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Armonía y dialéctica en la naturaleza

ARMONIA Y D!ALECTiiGA EN LA NATURALEllA.
POR
JULIO GARJUDO
Las ciencias naturales, cuyo objero es describir y explicar el
mundo que nos rodea, tienen su método propio de observación,
experimentación y dedua:rión
y en estas ttes etapas apw,ecen los
conce¡pws de armonía y dialéctica.
Pero, ¿cómo se pueden definir estos dos conceptos desde el
punto de vista de las ciencias naturales?
Ordinariamente
se define la """'""" como el conjunto de reJa. ciones que eJásten entre las diversas pa,tes de un rodo que hacen
que estas partes
concurran a un mismo efecto en esta rota.lidad. Re­
sulta, pues, que este concepto se relaciona directamente con el omen
y la nrganizaciñtl y hasta con la noción de finalidad; así, decía Glande
Bemard, que "todos los fenómenos de un cuerpo vwo está en armo­
nía recíproed".
En la naruraleza hay que tener en cuenta la existencia de dos
tipos de annonía: la dmzimía sincrónica y fa armoma diaorónica:
La armonía ,sincrónica se refiere al conjunto de relaciones entre
fas diversas partes de un todo en un momento deeemzinado, o sea, en
su
constitudón, independientemente de fa variable tiempo. Dentro
de esta categoría se comprenden las armonías de constitución o es·
trucrural.es de los seres naturales. De estas armonías fas más especta·
rulares son Jas maravillas anatómicas del cuerpo humano o de los
anúooles, del ojo por ejemplo.
Lás annonías diacrónicas son aquellas relacionadas con las di­
versas
partes de un todo que varía . con el tiempo, un todo dint,.
mico que se tram/wma o si se quiere que es evolutiw. Aquí las
armonías se refieren a fas conexiones, · víncuflos o tmbuzónes entte
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dos estructuras diferentes de un todo; una, anterior a la transforma~
ción y, .otra, posterior a ésta.
Las transfoomaciones o evoluciones pueden ser debidas 6nio,..
mente a causas internas a aquello que sufre l:a ttanofomiación, pero
más frecuentemente intervienen también caus-as ex11ernas y la trans­
fotmación o evolución es el producto de interferencias, enfrenta­
mientos, colaiboraciones, conexiones o con'SOD.ancias entre dos o más
elemeotos de la realidad.
Es
por la consideración de estas interferencias que ha sutgido
la noción de dialéctica en su acepción hegeliana.
La dia/,éaica hegeliana tiene su origen en Heráclito que veía en
la "guerra", o
sea, en la oposición de contratios, el "origen de todas
las cosas". Según esta concepción, lo real es esencialmente el deve­
nit con la inseparabilidad de los contradictorios (tesis y antítesis)
que se unen en una categoría superior (síntesis).
Esta visión hegeliana
addlece, a nue~o juicio, del defecto de
su simplismo, pues existen muy
diversos tipos de relaciones y la
oposición y los antagonismos son sólo un aspecto de las interacciones
o
interferencias que coadyuvan en el devenir.
Sería útil
establecer una tipología completa de todas las posiMes
in o interferencias posibles en la natura:leza. Se vería
entonces
que la dialéctica heg&iana y el axioma de la produoción
de
una categotía superior (síntesis) por la ludha de los contrarios es
un aptiorismo s las categorías superiores son producto de antagonismos, ni todos
los antagonismos producen categorías superiores.
La di,,J,écüca hegeliana no sólo es un apriorismo simplista, sino
que adolece de
un marcado antropomorfismo subjetivo anticientí­
fico.
Bn ,efecto, el antagonismo conflictivo y la guetra son categorías
derivadas de actitudes y
comportamientos humanos que no signifi­
can gran cosa en la naturaleza.
Para que exista dfaléltica es necesario que exista cierta armonía
entre los contrarios, o sea que deben éstos poseer un conjunto de ca~
racteres comunes para poder oponerse en uno o varios de los caracte­
res en que discrepan. Es posiole, como hacen 'los materialistas dia­
lécticos,
utilizar los antagonismos asimilación-desasimilación, polo
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nort:e o polo sur o burgueses-proletarios, para explicar diversos as­
pectos del devenir de la realidad, porque elida uno de los ele­
mentos que estos pares
de antagonistas poseen entre ellos determi­
nada armonía, dete,minados caracteres y modalidades comunes. Los
conttatios están bajo un mismo género, decía Aristóteles.
