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La dialéctica marxista

LA DIALECTICA. MARXISTA
• POR
VLADIMlllO l.AMsooRFF-GALAGANE
El tema que he sido invitado a desarrollar en esta XVII Reuni6n
de Amigos de la Oiudad
Gatólia, por gentileza de nuestro admira­
do don Juan Vallet, es el de la dialéctica marxista. Luego he de
hacet la salvedad previa de que no diré nada de otros posibles con­
ceptos
de la dialéctica ---oocrática, aristotélica o cualquier otra~,
que han sido objero de la ponencia del profesor Petit. Todo lo que
yo diga de la dialéctk:a --- ha de entendetse referido a la dialéctJica en sentido marxista. En tér­
minos elemenwles:
si afirmo que la dialéctica es algo muy malo, me
refiero a la marxista, no a la dialéctk:a "en el buen sentido". Oaro
está, esto deja en pie el problema de si vale la pena seguir emplean­
do o! mismo término para su "buen" y su "mal" sennidos. ¿Quizá,
cuando una palabra ha sido tan prostituida como ésta, io mejor fuese
dejarla
enteramente al adversario, y para el "buen" sentido adaptar
alg6n término sustitutorio (como '"16gica", o "mzonamiento")? Es
una opinión, aunque igual de defendible es la opinión contraria, de
que es lástima desprenderse de una paJabra tru1 expresiva.
Volviendo
a nuestro tema, Jo primero que di:ren:,pg de la dialéc­
tica marxista
es que tiene su origen en la dialéctJica hegeliana. Sa­
bemos cómo razonaba Hegel: de la tesis de que "todo Jo real es
racional, y todo Jo racional es real", sumada a que la razón humana
suele avanzar por supetaci6n de contradicciones, dedujo que la con­
tradicción
existe en las cosas mismas, y es o! motor de su evolución,
de su ttanSformaci6n. De ahí que pudieran set estudiadas dia!écti­
camente
no ya fas itkas, sino las c,o,sar mismas: a cada concepto se
puede oponer
otro contradictorio, la contradicción se resolverá en
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un tercero, que a su vez se contrapondrá a otro más, y así sucesiva­
mente. Es lo que se suele llamar tesis-antítesis-síntesis. Un estudio
de esta índole da lo mismo llamarlo "lógica"" que "ontología", que
"ciencias naturales"': quedan fundidas en una. Y, de hecho, la Lógica
de Hegel empieza con la contraposición de la "tesis"' ser a la "an­
títesis" no 'ser, "contradicción" que se "resuelve" en una "síntesis":
el tWVenir. Este será a su vez conttapuesto, etc.
No se puede decir que los puutos de partida de Hegel sean ab­
swdos. El que las cosas lleven dentro uu principio de negacióu que
las hace susceptibles de movimiento, de transformación, me parece
una idea muy fecunda. Y todo lo real es, desde luego, racional. Acor­
démonos
un momento del buen viejo catecismo de R:ipalda. Dios es
creador y conser11ddor del Univ>erso. Está en torio h,gar. Y es tam­
bién, como demostró Aristóteles, el motor de donde procede todo
movimiento. Comprendámoslo bien:
nuesrro cuerpo está formado
por órganos; éstos, por células; ·las células, por moléculas; Jas molé­
atlas, por átomos; los átomos por cargas eléctricas. Pues en cada una
de estas cargas
está Dios. A cada .instante está trabajando en ellas,
polarizando estos protones y electrones, creando y conservando esta
tensióu entre ellos, que es en lo que consiste la existencia. Está eter­
namente ttabajaudo en el interior de cada átomo, quizá de cada par­
tícula subatómica, para que exista, se conserve, funcione este prodi­
gioso juego
de construcciones llamado Universo; luego ¿cómo no
va
a. estar este Universo, y todo lo que contiene, sometido a Su raz6n,
infinitamente lógica?
