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Cambio y esperanza

CAMBIO Y ESPERANZA
POR
JUAN VALLET DE GOYTISOLO
l. Fue en tomo de um mesa, en el comedor del Casino de
Madrid, donde después de haber cenado frugalmente, el grupo
de nuestros jóvenes que programaba esta XXIII Reunión -hará
unos meseíl-me enmrgó el t"ellDll qUe ahora traintré de desa­
rrollar, Cambio y Esperanza. Ambas palabras se relacionaban y
contraponían como dos slogans electorales. El primero estaba en
marcha. Lo habla empleado el Partido Socialista Obrero Espaiiol
en las elecciones en que obtuvo sus diez millones de votos. Des­
pués también lo han utilizado DE LA MADRID, en México, y AL­
FONSÍN, en la Argentina. La segunda palabra se apuntaba enton­
qe,s como probable lema distintivo de la derecha «civilizada» y
democrática para !:as entonces próximas elecciones paicl,,men,tarias
en sus respectlvos países europeos.
En una Babel como la que actualmente se construye, el pro­
blema
de la confusión de lenguas no está en el empleo de pala­
bras distintas, como en la bíblica torre, sino en el uso de idéntioas
palabras con distintos e incluso contradictorios signíficados.
~ ¿Qué oambio es el propugnado y al que ,se nos está invi­
tando por quienes lo invooal!l.? ¿Cuál es el previsible resul­
tado de su realización por socialistas o social-demócratas?
-¿ Qué e-sp,,tlanza se ofreoe, {l rechas polítÍc!lls?
No pretendo centrar este tema en la política concrer... Esto
no es lo que me ha si.do encomendado. Mi papel, aquí, es el de
ahondar en el sentido de las palabras para ausculr..r -en su sig-
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nilicado-hacia dónde se nos quiere llevar y a dónde, con ellas
podemos
llegar. Esta signifioación podría, así, servirnos de pauta
de juicio
y de conducta.
2.
Según el Diccionario de la Lengua Española: Cambio, sig­
nifica acción y efecto de cambiar; y cambiar, en sus tres primor­
diales significados, expresa las acciones de: 1) dar, tomar o poner
una
cosa por otra; 2) mudar, variar, alterar; 3) dar o tomar, mo­
neda billetes o papel moneda de una especie por otra.
Dejrunos de lado el sentido político que pueda tener el cambio
de promesas por votos, y el de la expresión francesa se changer,
cambiar
de vestidos, con su metafórica referencia al cambiar de
chaqueta,
que fue el modo y manera como aquí, en España, se
inició el cambio polítioo que preludió el cambio social que ahora
activamente está tratando de
iiealizar el P.S.0.E., apoyándose en
la fiducia que recibió en
las pasadas elecciones.
Nos interesa el sentido esencial de mudar, variar, alterar. Tal
vez, mejot expresado en el Larousse, como convertir, transformar,
modificar, reemplazar una persona o una cosa por otra o pasar
de un estado a otro.
La palaboo esperanza la define el propio Diccionario de la
Lengua Española como: 1) estado del alma en el cual se nos pre­
senta como posible lo que deseamos; 2).virtud teologal por la que
esperamos en Dios con firmeza, que nos
dar/, los bienes que nos
ha prometido.
Con estos significados tenemos sólo um orientación; pero
siguen en pie muchas preguntas:
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-¿Qué ha de cambiar?, ¿las estructuras políticas?, ¿las de
la sociedad?, ¿nosotros?, ¿debemos
oambmnos nosotros
m1smos, o hemos de colaborar con el Estado pata que éste
nos cambie al cambiar la sociedad en sus estructuras?, o,
incluso, ¿debemos
sumarnos a quienes preconimn la re­
volución?
¿En qué
y cómo debemos.tener esperanza?, ¿en cuáles pro-
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CAMBIO Y ESPERANZA
mesas electoooles?; ¿en algún mesianismo?; ¿en lo que
nos dicen los te6logos de la liberación?; ¿en las promesas
de Jesucristo?; ¿en Dios?; y ¿cómo debemos esperar: pa­
siva o activamente?
Es, pues, preciso profundizar también en el sentido de la es­
peranza que debemos tener.
Cambio y esperanza neoesitan ser bien contemplados, pensa­
dos, repensados y meditados,
antes ·de entregarnos a uno u otra,
o a los dos, pasiva o activamente o de ambas maneras de consuno.
3. Del cambio nos habló ya SAN PABLO. Del cambio más
profundo,
del cambio de nosotros mismos. De despojarnos del
hombre viejo y vestirnos del hombre nuevo. Pero, veamos en qué
sentido nos invitó a cambiar.
En el capitulo IV de su Eplstola a los efesios, después ~ es­
cribir, «yo os conjuro
de parte del Selior que no ·vivais como to­
davía viven
los otros ~es que proceden en su conducta según
la vanidad de sus pensamientos» (vers. 17), «teniendo obscurecidn
y lleno
de tinieblas el entendimrento, ajenos enteramente de vivir
según Dios
por la ignorancia en que están, a caui,a de la ceguedad
y dureza de su corazón» ( vers. 18), les invita a seguir «lo que
habéi,, aprendido en la escuela de Jesucristo y la verdad de su
doctrine» (vero. 19 y 21): «A clesnudaxos del hombre viejo, se­
gún el cual habéis vivido la vida pasada, el cual se vicia siguiendo
la ilusión de las pasiones» (vem. 22); «renovabs, pues, ooora en
el espíritu de vuestra mente en el interior de vuestra alma» (ver­
sículo 23 ),
«y revestíos del hombre nuevo, que ha sido creado con­
forme
II la imagen de Dios en justicia y santidad verdadera».
Y
en el capítulo III de su E pistola a los -colosenses, les exhorta:
«si habéis .resucitado con
Jesucristo buscad las cosas que son de
arriba donde Cristo está sentado a la derecha de .Dios Prulre»
( vers. 1 ); «Haced morir, pues, los miembros del hombre terreno
que hay
en nosotros: la fornicación, la impureza, las pasiones des­
honestas,
la concuplscencia desordenada y la avaricia, que todo
viene a ·ser una idolatría» (vets. 5); «desnudaros del hombre viejo
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con sus acciones» (vetS. 9); «viestíos de nuevo, de oque! que por
el conocimiento de la fe se renueva seg6n la imagen del Señor,
que le crió» (vers. 10); «revestíos de entrafiss de compasión, de
benignidad, de humildad, de modestia, de paciencia» (vers. 11);
«sobre todo mantened la caridad, la cual es vínculo de la perfec­
ción» (vers. 12).
El propio Jesucristo había señalado una pauta a quienes, cre­
yendo en El, querían revestiroe del hombre nuevo. Nos lo nao:ra
el evangelió de SAN LucAs, en el capítulo XVIII: « Un joven su­
jeto de distinción, le hizo esta pregunta: "Buen Maestro, ¿qué
podré yo hacer a fin de alcanzar la vida eterna?" ( vers. 18 ). Res­
pondióle Jesús:
"Ya sabes los mandomientos" (vers. 19). Dijo él:
"Todos esos mandamientos los he gua:rdado desde mi mocedad"
( vers. 21 ). Lo cual, oyéndolo Jesús le dijo: "Todavía te falta una
cosa para ser perfecto: vende todos tus haberes y dalos a los
pobres, y
tendrás un tesoro en el Cielo; y después ven y sígueme"».
El cristianismo es una religión basada en que el hombre puede
alcanzar la libertad y se haoe libre por la verdad, «et veritas libe­
rabit vos»
(Ev. SAN JuAN, VIII, 32); y oon ella, es capaz de des­
pojal'Se del vestido de hombre viejo y revestirse del de hombre
nuevo;
de obedeoer los mandamientos e, incluso, seguir los con­
sejos
evangélicos.
Antropol6gicamente --oomo recordaría nuestro amigo FRA"
CISCO ELfAS DE TEJADA, en el capítulo I de ~u libro Las Españas­
bajo el punto de vista católico, «son inciertas la,; visiones: opti­
misms del hombre naturalmente bueno, y pesimistas del hombre
naturalmente malo;
conooe el bien, mas no siempre fo ..Icanza
(hombre fal!eciente)».
Ese oonocimiento del bien necesario para el gobierno del hom­
bre exige ~ explicó SANTO TOMÁS DE AQUINO (S. Th., I,
q. 103, a, 1, aá.1): «cognoscere rationem finis, et corum quae sunt
aá finem», lo que requiere el triple oonocimiento de Dios, de uno
mismo y
del mundo en que se vive, . Ami cuando, en este co­
nocimiento, «Ja razón huma:na no puede participar plenamente de
la razón divina sino· de maneJJa imperfecta y según la condición
humana»
(I, q. 91, a 3, ad 1), y lb ínñnito sólo se halla en po-
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tenci<1 en nuestro ent después de otra, sin que ,nunoa alcance a entender tantas cos¡¡s
que no pueda eotender más» (I,.q. 86, a. 2), y «!IIS esped.es inte­
ligibles entran sucesivamente en nuestro entendí.mento, puesto que
no entiende en acto muchas cosas simultáneamente» (ib!d., ad 3).
