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  • Índice

Propiedad y orden político

PROPIEDAD Y ORDEN POLITICO
POI!.
.EsTANISLAO CANTERO
SUMARIO: , Introducción.-I. PaoPIEDAD Y LIBERTAD: l. La libertad civil,·
2. La libertad polltfra; 3. La libertad civil, base de la libertad polltica,·
4. La propiedad Privada, condkión necesaria de la Jibertdd,' 5. La propie­
dad privada y la plenitud del (Jt'den fJatural.-lI. DESVIACIONES DEL ORDEN
POÚI'ICO: l. El capitalismo: La separación de la economía de Li. ética;
El
raciom.lismo; El individualismo y la supresi:ión de ios cuerpos inter­
medios; El intervencionismo;· Capitalismo y propiedad privada; La fic­
ción de la democracia. moder$. 2. El .rocialism.o: La utopía: de la dialéc­
tica al Gulag; El central~smo democrático; El poder: omnicomprensivo del
partido; De la superación de fa propiedad privada al totalitarismo. 3.
Conflue,rcia de ambos sistema.r.-III. CoNCLUSIÓN: Los cuerpos inter­
medios, esencia: del orden político.
Con frecuencia se nos presenta una disyuntiva ante dos concep­
ciones aparentemente antagónicas, siendo

necesario pronunciarse en
favor de
alguna de ellas y en contra de la otra; un planteamiento
de la cuestión según el
ruál, parece que no cabe ninguna opción di­
ferente de
esas dos que se proponen, tal como, por ejemplo, eouncia
el dilema Raymond Aron (1) : «Capitalismo contra socialismo o de­
mocracia contra despotismo

totalitario».
Pero
tal planteamiento no es válido. Y no es válido al menos
por dos razones: en primer lugar porque no es la única forma en
(1) Raymond Aron: En defensa de la libertad y de la EMrDfra liberal,
Al!gos-Verga.ra, Barcelona, 1977; pág. 200.
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EST ANISLAO CANTERO
que pw,de plantearse la cuestión, ya que cabe otra solución diferente
de
las dos, sin que desde luego sea una síntesis de ambas; en se­
gundo lugar, porque entre esas dos soluciones que se presentan como
irreconciliablemente antagónicas, no resulta haber
una oposición

total
y absoluta
respecto al desarrollo de

la vida
humana y de la libertad
del hombre. Y ello es así tanto en lo que se refiere al dilema capitalismo o
socia.Iismo, como al de democracia o

totalitarismo. Y
a ello funda­
mentalmente se va a referir esta exposición.
Y erumciemos, antes de continuar, que del mismo modo que en
ese
dHema que
se plantea se
liga el
capitalismo a la
democracia (
al
menos tal

como
ambos se presentan hoy) y el socialismo al totali­
tarismo, también la solución
a la

cuestión, liga el régimen de pro­
piedad privada
a la

organización social
y política por cuerpos in­
termedios.
l. _PROPIEDAD y LIBERTAD
l. La lib,,rtad, ci.,,;,J,
PJantear
el dilema anterior equivale

a plantearse el problema de
la
libertad en

relación con la propiedad
y el oroen político.
Podemos enteoder

por libertad
la facultad del hombre para diri­
girse
por sí
mismo hacia su perfección. Y si bien el hombre es siem­
pr~ _libre~ oomQ consecuencia de su ser racional, si siempre posee
libertad psicol6gica o libertad interior ( es decir, posee siempre li­
bertad
para ligarse al bien y evitar el mal, que ni siquiera la escla­
vitud destruye), puede carecer de
la libertad física

o
libertad exte­
~ior, que consiste en
la

posibilidad real
y efectiva de obrar por s!
mismo

eo
la vida social; facultad de obrar que ha de ser reconocida
por el ordeoamieoto jurídico, sin más prohibiciones o
mandatos que
los

que
resulteo del oroen social
natural en base
al bieo
común.
Cuando esta
libertaid existe se dice propiamente

que
el hombre es
libre en la
sociedad en

la
que vive.
l'.se obrar libre del hombre se ha ido concretando a lo largo de
la historia en una serie de facultades de obrar reales ; de
ese modo,
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
ese obrar libre da lugar a libertades concretas. Es decir, la libertad
del hombre uo

es un
mero poder obrar, una simple posibHidad, un
poder obrar en abstracto, sino que es también, y sobre todo, un obrat
real efectivo y duradero, que se plasma en realizaciones concretas (2),
Libertades concretas que son plasrnación de lo que el hombre
puede realmente

hacer
y en virtud de ello lo hoce efectivamente, .Li­
bertades
concretas que establecen los poderes reales del obrar humano,
Es

algo
que loo hombres de una generación poseen realmente en
virtud de la tradición recibida de las anteriores generaciones y que
por ella
han de transmitir a sus sucesores ( 3), y que se expresan a
través
de
tareas comunes, por medio de instituciones. Libertades con­
cretas que se encarnan en los cuerpas intermedios, es decir, en. toda
esa serie de grupos humanos
existentes entre el individuo y el listado,
y por medio de los cuales cada hombre ejercita y hoce realidad todas
sus facultades, todos

sus poderes.
El hombre, como ser concreto e histórico, vive así su libertad con
plenitud, desarrollada a través de los diversos cuerpos intermedios de
los que forma parte;
pero éstos no son solamente el marco o el ámbitQ
donde

desenvuelve su
libertad, sino

que,
además, le garantizan ,
el
ejercicio de suJibértad tanto

en el interior de
cada cuerpo intermedio,
como en su
proyección fuera de los mismos. Y ello porque las dis­
tintas esferas de actuación de
todos y cada uno de loo cuerpos inter­
medios constituyen la sociedad, lo que es la vida propia de un pueblo;
y esa vitalidad es el nwcimo freno a fa arbitrariedad del poder po­
lítico del Estado, cuyo poder se ve· frenado y limitado por todos
esos otros poderes
reales del cuerpo social, distribuidos entre todos
los
cuerpos intermedios (4).
(2) CTr. Francisco lllías de Tejada: «Libertad abstracta y 'libertades
concretas» en el volumen Contribuci6n al estudio de /01 c11erpo.r intermedior,
Speiro, Madcid, 1968; y el volumen Poder y libertad, Speiro, Madrid, 1970.
(3) Además de los autores ya clásicos del siglo xvm al XX, cfr. Marce!
de Corte: «Le radici della tradi.2:ioné e la causa del loro ina.ridimento», ·~ el
volumen La. memoria ston'i:a e la sua difesa., Volpe, Roma, '1978; y el vo­
lumen Revoluci6n, ConseNiaduri.rmo , y Tradición, Spe!i.ro, Madrid, 1975,
( 4) · Cfr. Michel Creuzet~ Los ~uerpos intermedios, Speiro, 2.! .ed., Ma ..
drid, 1977; Conlribueión al ... ; El m,miripio en la organiz«ión de la· sa#e-
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BST ANISLAO CANTERO
El poder pólitico, el Estado, tiene que reconocer esas libertades
concretas y esos cuerpos intermedioo en que aquéllas se plasman, con
los medios, las facultades y los poderes necesarios a cada uno de
ellos
para que puedan
·cumplir su fin propio; y ello porque es la
base social en que se asienta el· Estado. Su actuación consiste en coor­
dinarlos
según las

exigencias de su fin específico que es el bien
común. El principio de
suhsidiatiedad que

tiene que ser
escrupulooa­
mente. respetado, al igual que cumplido el principio de .totalidad, son
armoniosamente conjuntados por medio tlel principio del bien a,.,
mún (5).
2.
La libertaa politica
Ahora
bien, la libert•d exterior o física del hombre no se agota
en las libertades concretas pertenecientes a la esfera prima, al dere­
cho
privado; no concluye con
la Hbertad civil, sino que se extiende
también

a
la libertad política; la plenitud de la libertad incluye
también la participación en los asuntos públicos, en lo que afecta al
gobierno de la sociedad, al Estado.
Y ello, al menos, por dos
~azones: en
primer-
lugar, porque
el
poder
.pólltico, o

si se prefiere el
Estado, aunque
no
se confunde
con los diversos p,, seco
que

se imponga. desde
fuera, sino

culminación de la sociabilidad
dad, Spoiro, Madrid, 1971; ~uan Valle! de Goytisolo: Más sobre temas de
hoy, IV, VIII, .IX y XVII, Spoiro, Madrid, 1979; J. Valle! de Goytiso!o:
Datos y notm .robre el cambio de estructuras, S~, ~id, 197:i; pági­
nas 211-254; José F. Lorca Navarrete: Pluralt.imo, · t'egionalismo," munidf,a­
lismo, Universidad de Sevilla, Sevilla, 1978; el volumen Unidad-Unitarismo:
P)twalidad-Pl,mdismo, Speiro, MBdrid, 1975,
"O) Cfr. Santiago Ra:¡míre2: ·Pueblo y gobernantes al servkio del bien
común, Euramérica, Madrid, 1956; Hu.gres. Keraly: Prejt1Cio a la politica dé
Santo · Tomás de Aquino, Tradición, -México,- 1976; Victorino Rodríguez:
El Régimen Polltico, de· Santo Tomás de Aq11ino, Fuerza Nueva, Madrid,
1978; Juan Vallet de Goytisolo: Algo sobre temas de hoy, IV, Speiro-Madrid,
1972, y En torno al Derecho nal11ral, Sala, M'¡¡drid, 1973; Joharuies Messner:
Btitd soda!, palllica y enmómica a la luz del Derecho n4111f'al, Ria1ph, Ma­
drid, 1967.
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PROPIEDAD Y ORDEN POLITICO
humana, que constituye la sociedad perfecta, independiente, y que se
basta a sí misma, tal como advirtió Aristóteles,
y que tiene como fin
el bien común, según advirtió Santo Tomás, que es lo que buscan
los hombres al asociarse en diveisos grupos hasta formar dicha c;o­
munidad ( 6).
En segundo lugar, para asegurar la consecución del bien común
al que · se ordenan a.rmoniosa.mente los divenos bienes particulares,
sin que éstos desa¡,a=can o se limil!l:n indebidamente. Para ello es
na:esario que

los hombres que forman la
sociedad participen en
dicha tarea. La libertad política es también consecuencia del ser ra­
cional y social del hombre y necesidad para. u.na convivencia humana
en la que no exista un poder despótico que se imponga a la socie­
dad (7).
3. La Uberl!dd cwil, base de la libertad pcilím:a
Sin embargo, si observamos la realidad de la naturaleza humana
y la historia, vemos que los cuerpos intermedios tienen como fina­
lidad
conseguir lo

que los hombres por si solos no
pueden alcanzar;
para ello han de contar tanto con las libertades o faatltades inhe­
rentes a su naturaleza especifica, como con los medios necesarios para
ello.

Pnr consiguiente, los
cuerpos intermedios mi\s complejos o su­
periores respecto a
los mi\s sencillos y el Estado respecto a todos
ellos, han de

respetar
celosamente esas

libertades
y esos medios de
acción.
Los cuerpos intemiedfoo no anulan las libertades, 1liÍ las esferas
de
acción, ni los

fines de los hombres o de
otros cuerpos

intermedios
que los componen. Su finalidad es
alcanzar algo

más o algo dife-
( 6) No tiene esto na.da que ver con el pactismo del racionalismo y Ja
Ilustración-.· ar. Juán Vallet de Goytisolo: .Má.r sobre .... ; IX, y¡ «Los pacti-stas
del siglo xvn: Hobbes y Locke», en Verbo, núm. 119-120, noviembre-didem­
bre 1973.
(7) Cfr. Juon Valle! de Goytisolo: «La pa.ticipación del pueblo y la
democracia», en Verbo, núm. 161-162, enero-febrero 1978; Estanislao Can·
tero: «Características de la participación», en Verbo, núm. 155·156, mayo­
junio 1977.
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EST ANISLAO CANTERO
rente, para lo cual aquéllos no se basta.o.; jamás destruir o anular lo
que
ya es
posible conseguir.

Fines diversos entre los cuales
se en­
cuentra,
precisamente, la garantía y la protección de la libertad, ase·
gurada por
medio de las libertades concretas.
Por ello, las libertades políticas, so pena de resultar un sarcasmo,
tal como Joaquín Costa había observado (8), DO pueden ck,struir
ni eliminar las libertades civiles, ni la organización social por cuer­
pos intermedios que OOl!lStituye la expresión y la garantía de esas
libertades civiles; por
el contrario, las libertades políticas han de
ser el roodo eficaz de que las libertades civiles DO se vean supri­
midas,
atacadas o indebidamente restringidas por el poder político,
asegurando la actividad del F.stado en orden al bien común.
Las libertades civiles son primordiales para el hombre, si faltan
huelga hablar

de libertades políticas,
y cuando se afirmen éstas y
se nieguen aquéllas, nos encontraremos con el absurdo que ya ob­
servó Tocqueville (9); ¿libertad política, para qué? La falta de
libertades civiles entraña siempre

el
totalitarismo (10).
(8) «Piensan que el ~lo es ya rey y soberano, porque haJi puesto
en :sus -manos la papeleta. electoral: n~ lo creáis; mientras. no se reconozca,
además, al individuo y a la familia la. libertad dviil y al CO'Qjunto de. individuos
y . .fat;nilfas . .el derecho complementario de esa libertad, el derecho de estatuir
en forma de costumbres, aquella soberanía es un sarcasmo, representa el
derécho · de darse periódicamente un amo que "te dicte ley, que le imponga su
voluotad: la papeleta. electoral es el harapo de púrpura y el cetro de caña
con que se disfou:ó a Cristo de rey en el pretorio de Pilatos». Cfr. Juan
Vallet de Goytisolo: «La. libertad civil», en Contribución al ...
{9) . «Los pueblos dmloctáticos que han introducido la libertad en la
esfera política, al mismo tiempo _ que han acreoeritado el despotismo en {a
esfera. administrativa, han ·sido conducidos a. singularidades muy extrañas.
C~ando
hace falta ID.anejar los pequeños negocios, donde el simple buen
SJentido puede bastar; estiman a. los ciudadanos incapaces; y si se trata. del
gObiemo d~
todo cl Estado, confíall á estos ciudadanos inmensas prerrogativas»,
«es
difícil ·de concebir cómo hombres que han renunciado enteramente al
hábito · de dirigj.rse a sí

mismos,
podrán conseguir escoger bien

a
quliertes:
deban
conducirles», Afexis de Tocqueville', en De· la démocratie en Amérique,
Unión· Générale d'Ilclitions, cokcción 10/18, París, 1963, págs. 363-364; existe
tambi'én
una

selecci6n
en castellano publicada por Guadarram.a. ·
(10)

Cfr. Juao Vallet de
Goytisolo: N.á, ,obre ... , XVII.
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
La existencia de las libertades civiles y su reconocimiento pleno
por
parte del poder

político,
supon~ na:esariarnente la

existencia· de
un orden social natural por cuerpos intermedios en el que caJa. uno
de

ellos goce de la
suficiente autooomia, del suficiente poder

de ac­
tuación para cumplir sus fines propios.
Las libertades políticas, las · formas de participación política, son
susceptibles de rev
formas, asi como la
concreción de
la libertad

civil no ha de ser idéntica en todo tiempo y lugar, pero
siempre el orden político ha de tener
por base ese orden social por
cuerpos intermedios.

