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La ley y la justicia

LA LEY Y LA JUSTICIA
La verdad, fundamento, madre y ley de la justicia
« ... Es menester tener _presente que el objetivo de etrla Investiga­
" ci6n no es /legdr a 11n coni,cimiimto c11alqfliera d, la verdad del
"hecho, sino alranzar la "certeza nwrdl", o sea, ese cono-timiento se­
,, guro que ".re apoya en la constancia de las leyes y coJ'tumbres que
"gobiernan la vida humana" (Pío XJI, alocución a la Sacra Rota
"Romana,
1 de octubre de 1942; AAS 34, 1942, 339, núm, 1), Esta
"certeza moral da garantias al ;11ez de haber desCNbierto la v.rdad
"del hecho. que debe ¡IIZgdr, es decir, la verdad fundamento, 'madre
"y
ley

de
;11mcia, que, por ello, le da seguridad de ¡,ad& ~por este
ntado-dictar una sentencia justa.»
JUAN. PABLO II: Alocución al tribunal de la
Sacra Rota Romana, 4 de
febrero de. 1980,
L'Osservatoré Romano. Edición semanal en len­
gua española, año XII, núm. 8 (582), domingo
24
de febrero de .1980.
La ley no ,puede prescindir de los valores morales. Sin ellos,
pierde su estabilidad
y autoridad moral y . apela, cada vez
más, a
la constricción y a la . .fuerza pública, o -bien a eludir
sus responsabilidades.
«Los Vdlores hutlldnos, los valorn morale.J, son el fundamento de
"lodo. La Ley no puede ¡,rescindir de ello, ni en los fines ni en los
"medios. Su 1111/onomía recta y 01'denatla es-intrínseca a la ley m()ral,
"en
la que, además, encuentra terreno fértil para su desarrollo diná­
"mico
y siitemático, CJ1 vez de freno re(# o reJ1tricci6n. Sabéis --y yo
"también lo sé- que es dificil definir al hombre en lo que consti­
"tttye · sn .ser permanente y stt tmiversd/iddd en el tiempo y e'n el es­
"pacio, por encima de !us ttsos y cufturt1! diferentes4 Es, asimismo,
"difícil trazar
los elementos insititttdonales que fdVorecen, el creci·
"miento
de la solidaridad humana, teniendo en cuenta, a la vez, la
"variedad
de conviccirmes del hombre y contando también con su
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"rreatividad, a fin de gar,mtiz,,,. t "se

debe
formdr y reformdr la consciencia, y en la q11e elle, p11ede
"act11áf'.
Pero la hiJ'loria del derecho m11e'stra cómo la ley Vd perdiendo
"s11 estabilidad y su atltoridad moral, y se ve tentade, ent1J11ces " apelar
"cada vez más " la constricción y
¡,. fuerza física o, por el contrario,
"a eludir sus responsabilidades
-sea en favor de lo, no-nacidos o
"de M estabilidad del mdlrimonio; o, a nivel internddonal, en Je, ay11da
"a poblaciones entert "de buscar la verdad
sobre

el
hombre y permite ser SO'bomado con
"alguna forma per¡11dicial
de rekitivismo.
»Búsqueda difícil
y que se hace a tientt " saria
de /a que el ¡urisk< puede prescindir menos que nadie.»
JUAN PABW Il: Alocución al Centro "Paz
en et mundo a través del derecho", el día 24
de

septiembre
de 1979, L'Ossérvatore Roma.­
no. Edición semanal en lengua española, año
XI, núm. 46 (568), domingo 18 de noviembre
de 1979.
Ninguna ley humana pnede legitimar una acción intrínseca­
mente inicu.a, y menos ~ponerla.
«No hay difposkión hum,ma que puede, legitimar una acción in­
"trJnsecamente inict1a, ni menos aún obligar ta nadie " consentir en
"ella. En efe'clo, la fey recibe su valor vinculante de la fllTil:ión q11e
"desempe!ia
-en fidelidad el Id ley d/vint$--al servicio del bien co­
"mún ,-y e.Jito es así,. e,-su vez, m lea medidta en que promueve el bien·
"esk "directo con
" sona en
sí, usurpándole el derecho ai vivir, el cristiano no puede
"dejar
de oponer su rechazo, cortés y firme tJ la vez, recordando lt "palabrt "a
Dios antes que a los hombres" ( Act. 5, 29 ).»
JUAN PABLO IT: Alocución el 26 de enero
de 1980 a la Asociación católica de auxiliares
médicos, L~Osservatore Romano. Edición se­
manal en lengua e,¡pañola, año XIT, núm. 16
(590),
domingo 20 de abril de 1980.
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La ley no debe ser connotación de lo que acontece, sino mo­
delo
de lo
que debe hacer.
« ... que la ley no debe ser mer" denotación de lo que acontt!ce,
"sino modelo y estimulo para lo que .se debe hacer.»
JUAN PABLO 11: Alocución al Centro feme­
nino italiano.el 7 de diciembre de 1979, L'Os­
servatore Romano. Edición semanal en lengua
española, año XII, núm. 6 (S80), domingo 10
de febrero
de 1980.
La fidelidad del juez a la ley requiere sabiduría para enten­
derla, ciencia para esclarecerla, celo para defenderla, pon­
derancia para interpretarla en su .espíritu, ponderación y
equidad cristiana para aplicarla.
«La fidelidad del ;«ez " I" ley debe llevar/e a hacerse uno con
"ella, de tal modo que pueda decirse con rtizón lo que escribí" M. T.
"Cicerón, et decir, 9_11e el ;11ez es Ia·misma. ley hablando: "magistra­
"rum Jegem esse loquentem" (De legibus, L. 3, n. 1, 2; ed, de la
"Assodation. G. Budé, París, 1959, pág. 82). Esta fidelidad será la
"que impulse al juez a adquirir
el conjuntr, de cualidades que nece­
" sita par" cumplir
los

otros
deberes re,p~clo de la ley: sabidar/a para
"entenderk,, ciencia para ese/Mecerla,
celo par" defender/", prudencia
"para interpretarla en s11 e,piritu más allá del
"nudus cortex verbo­
" mm", ponderación y equidad cristian" f>"r" ap/ic,.,fa.»
JUAN PABLO 11, Alocución al tribunal de la
Sacra Rota Romana, 4 de febrero de 1980,
L'Ossenlatore Romano. Bdicl6n semanal en len­
gua espaiíola, ailo XII, núm. 8 (S82), domingo
24 de

febrero de 1980.
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