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1985

La verdadera liberación

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1985
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La opción preferencial por los pobres y otros temas a la luz de la filosofía del profesor Sciacca

LA OPCION PREFERENCIAL POR LOS POBRES
Y OTROS TEMAS .A LA LUZ DE LA FILOSOFIA
DEL PROFESOR SCIACCA
POR
NARCISO JUANOLA SOLER
Recuerdos del profesor Sciacca.
El 24 de febrero de 1975 M .. F. Sciacca entregaba su alma
a Dios. Conmemoranios, pues, el décimo aniversario de su muer­
te, que sentí profundamente. En aquellos días empezaba a re­
dactar lo que más tarde sería mi tesis doctoral sobre el pensa­
miento filosófico del profesor
Sciacca. No tuve la satisfacción de
poder estrechar
su mano, ni de oir directamente sus palabras.
Pero
sus obras han dejado una profunda huella en mi espíritu.
Viene a
mi memoria en estos momentos la persona del
P. Juan Roig Gironella, amigo personal
de M. F. Sciacca, uno
de mis «maestros» extrauniversitarios, que
al hablarme de Sciacca
me decía que era «un .hombre de ebullición interior». Desgracia'
le gustaría decir
al profesor Sciacca, dejándonos el 10 de abril
de 1982. El P. Roig Gironella
había trabado una honda amistad
con el profesor
Sciacca y le habla invitado varias veces a hablar
en el Instituto Filosófico Balmesiana de Barcelona. Fruto de
estos contactos, Sciacca pronunci6 en. Barcelona las siguientes
conferencias. «La ctisi della civilta como fuga dalla verita» (20-
X-49); «Antiumanesimo dell'umanesimo atea»
(18-III-52); «Ci·
vilta e tecnica» {15-IV-53 ); «El terror de estar vivos y el .sen­
tido de lo cotidiano» (23-IV-58); «La crisi della cosciern:a reli­
giosa europea» (13-XII-60); «La transformazione del sacro in
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NARCISO JUANOLA SOLER
Feuerbach» ( 16-III-62); «El mensaje social del Evangelio» (20-
III-65); «Un laico ante la teología» (29-V-70).
El 16 de marzo de 1972, habló de «La tarea del filósofo en
la hora presente», cuando la Universidad de Barcelona le
invistió
como Doctor «Honoris causa».
Su disertación de investidura se centró en la demarcación
filosófica y la repercusión del «nominalismo del
discurso», ca­
racterizado por la búsqueda exasperada de los diversos signifi­
cados de
los términos, que «corren hacia la nada de significado
o hacia
el todo insignificante», ocasionando la pérdida total de
los contenidos,
de cualquier contenido objetivo y sustancial. Así,
dijo el profesor
Sciacca, se pierde el sentido propio de las pa-·
labras, es decir,. el sentido analógico de las mismas, siendo. usá­
das constantemente en formas impropias y sustitutivas. Ello,
obviamente, ocurre con
la palabra «liberación», tema oentri!I de
esta Reunión
de amigos de la Ciudad Católica.
Sciacca, en el Discutsci de Investidura como Doctor «Honoris
causa» por la Univetsidad de Barcelona, sostuvo
la imperiosa
necesidad
de «restituir al pensamiento su objetividad», que no
es otra que e¡. ser que lo constituye, fundamento de todo saber.
Hoy en día
se tiene el prurito de racionalizarlo todo, «desde las
coles a la cría de pollos, hasta la moral y la religión», lo cual,
dijo Sciacca, no conduce sino a la «barbarie civilizada» y a una
felicidad mediocre.
El imperio de la razón, entendida como i!lgo
funcional y operativo, despoja al hombre de cualquier razón de
existir;
·dispone al máximo de medios, pero carece de un solo
motivo que haga sigoificante la existencia humana. Ello, a la
corta o a la larga, conduce al hombre a la desesperación, a la
indiferencia,
· al suicidio, a la corrupción placentera que, en vez
de hacer mejor al hombre, 16 hace elogiable, en medio de mu­
tuas alabanzas, y lo conduce · a la muerte. Sciacca exclamaba:
¡Hay
que ser razonables, no sólo racionales! Es decir, hay ·que
ser comprensivós, buenos, libres, porque ser razonable es hacét
un
uso cristiano de la raz6n. El mejor modo de ser amigos de
los hombres
es el decirles la verdad, su verdad, la verdad común
a todos,
la verdad que nos hace amigos y hermanos. Esa verdad
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LA OPCION PREFERENCIAL POR WS POBRES
hay que gritarla, más aún hoy día. Y como dijo en Barcelona
ú profesor siciliano, hay que -decirla ... aunque no la quieran .oir.
En 1968, al cumplir Sciacca 60 años, la Revista Espíritu,
fundada por el P. Juan Roig Gironella, le dedicó un número
extraordinario
como homenaje (17-1968, 11úm. 57). En dicho nú­
mero, el P. Roig hace notar las profundas concomitancias \'Dtre
Balmes y Sciacca: ambos mantuvieron en su tarea filosófica un
afán de totalidad, de integridad; Is, necesidad de utilizar una
lógica que abarcara
al hombre entero, de modo que se prefiera
una bota de Don Quijote a un cerebro electrónico;
la importan­
cia de no separarse de la religión católica o de afirmar el. fin
sobrenatural del hombre, porque de lo contrario, se carece de
refugio y se niega la dignidad el ser humano.
