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1985

La verdadera liberación

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1985
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Liberación contra solidaridad

LIBERACION CONTRA SOLIDARIDAD
POR.
MARIA EUGENIA ARGERICH
«Liberación contra solidaridad» no es simplemente la oposi­
ción existente entre un movimiento ideológico revolucionario
que propugna
la lucha de clases y un sindicato católico que
reivindica la dignidad de los trabajadores en uno de los países
bajo dictadura comunista.
«Liberación contra solidaridad» es,
además, la disyuntiva en­
tre dos formas de entender la vida, fundadas,fa una en el egoís­
mo y la otra en la caridad.
, Mientras el egoísmo destruye la esencia y valores del hom­
bre, reduciéndolo· a su facéta animal, la caridad y el amor lo
perfeccionan y enriquecen a imagen y
semejanza de Dios.
«Quizás una de . las más vistosas debilidades de la civiliza­
ción actual esté en una inadecuada visión del homBre. La nues­
tra es, sin duda, la época. en que más se ha escrito y hablado
sobre el hombre,
la época de los humanismos y del antropo­
centrismo. Sin embargo, paradójicamente,
es también la época
de las más hondas angustias del hombre a niveles antes insos­
pechados, época de valores humanos conculcados como jamás
lo fueron antes» ( 1 ).
Ciertas son estas palabras de Juan Pablo Ü y no menos
cierto
es que la época actual se distingue por un claro contraste
entre el inmenso progreso realizado por
las ciencias y la técnica
y el asombroso retroceso que
ha experimentado · el sentido de
la dignidad humana.
(1) JuAN PABLO II, Discurso en Puebla de los Angeles, 28 de enero
de 1979.
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Son muchos los individuos que no encuentran sentido a su
existencia; es el drama del hombre amputado de una dimensión
esencial
de. su ser, que es creer en la verdad; es el drama del
hombre privado de una proyección hacia lo trascedente,
es de­
cir, hacia Dios.
El hombre se encuentra solo porque no existen ideales de
verdad compartidos, cada hombre
tiene/«su verdad», de modo
que
sólo encuentra en sú 1'>ropio yo un interlocutor válido.
Es la comunicación entre los espíritus la que salva al
hom­
bre de la soledad y esta comunicación es capaz de otorgar al
hombre, a
su vida, · el sentido que ni su mera existencia, ni el
mundo circundante le
ofrecen.
A esta situación de angustiosa incomunicación se ha llegado
poco a poco y paso a paso de la
mano de numerosas liberacio­
nes, que han ido despojando al hombré de los lazos que lo
vinculaban a su razón de ser y existir.
· Con un marcado carácter destructivo, estas liberaciones han
ido privando al hombre de sus
raíces. De modo que la persona
ya no se siente miembro · de · la · sociedad, sino que, fomentando
sobre todo el
espíritu crítico, pretende analizarla desde fuera
como algo completamente ajeno a
s! mismo.
Nos encontramos entonces con un hombre
h1,erado, sí, pero
completamente desarraigado e indiferente ante las
cosas · y la
vida que le rodean, por no haber podido construir un mundo
interior mediante el amor, el esfuerzo y la entrega, por
no
poseer un mundo circundante eµ el que las · cosas y personas
adquieren un sentido propio.
Y
es que esta liberación es contraria a la naturaleza esencial
del ser humano
ya que «el arraigo es tal vez la más importante
y la
más desconocida necesidad del alma humana. Un ser hu­
mano tiene una raíz por su participación real, activa y natural
en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos
tesoros-del pasados y ciertos presentimiento del porvenir... cada
ser humano tiene necesidad de tener múltiples
raíces ... » (2).
_ (2) . WE1L, S., citadO por VALLET DE GoYT1s0Lo en Sociedad de
Masas-y Derecho, Te.uros, Madrid, 1969, pág. 110.
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Liberar al hombre será, en consecuencia, romper su depen­
dencia de: leyes, costumbres, pocleres, creencias, etc. Liberar al
hombre para romper las. estructuras, para que el nuevo hom­
bre sincronice al ritmo de la historia ·y de la revolución.
Son muy variadas y numerosas las liberaciones que han fruc­
tificado en
la España de las dos últimas décadas: liberación de
la mujer, liberación. de la juventud, liberación sexual, cultural,
política, ecológica, liberación del pasado, liberación de la His­
toria, liberación económica, liberación generacional, liberación
sindical, liberación religiosa, etc. Algunas
más notorias que otras,
pero todas ellas, sin duda alguna,
con ·. unas consecuencias · nefas­
tas ,para el individuo y para toda la sociedad.