El error de Hegel no está,
pues, en los puutos de partida. Pero,
desgraoiadameote,
exmjo de ellos justo las consecuencia que no
debía, Porque se puede decir que dentro de las cosas, o entre cosa y
cosa, existen fuerzas, tensiones, campos, oposiciones, todo, menos
"oootradicciones". ¿Por qué?, Porque desigoamos las cosas mediante
oonceptos. Si admitimos que en las cosas hay "contradicciones"', es­
tudiables
por la lógica, nuestra lógica habrá de estudiar conlf'tliÜc­
c/ones entre GOnceplos. Pero entre couceptos no puede haber relacio­
nes
de ooottadicroriedad; éstas sólo se dan entre proposiciones: son
contradictorias las proposiciones "todo S es P"' y "algón S no es P'"
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LA DIALECTICA MARXISTA
Si es verdadera la_primera, no lo es la segunda, y viceversa (1). En cambio, los concepros pueden incluirse uno dentro de otro ( como "madrileño" en "español"), pueden eiooluirse _ (com:o "hormiga'' y "oso''), pueden coincidir en parte (como "suiz.o" y "francófono"),
pero lo que no pueden es-conttadeeirse, de fomJa que para que sea verdadero uno tet>ga que ser falso el otro. La ra,,ón es que un con­
cepto, por sí solo, no es ni verdadero ni falso. El concept0 "unicor­nio", por ejemplo, de por sí no es "falso": designa algo que _no existe, eso es to reslidsdes
existentes en este momento. Luego, si dos conceptos no
pueden ser contradictorios, sino simplemente dislintos, tampoco pue­de !haber un tercero que "levll.Ote" la contradicción entre ellos. Por tanto, si una "síntesis" de este tipo se' t11U#entra, -será pura fantasía, palabrería, cuento c'hino. ¿Por qué, volviendo al ej~lo anterio,c, '1a "contradicción" entre "ser" y ."no ser"· se "resuelve'" en "devenir"? Gon la misma razón -o -falta de ella-la podríamos "resolver" en "cresci6n" (com:o paso del no ser al ser), o en "destrueci6n" (como
paso del ser aJ no ser), o en "·hombre" (porque ahota es, pero ma­
fiana no será), o en "gato" (que está en el mismo caso). En cualquier
caso, la frase "levantar la contradkción" (o "resolver", o "supe­rar", o cualquier traducción sinónima) carope de sentido, no quiere
decir nada,
porque no hay ninguna contradicción que resolver. Y
decir cosas que no quieren decir nada, haciendo ver que son la ex­presión de la máxima sabiduría, se lliuna cuento.
Yo suelo 1'1amar a Hegel "el Picasso de la filosofía": ignaJ que Picasso introdujo en la pintura el g/Jrtlbatq, Hegel introdujo en la
filosofía el cuento. No quiero decir con ello que Hegel fuera un simple charlatán: sabía filosofía, y muoha. O>mo tampoco Picasso era un siruple pintamonas: sabía pintura, y mucha. Por eso les salió la cosa bien. Los charlatanes y pintam0nas han venido detrás.
También
igual que Picasso sus garabatos, Hegel utilizó su ca-
(l) Y precisamente la dialéctica, «en el buen sentido~, se orupa de ar­moniur, de soludooar, aquelloa Cll$OI . en que a.pao:cen como simu1t4peamente verdaderas dos proposidones contradictorial: mostrando que son ambas ver­daderas, pero en distinto sentido.
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pacidad de cuento, fundamentalmente, para su provecho. petsooal,
para su carreta romo profesor de filosofía. Pot ejemplo, pata de­
mostrar ampulosa y pomposamente que el universo mundo es como
es y DO puede ser de. otra fotma. Contrariamente a muchos comenta­
ristas
de Hegel, yo buscaría los ejemplos más fecundos de ntiJizacióo
del método dialéctico en la Fikuofía de i,, nal#t'aleZli (entendámonos:
fecundos para Hegel). As~ pot ejemplo, Hegel "dedujo" dialéctica­
mente, con todo rigot, que la imantaeión del hierro entraña un aumen­
to de su peso (lo cual es falso), o que los planetas gitm según las le­
yes de Kepler y DO puede ser de otro modo, o que es de todo punto
imposible que entre Matte y Jupiter haya otro planeta. La lástima
es que este planeta a01bal:,an (le descubrirlo unos meses mtes; Hegel,
simplemente, DO se había enterado. Si.lo hubiera hecho, habría de­
mostrado con el mismo aplomo y los mismos atgwnentos que el
planeta tenía que estar y no podía faltar.
