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1988

El poder

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1988
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La visión del poder en las comedias de Lope de Vega

LA VISION DEL PODER EN LAS COMEDIAS
DE LOPE .DE VEGA
"POR
ANGEL MARTÍNEZ SARRIÓN
Aun cuando el título que aparece· en los programas se · for:.
mula con una generosa amplitud «El poder en la literatura · es­
pañola», ello obedece más a unos deseos de nuestro .admirado
amigo y maestro don Juan V allet de Goytisolo, de encaminar­
me, con el afecto que le caracteriza y conJa humildad ,de qui,
hace ,gala; al. estudio. de esta -materia. en años sucesivos, por
cuanto-ell; este campo, como-en .-tantos. otros de la cultura. es­
pañola, especialmente cuando tocan con el catolicismo, ,ofrecen
enormes lagunas de investigación, que ya se lamenta ha. "1l. , des:
tacar .don Marcelino
Menéndez Pelayo y que, tanto en lps años
en que escribía,
como en los nuestros, .al margen de los _cuatro
lugares comunes al. uso, al. no haber tenido la suerte de contar
como. Italia con un . ÜZ!ll1an, no podemos presentar· una lüstoria . . -' .
ck!l. Pl'!l5amiento católico en. España.
Ello comporta el riesgo de dejar la historia en manos de los
teorizantes de turno, que' miopes para extraer la realidad de los
hechos, se circunscriben a explayar sus· doctrinas dékmbaüladas de
cuatro ritanuale~, a las vedés, cuandono "polarizádás en trat.dci
de cieiid; política, en los qÚe stlS 'autores pasan por set niecenás
de
fü, idea~, en túánto nos brindan argumentos é:6módos, para
dej'ar trazada
una pánorámka con i:an sólo transitar deJI Cattigia:­
no dé Balsasar Castlglione;· que mejoró en fa iracfucción cástelláná
de Jiiiin 'Bóséári en 1534, 'a los que pódríanios llamar sermones
de Antonio
de Guevára,'ohis¡x, de·Mondoñedó, eh·su oora Me­
n'cifjii-eció · de corte ·y al'iibania de 'aldea; dif amplia difusión· en
fa '-Eufoj,á del· siglo xvr en· 'ru· versión látilll! O>ntemptus vitae
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ANGEL MARTINEZ SARRION
aulicae et laus ruris, o, finalmente, en lo que Píeiffer ha llama­
do
«humamtas erasmiana», surgida en la Institutio principis
christiani
y el Enchiridion militis christiani de Erasmo de Rot­
terdam y De concordia et discordia in
humano genere y De ve­
ritate fidei christianae de nuestro Juan Luis Vives, marginando
en cierta manera a los testimonios de una realidad sustentada
en los
hechos relatados, que ciertamente animan las ideas, pero
que posibilitan
conocer los sentimientos de un pueblo, de unas
gentes, que,
moviéndose en el campo de la vida, aplican a ella
unas concepciones, que merced al realismo e idealismo que con­
figuran nuestra literatura de la Edad de Oro, tal como han des­
tacado
Ludwig Pfand y Karl Vossller, nos muestran, sin interme­
diario alguno,
a la sociedad española.
A la consideración de estos sentimientos
y concepciones, por
la
plasmación que de ellos ha realizado Lope de Vega, vamos
a reducir nuestra aportaeióll, que más que· ir encaminada a ilus­
trar, pretende tan sólo tratar de mostrar lo mucho que hay por
hacer y lo estimulante que puede resultar aplicarse a ir jalo­
nando estos caminos.
El teatro significa una realidad constatada que, en lo que no
tiene de vivida y experimentada, se ve completada
por lo añora­
do y querido. Toda comedia, que no sea artificiosa, es un cuadro
de costumbres testimoniado por el público que acude a las repre­
sentaciones. Por eso, entiendo oon Wolf, que «siendo
la literatura
en
genetal un espejo de la existencia ele la nación y teniendo que
reconocer dentro
de la literatura al drama como su · desarrollo
más completo y maduro, se sigue necesariamente que el teatrO,
como el drama llevado a la . efectividad, · hecho vivo, es el más
puro
y. grande espejo de la vida públiar, que nos puede ofrecer
la literatura. Es, a la vez, el termómetro más sensible de la cul­
túra nacional, la medida más exacta y fina que puede aplicarse
a la vida pública por parte
de la literatura ... Nada más que te­
ner un teatro propio es ya,
por sí y en sí, una honra de que sólo
ha sido dado participar
a las naciones que han representado papel
en la historia universal, y aun. a éstas sólo en los días de sus
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EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
esplendor y de su grandeza política». Estos días de esplendor y
grandeza, ¿ sobre qué cimientos se sustentaban?
Decía don Miguel de Unamuno que el alma española es un
alma medieval. «Sintiéndome con
un alma medieval, y se me an­
toja que es medieval el alma de mi patria, que ha atravesado
ésta, a la
fuerza, por el Renacimiento, la Reforma y la Revolu­
ción,
aprendiendo de ellas, pero sin dejarse tocar el alma, con­
servando la herencia espiritual de aquellos tiempos que se. lla­
man caliginosos»; por ello, a nadie debe extrañar que Lope,
henchido de sentido popular, hubiese de recunir a la Edad Me­
dia para conectar con su públioo, en lo que constituye «la ma­
nifestación épioo-drámatica más alta del ingenio de Lope•, al
par que. las
más pulcra y elegante, encarnadas en la comedia de
costumbres,
de la que a Lope, a juicio de Menéndez Pelayo,
«puede en verdad decirse inventor
y maestro en España y en
Europa».
A pergeñar este
alma medieval unamuniana, consagró sus
versos un poeta austriaco del siglo
XIII, Walther von der Vogel­
weide, cual recogen estos trazos, que traduzco con literalidad:
«De qué modo
se debería vivir en el mundo,
querría poder consignar
.
cómo ganar tres cosas
que ninguno pueda perder.
Las dos primeras son el honor y el bien duradero
que nadie te pueda dañar.
La tercera es la gracia de Dios,
que vale
más que las otras dos
y querría de buena gana reunirlas todas en una sola».
Son los ideales de los hombres_ del medioevo, monjes y ca­
balleros, ciudadanos y campesinos y son también los ideales que
campean en la literatura dramática española, preferentemente en
lo que
se ha dado en llamar escuela de Lope. Estos ideales con­
formadores
del hombre trascienden de fronteras· y de países,
estableciendo un lenguaje de coníunkíición· espiritual por enci­
ma de la diversidad de lenguas, que generan una cultura euro-­
pea, establecida sobre la vida misma, que lamentablemente se
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ANGEL -MARTINEZ SARIUON
pierde y que cuando se intenta recuperar no se hace sobre las
bases deseadas por Koschalrer, Halphen; De Ruggiero o Daw'
son,
sino en los privilegios que brindan los intereses económi­
cos de una Comunidad europea que no es más que una vieja
unión•aduanera al modo de·las ciudades hanseáticas:"foturo del
estó!Ilago que acaba. ·por nó servir ni · para dar de comer. Por:
que cuando sólo se víve -1>ara comer mejor, no queda tiempo
para filosofar.
El ·primum vivere lo afirman los filósofos que no
tienen para comer. Los' que ·sóló atienden· a sús nécesidades
materiales, no
tienen -ni quieren el tiempo para · pensare· Y esto
es trágico -porque -el que -no piensa, coino --afirmó ·san Agustín;
acaba.· por tío creer. en Dios; yil que verus philosaphus est ama'
tor
Dei, o bien, hóc esse philósopháre, amare Deum; Por éso,
dori Francisco de Quevédo pudo intitular una · de -sus · obras
éoinó «Palftic,i' dé
Dios; gobierno de Cristo y · iiranfa de Sa­
tanás».
Dios y · el rey.
Ya el R:abbí Sein Tob, conocído ~o d~ Santo~-d~ Ca­
rdón, había afirmado:
«ca de Dios ·el deredíó /'es sólo y· del Rey».