El P.
Roig veía en Sciacca a un pensadm: influenciado por
la
neoescolástici italiana; por Dostoyevsky, Pirandello, etc.; un·
hombre que atravesó el inmanentismo y que adquirió conciencia
de que si
se niega a Dios, todo es nada; un hombre metafísico
de la experiencia interior; un hombre que fue · descubriendo,
como él dijo en
el teatro San Carlos de Nápoles el 22 de abril
de 1974,
el sentido íntimo de Santo Tomás de Aquino y su
filosofía del ser.
L LmERTÁD Y LIBERACIÓN.
l. La libertad.
La · palabra «libertad» · se entiende hoy día como liberación
de
la necesidad. Así, en un sentido negativo, la libertad sería ia
cesación de la necesidad; en un sentido positivo, la considera­
ción del placer que obtengo al satisfacerla. Desde otro
ángulo,
para conseguir este tipo de libertad, sólo se busca la mayor can•
tidad de bienes (productos), no obstante ser esta tarea indefi­
nida, como la misma cantidad. Es la libertad del hombre J:,ioló­
gico y de la razón técnica, que sólo se preocupa de la producción­
distribución
de los bienes económicos.
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NARCISO JUANOLA SOLER
Pero la liberación económica ni es ni da la libertad espiritual.
A
lo máximo que puede aspirar es a ser una condición de dicha
lihertad interior de la persona humana.
La lihettad deriva de sí misma. Sólo en el espíritu tiene ella
sentido. Esta es la razón de por qué el marxismo ofende
·al pro­
letariado. La lihertad no se puede producir: o es moral o no
es ni siquiera libertad.
La moral marxista se identifica con la economía socialista.
Una acción huena lo
es por ser una acción económicamente pro­
ductiva, el resultado
de un plan económico, la resultante de un
proceso histórico que, bajo el· lema del altruísmo y de la utili­
dad, cree que
el hombre se actúa plenamente, totalmente, en
lo económico: un egoísmo
de todos con todos que, al fin y · al
tobo, adopta una visión materialista del hombre, puesto que son
las
cosas materiales mismas las que acabM-por dominarlo.
·. Ahora bien, o se es libre en el cumplimiento · de la ley moi
ral o
ya nada hará libre ,¡' un solo hombre. El marxismo no
reconoce,
ni puede haceclo, una libertad esencial . al hombre, ya
que la considetá, como ya hemos. dicho, una mera resultante de
lo económico, porque es un meco dato y ya no tiene un signi:
ficado personal e interior. El marxismo no puede responder a
un nivel profundo, humano, a la pregunta, ¿por qué soy libre?
¿Para quién soy libre? Liberar, hablando con toda propiedad,
sólo puede ser una obra
integral del hombre, o sea, efectuada
a la altura del espíritu.
El marxismo," inmanentista, entiende el humanismo Como
conquista del mundo. En esto coinciden tanto la libertad libe­
ral.
como la libertad marxista. Así, tan marxista es la burguesía
liberal, como burgués el proletariado.
En uno y otro nos encon'•
tramos con que Sísifo apuesta por sí mismo una y otra vez. De
esta forma, nadie
se siente pobre en el espíritu para con el mun­
do y rico en el mismo espíritu; lo único que puede hacet posi0
ble una actuación integral de la ley moral.
· La riqueza y el bienestar sólo son instrumentos, medios,
condiciones para conservar la vida, para hacer
más fácil y rápida
la adquisición de una vida virtuosa,
la consecución de la pro-
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LA OPCION PREFERENCIAL POR LOS POBRES
pia perfección natural. El bien económico es sólo un instru­
mento de · la virtud, una condición del · ejercicio de la libertad,
que debe situarse dentro del complejo problema del hombre
y
en el. interior de la unidad concreta del espíritu; . de lo contra­
rio, como Sísifo,
al final sólo puede hallar cierra, fango, de la
cuna a la
.tumba.
2. La liberación. ·
La «liberación» contiene dos elementos: uno humano-natu­
ral
y otro divino-sobrenatural. El primero supone la supresión
de
las causas del sufrimiento, el segundo, la liberación del pe­
cado y la. regeneración del hombre por la gtacia, acontecimiento
origioal
y personal, que tiene como consecuencia aquél. Si la
liberación del pecado, la liberación radical, no comporta por sí
misma la liberación humano-natural, ésta no se eleva de suyo,
por sus propias fuerzas, al. nivel sobrenatural.
La dimensión escatológica de la existencia humana implica
una plenitud liberadora en potencia en tanto en cuanto dicha
plenitud no
es ni puede realizarse dentro de la historia. La es­
peranza que manifiesta la dimensión escatológica de la persona
humana
es extrahistórica, si bien puede recaer en la esclavitud
porque en este mundo siempre permanecen las
consecuencias del
pecado.