En cuanto a la utilizacioo política de esta facilidad de enredo,
por parte de Hegel fue todavía muy inocente: se redujo, en su
época de madmez, a dat coba al que Je pagaba, que eta el rey de
Prusia. En Jo ideológico, la dialéctica de Hegel desemboca simple­
mente
en una justificación de la Monatqula prusiana, quizá con
unas tímidas sugerencias de reformas en sentido liberal.
Pero si Hegel no utilizó políticamente su dWéctica más que en
la mediaa precisa pata su catrera personal, este método, que pet­
mitía encontrar en el acto un· argumento justificativo para Jo que
se quisiera, resultó ser un tesoro en manos de sus discípulos, ernpe­
iíados en una acción política más concreta. La famosa· frase de Marx,
jactándose de haber puesto sobre los pies la filosofía de Hegel, que
estaba sobre la cabeza, sólo expresa que Man se quedó de Hegel
con la "di,illéaica" y deseohó todo el resto. Y aún bajo la pluma de
Marx,
la utilización de la dialéctica es de una cándida inocencia, si la
comparamos con el uso que hacen de ella sus partidarios, los mar­
xistas
contemporáneos en el poder.
En efecto, tras tomar el poder en Rusia, . los marxistas estable­
cieron en ella el sistema de terror más despiadado de que hay me­
moria
en la historia de la !,nmaoidad (porque no hay ejemplo de
otro gobierno que costara a su pueblo, en cincuenta años, un ;e,-do
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LA DIALECTICA MARXISTA
de ,la población que normalmente hubiera debido tener, o sea, una
cifra
equivalente a la mitad de la que efectivamente tiene (2). Los
regímenes marxistas "satélites" o "hermanos" que se establecieron
con posteriotidad en Europa oriental o en Extremo Oriente, se apre­
suraron (se apresw:an) a seguir este ejemplo. Luego es -obvio que
tales
regímenes, para su conservacióo, necesitarán de muchísimas
más justificaciones que gobiernos normales, y que tales justifica­
ciones no pueden estar basados en el modo de ramnat. notmal de
una persona corriente, pues cualquier. ramnamiento ordinatio, des­
de cualquier puntO de partida, lleva formsamente a su condena
moral. Gomo escribe Solzheo:itsyn: "Cuando la violencia irrumpe en
la vida pacífica de las gentes, su :rostro llamea de seguridad en sí
misma. Lo lleva en su estandarte y gtita: «¡Soy la violencia! ¡Dis­
pérsense, circulen, aplasto!> Mas la violencia envejece rápidamente.
Unos pocos años y ya no está segura de si. Y para sostenerse, para
tener un aspecto decente, llama infaliblemente como aliada a · la
mentira. La violencia sólo puede cubtirse a,n la mentira, y la men­
tira s6lo puede mantenerse con la ,violencia" (3).
Pues bien,
la dialéctica es precisamente el modo de ra:wnat que
permite decir a voluntad
las mentiras que a cada momento necesita
el poder establecido.
(2) Seg6n el ya clásico estudio Tri trifry («Trei cifras»), del profesor
de Estadística 1, Kurga.nov (últimA reed., en Pu,se11, 1977 (12), págs. 54 y
sigs.), la URSS, según roeFidentes mJ,#mos de crecimiento en circuns­
tancias normales, aplicados a partir de 1917, l!ubiera debido tener, en 1959,
319,7 millones de habitantes. Tenía 208,8. El número global de bajss es de
110,7 millones. Se descompone en 44 millones de bajas en tiempo de· la
segunda Guerra Mundial ( atribuibles a Hitler y a Stalin, al menos pot
mi.tatl, porque éste no detuvo su política de terror. durante la guerra, y,
sobre todo, la facilidad de la invasión alemana en íos prim.eros meses se
debió, más que nada, a la incuria, incompetencia e impopularidad del régi­
men soviético), y bajas debidas
exclusivamente al régimen: 66,7 millones
de personas.
