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Cambio y tradición

CAMBIO Y TRADICJON ·
POR
ALVARO D'ORS
l. Lá Tradición, en el sentido ordinario de transmisión de
un determinado orden moral, político, CÚltural, etc., 'constituido
por
un largo proceso temporal congruente, de generación en
generación
y dentro siempre de una comunidad mas o menos
amplia, incluso en una
familiá, es una acepción del concepto ex­
presado por la palabra latina traditio, que pertenece al léxico
técruco del derecho, y puede traducirse por «entrega». Se en­
tiende, primariamente, como modo de . adquirit la propiedad de
una cosa mediante la transferencia posesoria fundada en una
causa que justifique el efecto adquisitivo; también en el
de­
recho moderno se habla de «tradición» en este sentido técruco
de transmisión. Acepciones secundarias de esta «tradici6n» son,
. por un lado, la «Tradición» en ese sentido amplio de que ha­
blaremos en esta comunicación, y, por otro lado, la «traición»,
que consiste también en la entrega de algo
común, . pero contra
las
exigencias de la lealtad, por · ejemplo, una entrega por com­
plicidad con el enemigo común. En todo caso, se trata siempre
de «entregas».
2.
I)e las dos personas que intervienen en toda entrega hay
uila, apaféntemente -activa, qu~ eS quien entrega, y, ~tra, apa-.
rentemenie pasiva, que es quien recibe. Sin embargo, en. la es­
tructura real del acto de entrega se invierte la relación: el su,.
jeto realmente activo es el que toma y pasivo el que se deja
tomar
lo que le pertenece; el protagolÚsta de toda traditio no
es el tradens, sino el acdpiens. En su forma fundamental de
transmisión del domiruo, como en las otras, es el acdpiens quien
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realiza un acto de poder, en tanto el que deja que le tomen lo
suyp se limita a acceder a tal acto .positivo del accipiente; a ve­
ces, incluso, consiste este acto en palabras solemnes a las que
asiente el transmitente con su presencia silenciosa. Y esta
es­
tructura de los actos· derivativos de adquirir la propiedad los
aproxima, en cierto
mCJ!lo, a los modos originarios, como el de
la ocupación de una cosa sin dueño, en los que sólo interviene
la toma posesoria del adquirente. También en la «traición» pue­
de limitarse el traidor a asentir silenciosamente a un acto posi­
tivo del enemigo
. a quien hace la entrega desleal, sin tener él
.que reslizar acto positivo alguno. Así, pues, tradere (entregar)
es «dejarse quitar una cosa», a diferencia 'de locare ( «louer», ·en
francés;
«1logar», en ,p1talári, pero traducido. en castellano por
«arrendar». por la consideración preferente a la renta que
se
obtiene a cambio), que es «dejar que le lleven algo a uno ( tem­
poralmente)», donde ese «llevar»
equivale al latín conducere.
3. Esta estructura esencial de la traditio sigue siendo la
misma en la «Tradición» de qne ahora hablamos. También aquí
hay una entrega, de generación en generación,
pero el suieto ac­
tivo· en tal transmisión es el que recibe, no el que deja; en otras
palabras: los vivos son los protagonistas de la «Tradición» y
no los antepasados muertos. Cuando hablamos de
la «Tradi­
ción»
activo está en los que la reciben, más que en los antepasados;
y
este protagonismo del que recibe lo qne le entregan sus ante­
pasados es decisivo para entender el sentido dinámico de
la
Tradición, con lo que ésta supone de Progreso. En efecto, quien
acepta lo
· entregado por los antepasados no deja de dominarlo
él, pues lo hace· suyo, y no puede menos de modificarlo y me­
jorarlo; adaptándolo a los nuevos tiempos, y en eso consiste, pre­
cisamente,
el verdadero Progreso: en la adaptación; viva porque
fecunda, de lo que se toma libremente
transmitirlo, a su vez, a los sucesor~s, enriquecido.
