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La tecnocracia

LA TECNOCRACIA(*)
POB.
JUAN V ALLET DE GoYTISOLO
l. Af repasar las dos ediciones en castellano de nuestro libro
"IDEOLOGÍA, PRAXIS Y MITO DE LA TECNOCRACIA" (1), rdleída su
definición así como aquell,s au-acterísticas que, según hablamos es­
timado (2), esbozaban mejor sus objetivos y delineo.bain los contornos
de su p,-axi,, lbeinos ma:litado un buen especia de tiempo, después
de cerrar y de volver a abrir di libro varias veces.
¿Guál de los datos de su definición y cuáles de sus caract>erístiais,
que enrom:,s enumeramos son realmente las esencialles de la tec·
t:ocracia y cuá!les son, o han sido, simples y ocasionales consecuencias
adjetivas, dimanantes del ámbito socioeconómico o de las cirCU11s­
tancias políticas en que se desru:rolla su actuación específica?
En un intento de abatcar las di.furentes actuaciones apreciadas
como tecnocráticas, en los diversos ámbitos en que ha sido identi­
ficada la actitud de grupo de hombres definidos como tecnácrrJUJ,
aun sin afán eicliaustlvo, podeinos situarlas en contextos too dispares
como
son los siguientes:
(*) Conferencia desarrollada el 18 de marzo de 1977, en la Plurifa­
cultad de GuaruJhos, Sao Paulo, ante los profesores y
cerca de
mil
quinient~
alumnos,

con ocasión de
la presentación del libro del autor, O PBRIGO DA
DESUMANI<;Ao A'I'RAVBS
DO

PREDOMINIO
DA TECNOCRACIA

(
edición tomada
de la 2.ª en castellano. de-lDEOLOGÍA, PRAXIS y MITO DB LA TECNOCRACIA),
editado por Mundo Cultural Ltcla., Sao Paulo (Brasil) 1977.
(1) «Ideología, praxis y mito de la Tecnocracia», ed. Madrid, Esce­
licer, 1971, 160 págs., y 3-ª ed. (2.i en castellano), Madrid, Montecorvo
1975, 336
págs.
(2) «Ideología ... », 3! ed., I parte, II sec., cap. único, págs. 49 y sigs.
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fUAN VALLEf DE GOYTISOLO
- en las grandes Haldings, o IJrtlpos de empresas en U. S. A.,
donde ya los delloct6 Bumhatm (3);
-
en la República franoesa., en la cuail algunos de sus elementos
más conspicuos --Pierre Mas.sé (4) llilodb.-1.a.iné (5), Arma.ad y Dran­
eoutt
(6)-fueron definidos romo tecn6cratas;
-

en
el socialismo sueco, donde [a acción manipuladora de una
administración centralizada permitJe a !a burocracia., que aplica im­
placablemente una tecnología eficazmente explotada., planificar y
dominar no sólo la distribución de las rentas sino también las
conciencias de sus ronswnklores, tal como ha sido puesto en evidencia
por el periodista inglés Rolood Huntford (7);
-en la España de Franco, durante el periodo de las máximas
realizaciones materiales
(8) ---- tor se orientó preferentemente en ese sentido (9)-, apoyándose en un
(3) James Burnham, «La revolución de los directores», cfr. ed. en cas­
tellano, Buenos Aires, Huemul 1962, en especial cap. VII, ~-95 y sigs.
{4) Pierre Massé, «El plan o el antiazar», cfr. vers. en cast.ellano, Bar­
celona.. Nueva colección Labo,r, 1966.
(5) Fran~ois Bloch-Láine, «Pour une reforme de l'entreprise», París,
Ed. du Sucil, 1963.
(6) Louis Armand y Michel Drancourt, «Plaidoy~r pour !'avenir», París,
Calmen Levi, 1961; y Michel D:rao.court, con prólogo de Louis Armand,
«Les eles du pouvoi-r», París, Fayard 1964.
(7)

Roland Huntford,
«Le nouveau totalita.risme Le paradis souedois»,
ed.
en francés, París, Fayard, 1975, cap. III, «La terre promise des planifi­
cateurs», págs. 35 y sigs., y cap. XV, «Le meilleur des mondes», pág. 250.
(8) Cit. el prólogo de Laureano López Rodó al cit. Libro de Pierre
Massé,
págs. 5 y sigs.
(9) Cfr. el importante libro de José
Ignacio Escobar,
Marqués de Val­
deiglesias, «Así empezó», ind·ispensable para valorar desde su raíz, en todo
su

desarrollo,
el régimen franquista con su activo y su pasivo, con sus reali­
zaciones materiales

y sus abandonos
en el ámbito de los principios y de
nuestra tradición. En el capítulo
finail de su segunda edición (Madrid, G.
del Toro, 1975, págs. 331 y sigs.), advierte Valdelglesias: «Nuestro Estado
nacional-sindicalista. ha sido, sobre todO un Estado pragmático, mucho más
preowpado por las realizaciones concretas que por las especulaciones doc­
trinales» ... «La decisión de construir un Estado de obras, como justamente
lo

ha calificado uno de sus más
ilustre. panegiristas,
ha
constituido, sin
du­
da,
su fuena a corto pla.20, aunque pueda ser su debilidad en uno más largo
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LA TECNOCRACIA
ejecutivo fuerte y unas Cortes que nu.oca fueron realmente orgáni­
cas, sino domirnu:las por la adminismición del Estado;
-en aJgunos países sociallistas, aJ otro lado del telón de acero,
donde :M:arc Pailler (10) ha detectado 1lllJL dialéctica entre la buro­
cracia estatal, o del Partirlo, y la nueva recnocracia, y augura que se
llegaci a 1lllJL síntesis de ambas en 1lllJL futura recnoburocracia do­
minante.
¿Qué
hay de común en la ideología, en los rnétodD6 y modos de
actuar, en los objetivos e, incluso, que