Por lo demás, las bajas chinas parecen aún más elevadas.: se habla de
150 millones. Y en proporción al número de habitantes, parece que bate to­
dos los récords Camboya.
{3) «Rechacemos la mentirá», en So/Zhenitsyn a/.erta a Occidente, selec­
ción y trad. G. Amiama, Acervo, Barcelona, 1978, pá_g.., 4-,_
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A la misma conc!Qsión llega, en su .excelente esrudio dcl comu­
nismo, Jean Madiran: "L'univers oomm~ est le monde dos du
mensonge, et sa cohérena: apparalt si J'on s'avise de sa plus profonde
nécessité: de memeque la vérité .ne peut en-e se.rvie que par la vé­
rité, de me.ne le menson¡¡e ne peut . en-e serví qu~ par le menson­
ge"
(4). m propio Maditan aporta ejemplos .de cómo funciona este
modo de raronat en la prácti~ Cito WlO •. En 1926, Stalin está inte­
resado
en entrar en relaciones comerciales con Francia, para lo que
le interesa
un gobierno "burgués", sensible a los argumentos cre­
matísticos. Luego impone a los comunistas :ftanceses, en las elec­
ciones, la
táctica de "clase contra clase", sin colaboración alguna
con·
los soc;ialistas no comunistas. Go1DO las elecciones en Francia
son por mayoría a dos vueltas, en la seguruJa. vuelta, si comunistas
y soc;ialistas mantienen ambos su candidatwa, dispersan · los sufra­
gios
de la iilquietda y hacen más probable que gane un candidato de
centra o derecha. Pero el argumento que se da no es el auténtico,
sino que
se condena toda colabc>ración con los socialistas como "opor­
tunismo cootrarrevoludonario'". En cambio, llega 1936, y a Stalin
ya Je intetesa positivamente una toma directa de poder en Francia.
Pues se proclama la
táctica del "frente popular", y se condena la
actitud
de aislamiento anterior como "desviacionismo sectario". En
ambos casos resulta que la actitud del partido se deriva en 11.nea
recta de la teoría dialéctica. En ning{tn momento se menciona el
interés de la URSS, cuando en realidad· en ambos casos ha sido de­
re,,mJnante
en la actitud d,f PC "'francés".
El análisis que háce M,,diran de la ptáctica de la dialéctica es
excelente, y sólo puedo recomendar calurosamente su lectura. Mues­
tra que la dialéctica cumple dos fines prácticos: uno, justificar con
motivos pseudoideol6gicos decisiones tomadas por rarones de muy
otra orden; y otra, envenenat los problemas que se denuncian: a
cada injusticia, o dificultad, o problema, denunciados
en Occidente,
hay que designar al "beneficiario" o "culpable", y la cuestión de
la eliminación de esta injusticia se ha de presentar como una lucha
(4) }HAN MADIRAN: La .,;,;u,,,. tlN montle, Nouvelles Editions Lati­
ne5, Parls, 1966, p4g. 175.
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l,.A DIALECT[CA MARXISTA
política contra este "culpable", que la mayoría de las veces es un
pseudoculpahle. Porque de 1o que tratan realmente los comunistas,
como fuerza directamente al serviclQ de la URSS, no es de . solu­
cionar nuestros
problemas occidentales, sino, por el contrario, de
rompet nuestra
solidaridad interna, .por aquello de que. un reino
dividido entre sí perecerá.
De "1ú el consejo práctico de. M¡¡diran,
para no caer en la colaboración involuntaria con una potencia ex·
tranjera: por muy reales que sean las injusticias que denuncien los
comunistas, no tener m,nca el mimw lltWersario al mi.imo liem¡,o
que ellos. Se puede combatir el mismo mal, pero sólo a ooooición
de designar a otro culpable, o de proponer otra solución. S., puede
tener al mismo adversario, pero no atacarlo. al mismo -tiempo. Su­
pongamos que
la propaganda comunista se ceba en el fl/Jt1tlhsid en
Sudáfrica. No nos pongamos fou.osamente a defenderlo .. Pero dedi­
quémonos
de momenro a otras injusticias mh flagrantes; por ejem­
plo, al
hambre en la India (porque 1os negros sudafricanos estarán
muy discriminados, peto al menos comen).