Lo que quiere decir que el orden político
debe
fundarse en la naturaleza de las cosas, en el orden natural insito por
Dios en la
creación, respetándolo y descubriéndolo por medio de la
observación. de la naturaleza, tienien riales, formales, eficientes y finales (11).
Como ya se
indicó, tanto el hombre como los dive!S06 cuerpos
intermedios, para lograr sus fillles propios han de contar con los
medios adecuados para ello. Y
entre esos medios hay
algunos que
resultan necesarios, imprescindibles, insustituibles
por otros, y cuya
falta
impide el

cumplimiento de
osos fines. Entre éstos se encuentra
la independencia económica, para lo cual es necesario la propiedad
privada. Decimos que somos libres
cuando no

dependemos de otros,
cuau­
do

por nosotros mismos
podemos realizar nu!eStro fin. Pero, entién­
dase bien, que en este sentido nadie es absolutamente libre, puesto
que nadie
se basta a sí mismo, razón por la cual la naturaleza del
hombre
es social,

lo que
hace que unos hombres dependan de otros,
y por esa interdependencia es posible la vida humana. Pero por ello
el hombre no deja de
ser libre. Las agrupaciones humanas, aunque
(11) CTr. Juan Vallet de Goytisolo: «Los pactistas del ... », Más sobre ... ,
I, II, y «Del legislar como legere al legislar como facere», en el voiumen
Contemplación y acción, Speiro, Madrid, 1975.
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EST ANISLAO CANTERO
sean necesarias, no por ello dejan de ser agrupaciones de hombres
libres.
Pues bien, para la libertad del hombre, para la existencia de una
sociedad de hombres libres, es imprescindible la propiedad privada.
Propiedad
privada que

significa fundamentalmente que los bienes
de los que el hombre
se sirve se

encuentran distribuidos entre per­
sonas concretas y entre los cuerpos intennedios, correspomliendo a
sus
titulares, los
propietarios, la
gestión
y disposición de los mismos.
Tanto los
hombres como

los
diversos cueqx,s intermedios nece­
sitan

independencia económica para poderse desarrollar,
para poder
ser ellos
mismos quienes ckcidan qué cosa van a hacer '/ cómo lo
van a efectuar. Sin esá independencia no habrá más remedio que
aceptar lo que imponga aquél
de quien se dependa. Por ello, la pro­
piedad

privada de los medios de producción es condición
neoesaria
de

la libertad. Y no
sólo porque la apropiación privada

de los bienes,
la pro­
piedad privada, se
fundamenta en

la libertad. del hombre,
.con lo
que
si se
suprime la

propiedad privada se elimina de raíz la libertad del
hombre, que en su ejercicio
posee las cosas como propias, sino porque
sin propiedad privada se elimina toda libertad. Es decir,
la supresión
de la propiedad privada no supone
tan solo la prohibición de poseer
las cosas como propias, no constituye solamente la falta de libertad
para apropiarse las
rosas, _no suprime

el
ejeicicio de
la libertad hu­
mana; tan .solo en ese sentido, sino que supone, necesaria e indefecti~ _
b!ernente, la pérdida de toda libertad. Como observa Joseph Hoff­
ner

(12},
«es una utopía

la afirmación de que el hombre puede
conservar la libertad personal, política
y religiosa aun después de
renunciar a
la. libertad

de sus decisiones económicas.
La libertad
es indivisible». Como indica Salieron
(13 ), «la propiedad es el so­
porte de la libertad»_
(12) Joseph Hfiffner: Problemas éticos_ de la fpoc~ industrial, Rialp,
Madrid, 1962, pág_ 12.
(13) Como señala Louis Salieron, «la propiedad es el soporte de la
libertad. Lo

es
naturalmefl.te, y en algun¡1 medida por deftinidión, en

el
sen­
tido de que pertnite el 'desarrollo · de la persona.. Lo es iostituciooalmente,
en

el
sentido de que el poder

del
Esta.do se

detiene
anté la propiedad de
la
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
Lo que es fácil de advertir, ya que si no existe propiedad pri­
vada es porque la propiedad de los bien.es de producción se atribuye
a la colectividad, representada por el Estado; la consecuencia más
inmediata de ello es que para cualquier actividad se clepeude del
Estado, Tan solo se podrá hacer lo que éste quiera y tal como quiera
que se realice. Lo que significa que el hombre no podrá proveer a
sus =esidades más elementales actuales y futuras. Todo el ámbito
personal, económico, educativo, médico, de vivienda:, etx:., dependerá
del poder del Estado. Con la wúón del poder polltico y el poder
económico

se
instaura el totalitarismo y

se
destruye la sociedad.

No
se
piense que

el Estado
respetará las demás libertades cuando su­
prime la libertad económica; nunca lo ha hecho. Y annqne así
fuera, haciéndose realidad la ntopía, no cabe duda· de que la sociedad
habría
perdido su · vida

propia y
el hombre

su
libertad, pues todo
habría que esperarlo
del Estado.
Lo que quiere decir que la propiedad privada, en este sentido,
por el solo hecho de su existencia; cumple ya nna función social
vital, aunque haya propietarios que no den la debida particiipación
en

el uso de
sus bienes
(14), aunque
existan abusns de derecho,
etcétera. Es decir,

aunque en el uso y
disfrute de los bienes deter­
minados
propietarins se

comporten
mal, esa propiedad cumple una
función social, al

impedir la
concentración . de la propiedad

en
la
única mano del Estado.
Es cierto que no es esa·
la única función social de la propiedad;
ni
siquiera
el concepto al cual se alude genéricamente cuando se
habla de su
función social,
pero no
por ello se debe prescindir de
un
aspecto tan fundamental de
la propiedad privada corno el men­
cionado, sobre el que ciertamente
hoy no
se
recapacita lo
suficiente.
persona. Lo ,es políticamente por el equilibrio. que establece entre las fuerzas
econó.triicas (sector de la prOpidad) y

las
del Estado (sector del poder)»,
en Diffuser la proprilté, Nouvelles éditions latines, col. Itinéraires, Parls,
1964, pág. 191.
(14) ·Sobre la distinción entre el derecho y su uso, cfr. Juan Vallet de
Goytisolo: «La propiedad en Santo Ton:iás de Aquino», Revista de Estudios
Políticos, núm. 195~196 (1974).
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EST ANISLAO CANTERO
Por consiguiente, si la propiedad privada es condición necesaria
de

la libertad, como
efectivamente lo
es, a una
mayor distribución
de la propiedad priva da sobre todo cuando se ha perdido su sometimiento a la ética y el in­
dividualismo preside su regulación, tiende a equipararse práctica­
mente a la
propiedad estatal; pero este

peligro puede evitarse con
un
o,den social y político basado en los cuerpos intermedios, que
asegura la
más justa distribución y difusión de la propiedad, lo que
permite que las
libertades concretas sean realidad.
No
se precisa una distribución de

la propiedad igual entre
los
hombres,
lo que, aparte de resultar utópico, s6lo es posible mediante
una
imposición y regulación totalitaria. El que la propiedad privada
sea condición necesaria de la libertad no

quiere decir que
todos los
hombres
posean las mismas cosas, que todos tengan lo mismo (16).
( 15) Omio observa Joseph Haffner, «la institución de la propiedad
privad~ llena su cooretido solamente cuando rodos los hombres, en la me­
dida de lo posible, tengan parte en ella. Esto no quiere decir de ningún modo
«igualitarismo» · ó «nivelación d.e la propiedad»... las relaciones de la pro­
piedad-son sanas, políti!cas y socialmente, cuando la amplia masa de la-po­
blación posea: tanto que no caiga en la dependencia económica de otras clases
o del Estado», advirtiendo que da suficiente procuración de los bienes de
consumo no basta de suyo; esto también lo pretende cada vez más el bol­
chevismo» (op. cit., pág. 88). De ahí que Johannes Messner afirme que el
fin que tiene que peneguir la reforma social «n0 es .el de lograr una simple
redistribución

de
la propiedad, sino el de sentar la posibilidad de una. for­
mación de propiedades privadas en favo.t de

los que de ellas
carecen» (Etica .. . ,
pág. 125,3).
(16) Tal como, por ejemplo, afirma Edwa.rd Hallet Ca.rr, para quien,
de acuerdo con Babeuf, «la libertad y· la igualdad de las democracias po­
líticas son un falso mito cuando no se ven complementadas con la libertad
y la igualdad económica», de tal modo que «nos es imperativo realizar el
suefio de Babeuf» (La nueva sociedad, Fondo de Cultura Económica, México,
1969, págs. '57 y '58). Para ello· no hay más solución que el sociaUsmo (op,
cit., págs. 56, 57, 80, Srl, etc.) ya que «si todos somos libres, todos somos-
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PR.OPIEDAD Y ORDEN POllTICO
Ello significaría identificar la libertad con la riqueu, de modo que
a mayor riqueza
mayor liberta.el -lo qu~ es

falso-, de donde sólo
hay un paso a exigir o a dictar las medidas oportunas para que la
riqueza, la propiedad, se distribuya igualitariamente entre todos,
para que

todos
sean igualmente libres. Lo que, aparte de eliminar
la

libertad de apropiación, implica una imposición totalitaria de la
distribución, la
cual lleva parejada la pérdida de la libertad econó­
mica en la sociedad, y, con ella, la pérdida de toda libertad.
La propiedad priva.da, y entiéndase bien que no se trata solo
de la
propiedad individual, sino también de

la propiedad de los
cuerpos
intermedios, es neoesaria para el

buen funcionamieoto de
la
sociedad (17). & condición necesaria, aunque no sea condición
suficiente. Y, por ser condición necesaria, el &tado está obligado
por razón de

bien común (18) a
proteger la

propiedad privada (19)
en todas sus formas y
manifestaciooes (20),

sin ponerle
trabas di-
iguales» (op. cit., pág. 148) porque «la libertad significa libertad para todos y,
por tanto, igualdad» (op. cit., pág. 149); es de señalar que él' mismo confiesa
que «el precio que hay que pagar para que todos sean 1ibres es re$tringir
parcialmente

la mayor libertad que
tienen otros» (op. cit., pág. 151). Así
pues, 1a nivelación, la igualdad, se consigue rasando por abajo, restringiendo
en lugar de

elevando,
iJo que lleva, a la postre, a la desaiparición de la
libertad
y también de la igualdad, como veremos al hablar del socialismo.
Sobre

la confusión
entre 1ibertad, igualdad:

y justicia,
dr. Juan -Vallet de
Goytisolo: Algo sobre temas de hoy, II, 2, 3, Si:,eiro, Madrid, 1972; Enrique
Zuleta Puceiro: «Justicia
e Igualdad», en el volumen La sociedttd a la deriva,
Speiro, Madrid, 19·77; Eugenio Vegas Lata.pie: «El mito del iguafüarismo»,
en el volumen Los milos «111ales, Speiro, Medrid, 196$11.
(17)

Cfr.
Louis SaJleron: Diff11ser la propriélé, N. E. L., París, 1964;
Juan Vallet de Goytisolo:
«La propiedad en Santo Tomás de Aquino», RE. P.,
núm. 195-196, y
Sociedad de masm y Derecho, Taurus, .Mladrid, 1969, pá­
ginas 311 y sigs.; Johannes Messner: Etica ... , págs, 1239 y sigs.
(18) Cfr. J. Messner: op. cit., págs. 583 y sigs .. , 974 y s-igs.
( 19) «El Estado está obli!!"do a proteger la propiedad privada, ya que
su misión primordial consiste en el establecimiento y la salvaguardia del orden
de libertad !iusnaturalista, y la propiedad privada es, como. hemos expuesto
-señala Messner-el sostén más poderoso de este orden», Etica ... , ,Pág. 12:51.
(