Esa posibilidad de que la verdad nos hall" libres de 1" servi­
dumbre de nuestras pasiones, si la abordamos desde su Principio,
va
unioo al hecho de nuestra racion,ailidoo y de nuestro albedrío.
Por encima de ambos, la ,ley del nuevo 1:est:'aimellto, ~ey nueva, es
lex perfecta libertatis (ep. Santiagá I, 25); no es jurídica y opera
a veces
mediante preceptos morales (SANTO ToMÁS, S. Th., I.'-II.'
e. q. 108, a 3) y, en otraS, con consejos (a. 4). &tos no pueden
imponerse sin
tergiveroorlos; pues en cuanto se imponen ya no son
consejos; ni es ev lu¡¡ar de practicarlos voluntariamente uno mismo.
4.
Gotrebtivamente a este cambio, que nos libera de nues­
tros errores y pasiones, la esperanza teologal nos conforta.
El Catecismo Romano, publiaulo el año 1566 en ejecución del
Concilio de Trento, en tia introducción a 11a oración dominical. (D,
d), dice: «Gon la fe es neoesam la esperanza generadora de toda
confianza» ... «La fe y la espemoza engendran en nosotros la con­
fianza
segura de ser escuchados». Y comentando la tercera peti­
ción: «As! en la tierra como en el cielo» (IV, A), precisa: «No
es el amor el que debe depender de la esperanza, sino la esperan­
za
del amor».
El sábado 16 de junio de 1984, durante su visita a Suiza, JUAN
PABLO II, en la hotnilía que pronunció en la misa celebrada en la
eoplanada . de Allmend, exhortaba: «La esperanza crist.Ím1a nos
otorga fortaleza
y confianza para seguir nuestro camino en un
mundo que a muchos les produce miedo y temor y cuyos valores
parecen disolverse»
... «Cuán cierto es que el hombre "gime"» ...
«SAN PABLO escucha en ese clamor universal un gernii:lo que se
peroibe como dolores de parto"» . . . «Bl gemido está la esperanza. El Apóstol lo dice aún más claramente: "&,p,;rernos
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JUAN V ALLET .DE GOYTISOLO
que la redención de nuestro cuerpo supondrá nuestm manifesta­
ción como hijos o hijas"»
... «Con el Apóstol PABLO reconocemos
con reali"smo cristiano: "En esperanza hemos sido salpados"».
« •.• Quien sólo ve un futuro obscuro, quien afuma que el
hombre y el mundo no tienen ya sentido, eoe ha olvidado a Dios.
Dios no
abandona <11 mundo; sus planes con el mundo no fracaoon.
Dios "amó llanto al mundo que 'le dio ,ou Unigénito hijo para que
todo
el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna"
(Ju. 3, 16). Nosotros somos, oomo Iglesia, el pueblo de Dios pe­
regrino, cuyo camino es Jesucristo y cuya meta es Dios mismo en
su gloria.
»La esperanza cristiana no elimina toda obscuridad, no hace
desaparecer el sufrimiento y las miserias, las preocupaciones y los
temores. Todo lo contmrio, es el mismo Dios· quien toma en. serio
nuestros sufrimient!os y miserm» .

. .
«Bl hombre que cree y es­
pera sabe que, incluso en medio de to&is las contrariedades y
pruebas, se halla rodeado por el Dios infinito y amoroso».
Y, más adelante, mirando hacia la tierra, prosigue:
«El dfa · de la creación, al hombre se le encomendó como tarea
todo
el mundo visible, sobre todo la tierra, a fin de que la trans­
formara
con "el trabajo de sus manos" (cfr. G¿n_ 1, 28). El hom­
bre contempla hoy con miedo
el fruto de su trabajo: ¿Hasta dón­
de ha llegado -con la transformación del mundo visible? ¿Qué
futuro espera a nuestro planeta?
»Frente a esta inseguridad y a estos
peligros, volvamos a
reflexionar sobre el
poder de la oración. El Señor ha encomen­
dado
al hombre la oración para que transforme al mundo desde
su

propio
corazón, para que lo cambie con la fuerza del Esplritu
Santo;
para que lo haga más humano; para que construya en él,
junto con
Cristo, el Remo de Dios. Para nosotros los cristianos,
la fuerza está, sobre todo, en la oración, en ella está la fuente de
nuestra esperanza».
· 5. H"6ta aquí el cambio y la esperanza cristianos. Peto no
olvidemos que nos hallamos en una sociedad laicizada, en una
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CAMBIO Y ESPERANZA
etapa de descristianización del denotnimdo mundo occidental, en
la cual __,. través de la democracia moderna-se rinde culto a la
voluntsd de la máyoría, al número, y no a la verdad. objetiva,
ni &iqui.era a la revelada.
Reoordemos una vez más --como lo ha hecho otral! veces
EUGENIO VEGAS LATAPIE (Consideraciones sobre la democracia,
Madrid, Afrodisio Aguado, 1965, pág. 87, noo, 111 )-lo que ·
el propio HANS KELSEN, máximo teorizador del forma&mo jurí­
dico brotado a través de las pirámides invertid,.. que se apoyan
en las Constituciones vigentes, había reconocido: «De hecho, la
causa de Ji, democracia resulta desesperado [es decir, indefendible]
si
se paxte de la idea de que el hombre puede acceder a verdades
y captar los valores absolutos» (La democratie. Sa nature. Sa valeur,
cap. X, dr. ed. París, Sirey, 1932, pág. 110).
Bajo
la perspectivia electoral, democrática y laim, el Programa
del P.S.O.E., que triunfó
en las pasadas elecciones parlamentarias
oon el lema Por el cambio, se declaró decidido -regún expresa
su presentación-, a «la puesta en prdctica de esa voluntad de
cambio y a colmar las esperanzas de modernizaci6n y de transpa­
rencia de
las estructuras del Estado, de la sociedad y de la econo­
mia», de las que juzgaba que la «gran mayor/a de los españoles
es consciente»,
ya que venía «soportando una inaceptable desi­
gualdad social, cultural y econ6mica», producto del «mantenimien­
to de estructuras de poder econ6mico,
polltico y social caducas».
Se trata de «arrumbar los vie¡os métodos, las estructuras cadu­
cas y las vieias e ineficaces técnicas y poner al servicio del hombre
y de
la comunidad la nueva tecnolo gia y la ciencia para producir
mds rentablemente. Hoy los ciudadanos pueden optar por soltar
todos estos lastres
hist6ricos porque el sistema democrático a tra­
vés de las urnas posibilita el cambio». Y concluía: «Este programa
asume
las esperanzas ty las aspiraciones de la mayor/a ... ». Así lo
rubricó la elección. Cualquiera
que sea el resultado del cambio
propuesto, y el cumplimiento o la deoepci6n de las esperanzas de­
positadas en d p,a,rtido triunfante, esto fue lo propuesto, prome­
tido y
vota~o.
No entra en nuestro propósito juzgarlo aquí y l>hora.
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JUAN V AILET DE GOYTISOLO
Lo que sí queretnos wbrayar de este programa son dos datos:
-El cambio propuesto se refiere a las «estructuras de poder
-económico, politico y social--»; mturalmente de acuer-
do con 1a propia ideologf,a del partido proponente, que
llegado al poder lo pondm en realización con «una firme
acción de Gobierno», para lo que pide «la colaboración
decidida de los ciudadanos
y su participación en el esfuerzo
común, incorporándose al cambio». El cambio, una vez
logi,i,da 1a mayoría, se impone desde el poder político con
paquetes
de leyes, de reales-decretos, decretos-leyes y una
firme acci6n de gobierno, que no se baila vinculado por
mandato
impemtivo ruguno. Asumklo el poder por el
P.S.O.E. triunfunte, !os ciudadanos oon invitados a cola­
b011ar y participar «incorporándose al cambio». Esa es su
opci6n hasta las siguientes elecciones, sin perjuicio de los .
derechos de manifestaci6n y de huelga.
-L.. esperanzas y aspiraciones asumidas son las dimanantes
de
1a realizaci6n del programa votado por la ma.yoria elec­
toral. Esperanza en la decidida ecci6n del nuevo Gobierno
y en
el ,acierto de la mayoría electoral y sus representantes.
Esperanza que supone fe en la ideolog!a socialista y en el
partido que la encama, puesto que, oomo vencedor abso­
luto, ~onia en sus manos los .poderes político,, legislativo
y ejecutivo, y, · con ellos, cuantos poderes sociales y eco­
n6micos pueda dominatl: fácticamente desde el Parlamento
o
el Gobierno.
En resumen, se trata de un cambio que
-debe imponerse desde el poder político;
-conforme una ideologia, aunque ésta se halle respaldada
por ];a mayor/a electoral resultante en el momento de la
votación.
La esperanza se pone en ese cambio.
El cambio no tiene otra referencia que el programa electoral
triunfante y
1a voluntad de la mayoría que 1e vooo. Se hace al,s..