¿Que no, que tienen
que. ser negros? Pues dediquémonos a Idi AmJn o al presidente
Macías, que exterminan negros en muy otra escala y de muy otra
manera que los blancos sudafricanos: mientras en Sudtfrica se ma­
ta a un negro (entre la indignación general), ellos matan a un par
de miles (en el silencio general). Pues olvidemos a Sudáfrica,.y ocu­
pémonos
de éstos. ¿Es reconciliarnos con Sudáfrica? No, pero ya
la atacaremos cuando deje de hacetlo la propaganda comunista ( en­
tonces,
por los demás, quien estará. c9laboraodo con el comunismo
será Sudáfrica).
Y, sobre todo, ocuparnos de la radical e inmen,sa in­
justicia· que supone la mera existencia de ·regímenes comunistas.
Ahora
bien, Madiran opera con una limitación (aforrunadamen,
te para él): vive en Francia, luego sólo ha podido observar a los
comunistas fuera del poder.
De este material de experiencia, desde
luego, ha
extraído todo lo que daba de sí. Pero no obstante, para
calibrar exactamente a qué puede llevar, en la práctica política, una
te0ría "dialéctica" de tipo hegeliano, hay que haber vivido bajo la
dominación de sus partidarios: por ejemplo, en la URSS, o en 0,ina.
Allí, la dialéctica cumple una función distinta: la de acallar, por
su mera· alegación, toda posibilidad de discusión con cnalquier cam-
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bio de política del Partido, o cualquier contradicción entre lemas
que el Partido proclama a un tiempo. Un ejemplo clásico: es pro­
pósito declarado de los comunistas construir la "sociedad sin clases".
Luego a medida que vayan desapareciendo las clases, por ejemplo,
en la URSS, irá desapareciendo también la "lucha de clases", que
origina
la existencia de Estado, policía, represión, etc. Pero bajo Sta­
lin, por el contrario, resultaba que la represión, la :policía, las de­
tenciones,
etc., aumentaban. Pues bien, Stalin declaró fríamente que
en Rusia la ludia de clases desaparee/a a través de su intensifica­
ción. ¿Cómo es posible? Pues simplemente: se trata de un proceso
dialéctico. Y ya está dicha la palabra mágica: después de eso nadie
se atreve, no ya a discutir, sino ·si.quiera a dudt.w. Sí, un auténtico
miembro del Partido acepta disparates de este tipo ron toda natura­
lidad, y Jo que es más grave, a menudo con toda sinceridad.
Por tanto, definir la "dialéctica" como un modo de falsear de­
liberada
y conscientemente la verdad sería una descripción incom­
pleta. Lo es indudablemente para los "de arr;ba", para las autorida­
des
supremas de !os partidos comunistas. Pero para !os de "abajo",
los simples militantes o simpatizantes, e incluso el funcionariado
intermedio, se
parece mucho más a lo que Orwell, en su genial no­
vela 1984, llama negroblanco y dobl.pemllT. Negroblanco "significa
la buena y leal voluntad de afirmar que lo negro es blanco cuando
la discipllna del Partido lo exija. Pero también se designa con esta
palabra la facultad de cree,-que lo negro es blanco, más aún, de saber
que lo negro es blanco y dlvidar que algnna vez se creyó Jo contrario".
En cuanto a doblepens11r, "significa el poder, la facultad de sostener
dos opiniones contradietorias simultáneamente, dos creencias con­
trarias albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido
sabe... que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se sa­
tisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepem11r en el sen­
tido
de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser
consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión,
pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un senti­
miento
de falsedad y, por tanto, de culpabilidad. El d,,blepmstl<' está
arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del
Partido es el empleo del engalío consciente, conservando a
la vez la
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LA DIALECTICA MARXISTA
firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica hontadez Decir
mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo
hecho que no conV'ellga recordar, y luego, cuando vuelva a ser nece­
sario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga; negar la
realidad objetiva sin deja¡-ni por un momento de saber que existe
esta tealidad que se niega ... ; todo esto es indispensable. Incluso para
usar la palabra doblepemar es preciso emplear el doblepensar. Por­
que
al usar la palabra se admite que se estáti· haciendo trampas con
la realidad. Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este
conocimi~to; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siem­
pre unos pasos delante de la verdad" (5).
