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Revolución y cambio

REVOLUCION Y CAMBIO
POR -
ANGEL MAE:sTRO
Es un hecho totalmente cierto y, pot tanto, no se trata de n1lda
especulativo, y por consiguiente discutible, sino absolutamente
probado, que las revoluciones no se producen de fonrnt espon­
táine,i, ni tampoco por h, l6gica explosi6n de la angustia y la· ne­
cesidad de los más desesperados, y que, en todo caso, la justifi­
caclan por sus horribles condicilones de vida y depaupemci6n.
No, fas revoluciones se produren por el influjo de las clases
dominantes, de las clases rectoras que, movidas por }a utopía
-muchas más veces por ésta que por otra clase de motivaciones-,
quieren crear esa sociedad irreal, y que existe sólo en sus mentes,
de ilumimi dad y 1>jena a las motivaciones hU1IllllllllS. Bsa utopía encarnada en
sus mentes que les hace oonoebir un mundo ilusorio e inexistente.
A través de sus movimientos, planeados tocios hacia la c~
cuci6n de ese mundo abstracto, liberan fuerzas que luego escapan
a ·su control, · desatan instintos sotermd.os bajo la civilización, y
ellos mismos
~caban siendo devorados pot esas enetglas que con­
tribuyeron a poner
en movimiento.
Esto ha sido así desde tiempos remotos, pero como no veni­
mos a dllit aquí ninguna sesión de historia, que no nos correspon'
de y que, por otra parte, harla interminable este foro, nos refe­
riremos tan s6lo como movimiento llirquetípico de lo que decimoo
a la Revolución francesa, y a la gran revolución · de' octubre de
1917, cuyas consecuencias son
tan innegables que hoy en día
nadie puede sustraerse a ellas.
La Revaluci6n francesa es un ejemplo claro de cómo el cam­
bio por el cambio condure inexorablemente a la revolucióu. No
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el cambio, lógico en el: espíritu humano y en el afán perfecciona­
ble de toda obr,a. El cambio razomdo que miza los hechos y
extrae soluciones,
bu.scando siempre 1a mejora, o sea, la e.senda
del ¡,en,sami.ento tradicronal, lejos pot completo de todo inmovi­
lismo, cual sus detractores esgrimen fa1i,,mente.
Esta es la diferencia, ~ y básica; el cambio, una vez
analizadas y
sopesadas las rozones ,¡,a,:a ello. Pero lejos de eso
se
nos ofrece el cambio por el cambio, y ello conduce inexorable­
mente a la revolución; más ,aún, ésta no seria posible sin la in­
tetvención de esos enemigos de la humruúdad, así pueden califi­
carse, que son los utópicos.
Se produce el cambio de fonma bien sencilla, y de ello Re­
volución francesa es ejemplo vivo. Siempre unai; clases rectoras
que
han perdido la confianza en su misión, más aún, que no creen
en ella, manreniendo superficialmente la fachada tan sólo de la
misma. Al no cree¡-en lo que dicen representar, jamás cbmbaten
a su enemigo. Muestran la tolerancia mayor con sus oponentes y,
a la vez, el rigor crítico, y el actuar con dureza contra los que
aún creen en lo que teóricamente defienden.
Ejemplo
de un Malesherbes, que toletia y casi fomenta la agi­
tación revolucionaria, y prohíbe aquello que puede suponer la
defensa o el dique contra la misma. Las minotfas ilustrad06, la
aristocraciil decadente que COOllÍ.dera de bum timo todo aquello
que ruponga cambio, y que con indulgencia, con oonrisa C06Í com­
placiente· contempla el acele11ado proceso y la velocidad que en
el fübogán de 1a revolución conduce a la revolución.
Dice acet11lldamente
el gran hiist.ariador y filósofo Pierre Gaxot­
te:
«Repasad una revolución, en cualquier lugar y tiempo que
haya sido, y veréis siempre las mismas mmtlfestaciones, los mis­
mos
resultados, los mismos petsonajes, las mismas víctimas y las
mismas idms, potque el número de ideas entre las cunles puede
elegía, el espíritu humano es bien escaso» (1 ).
En efecto, da igual que· contemplemos -1vando loo gmdos
de mayor o menor crudeza en sus aplicaciones-cualquier situa-
(1) Pierre Gaxotte: La revoluci6n francesa, editorial Doncel, Madrid.