20) Así,
J. HOffoer distingue seis formas de propiedad fundamentales
que
el
Estado ha

de
proteger: el sueldo, lo que se
posee
en la casa, el ahorro
61,
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BSTANISLAO CANTERO
rectas o indirectas (21 ), que a plazo más o menos largo conducen
a su desaparición (22), y que uno de los mayores empeños de uua
sociedad libre, para que ésta sea realidad, sea la dif11Si6n de la pro­
piedad
(23 ).
Complemento necesario de la propiedad privada es el merca­
do (24) y la competencia (25), y la adecuada regulación de las
mismas,
para no caer ni en los errores del liberalismo ni en los de
la
planificación, a los que posteriormente nos referiremos. Con razón
Walter Eucken (26) afirmaba que la propiedad privada por sí misma
en sentido estricto, el derecho a los seguros sociales, la adquisición de una
casa propia. y la participación en la formación de capita1 económico (cfr.
op. cit., págs. 88 y sigs.).
Por su parte, Louis .Salieron -destaca la importancia de la propiedad oo~
lectiva.,
de lo& cuerpos intermedios, además de la propiedad individual, ya
que la. propiedad colectiva., en este sentido, es soporte de fas libertades co­
munitarias (Cfr. Six études sur la. propriété coll«live, Le Portula.n, París,
1947, pág. 199); de ahí su defensa de la doctrina corporativa. También Pierre
de Calan: Renttiuance des libertés-émnomiques et sociales, Pion, París, 1963,
págs. 33 y sigs.
(21)
Especial gravedad
e
im¡,ortanda reviste la política fiscal (J. HBf­
fner: op, cit., pág. 104¡ Vallet: Sociedad de ... , págs, 327 y sigs.), la infla­
ción (Vallet: op. tí/1, cit., págs. 489 y sigs.; «La. antítesis inflaci6n~justicia»,
en AlgfJ sobre ... , págs. 145 ·y sigs. y M.ás sohre ... , XX) y las transmisiones
hereditarias (Vallet: Limíta&iones de Derecho s,"esorio a la fac11/tad de
disponer, tomo· I, Lar legitimas, Instituto-Nacional de Estudios Jurídicos,
Madrid,
1974, págs. 12 a 56).
( 22) <:.omo observa H6ffner, «una ordenación social y económica que
reconociera sólo en teoría la prop,iedad privada, pero que la excluyera en
la realidad para sectores enteros de la población, sería falsa en su estructura
y arrojaría a los hoirnbres en manos del Estado de quien esperarían, sencilla.
mente, todo, pero · que acabaría por reducirlos a. la miseria. y a la esclavitud»
(op. di., pág. 112).
(23) Cfr. Louis Salieron: Di/f11se, la pro¡,riétl.
(24) «El mercado ~ el órgano esencial de la economía social», Mes.
sner, Btica.-.. , pág. 1131.
(25)
«La. competencia es un factor ordenador, esencial de la economía
social:_ la cooperación resulta de fa competencia.», Messner: Etica ... , pág. 1132.
(26) Walter Eucken: «El problema político de la ordenación», en el
volumen La economia de mercado, Sociedad de Estudios y Publicaciones,
tomo I, Madrid, 1963, pág. 70.
614
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
no basta, ya que «la significación de la propiedad privada es dife­
rente
según cual sea la ordenación plicando una auténtica propiedad privada una economía de mercado
y
viceversa (27).
La propiedad privada, por consiguiente, es la base de la libertad
civil; pero, como ya vimos, es necesario blmbién un régimen de
cuerpos intermedios, así como la libertad política, para que entre
la sociedad y el
Estado no exista un permanente conflicto ( resuelto
la

mayoría de las
veces en

favor del Estado, que elimina toda li­
bettad al identificarse con la sociedad, a la cual, por eso mismo,
destruye), sino una armonía plena.
La
propiedad privada ha siclo
defendida como requisito esen­
cial para la existencia de una · sociedad libre desde múltiples pers­
pectivas. Pero,
como advierte
Vallet de.
Goytisolo (28), todas aque­
llas

teorias que
furulamentan la

propiedad privada en un puro po­
sitivismo, ya sea legal (Hobbes,
Locke, Rousseau) o

sociológico
(Proudhon),
adolecen de

un error
fundamenta.!, originado pot un
análisis parcial, unilateral e inéompleto; de ese modo se niega la
existencia
de un

orden moral que el propietario deba
p,mplir, así
como
la existencia de un orden social y político que pueda en nin­
gún caso intervenir, exigiéndose un comportamiento determinado
al propietario, o, en su caso, interviniendo
determinados organismos
sociales

o incluso el Estado, lo que lleva
a afirmar
que el uso
y
disfrute de la propiedad privada, el poder de disposición y gestión
de los bienes, no
tiene límite alguno, pues depende en todo caso y
circunstancia de la voluntad del propietario.
Por ello, la
propiedad privada no

es .condición suficiente
para
la libertad y la existencia de una auténtica sociedad de hombres libres.
Y es que el problema no es ni mera ni
principalmente económico,
por

ello, como veremos al hablar del liberalismo,
tampoco aseguran
el mercado y la competencia, por sí mismos, el buen funcionamiento
(27) Cfr. Walter Eucken: op. rit., págs, 71-72.
(28) ar. Juan Vallet de Goytisolo: «La propiedad en Santo Tomás
de Aquino». pág. 60.
615
Fundaci\363n Speiro

EST ANISLAO CANTERO
de la propiedad privada y el orden social. Se requiere algo más, en
virtud de

lo
cual ese orden sea real y efectivo.
Ese algo más es precisamente ese orden social y político por cuer­
pos intermedios al que ya se hizo mención, con el que se da el mejor
uso posible de los
biem:s a
través de la
propiedad privada,
donde
a la
par que la existencia de unos deberes éticos que el pr!>pietario
debe cumplir, se da,

en caso de incumplimiento,
la intervención del
Estado, de acuerdo con el principio de subsidiariedad en orden al
bien común, de modo que esa intervención se limita en su a.parición
a aquellos casos en que «únicamente cuando el desorden que pro­
duzcan sea de

tal
grado que el bien común requiera su reglamenta­
ción o
corrección>>, tal

como indica Vallet de
Goytisolo (29).
Intervención

del Estado de acuerdo con
el principio de subsidia­
riedad,

que implica el
reconocimiento de

la existencia de los cuer­
pos intennedios y de las competencias de los mismos; competencia
de
· los
cuerpos
intermedios, que
según
cuáles sean,
les
corresponde
precisamente

la intervención en el
ámbito económico (29 bis), ob­
reniéndose de .ese modo el m.ejor funcionamiento de la propiedad
privada -<¡u.e ahora cwnplírá, además de la función social genérica
a

que antes se aludió, una función social
específica--del

mercado
y de la competencia, sin caer en los errores del liberalismo ecooómko,
ni

en
ll)S males
de la
planificsción.
II. DF.sVUCIONES DEL ORDEN POLÍTICO
Cuanto llevamos dicho no es hoy doctrina que, al menos en la
práctica, suscite muchas adhesiones. Hoy parece, como indicamos,
que no hay
más expectativa que capitalismo o socialismo y demo­
cracia
o totalitarismo.
(29) a,. Juan Vallet de Goytisolo: op, últ. ál,, págs. 93 y sigs.; Más
sobre ... , págs. 256 y sigs,.; «De la virtud de la justicia a lo justo jurídico»,
en En torno al Derecho natttrd!, Sala, Madr:i.d, 1973.
( 29 bis) ar. Jean Ousset y Michel Creuzet: El trabajo, Speiro, Madrid,
1964; Marcel dement: Le travail, Librairie Academique Perrin, París, 1962.
616
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD l'. ORDEN POLITICO
V amos ahora a ocupamos de ellas, refiriéndonos tanto a la pro­
piedad
como al orden político.
En
pmmer lugar, señalemoo que tanto el capitalismo como el
socialismo
y la democracia como el totalitarismo, tienen múltiples
puntos en
común en cuanto al

fuodaroento filosófico
de que parten,
lo que conduce con
frecuencia a consecuencias semejantes.' Suponen
la
ruptura con

un orden natural, al
cual se declara o bien infxistente
o

bien que no
podemos descubrirlo. Y frente a ese orden natural
se edifica
toda la vida humana, sobre

las concepciones
«ideales» que
el hombre se forja acerca de aquéllo que debe ser la sociedad, pero
sin una

naturaleza objetiva
y real de la que se pueda partir al tiem­
po que sirva para contrastar lo <¡ue se realiza (30). De ese modo,
en
lugar de sociedades naturales tenemos construcciones ideológicas
de

la sociedad; la realidad es
sustituida por la ideología (31).
La separación de la eeonomía de la étiea
Distingamos, en primer lugar, lo que se entiende por capita­
lismo.
Como observa Vallet de Goytisolo (32), «para unos, es sim­
plemente el régimen de propiedad privada de los medios de pro-
(30) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Má.r sobne ... , I y 11.
(3!1) Como indica Henrique Barrilaro Ruas (Ideo:lcgia, ensaio de aná.~
Use hi'.rtórica e cNtica, Biblioteca social e corporativa, Edi~ao da JUJ1ta da
Accao Social, Lisboa, s. f.), lo que carad:eriza a la ideólogía es «el totali­
tarismo de una idea» (pág. 83), «la pretensión de ordenar la sociedad según
un único principio, según tina sola idea, constituye la misma esencia de la.
ideología, entendida ésta en sentido estricto» (pág. 84); «el carácter más
íntimo de la ideología, está precisamente en ser una idea totalizada.. una parte
tomada como todo, algo relativo. elevado a absoluto. Toda ideología es tota­
litaria» (pág. 88) y «es característico de la ideología concebir y tratar a los
hombres como masa» (pág. 86).
Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Ideología, praxis y milo de la tecn.ocracia,
Montecorvo, 2.!! ed., Madrid. 1975. en es-pedal págs .. 19 a 43.
(32) Juan Vallet de Goytisolo: Dalos y notas sobre el cambio de es­
tructuras, Speiro, Madrid, 1972, pág. 5.
617
Fundaci\363n Speiro

ESTANISLAO CANTERO
ducción, que sus titulatres ponén en. acción, empleando trabajadores
asalariados
mediante

el
contrato de arrendamiento de servicios.
»Menos
lata'l]ente

se emplea
el oow:epto al aplicarlo restrictiva­
~te
dentro

de
la sociedad industrial, que los marxistas distingu¡,n
de la precapitalista, a la cual, dan.do un sentido despectivo a la pa­
labra, denominan feuda.l.
»Entre
los

seguidores de la llamada doctrina social de
la Iglesia
predominan

quienes, partiendo del
.primer concepto, centrado en

la
distinción entre
detentadores del

capital y prestadores del
trabajo
unidos por una relación laboral asalariada, han señalado que el
único aspecto

malo del
capitalismo es extrínseco al mismo,

pues
de­
riYa
del liberalismo económico, que considera el

provecho como fin
supremo,
d trabajo como mercancia, la ley de la aferta y la demanda,
como notma exdUSiVa».
De ahí que se haya indicado que uno de los errores del libera­
lismo
económico haya
sido la separación de la economía de la ética,
la independencia de aquélla respecto a ésta, como ha observado,
entre
otros, plWD lista Harold Laski (33) ; de ese modo, se convierte la moral econó­
mica en

un simple respeto de
las leyes de merc•do, como ha ad­
vertido el también
poco sospechoso Bdward Hallet Carr (34).
Y es que el problema hunde sus raíces en los siglos
anteriores,
con

la paulatina descristianización de la sociedad, y la disolución
de
la fe religiosa (35), sustituida por la fe en la economía (36) y en
el mito del progreso (37).
(33)· Cfr. Harold La.ski: El liberalirmo europeo, Fondo de Cultura Eco­
nómica. 3.!-reimpresión,

México,
1969, págs. 19 y sigs.
(34) Cfr. Edwá.rd Hallet Catt: La nueva socieáml, Fondo de Cultura
Económica, México, 1969, pág. 33. Se equivoca, sin embargo, -al sefialar las
razones

del
fracaso del

liberalismo, así como a
la hora de sefialar -las solu­
ciones frente al liberalismo, como tendremos ocasión de ver.
~35) Cfr. Harold Laski: op. rit., págs. 23 a 60.
(
36) Cfr. Alfrod Müller-Annack: El siglo sin Dios, Fondo de Cultura
Ec-0n6mica, México, 1968, págs. 223-224.
(37)

Cfr. Marie
Madeleine Martín: Les doctrines soda/.'es ,en. France
et fevol11tion de la société franraise Ju ·XVIII siede a nds jours, Du Con­
quistador, París, 1963, págs. 62 y. sigs.; Harold Laski: op. cit., pág. 118;
618
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
La economía, antes del capitalismo, en la Edad Media, se en­
contt>ba sujeta

a
la ética (38), de tal modo que, según advierte
Alfred
Müller-Annack (39), la ética económica del

tomismo era
una realidad;
el liberalismo se origina con la disolución de la sus­
tancia religiosa en las clases cultas ( 40), con lo que aJ transferir la
fe a la economía ( 41), la libertad ya no se regula por las convic­
ciones de la fe, sino por el juego del intercambio económico ( 42).
De
ahí la importancia de las convia:iones religiosas en la génesis y
desarrollo de los estilos económicos ( 43), y el que, como indicaba
Donoso Cortés ( 44), toda cuestión social o política se resolvía en
una cuestión teológica.
Alfred Müller-Armack.: op. cit., págs. 96 y sigs.¡ Paul Hazard: El pen1ar
miento e11ropeo
en el siglo XVIII, Guadarrama, Madrid, 1958, y La crise de
la conscience europeenne, Gallimard, 2 tomos, 1968.
(38) «La Edad Media,. está e:mpa.pada en la. noción de un supremo fin
ultraterrestre, al que tiene que a.justarse toda oonducta. Y el buscar la p­
minda
por


misma es incompatible con semejante noción. La rlqUeza era
un fondo de sentido social, no una posesión individual. El rico no la disfru­
taba. por sí o para su propio gusto, sino como administrador y en nombre
de
la comunidad. Se encontraba, así, limitado, a la vez, en lo que podía ad­
quirir y en los medios para adquirirlo. Toda la moralidad social de la Eclad
Media estaba construida sobre esta doctrina. La. sostienen por igual los or­
denamientos de
la Iglesia y

del derecho civil», Harold
J. La.ski: op. ci1.,
pág. 20.
(39) «La doctrina económica y social del tomismo era más que una
exigencia.
literaria.... convertían sus principios

en
una realidad. Por mucho
que se faltara a ellos, esta. ética económica tenía una abundancia de vías
a
través de las cuales penetraba en la conciencia aun de los que nunca com­
prendían algo de los principios
desde los cuales se

había
desarrollad.o», Al­
fred Müller-Armack: Genealogia de Jo1 esli/01 económicos, Fondo de Cul­
tura Económica, México, 1967, pág. 267.
(40) Cfr. Alfred Müller-Armack: El siglo sin Dios, pág. 225. Es de
señalar cómo un

socialista como
La.ski reconoce esto, e indica los ataquc;s
sistemáticos de

que fue objeto la Iglesia,
,op, cit., en especial págs. 140 y sigs.
(41) Cfr. Alfred Müller-Armack: El siglo sin Dio,, pág,. 223 y sig,.;
Marie Medeleine Martin: Le1 dor:lrine1 ..•
( 42) Gfr. Alfred Müller-Armack: El siglo ... , pág. 215 .
. (43)

Cfr.
Alfred Müller-,\.m,acl:: GeneaJogia ...
( 44) Juan Donoso Co-rtés: Ensayq sobre el calo/ir:i1mo, el liberaJiimo y
619
Fundaci\363n Speiro

ESTANISLAO CANTERO
El racionalismo
Pero el error del liberalismo no se
encuentra solamente
en
esa
separación
de

la
economía respecto a

la ética.
La disolución paula­
tina de la

fe (
45 J fue acompañada de nna filosofía racionalista que
produjo
toda
serie de
errores que aún
hoy padecemos. Ese racio­
nalismo

provocó tanto
el abandono de la realidad del orden natutal
ínsito

por Dios en la
naturakza, como el voluutarismo de querer «re­
moldeac
los

destinos
del hombre» (

46),
de acuerdo con las ideas
suministradas

por
los nuevos maestros (

47),
con lo
que a partir
de entonces, el muudo y la sociedad deben
hacerse conforme a la
ideología de cada nuevo profeta de la nueva humanidad, originán­
dose
ese idealismo que

aún hoy sufrimos (48).
Ello produjo en
el orden político del liberalismo, que si bien
se
consideraba que existla uu orden natural
( 49),
éste se reduáa
a

uu mero orden
económico, del
que,
automáticamente, se
deduáa
el bienestar social,
sin necesidad

de ninguna
otra intervención po-
el sociafümo, lib. I, cap. 1, en Obras Completas, tomo 11, B. A. C., Madrid,
1970, págs. 501 y sigs.
(4,) CTr. A. Müller~Armack: Bl siglo ...