se
han movido en r<'gimeoes pollíticoo tan distantes y situados
en unos contextos tan diopa,,es?
2. Al plantear la ideologia tecnocrJtica (11), junto aJ ladilb Tec­
nocráci,, 1
sooiammo: sus comciáe,,c,;as 1 sus diferencias, no vacila­
mos en escribir que ella;
" ... supone una concepción ideológica del mundo que lldmi,te su
mec,mización dirigida cent1'almente f101' ,mo, ce.-eb,o, capaces de or­
denarla • impulsarla del modo más perfecto.
1 "En e.ffi> la tecnocracia y el socia:tismo roinciden.
"El hombre, que ciásicamente
babia sido considerado romo ,,,.;.
mal político -no sólo romo animal racional, fundaroenro.lmente
por su Instinto comur,,it,,río-, pasó a ser contemplado en el siglo
de las 1uces
romo individuo -en una atomización social resuelta
por
el mítiro conkalo social-y ha sido enfocado romo un indivi­
duo calOliÚKlot'. &jo esra. perspectiva, el racionalismo ha t1tatado de
sustituir el o,d.,. nawrlll por un orden raciontd.
"En esa dirección, la tecnocracia -romo del socialismo ha ex­
plicado Claude Harmel (12)-trata, en mayor o menor grado, de
sustituir el orden natural -el del ,jardinero-,por un orden a.rtifi-
en el que acaben de imponerse aquellas_ ideas deja.das navegar por su
cuenta ... »
( 10) Mue Paillet, «Marx contre Marx. La société tecbnoburocratique»,
París, Danoel, 1971, cap. IV, págs. 85 y sigs.
(11) a,. «Ideología ... », 3.• ed., II parte, II se<, cap !, págs. 76 y sigs.
(12) Claude Harmel, «Les fondaments ínt.electuels du soáalisme», en
Itinerairer 169, enero 1973! pág. 207.
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cial, sustituyendo la pradera de lhud,a vi"" por w,a imitación suya,
pero de materia plástica, eternamente verde.
"Ello requiere, para ,el logro de la pretensión de f_l(ISár del remo
de la necesidad al, de 1,,, libertad, c¡ue se imponga la ta2Ón, pam lo cw,l
crea, pandójicamente, la necesidad de roncretarla fioalnneote "en la
razón de Estado, la voluntad del ,poder, expresión de la voluntad
general". A ello corresponde la definición del socia!lismo dada por
Durkheim (13): "Se lktma saciali,sta toda doc,ri"" que exige la con­
centración de
todas las funciones econ6micar o de a/,gU1MS de ellas,
que act~ se ha/,lan dlfusar, en los centros dwectores
y conr­
cientes de
la sociedad".
"La diferencia entre socialismo y tecllOCtllCliL se halla:
" -en el fin prepooderall1le, c¡ue en el socialismo es la utópica
sociedad sin clases, regida por una igua[dad ad,,cuada según las dife­
rentes oocesidades, y que en la tecnocracia ,es el incremento de la
producción y del nivel generall de vida;
" -y en [os nredios prede1lellmioantes, c¡ue en el socialismo se
centran en la estatificación de los medios de producción, y en la tec­
nocracia en la planificación centrn!izada de la economía y la redis-1
tdbución de las rentas ¡:.or el impuesto para que así aumente el nivel
del consumo; es decir, el intervencionismo en una producción capi­
tillsta y h socialización del consumo."'
Sin embargo, ahora, con estas diferencias, se nos ha acentuado la duda de si en ellas podemos
ballar la fómmla c¡ue nos sirva para definir la tecnocracia, diferen­
ciándola del socialismo, o si aquéllas, sirnpl,,mente, tan sólo distin­
guen dos tipos de acción t!eCnoor,tka detd,,nmados po, los dife,-e.r
reg/;mene, pol#u:r,, en que los respecPivo, tecnóorfltar se han movido,
o t"1 vez, también, consecuentes del difer-• nwel i,/,cllf/tMdo en el
tkminio de las técnica, de m,an;p,,lación consideradas en su momento
más eficazmente oportunas y atlecuadas.
3. Hemos didho que la tecnocracia. presupone una concepción
ideológica que admite la mecankaoión wcial, que estima debe ser
(13) Durkheim. cit por Harmel, loe. cit, pág. 206.
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LA TECNOCRACIA
di,,igida oentra1menw por unos cerebros capaces de ordenarla e
impulsarla del modo más perfecto.
La definición de esta ¡,erspectiva ideológica, puede teñirse de
muy diversas siro un ideologism<> racrona/,lst11 C1!4nlificado-r y operrllh;a.
La racionalización es, pues, el dato rom6n, la característica fun.
damental, base de la operativa que trata de relli:ar mediante las téc0
nicas más prog,,esivas.
Y esta operatividad técnica constituye también otro dato común.
En cambio, tall vez no sea una· ,c;aracterístlca común otra que
dunnte mudio tiem¡po le ha sido artibuída: la realización del desa.­
"ºllo, impulsándolo hacia el progreso irukifirudo, constituido en m;ro.
A partir de hace unos cinco años, P"'"'"" que ese carácter es mera­
mente adjetivo, que sólo