Por otra parte,
la mencionada dimensión escatológica impli-.
ca una liberación en acto, puesto que Cristo nos ha abierto las
puertas del cielo y nos ha liberado del temor
al sufrimiento.
Por todo
lo dicho, se comprende que la caridad cristiana sea
muy superior al humanitarismo o a la beneficiencia. En efecto,
conlleva
el primado, ante todo, de las personas, en correspon­
dencia con
su dignidad. En segundo lugar, en base a lo ya dicho,
rechaza tanto
el odio cómo la violencia. En tercer lugar, la op­
ción preferencial por los .Pobres no puede ser ni exclusiva ni
excluyente.
En cuarto lugar, contempla al hombre tanto en su
vocación terrena y et~ma, rechazando aquellos sistemas que anu~
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NARCISO J!lANOLA SOLER
la¡, la libertad o someteo el hombre al ateísmo. Por último,
entiende que la liberación fundamental es
la .liberación del pe­
cado y del mal moral ( el pecado social sería la consecueocia de
ambos). En definitiva,
la penitencia cristiana se opone a la veo0
ganza o a la conciencia de clase.
11. LA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES.
La ,opción según la "teología de la liberación",
Su crítica a la concepción de la. verdad va a la par con la afir­
mación de lá violeocia necesaria, con el amoralismo político y con
la dialéctica de la lucha
de clases. La verdad es aquello que resulta
probado por una
pr>IXis históricameote eficaz. El actuar de acuer­
do
con la naturale2a humana. se vuelve, .pues, un-hacer: la produc'
ción de un resultado históricamente eficaz. Obviamente, una
gnoseología práxica conduce a una ética
de· la eficacia y, por lo
tanto, fuera del cristianismo. Así
se justifica la viole.ricia · eo
cuanto eficaz,
se historiza la moral eo la lucha de clases y se
mantieoe una dialéctica de clases que se ponen eo cuanto. se
oponeo. El pobre es ideotificado con el que lucha, sin que baste
la condición de. oprimido. En efecto, es necesario para liberarse
estar eo lucha contra. la opresión.
Los pobres, por lo tanto, serían
los únicos portadores del Evangelio cuando lucharan por su
liberación, siendo entonces la palabra activa de Dios en la His­
toria. El pobre,
sin, interés ideológico-político no form« parte
del pueblo liberador, ·
al igual que las personas que son pobres
por la opresión del sistema social marxista: no eotran en
la ca­
tegoría del pobre-proletario.
Como podemos ver, pues, la clase se torna un elemento for­
mal-metafísico y mítico, la universalidad negativa y concreta: la
nadá social del proletariado. Todo ello supone la historización
de los preceptos morales, la traducción de los mismos en pautas
instrumemales de eficacia histórica, la historizaci6n de las pro­
mesas evangélicas de vida eterna transfiriéndolas al futuro his­
tórico de la humanidad:
la utopía histórica y mundana, el mo-
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LA OPCION PREFERENCIAL POR LOS POBRES
nismo histórico, el historicismo. Aquí ya no existe ninguna dis­
tinción entre historia de la salvación e historia profana. Está ya
no está cristificada, sino que la lucha por una sociedad más jus­
ta es salvífica por sí misma: la autocreación del hombre en la
historia. El Dios
0para-nosotros en cuanto histórico, el Dios que
hace historia en el sentido hegeliano de
· la palabra.
Por todo lo dicho
se ve claramente que no se llegaría al
Reino de Dios por la fe y la pertenencia a la Iglesia, sino por
el mero cambio estructural y el compromiso socio-político. De
nuevo nos encontramos con las viejas ideas de progreso, reino
de la justicia, sociedad sin clases, etc. Todas ellas suponen libe­
raciones múltiples, temporales y sectoriales, jamás implican una
liberación completa e integral de todo el hombre. Por la sola
prevención de un mal uso de las verllades cristianas; no
es justo
acsllarlas, omitirlas o desecharlas.
Estas liberaciones parciales o sectoriales entienden al pobre
como un
a priori del cristianismo, como su fundamento y su
raz6n de ser; como la condición de posibilidad para que el evan­
gelizador pueda llegar a tener contenidos cristianos que ofrecer.
La misma lucha entre el pecado y la gracia, entre
el bien y el
mal, serían la expresión moral de la lucha
de clases y del en­
frentamiento político a los que se reduciría. En definitiva, nos
encontramos ante
la mezcla de las tesis marxistas con las in­
terpretaciones protestantes racionalistas: una lectura del Evan­
gelio
segón la última moda. Dicha actitud no se da cuenta de
que la humildad de corazón no
signífica cohonestar la pobreza
material ni adormecer el esfuerzo para superarla; no se
da cuen­
ta de que el proletariado no es sin más una categoría econó­
mico-social; no se da cuenta de que está en la línea de un nuevo
mesianismo neojudaico, del milenarismo, de la idea ilustrada de
progreso· que arranca de Bacon, pasa por el movimientó ilustra­
do ( enciclopedistas, Condorcet, etc.),
se potencia por Kant y
llega a su culmen en Hegel y Comte, así como en Marx.