, págs.
52 y

sigs.
(46) Harold
J. Laski: op. cit., pág. 75.
(47) Sobre el idealismo dominante en toda la sociedad y, en especial, en
la. economía, dr. Louis Salieron: liberalisme et socialisme du XVIII siCc/e a
nos ;ours, Club du livre· civique (C. L. C.), París, 1977, págs. 50 y sigs.;
Marie ·Madeleine Martin:
op, 'dt.,-A. Müller~Armack: op. ú/1. cit.,· Paul
Hiu:ard: op. tít.
(48) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Sociedad Je ... ; Más sobre ... , en
especial
I y 11; Friedrich A. Hayek: Derecho, Legis/aci6n y Libertad, volu­
men 1, Normas y_ cwden, Unión Editorial, Madrid, 19178; André Glucksmann:
Les maltres pensell'rs, Grasset, Le Llvre de Poche, París, 1979; M. F. Sdacca:
«O idealismo moderno», en el volumen Heresid.s do nos.so tempo, Livraria Ta­
vares Martins, Porto, 1960, págs, 51-69; Estudios sobre filosofía moderna,
Miracle, Barcelona, 1966, pigs. 21-38 y 187-188.
( 49) No puede confundirse este «orden natural» con el orden natural
del realismo
aristotélico tomista
que defendemos, cfr. Juan Vallet de Goy­
tisolo:
En torno al Derecho Nataral, Sala, Madrid, 1973.
620
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
lítica (50) o social (51). Bastaba con que se respetase la propiedad
privada y las leyes del mercado, que en el libre juego de loo inter­
cambioo, los intereses

individuales generaban el
ínrerés general
(52).
El error del
liberalismo no estribaba, ni

estriba tampoco
hoy, en
afirmar la

existencia
de un orden natural en lo econ6mico, ni en la
eocistencia de unas leyes naturales económicas; síno en afirmar, o al
menos considerar, esa eJcistencia como única.; en no ver que ese orden
económico está inmerso en un orden natural más general, que es
el orden social
natural ;

en no ver que
existe una

«interdependencia
entre la ordenación económica
y el orden social» (53), en no per­
cibir en su tatalidad el orden natural, donde lo económico es sólo
un

aspecto (54). Como escribe Lonis Salieron
(55), «las
leyes eco­
nómicas del
liberalismo... son

leyes naturales, son las leyes físicas
de la economía.
Esas leyes existen, es cierto; pero Jo que olvida el
liberalismo es
que concurren
con otras leyes, especialmente con
las
leyes psicológicas de loo índividuos y de loo grnpoo, y con las leyes
políticas de la sociedad
organizada. También existen los

hombres.
Por ello, no
sólo existe la necesidad, sino también la libertad; lo
que, elct:rañamente, olvida wia doctrina que se define como -doctrina
de la libertad. En resnmídas cuentas, las leyes econ6micas · que pres­
cribe el liberalismo, no son falsas cons,ideradas en sí mismas; se
vuelven
falsas solamente

cuando el
liberalismo cree que sólo
existen
ell,as».
(50) Cfr. A. Müller-Armack, FJ siglo ... , págs. 214 y sigs ..
(51) Cfr. Marie Madeleine Martin: Les doctrines ... , págs. 314-315. Como
escribe M. M. Martin, ta.r)to Quesnay como Gournay, «propondrán la liber­
tad absoluta de las actividades que describen, ya que las leyes de la «buena
naturaleza» deben, por sí mismas, engendrar un orden perfecto, del mismo
modo que el hombre «naturalmente bueno» de
Rousseau, podía prescindir
de
los
cuerpos sociales para. desarrollarse», 0:p, cit., págs. 64-65.
(52) Asi, Turgot, para quien los egoísmos particulares coinciden for­
zosamente
con el
interés general, citado por M.· M. Martín: op, cit., pág. 72.
(53)
Walter

Eucken: «El
problema político

de la ordenación»,
lugar
citado, pág. 51.
(54) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo, Sociedad de ... , págs. 415 y sigs.;
Más sobre ... , págs. 136 y sigs.
(SS) Louis Salieron: Liberaliime et socialísme ... 1 pág. 39.
621
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BST ANISLAO CANTERO
· De ahí que, como advierte Pierre de Calan (56), «la condena
del liberalismo, no

es la
condena. de
las
libertades económicas», ya
que lo que fa Iglesia no puede aceptar, «es la idea de que las re­
laciones económicas y sociales no dependan más que de sus propias
leyes
técnicas, escapando

a
]05 juicios del orden moral».
Esa

pérdida de la
percepción del
orden
natural en
su pleni­
tud
(57}, provocada por el abandono o el rechazo del realismo aris­
totélico tomista, condujo, asimismo, a otro error del liberalismo: el
índividualismo.
El individualismo y la supresión de los euerpos intermedios
El individualismo, unido a Jo anterior, llevó, corno indica Sa­
lleron (58), a «absolutizat la libertad en la organización social>>,
no concibiendo fa propiedad y el C()lltrato más que para el indivi­
duo

(59), lo que provocó la sustitución de
'w, orden social natural
orgánico,
·por una

ordenación de
la sociedad construida de tal modo
que
sólo quedaban los

individuos aislados
y el Estado ( 60), el cual
üebía limitarse a hacer lo menos posible, ya que el bienestar general
se
conseguía por medio de

la
libertad individual.
Como ha observado Johannes Messner (61), «el liberalismo de
Manchester confundía la lógica
económica con
el
interés económico,
e
interpretaba el homo oeconomk11s como mero hombre económico
que obra guiado
exclusivamente por su propio interés económico,
Es más, que

debe obrar así
y que tiene pleno derecho a ello. A esto
vino a unirse el establecimiento del principio económico-político
('6) Pierre de Calan: Renais.sance des libertés ... 1 pag, 17.
(57) Or. Juan Vá.llet de Goytisolo: ·En torno al Derecho natural.
(S8) Louis Salieron: Liberali.rme et .rm:ialisme ... , pág. 17. Cfr. Alfred
Müller.Armack: «Las ordenaciones económicas desde el punto de vista SO·
cial», en el volumen La econo,mfa de mercddo, tomo I, Sociedad de Estudios
y Publicaciones, Madrid, 1963, págs_ 111-112.
(59) ar. Louis Salieron: liberalisme et sociafüme ... , pág. 18.
622
(60) Cfr. Marie Madeleine Martin: op. cit., págs. 164 y sigs., 181 y sigs.
(61) Johannes Messner: E1ka ... , pág. 113,_
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
del laisse.: faire, que erige la libertad en único principio funda­
mental del orden de la economía social».
Ese individualismo, con esa ruptura con el orden natural, unido
a las

ideologlas del racionalismo,
suprimió los cuerpos intermedios,
rednciendo

a los hombres a
meros individuos
aislados, a los que
privó del amparo de los
grupos comunitarios en que hasta entonces
desarrollaba

su vida (62).
Se hizo posible, as!, el desamparo de los
hombres

ante el
poder de

aquellos empresarios que sólo
velan en
el
lucro
y en el egoísmo personal, dentro de las leyes económicas, la
justifieáción de
su
ser (63).
Como ha escrito Louis
Salieron (64),
comentando las leyes
d' Allarde
y de Le Ohapelier, si bien «dan al individuo la libertad
de
desempeñar cualquier

oficio», en
contrapartida, «suprimen la

li­
bertad de asociarse
para defender sus salarios. Las asociaciones de
asalariados equivaldrían a una reconstitución de las corporaciones.
(62) Cfr. Loui~ SalJeron:_ op. últ._ ciJ.; M, M. Martin: op. cit.
( 63) Como observó Tocqueville, en aquellas sociedaaes en las que «al
no estar los hombres ligados entre sí ¡,or ningún lázo de casta, ·de clase, de
corporación
ni de familia, se sienten demasiado inclinados a no preocuparse
más que de sus intereses particulares, demasiado propensos a no mirar más
que por sí mismos y a replegarse en-un individualismo estrecho en el que
toda virtud pública .está sofocada.
»En
esta clase de sociedades, donde nada es fijo, cada uno se siente agui~
joneado

sin
cesar por el temor a descender y el a.fán de subir; y como en
ellas el

dinero, al mismo tiempo que
Se ha convertido en
el s·igno
principal
que clasifica y distingue a los hombres entre sí, ha adquirido una movilidad
singular, pasando ·de mano en mallo continuamente, transformando la con­
dición
de los individuos, elevando o rebajando a las familias, no hay casi
nadie que no se vea obligado a
hacer un esfuerzo deses·perado y

continuo
por
conservarlo o adquirirlo. El afán de· eririquecerse a toda costa~ la manía
de los negocios, el amor al lucro, la búSQueda del bienestar y de los goces
materiales, son en ellas las pasiones más comunes. Estas pasiones se extienden
fácilmente entre todas las clases sociales, penetran hasta 'en. aquellas mismas
que habían sido hasta entonces. las más
impermeables a ellas

y
llega.rían muy
pronto a

debilitar y
degradar a la nación entera si nada Viniera a detenerlas»,
El Antiguo Régimen y la Revolución, Guadamuna (col. Punto Omega), Má­
drid,

1969,
págs. 20-21.
(64) Louis Salieron:
Ubera/iJme el .Jocialisme ... , pág. 15.
623
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BSTANISLAO CANTERO
O, lo que es más grave aún, establecerían «cuerpos intermedios» entre
el individuo y la nación. Pero la libertad absoluta del individualismo
prohíbe las cuerpos intermedios» (65).
El intervencionismo
Sin embargo, romo advierte V allet de Goytisolo ( 66), «cabe
profundizar más allá de las cai:acterísticas del liberalismo económico,
algunas
particularidades
del capitalismo intrínsecamente
analizado.
Consisten en ciertas creaciones humanas que, en sí mi.smas, son pu·
tamente técnicas, meramente instrumentales y, como tales, moral­
mente
neutras». «El papel

moneda,
y su circulación fiduciaria, acep­
tádo como un valor en sí y como medida del valor de todas las
cosas»
y «la sociedad anóuima, como forma que se interpone entre
las personas natnrales y las cosas, convirtiendo aquéllas de propie­
tarios
en accionistas»,

de tal modo que «estos dos instrumentos su­
perdesarrollados, han invadido toda la vida económica y su hiper­
ttofia ha dado· lugar a los efectos siguientes: el pensar en dinero»,
«la pérdida de inmediatividad de la relación
hombre (65) Como señala Joseph HOffner, «al aprobarse la ley de supresión
de las corporaciones, en la As~lea. Nacional francesa en 1791, añadía el
iI>.formante: "Para nosotros solamente existe el interés privado de cada in­
individuo y el interés público. A nadie_ le está permitido inspirar a. los ciu­
dadanos un interés intermedio que separe ambos intereses y los aparte de los
asuntos públicos por medio del espíritu de una corporación"» (op. cit., pá­
gina 172).
Y según Emmanuel Joseph Sieyes, «de ningún modo se ha de temet al
interés personal; se encuentra aisla.do y cada uno tiene el suyo. La mayor
dificultad proviene de aquel
interés por el cual un ciudadano se entiende
por sí mismo con los Otros. Este último interés lleva a una inteligencia, a
una
unión de la cual resultan planes perjudiciales para la comunidad. Aquí
se

forman los más temibles
enemigos del bien común».
Como

comenta
HOffner, «el ámbito social no se deja violentar a. la larga.
Si

se
le priva de la organiza.cióo. natural, entonces brota. una vegetación sal~
vaje

de instituciones incontroladas y
desorganfaadas» (ot,. cit., págs. 172~173).
(66) Juan Vallet de Goytisolo: Datos y notas ... , pég. 5.
624
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD Y ORDEN POLi'rICO
la propiedad es 'sustituida por el capitál fácilmente movilizable», lá
tendencia a «disociar capital y gestión» que «coutribuy<> a separar
propiedad y respo11sabilidad» y «hace, fácilmente, al capital invasor,
imperialista».
Por ello, uos recuerda cómo ildouard Dtumoot (67) había sec
ñalado que el «capitalisn:io se parece a lá propiedad como la obra
de

un falsario hábil se parece a una
pieza auténtica.
Uno de
'lés
pergaminos
es la verdad, el otro la mentira: ambos son, no sola­
mente diferentes,

sino fundamentalmente
opuestos: son

lo contrario
y la negación el uno del otro . .'. El capitalismo se parece a la pro­
piedad como el sofismo
se parece al razonamiento, como Caín tal
vez se parecía a Abel». ' ,
Así,

se llega a
la sociedad de consumo ( aunque no sean esas las
únicas causas), en la que el
hombre, como
señala Marce! de
Cor'.
te (68), construye «una economía al revés», en la que, como ad0 . . '
vierte V allet ( 69), el ideal lo constituye el hombre-masa.
Las consecuencias del libre m<>rcado regulado por un 'orden eco­
nómico no encuadrado en la plenitnil del orden natural y fa as1mi'.
!ación
de

buena
parte de ideas socialistas,

han
llevado a

buscar
un
camino inte.:medio
entre ambos, constituido por el intervencionismo
estatal (70). Intervencionismo
económico del Estado; que
segón
, sus
partidarios, debe producirse cuando el libre' juego de las fuerzas
económicas

provoque
efectos recusables desde un punto de · vista
social. Pero, como advierte V on Misses (71) éon razórt, ello lleva
a autorizar al gobierno para interferir la vida económica toda, «por­
que
es el gobierno el único competeote para defin.i¡, lo bueno y lo
malo»,
lo que conduce a una «omnicomprensiva planificación. tota­
litaria», que condw:e al socialismo y significa la pérdida de la libertad.
Pérdida de
la libertad que no se evita a través del neodirigismo
tecnocrático, y que conduce a efectos similares a los del neosoclalis-
( 67) Citado por Vallet: op. últ. cit., págs, l-6.
( 68) Gr. Mar~el de Corte: . «El Estad.O· y el dinamismo de ía econo~a»,
Verbo, núms. 87w88.
(69) Juan ValÍet de Goytisolo: So:iedad de •..
(70) ar. Juan Vallet de Goytisolo:' op. ú/1. cit., págs. 4ot y sigs.
(71) ar. Juan