se
asume dunmte periodos de eufórico
biienestat, optituismo y mística fe en el progreso, rontemplado como
inevitableme,ue unido a una evolución ineluctable.
En efecto, en 1972, el Club de R01JU1 publicó su !libro "Ha/,Je a lt,
croissance" (14), que en su segunda parte recoge el llamado R"florl
Meadows, "The Limite de Growth", realizado por el g,,upo de Es­
tudio de Dinámica de los Sistemas del Massá&htMsetts Imtilule of
Technology (15). En la presentación de este estudio, el Club de
Roma observa: "Percibimos que cada paso hacia adelante de nuestra
sociedad tecnológica •hare al. hombre más débil y al. mismo tiempo
más podaroso, cada nueva ronquista sobre la natu.raleza se muestra
también coano un pod aumeotado
y extendido grandemente al. poder materiail. del i1ombre,
(14) Club de Roma, «Halte a la croisance», París, Fayard, 1972, cfr,
también «La. ouova. soglia», Apéndice ele «Verso un equilibrio mondiale»,
citado en la nota siguiente.
(1') Deonis L. Meadow, J. W. Forrester, Jeorgen Raoders, Alison A.
Anderson, Jaq. M. Anderson, Willian, W. Behrens III, Roger F. Naill, Ste­
ven B. Shantzis, «Verso un -equilibrio globale,» Miian A.maJ.do Mondadori
Ed. 1973; ¡:fr. también en la 2.• parte del cit. libro del Club de Roma, Do­
nella H. y Denrns L. Meadow, Georgens Raoders y William W. Behrens;
«Rapport sur les .limites de la croissance».
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fUAN V AILET DE GOYTISOLO
pero nada parece haber contribuido a mejorar su lógica y su pru­
dencia".
Las cooolusiones ele conjunto del R,q,port plantean este dilema:
-o bien aa brnm:anidad. renuncia antes: de diez años a toda f<>r­
""' de expan,Mn mdustria/, y demográfica (causantes, en un pró­
ximo futuro, confotme los cákulos hoohos por el ordenador, de la
polución, la desnutrición y especiallmente del agotamiento de los re­
cursos naturales),
-
o bien dd,erá sufrir, en breve período, que todo el "ecosis­
rema"
se derrumbe en la asfixia, el hambre y la miseria generalizada.
En la hipótesis más favorable, según los autores del informe,
nos quedan solamente veinte o treinta años para reaccionar, o bien
para clesapo=er para siempre de la superficie de la cierra.
Sincrónicament,e, Sicco Maosholt (16) advertía que la comproba­
ción
científica de
la polución,
del ,emponzoiíamiento de la atmósfera,
de
la degradación del ambiente mnmil y dcl agora.miento progresivo
de los recursos geológicos, debe transformarse en una doctrina políti­
ca.
Por ello, estimó imllspensable tomar la decisión de proclamar que
el
valumen de bienes materhles puestos

a
disposición de cada uno
debe disminuir en vez de aumentar en el futuro, y que el libre uso
de
estos bienes debería queda,: limitado.
Pero tla!lto en el Gub de Roma, a la zaga del Informe Meadaws,
y, con ,perecido criterio, Sica, Mansholt, en la carta que dirigió el
9 de febrero
de 1972 al Presidenne de la Comisión de las Comuni­
dades
europeas, han pmdamado la detención del crecimimto me­
dirmte ,ma planificacMn rigurosa, P"'" la reducci6n del consumo de
bienes m<>teriáles.
La propuesta del Oub de Roma 'ha sido contemplada ron alarma.
Como ha dicho Rugues Kém[y (17), • esta ertrategia a escala mun­
dial,", que preconiza el Gub de Roma, ronsrituye ,en el mundo de
hoy algo más de lo que podría denominarse una solución técnica.
( 16) Cfr. Femando Ricardi, «Las generosas utnplas de Si= Mans­
holt», en Mundo Económico, abril 1972.
( 17) Hugues Kérdy, «Le progres en questi.6n», en llineraires 167, no~
viembre 1972, págs. 47 y sigs.
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LA TECNOCRACIA
Es "una toma de posición y un principio de. acción políticos, apenas
disimulados. Quien dice púm único presupone partido único, y, por
consiguiente, socializaci6n sistemática y univierS01l de roda la super­
ficie dd globo o, si se prefiere, totalitarismo absoluto".
Y Ferdinando R.icatdi (18), comentando la cartll de Sicco Mam­
holt, estima que el reow:so de una p¡,.,,;¡;.cac;6n rigurosa, por ésre
propuesto, "tendría como efecto cenl1'alizar poderes inmensos en k,s
manos bur6oratas y pk,,mficad-0,tJS, ,-ed,,ciend,o el estimulo indwidual
y la oreatwidad personal ••• "
Es de destacar que del mismo modo que, ·haa, unos afíos, era in­
voca.da por doquier ila necesidad de planificar el desarrollo eronómico
y socia[, ahora al exiponerse la pretendida precisión de conseguir
un

equilibrio
¡Jlobo.l, relucir el ronsumo y terminar con el despil­
farro
de t1os rooursos naturales, también se "boga por una socia­
lización recnocrática. presentándola , Es un hedio que tanto el desarrollo, que los ectua.les tecnoorams
impulsan y que los ecólogos nos dicen nos omisttará a Scylla, como
la red,,cci6n del com,mu,, preconizsda rpor éstos y que según aquéllos
hará obocar con Caribdis, sus oospeccivos preconizadores nos lo quie­
ren
imponer inapelabl.emente, y también prereruk,n, u.nos y otros,
centralizar su realización. Y ,es seguro que si lll!l día se llega a la
geirerail con.-icción de que las ad.-ertencias de los ecólogos son cier­
tas, los plmes de desarrollo serán sustituidos por planes de distri­
bución

de
la penuria y su "racionalización"" será impuesta totalita­
riamente a e.scala estatal, si no pudieran nscerlo a medida mundial,

según
el criterio . de un.as pocas ,,,,_es esta grave ope­
racioo.
4. Creemos que una vez se¡,ara,lo aquello que ha sido, que es,
o que
puede ser ocasional en los dilferentes tipos de tOCtJ.ocracia ob­
servados, aún hallamos reafirmados en rodos unas ca.rac1'etísticas co­
munes y que pireden servirnos pam tramr las únicas líneas que re­
sultan esenoialles a su oon~, a saber:
-Una concepción iddógka ciemifisu, del mundo, que considera
(18) F. Ricardi, loe. cit.
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JUAN VALLET DE GOYTISOLO
la ciencia ron la función ,práctica de construir el mundo y así haa,
de ella un abso/ut(J, al menos prácticamente.
-Una con~ión f(Jtalitaria, en el sentido de que sean aswni todas las actividades de la sociedad, ya sea pot el Estado, ya por alguna
organ.izaclón mulcinecional, sinárquica, o bien pot un super-gobrerno
mundial.
~ Una concepci6n aperatwi,, que usa de los m,jores ade!1antos
recniros para ordenar -¡,kmificar-cent-raltmtJme, desde attiba, e1
mayor biene.srar posible, ya sea impulsando el desan-ollo y el con­
sumo, o bien fretwldolo y p!a,illicando los nacimientos, distribu­
yendo
la
áqueza y las rentas, e1 bienestar o la escasez, la rulrura y
las ínfonnaciones de masa.
Se trata de construir .. ,,,. vasto y camplejo mettmismo ulilittll'io",
que sea capaz cent-ralmente:
- de racionalizar el mundo c""1'itificándolo, y
-de operar té~e la racionalización predeterminada.
He ahí el an...,,_.,., de la figu'ra. Pero, para contemplada comple­
tamente, debemos obseMtr también su reverso, es decir, aquello que
la concepción tocnoorática excluye, expresa o tácitamente.
Nada mejor para mostrado brevemmte que observau: como: ,,,_
cional,idad y Of!eralividatl ,están ,entre sí art:iru1adas, pot ,el hecho de
que aquélla equivale a /~ dirigida a la uulidad.
Nuestro inolvidable maestro el Prof. Sciacca (19) habría ilumi­
nado ese inmenso vado

