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1988

El poder

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1988
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El poder económico

EL PODER ECONOMICO
POR
J. A. .SANTOS
l. PODER Y ORDEN ECONÓMICÓ
Entendiendo por poder «la capacidad de autodeterminaci6n»,
es decir, el dominio
y facultad de alguien para decidir y hacer
una cosa, el
poder econ6mico será «la capacidad de autodeter-
minación en materia económica». · ·
·
Esta potestad será tanto más legítima cuanto más coincida
con la «autoridad para su ejercicio razonable».
El. juicio sobre
esta condición
se basa en comprobar si se dan y en qué medi­
da dos
requisitos indispensables:
· ,-«Libertad», que permita elegir el objetivo de la accton
a Ja luz de la experiencia, las necesidades, las provisiones· y las
posibilidades de las unidades de decisi6n analizadas.
-'--«Responsabilidad», que relaciona el acto libre con las con­
secuencias que del mismo se derivan, en forma de costes ( cesión
de
-recursos o de tiempo) y de resultados (aspecto patrimonial).
En efecto, las diferentes unidades· con poder económico ejer­
cen · sus cuotas de decisión en mutua dependencia' y concurrenda,
bajo' el criterio de la «libertad responsable».
De esta forma, los mercados
permiten ajustar el intercambio
de
servicios y bienes, que representan los propósitos y costes
de las diferentes unidades de
decisión, a través del sistema de
precios.
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J. A. SANTOS
El sistema de precios refleja las carencias relativas de los
servicios y bienes respectivos, siempre que éstos no sean mono­
polizados o indispensables para la existencia.
Los mercados permiten así la unión en sociedad parad logro
del bien común
económico, y obtienen mediante transacciones
el ajuste en la asignación de unos recursos que son escasos por
definición.
Las unidades de decisión económica
se distribuyen la par­
ticipación en las rentas de acuerdo con
la valoración respectiva
de sus aportaciones, y, de manera sucesiva en e1 tiempo, se van
acumulando excedentes de renta que constituyen las bases ·pa­
trimoniales respectivas.
Se obtiene así, en términos generales, la más conveniente dis­
posición de las cosas, de acuerdo con d conocimiento logrado y
con sus respectivas naturalezas, y se alcanza la mayor producti­
vidad, es decir, la mayor satisfacción de necesidades al menor
coste posible. Ello ha permitido
d crecimiento y acumulación
del conocimiento y el señoreo de
la naturaleza.
No en vano
d mercado, como la libertad responsable, son
adquisiciones de
la civilización que han necesitado bastantes ge­
neraciones para sedimentarse a la sombra de la ciudad y de la
Iglesia; . a partir de un estado inicial de barbarie, se ha pt"ogre­
sado bajo la ley, la costumbre y d orden.
Sin embargo, tanto
d sano progreso moral ( mejora de las
condiciones generales para el ejercicio
dd poder económico bajo
el criterio
de la libertad responsable, y, en cuanto al trabajo de
cada persona, de acuerdo con sus posibilidades de actuar
se­
gún sus -~es, sus recursos, sus experiencias y conocinrientos, al
servicio de la comunidad) romo d justo progreso material (me­
jora
dd nivd y calidad de vida) se ven perturbados y limitados
por distintos tipos de desorden que se derivan dd ejercicio. abu­
sivo
dd poder económico ( asimetría entte d legítimo interés
económico y su ejercicio real).
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EL PODER ECONOMICO
11. AsPECTOS DEL ORDEN ECONÓMICO
Antes de entrar a comentar el ejercicio del poder económi­
co por los distintos actores del
mismo, exponemos brevemen­
te los aspectos jurídico,
sociológico y económico del funciona­
miento ordenado
de la economía.
II. l. Desde un punto de vista jurídico.
Siguiendo a Hume, hay tres leyes generales del intercam­
bio o elementos necesarios
para una transacción libre y respon-
sable:
·
l. Estabilidad en la posesión, solo limitada por el destino
universal
de los bienes ( estos se poseen al servicio del
trabajo, se nos dice en Laborem Exercens
).
2._ Transferencia mediante consentimiento, sin que una de
las partes controle los factores esenciales de la transacción
(es decir, en ausencia de coacción).