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CAMBIO Y ESPERANZA
tracción de cuanto pueda trasoenderle. El laicismo -que hoy se
pretende apoyar en la libertad religiosa, pero que la concuk,,, en
cuanto impone a todo creyenn, la sumisión a las leyes positivas
estatales --aunque contradigan o; S1l propia religión-presupone,
en toda democracia, la sumisión político-jurídica a todo progmma
que sea votado por la mayoría. Y e,l et1(lllll1Jltt ésta -11:eóriila y cons­
tltucionabente--la justicia, se coosidam desechable 1bda realidad
natutal y cualquier razón jurídica en contmdicción coo el programa
triunfante,
en cuanto ésn, sea impuesto par el Parlamento en
forma de ley que no esté en contrsdicción con la Constitución.
Por todo esto, el cambio que se propuso ayer, y que hoy im­
pone el P.S.O.E., ni la esperanza, que la mayoría votarnoo puso
en él, nada tienen que ver ---- partidos
de centro democráticos y de derecha laicistas-con el
cambio y la esperanza cristianos que ,antes hemos conoompllldo.
6. Llegamoo "un punto en el cuwl no puedo dejar de evo­
car a nuestro maestro, el profesor M!CHELE FEDERICO ScuccA,
que dutanoo varios años con su clarividencia nos ilustró en estas
Reuniones,
en las cuales nos aoompañaba habitual y generosa­
mente.
Estaba prevista su intervención en nuestra XIV Reunión, y
determina,do su ooma. Pero cuo;ndo ésta tuvo lugar, en diciembre
de
197 5, en el Hotel Rocas Blanca,¡ de Santa Pola, hada meses
que
Dios se había llevado a su seno a esoo maestro. Su comuni­
cación fue
estractada de su entonces reciente libro L'ora di Cristo;
se le puso el título, El laicismo, crisis de fe y de raz6n, y fue leída
y escuchada con emoción y añoranza. Ahora,
esn, estudio, con
otros
del maestro, pueden ayudarme para centrar el tema que os
expongo.
En la que hoy es denominada civilización occidental y que es
más propio designar la civilización de la Cristiandad, se concebía
la vida terrena como un regnum hominis de¡,endienn, del Regnum
Dei, la consecución del cual --a través de la Iglesia depositatia
de
la Revelación-es el fin supremo de cada hombre. Su concep-
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JUAN VALJET DE GOYTISOW
ción: se fundó -explicaoo-«en una metaflsica que distingue lo
hl.U1Mlll0 y lo divino, que hace de este mundo el banoo de prueba
de la vida de cada hombre singularr, y que, a través de la profun­
dización de
las verdades racioneles del mundo pagano, y, por tanto,
de los conoeptlOS de ser, de persona hll!DISlllla, de libertad, ele amor
a Dios, etc.,
hace que éstos resulten nuevos, origiooles. Nace <1.$Í,
sobre la l,a.., del pensamiento greco-romano, la nueva filosofía
cristiana; y
se forma la teologf¡,, oaitólica, esto es, la ciencia de la
fe, en =onía con la verdad filosófica. Constituyendo, en su esen­
cia, la civilización
de la armonía entre rozón -verdad humana-'- ,
y la fe -verdad revelada-» (L'ora di Cristo, cap. III, 3; ed.
Milano,
Marzorati, 1973, págs. 96 y sigs., o en La sociedad a la
deriva; Ralees de sus errores, actas de la citada &unión, Madrid,
Speoo, 1977, págs. 226 y sigs., o en Verbo, 150, págs. 1345 y
siguientes).
La separación
de civilización y cristianismo en Europa comien­
za en el siglo XVI, en Italia con el Renacimiento, y en Alemania
con la Reforma. Se agra\la con el racionalismo y el empirismo
modetno. «La ruptura .tiene lugar en el siglo XVIII con la explo­
sión iluminista que determina el primer momento de la crisis de
la conciencia europea, y, segui una \letdadera y propia­
mente dicha revolución».
El Regnum Dei es sustituido por el
regnum hominis en el mundo. «El polo de la vida se desplaza del
ciclo a
1a tierra: la celeste Civitas Dei agustiniana y medievru es
identifimda, :¡< con ello negada, con la terrena e/vitas hominis del
lraioismo racionalism y mateciaJism» (dr. ScIACcA: La Chiesa
e
la e/vita. moderna, Milano, Matzoratti, 1969, parrte I, oap. II,
1, págs. 47 y sigs.).
El regnum hominis tmi, consigo que el hombre ,se haga me­
dida de todas 1as cosas, y, con ello, es inevitable una concepción
laicista
de la vida, «humanismo absoluto, mundanlsmo radkru que
tiene su
norma propia: pen,,,,i, ( orden inteleltual) y obrar ( orden
práctico) como,
si Dios no·existiera» (L'ora di Cristo, cap. II, 1,
págs. 64 y sigs., o La sociedad a la ... , págs. 214 y sigs., o Verbo,
150, págs. 1340 y sigs.).
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CAMBIO Y ESPERANZA
Pero el hombre, aJ. querer marse a medida de toe!& las cosas,
se autolimit,ai a sí mismo, al prescindir de todo valor que no sea
mensurable, y as!, él mismo es medido; es cantidad que se mide
y pasa entte las cosas (La Chiesa a la ... , parte I, cap. VI, 2, pági­
nas 103 y sigs.). De ahí: «a) la SUJStitución del concepto de verdad
por el de utilidad --'-el Iluminismo busca lo úill, no fa verdad-;
h) La reducción de la religión a la zona de lo supersticioso, que
debe ..-et eliminada por ser dañosa al progre&>; e) Ia identifica­
ción de lo moral. con fo útil y placentero, y de l!os principios con
las costumbres mudables. Así van des~areciendo los verdaderos
va1ores religiosos y morales» (ScIACCA: Gli arieti contra la ver­
ticale, Milano, Marzoratti, 1969, cap. V, 12, pág. 151).
Degradado de homo sapiens -homo metaphysicus-a homo
faber, con todo su progreso utilltllrio, el hombre -comb explimba
ScrAccA-encierra su fina,lidad en esta tierra y se centra en la
conquista del regnum hominis, en 1a construcción de un mundo
inmanente a él, hecho a la medida de sus sueños. Bn ello empeña
su inteligencia obscurecida, aJ. haber perdido la conciencia de sus
limites (L'oscuramente dell'intelligenza, Milano, Marzonatti, 1970,
parte I, cap. I, 1, pág. 20), su razón enloquecida, al prescindir
de la verdad, del esse, para 1anzarse al facere, a la te!lllización de
lo que cree útil, y se desotbita su voluntad de gigante cegado.
(La regione impazzita, en JI magnifico oggi, cap. VI, Roma Cittá
Nuova, &l. 1976, págs. 39 y sigs.). Pero, aisí, no puede edifica~
sino la torre de Babel, en la que trabaja, coostruyendo y destru­
yendo
sin cesar, tal como en la portada de JI magnifico oggi nos
muestra, según la pintura de J. BREUGHEL expuesta en la Aca­
demia de Siena.
7. Esta misma petspectiva ha sido presenmda desde ángulos
semej,antes. Bn otras ocasiones . la hemos tecorrido enfocándola
desde
el derecho (Del legislar como «legere» al legislar como «fa-.
cere», dr. en Verbo, 115-116, mayo-junio-julio de 1973, pági.nas
507 y sígs., o en Estudios sobre fuentes del Derecho o método
¡ur!dico,
Madrid, Montecorvo, 1882, págs. 943 y sigs.), o desde
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JUAN VALLET DE GOYTISOW
la po!ltica ( «De la filosofía política al cienti,smo operativo», en
Verbo, 169-170, noviembre-diciembre ele 1978, págs. 1229 y sigs.,
y en «Técnica y desarrollo político», en Humanismo y tecnologla
en
el mundo actual, Madrid, C.S.I.C., 1979, págs. 111 y sigs,.).
Mi maestro FEDERICO DE CASTRO Y BRAvo, en su Derecho
civil de España. Parte
General, vol. I, 3.' ed., Madrid, I.E.P., 19,
págs. 14 y sigs., señaló como principales marufos~ de la
crisis del pensamiento europeo, en «una la~ga époda de deslorien­
tación
en que t~to5 hombres se ""P"I'llfl y separan el derecho de
Dios y . se debaten en afanosa e infructuo,¡., búsqueda de sombras
y
fantasmas»: l.º La teoría nominalista de GUILLERMO DE ÜCCAM
(1300-1350) «mediante la que se intentará separar la Ley eterna
de la naturaleza y la sociedad». [De elki han diml!Jlllldo muchoo
teologismos y ele ella. re.sulllaill tributarias las desviaciones teológi­
cas que hoy padeoemos}. 2.º La indicación de Ruco DE GRooT
(1583-1645) que independiza la raz6n humana, y «abrirá la puer­
ta a las construcciones de derechos racionrulistas, descondOedores
de fu ley eterna». 3.0 La concepción protestiante «de [a inclepen-.
dencia c1ompleta .del derecho positivo humano dcl divino y na­
tura!, expre!IJIIC!a por LUTHER (1483-1546)». 4.0 «La desconexión
enl!re el derecho y .la política que predica MAQUIAVELO (1469-
1527)».