La opción preferencial por los pobres no es una opción ex­
clusiva. Si lo fuera, habría un elemento no cristiano que se
introduciría en ella, al negar la universalidad del amor. Por

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NARCISO JUANOLA SOLER
ello, la opción de la teolog!a de la liberación supone una forma
de leer el Evangelio que invierte su contenido hacia
un mensaje
meramente terrestre: -no es . un error parcial, ni una aplicación
incorrecta, sino un error glob,,l de una nueva lectura del Evan­
gelio. Esta relectura conlleva una subversión del concepto
de
verdad y la violencia necesaria. En verdad, la opción de clase
no puede identificarse
con la opción preferencial por los pobres,
como
tampoco puede releerse el Evangelio desde unas bases ma­
terialistas. Al contrario, hay que atenerse a la verd.,d completa
sobre el hombre, a una liberación sin reduccionismos desde la
escucha atenta de la palabra. de Dios, no desde una relectura
de la
misma. En una palabra, hay que presentar la verdad in­
tegral sobre Jesuctisto, sobre la Iglesia y sobre el hombre.
La
opción. por el pobre es una opción por el proletaria­
do, por la clase proletaria. Este y otros elementos
mands­
tas adulteran la aplicación de la doctrina de Jesucristo sobre
exigencias divinas en tomo a la
economía y la política. La acción
revolucionaria que está en la base de la teología de la libera­
ción es el cuestionamiento de un tipo de .inteligencia de la fe,
una
reflexión en y sobre la praxis histórica, en y sobre la praxis
liberadora.
La teología de la liberación propone una nueva in­
teligencia de la fe, una nueva fonna de hacet teología desde el
compromiso de la lucha de clases. No se rrata
de elaborar nue­
vos aspectos de la ética social cristiana, sino de una nueva her­
menéutica de la
fe que altera la teología en sus fundamentos,
así como todas las formas de la vida eclesial. La teología de la
liberación propone una comprensión de la palabra divina desde
una concreta
situación, invirtiendo la relación teoría-praxis y
subvirtiendo el concepto
de verdad. Para ella, sólo quien par­
ticipe en el combate puede hacer un análisis ccrrecto (la con­
ciencia verdadera
es una conciencia partidaria). El punto de
partida
es la praxis y en ésta se verifica la validez de la nueva
relectura del Evangelio. · En definitiva, sólo hay verdad en y
por la praxis partidaria, en y por el compromiso y la participa­
ción activa
en· la lucha de clases. Al fin y al cabo, la verdad se
hace y todo depende de
la ortodoxia de la ortopraxis. Por ello,
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LA OPCION PREFERENCIAL POR LOS POBRES
se considera que una fe ahistórica no es revolucionaria y que
el Evangelio debe interpretarse políticamente.
Los movimietos de la teología de la liberación, _con su her­
menéutica política del Evangelio
no .hacen sino negar el valor
salvífico universal de la muerte de Cristo, la economía de
la
Redención y la sacramentalidad de la Iglesia.
La única liberación integral es la de las esclavitudes, de las
injusticias sociales, del pecado personal.
La única liberación su­
pone la presentación de la verdad sobre Jesucristo, sobre el
hombre y sobre· la Iglesia. Para ello hace falta predicar todo
el Evangelio completo, sin perder su misión de trascendencia.
Se trata de una liberación por encima de la política, de una
predicación caritativa y misericordiosa; clara, sin -mezclas ideo­
lógicas, con amplitud de miras, serena, etc. Todo ello para que
no
sea un juguete de la mera praxis. De ahí que el problema
no estribe en encontrar una praxis
eficaz, sino en saber cuál es
la libertad anunciada en el Evangelio. No hay ortopraxis que
no esté fundada en una ortodoxia. El cristiano sabe que
es la
palabra de Dios la que ha des-,elado el sentido de la realidad
y del hombre. Sólo la verdad integral sobre Jesucristo, la Igle­
sia y el hombre son la clave para interpretar cristianamente
nuestra historia.
La misericordia.
La misericordia material, la caridad para con el cuerpo, la
asistencia, el mero dar la · túnica, sólo da lugar a un tipo de
cristianismo genérico e inferior, a un laicismo cómodo y en­
vilecido, a una seculariliación del cristianismo que se convierte
en un humanismo filantrópico que interpreta
la cuestión social
como mero bienestar económico.
La misericordia corporal debe ir acompañada y precedida
por la misericordia espiritual. Ello es
así en virtud de la uni6n
sustancial de cuerpo y alma en la naturaleza humana. Pero hay
más aún.
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NARCISO JUANOLA SOLER
La misericordia espiritual, considerada de una manera aisla­
da, puede dar lugar a un humanismo tibio, a la limosna del
viernes que, en el fondo, también ofendé
la dignidad del hom­
bre. Ello es así porque por encima de dicha misericordia se
sitúa la única misericordia que hace eficaz y santa, que da el
tono vital, que abre a una nueva dimensi6n, que redime, salva
y llena la misericordia espiritual humana: es la
misericordia
divina, un don sobrenatural.