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ción de cambio por que sí, e in.exorablemente de Ja revolución
que
le sigue. Si miramos un caso sin demasiada importancia en
la historia universal, pero que sí nos afiecta a nosotros, vemos las
calllSas que antes he expuesto en .la caída del antiguo régimen, re­
petidas cual si. de una fotocopia se tratase.
Una clase política que cultiva en sus últimos afiois ~vo
honrosísimas excepciones-el cambio, porque sí, porque hay
que
cambiar. Pero podíamos responderles: perfeocionemos lo que
tenga
de períeccionable y abandonemos lo que tenga de criticable.
No, nada de eso, había que cambiar porque sí.
Los representantes de esa clase polítlc,, empiezan, cada vez
más, cedíendo su autoridad, recurriendo de forma pertinaz y cons­
tante ,a la demagogia, a la compl,,cencia con las fuerzws que bis­
tóric,,mente fueron sus enemigos nart:urales, creyendo que son
tan inteligentes

que
su salvación la ~endrán en su alianza don esas
fuerzas, preparando
de forma inevitable la destrucci6n del siste­
ma. Más tarde,
cuando las fuer:oas revolucionarias lmn sido libe­
radas de sus atadums, y desbordados ,sus diques natuTa!es, esos
nuevos Malesherbes serán guillotinados o,
en España, simple­
mente reducidos al ostracismo.
Pero parco consuel9 será eso para
los que así
lo vemos, si el mal ya estará hecho y, sus consecuen­
cias caerán sobre nosotros.
Siempre esos personajes, llámense Lafayette o, en nuestra
parria,
con los nlOmbres que están en el ánimo de todos, parecen
poseídos
por un extraño y profundísimo complejo de culpabili­
dad,
un afán, como ya he dicho en orra oc:asi de hacerse perdonar su pasado de servicio a otro sistema, en el
que ocuparon puestos destacados
y bien remunemms con todo
tipo
de prebendas. Se presentan con un utopismo mesiánico,
quieren
pa!f/lr a l!l historia cual redentores de un pueblo oprimido
al que han alumbrado con fa arntoocha de la libertad, el progreso,
la democracia, y pocos,_ muy pocos tópicos más, pues resultan de
una monotonía verdaderamente insufrible. Los utópicos de 1812,
y las
necedades incansablemente repetidas,,por los personajes des­
de 197 3

a
1"985, resultan de una coincidencia reveladora de un
parco número de temas, tópicos y lugares comunes.
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Cuando vemos en Espafu, la caída del ,runtiguo Régimen, ¡ qué
parecido más grande -,mlvando los particulares detalles de cada
pueblo--<;<>n otras situaciones repetidas en distintos países, e in­
cluso
entre nosotros! Siempre esos utópicos que piensan que con
ellos no
se repetirán los errores del pasado, que ellos destruirán
la denos~ada tiranía, pero a la vez que entregan al pueblo la sa'
grada constitución de tumo -ya para siempre fija e inviolable
amenazando con el espíritu, aquí sí que cada vez más totalitario~
dOll los peores ctJJstigos 'a los que ,se atrevan a dudar de su peren­
nidad cuasi
eterna,--. Consi salvífica actuación
se ha salv,ado también a ese pueblo de los ho­
rrores de hi revolución, a la que indeféctiblemm.te conduda la
timnfa de turno anterior. ,
A lo largo de la bistforia tmi ridículas y a veces tan trágicas
situaciones se han repetido hasta la saciedad, demostl"atldo que
esos
portavoces del cambio tienen un destino inexorable, axio­
mátido: ser, a su vez, despl"""'1os por las fuerzas tevc,lucionarms.
Estas, bien sea en la Revolución francesa, en los sucesos de Es­
paña desde el siglo xrx, en un sinnúmero de ejemplos en Europa,
y en
la América de habla Mspana, en la misma revolución hoy
día por antonomasia, cual es la revolución bolchevique, nun­
ca han triunfado por su propia fuerza. Nunca Robespierre o
Marx ,se habrían impuesto en el origen del cambio sin un Felipe
Igualdad, un Mirabeau, un Lafayette.

Ni Lenin mismo habría
triunfado sin
un partido constitucional democrático -lmdete-,
y sin un Kerensky que lo hiciese posible. Sin la intervención de
esas
fuerzas utópicas convencidas de su mesianismo que les lleva
al cambio, razón máxima de su existencia. La revolución por

no

es lo suficientemente
fuerte nunca para estallar por el efecto
de su
propia. fuerza, y por sí misma cambia.-el curso de la his­
toria. Ni los jocobinos en los últimos años del antiguo régimen,
ni
los bolcheviques a pesar deÍ genio de Lenin, antes de 1914,
podían haber· transformado la historia, sin Ji, poderosa contribu­
ción de los utópicos.