3. Cumplimiento de
las obligaciones aceptadas, ya que en
ello radica la reciprocidad y la seguridad del orden (así,
NoNair Wilson sostiene que «la historia de los hombres
es
la historia del deber», ya que la confianza necesaria
para el progreso
se funda en la seguridad de que lo pac­
tado se va a cumplir, y añade que «el espíritu de sacri­
ficio
es la base del crédito»),
En cuanto al primer elemento, son claras las desviaciones que
se producen por falta de estabilidad en la posesión ( expropiacio­
nes por los Estados, confiscaciones progresivas en forma de gran
infracción o impuestos abusivos
... ) y suelen tener por actor a la
única unidad con poder sobre el resto: el
Estado.
También son claras y frecuentes las desviaciones en la pose­
sión al servicio del trabajo,
y suelen tener por actores a unidades
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con base patrimonial elevada que no precisan perentoriamente
de las rentas
y opt~ por mantener los recursos ociosos.
En cuanto al segundo elemento ( el hbre consentimiento), la
desviación. del orden se presenta a veces en forma de coacción
simple ( dominio tal
de los elementos esenciales de la transacción
que permite dictarla
en lugar de negociarla), y otras veces en
forma de manipulación que empuja a decidir
en el sentido que
le conviene a otro ( en las transacciones referidas a necesidades
naturales
_:_vestido, alimentación, hogar-esta manipulación
es más difícil que en las referidas a necesidades inventadas -jar­
dinería, video--, donde la pub1icidad puede hacer estragos).
Aqu! los actores que abusan de su posición suelen ser los
Estados
y las grandes empresas, según ha estudiado Galbraith
entre otros .
. Finalmente, el cumplimiento de las obligaciones después de
cobradas suele depender de las garantías que el contrato provea,
Y, aun así, son muchos los conflictos por esta razón.
Las normas jurídicas de los distintos ordensmientos tratan
de paliar con cierto retraso estas situaciones, y su eficacia depen­
de de la vitalidad social de la comunidad concreta (sus jueces,
su opinión pública, la participación ciudadana ...
).
En general, se observa que )os transgresore~ suelen actuar,
lógicamente, desde posiciones de fuerza relativa, lo que les
per­
mite alterar en beneficio propio las decisiones de otros, mientras
que éstos los sufren por estar en situación de dependencia (
clien­
tel.a o subordinación) con respecto a aquéllos.
11.2. Deade un punto de vista sociológico.
La interacción económica de las diferentes unidades de deci­
sión (personas f!sicas o jurídicas en sentido amplio) tienen su
fundamento en carencias o necesidades humanas.
Son carencias remediadas por personas, cuya dignidad exige
tanto la personalización del trabajo, libre
y responsable (posibi­
lidad
de realización), como la justa distribución de las rentas
( viabilidad de la convivencia).
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EL PODER ECONOMICO
Sin• embargo, la red de intercambios entre unidades cuyas
fuerzas
de negociación son desiguales alcanza soluciones de tipo
parcial a las que, con frecuenci~, se llega por la coacción, lawn­
hibición o la pasividad de algunas de las partes contratantes.
Hay
coacción directa o manipulación ( coacción indirecta)
cuando la unidad
do¡,¡inante impone las condiciones del trato.
Hay
simple abstención (inhibición o pasividad) cuando la uni­
dad dominada considera inevitable, de escasa importancia, o no
capta el

abuso de poder de la otra unidad.
El poder económico
es mayor cuanto mayotes sean los acti­
vos físicos y los medios de liquidez que se úenen, y cuanto me­
jor sea la información de que se dispone; por ello, el el poder
económico acaba tomando la forma de «concentración»,
bien de
la posesión de los recursos, bien de
la posición en el mercado.
La mayor concentración se da · cuando se llega a una situa­
ción de monopolio ( dominio de
la oferta o demanda de un mer­
cado por una sola
mano); en este caso, el monopolista puede fijar
las condiciones del mercado y alterarlas en beneficio propio ( en
los precios que paga a sus proveedores, en los precios que cobra
a sus clientes, especulando con el valor de sus elementos patri­
moniales, cargando costes de gesúón
abusivns ... ) sin esfuerzo
y

a
.su voluntad.
Cuando el poder económico así concentrado
se ejerce al mar­
gen o contra la libertad. responsable, la vida económica se des­
liza de la sociedad
de convivencia a la sociedad de conflicto ( en
la que todos luchan contra todos, al estilo del hermano Hobbes),
y cualquier
. equilibrio que se alcance se convierte en ocasional
armisúcio.
Sin embargo,
el poder económico tiene la función esencial de
ha= que las cosas se hagan, de organizar la convivencia en la
supervivencia,
y, por ello, es vital para toda economía que su
funcionamiento
sea el más eficaz y eficiente posible.
