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1980

El principio de subsidiariedad

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1980
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El principio de subsidiariedad según la filosofía de la naturaleza

EL PRINCIPIO DE SUBSIDIA.RIEDAD SEGUN
LA FILOSOFIA DE LA NATURALEZA
POR
}OSÉ :MAiúA l'ETIT SuLLÁ
El prmc1p10 de subsidiariedad enuncia u.na norma negativa:·
cuando una función social no es realizada por las personas o enti­
dodes a quienes corresponde por e!l orden natural, las entidades su­
periores pueden
y deben asumir la realización de esta función. Es
un principio de solidaridad que el todo social ejerce por indigen~
cia, o negligencia, de los <:uerJJQS intermedios a quienes correspon·
de propiamente la función sociao.. Enuncia pues la conveniencia de
un "subsidio" o ayuda que va de arriba ·hacia abajo cuando la si­
tuación· lo demanda. Pero fuera de este contexto, y por frecuente
que sea la necesidad de aplicar este principo, lo que positivamente
se recuerda es que normalmente, en la generallidad de los casos, la
comunidad social está organizada respetando la natural jerarquía
entre los diversos órdenes naturales: que no realice una entidad su­
perior lo que otra menor puede realizar. Y este principio social
tiene su ejemplar por excelencia
en la misma Naturaleza.
La naturaleza· física, valga la redundancia puesto que origina­
riamente el término naturalezá expresa lo mismo que e1 término
"físka" en su etimología griega, es el lugar primero y espontáneo
en que
se da la comprensión de todas aquellas realizaciones en que
consiste la vida humana, en
la medida en que ella comporta siem­
pre algo de desarrollo, despliegue,
acrualizaci6n, en fin, de toda
una serie
de potencialidades.
Santo Tomás, en su
Suma contr"' gentes, argumenta la indiso,
lubilidad del mamimonió
basándose en que también · entre los ani­
males sucede que
los progenitores permanecen unidos en la med:da
en que lo requiere el cuidado de sus crías. Y, así, entre todos los
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JOSB MARIA PBTIT SUUA
animales, continúa Santo Tomás, vemos que las aves son de entre
todos
lo que más tiempo permanecen juntos a fin de ensefiar a
sus crías ya nacidas el arte de volar que no se desarrolla irunedia·
tamente. Mucho más, pues~ el hombre y la mujer que cuidan siem·
pre de sus hijo.s en tanto que nunca puede darse por terminado su
desarrollado espiritual y siempre necesitan del consejo de sus pa­
dres. Toda la educación ha sido comparada al cuidado que requiere
el crecimiento
de una planta y así es fácil ver cómo el orden huma­
no es referido a
un conocimiento profundo de la Natura1e:aa.
Y no sólo en el ordeo natural de la vida humana sino también
las mismas
reaJ.idades sobrenaturales adquieren su comprensión, por
una correcta analogía, po-r referencia a la naturaleza física en lo que
ella tiene de más orgánico y vital. A este respecto basta recordar
corno
las parábolas evangélicas, en las que se ejernpilifica la palabra
de
Dioo, la Iglesia, es decir, el reino de los cielos, la fructificación
en obras de santidad, la enttega a la misión apostólica, la Provi­
denGia de Dios Padre, etc., mediante referencias a la vida vegetal
o animal. :Recordemos solamente algunas de ellas: el reino de los
delos es semejante a· un gra-no de mostam, que es la más pequeña
de las semillas, pero cuando se desarrolla es un árbo[ frondoso y
las av,es habitan en sus ramas. El grano de rrigo no fructifica si
no es enterrado bajo tierra y lll!llere. Los lirios del campo y las aves
del cielo son vestidos y alimentados sin hilar, ni trabajar,
ni almace­
nar, pues cuida de ellos el Padre celestial, etc. La comprensión
. de
la
naturaleza como un todo plmai y ordenado en el que cada cosa
cumple su función
de acuerdo con su propia naturaleza específica
en un orden de relaclón y de causalidad que tiende al bien del todo
y de las partes es una condición necesar,ia y armónicamente acorde
oon las funciones y el fin propio del hombre, fin de la creación y
cuin:iina.ción de ella.
En la naturaleza, pues, rige la jerarquía de órdenes, la escala
de los ser-es, que revelan en toda su multiforme riqueza ,cómo el
bien de cada sustancia individual se entaiza en el bien del todo al
que
sirven y del - que reciben-'los medios -para su· propia perfección.
Todo
el universo creado patentiza la unidad y bondad de su _autor
que, lejos de. asemejarse a un mero "Deos ex machina" se mani:-
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fiesta en la plural y jerarquizada realidad física romo un ser per­
sonal de .cuya infinita perfección participan, en diverso modo, .to­
das las criaturas que son la obra de su sabiduría y de su amor.
¿Cuál
es la lección que para nuestro tema puede desprenderse
de la contemplación de tan maravillosa
y plural riqueza? Siendo
el orden social esencialmente humano, ¿podemos comprender el
principio de subsidíariedad en la natura:leza? En efecto, una correcta
filosofía natural pone de relieve, por contraste con
aquellas filoso­
fías materialistas pcesocráticas y las . filosóf!as mecanicistas de la
modernidad, que el muodo natural no se equipara al monismo y
mecanismo que sugieren estas filosofías, antes-a'l crintrario, pone
de relieve la realidad de las formas, romo verdaderas configura­
ciones, con realidad propia y finalidad específica.
El socialismo po·