La dia!éotica u oposición sólo es posible si existe cierta a1'tnonía.
Lo que es todavía más discutible es la afirmación que el enfren­
tamiento de los
contrarios produzca una categoría sulpetior.
Para no caer en el antropomoJlfismo subjetiviota había que po­
nerse de acuerdo sobre lo que se entiende por categoría superior.
¿Será aquella que contenga mayor· número de armonías, mayor com­
plejidad, mayor estabilidad o mayor belleza?
En
estas afirmaciones sobre la superioridad de las síntesis hege­
lianas, los
marxistas cometen cantidad de errores ya señalados por
mu estos errores la
tonfusión entre el conocimiento de la realidad y
la realidad
misma. Un ejemplo muy demostrativo es el que utili7All
muchos marxistas para exponer su tesis, el de la naturaleza de la
luz
que sería la sínt:esis de dos contrarios: onda y co~púscufo y la
mecánica ondulatoria
sería la síntesis superior surgida de esta con­
tradicción. Pero esta dualidad, onda-corpúscU'lo, no corresponde a
una
contradittión, sino que es el resultado de la necesidad que tie­
ne
el físico de proceder por esquematizaciones, idealizaciones y abs­
tracciones.
Se encuentra con esto en presencia de aspectos diversos
que son
en apariencia contradictorios, pero son complementarlos y,
como dice el fundador de la mecánica ondulatoria I.ouis de Broglie,
estos dos aspectos
que parecen irreconciliables, no implican nunca
contradicción. Cuando uno de ellos se afirma, el otro se esfuma en
la medida exata para que se pueda evitar el enfrentamiento y la con­
tradicción.
La síntesis no es en este caso más que una hipótesis más perfecta
que recoge en una sola doctrina los aspectos diversos de una rica
realidad. La dialéctica no ha creado ninguna categoría su,perior en
la realidad, sino
sólo en nuestro conocimiento. 11¡,rnaron< "categoría
superior" porque es U11a. teoría que contiene mayor número de ar­
monías entre la realidad y nuestra imagen mental de ésta.
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Lo que interesa a las ciencias natuncles es acercar lo más posible
nuestros conocimientos o imágenes subjetivas del mundo con la
realidad misma.
En la realidad de la natural-, la ll~ dialéctica hegeliana
no es más que uno de los aspectos de la complejidad y de las inte­
raociones entre los seres, fenómenos, las leyes y las regularidades que
rigen estas intreraocion-es. Estas interacciones son la apresión de ar­
monías en el devenir. La natu:raleza se desarrolla bajo el signo de la
armonía y del otden y no del enfrentamiento y la destrucción.
• • •
Esta afirmación que se desprende de todo análisis de las reali­
dades del mundo
maretial merece ser examinada con más detalle.
m primer problema es considerar si este orden y armonía tiene ca­
rácter objetivo o es simplemente el resultado de una esquematiza­
ción e
idealización subjetiva.
Es necesario insistir en estas consideraciones sobre la subjetividad
y la objetividad de la armonía, pues ·a1ioira estamos en un momento
en que el subjetivismo lo iovade todo y muchos creen que la verdad,
la
bondad o la belleza son algo que depende principalmente de
nuestra opinión, de nuestras profodas o de nuestra conciencia. Si
así fuese, sobraría la ciencia y sobraría la inteligencia.
Pues bien, en la f~ ,elación objeto-,ujeto, hay que
cons.iderat cuando se aplica a la noción de armonía: prim,,,o, la re­
lación entre
el objeto (la naturaleza) y el sujeto que la contempla,
o sea,
Jo que se llama la observación; segtmdo, la relación entre el
objeto y el sujeto que lo interpreta, o ses, las deduociones y tercero,
la relación entre el objeto y el sujeto que lo ha creado, o sea, el pro­
blema
de los orígenes.
• * *
La contemplación de la naturaleza revela inmediatamente la pre­
sencia de
un orden, de. una armonía. Hay órdenes sendllos en los
cuales los elementos ordenados no se juntan para formar un todo
tal como
ocurre con la . serie de los números enteros, no surge de
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este orden un todo limitado e individualizado. Este tipo de orden es
propio del mundo inorgánico y el ejemplo más demostrativo es el
de los cristales en los que los elementos que los forman se agrupan
de un modo ordenado, triplemenre peri6dico según simetrías regu­
lares
que la observación y la deducción racional han demostrado que
obedecen a 230
grupos de simetrías. Este heobo nos indica clara­
mente que en el mundo inorgánico rige un orden y una armonía ra­
cionales. Nuestra inteligencia es capaz no sólo de "Preciar este orden
y esta =onla, sino de reconocer y sistematiza< las posibilidades m­
ciolll>!es de ordenación..