En cualquier caso, el poder económico confiere a las personas
que lo ejercen
un «rango» no moneúzable, una conciencia de
estimación que, como dice Calvo Sotelo, «es úúl a los pueblos
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J. A SANTOS
porque sin 1'lll)gos no hay posible altura ni estimulo para llegar
a ella», y añade que
. «lo que procede es facilitar la movilidad
s ca, y acortar las distancias en el nivel de vida».
II.3. Desde un punto de vista eeonómico,
La competencia en cada mercado ( entre las unidades co,n p0,
der económico en ese mercado) se presenta, como ya se ha ex­
puesto, en condiciones de desigualdad ( cuotas de mercado muy
diferentes, recursos disponibles en diversa cuantía, productos de­
seables en muy variada gradación, conocimiento e informaci6n
distintos).
Estas condiciones
se acentúan al considerarlas en su aspecto
internacional,
ya que si una nación está en la pobreza intentará
sobrevivir vendiendo a cualquier precio sus recursos, y de ello
se aprovechan otras en mejor situación.
Precisamente por . esta desigualdad entre las unidades con
poder económico, deben respetarse las rondiciones de la pro•
ductividad para inejor servicio del interés común, ya que cada
unidad debe tener su oportunidad siempre que así lo justifique
el uso de los recursos que es capaz de ofrecer·~ la sociedad.
En este punto, parece oportuno recordar que los límites al
deseo de ejercer el poder económico pueden venir marcados por
la saciedad o por la ética,
pero su verdadero límite está en la
conciencia de
un obstáculo en forma de contrapeso.
· En el libro que Vallet de Goyrisolo ha dedicado al estudio
de la obra
de Montesquieu, se identifican los fines generales en
esta materia (impedir el despotismo o
tiranía, salvaguardar la
Ubertad, y hacer que impere la justicia), al tiempo que se.sei'ja!an
los medios para su consecución: «disposici6n de las costZS que se
adapte a su naturaleza». Pues bien, el éxito del mercado como
institución radica en que
se ajusta bastante a estas condiciones
generales para contrapesar el
poder, y, cuando falla, bastaría una
institución arbitral con poder suficiente ( supranacional o nacional
según los casos) para recuperarlo.
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EL PODER ECONOMICO
III. LAS UNIDADES CON PODER ECONÓMICO
IIl.l. El Estado.
Como sabemos, el Estado moderno es heredero de las mo­
narquías medievales (señoríos que Dios confía a sus capitanes;
que están formados por hombres libres y unidos en la herman­
dad divina; doude
la posesión se vincula al cumplimiento del
deber, y en los que se reina «por la gracia
de Dios», se gobierna
«para servir al
Rey» o «en nombre del Rey», y hay Cortes or­
gánicas que canalizan la opinión póblica).
Sin embargo, el Estado
moderno sustituye aquellos principios
por los
de la Declaración de derechos del hombre ( a cuya satis­
facción debe proveer el Estado), y los de la democracia liberal
( que, en base a
la soberanía popular, permite elegir el alcance
y la forma del intervencionismo estatal).
Bajo el principio democrático liberal, el Estado moderno ha
oscilado entre
el individualismo y el intervencionismo, para, al
fin, inclinarse hacia un pragmatismo escéptico, protector y to­
talitario, que llamamos tecnocracia.
Tocqueville, en una de sus anticipaciones extraordinarias,
decía .que «sobre la especie humana
se alza un inmenso y tutelar
poder que asume la carga de
asegurar las necesidádes de las
gentes y cuidar de su desenvolvimiento y sino ... ; si su misión
fuese la de educar a
los hombres en tanto alcanzan la edad adulta,
equivaldría
al amor paterno, pero, al contrario, lo que pretende
es mantenerlos en la infancia perpetua», y
se preguntaba a con­
tinuación: « ¿Qué resta por hacer si se nos ahorran las inquietu·
des de pensar y
las tribulaciones de vivir?».
Como es bien sabido, abogamos por un Estado. fuerte, de
esencia
subsidiaria ( que ordena y estimula la actividad de las per·
sonas. y sus asociaciones
al cumplimiento de sus fines esiten­
ciales). y solidaria ( que subraya la mutua dependencia entre las
personas, sus asociaciones y
la sociedad más amplia, garantizando
la igualdad ante la ley, evitando los abusos y asegurando los
mínimos de subsistencia).