Veamos ahora, sucintamente, algunas de estas liberaciones
que
sin ningún disimulo están triunfado en nuestra Patria.
La liberación de
la familia.
En primer lugar, creo que todos estarán de acuerdo en afir­
mar. que uoa de las· liberaciones más trabajada ha sido la de la
familia.
Así, contemplamos que en la «célula» más importante ·de la
sociedad tradicional y cristiana se ha · ido perdiendo. el poder
vinculador entre los esposos. Con
la legalización del divorcio
se ha devaluado el sentido de la fidelidad a la palabra dada, y
el hombre y la mujer se han liberado ante el matrimonio. pero
al precio de perder una ocasión preciosa para afirmarse moral­
mente y comprometerse de por vida. Y se valorarán más pri­
maria y sustancialmente los impulsos afectivos y espontáneos
que el propio
amor humano, sin .tener en cuenta que con esta
permisividad
se está . contribuyendo a socavar las bases en que
descansa todo orden
social estable: «la misma posibilidad de
divorciarse
ayuda a que el matrimonio fracase», pues éste, «como
cuál.quier otra cosa valiosa, pide fuertes esfuerzos y resistencias;
quien sabe que el matrimonio es indisoluble superará toda di­
ficultad; quien va al matrimonio sobiendo que existe posibilidad
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de divorcio, no hará ningún esfuerzo para vencer el más mínimo
obstáculo que se presente en
la vida matrimonial o familiar>> (3 ).
Finalmente, huelga señalar que el auge divorcista tiene efec­
tos nefastos sobre la psicología familiar y en los hijos de los
divorciados. Pata
confir¡nar estos extremos, únicamente debe­
mos acudir a las estadísticas de delincuencia juvenil y suicidio
infantil. En resumen, esta
liberaci6n es desastrosa para la familia .en
particular y para el bien común de la sociedad.
La liberación de la familia está muy estrechamente ligada
al fenómeno de la liberación de la mujer, que supone la libera­
ción de
qnas leyes y unas situaciones injustas de opresión. Pero
conseguidos ya en España
el derecho al divorcio, la despenali­
zación del
aditlterio, etc., esta liberación de la mujer .sólo puede
implicar la liberación
de su propia condición femenina. Y esto
es lo más gtave, mucho más que el abandono del hogar para
desempeñar un trabajo.
Es la «liberación de nuestro propio ser,
de nuestra propia entidad, de nuestra propia realidad ontoló­
gica, pues queremos dejar
de ser lo que somos, ya que quere­
mos liberarnos de lo
más inserto en nuestra personalidad: la ma­
ternidad» ( 4 ).
Se ,plantea aquí claramente da .dicotomía que existe en todas
las liberaciones: el egoísmo contra el amor. Así, se reivindicó
primero el suministro gratuito de anticonceptivos y
a continua­
ción el derecho al aborto. A cambio
de la comodidad y el pla­
cer nos hemos liberado, sí, pero
de la felicidad.
Todo ello
es sinónimo de un egoísmo que reclama el dere­
cho al propio cuerpo· como objeto de placer, con lo cual, la
mujer
se. convierte en cosa. Y reclama para sí el derecho a des­
truir .. una vida ajena que no le· pertenece.
La destrucción
de nuestra propia entidad femenina, el de­
jar de asumir nuestra más íntima realidad lleva consigo la des-
(_3) ALVARO DE SILVA, «El Divorcio como agujero», en Nuestro Tiem­
po, 274, abril de 1m; pág, 37.
(4)
EusA RAMÍREZ1 «La liberación de la mujer», en el ·volumen, La
familia y sus problemas actuales, Speiro, Madrid, 1980, pág. 129.
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trucción de la sociedad, El aborto conduce faltamente a la
eugenesia y a la eutanasia, con lo que llegaremos a una sociedad
demencial, rota en pedazos, donde
la vida de la mujer se habrá
desintegrado y
la sociedad morirá porque «una sociedad en quo
la mujer no sea transmisora de vida sino enviada de la muerte
ha fallecido» (5).
La liberación del pasado.
También hoy nos liberamos del pasado, se produce· un dis­
tanciamiento expreso
de nuestra historia. Esta toma de distan'
cia es favorecida por el tan de moda espíritu crítico que obliga
a ver las
cosas desde fuera,.siguiendo las pautas de1 racionalismo.
