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  • Índice

La sociobiología

SOCIOBIOLOGIA
POR
ENCARNACIÓN LÁZARO · MARf y VICENTE JOSÉ fERNÁNDEZ BURGUEÑO
Introducción.
En 1975, el conocido entomólogo norteamericano y catedrá­
tico de la Universidad
ele . Harvard, Edward Osborne Wilson
publicada «Sociobiología: la nueva síntesis» (1) en la que
sen­
taba las bases científicas de una nueva disciplina: la sociobiolo­
gla, que él mismo definía «como el estudio sistemático de todas
las formas de conducta social, incluida la conducta sexual y pa­
ternal, en toda clase de organismos, incluidos los humanos» (2).
Tomando como punto de partida la síntesis moderna del
neodarwinislI)o ( 3) y el biologismo de los años 60 de Konrad
Lorenz (4), Robert Ardtey (5) y Desmond Morris (6), proyec-
(1) R O. Wu.soN, Sociobiolagla: la nueva slntesis, Ed. Omega, 1980
(edici6n orgina1, Sociobiology, the New Synthesis, Belknap ·Press of Har­
vard University Press, Cambridge, 1975.
(2) E. O. Wn.soN, •¿Qué es la sociobiológla?, en Teorema, vol. XII/3,
Ed. Universidad Complutense, Madrid, 1982, pág. 238.
(3) El propio Wn.soN se declara neodarwinista: «Después de todo,
mis colegas ·y yo no habríamos hecho más que eytender el neodarwinismo
al estudio de la conducta social y de las sociedades animales, y los prin­
cipios biológicos fundaínentales que utilizamos eran e.n su mayor parte
convencionales». Cfr. E. O. WILSON, ¿Qué es ... ?, pág. 237.
( 4) KoNlW> LoRENZ, Sobre la agresi6n: el pre,endido mal, Siglo XXI
de España Editores, S. A., 1972.
KoNRAD LoRENZ, Consideraciones sobre la conducta animal y humana,
Plaza & Janés, S. A., Editores, 1974. ·
(5) RoBERT AR»REY, Glnesis en A/rica: la evolución y el origen del
hombrp, Hispano-Europea, 1969.
RoBERT ARl>REY, .El instinto de dominio, Hispano-Europea, 1970.
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taba la utopía evolucionista a la conducta social animal, incluida
la especie
humana, con el reduccionismo de las ciencias sociales
a la biología evolutiva y con un determinismo biológico prác­
ticamente absoluto.
Las obras de E. O. Wilaon.
Como el propio Wilson explica en el prefacio de una de sus
obras, éstas constituyen una trilogía. En 1971 publicó un libro
sobre las sociedades de insectos (7),
·cuyo último capítulo se
llamaba «El prospecto de una socio biología unificada». En él,
Wilson propugnaba que los mismos principios de zoología com­
parada y · de biología de poblaciones que había aplicado a los
insectos sociales
podían aplicarse a los vertebrados. Cuatro años
más tarde publicaba «Sociobiología: la nueva síntesis»,
cuyo
capítulo final, «El hombre: de· la sociobiología a la sociología»,
llevaba a la conducta humana y a las ciencias sociales los
rígi­
dos postulados biológicos ya aplicados a los animales, ya que
en la sociobiología se
encuentran las bases teóricas para .la nueva
síntesis que explique, sin salirse del esquema general, todo
com­
portamiento social animal, desde los animales inferiores, como
esponjas o medusas, hasta el hombre (8).
(6) DESMOND Monrus, El mono desnudo, Ploza & Janés, S. A.,
Editores, 1968.
DESMOND Monrus, El zoo humano, Plaza & Janés, S. A., Editores, 1970.
(7) E. O. W1LSON; The insect socie#es~ Belknap Press -of Harvard
lfniversity P~ess, Cambridge, 1971.
(8_) Se explica que Wrr..soN utilizase el tirulo Sociobiologia: la nueva
Sfntesis porque pretendía su petar la:· síntesis moderna que el neodarwinismo
quiso
representar sobre el darwinismo clásico del siglo xrx y las primeras
d~adas del siglo xx. La sociohiologfa wilsoniana superaría al neodarwi­
nismo y posibilitaría una síntesis más completa.
El propio WILSON ha explicado, con más detalle, el porqué eligió el
término_ sociobiología: «El término sociobiologfa fue usado independiente-­
mente por JoHN P, ScoTT en 1946 y por CHARLES F. HocKETT en 1948,
pero la palabra no fue recogida inmCdiatamente par otros._ En 1950 ScoTT,
que había estado
acruando como secretario del· pequeño pero influyente
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SOCIOBIOLOGIA
A este libro siguió un · gran despliegue de los medios de
comunicación que
permitió a E. O. Wilson ( 9) difundir en actos
públicos y en toda clase de publicaciones sus planteamientos. Por
ejemplo,
las revistas People (10), House and Garden rll) y The
New
York Times Sunday Magazine (12), le .abrieron sus pági­
nas. Ello llevó a una apreciable popularización de la sociobiolo­
¡µa y a que tanto en Congresos como .en Universidades se dedi­
caran =ses.iones y seminarios a su estudio. Así, en un congreso
de la Asociación Norteamericana de Psicoterapeutas se realizó
un grupo de trabajo titulado «Termitas, Primates
y Hombres.
El Valor
de Supervivencia del Comportamiento de Grupo». In-
Comité para el estudio de la conducta animal, sugirió sociobiología más
formalmente como término. para designar «la ciencia: interdiscíplinaria que
se sitúa entre los campos de
1~ hiología (particularmente ecología y fisio·
logia) y la psicologÍa y la sociología». Entre 1956 y 1964 ScoTT. y· otros
constituyeron la sección sobre conducta animal y sociobiología de la So­
ciedad Ecológica de América. Esta· sección se convirtió en la sociedad.. sobre­
conducta animal. De 1950 a 1970, el término sociobiología se empleó
intermitentemente en artículos técnicos, un uso inspirado evidentemente
por su condición casi oficial. Pero también se empleaban otras expresio­
nes como biosociología
y sociología animal. Cuando escribí el capítulp
final de las sociedades de insectos (The lnsects Societies) [1971], que
s~ titulaba Perspectivas para una sociobiologia unificada y cuandO escribí
· Sociobiologia: la nueva sintesis (1975) donde sugería que debería ya cons­
tituirse . una disciplina · separada que tuviera sus cimientos· en la genética
y en la biología de poblaciones, elegí el término sociobiología en lugar
de otra expresión nueva, porque creí que les resultacla familiar a la ma­
yoría de los estudiosos de la conducta animal y, que· por lo tanto, sería
más fácilmente aceptado». Cfr. E'. O. W1LSON, ¿Qué es ... ?, pág. 239.
(9) Aunque nos · vamos a referir fundamentalmente-a las obras de
WILSON ya que, sin ninguna duda, es el sociobiólogo más representativo,
otros sociobiólogos que
han contribuido al· desarrollo· de esta disciplina
son: R. D. ALEXANDER, D. P. -BARASH y R. L. ThIVERS.
(10) E. O. WILSON &· G. JENNES, «Sociobiology is a new science
with new ideas
on why we sometimes behave like cavemen», en People,
núm. 4, 1975, págs. 68-71.
(11) E. O. WILSON & C. SEEBOHM, «Getting back to nature-Our
hope fur the future», en House and Garden, núm. 148, 1976, pág. 66.
(12) E. O. W1LS0N, Hum(ffl decency is animal, The New York Times
Magazine, 12 de octubte de 1975, págs. 38-50.
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duso se ha realizado un currículum completo de bachillerato,
centrado en.
la sociobiología, llamado «Explorando la Natura­
leza
Humana» que se ha impartido en 27 estados norteamerica­
nos (13).
Por
último, en 1978 · aparece «Sobre la Naturaleza Huma­
na» (14),
para profundizar en lo que anteriormente había enun­
ciado. Este
texto; aunque no es propiamente cientlfico como
reconoce su autor, pretende cerrar la brecha abierta entre na­
turalistas · y cientlficos sociales en lo referente a la conducta hu­
mana, llegando a formular una concepción nueva sobre la es­
pecie humana y su historia ( 1.5).
(13) I. DE VoRE, G. GoETHALS & R. TRIVERS, Exploring human
nature,-Cambridge, Mass., Éducational Development Corporation, 1973.
(14) E. O. W1LS.ON, Sobre la naturaleza humana, Fondo de Cultura
Económica, Colección Popular, nwn. 187, México D. F., 1980 (edición
original On Human _Nature, Ha'rvard University Press, Cambridge, ·Massa­
chusetts, 1978.
(15) En 1981, WILSON,. publicó un nuevo libro: E. O. WILSON &
C. J. _LUMSDEN, Genes, Mind and Culture, Harvard University Press, Cam­
bridge, Massachusetts, 1981.