La misericordia espiritual humana,
la caridad, calienta el
coraz6n, reparte humanidad y amor. Ella
es una necesidad del
hombre en cuanto tal, del hombre que
se encuentra muchas
veces con que la riqueza se identifica con la miseria ,y el poder
con
la mezquindad y · la aridez de coraz6n. Pero, , más que tener
misericordia,
cosa que parece aunar el amor con la fuerza y la
posible humillaci6n, hay que ser mis~ricordiosos. Ser misericor­
diosos no es, sin embargo, ser compasivos o tener piedad
.para
con los demás, sin hada más.
En efecto, la mera compasión no va más allá de sí mismo:
supone un desagrado por
la pena de otro, un dolor por el
sufrimiento de los demás. La persona que
es s6lo compasiva,
desearía no ver el dolor o
el sufrimiento para ahorrase la pena
que mueve a compasión.
La mera compasi6n puede degenerar
en
el. egoísmo y en la soberbia, en el desprecio. de los demás,
desconociendo su propia
miseria:. al creerse exento de la nece­
sidad de compasi6n, de piedad, de misericordia.
Por otra parte, identificar estrictamente
la misericordia es­
piritual o caridad con la piedad puede llevar a la actitud de la
persona que siente lástima por el otro, o sea, que s6lo indica
, la disposición a la misericordia.
Sólo la consideración de la misericordia divina da a la mi­
sericordia un sentido integral. En verdad, tan necesario es sentir
o dar misericordia, como recibirla. No s6lo
es buena e indis­
pensable la disposición a tener misericordia, a tener piedad por
el amor común entre personas, sino que además lo es el tener
la disposición para recibir misericordia, el reconocerse necesi'
tado de piedad.
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LA OPCION PREFERENCIAL_ POR LOS POBRES
Muy distinto de todo lo dicho es la piedad laica, el pater­
nalismo laico, un sentimiento ético
-desligado de la virtud de
la religión.
La beneficiencia que dicho sentimiento propugna
puede identificarse casi con la buena administración.
Su con­
miseración filantrópiea puede asemejarse a las buenas maneras
y a la protección.·
El ser capaces de dar y recibir misericordia es, pues,
la
fusión ele! amor y de la humildad fuera del sentimiento, o me­
jor, asumiendo el sentimiento y elevando al hombre. -Consiste
en una obra del
espíritu, o sólo en sentir _y estar despiertos;
en una obra hacia el espíritu que
se basa en la miseria de todos
y cada uno en
el ámbito espiritual. -
El amor y la misericordia nos llevan en su conjunción a la
justicia,
que no excluye el_ castigo; nos hace sentir la gracia
redentora del dolor y del sufrimiento, nos hace amar santamente
el dolor y
la muerte, nos hace amar la Cruz, nos hace aceptar
el mal activa y dinámicamente, resignada y alegremente.
III. Fn.osoFÍA socIAL.
La filosofía -actual no manifiesta ni plantea el problema
del hombre, sino que muestra un absurdo: quiere buscar el fin
último del hombre,
la felicidad, en el mundo, en un progreso
indefinido
de la humanidad.· Así, poco a poco, el hombre =
nuncia a su naturaleza y se hace indefinible; tendiendo a agotarse
en lo biológico,
sin considerar la diferencia específica del es­
pítitu, radicalmente diverso de lo orgánico. De este modo está
pronto el final de la historia,
ya que sólo el hombre, que es
espíritu, hace y tiene histúria. -
La filosofía social ya no se centra en el estudio de la so­
ciedad o comunión de personas, sino en la masa o amalgama
de individuos.
Ya no trata de cualificar o elevar intelectualmen­
te a las clases menos elevadas, sino
de descualificar y envilecer
los valores con vistas a lograr el nivel
más bajo de las pasiones
espontáneas,
los instintos vitales, los deseos animales, etc., de
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una humanidad no caracterizada como tal. El verdadero y fun­
damental problema es .el de buscar meramente el progreso téc­
nico-industrial, el incremento de los bienes de consumo, .el bienes­
tar social, subordinando a
.ello todo lo demás.
Lo peor del
caso es que en los países democráticos se prac­
tica
esa concepción economicista (materialista) de la vida y se
predica la opuesta, en virtud · de la libertad de poder servirse
aún, a manera
de coartada, de los valores espirituales, garanti­
zándose la libertad de ser impunemente hip6critas. Ocurre que
la libertad político-social no forma ecuaci6n por sí misma
con
la libertad espiritual.
Se ha olvidado que lo material-económico es una condición,
si
se quiere la primera, para el ejercicio de la actividad del es­
píritu. Esta sencilla consideración no se percibe con claridad en
Occidente, a excepción
del .catolicismo (no la catolicidad). La
· pérdida de los valores espirituales es un dato e,operimental, La
consideración .del progreso industrial productivo como fin de si
mismo en su señal, que denota la muerte de la verdad del hom­
bre y que da lugar, no al nacimiento del hombre nuevo, sino al
surgir del nuevo
animal, liberado del espíritu y perdido para la
humanidad. Es el ahogo del espíritu en el vientre.
El error materialista estriba en buscar · la solución del pro­
blema humano-social en la sola economía.