Este contemplar nuestra historia y nuestras tradiciones
ex­
trínsecamente, hace que todos los hombres y · hechos ilustres
sean mirados a distancia, con reparo y recelo, con indulgente
prevención, como frutos de
una opresiva mistificación.
De aquí la creciente crítica que se hace. de la historia de
España
so pretexto de un mayor rigor científico. Y esto es lo
que está ocutriendo en nuestra Patria: se intenta una depura­
ción de su historia, que niega sucesivamente toda su ejecutoria
y
su espíritu en temas clave como la Reconquista, la Contrarre-:
forma, la Conquista y Evangelización de América. Todo es vitu­
perable; hay que pedir perdón a moros
y protestantes; nos aver­
go02amos de nuestro pasado; los aciertos se valoran como
errores.
La liberación de la patria.
Y no sólo nos estamos liberando de la esencia y alma de
la Historia de España sino de la esencia de España como pue­
blo y nación: «Así, asistimos en los últimos veinte años a
la
defección -separación-súbita de grandes grupos humanos res­
pecto a cuanto habían creído y respetado durante milenios; a
(5) ELISA RAMlREZ, «La liberación de ... », en el volumen, La fami­
lia ... , pág. 133.
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lavados inconscientes de cetebro, a 1lll colectiva, a una universal insolidaridad entre padres e hijos, a
la desmembración de nacionalidades forjadas en
siglos de his­
toria» ( 6 ).
Y es que «ninguna realidad histórica se sostiene a lo largo
del tiempo sin una mínima panicipaci6n de·
sus miembros en
aquello que la cre6 y le dio
razón de ser».
Son muchos los españoles, y no precisamente entre los jó­
venes, que no participan y desconocen por completo los ideales
que sirvieron
de aglutinante a nuestra unidad nacional; por ello
no tiene que extrañarnos que a estas alturas la unidad de
Es­
paña se cuestione y que zonas muy concretas del territorio na­
cional aspiren a liberarse plenamente, es decir, a lograr su in­
dependencia como nacionés soberanas.
Esta
es la postura tremendamente egoísta y cerrada de al­
gunos grupos separatistas que, por pura demagogia, se pueden
declarar solidarios con otros países, pero que intentan por todos
los medios marcar
las distancias con el resto de España.
Así, se potencian todos los fenómenos diferenciales, cultura­
les o socio-políticos intentando resucitar viejos y ancestrales
mo­
tivos, dejando de lado aquellas realidades más cetcanas en el
tiempo y que más podrían indentificarlas con el sentir nacional
que dio lugar a
su unidad.
Vemos, por lo tanto, que
se. utilizan aquellas peculiaridades
de cada región en concreto, no con un empefio de enriquecer
para «exaltar
la rica multiplicidad» de las regiones de España,
sino que son
un intento por separar, dividir y desmembrar: en
resumen, empobrecer y destruir.
Con lo cual esta liberación lleva al desasimiento
anificial del
¡:,ropio ser. Desde está perspectiva se sitúa a España tomo algo
lejano y objetivo, de lo que no se es partícipe, perdiéndose en
consecuencia esa virtud del patriotismo que nos obliga a
con­
templar a nuestra tierra sintiéndose pane . de ella con una vi­
vencia íntima y profunda.
(6) RAFAEL GAMBRA, El Lengua¡e y los mitos, Speiro, Madrid, 1983,
pág. 95.
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La liberación cultural y educativa.
Enlazando muy directamente con lo anterior, podríamos ha­
blar de la compleja liberaci6n cultural.
¿ Quién no ha observado el desarraigo engendrado por los
mass-media, creando fuertes servidumbres ideológicas o econ6-
micas de marcado carácter marxista?
Al vaciarse casi por completo el contenido de nuestra civi­
lización occidental, de su sentid.o y finalidad, tal como ha obser-·
vado Rafael Gambra, será preciso buscar su razón de ser en ap­
titudes remotas, por vía de evolución o pervivencia en el sub­
consciente. «Diríase que nuestra cultura actual constituye un
esfuerzo titánico por ver a
los otros ( especialmente a los primi­
tivos e incluso a los animales)
desde dentro y a nosotros mis­
mos desde fuera como extraños» (7).
La cultura ya no será enriquecimiento del espíritu sino des­
trucci6n de contenidos y
de raíces para obtener la liberaci6n
del hombre.