Añadamoo el concepto de soberanla que estableció BoDINO
(Los seis libros de la República, tlib. I, cap. IX) y que, de hecho,
en las relaciones entre sobetiano y súbdiros, independizó la validez
de J,,s leyes de su honestidad y equidad, .,¡ excluir que los súbditoo
pudietian valorarlas
y escudrut1Se en ello pru,a no cumplirlas.
El positivismo jurídlco resul1lante del nominelismo filos6fico
necesitó
buscar el fundamento dd derecho, del poder e, incluso,
de [a propia sociedad, en la voluntad de tlos hombres, en un mí­
tico pa!cto o contrato social.
El hombre, naruraJmente ,e;ocial y en permanente guerra, se­
gún HOBBES (dr. Leviathan, ca¡,. XIII), o mruralmente bueno,
pero corrompido por las instituciones, en especial por la propie­
daid privada, según RoussEAU (Discours sur l'origine de l'innega­
lité
parf!ti les hommes y en Le contrat social, ilib. I, cap. IX),
862
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CAMBIO Y ESPERANZA
neoesiteha ser liberado, redimido de ese pooado "80cia1 -pam
HoBBES-o socia:l ---- Conforme ila Reveb.ci.6n judeocristiana, fos hombres caídos
en el pooado origimLl, por querer ser como dioses, necesitaban la
Redención, por lo cuaJ. la gracia se sobreafulde a la nawralem, ele­
vándola
sin destruirla. En oambio, a1 hombre laicizado se le pre­
tende redimido por el contrato socia1 que . cancdó su estado de
naturaleza con la sociedad civil. Y, oegún RousSEAu, su redención
de los efectos nocivos originados por la apropiación de las tierms
cultivables
y su explotación por los propietarios, se obtiene me­
diante su aliénation total e 11 ·la volonté générale. A través de ella,
se alcanza la gracia, en la .que se pone toda esperanzá de conseguir
el anhelmo cambio de estructuras.
Esa voluntad general, para hace= operativa, ha de encamarse
en el Estado. FrcHTE proclamm-ía creadora del mundo a la Una­
Eterna-Voluntad-Infinita del Esta.do. Y parn HEGEL, al Esta.do
corresponde «realizar la Idea en la Historia universal», subsumién­
dola en la certeza que, en cada mómento, pasee el Estado con­
forme el po.srulado indiscutible de que, en el cambiante movimien­
to de la Historis, todo lo reaiI es niciomd en su momento histó­
rico.
La fe y la mperanza en Dios, que fueron suplantadas, ponién­
dolas .primero en tia ra1ron humana, vmieron luego a sea: sustituidas
por la fe y la esperanza en lra Historia.
MARX reforzó aquella esperan.za en el. cambio -redentor de
la explotación, entoooes ya capitalista más que terrateniente, del
proletariiado--apoyándose en . .el determi,nismo hlstórioo, en el
que creía la ciencia de su tiempo. Conforme a ese determinismo,
que desde LAPLACE impemba, MARX y ENGELS definieron al co­
munismo com!o el movimiento real que aniquila la situación actual;
ya que •sus condiciones «eran .engenm,adas por las premiislls pre­
sentes». Sin emba,rgo, ambos impu1saban todo movimiento. revolu­
cionario que t;atará de provoca,r ese cambio que, según ellos, te-­
nía que producirse natural e irremedla;blemente. Por eso, STAMM­
LER compararla al Partido comunista con una hipotética sociedad
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de coopemción a los eclipses de luna (cfr. VLADIMIRO LAMSDORFF­
GALAGANE: El concepto de ¡u,ticia en el marxismo soviético ac­
tual, Santiago de Compostela. Porttl y Cía., 1969, o su resumen
en Verbo, 74, págs. 351 y sig,s.). Sin emhargo, la revisión cien­
tífica, en especial los nuevos millazgos de la física cuántica y de
],a biologlw, mda ha dejado de las premisas en que d mm-rismo
quiso apoyatse. Queda tan sólo su mito, 'SU utopía, sus promesa,s
mesiánioas
de la sociedoo homogénea y feliz, paraíso futuro del
proletariado (cfr. F. ELíAs DE TllJADA: «El miro dd marxiwro»,
en Verbo, 75-76, págs. "403 y sigs., o en Los mitos actuales, Ma"
drid, Speiro; 1969, págs. 175 y sigs.).
En eso oolnciden el marximno y la . ta:nOCl"llcia, en apoym,se en
uno u otro mitlo, romiderado inexorable, hada d cual orientan
toda la praxis.
8. La esperanza de ese cambio prometido se apoya, pues,
en d espej;smo de unas utopias que constituyen d carbumlllte que
permite a políticos-tecnócnvtas o burócratas realizar una praxis
cli.rigida a la trasnformación mesiánica de Ja,s eirructuras de este
mundo.
El libro de ERNST BLOCH: Das Prinzin Hoffnung (Fraokfurr,
1959), El principio esperanza, traducido al ca1Stellano (Madrid,
Aguilar, 1977-79), nos lo muestra.
864
-«Sólo con el abamdono del conoepto cooclUSO ser ,aparea, en el horizonte 1a verdlÍdera dimensión de la
esperanza. B1 mUlliOO está, al cont!lario, en una disposición
hacia algo, de una latenciaJ de algo, y este algo que se
persigue se llama la plenitud del que lo persigue: un mun­
do que nos sea más ooecuado, sin sufrimientos imlign9S,
sin tenior, ,sin alienación de sí, sin la nada. Esta tendencia
se halla en curso de influencia, como lo que tiene todavía
d
novum ante sí. El hacia donde lo real sólo en d novum
muestlla su· determinación objetiv,a más fundament.al, y estB
determinación dirige su llamada al hooibre, en d que el
novum tiene sus brazos. El saber marxista significa: los
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CAMBIO Y ESPERANZA
duros procesos cid alumbmmiento ap.-en el concepto
y
en la pm,ds» (Prólogo, vol. I, págs. XXVII y ~.}.
-'-«El que ..lgo bcµrra es ya un pla:rer, siempre que no sig­
nifique una desdicha para nosotroll» (parte I, 8, pág. 24 ).
-«Lo utópico, en último término, 1JO es nada sino apunta
al "ahora" y no b= su presienre vertido» ... «El conte­
nido esencial de la es¡,e:r,mza no es la esperan$, sinb, en
tanto que aquél no permite fr~ a ésta, es existencia
sin distancia presente. Utopía labora sólo por razón cid
presenre " alamzar, y por eso el presente se encuentra al
final, como 1a falta de distancia flmtlmente queridlt, salpi­
cando todas las distll!lCi,is utópicas. P~ente porque
),a conciencia utópica no se dei'a mimentar con lo mmo exis­
rente, precisamente porque es necesario el ~pío de
mayor
distancia paM ver la estrella real· tierra, y porque
el relescopio se llama utopia concreta: por ero precisamen­
te la utopía no pretende una distancia elielrm cid objeto,
,sino que wsea más bien ooiincidir con él romo un objet
que
ya no es siguientes).
-«Lo · ampliante-&intci¡ico a posteriori .,; halla en las leyes
dialécticas
de la natureleza misma, más allá de lo que ella
haya llegado a ser» ... «sólo CllllUOO· tyche y moira, acaso
y destino, dej<,n de constituir loo. momentos insuperados
de una mera necesidad natuml externa, sólo cuando se da
esta exacta presencia en la fuerza natuml, habrá superado
la técnka, l!allto ,su 1ado de catástrofe como su abstracti­
vidoo. A lo que con ello se apunta es a un en~ento
sin ejemplo,. a una verckidera inserción del hombre ( tan
pronto se ha mediado socialmenre consigo mismo} en la
naturaleza (tan pronto como la técnica es mediada por· la
naturalezi.).
T=formación y autotra:nsformación de las
cosas en bienes-natura, naturans y autonaturans, en lugar
de natura dominata. Esto es lo que significa el esquema
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JUAN VALLET DE GOYTISOW
de un mundo meior por Jo que a la técnica se refiere» ( 4.'
parte, 37, vol. II, págs . .272 y si11S.), ¡El triunfo de l'Ro­
METEO en Jla ootropodirea marxism del materiafumo dia­
léctico. en Ji, Hístorila! ¡Es deciit, una fe gt,atuita, en una
utópía que :....C.¡,á,,, mÓ~em,.os,-se dedma ooncreta e inme­
diata!, ¡aunque no se llega a ella!
9. Pese a que entre las prof<)cias de MARX y ENGELS se halla
la desa¡,airición del Estado. y del derecho (cfr. nuestra ponencia
«El mito de la desaparición del derecho», en Verbo, 77, agosto­
septiembre, 1969, págs. 579 y si!!S., o en Los mitas actuales, pá­
ginas 195 y sigs., o en Sociedad de masas y derecho, II parte,
cap. II, núm. 67, pá!JS. 277 y sl¡js.), sin embairgo, allí doinde ha
trhmfuÍdo un régimen marxista, vemos al Estado más opresot y sus
normas más coactivas y· drásticas ... , porque el mito no llega a
ser realidad ni la utopía deja de ser un espejismo.