El problema del hom­
bre no es, en realidad, un problema estrictamente social, sino un
problema humano. Hay que plantear sus términos, no atendiendo
exclusivamente a las necesidades del cuerpo, sino atendiendo a
la dignidad del ser humano, entendiendo el mismo trabajo como
uno
de los valores espirituales básicos, es decir, entendiendo el
trabajo
como trabajo humano, como un, ejercicio de la libertad
y dignidad del hombre.
Occidente se encuentra en la actualidad en un estado
de
autolesión. Está perdiendo rápidamente lo que queda de la tra­
dición critico-científica
y humanística, al tiempo que la tradi­
ción religiosa.
Sólo prevalece el momento práctico-económico y
técnico-productivo de lo materialmente útil, dando al traste' con
la cultura europea, a
la que sólo se respeta de una manera for-
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LA OPCION PREFERENCIAL POR LOS POBRES
mal y convencional. La sustitución de la cultura humanística
por la especialización técnica así lo avala, reduciendo la educa­
ción a
mera instrucción técri.ico-profesional.
Europa está falta de fe en su tradición y no siente e) mundo
del trabajo con
el empeño con que lo siente, por ejemplo, el
régimen comunista que tiene el coraje de querer destruirla al
considerarla como un producto burgués: al menos su fanatismo
bárbaro
se ve respaldado por · una fe · en un ideal, aunque sea
erróneo. Europa significa la unión en
la distinción de las dos tradi­
ciones, la crítico-científica y la religiosa, Este
. es el único y ver­
dadero humanismo, el ensamblaje entre los valores naturales y
sobrenaturales, autónomos y no separados.
Pero incluso los valores
religiosos están hoy en crisis. No
el cristianismo católico, sino la cristiandad, que ya no sabe ser
cristiana porque ha renunciado al espíritu. La tradición religiosa
se ha perdido en el proceso de descristianización del mundo
cristiano, o bien
se ha degradado . en el· practicismo utilitarista,
o bien
se ha transformado en un puro fideísmo.
La tradición religiosa, basada en la consideración de que el
hombre, en cuanto tal,
está destinado a una finalidad superhis­
tórica
.Y supersocial, es decir, abierto al don de Ia,fe, todavía
sobrevive en
la cultura europea como verdad, mas nb como for­
ma de vida. Así, la cristiandad ha dejado de mirar al hombre
en su integridad
y, por lo tanto, no puede dar solución cum­
plida a los problemas ·económicos y sociales que se le plantean.
Sólo
el mismo espíritu y la misma libertad humanas pueden
hacer que los regímenes políticos
y las órdenes sociales sean
regímenes
y órdenes de libertad politica y social, no sólo for­
males, sino reales. Ambas necesidades no pueden darse por
de­
cretO-:ley desde los gobiernos burocratizados e irresponsables.
Ningún interés
es más acuciante que el_ de restablecer la digni­
dad de la persona humana en
el orden de la naturaleza, único
ámbito en
el que el espíritu tiene su papel insustituible.
Si se problematiza el hombre, se problematiza todo. Una
vez suprimidos Dios y el espíritu, la supresión de la dignidad
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del hombre llega por si misma. Esta es la responsabilidad del
laicismo, de toda corriente de pensamiento que prescinde
de la
tradición religiosa, que reduce la verdad cristiana a verdad ra­
cional y práctica, que resuel~e a Dios en la inmanencia, que
niega la verdad revelada, que
no admite nada que trascienda
al orden histórico-natural, que enseña a pensar y obrat como
si Dios no existiese o como si se identificase con un valor hu­
mano idealizado.
·
El racionalismo, la secularización, la historización de los va­
lores, el iluminismo ( autonomía del hombre frente a las supers­
ticiones religiosas), el agnosticismo, el inmanentismo (idealista
o positivista), etc.,
se maravillan de que Europa se haya hecho
escéptica y materialista, actitudes que ellos mismos
han hecho
posible.
La tradición crítico-científica ha cometido el gran error
de haber considerado que la tradición religiosa era un obstáculo
para ella. Con ello no ha hecho otra
cosa sino cavat su propia
fosa.
L,
El inmanentismo no es sino un pecado contra la razón mis­
ma. En efecto, al rebajar la verdad al plano de la finitud y del
tiempo, una
vez resuelto el ser en el devenir, ya nada se puede
salvar de la historia y del tiempo:
se ha perdido su fundamen­
to, el ser;
se ha hundido la verdad, la madre de la historia. Se
entiende, p"ues, que el inmanentismo haya tomado, o bien la
forma del materialismo histórico o la negación de todos los va­
lores humanos, en cuanto son considerados como meros produc­
tos de la evolución histórica y, por lo tanto, contingentes y
re­
lativos todos _ellos. Ah~ra ·bien, el marxismo mantiene aún -_una
fe (falsa), cosa que no ha hecho la otra actitud. Esta ha que­
dado sin
alma, mediocre, convencional y retórica, una vez ha
1Jerdido el optimismo, manifestando,
al menos, la crisis de sí
misma, tal como lo hacen los diversos existencialismos
y pro:
blematicismos, únicamente eficaces como momentos de crítica
negativa.