que deja
la concepción de la "raciona/,idad"
entendida según el modelo de la ciencia y elevada a principio ab­
soluto, y de la "racionaUzaci6n" extendida, según ese modelo, "a
todo Jo
real humano y naturall":
"ExiHada
la búsqueda de la verdad o reducida ésta a la "utili­
dad,., .racionalidad significa ahora "ftfflcronaliddd" siempre más per­
feccionada, de ahí la adecuación de "racional" y de "funcional": es
decir, Jo
que es n«íona:1 es funcionail y lo que es funciorud es raciomd.
( 19) Michele Féderico Sciacca, «La ragion.e impazzita», en I/ Tempo
de Roma del 24 mano 1971, recopillldo en «11 magnifico oggi» Roma, cap.
VI, Cittá Nuova Edictrice, 1976, págs. 3g y sigs.
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LA TECNOCRACIA
Lo demás -el sor o la verdad de ao oreado-no =ta, oo tiene
va:lor."
Pero, ¿qué ocurre a
la razón cuando le fulta la verdad? Sciacca
sigue exponiendo que "se natfl4'aleza o del ser d., las rosas y del hombre y se bace promot0ta de
la barbarie, «mcivi/idad,; destructora de lo que es vettladieramoote
«civi/..» La cazón en sí misma ( ... ) no es luz si no está ,_i1nroi11ada por
la verdad" ... "Cuando Jo racional, entendido romo medida y peso
de cantidad calculable, es aJplicado incluso a la virla estética, moral y
religiosa, obtura o expulsa la fantasía, los sentimientos, la fe, ador­
mece todo lmperu o empeño, soca el amor y hace a fos hombres
mezquinamente
egoístas, perdidamente empeñados en medir y pesar
su propia utilidad para una siempre !D Así, "la razón mtendirla sólo romo funcionalidad operativa, trans­
fomiadora y organizattiz rigurosa acrecientt enorm,,meote los "'8 misma, pues quita al hombre c# tus innatfl4'ale
que sufre sobre todo el hombre de los países que se
llaman
«des,,,.,.ollados», es propiamenre el estado de desesperación"
.. . "Esto confirma que el hombre, además de las rosas que le sirven
y a fin d., que éstas le sean realmente útiles, precisa irrenunciable y
n~iamenre de una verdad a la que servir y para la cual valen
los
mmios y tiene valor la vida".
Por
otra parre, ''la razón funcionalizada y calruladora, reducida
a

lo
científico y recnico haKle percler les «ddferrmdas:», y el matiz (la
finesse) y con esm se hace «indiferent•»" y llega al absurdo; siendo
así que la naturaleza física y la humana "son lo opuesto a la indife­
rencia", "incluso lo opuesro a
la igualación de todo bajo todos los
aspectos y a la extinción de la variedad
.en la
uniformidad,
es decir,
. de

aquello
a lo que tiende la razón cientlfica y técnica".
"La racionallidad pura se bace abstrncta, funcional, inhumana";
en

cambio, "lo
razonable contempla

a los
·hombres de carne y hueso,
concretos humanos, personalmente «formales» ... "
5. Hemos visro el anverso y el reverso negativo que presenta
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JUAN V ALLET DE GOYTISOW
la nu:ioMlizaci6n funcional, cientifista y operativa. Pero debemos pro­
fundizar algo más ,en la roncepci6n de lo racional "como medida y
peso de cantidd calctáable", según la propo5ición que ya había for­
mulado
Kant, "que en cualquier trocla sobre la Natural= tanto se
encuentra
!la vrerdadera ciencia, ruanto en ella se encuentra la Ma­
tem!tica".
No vamos a repetir lo que ya dijimos haoe tiempo acarea de loo
límites de la pooible marematización del universo (20), refiriendo
loo obstáculos impeditivos de la ma•ematizadón, expuestos ¡,oc Ger­
hard
Frey (21) y !las dificultades que, según ,las explicaciones de
Worswick (22),
la econom!et:ría -no 'ha podido superar. Pero sí que­
remos insistir en la pretensión tecnocrática de cuantificar el orden
social, el desarrollo y la justicia.
"La bondad dcl Estado se mide ¡,oc su mpacidad para reruizar
el
orden, la justicia y el desarrollo", nos ha explicado ron claridad
el autor del discurso: DEL EsTADO IDEAL AL EsTADO DE RAZÓN (23),
quien lo rnzona así: "El orden social es un dato -tan estadística­
mente mensurable
cnmo sus contrarios !os desórdenes". " . . . El desa­
rrollo es una dimensión tan cua1ificable, que únicamen•e reducido
a
cifras se expresa ron un mínimo de pl'ecisión" ... "Y, finalmente,
la

justicia distributiva
es mensurable matlellláticamente, no sólo en
su
vertiente material, que ,es la de la efectiva renta ¡,oc habitante en
relación ron la cuota teórica, sino en su vertiente más íntima, como
es
la de
las libertades básicas y las opciones educativas, profesionales,
judiciales, etc... lll
gn,,lo de

cumplimiento
de las tres rondicimres
de

la finalidad
estaátl es una reailidod experimentable y medible,
romo
la densidod o cualqnier otra dimensión física, !o cual no sig-
(20) a,. «Ideología, praxis y mito de ... », I parte, II sec., cap. III, págs.
94
y sigs.
(21) Gerhard Frey, «La matematización del universo», Madrid, G. del
Toro Ed., 1972,
cap. 5, págs. 115