La idea de Dios respland.ece sobre· 'todas -la~ -concepciones.
En El_ misacanf4f/O. JA. E,; -1, .256) .se. complace. en. versificar
Lope el Evangelio
de San Juan: -
·.\En.el.principio-el Verbo_, /_ Cerca.estaba-de Dios mismo; --
-~ Di,os eh! _el V:erbo_ de ])jC>s;_ /.esJq-er¡,_ en ,\1!1-principip._ .
"·Todo fo lm:o,_y sin él/ !jada que fuese se hizo. _
En el ·estalla la vida: / Li" vida 'fue· sof divírio. -
-Del hombre: lució :en.la noche;·/ , que río· 1a-cubrió su· olvido»::
, : Esta grandeiia y excelsitud de· Dios hará ·é¡,k en Obras fón
amores (A:.'E:;, l, 106) responda 'Naturakzá;· co11 ·páfabt:!s del
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EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
salmista «ego dixi in excessu meo: omnis homo mendax» (Sal­
mo, 115.2):
«Todo hombre
sé que es mentira / y sólo Dios es verdad».
o, como senteció Quevedo, el
El mundo por dentro:
¿No ves los viejos hipócritas de barbas, con las canas
envainadas en
tinta, querer en todo parecer muchachos?
¿No
ves a los niños preciarse de dar consejos y presumir
de cuerdos? Pues todo
es hipocresía. Pues en los nombres
de las cosas, ¿no la hay la mayor del mundo? El zapatero
de viejo
se llama entrenador del calzado; el botero, sastre
del vino, porque le hace de vestir; el mozo
de mulas, gen­
tilhombre de camino; el bodegón, estado;
el bodegonero,
contador; el verdugo,
se llama miembro de la justicia;. y
el corchete, criado; el fullero, diestro; el ventero, huésped;
la taberna, ermita; la putería, casa; las putas, damas; las
alcahuetas, dueñas; los cornudos, honrados. Amistad, lla­
man al amancebamiento; trato, a
la usura; burla, a la es­
tafa; gracia, la mentira; donaire, la malicia; descuido, la
bellaquería; valiente, al desverganzado; cortesano, al va­
gabundo; al negro, moreno; señor maestro, al albardero;
y señor doctor, al platicante. Así que,
ni son lo que pare­
cen
ni lo que se llaman; hipócriras en el nombre y en el
hecho. ¡Pues unos nombres que hay generales! A toda
pícara, señora hermosa; a todo hábito largo, señor licencia­
do; a todo gallofero, señor soldado; a todo bien vestido,
señor hidalgo; a todo capigorrón o lo que fuere, canónigo
o arcediano; a todo escribano, secretario.
De suerte que
todo
el hombre es mentira pot cualquier parte que le exa­
mines, si no es que, ignorante como tú, crea las experien­
cias (A. E., 23, 327).
Y
es que, como dijo San Agustín, «male autem vivitur, si
Deo non bene creditur».
Acorde con esta idea, en Del pan y el palo (A. E., 1, 238),
amonesta
el Buen Año:
Necio, donde vive Dios / allí ha de haber regocijo.
Quien le tiene en su presencia / sólo ese tiene placer,
. .
porque no le puede haber / adonde hay mala conciencia.
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ANGEL MARTINEZ SARRION
Son falsas las alegrías / de los placeres mundanos;
todos
son contentos vanos. / Sus glorias, cosas vadas;
no vayan donde pretenden /
ni sirven, temen y esperan,
aunque te llamen
y quieran / que antes esos no te entienden.
No vayas donde hay riqueza / gastos y deleites locos,
que hay destos alegres pocos /
y es forzosa su tristeza.
La actividad de Dios en el gobierno «a distancia» de los
hombres, en El valor de Malta (A. E., 26, 9. III, 224).
Antonio. De tan grande victoria / forzoso has de tenet mil
[parabienes.
Maestre. ¡A Dios sea el alabanza, a Dios la gloria / que de su
[mano son todos los bienes!
y ello, porque como
dirá Darlo, en Las grandezas áe Alejandro
(A. E., 14, A. III, 383 ):
Si, porque es ley en el suelo / que estén sujetas y llanas
todas las
cosas humanas / a la voluntad del cielo.
Se destaca el valor transcendente de un cristianismo mili­
tante y foette: En los primeros mártires áel Jap6n (A. E., 12,
A. III, 345) se cruza este diálogo:
Emperador. Cristiano debes de ser.
Tomás. Sí, por la gracia de Dios.
Emperador. ¿Qué esperas siendo cristiano?
Tomás. Vida eterna.
Emperador. Si tu vida / cuando apenas es nacida,
puede expirar en mi mano / ¿cómo podrás ser eterno?
Tomás. El alma, que es inmortal, / tendrá vida celestial,
y la tuya, en el infierno / padecetá eternamente,
que será siempre morir.
Resulta difícil sustraerse · a la tentación de no completar es­
tos versos, que casi necesariamente tendrían que conmovet al
auditorio al transmitir en ellos la emoción del . mismo Lope de
Vega. Es una mística nacida de la ascética, o si se quiere, una
sublimaci6n de la ascética, que predispone
al · hombre a con-
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EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE PE VEGA
templar una jerarquía de valores, en los que d sufrimiento hace
más cercano d triunfo. No es una nota aislada, cual se refleja
en Gonzalo de Berceo:
15.3. Puedes
matar el cuerpo, la carne mal traer,
mas non as en la alma, rey, ningón poder:
Dizlo
el Evangelio, que es bien de creer,
El que
las almas ciudge, esse es de temet.
Por eso, Lope, que tenía
más de amador humano que de
místko, siquiera como poeta se atreviese a columbra1', más que
a
penetrar, los arcanos de la eterna belleza, intenta refugiatse
en el conceptismo pata darnos una visión de lo divino desde
la poesía:
En la Fiesta duodécima del Santísimo Sacramento (A.
E., 1, 392) se halla esta loa:
Pues Dios
os envía / por Dios que a Dios no perdais,
que si a Dios dejais sin Dios / Dios sin Dios
os dejatá.
El que planteándose seriamente el estudio de nuestro pue­
blo, lo pretenda
realizar de tejas abajo, no alcanzará a desen­
trañat
d alma española ni la grandeza de nuestra historia, que
está escrita en sus mejores
páginas por esos hombres iluminados
por la fe, que en aras a un ideal superior, no sucumben a un
conformismo impenitente, sino que subliman sus valores éti­
cos que, sin excesivos razonamientos, les lleva a la verdad de
Dios, que además es el sendero
y la vida.
Por
eso, en La Estrella de Sevilla (II, 1, R. I, 142), afir­
mara Lope:
Divina
cosa es reinar.
ya que, explicará Egas en La lealtad en el agravio (A. E., 19,
A. II, 309):
Aqueste nombre de
Rey / tiene cierta semejanza
con Dios, que
es Rey de los reyes / y Señor de los monarcas.
Y siendo El
tan justo y bueno, / no pudo imitalle en nada.
El rey que de su justicia / injustamente se aparta,
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ANGEL MARTINEZ SARRION
en dos polos solamente / se ha de mover esta máquina
de
tu reino, si deseas / de tus fortunas, bonanza:
Es el primero el temor / de Dios, ,porque de aquí mana
fa sabiduría; y esa / falta al rey: todo le falta;
y de este temor procede / el obedecer al Pa,pa
como Vicario de Cristo / defendiendo con las atmas
la navecilla de Pedro / de los
herejes piratas.
El segundo polo, Alfonso / que las monatquías propagan,
es amor a los vasallos / sin el cual no hay confianza
de grande imperio, y con él / el pequeño
se dilata.
Ya Pero
L6pez de Ayala, había metrificado:
235. Este nombre de
rey de buen regir desl;iende
quien ha buena ventura, bien así lo enúende,
el que bien a su pueblo, gobierna e defiende,
este
es rey verdadero, tírese el otro dende.
Por ser esto así, Tello
el Viejo se expresa en la Segunda
parte
de los Tellos de Meneses (III, 10, R. I., 546):
Gran cosa un Rey: de sólo Dios depende;
el corazón del Rey está en las manos
de Dios, y en vano y con juicios vanos
presume el hombre que el de Dios enúende.