WusoN y LuMSDEN están tratando de estudiar las relaciones entre la
evolución-genética y la evolución cultural sobre la base -de que· el el pro­
blema reside en el análisis .evolutivo del desarrollo cognoscitivo.
Han definido la unidad de herencia cultural a la que denominan cu/­
turgen (_que engendra cultura) y la han definido como «el conjunto rela­
tivamente homogéneo de artefac;tos, conductas o «mentefactos» ( construc­
ciones mentales que tienen poca o ninguna correspondencia directa con la
realidad)
qué, o bien comparten sin excepci6n unó o más estados de atri­
butos seleccionados por su
importancia funcional, o al menos comparten
una gama consistente de tales atributos dentro de un conjunto politétlco
determinado».
Las propiedades de los culturgenes se sitúan o rellicioti.an con las es-­
tructuras nodulares de la memoria a largo plazo, por lo que pueden ser
catacterizadOS mediante las técnicas utilizadas por los sicólogos cognitivos
en el análisis del desarrollo mental.
Para -ambos autores las formas más complejas de comportamiento no
son -
hereda.das pór transmisión cultural y, por lo tanto, la cultura no
evoluciona independiehtemente de
la biología, ya que algunos culturgenes
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SOCIOBIOLOGIA
Teóricamente, la sociobiología es una disciplina científica de­
dicada al estudio de la conducta social, a caball~ entre la etolo­
gía
y la genética de poblaciones. Se puede distinguir, y de hecho
muchos autores lo hacen (16), una sociobiología animal
y una
sociobiolqgía
humana. La sociobiología animal ha suscitado mu­
chas discusiones entre los especialistas (17), pero no plantea
más
problemas que los inherentes a cualquier otra disciplina cienú­
fica. La sociobiología
humana es, sin embargo, el centro de la
polémica, al
sobrepasar los límites de la ciencia. Debido a ello,
algunos
cienúficos (18), que defienden y aceptan la sociobiolo:
gía animal, rechazan las extrapolaciones wilsonianas sobre .la na­
turaleza humana.
Reduccionismo biológico
y sociohiología.
En las últimas décadas, reconocidos naturalistas habían ha­
bituado
al mundo cienúíico, y hasta cierto punto al gran públi­
co, a discursos en los que
se mezclaban, muchas veces sutilmente,
fas consideraciones científicas y las e!ncubraciones filos6fico­
ideológicas, como Konrad Lorenz, Jacques Monod (19)
y Jacques
Ruffie (20). Pero estas aportaciones, todas ellas enmarcables en
un reduccionismo biológico más o
menos acentuado, no pasaban,
generalmente, de levantar una
ci~rta polémica, para después ir
son seleccionados o preferidos a otros por una tendencia innata; es decir,
por condicionamiento
genético-cultural.
Para profundizar en estos aspectos, véase: J. R. LACADENA,, .«Determinis­
mo biológico y condición humana», en Genética y condición humana,
Ed. Alhambra, Colección Exedra, núm. 143, 1983, págs. 169 y sigs.
(:R;) MICHAEL RuSE, Sociobiologla, Ediciones Cátedra, S. A., Colec­
ción Teorema, 1983.
(17) Esta
polémica se encuentra recogida en: P. HoPKINS, «Le meur-
tre. des noutrisons», en la Recherche, núm. 96, enero de 1979, págs. 79-81.
(18) Entre ellos se enctienttarÍ ERNsT MAYR y JoHN MAYNARD SMITH.
(19) JACQUES MONOD, El azar y la necesidad, Barral, Batcelona, 1971.
(20) JACQUES RUFFIE, De la biologla a la cultura, Muchnik Editores,
Barcelona, 1982.
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languideciendo paulatinamente, lo que no es el caso de la socio­
biología wilsoniana .
. Y ello porque, como dice Pierre Thuillier (21), «el profesor
Wilson postula,
al menos en el plano teórico, una toma de poder
explícita,
rompleta y sistemática. Los sociobi6logos son .Jos (nue­
vos moralistas». Es únicamente el conocimiento de nuestras na­
turaleza hiol6gica la que nos permitirá tomar las mejores deci­
siones entre los distintos criterios de progreso» (22).
Según Wilson, las religiones, incluido el marxismo entre ellas,
deben reducirse a la biología,
al igual que todas las doctrinas
morales y políticas, las humanidades
y las ciencias sociales, ya
que si quieren persistir como. disciplinas científicas deberán fun­
damentarse en la sociobiología.
De esta forma el dominio socio­
cultural de los nuevos teóricos será total. Como ha señalado
Robert Trivers,
«Más pronto o más tarde, las ciencias políticas,
el derecho, la economía, la psiquiatría y la antropología serán,
sin
excepción, ramas de la sociobiología» (23 ).
El razonamiento sociobioló~co.
Los· sociobi6logos van a realizar un razonamiento te6tico,
necesario para asegurar
el entramado de su doctrina, en cuatro
fases (24 ):
(21) PmRRE THUILLIER, «-¿Tomarán él poder los biólogos»?, en Mun­
do Cientl/ico, núm. 7, vol. 1, pág. 718.
En esta primera parte· de nuestro trabajo seguimos en cierta· medida
d razonamiento de THUILLIBR.
(22) Textualmente dice WrLSoN: «Aunque "el progreso humano pueda
alcanzarse por la intuición y la fuerza de voluntad, solamente el c8hoci­
miento empírico de nuestra naturaleza biológica, ganado a fuerza de tra­
bajo, D.os permitirá degir 'las· mejores opciones entre los diferente's cri­
terios de progreso». Cfr. ·E. O. 'WILSON, Sobre la naturaleu huff!ána, pá­
gina 22.
(23)
Citado por PIERRE THtJILLIER, ¿Tomardn el poder ... ?, pág. 718.
(24) Para una mayor profurulizaci6n de las fases del razonamiento
sociobiol6gico: Grupa de estudios sociobiobSgicos, «Sociobiología: una
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SOCIOBIOLOGIA
l. En primer lugar, necesitan sentar las bases de una his­
toria evolutiva de los hechos sociales, para lo cual deben demos­
trar que la naturaleza humana
y. la organización de la sociedad
son sólo ejemplos
concretos y particulares de categorías de com­
portamiento y organización social más generales que sé presentan
en
el reino animal.
2. Una vez sentado
el punto anterior, hace falta demostrar
que los distintos
aspectos def comportamiento social humano
están total o parcialmente determinados genéticamente; Esto es
debido a que si por el punto primero se establece que hay una
evolución histórica del comportamiento social, es necesario gue
exista un sustrato génico para que actúe la selecci0i1 natural.
En virtud de este apartado, los sociobiólogos se ven forzados
a rechazar unilateralmente cualquier otra hipótesis alternativa
que pudiera explicar el comportamiento social del hombre.
Y
ello afecta desde Skinner y su determinismo psicológico hasta
cualquier tipo de libertad psicosocial humana que
implique un
desarrollo autónomo de la historia, de acuerdo con su propia
dinámica. Una
vez sentadas la premisas anteriores, se afirma la base
·hereditaria de
la xenofobia, el cohformismo, la religión, la terri­
totialidad
y la propiedad privada, la mala voluntad, la compe­
tencia económica, etc.
3. La tercera fase consiste en considerar que cualquier
elemento que observemos en la naturaleza humana confiere en
sí mismo una cierta adaptación, traducida en un aumento de la
eficacia reproductiva. Y, por· ello, hace falta argumentar cuáles
son las razones que llevan a los portadores de los atributos
ci­
tados anteriormente (xenofobia, religiosidad, etc.) a tener un
mayor número de descendientes.
4. Por último, los sociobiólogos tienen que explicar, dentro
de su esquema «racional», en porqué las sociedades humanas
nueva forma de determinismo biol6gi.co:», en The Ann Arhor Science for
the People, «La biología como· arma social», Ed. Alhambra, Madrid, 1982,
págs.
252-255.
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difieren tanto en lo cultural y por qué dentro de algunos grupos
humanos
se han producido cambios muy rápidos.
Este
. razonamiento sociobiológico parte, en la mayor parte
de los casos, de hip6tesis inventadas
ad hoc y llega a conclusio­
nes normalmente no verificables, además de utilizar fragmenta­
riamente los datos de la genética y la etología, cuando no de la
historia, la sociología o
la,-etnografía. Todo ello para dar una
cierta .verosimilitud a las
prenúsas a. partir de las. cuales llegan
a. obtener conclusiones descabelladas;
Lo que no es óbice para que al aplicar este cuadro metodo-
• lógico surjan dos ideas fundamentales a las que se circunscribe
la sociobiología.
En primer lugar, la omnipotencia ne la selección natural.
Idea que no presenta ninguna novedad,
ya que para numerosos
investigadores esta omnipotencia
se considera un dogma funda­
mental desde hace
más de cien años. Pero los sociobiólogos
plantean una diferencia fundamental de inusitadas
· consecuencias
que les separa del darwinismo clásico o del neodarwinismo de
este siglo.