Si donde dice "'doblepensar" ponemos "dialéctica", obteoemos
una admirable descripción de su empleo en la URSS o en China.
El. auténtico comunista entrena sistemáticamente su mente en esta
dirección. Es peifectamente capaz de t:reM' que las instituciones e
ideas
jurídicas, políticas, religiosas, son una "superesttuctura" gene­
rada por las relaciones de producción, y a la vez, que estas ideas o
instituciones
superesttucturales configuran decisivamente la "base"
económica. Con media boca hablará de la "'unidad político-moral del
Partido y del pueblo soviético", con la .Otta nredia griwi que ese
mismo pueblo soviético está lleno de saboteadores y contrarrev0lu­
cionarios que hay que combatir con la "vigilancia revolucionaria",
Etcérem, eteéteta, eteétera. Incluso metido en un campo de concen­
mici6n, con todos los resultados ptiktioos del régimen a la vista,
llegará a negar la evidencia y a seguir dando explicaciones "dialécti­
cas",

es
decir, a mostmtse totalmente impermeable a cualquier at·
gumentaci6n racional. En el tomo 2 de Archipiél,,go GULAG (6),
Sobihenitsyn ha dedicado a esta clase de personas un capitulo ente­
ro -"Los bien pensantes" -que me dispensa de alargar la descripción.
Lo que si quiero subrayar es que un funcionario comunista puede
razonar "dialécticamente" con toda sinceridad, y, a la vez, saber per·
fecwnente que se ttata de un sistema de nzonamiento mendaz. Las
(5) GeOllGl! O!tWl!LL: 1984, trad. R. Vázquez Zamora, colección «Li­
bros RTV», Salvat, Estella, 1970, pdgs. 162-164.
( 6) Trad. L. Gabriel, Plaza & Jan&, Esplnga• de Uobrega~ 1976, pá­
ginas 235-258.
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VLADIMIRO LAMSDORFF-GALAGANE
razones para adoptarlo, incluso "interiorizarlo", podrán variar de
un individuo a otro: desde el dnico, que se lo toma como condición
necesaria
para ocupar un cargo y disfrutar los con:espondientes pri­
vilegios ( en un país ron funm pobreza como la URSS, es una razón
de bastante más peso que entre nosotros), hasta el intelectual de
buena fe, que "se lo aee", cabe toda Ulla gáma de motivaciones in­
termedias. Pero,
por lo que sea, el caso es que bay personas, entre
los
comunistas que "de verdad" razonan "dialécticamente". Y las
demás lo hacen ver.
La aplicación y utilización constantes de este método "dialécrico"
ha dado lugar a todo un sistema, a todo un universo de mentiras, a ro.,
do un mundo mental, que poco tiene que ver con la realidad. Su mejor
estudio
de conjunto que yo COllozco es el que ba realizado uno de
los mejores
expertos mundiales en comunismo, Román Redlich, en
un llbro de título un tllnto estremecedor: El estalinismo como fen6-
"""'° espiritlllll (J).
Lo que Solzhenitsyn o Madirnn llamán simplemente "mentiras",
Redlich,
con más técnica, lo clasifica en "mitos" y "ficcionés". Mito
es un mentira diclia con la intención, o la esperanza, de que dentro
y fuera de la lmSS se la aean. En cambio, una füci6n se proclama
desde
la trrbuna, pero· no se la aee ni el orador ni el auditorio, y
el orador lo sabe perfectamente. Sin embargo, órdenes son órdenes,
y la ñooión se va repitiendo' una y otra vez. Desde luego, la divisoria
enti:e mito y ficción es imprecisa y vari~ble: algo puede ser mito en
Occidente, y ficción en la: URSS, o pasar normal es que pase de mito a ficción). Pero son cosas distintas. Co­
mo mitos, podemos citar lo de que el ''socialismo" es más "adelan­
tado" ·que el·"ca.pitalism>"', O 1a "ciehtificidad'" ·arel _,.i:natJmsmo .. , o
la "lucha ele clases", fa -"agresi6n imperialista"; el "ttvan mán". En cambio, son absolutas ficciones, por-ejempío, la "Consti­
tución más democrática ele! mundo", el "entusiasmo de las masas",
la "ira ·de todo el pueblo" oontra posibles disidentes, o bien la "állllis­
tad fraterna entre las nacionalidades soviéticas".