y
sigs.
(22) David Worswich, «¿Progreso de la ciencia económica?», en Mer­
curio, Roma, diciembre 1972.
(23) Gonzalo Femández de la Mora, «Del Estado ideal al Estado de
rai6n», V. Discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y
PoHticas, Madrid, 1972, pág. 90.
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LA TECNOCRACIA
nifica que no suscite probretmas técniros de verificaci6n, oomo acon­
tece incluoo con
los ob¡etos de la qulmica".
Pero esa mensurálidad del orden social tan sólo podríamos ad­
mitirla si el presión
estadística. Sin embargo, el orden y el desonlen son algo más
profundo y ttascenclente que sus manifestaciones ei cidas en un periodo de tiempo dado. Por eso, ha escrito Ripert (24):
"No
obstante la célebre frase del fi[óoofo, no puedo preferir una
injusticia

a un
desorden, pues la injusticia es también un desorden,
intelecruaJ
:y moral, frecuentemente peor que e!l otro. Cuando el
poder político se mat1ifiesta por · leyes que no son ya expresi6n del
derecho, la sociedad está en peligro." Se trata de algo rualitativo,
que cuantitativamente puede parecer ,nru; pequeño que uo grano de
mostaza; pero de su gemninaci6n pualan derivarse consecuencias in­
mensas. Ignoramos cómo ,podría cuanti:ficarse ese germen, para res­
tar el resultado de esa operación de la estadística triunfalista del or­
den
aparente.
La =bilidad estadística del destJf'follo, al =os para la
propaganda política, es un mrlio evidente. Pero esta cuantificación,
¿puede satisfacer a un científico o, al menos, a un político en la
plena
extensión de

la
palabra, es decir, con perspectiva de largo al­
cance? Si
el! desarrollo comporta a la vez destrucción, si la industria­
lización
conlleva contaminación, si el bienestar en aumento está
unido
a un incremento de la inmoralidad, si el logro de un equipo
de s~s de la técnica deja -tras sí la escoria de miles de ina­
daptados, hippies, de 'Illllleantes, drogadictos y desec¡uillibrados, aun­
que la estadística refleje su número, ¿cómo se miden sus consecuen­
ci&s para el futuro? ¿C6mo se va10lt'a lo que cualitativamente se logra
y gana en relación con [o que cualimtivamente se pierde o se impo­
sibilim?
¿C6mo se va1ora lo que destru}'<' la imlación que, a la vez, faci.
lita el desarrollo malido por la estadística? Salieron (25) ha escrito,
(24) Georges Ripert, «La déclin du droit», Préface, París, Jibr. Gml.
de Droit et Jurispr. 1949 pág. VI.
(25) Louis .Salleron, «¿Quién paga !ns vidrios rotos de la inflación?»,
en Verbo 111-112, enero~febrero, 1972, págs. 153 y sigs.
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/UAN V ALLET DE GOYTISOLO
que la oonsecu,encia de la infilación persistente es un cambio de estrue·
turas, en virtud del cual las nuevas destruyen: "Todas WlS que re­
sultan de la pmnacía de persona, es · decir, rodas aqueJ!as que soo­
tienen y todo aquello que sostiene la libemJd pe,sooal y la· pro­
{>i,edad p,wsonal. Numeroso& vocablos enuineran las múltiples estrue­
tw:as así destruidas o, al menos, quebrantadas: fumilia, patrimonio,
herencia, tradición, oficio, honor profesional, servicio del Estado en
sus estrucruras básicas: magistratura, ejército, grandes rorporacio-
nes", etc •••
¿Cómo se valoran las reservas que Gusrave Thil>on (26) deno­
mina "las lentas reservas donrudas", "la paciencia conservadora
de

los
órganos profundos"? En ,especial, ¿oomo podremos saberlo,
puesto que la tecnoeracia coinci si no es negativamente? "Allí donde están los poros de la tradición,
de la autoridad, de la experiencia, los pozos en que caUadamente se
reposta. la cara.vana social, el sncia~isroo no ve más que parásitos y
obstácu!los. Confunde las reservas con ki im,ti/,idad. Todo .lo que ron­
serva, tanto en provoca su avsersi6n" . . . Pot Otra parte, la detenninaci6n estadística
de la renta pot l,abitanre y de las opciones educativas, profesionales,
judicia!l.es ••• , no son datos smicienres para medir la jflsúoia tÜstri­
btllwa.
Es así porque el primer problema de la justicú, social es el de se­
fialar
cuáles oon fos Umites que fa justicü, tÜstribuúvtJ no debe sobre­
pasar en el ámbito, más comprensivo, de la justicú, getl8t'dl.
La justicia ,no puede ser reflejada por una estad!stica que nos
muestre promedios, puesto que para valorar la justicia distr;!,utiva
ha de ser exruninada individualmente la distribuci6u en sus mínimos
elemootos personales y no tan sóllo en términos medios; ni puede
ser
expresada en relaciones numéricas, sino en

la
apreciación de · fa
cualidad, en términoo de justicia y no de volumoo. lneri,ng (27) fo
(26) Gustave Thibon, «Diagnósticos de fisiología social», Madrid Ed.
Nacional, 1958,

«El espíritu de economía», pág. 29.
(27) Rudolf von Ihering, «La lucha por el Derecho», cap. III, cfr. ed.
en
castellano, Madrid,