Estos piensan qire su obra no será ya nunca tJrascen está destinada
a ser inmutable. Creen firmemente que el sistema
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democrático <1Segura la perfectibilidad humana y el dartino feliz
de la humanidad.
No comprenden, y me .1Jenlo que después de tanros siglos de
ei,rores nunca lo comprenderán, que en aplicación de sus mismas
teorías nada tiene, aunque sean las Constituciones democrática•
-para ellos los nuevos ídolos que han sustituido en sus predi­
cadores la idea dé Dios-por qué permanecer eterno e int!angible.
Esfus conoeptos
de peremúdaid si son lógicos y naturales en los
defensores del orden ttiadicional de las cosas, no sujeto a la mo­
dificación arbitraria o caprichosa de una mayoría cambiante o
manipuh,da.
Pero para unos defenlSiores del cambio, como raron casi básica
de la existencia, no existe ninguna razón de peso, ni histórica,
ni filosófica, para no suponer que las actuales democracias par­
titocráticas sean simplemente accidentes trans;totios en l!a histo­
ria de la humanidad.
El rufán que se nos quiere presentar, basaxla casi siempre en
los tópicos y en los lugares comunes, nunca en los razonamientos
científicos,
de preset:l!'ar noostra época como ht etapa superior a
la que ha llegado el conocimiento hwmmo después de milenios
de soluciones cambiantes y de convulsiones sin cuento, no cons­
tituye
sino una falacia.
Solamente el evidente totalitarismo que encierra el demócra­
ta utópico puede hacer posible que él, el partide:rlo del cambio
permanente, considere que haya .t,emas que no pueden cambiarse
nunca. Es la sustitución de lo que antes oomenmba: cambiar a
Dios
por unais ideas, que éstas sí que no pueden ser discutidas.
Así, un hombre que ejerció una nefasta influencia a finales
del siglo XVIII, tanto en Francia como en los Estados Unidos,
autor del libro
Sentido común, y decisivo en la elaboración de
los
tan repetidos y tópicos «Declaración de los derechbs del hom­
bre», como fue Tom Paiine, afirma, fuera de toda discusión, por
encima de toda duda, lo que es una opinión discutible, y así
corrobora las intenciones de Jefferson de la Declaración de In­
dependencia de los Estados Unidos, diciendo tenemos que estas verdades .son evidentes por sí mismas ... ».
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¡ Vaya argumentación!; después de esta expresión de .tan pobre
razonamiento vemos u:n fanatismo y una radicalización a ultran­
za que descalifica a los <1ntores.
Pero si todos esos utópicos fneron los causantes de las san­
grientas revoluciones que cometieron los desafneros mayores, los
crímenes
más terribles, los utópicos del siglo xx condujeron y
conducen a la revolución de
con=nencias más terribles en la his­
toria de l,¡ hunwridad: la revolución mm-xista-lenñn.ista, que con­
sigue tJo sólo la hegemonía sobre la existencja física de los ciu­
dadonos, sino, lo que es mucho más despótico, sobre llls con­
ciencias; y lo mismo le acontece a,J intelectuail que deja de set
una razón
autónonm o lllÚcleo pensante, sitio que •se convierte en
un
instrumento al servicio del partido, de l:a ideología oficial.
Por
tal razón, con una perspicocia de la que no hay ejemplo
en
J:a hist'oria, el marxismo-leninismo no sigue unas circunstancias
ciegas desatadas por los utópicos, y que antes del proceso revo­
lucionario resultaba
imposible prever por donde discurriría el
futuro. El marxismo-leninismo ve desde un principio esas conse­
cuencills y trai:a de cm,,,lizar en 1SU provecho l:a situación creada
por los
. autores del cambio. Los j;acobinos ignoraban antes de su
toma del poder, que éste sería
conquistado por ellos; los revo­
lucionarios al servicio del
marxismo-leniníismo crean ms condi­
ciones objetivas que llevarán a su triunfo.