Cuando
subimos en la escala de los seres naturales, nos encon­
tramos con ordenaciones y armonías que forman un todo, en que las
partes contribuyen cada una
de ellas a una finalidad determinada
del todo: son los seres vivos, los seres orgánicos, que tienen órganos.
Es sol=ente en los seres orgánicos que se pu truos. No existen monstruos minerales, no existen monstruos me­
cánioos. Todo aquello que no posee una cOhesión interna, orgánica,
cuya. forma, estructura y dimensiones no están fijadas por un módulo
o modelo,
no puede ser tllChado de monstruosos en el sentido es­
tricto de la palabra. Se podrá decir de una roca o de las montañas
que son eno,mes o grandiosas, pero no se puede decir que sean mons­
truosas pues en esta idea entra una noción
de calidad y no de can­
tidad. Y
la calidad principal es la armonía y el orden.
El estudio, esta calidad dada
por el orden y la armonía nos lleva
al
esrudio de las relaciones entre el ob¡eto y el suiet<> que lo inte,­
-¡,reta, es decir, a las deducci estudio
de las aimonías de la naturaleza. El estudio de estas armonías
es, ni más ni menos, la finalidad de las cieru:ias naturales. Se ex­
presan
estas armonías por medio de leyes que actúan como causas
materiales y eficientes de los hechos naturales. Los mat&ialistas y
los mecanicistas niegan el
prim:iipio de finalidad. En oposición al
sentido común (sin el cual
no existe la ciencia), no wcilan en afir­
mar que las oves no están dotadas de all>s ,para volar sino que vuelan
porque tienen alas y el ojo no está hecho ,para ver, sino que vemos
porque tenemos ojos. Posiciones ·esencialmente anticientíficas, pues
en
el an:ilisis de las estructuras y fenómenos naturales no hay nada
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más fructífero que el preguntarse, ¿pam qué existe tal o cual par·
ticularidad
de la estructura o del comportamiento?
A muchos . cientJficos modernos les resulta difícil reconocer la
existencia real
de un principio de :finalidad, pero en realidad lo ad­
miten disimulando su claudicación, empleando otro nombre de re­
sonancias pedantes : J., teleonomía.
Se ha pretendido demostrar que la contingencia de las leyes na­
turales es tanto mayor cuanto más· ,nos elevamos en los grados de
nrgaoimción de los seres; ésta fue la posición de Boutroux en sus
obras clásicas L'idée de lt>i naturelle y Contmgence des lt>is de la
ndtfltt'e. No creemos que esta tesis sea sostenible actualmente, pues a
medida que nos elevamos en la jerarquÍJt de los seres, disminuye la
contingencia
en Jo que se refiere a las regolatidades de su esrrnc­
rura y c:o.tnporramiento. ·
Las leyes morfugenéticas son tanto más ¡,recisas y definidas y
mejor coordinadas cuanto más complejo es el ser natural considerado.
El estudio
de estas leyes mottogenéticas nos lleva a considerar el
tercer aspecto de !las , rando
el sujeto que h~ creado el ob¡et fundamental
de la existencia de un plan en la naturaleza o la ausen­
cia
de éste, y entonces todas las regwaridades y armonías serían
simplemente
fruto del azM". ¿Es el universo fruto de un ¡,Jan o un
mero accidente casual?
Un · premio Nobel de biología, con ribetes de filósofo, enunció
como
solución a este problema la antinomia: amr y necesidad. El
amr surgiría de forma imprevisible, insólita y fortuita en la naru­
mleza;
la necesidad sería, por oposición, aquello que no varía en un
proceso, lo que puede ser previsto y lo que ocurre ineluctablemente.
Las leyes marcan la necesidad, la contingencia, el amr. Pero dejando
de
un lado la contingencia debida a nuestra ignorancia vencil:,le o
inveócible
y !a a drío, en el desarrollo de la realidad, la existencia de leyes, de nece·
s~es, implica la presencia de un plan e indica <¡ue el universo
no es mero accidente casuai, sino que en su estructuración y desa­
rrollo intervienen leyes y regu!M"idades .necesarias, y leyes y regu­
laridades en la interacción e intetterencia de éstas, creando un a ma--
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ARMONIA Y DIALECTICA EN LA NATURALEZA
nera de trama o tejido más o menr,s ,ompücado que las ciencias na­
tu Lo que ocurre es que muchos científicos modernos no quieren
admitir
la existencia de up. plan pam 110 tener que admitiJ: un pla­
nifa:ador. Es una maaifest¡¡ción de la teofobia que muohos quieren
disfrazl>r con ropajes de objetividad .y espíritu científico.