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J. A. SANTOS
Dado que el uso de los recursos que el Estado realiza es
menos productivo que el que realizan el resto de las unidades con
poder económico, su acción de ser ponderada,
. tanto en el as­
pecto de la gestión de los recursos que recaba, · como en el aspec­
to de la participación de. éstos . sobre la actividad nacional,
Como señala
Martín Sanz, «la participación del Estado en la
renta nacional
se debe de relacionar con la productividad· alcan­
zada por esa economfa»; en efecto, solo un mayor nivel de pro­
ductividad económica
se puede. permitir una mayor actividad
estatal.
Sin embargo, la
extens.ión de sus funciones como Estado-­
protector le ha llevado a situaciones de fragilidad financiera,
que, en buen número de
casos, ya no se pueden resolver,; me·
habituales del ejercicio de su poder económico.
Por
el contrario, aparecen la economía sumergida (fuera. de
su ámbito por autoexclusión), la
evasión de divisas (poder de
compra que se
retira del circuito nacional), las compañías trims­
nacionales (dentro de su ámbito según conveniencia), e incluso
movimientos de objeción fiscal (resistencia
al pago de unos im­
puestos considerados abusivos).
Además,
la obtención de sus objetivos macroecon6micos escl
sujeta a uná. dependencia creciente de las políticas adoptadas
por
el . resto de los. 'Estados concurrentes, al mismo tiempo ·que
la federación de los Estados en zonas de libre comercio
'viene
a diluir su protagonismo.
No puede, por tanto, extrañar que la tendencia actual· sea
la de disminución progresiva de la autoridad y la importancia
del Estado-protector y su progresiva sustitución por
lit llar\iada
Sociedad de bienestar, que busca el soporte real de la actividad
devolviendo el protagonismo a los verdaderos actores.
En este cuadro,
se deben interpretar las «privatizaciones» de
sectores y empresas públicas como un último esfuerzo de sanear
las finanzas; extendiendo su financiación con cargo a los
recursos
del sector ·privado, pero conservando el dominio. ·
Igualmente, el fenómeno conocido como «lotización» en, Ita-
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EL PODER ECONOMICO
lía (por el que se reparten los puestos rectores de las empresas
públicas
de forma proporcional entre los representantes de los
partidos) es
un buen indicador del escepticismo de éstos sobre
la
función política que realizan.
Claro que el escepticismo debe de ser mayor en España, si
se átiende al esfuerzo por «impregnar de progresismo» la ges­
tión de las empresas privadas de mayor dimensión a través ,del
nombramiento de gestores «de confianza», lo que supone una
«lotización» del sector privado, enésimo intento de suplantar
a la sociedad.
En resumen, parece que aquellos que representan al Estado
son conscientes
de las limitaciones de todo tipo que afectan a su
poder económico, pero no lo son tanto
de que la causa por la
que han llegado a esta
situación haya sido la extensión de las
obligaciones protectoras del Estado por encima de los medios
•de
las respectivas economías.
Su reacción se reduce a buscar y gestionar nuevas fuentes
de
poder económico allí donde las haya, en lugar de intentar el
remedio de la situación que entre todos han originado.
111.2. . Las empresas.
Enfocadas a los efectos del poder económico que ejercen, r&
cordemos la clasificación de Beridix en función de la legitimáció,;i
de sn autoridad,
1. Fundadares: son dueños y gestionan las empresas· que
han fundado y que
se han convertido en parte funda­
mental
de su patrimonio familiar.
2. Herederos: son dueños (a menudo a través de S. A.) y
no suelen gestionar las
. empresas heredadas . si su tamaño
u otras causas lo impiden.
Se .conforman con su control,
y viven
el negocio como una fuente de rentas.
3. Gerentes: no son dueños de forma significativa, gestio­
nan la empresa segun los principios
de la racionalización
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J . .A: SANTOS
burocrática descritos por Max Weber, y rinden cuentas
ante la junta general de
accionistas una vez al año; Gal,
braith prefiere considerarlos como parte de · la «tecno,
estructura».
Estos tres tipos de legitimaci6n coexisten en cada situaci6n
econ6mica; no obstante, son crecientes las empresas que vali
pasando de los fundadores a sus herederos, y de éstos acaban
cayendo bajo la actividad de los especialistas en gesti6n.
Schumpeter llama a este fen6meno
el del «crepúsculo del
empresario», y obtiene de ello conclusiones pesimistas (mayor
intervencionismo público y burocratismo privado) respecto de la
evoluci6n econ6mica en
el siglo xx.