El sol tal
vez calienta y tal ofende:
mas siempre es vida y luz a los humanos,
que en los valles, los montes, selvas, llanos,
flores y frutos, la corona exúende.
Si el rey es sol, y en su virtud no hay falta,
pues Dios quiere que
el hombre rey le nombre,
cuyo atributo su grandeza exalta.
Sirva a su rey después de Dios el hombre;
que si no fuera rey cosa tan alta,
no le tomara Dios para su nombre.
Rodrigo Sánchez
de Arév.,lo, famoso como Rodericus Za­
morensis, en su Speculum vitae humanae, escribía: «Rex enim
similitudo sive imago quaedam Divinitatis est in terris, dum id
ipsum
agit in limitato circumscriptoque regno, quod Deus in
universo. Hinc Reges in Exodo
Dii vocantur .

. .
Est denique
Rex, Pater Patriae: amans quos regit; protegen, quos
gubemat».
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EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
En Los terceros de San Francisco, el mismo Rey dirigiéndo-
se a Margarita:
Sabed, Margarita mía / que Dios mandó
se 'le diese
por nombre suyo en el mundo / Señor y Rey de
los reyes.
Porque
si el necio soberbio / de ser rey se desvanece
tema de Dios y siendo rey / de tener dueño se acuerde.
(A. E., 12; A., J, 201 ).
En Las famosas asturianas, advlierte Nuño:
Seais de Dios temeroso / y celador
de su ley;
que
.no puede ser buen rey / sin ser de Dios pavoroso.
(I, III R. III, 466).
y el Rey en Los Te/los de Meneses. Segunda parte:
También tenemos los reyes / juez y tan poderoso,
que es Dios, y
es justo y forzoso/ temerle y guru-dar sus leyes.
Si digo que por Dios retino, / mirémoslo bien los dos:
que Rey que no teme a Dios / poco gozará del Reino.
(II, 12; R. J, 540).
Y es que el Rey, en La lealtad en el agravio, expondrá el
porqué:
Si de los cielos tenemos / los estados populosos,
el rey que el cielo no imita / tiene de Rey nombre impropio.
(A. E., 19; A., III, 334).
pues que, como dialogan los personajes en La mayor virtud de
un Rey
Sancho. El rey teme ofender
al castellano,
en darme su favor, si está ofendido.
Sol. Sin el divino, no hay. favor humano.
(I, 4; R., III, 79).
por ello oon un sentido general advertirá al hombre, en Las
aventuras del hombre:
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ANGEL MARTINEZ SARRION
Dices bien; del mal, lo menos. / Y a la locura del mundo
me ha cansado y le aborrezco/ porque me entregó al olvido,
y no hay
peligro más cierto / que el olvidarse de Dios.
(A. E., 1, 277).
Completando el pensamiento,
se pone en boca del rey, en
Los novios de Hornachuelos:
porque un hombre, aunque sea Rey, / debe, en fin, considerar
que todo
se ha de acabar. / Y que, sujeto a la ley
vive de naturaleza / que es el nacer y
el morir.
Que quiso subir Dios / su nada a tanta grandeza,
y
teniendo este retrato / presente, no puede ser
que este tal venga a caer '/ en la ~pa del ingrato.
Así yo, para los dos
'/ juzgo; y mi pecho no yerra
que soy,
si humano en la tierra, / Teniente del Rey que es Dios;
por cuya causa, en su ausencia / vivo (
él lo sabe mejor)
gobernando
con amor, / temiendo la residencia;
que quien tetnor
no ha tenido / de Dios, sin duda no quiere
ser, ni es justo que lo
espere / de los que rige tetniendo.
(II, R. III, 39:31,
La misma filosofía practicaba en los aledaños del siglo XV
el Rimado de palacio:
236. De un padre de una madre con ellos des~endetnos,
una naturaleza ellos e nos avernos,
de vivir e morir una ley tenetnos,
salvo
obedien~a que les leal devetnos.
(A. E., 57, 432).
Con estas
formas de vida, fácil le resultaba cantar al juglar
del Paema de Fernán González:
38. Era enton~e Espanna todos de una creen~.
Al fijo de la Virgen Maria fasian todos obedien9a,
pesava mucho al diablo con tanta abedien~.
non avya entre ellos enbydia nin contienda.
39. Estavan las yglesias todas vyen ordenadas.
De olio e de aceyte e de cera estavan bien avastadas.
Los diesmos e las
preminen9as leal mente etan dadas.
E todas las gentes en
la fe vyen arraygadas.
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EL PODER EN LAS COM~DIA_S DB LOPE. DE VEGA
40, Vesquien los labradores todos de su ~o.
Las grandes potestades non eran rrobadores,
guardavan vyen sus pueblos,
commo .leales sennores,
todos vesquian
de sus derechos los grrandes e los menores.
La consideración del rey por el pueblo.
Una de las notas prevalentes en el teatro de Lope de Vega
la integra, sin duda alguna, el protagonismo concedido a los
sentimientos del pueblo, que no se circunscribe a aparecer de
forma esporádica entre bastidores, sino que se ve retratado en
él y si cabe se podría decir que fortalecido en la manera que
la trama le
hace partícipe del diálogo, hasta el punto que a las
veces algún que otro personaje más semeja. actuar de mensajero
que de expositor de su
peculiar criterio. La comedia de corte
lo piano no pretende divertir sino enseñar, sin que para ello
se
requiera pedagogía alguna. No importa tanto en ellas que los
sucesos representados hayan acaecido o puedan ser susceptibles
de acaecer: son hechos que
están acaeciendo, sin que tenga el
menor interés si se· está ante sueños con Ojos abiertos o ante
escenas recreadas durmiendo.
Ese agridulce de realismo ilusionado, que impulsa
a las gran­
des
hazañas, a sentirse grande al Villana en su rin¡:6n, y a Teresa
de Cepeda y Ahumada, lectora infantil · de vidas de santos, re­
cordar en el libro de su vida, «como veían los martirios que por
Dios
las santas pasaban, pareclame compraban muy barato el ir
.a gozar de Dios y deseaba yo mucho morir así..., concertábamos
irnos a ·tierra de moros, pidiendo por amor de Dios para que allá
nos descabezasen», al par que cuando no arde la sangre en las
venas con esos impulsos, siempre queda el recuerdo que, recita·
do por juglares
y hecho conseja, se contenía en la Vida d María Egipciaca:
esto s,epa todo pecador, / que ffuere culpado del Criador,
que non
es pecado tan grande / ni tan orrible
que non le faga Dios / non le
faga perdon
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ANGEL MARTINEZ SAH.RION
por penitffi9a ho por conffession / quien se repiente de cor~on
luego le faze Dios perdon ... / que el que descreye del Criador
non puede a ver
la ssu amor.
A recoger estos sentimientos, como apunta don Julio
Ceja­
dor y Frauca, no fue óbice alguno, como el mismo Fénix de los
Ingenios nos alecciona, en el Arte nuei,o de hacer comedias, se
apresta a «que un arte de comedias os escriba / que al estilo
del vulgo
se reciba» y para «imitar las acciones de los hombres /
y pintar
de aquel siglo las costumbres», a la hora de escribir
una comedia «encierro
los preceptos con seis llaves; / saco a Te­
rencio y Plauto de
mi estudio, / para que no me den voces;
que suele / dar gritos la verdad en libros mudos; / y escribo por
el arte que
inventaron/ los que el vulgar aplauso pretendieron; /
porque, como las paga
el vulgo, es justo / hablarle en necio para
darle gusto».