Libr. Gral. Victoriano
Suáre~, 1921,
págs.
49 y
sigs.
1164
Fundaci\363n Speiro

LA TECNOCRACIA
percibió del modo penetrante que carocteriza la visión de los grandes
juristas.
Por


sala, la atenuación del sentimiento individual de la
lucha contra la injusticia sufrida personalmenre, es ya una regi,esión:
"cuallqUÍ qúe el amor a la oomodidad lleva a oo revivir ila ludba por el deredho
sino cuando el valor objetivo sea de tal naturaleza que aconseje
resistencia".
"Toda disposición arbitraria e inj~ emanada del
poder poolioo --ruiade más adelante-es un atentado contra el
sentimiento legal de la mici6n, y por ooosecuaocia contra su misma
fuerza. Es un pecado oontra la idea. del deredbo que recae sobre el
:&tlido, el cuail suele pagarlo non exceso, non usura ... ".
¿Qué adelantaremos, en el orden de la justicia, non aumentar la
renta por habitante y ilas opciones educaicivas profesionalles y oco­
n6micas, si esos aumenros son obtenidos a costa de deteriorar las
cualidades, sentimientos y ,sensibilidad personales?
6. La trayectoria de esa ooncepción ha sido movida por la orien­
tación t>freratwa de la ciencia. Esta ha ido surgiendo por un 'largo
proceso

iniciado en
el siglo XIV y desarrollado en el siglo de las
luces. En
él podemos distingnit las siguientes fases:
a) Un cambio de perspectiva que deja de contemplar el mundo
en
su
univ.,,,..¡idad, como

un orden
dinámioo ínsito en su creación,
para observa.r uoicaroenre la singularidad de las cosas y de sus fe­
n6menos, empíricamente y s6lo en el campo de las ciencias físi­
cas (28);
b) Un cambio de ,situaci6n del punto de vista desde el ruad. el
hombre observa la nautraleza; ya no desde dentro por lirlUlSpll1Ceocia,
como formando parre de la misma, sino desde fuera, mlocándose la
res cogitans como observadora de la res extensa a que es reducida
la naturaleza (29).
(28) Cfr. Etienne Gi-lson, «La filosofía en la Edad Media», Madrid, Ed.
Gredos, 1965, cap. IX, III, págs. 606 y sigs., y M. Villey, «La formation de
la
pensée juridique mod.erne ·ccours d'Histoire de la Philosophie du Droit)»,
II, cap. III, A, 2.0, París, Ed. Miootchretien, 1968, pág,;. 206 y sigs.
(29)

Cfr. Marshall
Mc-Luhan, «The Gutenberg Galaxy», Universíty of
Toronto Press 1962, dr. vers en francés de Jean Paré, «La gala.xi.e Gutenberg»,
1165
Fundaci\363n Speiro

JUAN V ALLET DE GOYTISOLO
&) Una desintegración de ,espíritu y materia, con la cual la na­
turaleza es reducida a su aspecto material y bruto, sin alma ni in­
t partit del cogito ergo swm, mientras la naturaleza queda mutilada
de sus causas formales y finales, de las cualidades no meosurnbles y
de los conjuntos humanos naturales, por lo que el hombre sólo es
contemphu:lo como ser aislado, ahistóriro y abstracto (30).
d) Una moruficación del mlmoo GOOCepto de ciencia y de sus
objetivos, concretados al empirismo experimental, y enfocado roo
una actitud no receptiva, pues sólo se trata de indagar aquello que
operativamente interesa para crear un mundo artificial producto del
pensamiento
humano

(31).
e) De ahí: el giro copernicano de Kant (32); el Ego de Fichte,
que crea el mundo del sentido y del entendimiento en nuestras men­
tes y por nuestras rrientes, como producto de las voluntades indivi­
duales que a su vez soa absorbidas en la Una-Eterna-Voluntad In­
finita
del
Estado; y, en fin, la consecuente afirmación de Marx de
que
ya no se trata de conocer el mundo, sino de cambiarlo (33).
Así, la ciencia política ha dejado de ser theom, en su estrictn
sentido, para convertirse en una poiesis que, primero, fabrica mentai.­
mrote
un modelo ideal. y que, luego, estudia cómo operarlo y qué
Montreal, 1967, págs. 82, 130 y sigs., 137 y sigs., 191, 293 y sigs., 300 y 306
y sigs.; e !ves Simon, «La traducción de fa ley natural», vers. en castellano,
Madrid, Razón y Fe 1968, cap. 3, pág. 67.
(30) Cfr. Michel Villey, «Historique de la nature des choses», en Ar­
chives de Phiilosophie du Droit X, 1965, págs. 267 y sigs. y nuestro estudio
«Perspectivas parciales y acción uniformante total», 10, en Verbo 143- 144,
marzo-abril 1976, pág. 430.
(31) ar. Michel Villey, op. últ cit, pa.rs. V., Juicio de conitmto.
pág. 579.
(32) d. Etienne Gílson, «El realismo metódico», IV; d. ed. en cas­
tellano precedido de un estudio preliminar de Leopoldo Eulogio Palacios, Madrid, Rialp, 19S2,
págs. 138 y sigs., y «La unidad de la experiencia filo­
sófica», cap. IX; ed .. en castellano, Madrid, Rialp 1.960, págs. 269 y sigs.
(33)
dr. Michele Federico Sciacca, «Estudios sobre filosofía moderna»,
N parte, III; cfr. vers. en castellano, Barcelona, Ed. L. Mirarle, 1966, pá­
ginas 3 50' y sigs,
1166
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LA TECNOCRACIA
técnicas deben emplearse pata ello. Comsocuentemoote, el arte de la
política
se trasforma en una ,¡,,-a«i,, guiada por aquella poieiis, que
realliza una labor rtJCionaüutdor" y cwntifi&dd una nueva roncepción de la acción política que se tradure en un
facere nuevo, confotmes al modelo propuesto, y que inevitablemente pro•
duce:
- Una
opertNWidad -.-t>donal,izado.a y cu,mtificado,,,_. del Es­
trulo respecto de la sociedad, que se extiende por todos los ámbitos
y que tiende a conducitle al tottJJitarimw.
- La masifi<;,,dón social, objeto de aquella operatividad dú:igi­
gida a: la homogeneización, la UbertJCión d.e las vie¿as atdMM'as,
y a la s,q,eración del estado de nece.rMad.
Fruto de la sustitución de la metafísica por esa ciencia operativa,
guiada
por uno u otro idealismo --<:<>nfesado o no-, es la aplica­
ción

de la técnica al arte de
la política,

como conjunto de procedi­
mientos
y. recursos que detetmina una nueva concepción de la pro­
pia acción pdlítica, convertida .en técnica racionalizadora 'Y cuanti­
ficadora
para realizar el modelo de sociedad propuesto.
El