Lo cierto es, que el .acreoontamiento del Estado-Providencia
lleva inevitllhlemente:
~ el totalitarismo. estatal. y
- a la masificaci6n.
Es así porque las mentes que dominan o las voluntades que
imponen, desde los órganos del Estado, la idea rectora del cambio
prellendido -- tica-inexora,blemenre se orienta, en mayor o menor grado, hacia
-la homogeneización, . .
-la liberación de las viejas ataduras,
-
al paso del estado de necesidad a la superación de todas
las necesidades:
Sin embargo, como la homogeneimción ínev,itahlemenre se rea­
liza masificando a los súbditos más , y más, resulta que las viejas
atadu,:,as oon su.stituidas por otras nuevas que impone la domina­
ción del Batmlo homogeneizador . y lihemdor que, para perseguir
sus objetivos. construye una .máquina técnk:odentffica monstruosa
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CAM~IO Y ESPERANZA
que nos 11Ujet:a a nuCVJlB también sempiterno al deseo de libenamois •. ,
¿A d6nde nos lleva, pues, la Historia?
-¿ a un infinito cerrado que terorna peri6díoamente al mis-
mo punto?
-¿a un infinito abierto, porque nunca se alcanza la Utopía?
En ambos msas, resulú• que se destruye y oprime pan, nada.
Los campos de exterminib mzi,;, ni el Archipiélago de Gulag
soviético, ¡no ron la antesaJ;,. del paralso!
El oamino del cambio que hoy ,siguen los socialistas, como el
emprendido por los socialdemócratas en Suecia o el intentado por
los tecnócratas en tod•s partes, no puede llenar nuestra espe­
ranza.
Fatalmente es así, porque
-El cambio no conrienz,a por donde debe comenzar, es
decir, por cada. CUIIII, en su interior.
- Se pretende realizarlo ideológicamente, . conforme la vo­
luntad aut6noma del hombre que se cplooa en el lugar
de Dios.
-Se trata de imponerlo desde el Estado y mañom, tal vez,
desde un super-Estado mundial.
- Se pone la
es/Jeranza en un mito, una utopia terrenos,
sin fundamento ,serio teológico, met:afísioo .ni científico,
en un espejismo que ,se tmta dé ek,am,a,r · · destruyendo
de raíz lo que existl! pata reconstruir, a partir de cero,
desde arriba. Viene a qu:ererse edificaa: una torre de Ba­
bel en el aire, en oontta de [eyes que constituyen d orden
de 1a Creación, que es negado, y se trata de sup1antarlo
por otro que el hombre quiere fabricar.
1 O. Por desgrad,, lo que la realidad y la raron condenan
repetid,,mente, existen no obst811Jite algunos sectores cristianos y
parte del alero que fo vienen descubllÍelldo romo una nueva re­
interpretación de ~. revdación divina, a la. que se adhieren con
un fanatismo pseurlomiHgioso.
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JUAN V ALLET DE GOYTISOW
Hemos repensado vatia's veces, ante emv rtesitum, en el, capí­
tulo II, Teologia y Filosofia del libro de E. GrLSON: La unidad
de
la experiencia filos6fica ( dr. vei,s. en =tcllano, Madrid, Ed.
Rialp, 1960, págs. 50 y isigs.) y en los =iros de nuestro amigo
el P. MIGUEL PoRADOWSKI, que ha venido señaliindbinos las cau­
sais de la escalonada marxistizaci6n de la teologla en sus artículos
publicados en Verbo y recogidos en el libro El marxismo en la
teologla.
En 1969 el profesor ScrAccA (Gli arieti contro la verticale,
oap. VI, 5, págs. 95 y stigs.) sefutlaba la tendencia de «hacer pasar
por verdadero menmje cristiano, redescubierto, la "nueva fe"
segúri las tablas redactadas por la comisión mixta de tecnÓCllatas,
marxistas, freudian:os con el awcilio fervorooo de cristianos ca­
tólicos o vwiablemente protestantes o disidentes».
Verbo ha publicado repetidamente trabajos acerca de los Cris­
tianos por el socialismo, la teologia de la liberaci6n o de la re­
voluci6n. Esta nueva teología propone el cambio y pone su es­
peranza, de acuerdo con el socialismo y el marxismo, en los an­
típodais de donde lo mantiene puesto el catolicismo, como hemos
visto antes ,en los textos de SAN PABLO y de JUAN PABLO II,
que hemos repetido.
En el documento de trabajo redactado por el Cardenal Jo­
SEPH RATZINGER, titulado La ambigüedad de una «teologia de
la liberaci6n», se pónen los dedos en la Ilag,,J do!nde está el origen
de esta nueva teología:
«Después
del Concilio se presentó una oituaci6n teol6gica
nueva:
868
a) »Se cre6 la opinión según la cual la · tradici6n teológica
lw,;1>1 entonces existente ya no eta ,ooeptable y de que,
por ctmsiguiente, debía buscarse, . a partir de la Escritura
y de los signos de los trempos, orientaciones teológicas
y espirituales totalmente nuevas.
b) »La idea de la apertura al mundo y de coonprometetse
en el mundo se train.sformó frecuentemente en una fe
ingenua
en las ciencillls: una fe que acogía las ciencias
humanas
como un nuevo evangelio, sin querer recono-
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CAMBIO Y ESPERANZA
cer sus límites ni. sus propios problemas. La psioología,
la oociblog!a y la interpretación ,marxista de la his1:oiria
fueron coooideta:das como cientilicame.nte seguras y, eon­
siguientemente,
como exigencias en ll del pensamiento cristiatno.
c) »La crítica de k ttadición por parte de la exégesis evan­
gélica moderna, especialmente de BULTMANN y su escue­
la se convirtió en una exigencia teblógica iniettnovible que
cerraba el camino a las formas hasta entonces válidas
de la teología, alentando así.nuevas comtrucciones» (1, 1).
La mundanización del Cl'istmnrsmo, pretendida por mntos, se
revela contra la afirmación del propio Jesucristo de que en este
mundo no se da la justicia perfecta, · ni es el lugar donde el hom­
bre realiza su pleno cumplimiento, y ,atto¡,¡antemente proclama· que
el reino de Dios se realizairá en este n:nundo; que la perfeoción no es
del cielo, sinb que
se conseguirá en Ja tierra, será obta del hombre,
a través de la evolución de la natumleza y del progreso de la cien­
cia y de la técnica. ScrACCA ( Gli arieti contra ... , cap. III, 2,
págs. 52 y sig¡s.) explicaba: que en el ámbito de esta teología,
«desteologizada o secularizada», juegan «el evolucionismo y el
perfectismo, la mundanización radical del cristianismo entendido
como puro amor al prójimo y dompromiso eon el mundo que
oonlleva la abolición de lo "vertioal" (Dios), y el "triunfalismo",
de donde vienen sns puntos de eontacto eon el marrismo. Dios
no está en el principio, sino en el fin de m evolución, es el único
grado, la emergencia final del desamollo evolutivo que realizará
la perfeoci6n en la tierra, ague& perfección que antes míticamen­
te se transfería a otro mundo: Dios es el mismo mundo .,J máxi­
mo de su perfección».
Se trata, dice ScrAccA, de un diálogo muerto con el «cadáver
del occidentalismo laicism». La misión de la Iglesia no es sino
difundir
el auténtioo mensaje ,de Cristo, y, por esto, debe «ful­
minar
la miseria de mnta pseudoteología imperante, que hace
de Cristo un mero "acontecimiento" y , reduce la misma teología
a política o

a sociología o
a la pura esperam,a social» (Il magni­
fico oggi,
XLIII, págs. 257 y sigs.).
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JUAN VALLET DE GOYTISOLO
Con . las . premiaas antes expm,stas, el informe del Cardenal
RATZINGER sigue explicando .que, pm,a la teologla de la liberación,
el análisis ma:rxista de la historia y de la sociedad es considerado
«el único c¡ue tiene un carácter cientifico, por lo CUllll .el mundo
es interpretado a la luz del e9g_uema de la lucha de clases y que
la elecci6n•ei1tre'el caipitalismo y•el marxismo es la únioa posible.
Lo que, de otra parte, signifilca que toe!,, la ~dad es política y
que debe ser explicada políticamente» (núm. 2).
Nada importa que el marxismo resulte desde hace tiempo to­
tii!mente incompatible con la ciencia más moderna (cfr. nues,.
tro estudio Datos y notas sobre el cambio de estructuras, 3. Ctis­
tianismo
ma~xista, VI, A, Madri pecialmente'. y, más ampliiuneD!te, el libro de B. ÜRTONEDA: Prin­
cipios
fundame~tales del ,,.arxis,no - leninismo, México -Madrid;
1974
). A esa praxis se acomodan las palabtas bíblicas, vaciadas
de su contenipo genuino, reconocido por el magloterlo 11radicio­
ool, y rellenadas de signifimdo :tnarXli!lta. Así se ha hecho don
pob~e_s, Pueblo, esperanza, hiStorta, amor,_ reino de Dios, resu­
rrec;i6n,
éxo_do, misterió pascual, eucaristía, redención.