4. En esta· relación dinámica de la Tradición, los seres que
la reciben son los que «pueden», y no los muertos a los que
se
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CAMBIO Y TRÁDICION
respeta por su' «saber». «Poder» y «Saber» es Wi. modo de re­
ferirse a la «potestad» y a la «auton'dad»: los vivos sonlos que
ejercen su potestad al aceptar la Tradición que-les ha entregado
la. autoridad de los muertos, que, precisamente por .nó vivir ya,
sólo pueden tener autoridad, y no potestad. No hay, por tanto,
Traclición del saber de fa autoridad de los predecesores si no hay
voluntad de
la potestad de los sucesores, pues el qlJe lio quiere
heredar, no. hereda. De este modo,,
1~ Tradición presupone la
clara diferencia, la clara distinción mejor, entre autoridad
y po­
testad, que la Revolución tiende a eliminar, pues excluye la
posibilidad
de una autoridad sin potestad.
5. En efecto, la Revolución presupone que sólo importa el
pclder de los vivos y, precisamente, el que ,se impone por cam­
bio, día por día, día a día, piles la negación de una autoridad
de los predecesores implica, consecuentemente, que
nunca debe
hacerse valer una voluntad anterior
contra el cambio de volun­
tad
,;tt las mismas personas; en otros términos, se impone la
permanente licitud de «venir contra los actos propios», puesto
que
el poder es siempre actual y las .decisiones siempre resul­
tan revocables por un cambio de voluntad. En este sentido, si
contraponemos Cambio a Tradición, es porque entendemos
_Cam­
bio como prevalencia de la última · voluntad, no sólo contra lo
recibido de los muertos, sino, incluso, contra lo innovado ayer
por los mismos que han cambiado hoy de · voluntad innovadora.
Esto
significa el Cambio: que la potestad, siempre actual, lio debe
someterse a una

autoridad, que es siempre anterior. También
los. actos de «última voluntad» son de potestad y no dé auto­
ridad, del
mismo modo que el principio que las leyes posterio­
res derogan siempre a
las anteriores presupone el imperio ab­
soluto de la potestad actual independiente de to& autoridad,
incluso de la del anterior acto de potestad legislativa.
6, El imperio de la absoluta libertad de Cambio impide, teó­
rica
y prácticamente, · toda continuidad. En eso consiste la revo- .
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lución. Per9 la continuidaa es algo exigido por la misma natu­
raleza hu.mana wmo condición. de la identidad... Incluso, bioló­
gieamente, la identidad de un hombre subsiste a . pesar de la
constante
t\:llOvación · de .sus. cédulas, gra<;ias a la permanencia. de
un sistema nervioso que se desarrolla pero no cambia, y la he­
rencia genética permite la continuidad de las generaciones. Con
más razón todavía, la identidad personal depende del alma es­
piritual de cada hombre, un alma que no cambia entitativa­
mente, pues es la
misma desde la concepción del individuo. Así,
también, la continuidad de la Tradición es la condición para la·
identi{Uld de las Comunidades.
7. Podemos concluir, pues, que la
negacton de la Tradi­
ción
es . contra naturaleza, pues no tiene sentido negar para los
grupos·· humanos lo que .consideramos esencialmente exigido por
Ia naturaleza
de las personas que los componen. Mas, como es
también una insuperable limitación humana la de no poder crear
de la
n8{UI, pues ése es un atributo tan sólo de Dios Creador,
resulta ·inevitable que el hombre, y la sociedad en
su conjunto,
debe tomar de
otta' parte lo que no quiere recibir por Tradición.
Se sustituye entonces la derivación diacrónica por la sincrónica:
la herencia
de los padres por la imitación de los hermanos, con­
forrne al principio esencial dad sin paternidad.· Consecuenti,mente,
la Revolución del Cambio
. sustituye la herencia por la moda. Y éste es eJ! sentido de la he­
redada máxima cristiana de «Todo lo que no es Tradición es
Plagio».
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