Cambiarán
las condiciones subjetivas, pues nadie, exoepto Dios,
puede saber cuáles serán hasta en la más
pequeña escala el curso
de los acontecimientos. El comunismo no puede, naturalmente,
-saberlo, pero sí se anticipa al fututo, siguiendo ailgo que podría
ser similar a la frase de Mairx respecto a la filosofía hasta en­
tonces, de que ésta era la ciencia que enseñaba
a conooet la his­
toria, pero el materialismo histórico tenía la misión de. transfor­
marla. Así, a modo del constructor de una línea férrea o de una
carretera, que sabe por dónde.
ésta ha de ir, ant,:s de construirla
físicamente,
si la conoce en sus planos y en sus proyectos. Sal­
drán algunos transformaciones inevitables, como las fngas de ,agua,
Ia naturaleza inestable de ailgunos terrenos, etc. Estas serán las
circunstancias subjetivas, pero las condiciones objetivas ya han
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sido analizadas de sobna en los proyectos por don,le la carretera
o la línea férrea diseu1:1"ttá. ¿Quiere esto decir que son super­
hombres
II los que les está dado oonooer los arcanos del futuro?
En absoluto; son hombres normales, pero que, aplicando las con­
secuencias históricas, han descubierto que resulta fácil interpre­
tar 1a hlstoria, pues, como ootes decía, las ideas y el desaxrollo
de las mismas entre las cu\llles puede elegir el esp!ritu hum>li!10
es bien escaso.
De esrta forma, en vez de deja,: carrer alocadamente la revo­
lución sin orden ni control .alguno, ellos saben que el cambio
oonducirá irevitablemente a la misma, que los partklarios del
=bio utópicos serán reemph,2ados por otros más aVlltlZados,
éstos, ll su vez, por algunos más extremistas, se desatarán fas más
bajas pasiones humanas, lo más
ruin de la humanidad destruirá
a esos utópicos, se
caed en un anarquismo -ejemplos Kronstad
en la Unión Soviética, o en la situación de •los primeros meses
de la guerra de España de 1936-1939-, y ya entonces los que
mejor
hablan previsto los acontecimientos, instauran su sistema
aplastando a los izquierdistas ertremos. Ejemplo arra vez: el de
la aniquilación de los social-revolucionarios rusos, o el de la
ul­
tra-i"4uierda
española representada por Nin, durante la guerra,
y sobre la que en
Verbo hemos hablado pormenorizándola.
Lemn es claro en su obra El izquierdismo infantil del comu­
nismo; sabe que ese furor ciego y destructor es consecuencia de
la
locura innata, a las más bajas pasiones y a loo aspecilOS m~s
abyectos, pero después es triturado ,sin piedad para instalar un
estado del que ¡ay! no se vuelve.
Para ello la
magníficru máquiUll de .subversión que constituye
el Estado Soviético, o sea, un todo al servicio de la revolución,
fomenta y
desarrolla el cambk> .de los utópicos, pues sabe que•
sin esa primera etapa,, al igua1 que sin construir un primer p;s'o,
no puede acometerse la construcción del segundo y no será po­
sible por sus solas fuerzas el triunfo de la revolución.
La
masa obrera, máxime si S'll situl!CÍ.ón social ha meforado,
si tiene UiU nivel de vida decenrte simplemente, y no se encuentra
en la miseria, deja de coootituir el mido de cultivo necesario
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para el fermento revolucionario, y neoesita agentes activos que
la conciencien, que despierten sentimien11os de agravios dormi­
dos. Len.in comprendió en la fundación del parndo bolchevique
algo que le diferenciaba snstoocialmente de los mencheviques y
de otros partidos de izquierda.
«El pa,rtido comunista debía constituir JJa élite de la revolu­
ción,
que haga comprender al proletariado, si es ¡,redro contra
sí mismo, su
p~pel histórioo al frente de la revolución, un pro­
meteico
pattidb de ooero, un superorganismo frío y omnipotente,
cµyo jefe es sólo su instrumento más alto, pero no su esencia.
1Ja esencia está ,en otra pairte, :r.,side en el proletariado que, sin
embargo, no la conooe. Para reconocerla debe entregársela al par­
tido, el cual se la devolverá sólo después del cumplimiento de
la revolución»
(2).
Ese organismo 1""l frío, tan desprovisto de toda humanidad,
ha comprendido como nadie la inexorabilidad de que el ca:mbio
por el cambio conduce a la revolución, a que el triunfo de ésta
sea tan fácil y tan sencillo que no ,sea ya preciso siquiera lD roma
violenta del poder, sino que éste se toma tan fácilmente, como
en la c!!fda de la monarquía decorativa del 14 de abril, o en el
hundimiento del antigoo régimen en 1975.