La diferencia estriba en la importancia que se da a los
individuos, ya que hasta la sociobiología
se hablaba de indivi­
duos portadores de determinados
genes pero, según Wilson, los
individuos carecen de importancia, ya que sólo sirven para ase­
gurar la reproducción y supervivencia de los genes. Estos son
los auténticos actores de la evolución y, por ello, ésta debe
ex­
plicarse en función de aquéllos y más concretamente en función
de su estrategia reproductora.
La segunda tesis fundamental de la sociobiología estriba en
que todos los comportamientos son adaptativos y tienen una
base genética. Según Wilson, las conductas y las propias estruc­
turas sociales son los
«órganos de los genes» y sólo existen o
sobreviven en la medida que aseguran una mejor propagación
de etos últimos.
Este
es el dogma central de la sociobiología y en este punto
concreto desborda
al neodarwinismo y plantea la nueva síntesis,
no como
la síntesis moderna de la teoría sintética de la evolu­
ción entre diferentes aspectos de la biología,
como paleontolo-
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SOCIOBIOLOGIA
gía, filogenia o anatonúa comparada y teoría de la· evolución,
sino entre ciencias naturales
y sociales, de tal forma que la socio­
biología integre y supere a la sociología clásica y elfo porque la
única explicación coherente y real de cualquier fenómeno social
se va a encontrar en los genes y sólo eii ellos.
• Ahora bien, los dos principios fundamentales de la socio­
biología se pueden criticar con relativa facilidad.
La primera idea que hemos expuesto se encuentra con la
dificultad insuperable de que, según prácticamente todos lo~
teóricos de la evolución, la selección natural no opera sobre
genes aislados, sino sobre individuos, y más concretamente sobre
los fenotipos resultantes de la interacción de los genes con el
medio ambiente ( expresión de los genes en un medio ambiente
determinado).
De ahí, por tanto, la arbitrariedad que supone el
intentar explicar la evolución por la estrategia concreta de
de­
terminados genes. Ernst Mayr ha negado tajantemente el valor
selectivo de cada gen
al afirmar que «la criba de la selección
se efectúa a partir del individuo en su conjunto y no
· de deter­
minados genes» (25).
En segundo lugar, en cuanto. al condicionamiento genético
de
los comportamientos sociales, es una proposición discutible
y discutida. Posiblemeote, en un sentido muy amplio, todo com­
portamiento humano puede presentar. una cierta dependencia
genética, pero, como dice Grassé, «Ninguna observación de orden
genético, ninguna expetieocia, ninguna medida, ningún hecho
apoya
la idea de que los genes regulan nuestra ·afectividad y
nuestro pensamiento. Si la tesis del determinismo genético in­
mediato de la afectividad y del pensamiento humano fuera exac­
ta, el hombre debería tener ideas innatas y exteriorizar senti­
mieotos innatos. Sin embargo,
el desarrollo mental del niño, ob­
servado desde el· nacimiento hasta la pubertad, no muéstra la
aparición de ninguna idea innata, de ningún sentimiento innato.
Esta constatación prueba, en todos
los casos, que el hombre ha
(25) ERNST MAYR, Population, especes et évolution, Herman, 1974,
pág. 173. Citado por P. THtJILLmR, op. cit., pág. 719.
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perdido todas las conductas . Íllllatas y organizadas ( complejos
instintivos)
.de los anh:nales. De esto estamos. seguros» (26) .
. Pero Wilson necesita demostrar este punto crucial de su ra­
zonamiento y, pata ello, va aislando comportamientos particula­
res, tratando de explicarlos genéticamente con
atgumentos más
pr6ximos a la ciencia-ficción que al rigor metodológico que pre­
supone
el método científico
As!, por ejemplo, con respecto a
la agresión, el profesor
Wilson se pregunta: «¿Son los seres humanos agresivos?». Con­
testando a continuación: «La_ respuesta es afirma~iva. A través
de la historia de la guerra, representando solamente la técnica
más organizada de agresión, ha sido endémica para todas las for­
mas de sociedad, desde las bandas de cazadores-recolectores hasta
los
Estados industriales» (27), pata añadir más adelante « ... los
seres humanos tienen una señalada predisposición hereditaria a
la conducta agresiva»
(28).
Una idea parecida es la que sustenta sobre la guerra: «La
práctica de la guerra es un ejemplo directo de una predisposi­
ción biológica hipertrofiada»
(29).
Con respecto a la xenofobia, su explicación parece no dejar
muchas dudas: «Los
seres. humanos están fuertemente predis­
puestos a responder -.con odio irrazonable a las amenazas exterio­
res y a incrementar su hostilidad lo suficiente como para do­
minar. la fuente de la amenaza con un matgen respetablemente
amplio
de. seguridad. Nuestros cerebros patecen estar progra­
mados hasta este grado: estamos inclinados a dividir a las otras
gentes en amigos
y enemigos .... Tendemos a sentir un profundo
temor por las acciones de los extranjeros y a resolver los
con­
flictos mediante la agresión. Estas reglas de aprendizaje muy
(26) PIERRE-PAUL GRAssÉ, Vhomme_ en acusation. De la biologie a
la politique, Ed. Albin MicheL Citado por Révérend Pere Bruckbetger,
«La biologie et le destin de l'homme», en Permanences, núm. 214, ria-.
vembre 1984, pág. 22.
(27)
E. O. WILSON, Sobre la naturaleza
(28) E. O. WILSON, Sobre la naturaleza
(29) E. O. W1LSON, Sobre la naturaleza
350
humana,
humana,
humana,
op. cit., pág. 144.
op. cit., pág. 145.
op. cit., pág. 167.
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SOCIOBIOLOGIA
posiblemente se hayan desarrollado dur.ante los. pasados cente­
nares de millares de años de la evolución humana, y, de este
modo, han conferido una ventaja
biológica a aquellos que las han
seguido con mayor fidelidad» (30).
Y con · argumentos '-sirililare:s a los anteriores se van anali­
zando y explicando el tábú-del incesto, el anhelo religioso, la
división del trabajo, la tendencia al conservadurismo, la propie­
dad privada,
los derechos humanos, el altruismo, la homosexuali­
dad, etc.
(31 }.
Es especialmente curioso y demostrativo de hasta dónde
pueden llegar las «explicaciones» sociobiológicas
la referencia a
la homosexualidad. Pensar en la base genética de la homosexua­
lidad, o para ser
más exactos de la predisposkión a la homo­
sexualidad,
es al menos especulativo si tenemos en cuenta que
los homosexuales no tienen desoendencia
y, por lo tanto, parece
dificil que los genes responsables
de esta predisposición puedan
difundirse en la población.
La explicación sociobiol6gica es ingeniosa pero dif!cilmente
comprobable, y

consistiría en que
los parientes de los homose­
xuales pueden tener, gracias a éstos,
más descendientes. Como
dice Wilson: «Los miembros homosexuales de
las sociedades
primitivas pudieron haber ayudado a miembros del misino sexo,
, ya sea al cazar y recolectar o en o_cupaciones más domésticas _de
los deberes paternos, estarían en posición de operar con especial
eficiencia para ayudar a sus parientes cercanos. . ..
Si los parien­
tes -hermanos, · hermanas, s_obrinas, sobrinos y otros-se. be­
neficiaban por tasas más elevadas de supervivencia y reproduc­
ción, los genes que e_stos individuos compartían con los especia­
listas homosexuales habrían. aumentado a expensas de los genes
alternativos. Inevitablemente, algunos de estos genes habrían
sido aquellos que predisponían a los individuos hacia la horno-
(30) E. O. Wn.soN, Sobre la naturaleza humana, op. cit., págs. 171-
172.
(31) Algunos de estos comportamientos serán analizados en o_tros apar­
tados del. presente trabajo, especialmente los que se refieren a la ~o­
biologia de la ética y la religi6n.
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sexualidad. Una minoría de la población tendría, consecuente­
mente,
el potencial para desarrollar preferencias homofilicas, por
lo que sería posible que los genes homosexuales continúen
di­
fundiéndose a través de líneas de descendencia colateral, aun si
1os mismos homosexuales no tienen hijos» (32).
Pero a pesar de
las dificultades, los sociobiólogos van aden­
trándose en todas las disciplinas características de las ciencias
sociales,
ya que consideran que los especialistas en estas mate­
rias cometen el error de no dar
la importancia necesaria a las
bases biológicas de
la· naturalezá humana, cuando se trata de
explicár los fenómenos sociales o la propia sociedad. Ello repre­
senta una extrapolación, cuando menos temeraria, porque si bien
los sociobiólogos pueden explicar y arrojar alguna luz sobre de-·
terminados comportamientos, como la esquizofrenia, ello no es
razón para que la psicología, la sociología o la historia pierdan
su legítima autonomía.
Pero para Wilson
la sociobiología no tiene limites, y a partir
de ella,
y por ella, se deben de revisar los métodos y alcances
de las ciencias sociales.