Vallet de Goytisolo:
op. 1/11. cit.; pág. 403. ·
Fundaci\363n Speiro

F,ST ANISLAO CANTERO
mo, tal como indica Vallet de Goytisolo (72), en los que el precio
del desarrollo
hacia un mítico progreso indefinido, supone, según
Galbraith
(73), q1,1e «nuestros deseos y nuestras necesidades se ma-
nipularán

de
acuerdo con

las necesidades del sistema industrial .. .
al final se tendrá el resultado global de una
benigna esclavitud .. .
no será la esclavitud del
siervo de

la
gleba, pero

no será la liber­
tad» (74).
Capitalismo
y propiedad privada
Vemos, pues,

la
importancia de
la
distinción entre
capitalismo
y propiedad privada, la falsedad de su identificación o la del libe­
ralismo
económico con

la iniciativa privada (75) fundada en la
propiedad privada. El liberalismo
y los liberales (76) tienen razón cuando afirman
que son indispensables para la libertad y un orden social auténtico,
tanto la propiedad privada como la
economía de mercado, con
el
consiguiente respeto

de las leyes
económicas que ello entraña. Pero
se
equivocan cuando afirman
que con eso basta para obtener el re­
sultado

apetecido.
Pero ni

la
propiedad privada n.i la competencia de la economía
de mercado son suficientes. Ambas
eran. pilares del liberalismo eco­
nómico y, pese a ello, dio lugar a toda clase de excesos (77); ex-
(72) !ln Sori""'4 de ... , pág. 40~.
( 73 )_

John K.
Gálbraith: El n11evo estado industrial, citado pe>r V allet,
op. últ. cit., págs. 410-411. ·
(74) Sobre el result.ado, dr~'Juari Vallét de Goytisolo: «La tecnocracia»,
V trbo,· núm. 15s·; septiembre-octubre 1977, · Ideología ... y Sociedad Je ...
(75). Como, por ejemplo, Edward Hallet Carr, cuando afinna: «El ca­
pitalismo individualista del laissez faire, o sea. el régimen de la· iniciativa
privada en el verdadero sentido.del término»
(op. c#.,_,pág. ·54)~
(76) Ver la crlti\'4 a Von ~ de Juan Vallet de Goytisolo, en So­
ciedad Je ... , págs, 41.5 y sigs., y en Más sobre ... , VIII, 4.
(77) Al hablar de
los errores del liberalismo económico nos referimos,
fundamentalmente, a los ya se:fialados de. la separación de la economía ~e
la 'ética, la disolución de la fe, el racionalismo ·y el individualismo. Con ello
626
Fundaci\363n Speiro

PR.OPIEDAD Y ORDEN POLJTICO
ceso,; y males que no se evitan con el intervencionismo del Estado,
como

sus
partidarios quieren
hacer
ver, la planificaci6n o
la
econo•
mía

dirigida, sino tan solo por
medio de
una
reforma moral per·
sonal en el plano individual (78) y por una organizaci6n social por
cuerpos intermedios en el plano social (79).
Como ha observado Müller Armack (80), la economía de mer­
cado no fracasó
por sí misma, sino que su culpa consistió en la di­
solución espiritual de todo el siglo
XIX, por lo que ;ndica que, por
sí sola, la economía social de mercado, no basta, siendo necesaria
la existeocia de uoa base espiritual, ética (81 ). Pero coo ello no
se ha
resuelto el

problema ( 82) ; auoque ello nos diera un
resultado
de acciones personales éticas y morales (y eso tan solo en el caso
de que todos fuéramos como
los ángeles), no suministm los

cauces
a través de
los cuales debe

discurrir la
actividad económica
en. el
conjuoto de la sociedad.
no queremos decir que dichos errores seaii exclusivOS del ámbito económico,
ni que puedan achacarse a la propiedad privada, a la iniciativa privada o al
mercado en _cuanto tales. Tampoco se ~ los aspectos tecllológicos de
la
Revoución industrial ni sus efectos beneficiosos en
el progreso té01ico,
aumento del nivel de vid~ etc., sino el uso y la justificación de la economía
en un marco de pensamiento deter,mina.d.o qtie originó el liberalismo econ6·
mko.
Por ello, esos males _no _son exclusivos del liberalismo económico, ni se
r~stringen al campo econ~mico; por otra-~' el socialismo es heredero del
mismo espíritu y de ias mismas ideas en que se forjó el liberdismo, al que
hay
qlle añadir,"·adem·ás, ·un totalitarismo del Estado, que lejos de remediar
mal alguno, los agrava.
(78)

Cfr. Juan Vallet de Goytisolo:
Ideología ... , págs. 297 y sigs.
(79)

Cfr.
Juan Vallet

de
Goytisolo: Ideología ... , págs. 305 y sigs.,
Má.r sobre ... , XVII, 2.
(80) Cfr. Alfred Müller-Anna.ck: ~Lis ordenaciones económicas desde
el punto de vista social», en el volumen La «owomía Je mercado, edición
citada; tomo 1, pág: 117 .
. (El) Cfr. Alfred Müller-Armack: op. 11/t, cit., pág. 119, también El
siglo ...
(82) Asimismo lo reconoce Müller-Annack, quien, además, propugna
una división del poder («Las ordenaciones ... », págs. 118-119) y una inter­
vención de las
agrupaáones huma.nas más reducidas (op. Ali. cit., pág: 124),
que
inmediatamente
nos hace pensar en los cuerpos intermedios.
627
Fundaci\363n Speiro

13ST ANISLAO CANTERO
Con razón Eudcen señalaba que si bien es cierto que no «todos
los problemas de las ordenaciones
humanas y del hombre en general
pueden
ser resueltos exclusivamente por medio de la política de
ordenación económica, es cierto~ sin embargo, que ningún movi­
miento político o religioso podrá resolver estos problemas si no se
logra, mediante
formo.s adecuad.as de ordenación económica,

la di­
rección
del proceso económico diario» (83).
Y es precisamente por ello por lo que se hace necesaria la in­
tervención de

aquel presupuesto que anteriormente se señaló como
indispensable y que faltó en
el liberalismo económico: los cuerpos
intermedios. Como
obaerva Messner (84), «hay que concebir al homo oeco­
nomicus con toda su naituraleza racional, y no solamente corno un
mecanismo de cálcuÍo económico. Incluso

en el propio orden eco­
nómico, las limitaciones al
afán individual de lucro impuestas por
el bien común deben estar respaldadas por instituciones sociales. So­
lamente entonces podrá el mercado cumplir· su función social en la
medida más alta».
La solución a
los errores del liberalismo no está en la interven­
ción

del Estado de modo general
y permanente, de modo que el
socialismo a.pai-ece como única áltemativa, con la consiguiente con-­
fusión e identificación entre sociedad y Estado, sino en la normal
intervención por
parte de los cuerpos intermedios en aquello que es
de su propia competencia, donde el Estado desempeñe
su papel de
árbitro conforme a las exigencias del bien común, pero sin confi­
gurarse como parte.
La ficción de la democracia moderna
Hemos visto que la propiedad privada, por sí misma, no conduce
indefectiblemente

a la armonía social; desligada de un orden moral
y roto el organismo social que constituye un verdadero orden social
(83) Walter•Eucken: op. d1., págs. 59-60.
(84) Johannes Messner: Etfo,, .. , págs. 1135-1136.
628
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
y político, la propiedad privada degenera en liberalismo y capita­
lismo y conduce al

totalitarismo. Por eso
dijimos que
la propiedad
privada era condición necesaria de la libertad, pero no condición
suficiente. Ello
qu.
de relieve con. el análisis de la demo­
cracia moderna, de la que nos
ocuparemos sucintamente

para poner
de relieve la ficción ( 85) que entraña cuando se nos
presenta como
la

culminación de las garantías de la
libertad del hombre.
Dijimos que la propiedad privada era la base material de la
libertad y que ésta se
hacía realidad en libertades concretas a través
de los
cue.rpoo intermedios. Hoy

esto se ha
abandonado, sin
que en
el terreno político
los cuerpos intermedia. desempeñen papel algnno,
sustituyéndos así
las comunidades naturales por

asociaciones artifi­
ciales que son los partidos políticos y los grupos de presión ( 86) ; éstos aparecen cuando los
cuerpos intennedios son destruidos (87)
y

la democracia
parlamentaria restringe cada vez más las compe­
tencias propias de los cuerpos intermedios, no sólo en el terreno
po­
lítico, sino en todo el ámbito social, de las que se apoderan los
partidos políticos
y, en definitiva, el Estado.
(85) CTr. José F. Larca Navarrete: El Derecho natural, hoy. A prop6.
Jito
de

las
ficciones ¡urtdicas, Pirámide, 2.ª ed.., Madrid, 1978, págs. 110
y sigs.; Michel Villey: Compendio de Filosufia del Derecho. Definif:iones y
fines del Derecho, EUNSA, Pamplona, 1979, pógs. 144-179, y «Abrégé du
droit naturel classique», III, 3.2, en Lefons d' ht.Itoire de la philosophie d#
droit, Dalloz, París, 1962, págs, 1'6 y sígs.; Juan Vallet de Goytisolo: Más
.r-obre ... , VIII y IX, y «El Estado de Derecho», en Verbo, núm. 168, sep.
tiembre-octubre

1978. También,
Eugenio Vegas Latapie: Consider«iones sobre
la democracia, Afrodisio .Aguado, Madrid, 1965.
(86)

No
compartimos, en cambio, la

opinión de nuestro admirado
ami­
go Lorca Navarrete (/usticiai-Libertad, Pirámide, Madrid, 1979) cuando con­
sidera a los partidos políticos COJÍlo cuerpos intermedios o formas sociales
básicas, ni aunque se den las condiciones que él sefíala "( op. últ. ciJ., págs. 99-
100), entre otr~s razones porque la ideología es fundamental a los mismos,
lo que
les impide ser cuerpos intermedios. Esa ideología es lo que los en­
frenta al realismo de los cuerpos intermedios, en cuyo lugar pretenden sus­
tituirse.
(87) Cfr.
Marie M:adeleine Martin:-op. cit., págs. 16, 325 y sigs.; J.
HOffner: op, cit., pág. 173.
629
Fundaci\363n Speiro

EST ANISLAO CANTERO
Así, la democracia moderna no es garantía de libertad (88); es
algo que
recientemente ha observado Hayek (89), coincidiendo en
ello con toda una tradición
histórica (90),
cuando afirma: «el fra­
caso de este primer intento de
asegruar la libertad individual

a través
de la
salvaguardia constitucional».
Frente

a la
concepción cláska, en la que

la solución al orden
social
y político venía dada por la contemplación de la naturaleza
en su plenitud, la
concepción moderna realizó un cambio \(>tal y ra­
dical; se consideró al hombre
aislado y

ahistórico, al tiempo que se
tomaba un aspecto parcial del hombre considerado
tan esencial que
determina su forma de ser. Con ello,
pese a afirmar que se partía del «estado natural», ello
no es más que wia ilusión, una ficción imaginada;_ una construcción
racionalista sobre la base de lo que cac!a cual consideraba como estado
de
naturaleza. Frente

al realismo nos
encontramoo con
el idealismo,
en cuyo
re.ino de

la
utopía seguimos inmersos

con todas sus conse­
cuencias.
La democracia moderna hunde sus raíces en ese idealismo, cons­
tituyendo una pura ficción. Ni la autolimitación del Estado de De­
recho (91) puede garantizar la
libertad, pues no hay norma superior
alguna al

propio poder del Estado, ni la pretendida
participación a
través de

los partidos políticos puede
. hacerlo,
ya que se sustituyen
en el
lugar de

los auténticos intereses
de los grupos humanos, que
son reemplazados por intereses
· ideológicos.
De
ese

modo, la propiedad privada, en el
marco de
la democracia
mndema, puede llegar a no significar nada, ahogada por las ideolo­
gias
y los enfrentamientos entre
éstas.
(88) Cfr. Estanislao Cantero: «El futuro de la libertad.», _en Verbo, nú­
mero 167, julio-agosto 1978, «Características de

la participación», en
Verbo,
núm. 155-156, mayo•junio 1977.
(89) Friedrich A. Hayek: Derecha, legfrlaciÓ'f! y ]fbertad, volumen 1,
NMmas y orden, Unión Editorial, Madrid, -1978, pág. 9.
(90) Me
refiero a

la
doctrina tradicionalista

o
contrarrevolucionaria en
Francia

y
España especialmente,
(91) Cfr. Juan Vallet de Goytisolo: Más sobre ... , VIII, IX y X, y
«El Estado de Derecho», Verbo, núm. 168.
630
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
De ahí que, por todo eso, sea un requisito esencial que el orden
político tenga
por fundamento la sociabilidad natw:al de los hom­
bres, y se les
reconozcan a

los
rueq,os intermedios

las
competencias
propias

de sus respectivos
ámbitos de actnación, incluido el campo
de la
organización política.
2. El SOCMli.smo
La utopía: de la dialéetioa al G,¡lag
V eamoo ahora el otro sislalla que se nos presenta como modelo
de vida social, el
orden político fundado sobre la propiedad colectiva
de
los medios de producción.
Es opinión relativamente extendida hoy, debido a una cierta men­
talidad socialista que se ha ido extendiendo
por la sociedad, el que
la propiedad privada es
causa de gran parte de los males de la
sociedad actual, el
que en palabras poco
felices de un
obispo, «si
hay pobres es porque hay ricos», lo que conlleva a afirmar que con
la desaparición de la
propiedad privada esoo males
se remedian auto­
máticamente (92).
Según el marxismo, el hombre está determinado por las rela­
ciones sociales, en especial
por las relaciones de producción, que
son las relaciones
fundamentales de
toda sociedad (93). Y esta
dependencia es total,
alcanzando, incluso,