iítico fue precedido del mecaniscismo como concepcion -"científica"
de la naturaleza. A la ilustración le precede el racionalismo por el
que la naturaleza es vista como uo amorfo campo de puras leyes
sin realidades naturales propiamente tales. Y ésta puede ser una
lección de la que sacar consecuencias válidas y prácticas para nues­
tro tiempo.
La sociedad es hoy desnaturalizada y desintegrada en nombre de
!la "racionalidad", de la "cientificidad", que tiene su e:xprwión pro­
totípic-a en una naturaleza matema.tizada. Las pseudociencias con­
temporáneas atomizan la realidad que dicen analizar pará poderla
som:eter a supuestas leyes de comportamientos cuya única y reai
finalidad es someter el conjunto social a directrices emanadas desde
la pura voluntad de dominio.
El "socialismo científiro" se prellica
hoy indirecta pero eficazmente a través del modelo mecanicista· y
consiste esenlcialrnente en negar la realidad de 1os seres natürailes,
cuerpos irnermedios., y del principio teleológico que los anima. De­
cir que sólo el Estado es hoy capaz de realizar "eficazmente" las
funciones propias de otros cuerpos intermedios es como reducir fa
sociedad a un agregado de partículas elementales, que no obedecen
más que a un-as pocas leyes superiores¡, y que por sí mismas carecen
de toda entidad. 'Materialismo e idealismo absdluto no sólo se dan
la mano sino que se exigen mutuamente. Reducida la realidad a
materia queda ésta reducida a la ley superior y única que la explica.
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/OSE :MARJA PETIT SULLA
Ninguna naturaleza existe propiamente y pertenece meramente al
ámbito de la "opinión", de la "apariencia". No hay auténtica plu­
ralidad ni entidad y por tanto no cabe hablar de fines o funciones
propias y específicas de ninguna entidad "macroocópica", expresión
ella misma suficientemente peyorativa.
En este sentido mudho podemos y debemos aprender para el
correcto ordenamiento social, de la verdadera filisofía de la natu­
raleza que se consiguió como una auténtica concepción natural fren­
te a un mundo políticamente totalitario y ateo en lo religioso.
Porque, en efecto, ya no queda hoy ninguna ciencia humana que
acepte la realidad die formas ,en sus diversos ámbitos. Ni en psico­
logía, ni
en economía, ni en sociología se atiende a más realidad
que el puro fenómeno·
cuantitativo, que expresa, a pretexto de ri~
gor, la de,..parición de todo el mundo de las sustancias, cualidades,
hábitos y
relaciones. El modelo atomista ha invadido todo el cam­
po de la experiencia. La subsidiariedad no es pensada ya como algo
aiternativo y sucedáneo sino que la acción absoluta de la "inteli­
gencia superior" es la única que da raz.ón de todos los comporta­
mientos.
Es una rebeldía contra el carácter persona:J del Dios Crea­
dor del mundo que
ha aido sustituido por un "Jogos" inmanente.
Se hace impensable que el ser de Dios haya sido participado esca­
lonooamente en la naturaleza y que, por t>anto, cada realidad na­
tural, cada individuo sustancial, posea su específica identidad, con
su legítima autonomía y su propia ubicación en un cosmos orde­
nado. Por contraste con ello, una anómina legalidad inmanente,
igual por todaa partes, es la única naturaleza que ha de ser consi­
derada por el hambre, de la que él mismo no es máa que una par­
te no sustancialmente di'ferente de las demás.
'El arte, decía AriStóteles, imita la naturaleza. Por ello el hom­
bre en su rarea técnica aprovecha laa cualidades de Jo que usará
como maateria para sus construcciones arquitectónicas, ·en e1 sen­
tido propio y etimológico de esta palabra. También la ordenación
social, que as obra de la inteligencía del hombre, aunque responda
a una sentida necesidad, debe hacerse con.forme a1 modelo niatura1.
La solidaridad entre los hombres, la subsidiariedad, ha de ejercerse
con
el debido respecto a la reali 750
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libertad caraaerística esencial del hombre le obliga a usar de esta
subsidiariedad con relativa frecuencia, tanto por la deficiencia del
hombre como por su dinámica socid en tantos aspectos cambiante.
Pero siempre deberá respetar las realidades naturales que el pro­
greso cultural y técnico no puede anular sin vio:etiror las aspiracio­
nes y dere la. mayor interrelación social, característica de nuestro tiempo no
·ha de hacerse con e'! modelo mecanicista con que el hombre ha
pretendido dominar la naturaleza. Porque una cosa es dominar la
naturaleza y otra diferente es comprenderla. _Una cosa ·es la ciencia
natural y otra 'la filosofía que pretende subyacer a ella, La relación
entre
la ciencia natura1 y la ciencia política no puede seguir el pro­
grama positivista que pretendió alumbrar
el siglo XIX. La realidad
social debe
tener por base una correcta filosofía natural, respetuosa
con
'la pluralidad y el ser de cada cosa; por pequeña que sea. El
orden no surgirá por 1a implatación de una extraña "razón" en un
"caos" previo. La participación de la inteligencia divina está pre­
sente en cada ser natural conformándolo en su propia especificidad,
de una manera discontinua y ordenada.
Tal es el sentido que podemos "prender de la Naturaleza para
aplicarla a 1a socieda el orden de los plurales seres naturales, a cuya comprensión puede
ayudarnos aquella fi:Iosofía natural heredada de la mejor tradición
filosófica
y cristiana.
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