Por ejemplo, la historia ha de ser revi­
sada, porque sus órdenes de magnitud son muy imprecisos ( 3
3 ).
Con respecto a la sociología, al adoptar Wilson la tesis atomista
de los fenómenos sociales, éstos· son considerados como produc­
tos estadísticos de las diferentes .respuestas en
el comportamien­
to (34 ). A partir de ello, el razonamiento es inmediato: La so­
ciedad es un C'onjunto aditivo de comportamientos; los compor­
tamientos dependen de algunos genes; por tanto,
los sociobiólogos,
conÍo especialistas en esos ge_nes,' son los únicos capaces de ex-·
plicar racionalmente y científicamente cnalquier tipo de compor­
tamiento
al igual. que. cualquier problema social.
02) E. O. WtLSON, Sobre la naturaleza humana, op. cit., págs. 206-
207.
(33)
E. O. WILSON, Sobre la naturaleza humana, op, cit., pág. 287.
(34) En este punto se opone a la sociologí~ durkheimniana, ya que
para DURKHEIMN un fenómeno social no puede explicarse como la simple
adición de conductas individuales.
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SOCIOBIOLOGIA
Críticas a la sociobiología.
Por todo lo anteriormente expuesto, se comprende fácilmente
que, desde
la publicación de los trabajos de Wilson y otros socio­
biólogos, las críticas se hayan formulado inmediatamente. Incluso
se han formado, en Inglaterra y Estados Unidos, grupos dedi­
cados
al estudio de la sociobiología y de .sus implicaciones cien­
tíficas y socioculturales.
Cronológicamente, las primeras críticas surgieron
de un grupo
de cientíticos radicales de Boston que se autodenomiri.aro,n «The
Science far the People Sociobiolcigy Study Group» (35). Criticas
especialmente virulentas, ·ya que no sólo se pusieron en tela de
juicio las ideas y postulados·
de. la sociobiología, sino que se acusó
al propio Wilson de estar aliado con los políticos más reaccio­
narios y de defender posturas racistas y nazis. Además, la crítica
fue pública en
fotma de carta al editor del New York Rewiew
of Books que había recogido una recensión favorable a la socio­
biología wilsoniana por parte de C H. Waddiogton (36).
Estas criticas iniciales
del Grupo de Estudios Sociobiolcigicos
se refieren a .la obra de Wilson, «Sociobiofogía: la nueva sín­
tesis»
y des~e la perspectiva radic,il de sus autores. Partiendo
del modelo de naturaleza humana propuesto en
esa obra,' que
luego
confirmaría en «Sobre la naturaleza humana», van anali-
(35) Ciencia para el Pueblo, tal!>Qién conocida como Acción Polltica
de Oentlficos e Ingenieros (SESPA), ,es una orgaoizaci6n de ámbito na­
ciorutl fQrmadft por · cient:íficOs, ingeru.erbs y técrucos, cuyó objeto _. es · el
cainbio social pIOgresivo: '
En el momento de la crítica a la obra de W1isON, el. Grupo de Estu­
dios_ Sociohiológicos estaba formado por_ 45 personas,._ehtte ellas algunos
cientfficos como: S. CHOROVER, S. Gp~LD, R. LEVINS, R. LEWONTIN,
etcétera. La relación completa de sus miembros s_e encuentrK ep.: Ann
Arbor Science for the People, La biologta como ... ,. op. cit., pág.-282:
(36) La controversia sociobiológica. se encuentra. resumidá en: -N.
W ADE," Sociobiology: troubted birth for new discipline, Sden.ce, núm. 191
1976, ¡,ágs. 1.151-1.155, y R. CtnuuER, Those beast/y human genes, Human
Bebavior, 1976, págs. 16-22.
35}
Fundaci\363n Speiro

E. LAZARO MARI y V. ]OSE FERNANDEZ BURGUEF/0
zando aquellas proposiciones que estiman no demostrables cien­
tíficamente. Entre ellas: la capacidad de adoctrinamiento, la mala
voluntad y el chauvinismo familiar, el núcleo familiar con do­
minio y superioridad masculina, el altruísmo recíproco ( en .con­
traposición con la verdadera generosidad), la fe ciega, el genoci­
dio, la guerra y la xenofobia (37).
A
partir de esta crítica, consideran a Wilson como responsa­
ble de
dar la coartada biológica que justifica el conservadurismo,
el machismo e incluso el racismo.
Wilson ha rechazado siempre
su asignación· a · cualquiera de
las categorías antes mencionadas, para lo cual se sirve del doble
lenguaje que él y otros sociobiólogos suelen presentar. Y ello,
como nos dice
· Pierre Thuillier, da lugar a dos versiones de la
sociobiología: «La versión
su.ave propone lo que podríamos de­
nominar un biologismo atenuado: una gri¡n parte de la influencia
se otorga al medio ambiente ( en oposición a los genes) y la
historia de las sociedades humanas
se considera como «cultural»
más bien que como natural .. Si no tuviéramos en cuenta más que
estos textos, Wilson
no pasarla por un empedernido partidario
del
detemiinismo biológico. Su biología del gen serviría única­
mente de contrapeso
·a las ilusiones de aquellos que ignoran la
omnipotencia de la educación y la cultura.
Pero, corrientemente, Wilson
se expresa mucho más dura­
mente. Por ejemplo,
deelara que «los genes omiten la cultura»;
e insiste abiertamente en la importancia de las «limitaciones
ge­
néticas», del «imperativo genético», del «determinismo genéti­
co», etc. Bien o mal, esta retorica no puede llevar
al lector más
que a atribuir una enorme influencia a las «reglas genéticas de
la naturaleza humana». Las imágenes mecanicistas son frecuen­
tes y totalmente explícitas: se trata de comprender a
la máquina
humana y determinar
fas trayeétorias evolutivas. En pocas pa­
labras, el hombre se encuentra sometido en todas sus activida­
des a
la dura ley de los genes ..
(37} · El análisis de_ cada uno de esos apartados se encuentra ·en: Grupo
de Estudios Sociobíológicos, Sociobiología: una nueva forma ... , op. cit., pá·
ginas
256 y sigs.
354
Fundaci\363n Speiro

SOCIOBIOWGIA
«Esta oscilación entre una socióbiología dura y una sociobio­
Iogía flexible es muy cómoda. Permite a Wilson difundir una
filosofía social dominada por los conceptos de «limitación
ge­
nética» y de selección natural. Al mismo tiempo aparecen al­
gunos textos moderados, para hacer ver que, a fin de cuentas,
él no
es un obseso del reduccionismo y del determinismo. Esta
ambigüedad no facilita
evidentemen~e las discusiones. Pero es
difícil que pueda ser esclarecida. Todo sucede como si Wilson
estuviera atrapado entre
dos exigencias contradictorias» ( 38 ).
A pesar de esta ambivalencia, ya han surgido en Estados
Unidos los bioeconomistas que, a remolque· de la sociobilogía,
demuestran que el capitalismo
es muy · superior al socialismo.
Y, como cabría esperar, la tentación biologista llega a la polí­
tica bajo
la forma de biopolítica que, aplicada por un gobierno
biocrático, ordene la sociedad en función
de los dictámenes bioló­
gicos, elaborados posiblemente por los sociobiólogos.
Una crítica
más razonada y objetiva y mucho más científica
es la que recoge J. L. Ruiz de la Peña (39) en.seis grandes apar­
tados:
a) Confusión entre presupuestos y causas.
b) Mitificación de los genes.
e) Magnificación de los comportamientos innatos sobre los
adquiridos.
d) · Abuso del argumento de analogía.
e) Desprecio sistemático de la bre. · · ·
f) . E;,plicación errónea de la ética.
Ante
la imposibilidad de analizar cada uno de estos aparta'
dos, al igual que otros en los que la sociobiología puede y debe
ser revisada, vamos a referirnos a la sociobiología de la ética y
a la sociobiologla de la religión.
(38) PIERRE. THUILLIER, op. cit., pág. 720.
(39) J. L. Rmz DE LA PEÑA, «La antropología. y la teotación biolo­
gista)), en Revista Cat6lica Internacional .Communio, núm. 6, Ed. Encuen~
tro, noviembre/diciembre, 1984, págs. 512 y sigs,.
355

Fundaci\363n Speiro

B. LAZARO MARI y Í'. JOSB. FBRNANDEZ BURGUERO
Sociobiología de la ética.
E. O. Wilson representa en este aspecto el último tramo del
camino que comenzó
J acques Monod ( 40) y continuó Edgard
Morin ( 41) a la hora de postular la naturaleza biológica de la
ética. Para ello parte de una idea del hombre que no admite
ninguna duda: «Si
el cerebro es una tnáquina de 10 ntll núllo­
nes de células nerviosas y la mente. puede . explicarse como la
actividad conjunta
de un número finito de reacciones quintlcas
y eléctricas, estos linderos lintltan el prospecto humano, somos
biológicos
y nuestras almas no pueden volar libremente. Si la
humanidad evolucionó de acuerdo con la selección hatural dar­
winiana, las especies fueron· creadas por . el azar genético y las
necesidades ambientales, no
por Dios» ( 42).