Merced a ello
y a lo que nos dice en la glosa a Don Juan
Infante de Olivares, «qne no son los libros monjas / que se han
de. habla.r por la red», podemos conocer las maneras de pensar y
de sentir de las gentes de la Edad de Oro, con mayor
acerca­
miento a las gentes que cnalquier crorústa de la época, más ocu­
pados en los menesteres de relatar las hazañas guerreras, que don
Quijote en las suyas, sin
e,¡:perimentar la menor curiosidad de
,allegarse
al hidalgo vecino a ver si aquel día había comido. Con
Cejador pienso también que el rey es uno de los eslabones
-Dios, rey, honor-, que encierra el ideal de los hombres del
siglo
XVI y XVII: «El respeto filial al rey de los españoles du­
rante la Edad Media
-prosigue don Julio Cejador-, debido a
la aynda que en ellos buscaba y hallaba
el pueblo contra el in­
soportable yngo de los señores, que tendían al fendalismo y que
a
él no llegaron en España, merced al esplritu de nativa indepen­
dencia, trocóse con el
absolutismo germárúco-pagano de la Casa
de Austria en idolatría, por la extremosidad de los españoles en
todos sus dictámenes». Esta exaltación de
Ia figura del rey, nos
es dable conocer en las comedias de Lope y convenir también
con Baltasar Gracián, que ello fue
as! porque «concurrieron siem­
pre
grandes prendas en los fundadores de los imperios: que si
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EL PODER EN LAS COMEDIAS.DE LOPE·DE VEGA
todo Rey, para ser el primero de los hombres, ha de ser el me­
ior de los hombres, para ser el primero de los reyes ha de ser
el máximo de los reyes,>, para concluir, «no hay medianía en los
reyes: son conocidos o por muy buenos o por muy malos».
En El Conde Fernán González, el rey pronuncia estas frases:
«Esto
es ley, / que el Rey haga como Rey»
(A. E., 17; A., III, 160).
y según Gracián, «el oficio de un rey es el mandar, que no el eie­
cutar; y así su esfera es el dosel, que no la tienda».
El rey en Los terceros de San Francisco:
Si el hombre dijo Piaron / que no nació solamente
para sí, porque es razón /
que sirva el hombre prudente
a su patria y su nación, / ¡cuánto
más el hombre a quien
hizo Dios su vicedios».
A. E., 12; A., II, 215).
Con qué fuerza narrativa y sencillez al tiempo queda diseña­
do el oficio de
rey. Cuando recreaba esta razones, pensaba que
en modo alguno, el que por privilegio divino y de sangre os­
tenta el servicio mayor a la sociedad,
se le podrían recordar aque­
llas palabras del Lazarillo: «Llaneza, muchacho, no
te ericum­
bres, que toda ostentación es vana».
Así, el respeto y consideración al rey no nace de su perso­
na, sino del oficio, de hacer de Dios en la tierra: en El servir con
mala estrella, Rugero y Femando mantienen este coloquio:
Rugero. Dejadlo / que no hemos de hablar del Rey.
Fernando. Si tenéis de que quejaros / ¿no soy vuestro amigo
yo?
Rugero. Pongámonos a caballo; / que son retratos los reyes
de Dios; y a Dios alabamos.
(A. E., 31; A., III, 381).
En El saber puede dañar, pregunta el Príncipe:
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ANGEL MARTINBZ SARRION
¿ Quién es el Rey?
Camilo. Un hombre semideo / que tiene
de Dios solo
, [ dependencia
a quien todos le prestan
obediencia '/ y es única
justicia que
el bien prenda / y que castiga el mal.
(II, 17; R., II, 124).
Y Nuño, en La campana de Arag6n, se apresura a decir:
¿No sabes que son
deidad/ los reyes y sacerdotes?
(III; R., III, 52).
con lo que a nadie puede sorprender que, con sumisa reverencia,
se manifieste Tello
en Querer la propia desdicha:
Rayos como el sol ofrecen / los Reyes cuando los miran;
mas, ¿por qué causa me admiran / si tanto a Dios
se parecen?
¡Qué gran ser
la Monarquía! / Si fuera Rey, no durmiera;
por
no pensar que no era / Rey, el tiempo que dormía.
Con justos, con altos modos / hizo Dios un Rey, un hombre
que su igual fuese en el nombre / y en la grandeza entre
[todos.
(II, 7; R., II, 277).
Este ideal ilusionado, que matiza las concepciones de la Edad
de Oro y que no es privativo de Lope de Vega y que culmina
con el ilusionismo de Don Quijote, recibe una nota realista, de
ese realismo castellano,
que si bien se encuentra en los «entre-­
meses», carece en ellos del candor con que se produce y de la
espontaneidad con que se manifiestan los sentimientos. Así, en
El hijo de Reduan, se inquiere extrañado Gomel:
¿Que aqueste es el Rey? ¡Por Dios,
que
es hombre como los otros!
(A. E., 23; A., I, 283),
El descubrimiento de Gomel de ser el rey hombre como los
demás hombres, muestra
el camino a las elucubraciones fanta­
siosas de las gentes, que llegan a imaginar que los reyes son algo
646
Fundaci\363n Speiro

EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
así como santos vivientes que ya tienen preparada su hornacina
en los altates.
En Peribáñez y el Comendador de Ocaña,
Calsi/da. ¿ Qué son / los Reyes de carne y hueso?
Constanza. Pues, ¿de qué pensabas tú?
Casi/da. De damasco o terciopelo.
(I, 21; R., III, 287).
En El galán de la Membrilla:
Félix. Mira el Rey.
Tomé. ¡Válame Dios!
Su cara tiene y su cuerpo / a la traza de los otros.
Félix. Sí, pero tiene más que ellos/ aquella Real grandeza
que en los reyes pone el cielo.
(A. E., 20; A., I, 318).
En Lo que ha de ser,
Alcalde. Los reyes, ¿hablan?
Pedrol. Pues, ¿qué pensaste?
Alcalde. Pensé / como su grandeza es tanta,
que otrOs hablaban
por ellos.
(I, 16; R., II, 511).
En La mayor victoria,
Elena. El señor Emperador / ¿De qué se viste? ¿En qué
[duerme?
Casandra. Calla, necia; que sus madres / paren vestidos a los
[Reyes
que no son como los hombres / que se andan vis­
[ tiendo siempre.
Belardo,
en Si no vieran las muieres,
Andan tan graves y erguidos / que, por sus reales leyes,
he pensado
que los reyes/ Flora, se acuestan vestidos.
Nosotros mudamos cara / con buena o
mala fortuna.
Los reyes no, siempre es una.
(1, 7; R., II, 577).
647
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SARRION
Faquin, en El hiio de los leones,
y luego habrar con un rey / un rey, que come con
pratos de terciopelo; y se acuesta / en sábanas
de brocado.
(I; 11; R., II, 222).
En El villano en su rincán,
Salvano. ¿Este es el Rey?
Fileto. Aquel mancebo rojo.
Salvano. ¡Válgame Dios! Los reyes, ¿tienen barbas?
Fileto. Pues, ¿cómo piensas tú que son los reyes?
Salvano. Yo he visto en un jardín pintado al César,
a Tito, a V espasiano
y a Trajano; / pero estaban
[rapados
.como frailes.
Bruno. Esos eran coléricos, y que apenas / sufrían sus bigotes,
y de enfado
se dejaban rapar barba y cabeza.
(I, 12; R., II, 139).
Gusta Lope de Vega, siguiendo la costumbre de su época,
de aludir a los elementos de la naturaleza, como ya se había he­
cho de una manera usual e innominada en los populares roman­
ces, en la misma lírica
y especialmente en la novela pastoril y
de caballerías, cuando
se habla de «más blanca que la nieve» o
se figura en los cabellos, las· rieles sobre que se desplaza el carro
del sol.
·
En El duque de Viseo, el término de comparación es la
nieve:
Condestable. Los reyes son como nieve, / que tratados, se
[deshacen.
648
Para ser mirados nacen; / ·nadie a tocarlos se
[atreve.
Conservar esta blancura / conviene a la majestad.
Viseo. Sí; pero tanta frialdad, / conservada en tanta
[altura,
helará los corazones / y el amor de sus vasallos;
bueno me parece honrallos / con obras
y razones.
Fundaci\363n Speiro

EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
Condestable. No hablemos desto yo y vos / y esta máxima se
[crea:
Que cualquiera que
el rey sea / al fin representa
[a Dios.