Naturailmente que esto no· supuso la implantación de un sis­
tema bolchevique, pero son ejemplos significMivos de unos sis­
temas
por la volunta lenmismo impulsa, según las situaciones, Ja técnica gramsciana
de la· conquista del poder,· mucho más Últil en Occidente que la
aplicación ciega de la toma bolchevique del mismo de octubre
de 1917.
En Occidente la situación era muy diferente de la que se
produjo en la URSS;
en ésta la conquista del Estado era funda­
mental, ya que la sociedad civil se encontraba infradesarrollada,
pero en Occidente existía algo superndor de ese Estado tolaJ, -,lgo
que
constituía un cuerpo social forma111do diferentes estratos de
la sociedad en sus aspectos, social, religioso, intelectual, algo. que
(2) Enzo Bettiza: El mÚterio de Lenin, Argo .. Vergara, Barcelona.
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era precisamente lo que daba contenido a e.se estado, y, más
aún,
lo que cO!Jlati.tuía la esencia misma de su propia existencia.
Sin la conquista previa de esa oociedad civil, nunm se podrá
producir la hegemonía de
'1a clase destinada a guiat y dirigir los
destinos humanos, y sin dominar las estructuras de esa sociedad
civil el proceso begem6nico ,se convertirá en algo ut6pico. Pero
m de quedat bien clatro que dicha hegemonía ha de pa,;at en la
sociedad occidental por un paso previo e inexcus11ble: la toma
del
poder cultural, como premi.,. necesaria para la conquista de
dicha sociedad.
Pam ello será ~o la impulsión del cambio, como factor
trascendente destinado a
madurar las condiciom:s que harán po­
sible
l!a revolución, pues Y" hemos visto sobradamente que ésta
por sí ,sola nunoa podrá ser una realidad.
Una. de las más sutiles formas de empuje del cambio es la
desinformación, pues ésta ayuda a la maduMci.6n de esas con­
diciones que hagan posible la contrarrevolución.
Un" vez más, las palabras de Lenin son tan a.-evdadoras de
por sí que hacen ,superfluo todo comentario: «Los comunistas
deben estar prepa,rados a hacer cualquier sacrificio y, si es ne­
cesario, 11 recurrir a toda clase de astucias, engañoo y estratage­
mas para empk,ar métodos ilegales, pan, evadir y ocultar la ver­
dad ... , la parte práctica de la política comunisti! es inci1: enemigo contra otro ... , nosotroo loo comunistas debemos valer­
nos de un país contra otro ... , mis palabras tuvieron el prop6sito
de
despertar el odio, la aversión y el desprecio, no convencer,
sino romper 1m filas del oponente, no cottegir el error del opo­
nenre, . sino destruirlo, borrar -su organización de la faz de la
tierra ... , evocar los peores pensamientos, las peores sospechas
contra
el oponente». Frente a esto, el panorama de los politiqui- ·
llo.s y est1a política del momento; la prensa, con 'SU cotillería sensacionalista,
ha<;eti temer que de no mediar la intervención diviiru, la suerte
esté
ya decidida, o tal vez a t~avés de ella sea el castigo que nos
merecemos, y que parece inexorable.
Tocios
los servicios de un Estado dedicados a la consecución
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de un fin. Sobre esto he insistido incansablemente, y así lo vengo
haciendo en CUallJ.ta OQS1Sión se presen1Ja.. Al tratar de los servi­
cios
secretos soviéticos y de su papel de punta de lanza del mar­
xl!sn,a.leninismo, de vanguardia a"""'2ada de i.. revolución, el
error en Occidente es querer juzgarlos a1 estilo de sus afines
en Jos Estados Unidos o en Europa. Sin ver que al igual que los
ejétritos son los encargados de conservar Tu. integridad territorial,
en el universo comunista son los instrumentos que el partido
utiliza con
fines totalmente expa,nsivos, sin los que perdería su
nizón de ser Ullla ideología ba,;!l sión y la conqui&ta. Y las tácticas como la coexlsrtencia pafífica
son mems odaptaciones a las necesidades del momento, cual fue­
ron la pa,: de Brest-Litovsk en la primera guarra mundial o la
aplicación de la NEP después del triunfo bolchevique en la
guerra civil.