(7) Stdllnschinit Aak dttj6tmiy}niom,n, PóssevCVerl>.g, Fmnkfurt/Maln,
1971, desgraciadamente no traducido al español.
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LA DULECTICA MARXISTA
No debe creerse que la repetición de. estas ficciones sea un sim­
ple "número", algo totalmente desprovisto de alcance práctico. Al
contrario, no sólo cada mito, sino indll&'O cada ficción; tienen, un
oometido muy ooncreto en cuanto a incidir sobre .la ll()fllWCta del súb­
dito soviétioo, independientemen.te de que crea o no en ellos. Como
escribe Redlich: "Es que profesar el dogma oficial es obligatorio
en la URSS. Todo ciudadano soviético, desde el mismo Stalin hasta
el último pequeñajo en la guardería del más perdido koljós, está
obligado a creer, o mejor dicho, a hacer vet que cree, que no cabe
vida mejor
que :la que lleva, pues el Partido dice siempre la verdad
y
sólo la .venlad, y hace el bien y sólo el •bien. Esta fe, o como es
siempre
,insuficiente, esta imitación de fe, los soviéticos están obli­
gados a
demoswarla en ,,ctos" (8). Es decir, a votar a favor, a re­
dactar
trabajos en clase de formación política, a participar en mani­
festaciones, a cumplir el plan, a oolaborar con la KGB, etc. Por ejem­
plo, la ficción de la "ira del pueblo", en que no Gree nadie, sin
embargo impide muy
eficazmente que la gente se solidarice con los
disidentes procesados; la ficción del "entusiasmo de las masas" sir­
ve
para que a nadie se le ocurra rerongar o prooestar por las oondi­
ciones laborales. Y
así, todas. Redlich pone un ejemplo especialmente
ilustrativo: en los años tteinta, Stalin "oolectivizó'' la agricultura,
desterrando
a varios millones de campesinos. El resultado· fue el
hambre, que se llevó a ottos varios millones de personas. Pues bien,
mienttas aún
se hacían sentir sus efectos, mienttas habfá gente mu­
riendo de inanici6n, Stalin proclamó que "la vida es más dichosa,
la vida es más acomodada". A primera vista, parece no tener sentido.
Pero
sí lo tiene. Oigamos a Redlich: "En esta ficción se refleja con
particular
audeza el deseo expreso de falsear la realidad... Se exi­
ge de la población una actitud muy determinada ante esta ficción.
No prooestar contta ella es absolutamente insuficiente.· Hay que pro­
fesarla activamente. Esto se hace en innnmerables expresiones co­
lectivas de agradecimiento a Stalin por la vida dichosa. Se hace en
manifestaciones, en que la gente no debe limitarse a pasar ante la
ttibuna de los jefes, sino que con canciones, danms · y caras radian-
(8) Slá/i,u,hina, pip. 61-62.
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VLADIMIR.O LAMSDOIIFP-GALAGANE
tes debe expresar el slogan: «¡Grnclas al camarada Stalin por UJ1a
vida feliz!>.
"Las ficciones no son sólo una manifestación, sino también UJ1a
fuena eficaz del régimen ••. En parriculru:, la ficción de la vida di­
chosa y acomodada no sólo se machaca en el cerebro de los súbditos
soviéticos
por unos gigantescos servicios de propaganda, sino que
~di> se hooe •eperir, aun de boquilla, al pueblo, sirve para alow.­
zar tres objetivos;
"l. No permite al ciudadano soviético quejarse de las dificul­
tades
de la vida diaria.
"2. Facilita
el desarrollo de una psicologia de robots, de seres
capaces
de percibir su condición como debida y hasta enconrrar en
ella cierta satisfacción.
"3. Pru:aliza
en la población los restos de voluntad de resistencia.