Partiendo de esta proposición fundamental, y
al. analizar, si­
guiendo como marco la ecuación hombre = animal, en profun­
didad la naturaleza humana, surgen varios dilemas.
El primero ·
de ellos es consecuencia «del aparentemente fatal deterioro.de
los mitos de la religión tradicional y sus .equivalentes. seculares,
entre los cuales los principales son las ideologías basadas en una
interpretación marxista de
la historia. El precio· de es_tos fraca­
sos ha sido una pérdida del consenso moral, un gran sentido de
impotencia acerca
de la condición .humana. y un estrechanúento
de la preocupación
. hacia el yo y el futuro inmediato» ( 43 ).
Ahora bien, hay, según Wilson, una solución intelectual a
este primer dilema que consiste. en
an¡¡lizar sin ,prejuicios y en
profundidad la naturaleza humana, conjugando la actuación de
las ciencias sociales
y naturales. Extendiendo los métodos de la
(40) Un análisis del reducciOnismo biologista que-'plantea J. MONOD
se encuentra en: J .. L. Rmz DE LA PEÑA, L"as nuevas, anttopo,logías. Un
reto a 1,, teologla, Ed. Sal Tetrae, Santander, 1983, p,lgs. 76-89.
( 41) EnGAR MoRIN, El paradigma perdido. Ensayo de bioantropolo­
· gía, Ed. Ka.iros, Barcelon-a. 1974._
(42) E._ O. WÍLSON, Sobré" la naturaleza _humana, op. cit., pág-. 13.
(43) [bid., p,!g. 271.
356
....
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SOCIOBIOLOGIA
etología, la neurobiología y la sociobiología se dará una base
·para la

activación de las ciencias sociales.
A
partit del primer dilema surge invariablemente el segundo.
¿Cuáles son las opciones que debemos elegir conscientemente
entre nuestras propensiones mentales innatas? Para resolver este
dilema hay que tener en cuenta varios
hechos, Por ejemplo, que
,a] analizar los sistemas sociales presentes en muchas especies
animales (Wilson habla de centenares de casos) y al comprobar
cómo
han evolucionado, observamos que las opciones humanas no
son más
. que un subconjunto dimlnuto del conjunto formado
por todas las teóricamente posibles. Por otra parte, la natura-.
leza humana es el conjunto de adaptaciones genéticas a un medio
en gran medida desaparecido, el de los cazadores-recolectores de
los períodos glaciares. Por ello, nuestro vida moderna, que nos
parece cambiar a un ritmo trepidante, no
es más que una hiper­
trofia cultural de arcaicas adaptaciones de conducta.
A la hora de
elegir nos podemos encontrar con un círculo
vicioso: «Estamos obligados a
elegir entre los elementos de la
•naturaleza humana con referencia a sistemas de valores que esos
mismos elementos crearon en una época evolutiva que ha des­
aparecido hace mucho tiempo» (44). Afortunadamente ese círculo
no
es insuperable y a ello se debe dedicar primordialmente la
biología humana, para lo cual «debe identificar y medir las
limi­
taciones que influyen en las decisiones de los filósofos éticos y
de todos los demás, para inferir su importancia mediante recons­
trucciones mentales neurofisológicas y filogenéticas» ( 45). De
esta forma, alterando los cimientos de las ciencias sociales,
Sur­
girá «una biología de la ética que hará posible la selección en
un conjunto de valores culturales más profundamente compren­
dido y duradero» ( 46
).
Para fundamentar esta naturaleza estrictamente biológica de
la ética, Wilson propone tres hechos ( 47):
(44) Ib/d., pág. 272.
(45)
!bid., pág. 272.
(46) !bid., pág. 273.
( 47) Par& un estudio más prrifundO de la biología de la ética-es
357
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E. LAZARO MARI y V. JOSE FERNANDEZ BURGUERO
En primer lugar, el tabú del incesto, impuesto prácticamente
en todas las civilizaciones exclusivamente por el puro instinto
genético
ya que si el cruzamiento entre consanguíneos res.ta ca­
pacidad genética aumentando la posibilidad de anomalías géni­
cas y cromos6micas, estos hechos sólo son conocidos y científi­
camente explicados desde hace pocas décadas.
En segundo lugar, está
la explicación del altrufsmo, uno de
los puntos básicos de
la sociobilogía. El altruismo no puede ser
explicado como una cualidad que trasciende la naturaleza bioló­
gica del hombre, sino que desde el punto de vista sociobiológico
no
es más que una refinada forma de egocentrismo, ya que si el
sacrificio individual salva de la muerte a los parientes próximos
(hermanos, primos, etc.) que comparten parte de su dotación
genética, el sacrificio
es genéticamente productivo, el altruismo
se convierte en egoísmo~
Este argumento que Wilson «demuestra» en los insectos y
otros animales, aunque reconoce que es difícil de extrapolar al
hombre, le lleva a afirmar que cuando un ser humano defiende
su territorio o su familia y pierde la vida, no desarrolla
un acto
altruista libre y meritptio, sino muestra su egoísmo
ya que lo
que defiende
es la posibilidad de que sus genes tengan condicio­
nes óptimas de expansión.
Dentro de este
contexto, es significativa la explicación que
Wilson da sobre el comportamiento de
la madre Teresa de Cal­
cuta: «La madre Teresa de Calcuta es una persona extraordina­
ria, pero no debe olvidarse
que ella está segura en el servicio
de Cristo y
el conocimiento de la inmortalidad de su Iglesia ...
La santidad no es tanto la hipertrofia del altruismo humano
cuanto su osificación» ( 48).
impreSCindible: J. L. Rmz DE LA PEÑA, Las nuevas antropologías ... , o-p_.
cit., págs. 71-130.
(48) E. O. WILSON, Sobre la naturaleza humana, op. cit., pág. 234.
El párrafo exacto de WILSON, a través del cual podemos conocer la «es­
tima.» que siente por la religión cat6lica, dice: «La madre Teresa es una
persona extraordinaria, pero no debe olvidarse que ella está segura en el
setvicio de Cristo y el conocimiento de la inmortalidad de su Iglesia.
Lenin, quien predicaba un pacto no menos utópico, si bien opuesto, ca-
358
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SOCIOBIOLOGIA
Por último, en cuanto a los derechos humanos, expone Wil­
son que su común aceptación es debida a que somos mamíferos.
El individuo, una vez alcanzado .el éxito reproductivo de sus
genes, ha de llegar a algunos compromisos para evitar los con­
flictos entre
los grupos y las clases, para lo cual qué mejor que
consensuar unas normas
más o menos igualitarias y equilibra­
das que eviten dichos conflictos.
Esta biología de la ética
debería considerar como valores
,primarios: nobleza, diversidad en el conjunto genético y .los
derechos h\llllanos universales. También deberá tener en cuenta
los valores secundarios que se definen en función de nuestras
más intensas emociones: «el entusiasmo y una agudización_ de
los sentidos surgen de la exploración; la exaltación, del descu­
brimiento; el triunfo, en la batalla y en los deportes competi­
tivos; la satisfación inquieta, del acto altruista situado adecuada
y verdaderamente; el orgullo étnico y nacional, la fuerza de las
ligas familiares, y el placer biofílico de la cercanía de los anima­
les y las
plantas» (49).
La humanidad, por último, se enfrenta con el tercer dilema,
el espiritual. Los adelantos de la genética humana y las oÍra.s
ramas de la ciencia permitirán conocer en profundidad las bases
genéticas de la conducta social
y se podrán utilizar técnicas para
cambiar los genes, mediante
la ingeniería molecular y el cloning.
Igualmente
se podrán usar las técnicas eugenésicas convenciona­
les.
La especie humana podrá cambiar su propia naturaleza «¿Qué
elegirá? ¿Permanecerá igual, temblando sobre una cimentación
mal construida de adaptaciones parcialmente obsoletas de la edad
glacial? ¿O avanzará en pos de una inteligencia y creatividad
superiores, acompañadas por una mayor
-'-o menor-capacidad
para
las respuestas emocionales? Podrían instalarse nuevos pa­
trones de socialización en· pequeñas dosis. Podría ser posible
imitar genéticamente a la
casi perfecta familia nuclear del gibón
lificaba al cristianii;,mo de inenarrable.mente vil y lo _llamaba un contagio
de la clase más abominable;" cumplimiento que ha sido regresado por los
teólogos cristianos•.
(49) Ihld., p,!g. 277.
}59
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B. LAZAR.O MARI y V. JOSfi FERNANDEZ BURGUEfiO
de manos blancas o a las armoniosas hermandades femeninas
de las abejas» (50).