Estado
se conviette
en "un
arrefaeto instrumental", en

"un
vasto
y complejo mecanismo utilitario", que desaUen,, a los indi­
viduos de sus vínculos

naturales,
los uniformiza, convirtiéndolos en
arhnimrtradores y en aseg,.,ados sociales, y nos va conduciendo a un
nuevo totalitarisnw,. entrevisto hace un si¡Jlo por Toa¡ueville (34),
(34)' Alexis de Tocqueville, «De la democratie en Amérique», Lib. 111,
cap.,
VI; cfr. ed. bajo 1a dirección de Jr. P. Mayer, con introducción de Ha­
rold J. Laski, París, Gállima.ni 1961, págs; 324 y si¡¡,.: «veo una muchedumbre
innumerable de hombres parecidos e iguales ·que giran sin reposo sobre ellos
mismos

para procurarse
pequeños y vulgares placeres con

los que llenan su
alina ...
»Por· encima

de ellos se
elev'a un poder inmenso y tutelar, que se encarga,
él sólo, de asegurar sus goces y velar por su suei-te. Es· absoluto, detallado,
regular, pt'eYisor y dulce. Se parecería a la potestad paterna si, como ésta,
tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero no procura,
por el contrario, más que fijarlos irrevocablemente en la infancia; quiere
que loS ciudadanos disfruten con tál de que no piensen Sinó en disfrutar.
Trabaja de buen grado para su bienestar; pero quiere ser el último agente y
1167
Fundaci\363n Speiro

/UAN VALLET DE GOYTISOLO
profetizado por Adolf Huxley y descrito en el aaua.1 modelo sueco
por Roland Hunt!ford (35), en una sociedad de masas vislumbrada
por Omega y Gasset (36).
Esa praxis radoruüizadora operada mediante la cuantificación
produoe en el Estado el surgimiento de una nueva olase: la tecno­
cmda, capaz de utilizar los mejores adelantos témicos para planlficar
oenrmlmenre todas las
actividades sociales, y que supone una con­
cepción idrológica del mundo que admiw la mecanización dirigida
centralmente
por unos cerebros capa.ces de impuisa:rla del modo más
eficaz; lo que ffllllizan:
-preparando la conciencia cotectwtl, y
-desmontando la realidad, pieza por · pi=, para reconstrflmá
conforme
al modelo p,-eftlbricddo.
7. Así se concreta tod,i la racionalización hmna,u, en las men­
tes de los directores y su operatwidttd en la voluntad de los go­
bern,,nte,, ¡rituados en las paltmcas de rrumdo del Estado o de los
organismos ~es o internacionales.
Nos bailamos ante una consoouencia, ya sm de la oegm:ión de la
participación, o
bien de

esa
fllllsa roncepción

enunciada.
el solo árbitro,. provee a su seguridad, prevé y asegura sus necesidades, faá­
lita sus placeres, conduce sus principales negocios, dirige su industria, regulá.
sus

sucesiones, divide sus
herencias, ¡ Por qué no podría evitarles por com­
pleto el trastorno de pensar y el esfuerzo de vivir!
»Después» ... «el soberano extiende

sus
bra~os sobre

la sociedad entera;
le cubre la superficie con
una. red de pequeñas reglas, complicadas, minuciosas
y uniformes a través de las cualles los talentos más originales y las almas más
vigorosas no podrán hallar la claridad para sobrepasar la. muchedumbre; no
les rompe las voluntades, pero se las reblandece, las pliega y las dirige; obli­
ga rara vez a obrar, pero se opone sin cesar a que se actúe, no destruye nada.,
estorba, comprime, enerva, apaga., atenta, reduce, en fin, cada nación, a no
ser más que un rebafio de
animaies tímidos

e industriosos, de los que
el
goi:.,emo es su pastor.»
(35) Rolaod Huntford, «Le nouveau totalitarisme», cit. cap. XV, págs.
241 y. sigs.
( 36) José Ortega y Gasset,. «La rebelión de las masas», 141 ed, espa­
ñola, M)adrid, Ed. Revista de Occidente, 1954, cap. XIII, págs. 105 y sigs.
1168
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LA TECNOCRACIA
El axioma de la racionalidad del listado altamente central.i7.ado,
dimanante del mito de "una voluntad geneml ", con la cual iden­
tifica

su
voluntad propia de

un modo
casi místico, ;ba tenido y tiene
consecuencias de extraordinaria ttasce:ndencia. Y, sin emhorgo, como
ha notado Yves R. Simon (37): "El ideal de emancipruse de las viejas
atadu:rns y el no menos cierto ,¡,ropósito de fomnar un listado alta·
mente central.i7.ado
y taciona(l, fueron proporcionad~ de hecllo, por
la voluntad
genetal"; y una y otra idea han pasado a ser también axio­
mas, siendo así que prooo:leo de modo más psicológico que lógico
de

un
mito -el "contta.to social" -que se usó como primera pre-­
misa absoluta, es decir, como postulado, pese a lo irrea,l · que histó­
ricamenre ha sido y lo falso que es.
Lo cietto es que mciona1idad del listado, a través de la estati·
ficacióo de la razón, no ,rignifica en modo ailguno di triunfo de la
razón sobre la ·sinrazón, sino el imperio de la razón de unos pocos,
situados en Ja cwnbte, sobre· la éstos se contenten en desenvolverla cada uno en su sitio y aquéllos
quieran abarcarlo
todo

e
imponer la suya a todos
Hoy, cuando se habla como nunca de la participación de todos,
más que
nunca resulta que

todo
se programa e impone desde lo
alto: la educación, el trabajo, la economía, la política.
Ocutte que no se permite participar con iniciativa y respoosa­
bi,Jidad en muchas materias de Jla .esfuta de la propia competencia,
porque se estima que la razón de quienes ocupan la cumbre asume
la
racionalidad de todo. Pero, ¡con tal. de que los depositarios de esta
"racionalidad" hayan sido elegidos, se estima que todo -incluidas
la
libertad· y la democracia-queda salvado! Así, la "participación"
preconizada se reduce a esrog,er,
o mejor dicho

a
votar pata que por
mayoría
se decida -olvidando qUle las razones se pesan pero no se
cuentan-quiénes

serán
los que con su razón debenln evi incluso
nuestro esfuerzo de ¡:,etJSM, romo proJietizó Tocqueville (38).
(37) Yves R. Simon, op. cit., cap. 4, pág. 99.
( 38)