«~~ esperanza .~s -Ílnterpret;ada como "confianza en el futuro"
y·como ,tmb,,j,¡, par~ el futuro; y, por ello, se J.. somete de nuevo
~. la dominaci6n de la hisroria de las clases.
»El af/1or.·c011Siste en la "opción por los pobres", es decir,
coin~ con .la opción por tia 1uch,i de clases». ¡Opci6n muy dis•
tinta de. la.opcipn'por .ki.s poobes a la que re entregaron SAN JuAN
DE.Drps, SAN PE~o CLAVER, SAN VICENTE DE PAuL, SAN MAR­
TÍN mr PoRRES y tantos otros santos, y, hoy, la madre TERESA
DE CALCUT,\.
El reino de Dios, confonne J. SOBRINO -'Sigue el informe--,
«no. debe ser entendido espiritualmente, ni de un modo universa­
lista oo el sentido de una re.erva escatol6gica ohstracmi. Debe · ser
entendido con· referencia a IJlll partido político o derivado hacia
la prruciis. Es, ~ente a paÍrtir de la praxis de Jesús, y no
téóricamente, que es :¡,,asil5Ié trabajar en la reailidad. hl!lt6rica que nos rodea para tmosfurmairla
en reino».
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CAMBIO Y ESPERANZA
« •. • La pal,,bra Redención és reertiplazada generuhneinte por
la de "liberación", que, a su vez, es enoondida, en el último plano
de la historia y la lucha de ckises, romo ¡,ro(X:50· de 1iberacl6n
en m.aircha. En fin, es también fundamen11al el' arento puesto
sobre
"la praxis": la verdad no debe ser entendida en un sentido
metafísico,
p= ,se ttaitaría de un "idealismo". La vetdad se reai­
lb,,¡ en la historia y en la pi,a,d-;. La aociótns la vetdad» ... «La
única cosa decisiva es la p.tiaxis. La ortopraxis se conviette así
en 1a única vercbdeta ortodoxia. Aisí "" explica un alejamiento
enorme de los textos bíblicos: la crítica histórica libera de la
interpretación ttadiciooal, que se presenta como no científa:a».
¡Cuando esta ya plenaimente demostrado qne nada tiene de
científico
el marxílSmo, se le convierte en árbitro de la reología
y de h inrerpreración bíblica por algunos clérigos que se han
alineado en favor de un cambio y una esperanza, mundaoos y .so;
cialistas! ¡Pero, al hacerlo, no dejai,¡ del crlstián!isnlo sino palabtaS
tergi""'1iSaallS y ritos a los que se les ha camhiado el significado!
Y ¡degradan
el amor cristiano en ,lucha de clases!
11. Oon'·fina puntería nues1Jro amigo THOMAS MoLNAR
mostró, hace unos años, en uno de sus libros, lo que enuócla
su título La utopía, eterna beregia.
Se comenzó por dar el que se ha denominado giro coperni­
cano de KANT, pero que mejor debiera: llamársele giro tholomeico
o prometeico, pues --como ha hechO not131t SEilGIO COTTA (El
hombre tolomeico,
IV, Rialp, 1952, 228, pá!JÓ. 138 y sigs.}­
coloca al hombre en el centro del sístenia que él mismo se in­
venta, y
queda desplazado a otro plmro el Dios creador y orde­
mulor fuella' del centro del ordm por El creado. ·
El intento de dar ese giro no es nuevo. Según noo ruurm E.
GILSON (La unidad de la ... , cap. II; pág. 61), MAIMÓNIDES, en
el siglb xn, criticaba 1a1 quienes, entonces, venian a hacer exacta­
mente lo invei,so de lo que, ert el siglo IV --'- con razón,Tmü11s-ro: «adaptar las ~piniones a las cosas, tm lugar
de adaptar
las cosas a las opiniones, porque; esto último, es per-
der el tiempo íntentdrlo». · -· · -
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JUAN V ALLET DE GOY:J'ISOW
Pero, ant¡, sus reiterados fracasos, mochos tratran de superar­
los =urrieruk;, a la utopla. Y, para rdorzarliw, como ésta DO puede
verifkai1'$e con una filosoffa rigurosa, ocuden a la poesía y, en
último lugar, bu~ un asidero donde agm-mrse oo una pseudo
t«>l.'agía. .
Aún sin llegar a la.s tesis de la t=logfu de la liberación, y
antes que ella, el progresismo religioso busca eoe asidero en al­
gu:noo re¡¡:ros. sag¡,,adoo, a los que sigue tratando de agarmrse,
tanto· parn justifk,,ir
d cambio del mundo por el hombre, erigido
en continuador de la creación, como para fortalecer la esperanza
en el paraíso terrenw, oonq~ eO! este mundo por el hombre,
al De ambos intentos Y" me h!! ocupado en distintas OCllSliones.
El intento de construir el mundo conforme la idea que el
propio hombre "" forme de cómo debe ser, y a tmvés de su
praxis, es autojus,tifiald.o partiendo de proclamM un framso: nQ
podemos conooer _..., afirma-el orden que rige el mundo ( es­
cepticismo gnoseológico), si es que existe tal orden, y illO "" guia
sino
sólo por la inescrutable voluntad de Dios que puede cambia!:
dÚ!crecionalmeruie (nomi:nalismo).
Pero ese .hombre, que ha re­
nunci.do a conocer el mundo, por una paradoja --- LEO STRAUS (Droit naturel et histoire, I1aris, Plon, 1954, cap. V,
págs. 214 y •sigs.)-pretende construirlo o cambiarlo a su guisa,
dándole su propia inteligibilidad.
HEGEL recurrió a la Historia m. la que -afirmaríae-la Idea
se realiza. Y MARX encontró en la ciencia de su tiempo -hoy
revisada-una confirmación del ,sentido de la Historia trazado
por el materialismo dialéctico. Pero ya antes de que los avances
científicos
retirasen tóda ficlucia a MARX, ya había quitado
NtEZTCHE las máscaras que \JCU!taban el abismo del mundo sin
ser ad. que HEGEL con su dialéctk:a llew.ba, en lugai: de escalar el
aclam.do triunfo de la Idea ..
Si la filosoffu recha2a la utopía y la ciencia le ha retirado
todos su,s anales, ¿cahe buscarle un respaldo en la teologla?
El modernismo, conoooado por S. Pío X en la E. Pascendi
(dr. en Verbo, 65-66, págs. 426 y sigs., as! como el airtículo de
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CAMBIO Y ESPERANZA
E. VEGAS LATAPIE: El modernismo después de la Pascendi, ib!d.,
págs. 351 y sigs.), sirvió para que, en el pensan:,rento de algunos,
se reblandeciera la roca firme de la Revelación trammitida por
el magisterio de la Iglesia, a:! erigir .ª la dedomim.da conciencia
colectiva en gula nuestra y derermdnalnte, en cadlL momento his-­
t6rico, del verdadero significado octual de, todo, incluido lo re-
velado. .
Después, TEILHARD DE CHARDIN, oon su literaria mezcla de
teolog!a-ficci6n y de fantaciencia (cfr. Verbo, 17, págs. 57 y sigs.;
30, págs. 523 y .sigs.; 557 y sigs. y 585 y sigo.; 36, págs. 383
y sig.; 49, págs. 561 y si¡Js.; 53-54, págs. 185 y sigs.; 58, pági­
nOIS 573 y sigs.; 71-72, págs. 47 y sigs.) ..Jornaría l'S" conciencia
universal
del modernismo con un ropaje :¡,seudo .la vez, pbndría un nimbo ¡;seudo-teol6gico iail marerialismo histó­
rico y a ila evolución por él mismo preconizada. Pail'a TErLHARD
DE CHARDIN:
-el uni~so, desde ah'ora, ya no es un orden, sino un pro­
ceso» ( «Esqui.sse de l'Univers Petsomid», V, en L'Energie
humaine,
Pmís, 1962, págs. 89 y sigs.);
-
ese proceso afiecta al crlstimúsmo, que -- quiere una reforma «mucho más profunda que en el si­
glo xvr»: «no es una simple cuestión de institucinnds, sinb
de fe» (Carta al Padre G., de 12 de agosto de 1950; cfr.
en Verbo, 9, págs. 574 y •igs.);
-el -,.tido mona! se identifica oon el «sentido c6mioo»; es
bueno «todo lo que segrega una fuerza ascenslonal de
conciencia»; «limitar la fuerm ( a menos que sea para
obtiener mayor fuerza aún), he ah/ el pecado» (Le pheno­
mene spiritiel,
111, a, en L'energie humaine, pág. 134);
-!:as prooesos totalitarios de socialización son procesos de
orecimiento de la cosmogénesis (Esquisse d'un ... , V, b,
vol. cit., págs. 98 y sigs.);
-la fe nueva se despliega «hacia adelante», en h noosfera,
hacia «un Cristo Omega de la Evoluci6n», repensándose
a Dioo en términos de Cosmogénesis: «un Di:os que no
se adora ni se alcanza sino por el acabamiento del Univer-
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JUAN V ALLET DE GOYTISOW
so que él llena de luz y de amor ( e irreversiblemente desde
dentro)» (Carta al Padre G., loe. cit.).