Esta biología de la ética propuesta por E. O. Wilson es uno
de los aspectos de la sociobiología más abiertamente puestos en
tela de juicio.
Y no solamente por teóricos de la. evolución,
como Dobzhansky o
Ayala, sino por filósofos de la biología,
como Gehlen y Ruse, etólogos como Thorpe y biólogos como
Rllffie, además, como parece lógico, por filósofos éticos y mora­
listas.
Francisco
J. Ayala es uno de los c¡ue con más acierto se ha
opuesto a los planteamientos wilsonianos, y no sólo porque la
ética es un atributo humano universal que está ausente en las
demás especies animales,
sino porque las normas éticas y los
preceptos morales que
rigen a los seres humanos no son dictadas
ciegamente por nuestra naturaleza biológica.
·Por otra parte, ha demostrado que una moral basada en la
biología concluye con presupuestos éticos
contrarios a los valo­
res éticos sustentados por la mayoría de los hombres, y centrán­
dose en la
sociobiología, a· la que considera con una base em­
pírica ptecaria, su explicación de la conducta altruista y de las
normas éticas · generales, le parece poco· fundamentada, ya que la
biología, en general,
poco puede indicar a la hora de justificar
un
cócligo moral concreto.
Por
último, ha percibido los excesos que se pueden cometer
cuando
se afirma, como hace Wilson, que la única misión demos­
trable
.de la moralidad es mantener intacto el material genético
humano,
ya que si el papel de las normas morales es servir para
¡,reservar los genes humanos, no s6lo volveríamos al
darw:inismo
social/
sino que a partir de él se podría justificar el genocidi0
y
el racismo como mecanismos lícitos para conservar los mejo­
res genes y para eliminar los genes deletéreos y letales (51).
(50) [bid., págs. 288-289,
. (51) F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, Alianza Editorial,
Alianza Universidad, núm. 278, Madrid, 1980. Concretamente el caplrn­
lo.
VII, ÚI ética y la religi6n, págs. 169-190.
360
Fundaci\363n Speiro

SOCIOBIOLOGIA
Sociobiología de la religión.
Los trabajos de los sociobiólogos en el análisis y estudio de
la fenomenología de la religión siguen inicialmente las hipótesis
clásicas de
Max Weber, y, por tanto, «que las religiones más •
elementales buscan lo sobrenatural por razones mundanas, como
vida larga y próspera, abundancia de alimentos.
y. territorio, con­
quista de los enemigos, etc.» (52
).
Segón Wilson, «las creencias religiosas tradicionales han sido
socavadas,
:no tanto por las humillantes. demostraciones de la
falsedad de sus mitologías, sino
por la creciente conciencia de
que las creencias son, en realidad, mecanismos que capacitan para
·
la supervivencia. Las religiones, al igual que otras instituciones,
surgen para aumentar
la persistencia e influencia de sus prac­
ticantes»
(53 ).
Como ha expresado Archer, «Wilson constata, a lo largo de
sus análisis, que incluso
las formas más elaboradas de religión
se desarrollan, a lo largo de los tiempos, segón las leyes del
darwinismo cultural. Prosperan aquelias religiones que confieren
ventaja biológica a los individuos y tribus, mientras que las otras
se extinguen. Y, describe en detalle esas ventajas biológicas,
que van desde inferir identidad y fuerza
de sacralización hasta
la integración social del individuo y su sentido de la existencia».
Concluye afirmando que «la mente humana
está geneticamente
programada para participar en
una variedad de . procesos de sa­
cralización que, combinados, dan lugar a las religiones institu­
cionalizadas»
(54 ).
Y, ello, porque «la religión es una de las características prin­
cipales de conducta innegablemente exclusivas de
la especie hu­
mana» (55), con lo cual «la explicación sociobiol6gica de la fe
(52) LUIS J . .ARCHER, La amenaza de la biologla, Ediciones Pirámi-
de, S. A., Madrid, 1983, pág. 145.
(53) E. O. WnsoN, Sobre la naturaleza humana, op. cit., pág. 16.
(54) Lms J. AacHER, La amenaza ... , op. cit., pág. 145.
(55) E. O. WrLSoN, Sobre la .naturaleza humana, op. cit.,. pág. 247.
361
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E. LAZARO MARl y V. ]OSE FERNANDEZ BURGUElW
en Dios lleva a la parte crucial del papel de la mitología en la
vida moderna: es obvio que los seres humanos todavía están
gobernados por los mitos en una gran medida» (56
).
De todo ello deduce Wilson la importancia del materialismo
científico que «ofrece a la mente humana una mitología alterna­
tiva que, hasta ahora, siempre ha logrado derrotar a
la religión
tradicional punto por punto en todas las zonas de conflicto» (57
).
Máteriálismo científico que,. superado· el marxismo, se circuns­
cribe en nuestros días a la epopeya .evolucionista, la cual no deja
de ser una mitología más, porque aunque
sus postulados son
universalmente :admitidos, nunca pueden ser definitivamente
com­
probados;
Pese a ello, los
científicos, al intentar explicar la naturaleza,
niegan obstinadamente toda intervención ajena a ella
y más con­
cretamente cualquier intervención de la divinidad. Más aún, gra­
cias a la sociobiología se ha llegado a la etapa crucial del de­
sarrollo de la biología, ya que la misma religión está sujeta a la
explicación de las ciencias naturales, porque «puede explicar
los mismos orígenes de la mitología por el principio de la
selec­
ción natural en acción sobre la esiructura material del cerebro
humano que evoluciona genéticamente» (58).
Pero Wilson no
se contenta con esto; él da por demostrado
el triunfo del· naturalismo científico
al explicar racionalmente
la religión tradicional como un fenómeno exclusivamente
mate~
ria!, con lo cual, además, pretende impedir que la teología pueda
sobrevivir como disciplina
· independiente de las ciencias sociales
y naturales
y, por lo tanto, de la propia sociobiología.
Ahora bien, la religión, pese a todo,
sí puede perdurar como
una fuerza vital de la sociedad,
ya que no basta con explicarla
para· eliminarla. Y en este punto radica la superación del mate­
rialismo científico y del marxismo clásico por parte de la nueva
síntesis sociobiológica. «La debilidad espiritual del materialismo
científico de que no tiene una fuente de poder primario de este
(56) Ibúl., pág. 266.
(57) !bid., pág. 268.
(58) !bid., pág. 269.
362
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SOCIOBIOWGIA
tipo. En tanto que explica las fuentes biológicas de la fuerza
emocional religiosa en
·su forma actual, es incapaz de .acudir a
ella porque la epopeya evolucionista niega inmortalidad·
al indi­
viduo
y privilegios divinos a la sociedad y sugiere solamente un
significado existencial para la especie humana. Los humanistas
tual
y el autorrendimiento; los científicos, honestamente, no pue­
den servir como sacerdotes»
(59).
Esa enorme fuerza vital del anhelo religioso queda,. por tanto,
hbre
y puede ser utilizada para otros fines. Por eso Wilson se
plantea: «¿existe un modo de desviar el poder de la religión
para ponerlo al servicio de la nueva gran empresa que pone al
desnudo las fuentes de ese poder?» (60).
Y Wilson intenta dar una respuesta.
La solución, cómo no,
está en la sociobiología. Una vez que
se disuelva . en ella todo
espejismo de lo trascendente, el hombre tendrá que escoger
de­
finitivamente entre sus determinaciones mentales innatas. Ten­
drá que aislar y corregir sus genes «malos y engafiosos», renun­
. ciar a la seguridad en la eternidad
y a los consuelos de lo sobre­
natural
y acomodarse a su existencia finita y material. Todo ello,
claro está, bajo las paternales directrices de los nuevos
«mesías»,
los sociobiólogos. -
Aunque creemos que pueden surgir otras interpretaciones de
esta aparente realidad, otros
«mesías» que quieran aportar sus
peculiares interpretaciones del fenómeno. Es difícil que
los teóri­
cos del marxismo, por ejemplo, se queden cruzados de brazos.
Una vez integrado el mensaje sociobiológico
y recuperados del
estupor inicial, ·
y habiendo arrinconado hace décadas el tópico
«religión como opio del pueblo», intentarán instrumentalizar
esa
fuerza vital religiosa para sus propios fines (61).
La sociobiologia de la religión plantea, una vez más, la deli­
mitación clara de las. competencias entre el mundo
cienr!fico y
(59) Ibid., págs. 269-270.
(60) Ibld., pág. 270.
(61) No_ es en cierta medida la teología de la liberación un ejémplo
de este cambio de actitud.