(I, 2; R., II, 421).
Con análogo sentido se les iguala al invierno, en El me;ar
alcalde, el Rey:
Pelayo. Mucho
tienen
los reyes del · invierno / que hacen
[ temblar los hombres.
Sancbo. Señor
...
Rey. Habla, sosiega.
(II, 11; R., I, 484 ).
También se expresan las cualidades de los reyes con térmi­
nos antitéticos a los anteriores,
como son el fuego o el sol.
Así, en El milagro de los
celos, dice Alvaro:
Los reyes, ¡oh gran señor! / tienen la virtud del fuego,
que abrasan cuando están cerca /

y
calientan cuando lejos.
(A. E., 22; A., I, 240).
En Contra el valor no hay desdicha, refiere Bato,
No te quisiera tan sabio / los reyes son como
el sol
que han de deslumbrar
sus rayos / que es tener en pozo
[el cetro
mirarlos de claro en claro.
(II, 3; R., III, 7).
Silvio, se expresa así, en Servir a buenos:
Mirárele a los pies
yo / con que pienso hablarle bien,
que mirar a un Rey los ojos /
es ver al sol, que deslumbra,
si no es a quien lo acostumbra / porque, aunque es luz,
[ causa enojos.
Díjome antiyer Benito / que vino de la ciudad,
que
es soberbia y necedad / mirarlo de en hito en hito;
porque como son retrato / de Dios,
qujen va a negociar
los Reyes ha de mirar / con humildad y recato.
(I, 7; R., II, 427).
649
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SARRION
El temor a hacer palidecer la dignidad de los reyes con el
trato frecuente; el miedo a dirigirse a ellos con cierta familiari­
dad; produce estampas como éstas.
En El milagro de los celos,
Beatriz. No es cordura competir / un risco con las montañas.
Reina. Ni con un rey un vasallo.
Beatriz. Es de Dios imagen sacra.
(A. E., 22; A., II, 257).
En Los Tellos de Meneses. Segunda parte (se llama así la
comedia):
Mendo. Con reyes trato, en efeto: / Verdad es que a Dios y
[al Rey
no por tratarlos es ley / que se les pierda el respeto;
quiero decir que he llegado / a hablallos con libertad.
Sancho.
¿No es hombre la majestad?
Mendo. Sí; pero es hombre endiosado: / un rey es Dios en
[la tierra.
(I, 3; R., I, 532).
Y en El vaquero de Moraña,
Capitán. No te turbes.
Ant6n. ¿C6mo puedo? / que aunque son hombres, sin miedo
nunca los reyes
se ven; / y yo le tengo harto grande.
(A. E., 17; A.,
III, 342).
Finalmente, en este sentido se pronuncia en La Estrella de
Sevilla,
650
Sancho. No es mucho que yo, Señor / me turbe, no siendo
aquí retórico
ni orador.
Rey. Pues decid, ¿qué veis en mí?
Sancho. La majestad y el valor. / Y al fin, una imagen
[veo de
Dios, pues le
imita el Rey; / y, después dél, en
[vos creo.
A vuestra cesarea ley / Gran Sefior, aquí me
[empleo.
(II, 11; R., I, 145).
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EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
En consideración a todo ello, ¿el rey debe ser temido o ama­
do? Lope de Vega se decanta ingeniosamente por los argu­
mentos en favor del amor.
En La primera información,
Nuño.
El rey ha de ser amado.
Rey. El rey ha de ser temido.
Nuño. Temido y amado ha sido / quien mejor ha gober­
[nado;
pero temido no más, / no es de legítimos reyes.
Rey. El temor causan las leyes / y el Rey, el amor.
(A. E., 21; A.,
III, 361).
Y,
en la misma línea, se indica en El Duque áe Viseo,
Alvaro.
Guimarans.
Pensar que el Rey no es humano / no es delito,
· [ni prudencia,
hablar mal hombre, en ausencia /
de tales hom­
Sabe Dios cómo le adoro. [bres,
hermano.
Tú y cualquiera noble igual / al que es su rey
[natural
debe este justo decoro. / Quede entre los cuatro
[aqu!,
hermanos determinado / que el
Rey ha de ser
[amado
y servido. ¿Queda as!?
(1, 3; R., 111, 422).
Pero, no sería real y completa
la descripción que el pueblo
hace del rey, sino no se destacase, por encima de lo circunstan­
cial y anecdótico, sus cualidades morales, porque era doctrina
comúnmente admitida y divulgada, lo que compendiaba
Rein­
mar von Zweter, en los aledaños del siglo xm.
«El mismo Dios lo dice: aquel que cultiva la virtud, aquél
debe llamarse noble / un hijo
de rey no es noble si se aban­
dona a los
vi9os». Y en el Habspurgiscber Ottobert de Hoh­
berg, «en la nobleza
la naturaleza no provoca diferencias / res­
pecto al pueblo común, si no interviene la virtud», o como con
palabras más elocuentes, por lo llanas, ei 651
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SARRION
Guevara: «... porque los officios, estados y preeminencias son
como
la rosa del campo, de la cual haze su miel la abeja y aun
su pon~ña la araña».
En Los terceros de San Francisco,
Rey.
No .puso Dios, prenda mla, / la majestad de los reyes
en la
púr¡,ura y el oro, / que ciñan y adornen sienes;
sino en los ojos
del alma, / en el valor excedente,
cuyos
rayos admirables / entre nubes resplandecen.
(A. E., 12; A., I, 202).
En La lealtad en el agravio,
Alvaro. Rey es el que es virtuoso.
Ruy.
Alvaro.
Sí, mas todo está en su mano.
Tendrá nombre de tirano.
David lo hizo y fue santo.
Ruy.
(A. E., 19; A., I, 307).
Entre estas virtudes, no hay que desmerecer el seguir la tra­
dición. En
la obra antetior, La lealtad en el agravio, agrega Ruy:
Y el
Rey, en medio de todos / muestra aunque en tan tierna
[edad,
el valor y majestad / de los invencibles godos.
(A. E., 19; A., III, 330).
Mas, en la misma ordenación divina, quedan bien claros
los límites del poder real: en El diablo en Cantillana, exclama
Esperanza:
¿ Qué importa que quiera el Rey, / si no es dueño de las almas?
(A. E., 2; A., I, 163).
652
Al igual en Los Vargas de Castilla, tercia Juan:
porque de
la voluntad / no puede ser dueño el Rey
que aun a
la divina ley / tiene franca libertad.
(A. E., 22; A., III, 419).
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EL PODBR EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
De aquí que el rey no debe esforzarse por dilatar sus ~
minios territoriales, sino en consolidar su poder en sus vassllos.
Con frases lapidarias lo consigna Baltasar
Gracíáh «la eminencia
real no está en el pelear, sino en el gobernar» y Lope de Vega,
por labios de Alberto, lo expondrá en
La mayor victoria,
Señor, los altos reyes / más muestran su real naturaleza
en el temblar de las leyes / de la severidad, que en la grandeza.
No rinden tantas palmas / reinar un Rey
en reinos, como en
[almas.
(!, 7; R., III, 222).
Para poderse aplicar a esta empresa, los reyes cuentan con
una especial ayuda divina: es lo que se llama gracia de estado,
que requiere
la contribución del que en el mismo se encuentra. Lo
dejó escrito de manera indeleble Lope, en Las dos bandoleras,
Inés.
Teresa. Inés.
Teresa.
Inés.
Teresa. Inés.
Teresa.
Inés.
El nombre puedes callar; / que· hay huéspedes, y
el Rey es / el uno.
En este lugar / el Rey, ¿ cómo puede ser?
Con
la tempestad perdido / se vino aquí a socorrer,
que vio
el farol encedido / que en su daño pudo
Pues que, ¿no les has dado muerte?
Pues, ¿a un
rey he de matar?
¿No
es hombre?
Sí,
mas de suerte.
[ser.
¿De qué suerte, si ha de dar / también tributo a
[la muerte?