El paso hacia, 1,, revolución es la norma fund,imrotal y básica
de una klea, y ¡wn ello el ca,mbio, so pretextos liberales, en la
degradación de las costumbres, en la relajación de los valores
clásicos,
en el apamramiento de la religiosidad, en la acelemción,
en fin, de ese cambio por el cambio, en caer en esa dinámica im­
parable que sin conciencia plena de sus protagonísllas lleva a hacer­
les ver como normal
tallJ.tos principios del prooeso :revolucionario.
Ilara
ello, mi como antes me refería, I,,. jugado un papel pre­
ciso la desmformación, y en ella un hombre, mrembro del KGB,
que fue el genere:l I ván I vanovich Agayants, a quien mnto debe
la desinformatsia o desinformación.
A
la muerte de Agayants, y con una reorganización importante,
el
departamento de desinformación, existente ya desde hi crea­
ción
de la Tcheka,, fue transformado y ampliado en el departa­
. mento A del KGB, uno de loo más influyentes depm'1Jamentos
de dicho Comité. •
El envenenamiento de la opinión pública, tal como vemos
en las recientes campañas cont:11a la ínsmlación de proyectiles de­
fensivos en Europa, la creciente oposici6n a las centre:les nuclea­
res, que hacen que a pesar de los esfuerzos encaminados a su
aplicación, vital para las naciones que carecen de petróleo, como
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España, el público en general asocii, las mismas a la tragedia de
una explosión nuclear son muestras
eficares de su actuación. Y
pienso que son casi
inútiles, mientras no se ataje de raíz y se ex­
pongan las causas, los esfuerzos que los científicos hagan en que
las medidas de seguridad de las mismas. sean casi absolutas. Las
campañas de tantos pacifistas, a veces sin que ellos
lo sepan, lo­
gran paralizar en toda Europa la construcción de nuevas fuentes
de energía
-extraña contradicción entre los pretendidamente
progresistas y partidarios de toda extravagancia moderna, que
sería similar a si los avanzados del siglo
XIX hubiesen luchado
contta el ferrocarril a favor de las diligencias, o del barco de
vela contra la navegación a
vapor-.
Mientras tanto, en la URSS la construoción de las mismas
sigue y sigue sin tropieaos, las grandes industrias no tienen sino
reparos re6ricos en la alteración del equilibrio erológico, y los
representantes de los
grupos ecologistas, si es que alguno existe,
se encuentran en alguna institución siquiátrica.
La desinformación, a través de muy diversos canales, acopla
sus métodos a las particularidades y circunstancirus de los diver­
sos pa,íaes, parece que delegaru!o en los respectivos responsables
locsles unas atribuciones ronsideirahles, por ser los mismos los
mejores conocedores de las
cil'!CUnstancias específicas. Por ejem­
plo, en España muy particularmente, temas cual el de la OTAN,
pero a nivel internacional cuaindo la ooordinación exige las acti­
vidooes en varicis países, y de ello es buen ejemplo el tema de
la instah,ción de los misiles Phershing, los proyectiles crucero y
la bomba de
neutrones.
En los Estados Unidos se procura influenciar muy especial­
mente a los obispos católioos y

a la conferencia
episcopal de esa
nación sobre el tema del realJllle nuclear y ,la carrera espacial. En
Gran
Bretaña contra la instalación de arrmas defensivas suscepti­
bles de
ser utilizadas contra la URSS.
En otro tipo de
frente, fa desinformación, a la que se dedican
ingentes
esfuerzos en hombres y en material, utiliza los visita1n1tes
de la URSS, especialmente polhlcos, petiodisms, clérigos,· inves'
tigadores, eruditos en los diferentes campos del saber, siempre
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en general con personas qne sean influyootes en sus respectivos
países. Un experto en estos temas, John Batton, ha dicho que
«en forma típica el
KGB trata de oontrolar lo que el extranjero
ve, al mismo
-tiempo qne trata ele persuadirle de que ve con toda
libertad lo que desea. Se esfuetza por moldea.-sus propias con­
clusiones, al mismo tiempo que lo hace creer qne llega a estas
conclusiones por sí
mismo».
La enorme diferencia entre los servicios occidentales de inteli­
gencia, de
lo que para entendernos llamamos Occidente, y los co­
munistas, es que los primeros se encuentran Sometidos a una mera
labor defensiva dedicada a la obtenci6n de los datos clásicos de
búsqueda de informaci6n o a la detenci6n de los agentes enemi­
gos, excepto en sitios como España, donde
parece que la única
misi6n
es la vigilancia y extinci6n de ese peligroso ente de ficción
llamado ultraderechismo; en lo demás, no parece muy acertado.