a su conciencia
y a su pen­
samiento. Para el marxismo sólo en una sociedad 'absolutamente
marxista

acabará la
alienación del hombre, tanto respecto a su exis­
tencia como a su conciencia, instaurándose un sistema de total jUS-:­
ticia y libertad.
Partiendo de la
concepci6n dialéctica de

toda realidad,
el mar­
xismo llega necesariamente a la concepción dialéctica de la historia,
(92) Sobre la doctrína de los Padres de la Iglesia, aducida por el pro­
gresismo católico en contra de la propiedad privada, dr. Estanislao Cantero:
«Riqueza
y pobreza: San Juan Crisóstoroo y sus Homilías sobre San Mateo»,
en Verbo, núm. 117418, agosto.octubre 1973.
(9-3) Cfr. Herui Lefebvre: El marxismo, Cepe, Buenos Aires, 1973.
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ES'C_Al:,lSl,AO C4NTERO
en -virtud de la cual, la historia , no es sino la historia de la lucha
de, ,lases: «Hombre libre y esclavo -podemos leer en el Manifiesto
1M Pa.ttjdo
Comunista (94)~, patricio y plebeyo, señor y siervo,
Qlae!!!J:o y jornalero, en una palabra, opresores y oprimidos, han
estado
en coostante oposición;

han
mantenido uoa lucha sin

des­
canso, a veces sorda, otras veces abierta, una lucha que ca.da vez se
ha terminad.o por una transformación revolucionaria de la sociedad
entera o por la destrucción de las dos clases en lucha».
Es precisamente
la

propiedad de los
medios de producción quien
inevitablemente origina esa lucha. Los propietarios de los medios de
producción inexorablemente

explotarán de modo inevitable a aque­
llos que no son propietarios; no cabe, por su parte, un comporta­
miento,
distinto (95).
Por

ello,
para llegar a la sociedad comunista 'se requiere suprimir
la propiedad privada
y el merca.do y sustituirlos por la propiedad
colectiva
y la planificación, para llegar a ese estadio final de la his­
toria cuyo
lenia es:
«de cada
cual según sus capacidades y a ca.da
cual según sus necesidades», utopía que ha edifica.do el mayor to­
talitarismo que
es posible imaginar.
Para

la edificación del orden
comunista, de

ese sistema en el que
tan solo puede esperar
c¡uien ha hecho de

esa utopía una reli­
gión (96), se
precisa atravesar

diversas
etapas .
. La primera, de la sociedad , sociaÍista, constituida por la dicta-
(94) º Manifi'esto del Partido Cotá11nÍJta, I, ediéi6n francesa de Le livre
de poche, París, 1973,
pág. 5. Sobre el comunismo, dr. los diversos ensayos
de Jean
Madi.ran en La viellesse du monde, Domínique Martin Morin, Vin­
cermes, 1975; también las obras citadas en la nota (134).
(95) Sobre la influencia de esta idea. al ser asimilada por parte de los
c:atólicos,
en la aceptación del socialismo, cfr. Estanislao-Cantero: «La mala
coÍ:tciencia en los cristianos y la marcha irreversible hacia el socialismo», eo
Verbo, núm. 103, marzo 1972.
(96) Como muestra,
cfr. Gustave Thibon: «Revolución o conve.rsión»,
en V erb.o, núm. 84, abril 1970; Francisco Elías de Tejada: «El mito del
marxismo», en el volumen
Los mitos ac111a/es, Speiro, Madrid, 1969; Ray­
mond Aron: El opio de los inulectud!es, ,Siglo Veinte, Buenos Aires, 1967-;
Bernard
Henry-Levy: La barbarie con ro1tro humano, Monte Avila, Barce­
lona, 1978.
632
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
dura del proletariado, en la que el Estado no solo no desaparece,
sino
que
refuerza su
poder (97),
y en la cual el lema se sustituye
por el de «de cada cual
según sus capacidades y a cada cual según
su trabajo».
La segunda, de la sociedad socialista desarrollada, en la cual se
encuentra
hoy la
URSS, según
declaraciones en
el XXV Congreso
del PCUS y en la Conferencia con motivo del 60 aniversario
de la
Revolución

de octubre, donde en lugar del
Estado proletario
existe
el
Estado de

todo el pueblo, en el que el Estado refuerza aún
más
su poder, y donde el lema sigue siendo el mismo de la etapa anterior.
Las libertades civiles y políticas son inexistentes y el hombre
está absolutamente sometido al poder del Estado. Este no ha des­
aparecido, sino que ha
acrecentado su poder;

y en donde si el De­
recho ha

desaparecido ha sido en
cuanto aplicación
de la justicia (98),
donde la igualdad
ha creado una nueva clase (99), más voraz que
las
anteriores y sin ninguna de las virtudes de
aquéllas, y en donde
la libertad
ha originado el · Gu.fag.
El centralismo democrátieó
Así, Evgueni Chejarin (100) sefiala que «la nueva Constitución
de
la URSS constituye un aporte considerable a la teoría marxista:
leninista

del Estado. Fija la extraordinariamente importante conclu­
sión teórica del

PCUS de que el Estado socialista, surgido
después
del

triunfo de la
Gran Revolución
Socialista de
Octubre, corno Es­
tado
de la dictadura del proletariado, se ha transformado en el
Es-
(97) Or. Lenin: E/ Estado y la . ,r(J1}o/ución, Ayuso, Miadrid, 1975.
(98) CTr. Juan

Vallet de Goytisolo:
«El mito

de la
desaparición del De­
recho»,

en
Los mitos actuales.
(99) CTr. Milovan Djilas: La m;eva clase, Suramericana, Buenos Aires,
1961; Mate Paillet: MMx con,tra Marx, Dopesa, Barcelona, -1972; Raymqnd
Aron: Dem~racia y totalitarismo, Seix Barral, Barcelona, 1968; Eu~nio
Vegas lata.pie: «El

mito del igualitarismo», en
LoJ miJoJ tUtuaJes,
(100) Evgueni Chejarin: El sistema político soviético en la e/apa del
.rociali.rmo desarrollado, Progreso, Moscú, 1979, págs. 282~283.
633
Fundaci\363n Speiro

BSTANISLAO CANTERO
tado de todo. el pueblo», en el que «al en<:amar en sí los poderes om­
nímodos del
pueblo y
constituir
la forma superior del sistema estatal
socia.lista, los Soviets desempeñan enorme papel

en la
construcción
del comunismo,; (101),

ya que constituyen «una
organización del
pu unidad»
(102),
«tienen en
sus
manos las
riendas de todo el
poder
en el país» (103) y «son órganos del poder estatal» (104).
Claro que sólo en virtud de una
fi<:c:ión, sólo en base
al
duble­
pen,e1r de que hablaba Orwell (105), es posible afirmar que la li­
bertad del hombre se identifica con el poder del Estado, y que a
mayor
poder del
Estado, mayor es la

libertad de la persona, tal como
el mismo
Chejarin señala, puesto que «sólo por medio del robus­
tecimiento del
Estado socialista

se
puede alcanzar
su desaparición
cuando hayan sido creadas las condiciones
precisas para

ello (106).
En ese modelo social en el que sólo a base de un tremendo ci­
nismo
se puede
afirmar que «el pueblo mismo es el que crea las
leyes soviéticas»
(107),

«la
dirección de

la
sociedad por
parte del
partido
marxista leninista constituye la expresión suprema del ca­
rácter democrático del régimen social socialista» (108), del
cual,
«el centralismo democrático ( es el) principio preponderante del sis­
tema político del socialismo» ( 109), ya que «la revolución socialista
(101) E. Cliejuin: o¡,. cil., pág. 87.
(102) E.
Cliejuin: o¡,, ,it., pág. 87.
(103')
E. Cliejuin: o¡,. cit., pág. 86.
(104)

E.
Cliejuin: op. dt., pág. 76.
(105) George Orwell: Mil noveciefllo.r ochenta y c«alro, Destino, 3.!
ed., Barcelona, 1974. Cfr. Vladimiro Lamsdorff Gal.agane: «La dialé_ctíca
marxista», en Verbo, núm. 173-174, mano-abril 1979.
(106) E. Chejarin: op. dt., pág. 71. daro que la desaparición del Estado
no deja de ser un mito, puesto que, como advierte V. G. Afanasíev, «la
construcción de
la sociedad comunista desarrollada es la condición interna
para

la extinción
del Esta.do.
Ahora bien,
para que el Esta.do desaparezca
del .todo son necesarias, además, condiciones externas: la victoria y la con­
solidación del socialismo en 1,a arena iriternaciona!», Dirección cientifka de
la
wdeddá, Progreso, Mosdi, 1978, ¡,4¡¡, H6.
( 107) E. Chejarin: op. dt., pág. 82.
( 108) E.
Cliejarin: op. ,;,., pág. 44.
(109) E. Chejarin: ap. dt., pág. 141.
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PROPIEDAD Y. OH.DEN POUTICO
no hace desaparecer la necesidad del centralismo. Sin el centralismo
es imposible defender
las conquistas de la revolución socialista, rea­
lizar
las transformaciones socialistas y dirigir todo el mecanismo
económico
y político de la sociedad» (110).
Centralismo democrático que todo lo invade (111)
y todo lo
absorbe (112)
y que «consiste ... en que el Partido Comunista es la
vanguardia de la clase obrera, cuyos
intereses y objetivos requieren
su propia organización» ( 113).
El poder omnicomprensi.vo del partido
Así · pues, la. libertad viene a identificarse con los poderes del
Partido
Comunista, pues, como afirma· Pedosov (114), «el socia­
lismo maduro es
una sociedad

de auténtica democracia. Su sistema
político asegura la eficiente administración de los asuntos sociales, el
(110) E. Chejarin: op. ci-1.1 pág. 143.
( 111.) Y es. que el socialismo es «un sistema auténticamente democrático
de control, .que penetra tod_os los niveles de la organización de la vida de la
sociedad: desde los iniciales (
empresa, instituciones,
etc.) hasta toda
la so­
ciedad» (V. G. Ma.nasiev: Dirección científica de la ... , pág. 246). «La base
espiritual del centralismo democrático ... es la unidad ideológica de la socie~
dad
sociaista. Ideología única, estataf, el marxismo -leninismo es, a la vez,
la ideología de todo el pueblo, ya que sintetiza y encima la experiencia de
la
lucha
y del trabajo del pueblo» (ibid., pág. 260). Y es que la democracia
socialista
se identifica con la obediencia
al partido (dr. Y. Tu.rischev: El
partido de Lenin: estructura y dinámica del desarrollo, Progreso, Moscú,
1979, págs. 61 y. sigs.). Como indica Raymond Aron, el centralismo demo­
crático significa lo contrario de
la. democ.racia: el poder absoluto del comité
central sobre el conjunto del partido (En defensa de ... , pág. 42).
(112) ar. V, G. Afanasiev: Dirección ... , pág. 173. En lo que_ se re­
fiere a los sindicatos, la patria por antonomasia de ese proletariad.0:
~tico,
están

totalmente sometidos
al partido, el C1llµ .los controla y dirige en todo.
Como
seña-la Thomas Lowit (El· sindicalismo en la Europa del Este, Nova
Tetra, Barcelona, .1973,
pág. 93),

«la existencia del sindicato... solq se jus­
tifica en
la medida en que permite precisamente al Partido ejercer más fácil­
mente
su papel dirigente» ( cfr. págs. 339-340).
(113) E. Chejarin, op. cit., pág. 142.
635
Fundaci\363n Speiro

BST ANISLAO CANTERO
verdadero poder del pueblo, la conjugación de lo6 derech05 y liber­
tades reales de
105 ciudadan05 con

su responsabilidad ante la socie­
dad» porque, «rasgo del socialismo desarrollado,
es el aumento de
la función dirigente del Partido Comunista» ( 15), el cual «dirige
toda la
actividad creadora

del pueblo» ( 116), constituyendo, según
iRodionov (117)

el «incremento del papel dirigente del Partido,
im­
portantísima ley de la edificación de la sociedad comunista».
Claro

que, pese
a todo, como el mismo Lenin había reconocido,
la instauración de la sociedad comunista no es automática, sino que
ha de instaurarse por vía coactiva por medio de la dirección cien­
tífica de la sociedad (118).
Dirección científica que se caracteriza porque
«en la

sociedad
socialista, según indica Afanasiev (119), todo miembro de la
so­
ciedad es, a la vez, gobernado y gobernante», constituyendo «la ges­
tión de la sociedad sobre bases científicas un rasgo inalienable, uoa
ley objetiva del
desarrollo .del socialismo»

(120).
Ser, a la vez, gobernante y gobernado, gestión científica de la
(114) A. D. Pedosov: «El partido de Lenin, fuerza rectora de la crea­
ción de la nueva sociedad», en el volumen La trasunde11cia internacional del
Gran Octubre y la edificadón del socialismn y el comunismo, Progreso, Moscú,
1978, pág. 147.
(lll) A. D. Pedosov: op. cit., pág. 147.
(116) A.