Sed como una gran empresa erradicadora de cuanto
de hist6rico y religioso habita en la mente de los individuos.
La liberaci6n cultural da como resultado un hombre para
el cual
las nociones de bien o verdad absolutos no existen. El
espíritu
se vacía de todo género de referencias y principios.
Esta actitud de liberaci6n ·ha tenido especial incidencia en
la
moderna pedagogía, que no prevé. el aprendizaje de unos
contenidos ni de valores objetivos, sino que antepone la creati­
vidad,
que debidamente motivada surgirá en el niño como fru­
to de una evolución psicobiológica.
En este mismo proceso educativo se inicia. al · niño en la
llamada concientización, en la que se empieza · por convencer
al alumno de su situaci6n de marginación u opresi6n, adquirien­
do
ya conciencia de clase. A partir de aquí todas las relaciones
de la vida delhombre son presentadas como sistemas de opresión.
Como resultado de este proceso se consigue un ciudadano
(7) RAFAEL GAMBRA, op. cit., pág. 91.
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liberado de toda alienación, dogmas, conocimientos, emociones
e instituciones del pasado.
Paradójicamente, el ciudadano Hberado, el hombre
concien­
ciado parece ser que se autorrealiza plenamente. Y lo cierto es
que proclamada la· supresión de todas las alienaciones, concluye
esta liberación con la alienación total· y suprema del hombre.
La liberación económica.
También somos testigos de la Hberación económica. El fun.
cionamiento actual de
las esttucturas económicas pone clara­
mente en peligro la dignidad humana del ttabajador, debilitando
el sentido de
su responsabilidad, impidiendo en numerosas oca­
siones la expresión de su iniciativa propia. El provecho propio
es el motor esencial de la economía, la propiedad privada de
los medios de producción, como un derecho absoluto, sin
lími­
tres ni obligaciones sociales correspondientes.
En el terreno del desarrollo industrial,. priva
el egolsmo, se
intenta sacar el mayor beneficio, sin detenerse ante el abuso, sin
tener en cuenta que la
e.conomía y la industria deben estar al
servicio del hombre y no al revés.
Esta liberación
sin freno conduce a una sociedad insolidaria,
donde
se entiende que el dinero se puede ganar de cualquier
manera, sin moral ni freno, enfrentando al patrono y
al obrero
en una lucha desigual, lo que .lleva a situaciones injustas, de
explotación y violencia, de carencia
de leyes sociales y por reac­
ción al odio y enfrentamiento entte1 las clases so~es.
En esta misma linea podrlamos inttoducir las liberación de
los sindicalismos, que en lugar de desempeñar
su papel se
prestan a
la polltica estatista por pura manipulación, permitiendo
que
se pierdan conquistas sociales,. guardando silencio, por ejem­
plo, cuando nuestra Seguridad Social se libera también de los
compromisos adquiridos, prestando
cada vez menos servicios. y
-más defectuosos:
La liberación también
ha llegado hasta el campo. Pueblos
y comarcas
se ven hoy abandonadas o en trance de abandono,
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porque no se puede ir en contra de los nuevos. tiempos. Sus
actuales moradores están convencidos del carácter irreversible
del proceso industrializador
que hará que sus tierras no sean
rentables. El hombre del campo ha prescindido del sentido de
su propia vida y de
la . capacidad de enfrentarse con el destino.
Las generaciones anteriores se . agarraban y defendían con valen­
tía
lo que les era propio: su casa·, campos y hacienda, prescin­
diendo
casi por .completo de la realidad exterior a su aldea. Hoy
en día, el
hombre del campo, gracias a los medios de comunicación,
vive algo ajeno a su entorno más cercano, :desinteresándose por
lo propio y dispuesto a venderlo todo a cambio de un salario
en
la ciudad.
La liberación
políticL
La liberación ha llegado también al plano político. Práctica­
mente la totalidad de las clase política españo1a vive de espal­
das a
su patria, carece de esa vivencia interior o patriotismo, y
eo
su lugar eocontramos un desligamiento total respecto a las
realidades concretas. Actualmente estos hombres-son capaces,
en virtud de un reformismo inmoderado, de anular nuestra reali­
dad histórica y conseguir una efectiva disolución de nuéstras
estructuras profundas. No
existe «ortodoxia póblica»: la verdad
se ha sustituido por la opinión, la razón por el su&agio.
La liberación de la juventud.