Se da, de este modo, una lucha impat entre el laicismo de
tipo iluminístico-decimonónico y
el laicismo marxista: el prime­
ro manifiesta la decadencia autodestructiva
y el segundo consti-
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LA OPCION PREFERENCIAL POR LOS POBRES
tuye la coherencia del inmanentismo en cuanto asume la histo­
ricidad del set
más radical, resolviendo todo en la praxis e
identificando el trabajo con el momento económico-social,
te­
niendo al menos algo que decir, aunque equivocado. Al fin y al
cabo, anibos manifiestan
el hundimiento del laicismo, del inma­
nentismo y del utopismo.
La única fuerza capaz de restaurar los valores humanos es
el catolicismo.
Sólo en
él tiene la palabra hombre un significado íntegro y
auténtico. La misma salvación de los valores de la tradición
crítico-científica reside en su colaboración con la tradición
· re­
ligiosa. No se trata de secularizar lo sacro, sino de elevar la
historia a su inteligibilidad plena, cosa que le
es otorgada por
las verdades reveladas, los mistetios de la fe, los únicos que
evidencian la historia y el hombre en su integralidad.
Para que
el catolicismo pueda vencer el proceso de descris­
tianización de la catolicidad y a las ideologías inmanentistas,
hace falta que cada uno de los creyentes sepa set (pensar
y vivir)
como tal. Es un problema de conversión interior. Sólo
"8Í podrá
acoger la instancia del marxismo y satisfacerla de una manera
integral (la justicia), incluso contra
el mismo materialismo, mar­
xista o angloamericano.
Lá catolicidad ha de entrar, por otra parte, en contacto con
el pensamiento laico, con los valores que han enriquecido la tra­
dición crítico-científica, evitando tanto
la mera información como
la mera refutación o acusación. Así, pues, una vez acogidos los
problemas crítico-científicos, hay que penetrarlos hasta
el fondo,
resolverlos críticamente, demostrando la positividad del pensa­
miento moderno, conquistado
y confirmado desde una perspec•
tiva metafísica que, obviamente, no puede ser la del inmanen­
tismo historicista o cientificista. De esta forma, las verdades
cristianas manifestarán su inagotable potencia
y su superhisto­
ricidad, su operatividad en cada situación histórica, como elemen­
tos esenciales de la única solución
verdadera, revelando otros
aspectos de su verdad fecunda e inagotable.
Está muy claro que no se salvan
los valores de la fe sin los
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NARCISO JUANOLA SOLER
de la razón. Precisamente, la pérdida de. lo primero es una con­
secuencia de la crisis de los principios y de las verdades huma­
nas ( crisis de
los fundamentos). Oicha crisis no se resuelve con
saltos hacia Dios, no desvalorizando los valores humanos (sobre
todo los racionales), tal
como hace el existencialismo, incluso
el llamado católico o sólo cristiano que, por desesperación,
se
refugia en la fe,· elegida sin motivo, de una manera absurda y
gratuita.
La ruptura de las dos tradiciones, la científica
y la religiosa,
ha dado lugar a
la actitad irracional del hombre que ha querido
ser Dios, o a
la del que se ha envilecido al nivel de cosa (ma­
teria, instrumentQ de produoción, etc.). Ambas actitodes unila­
terales
y reduocionistas han conducido a la pérdida de los va­
lores humanos y a la degradación de los pueblos. Así, Europa
ha asimilado la ·concepción materialista-económica
de la vida y
manifiesta una cultora antitética al verdadero espirito europeo.
El comunismo gobierna casi medio planeta, Asia
y Africa
manifiestan deseos de venganza, odio
y desprecio hada los blan­
cos europeos por su colonialismo material-económico, a excep­
ción de los valores de la tradición religiosa que les han trans­
mitido las misiones católicas. Para estos países, la civilización
· europea es la antítesis de los valores humanos más elementales
y señal de opresión. De ahí que el comunismo tenga el terreno
abonado
y utilice sus sentimientos de independencia y los cQlo­
nice desde otra dimensión expoliativa.
Quizá Europa deba morir históricamente para que, después
de la condena
y la expiación, rechazados el materialismo y el
escepticismo, pueda resurgir en una nueva vida su espirito in­
mortal, su verdad, que nunca morirá aunque parezca desaparecer
o naufragar.
El cristianisnio europeo.
Si el cristianismo es revelación, jamás podrá desaparecér. El
sovietismo o el americanismo sólo puede significar, no
el final
de. Ja civilización cristiana de Europa, sino la forma actoal de
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LA OPCION PREFERENCIAL POR LOS POBRES
esta civilización, quizá el eclipse momentáneo de sus valores y,
por consiguiente, un nuevo periodo de barbarie. Las civiliza­
ciones mueren en lo que rienen de caduco y no en lo que tienen
de eterno; mueren renaciendo en otra ciVilización. Este «morir
reviviendo», se dio en la civilización griega, que murió en la de
Roma y la romana en la medieval. Podrá morir una forma de
civilización, pero el cristianismo, mientras haya hombres, será
inmortal en todas las futuras formas de civilización.
Las verdades católicas, por el hecho de serlas, no son espa­
ñolas,· italianas o francesas: son patrimonio universal, dado por
Dios a los hombres de todo tiempo y lugar, aunque hayan sido
encarnadas por este o aquel pueblo.