D. Pedosov:
op. cit., pág. 148.
(117) P. A. Rodionov:
«Incremento del
papel
dirigente del partido,
importantísima ley de la edificadóp de la sociedad comunista», en el volumen
La trascendencia internacional dd ... , pág. 32.
(118) Cfr. V. G. Afanasiev: Dirección ... De ahí que sea esencial una
«labor
educativa tendente a convencer a las
capas trabajadoras
no
proletarias
de

las ventajas del socialismo»
(V. G. Afanasiev: SodaJismo y comu~ismo,
Progreso, Moscú, 1975, pág. 97), porque «es cierto que la mayoría de los
obreros carece de
tiempo-, de medios y de suficiente conocimiento para ela­
borar esta teoría. Por -eso, es necesariC> introducir la conciencia socialista en el
movimiento obrero
y unirlo con el socialismo», función que cumple el par­
tido (op. ú/t. cit., pág. 13). «Los obreros no podían tener conciencia social
demócrata. Esta sólo podía ser introducida desde fuera», Lenin, en ¿Qué
hacer-?, Obras completas, tomo V, Akal, Madrid, 1976, pág. 382.
636
(119) V. G. Afanasiev: Dir-ección ... , pág. 99,
(120) V. G. Afanasiev: op. últ. cit., pág. 108.
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD Y ORDEN POUTlCO
sociedad, no son más que expresiones con las que eufemísticamente
se

denomina al
totalitarismo. El
mismo Afanasiev lo explica sin
tapujos, cuando señala que

«ei sujeto de
gestión científica
es el
Partido Comunista. Su contenido es, ante todo,
la dirección polí­
tica, la

influencia política en el objeto
(121); y el objeto de gestión
lo constituye el resto de la sociedad, caracterizándooe el sujeto de
gestión por
ser «el que ejerce la influencia consciente en el objeto,
con el fin de lograr la meta planteada>> (122). ·
Y es que, tal como señala Turischev (123), el partido comunista
es
la «forma superior de organización social de
la historia hnmana»
y «cerebro de la sociedad», por lo que el papel dirigente del partido
comunista

es
indispensable (124), asi como el continuo crecimiento
de
su poder
(125).
Asi pues, todo ha sido subvertido, a todo se le ha dado la
vuelta, de tal
modo que, aunque se afirma que el partido no hace
más que ser intérprete de la voluntad de las masas, del pueblo, en
realidad todo
resulta al revés. En lngar de formar. las masas al par­
tido, éste forma a las masas, y en lugar de controlar el pueblo al
partido, es

este quien controla toda
la sociedad (126).
Al final tenemos una sociedad en la que, como señala Marc Pail­
let
(127), la burocracia se sustituye en el P"P"l director, nueva clase
que
todo. lo domina, en lugar del proletariado, y sus propioo intereses
sustituyen
a los del socialismo.
(121) V .. G .. Afanasiev: o¡,. tllt. cit., pág. 109;
(122) V. G. Afanasiev: op, Alt. cit., pág. 158; Y la meta la. constituye
el
propio
partido: «La formación y el desarrollo de las normas de vida del
partido, obedecen, en primer término, a lo
principal, a la. creación de las
condiciones más propicias para el
fortalecimiento, el crecimiento y el fun~
cionamiento del partido» (Y. Turischev: op. cit., pág. 44).
(123) Y. Turischev: o¡,. cit., págs. 3 y 35.
(124) ar. Y. Turischev: op. cit., pág. 23.
(125) CTr. Y. Turischev: op. rit., pág. 21.
(126) «La política del partido penetra rodas las esferas de la vida y
del desarrollo de la sociedad socialista» (V. G. Afanasiev: Direr~ión ... , pá·
gina 173).
( 127) Cfr. Marc. Paillet: Afprx contra Marx, pá~. 344.
637
Fundaci\363n Speiro

ESTANISLAO CANTERO
De la superación de la propiedad privada al totalitarismo
Pese a todo, los partidarios de la utopía permanecen incólu=
en su fe (128) y prefieren creer, frente a toda realidad.
Y
es que, por definición, el régimen causa
de todos los males, siendo imposible c~truir un sistema de
relaciones verdaderamente
huma.no, «mientras subsista

la
economía
basada en la propiedad privada>> (129), constituyendo los medios
(128) Cfr .. ~ymond Aron: El opio ... ; Arthur Koestler: Autobiografia,
3, Euforia y utopia, Alianza Einece, Madrid, 1974, págs. 68 y sigs., y 5, La
esmlura
invisible, Alianza· Emece, Madrid, 1974, págs. 130 y sigs.; Jean-Fran­
c;oiS Revel:
La tentation lotalitaire, Laffont, Le Hvre de ·Poche, París, 1976,
caps. 2, 4 y 6; interesante también, Georges Suffert: Los inJele,tua/es en «chaise.
longue», Sociedad hispanoamericana -de ediciones y-·distribución, Madrid, 1976.
Por
ejemplo, Henri
I.ef~bvre, ~ quien, pese ~ todo, planificación y libertad
son
compatJ.Oles, y así se esfuerza por demostrar 1o imposible en Estructuraiísmo
y política (La Pléyade, Buenos Aires, 1973), escrito con· el objeto de «mostrar
que la planificación democrática ~ posible» (pág. 38), aunque r~noce que
ninguno
de los modelos
existent~. el soviético, el

chino o el- yugoslavo, sa­
tisfacen sus
exigencias ( dr. pág. 51). _ Para ello señala la necesidad de una
base Jocial (pág. 60), con lo que se · logra.ni «la vía francesa hada el socia­
lismO y hácia la caducidad del Estado, tenie~o desde entonces lo social una
primada
sObre lo j,olítico» (pág. 61). Pero en realidad, es la libertad la que
desaparece,
ya que esa baile social no es autónoma, independiente, porque «la
espontaneidad
social tiene un costado peligroso: caótico, esporádico... la
cuestión es transformar la espontaneidad en estructura, e introducir en esta
socialización espontánea la racionalidad socialista» (pág. 61).
-Seguimos en pleno reinado de la _ uto-pla; la fe ~-un futuro desconocido,
aunque, eso sí, maravilloso, sustituye a la realidad y. a, los hechos. Claro que,
esa
utopía
y esa misma fe, se curan en salud, pu.esto que, «bi~ entendido,
añade
Henri -Lefebvre, la

caducidad del
&_ta.do en. esta hipótesis estratégica
no
puede
con~pla,rse más

que
cpmo una pers~va. a ~uy largo ploo»
(págs. 61-62).
Los modelos existentes no sirven, y el resultado nunca llega, pe.ro, pese
a
todo, el socialismo
y la planifiea.{:ión son la. pana.cea de todos .los males;
aunque
para ello

sea necesario reducir
la. libe~. y la orgniza<;ión social a
una estructura, regida, _.,natuJalmeo.te, por

..
lo$; planteamientos -918-fflStas. La
planificación es incompatible con la libertad.
(129)

Y.
E. Vollrov:

«Las conquistas sociales del régimen soviético
y
su

significación
histórica universal»-, en

el _ volum@.
La_ traicendencia inter­
nacional Je/
... , pág. 306.
638
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
de vida y los derechos de los trabajadores en una sociedad no so­
ciaJista, meras
«concesiones

de la clase
dominante>, «paliativos qne
no
pueden asegurar la satisfacción de las demandas vitales de los
trabajadores» (

130).
Y es que, tal como advierte Ohejarin (131), «la libertad dél
individuo

puede
basarse únicarneute en

la
justicia social, cuyo

primer
y más importante acto ha sido la eximición, en el socialismo, de los
trabajadores de la explotación y del yngo nacionaJ, la abolición de
la propiedad privada de los medios e instrumentos de producción.
La propiedad privada es incompatible con la libertad del individuo».
Sin embargo, la
realidad· es
bien distinta; como
observa Bemard
Henry
Levy (132), «abolir la propiedad privada en esta perspec­
tiva nunca
ha significado

otra cosa que reducir el menor
fragmento
de

mundo a un taller de explotación».
Y es qne la libertad para el
marxismo se identifica con el trabajo (133) ; no con la libertad
de

trabajo, sino con el mero
hecho de trabajar, por lo que el com­
peler a ello es
precisamente la hbertad · {134).
Nos

encontramos,
pnes, ante el totalitarismo, constituido, tal
como indica Vallet (135), por la negación de toda trascendencia y
la absorción de todas las instituciones y actividades por el l!stado.
El mismo Bemard
Henry•Levy (136) señala qne «el totalitarismo
es

un estado de lo político en
que por primera vez el Príncipe se
considera el Soberano»; el Príncipe se considera como Soberano
y,
de rechazo, se considera como la sociedad civil» (137). «El totali­
tarismo... consiste en apropiarse, mediante el l!stado, del cuerpo
(130) Y. B. Volkov: op. cit,, pág.
(131) E. Cbejarin: op, (132)
Bema,d Henry-Levy: oP, cit., pág. 122.
(133) C(r. Galvano.dellá Volpe: ~ libert.:td comuni.da, Icaria, Barce­
lona, l'J77, pá¡g. 107.
( 1 :3,4) Sobre el humanismó del trabajo del marxismO, Marce! Clement:
El com11ni.rmo frente a Dios, Speiro, Madfid, 1974; Jean Ousset: El marxismO
ieninisrno,
Speii-o, MadÍ-id, 1967, págs. 87 y sigs.; o en MM-xismo y Revo­
luCfón, Speiro, Madrid, 1977, págs. 73 y sigs.
(135-) Jua:n Vallet de Goytisolo:. Más sobre ... , pág. 364,
(136) Be,nard Henry-Levy: op. cit., pág. 139.
(137)

Bernard Henry-Levy:
op. cit., pág. 142.
639
Fundaci\363n Speiro

EST ANISLAO CANTERO
de la sociedad; "lita apropiación supone, a su vez, la claridad más
cruda, más extrema: no tolera el menor vacío, ninguna zona de som­
bras donde justamente se anidaría una posible disidencia» (138);
«apunta al dominio de las
almas al mismo tiempo
que al de
los
cueq,os» (139).
Así, pu.es, el totalitarismo .consiste en la destrucción, de los cuer­
P"" intermedios, en la destrucción de la sociedad. Pero es de señalar
que

al
igual que para la génesís del
liberalísmo,
aquí también el
elemento religioso resulta fundamental.
Bl citado Bernard Henry­
Levy lo pone de relieve cuando reconoce que «la crísís de lo Sagrado
es lo primordial
y lo decisivo» (140), de tal modo que «el Estado
totalitario no es exactamente· el Estado laico y sin creencia; es, con
mayor exactitud, el Estado que. seculariza la religión y . que origina
creencias profanas» (141).
«BI Estado totalitario

no
es el Estado sin
religión, es

la
religión del Estado, No

es el ateísmo, sino, literal­
mente, la
idolatría» (142).
No

obstante, pese a
todas las

experiencias
desastrosas del socias
lismo, · en

el mejor
de, Jo,¡ casos, cuando se admite que la libertad no
ha sido
instaurada, se ·sigue afirmando,
con
toda clase de

argwnen­
tos (143 ), que no tiene por
qué ser

así,
sino que
es posible un
so­
cialismo

con rostro humano (144), nunca encontrado, siempre es-
(1'18) Bernard Henry-Levy: op, cit., ¡,át. 1.il5.
(139) Bernard HenryCLevy:' ot,. cit., pág. 147.
(140)
·Bernard Henry-Levy: vp,. cit., pág. 136,
(141)
Bernard Henry-Levy: op. di., pág. 138.
(142)
Bernard Henry-Levy: op. cit., pág. 139.
( 1'43) En .realidad no existen argumentos sólidos. se aferran a una fe,
a un dogmatismo irracional, que no requiere demostración, porque no puede
ser
demosb;ado, ya que admitir el fracaso de los socialismos una vez se ins.
talan,

supondría admitir el fracaso del marxismo del que son aplicación,
y:
el marxismo, naturalmente, .es sagrado. Como ejemplo de ello, Maurice Mer·
leau Ponty: Jlumanümo 1 terror (La Pléyade, Buenos Aires, 1968) y Fran·
cojs Mitterrand, entrevista con Robert Fossaert y '.Jacques Julliard, en El
socialismo posible, Dopesa, 2.! ed., Barcelo~, 1977, -pág. 41; Isaac Deut­
scher: Here¡es y f"enegm:lo-s, Ariel, Barcelona., 1970.
(144)
CTr. Juan

Vallet de Goytisolo:
Datos y no-lar ... , págs. 55 y sigs.;
Marce!

Oement:
Crislo-y la RevoJ11ción, Unión Editorial, Madrid, 1973.
640
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD Y ORDEN POLlTiCO
perado y anunciado y que, en el mejor de loS casos, es, por decirlo
así, con
frase de Bemard Henty-Levy, la balbarie con rostro humano;
Y
es que, corno
indica Raymond Aron (145),

«los
regimenes nd
se han· hecl,o totalitarios

en base a uria especie de entrenamiento
progresivo, sino a
partir de

una
intención, un ·propósito original, la
voluntad

de transformar
fundamentalm61te el
orden existente en
función de una
ideólogia».
3. Confluencia de ambos siste111,.,,
Volvamos nuevamente a la otra perspectiva: capitalisrno-detru>­
cracia.

Como vimos,
no asegura

las libertades del hombre.
Por otros
derroteros

se dirige también a un
mund<:> de ad,ninistrados, a
un
mundo de perfectos
hombres-masa, . en el. que

el Estado
aparece,
cada

vez
más, corno el dispensador de todos los bienes; donde la
seguridad, una hipotética y teórica seguridad, sustituye a la libertadi
que

naturalmente comporta sus
riesgos. ·
Sin

duda, los caminos no
aparecen tan
brutales como los del
socialismo, pero no
por ello el final deja de ser ~"°":·trágico. Al
final del camino se alza un omnímodo poder estatal, tal como ya
había advertido Tocqueville.
. ,
En ambas perspectivas, vemos . cómo la disolución de la fe reli­
giosa y la supresión de las auténticas libertades concretas, desapare­
cidas al mismo tiempo que se
ven suprimidas las esferas de compe­
tencia propias de
loS diversos cnerpos intermedios, . dan paso al
totalitarismo.
La
propiedad privada, o es suprimida a través de la propiedad
colectiva de los medios de producción, o es falseada
a través de

un
individualismo. que,

a la postre, se ve atacado por el creciente au­
mento de poder del Estado moderno. En ambas perspectivas nos mo­
vemos en el t~rreno de las ideologías, bien imp~~iendo una única.
de modo coactivo, bien. en la lucha: de diversas ideologías, que, a
su vez, implica un determinado concepto ideológico del Estado.
(145) Raymond Aron: Democracia y totalitarismo, .Seix Barral, Batee~
lona,