363
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E. LAZARO MARI y V. ]OSE FERNANDEZ BURGUEfW
el ámbito de lo espritual, de las relaciones entre la ciencia y la
fe. Desgraciadamente son cada vez más los que se dejan conven­
cer por los discursos acientíficos de preclaros prohombres de
ciencia de los que E. O Wilson
es un claro representante. Y,
ello . es debido, al menos en cierta medida,. a que antes los acele'
rados cambios tecnológicos y científicos que acompañan los úl­
timos lustros del siglo xx, la humanidad rinde culto a la ciencia
encarnada en sus más· sobresalientes representante_s, y algunos
de éstos, perdidos sus legítimos límites, pontifican sobre lo di­
vino
y lo humano, sin precisar claramente lo que de sus afirma­
ciones está basado en las precisas
normas del método científico
y lo que es fruto de especulaciones pseudofilosóficas.
Algunos científicos
se ven como obligados a abrir los ojos
a
la humanidad sobre· mitos y creencias, pero cabría preguntarse,
¿ quién les abre a ellos la mente? El ser distinguido con el pre­
mio Nobel en una disciplina científica; o el estar considerado un
experto en física cuántica, ecuaciones diferenciales, biología
mo­
lecular o com~rtamiento social. de insectos, no es, en absoluto,
garantía de serlo igualmente a la hora de abordar cuestiónes que
se escapan del campo experimental de la ciencia.
Más aún, en muchas ocasiones presenta el científico una cierta
deformación
de su sensibilidad frente a problemas concretos de
la ética
y la religión, quizás debido a que el ámbito de la ciencia
es tan denso, tan enrarecido y competitivo que permite poco
tiempo para la reflexión serena, la. justa tolerancia. y el sentido
común, lo que conduce a un submundo elitista y selectivo que
produce
reflexiones muy condicionadas por sus propios aprio­
rismos medioambientales.
Como consecuencia de esta situación, no parece recomendable
dejar la
teología en manos de los científicos por las mismas ra­
zones que no sería oportuno que de la ciencia se ocupasen los
teólogos. Así, la sociobiología en cuanto biología es discutible,
pero cuando aborda el hecho religioso se convierte en una falacia
absoluta, uno de tantos castillos en el aire
que sólo la peculiar
idiosincrasia de nuestro siglo permite que
se sostengan aún ( 62).
( 62) Sólo en algunos científicos que anteponen la humildad de sus
364
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SOCIOBIOLOGIA
Sociohiología y política: El papel de la Nueva Derecha.
La actitud de los doctrinarios de la Nueva Derecha ( 63)
frente a la sociohiología, ahora,
y al determinismo hiologicista
antes, merece ser considerada con detalle.
La Nueva Derecha
realiza a partir, entre ótros, de los datos de la hiología, concre­
tamente de la etología, una crítica en profundidad al
mands­
mo ( 64 ). Dicha crítica, realizada con anterioridad por otros auto­
res y corrientes de pensamiento,
se rdiere al intento matxista
de considerar que todas las desigualdades entre· los homhres son
debidas a condiciones económicas entre las clases,
y a que la
lucha de clases supondrá
como síntesis la superación de las mis­
mas en un mundo más justo (65).
No hay duda de la existencia de
· una desigualdad natural,
física e
intelectual, individual y racial. Pero tampoco · hay duda:
que sobre la variación inicial genotípica, diferente en todos y
limitaciones a la soberbia de su saber, se vislumbra una reflexión_ prudente,
16gica y eoherenre del papel de L, ciencia y de .su propia identidad. JÉ­
ROME LE~UNE es ejemplo de este tipo de científicos;. E. O WILSON lo
es
del enfoqué contrario.
(63) La Nueva· Derecha es, según· el mismo ALAIN nii BENOIST, ·un
cojunto informal de· grupos--de estudios) asociaciones ·y Wistas ctlya áctiM
viciad se sitúa exclusivamente en el terreno cultui:al. ·Entre· ellos se encuen~
tran. el movimiento GRECE (Groupement de Recherche. et D'Études pour
la Civilisation Européenne), el Club de L 'Rorloge y las revistas, Nouvelle
·Ecole y Etudes et rechetch'e"s, asf como e1 peri6dico Eiéniénts.
( 64}. Concret$1.ente se critica _el_ iguali_tarismo marxista ·basado en una
posición ambientalista de -la biología, frente· a -una _postura que prima la
variante _genétiCa p~r parte de la Nueva .Derecha.
( 65) · Frente a'. esta concepción marxista se alza ]a · «derecha» tal. Y:
como la -entiende ALAIN DB BENOIST: «Llamo, aquí _derecha .. _. a la actitud
que consite en considerar la diveisidad del mundo· y, por consiguiente,
las desigualdades relativas que necasatiamente produce, como un bien, y la
homogeneización progresiva de ese ~undo ... como un. mal; Llamo derecha
a las doctrinas que C tencia motiVan relaciories de fuerza cuyo producto es el devenir históri­
co, y que estiman que
·ta historia debe continuar». Cit. ÁLAIN DB BENOIST,
La Nueva Derecha, Ed. Planeta, Madrid, 1982, pág. 46.
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E. LAZARO MARI y V. ]OSE FERNANDEZ BURGUENO
cada uno de los hombres, actúa el ambiente que puede dar lugar
a una cierta homogeneidad de los fenotipos. Luego, la desigual­
'dad genética puede acentuarse si las condiciones ambientales,
educación, salud, nivel de desarrollo, etc., son malas y aligerarse
sin son óptimas.
A partir de esta situación inicial, se _ desarrolla el discurso
neoderechista, pero ·no sólo circunscrito a lo somático, sino tam~
bién a lo social. Y a esta diferencia de matiz añade una diferen­
cia cuantitativa,
ya que no sólo define que los hombres no son
iguales, sino que no deben llegar a serlo, ya que la desigualdad
social, económica
-o política no es disociable de la desigualdad
orgánica individual ( 66
).
El problema no consiste en afirmar la desigualdad biológica
entre el hombre
y la mujer, lo que no es, por otra parte, ningún
descubrimiento, sino a partir de ello sacar conclusiones
desca­
belladas; o determinar que las razas son diferentes, no porque
unas sean superiot'és _ y otras inferiores, sino porque el coeficiente
de inteligencia no se reparte igual entre caucasoides y negroides
y está bien
qua así sea.
Dentro de este contexto se tiende a asimilar a los teóricos
de la Nueva Derecha francesá
como la· articulación política del
el)lramado sociobiológko, aunque Alain _ de Benoist, el represen­
tante
más conocido de la misma, haya rechazado en varias ocasio­
nes este paralelismo. Concretamente en el prólogo de una de sus
obras se
muestra contrario no sólo a fa sciciobiologfa, sino a
todas las
doctrinas «biologistas» a base de «naturalidad» y «an-
tihistoria» ( 67). ·
Según AJain de Benoist la Nueva Derecha define al hombre
«como
el único ser perpetuamente innovador, el único fabricante
de
una historia como sentido, el único que confiere sentido por
medio del intercám.bio simbólico y la puesta en perspectiva
his-
· (66) Oub de L'Horloge, La poltique du vivant, .Ed. Albin Michel,
París, 1982, pág. 37. Citado por ÉnuARDO TEILLET RoLDÁN, «Sobi.-e é_tica
y biología», en Cuaderno. de Realidades Socialfs, núm-. 23, enero de 1984,
Instituto de Sociologío Aplicada de Madrid, pág. 26.
(67) ALAIN DE BENOIS'l', La Nueva Derecha, op. cit., pág. 19.
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SDCIOBIOLOGIA
tórica. Dicho de otro modo, en el hombre como tal hombre la
cultura prima sobre
la naturaleza, la historia sobre ]a biolo­
gía» (68).
Por tanto,
la crítica a la sociobiología es inmediata, debido
a su «frecuente olvido de
los hechos que caracterizan la dimen­
sión específicamente
humana: la diversidad de culturas y la <;on­
ciencia histórica ( 69 ). Incluso el propio Alain de Benoist ha
reprochado a
la sociobiología el dar un apoyo indirecto a los
economistas de
la escuela de Milton Friedman.
No
dudamos. de los deseos e intenciones de Alain de Benoist
y mucho menos de su declarada postura antirreduccionista, pero
quizás con
Alain de Benoist y la Nueva . Derecha ocurra algo
similar a lo que viene observándose con E. O, \'(Tilson y la so­
ciobiología, ya que mientras Wilson tiende a contenerse y pro­
cura, aunque no siempre lo consiga, que sus juicios no ~ean · te­
merarios, otros sociobiólogos como Trivers y Alexander acaban
diciendo lo que todos piensan. Alain de Benoist
es cauto y pru­
dente, pero la Nueva Derecha tiene otros paladines que no lo
son tanto.
Por ejemplo, Pawels (70), cuando argumenta que la igual­
dad de oportunidades es una injusticia cometida contra los
ca­
paces y, por lo tanto, no hace falta rebajar las diferencias sino
acentuarlas. Ello
es debido, siguiendo· su-razonamiento a que la
posición de cada uno en su clase social viene dada por su coefi­
ciente de inteligencia que ha heredado. Esto ·quiere decir que,
por definición, las personas que alcanzan los puestos
más im­
portantes de la sociedad lo hacen porque son las más inteligen­
tes,
ya que la inteligencia, heredada genéticamente, confiere ese
puesto de control. Hay, por tanto, personas condicionadas
ge,
néticamente para ocupar puestos de responsabilidad en función
de su inteligencia y estas personas no aparecen
al azar en la
población, sino dentro de un determinado grupo social que va
(6&) Ibld., pág. 19.