C.om:o sintetizó RoGER GARAUDY (Marxisme du XX' siecle ),
oon la perspectiva de TEILHÁRD, «Dios no es ya un ser, ni si­
quiera la totalidad del ser, porque una totalidad tal no existe y
porque
el ser está enteramente abierto sobre el devenir, por crear».
(Cfr. nui,stros estudios «¿Cristianismo lllllll'.lcistl?, III, en
Verbo, 101,108, págs. 111 y slgs., o en «Datos y notas acerca
del cambio de estrtict\Jiras», pág. 167, y «¿Caitolicismo marxista?,
UI, en Verbo, 137-138, págs. 951 y sigs.).
· 12. Paniilebnente los exégeta• progresistils se han detenido
en ciertos textos bíblicos pam justificar que el hombre tiene en­
oolnendad,o el término de la creación iniciada por Dios, es decir'
el. cambio a un mundo ¡íor él 'transformado corlforme a un nuevo
orden suyo, arumado por 1a esperanza en un Reino de Dios aquí
en lo. tiel1t!a cromo fimd de la Historia;
A) Para justificar ta! delegaci6n incpndicional y sin limites, ni
. si.quieni en el orden moral, ·se hooen vmirus .citas del Génesis
(1, 26; IX, 1, 2 y 3 ), del .libro de la Sabiduría (IX, 1 y 2)
y del Eclesiástico (XV, . .14).
874
Estos textos, ciertllmente, justifican ]11 consideración del
hombre
romo causa segunda del orden, sin duda dinámico,
trazado
por la oausa primera de l:a Creación, es decir, por
, Dios, que le conoede un. poder sobre lia naturaleza para des­
cubrir y desa,::rollar sus energías a fin de edecoor dinámica­
mente, añadiendo su arte a la. natumleza, el universo infra­
humano al progreso de L, humanidw, para l:a mayor gloria de
Dios. Pe,;o, lo que no cabe deducir es lo que pretenden al­
guno.s exégeta• progresiistas, es decir, que el hombre fue eri­
gido cocreador, sin suholrdinación a orden alguno preestable­
cido y apoyado únicamente en su libertad y potencú,,lidoo
. creadora.
Que la delegadón en el hombre no fue incondicional sino
· condicionada dentro de un orden, ttSUlta de la propia Sa-
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CAMBIO Y ESPERANZA
grada escritu11S. El Eclesiástico, en los veraículos siguientes
al invocado (XV, 15), añade: «Dióle, además, sus manda­
mientos y preceptos».
Y SAN PABLO, en su Epistola a los
Romanos
(XIV, 7 y 8), confirmó que «Vivimos por _el Se­
ñor», «somos del Señor». Por ello, reconocería el Vatica­
no
II, en Dignitatis humanae, 3, 1, :nuestra sujeción, «a la
ley divina, eterna, ob¡etiva y universal, por medio de la cual
Dios, con sabiduría ry_ amor, ordena, dirige y gobierna el uni­
verso y la sociedad humana».
B)
Frente II la esperanza en un Reinp de Dios aqu! en-ln tierra
conquis>tlado por el hombre domo conclusión -por él reali·
zada--de la· creación, pueden confrontaitse Vllcios textos del
Nuevo Testamento que, contrarumiente, parecen indicar que
el Reino de Dios sólo llegará con la segunda venida dd Hijo
dd hombre, después del fmcaso de los hombres:
-«... por efecto de los excesos de iniquidad, la caridad de
los más
se enfriará» (SAN MATEO, XXIV, 12} e, incluso,
«El Hiio del hombre cuando vuelva, ¿hallará fe sobre la
tierra?» (SAN LUCAS, XVIII, 8}.
-SAN PABLO: Tesalonicenses (II, 3, 4 y 5) advrerte:
«Nadie os engañe en manera alguna, porque primero
debe venir la apostas/a y hacerse manifiesto el hombre
de
iniquidad, el hi¡o de perdición, el adversario, el que
se ensalza sobre todo lo que se llama Dios_ o sagradp,
hasta sentarse él mismo en el tem¡,lo de Dios».
-La ciuood donde reinen «la verdad, la vida, /ti santidad
y la gracia, la iusticia, el amor y la paz», conJ'orme la
liturgia dd día de Gristo Rey... «desciendo del Cielo,
del lado de Dios,
.ataviada como una esposa que se en­
galana para el Esposo», según el Apocalipsis, XXI, _2,
¡No es una obra de oonstrucción humana que alcanoe -el
cielo <;Omo se pretendió c-00 1a torre de &bel, sino que
desciende de él a nosooros, los desterrados hijos de Eva.
La -lectura de la -Biblia, de acuerdo con el nm,gisterio de la
875
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JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
Iglesia cat6lica, concuerda y· recibe explicación con la filosofía
perenne (
dr. M. PoRADOWSKI: «¿Por qué el mrurxismo combare
el torismo?», oo Verbo, 126, 127, págs. 825 y sigs.). Las nue­
vas lecturas (sic) son impullladas, según el viento que sople, por
las ideologías o por el espej,lsmo de cualquier utopía, sin la menor
garantía, divina ni racional, de que no nos lleven " perdernos en
un profundo abirsmo, de Slllida dif!cil y dolorosa para la genera­
ción que logre salir de él. ·
13. No podemos creer en un cambio revolucionario que sea
producido
por Ul1i!I revolución, desde abajo o desde arriba, . vio­
lenta o silenciosa, por la f=a ,subversiva o por lao leyes.
La revoluci6n ~oegún palabms de ALBERT DE MUN, que en
muchas contraportadas de Verbo hemos reproducido--«es una
doctrina que pretende fundar la sociedad en la voluntad del hom­
bre,
en lugar de fundarla en la voluntad de Dios:.. «Se manifiesta
por
un sistema social, político y econ6mico brotado de los cere­
bros de los fil6sofos:> [ahora, a veces brot:11 de los sueñoo de los
utopiatas), sin la inquietud de la tradición y caracterizado por la
negación de Dios en la sociedad pública. Es ahi donde está la
revoluci6n y donde hace falta atacarla».
Nuestra contraportada actual, complementando esta perspec­
tiva, repire --con JuAN XXIII-que «el aspecto más siniestra­
mente
tlpico de la época moderna consiste en la absurda tentativa
de querer reconstruir un orden temporal
sólido y fecundo pres­
cindiendo de Dios, único fundamento en que puede sostenerse».
llioy, ademds, también se pretende construirlo no solo prescin­
diendo de El, sino suplantándole ... ]. «Sin embargo -prosigue
JUAN XXIII-la experiencia cotidiana, en medio de los desen­
gaños más amargos y aún a veces entre formas sangrientas, sigue
atestiguando lo que afirma el Libro inspirado: "Si el Señor no
construye la casa, en vano se afanán los que la edifican"».
Y, anres, repite la contraportada otras p!allabras de SAN Pío X:
«... no se ·edificrá la ciudad de un modo distinto de como Dios
la ha edificado ... no, la civili:r.aci6n no está por inventar, ni la
nueva ciudad por construir en las nubes. Ha existido, existe: es
876
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CAMBIO Y ESPERANZA
la civilizaci6n cristiana, es la ciudad· cat6lica. No se trata sino de
instaurarla
y restaurarla sin cesar, sobre sus fundamentos natu­
rales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopia
malsana, de la revolución y de la impiedad: "omnia instaurare
in Christo"».
Un cambio que comienza por facilitair la impune supresión
de la vida huma:na inocente antes de nlarer, ataca en su raíz los
fundamentos divinos
y naturales de la -sociedoo desde su primera
célula.
Esto no puede depender del capricho de !!IS urnas.
El orden natural, insito en b creación divina, a,miellZ el hombre concreto, redimido, en todas sus dimensiones: religiosa,
que le liga a Su Principío y Fin; racional1 c~>n la razóri que orienta
y guía su libertad; y social, desde su ~tación y en toda su for­
mación y deaattollo flsico, intereotual y moral.
Ha de seguu,se esta restauraci6n por la del orden sociail, desde
su primera
célub, la familill, y continímr en el envooma.do na­
tural de ,sociedades que: en lo político comienza por el municipio
y sigue en las comarcas,-regiones~ fJlalC!Ílones; en lo económico, se
inicia en la empresa y sigue en !rus organizaciones laborales, em­
preoariales;
t:odo hasta ooronau,sre en su conjunto en la sociedad
política
e, incipiente aún, en }.,. organizoc:iores inoornaciomtles;
en fo . religioso, desde ~a-denominoo,, i¡J!esia doméSltirca se extiende
a Tu, parroquia, el obispado, etc., hastia la Iglesda que preside el
Romano Pontífi.re. -
Lois principios de solidaridad y subsidiar/edad -éontrapues0
tos a toda lucha dialéctica y · cualquier totalitarismo-han de
ser básioos para todo verdadero y ,saludable cambio social.
La tradición viva es la ~vi.a que le iinfumle y asegura un sano
y equilibrado desarrollo.