Naturalmente no podemos dejar de citar
la liberación de la
juventud. El cambio constante que se experimenta en la socie­
dad actual es tan vertiginoso, que padres e hijos no encuentran
un mundo espiritual
ni de valores que compartir. La juventud
se interpreta como una cualidad de la persona y se utiliza como
bandera y
como instrumento de lucha. Mediante la demagogia
se halaga sin cesar a la juventud, como «generación oprimida»
y
se llega a creer en cierto mesianismo de la juventud. Lo joven
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y lo nuevo, se erigen como valor supremo. Ante este «conflicto
generacional»,
algunos padres estiman la superioridad de la ju­
ventud y se empeñan ridículamente en mantenerse al día, pro­
curando hacerse perdonar
k edad y la paternidad.
Y
en este sentido podríamos ir descubriendo sucesivas libe­
raciones, moral, ideológica, de clase, religiosa, etc., es decir, libe­
ración en todos los
ámbitos de la vida del hombre.
La solidaridad restaUl"adora.
Frente a todas las liberaciones que destruyen nuestra socie­
dad -,ya que se fundamentan en la envidia, la soberbia, el odio,
la pereza, el egoísmo, la avaricia, la lujuria y la
codicia-, hay que
oponer la caridad y el amor; es decir, la solidaridad, encaminada
· sobre todo a crear vínculos entre los hombres. Estos lazos de
amor invisibles y
que enriquecen al individuo uinéndolo con
los demás:
«-:Porque el hombre --cada hombre--es esa serie
de lazos. que él mismo -en buena parte--ha trabado con las
cosas: todo aquello que considera como suyo y sin lo cual
su
vida carecería para el mismo de sentido hasta reconocerla como
impensable. Su ser no es pura naturaleza potencial, ni consiste
sólo en
su meras disposiciones nativas o hereditarias aunque
sea también eso. En tanto que hombre individualizado, actual,
írrepatible,
se ha forjado en una misteriosa relación con cuanto
le ha redeado en cuyo círculo ha ejercido su capacidad de entre­
ga y apropiación» ( 8 ).
El . ser humano está continúamente llamado a vincularse res­
ponsablemente a otras cosas en
su dinamismo perfectivo; esta
tendencia hacia la perfección
no tiene término ni cortapisas, y
en la medida que aumenta
la vinculación del hombre con Dios,
éste hombre
se reallia libre y plenamente en la verdad; ·
Porque «hacer libre a un hombre no consiste en desasirle
de
su propia labor --de los lazos de su mundo-, sino de conseguir
que trabaje en
lo que ama, o que ame aquello que realiza. Los
(8) RAFAEL GAMBRA, op. cit., pág. 132.
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hombres libres no son aquellos que flotan indiferentes o desa­
sidos de cuanto les reodea, sino )os que logran construir un
mundo
suyo, aunque no trascienda de su vida interior... El
hombre más dueño de si y de su mundo y con mayal.' persona­
lidad
es también el más ligado y · obligado a ese mundo propio,
porque
los lazos . que con él le unen son más firmes · y exigen­
tes» (9).
Y es que frente a este hombre liberado y ego!sra, incapaz
del compromiso, existe el hombre solidario, sin
miedo a la liber­
tad y responsabilidad, que hace de su libertad un servicio y que
desea ante todo comprometerse, que sale ele sí para entregarse.
a una obra en común.
La Solidaridad pretende unir y dar coherencia a las piezas
de ese rompecabezas que· es la sociedad actual acos.ada por las
liberaciones. El mundo
de hoy tiene una gran necesidad de hombres, ins­
tituciones y estructuras solidarias, que con su caridad y respon­
sabilidad permitan
al hombre vivir en una sociedad armónica,
en la cual debe · exi,stir ante todo una comunión profunda de
fe de anhelos y emociones.
Por ello todos tenemos
el compromiso de trabajar en esa
gran tarea que espera a los hombres y mujeres solidarios.
Asumiendo el
espíritu de esta hermosa oración:
«Hazme, Señor, instrumento
de tu paz:
Que donde
haya odio, ponga yo el amor.
Donde haya ofensa, ponga el perdón.
Donde hay discordia, ponga la unión.
Donde haya error, ponga
la verdad.
Donde
haya duda, ponga la fe».
Y que bien podríamos
finilizar con lo . siguiente:
Donde
se ha destruido con liberación,
Restauremos
con solidaridad.
(9) RAFAEL GAMBRA, op. cit., pág. 133,
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