Los servicios soviéticos, muy especialmente
desde que el fa­
llecido Andropov se hizo cargo de ellos, realizaron a;lgo mucho
más.
eficaz que fo habitual en la casi agotada CIA -por lo me­
nOS-hubo una época reciente1 cercana, en que la misma casi llegó
a la inutilidad, vigilada por la pureza democrática-; no se limi­
taron a la recogida de informaci6n y a la vigilancia sobre el ene­
migo. La etapa de Andropov supone una preeminencia en las ac­
tividades de la desinformación y en ,la influencia sobre la opini6n
pública-occidental a través de formas muy sutiles, pero que pro­
ducen efectos de éxito para la política
soviética. En vez de dar
primacía a los aspectos clásicos del espionaje -aun siguiendo
manteniendo en éstos
_un nivel desconocido para lo habitual en
Occidente-- como puede ser la obtenci6n de secretos militares de
tecnología avanzada, la información de planes para un futuro con­
flicto, se carga la mano en rugo más eficaz: en esa influencia
sobre la opinión pública·
y de las clases dirigentes. Breznev es
presentado
como un hombre de talante ·abierto, amigo del diálo­
go, y conviene sostener su pol!tica frente a los feroces halcones.
Más táide veremos algo similar relativo a -Andropov, cnando en
fos últimos tiempos de Breznev, ya casi moribundo. Andropov,
utilizando canales de información controlados por el secretario
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REVOWCION Y CAMBIO
general, deja caer esa imagen de liberal en Occidente. Con" Gor­
bachov, veremos esa situación idénticá.
La
desinformación, la infiltración en la roma de decisiones,
el eficaz impulso a esos movimientos pacifutas o ecologistas -que
hoy en dfa marchan ya casi solos por los efectos destructores de
la utopía de la sociroaá occidental-.., revehin attma,S caracte­
rísticas durante
la casi quincena de Andropov al frente del KGB.
Arma,, de Ullll eficacia que tmsciende y supera toralm,,nte a los
conceptas del espionaje o la información clásicos" Bien es verdad
que Andro¡,ov no fue el inventor de· ese nuevo sistema, pero sí
el hombre que en la cúpula de :la orgamzación ,supo impulsarlo
en medida descooocid,, hasta entonces.
Su eficacia resulta muy superior a la de ¡,ooeer " los planos
del
último ,submarino artómico, o ros datos sobre los misiles MX,
pues supone lleva,-a :bt práctica los planes del mítico estratega
del siglo v a. de C., Tsun-Tsu.
El KGB es más, mucho más que un servicio de inteligenciw o
i:m:a palicla polltica secreta, es la vanguardia del sistema sovié­
tico en su ramino inexorable hacia el expoosiocismo y, a fa vez,
el más fiel iootrunrento del partido en la vigilaincia de la disiden­
cia inJterna, en la anuloción de cualquier brote contrarrevolucio­
mrio por tímido que sea; es la identifkación de la mentailidad
soviética y la más eficaz instrumentalización de !:a recría revolu­
cionao-ia, de :la revolución proletaria en el objeti;,,, final, que será,
por d prooedimlento que sea, de l vers'alri.o.
Pero para su destrucción no basta con la eficacia de esos ser­
vicios,
,tail como antes he comentad{), sino que es decisiva la ac­
tuación de aquellos que no qu~n "ver, y por eso el cambio pcr
el oambio produce situaciones síniilares a atrojarse en el vado
con los ojos cerrados. Todos los medios españoles se asombran
al igual que los internacionales,
del terrorismo y de SU$ acciones,
pero es forzoso preguntarse,
una vez más, ¿por" qué tanta igno­
ranci\l? ¿Por qué no querer ver dónde está 1a realidad .de las
cosas,
el origen de las mismas? El terrorismo no surge espontá­
neamente, así porque sí. La estupid,;z resulta increíble, y todo se
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ANGEL MAESTRO
traduce,· mientras tanto, en condenar las actitudes «fascistas» de
los terroris1:as, creen que con esa palabra -hoy en día más vili­
pendiada que los antiguos insultos de nombrar a los progenito­
res-ya está todo dicho.