¿No sabes que
el ser de un rey / al más valiente
[acobarda;
que tiene, por justa ley, / dos ángeles
en su guarda,
porque ampara Dios
su ley?
No deja de
ser chocante la observación de Inés: ciertamen­
te, viene a
decir,. los reyes son mortales, pero en vez de tener
la protección de
un ángel de la guarda como todo hijo de ve­
cino, tiene dos. Fuera de eso, no andaba muy lejos de Lope de
Vega, los ideales
que encerraba La Danza de la muerte.
Dise el Rrey:
653
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINBZ SARRION
Valla, valía, los mis cavalleros / yo non querría ir a. tan baxa
. [dan91,
llegad-vos con los ballesteros, / hanparad-me todos por
fuer91
. [de lan~a.
Mas que es aquesto que veo· en balall91 / acortasse mi vida e
[perder los sentidos.
El
cor~n se me quebra con grandes gemidos / a dios mis
[ vallos que muerte me tr~.
Frente a la dureza hercúlea de estos versos, queda patente
e!l armonioso sentido de Lope. Así se manifiesta ])jógenes en
Lás grandezas de Ale¡andro,
Vivan los altos reyes / de púrpura vestidos;
mortales son: No tengo que envidiallos; / hagan, deroguen
leyes;
y tengan oprimidos / reinos, provincias
1 mares y vasallos;
sin armas,
· sin caballos, / en estas soleaades
fui
señor de mí mismo / del mar, del hondo abismo,
pirámides, palacios y ciudades; / que, aunque aforismos fuerte,
no hay tal filosofar como en la muerte.
(A. E., 14; A.,
I, 351).
Como síntesis
a:rm6nica ¿., la conskleraci6n del rey para el
pueblo, está lo que afirma el Corregidor, en La tragedia del rey
don Sebastián:
Si por una parte Dios / y por otra el Rey de España;
el uno el mayor del cielo, / y otro en la tierra el mayor.
(A. E., 27; A., III, 174).
Justicia y religión: Rey y ley.
En La V arana castellana, escribe Lope de Vega:
Justicia y religi6n, que son los polos / en que se mueve todo [el armonía,
cuando
no hay deslealtad, fraudes ni dolos / de un imperio cris­
[ tiano.
(A. E., 19; A.,
II, 25).
654
Fundaci\363n Speiro

EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
De ellas dependen tanto el rey como la ley. Es una visión
trascendente, que fundamenta el mantenimiento de las relacio­
nes sociales en los
deberes de cada uno, grande o chico, noble
o villano,
rey o vasallo, para con todos los demás. Sólo cuando
los hombres elevan su mente a Dios deja su puesto la coercibi­
lidad pata abrit ¡,aso al acatamiento a la ley. El cumplimiento
de la ley, como reflejo de la justicia, se fundamenta en el sen­
tülo de la responsabilidad, porque en definitiva el que la trans­
grede, cuando se agotan los recursos humanos, resta siempre
el juicio de residencia divino. Y esto no es mera visión poética,
sino humanismo cristiano sentido, porque aunque con decir hu­
manismo,
bastaría para su identificación, no es menos cierto que
ante tanto
pseudo-humanismo falsificado, tenemos que reafirmar
que
no hay otro humanismo ni más humanismo que el cristiano.
Por ser esto así, pudo decir Juan, en
Los Ramlrez de Are-
lla110,
La ley es lo principal / luego el Rey, propio señor;
y siendo justo el amor, / en vittud
y sangre igual,
honra mucho a un caballero /
honrarse de ser galán.
(A. E., 21; A., I, 261).
Pero ¿ qué es realmente la ley?
Busto, en
La Estrella de Sevilla, considera como tal la or­
denación de la justicia a tenor
de la consideración divina, un
esfuerzo por hacer acorde
la realidad normada con los dictados
divinos:
La justicia, para sello, / ha de ser bien ordenada,
porque es caridad sagrada / que Dios cuelga
de un cabello.
(I, 5; R., I, 139).
Cuando esta ley sólo es ,p:presión de la voluntad del rey,
no ·.lnty· que considerarla siempre como algo fatal que oprime
sin esperanza alguna de redención, porque tanto el mismo rey
como sus vasallos, están firmemente convencidos, que, por en­
cima de todo, queda
el juicio de Dios.
655
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ANGEL MARTINEZ SARRION
En El diablo está en Cantillana,
Juan.
Perafán.
Juan.
Perafán.
Padre, dejadme; / que de cólera reviento.
Obedezcamos al Rey; / que ha de haber más sufri-
[miento /
en más valor.
Esta es ley / de un injusto pensamiento.
Esto debe de importar. /
V amos donde van sus leyes;
que en todo hemos de pensar, / don Juan, que aciet-
[ tan los reyes¡
y obedecer y callar / todo es justicia y razón,
lo demás desatino; / porque Dios,
en conclusión
es,
en lo humano y divino / la postrera apelación.
(A. E., 2; A., III, 173 ).
Humano sin dejar de ser divino. Pero sin confundir los pa­
peles:
Así en La porfia hasta el temor,
Guzmán. ¿Dónde vas? ¿Estas en ti? / ¿Quieres llegar donde
[está /
el Rey?
Hernando. Pues, ¿qué importará? / ¿No es más Jesucristo?
Guzmán. Di / otra verdad menos clara, / Hernando.
Hernando. Pues si en el templo/ de Dios, sin dar mal ejemplo,
de rondón y cara a cara / entro hasta
el altar ma­
[ yor,
donde está por asistencia / su divina providencia.
¿Por qué he de entrar con temor / a donde está un
[Rey que sé
que está sujeto y con miedo / a un panadizo
en un
[dedo,
a su sabañón en un pie?
(II, 4; R., II, 317}.
La perfectibilidad debe constituir el objetivo de los reyes:
mejorar a sus vasallos por medio de su impulso materializado
en la ley. Cuando a los no allegados "1 rey no alcanza su per­
sona, se sirve de los andadores de la ley: tal, en La fortuna me­
recida,
Rey. Alvaro Núñez, yo soy / Rey; no es bien que a nadie
[asombre
656
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EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
ver que un hombre haciendo voy, / que no es mucho ha,
[ cer un hombre
desde
el poder en que estoy. / De esto están los libros
. [llenos,
porque en esto a Dios
verás/ que imitan los reyes buenos;
y yo,
para hacerte más / quisiera que fueras menos.
(A. E., 21; A., III, 57).
Para publicar la ley, el sistema mejor es la difusi6n que las
buenas obras
prestan de ejemplo: en El mejor mozo de España,
Duque
de Segorbe. Cumplir la palabra es ley / de cualquier
[
hombre, y los reyes
más obligados están / pues son los que
[ ejemplo dan
y
.los preceptos y leyes.
(II, 2; R., III, 618).
y a esto ayuda especialmente el actuar con prurumcia: en
Porfiando vence amor,
Fabio. Que con mejores alientos / sirven y guardan su ]ey
cuando
con prudencia el Rey / tiene los pueblos con­
[ tentos.
(III, 9; R., III, 232).
Lope alcanza a establecer esta identidad: s6lo son justas
las leyes cuando los reyes son justos. El principio genera'.! está
formulado en
La primera informaci6n, por el capitán cuando
dice:
LQs reyes son como leyes / que como el juez que es sabio
las templa, así los enojos / del rey,
el sabio criado.
(A. E., 21; A., III, 256).
con lo que se actúa el axioma en E/ Duque de Viseo,
Inés.
La fuerza es ley, / siendo voluntad del Rey,
pues ésta sola
es la nuestra.
(II, 9; R., III, 430).
657
Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SARRION
y ello, dirá don Mendo en Los novios de Hornachuelos, porque
Fue común interés / de los pueblos, para dar
amparo y fuerza a las leyes, / el homenaje a los reyes
que los han de gobernar; / en quien tal deidad se encierra,
que los teme y los
aclama / el común y Dios los llama
vicedioses de la tierra.