Daniel Bell obtiene,
en cambio, conclusiones optimistas, por­
que ve en ello
una «democratizaci6n por colapso del capitalismo
familiar»; algo que, en su opini6n, supone un cambio estructu­
ral que trae movilidad social, aporta disoluci6n del control sobre
la realidad econ6mica,
y favorece la mayor productividad y con­
sumo.
Ambos tienen algo de raz6n, como veremos.
En efecto, para Schumpeter lo importante es el proceso que
llama de
«creaci6n destructiva» (las anteriores formas de pro­
ducci6n van siendo superadas por la innovaci6n).
Sin
embargo, el éxito y consolidaci6n obtenidos por las gran­
des corporaciones lleva a la concentraci6n del poder econ6mico
( ocupaci6n del mercado a costa de las PYME, cuyos dueños
re­
sultan indemnizados y sus eropresas engullidas) por motivos de
supervivencia
de las propias corporaciones.
La cultura de estas grandes corporaciones resulta muy poco
adecuada para promover la innovaci6n (la tecnoestructura
se
ocupa de medrar principalmente, por lo que el proceso inno­
vador se retrasa, a veces incluso voluntariamente, porque hay
que amortizar las inversiones previas), y deja paso a una nueva
forma de organizaci6n burocrática sentí-pública, cuya preocupa­
ci6n principal es
la de perpetuarse.
Es lo que Colombo ha denominado «nuevo feudalismo»,
es
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EL PODER ECONOMICO
decir, «la privatización de bloques enteros de actividad humana
que se han desprendido de la estructura jurídica
y organizativa
del Estado moderno y de su economía, y que
se han reorgani­
zado de forma autónoma, dependiendo
de intereses nuevos»_
Se llega así a la privatización del poder y de sus más pre­
ciosos instrumentos,
y, dice Colombo, al inicio de la aventura
peligrosa y nueva de
la Edad Media. Postecnológica. No solo
crisis de innovación, sino también crisis de autoridad, que lleva
a la constitución
de clubs de élite mundialistas en los que se
«superconcentra» el poder económico, y en los que, como dice
Lundberg, «unos cuantos se ejercitan en la gestión de los mer­
cados mundiales», con el resultado
de un mundo inundado de
mercancías,
pero poblado de indigentes.
111.3. Las personas.
Las unidades con poder económico más diluido son los ho­
gares, aunque, en su conjunto, tienen con mucho el poder eco­
nómico más extenso.
La personalización del trabajo, es decir, la posibilidad de
actuar
de acuerdo con la experiencia, el conocimiento y· la voca­
ción personales, y dentro de los propios límites de recursos y
talento, requiere unas condiciones
de libertad y responsabilidad
que
ya se han comentado.
· . Del trabajo depende la subsistencia del propio hogar, y es
la forma de participar en la actividad social y de realizarse como
hombre libre.
Por ello, las condiciones generales del trabajo son de gran im­
portancia y su mejora se equipara a veces con el progreso moral.
En el mismo sentido, la existencia de desempleo constituye
un desajuste que tiene una
dimeiisión de tipo eci,nómico; pero,
con ser ésta significativa, hay que subrayar la dimensión de tipo
social en forma de marginación, porque es más difícil
de sub­
sanar;
Influido por su conocimiento del Tercer Mundo, Schumacher
sugiere la adopción
de una «tecnología· intermedia» que permita
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J. A. SANTOS
la producci6n «por»· las masas en lugar de la producci6n «en»
masa, y, en general, aboga
por una economía a la medida del
hombre ( «el hombre
es pequeño, y por eso lo pequeño es her­
moso»). Volviendo al aspecto sociológico, vemos
c6mo una mayoría
de las personas enajena una parte de su tiempo y actividad a
cambio de un ingreso fijo ( trabaja por cuenta ajena),
y deja
al cuidado de otros
la tarea de ocupar su tiempo y actividad a
cambio de que le
aseguren la subsistenéia.
Como decía G. B. Shaw, «libertad significa responsabilidad»
y,
añadía con su peculiar sentido del humor, « ... ·por eso la ma­
yoría de los hombres la temen».
Al elegir
el trabajo por cuenta ajena se sacrifica en buena
medida la
libertad personal, que queda sujeta al contrato de tra­
bajo y

a las condiciones en
las que éste se realiza.
Aquí es donde aparece el texto mencionado de Daniel Bell
en su verdadeto significado, que no
es otro que una. versi6n ac­
tuad del «no más servir a sep.or que . se me pueda morir», en
forma de mecanismo de defensa de
la libertad y dignidad, indi­
viduales.