Reoordemos a Auguste Comte, que con su positivismo quería
elevar a la categoría de religión el espíritu científico, doctoraJmen­
te afürmó que "nunca se podría saber cómo están los átomos" (1).
Algún tiempo después, el
descubrimiento de los fenómenos de di­
fracción
de los rayos X y los progresos de la físicoqulmica permi­
tieron decermiuar
con . toda seguridad la estruetura a<óm.ica de los
cuerpoo materiales. Es una buena lección para aquellos que quieren
deducir conclusiones definitivas generales a
partir del estado momen­
táneo
de las ciencias naturales.
A medida que se desarrolla nuestro conocimiento científico, se
destaca más
claramente a todos los niveles (partícttlas elementales,
átomos, ·cristaies, seres vivos) :la. coherencia y la unificación de los
elementos en un todo, de acnerdo con un princi¡pio que se llama
ahora de integración. íntimamente relacionado con la finalidad o te­
leonoJJÚa.
Es la integración fuente de las construcciones, estructuras y fun­
cionamientos que se despliegan en el espacio y en la temporalidad
de los acontecimientos. La integración es una operaci6n unificadora
y sobre todo 7erarqllÍzante que rige la construcción según una ar­
quitectura en "un edificio que se estructura por 'Ullla serie de !inte­
graciones formando conjuntos que se asocian para construir otros
conjuntos de nivel superior"
como dice el proresor F. Jacob en su
libro Lo logique du vwam, donde expone su teoría del "integr6n"
como unidad constituida por la integración armónica de subunidades.
Las integraciones se llevan a cabo de acuerdo con las leyes na­
turales y en este concepto de ley na mismo los marxistas (aunque no les gusta 1-tblar demasiado de él)
(1) Co11r.s de philosophia positive, París, 1930-42, .. vol. VIII, pág. 115.
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que los espiritualistas y tomistas. Oparin, miembro de la Academia
de Ciencias soviética, ba dicho, criticando el mecanicismo: "los pro­
gresos
enormes de las ciencias de la naturaleza han permitido llegar
a la mnvicción que la aparición de la vida no ha sido el fruto de
un azar feliz, como se pensa:ba anteriormente, sino que debe ser
considerada como un fenómeno inseparable de la evolución general
de nuestro planeta". Esta afirmación de Opatin, que no. ha sido
proihibida rpor el partido comunista, lleva consigo la idea de que
existe aJgo ,que ditige el proceso evolutivo. Y la confesión de la
necesidad
de admitir la existencia de este "algo" es ro que ha hedho
afirmar
,a varios autores ( entre ellos el excelente filósofo argentino
Paulina
Ares Som07a), que los marxistas sigueo en mudhos puntos
a Aristóteles y quiereo presentar numerosas tesis aristotélicas romo
descubiertas rpor ellos mismos. Pero en el discurrir de su peosa­
miento mimético veo que van a chocar coa las tesis del materia:lis­
mo dialéctico y se ven· obligados a detenerse, pues delante de ellos
se
abre inexorablemeote un abismo de contradicciones que les obli­
garía a revisar y a abandonar sus tesis furulamentales.
La divergencia fundamental entire el marxismo y el tomismo es
que para el marxismo la ley natura! es sólo inmaoeote a Jo que exis­
te;
y de la materia original ha surgido todo lo que existe. Es una
metafísica de tipo panteísta-monista. En cambio, para el tomismo
y para .toda ortodoxia católica, la ley natural es expresión de un
Pensamiento o lnteligeocia inmanente pero también tranSCendeote.
Resulta una alternativa: o el materialismo dialéctico con su metafí­
sica panteísta-monista o el
realirmo est_,i,ritfhtista ron s.u metafísica
de la Creación.
E:l marxismo a.firma que sólo existe la materia y a partir d-e ésta
y de sus propiedades se debe ""J)licat todo cuanto existe y ha exis­
tido, y todo cuanto sucede y sucederá ea el Universo.