El
rey es, por consiguiente, el patrocinador y protector de
la ley, razón por la que pretende justificar su silencio y acata,
miento Enrique, en La fuerza lastimosa,
No pregunté la razón; / porque a los reyes no es justo,
en
Ias cosas de su gusto / preguntarles la ocasión.
Como
al cielo por qué llueve / no se puede preguntar.
Así el Rey no ha de contar / lo que a su gusto le mueve
en cosas del bien común / o justicia en opinión;
es bien que satisfacción / los reyes entonces den
y era de su voluntad; / que el Rey de nadie depende.
(I, 22; R., III, 263 ).
Esto es, el rey dii,e la ley, mas no el porqué de esta ley.
Si
el rey es ley, lo es en cuanto es imagen terrena de lo que
Dios es justicia, a
la cual hay que reconducir sus principios.
En este sentido advertirá Juan, personaje de La Carbonera,
que de ir contra las leyes / a solo Dios darán cuenta los reyes.
(A. E., 21; A.,
HI, 246).
De aquí que incluso alguien piense que
se despierta un cier­
to sentimiento de escepticismo ante el mandato
del rey, siendo
así que más bien
lo que se trata de reafirmar es que la obedien­
cia del vasallo acentúa y delata a los ojos de Dios, la arbitrarie­
dad del monarca. Estas tesis se desenvuelve en los siguientes
textos:
En La fuerza lastimosa,
Enrique.
Fabio.
658
¿ Qué importan aquí las leyes?
No se más en
tu disgusto / de que obedecer es justo
de cualquier suerte
a· los reyes.
(I, 15; R., III, 261).
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EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
Y en El primer Faµ,rdo, el rey pregunta Fajardo,
Que el Rey
se quite su gusto,/ ¿dices que es justo?
Y, Fajatdo, contesta:
No hay
ley / para dat al Rey disgusto;
pero es grandeza de un rey / dar su gusto en lo que es justo.
A. E., n; A., HI, 219).
por ello en El Duque de Viseo, se insiste en las imperativas li­
mitaciones del rey:
Egas.
Rey.
Egas.
Rey.
Egas.
Rey.
Egas.
Castigar la justicia al que es culpado V es imitat a Dios;
[no cuando intenta,
por las razones de
futuros daños / verter· la sangre en
[propios y en extraños.
¿No debe conservar el Rey su vida?
Debe, mas no quitarla
al inocente.
¿ Y éste de la causa a que atrevida / le opone al cetro
[la plebeya gente?
Si su virtud la tiene tan rendida, / ¿es bien, señor,
que un
tey cristiano intente matar al virtuoso porque
es bueno/ y está de gracias y virtudes lleno?
Este punto es sutil.
No hay sutilezas, / contra
la ley de Dios.
(I, 12; R., III, 425).
Efectivamente, no hay sutilezas contra la ley de Dios, por­
que se encarga de descubrirlas y de mostrarlas el juicio del
pueblo.
Así en El médico de su honra,
Rey. El jüez más verdadero / es, Alvato, de un rey,
sin
eximir de la ley / el vulgo terrible y fiero.
¡Que bien delitos retrata / que sin rebozo los dice!
que a su salvo los maldice / y que sin riesgo los trata.
Y
así por expresa ley / se habla de disfrazat,
para poder escuchar / su bien o su mal, el rey.
Alvaro. No en balde, señor, te aclaman / por Rey justo y por
[severo
y no en vano el Justiciero / don
Pedro todos te llaman.
(A. E., 21; A., III, 152).
659
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4.NGBL MARTINBZ SARRION
Aun cuando, en principio . hay que presuponer que la ley
salida de manos del rey es justa: lo expone el Soldado en Las
mocedades de Bernardo del Carpio,
En las cosas de los reyes / no hay poderse entremeter,
que está en su mano el poder / de poner y quitar leyes.
Ellos han
de dar la cuenta / de lo que hacen a Dios;
óbedecé, Alcaide, vos, / que es lo que está a vuestra cuenta.
Y
es muy cierto que en el suelo / su mandato es justa ley;
y por eso a cada
rey / dio dos ángeles el cielo.
(A. E., 17; A., I, 14).
Quizá, pudiera parecer que se pretende alcanzar como ideal,
la formulaci6n
de una ley objetiva, que desprovista de valores
humanos,
se presente como respondiendo a un mismo patr6n.
Para Lope, lo importante no es la formulaci6n de la ley, sino
su aplicación, de suerte que
más que de leyes justas se ha de
tratar
de leyes justamente aplicadas, porque los hechos, las pa:
siones, el odio, el rencor, tienen más fuerza para desvincular
la ley de sus palabras, que aquel impulso que
puedan haber re­
cibido po~. su consignaci6n escrita. Como verdadera admonici6n
lo expone el
Endemoniado eh el Coloquio del Bautismo de
Cristo,
¡Oh tú, que compras y vendes / con engaño la codicia!
Tu alma vendes, no hay justicia: / Pues mira que el alma vendes.
El que justicia administra / considere alguna
vez
II"e hay residencia y juez / que es Dios que mira y registra,
mire que el ser Dios tan bueno / le
haoe disimular.
(A. E., 1, 90).
Acorde con esta doctrina, se encuentra una visi6n concreta:
en El Duque de Viseo,
Condestal,le.
Que al cielo no podemos preguntarle / porqué
[naoe uno pobre y otro rico.
660
Aisí a los reyes en decretos suyos, / el superior
[es Dios:
Ya tienen día
en que darán a Dios su residencia.
(11, 15; R., 111, 431).
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EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE V~GA
El famoso juicio de resistencia, que es o constituía_ el mejor
aldabonazo a la conciencia para mantenerse dentro de los már­
genes. justos. Así
en La fuerza lastimosa,
Rey.
Dionisia. ¿Qué importa el ajeno -daño / para el propio sentí-
--·[miento?
¿No importa? Luego
la ley / de Dios, ¿no lo manda
[así?
¿Queréis
vos quebrarla aquí/ no más de porque sois
[Rey?
(A. E., 30; A., II, 35).
y agrega en Audiendas del rey don Pedro,
Rey.
Esto, Maestre, conviene. / Rey que delitos abona
es indigno de ser Rey / porque ejecutar la ley
es conservar la corona.
(A. E., 21; A., II, 181).
pues que, se dice en La mayor virtud de un Rey,
porque no hay ley / que a . la voluntad de un Rey
excuse la inobediencia.
(II, 3; R., III, 83 ).
porCJ.ue, precisamente es d fenómeno contrario el que se aprecia
en el rey. En El Conde Fernán Gon:r.ález, expresa Gil,
El Rey, señora, es prudente/ y habrá cerrado la puerta
a la lisonja y malicia; / que
no hay virtud en los reyes,
como observancia en las leyes / fortaleza en la justicia.
(A. E., 17; A., III, 148).
El rey debe moverse por causas ·justas, sin que le sea !feíto
dejarse llevar por impulsos o intereses personales.
Así en El me;oz mozo de España, por boca del mismo rey,
pero la infame venganza / es indigna de los reyes,
y siempre la
piedad santa / lo que les da mayor nombre,
mayor gloria, mayor fama.
(I, 20; R., III, 617).
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Fundaci\363n Speiro

A.NGBL MARTINEZ SARRION
En La ley e;ecutada,
Lucindo. También ves que es cosa impía / observar leyes san­
[grientas.
Rey. Conde, en vano me atormentas.
Ludnda. El buen juez es el buen rey. / Tiembla el rigor de la
[ley.
(II, 2; R., III, 188).
En El vaquero de Maraña,
Rey. Si la piedad, que es tan justa / en el pecho de los
[reyes
no dieran venganza injusta ...
Rodulfo. Hay mucha sangte en las leyes / de ella, el que es
[ tirano, gusta.
(A. E., 17; A., I, 292).
En Lo derto por lo dudoso,
Rey.
Si es respeto a la justicia. / ¿Qué es el Rey?
Enrique. Justicia.
Rey. Espera, / pues, ¿conmigo no has topado?
Enrique. Es cosa, Señor, tan nueva / topar con un Rey de
[noche,
que en mi vida se me acuerda / haberlo oído.