De no ser así, se recae en
la confusión de nacionalismo y catolicismo, es decir, se acaba
identificando
la cansa de la verdad católica con los fines políti­
cos de una· nación. Dios, Cristo _y la IgleSia son suficientes para
la civilización católica; las formas políticas, aunque no sean ne­
gadoras o contrarias de los principios de la revelación, son indi­
ferentes. La civilización católica sólo tiene necesidad del ejército
de sus creyentes, empeñados en el apostolado y en la caridad.
El cristianismo no debe estar
al servicio de las instituciones. No
importa cuáles sean éstas; lo que importa
es que todas estén al
servicio de la persona humana, de
sus derechos con respecto .al
último fin que es la elevación del hombre y su salvación en Dios.
Frente a la tradición auténtica, la política es sólo un medio
..
El cristianismo no es una civilización, ni se agota en . una
forma particular de civilización cristiana. Tampoco presupone
esta o aquella civilización.
· A él no les es esencial ni siquiera
una determinada cultura. Sólo le
es esencial el hombre y su
orden natural.
Ninguna religión como
el cristia.nismo atribuye tanta positi­
vidad al mundo. No
va contra el progreso, porque consiste en
una santificación del trabajo del hombre. El mismo trabajo
es
un deber si va encaminado al mejoramiento del espíritu y· al
servicio de Dios.
Como progreso civil, tanto vale uno como otro.
Lo que hay
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NARCISO JUANOLA SOLER
que defender es la cultura occidental, que es tradición humanista
y religiosa. Estos son los valores cuya defensa exige el cristia­
nismo.
Si la civilización se haé:e fin de sí misma, deja de ser humana
y cristiana: pone
como fin necesario lo que s6lo es contigente.
Hay que imprimir
para si y para los demás el espiritu de
la tradici6n europea en el espíritu de civilizaci6n, de modo que,
sobre la base del progreso civil, se afirme la civilizaci6n del es­
píritu. Sólo así el europeo será sapiens, culto, elemento primario
de una nueva síntesis humana, de un momento ulterior y ver-.
daderamente progresivo de la historia de la humanidad. Ante
todo
es un problema individual: toda la cultura por si sola no
puede mejorar moralmente a un solo hombre ni hacerlo piadoso.
Resuelto esto,
se resuelven los problemas de la colectividad.
Colofón.
Hemos visto, bajo la inspiración de los escritos de M. F.
Sciacca, el significado de las palabras «libertad», «misericordia»,
«liberación»,
«cuestión social», «cristianismo», etc. Para finali­
zar esta breve exposición, me · perinito citar unos pellsamientos
del maestro siciliano que creo manifiestan lo que en vida fueron
sus más vivos deseos y ahora, tras «atravesar» el mundo y la
vida, habiendo alcanzado la casa de la verdad, son su más vivo
y existencial goce. As! nos decía Sciai:ca, así nos dice ...
«Un consejo, amigo mío: no.-tengas nunca a mano un
cestito. No hay en el mundo nada más molesto que un ces­
tito: no lo llenas riunca. Un cestito, ¡qué tentación! Em­
piezas echando en él la primera tontería y luego no sabes
qué cosa vale la pena de ser conservada realmente».
(El silencio y la palabra, XXIII)
Y en otro lugar, manifestando una poericidad exquisita, ha­
biendo adquirido la inteligencia del ser, su límite y, por lo tanto,
su rebasamiento, nos dice ...
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LA OPCION PREFERENCIAL POR LOS POBRES
«Viento, no pases. ¿Por qué. tanta prisa? Detente a
rozarme
el rostro. ¡Pero no es así! Que la ráfaga se detenga
sobre mi rostro.
Pasa.
Lluvia, no caigas, ¿por
. qué tanta prisa? Detente a
bañarme los ojos
y la frente. ¡ Pero no es así! Que sean
siempre
las mismas gotas.
Cae. Mar, no te agites. ¿Por qué no descansas? Detente a
cubrirme. ¡Pero no
es así! Que sea siempre la misma onda.
Onda que va, onda que viene.
Tiempo no corras. ¿Por qué tanta prisa? Detente. ¡Pero
no es así! Que pueda vivir un solo instante sin pasar.
Corre.
Día no combies. ¿Por qué tanta prisa? Detente. ¡Pero
no
es así! Detente un solo día de mi vida.
Cambia. Pero, ¿cuándo toda esta prisa
se cansará de cosq~­
llearme? ».
(El silencio y la palabra, XXVI)
Sin duda, la prisa
ya no hace mella en el ánimo de Sciacca.
Su vida se ha detenido en el tiempo, pero conrinúa en la eterni­
dad. Ya nada.pasa, cae, se agita, corre, cambia, para él. Ya .nada
le cosquillea el espíritu, porque ha alcanzado la felicidad y la
paz en la contemplación de la Suma Verdad que la conringencia
de todo lo mundano le señalaba, que su voluntad anhelaba y que
Dios ha colmado
... Y nosotros, es la prueba de la vida, todavía
sentimos algunas cosquillas ... ¿Hasta cuándo?
Sólo Dios lo sabe.
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