En efecto, el capitalista (sea especialista, comeociante o fi.
nanciero) acepta
el riesgo y la responsabilidad de dedicar todo
su tiempo disponible, a la organizaci6n del uso de los recursos
y

a la distribuci6n de las rentas obtenidas.
Cuanto mayor sea
la. empresa, el trabajador tiene un mayor
sentido· de la seguridad econ6mica, al tiempo· que la existeticia
de unas normas impersonales y generales le dan un sentido de
dignidad (no es «un empleado de» una persona física, sino que
«trabaja en» una persona jurídica de la que incluso puede' ser
parcialmente propietario, o «trabaja como» funcionario
lo'· que
añade un prestigio por la oposici6n que. se ha debido de superar
y la presunci6n
de altruismo en su trabajo).
En resumen,
el ejercicio del poder econ6mico del trabajador
por
cuenta ajena está condicionado por la situaci6n en la que
trabaja y su capacidad de negociar es muy limitada.
El «instinto del trabajo eficaz» y
la «curiosidad ociosa,. de
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EL PODER BCONOMICO
Veblen han de realizarse en un ambiente desfavorable, ya que
hay una coacción tácita a la degradación en
,el cumplimiento de
las obligaciones (recordemos la doctrina recientemente acuñada
entre nosotros que dice que
«Ja perfección es un· concepto fas­
cista»). Tanto la tendencia dominante hacia la despersonalización del
trabajo, como las tendencias comentadas del Estado y las
em­
presas, no permiten esperar razonablemente una . mejora en el
ejercicio del poder
ecofiómico de las petsonas a través del trabajo
por cuenta ajena más que en COn-tadas excepciones, y siempre
como producto de la evolución de las relaciones laborales.
Otros organismos por los que las personas defienden sus
cuotas de poder económico son los Sindicatos (nos remitimos al
trabajo
de F. Clato), y las OCU (incipientes organbmciones de
consumidores y usuarios).
Se trata de organizaciones que concentran el podet econó­
mico
disperso de su's afiliados mediante la representación, y que
lo ejercen para la defensa
.de sus intereses comunes.
Su actuación pretende
reforzar a la parte más débil del mer­
cado y al progreso moral de la sociedad, por lo que son una
buena noticia
en cuanto al propósito.
Las crisis que les afectan ( territorialidad, politización
.y bu­
rocracia
en los sindicatos; activismo y falta de apoyo en las OCU)
son de distinto signo: de vejez en un caso, de juventud
en
el otro.
IV.
CONCLUSIONES
Desde una perspectiva mundial, se discute si estamos en el
buen camino de desarrollo económico, o, por el contrario,
se
trata de una mera huída hacia adelante que espera resolver todos
los nuevos problemas ecológicos
por la técnica.
Desde la perspectiva occidental,
el desarrollo económico se
alcanza a través de los mercados y los precios libremente fijados
( dentro de cada
iú'.ea de comercio para los bienes protegidos;
internacionalmente para los bienes libres).
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]. A. SANTOS
Desde la perspectiva cristiana, hay .unos criterios derivados
de los
te,,:tos fundamentales, que J. Aguirre resume en:
-Condena de la riqueza improductiva.
-No a la e,opropiaci6n revolucionaria.
-Máxima e,,:tensi6n de oportunidades.
-Distribuci6n segun posibilidades y méritos.
-Exigencia rigurosa en el uso de los talentos.
-Lealtad mutua entre trabajadores y empresarios.
-Generosidad con los débiles.
Desde cualquier perspectiva,
el poder econ6mico en sus dis­
tintos grados, tiene una misma responsabilidad, que se puede
expresar de forma triplemente complementaria:
A) Vivificar la actividad.
Mediante el estímulo al ejercicio de la libertad responsable,
dentro del marco de respeto a las condiciones de la producti­
vidad, las distintas unidades contribuirán a una mayor riqueza
y, por tanto, a mejorar la supervivencia.
B) Favorecer la convivenda.
Mediante la recuperaci6n por cada unidad de su <:uota, de
poder legítimo, lo que requiere la correcci6n de los excesos y dis­
funciones a las que han llegado algunas de las unidades de, de­
cisión, se alcanza la disposición de las cosas que se adapta a su
naturaleza.
C) Respetar la dignidad.
Mediante la actuaci6n de las personas , segun el principio de
la· libertad responsable, lo que lleva a la aversi6n por las con­
ductas que infringen este principio y a la recuperaci6n del gusto
por el trabajo bien
hecho.
Madtid, 4
de diciembre de 1988.
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