzas tremendas en los padres.
Es uo elemento, disgrega Lo cierto es que, naturalmente, los hijos deben amar a sus padres,
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ayudarles y obedecerles. Es realmente un caso monstruoso el de un
hijo que odia a
su padre. Dentro de la familia cristiana, el hijo,
verá en su padre una representación de Dios en la vida familiar, y
obedecerle a él será como obedecer los mandatos divinos. Verá en
su madre a la Virgen y la amará, respetará y obedecerá como Cristo
hizo con ella. En -conclusión, la. familia cristiana es la representación
diaria de la familia de Nazaret. Y si conseguimos esto, habremos
;puesto la base de una sociedad fuerte, porque, como dice Pertalozzi,
«El amor paterno forma a los jefes, el amor fraterno, a los ciuda­
danos, y uno y otro cimentan el ordeo en la familia
y en el Estado».
Pero la familia cristiana no es núcleo cerrado. Tampoco es. una
familia individualista. En primer lugar, dentro de la familia, se
consideran, además de los padres y los hijos, todas las demás per­
sonas w,idas por un parentesco de sangre. Principalmente, los abuelos.
Para ellos
se debe tener un respeto inmenso, porque son la expe­
riencia
y los portadores de la tradición de nuestros antepasados. Se
debe cumplir al mismo tiempo un deber de ayuda cuando ya no
puedan valerse por sí mismos, porque
está dentro del mismo de­
recho natural. Parece que en nuestra sociedad se ha perdido mucho
este sentimiento de respeto y veneración por los ancianos, y esto es
algo · que tiene que resucitar
la familia cristiana. Pero, también, se
pueden considerar como componentes de esta familia cristiana los
pru.·ientes que, aunque ya hayan muerto, siguen vivos en las tradiciones
que dejaron y m · su contribución para que esa familia sea hoy tal
como
es. Es el amor a los antepasados, ·que adquiere su forma más
perfecta dentro de la familia cristiana, que se considera como por­
tadora de una herencia que tiene la responsabilidad de transmitir
y que ,configurará esa: familia a través de los siglos.
No es una familia individualista, porque se encuentra inmersa, y
así lo comprende, en una sociedad a la que ha de cimentar. Todo
este patrimonio cultural que representa la familia lo brinda a la
sociedad, sirve de ayuda a
los demos y repercute en bien de todos.
Todo esto que hemos dicho de
la familia cristiana queda admi­
rablemente sintetizado en unas frases del cardenal Gomá: «La familia
cristiana es verdadera esruela de sacrificio y abnegación, de vene­
ración y de respeto a los ascendientes que integran el pasado y for­
man la tradición,
y de amor a los hijos y descendientes, que repre­
sentan el porvenir. La familia cristiana, cantera de la especie, fun­
daroerito de la sociedad, fuente inagotable de patriotismo y de
virhldes cívicas, rios demuestra con evidencia y Con certeza que
padre,-patria y patrimonio tienen su raíz común ; que todoo somos
hermanos e invocamos al Padre común, que está ·en los cielos ... » -
En resumen, el hombre se forma principalmente en su familia.
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FAMIUA DE CRISTIANOS Y FAMIUA CRISTIANA
Lo que viva en ella será lo que en el futuro condicione su vida en
sociedad y sus relaciones con los demás. De ahí la importancia de
las familias realmente cristianas,
y no sólo familias de cristianos en
'la
actwt!idad. La lucha por la familia ha comenzado, decía el car­
denal
Konig en febrero de este año. Ha comenzado porque nos damos
cuenta, quizá un poco tarde, de que nüestras familias, nuestra re­ligión, nuestra paz, van a ser destruidas si no lnchamos por ellas.
Ante la presente situación, hay muchas personas que se acobardan,
pensando que no pueden solucionar el .caos mundial, sin ver o sin
querer ver solución a los problemas. Y esta solución no es difícil
de averiguar. Hay que recristianizar la sociedad. Todos los males
que nos aquejan hoy vienen de que el mundo quiere vivir sin Dios
y sin amor. El ega,ísmo es lo único que impera en todas partes.
Nuestra lucha es
para que sea Cristo quien reine y dirija el mundo
Y para ello debemos empezar porque reine en nuestra propia fami­
lia cristiana, baluarte contra todos los ataques de Satanás. Es, necesario
que los valores religiosos vuelvan a ocupar en nuestra cultura un
valor central. Y ocuparán un valor central en la sociedad y eu la
cultura
si aotes lo han ocupado en la familia.
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