El cambio que propugll.lllllOI! es lo COOtraru)I de la revolución.
Esta
deshace los l,izos soci,,les -naturales y masifica hoy -tecnoc
ctáticamente-bajó la égida de un :&tado -providencia. Nooo­
tros pretendemos recoQStnm todos los -tejidos sociáles naturales,
reanudar sus Jaws, e infundir savia viva.
JuAN PABLO II clama incaDISllble por un ve1' 877
Fundaci\363n Speiro

JUAN .V ALLET DE GOYTISOLO .,
El hombre, la persona humana, es el verdadero sujeto del
desarrollo, tanto a nivcl intelectual como soci!al, que "" logra "
través de la cultura que, «en su realidad más profunda, no es
sino el modo particwair que tiene un pueblo de cultivar las pro­
pias relariooes,
con la naturaleza, entre sus miembros y con Dios,
de forma que akance un nivel de vicia verdoderamenre humano;
que es el «estilb de vid" común» que raracterua a un determi­
nado. pueblo», y que a batea «fas form"8 a través de las costum­
bres, la lengua, el arte, la lireratura, las instituciones y las es­
tructuras de coovivencia social» (Aloe. en la Univ. Complutense
el 15 de mayo de 1982). Esto es meoomte la tradición, sobre la
que continuamente debe desat:rollarse la cultura.
La familia ha sido objeto de principal preocupación del Papa,
en
especial en su enciclica Familiaris consortio y en la Carta sobre
la misma: «El Creador del mundo estableció la sociedad conyu­
gal como
célula y fundamento de la sociedad humruoa, la · familia
es, por ello, la "célula primera y vital de fa .sociedad"» ... «posee
vínculos vitales y orgánicos con la ,socieclad porque coootituye
su fundfilllento y alimento oon tinuo mediante su función de ser­
vicio
a la vida», «los ciudadanos encuentran en ella fa primen,
escuela
de . esas virtudes. socialies, que son el alma de la vida y
el desarrollo de la socieclad llW!lmL» (núm. 42).
La empresa, basada en que el trabajo, «tiene como caracte­
rística propia que, antes que nada, une a los hombrei,, y en esto
consiste su fuerza social: la fuerza de construiir una comuni.dad»,
en la que «deben unirse, de algún modo, tanto los que trabajan
como los que
.disponen de los medt'os de producción o son sus
propietarios» (E. Laborem exercens, n6m. 20).
Los sindicatos no han de ser un exponente de lucha de clases
ni
de un «egoísmo» de grupo o de clase, sino de una prudente
solicitud por el bien común;
no deben tener carácter de «partidos
poilítiros», que luchan por el poder, y ni siquiera deberían esl»r
sometidos a las decisrones de los partidos políticos o tener vÍllctl'­
los demasiado
estrechos con ellos (ibid.).
El principio de solidaridad resulta básico en la perspectiva de
JUAN PABL_O II; que insiste en él, bien sea empleando esta pala-
87&
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CAMBIO Y ESPERANZA
bra o l,a expresión latina in commune collatio, que es más o me­
nos bien traducida a las lenguas modernas (cfr. M. PORADOSWKI:
«La rerminología de la Laborem exercens», en Verbo, 211°212,
páJls. 68 y sigs.).
Y el principio de subsidiariedad está implícito, cuando no
expreso, en 1bdas StliS enseña:nzas. Ante los juri,;tas italianoo, el
25 de noviembre de 1978, advirtió. del «peligro real de que sean
restringidos los espacios efectivos de l:ihertad, de que sea redu­
cida y cada v,e, más limitada la aa:ión libre de las persollllS de
las familias de las instituciones intermeidas, de las mismas aso­
ciaciotre civiles y religiosas en favor dd p:od,er público, con el
reulrado de im:esponSllbilizar y crear peligrosos presupuestos de
wm colectividad que anula sl hombre 'suprimiendo sus derechos
fundamentales y sus libres capacidades y expresión».
14. De l:as tres virtudes teolbgales: fe, esperanza y caridM,
esta
última -como nos reoordaba el profesor ScIACCA en L' ora
di Crist~ tiooe establecido un orden de amm par¡a las tres cla­
ses
de alteridad del hombre: con las cosas; ron su prójimo, los
demás hombres; y con Dios creadrn, del mundo. El creador éstá
por encima dd univetiso finito en su totalidad y de cualquiera
de sus
partes, incluido el prójimo; y éste por encima de las cos¡as.
De ahí que deba amarse a Dios con amor absoluto, y al prójimo
con
<1mor to1l8l pero no .. bsoluto. Esto es lo que rerume en sus dos
mandamientos
la ley de Dios.
No nos saJ.unos dd tema, ni divagamos. La humanidad pere­
grina en esta tierra, camina al juicio final, pero camina por re­
levos. Nos v..mos sucediendo; unos hombres nacen y otros mue­
ren en cada instante. Cada cual, en nuestra respectiva peregrina­
nación
individual, debe mererer personalmente el premio de goza,:
eternamente
de la presencia de Dios; y el h<>ncb de pruebas es la
práotim de la victtud de fa caridad cristiiana. Hemos de cumplir
bien
nuestro papel, según nuestra vocación y las circunstancias
en que nos hallamos día a día.
Nosotros, a
través de Speiro, hemos elegido kt caridad poli-_
tica, buscando -en palabras de Pío XI (Mensaje a la Federación
879
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JUAN V ALLET DE GOYTISOW
Universitaria Italiana de diciembre de 1927)-«las bases de la
buena, de la. verdadera, de la gran pol!tica en el campo de la
más vasta caridad, la caridad politica, del que se puede decir que
ningún otro le es superior, salvo el de la
religién».
En esa labor, en pos del verdadero cambio, consis1"llte en
restaurar una verdadera civilizaci6n cristiana, ¿qué esperanza
. -además de merecer la vida eterna-podemos tener en lb tem­
poral?
Sin duda
es Dios quien concede la victoria. Pero, como re­
cordal,a }EAN ÜUSSET, en la clausura del Congreso de Lausanne
de
1973, al explicarnos Los argumentos de nuestra esperanza:
«Es actuar estúpidamente y tentar a Dios esperar un éxito
sobrenatural
si, en primer lugar, no trabajamos, si en primer
lugar no combatimos.
»Solamente después,
quizás sohmiente después, Dios dé la
victoria.
»Nu este asidero.
»Porque
1a priorklad de este trabajo que nos es "propio" no
impide, siuo, al contratlo, recurrir a la oraci6n ... , a esta piedad
de
la que SAN PABLO ha llegado a decir que condure a todrus las
cosas, y que tiene no solamente promesas de vida eterna, sino
también
prom<;!SOS para la vida de aquí abajo ... ».
Tres años después, el tema del XI Congreso del Office In­
ternational
(abril 1976), fue el de fo. esperanza politica. JEAN
ÜUSSET, en su discurso que clausur6 el Congreso,- insisti6 en las
Exigencias de nuestra esperanza, que comisten en «saber realizar
la "caridad política"», «uniendo m culto de una fe viva en lo
sobrenatural», «el respeto a las leyes de un ser humano, que el
Soberano Señor de
todas las cosas ha querido hacer personalmen­
te ,suyo»; teniendo «los pies en el suelo, arruigados como robles
en el respefo de esas leyes. Es decir, siu disolver a Jesucristo,
verdadero Dios
y verdadero hombre a la vez».
880
La misión es, pue~, doble:
-De una parte, la formaci6n doctrirutl de élites, a todos
los niveles y funciones soc:iales, cuidando -como adver-
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CAMBIO Y ESPERANZA
tia MrCHEL DE PENFEN'l'ENYO, en la apertura del mismo
Congreso
de Lausanne últimamente citado--de «detraer
las discusiones, desde las ideologías desencarruidas, al te­
rreno firme de las realidades humanas», «propicib II las
convergencias de intereses y al entendimiento», pues «las
competencias y las responsaJ,ilidades se hallan más próxi­
mas a esas realidades».
-Y, de otra parte, la de mediadores naturaile. en la acción
polírico,s,ocí,,J
desatrollada en los grupos, asociaciones,
cuerpos intermedios, periódicos, revistaJS, et.e. --como siem­
pre nos recomendó JEAN ÜUSSET-:-.
Nuestra Jiabor es ,sembrar. S peiro lo •ignifica, tal como pro­
clamábamos al explicair Qué somos y cuál es nuestra tarea, en
la clausura de nuestlil XV Reunión, en la Residencia San Cris­
tóbal
de Majadahonda, d día de Todos los Santos dd año 1976.
-Unos, descubriendo y proporcionando la buena semilla;
-Otros, preparando y reali2a:ndo las labores de la siembra,
P""'-que aqudla semilla fructifique, aunque ----O)!llO ex­
presó SoR CRISTINA DE LA CRUZ, en d vet50 que inspiró
nuestro nombre de Speiro--sean otros segadores quienes,
al fin, la recojan. . . ¡cuando Dios lo quiera!, si sabemos
merecerlo de El, y se lo sabemos pedi,c 'ª su Santisima
Madre, la Vu-gen María ...
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