Tocqueville,
loe. cit., supra nota 34.
1169
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JUAN V ALLET DE GOYTISOW
Según Hegel (39), la "tilcionalidad" del Estado -por lo menos
la del Estado ,prusiano, en el cual· esperaba quJe llegase a encarnar
la Idea triunfa.nti que, pam él, "tndo lo reail ~ racional"; tndo fo que se im;pone, aun­
que
sea por la ~ es racional. Pero así, esa "razón", según ha
obsetVado Sciacca (40), viene a ser también,, romo se dijo die la "Uni­
dad indiferenciada" de Sdhell:in, la "noobe negra donde todas las
vacas son negras". Todo se hunde en la Razón, tndo es reabsotbido
por ella y tndo se pierde en ella. Todo es racional, tndo es "verdad
y bien, por el sólo hecho die habet orurrido". Con lo cual, "realmeo­
te, pierde todo sentido la razón de fa racionalidad triunfante" ...
8.
Sin
embargo, la r.ecnoo:acia se apoya, entre otros falsos axio­
mas, en
este de la racionafüiad del F.smdo ailtamenre reoo:alizado y
en el de que "la honJogeneizaci.6n es progreso y liberaci6n de las
viejas ataduras" ...

¡cuando
en el

cuerpo
humano la homogeneiza­
ción
no

es sino producto
cancerígeno o signo. de mnerte y rorrup­
ción de la carne! y, en el universo ¡sería regreso al caos! como supo
mostrar gráficamente Giovarmi Papini (41).
En todas estas falacias, sin embargo, se halla el fundamento de
la acrual recnocracia, en rodas sus variao representantleS se autodenominan teenócratas romo si fo ocultan por
la
,raz6n que sea. Por eso, de su abra no pueden dimanar sino, igual­
mente, !~ n to no •se asienta ,en lo verdadero : ..
La urgencia. de •esta alarma fué ya percibida en sus Memorias por
quien fue Presidente de la Repúlblica francem, Georges Pompidou,
.(39) Hegel, «Principios de la Filosofía del Deredio», §§ 257, 258,
259 y 341 y sigs.; cfr. ed., en francés, París, Gallimard, 1949, págs, 190, 191,
194 y sigs., y 256 y sigs.
(40)

M. F.
Sciacca «Reflciciones "inactuales" sobre el historicismo hege­
liano», Madrid,
Fundación Universitaria Española, 1975, pág. 17.
(41)
Giovannli Papini, «Palabras y sangre. El tráfico cotidiano», cfr.
versión en castellano de
Mario Verdaguer, 2,!J ed., Barcelona, Í938, págs. 219
y sigs,
1170
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LA TECNOCRACIA
publicadas pósturooroeo'<' en el título de EL NUDO GOBDIANO (42):
"el hombre se encuentra dotado, a causa de los descubrimileo.tos cien­
tífüros, de un

poder de
acción, sobre IDS elementos, ciertamente, pero
también sobre el hombre; poder absolutamc1t1te nuevo y desmesu­
rru:lo. El sabio, el ingeniero, el t:emócrata, disponen de medios c.<>­
looales. Esos medioo, en lo esencial, se concentran en las mwos de un
Estado
y en una administraci6n que encuadran a los individuos, los
colocan en
fichas perforadas, los desigoorán IIllÚÍlWa por U1l número,
determinando la progresión del nivel de vida, las actividsdes de­
seabres
y su reporto geográfico, tomamlo a su =go la educación,
la insrrua:i6n, la fo,maci.6n profesiOlll!, muy pronto el deber y el
derecho a fa proooeaci.ón, y !la duración del trabojo y del ocio, la
edad del ~etiro, las condiciooes de la vejez, el tratamiento de las
~". Así "en el mismo momento en que al individuo se
siente
libre y se libera de las obligaciones y represiones tradicio­
nales, se rotl8ttU)"' una máquina técniro-ciotlfica monstruosa, que
puede reducir a

la
esclavitud a ese mismo individuo, o destruirlo de
,la noche a J,,. maña.no Todo depende de los que rengan las palancas
del mando".
"Que nadie acaricie la
ilusión del control Una vez al volante
del
cocl,e, nadie puede impedir al amduetor el que apriete el ace­
lerru:lor y que dirija el vehírulo hacia donde quiera."
El remed.io lo

vislumbra Pompidou en otra
di.rocoión, por otro
camino; "se necesitan iosti.tucionres, instituciones que aseguren, en
todas las empas de la vida, en todos ~ esalones de aa sociedad,
en todos los marros en que se inoorta. la vida individual -afumilia,
profesión, provincia, ]>8ittia-, el máximo de agilidad y de libertad.
Y ello ron el fin de limitar los poderes. del futado, de no dejarle
más que lo es de su propia ,esponsahllidad, que en ou,stros días
ya es inmensa; de dejar a loo ciudadanos fa gestión de sus propioo
asuntos, de su vida personall, la organización de su fulicidad tal y como
(42) Georges Pompidou, «El nudo gordiano», cap. final; cfr. vers. en
castellano, Madrid, Sociedad Hispanoamericana de Ediciones y Distribución,
S.A., 1975, págs. 158
y sigs.
1171
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JUAN V ALLET DE GOYTISOW
ellos la conciben, a,n el fin de escapar a esa funesta iruJ!itrulción que,
bajo
pretexto de solidaridad, conduce derechamente al rebaño".
Y termina patéticamente: ·m peligro no es il=io". Sin em­
bargo, aún espera: "Hemos llegado a un punro extremo en que hará
falta, no fo dudamos, poner fin a las e,¡,ecul,iciones y volver a creur
wi orden social. A1guk,o. cortará el nudo gordiano."
JUAN VALLET DE GOYTISOLO
QUlE SOMOS Y CUAlL ES
NUESTRA
lt ARlEA
1. Qué somos:
l. Por nuestra fe.-2. Por nuestra específica
labor de .-3. Por nuestras
convicciones naturales.
II. Cuál es nuestra tarea:
a) Formaci6n de una• élites.
b) Acci6n cultural.
22 págs. 28 ptas.
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