(69) Ibld., pág. 18.
(70} Citado por EDUARDO -,TEILLET RoLDÁN, Sobre ética y biologia,
op. cit., pág. 26.
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E LAZARO MARI y V. JOSE FERNANDEZ BURGUEJiiO
transmitiéndose ·el poder, generación a generación, y es la ga­
rantía del orden social.
A partir de estos argumentos
se puede considerar que doc­
trinas como el «apartheid~ o la segregación. racial pueden ser
asumidas sin
dificultad como legítimas y naturales, e incluso
que
allá donde exista algún tipo de discriminación en función del
sexo, la raza, la religión, etc., no se estará plasmando. más que
una legítima proyección de la desigualdad biológica. Y, todo ello,
cuando
se discute la mayor o menor hereclabilidad de la. inteli­
gencia ( 71).
Pese a
fos datos anteriores, existen diferencias entre los pos­
tulados sociobiológicos y
las ideas de la Nueva Derecha, pero
también hay puntos en común, entre ellos
e) haber bebido en la
.fuente del biologismo de los años 60 y propugnar, por ejemplo,
Li biopolítica (72), de tal manera que, en este punto, los argu­
mentos esgrimidos contra Wilson
se vuelven exactamente igual
contra Alaln
de Benoist (73 ).
Conclusiones.
El desafio que plantean los sociobiólogos es triple: En pri­
mer lugar, a los cientificos, sean
naturalistas o científicos socia­
les. A los primeros. porque tendrán que separar el grano de la
cizaña de
la retórica sociobiológ!ca, ya que en ella, fundamental-
(71) Sobre· el hiPotético detetminismo biol6gico de la inteligencia ·y
stf ·mayor -o merior heredabilidad, véase: Si-EPHEN · J. GouLD, La falsa me·
dida del hombre, Antoni Bosch Editor,. Barcelona, 1984.
(72) ALAIN DE BENOIST, Vu. de droite, Ed. Copetnlc, Par!s, 1977,
pág. 144.
(73) Un apartado especialmente intetesaote de la· Nueva Derecha es
su
análisis sobre el papel jugado por las grandes· religiones, especialmente
por el cristianismo. Al no poder abordar directamente éste aspecto, -remí·
timos a: M. S. C., «El movimiento GRECE: Apuntes para la historia de
los heterodoxos», en_· Verbo, núm. 165-166, mayo-junio, 1978, págs. 529-
549, y M. S. C., «Del movimiento GRECE a' la ''Nouvelle Droite" frao­
cesa•, en Verbo, núm. 181-182, enero-febrero, 1980, págs. 193-196.
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SOCIOBIOLOGIA
mente en la sociobiología animal, coexisten postulados correctos
junto a ideas imprecisas que han llevado a muchos neodarwinis­
tas
a rechazarla casi en su totalidad. Los expertos en .. ciencias
sociales, psicólogos, sociólogos,
etc., junto a filósofos y humanis­
tas reaccionarán,
sin duda, ante la pretendida absorción de su
campo de trabajo, metodología y objetivos por parte de la socio­
biología.
En segundo término la clase política debe evitar la tentación
de la biopolítica que propugnan, por ejemplo,
los teóricos de la
Nueva Derecha y evitar -así las consecuencias_ sobre la sociedad
que esta forma de entender la política conllevaría. No olvidemos
que
se va a legislar sobre ingeniería genética o sobre las nuevas
técnicas
de reproducción humana, y el legislador puede verse
· desbordado por los continuos avances biotecnológicos, poniendo
cada vez más las decisiones, que -nos afectan a todos; en mallos de
visionarios científicos proclives a la· creación de superhombres
o de «mundos felices»
como el descrito por Aldous Huxley (74 ).
Por último, la sociobiología deberá ser analizada por teólo­
gos y moralistas, fundamentalmente en lo que concierne a la
sociobiología de la ética y la religión y al determinismo bioló­
gico humano. Y habrá que evitar caer en la suposición de que
son tales los excesos
y la falta de pruebas verificables de la socio­
biología que no hace falta ocuparse de ella y separar lo que pue­
da ser cierro de
las suposiciones extracientíficas y parafilosóficas.
Si se actuase así, se cometería, una vez más, un peligroso error.
Algo similar ocurrió con el evolucionismo darwiniano, cuan­
do algunos divulgadores de la obra de Darwin pretendieron que
la evolución demostraba,
sin ninguna duda, la ilusión religiosa
y la negación de Dios. Como es lógico, Dios sigue existiendo
digan
lo que digan algunos evolucionistas recalcitrantes, pero
para muchas personas, hombres de ciencia incluidos,
de. fe poco
.arraigada, esta extrapolación
acientifica del darwinismo supuso
su paso -al agnosticismo o al ateísmo militante, Y, en cierta me-
(74) Véase nuestro trabajo: ENCARNACIÓN LÁZAllo MAR! y V1cBNTE
FERNÁNDBZ BURGUEÑO? «El futuro biol6gico 'del hombre»,· en Verbo nÓ.­
mero 233-234, mátzo-abril, 1985, ~-449468.
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·elida, es lo que reflejan muchos libros de texto y manuales de
divulgáción científica. Había, por tanto, que haber centrado la
evolución en
sus justos límites científicos y dejar que los exper­
tos decidiesen lo que tiene de cierto o de falso, pero estando
prestos para denunciar y rebatir todas aquellas proposiciones o
teorías q.;e escapan de los límites de la ciencia y, por lo tanto,
de su método experimental
y no son verificables.
Con
la sociobiología puede, y de hecho está ocurriendo algo
similar. Para realizar este trabajo hemos consultado una amplia
bibliografía. Algunos textos son favorables a la sociobiología,
pero· 1a inmensa mayoría · son críticos, a veces extremadamente
críticos, y no hemos apenas encontrado mención
al tema religioso
o
cuando la hay es para corroborar el análisis. El caso máximo
de ceguera
es la aportación del zoólogo portugués Archer que
trata
el tema en profundidad, para una vez analizados y acepta­
dos los argumentos wilsonianos de la genética del impulso
re­
ligioso y la selección. natural entre las distintas religiones, acabar
defendiendo la aparición de un nuevo Theilard de Chardin que,
abrazando los postulados sociobiológicos recristianice su conte­
nido, lo cual llevaría a transfigurar
el mensaje evangélico y al
desprecio de los científicos que no verían en su formulación niás
que poesía épica pero poro o

.nada de ciencia (75).
Una vez
más el marxismo ha sido más hábil y resuelto. Ya
hemos señalado cómo las primeras críticas a la sociobiología se
producen en 197 5 por el grupo radical norteamericano «Ciencia
para.el Pueblo»,. porque en ella
se ponen en tela de juicio algu-
(75) ARcHEÍt dice t~tualmente: « Y si· TEILHARD hubiese conocido,. a
W1LS0N', habría abrazado con tal alegría todos Íos datos de la. sociobfo­
logía sobre la ·religión, que no los hubiera logrado· niantener encerrados
en los · dilemas del cientifismo materialista
y-empirista eri. .que Wu.soN
se_ ha enredado,. sino que-hubiera ido con :ellos, a lo largo de su dinamis­
mo-inmanente hasta el punto omegá. del Universo». Cit. Lurs J. ARCHER;
La aménaz.a, .. , op. cit., pág. 148.
Esta. postura tan especial· de A.RCHER había sido puesta de manifiesto
por PJltiRO ÜÑATE en la crftk3de su libro (Ya, 2 de jülio de .1983) y por
M. PR.mTo RIVERA, S. J., «Biología, filosofía, teología», en Roca Viva,
núm. 207, marzo, 1985, págs. 123-128.
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SOCIOBIOLOGIA
nos dogmas marxistas y su primacía en el materialismo científi­
co. Desde entonces
se sigue criticando a la sociobiología (salvo
en lo que concietne a
.la religión) por patte de los canales ha­
bituales de la izquierda con ribetes culturales o científicos.
Afrontemos
el desafío sociobiológico ciñéndolo a sus justos
límites, dejemos lo que tiene de científico en
ma11os de .los hom­
bres de ciencia
y rechazemos sus · especulaciones éticas, filosófi­
cas o metafísicas desde estos mismos campos. Contrastando sus
argumentos con los sólidos principios de la razón no tenemos
nada que petder. Wilson, Trivers, Alexander
y otros sociobiólo­
gos acabarán ocupando el lugar que les corresponda en la His­
toria
de la Oencia y esperemos que nunca aparezcan en la Histo­
ria de la Filosofía o de la Teología.
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