1968, pág. 240
641
Fundaci\363n Speiro

EST ANISLAO CANTERO
Y es que tanto el liberalismo y el individualismo conducen tam­
bién, a la postre, al totalitarismo, como advierte V
a.llet cuando señala
que tanto la masificación como la tecnocracia, constituyen, recípro-­
camente, causas y efectos del totalitarismo; o como sus mismos par­
tidarios o detractores marxistas reconocen.
Así, Raymond Aron (146), cuando señala que «la filosofía de
las luces, el liberalismo, deseml:x>ca, natural, aunque no necesaria­
mente,
en el socialismo, en el marxismo, como los ríos en el mar».
¿Qué es lo que impide que esa evolución no sea necesaria? En
vano
encontraremos la
respuesta, tal como advirtió Donoso
Cor­
tés (147).
O como indica Bernard Henry-Levy (148), para
el cual «no hay
individualismo que no sea portador del germen o de la promesa de
una forma de
totalitarismo». Ahí

está
para mostrarlo fehacientemente
«el nuevo totalitarismo» en que se ha convertido «el paraíso sueco»,
tal como seña.la Roland Huntford (149), para quien constituye un
ejemplo del despotismo tutelar a que Tocqueville se refería, donde,
a la par que junto a un capitalismo monopolista y una masa de
administrados,
«la libertad todavía

no significa
exactamente escla­
vitud,
pero empieza a sonar a sumisión».
Totalitarismo que ya vio Tocqueville al señalar que, apartados los
escombros de las ruinas causadas por "la Revolución Francesa, se
podía percibir «un poder central inmenso que atrajo hacia sí y
engulló en su unidad todas las parcelas de autoridad
y de influencia
anteriormente dispersas entre una multitud de poderes secundarios,
de órdenes, de clases, de profesiones, de familias y de individuos,
como disemi.nados por todo
el cuerpo

social» (150).
(146) Raymond Aron: En defensa de ... , pág. 12.
(147)
Cfr. Juan Donoso Cortés: Ensayo sobre ... , y Carta al Cardenal
Fornari, ed. citada, tomo JI.
(148) Bernard Henry Levy: op. cit., pág. 68.
(149) Roland Huntford: Le not1veau totalitarisme, citado por Raymond
Aron: op. últ. cit., pág. 190.
(150) Alexis de Tocquevílle: El a11tiguo ... , pág. 34. Ya con anterio­
ridad, al escribir De la democracia en América, el mismo Tocqueville había
observado que «la especie de opresión con la que están amenazados los pue­
blos democráticos, no
se parecerá a nada de lo que le ha precedido en el
642
Fundaci\363n Speiro

PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
Se equivocan, por tanto, quienes sostienen que frente al socia­
lismo
y su totalitarismo no hay más opción que la del capitalismo y
la democracia moderna.
ill. CoNCLUSIÓN: Los CUERPOS INTERMEDIOS, ESENCIA
DEL ORDEN POÚTICO
¿Cual es, por consiguiente, la elección ante ese dilema?
Los liberales

tienen
razón ruando afirman

que
la propiedad pri­
vada
y el orden de la competencia del libre mercado resultan im-
mundo ... , las vie¡as palabras de despotismo y tiranía ya no sirven. La cosa
es nueva, hace
falta, pues, intentar definirla, puesto que no soy capaz de
darle nombre. . .. veo una innumerable muchedumbre de hombres,
semejantes
e

iguales, que giran sin descanso sobre ellos mismos, con el fin de satisfacer
los pequeños y vulgares placeres con los que colman su alma. Cada uno de
ellos se ha retirado aparte, como ajeno al destino de todos los otros ... en
cuanto a sus conciudadanos, está junto a ellos sin verlos, los toca sin sen­
tirlos ... Por encima de todos ellos se ab:a un poder inmenso y tutelar que
se encarga sólo de garantizar sus placeres y de
velar por

ellos, Ese
poder es
absoluto,
detalladO, regular, previsor y suave. Se parecería al poder paterno
~i, como éste, tuviese por objeto preparar a los hombres a la edad viril; pero,
por el contrario, no busca más que
fi jades irrevocablemente en la infancia;
le
gusta que

los ciudadanos gocen, siempre que sólo piensen en
gozar. Tra­
baja
a gusto por su felicidad; pero quiere ser el único agente y el único
árbitro; provee a su
seguridad, prevé y asegura sus necesidades, facilita sus
placeres, conduce sus principales asuntos, dirige su industria, regula sus
sucesiones, divide sus herencias; ¿no podría suprimirles enteramente
la mo­
lestia de pensar y el trabajo de vivir?
De este modo, diariamente, hace menos útil
y más raro el empleo del
Jibre arbitrio·; encierra la acción de la voluntad en un
espacio más
pequeño,
y arrebata, poco a. poco, a cada. ciudadano hasta el uso de sí mismo. La igual­
dad ha preparado a los hombres para todas estas cosas: les ha dispuesto para
soportarlas y a menudo, incluso, para mirarlas como un .beneficio.
» ... en vano encargaréis a esos ciudadanos, que habéis vuelto tan dependientes
del poder central,
que de cuando en cuando elijan a los representantes de
ese poder; esta costumbre
tan importante, pero tan corta y rara, de su libre
arbitrio, no impedirá que pierdan, poco
a poco, la facultad de pensar, de
sentir y de obrar por sí mismos, y, de ese modo, que no caigan, gradualmente,
por

debajo del nivel de la humanidad»
(De la démocratie en Amérique, Unión
Générale D'Editions, colección 10/18, París, 1963, págs. 361-363).
643
Fundaci\363n Speiro

EST ANISLAO CANTERO
prescindibles para una sociedad libre ( 151), y q~e, por ello, la pro­
piedad
colectiva y la planificación constituyen
el .totalitarismo,
Se equivocan; sin émbargo, cuand~ afirma.V., que ese orden ecQ­
nómico-
basta

por sí mismo al no considerarlo parte de un orden
natural más acnplio en el cual aquél se engloba. Si el intervencionis­
mo del Estado conduce a la pérdida de la libertad (152), el indi­
vidualismo, y el capitalismo, .conducen a ·excesos y errores en los
que el fuerte resulta el vencedor, lo que suscita un antagonismo en
el interior de la sociedad, y, por otra par!e, provoca o suscita una
intervención del Estado, que para evitar ese mal, a la
larga lo agrava
y acelera.
De otro lado, las libertades políticas de la democracia moderna,
al no asentarse sobre la realidad de la vida de un pueblo, a cuya es:
tructura mira con recelo, no constituye suficiente garantía de las
libertades civiles, y el pluralismo propugnado, de carácter ideológico,
es el sustitutivo de
las libertades
concretas, que quedan sometidas al
poder del Estado,
y más concretamente, de aquellos grupos que de­
tentan su poder.
¿Dónde ·está, pues, la solución más conforme con la naturaleza
de las cosas?
Sin propiedad privada no
es posible la libertad civil, y, tal como
indica Vallet de
Goytisolo (153),

«no es sólo nuestra libertad
per­
sonal la que es preservada por la propiedad, sino que, en el aspecto
opuesto, ésta resulta ·el freno más poderoso contra la concentración
de poder en el Estado, contra su totalitarismo». De ahí la necesi­
dad de
separar el
poder económico del poder político (154).
(151) Cfr. Friedrich A. Hayek: Los fund41nentos de la libertad, Unión
Editorial, Madrid,
1975; Ludwig Von Mises: Burocracia, Unión Editorial,
Madrid, 1974; Daniel Villey: ¿BconomJa libre o dirigida?, parte primera,
Unión
Editorial, Madrid,

1973; cfr.
la crítica de Vallet a Von Mises, en
Más sobre ... , págs. 136 y sigs.
(1'52)
En

cierto modo
los socialistas lo reconocen: «la economía estatal
es una premisa material directa dél socialismo, ya que es la más susceptible
de transformación indolora en propiedad socialista con ayuda de la revolu­
ción socialista» (Manasiev: Dirección ... , pág. 96).
(153) Juan Vallet de Goytisolo: Sociedad de ... , pág. 313.
(154) «La confusión del poder político y del poder económico es la
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PR.OPIEDAD Y OR.DEN POUTICO
Por otra parte, como advierte Vallet (155), «sin libertad polí­
tica, el

Estado, dueño de legislar como le plazca, podrá destruir
cuondo · quiera la· Jíbertad civil, establecieodo un totalitarismo econó­
mico y social, aniquilando o neutralizando sus bases materiales» ;
pero, al mismo tiempo, «sin libertad civil tampoco cabe verdadera
libertad política» (156).
La solución no se eocueotra, por tanto, en ninguna de las op­
ciones de
la disyuntiva que hoy se nos propone como única; la so­
lución se encuentra en un orden social y político fundado sobre los
cuerpos intermedios,
y., naturalmente, en un obrar humano que so­
meta sus acciones a las prescripciones impuestas por el cumplimieoto
de los mandatos divinos.
No será una sociedad perfecta, pero sí la
más perfecta que los hombres podemos edificar.
Frente a la propiedad colectiva
y la planificación, la propiedad
privada
y un orden económico en el que el Estado limita su inter­
vención a lo que el bien
común requiera,
según las circunstancias de
tiempo
y lugar, de acuerdo con el principio de subsidiariedad. Ello
implica
el reconocimiento de que
en el orden económico los cuerpos
intermedios han de desempeñar misiones concretas de acuerdo con
su naturaleza específica. Así, la propiedad cumplirá del modo más
real
y efectivo. su. función social y. será garantía de libertad.
Recordemos (157) que la armonía entre autoridad y libertad se
había conseguido,
pese a múltiples imperfecciooes, por la existencia
de unas leyes
. y costumbres que eran respetadas por parte del poder
político, las cuales no podía traspasar,
al tiempo que en el recono­
cimiento y acatamiento de las leyes divinas; así, el Príncipe no se
j~entlficaba f:00 el Soberano, según la anterior distinción 11econocida
por Henry-Levy.
negación. de la democracia econ()m.tca, incluso en la hipótesis en que los
púderes públicos ~stuvieran organizados de un modo democrático», Pierre
de Calan: Renaissance des ... 1 pág. 292.
(155) Juan Vallet de Goytis_olo: op. últ, cit.1 pág. 304,
(156) :Juan Vallet de Goytisolo: op, .1ílt. cit., pág. 305.
(157) Cfr. Estanislao Cantero:
«La armonía», en Vúbo, núm. 173-174,
lllarzo-abril, 1979; «El futuro de la li~ertad», · en Verbo, núm. 167, _julio_­
agosto 1978.
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ESTANISLAO CANTERO
Junto a ello, por la existencia de una organización social, donde,
como señalaba Donoso Cortés, freote a
las extralimitaciones del
poder, ejercían «una resistencia material en una jerarquía organiza­
da» (158).
La hlstoria muestra que la ruptura coa· un orden natural cognos­
cible,
iniciada
con Ockam (159), a través de sucesivas etapas y des­
arrollos ha condncido a que el poder político no
admita la barrera
del orden social natnral (los cuerpos intermedios) ni tampoco la
barrera de
unas leyes superiores e inviolables, creación de la inteli­
gencia de Dios.
Y a que el hombre, despojado de sus raíces sociales
y espirituales, no admita tampoco ni las barreras de unas libertades
delimitadas
por su objeto, ni la barrera del cumplimiento de los
mandatos de Dios.
Así, al suprimiese las barreras, que no hacían más que servir
de cauce
a la actuación de

los hombres,
para que estos no se per­
dieran por caminos errados, o tratasen de
trazar otros
que
habrían
de

extraviarles,
al perder la razón de la existencia, inevitablemente
tenla que producirse
el desastre: la ruptura del orden social, por
creer que de ese modo el hombre se hacía más libre; con lo que, al
faltarle esos muros de contención, ha provocado la paulatina desa­
rición

de la libertad, a medida que
el hombre se ha ido liberando
de todas sus
ralees.
Y ese orden social natnral por cuerpos intermedios implica la
vuelta atrás. Perdido el camino, no
hay que persistir en ello tan­
teando nuevas sendas, ni en creer que no hay camino y que éste se
hace al andar, sino volver a la encrucijada donde se erró la ruta,
al cruce de caminos que se originó con
Ockam, como ha observado
Michel Villey,
y Vallet de Goytisolo recuerda sin cesar.
Abandonar el idealismo en que nos
hallamos inmersos y al que
nos
han conducido

«los
maestros pensadores», como reconoce André
(1'8) Juan Donoso Cortés: Carta a Alberto de Broglie, Obras completas,
tomo 11, ed. citada, pág. 769.
(1'.59) CTr. Francisco Pu.y Muñot: «El nominalismo: primera crisis de
las ideas de la Cristiandad», en
Verbo, núm. 104, abril 1972.
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PROPIEDAD Y ORDEN POUTICO
Glucksmann (160), y retornar a la naturaleza (161), de la cual po­
damos descubrir verdades naturales, sociales y políticas a través del
orden que
nos muestra;
en
suma, volver al realismo aristotélico to­
mista y abandonar las ideologías a que el idealismo oos ha condu­
cido (162). Sin olvidar,
por supuesto, corno recordaban San
Pío X (163) y Juan XXIII (164), lo que afirma el libro inspirado:
«Si
el Señor no construye
la casa, en vano se afanan los que la
edifican».
(160) André Glucksmann: Les maitres peme11rs, Grasset, Le Livre de
Poche, París, 1979. Fichte, Hegel,
~ y Nietzsche, todos ~llos herederos
de la Ilustración y de la Revolución francesa, cuyo idealismo les hace iden­
tificar pueblo,
nación y Estado (cfr. pág. 127). «Fácilmente comprobable, la
palanca de las ideolo¡gías tiene un punto de apoyo: el poder del Estado.
Todos hacen pasar por él
la. transformación
del mundo que cada.
uno de
dlos

programa. Los maestros pensadores fueron los padres de
las ideologías
reinantes porque dieron sus razones al Estado» (pág. 156).
(161) No al modo del naturalismo, por supuesto; sobre el sentido del
realismo aristotélico tomista, ver Vallet:
En torno ...
(162) ar. Enrique Zuleta Puceiro: «Armonía. y dialéctica en el orden
político>>,
en Verbo, núm. 178, septiembre-octubre 1979.
(163) San Pío X: Notf'e Charge Apostoliqne, t, 11.
(164) Juan XXIII:
Mater el MagisJ,-4-, 217,
Hay que hacer notar que el marxismo, es hoy plenamente consciente de la
importancia de los cuerpos intermedios; las teorías de Gramsci, tan en boga
hoy, y el eurocomunismo, no son más que la nueva fórmula para conquistar
el Estado a través de la conquista de la sociedad. La. hegemonía de la socie­
dad civil pasa por el
dominio de los cuerpos intermedios; en este sentido,
es de destacar
la importancia de los cuerpos intermedios en el fracaso de
Allende
en Chile (cfr. Estampas de Chile, Speiro, Madrid, 197'). Bien es
verdad que, en el momento en que los cuerpos intermedios
son dominados
por los comunistas, dejan de funcionar como tales y se convierten en instru­
mento
del partido, como queda puesto de relieve por los municipios con­
quistados
en Francia.- por los comunistas (Cfr. jean Montaldo: Les finances
du
Parli Communisle Pranrais, A.lbin Michel, París, 1977 y La France com­
muniste, Albin Michel, París, 1978, especialmente este último; de ambos
hay recensión en
Verbo, núm. 168, septiembre-octubre 1978, págs. 1174
a 1180).
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