Pero
si rodo es consecuencia de la materia, ésta contenía en su
origen todo lo que luego apareció y entonces se cae de nuevo en el
materialismo mecanidstia qu,e se ha creído superar con el materia­
lismo dialéctico; o si no, en un mnjunto de inmngtueocias como la
afirmación del filósofo soviético Konstatioov que llega a decir que
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ARMONIA Y DIALBCTICA EN LA NATURALEZA
"la ronciencia procede de la materia pero no es material", sin que
por esto acepte la iomaterialidad de lia ronciencia.
Si la materia tenía en su origen todo lo . que vemos sutgir de
ella, estructuras, vida, pensamiento, conciencia, ete., entonces la ma­
teria ya poseía en sí misma, desde siempre, la vida y .la conciencia,
aunque sea
de una manera "virtual'" o ",potencial'". Si la materia
contenía vida y conciencia, entonces
oo hay dialéctica en la naturaleza,
porque la diailéctica en el marxismo significa novedad y progreso
y todas las posibilidades de romplejidad y progreso estaban ya en
la materia primitiva y lo 6nico que bi ocurrido es que estas cuali­
dades de la materia se !han manif~stado de un modo gradual.
Si la materia original no tenía rodas las !pIOlpiedades que luego
se han manifestado en ella, no hay más remedio que apelar a Ou-o,
a Alguien, que las contiene y este ,.;igu;en es un sujeto portador de
estas propiedades
que se manifiestan en la materia por medio de las
leyes
de cuya incidencia surgen las armonías de la naturaleza.
Además, cuando nos remontamos en el tiempo vemos que lama­
teria se simplifi01, disminuye su complejidad y llega a ser, en el
límite de nuestro viaje a través de'l tiempo, "casi t'kxhl' y este "casi
nada" estaría solamente formado por partículas elementa!les y radia­
ciones, formando
un plasma amorfo con · algunos átomos de hidró­
geno, puesto que este e)ementó se conrvierte de un modo permanente
y de un modo irreversible en helio. Para mantener el dogma de la
eternidad del universo, algunos llegan a admitir gratuitamente que
existe una creación continua de hidrógeno. Existe, por tanto, una
contradicción rentre 1a eternídad de la materia y su agotamiento.
Si se admite que el universo no es eterno, podemos afirmar que
existe uo ser necesario, pues, si en un momento dado nada existía,
nada existirá nunca, puesto que
la nada absoluta no puede producir
nada. Pero el universo existe y nosotros vivimos y, por lo tanto, la
nada absoluta no existe ni ha existido nuna..
La ciencia nos 'informa de un modo cada vez más preciso sobre
su .pasado y su !Presente. El universo ha tenido un principio y la
ciencia astronómica confirma este modelo que hace impensable
_ el ateísmo. Si se considera el universo material como un ser abso­
luto, increado, es el que ha producido la vida y el ,pensamiento, el
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hidrógeno o las partículas elementa:les tendrían vida y pensamiento.
Para a ciencia positiva, son estas afirmaciones, fantasías inútiles, y
para la filosofía, defEcto de raz.onamiento basados en prejuicios ar­
·~itrarlos cuando no anti.rracionaies.
Algunos han hablado de autocreación, lo cual es algo absurdo,
pues para crearse llay que ser primero y si se es ya no es necesario
crearse.
El mundo y la materia no son cientlficamente concebibles solos.
EstltlllOs obligados, como decía Aristóteles, a buscar algo por en­
cima de la materia. No tenemos más remedio que admitir una dua­
lidad: el mundo
y Dios.
El mundo está regido por un conjunto de leyes coherentes que
dirigen nuestra cosmología. Cosmología
y leyes que los progresos
de
ios estudios espaciales han demostrado que son universales, las
leyes de la física y de la química son constantes e iguales en todos
los planetas
y en las más lejanas estrellas. Es interesante recalcar esta
observación, pues actualmente
circulan innumerables obras de cien­
ciaAicción en las que de un modo más o menos feliz se imaginan
mundos diferentes del nuestro en los que rigen leyes distinras de
las que conocemoo. No tienen estas lucubraciones valor superior al
de los cuentos de ,hadas y son mucho menos divertidos.
Solamente serán probablemente
cambiadas las leyes del cosmos
en el momento del fin y de la renovación del mundo, según nos
enseña la fe ortodoxa.