Rey. Yo, ¡soy / el Rey!
Enrique. Conozco a tu Alteza / por mi supremo señor.
Rey. Date preso.
Enrique. En mil cadenas / me tiene tu obligaci6n;
pero no en justo que quieras / prenderme tú; que
[los Reyes,
y más en
cosas pequeñas / no prenden por sus per­
[sonas.
(II, 22; R., 1, 467).
¿Qué literatura puede mostrar un diálogo de cordialidad y
de respeto obligado a
un tiempo, como el que acabamos de re­
producir, en donde se hace reflexionar al rey, sin más que men­
cionar de pasado lo que encierra de injusto el acto que pre-
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Fundaci\363n Speiro

EL PODER EN LAS COMEDIAS- DE. LOPE .DE VEGA
tende? Son impulsos emocionales,: que una simple considera­
ción los
hace desaparecer. Como tal lo enjuicia Fernando en El
vaquero de
Maraña, ·
Tened, buen Conde, sosiego; / que el tiempo acaba la injuria,
el castigo aplaca el tuego; / cometa es del Rey la furia,
resplandece y muere luego.
(A. E., 17; A., I, 288).
Para ajustar su comportamiento, ha· de atender el rey a
someter y acallar sus pasiones, como se indica en
No hay dicha
ni desdicha hasta la muerte, de Mira de Améscua, que sigue con
fidelidad
el pensamiento de Lope:
cuanto
más en la grandeza / de un Rey, semejante a Dios,
que con justicia gobierna, / reino, acciones y vasallos,
es señor, la resistencia, / resistencia a las pasiones.
{A. E., II, 49).
Particular interés dedica Lope de Vega a la ira de los re­
yes y, para el supuesto de que se produzca, ofrece estas dos re­
cetas.
Una en El vaquero de Maraña;
Rey. Rudolfo, nunca resistas / a un rey con razón airado.
Rudo/fo. Antes con toda tu furia / soy a decirte obligado
que de
tu enojo desistas.
Rey. Para no hablar · a mi gusto / no estés cerca de los
[reyes,
aunque te precies de justo; / que
se también que no
[hay leyes
de darle a reyes disgusto.
La otra en
El saber puede. dañar,
Inés. Y, ¿no es nada un rey airado?
Turin. Por lo que un Rey puede hacer, / Inés mía, no te afli­
[jas;
que nunca con sabandijas /
ejercitan el poder.
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Fundaci\363n Speiro

ANGEL MARTINEZ SARRION
Inés.
1'urin.
Inés.
1'urin.
Las águilas más reales / se abaten a .l:iebres viles.
Siempre
la es¡,rula de Aquiles / se preció de sus iguales;
· y un rey, para que te asombres / más quiso escoger de
["dos,
caer en manos de Dios / que en el poder de los hom-
[bres.
Y así es justo reparar / que es mejor a toda ley
caer en manos del Rey / que de hombre particulat.
La ofensa en él, ¿no es mayor?
Si, pero en mayor grandeza / halla perd6n la flaqueza
como en supremo señor.
(II, 1; R., III, 119) ..
Más las leyes, poco o nada tienen que ver cuando se trata
de enjuiciar cuestiones
de amor. Así, en La ley e¡ecutada, afir­
ma Clarín:
Déjate agora de leyes / y más si hay amor en ellas;
que bien pueden deshacellas, / como
las hacen, los reyes.
(I, 2; R.,
III, 182).
y, en la misma obra, sostiene también
Lucindo,
que el absoluto señor / derogar puede las leyes;
que no
las hacen los reyes / para las culpas de amor.
(II, 2; R., III, 188).
Fuera de ello, los reyes tienen amplia libertad
pata dar y
quitar leyes. No en vano
lo recogió el refrán popular: «Alla
van leyes, do quieren reyes». La conexi6n la expuso el rabbí
Sem Tob,
681. Dos son mantenimiento / mundanal: una ley
que es
su ordenamiento / y la otra buen rrey.
Hecho éste que se recoge en estas comedias:
En El Arenal de Sevilla,
Fa¡ardo. Los secretos de los reyes / algo a los del cielo imi­
[ tan.
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Fundaci\363n Speiro

EL PODER EN LAS COMEDIAS DE LOPE DE VEGA
Castellano. Dueños son de todo: quitan / ponen y introducen
[leyes.
(III, 1; R., III, 540).
Y en Don Juan de Castro (segunda parte).
Amruto. Tu quitas y pones leyes.
Eduardo. Ahora bien, esta revoco / aunque digan que los re­
[yes
no se
han de enojar por poco.
(A. E., 30; A., III, 198).
De destacar es, cuando el rey debe conocer de las peticio­
nes
de las partes antes de aplicar la ley en un sentido determi­
nado: cualesquiera que sean sus preferencias o inclinaciones,
no
han de representar nada frente a los legítimos intereses que ha
de juzgar. Esto
es lo que el rey dice a El vira en El Duqúe de
Viseo:
Blvira, aunque hacemos leyes / los reyes, está advertida que
donde hay parte que
pida,/ no tienen poder los reyes.
(II, 3; R,, III, 428).
Si bien esta limitación se reconoce por el propio rey --o así
al menos lo hace aparecer Lope de Vega-, hay una razón ob­
jetiva que se fundamenta en
el mismo derecho divino, en raz6n
a lo que
Dios hizo o haría, con lo que se refuerza la juridicidad
de una norma con
la corroboración que le ha prestado el acogi­
miento divino. Lo refiere Enrique, en La primera informaci6n,
¿ Qué perderás oyendo la otra parte, / pues conforme a razón
[ debo informarte?
No
seas tú cual suelen se los jueces / que debiendo juzgar por
[lo probado,
dicen que es equidad algunas veces / juzgar por lo que ¡ienen
[asentado.
Tu, que nombte de Rey
fusto mereces, /" no juzgues informado
[ y engañado.
Oye las partes y después de oidas, / ejecuta las leyes, no las
[ vidas.
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ANGEL MARTINEZ SA.RRION
Dios bien sabía que Cain había / muerto a su hermano y siendo
[ en su presencia,
le preguntó
por él, porque quería / oír las partes para dar sen­
[ tencia.
Pues que Dios,
sienclo Dios y que sabía / de una la envidia y
[
de otra la inocencia,
quiso escuchar al reo, no te aparte; / que Dios
es Dios y escu­
[ cha las dos partes.
(A. E., 21; A., III, 354).
Todo esto, si algo demuestra, es la exigencia de que la vin­
culación del rey a la ley conlleve una entrega apasionada a
la
justicia y un deseo de conformar sus actos a los imperativos
divinos,
bien sea extraídos de la doctrina común de la Iglesia,
o
se trate de preceptos que están amparados en un recto senti­
do
de la conciencia. Con ello no hay crítica a los hechos rea­
les, sino
colaboración, por sentirse integrados, nobles y villa­
nos, cortesanos y ciudadanos, los vasallos en suma,
en una em­
presa común que el rey traza y diseña. Son peculiaridades que
afectan a la actividad del
rey, pero que tan sólo le atañen tan­
gencial o externamente,
porque, a la hora de la verdad, por en­
cima
de todo, permanece inalterado el respetuoso acatamiento
y reverencia a
la dignidad que encarna su persona. Es lo que
sostiene
Pedro, en Pedro Carbonero, para justificar su silencio:
Yo no digo del Rey nada: / que al soberano señor
debe respeto y amor /
toda lengua y toda espada.
(A. E., 23; A., II, 360)
Por lo cual, en suma, tantos los reyes como los hombres,
quedan en manos de la Prividencia, con la que deben de coope­
rar para que así
sus actividades sean adecuadas a las necesida­
des
de los pueblos, fortaleciéndolos moral y materialmente. Así
lo dejaba trazado el Rimado de Palacio:
23 7. Quiera por su mer,ed Dios bien la ayudar,
que
pueda los sus pueblos regir e governar
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con. pas e con sosiego, que grant cuenta has de dar
a aquel
Rey verdadero que la sabrá tomar.
(A. E., 57, 433).
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