"Personas
que no se atreven a estar 'hoscas y silenciosas, que
deben retorcer sus rosrros en muecas de álegría, dar las gracias al
poder
soviético por la dicha de florecer bajo el sal de la Constitución
estaliniana -para lo cual se necesitan no pocas energías espiritua­
les-, tales personas pierden gradualmente toda capacidad de fe sin­
cera,
y con ella, toda capacidad de resistencia" (9).
¡Qué lejos estamos del inofensivo autobombo académico del pro­
fesor Hegel!
La dialéctica, actualmente, se ha convertido en instru­
mento directo de un poder totalitario, que, no lo olvidemos, nos ame­
naza también a nosotros.
Y elato, lo que se nos ]'lantea a los no comunistas es el proble­
ma de qué acritud priittica tomru: ante toda esta propaganda "dialéc­
tica" que, al fin y al cabo, está dirigida a nosotros. Desde lue­
/!P, no soy quién para dru: consejos a nadie. Me limitaré a exponer
mi propia acritud, inspirnda, eso sí, en la de los creyentes de la Igle­
sia del Silencio. Es simplemente ig,,o,a,. Ni atacar, ni criticar, ni
discutir, ni denunciar, ni luchru:; sino simplemente no oír. Las auto­
ridades comunistas saben
que un creyente, aunque no proteste por
nada, aunque o!,ede,ca en todo a1 régimen, jam'8 interiorizará sin­
ceramente
su sistema de mitos y ficciones, po,qne en su lugar tie-
(9) IhliJ., p!gs. 79-80.
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Fundaci\363n Speiro

LA DIALECTICA MARXISTA
ne la fe. Luego verá siempre en la conduaa del creyente algo
imprevisible, algo no sometido a control Luego iuchará siempre,
mientras
exista, por la aniquilación de toda religioo. El creyente,
en cambio, no ludha contra d poder, ni contra sus mitos. Se li­
mita a ir a
Jo suyo, a predicar el Evangelio, sin tener para nada en
cuenta la ideología oficial Y, para el poder, esto es quizá más peligro­
so incluso que la luoha abierta, porque lo priva de su justificación, Jo
descubre como lo que es: una estruetura de violencia al servicio de
una
pandilla de gangsters, En la lucha, algo de común se tiene siem­
pre con el adv=io. En ounbio, alhí, no, y por eso es la manera
de
aparcar radicalmente el velo de mentira "dialéctica" en que este
adversario se envuelve: romo escribe Soblhenitsyn, "la mentira, ro­
mo la peste, sólo puede vivir en los hombres" (10); luego cuando
los hombres la
ignomn, 'se desvanece por sí sola.
Pues
ésta es un poco la actitud que adopto también aquí en
Occidente.
No discuto con un razonamiento "dialéctico". Como he­
mos visto, lógicamente no tiene sentido; luego, ¿qué discusión, qué
"diálogo" cabe con
él? Cuando una persona se me acerca y me lan­
za una serie de sonidos inarticulados ---s,rrr-pak-flüüüü-, por mu­
cha buena fe, convicción, sinceridad que ponga en ello, yo Jo siento
mucho, pero no tengo nada que contestarle. Y si no hay tal buena
fe, con más motivo: el que miente se pone al margen de la comuni­
cación humana ordinaria.
Se le puede pegar, se le puede escupir, se
le puede dar la espalda, pero lo que nn se puede hacer es discutir.
Luego, como
cualquiet razonamiento de los marxistas está impreg­
nado
de "dialéctici,", tengo todo lo que dicen por no dicho. Por
consiguiente, me formo yo mismo mis propios juicios sobre temas
sociales, e11jo yo mismo los problemas que me parecen prioritarios,
les propugno las soluciones que a
mf me parecen mejores; en una
palabra,
procaro mejorar en lo que puedo la realidad que me rodea.
De lo que dicen las teorías "dialécticas" no me ocupo ni para re­
futarlo: prefiero ir a lo mfo, es decir, a k> miestro, y no gastar pól­
vora en salvas. Parafmseando un viejo aforismo oriental: ante la
verdad, alegría; ante la mentira, indiferencia.
(10) Loe. eit.
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