Sería de gran interés estudiar
y analizar a la luz de la ciencia
moderna
fas afim,,iciones de la Tradición sobre esta renovación del
mundo en el
último día. A mi juicio nunca se insistirá demasiado
sobre
la idea de que nuestra rellgión es una religión patrística más
que U11i! religión bíblica, porque los Santos Padres son los auténti­
cos
intérlpretes · de las enseñanzas de Nuestro Señor transmitidas por
los Evangelios
y por la tradición oral. De modo que la importancia
de las ensefianzas de la Iglesia es tanto mayor cuanto más nos acer­
camos a sus odgenes, porque estamos más cerca de la fuente y a me­
dida que nos alejamos de este origen se diluye ly adultera la doctrina
con facilidad. Lo mismo ocurre con los Concilios, que cuanto más
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ARMONIA Y D/ALECTICA EN LA NATURALEZA
antiguos son, se refieren a verdades más fundamentales en su aspectO
dogmático.
En lo referente a la cosmología después de la . segunda venida de
Nuestro Señor Jesucrisro, tenemos escritos doctrinales en San Cirilo
de Jerusalén (siglo rv), que en su catequesis bautismal número XV
dice textualmente:
"N.S. Jesu-Cristo vendrá de los cielos al fin del mundo, el últi­
mo día pues el mundo tendrá un fin y ese mundo creado será reno­
vado. Como consecuencía
de la cotrupción, el adulterio y las faltas
de toda índole se han extendido sobre la tierra ... y para que la mo­
rada del hombre no esté llena de injusticias, este mundo pasará, y
será inaugutado otro más bello".
Otros ilustres padres
de la Iglesia como los dos Gregarios ( el
Nazianzeno y el Niseno), San Juan Crisósromo, y San Agustín, en­
señan ""que el mundo creado será renovado"
San Juan Crisóstomo IJ.ace notar que así como los hombres que
habitan la tierra no serán destruidos y no desaparecerán sino que
serán
transformados en la incorruptibilidad, lo mismo ocurrirá con
el conjunto
de la creación ""Estará liberada de la servidumbre de la
corrupción".
San Gregario Niseno hace notar que aquel que no admitiese la
idea
de la consumación del mundo "no sería capaz tampoeo de com­
prender
que en el principio Dios creo el cielo y la tierra"".
¿Cómo se realizará esta consumación y trunsfonnadón del mun­
do? Esto escapa a nuestra curiosidad, declata
el mismo Gregario.
Creemos, dice, del mismo modo como tenemos conocimiento por
la fo, que el mundo visible ha sido formado a partir de "elementos
'mdavía no aparentes que desafían la investigación". Del mismo
modo que creemos que la voluntad de Dios basta para producir, a
partir
de la nada, todo lo que existe, "la misma potencia creadora
se puede aplicar a la renovación de sus elementos constitutivos".
San Agustín hace notar que cuando el juicio haya terminado, el
cielo actual y la tierra cesarán y serán reemplazados por un cielo
nuevo
y una tierra nueva. m mundo pasará por una transformación
y no ,por una destrucción total. Las propiedades de los elementos co­
rruptibles adoptados a nuestros cuerpos cotruptibles desaparecerán
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¡uuo GARRIDO
y su esencia adquirirá, por una ad:imrable transformación, propie­
dades que estarán adaptadas a nuestros
cuenpos inmortales.
Pero la denominaci6n de nuevos delO.S y nueva tierra, ¿se debe
aplicar a la rotalidad del universo? Esto es un misterio, pero parece
que siendo
las leyes físicas universales, el cambio de éstas no puede
afectar a una sola porción del cosmos,
por ejemplo, e'! sistema solar.
Aquellos que gocen
de la eterna bienaventuranza vivirán como
los ángeles, como nos dice Nuestro Señor. Toda
esta nueva cosmo­
logía
es para nosotros un misterio reservado por el Señor a la Re­
velación
después de la consumación del mundo. Pero en los nuevos
cielos y en la nueva tierra habitará la justicia y, por lo tanto, la
armonía, la dialéctica perderá todo carácter de antagonismo, pues
en
la nueva antropología desaparecerá la noción del mal y cesará la
oposición de la came y el espfitu, y el drama del abandono de
Dios
y la lucha para la conversión.
Como dice San Sirneón, el nuevo teólogo: "La creación, porque
ha envejecido, porque ha sido mancillada, por nuestros pecados, será
disuelta por el
fuego 'y será refundida y transmutada para volverse
hriUante y nueva sin ninguna comparación con 1a que vemos ahora".
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