El terrorismo, a través de los filtttoo-que sean treoesari.os, por
supuesto, obedece a un esquema global, y el mismo, tail como re­
cien1Jemente ha afitmlulo JemF. Revel, no puede ser compren­
dido ni combaitido en tanto que se contemple como un fen6me­
no aislado. «Es tan solo una pa,rte del programa global que cons­
tituye el programa de dominación total de la Unión Soviética,
un programa que incluye la superioridad militar, 1as doctrinas
de no-interferencia exclusivlllDellte paira la prohibición de los con­
ti:arios,
1a infiltración de la IntemJacional Socialista y del movi­
miento de lors llam,¡,dos 00:alineados, la utilización de la Unesco
y del Consejo Mundiru de fas Iglesias para la difusión de su pro­
paganda y de ila desinform:ación ... , etx:. El terrorismo no es un
ex"'"° de los grupos de ultraizquierda de cada país».
Y es que cada vez resulta más evidente que el triunfo de la
revolución va siendo
posible no sólo por la habilidad excepcio­
nal
del marxismo-leninismo, por sus gigantescas posibilidades, a
cuyo
· estudio llevo dedicados tiempo suficiente para tener al me­
nos cierta
autotidad, sino que es el . triunfo de la utop!a, el que
arrastra el proceso
en el salto de cambio a revolución.
Son los estúpidos
libeooles que creen posible que ellois sí van
a control,ir al nmrxismo-kminismo, que le hacln ¡,a,MllSe en el
momento en que digan basta, que oreen que nadie ha habido
hasta el ,momento tan listo como ellos, que las soluciones que
proponen son inéditas. Pero
no me refiero tan sólo, pues sería un
ejemplo ,limitado, a esos pobres hombres de la extinta UCD, o a
ese
pevsonaje de incultuta primaria que fue el primer presidente
del gobierno de la España demoorfrtica; no, no me refiero a tan
pobre nivel, pues no seria sino una muestra en la que jugarla
con ventaja dada la ínfima calidad del personaje. A nivel y a es­
cala mundial los ejemplos son abrumadores desde 1917, y así,
el a
universo comunista ha crecido a costa de los Kerensky, de los
(3) Jean Fram;oise Revel: Cómo terminan las democracias~ Editorial Pla·
neta, Barcelona.
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REVOWCION Y CAMBIO
Masaryk, de los Kennedy, Carter, y tan largo etc. que sería ex­
cesivo.
Pero me temo que es inútil, la historia no les ha enseñado
nada, pues en parte bajo su penson nos de algunos, nada mgullOS<1, 'si late la soberbia implacable, el
orgullo
de pensar que con ellos se estrellarán loo enemigos, que
poseen la fórmula mágica. Cuando lo que poseen es la estulticia
de aquel de los padres fundadores de los Estados Unidos, al que
· cuando
le preguntaron cómo se corregirfan los excesos y los de­
fectos de I:a democracia, respondió: «con más democracia». Sería
como si el médico que al ver los estragos causados en un alco­
hólico, le recetase más alcohol, o más azúca,: al diabético.
Frente al totalitarismo más agresivo, frente a la concepción
totalitaria más absoluta, y que abarrca todo 1os conce¡,tos de la
existencia, se nos habla de los valores morales de la democracia:
«¿De qué
puede servir frente al totalitoarismo el valor moral de
la democroci,,, que no ha sido. hasta la fecha ni encontrado ni
definido? Un supuesto valor moral del que se nos habla sin logra,:
jamás enunciar sus características reales» (

4
).
El cambio, como la revolución, devora a sus hijos, pero éstos
no comprenden el error de la utopia; son los partidarris ciegos
del cambio por el cambio, que responden siempre con que «es
necesario cambiar», sin considetoci001eS de ningún tipo a .la rea­
lidad de las cosas, alienooas en sus mentes illl50IÍ!ls e irreales.
Son los que hacen inexorable el camino abieiito a la revolución y
las que franquean sus puertas, que sin su colaboración los revo­
lucionarios nunca habrían franquea.do.
La historia·, una vez más, se repite, pero nunca en el trans­
curso de la misma, con las trágicas consecuencias que se deriva­
rán esta vez
¡,ara todos si se produce el triunfo de la revolución.
El grooo de dominio que supone el marxismo-leninismo es total
y ral vez sea el castigo que el Todopoderoso tiene reservado
a
la civilización que se haya hecho merecedora del mismo. Con­
fiemos en que El· no nos depare tan triste destino y haga posible
que
las voces que claman en el desierto sean oídas a tiempo.
(4) Alberto Falcionelli: Manual Hist6rico de Sovietologf.a, FECIE, Bue­
nos Aires.
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